Al principio creó Dios los ciclos y la tierra. La tierra estaba confusa y vacía, y las tinieblas cubrían la haz del abismo, pero el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas. Dijo Dios: “Haya luz,” y hubo luz. y vio Dios ser buena la luz, y la separó de las tinieblas; y a la luz llamó día y a las tinieblas noche, y hubo tarde y mañana, día primero. Dijo luego Dios: “Haya firmamento en medio de las aguas, que separe unas de otras”; y así fue. E hizo Dios el firmamento, separando aguas de aguas, las aguas que estaban debajo del firmamento de las que estaban sobre el firmamento. Y vio Dios ser bueno. Llamó Dios al firmamento cielo, y hubo tarde y mañana, día segundo. Dijo luego: “Júntense en un lugar las aguas de debajo de los cielos y aparezca lo seco.” Así se hizo, y se juntaron las aguas de debajo de los cielos en sus lugares y apareció lo seco; y a lo seco llamó Dios tierra, y a la reunión de las aguas, mares. Y vio Dios ser bueno. Dijo luego: “Haga brotar la tierra hierba verde, hierba con semilla y árboles frutales, cada uno con su fruto según su especie y con su simiente, sobre la tierra.” Y así fue. Y produjo la tierra hierba verde, hierba con semilla, y árboles frutales, con su semilla cada uno. Vio Dios ser bueno; y hubo tarde y mañana, día tercero. Dijo luego Dios: “Haya en el firmamento de los cielos lumbreras para separar el día de la noche y servir de señales a estaciones, días y años;" y luzcan en el firmamento de los cielos, para alumbrar la tierra.” Y así fue. Hizo Dios los dos grandes luminares, el mayor para presidir el día, y el menor para presidir la noche, y las estrellas; y los puso en el firmamento de los cielos para alumbrar la tierra, y presidir el día y la noche, y separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios ser bueno, y hubo tarde y mañana, día cuarto. Dijo luego Dios: “Hiervan de animales las aguas y vuelen sobre la tierra las aves bajo el firmamento de los cielos.” Y así fue. Y creó Dios los grandes monstruos del agua y todos los animales que bullen en ella, según su especie, y todas las aves aladas, según su especie. Y vio Dios ser bueno, y los bendijo diciendo: “Procread y multiplicaos, y henchid las aguas del mar, y multiplíquense sobre la tierra las aves.” Y hubo tarde y mañana, día quinto. Dijo luego Dios: “Brote la tierra seres animados según su especie, ganados, reptiles, bestias de la tierra según su especie.” Y así fue. Hizo Dios todas las bestias de la tierra según su especie, los ganados según su especie y todos los reptiles de la tierra según su especie. Y vio Dios ser bueno. Díjose entonces Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre las bestias de la tierra, y sobre cuantos animales se mueven sobre ella.” Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios le creó, y los creó macho y hembra; y los bendijo Dios, diciéndoles: “Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados, y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra.” Dijo también Dios: “Ahí os doy cuantas hierbas de semilla hay sobre la haz dé la tierra, y cuantos árboles producen fruto de simiente, para que todos os sirvan de alimento. También a todos los animales de la tierra, y a todas las aves del cielo, y a todos los vivientes que sobre la tierra están y se mueven, les doy por comida cuanto de verde hierba la tierra produce.” Y así fue. Y vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho, y hubo tarde y mañana, día sexto. Así fueron acabados los cielos, y la tierra, y todo su cortejo. Y, rematada en el día sexto toda la obra que había hecho, descansó Dios el día séptimo de cuanto hiciera; y bendijo el día séptimo y lo santificó, porque en él descansó Dios de cuanto había creado y hecho. Este es el origen de los cielos y la tierra cuando fueron creados. Al tiempo de hacer Yahvé Elohim los cielos y la tierra, no había aún arbusto alguno en el campo, ni germinaba la tierra hierbas, por no haber todavía llovido Yahvé Elohim sobre la tierra ni haber todavía hombre que la labrase, y sacase agua de la tierra para regar toda la superficie del suelo. Formó Yahvé Elohim al hombre del polvo de la tierra y le inspiró en el rostro aliento de vida, y fue así el hombre ser animado. Plantó luego Yahvé Elohim un jardín en Edén, al oriente, y allí puso al hombre a quien formara” Hizo Yahvé Elohim brotar en él de la tierra toda clase de árboles hermosos a la vista y sabrosos al paladar, y en el medio del jardín el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. Salía de Edén un río qué regaba el jardín, y de allí se partía en cuatro brazos. El primero se llamaba Pisón, y es el que rodea toda la tierra de Evila, donde abunda el oro, un oro muy fino, y a más también bedelio y ágata; y el segundo se llama Guijón, y es el que rodea toda la tierra de Cus;" el tercero se llama Tigris, y corre al oriente de Asiria; el cuarto es el Eufrates." Tomó, pues, Yahvé Elohim al hombre y le puso en el jardín de Edén para que lo cultivase y guardase, y le dio este mandato: “De todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” Y se dijo Yahvé Elohim: “No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle una ayuda semejante a él.” Y Yahvé Elohim trajo ante Adán todos cuantos animales del campa y cuantas aves del cielo formó de la tierra, para que viese cómo los llamaría, y fuese el nombre de todos los vivientes el que él les diera. Y dio Adán nombre a todos los ganados, y a todas las aves del cielo, y a todas las bestias del campo; pero entre todos ellos no había paía Adán ayuda, semejante a él." Hizo, pues, Yahvé Elohim caer sobre Adán un profundó sopor, y, dormido, tomó una de sus costillas, cerrando en su lugar la carne, y de la costilla que de Adán tomara, formó Yahvé Dios a la mujer y se la presentó a Adán. Adán exclamó: “Esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne.” Esto se llamará varona, porque del varón ha sido tomada. Dejará el hombre a su padre y a su madre y se adherirá a su mujer, y vendrán a ser los dos una sola carne.” Estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, sin avergonzarse de ello. Pero la serpiente, la más astuta de cuantas bestias del campo hiciera Yahvé Elohim, dijo a la mujer: “¿Conque os ha mandado Elohim que no comáis de los árboles todos del paraíso?” Y respondió la mujer a la serpiente: “Del fruto de los árboles del paraíso comemos, pero del fruto del que está en medio del paraíso nos ha dicho Dios: “No comáis de él, ni lo toquéis siquiera, no vayáis a morir.” Y dijo la serpiente a la mujer: “No, no moriréis;" es que sabe Elohim que el día en que de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Elohim, conocedores del bien y del mal.” Vio, pues, la mujer que el árbol era bueno al gusto y hermoso a la vista y deseable para alcanzar por él la sabiduría, y tomó de su fruto y comió, y dio de él también a su marido, que también con ella comió. Abriéronse los ojos de ambos, y, viendo que estaban desnudos, cosieron unas hojas de higuera y se hicieron unos ceñidores. Oyeron a Yahvé Elohim, que se paseaba por el jardín al fresco del día, y se escondieron de Yahvé Elohim, Adán y su mujer, en medio de la arboleda del jardín. Pero llamó Yahvé Elohim a Adán, diciendo: “Adán, ¿dónde estás?” Y éste contestó: “Te he oído en el jardín, y, temeroso, porque estaba desnudo, me escondí,” “¿Y quién, le dijo, te ha hecho saber que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol que te prohibí comer?” Y dijo Adán: “La mujer que me diste por compañera me dio de él y comí.” Dijo, pues, Yahvé Elohim a la mujer: “¿Por qué has hecho eso?” Y contestó la mujer: “La serpiente me engañó y comí.” Dijo luego Yahvé Elohim a la serpiente: “Por haber hecho esto, maldita serás entre todos los animales y entre todas las bestias del campo. Te arrastrarás sobre tu pecho y comerás el polvo todo el tiempo de tu vida. Pongo enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; éste te aplastará la cabeza, y tú le acecharás a él el calcañal.” A la mujer le dijo: “Multiplicaré los trabajos de tus preñeces; parirás con dolor los hijos y buscarás con ardor a tu marido, que te dominará.” A Adán le dijo: “Por haber escuchado a tu mujer, comiendo del árbol de que te prohibí comer, diciéndote: “No comas de él,” por ti será maldita la tierra; con trabajo comerás de ella todo el tiempo de tu vida;" te dará espinas y abrojos y comerás de las hierbas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella has sido tomado, ya que polvo eres y al polvo volverás.” -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- Díjose Yahvé Dios: “He ahí a Adán hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal; que no vaya ahora a tender su mano al árbol de la vida y, comiendo de él, viva para siempre." Y le arrojó Yahvé Elohim del jardín de Edén a labrar la tierra de que había sido tomado. Expulsó a Adán y puso delante del jardín de Edén un querubín que blandía flameante espada para guardar el camino del árbol de la vida. Conoció Adán a su mujer, que concibió y parió a Caín, diciendo: “He adquirido de Yahvé un varón.” Volvió a parir y tuvo a Abel, su hermano. Fue Abel pastor, y Caín labrador. Y al cabo de tiempo hizo Caín ofrenda a Yahvé de los frutos de la tierra, y se lo hizo también Abel de los primogénitos de sus ganados, de lo mejor de ellos; agradóse Yahvé de Abel y su ofrenda," pero no de Caín y de la suya. Se enfureció Caín y andaba cabizbajo;" y Yahvé le dijo: “¿Por qué estás enfurecido y por qué andas cabizbajo? ¿No es verdad que, si obraras bien, andarías erguido, mientras que, si no obras bien, estará el pecado a la puerta? Y siente apego a ti, y tú debes dominarle.” Dijo Caín a Abel, su hermano: “Vamos al campo.” Y, cuando estuvieron en el campo, se alzó Caín contra Abel, su hermano, y le mató. Preguntó Yahvé a Caín: “¿Dónde está Abel, tu hermano?” Contestóle: “No sé; ¿soy acaso el guardián de mi hermano?” “¿Qué has hecho? — le dijo Él —. La voz de la sangre de tu hermano está clamando a mí desde la tierra. Ahora, pues, maldito serás de la tierra, que abrió su boca para recibir de mano tuya la sangre de tu hermano. Cuando la labres, te negará sus frutos y andarás por ella fugitivo y errante.” Dijo Caín a Yahvé: “Insoportablemente grande es mi castigo. Ahora me arrojas de esta tierra; oculto a tu rostro habré de andar fugitivo y errante por la tierra, y cualquiera que me encuentre me matará,” Pero Yahvé le dijo: “No será así. Si alguien matare a Caín, sería éste siete veces vengado.” Puso, pues, Yahvé a Caín una señal, para que nadie que le encontrase, le matara. Caín, alejándose de la presencia del Señor, habitó la tierra de Nod, al oriente de Edén. Conoció Caín a su mujer, que concibió y parió a Enoc. Púsose aquél a edificar una ciudad, a la que dio el nombre de Enoc, su hijo. A Enoc le nació Irad, e Irad engendró a Mejuyael; Mejuyael a Matusael, y Matusael a Lamec." Lamec tomó dos mujeres, una de nombre Ada, otra de nombre Sela. Ada parió a Yabel, que fue el padre de los que habitan tiendas y pastorean. El nombre de su hermano fue Yubal, el padre de cuantos tocan la cítara y la flauta. También Sela tuvo un hijo, Tubalcaín, forjador de instrumentos de bronce y de hierro. Hermana de Tubalcaín fue Naamah. Dijo, pues, Lamec a sus mujeres: “Ada y Sela, oíd mi voz; mujeres de Lamec, dad oídos a mis palabras: Por una herida mataré a un hombre, y a un joven por un rasguño." Si Caín sería vengado siete veces, Lamec lo será setenta veces siete.” Conoció de nuevo Adán a su mujer, que parió un hijo, a quien puso por nombre Set, diciendo: “Hame dado Dios otro descendiente por Abel, a quien mató Caín.” También a Set le nació un hijo, al que llamó Enós; entonces comenzó a invocar el nombre de Yahvé." Este es el libro de la descendencia de Adán. Cuando creó Dios al hombre, le hizo a imagen de Dios” Hízolos macho y hembra, y les bendijo, y les dio al crearlos el nombre de hombres. Tenia Adán ciento treinta años cuando engendró un hijo a su imagen y semejanza, y le llamó Set;" vivió Adán, después de engendrar a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. Fueron todos los días de la vida de Adán novecientos treinta años, y murió. Era Set de ciento cinco años cuando engendró a Enós;" vivió, después de engendrar a Enós, ochocientos siete años, y engendró hijos e hijas. Fueron los días todos de su vida novecientos doce años, y murió. Era Enós de noventa años cuando engendró a Cainán;" vivió, después de engendrar a Cainán, ochocientos quince años, y engendró hijos e hijas. Fueron todos los días de la vida de Enós novecientos cinco años, y murió. Era Cainán de setenta años cuando engendró a Malaleel;" vivió, después de engendrar a Malaleel, ochocientos cuarenta años, y engendró hijos e hijas. Fueron todos los días de su vida novecientos diez años, y murió. Era Malaleel de sesenta y cinco años cuando engendró a Yared. Vivió, después de engendrar a Yared, ochocientos treinta años, y engendró hijos e hijas. Fueron todos los días de su vida ochocientos noventa años, y murió. Era Yared de ciento sesenta y dos años cuando engendró a Henoc;" vivió, después de engendrar a Henoc, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. Fueron todos los días de su vida novecientos sesenta y dos años, y murió. Era Henoc de sesenta y cinco años cuando engendró a Matusalén. Anduvo Henoc en la presencia de Dios, después de engendrar a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. Fueron todos los días de la vida de Henoc trescientos sesenta y cinco años, y anduvo constantemente en la presencia de Yahvé, y desapareció, pues se lo llevó Dios. Era Matusalén de ciento ochenta y siete años cuando engendró a Lamec;" vivió, después de engendrar a Lamec, setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas. Fueron todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años, y murió. Era Lamec de ciento ochenta y dos años cuando engendró un hijo, al que puso por nombre Noé, diciendo: “Este nos consolará de nuestros quebrantos y del trabajo de nuestras manos por la tierra que maldijo Yahvé.” Vivió Lamec, después de engendrar a Noé, quinientos noventa y cinco años, y engendró hijos e hijas. Fueron todos los días de Lamec setecientos setenta y siete años, y murió. Era Noé de quinientos años, y engendró a Sem, Cam y Jafet. Cuando comenzaron a multiplicarse los hombres sobre la tierra y tuvieron hijas, viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron de entre ellas por mujeres las que bien quisieron. y dijo Yahvé: “No permanecerá por siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne. Ciento veinte años serán sus días.” Había entonces gigantes en la tierra, y también después, cuando los hijos de Dios se unieron con las hijas de los hombres y les engendraron hijos; éstos son los héroes famosos muy de antiguo." Viendo Yahvé cuánto había crecido la maldad del hombre sobre la tierra y cómo todos sus pensamientos y deseos de su corazón sólo y siempre tendían al mal, se arrepintió de haber hecho al hombre en la tierra, doliéndose grandemente en su corazón, y dijo: “Voy a exterminar al hombre que creé de sobre la haz de la tierra, al hombre, a los animales, a los reptiles y hasta las aves del cielo, pues me pesa de haberlos hecho.” Pero Noé halló gracia a los ojos de Yahvé. Esta es la descendencia de Noé: Noé era varón justo y perfecto entre sus contemporáneos, y siempre anduvo con Dios. Engendró tres hijos: Sem, Cam y Jafet. La tierra estaba corrompida ante Dios y llena toda de violencias. Viendo, pues, Dios que toda la tierra era corrupción, pues toda carne había corrompido su camino sobre la tierra, dijo a Noé: “Veo venir el fin de todos, pues la tierra está llena toda de sus violencias y voy a exterminarlos con la tierra. Hazte un arca de maderas resinosas, divídela en compartimientos y la calafateas con pez por dentro y por fuera. Hazla así: trescientos codos de largo, cincuenta de ancho y treinta de alto;" harás en ella un tragaluz, y a un codo sobre éste acabarás el arca por arriba; la puerta la haces a un costado; harás en ella un primero, un segundo y un tercer piso," pues voy a arrojar sobre la tierra un diluvio de aguas que exterminará cuanto abajo el cielo tiene hálito de vida. Cuanto hay en la tierra perecerá, Pero contigo haré yo mi alianza, y entrarás en el arca tú y tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos contigo. De todos los animales meterás en el arca parejas para que vivan contigo: de las aves, de las bestias y de todo reptil de la tierra, dos de cada clase vendrán a ti para conservarles la vida. Recoge alimentos de toda clase, para que a ti y a ellos os sirvan de comida.” Hizo, pues, Noé en todo como Dios se lo mandó. Dijo Yahvé a Noé: “Entra tú y toda tu familia en el arca, pues sólo tú has sido hallado justo ante mí en esta generación. De todos los animales puros toma dos setenas, machos y hembras, y de los impuros dos parejas, machos y hembras. También de las aves puras, dos setenas, machos y hembras, para que perdure su prole sobre la haz de la tierra, porque dentro de siete días voy a llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches, y exterminaré de sobre ella cuanto hice.” Hizo Noé cuanto Dios le mandara. Era Noé de seiscientos años cuando las aguas del diluvio inundaron la tierra. Y ante las aguas del diluvio entró Noé en el arca con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, y los animales limpios y los inmundos; las aves y cuanto se arrastra sobre la tierra," entraron con Noé en el arca de dos en dos, macho y hembra, según se lo había ordenado Dios. Pasados los siete días, las aguas del diluvio cubrieron la tierra. A los seiscientos años de la vida de Noé, el segundo mes, el día diecisiete de él, se rompieron todas las fuentes del abismo, se abrieron las cataratas del cielo, y estuvo lloviendo sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches. Aquel mismo día entraron en el arca Noé y sus hijos, Sem, Cam y Jafet; su mujer y las mujeres de sus tres hijos," y las fieras todas según su especie; todos los ganados según su especie; todo reptil que se arrastra sobre la tierra, según su especie; toda ave, según su especie; todo pájaro, toda especie de volátil." Entraron con Noé en el arca, de dos en dos, de toda carne que tiene hálito de vida. De toda carne entraron macho y hembra, como ió lo había mandado Dios, y tras él cerró Yahvé. Diluvse durante cuarenta días sobre la tierra, crecieron las aguas y levantaron el arca, que se alzó sobre la tierra. Siguieron creciendo, creciendo, las aguas sobre la tierra, y el arca flotaba sobre la superficie de las aguas. Tanto crecieron las aguas, que cubrieron todos los altos montes de debajo del cielo. Quince ce dos subieron las aguas por encima de ellos. Pereció toda carne que se mueve sobre la tierra, aves, ganados, bestias, y todos los reptiles que se arrastran por la tierra, todos los hombres, y todo cuanto vivía sobre la tierra seca. Fueron exterminados todos los vivientes sobre la superficie de la tierra, desde el hombre a la bestia, y los reptiles y las aves del cielo, quedando sólo Noé y los que con él estaban en el arca. Ciento cincuenta días estuvieron altas las aguas sobre la tierra. Acordóse Dios de Noé y de todas las fieras y bestias que con él estaban en el arca, e hizo Dios pasar un viento sobre la tierra y comenzaron a menguar las aguas. Cerráronse las fuentes del abismo y las compuertas del cielo, y cesó la lluvia de los cielos, y las aguas iban menguando poco a poco sobre la haz de la tierra; comenzaron a bajar al cabo de ciento cincuenta días." El día veintisiete del séptimo mes se asentó el arca sobre los montes de Ararat. Siguieron menguando las aguas hasta el mes décimo, y el día primero de este mes aparecieron las cumbres de los montes. Pasados cuarenta más, abrió Noé la ventana que había hecho en el arca, y, para ver cuánto habían menguado las aguas, soltó un cuervo, que volando iba y venía mientras se secaban las aguas sobre la tierra. Siete días después, para ver si se habían secado ya las aguas sobre la haz de la tierra, soltó una paloma, que, como no hallase dónde hacer pie, se volvió al arca, porque las aguas cubrían todavía la haz de la tierra. Sacó él la mano y, agarrándola, la metió en el arca. Esperó otros siete días, y al cabo de ellos soltó otra vez la paloma, que volvió a él a la tarde, trayendo en el pico una ramita de olivo. Conoció por esto Noé que las aguas no cubrían ya la tierra;" pero todavía esperó otros siete días, y volvió a soltar la paloma, que no volvió más a él. El año seiscientos uno, en el primer mes, el día primero de él, comenzó a secarse la superficie de la tierra, y, abriendo Noé el techo del arca, vio que estaba seca la superficie de la tierra. El día veintisiete del segundo mes estaba ya seca la tierra. Habló, pues, Dios a Noé, y le dijo: “Sal del arca tú y tu mujer, tus hijos y las mujeres de tus hijos contigo. Saca contigo también a todos los animales de toda especie, aves, ganados, y todos los reptiles que se arrastran sobre la tierra; llenad la tierra, procread y multiplicaos sobre ella.” Salió, pues, Noé con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, y salieron también todas las fieras, ganados, aves y reptiles que se arrastran sobre la tierra, según sus especies. Alzó Noé un altar a Yahvé y, tomando de todos los animales puros y de todas las aves puras, ofreció sobre el altar un holocausto. Y aspiró Yahvé el suave olor, y se dijo en su corazón: “No volveré ya más a maldecir a la tierra por el hombre, pues los deseos del corazón humano, desde la adolescencia, tienden al mal; no volveré ya a exterminar cuanto vivo hice sobre la tierra." Mientras dure la tierra, habrá sementera y cosecha, frío y calor, verano e invierno, día y noche.” Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, diciéndoles: “Procread y multiplicaos y llenad la tierra;" que os teman y de vosotros se espanten todas las fieras de la tierra, y todos los ganados, y todas las aves del cielo, todo cuanto sobre la tierra se arrastra, y todos los peces del mar: los pongo todos en vuestro poder. Cuanto vive y se mueve os servirá de comida; y asimismo os entrego toda verdura." Solamente os abstendréis de comer carne con su alma, es decir, con sangre. Y ciertamente yo demandaré vuestra sangre, que es vuestra vida, de mano de cualquier viviente, como la demandaré de mano del hombre, extraño o deudo. El que derramare la sangre humana, por mano de hombre será derramada la suya; porque el hombre ha sido hecho a imagen de Dios." Vosotros, pues, cread y multiplicaos, y henchid la tierra y dominadla.” Dijo también Dios a Noé y a sus hijos: “Ved, yo voy a establecer mi alianza con vosotros y con vuestra descendencia después de vosotros, y con todo ser viviente que está con vosotros, aves, ganados y fieras del campo, todos los salidos con vosotros del arca. Hago con vosotros pacto de no volver a exterminar a todo viviente por las aguas de un diluvio y de que no habrá ya más un diluvio que destruya la tierra,” Y añadió Dios: “Esta es la señal del pacto que establezco entre mí y vosotros, y cuantos vivientes están con vosotros, por generaciones sempiternas: pongo mi arco en las nubes para señal de pacto con la tierra, y cuando cubriere yo de nubes la tierra, aparecerá el arco, y me acordaré de mi pacto con vosotros y con todos los vivientes de la tierra, y no volverán más las aguas del diluvio a destruirla. Estará el arco en las nubes, y yo lo veré, para acordarme de mi pacto eterno entre Dios y toda alma viviente y toda carne que hay sobre la tierra.” “Esta es, dijo Dios a Noé, la señal del pacto que establezco entre mí y toda carne que está sobre la tierra.” Fueron los hijos de Noé, salidos del arca, Sem, Cam y Jafet; Cam era padre de Canaán." Estos tres eran los hijos de Noé, y de ellos se pobló toda la tierra. Noé, agricultor, comenzó a plantar una viña. Bebió de su vino, y se embriagó, y se desnudó en medio de su tienda. Vio Cam, el padre de Canaán, la desnudez de su padre, y fue a decírselo a sus hermanos, que estaban fuera;" y, tomando Sem y Jafet el manto, se lo pusieron sobre los hombros, y yendo de espaldas, vuelto el rostro, cubrieron, sin verla, la desnudez de su padre. Despierto Noé de su embriaguez, supo lo que había hecho el más pequeño de sus hijos, y dijo: “Maldito Canaán; siervo de los siervos de sus hermanos será.” Y añadió: “Bendito Yahvé, Dios de Sem, y sea Canaán siervo suyo. Dilate Dios a Jafet, y habite éste en las tiendas de Sem, y sea Canaán su siervo.” Vivió Noé después del diluvio trescientos cincuenta años, siendo todos los días de su vida novecientos cincuenta años, y murió. Esta es la descendencia de Noé: Sem, Cam y Jafet. Naciéronle hijos a éstos después del diluvio. Hijos de Jafet fueron: Gomer, Magog, Madai, Javán, Tubal, Mosoc y Tiras;" hijos de Gomer: Asquenaz, Rifat y Togorma;" hijos de Javán: Elisa y Tarsis, Quitim y Rodanira. De éstos se poblaron las islas de las gentes en sus tierras según sus lenguas, familias y naciones. Hijos de Cam fueron: Cus, Misrayim, Put y Canaán. Hijos de Cus: Seba, Evila, Sabta, Rama y Sabteca. Hijos de Rama: Seba y Dadán. Cus engendró a Nemrod, que fue quien comenzó a dominar sobre la tierra, pues era un robusto cazador ante Yahvé, y de ahí se dijo: “Como Nemrod, robusto cazador ante Yahvé.” Fue el comienzo de su reino Babel, Ereq, Acad y Calne, en tierra de Senaar. De esta tierra salió Asur, y edificó Nínive, Rejobot-Hir, Calaj y Resen, entre Nínive y Calaj; ésta fue la ciudad grande." Misrayim engendró a los Ludim, los Anamim, los Leabim y los Naftujim, los Petrusim y los Caslujim, de los cuales salieron los Pelistim y los Captorim. Canaán engendró a Sidón, su primogénito, y a Jet, al jebuseo, al amorreo, al guergueseo, al jeveo, al araqueo y al sineo, al arvadeo, al semareo y al jamateo, de los que descendieron después las familias del cananeo. Los límites del cananeo eran desde Sidón, viniendo hasta Guerar, hasta Gaza, y viniendo hacia Sodoma, Gomorra, Adama y Seboím, hasta Lesa. Estos son los hijos de Cam, según sus familias, lenguas, regiones y naciones. También le nacieron hijos a Sem, padre de todos los hijos de Heber y hermano mayor de Jafet. Son hijos de Sem: Elam, Asur, Arfaxad, Lud, Aram y Cainán. Arfaxad engendró a Salaj, y Salaj a Heber. A Heber le nacieron dos hijos; el uno se llamó Paleg, porque en su tiempo se dividió la tierra; su hermano se llamó Yoqtán." -- omitido por paráfrasis -- Yoqtán engendró a Almodad, a Selef, a Jasarmavet, a Yaraj, a Adoram, a Uzal, a Diqla, a Obal, a Abimel, a Sebá, a Ofir, a Javilla y a Yohab. Todos éstos fueron hijos de Yoqtán. y habitaron desde Mesa, según se va a Safar, el monte oriental. Estos son los hijos de Sem, según sus familias, regiones y naciones. Estas son las familias de los hijos de Noé, según sus generaciones y naciones. De éstos se dividieron los pueblos en la tierra después del diluvio. Era la tierra toda de una sola lengua y de una misma palabra. En su marcha desde oriente hallaron una llanura en la tierra de Senaar, y se establecieron allí. Dijéronse unos a otros: “Vamos a hacer ladrillos y a cocerlos al fuego.” Y se sirvieron de los ladrillos como de piedra, y el betún les sirvió de cemento. Y dijeron: “Vamos a edificarnos una ciudad y una torre cuya cúspide toque a los cielos y nos haga famosos, por si tenemos que dividirnos por la haz de la tierra.” Bajó Yahvé a ver la ciudad y la torre que estaban haciendo los hijos de los hombres, y se dijo: “He aquí un pueblo uno; tienen todos una lengua sola. Se han propuesto esto, y nada les impedirá llevarlo a cabo.” Bajemos, pues, y confundamos su lengua, de modo que no se entiendan unos a otros.” Y los dispersó de allí Yahvé por toda la haz de la tierra, y así cesaron de edificar la ciudad. Por eso se llamó Babel, porque allí confundió Yahvé las lenguas de la tierra toda, y de allí los dispersó por la haz de toda la tierra. Esta es la descendencia de Sem: era Sem de cien años cuando engendró a Arfaxad, dos años después del diluvio, Vivió Sem después de engendrar a Arfaxad quinientos años, y engendró hijos e hijas. Vivió Arfaxad treinta y cinco años, y engendró a Selaj;" vivió después de engendrar a Selaj trescientos años, y engendró hijos e hijas. Vivió Selaj treinta años, y engendró a Heber;" vivió después de engendrar a Heber cuatrocientos tres años, y engendró hijos e hijas. Vivió Heber treinta y cuatro años, y engendró a Paleg;" vivió después de engendrar a Paleg cuatrocientos treinta años, y engendró hijos e hijas. Vivió Paleg treinta años, y engendró a Reu;" vivió después que engendró a Reu doscientos nueve años, y engendró hijos e hijas. Vivió Reu treinta y dos años, y engendró a Sarug;" vivió después de engendrar a Sarug doscientos siete años, y engendró hijos e hijas. Vivió Sarug treinta años, y engendró a Najor;" vivió después de engendrar a Najor doscientos años, y engendró hijos e hijas. Vivió Najor veintinueve años, y engendró a Teraj;" vivió después de engendrar a Teraj ciento diecinueve años, y engendró hijos e hijas. Vivió Teraj setenta años, y engendró a Abram, a Najor y a Harán. Esta es la descendencia de Teraj: Teraj engendró a Abram, Najor y Harán. Harán engendró a Lot, y murió antes de Teraj, su padre, en la tierra de su nacimiento, en Ur de los Caldeos. Tomaron Abram y Najor mujer cada uno; el nombre de la de Abram, Sarai, y el de la de Najor, Milcá, hija de Harán, el padre de Milcá y de Yiscá” Era Sarai estéril y no tenía hijos. Tomó, pues, Teraj a Abram, su hijo; a Lot, el hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai, su nuera, la mujer de su hijo Abram, y los sacó de Ur de los Caldeos, para dirigirse a la tierra de Canaán, y, llegados a Jarrán, se quedaron allí." Siendo Teraj de doscientos cinco años, murió en Jarrán. Dijo Yahvé a Abram: “Sal de tu tierra, de tu parentela, de la casa de tu padre, para la tierra que yo te indicaré. Yo te haré un gran pueblo, te bendeciré y engrandeceré tu nombre, que será bendición. Y bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan. Y serán bendecidas en ti todas las familias de la tierra.” Fuese Abraham conforme le había dicho Yahvé; llevando consigo a Lot. Al salir de Jarrán era Abram de setenta y cinco años." Tomó, pues, Abram a Sarai, su mujer, y a Lot, su sobrino, y toda su familia, y la hacienda y personas que en Jarrán habían adquirido. Salieron para dirigirse a la tierra de Canaán, y llegaron a ella. Penetró en ella Abram hasta el lugar de Siquem, hasta el encinar de Moreh. Entonces estaban los cananeos en aquella tierra. Y se le apareció Yahvé a Abram y le dijo: “A tu descendencia daré yo esta tierra.” Alzó allí un altar a Yahvé, que se le había aparecido, y, saliendo hacia el monte que está frente a Betel, asentó allí sus tiendas, teniendo a Betel al occidente y a Hai al oriente, y alzó allí un altar a Yahvé, e invocó el nombre de Yahvé. Levantó Abram sus tiendas para ir al Negueb, pero hubo un hambre en aquella tierra, y bajó a Egipto para peregrinar allí, por haber en aquella tierra gran escasez. Cuando estaba ya próximo a entrar en Egipto, dijo a Sarai, su mujer: “Mira, que sé que eres mujer hermosa, y, cuando te vean los egipcios, dirán: “Es su mujer,” y me matarán a mí, y a ti te dejarán la vida;" di, pues, te ruego, que eres mi hermana, para que así me traten bien por ti, y por amor de ti salve yo mi vida.” Cuando, pues, hubo entrado Abram en Egipto, vieron los egipcios que su mujer era muy hermosa, y, viéndola los jefes del faraón, se la alabaron mucho, y la mujer fue llamada al palacio del faraón. A Abram le trataron muy bien por amor de ella, y tuvo ovejas, ganados y asnos, siervos y siervas, asnas y camellos. Pero Yahvé afligió con grandes plagas al faraón y a su casa por Sarai, la mujer de Abram;" y, llamando el faraón a Abram, le dijo: “¿Por qué me has hecho esto? ¿Por qué no me diste a saber que era tu mujer? ¿Por qué dijiste: Es mi hermana, dando lugar a que la tomase yo por mujer? Ahora, pues, ahí tienes a tu mujer; tómala y vete.” Y dio el faraón órdenes acerca de él a sus hombres, y éstos le condujeron a él y a su mujer con todo cuanto era suyo. Subió, pues, de Egipto Abram con su mujer, toda su hacienda, y con Lot hacia el Negueb. Era Abram muy rico en ganados y en plata y en oro, y se volvió desde el Negueb hacia Betel, hasta el lugar donde estuvo antes acampado entre Betel y Hai, al lugar del altar que allí alzara al principio, e invocó allí el nombre de Yahvé. También Lot, que acompañaba a Abram, tenía rebaños, ganados y tiendas, y no podían habitar juntos en aquella tierra, por ser muy grandes sus haciendas para poder habitar juntamente. Hubo contiendas entre los pastores del ganado de Abram y los del ganado de Lot. Habitaban entonces aquella tierra cananeos y fereceos. Dijo, pues, Abram a Lot: “Que no haya contiendas entre los dos, ni entre mis pastores y los tuyos, pues somos hermanos. ¿No tienes ante ti toda la región? Sepárate, pues, de mí, te lo ruego; si tú a la izquierda, yo a la derecha; si tú a la derecha, yo a la izquierda.” Alzando Lot sus ojos, vio toda la hoya del Jordán, enteramente regada, antes de que destruyera Yahvé a Sodoma y a Gomorra, que era como un jardín de Yahvé, y a partir de Soar se parecía a Egipto. Eligió, pues, Lot la hoya del Jordán, y se dirigió a oriente, separándose el uno del otro. Abram siguió en la tierra de Canaán, y Lot habitó en las ciudades de la hoya del Jordán, teniendo su morada en Sodoma. Eran los habitantes de Sodoma malos y pecadores ante Yahvé en muy alto grado. Dijo Yahvé a Abram después que Lot se había separado de él: “Alza tus ojos y, desde el lugar donde estás, mira al norte y al mediodía, al oriente y al occidente. Toda esta tierra que ves, te la daré yo a ti y a tu descendencia para siempre. Haré tu descendencia como el polvo de la tierra; si hay quien pueda contar el polvo de la tierra, ése será quien pueda contar tu descendencia." Anda y camina por esta tierra a lo largo y a lo ancho, que a ti te la daré toda.” Levantó, pues, Abram sus tiendas y se fue a habitar al encinar de Mambré, cerca de Hebrón, y alzó allí un altar a Yahvé. Sucedió que en tiempo de Amrafel, rey de Senaar; Arioc, rey de Elasar; Codorlaomer, rey de Elam, y Tadal, rey de Goyim," hicieron guerra a Bara, rey de Sodoma; a Birsa, rey de Gomorra; a Sinab, rey de Adama; a Seméber, rey de Seboyim, y al rey de Bela, que es Sohar." Todos estos se concentraron en el valle de Sidim, que es el mar de la Sal. Por doce años habían estado sometidos a Codorlaomer, pero el año trece se rebelaron. El catorce vino Codorlaomer y los reyes con él coligados, y derrotaron a los Refaim en Astarot-Qarnayim, y a los Zuzim en Ham, a los Enim en el llano de Quiryatayim, y a los joritas en los montes de Seir hasta El-Parán, que está junto al desierto;" -- omitido por paráfrasis -- y, volviéndose, vinieron a la fuente de Mispat — Juicio, que es Qades, y talaron todos los campos de los amalecitas y los de los amorreos que habitaban en Jasesón-Tamar. Saliéronles al encuentro el rey de Sodoma, el de Gomorra, el de Adama, el de Seboyim y el de Bela, que es Sohar, y presentaron batalla en el valle de Sidim contra Codorlaomer, rey de Elam; Tadal, rey de Goyim; Amrafel, rey de Senaar, y Arioc, rey de Elasar, cuatro reyes contra cinco" Había en el valle de Sidim muchos pozos de betún.” Los reyes de Sodoma y de Gomorra se dieron a la fuga, y cayeron allí muchos, y los que se salvaron huyeron al monte. Saquearon todas las haciendas de Sodoma y de Gomorra y todas sus provisiones y se retiraron. Llevábanse también, con toda su hacienda, a Lot, hijo del hermano de Abram, pues moraba en Sodoma;" y fue uno de los fugitivos a decírselo a Abram el hebreo, que habitaba en el encinar deMambré, amorreo, hermano de Escol y de Aner, que habían hecho alianza con Abram;" y como supo Abram que había sido hecho cautivo su hermano, reunió los capaces de llevar armas de entre sus domésticos, trescientos dieciocho, y persiguió a los aprehensores hasta Dan, y, dividiendo su tropa, cayó sobre ellos por la noche, él y sus siervos, y los derrotaron, persiguiéndolos hasta Jobá, que está a la izquierda de Damasco, y recobró todo el botín, y a Lot, su hermano, con toda su hacienda, mujeres y pueblo. Después que volvió de derrotar a Codorlaomer y a los reyes que con él estaban, salióle al encuentro el rey de Sodoma en el valle de Save, que es el valle del rey;" y Melquisedec, rey de Salem, sacando pan y vino, como era sacerdote del Altísimo, bendijo a Abram, diciendo: “Bendito Abram del Dios Altísimo, el dueño de los cielos y la tierra. Y bendito el Dios Altísimo, que ha puesto a tus enemigos en tus manos.” Y le dio a Abram el diezmo de todo. Dijo el rey de Sodoma a Abram: “Dame las personas; la hacienda tómala para ti;” pero Abram dijo al rey de Sodoma: “Alzo mi mano a Yahvé, el Dios Altísimo, el dueño de cielos y tierra, si desde un hilo hasta una correa de zapato tomare yo nada de cuanto es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram, salvo lo que han comido los mozos y la parte de los que me han acompañado, Aner, Escol y Mambré. Estos cogerán sus partes.” Después de estos sucesos habló Yahvé a Abram en visión, diciéndole: “No temas, Abram; yo soy tu escudo; tu recompensa será muy grande.” Contestóle Abram: “Señor mío, Yahvé, ¿qué vas a darme? Yo me iré sin hijos, y será heredero de mi casa ese damasceno Eliezer. No me has dado descendencia, y será mi criado quien me herede.” Pero en seguida le respondió Yahvé: “No te heredará éste, sino, al contrario, uno salido de tus entrañas, ése te heredará.” Y, sacándole fuera, le dijo: “Mira al cielo y cuenta, si puedes, las estrellas; así de numerosa será tu descendencia.” Y creyó Abram a Yahvé, y le fue reputado por justicia. Díjole después Yahvé: “Yo soy Yahvé, que te saqué de Ur de los Caldeos para darte esta tierra en posesión.” Preguntóle Abram: Mi Señor Yahvé, ¿en qué conoceré que he de poseerla?” Y le dijo Yahvé: “Elígeme una vaca de tres años, una cabra de tres años también, y un carnero igualmente de tres años, y una tórtola y un palomino.” Tomó Abram todo esto, y partió los animales por la mitad, pero no las aves, y puso de cada uno una parte frente a la otra. Bajaban las aves sobre las carnes muertas, y Abram las espantaba. Cuando estaba ya el sol para ponerse, cayó un sopor sobre Abram, y fue presa de gran terror, y le envolvió densa tiniebla. Y dijo a Abram: “Has de saber que tu descendencia será extranjera en una tierra no suya, y estará en servidumbre, y la oprimirán por cuatrocientos años;" pero yo juzgaré al pueblo que los esclavizará, y saldrán de allí después con mucha hacienda;" pero tú irás a reunirte en paz con tus padres, y serás sepultado en buena ancianidad. A la cuarta generación volverán acá, pues todavía no se han consumado las iniquidades de los amorreos.” Puesto ya el sol, y en densísimas tinieblas, apareció una hornilla humeando y un fuego llameante, que pasó por entre la mitad de las víctimas. En aquel día hizo Yahvé pacto con Abram, diciéndole: “A tu descendencia he dado esta tierra desde el río de Egipto hasta el gran río, el Eufrates;" al quineo, al quineceo, al cadmoneo, al jeveo, al fereceo, a los refaim, al amorreo, al cananeo, al guergueseo y al jebuseo. Sarai, la mujer de Abram, no tenía hijos. Pero tenia una esclava egipcia de nombre Agar, y dijo a Abram: “Mira, Yahvé me ha hecho estéril; entra, pues, a mi esclava, a ver si por ella puedo tener hijos.” Escuchó Abram a Sarai," Tomó, pues, Sarai, la mujer de Abram, a Agar, su esclava egipcia, al cabo de diez años de habitar Abram en la tierra de Canaán, y se la dio por mujer a su marido, Abram. Entró éste a Agar, que concibió, y, viendo que había concebido, miraba con desprecio a su señora. Dijo, pues, Sarai a Abram: “Mi afrenta sobre ti cae; yo puse mi esclava en tu seno, y ella, viendo que ha concebido, me desprecia. Juzgue Yahvé entre ti y mí.” Y Abram dijo a Sarai: “He aquí que en tus manos está tu esclava; haz con ella como bien te parezca.” Maltratóla Sarai, y ella huyó de su presencia;" la encontró el ángel de Yahvé junto a la fuente que hay en el desierto, camino de Sur, y le dijo: “Agar, esclava de Sarai, ¿de dónde vienes y adónde vas?”; y le respondió ella: “Voy huyendo de Sarai, mi señora.” “Vuelve a tu señora — le dijo el ángel de Yahvé — y humíllate bajo su mano”;" y añadió: “Yo multiplicaré tu descendencia.” Que por lo numerosa no podrá contarse. Mira, has concebido y parirás un hijo, y le llamarás Ismael, porque ha escuchado Yahvé tu aflicción. Será un onagro de hombre; su mano contra todos, y las manos de todos contra él, y habitará frente a todos sus hermanos.” Dio Agar a Yahvé, que le había hablado, el nombre de tú eres El-Roi, pues se dijo: “¿No he visto también aquí al que me ve?” Por eso llamó al pozo Ber-Jai-Roi. Es el que está entre Cades y Barad. Parió Agar a Abram un hijo, y le dio Abram el nombre de Ismael. Tenía Abram ochenta y seis años cuando Agar parió a Ismael. Cuando era Abram de noventa y nueve años, se le apareció Yahvé y le dijo: “Yo soy el Saday; anda en mi presencia y sé perfecto." Yo haré contigo mi alianza y te multiplicaré muy grandemente.” Cayó Abram rostro a tierra y siguió diciéndole Yahvé: Cuanto a mí, he aquí mi pacto contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos, y ya no te llamarás Abram, sino Abraham, porque yo te haré padre de una muchedumbre de pueblos. Te acrecentaré muy mucho y te haré pueblos, y saldrán de ti reyes;" yo establezco contigo y con tu descendencia después de ti, por sus generaciones, mi pacto eterno de ser tu Dios y el de tu descendencia después de ti, y he de darte a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán, en eterna posesión. Dijo Dios a Abraham: “Tú guarda mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones. Esto es mi pacto, que has de observar tú y tu descendencia después de ti: circuncidad todo varón. Circuncidaréis la carne de vuestro prepucio, y ésta será la señal del pacto entre mí y vosotros. A los ocho días de nacido, todo varón será circuncidado en vuestras generaciones: los siervos, los nacidos en casa, los comprados, aunque no sean de vuestra estirpe. Todos, todos los criados en casa o comprados, se circuncidarán, y llevaréis en vuestra carne la señal de mi pacto por siempre;" y el incircunciso que no circuncidare la carne de su prepucio, será borrado de su pueblo; rompió mi pacto.” Dijo también Dios a Abraham: “Sarai, tu mujer, no se llamará ya Sarai, sino Sara, pues la bendeciré, y te daré de ella un hijo, a quien bendeciré, y engendrará pueblos, y saldrán de él reyes de pueblos.” Cayó Abraham sobre su rostro, y se reía, diciéndose en su corazón: “¿Conque a un centenario le va a nacer un hijo, y Sara, ya nonagenaria, ya a parir?” Y dijo a Dios: “¡Ojalá que viva a tus ojos Ismael!” Pero le respondió Dios: “De cierto que Sara, tu mujer, te parirá un hijo, a quien llamarás Isaac, con quien estableceré yo mi pacto sempiterno y con su descendencia después de él. También te he escuchado en cuanto a Ismael. Yo le bendeciré y le acrecentaré y multiplicaré muy grandemente. Doce jefes engendrará, y le haré un gran pueblo;" pero mi pacto lo estableceré con Isaac, el que te parirá Sara el año que viene por este tiempo.” Y, como acabó de hablarle, desapareció Dios. Tomó, pues, Abraham a Ismael, su hijo, y a todos los siervos, los nacidos en casa y los comprados, todos los varones de su casa, y circuncidó la carne de su prepucio aquel mismo día, como se lo había mandado Yahvé. Era Abraham de noventa y nueve años cuando circuncidó la carne de su prepucio, e Ismael de trece años cuando fue circuncidado. En el mismo día fueron circuncidados Abraham e Ismael, su hijo, y todos los varones de su casa, los nacidos en ella y los extraños comprados, se circuncidaron con él. Aparecióse Yahvé un día en el encinar de Mambré. Estaba sentado a la puerta de la tienda, a la hora del calor, y, alzando los ojos, vio parados cerca de él a tres varones. En cuanto los vio, salióles al encuentro desde la puerta de la tienda, y se postró en tierra, diciéndoles: “Señor mío, si he hallado gracia a tus ojos, te ruego que no pases de largo junto a tu siervo;" haré traer un poco de agua para lavar vuestros pies, y descansaréis debajo del árbol, y os traeré un bocado de pan y os confortaréis; después seguiréis, pues por eso habéis pasado junto a vuestro siervo.” Ellos contestaron: “Haz como has dicho.” y se apresuró Abraham a llegarse a la tienda donde estaba Sara, y le dijo: “Date prisa; amasa tres “seas” de flor de harina y cuece en el rescoldo unas hogazas.” Corrió al ganado y tomó un ternero recental y bueno y se lo dio a un mozo, que se apresuró a prepararlo;" y, tomando leche cuajada y leche recién ordeñada y el ternero ya dispuesto, se lo puso todo delante, y él se quedó junto a ellos debajo del árbol mientras comían. Dijéronle: “¿Dónde está Sara, tu mujer?” “En la tienda está,” contestó él. Y dijo uno de ellos: “A otro año por este tiempo volveré sin falta, y ya tendrá un hijo Sara, tu mujer.” Sara oía desde la puerta de la tienda, que estaba a espaldas del que hablaba. Eran ya Abraham y Sara ancianos, muy entrados en años, y había cesado ya a Sara la menstruación. Rióse, pues, Sara dentro, diciendo: “¿Cuando estoy ya consumida, voy a remocear, siendo ya también viejo mi señor?” Y dijo Yahvé a Abraham: “¿Por qué se ha reído Sara, diciéndose: De veras voy a parir, siendo tan vieja? ¿Hay algo imposible para Yahvé? A otro año por este tiempo volveré, y Sara tendrá ya un hijo.” Temerosa, Sara negó haberse reído, diciendo: “No me he reído”; pero El le dijo: “Sí, te has reído.” Levantáronse los tres varones y se dirigieron hacia Sodoma, y Abraham iba con ellos para despedirlos. Yahvé dijo: “¿Voy a encubrir yo a Abraham lo que voy a hacer, habiendo él de ser, como será, un pueblo grande y fuerte y habiendo de bendecirle todos los pueblos de la tierra? Pues bien sé que mandará a sus hijos y a su casa después de él que guarden los caminos de Yahvé y hagan justicia y juicio, para que cumpla Yahvé a Abraham cuanto le ha dicho.” Y prosiguió Yahvé: “El clamor de Sodoma y Gomorra ha crecido mucho, y su pecado se ha agravado en extremo;" voy a bajar a ver si sus obras han llegado a ser como el clamor que ha venido hasta mí, y si no, lo sabré.” Y partiéndose de allí dos de los varones, se encaminaron a Sodoma. Abraham siguió estando con Yahvé. Acercósele, pues, y le dijo: “¿Pero vas a exterminar juntamente al justo con el malvado? Si hubiera cincuenta justos en la ciudad, ¿los exterminarías acaso y no perdonarías al lugar por los cincuenta justos? Lejos de ti obrar así, matar al justo con el malvado y que sea el justo como el malvado; lejos eso de ti; el juez de la tierra toda, ¿no va a hacer justicia?” Y le dijo Yahvé: “Si hallare en Sodoma cincuenta justos, perdonaría por ellos a todo el lugar.” Prosiguió Abraham y dijo: “Mira, te ruego, ya que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza: Si de los cincuenta justos faltaren cinco, ¿destruirías por los cinco a toda la ciudad?” Y le contestó: “No la destruiría si hallase allí cuarenta y cinco justo.” Insistió Abraham todavía, y dijo: “¿Y si se hallasen allí cuarenta?” Contestóle: “También por los cuarenta lo haría.” Volvió a insistir Abraham: “No te incomodes, Señor, si hablo todavía: ¿Y si se hallasen allí treinta justos?” Repuso: “Tampoco lo haría si se hallasen treinta.” Volvió a insistir: “Señor, ya que comencé; ¿y si se hallasen allí veinte justos?” Y contestó: “No la destruiría por los veinte.” Todavía Abraham: “Perdona, Señor, sólo una sola vez más: ¿Y si se hallasen diez?” Y le contestó: “Por los diez no la destruiría.” Fuese Yahvé después de haber hablado así a Abraham, y éste se volvió a su lugar. Llegaron a Sodoma los d0os ángeles ya de tarde, y Lot estaba sentado a la puerta de la ciudad. Al verlos, se levantó Lot y les salió al encuentro, e inclinó su rostro a tierra, diciendo: “Mirad, señores; os ruego que vengáis a la casa de vuestro siervo, para pernoctar en ella y lavaros los pies. Cuando os levantéis por la mañana, seguiréis vuestro camino.” Y le contestaron: “No; pasaremos la noche en la plaza.” Instóles mucho, y se fueron con él a su casa, donde les preparó de comer, y coció panes ácimos y comieron. Antes que fueran a acostarse, los hombres de la ciudad, los habitantes de Sodoma, rodearon la casa, mozos y viejos, todos sin excepción. Llamaron a Lot y le dijeron: “¿Dónde están los hombres que han venido a tu casa esta noche? Sácanoslos, para que los conozcamos.” Salió Lot a la puerta, y, cerrándola tras sí, les dijo: “Por favor, hermanos, no hagáis semejante maldad. He aquí que tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré, para que hagáis con ellas como bien os parezca; pero a esos hombres no les hagáis nada, pues para eso se han acogido a la sombra de mi techo.” Ellos le respondieron: “¡Quítate allá! Quien ha venido como extranjero, ¿va a querer gobernarnos ahora? Te trataremos a ti peor que a ellos.” Forcejeaban con Lot violentamente, y estaban ya para romper la puerta, cuando, sacando los hombres su mano, metieron a Lot dentro de la casa y cerraron la puerta. A los que estaban fuera los hirieron de ceguera, desde el menor hasta el mayor, y no pudieron ya dar con la puerta.” Dijeron los dos hombres a Lot: “¿Tienes aquí alguno, yerno, hijo o hija?” Todo cuanto tengas en esta ciudad, sácalo de aquí, porque vamos a destruir este lugar, pues es grande su clamor en la presencia de Yahvé, y éste nos ha mandado para destruirla.” Salió, pues, Lot para hablar a sus yernos, los que habían de tomar por mujeres a sus hijas, y les dijo: “Levantaos y salid de este lugar, porque va a destruir Yahvé esta ciudad”; y les pareció a sus yernos que se burlaba." En cuanto salió la aurora, dieron prisa los ángeles a Lot, diciéndole: “Levántate, toma a tu mujer y a las dos hijas que tienes, no sea que perezcas tú también por las iniquidades de la ciudad.” Y como se retardase, agarráronlos de la mano los hombres a él, a su mujer y a sus dos hijas, pues quería Yahvé salvarle, y, sacándolos, los pusieron fuera de la ciudad. Una vez fuera, le dijeron: “Sálvate; no mires atrás y no te detengas en parte alguna del contorno; huye al monte si no quieres perecer.” Díjoles Lot: “No, por favor, señores;" vuestro siervo ha hallado gracia a vuestros ojos, pues me habéis hecho el gran beneficio de salvarme la vida; pero yo no podré salvarme en el monte sin el riesgo de que me alcance la destrucción y perezca." Mirad, ahí cerca está esa ciudad en que podré refugiarme; es bien pequeña; permitid que me salve en ella: ¿no es bien pequeña? Así viviría.” Y le dijeron: “He aquí que te concedo también la gracia de no destruir esa ciudad de que hablas. Pero apresúrate a refugiarte en ella, pues no puedo hacer nada mientras en ella no hayas entrado tú.” Por eso se dio a aquella ciudad el nombre de Soar. Salía el sol sobre la tierra cuando entraba Lot en Soar, e hizo Yahvé llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de Yahvé desde el cielo. Destruyó estas ciudades y toda la hoya, y cuantos hombres había en ellas, y hasta las plantas de la tierra. La mujer de Lot miró atrás, y se convirtió en un bloque de sal. Levantóse Abraham de mañana y fue al lugar donde había estado con Yahvé, y, mirando hacia Sodoma y Gomorra y toda la hoya, vio que salía de la tierra una humareda, como humareda de horno. Cuando destruyó Yahvé las ciudades de la hoya, se acordó de Abraham, y salvó a Lot de la destrucción al aniquilar las ciudades donde habitaba Lot. Subió Lot desde Soar, y habitó en el monte con sus hijas, porque temía habitar en Soar, y moró en una caverna con sus dos hijas. Y dijo la mayor a la menor: “Nuestro padre es ya viejo, y no hay aquí hombres que entren a nosotras, como en todas partes se acostumbra. Vamos a embriagar a nuestro padre y acostarnos con él, a ver si tenemos de él descendencia.” Embriagaron, pues, a su padre aquella misma noche, y se acostó con él la mayor, sin que él la sintiera, ni al acostarse ella ni al levantarse. Al día siguiente dijo la mayor a la menor: “Ayer me acosté yo con mi padre; embriaguémosle también esta noche, y te acuestas tú con él para ver si tenemos descendencia de nuestro padre.” Embriagaron, pues, también aquella noche a su padre, y se acostó con él la menor, sin que al acostarse ella ni al levantarse lo sintiera. Y concibieron de su padre las dos hijas de Lot. Parió la mayor un hijo, a quien llamó Moab, que es el padre de Moab hasta hoy. También la menor parió un hijo, a quien llamó “Ben Ammí,” que es el padre de los Bene-Ammón hasta hoy. Partióse de allí Abraham para la tierra del Negueb, y habitó entre Cades y Sur, y moró en Guerar. Abraham decía de Sara, su mujer: “Es mi hermana.” Abimelec, rey de Guerar, mandó tomar a Sara;" pero vino Dios a Abimelec en sueños durante la noche, y le dijo: “Mira que vas a morir por la mujer que has tomado, pues tiene marido.” Abimelec, que no se había acercado a ella, respondió: “Señor, ¿matarías así al inocente? ¿No me ha dicho él: Es mi hermana?; y ¿no me ha dicho ella: Es mi hermano? Con pureza de corazón y con manos inocentes hice yo esto.” Y le dijo Dios en el sueño: “Bien sé yo que lo has hecho con pureza de corazón; por eso te he impedido que pecaras contra mí, y no he consentido que la tocaras." Ahora, pues, devuelve la mujer al marido, pues él, que es profeta, rogará por ti y vivirás; pero, si no se la devuelves, sabe que ciertamente morirás tú con todos los tuyos.” Por la mañana llamó Abimelec a sus servidores y les contó todo esto, y fueron presa de gran terror. Llamó después a Abraham y le dijo: “¿Qué es lo que nos has hecho? ¿En qué te he faltado yo para que trajeras sobre mí y sobre mi reino tan grave pecado? Lo que has hecho con nosotros no debe hacerse.” Y dijo Abimelec a Abraham: “¿Qué es lo que has visto para que eso hicieras?” Y le respondió Abraham: “Es que me dije: De seguro que no hay temor de Dios en este lugar, y van a matarme por causa de mi mujer. Aunque es también en verdad mi hermana, hija de mi padre, pero no de madre, y la tomé por mujer;" y desde que me hizo Dios errar fuera de la casa de mi padre, le dije: Has de hacerme la merced de decir en todos los lugares adonde lleguemos que eres mi hermana.” Tomó, pues, Abimelec ovejas y bueyes, siervos y siervas, y se los dio a Abraham, y le devolvió a Sara, su mujer, y le dijo: “Tienes la tierra a tu disposición; mora donde bien te parezca.” Y Sara le dijo: “Mira, a tu hermano le he dado mil monedas de plata; sírvante de velo para los ojos y a cuantos contigo están, y todo así estará arreglado.” Rogó Abraham por Abimelec, y curó Dios a Abimelec, a su mujer y a sus siervos, y engendraron, pues había Yahvé cerrado enteramente todo útero en la casa de Abimelec por lo de Sara, la mujer de Abraham. Visitó, pues, Yahvé a Sara, como le dijera, e hizo con ella lo que le prometió;" y concibió Sara, y dio a Abraham un hijo en su ancianidad, al tiempo que le había dicho Dios. Dio Abraham el nombre de Isaac a su hijo, el que le nació de Sara. Circuncidó Abraham a Isaac, su hijo, a los ocho días, como se lo había mandado Dios. Era Abraham de cien años de edad cuando le nació Isaac, su hijo. Y dijo Sara: “Me ha hecho reír Dios, y cuantos lo sepan reirán conmigo.” Y añadió: “¿Quién había de decir a Abraham: Amamantará hijos Sara? Pues yo le he dado un hijo en su ancianidad.” Creció el niño, y le destetaron, y dio Abraham un gran banquete el día del destete de Isaac. Y vio Sara al hijo de Agar, la egipcia, el que había ella parido a Abraham, burlándose (de su hijo Isaac);" y dijo a Abraham: “Echa a esa esclava y a su hijo, pues el hijo de una esclava no ha de heredar con mi hijo, con Isaac.” Muy duro se le hacía esto a Abraham, por causa de su hijo;" pero le dijo Dios: “No te dé pena por el niño y la esclava; haz lo que te dice Sara, que es por Isaac por quien será llamada tu descendencia." También al hijo de la esclava le haré un pueblo, por ser descendencia tuya.” Se levantó, pues, Abraham de mañana y, cogiendo pan y un odre de agua, se lo dio a Agar, poniéndoselo a la espalda, y con ello al niño, y la despidió. Ella se fue y erraba por el desierto de Bersabé. Se acabó el agua del odre, y echó al niño bajo un arbusto, y fue a sentarse frente a él a la distancia de un tiro de arco, diciéndose: “No quiero ver morir al niño”; y se sentó enfrente del niño, que lloraba en voz alta." Oyó Dios al niño, y el ángel de Dios llamó a Agar desde los cielos, diciendo: “¿Qué tienes, Agar? No temas, que ha escuchado Yahvé la voz del niño, que ahí está. Levántate, toma al niño y cógele de la mano, pues he de hacerle un gran pueblo.” Y abrió Dios los ojos de Agar, haciéndola ver un pozo, adonde fue y llenó el odre de agua, dando de beber al niño. Fue Dios con el niño, que creció y habitó en el desierto, y de mayor fue arquero. Habitó en el desierto de Farán, y su madre tomó para él mujer de la tierra de Egipto. Sucedió por entonces que Abimelec y Picol, jefe de su ejército, dijo a Abraham: “Dios está contigo en todo cuanto haces. Júrame, pues, ahora por Dios que no has de engañarme a mí ni a mis descendientes, y que, como te favorecí yo a ti, así harás tú conmigo y con la tierra por donde andas.” Y dijo Abraham: “Te lo juro.” Pero reconvino Abraham a Abimelec por causa de un pozo de aguas de que se habían apoderado los siervos de Abimelec, y contestó Abimelec: “No sé quién haya hecho eso; tú tampoco me habías dicho nada de ello, y nada he sabido hasta ahora.” Tomó, pues, Abraham ovejas y bueyes y se las dio a Abimelec, e hicieron entre ambos alianza. Apartó Abraham siete corderas del rebaño, y le preguntó Abimelec: “¿Para qué son esas siete corderas que has apartado?” Abraham le contestó: “Para que las recibas de mi mano y me sirvan de prueba de que he abierto este pozo.” Por eso se llamó aquel lugar Bersebá, porque allí juraron ambos, e hicieron alianza en Bersebá. Y se levantó Abimelec y Picol, jefe de su ejército, y se volvieron a la tierra de los filisteos. Abraham plantó en Bersebá un tamarindo, e invocó allí el nombre de Yahvé, el Dios eterno, y anduvo mucho tiempo Abraham por tierra de los filisteos. Después de todo esto, quiso probar Dios a Abraham, y, llamándole, dijo: “¡Abraham!” Y éste contestó: “Heme aquí.” Y le dijo Dios: “Anda, toma a tu hijo, a tu unigénito, a quien tanto amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah y ofrécemelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te indicaré.” Se levantó, pues, Abraham de mañana, aparejó su asno y, tomando consigo dos mozos y a Isaac, su hijo, partió la leña para el holocausto y se puso en camino para el lugar que le había dicho Dios. Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio de lejos el lugar. Dijo a sus dos mozos:” Quedaos aquí con el asno; yo y el niño iremos hasta allí, y, después de haber adorado, volveremos a vosotros.” Y tomando Abraham la leña para el holocausto, se la cargó a Isaac, su hijo; tomó él en su mano el fuego y el cuchillo, y siguieron ambos juntos." Dijo Isaac a Abraham: “Padre mío” “¿Qué quieres, hijo mío?,” le contestó. Y él dijo: “Aquí llevamos el fuego y la leña; pero la res para el holocausto, ¿dónde está?” Y Abraham le contestó: “Dios se proveerá de res para el holocausto, hijo mío”; y siguieron juntos los dos." Llegados al lugar que le dijo Dios, alzó Abraham el altar y dispuso sobre él la leña, ató a su hijo y le puso sobre el altar, encima de la leña. Agarró el cuchillo y tendió luego su brazo para degollar a su hijo. Pero le gritó desde los cielos el ángel de Yahvé, diciéndole: “¡Abraham, Abraham!” Y éste contestó: “Heme aquí.” “No extiendas tu brazo sobre el niño — le dijo — y no le hagas nada, porque ahora he visto que en verdad temes a Dios, pues por mí no has perdonado a tu hijo, a tu unigénito.” Alzó Abraham los ojos, y vio tras sí un carnero enredado por los cuernos en la espesura, y cogió el carnero y lo ofreció en holocausto en vez de su hijo. Llamó Abraham a aquel lugar “Yahvé-yire” — Yahvé ve; por lo que todavía se dice: “En el monte de Yahvé se proveerá.” Llamó el ángel de Yahvé a Abraham por segunda vez desde los cielos, y le dijo: “Por mí mismo juro, palabra de Yahvé, que por haber tú hecho cosa tal, de no perdonar a tu hijo, a tu unigénito, te bendeciré largamente, y multiplicaré grandemente tu descendencia, como las estrellas del cielo o como las arenas de la orilla del mar, y se adueñará tu descendencia de las puertas de tus enemigos, y la bendecirán todos los pueblos de la tierra, por haberme tú obedecido.” Volvióse Abraham a los mozos, y, levantándose, fueron juntos a Bersabé, y habitó Abraham en Bersabé. Después de todo esto recibió Abraham noticia, diciéndole: “También Melca ha dado hijos a Najor, tu hermano;" Hus es el primogénito, Buz su hermano, y Camuel, padre de Aram;" Quesed, Jazó, Pildas, Yidlaf y Batuel.” Batuel fue el padre de Rebeca. Estos son los ocho hijos que dio Melca a Najor, hermano de Abraham. También su concubina, de nombre Reumá, le parió a Tebaj, Gajam, Tajas y Maaca. Vivió Sara ciento veintisiete años. Murió en Quiriat-Arbá, que es Hebrón, en la tierra de Canaán. Vino Abraham a llorar a Sara y hacer duelo por ella, y, cuando se levantó de junto a su muerta, habló así a los hijos de Jet: “Soy entre vosotros extranjero y huésped. Dadme en propiedad una sepultura donde pueda sepultar a mi muerta, apartándola de mi vista.” Los hijos de Jet contestaron a Abraham: “Óyenos, señor, por favor: Tú eres entre nosotros un príncipe de Dios; sepulta a la muerta en el mejor de nuestros sepulcros; ninguno de nosotros te negará su sepulcro para que en él sepultes a tu muerta.” Alzóse Abraham, e inclinándose profundamente ante el pueblo de aquella tierra, los hijos de Jet, les dijo: “Si de veras queréis que pueda yo apartar mi muerta de mi vista, sepultándola, escuchadme y rogad por mí a Efrón, el hijo de Sojar, que por su justo precio me ceda para sepultura en propiedad, en presencia vuestra, su caverna de Macpela, que está al término de su campo.” Efrón estaba sentado entre los hijos de Jet, y respondió Efrón, el jeteo, a Abraham en presencia de los hijos de Jet y de cuantos entraban por las puertas de la ciudad: “No, señor mío, óyeme; yo te doy el campo y la caverna que se halla a su extremo; te la doy ante los hijos de mi pueblo; sepulta a tu muerta.” Abraham volvió a prosternarse ante la gente de aquella tierra, y habló así a Efrón, oyéndolo todos: “Óyeme, te ruego; yo te daré el precio del campo. Recíbelo tú, y sepultaré en él a mi muerta.” Respondió Efrón a Abraham diciéndole: “Señor mío, óyeme: ¿qué es para mí ni para ti una tierra de cuatrocientos siclos de plata? Sepulta a tu muerta,” Oyó Abraham a Efrón y pesóle ante los hijos de Jet la plata que éste había dicho, cuatrocientos siclos de plata corriente en el mercado. Vino, pues, a ser propiedad de Abraham, ante los hijos de Jet y de cuantos entraban por la puerta de la ciudad, el campo de Efrón en Macpela, frente a Mambré, con la caverna que hay en él, y todos los árboles del campo y sus contornos. Después de esto sepultó Abraham a Sara, su mujer, en la caverna de Macpela, frente a Mambré, que es Hebrón, en tierra de Canaán. El campo, con la caverna que hay en él, vino a ser sepultura de la propiedad de Abraham, recibida de los hijos de Jet. Era Abraham ya viejo, muy entrado en años, y Yahvé le había bendecido en todo. Dijo, pues, Abraham al más antiguo de los siervos de su casa, el que administraba cuanto tenía: “Pon, te ruego, tu mano bajo mi muslo, y júrame por Yahvé, Dios de los cielos y de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo de entre las hijas de los cananeos, en medio de los cuales habito, sino que irás a mi tierra, a mi parentela, a buscar mujer para mi hijo Isaac.” Y le dijo el siervo: “Y si la mujer no quiere venir conmigo a esta tierra, ¿habré de llevar allá a tu hijo a la tierra de donde saliste?” Díjole Abraham: “Guárdate muy bien de llevar allá a mi hijo. Yahvé, Dios de los cielos, que me sacó de la casa de mi padre y de la tierra de mi nacimiento, que me ha hablado y me juró, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, enviará a su ángel ante ti y traerás de allí mujer para mi hijo. Si la mujer no quiere venir contigo, quedarás libre de este juramento; pero de ninguna manera volverás allá a mi hijo.” Puso, pues, el siervo la mano bajo el muslo de Abraham, su señor, y le juró. Tomó el siervo diez de los camellos de su señor y se puso en camino, llevando consigo cuanto de bueno tenía su señor, y se dirigió a Aram Naharayim, a la ciudad de Najor. Hizo que los camellos doblasen sus rodillas fuera de la ciudad junto a un pozo de aguas, ya de tarde, a la hora de salir las que van a coger agua, y dijo: “Yahvé, Dios de mi amo Abraham, haz que me salga ahora buen encuentro, y muéstrate benigno con mi señor Abraham. Voy a ponerme junto al pozo de agua mientras las mujeres de la ciudad vienen a buscar agua;" la joven a quien yo dijere: “Inclina tu cántaro, te ruego, para que yo beba,” y ella me respondiere: “Bebe tú y daré también de beber a tus camellos,” sea la que destinas a tu siervo Isaac, y conozca yo así que te muestras propicio a mi señor.” Y sucedió que, antes que él acabara de hablar, salía con el cántaro al hombro Rebeca, hija de Batuel, hijo de Melca, la mujer de Najor, hermano de Abraham. La joven era muy hermosa y virgen, que no había conocido varón. Bajó al pozo, llenó su cántaro y volvió a subir. Salióle al encuentro el siervo, y le dijo: “Dame, por favor, a beber un poco de agua de tu cántaro.” “Bebe, señor mío,” le contestó ella, y, bajando el cántaro, lo tomó con sus manos y le dio a beber. Cuando hubo él bebido, le dijo: “También para tus camellos voy a sacar agua, hasta que hayan bebido lo que quieran.” Y se apresuró a vaciar el cántaro en el abrevadero, y corrió de nuevo al pozo a sacar más agua, hasta que hubo sacado para todos los camellos. El hombre la contemplaba en silencio y se preguntaba si había prosperado Yahvé su camino o no. Cuando hubieron acabado de beber los camellos, tomó el siervo un arillo de oro de medio siclo de peso y dos brazaletes de diez siclos, también de oro, y, dándoselos, le preguntó: “¿De quién eres hija tú? Dime, por favor, si no habría lugar en casa de tu padre para pasar allí la noche. Ella contestó: “Soy hija de Batuel, el hijo que Melca dio a Najor.” Y añadió: “Hay en nuestra casa paja y heno en abundancia y lugar para pernoctar.” Postróse entonces el hombre y adoró a Yahvé, diciendo: “Bendito sea Yahvé, Dios de mi señor Abraham, que no ha dejado de hacer gracia y mostrarse fiel a mi señor, y a mí me ha conducido derecho a la casa de los hermanos de mi señor.” Corrió la joven a contar en casa de su madre lo que había pasado. Tenía Rebeca un hermano de nombre Labán, que se apresuró a ir al pozo en busca del hombre. Había visto el arillo y los brazaletes en la mano de su hermana y le había oído decir: “Así me ha hablado el hombre.” Vino, pues, a él, que seguía con sus camellos junto a la fuente, y le dijo: “Ven, bendito de Yahvé; ¿por qué te estás ahí fuera? Ya he preparado yo la casa y lugar para los camellos.” Fue, pues, el hombre a casa. Labán desaparejó los camellos, dio a éstos paja y heno, y agua al hombre y a los que le acompañaban, para lavarse los pies, y después le sirvió de comer; pero el hombre dijo: “No comeré mientras no diga lo que tengo que decir.” Respondióle: “Di.” Este dijo: “Yo soy siervo de Abraham. Yahvé ha bendecido largamente a mi señor y le ha engrandecido, dándole ovejas y bueyes, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos. Parióle Sara, la mujer de mi señor, un hijo en su ancianidad, y a él le ha dado todos sus bienes. Mi señor me ha hecho jurar: No tomarás para mi hijo mujer de entre los hijos de los cananeos, de la tierra en que habito;" sino que irás a la casa de mi padre, a mi parentela, y de allí traerás mujer para mi hijo. Yo dije a mi señor,: “Quizá no quiera venir conmigo la mujer”;" y él me contestó: “Yahvé, ante quien yo ando, mandará contigo su ángel y hará que tu camino tenga buen éxito, y tomarás mujer para mi hijo de mi parentela y de la casa de mi padre.” Quedarás desligado del juramento si fueses a mi parentela y no te la dieren; libre quedarás entonces.” Llegué hoy a la fuente y dije: “Yahvé, Dios de mi señor Abraham, te ruego que, si en verdad quieres prosperar el camino que traigo, hagas que, mientras yo me quedo junto a la fuente, la joven que salga a buscar agua y a quien diga yo: “Dame de beber, te ruego, un poco de agua de tu cántaro,” y me diga ella: “Bebe, y sacaré también para tus camellos,” sea la mujer que Yahvé ha destinado para esposa del hijo de mi señor.” No había yo acabado de decir esto en mi corazón, cuando salía Rebeca con su cántaro al hombro, bajó a la fuente y sacó agua. Yo le dije: “Dame de beber, te lo ruego.” Bajó ella en seguida el cántaro de sobre su hombro y dijo: “Bebe, y daré también de beber a tus camellos;” y bebí yo, y ella dio también de beber a mis camellos." Yo le pregunté: “¿De quién eres hija?” Ella me respondió: “Soy hija de Batuel, el hijo de Najor, que le dio Melca.” Entonces puse yo el arillo en su nariz, y los brazaletes en sus manos, y me incliné, postrándome ante Yahvé, y bendije a Yahvé, Dios de mi señor Abraham, que me había traído por camino derecho para tomar a la hija de su hermano para mujer de su hijo.” Ahora, si queréis hacer gracia y fidelidad a mi señor, decídmelo; si no, decídmelo también, y me dirigiré a la derecha o a la izquierda.” Labán y su casa contestaron, diciendo: “De Yahvé viene esto; nosotros no podemos decirte ni bien ni mal." Ahí tienes a Rebeca, tómala y vete, y sea la mujer del hijo de tu señor, como lo ha dicho Yahvé.” Cuando el siervo de Abraham hubo oído estas palabras, se postró en tierra ante Yahvé;" y, sacando objetos de plata y oro y vestidos, se los dio a Rebeca, e hizo también presentes a su hermano y a su madre. Pusiéronse luego a comer y a beber, él y los que con él venían, y pasaron la noche. A la mañana, cuando se levantaron, dijo el siervo: “Dejad que me vaya a mi señor.” El hermano y la madre de Rebeca dijeron: “Que esté la joven con nosotros todavía algunos días, unos diez, y después partirá.” El les contestó: “No retraséis mi vuelta, ya que Yahvé ha hecho feliz el éxito de mi viaje; dejadme partir, para que vuelva a mi señor.” Dijéronle, pues: “Llamemos a la joven y preguntémosle lo que ella quiere.” Llamaron a Rebeca y le preguntaron: “¿Quieres partir luego con este hombre?” Y ella respondió: “Partiré.” Dejaron, pues, ir a Rebeca, su hermana, y a su nodriza con el siervo de Abraham y sus hombres, y bendecían a Rebeca, diciendo: “Hermana nuestra eres; que crezcas en millares de millares y se adueñe tu descendencia de las puertas de tus enemigos.” Montaron, pues, Rebeca, sus doncellas y su nodriza en los camellos, y se fueron tras el hombre, y éste se partió con Rebeca. Volvía un día Isaac del pozo de Jai-Roi, pues habitaba entonces en el Negueb, y había salido por la tarde para pasearse por el campo, y, alzando los ojos, vio venir camellos. También Rebeca alzó sus ojos, y, viendo a Isaac, se apeó del camello, y preguntó al siervo: “¿Quién es aquel hombre que viene por el campo a nuestro encuentro?” El siervo le respondió: “Es mi señor.” Ella cogió el velo y se cubrió. El siervo contó a Isaac cuanto había ocurrido, e Isaac condujo a Rebeca a la tienda de Sara, su madre; la tomó por mujer y la amó, consolándose de la muerte de su madre." Volvió Abraham a tomar mujer, de nombre Quetura, que le parió a Zimrán, Yoqsán, Medán, Midián, Yisbaq y Suaj. Yoqsán engendró a Sebá y a Dedán. Hijos de Dedáii son los Asurim, los Letusim y los Leumim. Los hijos de Midián fueron Efá, Efer, Janoc, Abidá y Eldaá. Estos son todos los descendientes de Quetura. Abraham dio todos sus bienes a Isaac. A los hijos de las concubinas les hizo donaciones; pero, viviendo él todavía, los separó de su hijo Isaac hacia oriente, a la tierra de oriente." Vivió Abraham ciento setenta y cinco años. Expiró y murió Abraham en senectud buena, anciano y lleno de días, y fue a reunirse con su pueblo. Isaac e Ismael, sus hijos, le sepultaron en la caverna de Macpela, en el campo de Efrón, hijo de Seor el jeteo, frente a Mambré. Es el campo que compró Abraham a los hijos de Jet. Allí fue sepultado con Sara, su mujer. Después de la muerte de Abraham, Dios bendijo a Isaac, su hijo, y habitó junto al pozo de Jai-Roi. Esta es la descendencia de Ismael, hijo de Abraham y de Agar, la egipcia, esclava de Sara. He aquí los nombres de los hijos de Ismael según sus nombres y sus generaciones. El primogénito de Ismael fue Nebayot; después, Quedar, Abdel, Mibsam," Mismá, Dumá, Massá, Jadad, Temá, Yetur, Nafis y Quedmá. Estos son los hijos de Ismael, éstos sus nombres según sus poblados y campamentos; éstos fueron los doce jefes de sus tribus." Vivió Ismael ciento treinta y siete años, y expiró y murió, yendo a reunirse con su pueblo. Sus hijos habitaron desde Evila hasta Sur, que está frente a Egipto, según se va a Asur, frente a todos sus hermanos. Esta es la historia de Isaac, hijo de Abraham. Abraham engendró a Isaac. Era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Batuel, arameo, de Padán-Aram, y hermana de Labán, arameo. Rogó Isaac a Yahvé por su mujer, que era estéril, y fue oído por Yahvé, y concibió Rebeca, su mujer. Chocábanse en su seno los niños, y dijo: “Si es así, ¿para qué (he de vivir) yo?” Y fue a consultar a Yahvé, que le dijo: “Dos pueblos llevas en tu seno, dos pueblos que al salir de tus entrañas se separarán. Una nación prevalecerá sobre la otra, y el mayor servirá al menor.” Llegó el tiempo del parto, y salieron de su seno dos gemelos. Salió el primero uno rojo, todo él peludo como un manto, y se llamó Esaú. Después salió su hermano, agarrando con la mano el talón de Esaú, y se le llamó Jacob. Era Isaac de sesenta años cuando nacieron. Crecieron los niños, y fue Esaú diestro cazador y hombre agreste, mientras que era Jacob hombre apacible y amante de la tienda. Isaac, porque le gustaba la caza, prefería a Esaú, y Rebeca a Jacob. Hizo un día Jacob un guiso, y, llegando Esaú del campo muy fatigado, dijo a Jacob: “Por favor, dame a comer de ese guiso rojo, que estoy desfallecido.” Por esto se le dio a Esaú el nombre de Edom Contestóle Jacob: “Véndeme ahora mismo tu primogenitura.” Respondió Esaú: “Estoy que me muero; ¿qué me importa la primogenitura?” “Júramelo ahora mismo,” le dijo Jacob; y juró Esaú, vendiendo a Jacob su primogenitura." Diole entonces Jacob pan y el guiso de lentejas, y, una vez que comió y bebió, se levantó Esaú y se fue, sin dársele nada de la primogenitura. Hubo en aquella tierra un hambre distinta de la primera que hubo en tiempo de Abraham, y fue Isaac a Guerar, a Abimelec, rey de los filisteos;" pero se le apareció Yahvé y le dijo: “No bajes a Egipto. Sigue habitando en esta tierra, donde yo te diga; peregrina por ella, que yo estaré contigo y te bendeciré, pues a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, cumpliendo el juramento que hice a Abraham, tu padre," y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y le daré todas estas tierras, y la bendecirán todos los pueblos de la tierra, por haberme obedecido Abraham y haber guardado mi mandato, mis preceptos, mis ordenaciones y mis leyes.” Habitó, pues, Isaac en Guerar. Preguntáronle los hombres del lugar por su mujer, y él decía: “Es mi hermana.” Pues temía decir que era su mujer, no fuera que le mataran los hombres del lugar por Rebeca, que era muy hermosa. Como se prolongase su estancia en Guerar, mirando un día Abimelec, rey de los filisteos, por la ventana, vio que estaba Isaac acariciando a Rebeca, su mujer. Llamó Abimelec a Isaac, y le dijo: De cierto que es tu mujer. ¿Por qué, pues, dices: “Es mi hermana?” Y le contestó Isaac: “Es que me dije: No vaya yo a morir por causa suya.” Respondióle Abimelec: “¿Cómo nos has hecho esto? Hubiera podido alguno tomar a tu mujer, y hubieras arrojado sobre nosotros un delito.” Dio, pues, Abimelec una orden a todo el pueblo, diciendo: “El que toque a este hombre o a su mujer, morirá.” Sembró Isaac en aquella tierra, y recogió aquel año ciento por uno, pues le bendijo Yahvé. Engrandecióse y fue creciendo cada vez más, hasta hacerse muy poderoso. Tenía mucha hacienda de ovejas y bueyes y mucha servidumbre, y los filisteos llegaron a envidiarle. Todos los pozos abiertos por los siervos de su padre, Abraham, los cegaron los filisteos, llenándolos de tierra. Dijo Abimelec a Isaac: “Vete de aquí, porque has llegado a ser mucho más poderoso que nosotros.” Fuese Isaac y acampó en el valle de Guerar, y habitó allí. Volvió a abrir los pozos abiertos en tiempo de Abraham, su padre, cegados por los filisteos después de la muerte de Abraham, dándoles los mismos nombres que les había dado su padre. Cavaron los siervos de Isaac en el valle, y alumbraron una fuente de aguas vivas;" pero los pastores de Guerar riñeron con los de Isaac, diciendo: “Estas aguas son nuestras.” Y llamó al pozo Ezeq, porque había habido riña por él. Excavaron sus siervos otro pozo, por el cual hubo también un altercado, y lo llamó Sitna. Yéndose más lejos, excavó otro pozo, por el cual no hubo ya querellas, y le llamó Rejobot, diciendo: “Ahora ya nos ha dado Yahvé holgura y prosperaremos en esta tierra.” Subió después a Bersebá, y se le apareció Yahvé en la noche, y le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, tu padre; nada temas, que yo estoy contigo: Yo te bendeciré y multiplicaré tu descendencia por Abraham, mi siervo.” Alzó allí un altar e invocó el nombre de Yahvé; plantó allí su campamento, y abrieron también allí sus siervos un pozo." Vinieron a él, desde Guerar, Abimelec, Ajurot, amigo suyo, y Picol, jefe de su ejército;" e Isaac les dijo: “¿Para qué habéis venido a mí vosotros, que me odiáis y me habéis arrojado de entre vosotros?” Ellos respondieron: “Porque hemos visto claramente que está Yahvé contigo, y nos hemos dicho: Haya en medio de nosotros un juramento entre ti y nosotros. Queremos hacer alianza contigo, de no hacernos tú mal, como no te hemos tocado nosotros a ti, haciéndote sólo bien y dejándote partir en paz Tú eres ahora el bendito de Yahvé.” Isaac les preparó un banquete, y comieron y bebieron. A la mañana siguiente se levantaron, y se juraron unos a otros, y les despidió Isaac, yéndose ellos en paz. Aquel mismo día vinieron los siervos de Isaac a informarle acerca del pozo que estaban haciendo, y le dijeron: “Hemos hallado agua”;" e Isaac llamó al pozo Sebá; por eso se llamó la ciudad Bersebá hasta el día de hoy." Era Esaú de cuarenta años, y tomó por mujeres a Judit, hija de Beeri, jeteo, y a Basemat, hija de Elón, jeteo, que fueron para Isaac y Rebeca una amarga pesadumbre. Cuando envejeció Isaac, se debilitaron sus ojos y no veía. Llamó, pues, a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: “Hijo mío.” Este contestó: “Heme aquí.” “Mira, le dijo, yo ya soy viejo y no sé cuál será el día de mi muerte. Toma, pues, tus armas, la aljaba, el arco, y sal al campo a cazar algo, y me haces un guiso como sabes que a mí me gusta, y me lo traes para que lo coma y después te bendiga antes de morir.” Rebeca estuvo oyendo lo que Isaac decía a Esaú, su hijo. Esaú salió al campo a cazar algo para traerlo;" y Rebeca dijo a Jacob, su hijo: “Mira, he oído a tu padre hablar a Esaú, tu hermano, y decirle: Tráeme caza y prepáramela para que la coma y te bendiga delante de Yahvé antes de mi muerte. Ahora, pues, hijo mío, obedéceme y haz lo que yo te mando. Anda, vete al rebaño y tráeme dos cabritos gordos, para que yo haga con ellos a tu padre un guiso como a él le gusta, y se lo lleves a tu padre, y lo coma y te bendiga antes de su muerte,” Contestó Jacob a Rebeca, su madre: “Mira que Esaú, mi hermano, es hombre velludo, y yo lampiño, y, si me toca mi padre, apareceré ante él como un mentiroso, y traeré sobre mí una maldición en vez de la bendición.” Díjole su madre: “Sobre mí tu maldición, hijo mío; pero tú obedéceme. Anda y tráemelos.” Fue, pues, allá él, los cogió y se los trajo a su madre que hizo el guiso como a su padre le gustaba. Tomó Rebeca vestidos de Esaú, su hijo mayor, los mejores que tenía en la casa, y se los vistió a Jacob, su hijo menor;" y con las pieles de los cabritos le cubrió las manos y lo desnudo del cuello;" puso el guiso y pan, que había hecho, en manos de Jacob, su hijo, y éste se lo llevó a su padre, y le dijo: “Padre mío.” “Heme aquí, hijo mío,” contestó Isaac. “¿Quién eres, hijo mío?” Y le contestó Jacob: “Yo soy Esaú, tu hijo primogénito. He hecho como me dijiste. Levántate, pues, te ruego; siéntate y come de mi caza, para que me bendigas.” Y dijo Isaac a su hijo: “¿Cómo tan pronto hallaste, hijo mío?,” y le respondió: “Porque hizo Yahvé, tu Dios, que se me pusiera delante.” Dijo Isaac a Jacob: “Anda, acércate para que yo te palpe, a ver si eres o no mi hijo Esaú.” Acercóse Jacob a Isaac, su padre, que le palpó y dijo: “La voz es de Jacob, pero las manos son de Esaú”;" y no le conoció, porque estaban sus manos velludas como las de Esaú, su hermano, y se dispuso a bendecirle. Todavía le preguntó: “¿De verdad eres tú mi hijo Esaú?,” y él contestó: “Yo soy.” Díjole, pues: “Acércame la caza para que yo coma de ella, hijo mío, y te bendiga.” Acercósela Jacob y comió y bebió. Díjole después Isaac: “Acércate y bésame, hijo mío.” Acercóse él y le besó; y en cuanto olió la fragancia de sus vestidos, le bendijo, diciendo: “¡Oh, es el olor de mi hijo como el olor de un campo al que ha bendecido Yahvé!" Déte Dios el rocío del cielo y la grosura de la tierra y abundancia de trigo y mosto. Sírvante pueblos y prostérnense ante ti naciones. Sé señor de tus hermanos, y póstrense ante ti los hijos de tu madre. En cuanto acabó Isaac de bendecir a Jacob, no bien había salido éste de la presencia de Isaac, su padre, Esaú, su hermano, que venía del campo y había hecho su guiso y se lo traía a su padre, dijo a éste: “Levántese mi padre y coma de la caza de su hijo para que me bendiga.” Díjole Isaac, su padre: “Pues ¿quién eres tú?” Contestóle: “Yo soy tu hijo primogénito, Esaú.” Pasmóse Isaac grandemente, y repuso: “¿Y quién es entonces el que me ha traído la caza y he comido de todo ello antes que tú vinieras, y le he bendecido, y bendito está?” Al oír Esaú las palabras de su padre, rompió a gritar y a llorar amargamente, y le dijo: “Bendíceme también a mí, padre mío.” Isaac le contestó: “Tu hermano ha venido con engaño y se ha llevado la bendición.” Díjole Esaú: “¿No es su nombre Jacob? Dos veces me ha suplantado: me quitó la primogenitura y ahora me ha quitado mi bendición.” Y añadió: “¿No tienes ya bendición para mí?” Respondió Isaac y dijo a Esaú: “Mira, le he hecho señor tuyo, y todos sus hermanos se los he dado por siervos; le he atribuido el trigo y el mosto. A ti, pues, ¿qué voy a hacerte, hijo mío?” Y dijo Esaú a su padre: “¿No tienes más que una bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío”; y lloró en voz alta." Respondió Isaac diciéndole: “He aquí que fuera de la grosura de la tierra será tu morada, y fuera del rocío que baja de los cielos. Vivirás de tu espada y servirás a tu hermano; mas, cuando te revuelvas, romperás su yugo de sobre tu cuello.” Concibió Esaú contra su hermano Jacob un odio profundo por lo de la bendición que le había dado su padre, y se dijo en su corazón: “Cerca están los días del duelo por mi padre; después mataré a Jacob, mi hermano.” Supo Rebeca lo que había dicho Esaú, su hijo mayor, y mandó llamar a Jacob, su hijo menor, y le dijo: “He aquí que tu hermano Esaú quiere matarte. Anda, pues, obedéceme, hijo mío, y huye a Jarrán, a Labán, mi hermano, y estáte algún tiempo con él, hasta que la cólera de tu hermano se aparte de ti, se aplaque su ira y se haya olvidado de lo que le has hecho; yo mandaré allí a buscarte. ¿Habría de verme privada de vosotros dos en un solo día?” Rebeca dijo a Isaac: “Me pesa la vida a causa de las hijas de Jet; si Jacob toma mujer de entre las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero vivir?” Llamó, pues, Isaac a Jacob, y le bendijo, y le mandó: “No tomes mujer de entre las hijas de Canaán. Anda y vete a Padán Aram, a casa de Batuel, el padre de tu madre, y toma allí mujer de entre las hijas de Labán, hermano de tu madre;" el Dios omnipotente te bendecirá, te hará crecer, y te multiplicará, y te hará muchedumbre de pueblos, y te dará la bendición de Abraham a ti y a tu descendencia contigo, para que poseas la tierra en que como extranjero habitas, que dio Dios a Abraham.” Despidió, pues, Isaac a Jacob, que se fue a Padán Aram, a Labán, hijo de Batuel, arameo, hermano de Rebeca, madre de Jacob y Esaú. Viendo Esaú que Isaac había bendecido a Jacob y que, al bendecirle, le había mandado irse a Padán Aram para tomar mujer de allí, diciéndole: No tomes mujer de entre las hijas de Canaán, y que, obedeciendo a su padre y a su madre, se había ido Jacob a Padán Aram, conoció Esaú que disgustaban a Isaac, su padre, las hijas de Canaán, y se fue a Ismael y, sobre las que ya tenía, tomó por mujer a Majalat, hermana de Nebayot, hija de Ismael, hijo de Abraham. Salió, pues, Jacob de Bersebá, para dirigirse a Jarrán. Llegó a un lugar donde se dispuso a pasar la noche, pues el sol se ponía ya, y, tomando una de las piedras que en el lugar había, la puso de cabecera y se acostó. Tuvo un sueño. Veía una escala apoyándose en la tierra, y bajaban los ángeles de Dios. Junto a él estaba Yahvé, que le dijo: “Yo soy Yahvé, el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra sobre la cual estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia." Será ésta como el polvo de la tierra, y te ensancharás a occidente y a oriente, a norte y a mediodía, y en ti y en tu descendencia serán bendecidas todas las naciones de la tierra. Yo estoy contigo, y te bendeciré adondequiera que vayas, y volveré a traerte a esta tierra, y no te abandonaré hasta cumplir lo que te digo.” Despertó Jacob de su sueño, y se dijo: “Ciertamente está Yahvé en este lugar, y yo no lo sabía”;" y, atemorizado, añadió: “¡Qué terrible es este lugar! No es sino la casa de Dios y la puerta de los cielos.” Levantóse Jacob bien de mañana, y, tomando la piedra que había tenido por cabecera, la alzó como memoria y vertió óleo sobre ella. Llamó a este lugar Betel, aunque la ciudad se llamó primero Luz. E hizo Jacob voto diciendo: “Si Yahvé está conmigo, y me protege en mi viaje, y me da pan que comer y vestidos que vestir, y retorno en paz a la casa de mi padre, Yahvé será mi Dios;" esta piedra que he alzado como memoria será casa de Dios, y de todo cuanto a mí me dieres, te daré el diezmo.” Volvió a emprender Jacob la marcha, y llegó a la tierra de los hijos de Oriente. Vio en el campo un pozo, junto al cual descansaban tres rebaños, pues era el pozo en que se abrevaban los ganados. Reuníanse allí, se quitaba una gran piedra que lo tapaba y se daba de beber al ganado, volviendo a poner en su lugar la piedra que cubría la boca del pozo. Jacob preguntó a los pastores: “¿De dónde sois, hermanos?” “De Jarrán somos,” le respondieron ellos. “¿Conocéis a Labán, hijo de Najor?” “Le conocemos,” contestaron. “¿Y está bien?,” siguió preguntando Jacob. “Sí, bien está; mirad, ahí viene Raquel, su hija, con su rebaño.” El les dijo: “Todavía es muy de día, no es tiempo de recoger el ganado. ¿Por qué no abreváis los rebaños y los volvéis a que pasten?” Ellos le respondieron: “No podemos hacerlo hasta que se reúnan todos los rebaños y se quite la piedra de la boca del pozo; entonces damos de beber al ganado.” Todavía estaba Jacob hablando con ellos, cuando llegó Raquel con el rebaño de su padre, pues ella era pastora. Y cuando vio Jacob a Raquel, hija de Labán, hermano de su madre, y el rebaño de Labán, hermano de su madre, se acercó, removió la piedra de sobre la boca del pozo y abrevó el rebaño de Labán, hermano de su madre. Besó Jacob a Raquel y alzó la voz llorando. Dio a saber a Raquel que era hermano de su padre e hijo de Rebeca, y ella corrió a contárselo a su padre. En cuanto oyó Labán lo que de Jacob, hijo de su hermana, le decía, corrió a su encuentro, le abrazó, le besó y le llevó a su casa. Contó Jacob a Labán lo que ocurría, y éste le dijo: “Sí, eres hueso mío y carne mía.” Y moró Jacob con Labán un mes entero. Pasado éste, le dijo Labán: “¿Acaso porque eres hermano mío vas a servirme de balde? Dime cuál va a ser tu salario.” Tenía Labán dos hijas: una, la mayor, de nombre Lía; otra, la menor, de nombre Raquel." Lía era tierna de ojos, pero Raquel era muy esbelta y hermosa. Amaba Jacob a Raquel, y dijo a Labán: “Te serviré siete años por Raquel, tu hija menor.” Y contestó Labán: “Mejor es que te la dé a ti que dársela a un extraño. Quédate conmigo.” Y sirvió Jacob por Raquel siete años, que le parecieron sólo unos días, por el amor que le tenía. Jacob dijo a Labán: “Dame mi mujer, pues se ha cumplido el tiempo y entraré a ella.” Reunió Labán a todos los hombres del lugar y dio un convite;" y por la noche, tomando a Lía, su hija, se la llevó a Jacob, que entró a ella. Dio Labán a Lía, su hija, su sierva Zelfa, para que fuera sierva de ella. Llegada la mañana, vio Jacob que era Lía, y dijo a Labán: “¿Por qué me has hecho esto? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué me has engañado?” Labán le respondió: “No es en nuestro lugar costumbre dar la menor antes que la mayor. Acabada esta semana, te daré también después la otra por el servicio que me prestes durante otros siete años.” Hízolo así Jacob, y, cumplida la semana, diole Labán a Raquel, su hija, por mujer, y con ella a Bala, su sierva, para sierva de ella. Entró también a Raquel Jacob, y la amó más que a Lía, y sirvió por ella otros siete años. Viendo Yahvé que Lía era desamada, abrió su matriz, mientras que Raquel era estéril. Concibió Lía, y parió un hijo, al que llamó Rubén, diciendo: “Yahvé ha mirado mi aflicción, y ahora mi marido me amará.” Concibió de nuevo y parió un hijo, diciendo: “Yahvé ha oído que yo era desamada, y me ha dado éste más,” y le llamó Simeón. Concibió otra vez, y parió un hijo, diciendo: “Ahora mi marido se apegará a mí, pues le he parido tres hijos”; y por eso le llamó Leví." Concibió nuevamente, y parió un hijo, diciendo: “Ahora sí que he de alabar a Yahvé,” y por eso le llamó Judá. Y cesó de tener hijos. Raquel, viendo que no daba hijos a Jacob, estaba celosa de su hermana, y dijo a Jacob: “Dame hijos o me muero.” Airóse Jacob contra Raquel, y le dijo: “¿Por ventura soy yo Dios, que te he hecho estéril?” Ella le dijo: “Ahí tienes a mi sierva Bala; entra a ella, que para sobre mis rodillas y tenga yo prole por ella.” Diole, pues, su sierva por mujer, y Jacob entró a ella. Concibió Bala y parió a Jacob un hijo, y dijo Raquel: “Dios me ha hecho justicia, me ha oído y me ha dado un hijo”; por eso le llamó Dan." Concibió otra vez Bala, sierva de Raquel, y parió un segundo hijo a Jacob, diciendo Raquel: “Luchas de Dios he luchado con mi hermana, y la he vencido”; por eso le llamó Neftalí." Viendo Lía que había dejado de tener hijos, tomó a Zelfa, su esclava, y se la dio por mujer a Jacob. Zelfa, esclava de Lía, parió a Jacob un hijo, y Lía dijo: “¡Qué buena fortuna!,” y le llamó Gad. Parió Zelfa, esclava de Lía, un segundo hijo a Jacob;" y dijo Lía: “Por dicha mía, pues las hijas me han hecho feliz,” y le llamó Aser. Salió Rubén al tiempo de la siega del trigo, y halló en el campo unas mandrágoras, y se las trajo a Lía, su madre, y dijo Raquel a Lía: “Dame, por favor, de las mandrágoras de tu hijo.” Lía le contestó: “¿Te parece todavía poco haberme quitado el marido, que quieres quitarme también las mandrágoras de mi hijo?” Y le dijo Raquel: “Pues que duerma esta noche contigo a cambio de las mandrágoras de tu hijo.” Vino Jacob del campo por la tarde, y, saliéndole Lía al encuentro, le dijo: “Entra a mí, pues te he comprado por unas mandrágoras de mi hijo.” Y durmió con ella Jacob aquella noche, y oyó Yahvé a Lía, que concibió y parió a Jacob el quinto hijo. Y dijo Lía: “Dios me ha pagado mi merced por haber dado mi sierva a mi marido”; y le llamó Isacar." Concibió de nuevo Lía, y parió a Jacob un sexto hijo, diciendo: “Dios me ha hecho un buen don; ahora mi marido morará conmigo, pues le he dado seis hijos”; y le llamó Zabulón." Después parió una hija, a la que llamó Dina. Acordóse Dios de Raquel, la oyó y la hizo fecunda. Concibió, pues, y parió un hijo, y dijo: “Dios ha quitado mi afrenta,” y le llamó José, pues dijo: “Que me añada Yahvé otro hijo.” Cuando Raquel parió a José, dijo Jacob a Labán: “Déjame irme a mi lugar, a mi tierra. Dame mis mujeres, por las que te he servido, y me iré, pues bien sabes tú qué buen servicio te he hecho.” Respondióle Labán: “Si he hallado gracia a tus ojos, yo sé por agüero que por causa tuya me ha bendecido Yahvé. Fíjame tu salario y yo te lo daré.” Contestóle Jacob: “Tú bien sabes cómo te he servido y lo que conmigo ha venido a ser tu ganado. Bien poco era lo que antes tenías, pero se ha aumentado grandemente, y Yahvé te ha bendecido a mi paso. Ahora, pues, habré de hacer también yo por mi casa.” Labán le dijo: “Dime qué es lo que he de darte.” “No has de darme nada — le contestó Jacob, sino hacer lo que voy a decirte, y volveré a apacentar tu ganado y a guardarlo. Yo pasaré hoy por entre todos tus rebaños, y separaré toda res manchada o rayada entre los corderos y toda res manchada entre las cabras. Eso será mi salario. Mi probidad responderá así por mí a la mañana, cuando vengas a reconocer mi salario; todo cuanto no sea manchado entre las cabras y rayado entre los corderos, será en mí un robo.” Y respondió Labán: “Bien, sea como dices.” Pero aquel mismo día separó todos los machos cabríos manchados, todas las cabras manchadas y cuantas tenían algo de blanco, y entre los corderos todos los rayados y manchados, y así se los entregó a sus hijos, haciéndoselos llevar a tres días de camino de donde estaba Jacob. Jacob siguió apacentando el resto del ganado de Labán. Tomó Jacob varas verdes de álamo, de almendro y de plátano, y, haciendo en ellas unos cortes, las desdescortezaba, dejando lo blanco de las varas al descubierto. Puso después las varas así descortezadas en los canales de los abrevaderos adonde venía el ganado a beber;" y las que se apareaban a la vista de las varas, parían crías rayadas y manchadas. Jacob separó el ganado, poniendo delante cuanto de rayado y manchado había en los rebaños de Labán, y puso su grey aparte, sin dejar que se mezclara con la de Labán. Era cuando las reses vigorosas entraban en calor cuando ponía Jacob las varas a su vista en los abrevaderos, para que se apareasen ante las varas;" pero ante las débiles no las ponía, y así las crías débiles eran las de Labán, y las fuertes las de Jacob. Vino a ser Jacob rico en extremo, dueño de numerosos rebaños, de siervos y de siervas, de camellos y de asnos. Oyó Jacob a los hijos de Labán decir: “Ha cogido Jacob todo lo de nuestro padre, y con lo nuestro ha hecho todas esas riquezas.” Vio que la cara de Labán no era ya para él lo que había sido antes, y Yahvé le dijo: “Vuélvete a la tierra de tu padre y a tu parentela, que yo estaré contigo.” Mandó a llamar, pues, Jacob a Raquel y a Lía, para que fueran al campo adonde estaba con su ganado, y les dijo: “Veo que el semblante de vuestro padre no es para mí ya el que antes era, aunque el Dios de mi padre ha estado conmigo. Bien sabéis vosotras que yo he servido a vuestro padre con todas mis fuerzas, y que vuestro padre se ha burlado de mí, mudando diez veces mi salario; pero Dios no le ha permitido perjudicarme." Cuando él decía: Tu salario serán las reses manchadas, todas las ovejas parían corderos manchados; y si decía: Las reses rayadas serán tu salario, todas las ovejas parían corderos rayados." Es, pues, Dios el que ha tomado lo de vuestro padre y me lo ha dado a mí. Cuando las ovejas entran en calor, vi yo en sueños que los carneros que cubrían a las ovejas eran rayados y manchados, y mi ángel me dijo en el sueño: “Jacob”; le respondí: “firme aquí.” Y él dijo: “Alza tus ojos y mira: todos los carneros que cubren a las ovejas son rayados y manchados, porque yo he visto lo que te ha hecho Labán. Yo soy el Dios de Betel, donde ungiste tú un monumento y me hiciste el voto. Levántate, pues, sal de esta tierra y torna a la tierra de tu parentela.” Raquel y Lía respondieron: “¿Tenemos acaso nosotras parte o herencia en la casa de nuestro padre? ¿No nos ha tratado como extrañas, vendiéndonos y comiendo nuestro precio? Y, además, cuanto le ha quitado Dios, nuestro es y de nuestros hijos. Haz, pues, ya lo que Dios te ha mandado.” Levantóse Jacob e hizo montar a sus mujeres y a sus hijos sobre los camellos, y, llevando consigo todos sus ganados y todo cuanto en Padán Aram había adquirido, se encaminó hacia Isaac, su padre, a tierra de Canaán. Labán había ido al esquileo, y Raquel robó los “terafim” de su padre. Jacob engañó a Labán, arameo, y no le dio cuenta de su huida. Huyó con todo cuanto tenía, y, ya en camino, atravesó el río y se dirigió al monte de Galaad. Al tercer día dijéronle a Labán que Jacob había huido;" y, tornando consigo a sus parientes, le persiguió durante siete días, hasta darle alcance en el monte de Galaad. Vino Dios en sueños durante la noche a Labán, arameo, y le dijo: “Guárdate de decir a Jacob nada, ni en bien ni en mal.” Cuando alcanzó Labán a Jacob, había éste fijado sus tiendas en el monte, y Labán fijó también la suya y las de sus parientes en el mismo monte de Galaad. Dijo, pues, Labán a Jacob: “¿Qué es lo que has hecho? ¡Escaparte de mí, llevándote mis hijas como si fuesen cautivas de guerra! ¿Por qué has huido secretamente, engañándome, en vez de advertirme, y te hubiera despedido yo jubilosamente con cantos, tímpanos y cítaras? ¡Sin dejarme siquiera abrazar a mis hijos y a mis hijas! Has obrado insensatamente. Mi mano es lo suficientemente fuerte para haceros mal, pero el Dios de tu padre me ha hablado la pasada noche, diciéndome: “Guárdate de decir a Jacob cosa alguna, ni en bien ni en mal.” Y si es que te vas porque anhelas irte a la casa de tu padre, ¿por qué me has robado mis dioses?” Jacob respondió: “Es que temía, pensando que quizá me quitarías tus hijas. Cuanto a lo de tus dioses, aquel a quien se los encuentres, que muera. En presencia de nuestros hermanos busca cuanto sea tuyo y tómalo.” Jacob no sabía que era Raquel la que los había robado. Labán penetró en la tienda de Jacob, en la de Lía y en la de sus siervas, y no halló nada. Después de salir de la tienda de Lía, entró en la de Raquel;" pero Raquel había tomado los “terafim” y los había escondido en el palanquín del camello, sentándose encima. Labán rebuscó por toda la tienda, pero no halló nada. Raquel le dijo: “No se irrite mi señor porque no pueda levantarme ante él, pues me hallo con lo que comúnmente tienen las mujeres.” Así fue cómo, después de buscar y rebuscar Labán en toda la tienda, no pudo hallar los “terafim.” Jacob montó en cólera y reprochó a Labán, diciéndole: “¿Qué crimen es el mío? ¿Cuál es mi pecado para que así me persigas? Después de buscar y rebuscar en todas mis cosas, ¿qué has hallado tuyo? Preséntalo aquí ante mis hermanos y los tuyos, y que juzguen ellos entre los dos. He pasado en tu casa veinte años; tus ovejas y tus cabras no abortaron, y yo no me he comido los corderos de tus rebaños." Lo destrozado no te lo llevaba, la pérdida iba a cuenta mía. Me reclamabas lo que me robaban de día y lo que me robaban de noche. He vivido devorado por el calor del día y por el frío de la noche, y huía de mis ojos el sueño. He llevado en tu casa veinte años; catorce te he servido por tus dos hijas, seis por tus ganados, y me has mudado diez veces el salario." Si no hubiera sido por el Dios de mi padre, el Dios de Abraham, y por el Terror de Isaac, ahora me hubieras dejado ir de vacío. Dios ha visto mi aflicción y el trabajo de mis manos, y ha juzgado la pasada noche.” Respondióle Labán y dijo a Jacob: “Las hijas, hijas mías son; los hijos son hijos míos; el ganado es mío también, y cuanto ves es mío; a estas mis hijas y a los hijos que han parido, ¿qué les haría yo hoy?" Ven, pues, hagamos alianza tú y yo y que Dios sea testigo entre ti y mí.” Tomó, pues, Jacob una piedra y la alzó en monumento, y dijo a sus hermanos que recogieran piedras y las reunieran en un montón, y comieron sobre él. Le llamó Labán Yegar-Sahaduta, mientras que Jacob le llamó Yagar Galaad. Y dijo Labán: “Este montón es hoy testigo entre ti y mí.” Por eso le llamó Galaad, y también Mispah, por haber dicho Labán: “Que vele Yahvé entre los dos cuando nos hayamos separado el uno del otro.” Si tú maltratas a mis hijas o tomas otras mujeres además de ellas, no habrá hombre que pueda argüirte; pero he aquí que Dios es testigo entre ti y mí.” Y añadió Labán: “He aquí el monumento y he aquí el testigo que he alzado entre ti y mí. Este montón es testigo de que yo no lo pasaré yendo contra ti, ni tú lo pasarás para hacerme daño. El Dios de Abraham, el Dios de Najor, juzgue entre nosotros.” Juró, pues, Jacob por el Terror de Isaac, su padre;" ofreció un sacrificio en el monte e invitó a sus hermanos a comer. Comieron y pasaron la noche en el monte. - Al día siguiente se levantó Labán de mañana, besó a sus hijos y a sus hijas y los bendijo. Después se marchó para volverse a su lugar. Jacob prosiguió su camino, y le salieron al encuentro ángeles de Dios. Al verlos, dijo Jacob: “Este es el campamento de Dios”; y por eso llamó a aquel lugar Majanayim." Envió Jacob ante sí mensajeros a Esaú, su hermano, a tierras de Seir, en los campos de Edom, mandándoles: “Así habéis de decir a mi señor Esaú: He aquí lo que dice Jacob, tu siervo: He estado con Labán y he morado con él hasta ahora. Tengo bueyes y asnos, ovejas, siervos y siervas, y quiero hacérselo saber a mi señor, para hallar gracia a sus ojos.” Los mensajeros volvieron, diciendo a Jacob: “Hemos ido a ver a tu hermano Esaú, y viene él a tu encuentro con cuatrocientos hombres.” Jacob se atemorizó grandemente y se angustió; dividió en dos partes a los que le acompañaban, los rebaños, los ganados y los camellos, diciéndose:" “Si encuentra Esaú una parte y la destroza, quizá pueda salvarse la otra”;" y dijo: “Dios de mi padre Abraham, Dios de mi padre Isaac, Yahvé, que me dijiste: Vuelve a tu tierra, al lugar de tu nacimiento, que yo te favoreceré, Muy poco soy para todas las gracias que a tu siervo has hecho, y toda la fidelidad que con él has tenido, pues pasé este río Jordán llevando sólo mi cayado, y vuelvo ahora con dos escuadras. Líbrame, te ruego, de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, pues le temo, no sea que venga a matarnos a todos, la madre con sus hijos. Tú me has dicho: Yo te favoreceré grandemente y haré tu descendencia como las arenas del mar, que por lo numerosas no pueden contarse.” Pasó allí Jacob aquella noche, y de cuanto tenía tomó para hacer presentes a Esaú, su hermano: doscientas cabras y veinte machos;" doscientas ovejas y veinte carneros;" treinta camellas criando, con sus crías; cuarenta vacas y diez toros; veinte asnas y diez asnos," y, poniendo en manos de sus siervos cada uno de los hatos separadamente, les dijo: “Id delante de mí, dejando un espacio entre hato y hato.” Al primero le dio esta orden: “Si te encuentra Esaú, mi hermano, y te pregunta: ¿De quién eres, adonde vas y de quién es eso que llevas?, le responderás: De tu siervo Jacob; es un presente que envía a mi señor, a Esaú, y él viene también detrás de nosotros.” La misma orden dio al segundo y al tercero, y a todos cuantos llevaban el ganado, diciéndoles: “Así habéis de hablar a Esaú cuando le encontréis. Le diréis: He aquí que tu siervo Jacob viene detrás de nosotros.” Pues se decía: Le aplacaré con los presentes que van delante y luego le veré; quizá me acoja bien." Los presentes pasaron delante de él, y él se quedó allí aquella noche en el campamento;" y levantándose todavía de noche y tomando a sus dos mujeres, a sus dos siervas y sus once hijos, les hizo pasar el vado de Yaboq. Pasó también después cuanto tenía. Quedóse Jacob solo, y hasta rayar la aurora estuvo luchando con él un hombre, el cual, viendo que no le podía, le dio un golpe en la articulación del muslo, y se relajó el tendón del muslo de Jacob luchando con él. El hombre dijo a Jacob: “Déjame ya que me vaya, que sale la aurora.” Pero Jacob respondió: “No te dejaré ir si no me bendices.” El le preguntó: “¿Cuál es tu nombre?” “Jacob,” contestó éste. Y él le dijo: “No te llamarás ya en adelante Jacob, sino Israel, pues has luchado con Dios y con hombres y has vencido.” Rogóle Jacob: “Dame, por favor, a conocer tu nombre”; pero él le contestó: “¿Para qué preguntas por mi nombre?”; y le bendijo allí." Jacob llamó a aquel lugar Peniel, pues dijo: “He visto a Dios cara a cara y ha quedado a salvo mi vida.” Salía el sol cuando pasó de Panuel, e iba cojeando del muslo. Salía el sol cuando pasó de Panuel, e iba cojeando del muslo. [ (Genesis 32:33) Por eso los hijos de Israel no comen, todavía hoy, el tendón femoral de la articulación del muslo, por haber sido herido en él Jacob. ] Alzó Jacob los ojos, y vio venir hacia él a Esaú con cuatrocientos hombres. Había repartido sus hijos entre Lía, Raquel y las dos siervas, poniendo en cabeza a estas dos con sus hijos; después a Lía con los suyos, y en último lugar a Raquel con José." El se puso delante de todos y se postró en tierra siete veces antes de llegar su hermano. Esaú corrió a su encuentro, le abrazó, cayó sobre su cuello y le besó. Ambos lloraban. Luego, alzando los ojos, vio Esaú a las mujeres y a los niños, y preguntó: “¿Quiénes son estos que traes contigo?” Jacob le contestó: “Son los hijos que Dios ha dado a tu siervo.” Aproximáronse las siervas con sus hijos, y se postraron. Luego se acercaron José y Raquel, y se postraron. Esaú les preguntó: “¿Qué pretendes con todos estos hatos que he ido encontrando?” “Hallar gracia a los ojos de mi señor.” Contestóle Esaú: “Tengo mucho, hermano mío; sea lo tuyo para ti.” “No, te ruego — respondió Jacob ; si es que he hallado gracia a tus ojos, acepta de mi mano el presente, ya que he visto tu faz como si viera la de Dios, y me has acogido favorablemente," Acepta, pues, el presente que te hago, pues Dios me ha favorecido y tengo de todo.” Tanto le instó, que aceptó Esaú. Este le dijo: “Pongámonos en marcha; yo iré delante de ti.” Jacob le respondió: “Bien ve mi señor que hay niños tiernos y que llevo ovejas y vacas que están criando, y si durante un día se les hiciera marchar apresuradamente, todo el ganado moriría. Pase, pues, mi señor delante de su siervo, y yo seguiré lentamente al paso de los rebaños que llevo delante y al paso de los niños, hasta llegar a Seir, a mi señor.” Dijo Esaú: “Dejaré, pues, detrás de mí una parte de la gente que llevo.” Pero Jacob respondió: “¿Y para qué eso, si hallo gracia a los ojos de mi señor?” Volvióse, pues, a Seir Esaú aquel mismo día. Jacob partió para Sucot, y se hizo allí una casa y apriscos para ganados; por eso se llamó Sucot aquel lugar." Llegó Jacob en paz a la ciudad de Siquem, en tierra de Canaán, de vuelta de Padán Aram, y acampó frente a la ciudad. Compró a los hijos de Jamor, padre de Siquem, el trozo de tierra donde había asentado sus tiendas por cien “quesitas,” y alzó allí un altar, que llamó “El-Elohe-Israel.” Salió Dina, la hija que había parido Lía a Jacob, y, viéndola Siquem, hijo de Jamor, jeveo, príncipe de aquella tierra, la tomó, se acostó con ella y la violó. De tal modo se prendó de Dina, la hija de Jacob, que la amó y le habló al corazón. Y dijo Siquem a Jamor, su padre; “Tómame esa joven por mujer.” Supo Jacob que Dina, su hija, había sido violada; pero, como sus hijos estaban en el campo con el ganado, se calló hasta su vuelta." Jamor, padre de Siquem, salió para hablar a Jacob. Cuando de vuelta del campo le oyeron los hijos de Jacob, se llenaron de ira y de furor por el ultraje hecho a Israel acostándose con la hija de Jacob, cosa que no debía hacerse. Jamor les habló diciendo: “Siquem, mi hijo, está prendado de vuestra hija; dádsela, os ruego, por mujer;" haced alianza con nosotros; dadnos vuestras hijas y tomad las nuestras para vosotros, y habitad con nosotros." La tierra estará a vuestra disposición para que habitéis en ella, la recorráis y tengáis propiedades en ella.” Siquem, por su parte, dijo al padre y a los hermanos de Dina: “Halle yo gracia a vuestros ojos, y os daré lo que me pidáis. Aumentad mucho la dote y las dádivas. Cuanto me digáis, os lo daré; pero dadme a la joven por mujer.” Los hijos de Jacob respondieron a Siquem y a su padre dolosamente por el estupro de Dina, su hermana, y le dijeron: “No podemos hacer eso de dar nuestra hermana a un incircunciso, porque eso sería para nosotros una afrenta. Sólo podríamos venir en ello con una condición: que seáis como nosotros y se circunciden todos vuestros varones. Entonces os daríamos nuestras hijas y tomaríamos las vuestras, y habitaríamos juntos, y seríamos un solo pueblo;" pero, si no consentís en circuncidaros, tomaremos a nuestra hija y nos iremos.” Estas palabras agradaron a Jamor y a Siquem, hijo de Jamor. El joven no dio largas a la cosa, por lo enamorado que estaba de la hija de Jacob y por ser el de más respeto de la casa de su padre. Fueron, pues, Jamor y Siquem, su hijo, a las puertas de la ciudad, y hablaron a los hombres de su ciudad, diciendo: “Estos hombres son gente de paz en medio de nosotros; que se establezcan en esta tierra y la recorran; la tierra es a ambas manos espaciosa para ellos. Tomaremos por mujeres a sus hijas y les daremos a ellos las nuestras;" pero sólo consienten en habitar con nosotros y ser con nosotros un pueblo si se circuncida entre nosotros todo varón, como lo están ellos. Sus ganados, sus bienes y todas sus bestias, ¿no serán así nuestros? Sólo falta que accedamos a su petición, y habitarán entre nosotros.” Escucharon a Jamor y a Siquem cuantos salían por las puertas de la ciudad, y todo varón fue circuncidado. Al tercer día, cuando estaban con los dolores, dos de los hijos de Jacob, hermanos de Dina, penetraron sin peligro en la ciudad, espada en mano, y mataron a todos los varones. Pasaron a filo de espada a Jamor y a Siquem, su hijo, y, sacando a Dina de la casa de Siquem, salieron. Los hijos de Jacob se arrojaron sobre los muertos y saquearon la ciudad por haber sido deshonrada su hermana. Lleváronse sus ovejas, sus bueyes, sus asnos, cuanto había en la ciudad y cuanto había en los campos. Todos sus bienes, todos sus niños, todas sus mujeres, los cautivaron y se los llevaron, y robaron cuanto había en la ciudad. Dijo Jacob a Simeón y Leví: “Habéis perturbado mi vida, haciéndome odioso a los habitantes de esta tierra, a cananeos y fereceos. Yo tengo poca gente. Ellos se reunirán contra mí y me matarán, destruyéndome a mí y a mi casa.” Ellos le respondieron: “¿Y había de ser tratada nuestra hermana como una prostituta?” Dijo Dios a Jacob: “Anda, sube a Betel para habitar allí y alza un altar al Dios que se te apareció cuando huías de Esaú, tu hermano.” Jacob dijo a su familia y a cuantos estaban con él: “Arrojad todos los dioses extraños que haya entre vosotros; purificaos y mudaos de ropas," pues vamos a subir a Betel y a alzar allí un altar al Dios que me oyó el día de mi angustia y me acompañó en el viaje que hice.” Entregaron, pues, todos los dioses extraños que pudieron haber a mano y los pendientes de sus orejas a Jacob, que los enterró bajo la encina que hay en Siquem. Partieron, y se extendió el terror de Dios por las ciudades del contorno, y no los persiguieron. Llegó Jacob y cuantos con él iban a Luz, que es Betel, en la tierra de Canaán. Alzó allí un altar y llamó a este lugar El-Betel, porque allí se le apareció Dios cuando huía de su hermano. Murió Débora, la nodriza de Rebeca, y fue enterrada por debajo de Betel, bajo una encina, que se llamó la encina del llanto. Apareciósele de nuevo Dios a Jacob, de vuelta de Padán-Aram, y le bendijo, diciendo: “Tu nombre es Jacob, pero no serás ya llamado Jacob; tu nombre será Israel”; y le llamó Israel." Y le dijo: “Yo soy el El Saday; sé prolífico y multiplícate. De ti saldrá un pueblo, un conjunto de pueblos, y de tus lomos saldrán reyes." La tierra que di a Abraham y a Isaac te la daré a ti y a tu descendencia después de ti.” Y ascendió Dios del lugar donde le había hablado, en el que levantó Jacob un monumento de piedras, y en él hizo una libación y derramó óleo sobre él, dando el nombre de Betel al lugar donde Dios le había hablado. Partiéronse de Betel, y, cuando estaban todavía a un “kibrat” de camino para llegar a Efrata, parió Raquel, teniendo un parto muy difícil. Entre las angustias del parto, le dijo la partera: “No temas, que también éste es hijo.” Y al exhalar el alma, pues estaba moribunda, le llamó Ben-‘oní; pero su padre le llamó Benjamín." Murió Raquel y fue sepultada en el camino de Efrata, que es Belén, y alzó Jacob sobre la tumba de Raquel un monumento, que todavía subsiste. Partióse Jacob y plantó sus tiendas más allá de Migdal-Eder. Durante su estancia en esta región vino Rubén y se acostó con Bala, la concubina de su padre, y lo supo Jacob. Los hijos de Jacob eran doce. Hijos de Lía: Rubén, el primogénito de Jacob; Simeón, Levì, Judá, Isacar y Zabulón." Hijos de Raquel: José y Benjamín. Hijos de Bala, la sierva de Raquel: Dan y Neftalí. Hijos de Zelfa, la sierva de Lía: Gad y Aser. Estos son los hijos que nacieron a Jacob en Padán-Aram. Fue Jacob a donde estaba Isaac, su padre, a Mambré, a Qiriat-Arbá, que es Hebrón, donde habitaban Abraham e Isaac. Vivió Isaac ciento ochenta años, y murió y se reunió con su pueblo, anciano y lleno de días. Esaú y Jacob, sus hijos, le sepultaron. Esta es la descendencia de Esaú, que es Edom. Esaú tomó sus mujeres de entre las hijas de Canaán: a Ada, hija de Elón, jeteo; a Olibama, hija de Ana, hija de Sibeón, jeveo." Además, a Basmat, hija de Ismael, hermana de Nebayot. Ada le parió a Elifaz; Basmat, a Reuel," y Olibama, a Yeus, Yalam y Qoraj. Tales son los hijos de Esaú que le nacieron en tierra de Canaán. Esaú tomó a sus mujeres, sus hijos y sus hijas, y todas las gentes de su casa, sus ganados y todas sus bestias, y todos los bienes que había adquirido en Canaán, y se fue a una tierra lejos de Jacob, su hermano;" pues, siendo muchos los bienes de uno y otro, no podían habitar juntos, y la tierra en que se movían no les bastaba a causa de sus muchos ganados. Establecióse Esaú en el monte de Seir. Esaú es Edom. He aquí los nombres de los hijos de Esaú, padre de Edom, en el monte de Seir: Elifaz, hijo de Ada, mujer de Esaú; Rajel, hijo de Basmat, mujer de Esaú." Los hijos de Elifaz fueron: Temán, Omar, Sefo, Gatam y Quenaz. Timna fue concubina de Elifaz, hijo de Esaú, y le parió a Amalee. Estos son los hijos de Ada, mujer de Esaú. Los hijos de Reuel: Najat, Zaraj, Samma y Miza. Estos son los hijos de Basmat, mujer de Esaú. Los hijos de Olibama, hija de Ana, hija de Sibeón, mujer de Esaú, fueron: Jeus, Yalam y Coraj. He aquí los jefes de los hijos de Esaú: Hijos de Elifaz, primogénito de Esaú, el jefe Temán, el jefe Omar, el jefe Sefo, el jefe Quenaz, el jefe Qoraj, el jefe Gatam, el jefe Amalec. Estos son los jefes de Elifaz en la tierra de Edom; son los hijos de Ada." Hijos de Reuel, hijo de Esaú: el jefe Najat, el jefe Zaraj, el jefe Samma y el jefe Miza. Estos son los jefes de Reuel en la tierra de Edom; éstos son los hijos de Basmat, mujer de Esaú." Hijos de Olibama, mujer de Esaú: el jefe Jeus, el jefe Yalam y el jefe Qoraj. Estos son los jefes de Olibama, hija de Ana, mujer de Esaú. Estos son los hijos de Esaú, éstos sus jefes; él es Edom." Los hijos de Seir el jurrita, que habitaban la región: Lotán, Sobal, Sibeón, Ana, Disón, Eser, Disán. Estos son los jefes de los jurritas, hijos de Seir, en la tierra de Edom. Los hijos de Lotán fueron: Jori y Hemán; Tamma, hermana de Lotán." Los hijos de Sobal: Alván, Manajat, Ebal, Sefó y Onam. Los hijos de Sibeón: Aya y Ana. Este Ana es el que halló en el desierto los manantiales de agua caliente mientras apacentaba el ganado de Sibeón, su padre. Los hijos de Ana: Disón y Olibama, hija de Ana. Los hijos de Disón: Jemdam, Esebán, Jetrán y Casam. Los hijos de Eser: Balam, Zaayam y Acam. Los hijos de Disán: Us y Aram. He aquí los jefes de los jurritas: el jefe Lotán, el jefe Sobal, el jefe Sibeón, el jefe Ana, el jefe Disón, el jefe Eser, el jefe Disán. Estos son los jefes de los jurritas, cada uno de sus jefes en la tierra de Edom. He aquí los reyes que han reinado en tierra de Edom antes que reinara un rey sobre los hijos de Israel: Bela, hijo de Beor, reinó en Edom, y el nombre de su capital era Dinabá. Murió Bela y le sucedió Yobab, hijo de Zerah, de Bosra. Murió Yobab y le sucedió Jusam, de la tierra de Temán. Murió Jusam y le sucedió Hadad, hijo de Bedad, que derrotó a Madián en los campos de Moab; el nombre de su ciudad era Avit." Murió Hadad y le sucedió Samla, de Masreqah. Murió Samla y le sucedió Saúl de Rejobot, junto al río. Murió Saúl y le sucedió Baal-Janán, hijo de Acbor. Murió Baal-Janán, hijo de Acbor, y le sucedió Hadar; el nombre de su capital era Pau, y el de su mujer, Metabel, hija de Matrad, hija de Mezahab." Estos son los nombres de los jefes de Esaú según sus tribus y territorios. El jefe Timna, el jefe Alva, el jefe Yeter, el jefe Olibama, el jefe Ela, el jefe Pinón, el jefe Quenaz, el jefe Temán, el jefe Mibsar, el jefe Magdiel, el jefe Iram. Estos son los jefes de Edom según sus moradas en la tierra que ocupan. Habitó Jacob en la tierra por donde peregrinó su padre, en la tierra de Canaán. Esta es la historia de Jacob: Cuando tenía José diecisiete años, siendo todavía un adolescente, iba con sus hermanos, los hijos de Bala y los hijos de Zelfa, mujeres de su padre, a apacentar el ganado, e hizo llegar José a su padre la pésima fama de aquéllos. Israel amaba a José más que a todos sus otros hijos, por ser el hijo de su ancianidad, y le hizo una túnica talar. Viendo sus hermanos que su padre le amaba más que a todos, llegaron a odiarle, y no podían hablarle pacíficamente. Tuvo también José un sueño, que contó a sus hermanos y que acrecentó más todavía el odio de éstos contra él. Díjoles: “Oíd, si queréis, este sueño que he tenido. Estábamos nosotros en el campo atando gavillas, y vi que se levantaba mi gavilla y se tenía en pie, y las vuestras la rodeaban y se inclinaban ante la mía, adorándola.” Y sus hermanos le dijeron: “¿Es que vas a reinar sobre nosotros y vas a dominarnos?” Estos sueños y las palabras de José fueron causa de que le odiaran todavía más. Tuvo José otro sueño, que contó también a sus hermanos, diciendo: “He aquí que he tenido otro sueño, y he visto que el sol, la luna y once estrellas me adoraban.” Contó el sueño a su padre y a sus hermanos, y aquél le increpó, diciéndole: “¿Qué sueño es ese que has soñado? ¿Acaso vamos a postrarnos en tierra ante ti yo, tu madre y tus hermanos?” Sus hermanos le envidiaban, pero a su padre le daba qué pensar. Fueron sus hermanos a apacentar el ganado de su padre en Siquem, y dijo Israel a José: “Tus hermanos están apacentando en Siquem. Ven que te mande a ellos.” El respondió: “Heme aquí.” “Pues vete a ver si están bien tus hermanos y el ganado, y vuelve a decírmelo.” Y le envió desde el valle de Hebrón, y se dirigió José a Siquem. Encontróle un hombre errando por el campo y le preguntó: “¿Qué buscas?” Y él le contestó: “A mis hermanos busco. Haz el favor de decirme dónde están apacentando.” Contestóle el hombre: “Se han ido de aquí, pues les oí decir: Vamonos a Dotaín.” Viéronle ellos desde lejos, antes que a ellos se aproximara, y concibieron el proyecto de matarle. Dijéronse unos a otros: “He aquí que viene el de los sueños;" vamos a matarle y le arrojaremos a uno de estos pozos, y diremos que le ha devorado una fiera; así veremos de qué le sirven los sueños.” Rubén, que esto oía, quería librarle de sus manos, y les dijo: “Matarle, no;" no vertáis sangre; arrojadle a ese pozo que hay en el desierto y no pongáis las manos sobre él.” Quería librarle de sus manos para devolverlo a su padre." Cuando llegó José hasta sus hermanos, despojáronle de la túnica, la túnica talar que llevaba, y, cogiéndole, le arrojaron al pozo, un pozo vacío que no tenía agua. Sentáronse a comer, y, alzando los ojos, vieron venir una caravana de ismaelitas que venía de Galaad, cuyos camellos iban cargados de estoraque, tragacanto y láudano, que llevaban a Egipto;" y dijo Judá a sus hermanos: “¿Qué sacaríamos de matar a nuestro hermano y ocultar su sangre? Vamos a vendérselo a esos ismaelitas y no pongamos en él nuestra mano, pues es hermano nuestro y carne nuestra.” Asintieron sus hermanos;" y, cuando pasaban los mercaderes madianitas, sacaron a José, subiéndole del pozo, y por veinte monedas de plata se lo vendieron a los ismaelitas, que le llevaron a Egipto. Volvió Rubén al pozo, pero no estaba en él José, y, rasgando sus vestiduras, volvióse a donde estaban sus hermanos, y dijo: “El joven no parece, ¿adonde iré yo ahora?” Tomaron la túnica talar de José y, matando un macho cabrío, la empaparon en la sangre, la tomaron y se la llevaron a su padre, diciendo: “Esto hemos encontrado; mira a ver si es o no la túnica de tu hijo.” Reconociéndola él, dijo: “La túnica de mi hijo es; una fiera le ha devorado, ha despedazado enteramente a José.” Rasgó Jacob sus vestiduras, vistióse de saco e hizo duelo por su hijo durante mucho tiempo. Venían todos sus hijos y sus hijas a consolarle; pero él rechazaba todo consuelo, diciendo: “En duelo bajaré al “seol,” a mi hijo.” Y su padre le lloraba." los madianitas le vendieron en Egipto a Putifar, ministro del faraón y jefe de la guardia. Sucedió entonces que bajó Judá, apartándose de sus hermanos, y llegó hasta un adulamita de nombre Jirá. Vio allí a una cananea llamada Súa, y la tomó por mujer, y entró a ella, que concibió y parió un hijo, al que llamó Er. Concibió de nuevo y parió un hijo, a quien llamó Onán;" volvió a concebir, y parió un hijo, a quien llamó Selá; cuando le parió éste, hallábase en Quezib." Tomó Judá para Er, su primogénito, una mujer llamada Tamar. Er, primogénito de Judá, fue malo a los ojos de Yahvé, y Yahvé le mató. Entonces dijo Judá a Onán: “Entra a la mujer de tu hermano y tómala, como cuñado que eres, para suscitar prole a tu hermano.” Pero Onán, sabiendo que la prole no era suya, cuando entraba a la mujer de su hermano, se derramaba en tierra para no dar prole a su hermano. Era malo a los ojos de Yahvé lo que hacía Onán, y le mató también a él. Dijo entonces Judá a Tamar, su nuera: “Quédate como viuda en casa de tu padre hasta que sea grande mi hijo Selá.” Pues se decía: “No vaya a morir también éste como sus hermanos.” Fuese, pues, Tamar y habitaba en casa de su padre. Pasó mucho tiempo, y murió la hija de Súa, mujer de Judá. Pasado el duelo por ella, subió Judá con su amigo Jirá, el adulamita, al esquileo de su ganado a Timná. Hiciéronselo saber a Tamar, diciéndole: “Mira, tu suegro ha ido a Timná al esquileo de su ganado.” Despojóse ella de sus vestidos de viuda, se cubrió con un velo, y cubierta se sentó a la entrada de Enaím, en el camino de Timná, pues veía que Selá era ya mayor y no le había sido dada por mujer. Judá, al verla, la tomó por una meretriz, pues tenía tapada la cara. Dirigióse a donde estaba y le dijo: “Déjame entrar a ti,” pues no conoció que era su nuera. Ella le respondió: “¿Qué vas a darme por entrar a mí?” Y él contestó: “Te mandaré un cabrito del rebaño.” Ella le dijo: Si me das una prenda hasta que lo mandes...” ¿Qué prenda quieres que te dé?,” le dijo él. Ella contestó: “Tu sello, el cordón de que cuelga y el báculo que llevas en la mano.” El se lo dio, y entró a ella, que concibió de él. Luego se levantó, se fue y, quitándose el velo, volvió a vestirse sus ropas de viuda. Mandó Judá el cabrito por medio de su amigo el adulamita, para que retirase la prenda de manos de la mujer; pero éste no la halló." Preguntó a las gentes del lugar, diciendo: ¿Dónde está la meretriz que se sienta en Enaím a la vera del camino?” Y ellos le respondieron: “No ha habido aquí ninguna meretriz.” Volvió, pues, a Judá y le dijo: “No la he hallado, y las gentes del lugar me han dicho que no ha habido allí ninguna meretriz.” Y dijo Judá: “Que se quede con ello, no vaya a burlarse de nosotros; yo ya he mandado el cabrito y tú no la has hallado.” Al cabo de unos tres meses avisaron a Judá, diciendo: “Tamar, tu nuera, se ha prostituido, y de sus prostituciones está encinta.” Judá contestó: “Sacadla y quemadla.” Cuando la sacaban, mandó ella a decir a su suegro: “Del hombre cuyas son estas cosas estoy encinta. Mira a ver de quién son ese anillo, ese cordón y ese báculo.” Los reconoció Judá, y dijo: “Mejor que yo es ella, pues no se la he dado a Selá, mi hijo.” Pero no volvió a conocerla más. Cuando llegó el tiempo del parto, tenía en el seno dos gemelos. Al darlos a luz, sacó uno de ellos una mano, y la partera la tomó, y ató a ella un hilo rojo, diciendo: “Este ha sido el primero en salir”;" pero él retiró la mano y salió su hermano. “¡Vaya rotura que has hecho!,” dijo ella, y le llamó Fares;" luego salió su hermano, que tenía el hilo atado a la mano, y le llamó Zaraj. Entretanto, a José, que había sido llevado a Egipto y comprado a los ismaelitas por Putifar, ministro del faraón y jefe de la guardia, egipcio, le protegió Yahvé, siendo afortunado mientras estuvo en la casa de su señor el egipcio, el cual vio que Yahvé estaba con él, y que todo cuanto hacía, Yahvé lo hacía prosperar por su mano. Halló, pues, José gracia a los ojos de su señor, y le servía a él. Hízole mayordomo de su casa, y puso en su mano todo cuanto tenía. Bendijo Yahvé por José a la casa de Putifar, y derramó Yahvé su bendición sobre todo cuanto tenía en casa y en el campo, y él lo dejó todo en mano de José y no se cuidaba de nada, a no ser de lo que comía. Era José de hermosa presencia y bello rostro. Sucedió después de todo esto que la mujer de su señor puso en él sus ojos, y le dijo: “Acuéstate conmigo.” Rehusó él, diciendo a la mujer de su señor: “Cuando mi señor no me pide cuentas de nada de la casa y ha puesto en mi mano cuanto tiene, y no hay en esta casa nadie superior a mí, sin haberse reservado él nada fuera de ti, por ser su mujer, ¿voy a hacer yo una cosa tan mala y a pecar contra Dios?” Y como hablase ella a José un día y otro día, y ni la escuchase él, negándose a acostarse con ella y aun a estar con ella, un día que entró José en la casa para cumplir con su cargo y no había nadie en ella, le agarró por el manto, diciendo: “Acuéstate conmigo.” Pero él, dejando en su mano el manto, huyó y se salió fuera. Viendo ella que había dejado el manto en sus manos y se había ido huyendo, se puso a gritar, llamando a las gentes de su casa, y les dijo a grandes voces: “Mirad, nos han traído a ese hebreo para que se burle de nosotros; ha entrado a mí para acostarse conmigo," y cuando vio que yo alzaba mi voz para llamar, ha dejado su manto junto a mí y ha salido fuera.” Dejó ella el manto de José cerca de sí, hasta que vino su señor a casa, y le habló así: “Ese siervo hebreo que nos has traído ha entrado a mí para burlarse de mí, y cuando vio que alzaba mi voz y llamaba, dejó junto a mí su manto y huyó fuera.” Al oír su señor lo que le decía su mujer, esto y esto es lo que me ha hecho tu siervo, montó en cólera, y, tomando a José, le metió en la cárcel donde estaban encerrados los presos del rey, y allí en la cárcel quedó José. Pero estaba Yahvé con José, y extendió sobre él su favor, haciéndole grato a los ojos del jefe de la cárcel, que puso en su mano a todos los presos; y cuanto allí se hacía, era él quien lo hacía." De nada se cuidaba por sí el jefe de la cárcel, porque estaba Yahvé con José, y cuanto hacía éste, Dios lo llevaba a buen término. Sucedió después que, habiendo faltado contra su señor, el rey de Egipto, el copero y el repostero del rey, se encolerizó el faraón contra sus dos ministros, el jefe de los coperos y el jefe de los reposteros, y los encarceló en la casa del jefe de la guardia, en la cárcel donde estaba preso José. Púsolos el jefe de la guardia bajo la custodia de José, y éste les servía el tiempo que estuvieron en la cárcel. El jefe de los coperos y el jefe de los reposteros del rey de Egipto, que estaban presos en la cárcel, tuvieron ambos un sueño la misma noche, cada uno el suyo; y cada sueño de diversa significación." Cuando por la mañana vino a ellos José y los vio tristes, preguntó a los dos ministros que con él estaban presos en la casa de su señor, diciéndoles: “¿Por qué tenéis hoy mala cara?” Ellos le contestaron: “Hemos tenido un sueño y no hay quien lo interprete.” Díjoles José: “¿No es de Dios la interpretación de los sueños? Contádmelo, si queréis.” El jefe de los coperos contó a José su sueño, diciéndole: “En mi sueño tenía ante mí una vid con tres sarmientos, que estaban como echando brotes, subían y florecían y maduraban sus racimos. Tenía en mis manos la copa del faraón, y, tomando los racimos, los exprimí en la copa del faraón y la puse en sus manos.” José le dijo: “Esta es la interpretación del sueño: los tres sarmientos son tres días. Dentro de tres días, el faraón exaltará tu cabeza, y te restablecerá en tu cargo, y pondrás la copa del faraón en sus manos, como antes lo hacías, cuando eras copero. A ver si te acuerdas de mí cuando te vaya bien, y me haces la gracia de recordarme al faraón para que me saque de esta casa, pues he sido furtivamente sacado de la tierra de los hebreos, y aun aquí nada he hecho para que me metieran en prisión. Viendo el jefe de los reposteros cuan favorablemente había interpretado el sueño, dijo a José: “Pues he aquí el mío: Llevaba yo sobre mi cabeza tres canastillas de pan blanco. En el canastillo de encima había toda clase de pastas de las que hacen para el faraón los reposteros, y las aves se las comían del canastillo que llevaba sobre mi cabeza.” Contestó José diciendo: “Esta es la interpretación: los tres canastillos son tres días. Dentro de tres días te quitará el faraón la cabeza y te colgará de un árbol, y comerán las aves tus carnes.” Al día tercero, que era el del natalicio del faraón, dio éste un banquete a todos sus servidores, y en medio de ellos trajo a la memoria al jefe de los coperos y al jefe de los reposteros, restableciendo al jefe de los coperos en su cargo de poner la copa en manos del faraón, y colgando al jefe de los reposteros, como lo había interpretado José. Pero el jefe de los coperos no se acordó más de José, sino que se olvidó de él. Al cabo de dos años soñó el faraón que estaba a orillas del río, y veía subir de él siete vacas hermosas y metidas en carnes, que se pusieron a pacer entre los juncos, pero he aquí que después subieron del río otras siete vacas feas y muy flacas, y se pusieron junto a las siete que estaban a la orilla del río, y las siete vacas feas y flacas se comieron a las siete hermosas y gordas; y el faraón se despertó." Volvió a dormirse, y por segunda vez soñó que veía siete espigas, que salían de una sola caña de trigo muy granadas y hermosas;" pero detrás de ellas brotaron siete espigas flacas y quemadas por el viento solano, y las siete espigas flacas y quemadas devoraron a las siete espigas hermosas y granadas, y se despertó el faraón. Este fue el sueño. A la mañana estaba perturbado su espíritu y mandó llamar a todos los adivinos y a todos los sabios de Egipto; les contó su sueño, pero no hubo quien lo interpretara." Entonces habló al faraón el jefe de los coperos, diciendo: “Ahora me acuerdo de mi falta. Estaba el faraón irritado contra sus siervos, y nos había hecho encerrar en la casa del jefe de la guardia a mí y al jefe de los reposteros. Tuvimos ambos un sueño, la misma noche yo y él, cada uno el suyo y de distinta interpretación. Estaba allí con nosotros un joven hebreo, siervo del jefe de la guardia, y le contamos nuestros sueños, y él nos dio la interpretación; a cada uno le interpretó el suyo," y como lo interpretó él, así nos sucedió: yo fui restablecido en mi cargo y él fue colgado.” Mandó, pues, el faraón llamar a José, y apresuradamente le sacaron de la prisión. Se cortó el pelo, se mudó de ropas y se fue a ver al faraón. Este le dijo: “He tenido un sueño, y no hay quien me lo interprete, y he oído decir de ti que en cuanto oyes un sueño lo interpretas.” José respondió: “No yo; Dios será el que dé una respuesta favorable al faraón.” Habló, pues, el faraón a José: “Este es mi sueño: Estaba yo en la ribera del río, y vi subir del río siete vacas gordas y hermosas que se pusieron a pacer en el juncal;" y he aquí que detrás de ellas subían otras siete vacas malas, feas y flacas, como no las he visto en toda la tierra de Egipto, y las vacas malas y feas se comieron a las primeras siete vacas gordas, que entraron en su vientre sin que se conociera que habían entrado, pues el aspecto de aquéllas siguió siendo tan malo como al principio. Y me desperté. Vi también en sueños que salían de una misma caña siete espigas granadas y hermosas, y que salían de ella siete espigas malas, secas y quemadas del viento solano, y las siete espigas secas devoraron a las siete hermosas. Se lo he contado a los adivinos y no ha habido quien me lo explique.” José dijo al faraón: “El sueño del faraón es uno solo. Dios ha dado a conocer al faraón lo que va a hacer. Las siete vacas hermosas son siete años, y las siete espigas hermosas son siete años; el sueño es uno solo." Las siete vacas flacas y malas que subían detrás de las otras son otros siete años, y las siete espigas secas y quemadas del viento solano son siete años de hambre. Es lo que he dicho al faraón: que Dios le ha hecho ver lo que va a hacer. Vendrán siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto, y detrás de ellos vendrán siete años de escasez, que harán se olvide toda la abundancia en la tierra de Egipto, y el hambre consumirá la tierra. No se conocerá la abundancia en la tierra a causa de la escasez, porque ésta será muy grande. Cuanto a la repetición del sueño al faraón por dos veces, es que el suceso está firmemente decretado por Dios, y que Dios se apresurará a hacerlo. Ahora, pues, busque el faraón un hombre inteligente y sabio y póngale al frente de la tierra de Egipto. Nombre el faraón intendentes que visiten la tierra y recojan el quinto de la cosecha de la tierra de Egipto en los tiempos de la abundancia;" reúnan el producto de los años buenos que van a venir, y hagan acopio de trigo a disposición del faraón, para mantenimiento de las ciudades, y consérvelo para que sirva a la tierra de reserva para los siete años de hambre que vendrán sobre la tierra de Egipto, y no perezca de hambre la tierra.” Parecieron muy bien estas palabras al faraón y a toda su corte, y el faraón dijo a sus cortesanos: “¿Podríamos, por ventura, encontrar un hombre como éste, lleno del espíritu de Dios?” y dijo a José: “Toda vez que Dios te ha dado a conocer estas cosas, no hay persona tan inteligente y sabia como tú. Tú serás quien gobierne mi casa, y todo mi pueblo te obedecerá; sólo por el trono seré mayor que tú,” y añadió: “He aquí que te pongo sobre toda la tierra de Egipto.” Quitóse el faraón el anillo de su mano y lo puso en la mano de José; hizo que le vistieran blancas vestiduras de lino y puso en su cuello un collar de oro," y mandó que, montado sobre el segundo de sus carros, se gritara ante él “abrek,” y así fue puesto al frente de toda la tierra de Egipto. Díjole también el faraón: “Yo soy el faraón, y sin ti no alzará, nadie mano ni pie en toda la tierra de Egipto.” Llamó el faraón a José con el nombre de “Zâfnat Panêaj,” y le dio por mujer a Asenet, hija de Putifar, sacerdote de On. Salió José por toda la tierra de Egipto. Tenía treinta años cuando se presentó al faraón, rey de Egipto, y le dejó para recorrer toda la tierra de Egipto. La tierra produjo a montones durante los siete años de abundancia, y José recogió el producto de los siete años que de ella hubo en Egipto, y lo almacenó en las ciudades, depositando en cada una de ellas los productos de los campos que la rodeaban, llegando a reunir tanto trigo como las arenas del mar; en tan gran cantidad, que hubo que dejar de contar, porque no podía contarse." Antes que llegara el tiempo de la escasez, naciéronle a José dos hijos, que le parió Asenet, hija de Putifar, sacerdote de On. Dio al primero el nombre de Manasés, porque dijo: “Dios me ha hecho olvidar todas mis penas y toda la casa de mi padre”;" y al segundo le llamó Efraím, diciendo: “Dios me ha dado fruto en la tierra de mi aflicción.” Acabáronse los siete años de abundancia que hubo en Egipto, y comenzaron los siete años de escasez, como lo había anunciado José; y hubo hambre en todas las tierras, mientras había pan en toda la tierra de Egipto;" y clamaba el pueblo al faraón por pan, y el faraón decía a todos los egipcios: “Id a José y haced lo que os diga.” Cuando el hambre se extendió por toda la superficie de aquella tierra, abrió José los graneros, y lo que en ellos había se lo vendía a los egipcios, pues crecía el hambre en la tierra de Egipto. De todas las tierras venían a Egipto a comprar a José, pues el hambre era grande en toda la tierra. Viendo Jacob que había trigo en Egipto, dijo a sus hijos: “¿Qué estáis ahí mirándoos unos a otros? He oído decir que en Egipto hay trigo. Bajad, pues, allá para comprárnoslo, y vivamos, y no muramos.” Bajaron, pues, diez de los hermanos de José a Egipto a comprar pan;" a Benjamín, el hermano de José, no le mandó Jacob con sus hermanos por temor de que le sucediera alguna desgracia. Llegaron los hijos de Israel con otros que venían también a comprar trigo, pues había hambre en toda la tierra de Canaán. Como era José el jefe de la tierra y el que vendía el trigo a cuantos venían a comprarlo, los hermanos de José entraron y se postraron ante él rostro a tierra. Al verlos, José los reconoció, pero disimuló, y les habló con dureza, diciéndoles: “¿De dónde venís?”; y ellos respondieron: “De la tierra de Canaán para comprar mantenimientos.” Conoció José a sus hermanos, pero ellos no le conocieron a él. Acordóse José de los sueños que les había contado, y les dijo: “Vosotros sois unos espías que habéis venido a reconocer las partes no fortificadas del país.” Ellos le dijeron: “No, señor mío; tus siervos han venido a comprar mantenimientos;" todos nosotros somos hijos del mismo padre; somos gente buena; no son tus siervos unos espías.” El repuso: “No, sois unos espías que habéis venido a ver lo indefenso de la tierra.” Ellos dijeron: “Eramos tus siervos doce hermanos, todos del mismo padre, en la tierra de Canaán; el más pequeño se quedó con nuestro padre, y el otro no vive ya.” Insistió José: “Es lo que os he dicho: sois unos espías.” Pero voy a probaros. Por la vida del faraón que no saldréis de aquí mientras no venga vuestro hermano menor. Mandad a uno de vosotros a buscar a vuestro hermano, y los demás quedaréis aquí presos. Así probaré si lo que decís es verdad, y si no, por la vida del faraón que sois unos espías.” Y les hizo meter a todos juntos en prisión por espacio de tres días. Al tercero les dijo José: “Haced esto y viviréis, pues yo temo a Dios. Si en verdad sois gente buena, que se quede uno de los hermanos preso en la cárcel donde estáis, y los otros id a llevar el trigo para remediar el hambre de vuestras casas, y me traéis a vuestro hermano menor para probar la verdad de vuestras palabras, y no moriréis.” Ellos se dijeron unos a otros: “Ciertamente somos nosotros reos de culpa contra nuestro hermano, a quien vimos con angustia de su alma pedirnos compasión, y no le escuchamos. Por eso ha venido sobre nosotros esta desventura.” Rubén les dijo: “¿No os advertí yo, diciéndoos: No pequéis contra el joven, y no me escuchasteis? Ved cómo ahora se nos demanda su sangre.” Ellos no sabían que José les entendía, pues él les había hablado por medio de intérprete. Alejóse José llorando, y, cuando volvió, les habló, y eligió a Simeón entre ellos, y le hizo atar ante los ojos de los otros. Mandó José que llenaran de trigo sus sacos, que pusieran en el de cada uno su dinero y les diesen provisiones para el camino, y así se hizo. Ellos cargaron el trigo sobre los asnos y se partieron de allí. Abrió uno de ellos el saco para dar pienso a su asno en el lugar donde pernoctaron, y vio que su dinero estaba en la boca del saco, y dijo a sus hermanos: “Me han devuelto mi dinero; aquí está en mi saco.”Quedáronse estupefactos, y unos a otros se decían temblando: “¿Qué será esto que ha hecho Dios con nosotros?” Llegaron a Jacob, su padre, a la tierra de Canaán, y le contaron cuanto les había sucedido: “El hombre que es señor de aquella tierra nos habló duramente y nos tomó por espías de la tierra. Nosotros le dijimos: Somos gente buena, no somos espías. Eramos doce hermanos, hijos todos del mismo padre; uno ha desaparecido, el más pequeño está con nuestro padre en la tierra de Canaán." Y nos dijo el hombre, señor de la tierra: En esto sabré que sois gente buena: dejad aquí a uno de vosotros, tomad con qué atender a la necesidad de vuestras casas y partid;" traedme a vuestro hermano pequeño; así sabré que no sois unos espías, sino gente buena. Entonces os devolveré a vuestro hermano y podréis recorrer la tierra.” Cuando vaciaron los sacos, cada uno encontró el paquete de su dinero en la boca de su saco, y, al ver los paquetes de dinero, ellos y su padre se llenaron de temor. Jacob, su padre, les dijo: “¡Vais a dejarme sin hijos! José desapareció, Simeón desapareció, y ¿vais a llevaros a Benjamín? Todo esto ha venido sobre mí.” Rubén dijo a su padre: “Haz morir a mis dos hijos si yo no te devuelvo a Benjamín. Entrégamelo y yo te lo devolveré.” El le contestó: “No bajará mi hijo con vosotros. Su hermano murió y no queda más que él. Si en el viaje que vais a hacer le ocurre una desgracia, haréis descender en dolor mis canas al sepulcro.” Pero el hambre era ya muy grande en la tierra, y, cuando se acabaron las provisiones que habían traído de Egipto, les dijo su padre: “Volved a comprarnos algo que comer.” Pero Judá le contestó: “Aquel hombre nos dijo terminantemente: No me veréis si no traéis con vosotros a vuestro hermano menor. Si mandas con nosotros a nuestro hermano, bajaremos y te compraremos provisiones;" pero, si no, no bajaremos, pues el hombre aquel nos dijo: No veréis mi rostro a no ser que vuelva con vosotros vuestro hermano.” Y dijo Israel: “¿Por qué me habéis hecho este mal, de dar a conocer a aquel hombre que teníais otro hermano?” Y le contestaron: “Aquel hombre nos preguntó insistentemente sobre nosotros y sobre nuestra familia, y nos dijo: ¿Vive todavía vuestro padre? ¿Tenéis algún otro hermano?” Y nosotros contestamos según las preguntas. ¿Sabíamos acaso que iba a decirnos: “Traed a vuestro hermano”? Y Judá dijo a Israel, su padre: “Deja ir al niño conmigo, para que podamos ponernos en camino y podamos vivir y no muramos nosotros, tú y nuestros pequeños. Yo te respondo de él; tú le reclamarás de mi mano, y si no te lo vuelvo a traer y te lo pongo delante, seré reo ante ti para siempre." Si no nos hubiéramos retrasado tanto, estaríamos ya dos veces de vuelta,” Israel, su padre, les dijo: “Si es así, haced esto: tomad de los mejores productos de esta tierra en vuestro equipaje y bajádselos al hombre aquel como presente: un poco de tragacanto, un poco de miel, astrágalo, láudano, alfósigos y almendras. Tomad plata de nuevo, y lo que hallasteis en la boca de vuestro saco devolvedlo, pues quizá ha sido un error. Tomad a vuestro hermano e id y volved a ver a aquel hombre. Que el Dios omnipotente os haga hallar gracia ante ese hombre para que deje volver a vuestro hermano y a Benjamín. Cuanto a mí, si he de verme privado de mis hijos, sea.” Tomaron ellos el presente y el dinero doble y a Benjamín, y bajaron a Egipto y se presentaron a José. Apenas vio José con ellos a Benjamín, dijo a su mayordomo: “Haz entrar en casa a esas gentes, y mata mucho y prepáralo, pues esas gentes comerán conmigo al mediodía.” El mayordomo hizo lo que le ordenó José, e introdujo a aquellas gentes en casa. Mientras los llevaba a casa de José llenos de temor, se decían: “Es por lo del dinero que volvió en nuestros sacos por lo que nos traen aquí: para asaltarnos, caer sobre nosotros y hacernos esclavos con nuestros asnos,” Acercándose al mayordomo, le dijeron: “Perdone, mi señor. Nosotros vinimos ya una vez a comprar víveres. Al llegar al lugar donde a la vuelta pasamos la noche, abrimos los sacos y vimos que el dinero de cada uno de nosotros estaba justo a la boca de nuestros sacos. Hemos vuelto a traerlo con nosotros, y traemos al mismo tiempo otra cantidad para comprar provisiones. Nosotros no sabemos quién puso nuestro dinero en los sacos.” “Que sea la paz con vosotros — les dijo el mayordomo; no temáis. Ha sido vuestro Dios, el Dios de vuestro padre, el que os puso ese tesoro en los sacos. Yo recibí vuestro dinero.” Y les sacó a Simeón." Después de hacerlos entrar en la casa, les dio agua para que se lavaran los pies, y dio también pienso a los asnos. Ellos prepararon su presente, esperando que viniera José a mediodía, pues habían sido advertidos de que comerían allí. Vino José a casa, y le presentaron el regalo que habían traído con ellos, postrándose ante él rostro a tierra. El les preguntó si estaban buenos y les dijo: “Vuestro anciano padre, de quien me hablasteis, ¿vive todavía?” Ellos le respondieron: “Tu siervo, nuestro padre, está bien, vive todavía,” y se inclinaron profundamente. José alzó los ojos y vio a Benjamín, su hermano, hijo de su madre, y dijo: “¿Es este vuestro hermano pequeño, de quien me habéis hablado?”; y añadió: “Que Dios te bendiga, hijo mío.” Apresuróse José a buscar dónde llorar, pues se conmovieron sus entrañas a la vista de su hermano; entró en su cámara y allí lloró." Salió después de haberse lavado la cara, y, haciendo esfuerzos por contenerse, dijo: “Servid la comida.” Sirvieron a José aparte, aparte a sus hermanos y aparte también a los egipcios que comían con él, pues los egipcios no pueden comer con los hebreos, por ser esto para ellos cosa abominable. Pusieron a los hermanos de José frente a él: el primogénito según su primogenitura, y el más joven según su edad, y se miraban atónitos unos a otros. Cuando les pusieron delante las porciones, la de Benjamín era cinco veces mayor que la de cada uno de los otros, y bebieron y estuvieron muy alegres en compañía suya. José dio orden a su mayordomo de llenar cuanto pudiera de víveres los sacos de aquellas gentes y de poner el dinero de cada uno en la boca del saco. “Pon también mi copa —le dijo, la copa de plata, en la boca del saco del más joven, juntamente con el dinero.” El mayordomo hizo lo que le había mandado José. Despuntaba el alba cuando despidieron a los hebreos con sus asnos. Habían salido de la ciudad, pero no estaban lejos, cuando José dijo a su mayordomo: “Anda y sal en la persecución de esas gentes, y, cuando les alcances, diles: “¿Por qué habéis devuelto mal por bien? ¿Por qué me habéis robado la copa de plata? Es donde bebe mi señor y de la que se sirve para adivinar. Habéis obrado muy mal.” Cuando les alcanzó, les dijo estas mismas palabras. Ellos le contestaron: “¿Por qué habla así mi señor? Lejos de tus siervos hacer semejante cosa. Hemos vuelto a traerte desde la tierra de Canaán el dinero que hallamos a la boca de nuestros sacos; ¿cómo íbamos a robar de la casa de tu señor plata ni oro?" Aquel de tus siervos en cuyo poder sea hallada la copa, muera, y seamos también nosotros esclavos de tu señor.” “Bien está, sea como decís. Aquel a quien se le encuentre la copa será mi esclavo, y vosotros quedaréis en libertad,” Bajó cada uno a tierra su saco a toda prisa y lo abrió. El mayordomo los reconoció, comenzando por el del mayor y acabando por el del más joven, y se halló la copa en el saco de Benjamín. Rasgaron sus vestiduras, cargaron de nuevo los asnos y volvieron a la ciudad. Judá llegó con sus hermanos a la casa de José, que estaba allí todavía, y postráronse rostro a tierra, José les dijo: “¿Qué es lo que habéis hecho? ¿No sabíais que un hombre como yo había de adivinarlo?” Judá respondió: “¿Qué vamos a decir, mi señor? ¿Cómo hablar, cómo justificarnos? Dios ha hallado la iniquidad de tus siervos, y somos esclavos tuyos, tanto nosotros cuanto aquel en cuyo poder se ha hallado la copa.” “Lejos de mí hacer eso —dijo José; aquel a quien se le ha encontrado la copa será mi esclavo; vosotros subiréis en paz a vuestro padre.” Acercóse entonces Judá y le dijo: “Por favor, señor mío, que pueda decir tu siervo unas palabras en tu oído sin que contra tu siervo se encienda tu cólera, pues eres como otro faraón. Mi señor ha preguntado a tus siervos: “¿Tenéis padre todavía? ¿Y tenéis algún hermano?” Y nosotros contestamos: “Tenemos un padre anciano y tenemos otro hermano, hijo de su ancianidad. Tenía éste un hermano que murió y ha quedado sólo él de su madre, y su padre le ama mucho.” Tú dijiste a tus siervos: “Traédmelo, que yo pueda verle.” Nosotros dijimos a mi señor: No puede el niño dejar a su padre; si le deja, morirá su padre." Pero tú dijiste a tus siervos: Si no baja con vosotros vuestro hermano menor, no veréis más mi rostro. Cuando subimos a tu servidor, mi padre, le dimos cuenta de las palabras de mi señor;" y cuando mi padre nos dijo: Volved a bajar para comprar algunos víveres, le contestamos: No podemos bajar, a no ser que vaya con nosotros nuestro hermano pequeño, pues no podemos presentarnos ante ese hombre si nuestro hermano no nos acompaña. Tu siervo, nuestro padre, nos dijo: Bien sabéis que mi mujer me dio dos hijos;" el uno salió de casa, y seguramente fue devorado, pues no le he visto más;" si me arrancáis también a éste y le ocurre una desgracia, haréis bajar mis canas en dolor al sepulcro. Ahora, cuando yo vuelva a tu siervo, mi padre, si no va con nosotros el joven, de cuya vida está pendiente la suya, en cuanto vea que no está, morirá, y tus siervos habrán hecho bajar en dolor al sepulcro las canas de tu siervo, nuestro padre. Tu siervo ha salido responsable del joven al tomarlo a mi padre, y ha dicho: Si yo no le traigo otra vez, seré reo ante mi padre para siempre. Permíteme, pues, que te ruegue que quede tu siervo por esclavo de mi señor en vez del joven, y que éste vuelva con sus hermanos. ¿Cómo voy a poder yo subir a mi padre si no llevo al niño conmigo? No; que no vea yo la aflicción en que caerá mi padre.” Entonces José, viendo que no podía contenerse más ante todos los que allí estaban, gritó: “¡Salgan todos!” No quedó nadie con él cuando se dio a conocer a sus hermanos. Lloraba José tan fuertemente, que le oyeron los egipcios y le oyó toda la casa del faraón. “Yo soy José — les dijo —. ¿Vive todavía mi padre?” Pero sus hermanos no pudieron contestarle, pues se llenaron de terror ante él. El les dijo: “Acercaos a mí.” Acercáronse ellos, y les dijo: “Yo soy José, vuestro hermano, a quien vendisteis para que fuese traído a Egipto. Pero no os aflijáis y no os pese haberme vendido para aquí, pues para vuestra vida me ha traído Dios aquí antes de vosotros. Van dos años de hambre en esta tierra, y durante otros cinco no habrá arada ni cosecha. Dios me ha enviado delante de vosotros para dejaros un resto sobre la tierra y haceros vivir para una gran salvación. No sois, pues, vosotros los que me habéis traído aquí; es Dios quien me trajo, y me ha hecho padre del faraón y señor de toda su casa, y me ha puesto al frente de toda la casa de Egipto." Apresuraos y subid a mi padre y decidle: “Así dice José, tu hijo: Me ha hecho Dios señor de toda la tierra de Egipto; baja, pues, a mí sin tardar," y habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú, tus hijos y los hijos de tus hijos, con tus rebaños, tus ganados y todo cuanto tienes;" allí te mantendré yo, pues quedan todavía otros cinco años de hambre, y así no perecerás tú, tu casa y todo cuanto tienes. Con vuestros mismos ojos veis, y ve mi hermano Benjamín con los suyos, que soy yo mismo el que os habla. Contad a mi padre cuánta es mi gloria en Egipto y todo cuanto habéis visto, y apresuraos a bajar aquí a mi padre.” Y se echó sobre el cuello de Benjamín, su hermano, y lloró; y lloraba también Benjamín sobre el suyo." Besó también a todos sus hermanos, llorando mientras los abrazaba, y después sus hermanos estuvieron hablando con él. Corrió por la casa del faraón la voz de que habían venido los hermanos de José, y se complacieron de ello el faraón y sus cortesanos. Y dijo el faraón a José: “Di a tus hermanos: Haced esto: cargad vuestros asnos, id a la tierra de Canaán, tomad a vuestro padre y vuestras familias y venid a mí. Yo os daré lo mejor de la tierra de Egipto, y comeréis lo mejor de la tierra. Mandóles que llevasen de Egipto carros para sus hijos y sus mujeres, “traigan con ellos a su padre y vengan;" que no les pese de tener que dejar sus cosas, pues suyo será lo mejor de la tierra de Egipto.” Hicieron así los hijos de Israel, y les dio José carros, según la orden del faraón, y provisiones para el camino. Dioles también vestidos para mudarse, y a Benjamín trescientos (siclos) de plata y cinco vestidos. Mandó también a su padre asnos cargados con lo mejor de Egipto, y diez asnos cargados de trigo, de pan y de víveres para su padre, para el camino. Después despidió a sus hermanos, que partían, diciéndoles: “No vayáis a reñir en el camino.” Subieron, pues, de Egipto y llegaron a la tierra de Canaán, a Jacob, su padre, y le dijeron: “Vive todavía José y es el jefe de toda la tierra de Egipto.” Pero él no se conmovió, pues no les creía. Dijéronle cuanto les había mandado José y les había dicho; y al ver Jacob los carros que le mandaba José para trasladarle, se reanimó," y dijo: “Basta, mi hijo vive todavía; iré y le veré antes de morir.” Partióse Israel con todo cuanto tenía, y, al llegar a Bersabé, ofreció sacrificios al Dios de su padre, Isaac. Dios habló a Israel en visión nocturna, diciéndole: “Jacob, Jacob”; él contestó: “Heme aquí”;" y le dijo: “Yo soy El, el Dios de tu padre; no ternas bajar a Egipto, pues yo te haré allí un gran pueblo." Yo bajaré contigo a Egipto y te haré volver a subir. José te cerrará los ojos.” Levantóse Jacob y dejó a Bersabé, y los hijos de Israel pusieron a Jacob, su padre, y a sus mujeres e hijos, en los carros que había mandado el faraón para transportarlos. Lleváronse también sus ganados y los bienes que habían adquirido en la tierra de Canaán, y Jacob se encaminó a Egipto con toda su familia. Llevó con él a Egipto a sus hijos y a los hijos de sus hijos, a sus hijas y a las hijas de sus hijas; toda su familia entró con él en Egipto." He aquí los nombres de los hijos de Israel que llegaron a Egipto: Jacob y sus hijos, el primogénito, Rubén. Hijos de Rubén: Janoc, Falú, Jesrom y Carmi. Hijos de Simeón: Yemuel, Yamín, Obad, Yakín, Sojar y Saúl, hijo de la cananea. Hijos de Leví: Gersón, Quehat y Merarí. Hijos de Judá: Er, Onán, Selá, Fares y Zeraj. Pero Er y Onán habían muerto en la tierra de Canaán. Hijos de Fares: Jesrom y Yamuel. Hijos de Isacar: Tola, Púa, Yob y Simrón. Hijos de Zabulón: Sered, Elón y Yajleel. Estos son los hijos que Lía parió a Jacob en Padán-Aram, con su hija Dina. Sus hijos e hijas eran en total treinta y tres personas. Hijos de Gad: Sifyón y Jagguí, Suní y Esbón, Erí, Arodí y Arelí. Hijos de Aser: Yimná, Yisvá, Yisví, Beriá y Seraj, hermana de ellos. Hijos de Beriá: Jeber y Malkiel. Estos son los hijos de Zelfa, la esclava que había dado Labán a Lía, su hija, y que ella parió a Jacob. Dieciséis personas. Hijos de Raquel, la mujer de Jacob: José y Benjamín. Nacieron a José, en Egipto, de Asenet, hija de Putifar, sacerdote de On, Manasés y Efraím. Hijos de Benjamín: Bela, Beker, Asbel, Guerá, Naamán, Ejí, Ros, Muppim, Juepim y Ared. Estos son los hijos de Raquel que le nacieron a Jacob: en total catorce personas. Hijos de Dan: Jusim. Hijos de Neftalí: Yajseel, Guní, Yeser y Sillem. Estos son los hijos de Bilhá, que dio Labán a Raquel, su hija, y de ella le nacieron a Jacob. En todo, siete personas. El total de las personas que vinieron con Jacob a Egipto procedentes de él, sin contar las mujeres de sus hijos, era de sesenta y seis. Los hijos de José nacidos en Egipto eran dos. El total de las personas de la familia de Jacob que vinieron a Egipto fueron setenta. Jacob había mandado delante de él a Judá para que se presentase a José y se informase acerca de Gosén; y, llegado a la tierra de Gosén," hizo José preparar su carro, y, subiendo en él, se fue a Gosén al encuentro de Israel, su padre. En cuanto le vio, se echó al cuello, y lloró largo tiempo sobre su cuello. Israel dijo a José: “Ya puedo morir, pues he visto tu rostro y vives todavía.” José dijo a sus hermanos: “Voy a subir a dar la noticia al faraón: Han venido mis hermanos y toda la casa de mi padre, que estaba en la tierra de Canaán. Son pastores y tienen rebaños de ovejas y bueyes, que con todo lo suyo han traído consigo. Cuando el faraón os llame y pregunte: “¿Cuál es vuestra ocupación?,” le diréis: “Tus siervos somos ganaderos desde nuestra infancia hasta ahora, nosotros y nuestros padres”; para que habitéis en la tierra de Gosén, porque los egipcios abominan de todos los pastores.” Fue José a anunciar al faraón: “Mi padre y mis hermanos, con sus ovejas y sus bueyes y todo cuanto tienen, han venido de la tierra de Canaán y están en la tierra de Gosén.” Habiendo llevado consigo a cinco de sus hermanos, se los presentó al faraón;" y el faraón les preguntó: “¿Cuál es vuestra ocupación?” Ellos respondieron: “Nosotros, tus siervos, somos ganaderos desde nuestra infancia hasta ahora, y lo mismo fueron nuestros padres.” Dijéronle también: “Hemos venido para habitar en esta tierra, pues no tenemos pasto para nuestros rebaños, por ser grande el hambre en la tierra de Canaán. Permite, pues, que habiten tus siervos en la tierra de Gosén.” Y el faraón dijo a José: “Tu padre y tus hermanos han venido a ti. Tienes a tu disposición toda la tierra de Egipto; establece a tu padre y a tus hermanos en lo mejor de la tierra; que habiten en la tierra de Gosén, y si sabes que hay entre ellos hombres capaces, hazlos mayorales de mis ganados.” José hizo venir a su padre y le presentó al faraón. Jacob saludó al faraón, y éste le preguntó: “¿Cuántos años tienes?” Jacob contestó: “Ciento treinta son los años de mi peregrinación. Corta y mala ha sido mi vida, y no llega al tiempo de la peregrinación de mis padres.” Jacob saludó de nuevo al faraón y se retiró de su presencia. José estableció a su padre y a sus hermanos, asignándoles una propiedad en la tierra de Egipto, en la mejor parte de la tierra, en el distrito de Rameses, como lo había mandado el faraón, y proveyó de pan a su padre y a sus hermanos y a toda la casa de su padre, según el número de las familias. Ya no había pan en toda aquella tierra, pues el hambre era muy grande, y Egipto y la tierra de Canaán estaban exhaustos por el hambre. José llegó a recoger, a cambio de trigo, todo cuanto dinero había en el país de Egipto y en la tierra de Canaán, e hizo entrar el dinero en la casa del faraón, Cuando se acabó el dinero en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán, venían todos los egipcios a José, diciéndole: “Danos pan. ¿Vamos a morir en tu presencia? Mira que ya nos falta dinero.” José les dijo: “Puesto que os falta dinero, traedme vuestros ganados y os daré pan a cambio de ellos.” Trajeron sus ganados, y José les dio pan a cambio de caballos, rebaños de ovejas y de bueyes y de asnos. Aquel año los proveyó de trigo a cambio de todos sus ganados. Pasado éste, vinieron al siguiente, y le dijeron: “No se le oculta a nuestro señor que se nos ha acabado el dinero y que le hemos dado nuestros ganados, ni a nuestro señor se le oculta que nos no queda más que nuestro cuerpo y nuestras tierras. ¿Vamos a perecer ante ti nosotros y nuestras tierras? Cómpranos y compra nuestras tierras por pan: seremos nosotros y nuestras tierras esclavos del faraón; danos para sembrar, para que podamos vivir y no muramos y no se queden yermas nuestras tierras.” José adquirió para el faraón todas las tierras de Egipto, pues los egipcios, obligados por el hambre, vendieron cada uno su campo, y la tierra vino a ser propiedad del faraón, y sometió a la servidumbre del faraón tierras y pueblos desde el uno al otro extremo de la tierra de Egipto. Sólo dejó de comprar las tierras a los sacerdotes, porque éstos recibían del faraón una porción y no tuvieron que vender sus tierras. Y dijo José al pueblo: “Hoy os he comprado para el faraón a vosotros y a vuestras tierras. Ahí tenéis para sembrar; sembrad vuestras tierras." Al tiempo de la recolección, daréis el quinto al faraón, y las otras cuatro partes serán para vosotros, para sembrar y para manteneros vosotros, los de vuestra casa y vuestras familias.” Ellos le dijeron: “Nos das la vida. Que hallemos gracia a los ojos de nuestro señor, y seremos siervos del faraón.” Dio José una ley, que todavía hoy subsiste, por la cual pertenece al faraón el quinto del producto de las tierras de Egipto. Sólo las tierras de los sacerdotes no son del faraón. Habitó Israel en la tierra de Egipto, en la región de Gosén, y adquirieron allí posesiones, creciendo y multiplicándose grandemente. Vivió Jacob en la tierra de Egipto diecisiete años, siendo todos los días de su vida ciento cuarenta y siete años. Cuando los días de Israel se acercaban a su fin, llamó a su hijo José y le dijo: “Si he hallado gracia a tus ojos, pon, te ruego, la mano bajo mi muslo y haz conmigo favor y fidelidad. No me sepultes en Egipto. Cuando me duerma con mis padres, sácame de Egipto y sepúltame en su sepulcro.” José le respondió: “Haré lo que me dices.” “Júramelo,” dijo Jacob. José se lo juró, e Israel se postró sobre la cabecera del lecho. Después de todo esto vinieron a decir a José: “He aquí que tu padre está enfermo”; tomó José consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraím." Anunciáronselo a Jacob, diciendo: “He aquí que tu hijo viene a verte”; y, haciendo un esfuerzo, se sentó en el lecho." Después dijo a José: “El Dios omnipotente (El Saday) se me apareció en Luz, tierra de Canaán, y me bendijo diciendo: “Yo te acrecentaré y te multiplicaré, y te haré muchedumbres de pueblos, y daré esta tierra a tu descendencia después de ti, para que por siempre la poseas. Los dos hijos que antes de mi venida a ti, a la tierra de Egipto, te nacieron en ella, serán hijos míos. Efraím y Manasés serán hijos míos, como lo son Rubén y Simeón;" pero los que tú has engendrado después de ellos, serán tuyos, y bajo el nombre de sus hermanos serán llamados a la herencia. Cuando volvía de Padán Aram, se me murió Raquel en el camino, en tierra de Canaán, a distancia de un “kibrat” de Efratá, y allí la sepulté en el camino de Efratá, que es Belén.” Vio Israel a los hijos de José y preguntó: “Estos, ¿quiénes son?” José respondió a su padre: “Son mis hijos, los que me ha dado Dios aquí.” “Acércalos, te ruego, para que los bendiga.” Los ojos de Israel se habían oscurecido por la edad y no podía ya ver. José los acercó, y él los besó y los abrazó, diciendo a José: “No creí ya ver más tu rostro, y he aquí que Dios me ha dejado verte a ti y también a tu prole.” José los sacó de entre las rodillas de su padre y, postrándose ante él en tierra, los puso, a Efraím a su derecha y a la izquierda de Israel, y a Manasés a su izquierda y a la derecha de Israel, y los acercó. Israel extendió su mano derecha y la puso sobre la cabeza de Efraím, que era el menor, y su izquierda sobre la cabeza de Manasés. De intento lo hizo, aunque Manasés era el primogénito. Bendijo a José diciendo: “Que el Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me ha sustentado desde que existo hasta hoy, que el ángel que me ha librado de todo mal, bendiga a estos niños. Que se llamen con mi nombre y con el nombre de mi padre Abraham e Isaac, y se multipliquen grandemente en medio de la tierra.” José, al ver que su padre ponía su mano derecha sobre la cabeza de Efraím, se disgustó; y, tomando la mano de su padre de sobre la cabeza de Efraím para ponerla sobre la de Manasés," le dijo: “No es así, padre mío, pues el primogénito es éste; pon la mano derecha sobre su cabeza.” Pero su padre rehusó, diciendo: “Lo sé, hijo mío, lo sé; también él será un pueblo, también él será grande; pero su hermano menor será más grande que él, y su descendencia vendrá a ser muchedumbre de pueblos.” Los bendijo, pues, Israel aquel día, diciendo: “Por ti bendecirán a Israel, diciendo: Hágate Dios como a Efraím y Manasés.” Y puso a Efraím antes de Manasés. Israel dijo a José: “Yo voy a morir, pero Dios estará con vosotros y os reconducirá a la tierra de vuestros padres. Te doy a ti, a más de lo de tus hermanos, una parte que yo tomé a los amorreos con mi espada y con mi arco.” Jacob llamó a sus hijos y les dijo: Reuníos, que voy a anunciar lo que os sucederá a lo último de los días. Reuníos y escuchad, hijos de Jacob; escuchad a Israel, vuestro padre:" Rubén, tú eres mi primogénito, mi fuerza y el fruto de mi primer vigor, cumbre de dignidad y cumbre de fuerza. Herviste como el agua; no tendrás la supremacía, porque subiste al lecho de tu padre. Cometiste entonces una profanación, subiste a mi lecho." Simeón y Leví son hienas. Instrumentos de violencia son sus armas. No entre mi alma en sus designios ni se una mi corazón a su asamblea, porque en su furor degollaron hombres y caprichosamente desjarretaron toros. Maldita su cólera por violenta, maldito, por cruel, su furor. Yo los dividiré en Jacob y los dispersaré en Israel. Tú en verdad eres Judá; te alabarán tus hermanos, tu mano pesará sobre la cerviz de tus enemigos, postraránse ante ti los hijos de tu padre." Cachorro de león, Judá, de la presa subes, hijo mío; posando te agachas como león, como leona, ¿quién (la hostigará) para que se levante?" No faltará de Judá el cetro, ni de entre sus pies el báculo, hasta que venga aquel cuyo es, y a él darán obediencia los pueblos. Atará a la vid su pollino, a la vid generosa el hijo de la asna; lavará en vino sus vestidos, y en la sangre de las uvas su manto." Brillan por el vino sus ojos, y de la leche blanquean sus dientes. Zabulón habitará en la costa del mar, la costa de las naves, y tendrá su flanco junto a Sidón. Isacar es un robusto asno, que descansa en sus establos. Vio que su lugar de reposo era bueno y que era deleitosa la tierra, y prestó los lomos a la carga, y hubo de servir como tributario. Dan juzgará a su pueblo como una de las tribus de Israel. Es dan como serpiente en el camino, como víbora en el sendero, que, mordiendo los talones al caballo, hace caer hacia atrás al caballero. Tu salvación espero, ¡oh Yahvé! -- omitido por paráfrasis -- Gad: salteadores le asaltan, y él les pica los talones. Aser: su pan es suculento, hará las delicias de los reyes. Neftalí es una cierva en libertad, que da bellos cervatillos. José es un novillo, un novillo hacia la fuente (sus hijas subieron sobre la muralla). Los arqueros le hostigan, los tiradores de saetas le atacan. Pero la cuerda del arco se les rompe, y su poderoso brazo se encoge, por el poderío del Fuerte de Jacob, por el nombre del Pastor de Israel. En el Dios de tu padre hallarás tu socorro, en El-Saday, que te bendecirá con bendiciones del cielo arriba, bendiciones del abismo abajo, bendiciones del seno y de la matriz. Las bendiciones de tu padre sobrepasarán a las bendiciones de los montes eternos, superarán la belleza de las eternas colinas, que caigan sobre la cabeza de José, sobre la frente del príncipe de sus hermanos. Benjamín es lobo rapaz, que a la mañana devora la presa y a la tarde reparte los despojos. Estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que les habló su padre, bendiciéndolas a cada una con una bendición. Después les mandó: “Yo voy a reunirme con mi pueblo; sepultadme con mis padres en la caverna que está en el campo de Efrón el jeteo," en la caverna del campo de Macpela, frente a Mambré, en tierra de Canaán, que es la caverna que compró Abraham a Efrón el jeteo, con su campo, para tener sepultura de su propiedad. Allí están sepultados Abraham, Sara, su mujer; Isaac y Rebeca, su mujer, y allí sepulté yo a Lía." El campo y la caverna que en él hay fueron comprados a los hijos de Jet. Cuando acabó Jacob de dar estas órdenes a sus hijos, juntó sus pies en el lecho y expiró, yendo a reunirse con su pueblo. Cayó José sobre el rostro de su padre y lloró sobre él y le besó. Mandó José a los médicos que tenía a su servicio embalsamar a su padre, y los médicos embalsamaron a Israel, empleando en ello cuarenta días, que es el tiempo que se emplea para embalsamar. Los egipcios hicieron duelo por él durante sesenta días. Pasados los días del duelo, habló José a las gentes de la casa del faraón, diciéndoles: “Si he hallado gracia a vuestros ojos, haced llegar esto, os lo ruego, a oídos del faraón. Mi padre me hizo jurar diciendo: “Voy a morir; sepúltame en la sepultura que tengo en la tierra de Canaán.” Que me permita, pues, subir a sepultar a mi padre, y volveré.” Y le contestó el faraón: “Sube y sepulta a tu padre, según tu juramento.” Subió, pues, José a sepultar a su padre, y subieron con él todos los servidores del faraón, los ancianos de su casa y los ancianos de la tierra de Egipto, toda la casa de José, sus hermanos y la casa de su padre, no dejando en la tierra de Gosén más que a los niños, las ovejas y los bueyes. José llevaba consigo carros y caballeros; así que el cortejo era muy grande." Llegados a la era de Atad, que está al otro lado del Jordán, hicieron allí muy grande llanto, e hizo José un duelo de siete días por su padre. Los moradores de la tierra, los cananeos, al ver el duelo en la era de Atad, se dijeron: “Gran duelo es este de los egipcios”; por eso se dio el nombre de Abel-Misrayim a este lugar, que está al lado de allá del Jordán." Los hijos de Jacob hicieron con su padre lo que les había mandado, llevándole a la tierra de Canaán y sepultándole en la caverna del campo de Macpela, que había comprado Abraham a Efrón el jeteo para tener sepultura de su propiedad, frente a Mambré. Después de haber sepultado a su padre, José volvió a Egipto con sus hermanos y cuantos habían subido con él para sepultar a su padre. Cuando los hermanos de José vieron que había muerto su padre, se dijeron: “¿Si nos guardará rencor José y nos devolverá todo el mal que le hemos hecho?” Y mandaron decir a José: “Tu padre, antes de morir, nos mandó que te dijéramos: Perdona el crimen de tus hermanos y su pecado, pues ciertamente te hicieron mucho mal; pero, por favor, te ruego, perdona el crimen de los servidores del Dios de tu padre.” José lloró al oírlos." Sus hermanos se prosternaron ante él y le dijeron: “Somos tus siervos.” El les dijo: “No temáis; ¿estoy yo acaso en el lugar de Dios?" Vosotros creíais hacerme mal, pero Dios ha hecho de él un bien, cumpliendo lo que hoy sucede, de poder conservar la vida de un pueblo numeroso. No temáis, pues yo seguiré manteniéndoos a vosotros y a vuestros niños.” Así los consoló, hablándoles al corazón. Habitó José en Egipto, él y la casa de su padre. Vivió ciento diez años, y vio a los hijos de Efraím hasta la tercera generación; también recibió sobre sus rodillas, al nacer, a los hijos de Makir, hijo de Manasés." José dijo a sus hermanos: “Voy a morir, pero Dios ciertamente os visitará y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró dar a Abraham, Isaac y Jacob.” Hizo jurar José a los hijos de Israel, diciéndoles: “Ciertamente os visitará Dios; entonces llevad de aquí mis huesos.” Murió José en Egipto a los cientos diez años, y fue embalsamado y puesto en un ataúd en Egipto. Estos son los nombres de los hijos de Israel que vinieron a Egipto con Jacob, cada uno con su familia: Rubén, Simeón, Leví y Judá;" Isacar, Zabulón y Benjamín;" Dan y Neftalí; Gad y Aser." Setenta eran todas las personas descendientes de Jacob. José estaba entonces en Egipto. Murió José y murieron sus hermanos y toda aquella generación. Los hijos de Israel habían crecido y se habían multiplicado, llegando a ser muchos en número y muy poderosos, y llenaban aquella tierra. Alzóse en Egipto un rey nuevo que no sabía de José, y dijo a su pueblo: “Los hijos de Israel forman un pueblo más numeroso y fuerte que nosotros. Tenemos que obrar astutamente para impedir que siga creciendo y que, si sobreviniese una guerra, se una contra nosotros a nuestros enemigos y logre salir de esta tierra.” Pusieron, pues, sobre ellos capataces que los oprimiesen con onerosos trabajos en la edificación de Pitom y Ramsés, ciudades-almacenes del faraón. Pero cuanto más se los oprimía, tanto más crecían y se multiplicaban, y llegaron a temer a los hijos de Israel. Sometieron los egipcios a los hijos de Israel a cruel servidumbre, haciéndoles amarga la vida con rudos trabajos de mortero, de ladrillos y del campo, obligándoles cruelmente a hacer cuanto les exigían. Ordenó el rey de Egipto a las parteras de los hebreos, de las cuales una se llamaba Sifrá y la otra Púa, diciéndoles: “Cuando asistáis al parto a las hebreas y al lavar la criatura veáis que es niño, le matáis; si es niña, que viva.” Pero las parteras eran temerosas de Dios y no hacían lo que les había mandado el rey de Egipto, sino que dejaban con vida a los niños. El rey de Egipto las mandó llamar y les dijo: “¿Por qué habéis hecho dejar con vida a los niños?” Y le dijeron las parteras al faraón: “Es que no son las mujeres hebreas como las egipcias. Son más robustas, y antes de que llegue la partera, ya han parido.” Favoreció Dios a las parteras, y el pueblo seguía creciendo y multiplicándose. Por haber temido a Dios las parteras, prosperó él sus casas. Mandó, pues, el faraón a todo su pueblo que fueran arrojados al río cuantos niños nacieran a los hebreos, preservando sólo a las niñas. Habiendo tomado un hombre de la casa de Leví mujer de su linaje, concibió ésta y parió un hijo, y, viéndole muy hermoso, le tuvo oculto durante tres meses. No pudiendo tenerle ya escondido más tiempo, tomó una cestilla de papiro, la calafateó con betún y pez y, poniendo en ella al niño, la dejó en el juncal a orillas del Nilo. La hermana del niño estaba a poca distancia para ver qué pasaba. Bajó la hija del faraón a bañarse en el Nilo, y sus doncellas se pusieron a pasear por la ribera. Vio la cestilla en medio del juncal y mandó a una de sus doncellas que la trajera. Al abrirla vio al niño, que lloraba, y, compadecida de él, se dijo: “Es un hijo de los hebreos.” La hermana del niño dijo entonces a la hija del faraón: “¿Quieres que vaya a buscarte entre las mujeres de los hebreos una nodriza para que crie al niño?” “Ve,” dijo la hija del faraón, y la joven fue a llamar a la madre del niño. La hija del faraón le dijo: “Toma este niño, críamelo, y yo te daré la merced” “La mujer tomó al niño y le crió. Cuando fue grandecito, se lo llevó a la hija del faraón, y fue para ella como un hijo. Diole el nombre de Moisés, pues se dijo: “De las aguas le saqué.” Cuando ya fue grande, Moisés salía a ver a sus hermanos, siendo testigo de la opresión en que estaban, y un día vio cómo un egipcio maltrataba a uno de sus hermanos, a un hebreo;" miró a uno y otro lado, y, no viendo a nadie, mató al egipcio y le enterró en la arena. Salió también al día siguiente, y vio a dos hebreos riñendo, y dijo al agresor: “¿Por qué maltratas a tu prójimo?” Este le respondió: “Y ¿quién te ha puesto a ti como jefe y juez entre nosotros? ¿Es que quieres matarme, como mataste ayer al egipcio?” Moisés se atemorizó, y se dijo: “Ciertamente la cosa se sabe.” El faraón supo lo que había pasado, y buscaba a Moisés para darle muerte; pero éste huyó del faraón y se refugió en la tierra de Madián." Estando sentado junto a un pozo, siete hijas que tenía el sacerdote de Madiáii vinieron a sacar agua y llenar los canales para abrevar el ganado de su padre. Llegaron unos pastores y las echaron de allí; pero Moisés se levantó, salió en defensa de las jóvenes y abrevó su ganado." De vuelta ellas a la casa de Raguel, su padre, les preguntó éste: “¿Cómo venís hoy tan pronto?” Ellas respondieron: “Es que un egipcio nos ha librado de la mano de los pastores, y aun él mismo se puso a sacar agua y abrevó nuestro ganado.” Dijo él a sus hijas: “¿Y dónde está? ¿Por qué habéis dejado allí a ese hombre? Id a llamarle para que coma algo.” Moisés accedió a quedarse en casa de aquel hombre, que le dio por mujer a su hija Séfora. Séfora le parió un hijo, a quien llamó él Gersom, pues dijo: “Extranjero soy en tierra extranjera.” Pasado mucho tiempo, murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel seguían gimiendo bajo dura servidumbre, y clamaron. Sus gritos, arrancados por la servidumbre, subieron hasta Dios. Y Dios oyó sus gemidos, y se acordó de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob. Miró Dios a los hijos de Israel y atendió. Apacentaba Moisés el ganado de Jetro, su suegro, sacerdote de Madián. Llevólo un día más allá del desierto, y, llegado al monte de Dios, Horeb, se le apareció el ángel de Yahvé en llama de fuego, de en medio de una zarza. Veía Moisés que la zarza ardía y no se consumía, y se dijo: “Voy a ver qué gran visión es ésta y por qué no se consume la zarza.” Vio Yahvé que se acercaba para mirar, y Dios le llamó de en medio de la zarza: “¡Moisés, Moisés!” El respondió: “Heme aquí.” Dios le dijo: “No te acerques. Quita las sandalias de tus pies, que el lugar en que estás tierra santa es”;" y añadió: “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.” Moisés se cubrió el rostro, pues temía mirar a Dios. Yahvé le dijo: “He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto y he oído los clamores que le arranca su opresión, y conozco sus angustias. He bajado para librarle de las manos de los egipcios y subirle de esa tierra a una tierra fértil y espaciosa, una tierra que mana leche y miel, la tierra que habitan cananeos, jéteos, amorreos, fereceos, jeveos y jebuseos. El clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí, y he visto la opresión que sobre ellos hacen pesar los egipcios. Ve, pues; yo te envío al faraón para que saques a mi pueblo, a los hijos de Israel, de Egipto.” Moisés dijo a Dios: “¿Y quién soy yo para ir al faraón y sacar de Egipto a los hijos de Israel?” Dios le dijo: “Yo estaré contigo, y ésta será la señal de que soy yo quien te envía: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, daréis culto a Dios sobre este monte.” Moisés dijo a Dios: “Pero si voy a los hijos de Israel y les digo: El Dios de vuestros padres me envía a vosotros, y me preguntan cuál es su nombre, ¿qué voy a responderles?” Y Dios dijo a Moisés: “Yo soy el que soy. Así responderás a los hijos de Israel: “Yo soy” me manda a vosotros.” Y prosiguió: “Esto dirás a los hijos de Israel: Yahvé, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me manda a vosotros. Este es para siempre mi nombre, es mi memorial de generación en generación.” “Ve, reúne a los ancianos de Israel y diles: Yahvé, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me ha aparecido y me ha encomendado que os diga: Os he visitado y he visto lo que hacéis en Egipto, y he dicho: Yo os sacaré de la opresión de los egipcios y os subiré a la tierra de los cananeos, de los jéteos, de los fereceos, de los jeveos y de los jebuseos; a una tierra que mana leche y miel." Ellos te escucharán, y tú, con los ancianos de Israel, irás al rey de Egipto y le diréis: Yahvé, el Dios de los hebreos, se nos ha mostrado. Deja, pues, que vayamos camino de tres días por el desierto para sacrificar a Yahvé, nuestro Dios. Bien sé yo que el rey de Egipto no os permitirá ir sino en mano poderosa. Pero yo tenderé la mía, y castigaré a Egipto con toda suerte de prodigios, que obraré en medio de ellos, y después os dejará salir. Yo haré que halle el pueblo gracia a los ojos de los egipcios, y cuando salgáis, no saldréis con las manos vacías, sino que cada mujer pedirá a su vecina y a la que vive en su casa objetos de plata, de oro y vestidos, que pondréis vosotros a vuestros hijos y a vuestras hijas, y os llevaréis los despojos de Egipto.” Moisés respondió: “No van a creerme, no van a escucharme; me dirán que no se me ha aparecido Yahvé.” Yahvé le dijo: “¿Qué es lo que tienes en la mano?” El respondió: “Un cayado.” “Tíralo a tierra,” le dijo Yahvé. El lo tiró, y el cayado se convirtió en serpiente, y Moisés echó a correr, huyendo de ella. Yahvé dijo a Moisés: “Extiende la mano y agárrala por la cola.” Moisés extendió la mano y la tomó, y la serpiente volvió a ser cayado en su mano. “Para que crean que se te ha aparecido Yahvé, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” Díjole, además, Yahvé: “Mete tu mano en el seno.” Metióla él, y cuando la sacó estaba cubierta de lepra, como la nieve. Yahvé le dijo: “Vuelve a meterla.” El volvió a meterla, y, cuando después la sacó, estaba la mano como toda su carne. “Si no te creen a la primera señal, te creerán a la segunda, y si aún a esta segunda no creyeran, coges agua del río y la derramas en el suelo, y el agua que cojas se volverá en el suelo sangre.” Moisés dijo a Yahvé: “Pero, Señor, yo no soy hombre de palabra fácil, y esto no es ya de ayer ni de anteayer, y aun ahora que te habla tu siervo soy torpe de boca y de lengua.” Yahvé le respondió: “Y ¿quién ha dado al hombre la boca? Y ¿quién hace al sordo y al mudo, al que ve y al ciego? ¿No soy por ventura yo, Yahvé? Ve, pues; yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que has de decir.” Moisés replicó: “¡Ah Señor!, manda tu mensaje, te lo pido, por mano del que debas enviar.” Encendióse entonces en cólera Yahvé contra Moisés y le dijo: “¿No tienes a tu hermano Aarón el levita? El es de fácil palabra. Al encuentro te sale, y al verte se alegrará su corazón. Habíale a él y pon en su boca las palabras, y yo estaré en tu boca y en la suya, y os mostraré lo que habéis de hacer. El hablará por ti al pueblo y te servirá de boca, y tú serás Dios para él. El cayado que tienes en la mano llévalo, y con él harás los prodigios.” Fuese Moisés, y, de vuelta a casa de su suegro, le dijo: “Hazme el favor de dejarme partir a ver a mis hermanos de Egipto, si viven todavía.” Jetro dijo a Moisés: “Vete en paz.” En tierra de Madián dijo Yahvé a Moisés: “Ve, retorna a Egipto, pues han muerto ya los que buscaban tu vida.” Tomó, pues, Moisés a su mujer y a su hijo y” montándolos sobre un asno, volvió a Egipto, llevando en sus manos el cayado de Dios. Yahvé le dijo: “Partido para volver a Egipto, ten cuenta de hacer delante del faraón los prodigios que yo he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón y no dejará salir al pueblo;" pero tú le dirás: Así habla Yahvé: Israel es mi hijo, mi primogénito. Yo te mando que dejes a mi hijo ir a servirme, y si te niegas a dejarle ir, yo mataré a tu hijo, a tu primogénito.” Por el camino, en un lugar donde pasaba la noche, salióle Yahvé al encuentro, y quería matarle;" pero Séfora, agarrando en seguida un cuchillo de piedra, circuncidó a su hijo, y tocó sus pies diciendo: “Esposo de sangre eres para mí,” y le dejó, diciendo ella lo de esposo de sangre por la circuncisión. Yahvé dijo a Aarón: “Ve al desierto al encuentro de Moisés.” Partió Aarón, y, encontrándose con su hermano en el monte de Dios, le besó. Moisés dio a conocer a Aarón todo lo que Yahvé le había dicho al encomendarle la misión y los prodigios que le había mandado hacer. Prosiguieron Moisés y Aarón su camino, y, llegados, reunieron a los ancianos de Israel. Aarón refirió todo lo que Dios había dicho a Moisés, y éste hizo los prodigios a los ojos del pueblo. El pueblo creyó, y al ver que Yahvé había visitado a los hijos de Israel y había atendido a su aflicción, postrándose, le adoraron. Presentáronse Moisés y Aarón al faraón y le dijeron: “He aquí lo que dice Yahvé, Dios de Israel: Deja ir a mi pueblo para que me celebren fiesta en el desierto.” Pero el faraón respondió: “¿Y quién es Yahvé para que yo le obedezca, dejando ir a Israel? No conozco a Yahvé y no dejaré ir a Israel.” Ellos le dijeron: “El Dios de los hebreos se nos ha mostrado. Deja, pues, que vayamos al desierto, tres jornadas de camino, y ofrezcamos sacrificios a Yahvé, para que no venga sobre nosotros peste ni espada.” Pero el rey de Egipto les dijo: “¿Por qué vosotros, Moisés y Aarón, distraéis al pueblo de sus trabajos? Idos al trabajo que os hayan impuesto.” Y se dijo: “Ese pueblo es ya más numeroso que el de la región; ¿qué será si se le deja holgar, relevándole de sus trabajos forzados?” Aquel mismo día dio el faraón a los capataces del pueblo y a los escribas la orden de no facilitar, como hasta entonces, la paja para hacer los adobes, sino que fueran ellos a recogerla. “Pero exigíales la misma cantidad de adobes que antes, sin quitar ni uno, pues huelgan, y por eso gritan: “Tenemos que ir a sacrificar a nuestro Dios.” Cargadlos de trabajos, que estén ocupados y no den oídos a los embustes.” Fueron, pues, los capataces y los escribas, y dijeron al pueblo: “Oíd lo que dice el faraón: “No os daré en adelante la paja, id vosotros a recogerla donde podáis; pero no se os disminuirá en nada la tarea impuesta.” El pueblo se dispersó por toda la tierra de Egipto en busca de paja. Los capataces los apremiaban: “Acabad la tarea impuesta para cada día, como cuando se os daba la paja.” Fueron castigados los escribas de los hijos de Israel que habían puesto sobre ellos los exactores del faraón, diciéndoles: “¿Por qué ni anteayer, ni ayer, ni hoy habéis completado la tarea de adobes como antes?” Fueron los escribas de los hijos de Israel a quejarse al faraón, diciendo: “¿Cómo haces así con tus siervos? A tus siervos no se les da paja y se nos dice: Haced los mismos adobes, y azotan a tus siervos como si la culpa fuera de tu pueblo.” El faraón respondió: “Es que holgáis, holgáis, y por eso decís: “Queremos ir a sacrificar a Yahvé.” Id, pues, a trabajar; no se os dará la paja, y habéis de hacer la misma cantidad de adobes.” Los escribas de Israel viéronse angustiados por decírseles que no se disminuiría en nada la cantidad de adobes y que habían de hacer cada día la misma tarea. Encontráronse con Moisés y Aarón, que estaban esperando a que saliesen de la casa del faraón, y les dijeron: “Que vea Yahvé y juzgue, pues vosotros habéis sido causa de que el faraón no pueda vernos, y habéis puesto la espada en sus manos para que nos mate.” Entonces Moisés se volvió a Yahvé, diciendo: “Señor, ¿por qué castigas a este pueblo? ¿Para qué me has enviado? Desde que fui al faraón para hablarle en tu nombre, maltrata al pueblo, y tú no haces nada por librarle.” Yahvé dijo a Moisés: “Ahora verás lo que voy a hacer al faraón. Con mano fuerte los dejará ir, con mano fuerte los echará él mismo de su tierra.” Dios habló a Moisés y le dijo: “Yo soy Yahvé. Yo me mostré a Abraham, a Isaac y a Jacob como El-Sadday, pero no les manifesté mi nombre de Yahvé. No sólo hice con ellos mi alianza de darles la tierra de Canaán, la tierra de sus peregrinaciones, donde habitaron como extranjeros, sino que ahora he escuchado los gemidos de los hijos de Israel, que tienen los egipcios en servidumbre, y me he acordado de mi alianza. Di, por tanto, a los hijos de Israel: “Yo soy Yahvé, yo os libertaré de los trabajos forzados de los egipcios, os libraré de su servidumbre y os salvaré a brazo tendido y por grandes juicios. Yo os haré mi pueblo, y seré vuestro Dios, y sabréis que yo soy Yahvé, vuestro Dios, que os libraré de la servidumbre egipcia y os introduciré en la tierra que juré dar a Abraham, a Isaac y a Jacob, y os la daré en posesión. Yo, Yahvé.” Así habló Moisés a los hijos de Israel; pero ellos no le escucharon, por lo angustioso de su dura servidumbre." Habló Yahvé a Moisés y le dijo: “Ve a hablar al faraón, rey de Egipto, para que deje salir a los hijos de Israel fuera de su tierra.” Moisés le respondió: “Los hijos de Israel no me escuchan, ¿cómo va a escucharme el faraón a mí, que soy incircunciso de labios?” Yahvé habló a Moisés y a Aarón y les dio órdenes para los hijos de Israel y para el faraón, rey de Egipto, con el fin de sacar de Egipto a los hijos de Israel. Estas son las cabezas de sus linajes: Hijos de Rubén, primogénito de Israel: Janoc, Falu, Jesrón y Carmi; éstos son los linajes de Rubén." Hijos de Simeón: Jamuel, Jas-mín, Ahod, Jaguín, Sojar y Saúl, hijos de la cananea; éstos son los linajes de Simeón." He aquí los nombres délos hijos de Leví con sus linajes: Gersón, Caat y Merarí. Vivió Leví ciento treinta y siete años. Hijos de Gersón: Lobni y Se-meí, con sus generaciones. Hijos de Caat: Amram, Jisar, Hebrón y Oziel. Vivió Caat ciento treinta y tres años. Hijos de Merarí: Majli y Musí. Estos son los linajes de los levitas según sus familias. Amram tomó por mujer a Yokebed, que le parió a Aarón y a Moisés. Vivió Amram ciento treinta y siete años. Hijos de Jisar: Coré, Nefeg y Zicri. Hijos de Oziel: Misael, Elisafán y Patri. Aarón tomó por mujer a Elisabet, hija de Aminadab, hermana de Najsón, la cual parió a Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar. Hijos de Coré: Aser, Elcana y Abiasaf. Estas son las familias de los coreítas. Eleazar, hijo de Aarón, tomó por mujer a una hija de Futiel, que parió a Finés. Tales son los jefes de los linajes de los levitas según sus familias. Estos son Aarón y Moisés, a quienes dijo Yahvé: “Sacad de Egipto a los hijos de Israel, según sus escuadras.” Ellos son los que hablaron al faraón, rey de Egipto, para sacar de Egipto a los hijos de Israel, Moisés y Aarón. Cuando habló Yahvé a Moisés en tierra de Egipto, dijo a Moisés: “Yo soy Yahvé; di al faraón, rey de Egipto, cuanto te diga.” Y Moisés dijo a Yahvé: “Yo soy incircunciso de labios; ¿como va a escucharme el faraón?” Dijo Yahvé a Moisés: “Mira, te he puesto como Dios para el faraón, y Aarón, tu hermano, será tu profeta. Tú le dirás a él lo que yo te diga a ti, y Aarón, tu hermano, se lo dirá al faraón, para que deje salir de la tierra a los hijos de Israel. Yo endureceré el corazón del faraón y multiplicaré mis señales y mis prodigios en la tierra de Egipto. El faraón no os escuchará, y yo pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré de la tierra de Egipto a mis ejércitos, a mi pueblo, a los hijos de Israel, por grandes juicios. Los egipcios sabrán que yo soy Yahvé cuando tienda yo mi mano sobre Egipto y saque de en medio de ellos a los hijos de Israel.” Moisés y Aarón hicieron lo que Yahvé les mandaba; tal cual se lo mandó, así lo hicieron." Tenía Moisés ochenta años, y Aarón ochenta y tres, cuando hablaron al faraón. Yahvé dijo a Moisés y a Aarón: “Cuando el faraón os diga haced un prodigio, le dices a Aarón: Toma tu cayado y échalo delante del faraón y se convertirá en serpiente.” Moisés y Aarón fueron al faraón e hicieron lo que Yahvé les había mandado. Aarón arrojó su cayado delante del faraón y de sus cortesanos, y el cayado se convirtió en serpiente. Hizo llamar también el faraón a sus sabios y encantadores de Egipto, y también ellos echaron cada uno su báculo, que se convirtieron en serpientes. Pero el de Aarón devoró a todos los otros. El corazón del faraón se endureció y no escuchó a Moisés y a Aarón, como se lo había dicho Yahvé. Yahvé dijo a Moisés: “El corazón del faraón se ha endurecido y rehusa dejar salir al pueblo. Ve a verle mañana por la mañana. Saldrá para ir a la orilla de las aguas; tú te estás esperándolo a la orilla del río, tomas en tu mano el cayado que se convirtió en serpiente," y le dices: “Yahvé, Dios de los hebreos, me manda decirte: Deja ir a mi pueblo para que me sacrifique en el desierto. Hasta ahora no me has escuchado. Pues he aquí lo que dice Yahvé: Para que sepas que yo soy Yahvé, voy a golpear con el cayado que tengo en la mano las aguas del río, y se convertirán en sangre. Los peces que hay en el río morirán, el río se infectará, y los egipcios repugnarán el agua del río.” Yahvé dijo a Moisés: “Di a Aarón: Toma el cayado y tiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus canales, sobre sus estanques y sobre todas sus reuniones de aguas. Todas se convertirán en sangre, y habrá sangre en todo Egipto, lo mismo en las vasijas de madera que en las vasijas de piedra.” Moisés y Aarón hicieron lo que Yahvé les había mandado, y Aarón, levantando el cayado, golpeó las aguas del río a la vista del faraón y de todos sus servidores, y toda el agua del río se volvió en sangre. Los peces que había en el río murieron, el río se inficionó, los egipcios no podían beber el agua, y hubo, en vez de ella, sangre en toda la tierra de Egipto. Pero los magos de Egipto hicieron otro tanto con sus encantamientos, y el corazón se endureció, y no escuchó a Moisés y a Aarón, como había dicho Yahvé. El faraón se volvió, y entró en su palacio sin hacer caso. Los egipcios cavaron en las orillas del río para buscar agua potable, pues no podían beber las del río. Pasaron siete días desde que Yahvé había herido el río, Pasaron siete días desde que Yahvé había herido el río, [ (Exodus 7:26) y Yahvé dijo a Moisés: “Ve a ver al faraón y dile: Deja salir a mi pueblo para que me sacrifique. ] Pasaron siete días desde que Yahvé había herido el río, [ (Exodus 7:26) y Yahvé dijo a Moisés: “Ve a ver al faraón y dile: Deja salir a mi pueblo para que me sacrifique. ] [ (Exodus 7:27) Si rehusas dejarle ir, voy a castigar con ranas a toda la tierra. ] Pasaron siete días desde que Yahvé había herido el río, [ (Exodus 7:26) y Yahvé dijo a Moisés: “Ve a ver al faraón y dile: Deja salir a mi pueblo para que me sacrifique. ] [ (Exodus 7:27) Si rehusas dejarle ir, voy a castigar con ranas a toda la tierra. ] [ (Exodus 7:28) En el río bullirán ranas, subirán y penetrarán en tu casa, en tu dormitorio y en tu lecho, en las casas de todos tus servidores y de tu pueblo, en los hornos y en las artesas;" ] Pasaron siete días desde que Yahvé había herido el río, [ (Exodus 7:26) y Yahvé dijo a Moisés: “Ve a ver al faraón y dile: Deja salir a mi pueblo para que me sacrifique. ] [ (Exodus 7:27) Si rehusas dejarle ir, voy a castigar con ranas a toda la tierra. ] [ (Exodus 7:28) En el río bullirán ranas, subirán y penetrarán en tu casa, en tu dormitorio y en tu lecho, en las casas de todos tus servidores y de tu pueblo, en los hornos y en las artesas;" ] [ (Exodus 7:29) subirán las ranas sobre ti, sobre tus servidores y sobre tu pueblo.” ] Yahvé dijo a Moisés: “Dile a Aarón: Extiende tu mano con el cayado sobre los ríos, sobre los canales y sobre los estanques, y haz subir ranas sobre la tierra de Egipto.” Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto, y subieron las ranas y cubrieron la tierra de Egipto. Pero los magos hicieron otro tanto con sus encantamientos, haciendo subir ranas sobre la tierra de Egipto. El faraón llamó a Moisés y a Aarón y les dijo: “Pedid a Yahvé que aleje de mí y de mi pueblo las ranas, y dejaré salir al pueblo a sacrificar a Yahvé.” Moisés dijo al faraón: “Dime cuándo he de rogar por ti, por tus servidores y por todo tu pueblo, para que aleje Yahvé las ranas de ti y de tus casas y no queden más que en el río.” “Mañana,” respondió él. Moisés le dijo: “Así será, y para que sepas que no hay como Yahvé, nuestro Dios, las ranas se alejarán de ti y de tus casas, de tus servidores y de tu pueblo, y no quedarán más que en el río.” Salieron Moisés y Aarón de la casa del faraón, y Moisés rogó a Yahvé sobre lo que de las ranas había prometido al faraón. Hizo Yahvé como le pedía Moisés, y murieron las ranas en las casas, en los atrios y en los campos. Reuniéronlas en los montes, y se infestó la tierra. Pero el faraón, viendo que se le daba respiro, endureció su corazón, y no escuchó a Moisés y a Aarón, como Yahvé había dicho. Yahvé dijo a Moisés: “Dile a Aarón: “Extiende tu cayado y golpea el polvo de la tierra, que se convertirá en mosquitos en toda la tierra de Egipto.” Aarón extendió su mano con el cayado y golpeó el polvo de la tierra, y vinieron mosquitos sobre los hombres y los animales. Todo el polvo de la tierra se convirtió en mosquitos en toda la tierra de Egipto. Los magos quisieron hacer otro tanto con sus encantamientos, pero no pudieron. Había mosquitos sobre hombres y animales, y los magos dijeron al faraón: “El dedo de Dios está aquí.” Pero el corazón del faraón se endureció, y, como había dicho Yahvé, no escuchó. Yahvé dijo a Moisés: “Levántate temprano y preséntate al faraón al tiempo que sale él para ir a la ribera, y dile: “Así habla Yahvé: Deja ir a mi pueblo para que me dé culto. Si no dejas ir a mi pueblo, voy a mandar tábanos contra ti, contra tus servidores y contra tu pueblo, contra vuestras casas, y se llenarán de ellos las casas de los egipcios y la tierra que éstos habitan;" pero distinguiré en ese día el país de Gosén, donde habita mi pueblo, y allí no habrá tábanos, para que sepas que yo soy Yahvé en medio de la tierra. Haré distinción entre mi pueblo y el tuyo. Mañana será este prodigio.” Hízolo así Yahvé, y vino una muchedumbre de tábanos sobre la casa del faraón y las de sus servidores, y sobre la tierra de Egipto, y se corrompió la tierra por los tábanos. Llamó el faraón a Moisés y a Aarón y les dijo: “Id y sacrificad a vuestro Dios en esta tierra.” Pero Moisés respondió: “No puede ser así, pues para los egipcios es abominación el sacrificio que nosotros hacemos, y si a su vista lo ofreciéramos, nos apedrearían. Tenemos que ir por el desierto tres días de camino, para sacrificar a Yahvé, nuestro Dios, como él nos diga.” El faraón contestó: “Yo os dejaré que vayáis a sacrificar a Yahvé, vuestro Dios, en el desierto; pero no os vayáis más lejos, y rogad por mí.” Moisés respondió: “Al salir de tu casa, rogaré por ti a Yahvé, y mañana se alejarán los tábanos del faraón, de sus servidores y de su pueblo; pero que el faraón no nos engañe más, y permita al pueblo ir a sacrificar a Yahvé.” Salió Moisés de casa del faraón y rogó a Yahvé. Yahvé hizo lo que le pedía Moisés, y los tábanos se alejaron del faraón, de sus servidores y del pueblo, sin quedar ni uno. Pero el faraón endureció su corazón también esta vez y no dejó salir al pueblo. -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- Yahvé dijo a Moisés: “Ve al faraón y dile: “Así habla Yahvé, Dios de los hebreos: Deja ir a mi pueblo a que me dé culto. Si rehusas dejarlos ir y todavía los retienes, caerá la mano de Yahvé sobre los ganados que están en tus campos, sobre los caballos, sobre los asnos, sobre los camellos, sobre los bueyes y sobre las ovejas, una peste muy mortífera. Yahvé hará distinción entre los ganados de Israel y los ganados de los egipcios, y nada perecerá de lo perteneciente a los hijos de Israel.” Yahvé fijó el momento, diciendo: “Mañana hará esto Yahvé en esta tierra.” Hízolo Yahvé al día siguiente. Pereció todo el ganado de los egipcios, y no murió un solo animal de los ganados de los hijos de Israel. El faraón se informó, y ni un animal de los ganados de los hijos de Israel había muerto. Pero el corazón del faraón se endureció y no dejó ir al pueblo. Yahvé dijo a Moisés y Aarón: “Tomad un puñado de ceniza del horno, y que la tire Moisés hacia el cielo, a la vista del faraón, para que se convierta en un polvo fino sobre toda la tierra de Egipto y produzca en toda la tierra de Egipto a hombres y a animales pústulas eruptivas y tumores.” Tomaron la ceniza del horno y se presentaron al faraón. Moisés la tiró hacia el cielo, y se produjeron en hombres y animales pústulas y tumores. Los magos no pudieron continuar en presencia de Moisés, porque les salieron tumores, como a todos los egipcios. Y Yahvé endureció el corazón del faraón, que no escuchó a Moisés y a Aarón, como Yahvé se lo había dicho a Moisés. Dijo Yahvé a Moisés: “Levántate temprano, preséntate al faraón y dile: “Así habla Yahvé, el Dios de los hebreos: Deja ir a mi pueblo a que me dé culto, porque esta vez voy a desencadenar mis plagas contra ti, contra tus servidores y contra tu pueblo, para que sepas que no hay como yo en toda la tierra. Si yo hubiera tendido mi mano y te hubiera herido con la peste, tú y tu pueblo habríais desaparecido de la tierra;" pero te he dejado con vida para que por ti brille mi poder, y mi nombre sea celebrado en toda la tierra. Te opones todavía como un muro entre mí y mi pueblo para no dejarle ir;" pues sabe que mañana a esta hora haré llover una granizada tan fuerte como no la hubo jamás en Egipto desde el día que se fundó hasta hoy. Retira, pues, tus ganados y cuanto tienes en el campo, cuantos hombres y animales haya en el campo, y si no se retiran, serán heridos por el granizo y morirán.” Aquellos de los servidores del faraón que temieron la palabra de Yahvé, mandaron retirar a su casa siervos y ganados. Pero los que no atendieron a la palabra de Yahvé, dejaron a sus siervos y a sus ganados en el campo. Yahvé dijo a Moisés: “Tiende tu mano hacia el cielo para que caiga el granizo en toda la tierra de Egipto sobre hombres y animales, y sobre todas las verduras del campo.” Moisés tendió su cayado hacia el cielo, y Yahvé mandó truenos y granizo, y el fuego se precipitó sobre la tierra. Yahvé llovió granizo sobre la tierra de Egipto, y mezclado con el granizo cayó fuego, y tan fuerte era el granizo, que no lo hubo semejante en toda la tierra de Egipto desde que comenzó a ser pueblo. El granizo hirió en toda la tierra de Egipto cuanto había en los campos, hombres y animales. Machacó también todas las hierbas del campo y destrozó todos los árboles del campo. Sólo en la tierra de Gosén, donde habitaban los hijos de Israel, no cayó granizo. El faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón y les dijo: “Esta vez he pecado; Yahvé es justo, y yo y mi pueblo, impíos." Rogad a Yahvé para que cesen los truenos de Dios y el granizo, y os dejaré ir, y no quedaréis más aquí.” Moisés dijo: “Cuando haya salido de la ciudad, alzaré mis manos a Yahvé, y cesarán los truenos, y dejará de granizar, para que sepas que de Yahvé es la tierra, aunque sé que ni tú ni tus servidores teméis todavía a Yahvé, Dios.” El lino y la cebada habían sido destrozados, pues la cebada estaba todavía en espiga, y el lino en flor;" pero el trigo y la escanda no, por ser tardíos. Moisés dejó al faraón y salió de la ciudad, alzó sus manos a Yahvé, y cesaron los truenos y el granizo, y dejó de llover sobre la tierra. Viendo el faraón que habían cesado la lluvia, el granizo y los truenos, acrecentó su pecado, y endureció su corazón hasta el extremo, y no dejó salir a los hijos de Israel, como le mandaba Yahvé por boca de Moisés. Yahvé dijo a Moisés: “Ve al faraón, porque yo he endurecido su corazón y el de sus servidores para obrar en medio de todos los prodigios que vas a ver, para que cuentes a tus hijos y a los hijos de tus hijos cuan grandes cosas hice yo entre los egipcios y qué prodigios obré en medio de ellos, y sepan que yo soy Yahvé.” Moisés y Aarón fueron al faraón y le dijeron: “Así habla Yahvé, el Dios de los hebreos: ¿Hasta cuándo no querrás someterte a mí? Deja ir a mi pueblo para que me sacrifique. Si te resistes y no quieres dejarle, mañana traeré sobre todo tu territorio la langosta” que cubrirá toda la tierra, sin que se vea nada de ella, y devorará todo el resto salvado del granizo, royendo todos los árboles que crecen en vuestros campos. Y llenarán tus casas y las casas de tus servidores y de todos los egipcios. Tanta como no la vieron ni tus padres ni tus abuelos desde que comenzaron a ser sobre la tierra hasta hoy.” Moisés se retiró y salió de la casa del faraón. Dijeron al faraón sus servidores: “¿Hasta cuándo vamos a padecer este escándalo? Deja a esa gente que sirvan a Yahvé, su Dios. ¿Todavía no ves que va a perecer Egipto?” E hicieron venir a Moisés y a Aarón ante el faraón, que les dijo: “Id y servid a vuestro Dios. ¿Quiénes sois los que habéis de ir?” Dijo Moisés: “Hemos de ir todos, con nuestros niños y nuestros ancianos, con nuestros hijos y nuestras hijas, con nuestras ovejas y nuestros bueyes, porque es la fiesta de Yahvé.” El faraón les contestó: “Así sea Yahvé con vosotros, como os dejaré yo ir a vosotros y a vuestros hijos. Y tened cuidado, pues se ve que obráis con malicia, No; id los hombres solos y dad culto a Yahvé, pues eso fue lo que pedisteis.” Y en seguida fueron arrojados de la presencia del faraón." Pero Yahvé dijo a Moisés: “Tiende tu mano sobre la tierra de Egipto, para que venga sobre él la langosta, que suba sobre la tierra de Egipto y devore todo lo que dejó el granizo.” Moisés tendió su cayado sobre la tierra de Egipto, y Yahvé hizo soplar sobre la tierra el viento solano durante todo el día y toda la noche. A la mañana, el viento solano había traído la langosta. Subieron por toda la tierra de Egipto y se posaron sobre todo el territorio de Egipto en tan gran cantidad como ni la hubo ni la habrá nunca. Cubrieron toda la superficie de la tierra y oscurecieron la tierra. Devoraron todas las hierbas de la tierra, todos cuantos frutos de los árboles, todo cuanto había dejado el granizo, y no quedó nada de verde, ni en los árboles ni de las hierbas de los campos, en toda la tierra de Egipto. El faraón llamó en seguida a Moisés y a Aarón, y dijo: “He pecado contra Yahvé, vuestro Dios, y contra vosotros. Perdonad mi pecado por esta vez, y rogad a Yahvé, vuestro Dios, que aleje de mí esta muerte.” Salió Moisés de la presencia del faraón y rogó a Yahvé, y éste hizo dar vuelta al viento, que sopló muy fuertemente del poniente y, arrastrando la langosta, la precipitó en el mar Rojo. No quedó ni una en todo el territorio de Egipto. Pero Yahvé endureció el corazón del faraón, y éste no dejó salir a los hijos de Israel. Dijo Yahvé a Moisés: “Alza tu mano al cielo, y haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tan densas que se palpen. Alzó Moisés al cielo su mano, y hubo densísimas tinieblas en todo Egipto durante tres días. Durante ellos no se veían unos a otros, y nadie se movía del sitio donde estaba; pero los hijos de Israel tenían luz en la región que habitaban." El faraón llamó a Moisés y a Aarón y dijo: “Id, servid a Yahvé, pero que queden aquí vuestras ovejas y vuestros bueyes; aun a los niños podéis llevároslos con vosotros.” Moisés respondió: “Tienes que poner en nuestras manos de qué hacer sacrificios y holocaustos a Yahvé, nuestro Dios. Nuestros ganados han de venir también con nosotros; no ha de quedar ni una uña, porque de ellos hemos de tomar lo que ofrezcamos a Yahvé, nuestro Dios, y ni nosotros siquiera sabemos, hasta que lleguemos allá, las víctimas que a Yahvé habremos de ofrecer.” Yahvé endureció el corazón del faraón, y el faraón no quiso dejarlos ir. Dijo a Moisés: “Sal de aquí y guárdate de volver a aparecer en mi presencia, porque el día que parezcas delante de mí, morirás.” “Tú lo has dicho —respondió Moisés—, no volveré a aparecer delante de ti.” Yahvé dijo a Moisés: “Sólo una plaga más voy a hacer venir sobre el faraón y sobre Egipto, y después de ella no sólo os dejará, sino que os echará de aquí. Di, pues, al pueblo que cada hombre pida a su vecino, y cada mujer a su vecina, objetos de plata y oro.” Yahvé hizo que hallase gracia el pueblo a los ojos de los egipcios, y aun el mismo Moisés era muy estimado y respetado por los servidores del faraón y por el pueblo. Moisés dijo: “He aquí lo que dice Yahvé: En medio de la noche pasaré por la tierra de Egipto, y morirá todo primogénito de la tierra de Egipto, desde el primogénito del faraón, que se sienta sobre su trono, hasta el primogénito de la esclava que está detrás de la muela, y todos los primogénitos del ganado. Entonces se alzará en toda la tierra de Egipto gran griterío, como sin lo hubo ni lo habrá. Pero entre los hijos de Israel, en hombres y animales, ni siquiera ladrará un perro, para que sepáis la diferencia que hace Yahvé entre Egipto e Israel. Todos cuantos servidores tuyos están aquí, irán entonces a decirme, prosternándose ante mí: Sal tú y todo el pueblo que te obedece. Después de eso, yo saldré.” Y, muy encolerizado, se retiró de la presencia del faraón. Yahvé había dicho a Moisés: “El faraón no os escuchará, para que se multipliquen mis prodigios en la tierra de Egipto.” Moisés y Aarón habían obrado todos estos prodigios ante el faraón, pero Yahvé endureció el corazón del faraón, y no quería dejar salir de su tierra a los hijos de Israel. Yahvé dijo a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: “Este mes será para vosotros el comienzo del año, el mes primero del año. Hablad a toda la asamblea de Israel y decidles: El día diez de este mes tome cada uno, según las casas paternas, una res menor por cada casa. Si la casa fuere menor de lo necesario para comer la res, tome a su vecino, al de la casa cercana, según el número de personas, computándolo para la res según lo que cada cual puede comer. La res será sin defecto, macho, primal, cordero o cabrito. Lo reservaréis hasta el día catorce de este mes, y todo Israel lo inmolará entre dos luces. Tomarán de su sangre y untarán los postes y el dintel de la casa donde se coma. Comerán la carne esa misma noche, la comerán asada al fuego, con panes ácimos y lechugas silvestres. No comerán nada de él crudo, ni cocido al agua, todo asado al fuego, cabeza, patas y entrañas. No dejaréis nada para el día siguiente; si algo quedare, lo quemaréis." Habéis de comerlo así: ceñidos los lomos, calzados los pies, y el báculo en la mano, y comiendo de prisa, pues es el paso de Yahvé. Esa noche pasaré yo por la tierra de Egipto y mataré a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde los hombres hasta los animales, y castigaré a todos los dioses de Egipto. Yo, Yahvé. La sangre servirá de señal en la casa donde estéis; yo veré la sangre y pasaré de largo, y no habrá para vosotros plaga mortal cuando yo hiera la tierra de Egipto." Este día será para vosotros memorable, y lo celebraréis solemnemente en honor de Yahvé de generación en generación; será una fiesta a perpetuidad." Por siete días comeréis panes ázimos; desde el primer día no habrá ya levadura en vuestras casas, y quien del primero al séptimo día comiera pan con levadura, será borrado de Israel." El día primero tendréis asamblea santa, y lo mismo el día séptimo. No haréis en ellos obra alguna, fuera de lo tocante a aderezar lo que cada cual haya de comer;" y guardaréis los ázimos, porque en ese mismo día saqué yo vuestros ejércitos de la tierra de Egipto. Guardaréis ese día de generación en generación, como institución perpetua. El primer mes, desde el día catorce del mes, comeréis pan sin levadura hasta el día veintiuno. Por siete días no habrá levadura en vuestras casas, y quien coma pan fermentado será borrado de la congregación de Israel, sea extranjero o indígena. No comeréis pan fermentado; en todas vuestras moradas se comerán panes ázimos.” Convocó Moisés a todos los ancianos de Israel y les dijo: “Tomad del rebaño para vuestras familias e inmolad la Pascua. Tomando un manojo de hisopo, lo mojáis en la sangre del cordero, untáis con ella el dintel y los dos postes, y que nadie salga fuera de la puerta de su casa hasta mañana, pues pasará Yahvé por Egipto para castigarle, y viendo la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará de largo por vuestras puertas y no permitirá al exterminador entrar en vuestras casas para herir. Guardaréis este rito perpetuo para vosotros y para vuestros hijos, y cuando hayáis entrado en la tierra que Yahvé os dará, según su promesa, guardaréis este rito. Cuando os pregunten vuestros hijos: ¿Qué significa para vosotros este rito?, les responderéis: Es el sacrificio de la Pascua de Yahvé, que pasó de largo por las casas de los hijos de Israel en Egypto cuando hirió a Egipto, salvando nuestras casas.” El pueblo se prosternó y adoró. Los hijos de Israel fueron e hicieron lo que Yahvé había mandado a Moisés y a Aarón. En medio de la noche mató Yahvé a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde el primogénito del faraón, que se sienta sobre su trono, hasta el primogénito del preso en la cárcel, y a todos los primogénitos de los animales. El faraón se levantó de noche, él, todos sus servidores y todos los egipcios, y resonó en Egipto un gran clamor, pues no había casa donde no hubiera un muerto. Aquella noche llamó el faraón a Moisés y a Aarón y les dijo: “Id, salid de en medio de nosotros, vosotros y los hijos de Israel, e id a servir a Yahvé, como habéis dicho. Llevad vuestras ovejas y vuestros bueyes, como habéis pedido; id os y dejadme.” Los egipcios apremiaban al pueblo, dándoles prisa para que salieran de su tierra, pues decían: “Vamos a morir todos.” Tomó, pues, el pueblo la masa antes de que fermentara y, envolviendo en sus mantos las artesas que la contenían, se las echaron al hombro. Los hijos de Israel habían hecho lo que les dijera Moisés, y habían pedido a los egipcios objetos de plata y oro y vestidos. Yahvé hizo que hallaran gracia a los ojos de los egipcios, que accedieron a la petición, y se llevaron aquéllos los despojos de Egipto. Partieron los hijos de Israel de Ramesés para Sucot en número de unos seiscientos mil infantes, sin contar los niños. Subía, además, con ellos una gran muchedumbre de toda suerte de gentes y muchas ovejas y bueyes y muy gran número de animales. Cocieron bajo la ceniza la masa que habían sacado de Egipto, e hicieron panes ácimos, pues la masa no había podido fermentar, por la mucha prisa que para salir les daban, y ni para comer pudieron preparar nada. La estancia de los hijos de Israel en Egipto duró cuatrocientos treinta años. En aquel mismo día salieron de la tierra de Egipto todos los ejércitos de Yahvé. Aquella noche en que salvó Yahvé a Israel y le sacó de la tierra de Egipto, será noche de vigilias a Yahvé, y con vigilias a Yahvé las celebrarán todos los hijos de Israel por todas sus generaciones. Dijo Yahvé a Moisés y a Aarón: “Esta es la ley de la Pascua. No la comerá ningún extranjero. Al siervo comprado al precio de plata le circuncidarás y la comerá;" pero el adventicio y el mercenario no la comerán. Se comerá toda en casa, y no sacaréis fuera de ella nada de sus carnes, ni quebrantaréis ninguno de sus huesos. Toda la asamblea de Israel comerá la Pascua. Si alguno de los extranjeros que habite contigo quisiera comer la Pascua de Yahvé, deberá circuncidarse todo varón en su casa, y entonces podrá comerla, como si fuera indígena; pero ningún incircunciso podrá comerla." La misma ley será para el indígena y para el extranjero que habita con vosotros.” Todos los hijos de Israel hicieron lo que Yahvé había mandado a Moisés y a Aarón. Aquel mismo día sacó Yahvé de la tierra de Egipto a los hijos de Israel por escuadras. Habló Yahvé a Moisés y le dijo: “Conságrame todo primogénito. Todos los primogénitos de los hijos de Israel, tanto de los hombres como de los animales, míos son.” Moisés dijo al pueblo: “Acordaos siempre del día en que salisteis de Egipto, de la casa de la servidumbre, pues ha sido la poderosa mano de Yahvé la que os ha sacado. No se comerá pan fermentado. Salís hoy en el mes de Abib. Cuando te introduzca Yahvé en la tierra de los cananeos, de los jéteos, de los amorreos, de los jeveos y de los jebuseos, que a tus padres juró darte, tierra que mana leche y miel, guardarás este rito en este mismo mes. Durante siete días comerás pan ázimo, y el día séptimo será fiesta de Yahvé. Se comerá pan ázimo durante siete días, y no se verá pan fermentado ni levadura en todo el territorio. Dirás entonces a tus hijos: Esto es en memoria de lo que por mí hizo Yahvé al salir de Egipto. Esto será para ti como una señal en tu mano, como un recuerdo a tus ojos, para que tengas en tu boca la ley de Yahvé, porque con su poderosa mano te ha sacado Yahvé de Egipto. Observarás esto al tiempo fijado, de año en año. Cuando te haya introducido Yahvé en la tierra de los cananeos, como lo juró a tus padres, y te la haya dado, consagrarás a Yahvé todo cuanto abre la vulva; y de todo primer parto de los animales que tengas, el macho lo consagrarás a Yahvé;" el del asno lo redimirás por un cordero, y si no lo redimes, lo desnucarás. También redimirás a todo primogénito humano de entre tus hijos. Y cuando tu hijo te pregunte mañana: ¿Qué significa esto?, le dirás: Con su poderosa mano nos sacó Yahvé de Egipto, de la casa de la servidumbre. Como el faraón se obstinaba en no dejarnos salir, Yahvé mató a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde los primogénitos de los hombres hasta los primogénitos de los animales; por eso yo sacrifico a Yahvé todo primogénito de los animales y redimo todo primogénito de mis hijos." Esto será como una señal en tu mano, como un recuerdo a tus ojos, porque fue con su poderosa mano como nos sacó Yahvé de Egipto.” Cuando el faraón dejó salir al pueblo, no le condujo Yahvé por el camino de la tierra de los filisteos, aunque más corto, pues se dijo: “No se arrepienta el pueblo si se ve atacado, y se vuelva a Egipto.” Hízole Yahvé rodear por el camino del desierto, hacia el mar Rojo. Los hijos de Israel subían en buen orden desde Egipto. Moisés había recogido los huesos de José, pues había hecho jurar José a los hijos de Israel que, cuando Yahvé los visitara, se llevarían consigo sus huesos lejos de allí. Partieron de Sucot, acamparon en Etam, al extremo del desierto. Iba Yahvé delante de ellos, de día, en columna de nube, y de noche en columna de fuego, para alumbrarlos y que pudiesen así marchar lo mismo de día que de noche. La columna de nube no se apartaba del pueblo de día, ni de noche la de fuego. Yahvé dijo a Moisés: “Habla a los hijos de Israel, que cambien de rumbo y vayan a acampar en Pihajirot, entre Migdal y el mar, frente a Baalsefón; allí acamparéis cerca del mar." El faraón se dirá respecto de los hijos de Israel: “Andan errantes por la tierra, el desierto les cierra el paso.” Yo endureceré el corazón del faraón, y él os perseguirá; pero yo haré brillar mi gloria en el faraón y en todo su ejército, y sabrán los egipcios que yo soy Yahvé.” Hicieron así los hijos de Israel." Anunciaron al rey de Egipto que había huido el pueblo, y el corazón del faraón y el de sus servidores se trocaron en orden al pueblo y dijeron: “¿Qué es lo que hemos hecho, dejando salir a Israel y privándonos de sus servicios?” El faraón hizo preparar su carro y llevó consigo a su pueblo. Tomó seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto y jefes para el mando de todos. Yahvé endureció el corazón del faraón, rey de Egipto, y el faraón persiguió a los hijos de Israel; pero éstos habían salido con muy alta mano." Los egipcios llegaron en su persecución al lugar donde acampaban cerca del mar. Todos los caballos de los carros del faraón, sus caballeros y su ejército los alcanzaron en Pihajirot, frente a Baalsefón. El faraón se acercaba; los hijos de Israel, alzando los ojos, vieron a los egipcios marchar contra ellos, y, llenos de terror, clamaron a Yahvé," y dijeron a Moisés: “¿Es que no había sepulcros en Egipto, que nos has traído al desierto a morir? ¿Qué es lo que has hecho con sacarnos de Egipto? ¿No te decíamos nosotros en Egipto: Deja que sirvamos a los egipcios, que mejor es para nosotros servir en Egipto que morir en el desierto?” Moisés respondió al pueblo: “No temáis, estad tranquilos, y veréis la victoria que en este día os dará Yahvé, pues los egipcios que hoy veis no volveréis a verlos jamás. Yahvé combatirá con nosotros; vosotros estaos tranquilos.” Yahvé dijo a Moisés: “¿A qué esos gritos? Di a los hijos de Israel que se pongan en marcha. Tú alza tu cayado y tiende el brazo sobre el mar y divídelo, para que los hijos de Israel pasen por el medio en seco. Yo endureceré el corazón de los egipcios, para que entren también detrás de ellos, y haré brillar mi gloria sobre el faraón y sobre todo su ejército, sus carros y sus caballeros, y los egipcios sabrán que yo soy Yahvé, cuando el faraón, sus carros y sus caballeros hagan resplandecer mi gloria.” El ángel de Dios que marchaba delante de las huestes de Israel, se puso detrás de ellas; la columna de nube que iba delante de ellos se puso detrás," entre el campo de los egipcios y el de Israel, y se hizo tenebrosa y sombría toda la noche, y las dos huestes no se acercaron una a otra durante toda la noche. Moisés tendió su mano sobre el mar e hizo soplar Yahvé sobre el mar toda la noche un fortísimo viento solano, que le secó, y se dividieron las aguas. Los hijos de Israel entraron en medio del mar, a pie enjuto, formando para ello las aguas una muralla a derecha e izquierda. Los egipcios se pusieron a perseguirlos, y todos los caballos del faraón, sus carros y sus caballeros entraron en el mar en seguimiento suyo. A la vigilia matutina miró Yahvé desde la nube de fuego y humo a la hueste egipcia y la perturbó. Hizo que las ruedas de los carros se enredasen unas en otras, de modo que sólo muy penosamente avanzaban. Los egipcios dijeron entonces: “Huyamos ante Israel, que Yahvé combate por él contra los egipcios.” Pero Yahvé dijo a Moisés: “Tiende tu mano sobre el mar, y las aguas se reunirán sobre los egipcios, sus carros y sus caballeros.” Moisés tendió su mano sobre el mar, y, al despuntar el día, el mar recobró su estado ordinario, y los egipcios en fuga dieron en él, y arrojó Yahvé a los egipcios en medio del mar. Las aguas, al reunirse, cubrieron carros, caballeros y todo el ejército del faraón, que habían entrado en el mar en seguimiento de Israel, y no escapó uno solo. Pero los hijos de Israel pasaron a pie enjuto por en medio del mar, formando para ellos las aguas una muralla a derecha e izquierda. Aquel día libró Yahvé a Israel de los egipcios, cuyos cadáveres vio Israel en las playas del mar. Israel vio la mano potente que mostró Yahvé para con Egipto, y el pueblo temió a Yahvé, y creyó en Yahvé y en Moisés, su siervo. Entonces cantaron Moisés y los hijos de Israel a Yahvé este canto diciendo: Cantaré a Yahvé, que se ha mostrado sobre modo glorioso; El arrojó al mar el caballo y el caballero." Yahvé es mi fortaleza y el objeto de mi canto; El fue mi salvador, El es mi Dios, y yo le alabaré; es el Dios de mi padre, yo le exaltaré." Yahvé es un fuerte guerrero, Yahvé es su nombre. Precipitó en el mar los carros del faraón y su ejército; la flor de sus capitanes se la tragó el mar Rojo." Cubriéronlos los abismos, y cayeron al fondo como una piedra. Tu diestra, ¡oh Yahvé!, engrandecida por la fortaleza; tu diestra, ¡oh Yahvé!, detrozó al enemigo." En la plenitud de tu poderío derribaste a los adversarios; diste rienda suelta a tu furor, y los devoró como paja." Al soplo de tu ira amontonáronse las aguas, se pararon las corrientes olas, como un dique; cuajáronse los abismos en el fondo del mar." Díjose el enemigo: “Los perseguiré, los alcanzaré; me repartiré sus despojos, hartaráse mi alma. Desenvainaré mi espada, y los despojará mi mano.” Enviaste tu soplo, y los cubrió el mar; se hundieron como plomo en las poderosas aguas." ¿Quién como tú, ¡oh Yahvé!, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, terrible en maravillosas hazañas, obrador de prodigios? Tendiste tu diestra, y se los tragó la tierra. En tu misericordia tú acaudillaste al pueblo que redimiste, y por tu poderío lo condujiste a tu santa morada. Supiéronlo los pueblos, y temblaron; el terror se apoderó de los filisteos." Los príncipes de Edom se estremecieron, se apoderó la angustia de los fuertes de Moab. Todos los habitantes de Canaán perdieron su valor. Cayeron sobre ellos el espanto y la angustia. Por la fuerza de tu brazo se quedaron inmóviles como una hasta que tu pueblo, ¡oh Yahvé!, pasó; piedra, hasta que pasó el pueblo que redimiste." Tú le introdujiste y le plantaste en el monte de tu heredad, ¡oh Yahvé!; en el santuario, ¡oh Yahvé!, que fundaron tus manos." Yahvé reinará por siempre jamás. Entraron en el mar los caballos del faraón, sus carros y sus caballeros, y echó Yahvé sobre ellos las aguas del mar. Mas los hijos de Israel pasaron por en medio del mar a pie enjuto. María la profetisa, hermana de Aarón, tomó en sus manos un tímpano, y todas las mujeres seguían en pos de ella con tímpanos y en coros, y María les respondía: “Cantad a Yahvé, que ha hecho resplandecer su gloria, precipitando en el mar el caballo y el caballero.” Mandó Moisés que los hijos de Israel se partieran del mar Rojo. Avanzaron hacia el desierto del sur y marcharon por él tres días, sin hallar agua. Llegaron a Mara, pero no pudieron beber el agua de Mará, por ser amarga; por eso se dio a este lugar el nombre de Mará." El pueblo murmuraba contra Moisés: “¿Qué vamos a beber?” Moisés clamó a Yahvé, que le indicó un madero que él echó en el agua, y ésta se endulzó. Allí dio al pueblo leyes y le puso a prueba. Les dijo: “Si escuchas a Yahvé, tu Dios; si obras lo que es recto a sus ojos, si das oído a sus mandatos y guardas todas sus leyes, no traeré sobre ti ninguna de las plagas con que afligí a Egipto, porque yo soy Yahvé, tu salvador.” Llegaron a Elim, donde había doce fuentes y setenta palmeras, y acamparon allí junto a las aguas. Partieron de Elim, y toda la congregación de los hijos de Israel llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y el Sinaí, el día quince del segundo mes después de su salida de Egipto. Toda la asamblea de los hijos de Israel se puso a murmurar contra Moisés y Aarón. Los hijos de Israel decían: “¿Por qué no hemos muerto de mano de Yahvé en Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne y nos hartábamos de pan? Nos habéis traído al desierto para matar de hambre a toda esta muchedumbre.” Yahvé dijo a Moisés: “Voy a haceros llover comida de lo alto de los cielos. El pueblo saldrá a recoger cada día la porción necesaria para ponerle yo a prueba, viendo si marcha o no según la ley. El día sexto preparen para llevar el doble de lo que recogen cada día.” Moisés y Aarón dijeron a todos los hijos de Israel: “Esta tarde sabréis que es Yahvé quien os ha sacado de Egipto, y a la mañana veréis la gloria de Yahvé, pues ha oído vuestras murmuraciones, que van contra Yahvé; porque nosotros, ¿qué somos para que murmuréis contra nosotros?” Moisés dijo: “Esta tarde os dará a comer Yahvé carnes, y mañana pan a saciedad, pues ha oído vuestras murmuraciones contra él; pues ¿nosotros qué? No van contra nosotros vuestras murmuraciones, sino contra Yahvé” Moisés dijo a Aarón: “Di a toda la congregación de Israel que se acerque a Yahvé, pues ha oído Yahvé todas sus murmuraciones.” Mientras hablaba Aarón a toda la asamblea de los hijos de Israel, volviéronse éstos de cara al desierto, y apareció la gloria de Yahvá en la nube. Yahvé dijo a Moisés: “He oído las murmuraciones délos hijos de Israel. Diles: Entre dos luces comeréis carne, y mañana os hartaréis de pan, y sabréis que yo soy Yahvé vuestro Dios.” A la tarde vieron subir codornices que cubrieron el campo, y a la mañana había en todo él una capa de rocío. Cuando el rocío se evaporó, vieron sobre la superficie del desierto una cosa menuda, como granos, como escarcha sobre la tierra. Los hijos de Israel, al verla, se preguntaban unos a otros: “Manhu?” (“¿qué es esto?”); pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: “Ese es el pan que os da Yahvé para alimento." Esto es lo que Yahvé ha ordenado: Recoged cada uno de vosotros según precise para alimentarse, un “ómer” por cabeza, según el número de personas; cada uno recogerá para cuantos tenga en su tienda.” Los hijos de Israel no obedecieron, y recogieron unos más y otros menos. Pero, al medir luego con el “ómer,” hallaron que el que había recogido de más, no tenía nada de más, y el que había recogido de menos, no tenía nada de menos, sino que tenía cada uno lo que para su alimento necesitaba. Moisés dijo: “Que nadie deje nada para mañana.” No obedecieron a Moisés, y muchos dejaron algo para el día siguiente; pero se llenó de gusanos y se pudrió. Irritóse Moisés contra ellos." Todas las mañanas recogían el maná, cada cual según su consumo, y cuando el sol dejaba sentir sus ardores, el resto se derretía. El día sexto recogieron doble cantidad de alimento, dos “ómer” por cabeza. Los principales del pueblo vinieron a decírselo a Moisés, que contestó: “Eso es lo que ha mandado Yahvé. Mañana es sábado, día de descanso, consagrado a Yahvé. Coced lo que hayáis de cocer y hervid lo que hayáis de hervir, y lo que sobre guardadlo para mañana.” Guardáronlo para el día siguiente, y no se pudrió ni se agusanó. Moisés dijo: “Comed eso hoy, que es sábado, y hoy no lo habrá en el campo. Recogeréis seis días; el séptimo, sábado, no lo hallaréis.” Al séptimo día salieron algunos del pueblo a recoger, pero no había. Y Yahvé dijo a Moisés: “¿Hasta cuándo rehusaréis guardar mis mandatos y mis leyes? Mirad que Yahvé os ha dado el sábado, y por eso el día sexto os da para los dos días. Que se quede cada uno en su puesto y no salga de él el día séptimo.” El pueblo descansó el día séptimo, Los israelitas dieron a este alimento el nombre de “maná.” Era parecido a la semilla del cilantro, blanco, y tenía un sabor como de torta de harina de trigo amasada con miel. Moisés dijo: “Yahvé ha ordenado que se llene un “ómer” de maná para conservarlo, y que puedan ver vuestros descendientes el pan con que os alimentó en el desierto cuando os sacó de la tierra de Egipto.” Dijo, pues, Moisés a Aarón: “Toma una vasija, pon en ella un “ómer” de maná lleno y deposítalo ante Yahvé, que se conserve para vuestros descendientes.” Aarón lo depositó ante el testimonio para que se conservase, como se lo había mandado Yahvé a Moisés. Comieron los hijos de Israel el maná durante cuarenta años hasta que llegaron a la tierra habitada. Lo comieron hasta llegar a los confines de la tierra de Canaán. El “ómer” es la décima parte del “efá.” Partióse la congregación de los hijos de Israel del desierto de Sin, según las etapas que Yahvé les ordenaba, y acamparon en Rafidim, donde no halló el pueblo agua que beber. Entonces el pueblo se querelló contra Moisés, diciendo: “Danos agua que beber.” Moisés les respondió: “¿Por qué os querelláis contra mí? ¿Por qué tentáis a Yahvé?” Pero el pueblo, sediento, murmuraba contra Moisés y decía: “¿Por qué nos hiciste salir de Egipto, para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?” Moisés clamó a Yahvé, diciendo: “¿Qué voy a hacer yo con este pueblo? Poco más y me apedrean.” Yahvé dijo a Moisés: “Vete delante del pueblo y lleva contigo a los ancianos de Israel; lleva en tu mano el cayado con que heriste el río, y ve," que yo estaré ante ti en la roca que hay en Horeb. Hiere la roca, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.” Hízolo así Moisés en presencia de los ancianos de Israel, y dio a este lugar el nombre de Masa y Meribá, por la querella de los hijos de Israel y porque habían tentado a Yahvé, diciendo: “¿Está Yahvé en medio de nosotros o no?” Amalee vino a Rafidim a atacar a los hijos de Israel, y Moisés dijo a Josué: “Elige hombres y ataca mañana a Amar lee. Yo estaré sobre el vértice de la colina con el cayado de Dios en la mano.” Josué hizo lo que le había mandado Moisés, y atacó a Amalee. Aarón y Jur subieron con Moisés al vértice de la colina. Mientras Moisés tenía alzada la mano, llevaba Israel la ventaja, y cuando la bajaba, prevalecía Amalee. Moisés estaba cansado, y sus manos le pesaban; tomando, pues, una piedra, la pusieron debajo de él para que se sentara, y al mismo tiempo Aarón y Jur sostenían sus manos, uno de un lado y otro de otro, y así no se le cansaron las manos hasta la puesta del sol," y Josué derrotó a Amalee al filo de la espada. Yahvé dijo a Moisés: “Pon esto por escrito para recuerdo, y di a Josué que yo borraré a Amalee de debajo del cielo.” Moisés alzó un altar y le dio el nombre de “Yahvé-Nissi,” diciendo: “Pues alzó la mano contra el trono de Yahvé, estará Yahvé en guerra contra Amalee de generación en generación.” Jetro, sacerdote de Madián, suegro de Moisés, supo lo que había hecho Yahvé en favor de Moisés y de Israel, su pueblo, que había sacado de Egipto. Tomó Jetro, suegro de Moisés, a Séfora, mujer de Moisés, a quien había hecho volverse, y a los dos hijos de Séfora, de los cuales uno se llamaba Gersom, porque Moisés había dicho: “Soy un extranjero en tierra extranjera”;" y el otro Eliezer, porque había dicho: “El Dios de mi padre me ha socorrido y me ha librado de la espada del faraón.” Jetro, suegro de Moisés, con los hijos y la mujer de Moisés, vino a éste al desierto, donde estaba acampado, al monte de Dios. Mandó decir a Moisés: “Yo, tu suegro Jetro, voy a ti con tu mujer, y con ella sus dos hijos.” Moisés salió al encuentro de su suegro y, prosternándose, le besó. Después de preguntarse uno a otro por la salud, entraron en la tienda de Moisés. Moisés contó a su suegro todo cuanto había hecho Yahvé al faraón y a los egipcios en favor de Israel, y todas las contrariedades que en el camino habían tenido, y cómo Yahvé le había librado de ellas. Jetro se felicitó de todo el bien que Yahvé había hecho a Israel, librándole de la mano de los egipcios. “Bendito sea Yahvé, dijo, que os ha librado de la mano de los egipcios y de la del faraón. Ahora sé bien que Yahvé es más grande que todos los dioses, pues se ha mostrado grande, haciendo recaer sobre los egipcios su maldad.” Jetro, suegro de Moisés, ofreció a Dios un holocausto y sacrificios; Aarón y todos los ancianos de Israel comieron con él ante Dios." Al día siguiente sentóse Moisés para juzgar al pueblo, y el pueblo estuvo delante de él desde la mañana hasta la tarde. El suegro de Moisés, viendo lo que el pueblo hacía, dijo: “¿Cómo haces eso con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo a juzgar, y todo el mundo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?” Moisés respondió a su suegro: “Es que el pueblo viene a mí para consultar a Dios. Cuando tienen alguna querella, vienen a mí, y yo dicto sentencia entre ellos, haciéndoles saber los mandatos de Dios y sus leyes.” El suegro de Moisés dijo a éste: “Lo que haces no está bien. Te consumes neciamente y consumes al pueblo, que tiene que estar delante de ti. Ése trabajo es superior a tus fuerzas, y no puedes llevarlo tú solo. Óyeme, voy a darte un consejo, y que Dios sea contigo. Sé tú el representante del pueblo ante Dios y lleva ante él los asuntos. Enséñales el camino que han de seguir y lo que han de hacer. Pero escoge de entre todo el pueblo a hombres capaces y temerosos de Dios, íntegros, enemigos de la avaricia, y constituidlos sobre el pueblo como jefes de millar, de centena, de cincuentena y de decena. Que juzguen ellos al pueblo en todo tiempo y lleven a ti los asuntos de mayor importancia, decidiendo ellos mismos en los menores. Aligera tu carga y que te ayuden ellos a soportarla. Si esto haces y Yahvé te comunica sus mandatos, podrás sostenerte, y el pueblo podrá atender en paz a lo suyo.” Siguió Moisés el consejo de su suegro e hizo lo que había dicho. Eligió entre todo el pueblo a hombres capaces, que puso sobre el pueblo como jefes de millar, de centena, de cincuentena y de decena. Ellos juzgaban al pueblo en todo tiempo, y llevaban a Moisés los asuntos graves, resolviendo por sí todos los pequeños. Despidió Moisés a su suegro, y Jetro se volvió a su tierra. El día primero del tercer mes, después de la salida de Egipto, llegaron los hijos de Israel al desierto del Sinaí, Partieron de Rafidim, y, llegados al desierto del Sinaí, acamparon en el desierto. Israel acampó frente a la montaña. Subió Moisés a Dios, y Yahvé le llamó desde lo alto de la montaña, diciendo: “Habla así a la casa de Jacob, di esto a los hijos de Israel: Vosotros habéis visto lo que yo he hecho a Egipto y cómo os he llevado sobre las alas de águila y os he traído a mí. Ahora, si oís mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad entre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra," pero vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.” Tales son las palabras que has de decir a los hijos de Israel.” Moisés vino y llamó a los ancianos de Israel y les expuso todas estas palabras, como Yahvé se lo había mandado. El pueblo todo entero respondió: “Nosotros haremos todo cuanto ha dicho Yahvé.” Moisés fue a transmitir a Yahvé las palabras del pueblo, y Yahvé dijo a Moisés: “Yo vendré a ti en densa nube, para que vea el pueblo que yo hablo contigo y tenga siempre fe en mí.” Yahvé le dijo: “Ve al pueblo y santifícalos hoy y mañana. Que laven sus vestidos, y estén prestos para el día tercero, porque al tercer día bajará Yahvé, a la vista de todo el pueblo, sobre la montaña del Sinaí. Tú marcarás al pueblo un límite en torno, diciendo: Guardaos de subir vosotros a la montaña y de tocar el límite, porque quien tocare la montaña morirá. Nadie pondrá la mano sobre él, sino que será lapidado o asaeteado. Hombre o bestia, no ha de quedar con vida. Cuando las voces, la trompeta y la nube hayan desaparecido de la montaña, podrán subir a ella.” Bajó de la montaña Moisés a donde estaba el pueblo, y le santificó, y ellos lavaron sus vestidos. Después dijo al pueblo: “Aprestaos durante tres días, y nadie toque mujer.” Al tercer día por la mañana hubo truenos y relámpagos, y una densa, nube sobre la montaña, y un fuerte sonido de trompetas, y el pueblo temblaba en el campamento. Moisés hizo salir de él al pueblo para ir al encuentro de Dios, y se quedaron al pie de la montaña. Todo el Sinaí humeaba, pues había descendido Yahvé en medio del fuego, y subía el humo, como el humo de un horno, y todo el pueblo temblaba. El sonido de la trompeta se hacía cada vez más fuerte. Moisés hablaba, y Yahvé le respondía mediante el trueno. Descendió Yahvé sobre la montaña del Sinaí, sobre la cumbre de la montaña, y llamó a Moisés a la cumbre, y Moisés subió a ella. Y Yahvé dijo a Moisés: “Baja y prohíbe terminantemente al pueblo que traspase el término marcado para acercarse a Yahvé y ver, no vayan a perecer muchos de ellos. Que aun los sacerdotes, que son los que se acercan a Yahvé, se santifiquen, no los hiera Yahvé.” Moisés dijo a Yahvé: “El pueblo no podrá subir a la montaña del Sinaí, pues lo has prohibido terminantemente, diciendo que señalara un límite en torno a la montaña y la santificara.” Yahvé le respondió: “Ve, baja y sube luego con Aarón, pero que los sacerdotes y el pueblo no traspasen los términos para acercarse a Yahvé, no los hiera.” Moisés bajó y se lo dijo al pueblo. Y habló Dios todo esto, diciendo: “Yo soy Yahvé, tu Dios, que te ha sacado de la tierra de Egipto, de la casa de la servidumbre. No tendrás otro Dios que a mí. No te harás imágenes talladas, ni figuración alguna de lo que hay en lo alto de los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas y no las servirás, porque yo soy Yahvé, tu Dios; un Dios celoso, que castiga en los hijos las iniquidades de los padres hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian," y hago misericordia hasta mil generaciones de los que me aman y guardan mis mandamientos. No tomarás en falso el nombre de Yahvé, tu Dios, porque no dejará Yahvé sin castigo al que tome en falso su nombre. Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás tus obras, pero el séptimo día es día de descanso, consagrado a Yahvé, tu Dios, y no harás en él trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que está dentro de tus puertas;" pues en seis días hizo Yahvé los cielos y la tierra, el mar y cuanto en ellos se contiene, y el séptimo descansó; por eso bendijo Yahvé el día del sábado y lo santificó." Honra a tu padre y a tu madre, para que vivas largos años en la tierra que Yahvé, tu Dios, te da. No matarás. No adulterarás. No robarás. No testificarás contra tu prójimo falso testimonio. No desearás la casa de tu prójimo, ni la mujer de tu prójimo, ni su siervo ni su sierva, ni su buey ni su asno, ni nada de cuanto le pertenece.” Todo el pueblo oía los truenos y el sonido de la trompeta, y veía las llamas y la montaña humeante, y, atemorizados y llenos de pavor, se estaban lejos. Dijeron a Moisés: “Habíanos tú, y te escucharemos; pero que no nos hable Dios, no muramos.” Respondió Moisés: “No temáis, que para probaros ha venido Dios, para que tengáis siempre ante vuestros ojos su temor y no pequéis.” El pueblo se estuvo a distancia, pero Moisés se acercó a la nube donde estaba Dios. Yahvé dijo a Moisés: “Habla así a los hijos de Israel: Vosotros mismos habéis visto cómo os he hablado desde el cielo. No os hagáis conmigo dioses de plata, ni os hagáis dioses de oro. Me alzarás un altar de tierra, sobre el cual me ofrecerás tus holocaustos, tus hostias pacíficas, tus ovejas y tus bueyes. En todos los lugares donde yo haga memorable mi nombre, vendré a ti y te bendeciré. Si me alzas altar de piedras, no lo harás de piedras labradas, porque, al alzar tu cincel contra la piedra, la profanas. No subirás por gradas a mi altar, para que no se descubra tu desnudez.” He aquí las leyes que les darás: Si compras un siervo hebreo, te servirá por seis años; al séptimo saldrá libre sin pagar nada." Si entró solo, solo saldrá; si teniendo mujer, saldrá con él su mujer." Pero, si el amo le dio mujer y ella le dio hijos o hijas, la mujer y los hijos serán del amo, y él saldrá solo. Si el siervo dijere: “Yo quiero a mi amo” a mi mujer y a mis hijos, no quiero salir libre,” entonces el amo le llevará ante Dios, y, acercándose a la puerta de la casa o a la jamba de ella, le perforará la oreja con un punzón, y el siervo lo será suyo de por vida. Si vendiera un hombre a su hija por sierva, no saldrá ésta como los otros siervos. Si desplaciera a su amo y no la tomare por esposa, permitirá éste que sea redimida, pero no podrá venderla a extraños después de haberla despreciado. Si la destinaba a su hijo, la tratará como se tratan las hijas;" y si para éste tomare otra mujer, proveerá a la sierva de alimento, de vestido y lecho;" y si de estas tres cosas no la proveyere, podrá ella salirse sin pagar nada, sin rescate. El que hiera mortalmente a otro será castigado con la muerte;" pero, si no pretendía herirle, y sólo porque Dios se lo puso ante la mano le hirió, yo le señalaré un lugar donde refugiarse. Si de propósito mata un hombre a su prójimo traidoramente, de mi altar mismo le arrancarás para darle muerte. El que hiera a su padre o a su madre será muerto. El que robe un hombre, háyalo vendido o téngalo en su poder, será muerto. El que maldijere a su padre o a su madre será muerto. Si riñen dos hombres y uno hiere al otro con piedra o con el puño, sin causarle la muerte, pero de modo que éste tuviese que hacer cama, si el herido se levanta y puede salir fuera apoyado en su bastón, el que le hirió será quito, pagándole lo no trabajado y lo gastado en la cura. Si uno hiere con palo a su siervo o a su sierva, de modo que muriere a su mano, el amo será reo de crimen;" pero si sobreviviere un día o dos, no, pues hacienda suya era. Si en riña de hombres golpeare uno a una mujer encinta, haciéndola parir, y el niño naciere sin más daño, será multado con la cantidad que el marido de la mujer pida y decidan los jueces;" pero, si resultare algún daño, entonces dará vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, cardenal por cardenal. Si uno diere a su siervo o a su sierva un golpe en un ojo y se lo hiciere perder, habrá de ponerle en libertad en compensación del ojo. Y si le hiciera caer al siervo o a la sierva un diente, le dará libertad en compensación de su diente. Si un buey acornea a un hombre o a una mujer y se sigue la muerte, el buey será lapidado, no se comerá su carne, y el dueño será quito. Pero, si ya de antes el buey acorneaba, y, requerido el dueño, no lo tuvo encerrado, el buey será lapidado si mata a un hombre o a una mujer, pero el dueño será también reo de muerte. Si en vez de la muerte le pidieren al dueño un precio como rescate de la vida, pagará lo que se le imponga. si el buey hiere a un niño o a una niña, se aplicará esta misma ley;" pero, si el herido fuese un siervo o una sierva, pagará el dueño del buey treinta siclos de plata al dueño del esclavo o de la esclava, y el buey será lapidado. Si uno abre una cisterna o cava una y no la cubre y cayere en ella un buey o un asno, pagará el dueño de la cisterna en dinero el precio al dueño de la bestia, pero la muerta será para él. Si el buey de uno acornea a un buey de otro, y éste muere, se venderá el buey vivo, partiéndose el precio, y se repartirán igualmente el buey muerto. Pero, si se sabe que el buey acorneaba ya de tiempo atrás y su dueño no lo tuvo encerrado, dará éste buey por buey, y el buey muerto será para él. Si el ladrón fuere sorprendido forzando de noche y fuese herido y muriese, no será el que le hiere reo de sangre;" pero, si hubiese ya salido el sol, responderá de la sangre. El ladrón restituirá, y si no tiene con qué, será vendido por lo que robó; y si lo que robó, buey, asno u oveja, se encuentra todavía vivo en sus manos, restituirá el doble." Si uno daña un campo o una viña, dejando pastar su ganado en el campo o en la viña de otro, restituirá por lo mejor del campo o lo mejor de la viña. Si propagándose un fuego por los espinos quema mieses recogidas o en pie, o un campo, el que encendió el fuego pagará el daño. Si uno da a otro en depósito dinero o utensilios y fueran éstos robados de la casa de otro, el ladrón, si es hallado, restituirá el doble. Si no aparece el ladrón, el dueño de la casa se presentará ante Dios, jurando no haber puesto su mano sobre lo ajeno. Toda acusación de fraude, sea de buey, de asno, de oveja, de vestido, de cualquier cosa desaparecida, de que se diga “esto es,” decídase por juramento ante Dios. Aquel a quien Dios condenare, restituirá el doble a su prójimo. Si uno entrega en depósito a su prójimo asno, buey, oveja o cualquier otra bestia, y lo depositado muere o se estropea, o es capturado por los enemigos sin que nadie lo haya visto, se interpondrá por ambas partes el juramento de Yahvé de no haber puesto el depositario mano sobre el bien de su prójimo. El dueño aceptará el juramento, y el depositario no será obligado a restituir;" pero, si la bestia le fue robada, restituirá al dueño. Si la bestia fuere despedazada, preséntese lo destrozado, y no tendrá que restituir. Si uno pide a otro prestada una bestia, y ésta se estropea o muere no estando presente el dueño, el prestatario será obligado a restituir;" pero, si estaba presente el dueño, no tendrá que restituir el prestatario. Si el préstamo fue por precio, reciba el dueño lo estipulado. Si uno seduce a una virgen no desposada y tiene con ella comercio carnal, pagará su dote y la tornará por mujer. Si el padre rehusa dársela, el seductor pagará la dote que se acostumbra dar por las vírgenes, No dejarás con vida a la hechicera. El reo de bestialidad será muerto. Los que ofrezcan sacrificios a dioses extraños serán exterminados. No maltratarás al extranjero ni le oprimirás, pues extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. No dañarás a la viuda ni al huérfano. Si eso haces, ellos clamarán a mí, y yo oiré sus clamores;" se encenderá mi cólera y os destruiré por la espada, y vuestras mujeres serán viudas, y vuestros hijos, huérfanos. Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita en medio de vosotros, no te portarás con él como acreedor y no le exigirás usura. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de la puesta del sol, porque con eso se cubre él, con eso viste su carne, y ¿con qué va a dormir? Clamará a mí, y yo le oiré, porque soy misericordioso. No blasfemarás contra Dios ni maldecirás de los príncipes de tu pueblo. No dilatarás ofrecerme el diezmo de tu era y de tu lagar. Me darás el primogénito de tus hijos. Así harás con el primogénito de tus vacas y ovejas; quedará siete días con su madre, y al octavo me lo darás." Sed para mí santos. No comeréis la carne despedazada en el campo; se la echaréis a los perros." -- omitido por paráfrasis -- No esparzas rumores falsos. No te unas con los impíos para testificar en falso. No te dejes arrastrar al mal por la muchedumbre; en las causas no respondas porque así responden otros, falseando la justicia;" ni aun en las de los pobres mentirás por compasión de ellos. Si encuentras al buey o al asno de tu enemigo perdidos, llévaselos. Si encuentras el asno de tu enemigo caído bajo la carga, no pases de largo; ayúdale a levantarlo." No tuerzas el derecho del pobre en sus causas. Aléjale de toda mentira y no hagas morir al inocente y al justo, porque yo no absolveré al culpable de ello. No recibas regalos, que ciegan a los prudentes y tuercen la justicia. No hagáis daño al extranjero; ya sabéis lo que es un extranjero, pues extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto." Sembrarás tu tierra seis años y recogerás sus cosechas;" al séptimo la dejarás descansar, que coman los pobres de tu pueblo, y lo que queda, lo coman las bestias del campo. Eso harás también con las viñas y los olivares. Seis días trabajarás, y descansarás al séptimo, para que descansen tu buey y tu asno y se recobre el hijo de tu esclava y el extranjero. Guardad cuanto os he mandado. No te acuerdes del nombre de dioses extraños ni se oiga en tus labios. Tres veces cada año celebraréis fiesta solemne en mi honor. Guardad la fiesta de los ázimos comiendo ázimo siete días, como os he mandado, en el mes de Abib, pues en ese mes saliste de Egipto. No te presentarás ante mí con las manos vacías. También la solemnidad de la recolección, de las primicias de tu trabajo, de cuanto hayas sembrado en tus campos. También la solemnidad del fin de año y de la recolección, cuando hubieres recogido del campo todos sus frutos. Tres veces en el año comparecerá todo varón ante Yahvé, tu Dios. No acompañarás de pan fermentado la sangre de tu víctima ni dejarás la carne de ésta para el día siguiente. Llevarás a la casa de Yahvé, tu Dios, las primicias de los frutos de tu suelo. No cocerás el cabrito en la leche de su madre. He aquí que yo mandaré un ángel ante ti para que te defienda en el camino y te haga llegar al lugar que te he dispuesto. Acátale y escucha su voz, no le resistas, porque no perdonará vuestras rebeliones y porque lleva mi nombre. Pero, si le escuchas y haces cuanto él te diga, yo seré enemigo de tus enemigos y afligiré a los que te aflijan, pues mi ángel marchará delante de ti y te conducirá a la tierra de los amorreos, de los jéteos, de los fereceos, de los cananeos, de los jeveos y de los jebuseos, que yo exterminaré. No adores a sus dioses ni les sirvas; no imites sus costumbres y derriba y destruye sus cipos." Servirás a Yahvé, tu Dios, y El bendecirá tu pan y tu agua y alejará de en medio de vosotros las enfermedades, y no habrá en vuestra tierra mujer que se quede sin hijos ni sea estéril y vivirás largos años. Mi terror te precederá, y perturbaré a todos los pueblos a que llegues, y todos tus enemigos volverán ante ti las espaldas, y mandaré ante ti tábanos, que pondrán en fuga a jeveos, cananeos y jéteos delante de ti. No los arrojaré en un solo año, no quede la tierra desierta y se multipliquen contra ti las fieras. Poco a poco los haré desaparecer ante ti hasta que crezcas y poseas la tierra. Te doy por confines desde el mar Rojo hasta el mar de Palestina y desde el desierto hasta el río. Pondré en tus manos a los habitantes de esa tierra y los arrojarás de ante ti. No pactarás con ellos ni con sus dioses, no sea que, habitando en tu tierra, te hagan pecar contra ti y sirvas a sus dioses, que sería tu ruina. Y dijo a Moisés: “Sube a Yahvé tú, Aarón, Nadab y Abiú, con setenta de los ancianos de Israel, y adoraréis desde lejos. Sólo Moisés se acercará a Yahvé, pero ellos no se acercarán, ni subirá con ellos el pueblo.” Vino, pues, Moisés y transmitió al pueblo todas las palabras de Yahvé y sus leyes, y el pueblo a una voz respondió: “Todo cuanto ha dicho Yahvé lo cumpliremos.” Escribió Moisés todas las palabras de Yahvé. Levantóse de mañana y alzó al pie de la montaña un altar y doce piedras, por las doce tribus de Israel, y mandó a algunos jóvenes, hijos de Israel, y ofrecieron a Yahvé holocaustos; inmolaron toros, víctimas pacíficas a Yahvé." Tomó Moisés la mitad de la sangre, poniéndola en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Tomando después el libro de la alianza, se lo leyó al pueblo, que respondió: “Todo cuanto dice Yahvé lo cumpliremos y obedeceremos.” Tomó él la sangre y asperjó al pueblo, diciendo: “Esta es la sangre de la alianza que pactó con vosotros conforme a todas estas palabras.” Subió Moisés con Aarón, Nadab y Abiú y setenta ancianos de Israel, y vieron al Dios de Israel. Bajo sus pies había como un pavimento de baldosas de zafiro, brillantes como el mismo cielo, No extendió su mano contra los elegidos de Israel; le vieron, comieron y bebieron." Dijo Yahvé a Moisés: “Sube a mí al monte y estáte allí. Te daré unas tablas de piedra, y escritas en ellas las leyes y mandamientos que te he dado, para que se las enseñes.” Cuando iba a subir Moisés a la montaña con Josué, su ministro, dijo a los ancianos: “Esperadnos aquí hasta que volvamos. Quedan con vosotros Aarón y Jur; si alguna cosa grave hay, llevadla a ellos.” Subió Moisés ala montaña, y la nube le cubrió. La gloria de Yahvé estaba sobre el monte del Sinaí, y la nube le cubrió durante seis días. Al séptimo llamó Yahvé a Moisés de en medio de la nube. La gloria de Yahvé parecía a los hijos de Israel como un fuego devorador sobre la cumbre de la montaña. Moisés penetró dentro de la nube y subió a la montaña, quedando allí cuarenta días y cuarenta noches. Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Di a los hijos de Israel que me traigan ofrendas; vosotros las recibiréis para mí de cualquiera que de buen corazón las ofrezca." He aquí las ofrendas que recibiréis de ellos: oro, plata y bronce;" púrpura violeta y púrpura escarlata, carmesí; lino fino y pelo de cabra;" pieles de carnero teñidas de rojo y pieles de tejón, maderas de acacia;" aceite para las lámparas, aromas para el óleo de unción y para el incienso aromático;" piedras de ónice y otras piedras de engaste para el efod y el pectoral. Que me hagan un santuario y habitaré en medio de ellos. Os ajustaréis a cuanto voy a mostrarte como modelo del santuario y de sus utensilios. “Se hará una arca de madera de acacia dos codos y medio de largo, codo y medio de ancho y codo y medio de alto. La cubrirás de oro puro por dentro y por fuera y en torno de ella pondrás una moldura de oro. Fundirás para ella cuatro anillos de oro, que pondrás en los cuatro ángulos, dos de un lado, dos del otro. Harás unas barras de madera de acacia y las cubrirás de oro, y las pasarás por los anillos de los lados del arca para que pueda llevarse. Las barras quedarán siempre en los anillos y no se sacarán. En el arca pondrás el testimonio que yo te daré. Harás un propiciatorio de oro puro de dos codos y medio de largo y un codo y medio de ancho. Harás dos querubines de oro, de oro batido, a los dos extremos del propiciatorio, uno al uno, otro al otro lado de él. Los dos querubines estarán a los dos extremos. Estarán cubriendo cada uno con sus alas desde arriba el propiciatorio, de cara el uno al otro, mirando al propiciatorio. Pondrás el propiciatorio sobre el arca, encerrando en ella el testimonio que yo te daré. Allí me revelaré a ti, y de sobre el propiciatorio, de en medio de los querubines, te comunicaré yo todo cuanto para los hijos de Israel te mandare.” “Harás de madera de acacia una mesa de dos codos de largo, un codo de ancho y codo y medio de alto;" la revestirás de oro puro y harás en ella una moldura todo en derredor. Harás también un reborde de un codo de alto en torno enguirnaldado de oro. Le harás también cuatro anillos de oro y los pondrás en los cuatro ángulos, cada uno a su pie, y por debajo de la moldura de oro, para meter por ellos las barras para llevar la mesa. Las barras para llevar la mesa las harás también de madera de acacia, que cubrirás de oro. Harás también sus platos, sus navetas, sus copas, sus tazas para las libaciones, y tendrá sobre esa mesa perpetuamente ante mí los panes de la proposición.” Harás un candelabro de oro puro, todo lo harás de oro batido, con su base, su tallo, sus cálices, sus bulbos y sus lirios salientes de él. Seis brazos saldrán de sus lados, tres del uno y tres del otro. Tres cálices a modo de flores de almendro tendrá el primer brazo, con sus bulbos y sus lirios; tres cálices a modo de flores de almendro, con sus bulbos y sus lirios, el segundo, y lo mismo todos los seis brazos que salen del tallo." El tallo llevará cuatro cálices a modo de flores de almendro, con sus bulbos y sus lirios;" de cada dos brazos saldrá una flor, una sobre los dos inferiores, y otra sobre los dos siguientes, y otra sobre los dos superiores. Todo hará un solo cuerpo, y todo de oro puro, batido. Harás para él siete lámparas, que pondrás sobre el candelabro para que luzcan de frente. Las despabiladeras y la cazoleta donde se apaguen los pabilos cortados serán de oro puro. Un talento de oro puro se empleará para hacer el candelabro con todos sus utensilios. Mira y hazlo conforme al modelo que se te ha mostrado.” “La morada la harás de diez cortinas de hilo torzal de lino teñido de púrpura violeta, púrpura escarlata y carmesí, entretejido y representando querubines en tejido plumario. Cada cortina tendrá veintiocho codos de largo y cuatro codos de ancho; todas las cortinas tendrán las mismas dimensiones." Las unirás de cinco en cinco, y pondrás lazos de púrpura violeta en el borde de la cortina que termina el primer conjunto, y lo mismo en el extremo del segundo. Cincuenta lazos en el borde del primero y cincuenta en el borde del segundo, correspondiéndose los lazos los unos con los otros. Pondrás cincuenta anillas en uno de los conjuntos de las cortinas y cincuenta en el otro, contrapuestas entre sí. Harás cincuenta garfios de oro, y unirás con ellos una cortina a la otra para que hagan una sola morada. Harás también once tapices de pelo de cabra para el tabernáculo que cubrirá la morada. Cada tapiz tendrá treinta codos de largo y cuatro de ancho. Los unirás en dos grupos, uno de cinco y el otro de seis, de modo que el sexto tapiz del segundo se doble sobre el frente del tabernáculo. Harás cincuenta anillos de bronce para el borde de uno de los conjuntos, para que pueda unirse al otro, y cincuenta para el borde del otro, para que pueda unirse al primero. Harás también cincuenta garfios de bronce para unir anillos con anillos, de modo que todo haga un solo tabernáculo. Lo sobrante de los tapices de la tienda, esto es, la mitad del tapiz sobrante, penderá sobre la parte posterior de la morada;" un codo de un lado, un codo del otro, que es lo que sobra del largo del tabernáculo, se extenderá sobre los lados de la morada, a uno y a otro, para cubrirlos. Harás también para el tabernáculo una cubierta de pieles de carnero teñidas de escarlata, y otra sobre ésta de pieles de tejón. Harás también para la morada tablones de madera de acacia, que pondrás de pie, y tendrán cada uno diez codos de largo y codo y medio de ancho, En cada uno habrá dos espigas paralelas entre sí; así harás para todos los tablones del tabernáculo." De estos tablones, veinte estarán en el lado del austro, hacia el mediodía. Harás cuarenta basas de plata para debajo de los veinte tablones, dos basas para debajo de cada tablón, para las dos espigas, En el otro lado de la morada que mira al aquilón harás otros veinte tablones y cuarenta basas de plata, dos basas para debajo de cada tablón. Al lado que mira al occidente pondrás seis tablones, y otros dos en cada uno de los ángulos posteriores de la morada, unidos ambos de abajo arriba, de modo que cada dos vengan a hacer un tablón angular. Son, pues, entre todos ocho tablones con sus dieciséis basas de plata. Harás también barras traveseras de madera de acacia, cinco para los tablones de un lado, cinco para los del otro y cinco para los tablones de la morada del lado que cierra el fondo a occidente. La barra travesera de en medio, que pasará por el medio de los tablones, se extenderá a todo lo largo de cada pared, desde el uno al otro extremo. Los tablones los recubrirás de oro, y harás de oro los anillos en que han de entrar las barras traveseras, y éstas las recubrirás también de oro. Toda la morada la harás conforme al modelo que en la montaña te ha sido mostrado. Haz también un velo de lino torzal, de púrpura violeta, púrpura escarlata y carmesí, entretejido en tejido plumario, figurando querubines. Le colgarás de cuatro columnas de madera de acacia recubiertas de oro, provistas de corchetes de oro, y sus cuatro basas de plata. Colgarás el velo de los corchetes, y allí, detrás del velo, pondrás el arca del testimonio. El velo servirá para separar el lugar santo del lugar santísimo. Pondrás sobre el arca del testimonio el propiciatorio, en el lugar santísimo. La mesa la pondrás delante del velo, y frente a la mesa, el candelabro. Este, del lado meridional de la morada; la mesa, del lado norte." Harás también para la entrada del habitáculo un velo de lino torzal, púrpura violeta, púrpura escarlata, entretejido en tejido plumario. Para este velo harás cinco columnas de madera de acacia recubiertas de oro y con corchetes de oro, y fundirás para ellas cinco basas de bronce.” “Harás un altar de madera de acacia de cinco codos de largo y cinco de ancho, cuadrado, y tres codos de alto. A cada uno de sus cuatro ángulos pondrás un cuerno; saldrán del altar y los revestirás de bronce." Harás para el altar un vaso para recoger las cenizas, paleta, aspersorio e incensario; todos estos utensilios serán de bronce." Harás para él una rejilla de bronce en forma de malla y a los cuatro ángulos de la rejilla pondrás cuatro anillos de bronce. La colocarás debajo de la corona del altar, a la mitad de la altura de éste. Harás para el altar barras de madera de acacia y las recubrirás de bronce. Pasarán por sus anillas y estarán a ambos lados del altar cuando hayan de transportarse. Lo harás hueco, en tableros, como en la montaña ha sido mostrado.” “Harás para la inorada un atrio. Del lado del mediodía tendrá el atrio cortinas de lino torzal en una extensión de cien codos a lo largo del lado y veinte columnas con sus basas de bronce. Los corchetes de las columnas y sus anillos serán de plata, Lo mismo en el lado del norte, tendrá cortinas en un largo de cien codos, y veinte columnas con sus veinte basas de bronce. Los corchetes de las columnas y sus anillos serán de plata. Del lado del occidente tendrá cortinas a lo largo de cincuenta codos, y diez columnas con sus diez basas. Del lado de oriente tendrá también cincuenta codos, y en él habrá cortinas a lo largo de quince codos desde un extremo y quince desde el otro, con tres columnas y tres basas en una parte y tres columnas y tres basas en la otra. Para la entrada del atrio habrá un velo de veinte codos, de lino torzal en púrpura violeta, púrpura escarlata y carmesí, entretejido en tejido plumario, que colgará de cuatro columnas con sus cuatro basas. Todas las columnas que cierran el atrio tendrán corchetes de plata y basas de bronce. Será el atrio de cien codos de largo, cincuenta de ancho de ambos lados y cinco de alto, de lino torzal y basas de bronce. Todos los utensilios para el servicio de la morada, todos sus clavos y todos los clavos del atrio serán de bronce. Manda a los hijos de Israel que traigan aceite de olivas molidas para alimentar continuamente la lámpara. En el tabernáculo de la reunión, del lado de acá del velo tendido delante del testimonio, Aarón y sus hijos las prepararán para que ardan de la noche a la mañana en presencia de Yahvé. Es ley perpetua para los hijos de Israel, de generación en generación.” “Y tú haz que se acerque Aarón, tu hermano, con sus hijos, de en medio de los hijos de Israel, para que sean mis sacerdotes: Aarón, Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar, hijos de Aarón. Harás a Aarón, tu hermano, vestiduras sagradas para gloria y ornamento. Te servirás para ello de los hombres diestros que ha llenado el espíritu de sabiduría, y ellos harán las vestiduras de Aarón para consagrarle, para que ejerza mi sacerdocio. He aquí lo que han de hacer: un pectoral, un efod, una sobretúnica, una túnica a cuadros, una tiara y un ceñidor. Se emplearán para ellas oro y telas tejidas en jacinto, púrpura y carmesí y lino fino.” “El Efod le harán de oro e hilo torzal de lino, púrpura violeta, púrpura escarlata y carmesí artísticamente entretejidos Tendrá dos hombreras para unirse la una con la otra banda, dos por extremo, y así se unirán. El cinturón que llevará para ceñirse será del mismo tejido que él, de lino torzal, oro, púrpura y violeta, púrpura escarlata y carmesí. Toma dos piedras de ónice y graba en ella los nombres de los hijos de Israel, seis de ellos en una y seis en la otra, por el orden de su generación, Las tallarás como se tallan las piedras preciosas, y grabarás los nombres de los hijos de Israel como se graban los sellos, y las engarzarás en oro, y las pondrás en las hombreras del efod, una en cada una, para memoria de los hijos de Israel; y así llevará Aarón sus nombres sobre los hombros ante Yahvé, para memoria." Harás también engarces de oro, y dos cadenillas de oro puro, a modo de cordón, y las fijarás en los engarces.” “Harás un pectoral del juicio artísticamente trabajado, del mismo tejido del efod, de hilo torzal de lino, oro, púrpura violeta, púrpura escarlata y carmesí. Será cuadrado y doble, de un palmo de largo y uno de ancho. Lo guarnecerás de pedrería en cuatro filas. En la primera fila pondrás una sardónica, un topacio y una esmeralda;" en la segunda, un rubí, un zafiro y un diamante;" en la tercera, un ópalo, un ágata y una amatista, y en la cuarta, un crisólito, un ónice y un jaspe. Todas estas piedras irán engarzadas en oro, doce en número, según los nombres de los hijos de Israel. Como se graban los sellos, así se grabará en cada una el nombre de una de las doce tribus. Harás para el pectoral cadenillas de oro puro retorcidas a modo de cordón, y dos anillos de oro, que pondrás a dos de los extremos del pectoral;" pasarán los dos cordones de oro por los dos anillos fijados en los extremos del pectoral;" y fijarás dos extremidades de los cordones a los engarces del pectoral, y las otras dos extremidades las unirás a los engarces de la parte anterior de las dos piedras de los hombros del efod. Harás otros dos anillos de oro, que pondrás a los dos extremos inferiores del pectoral, en el borde interior que se aplica al efod, y dos anillos de oro, que pondrás en la parte superior de las hombreras del efod, por delante, cerca de la unión, y por encima del cinturón del efod. Se unirá el pectoral por sus anillos a los anillos del efod con una cinta de jacinto, para que quede el pectoral por encima del cinturón, sin poder separarse de él. Así, cuando entre Aarón en el santuario, llevará sobre su corazón los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio, en memoria perpetua ante Yahvé. Pondrás también en el pectoral del juicio los “urim” y los “tummim” para que estén sobre el corazón de Aarón cuando se presente ante Yahvé, y lleve así constantemente sobre su corazón ante Yahvé el juicio de los hijos de Israel.” “La tela de la sobretúnica del efod la harás toda enteriza de jacinto. Tendrá en medio una abertura para la cabeza, y esta abertura tendrá todo en torno un refuerzo, tejido como el que llevan las orlas de los vestidos para que no se rompan. En la parte inferior pondrás granadas de jacinto, de púrpura y de carmesí, alternando con campanillas de oro, todo en derredor;" una campanilla de oro y una granada sobre la orla de la vestidura todo en torno Aarón se revestirá de ella para su ministerio, para que se haga oír el sonido de las campanillas cuando entre y salga del santuario de Yahvé y no muera.” “Harás una lámina de oro puro y grabarás en ella como se graban los sellos: “Santidad de Yahvé.” La sujetarás con una cinta de jacinto a la tiara por delante. Estará sobre la frente de Aarón, y Aarón llevará las faltas cometidas en todo lo santo que consagren los hijos de Israel en toda suerte de santas ofrendas; estará constantemente sobre la frente de Aarón ante Yahvé para que hallen gracia ante él.” “La túnica la harás de lino, y una tiara también de lino, y un cinturón de varios colores. Para los hijos de Aarón harás túnicas, cinturones y tiaras para gloria y ornamento. De estas vestiduras revestirás a Aarón, tu hermano, y a sus hijos. Los ungirás, les llenarás las manos y los santificarás para que me sirvan de sacerdotes. Hazles calzones de lino para cubrir su desnudez, que lleguen desde la cintura hasta los muslos. Los llevarán Aarón y sus hijos cuando entren en el tabernáculo de la reunión y cuando se acerquen al altar para servir en el santuario; así no incurrirán en falta y no morirán. Es ley perpetua ésta para Aarón y para sus descendientes después de él.” “He aquí lo que has de hacer para consagrar los sacerdotes a mi servicio: tomarás de entre el ganado un novillo y dos carneros, todos sin tacha;" panes ácimos, tortas ácimas amasadas en aceite y frisuelos ácimos untados con aceite, todo hecho de flor de harina de trigo;" y lo pondrás en un cestillo, y lo presentarás así al tiempo de la presentación del novillo y de los dos carneros.” “Haz a Aarón y a sus hijos avanzar a la entrada del tabernáculo de la reunión y lávalos con agua. Después, tomando las vestiduras, viste a Aarón la túnica, la sobretúnica, el efod y el pectoral y cíñele el efod con el cinturón. Pon sobre su cabeza la tiara, y en la tiara la lámina de la santidad. Toma el óleo de unciones, derrámalo sobre la cabeza y úngele. Haz que se acerquen sus hijos, y les revistes las túnicas, los ciñes con los cinturones y les pones las tiaras. A ellos corresponderá el sacerdocio por ley perpetua. Tú instituirás a Aarón y a sus hijos.” “Trae luego el novillo ante el tabernáculo de la reunión, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del novillo. Degüella el novillo ante Yahvé, a la entrada del tabernáculo de la reunión;" toma la sangre del novillo, y con tu dedo unta de ella los cuernos del altar y la derramas al pie del altar, Toma todo el sebo que cubre las entrañas, la redecilla del hígado y los dos ríñones con el sebo que los envuelve, y lo quemas todo en el altar. La carne del novillo, la piel y los excrementos los quemarás fuera del campamento. Este es el sacrificio por el pecado.” “Tomarás luego uno de los carneros, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza de aquél. Degüella el carnero y riega con su sangre el altar todo en derredor. Descuartiza el carnero, y, lavando las entrañas y las patas, las pones sobre los otros trozos y la cabeza, y lo quemarás todo sobre el altar. Es el holocausto a Yahvé de suave olor, el sacrificio a Yahvé por el fuego.” “Toma luego el otro carnero, y Aarón y sus hijos le pondrán sus manos sobre la cabeza. Degüella el carnero y, tomando su sangre, unta de él el lóbulo de la oreja derecha de Aarón y el lóbulo de la oreja derecha de sus hijos, el pulgar de su mano derecha y el pulgar de su pie derecho, y regarás de sangre el altar todo en derredor. Toma de la sangre que habrá sobre el altar, y el óleo de la unción, y asperge y unge a Aarón y sus vestiduras, y así será consagrado él y sus vestiduras, sus hijos y sus vestiduras. Toma el sebo del carnero, la cola, el sebo que cubre las entrañas, la redecilla del hígado, los dos ríñones con el sebo que los envuelve y la pata derecha, pues este carnero es carnero de inauguración. También el cestillo de ácimos puesto ante Yahvé; toma un pan, una torta y un frisuelo," y pon todo esto en las palmas de las manos de Aarón y de sus hijos, y haz que las agiten como ofrenda agitada ante Yahvé. Luego los tomarás de sus manos y los quemarás en el altar, encima del holocausto, en suave olor ante Yahvé, para ofrecérselo. Tomarás el medio pecho del carnero de inauguración, que sería de Aarón, y lo agitarás como ofrenda agitada ante Yahvé; ésta será su parte.” “Santificarás el otro medio de agitación y el brazuelo de elevación que han sido agitados y elevados del carnero de inauguración, lo que cede en favor de Aarón y de sus hijos, y ésa será la parte de Aarón y de sus hijos. Esa será la parte de Aarón y de sus hijos por ley perpetua, que guardarán los hijos de Israel, pues es ofrenda de elevación, y, en los sacrificios eucarísticos de los hijos de Israel, la ofrenda de elevación es de Yahvé.” “Las vestiduras sagradas que usará Aarón serán después de él las de sus hijos; con ellas serán ungidos y con ellas se les llenarán las manos." Siete días las llevará el que de sus hijos sea sacerdote en lugar suyo y entre en el tabernáculo de la reunión para ministrar en el santuario.” “Tomarás la carne del carnero de inauguración y la harás cocer en lugar santo. Aarón y sus hijos comerán a la entrada del tabernáculo de la reunión la carne del carnero y los ácimos del cestillo. Comerán lo que ha servido para su expiación, para llenarles las manos y consagrarles. No comerá de ello ningún extraño, porque son cosas santas. Si algo queda de las carnes de la consagración o de los panes para el día siguiente, lo quemarán y no se comerá, porque es cosa santa. Cumplirás, respecto de Aarón y de sus hijos, todo cuanto te he mandado. Durante siete días los consagrarás, y cada día ofrecerás el novillo en sacrificio por el pecado sobre el altar, para expiación, y le ungirás y le santificarás. Durante siete días expiarás el altar y lo santificarás, y el altar será santísimo, y cuanto a él toque será santo.” “He aquí lo que sobre el altar ofrecerás: dos corderos primales cada día perpetuamente, uno por la mañana, el otro entre dos luces;" con el primero ofrecerás un décimo de flor de harina amasado con un cuarto de “hin” de aceite de oliva machacada y una libación de un cuarto de “hin” de vino. El segundo cordero lo ofrecerás entre dos luces, con una ofrenda y una libación iguales a las de la mañana, en olor de suavidad;" es sacrificio por el fuego a Yahvé, holocausto perpetuo en vuestras generaciones, a la entrada del tabernáculo de la reunión, ante Yahvé, allí donde me haré presente para hablarte. Allí me haré yo presente a los hijos de Israel y será consagrado por mi gloria. Yo consagraré el tabernáculo de la reunión y el altar, y consagraré a Aarón y a sus hijos para que sean sacerdotes a mi servicio. Habitaré en medio de los hijos de Israel y seré su Dios. Conocerán que yo, Yahvé, soy su Dios, que los he sacado de la tierra de Egipto para habitar entre ellos; yo, Yahvé, su Dios.” “Harás también un altar para quemar en él incienso. Lo harás de madera de acacia, de un codo de largo, un codo de ancho, cuadrado, y de dos de alto. Sus cuernos harán un cuerpo con él. Lo revestirás de oro puro por arriba, por los lados todo en torno y los cuernos, y harás todo en derredor una moldura de oro. Harás para él dos anillos de oro para cada dos de sus lados, y los pondrás debajo de la moldura a ambos lados, para las barras con que pueda transportarse. Las barras serán de madera de acacia y las revestirás de oro. Colocarás el altar delante del velo que oculta el arca del testimonio y el propiciatorio que está sobre el testimonio, allí donde yo he de encontrarme contigo. Aarón quemará en él incienso; lo quemará todas las mañanas al preparar las lámparas," y entre dos luces cuando las ponga en el candelabro. Así se quemará el incienso ante Yahvé perpetuamente entre vuestros descendientes. No ofreceréis sobre el altar ningún perfume profano, ni holocaustos, ni ofrendas, ni derramaréis sobre él ninguna libación;" Aarón hará la expiación sobre los cuernos del altar, una vez por año, con la sangre de la víctima expiatoria; y la expiación la hará una vez por año de generación en generación. Este altar es santísimo de Yahvé.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Cuando enumeres a los hijos de Israel para hacer el censo, cada uno ofrecerá a Yahvé un rescate por su vida, para que no sean heridos de plaga alguna al ser empadronados. Lo que dará cada uno de los que han de comprender el censo será medio siclo del peso del siclo del santuario, que es de veinte “güeras”; medio siclo será el don a Yahvé." Todo hombre comprendido en el censo de veinte años para arriba hará ese don a Yahvé;" ni el rico dará más ni el pobre menos del medio siclo para pagar el don a Yahvé como rescate de vuestras vidas. Tú recibirás de los hijos de Israel este rescate y lo aplicarás al servicio del tabernáculo de la reunión; será para los hijos de Israel memoria ante Yahvé en rescate de sus vidas.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Haz un pilón de bronce con su base de bronce para las abluciones. Lo pondrás entre el tabernáculo de la reunión y el altar, y pondrás agua en él, de la que tornarán Aarón y sus hijos para lavarse las manos y los pies. Con esta agua se lavarán para que no mueran cuando entren en el tabernáculo de la reunión, cuando se acerquen al altar para el ministerio, para quemar un sacrificio a Yahvé. Se lavarán pies y manos, y así no morirán. Esta será ley perpetua para ellos, para Aarón y su descendencia de generación en generación.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Toma aromas, quinientos siclos de mirra virgen; la mitad, es decir, doscientos cincuenta siclos, de cinamomo aromático, y doscientos cincuenta siclos de caña aromática;" quinientos siclos de casia, según el peso del siclo del santuario, y un “hin” de aceite de oliva. Con esto harás el óleo de la santa unción, y un perfume compuesto con arreglo al arte de la perfumería, que será el óleo para la unción sagrada Con él ungirás el tabernáculo de la reunión, el arca del testimonio, la mesa con todos sus utensilios, el candelero con sus utensilios, el altar del incienso, el altar de los holocaustos con sus utensilios y el pilón con su base. Así los consagrarás, y serán santísimos; cuanto tocare será santo." Con él ungirás a Aarón y a sus hijos y los consagrarás para mi servicio como sacerdotes. Hablarás así a los hijos de Israel. Ese será el óleo de la unción sagrada para mí de generación en generación. No se derramará sobre cuerpo de hombre alguno ni haréis parecido a él de la misma composición; será cosa consagrada, y como cosa sagrada la miraréis." Cualquiera que haga otro semejante o de él diere a un profano, será borrado de en medio de mi pueblo.” Yahvé dijo a Moisés: “Toma aromas, estacte, uña aromática, gálbano e incienso purísimo. Aromas e incienso entrarán por cantidades iguales, y harás con ellos el timiama, compuesto según el arte de perfumería, salado, puro, santo. Lo pulverizarás y lo pondrás delante del testimonio en el tabernáculo de la reunión, donde he de encontrarme yo contigo. Será para vosotros cosa santísima el perfume que hagas y nadie hará para sí otro de la misma composición; lo mirarás como cosa sagrada, perteneciente a Yahvé." Cualquiera que haga otro semejante para aspirar su aroma será borrado de en medio de su pueblo.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Sabrás que yo llamo por su nombre a Besalel, hijo de Uri, hijo de Jur, de la tribu de Judá. Le he llenado del espíritu de Dios, de sabiduría, de entendimiento y de ciencia en toda clase de obras, para proyectar obras artísticas, para labrar el oro, la plata y el bronce, para tallar piedras y engastarlas, para tallar la madera y ejecutar trabajos de toda suerte. Le asocio Odolías, hijo de Ajisemec, de la tribu de Dan. He puesto la sabiduría en el corazón de todos los hombres hábiles para que ejecuten todo lo que te he mandado hacer: el tabernáculo de la reunión, el arca del testimonio, el propiciatorio de encima y todos los muebles del tabernáculo, la mesa con sus utensilios, el candelabro de oro con sus utensilios, el altar de los perfumes, el altar de los holocaustos con sus utensilios, el pilón con su base;" las vestiduras sagradas para Aarón y sus hijos, para ejercer los ministerios sacerdotales;" el óleo de unción y el timiama aromático para el santuario. Cuanto yo te he mandado hacer, ellos lo harán.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: No dejéis de guardar mis sábados, porque el sábado es entre mí y vosotros una señal para vuestras generaciones, para que sepáis que soy yo, Yahvé, el que os santifico. Guardaréis el sábado, porque es cosa santa. El que lo profane será castigado con la muerte; el que en él trabaje será borrado de en medio de su pueblo." Se trabajará seis días, pero el día séptimo será día de descanso completo, dedicado a Yahvé. El que trabaje en sábado será castigado con la muerte. Los hijos de Israel guardarán el sábado y lo celebrarán por sus generaciones y sus descendientes, como alianza perpetua;" será entre mi y ellos una señal perpetua, pues en seis días hizo Yahvé los cielos y la tierra, y el séptimo día cesó en su obra y tomó aliento.” Cuando hubo acabado Yahvé de hablar a Moisés en la montaña del Sinaí, le dio las dos tablas del testimonio, tablas de piedra, escritas por el dedo de Dios. El pueblo, viendo que Moisés tardaba en bajar de la montaña, se reunió en torno de Aarón y dijo: “Nada, haznos un dios que vaya delante de nosotros. Porque ese Moisés, ese hombre que nos ha sacado de Egipto, no sabemos qué ha sido de él.” Aarón les dijo: “Tomad los arillos de oro que tengan en sus orejas vuestras mujeres, vuestros hijos y vuestras hijas, y traédmelos.” Todos se quitaron los arillos de oro que llevaban en las orejas y se los trajeron a Aarón. El los recibió de sus manos, hizo un molde, y en él un becerro fundido, y ellos dijeron: “Israel, ahí tienes a tu dios, el que te ha sacado de la tierra de Egipto.” Al ver eso Aarón, alzó un altar ante la imagen y clamó: “Mañana habrá fiesta en honor de Yahvé.” Al día siguiente, levantándose de mañana, ofrecieron holocaustos y sacrificios eucarísticos, y el pueblo se sentó luego a comer y a beber, y se levantaron después para danzar. Yahvé dijo entonces a Moisés: “Ve, baja, que tu pueblo, el que tú has sacado de la tierra de Egipto, ha prevaricado. Bien pronto se han desviado del camino que les prescribí. Se han hecho un becerro fundido y se han prosternado ante él, diciendo: Israel, ahí tienes a tu dios, el que te ha sacado de la tierra de Egipto.” Yahvé dijo a Moisés: “Ya veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Déjame, pues, que se desfogue contra ellos mi cólera y los consuma. Yo te haré a ti una gran nación.” Moisés imploró a Yahvé, su Dios, y le dijo: “¿Por qué, ¡oh Yahvé!, vas a desfogar tu cólera contra tu pueblo, que sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y brazo fuerte? ¿Por qué habrán de poder decir los egipcios: Para mal suyo los sacó de la tierra de Egipto, para hacerlos perecer en las montañas y para exterminarlos de sobre la tierra? Apaga tu cólera y perdona la iniquidad de tu pueblo. Acuérdate de Abraham, Isaac y Jacob, tus siervos, a los cuales, jurando por tu nombre, dijiste: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda la tierra de que os he hablado se la daré a vuestros descendientes en eterna posesión.” Y se arrepintió Yahvé del mal que había dicho haría a su pueblo. Volvióse Moisés y bajó de la montaña, llevando en sus manos las dos tablas del testimonio, que estaban escritas de ambos lados, por una y por otra cara. Eran obra de Dios, lo mismo que la escritura grabada sobre las tablas. Josué oyó el ruido que el pueblo hacía lanzando gritos, y dijo a Moisés: “En el campamento resuena ruido de batalla.” Moisés respondió: “No son gritos de victoria ni gritos de derrota; oigo la voz de los que cantan.” Cuando estuvo cerca del campamento, vio el becerro y las danzas y, encendido en cólera, tiró las tablas y las rompió al pie de la montaña. Tomó el becerro que habían hecho y lo quemó, desmenuzándolo hasta reducirlo a polvo, que mezcló con agua, haciéndosela beber a los hijos de Israel. Moisés dijo a Aarón: “¿Qué te ha hecho este pueblo para que tú hayas echado sobre él tan gran pecado?” Aarón respondió: “Que no se encienda la cólera de mi señor. Tú mismo sabes cuan inclinado al mal es este pueblo. Me dijeron: Haznos un dios que marche delante de nosotros, porque ese Moisés, ese hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué ha sido de él. Yo les dije: Que los que tienen oro se despojen de él. Me lo dieron, lo eché al fuego, y de él salió este becerro.” Moisés, viendo que el pueblo estaba sin freno, pues se lo había quitado Aarón, haciéndole objeto de burla para sus adversarios, se puso a la entrada del campamento y gritó: “¡A mí los de Yahvé!” Y todos los hijos de Leví se reunieron en torno de él. Y él les dijo: “Así habla Yahvé, Dios de Israel: Cíñase cada uno su espada sobre su muslo, pasad y repasad el campamento de la una a la otra puerta, y mate cada uno a su hermano, a su amigo, a su deudo.” Hicieron los hijos de Leví lo que mandaba Moisés, y perecieron aquel día unos tres mil del pueblo, Moisés les dijo: “Hoy habéis llenado vuestras manos a Yahvé, haciéndole cada uno oblación del hijo y del hermano; por ello recibiréis hoy bendición.” Al día siguiente dijo Moisés al pueblo: “Habéis cometido un gran pecado. Yo ahora voy a subir a Yahvé, a ver si os alcanzo el perdón.” Volvióse Moisés a Yahvé y le dijo: “¡Oh, este pueblo ha cometido un gran pecado I Se han hecho un dios de oro. Pero perdónales su pecado o bórrame de tu libro, del que tú tienes escrito.” Yahvé dijo a Moisés: “A él, que ha pecado contra mí, es al que borraré de mi libro.” Ve ahora y conduce al pueblo a donde yo te he dicho. Mi ángel marchará delante de ti; pero, cuando llegue el día de mi visitación, yo los castigaré por su pecado.” Y castigó Yahvé al pueblo por el becerro de oro que les hizo Aarón. Habló Yahvé a Moisés y le dijo: “Anda, subid ya de aquí tú y el pueblo que has sacado de Egipto, e id a la tierra que con juramentó prometí a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu descendencia se la daré. Yo mandaré delante de ti un ángel, que arrojará al cananeo, al amorreo, al jeteo, al fereceo, al jeveo y al jebuseo. Sube a la tierra que mana leche y miel, pero yo no subiré en medio de ti, porque eres un pueblo de dura cerviz, no sea que te destruya en el camino.” Al oír estas duras palabras, el pueblo se acongojó, y ya nadie se vistió sus galas. Entonces dijo Yahvé a Moisés: “Di a los hijos de Israel: Sois un pueblo de dura cerviz; si un solo instante subiera con vosotros, os aniquilaría. Depon, pues, tus galas, y ya sabré yo lo que he de hacer.” Los hijos de Israel se despojaron de sus galas a partir del monte Horeb. Moisés tomó la tienda y la puso fuera del campamento, a alguna distancia; le dio el nombre de tienda de reunión, y todo el que buscaba a Yahvé, iba a la tienda de reunión, que estaba fuera del campamento." Cuando Moisés se dirigía a la tienda, se levantaba el pueblo todo, estándose todos a la puerta de sus tiendas, y seguían con sus ojos a Moisés hasta que este entraba en la tienda. Una vez que entraba en ella Moisés, bajaba la columna de nube y se paraba a la entrada de la tienda, y Yahvé hablaba con Moisés. Todo el pueblo, al ver la columna de nube parada ante la tienda, se alzaba y se prosternaba a la entrada de sus tiendas. Yahvé hablaba a Moisés cara a cara, como habla un hombre a su amigo. Luego volvía Moisés al campamento, pero su ministro, el joven Josué, hijo de Nun, no se apartaba de la tienda. Moisés dijo a Yahvé: “Tú me dices: Haz subir a este pueblo, pero no me das a saber a quién mandarás conmigo, a pesar de que me has dicho: Te conozco por tu nombre y has hallado gracia a mis ojos. Si, pues, en verdad he hallado gracia a tus ojos, dame a conocer el camino, para que yo, conociéndolo, vea que he hallado gracia a tus ojos” Considera que este pueblo es tu pueblo.” Yahvé le respondió: “Iré yo mismo contigo y te daré descanso.” Moisés añadió: “Si no vienes tú delante, no nos saques de este lugar, pues ¿en qué vamos a conocer yo y tu pueblo que hemos hallado gracia a tus ojos sino en que marches con nosotros, y nos gloriemos yo y tu pueblo entre todos los pueblos que habitan sobre la tierra?” Dijo Yahvé a Moisés: “También a eso que me pides accedo, pues has hallado gracia a mis ojos y te conozco por tu nombre. Yo mismo iré delante de ti y te guiaré.” Moisés le dijo: “Muéstrame tu gloria”;" y Yahvé respondió: “Yo haré pasar ante ti toda mi bondad y pronunciaré ante ti mi nombre, Yahvé, pues yo hago gracia a quien hago gracia y tengo misericordia de quien tengo misericordia; pero mi faz no podrás verla, porque no puede hombre verla y vivir.” y añadió: “Ahí en ese lugar te pondrás conmigo sobre la roca. Cuando pase mi gloria, yo te meteré en el hueco de la roca, y te cubriré con mi mano mientras paso;" luego retiraré mi mano y me verás las espaldas; pero mi faz no la verás.” Yahvé dijo a Moisés: “Haz dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré en ellas lo que tenían las primeras, que rompiste, y está pronto para mañana subir temprano y presentarte a mí en la cumbre del monte. Que no suba nadie contigo, ni parezca nadie en ninguna parte de la montaña, ni oveja ni buey paste junto a la montaña.” Moisés talló dos piedras como las dos primeras y, levantándose muy temprano, subió a la montaña del Sinaí, como se lo había mandado Yahvé, llevando en sus manos las dos tablas de piedra. Yahvé descendió en la nube y, poniéndose allí junto a él, pronunció el nombre de Yahvé, y, pasando delante de él, exclamó: “Yahvé, Yahvé; Dios misericordioso y clemente, tardo a la ira, rico en misericordia y fiel," que mantiene su gracia por mil generaciones, y perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero no los deja impunes, y castiga la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación.” Moisés se echó en seguida a tierra, y, prosternándose, dijo: “Señor, si he hallado gracia a tus ojos, dígnate, Señor, marchar en medio de nosotros, porque este pueblo es de dura cerviz; perdona nuestras iniquidades y nuestros pecados y tómalos por heredad tuya.” Yahvé respondió: “He aquí que yo voy a pactar alianza. Yo haré ante todo tu pueblo prodigios cuales no se han hecho jamás en ninguna tierra ni en ninguna nación, para que el pueblo que te rodea vea la obra de Dios, porque he de hacer cosas terribles. Atiende bien a lo que te mando hoy: Yo arrojaré ante ti al amorreo, al cananeo, al jeteo, al fereceo, al jeveo y al jebuseo. Guárdate de pactar con los habitantes de la tierra contra la cual vas, pues sería para vosotros la ruina. Derribad sus altares, romped sus cipos y destrozad sus “aseras.” No adores otro Dios que yo, porque Yahvé se llama celoso, es un Dios celoso. No pactes con los habitantes de esa tierra, no sea que al prostituirse ellos ante sus dioses, ofreciéndoles sacrificios, te inviten, y comas de sus sacrificios, y tomes a sus hijas para tus hijos, y sus hijas, al prostituirse ante sus dioses, arrastren a tus hijos a prostituirse también ellos ante sus dioses. No te harás dioses de metal fundido. Guardarás la fiesta de los ázimos; durante siete días comerás pan ázimo, como te lo he mandado, en el tiempo señalado, en el mes de Abib, pues en este mes saliste de Egipto." Todo primogénito es mío. De todos los animales, de bueyes, de ovejas, mío es. El primogénito del asno lo redimirás con una oveja, y si no le redimes a precio, lo desnucarás. Redimirás al primogénito de tus hijos y no te presentarás a mí con las manos vacías.” Seis días trabajarás; el séptimo descansarás; no ararás en él ni recolectarás." Celebrarás la fiesta de las semanas, la de las primicias de la recolección del trigo, y la solemnidad de la recolección al fin del año. Tres veces al año se prosternarán ante el Señor, Yahvé, Dios de Israel, todos los varones;" pues yo arrojaré de ante ti a las gentes y dilataré tus fronteras, y nadie insidiará tu tierra mientras subas para presentarte ante Yahvé, tu Dios, tres veces al año. No asociarás a pan fermentado la sangre de la víctima, y el sacrificio de la fiesta de la Pascua no lo guardarás durante la noche hasta el siguiente día. Llevarás a la casa de Yahvé, tu Dios, las primicias de los frutos de tu suelo. No cocerás un cabrito en la leche de su madre.” Yahvé dijo a Moisés: “Escribe estas palabras, según las cuales hago alianza contigo y con Israel.” Estuvo Moisés allí cuarenta días y cuarenta noches, sin comer y sin beber, y escribió Yahvé en las tablas los diez mandamientos de la Ley. Cuando bajó Moisés de la montaña del Sinaí, traía en sus manos las dos tablas del testimonio, y no sabía que su faz se había hecho radiante desde que había estado hablando con Yahvé. Aarón y todos los hijos de Israel, al ver cómo resplandecía la faz de Moisés, tuvieron miedo de acercarse a él. Llamólos Moisés, y Aarón y los jefes de la asamblea volvieron y se acercaron, y él les habló. Acercáronse luego todos los hijos de Israel, y él les comunicó todo lo que les había mandado Yahvé en la montaña del Sinaí. Cuando Moisés hubo acabado de hablar, se puso un velo sobre el rostro. Al entrar Moisés ante Yahvé para hablar con él, se quitaba el velo hasta que salía; después salía a decir a los hijos de Israel lo que se le había mandado." Los hijos de Israel veían la radiante faz de Moisés, y Moisés volvía después a cubrir su rostro con el velo, hasta que entraba de nuevo a hablar con Yahvé. Convocó Moisés la asamblea de todo Israel, y les dijo: “He aquí lo que Yahvé ha mandado hacer: Seis días trabajaréis, pero el séptimo será para vosotros santo, día de descanso, consagrado a Yahvé. El que en ese día haga un trabajo cualquiera, será castigado con la muerte. El sábado no encenderéis la lumbre en ninguna de vuestras moradas. Moisés habló a toda la asamblea de los hijos de Israel, y les dijo: “He aquí lo que ha mandado Yahvé: Tomad de vuestros bienes para hacer ofrenda a Yahvé. Ofrezcan todos voluntariamente una ofrenda de oro, plata, bronces, jacinto, púrpura, carmesí, lino, pelo de cabrá, pieles de tejón teñidas de rojo y teñidas de jacinto, madera de acacia, aceite para el candelabro, aromas para el óleo de la unción y para el timiama, piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral. Cuantos de vosotros seáis hábiles, vengan para ejecutar todo lo que Yahvé ha mandado: el habitáculo con su tabernáculo, su cubierta, sus anillos, sus tablones, sus travesanos, sus columnas y sus basas;" el arca y sus .barras; el propiciatorio y el velo de separación;" la mesa con sus barras y los panes de la proposición;" el candelabro con sus utensilios, sus lámparas y el aceite para el candelabro;" el altar del timiama y sus barras; el óleo de unción y el timiama aromático; la cortina de la puerta de entrada al habitáculo;" el altar de los holocaustos, su rejilla de bronce, sus barras y todos sus utensilios; la pila y su base;" las cortinas del atrio, sus columnas, sus basas y la cortina para la puerta del atrio;" los clavos del habitáculo y del atrio y sus cuerdas;" las vestiduras sagradas para el servicio del santuario, las vestiduras sagradas para el sacerdote Aarón y las vestiduras de sus hijos para los ministerios sacerdotales.” Una vez que la asamblea de Israel salió de la presencia de Moisés, vinieron todos los de corazón generoso, y todos aquellos a quienes impulsaba su ánimo a ofrecer dones a Yahvé para la obra del tabernáculo del testimonio y todo cuanto para el culto y las vestiduras sagradas era necesario. Vinieron hombres y mujeres, y todos los de ánimo dispuesto ofrecieron pendientes, arillos, anillos, cadenas, brazaletes y toda suerte de objetos de oro, presentando cada uno la ofrenda de oro que dedicaba a Yahvé. Cuantos tenían jacinto, púrpura, carmesí, lino, pelo de cabra y pieles de carnero teñidas de rojo y pieles de tejón, las trajeron. Los que tenían plata o bronce se lo trajeron a Yahvé. Lo mismo hicieron los que tenían madera de acacia para los objetos destinados al culto. Todas las mujeres que tenían habilidad para ello hilaron con sus manos lino, y trajeron su labor, el jacinto, la púrpura, el carmesí, el lino. Todas las mujeres bien dispuestas y que tenían habilidad para ello, hilaron pelo de cabra. Los principales del pueblo trajeron piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral;" aromas y aceite para el candelabro, para el óleo de unción y para el timiama. Todos los hijos de Israel, hombres y mujeres, de corazón bien dispuesto, para contribuir a la obra que Yahvé había mandado hacer a Moisés, trajeron a Yahvé ofrendas voluntarias. Moisés dijo a los hijos de Israel: “Sabed que Yahvé ha elegido a Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá. El le ha llenado del espíritu de Dios, de sabiduría, de entendimiento y de ciencia para toda suerte de obras, para proyectar, para trabajar el oro, la plata y el bronce;" para grabar piedras y engastarlas, para tallar la madera y hacer toda clase de obras de arte. E1 ha puesto en su corazón el don de la enseñanza, así como en el de Oliab, hijo de Ajisemec, de la tribu de Dan. Los ha llenado de inteligencia para ejecutar toda obra de escultura de arte, para tejer en diversos dibujos el jacinto, la púrpura, el carmesí, el lino; para ejecutar toda suerte de trabajos y para proyectar combinaciones." Besalel, Oliab y todos los hombres hábiles, en cuyo corazón había puesto Yahvé inteligencia y se sentían impulsados en su corazón para trabajar en esta obra, hicieron lo destinado al servicio del santuario como Dios se lo había mandado a Moisés. Llamó Moisés a Besalel y a Oliab y a todos los hombres hábiles a quienes había dado Yahvé entendimiento y corazón dispuesto, a ponerse a la obra para realizarla, y ellos tomaron de Moisés los dones que los hijos de Israel habían traído para ejecutar las obras destinadas al servicio del santuario, y cada mañana seguía el pueblo trayendo a Moisés sus voluntarias ofrendas. Pero un día los que hacían las obras para el santuario dejaron el trabajo, y vinieron a decir a Moisés: “El pueblo trae bastante más de lo que se necesita para hacer lo que el Señor ha mandado.” Y Moisés hizo publicar en el campamento que ninguno, hombre o mujer, trajera ya más dones para el santuario, y se impidió al pueblo traer más. Lo reunido bastaba y sobraba para todo lo que había de hacerse. Los hombres hábiles, de los que trabajaron en la obra, hicieron el habitáculo de diez cortinas de hilo torzal, de lino, jacinto, púrpura y carmesí, con querubines, en un artístico tejido. El largo de cada cortina era de veintiocho codos, y el ancho, de cuatro, todas de las mismas medidas. Uniéronse cinco de estas cortinas en un conjunto, y cinco en otro. Se pusieron los lazos del jacinto al borde de la cortina que terminaba el primer conjunto, y lo mismo se hizo al borde de la última cortina del segundo. Cincuenta lazos para la primera cortina y otros cincuenta para el borde de la segunda de la última del segundo conjunto, correspondiendo los lazos unos con otros. Se hicieron cincuenta garfios de oro, con los que se unían unas a otras las cortinas, de modo que el habitáculo hiciera un solo conjunto. Se hicieron los tapices de pelo de cabra, para servir de tabernáculo sobre el habitáculo;" cada uno de treinta codos de largo y cuatro de ancho, todos de la misma medida. Se unieron estos tapices, cinco en una parte y seis en otra. Se pusieron cincuenta lazos en el borde de la cortina que terminaba una parte y cincuenta en el borde de la que terminaba la otra, y cincuenta garfios de bronce para unir las cortinas, de modo que formasen un todo. Se hizo para el tabernáculo una cubierta de pieles de tejón teñidas de rojo, y encima otra de pieles de carnero, teñidas de jacinto. Hiciéronse los tablones para el habitáculo; eran de madera de acacia, para ponerse de pie;" cada uno de diez codos de largo y codo y medio de ancho. Cada tablón tenía dos espigas, cerca una de otra, y así se hicieron todos los tablones del habitáculo. Se hicieron veinte tablones para el habitáculo en el costado del mediodía, hacia el sur. Se pusieron las cuarenta basas de plata debajo de los veinte tablones, dos para cada una, para sus dos espigas. Para el segundo costado, el del norte, se hicieron otros veinte tablones, con sus cuarenta basas de plata, dos para debajo de cada uno. Se hicieron seis tablones para el fondo del habitáculo, al lado de occidente, y dos para los ángulos del habitáculo en el fondo;" eran dobles desde la basa hasta arriba, junto al primer anillo; así se hicieron estos tablones para los dos ángulos." Había, pues, ocho tablones con dieciséis basas, dos bajo cada tablón. Se hicieron cinco travesanos de madera de acacia para los tablones de un costado del habitáculo, cinco para los del otro costado y cinco para los del fondo del lado de occidente. El travesano de en medio se extendía a todo lo largo de los tablones del uno al otro extremo. Se revistieron de oro los tablones y se hicieron de oro los anillos por donde pasaban las barras traveseras, y se revistieron éstas de oro. Se hizo el velo de jacinco, púrpura, carmesí e hilo de lino torzal, con querubines trazados en un artístico tejido. Se hicieron para él cuatro columnas de madera de acacia revestida de oro, con garfios de oro, y se fundieron para ellas cuatro basas de plata. Se hizo para la entrada del tabernáculo un velo de jacinto, púrpura, carmesí e hilo torzal, en tejido de vario dibujo. Se hicieron para este velo cinco columnas con sus garfios, revistiendo de oro los capiteles y los anillos, siendo de bronce las cinco basas. Besalel hizo el arca de madera de acacia, de dos codos y medio de largo, y uno y medio de ancho, y uno y medio de alto. La revistió de oro puro por dentro y por fuera e hizo en ella una moldura todo en derredor. Fundió para ella cuatro anillos de oro, poniéndolos a sus cuatro pies, dos a un lado y dos al otro. Hizo las barras de acacia, y las revistió de oro, y pasó las barras por los anillos de los lados para poder llevarla. Hizo el propiciatorio de oro puro, de dos codos y medio de largo y codo y medio de ancho;" y los dos querubines de oro, de oro batido, haciendo un cuerpo con los dos extremos del propiciatorio;" los dos querubines salían del propiciatorio mismo en sus dos extremos;" tenían las alas desplegadas hacia lo alto y cubrían con ellas el propiciatorio, de cara el uno al otro, y con el rostro vuelto hacia el propiciatorio. Hizo la mesa de madera de acacia, de dos codos y medio de largo, un codo de ancho y codo y medio de alto. La revistió de oro puro, e hizo la moldura todo en derredor. Hizo el reborde de oro, de un codo de alto, y en él una moldura de oro, todo en derredor. Fundió para la mesa cuatro anillos de oro y los puso a los cuatro pies de ella. Los anillos estaban cerca del reborde, y servían para recibir las barras con que transportarla. Hizo las barras de acacia y las revistió de oro; servían para llevar la mesa." Hizo todos los utensilios de la mesa, sus platos, sus cazoletas, sus copas y sus tazas para las libaciones, todo de oro puro. Hizo de oro puro el candelabro, con su pie y su tallo de oro batido; sus cálices, sus globos y sus lirios hacían un cuerpo con él." De su tallo salían seis brazos, tres de un lado y tres de otro. Tenía en el primer brazo tres cálices de flor de almendro figurando un botón que se abre, y otros tres de la misma forma en el segundo brazo, y lo mismo en todos los seis brazos que salían del candelabro. En el talle del candelabro había otros cuatro cálices de flor de almendro figurando un botón que se abre, el primero en el arranque de los dos primeros brazos, el segundo en el arranque de los dos últimos. Los brazos y sus cálices hacían todos un cuerpo con el candelabro, y todo él era una sola masa de oro puro. Hizo siete lámparas con sus despabiladeras y su plato de oro, de oro puro todo. Se empleó para hacer el candelabro y sus utensilios un talento de oro puro. Hizo el altar del timiama, de madera de acacia, de un codo de largo, un codo de ancho y dos codos de alto; sus cuernos hacían con él un solo cuerpo;" le revistió de oro puro por encima, por los lados, todo en derredor y los cuernos, y le adornó con una moldura de oro puro todo en derredor. Por debajo de la moldura colocó los anillos de oro a los dos ángulos, dos en cada lado, para recibir las barras que servían para transportarlo. Hizo las barras de madera de acacia y las revistió de oro. Hizo también el óleo de la unción y el timiama según las reglas del arte de la perfumería. Hizo el altar de los holocaustos de madera de acacia, de cinco codos de largo, cinco de ancho, cuadrado, y tres codos de alto. A los cuatro ángulos hizo los cuernos, formando con él un solo cuerpo, y los revistió de bronce. Hizo todos sus utensilios, los vasos para la ceniza, las palas, las bandejas, los tenedores y los braseros. Todos estos utensilios eran de bronce. Hizo para el altar una rejilla de bronce, a modo de malla, y la colocó debajo de la cornisa del altar, hacia la mitad de él, por debajo. Fundió cuatro anillos para las cuatro puntas de la rejilla de bronce, para recibir las barras. Hizo las barras de madera de acacia y las revistió de bronce, y pasó las barras por los anillos a los dos lados del altar, para transportarlo. Lo hizo hueco, en tableros. Hizo el pilón de bronce, con los espejos de las mujeres que velaban a la entrada del tabernáculo de la reunión. Hizo el atrio. Las cortinas del atrio para el lado del mediodía eran de lino torzal y de cien codos de largo. Había veinte columnas con sus veinte basas de bronce. Los garfios de las columnas y sus anillos eran de plata. Del lado del norte había cien codos de cortina con veinte columnas y sus veinte basas de bronce. Los garfios de las columnas y los anillos eran de plata. Del lado de occidente había cincuenta codos de cortina y diez columnas con sus diez basas. Los corchetes de las columnas y sus garfios eran de plata. En el lado de delante, al oriente, había cincuenta codos;" quince codos de cortina de una parte y tres columnas con sus basas, y quince codos de cortina de la otra, con tres columnas y tres basas; una parte a un lado de la entrada del atrio, la otra al otro." Todas las cortinas que cerraban el atrio eran de hilo torzal de lino;" las basas de las columnas, de bronce; los garfios y los anillos, de plata, y los capiteles estaban revestidos de plata." La cortina de la entrada del atrio estaba tejida en vario dibujo, en hilo torzal, jacinto, púrpura y carmesí; era de veinte codos de largo y cinco de alto en lo ancho, según la medida de las otras cortinas del atrio." Sus cuatro columnas y sus cuatro basas, de bronce; los garfios y los anillos, de plata, y los capiteles, revestidos de plata." Todos los clavos para el habitáculo y el recinto del atrio eran de bronce. He aquí el cómputo de lo empleado para el habitáculo; el habitáculo del testimonio, hecho por los levitas de orden de Moisés y bajo la dirección de Itamar, hijo del sacerdote Aarón." Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá, hizo cuanto Yahvé había mandado a Moisés, teniendo por ayudante a Oliab, hijo de Ajisemec, de la tribu de Dan, hábil escultor, dibujante, para tejido en varios dibujos en jacinto, púrpura y carmesí, de lino torzal. El total de oro empleado en la obra del santuario, producto de las ofrendas, veintinueve talentos con setecientos treinta siclos al peso del siclo del santuario. La plata de los de la asamblea que fueron incluidos en el censo se elevó a cien talentos y mil setecientos setenta y cinco siclos al peso del siclo del santuario. Era una beca por cabeza, medio siclo, según el siclo del santuario, para cada hombre comprendido en el censo, de veinte años para arriba, o sea, de seiscientos tres mil quinientos cincuenta. Los cien talentos de plata se emplearon para fundir las basas del santuario, las del velo; cien talentos, un talento por basa." Con los mil setecientos setenta y cinco siclos se hicieron los garfios para las columnas y se revistieron los capiteles. El bronce ofrendado subió a setenta talentos y dos mil cuatrocientos siclos. De él se hicieron las basas de la entrada del tabernáculo de la reunión, el altar de bronce, con su rejilla, y todos sus utensilios;" las basas del recinto del atrio y las de la puerta, y todas las otras piezas de bronce del habitáculo y del recinto del atrio. Con el jacinto, la púrpura y el carmesí se hicieron también las vestiduras sagradas para el ministerio del santuario; las vestiduras sagradas de Aarón, como lo había mandado Yahvé:" el efod, de oro, hilo torzal de lino, jacinto, púrpura y carmesí en obra plumaria. Laminó el oro y cortó las láminas en hilos para entretejerlos con el jacinto, la púrpura y el carmesí en obra plumaria;" las dos hombreras que unían una a la otra las dos bandas por dos extremos;" el cinturón del efod que éste lleva unido y es del mismo tejido, oro, jacinto, púrpura y carmesí. Talló dos piedras de ónice, encerradas en dos cápsulas de oro, para el engaste, y con los nombres de los hijos de Israel grabados según el arte de los grabadores de sellos;" y las puso a las hombreras del efod, para memoria de los hijos de Israel, como a Moisés se lo mandó Yahvé. Se hizo el pectoral, artísticamente trabajado, del mismo tejido del efod, oro, jacinto y púrpura y carmesí, en hilo torzal de lino. Era cuadrado y doble, de un palmo de largo y uno de ancho. Se le guarneció de cuatro filas de piedras; en la primera fila, una sardónice, un topacio y una esmeralda;" en la segunda, un rubí, un zafiro y un diamante;" en la tercera, un ópalo, un ágata y una amatista;" y en la cuarta, un crisólito, una ónice y un jaspe. Las piedras estaban engastadas en cápsulas de oro y correspondían a los nombres de los hijos de Israel, las doce según sus nombres, grabados en ellas como se graban los sellos, un nombre en cada una. Se hicieron para el pectoral cadenillas de oro torcidas en forma de cordones;" dos cápsulas de oro y dos anillos de oro, y se pusieron los anillos a los extremos superiores del pectoral. Se pasaron los dos cordones de oro por los dos anillos de los extremos del pectoral a las dos cápsulas colocadas delante de las hombreras del efod. Se fijaron estos dos cordones a las dos cápsulas puestas en las hombreras del efod. Se hicieron otros dos anillos de oro, que se pusieron en los dos extremos inferiores del pectoral, a la parte baja del efod por de fuera;" se hicieron otros dos anillos de oro, que se pusieron en las dos hombreras del efod, abajo, en la parte delantera, cerca de la juntura, por encima del cinturón del efod, y fijaron el pectoral, uniéndose por sus anillos a los anillos del efod con una cinta de jacinto, para que se sostuviese el pectoral sobre la cintura del efod, sin separarse de él, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. Se hizo la sobretúnica del efod, toda de una pieza, tejida en jacinto. Tenía en medio una abertura semejante a la de una cota y con un reborde todo en torno para que no se rasgase. Se pusieron en la orla inferior granadas de jacinto, de púrpura y carmesí, en hilo de lino torzal, y se hicieron las campanillas de oro puro, poniéndolas entre las granadas en el borde inferior de la vestidura, todo en derredor, una campanilla y una granada, una campanilla y una granada, en el borde de la vestidura todo en derredor, para el ministerio, como se lo había mandado Yahvé a Moisés. Se hicieron las túnicas de lino tejidas de Aarón y sus hijos;" las tiaras de lino para el ministerio; los calzones de hilo torzal de lino;" el cinturón de torzal de lino, jacinto, púrpura y carmesí en tejido plumario, como se lo había mandado Yahvé a Moisés. Hicieron de oro puro la lámina, la diadema sagrada, y grabaron en ella, como se graban los sellos, “Santidad de Yahvé,” y se la ató como una cinta de jacinto a la tiara, arriba, como se lo había mandado Yahvé a Moisés. Así se acabó toda la obra del habitáculo y del tabernáculo de la reunión, y los hijos de Israel hicieron todo lo que Yahvé había mandado a Moisés, así lo hicieron. Presentaron a Moisés el habitáculo, el tabernáculo y todos los objetos que hacían parte de ellos, los garfios, las tablas, los travesanos, las columnas, las basas, la cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo, la cubierta de pieles de tejón y el velo de separación, el arca del testimonio con sus barras y el propiciatorio;" la mesa con todos sus utensilios, y los panes de la proposición;" el candelabro de oro puro con sus lámparas; las lámparas que habían de ponerse en él; todos sus utensilios y el aceite para las lámparas;" el altar de oro, el óleo de la unción y el timiama; el velo para la entrada del tabernáculo;" el altar de bronce y la rejilla de bronce, sus barras y todos sus utensilios; la pila con su base;" las cortinas del atrio, sus columnas, sus basas; la cortina de la entrada del atrio, sus cuerdas y sus clavos] y todos los utensilios para el servicio del habitáculo, para el tabernáculo de la reunión;" las vestiduras sagradas para el servicio del santuario, las del sacerdote Aarón y las de sus hijos para las funciones sacerdotales. Los hijos de Israel habían hecho todas sus obras conforme a lo que Yahvé había mandado a Moisés. Moisés lo examinó todo, viendo lo que habían hecho, y todo lo habían hecho como Yahvé se lo había mandado, y Moisés los bendijo. Yahvé habló a Moisés, diciendo: “El día primero del mes prepararás el habitáculo y el tabernáculo de la reunión, y pondrás en él el arca del testimonio y la cubrirás con el velo;" llevarás la mesa y dispondrás lo que en ella se ha de poner; llevarás el candelabro y colocarás en él las lámparas;" pondrás el altar de oro para el timiama delante del arca del testimonio, y el habitáculo del tabernáculo de la reunión. Pondrás el altar de los holocaustos delante de la entrada del tabernáculo de la reunión. Pondrás la pila entre el tabernáculo de la reunión y el altar y echarás agua en ella: alzarás el atrio en torno y pondrás la cortina a la entrada del atrio. Tomarás óleo de unción, ungirás el habitáculo y cuanto en él se contiene; lo consagrarás con todos los utensilios, y será santo;" ungirás el altar de los holocaustos y todos sus utensilios; consagrarás el altar y será santísimo;" ungirás la pila con su base y la consagrarás. Harás avanzar a Aarón y a sus hijos cerca de la entrada del tabernáculo y los lavarás en el agua, y luego revestirás a Aarón de sus vestiduras sagradas, y será sacerdote a mi servicio;" harás acercar a sus hijos y, después de revestirlos de sus túnicas, los ungirás como ungiste al padre, y serán sacerdotes a mi servicio. Esta unción los ungirá sacerdotes perpetuamente entre sus descendientes.” Moisés hizo todo lo que le ordenaba Yahvé; como se lo ordenó, así lo hizo." El día primero del año segundo fue alzado el tabernáculo;" Moisés lo alzó, puso los tablones, las barras, los travesanos, y alzó las columnas;" extendió el tabernáculo sobre el habitáculo y puso por encima la cubierta del tabernáculo, como se lo había mandado Yahvé a Moisés. Tomó el testimonio y lo puso dentro del arca, y puso las barras del arca, y encima de ella el propiciatorio. Llevó el arca al habitáculo, y, habiendo colocado el velo de separación, ocultó el arca del testimonio, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. Puso la mesa en el tabernáculo de la reunión al lado norte del habitáculo, por fuera del velo, y dispuso en ella los panes, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. Puso el candelabro en el tabernáculo de la reunión, frente por frente de la mesa, al lado meridional del habitáculo, y colocó en él las lámparas, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. Puso el altar de oro en el tabernáculo de la reunión, delante del velo, y quemó sobre él el timiama, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. Puso la cortina a la entrada del habitáculo. Colocó el altar de los holocaustos a la entrada del habitáculo, y ofreció el holocausto y la oblación, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. Puso el pilón entre el tabernáculo de la reunión y el altar, y echó agua en él para las abluciones;" Moisés, Aarón y sus hijos se lavaron en él las manos y pies. Siempre que entraban en el tabernáculo de la reunión para acercarse al altar, se lavaban, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. Alzó el atrio en torno del habitáculo y del altar, y puso la cortina a la entrada del atrio. Así acabó Moisés su obra. Entonces la nube cubrió el tabernáculo de la reunión, y la gloria de Yahvé llenó el habitáculo. Moisés no pudo ya entrar en el tabernáculo de la reunión, porque estaba encima la nube, y la gloria de Yahvé llenaba el habitáculo. Todo el tiempo que los hijos de Israel hicieron sus marchas, se ponían en movimiento cuando se alzaba la nube sobre el tabernáculo;" y si la nube no se alzaba, no marchaban hasta el día que se alzaba. Pues la nube de Yahvé se posaba durante el día sobre el tabernáculo, y durante la noche la nube se hacía ígnea a la vista de todos los hijos de Israel, todo el tiempo que duraron sus marchas. Llamó Yahvé a Moisés y le habló desde el tabernáculo de la reunión, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: Quien de vosotros ofreciera a Yahvé una ofrenda de reses, ofrecerá ganado mayor o ganado menor. Si su ofrenda es de holocausto de ganado mayor, será de un macho inmaculado; lo traerá a la puerta del tabernáculo del testimonio, para que sea grato a Yahvé;" pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima, y será aceptada ésta para expiación suya, e inmolará la res ante Yahvé. Los sacerdotes, hijos de Aarón, llevarán la sangre y la derramarán en torno al altar que está a la entrada del tabernáculo de la reunión. Desollarán el holocausto y lo descuartizarán. Los hijos del sacerdote Aarón pondrán fuego en el altar y dispondrán la leña sobre el fuego, y ordenarán sobre ella los trozos con la cabeza y lo pegado al hígado, las entrañas y las patas, lavadas antes en agua, y todo lo quemará el sacerdote sobre el altar. Es holocausto, ofrenda encendida de suave olor a Yahvé. Si la ofrenda es de ganado menor, holocausto de oveja o de cabra, ofrecerá un macho inmaculado, y lo inmolará al lado del altar que mira al norte ante Yahvé; y los sacerdotes, hijos de Aarón, derramarán la sangre en torno del altar." Lo descuartizarán, y con la cabeza y el sebo lo dispondrá el sacerdote sobre la leña encendida del altar. Las entrañas y las patas se lavarán en agua, y todo lo quemará el sacerdote sobre el altar. Es holocausto, ofrenda encendida de suave olor a Yahvé. Si la ofrenda a Yahvé fuere un holocausto de aves, ofrecerá tórtolas o pichones. El sacerdote llevará la víctima al altar y, quitándole la cabeza, la quemará en el altar; la sangre la dejará correr sobre un lado del altar;" los intestinos con sus excrementos los tirará junto al altar, al lado de oriente, en el lugar donde se echa la ceniza. Le romperá las alas, y sin separarlas del todo, el sacerdote la quemará sobre la leña encendida en el altar. Es holocausto, ofrenda encendida de suave olor a Yahvé.” Quien ofrezca a Yahvé una oblación de ofrenda incruenta, su oblación será de flor de harina, sobre la cual habrá derramado aceite y pondrá incienso. La llevará al sacerdote de los hijos de Aarón, quien, tornando un puñado de harina con aceite y todo el incienso, lo quemará sobre el altar, como combustión, en memoria, en olor suave a Yahvé. Lo que resta de la oblación será para Aarón y sus hijos, santísimo de las combustiones a Yahvé. Si ofrecieres oblación de cosas cocidas al horno, será de pastas de flor de harina, sin levadura, amasadas con aceite o untadas con aceite, sin levadura. Si la oblación fuera de frisuelos fritos en sartén, será de flor de harina amasada con aceite, sin levadura;" la partirás en trozos y echarás aceite encima; es una oblación." Si la oblación fuere de cosa cocida en la parrilla, será de flor de harina amasada con aceite. Llevarás la oblación hecha de estas cosas a Yahvé, y la entregarás al sacerdote, quien la presentará ante el altar, y, al ofrecerla, tomará de la oblación la memoria, y la quemará sobre el altar. Es sacrificio, ofrenda encendida en olor de suavidad a Yahvé. El resto será de Aarón y sus hijos, santísimo de las oblaciones a Yahvé. Toda oblación que ofrezcáis a Yahvé ha de ser sin levadura, pues nada fermentado ni que contenga miel ha de quemarse en el sacrificio a Yahvé. Podréis, sí, presentarlo como ofrenda de primicias, pero no se pondrá sobre el altar como ofrenda de suave olor. A toda oblación que presentes, le pondrás sal; no dejarás que a tu ofrenda le falte la sal de la alianza de Yahvé; en todas tus ofrendas ofrecerás sal." Si hicieres a Yahvé una oblación de primicias, la harás de espigas tostadas al fuego y hechas una pasta. Así ofrecerás la oblación de tus primicias, y derramarás aceite sobre ella, y pondrás encima incienso. Es una oblación. De ella quemará el sacerdote el memorial, una parte de la pasta en aceite y todo el incienso. Es combustión de Yahvé. Quien ofreciere un sacrificio “pacífico,” si lo ofreciere de ganado mayor, macho o hembra, sin defecto lo ofrecerá a Yahvé. Pondrá la mano sobre la cabeza de la víctima y la degollará a la entrada del tabernáculo de la reunión; y los sacerdotes, hijos de Aarón, derramarán la sangre en torno del altar." De este sacrificio pacífico ofrecerá a Yahvé en combustión el sebo que envuelve las entrañas y cuanto hay sobre ellas, los dos ríñones, con el sebo que los recubre, y el que hay entre los ríñones y los lomos, y el que hay en el hígado sobre los ríñones, y lo quemarán los hijos de Aarón en el altar, encima del holocausto puesto sobre la leña encendida. Es sacrificio de combustión de suave olor a Yahvé. Si lo que ofrece es ganado menor, macho o hembra, en sacrificio pacífico a Yahvé, lo ofrecerá inmaculado. Si es cordero, lo presentará ante Yahvé, pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima y la degollará ante el tabernáculo de la reunión. Los hijos de Aarón derramarán la sangre en torno del altar. De este sacrificio pacífico ofrecerán a Yahvé en combustión la cola toda entera, que se cortará desde la rahadilla; el sebo que envuelve las entrañas y cuanto hay sobre ellas," los dos ríñones, el sebo que lo recubre y el que hay entre ellos y los lomos, y la redecilla del hígado sobre los ríñones, El sacerdote lo quemará sobre el altar. Es alimento de combustión a Yahvé. Si ofreciera una cabra, la presentará a Yahvé, pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima y la degollará a la entrada del tabernáculo de la reunión, y los hijos de Aarón derramarán la sangre en torno del altar. De la víctima se tomará, para ofrecer oblación de combustión a Yahvé, el sebo que cubre las entrañas y cuanto hay sobre ellas, los dos ríñones, con el sebo que los recubre, y el que hay entre ellos y los lomos, y la redecilla del hígado sobre los ríñones. El sacerdote lo quemará sobre el altar, alimento de combustión de suave olor a Yahvé. Todo el sebo pertenece a Yahvé. Esta es una ley perpetua para vuestros descendientes dondequiera que habitéis. Vosotros no comeréis ni sebo ni sangre. Yahvé habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Si pecare alguno por ignorancia, haciendo algo contra cualquiera de los mandatos prohibitivos de Yahvé e hiciera alguna de estas cosas: si es el sacerdote ungido el que peca, haciendo así culpable al pueblo, ofrecerá a Yahvé por su pecado un novillo sin defecto en sacrificio expiatorio. Llevará el novillo a la entrada del tabernáculo de la reunión ante Yahvé, y, después de poner la mano sobre la cabeza, lo degollará ante Yahvé. El sacerdote ungido tomará la sangre del novillo y la llevará al tabernáculo de la reunión, y, mojando un dedo en la sangre, hará siete aspersiones ante Yahvé hacia el velo del santuario;" untará de ella los cuernos del altar de los perfumes y derramará todo el resto de la sangre del novillo en torno del altar de los holocaustos, que está a la entrada del tabernáculo de la reunión. Tomará luego el sebo del novillo sacrificado por el pecado, el sebo que cubre las entrañas y cuanto hay sobre ellas, los dos ríñones con el sebo que los cubre, y el que hay entre ellos y los lomos, y la redecilla del hígado sobre los ríñones, como se coge en el novillo del sacrificio pacífico, y lo quemará en el altar de los holocaustos. La piel del novillo, sus carnes, la cabeza, las patas, las entrañas y los excrementos, lo llevará todo fuera del campamento a un lugar puro, donde se tiran las cenizas, y lo quemará sobre la leña. Se quemará en el lugar donde se tiran las cenizas. Si fuera la asamblea toda del pueblo la que por ignorancia pecare, sin darse cuenta, haciendo algo que los mandatos de Yahvé prohíben, incurriendo así en culpa, al darse cuenta la asamblea del pecado cometido, ofrecerá en sacrificio expiatorio un novillo, que se llevará a la entrada del tabernáculo de la reunión. Los ancianos de la asamblea pondrán sus manos sobre la cabeza del novillo y le degollarán ante Yahvé;" el sacerdote ungido llevará la sangre del novillo ante Yahvé en el tabernáculo de la reunión, y, mojando su dedo en la sangre, aspergerá siete veces ante Yahvé en el tabernáculo de la reunión, y la derramará al pie del altar de los holocaustos, que está a la entrada del tabernáculo de la reunión. Luego tomará todo el sebo del novillo y lo quemará en el altar, haciendo con este novillo como con el novillo anterior. Así los expiará el sacerdote y les será perdonado. Llevará el novillo fuera del campamento y lo quemará como el anterior. Este es el sacrificio por el pecado de la asamblea de los hijos de Israel. Si el que pecó es un jefe del pueblo, haciendo por ignorancia algo de lo que los mandamientos de Yahvé, su Dios, prohiben, incurriendo así en culpa, al darse cuenta del pecado cometido, llevará como ofrenda un macho cabrío sin defecto;" pondrá su mano sobre la cabeza y lo degollará en el lugar donde se degüellan los holocaustos a Yahvé; es sacrificio por el pecado." El sacerdote mojará su dedo en la sangre de la víctima y untará de ella los cuernos del altar de los holocaustos, y la derramará al pie del altar. Después quemará todo el sebo en el altar, como se quema en los sacrificios pacíficos. Así le expiará el sacerdote de su pecado, y le será perdonado. Si el que por ignorancia pecó es uno del pueblo, haciendo algo que Yahvé ha prohibido hacer, e incurriendo así en culpa, al caer en la cuenta de su pecado, llevará en ofrenda una cabra sin defecto, hembra, por el pecado cometido;" pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima por el pecado y la degollará en el lugar donde se ofrecen los holocaustos. El sacerdote mojará su dedo en la sangre de la víctima, untará en ella los cuernos del altar de los holocaustos y la derramará al pie del altar. Después, tornando el sebo, como en el sacrificio pacífico, lo quemará en el altar en suave olor a Yahvé. Así le expiará el sacerdote, y le será perdonado. Si lo que ofrece en sacrificio por el pecado es un cordero, llevará una cordera sin defecto, pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima por el pecado y la degollará en sacrificio de expiación en el lugar donde se ofrecen los holocaustos. El sacerdote mojará su dedo en la sangre de la víctima y untará de ella los cuernos del altar de los holocaustos, y derramará la sangre al pie del altar. Después, tornando el sebo, como en el sacrificio pacífico, lo quemará en el altar sobre las combustiones de Yahvé. Así le expiará el sacerdote por el pecado cometido, y le será perdonado. Si uno pecare oyendo a otro imprecar, y siendo testigo de la imprecación, porque lo vio o de otro modo lo conoció, y, sin embargo, no lo denunció, contrayendo así reato, o si tocare sin darse cuenta algo impuro, sea el cadáver impuro de una bestia, sea el cadáver impuro de un reptil, haciéndose impuro él mismo y contrayendo reato, o tocare, sin darse cuenta, cualquiera impureza humana, dándose cuenta de ello después, contrayendo así reato;" o vanamente jurare de ligero hacer algo, de mal o de bien, de lo que uno suele jurar vanamente, sin darse cuenta, y cae después en ella, el que de uno de estos modos incurre en reato, por el reato de uno de estos modos contraído, confesará su pecado, ofrecerá a Yahvé por su pecado una hembra de ganado menor, oveja o cabra, y el sacerdote le expiará de su pecado. Si no pudiese ofrecer una res, ofrecerá a Yahvé dos tórtolas o dos pichones, uno por el pecado y otro en holocausto, y los llevará al sacerdote, que ofrecerá primero el que es por el pecado, quitándole la cabeza sin separarla del todo, y haciendo con la sangre la aspersión de un lado del altar, dejando que el resto fluya al pie del altar; es sacrificio por el pecado." Después el otro lo ofrecerá en holocausto, según suele hacerse, y así hará el sacerdote la expiación del pecado cometido, y le será perdonado, Si tampoco pudiera ofrecer dos tórtolas o dos pichones, llevará en ofrenda por su pecado un décimo de “efah” de flor de harina como ofrenda por su pecado; no pondrá en ella ni aceite ni incienso, porque es ofrenda por el pecado," lo llevará al sacerdote, quien, tomando un puñado para memorial, lo quemará en el altar sobre las combustiones de Yahvé; así es ofrenda por el pecado." Así le expiará el sacerdote por el pecado cometido en una de aquellas tres cosas, y le será perdonado. El resto será para el sacerdote, como en la oblación. Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Si uno por ignorancia prevaricase, pecando contra las cosas santas que son de Yahvé, ofrecerá por el delito un carnero sin defecto, tomado del ganado, estimado en siclos, según el peso del siclo del santuario, y restituirá el daño causado, con el recargo de un quinto, entregándolo al sacerdote, quien hará por él la expiación del reato, y le será perdonado. Si uno pecare por ignorancia, haciendo sin darse cuenta algo de lo prohibido por Yahvé, contrayendo reato y llevando sobre sí la iniquidad, traerá al sacerdote un carnero sin defecto del ganado, según la cuantía del pecado. El sacerdote le expiará por el pecado cometido por ignorancia, y le será perdonado. Este es sacrificio por el delito, pues se hizo reo de delito contra Yahvé.” Este es sacrificio por el delito, pues se hizo reo de delito contra Yahvé.” [ (Leviticus 5:20) Habló Yahvé a Moisés, diciendo: ] Este es sacrificio por el delito, pues se hizo reo de delito contra Yahvé.” [ (Leviticus 5:20) Habló Yahvé a Moisés, diciendo: ] [ (Leviticus 5:21) “El que con desprecio a Yahvé pecare, negando a uno de su pueblo un depósito, una prenda puesta en sus manos, que injustamente se apropió, o con violencia le quitase algo, ] Este es sacrificio por el delito, pues se hizo reo de delito contra Yahvé.” [ (Leviticus 5:20) Habló Yahvé a Moisés, diciendo: ] [ (Leviticus 5:21) “El que con desprecio a Yahvé pecare, negando a uno de su pueblo un depósito, una prenda puesta en sus manos, que injustamente se apropió, o con violencia le quitase algo, ] [ (Leviticus 5:22) o se apropiase algo perdido que encontró, y más si perjurase en cualquiera de estas cosas en que los hombres suelen perjurar, ] Este es sacrificio por el delito, pues se hizo reo de delito contra Yahvé.” [ (Leviticus 5:20) Habló Yahvé a Moisés, diciendo: ] [ (Leviticus 5:21) “El que con desprecio a Yahvé pecare, negando a uno de su pueblo un depósito, una prenda puesta en sus manos, que injustamente se apropió, o con violencia le quitase algo, ] [ (Leviticus 5:22) o se apropiase algo perdido que encontró, y más si perjurase en cualquiera de estas cosas en que los hombres suelen perjurar, ] [ (Leviticus 5:23) pecando y contrayendo reato, restituirá íntegramente a su dueño lo robado, defraudado, confiándole en depósito lo encontrado y negado, ] Este es sacrificio por el delito, pues se hizo reo de delito contra Yahvé.” [ (Leviticus 5:20) Habló Yahvé a Moisés, diciendo: ] [ (Leviticus 5:21) “El que con desprecio a Yahvé pecare, negando a uno de su pueblo un depósito, una prenda puesta en sus manos, que injustamente se apropió, o con violencia le quitase algo, ] [ (Leviticus 5:22) o se apropiase algo perdido que encontró, y más si perjurase en cualquiera de estas cosas en que los hombres suelen perjurar, ] [ (Leviticus 5:23) pecando y contrayendo reato, restituirá íntegramente a su dueño lo robado, defraudado, confiándole en depósito lo encontrado y negado, ] [ (Leviticus 5:24) o aquello sobre que falsamente juró, con el recargo de un quinto del valor, el día de su sacrificio por el delito, ] Este es sacrificio por el delito, pues se hizo reo de delito contra Yahvé.” [ (Leviticus 5:20) Habló Yahvé a Moisés, diciendo: ] [ (Leviticus 5:21) “El que con desprecio a Yahvé pecare, negando a uno de su pueblo un depósito, una prenda puesta en sus manos, que injustamente se apropió, o con violencia le quitase algo, ] [ (Leviticus 5:22) o se apropiase algo perdido que encontró, y más si perjurase en cualquiera de estas cosas en que los hombres suelen perjurar, ] [ (Leviticus 5:23) pecando y contrayendo reato, restituirá íntegramente a su dueño lo robado, defraudado, confiándole en depósito lo encontrado y negado, ] [ (Leviticus 5:24) o aquello sobre que falsamente juró, con el recargo de un quinto del valor, el día de su sacrificio por el delito, ] [ (Leviticus 5:25) y ofrecerá a Yahvé en sacrificio por el delito un carnero sin defecto de la grey, según su estimación, y lo llevará al sacerdote;" ] Este es sacrificio por el delito, pues se hizo reo de delito contra Yahvé.” [ (Leviticus 5:20) Habló Yahvé a Moisés, diciendo: ] [ (Leviticus 5:21) “El que con desprecio a Yahvé pecare, negando a uno de su pueblo un depósito, una prenda puesta en sus manos, que injustamente se apropió, o con violencia le quitase algo, ] [ (Leviticus 5:22) o se apropiase algo perdido que encontró, y más si perjurase en cualquiera de estas cosas en que los hombres suelen perjurar, ] [ (Leviticus 5:23) pecando y contrayendo reato, restituirá íntegramente a su dueño lo robado, defraudado, confiándole en depósito lo encontrado y negado, ] [ (Leviticus 5:24) o aquello sobre que falsamente juró, con el recargo de un quinto del valor, el día de su sacrificio por el delito, ] [ (Leviticus 5:25) y ofrecerá a Yahvé en sacrificio por el delito un carnero sin defecto de la grey, según su estimación, y lo llevará al sacerdote;" ] [ (Leviticus 5:26) el sacerdote hará por él la expiación ante Yahvé, y le será perdonado el delito de que se hizo reo.” ] Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Manda a Aarón y a sus hijos y diles: Esta es la ley del holocausto; el holocausto arderá sobre el hogar del altar de la noche a la mañana, y el fuego del altar se tendrá siempre encendido." El sacerdote, revestido de la túnica de lino y puestos sobre su carne los calzones de lino, quitará la ceniza que deje el fuego que consumió el holocausto, y la pondrá al lado del altar;" luego, quitándose esas vestiduras y poniéndose otras, llevará la ceniza fuera del campamento a un lugar puro, El fuego arderá siempre en el altar, sin apagarse; el sacerdote lo alimentará con leña todas las mañanas, pondrá sobre ella el holocausto y quemará allí el sebo de los sacrificios pacíficos." Es fuego perenne que ha de arder en el altar sin apagarse.” Esta es la ley de la oblación: “Los hijos de Aarón los presentarás a Yahvé ante el altar. El sacerdote tomará un puñado de flor de harina con su aceite y todo el incienso puesto sobre la ofrenda, y lo quemará en el altar, en olor de suavidad, como memorial a Yahvé. Lo que resta de la ofrenda lo comerán Aarón y sus hijos. Lo comerán sin levadura, en lugar santo, en el atrio del tabernáculo de la reunión. No se cocerá con levadura. Es la parte que yo les destino de mis ofrendas de combustión; cosa santísima, como el sacrificio por el pecado y el sacrificio por el delito," Lo comerán los varones hijos de Aarón. Es ley perpetua para vuestros descendientes sobre las ofrendas hechas a Yahvé por el fuego. Quienquiera que la toque se santificará.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “He aquí la ofrenda que han de hacer Aarón y sus hijos el día de su unción: un décimo de “efah” de flor de harina, como oblación perpetua, la mitad por la mañana y la mitad por la tarde. Se freirá en la sartén, amasada con aceite, y la ofrecerá caliente en suave olor a Yahvé. Es la ley perpetua ante Yahvé; toda se quemará." Toda oblación de sacerdote se quemará toda, no se comerá.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Di a Aarón y a sus hijos: Esta es la ley del sacrificio por el pecado. Se inmolará donde se inmola ante Yahvé el holocausto. Es cosa santísima. El sacerdote que la ofrece, la comerá en lugar santo, en el atrio del tabernáculo de la reunión. Quienquiera que tocare la carne, se santificará. Si la sangre mojara alguna vestidura, será lavada en lugar santo. La vasija en que se cueza, si es de barro, se romperá; si es de bronce, se fregará, y lavará en agua." La comerán los varones de los sacerdotes; es cosa santísima." Pero no se comerá nunca víctima expiatoria cuya sangre se haya de llevar al tabernáculo de la reunión para hacer la expiación del santuario; será quemada al fuego.” -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- Esta es la ley del sacrificio por el delito. Es cosa santísima. La víctima del sacrificio por el delito será degollada en el lugar donde se degüella el holocausto. La sangre se derramará en torno del altar. Se ofrecerá todo el sebo, la cola, el sebo que recubre las entrañas, los dos ríñones con el sebo que los recubre, y el que hay entre los ríñones y los lomos, y la redecilla del hígado sobre los ríñones. El sacerdote lo quemará en el altar. Es combustión de Yahvé, víctima por el delito. Comerán la carne los varones de entre los sacerdotes, en lugar santo; es cosa santísima." Como el sacrificio por el pecado, así será el sacrificio por el delito. La ley para uno y para otro es la misma. La víctima será del sacerdote que la ofrezca. Del sacerdote que ofrezca un holocausto será la piel de la víctima que ha ofrecido. Toda oblación cocida al horno, en sartén o en cazuela, será del sacerdote que la ofrece. Toda ofrenda amasada con aceite o seca será para los hijos de Aarón, para todos.” He aquí la ley del sacrificio pacífico que se ofrece a Yahvé: Si se ofrece en acción de gracias, con la víctima eucarística ofrecerán panes ácimos amasados con aceite, tortas ácimas untadas de aceite, frisuelos de flor de harina amasada en aceite. También podrán ofrecerse con la víctima del sacrificio pacífico, ofrecido en acción de gracias, panes fermentados. De cada una de estas ofrendas se presentará por elevación una pieza, reservada a Yahvé, que será del sacerdote que haya hecho la aspersión de la sangre de la víctima pacífica. La carne de la víctima del sacrificio pacífico eucarístico se comerá el día mismo que se ofrece, sin dejar nada para el día siguiente. Si la víctima se ofrece en cumplimiento de un voto, o como ofrenda voluntaria, se comerá el día en que se ofrece, y lo que reste se comerá el día siguiente; pero si algo queda para el tercer día, se quemará." Si alguno comiera carne del sacrificio pacífico el día tercero, el sacrificio no será aceptado, no se le computará al que le ofreció, sino que será abominación, y el que así comió contraerá reato. La carne que haya tocado una cosa impura no se la comerá, se quemará. La carne podrá comerla quienquiera que esté puro; pero el que, estando impuro, comiera la carne de la víctima pacífica ofrecida a Yahvé, será borrado de su pueblo," y todo aquel que tocare inmundicia de hombre, de animal o de cualquiera otra abominación inmunda, y comiera de esta carne, será borrado de su pueblo. Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: No comeréis sebo de buey, de oveja ni de cabra. Del sebo de un animal muerto o destrozado por una alimaña podréis serviros para cualquier uso, pero de ninguna manera lo comeréis. Y quienquiera que comiere sebo de animales de los que se ofrecen a Yahvé en holocausto, será borrado de su pueblo. No comeréis sangre, ni de ave ni de bestia, en ninguno de los lugares en que habitéis. El que comiere sangre de cualquier especie, será borrado de su pueblo.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: El que ofreciere a Yahvé una víctima pacífica, traerá él mismo a Yahvé el don de su hostia pacífica, tomará con sus manos el sebo de la víctima y el pecho, balanceando éste ante Yahvé;" el sacerdote quemará el sebo ante el altar, y el pecho será para Aarón y sus hijos. Daréis también al sacerdote el pernil derecho, como ofrenda reservada de vuestras hostias pacíficas. El pernil derecho será de aquel, entre los hijos de Aarón, que ofrezca la sangre del sacrificio pacífico y la grasa como porción, pues yo me he reservado de las víctimas pacíficas de los hijos de Israel el pecho del balanceo y el pernil de la elevación para dárselos a Aarón y a sus hijos, como ley perpetua para los hijos de Israel. Esa es la parte de Aarón y de sus hijos en las combustiones a Yahvé desde el día en que fueron promovidos a ejercer ante mí el sacerdocio;" por eso ha mandado Yahvé a los hijos de Israel dársela desde el día de su unción, y será ley perpetua de generación en generación.” Tal es la ley del holocausto y de la ofrenda del sacrificio por el pecado y por el delito, del sacrificio de consagración y del sacrificio pacífico, que dio Yahvé a Moisés en el monte Sinaí el día en que mandó a los hijos de Israel que ofrecieran sus oblaciones a Yahvé en el desierto del Sinaí. Habló Yahvé a Moisés, diciendo: “Toma a Aarón y con él a sus hijos, las vestiduras, el óleo de la unción, el novillo para el sacrificio por el pecado, los dos carneros y el cestillo de panes ácimos, y convoca toda la asamblea a la entrada del tabernáculo de la reunión.” Hizo Moisés lo que le mandaba Yahvé, y, reunida la asamblea a la entrada del tabernáculo de la reunión, les dijo Moisés: “He aquí lo que Yahvé ha mandado hacer.” Después hizo que se acercaran Aarón y sus hijos, y los lavó con agua. Vistió a Aarón la túnica, se la ciñó, le vistió la sobreveste y el “efod” y le ciñó con el cinturón del “efod,” atándoselo;" le puso el pectoral con el “urim” y el “tummin,” cubrió su cabeza con la tiara, poniendo en la parte anterior de ella la diadema de oro, la diadema de santidad, como le había mandado Yahvé;" y, tomando luego el óleo de la unción, ungió el tabernáculo y cuanto en él había, y lo consagró. Asperjó siete veces el altar y lo ungió con todos sus utensilios, como también la pila y su base, y los consagró. Derramó el óleo de unción sobre la cabeza de Aarón, y le ungió, consagrándole. Hizo luego que se acercaran los hijos de Aarón, y les vistió sus túnicas, los ciñó y les puso sus tiaras, como se lo había mandado Yahvé. Hizo traer el novillo para el sacrificio del pecado, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre el novillo para el sacrificio por el pecado. Moisés lo degolló y, tomando su sangre, untó con su dedo los cuernos del altar todo en torno, y lo purificó, derramando la sangre al pie del altar, y lo consagró para hacer sobre él el sacrificio expiatorio. Tornó todo el sebo que recubre las entrañas, la redecilla del hígado y los dos ríñones con su sebo, y lo quemó todo en el altar. El novillo, su piel, sus carnes y sus excrementos se quemaron fuera del campamento, como se lo había mandado Yahvé a Moisés. Hizo que acercaran el carnero del holocausto, y Aarón y sus hijos le pusieron sus manos sobre la cabeza. Moisés lo degolló, y derramó su sangre en torno del altar. Lo descuartizó, y Moisés quemó la cabeza y los trozos y el sebo. Se lavaron en agua las entrañas y las patas, y Moisés quemó todo el carnero en el altar; era holocausto de suave olor, un sacrificio por el fuego, como se lo había mandado Yahvé a Moisés." Hizo que acercasen el otro carnero, el del sacrificio de inauguración, y Aarón y sus hijos le pusieron la mano sobre la cabeza. Moisés lo degolló, tomó su sangre y untó con ella el lóbulo de la oreja derecha de Aarón, el pulgar de su mano derecha y el de su pie derecho. Hizo acercar a los hijos de Aarón, y les untó con la sangre el lóbulo de la oreja derecha, el pulgar de la mano derecha y el del pie derecho, derramando luego la sangre en torno del altar. Tomó, después el sebo, la cola, todo el sebo que cubre las entrañas, la redecilla del hígado, los dos ríñones con su sebo y el pemil derecho. Tomó del cestillo de los ácimos, puesto ante Yahvé, un pan ácimo, una torta ácima amasada con aceite y un frisuelo, y los puso sobre el sebo y sobre el pernil derecho;" y después de haber puesto todo esto en las manos de Aarón y sus hijos, lo balancearon éstos como ofrenda a Yahvé. Moisés lo tomó de sus manos y lo quemó en el altar encima del holocausto, pues era el sacrificio de inauguración de suave olor, combustión a Yahvé. Moisés tomó luego el pecho del carnero de inauguración y lo balanceó ante Yahvé; ésta fue la porción de Moisés, como se lo había mandado Yahvé." Tomó Moisés el óleo de unción y sangre de la que había en el altar, asperjó a Aarón y sus vestiduras y a los hijos de Aarón y a sus vestiduras, consagrando a Aarón y sus vestiduras y a los hijos de Aarón y sus vestiduras. Moisés dijo a Aarón y a sus hijos: “Coced la carne a la entrada del tabernáculo de la reunión; es allí donde habéis de comerla con el pan que hay en el cestillo de la inauguración, como yo lo he mandado, diciendo: Aarón y sus hijos lo comerán." Lo que reste de la carne y del pan lo quemaréis. Durante siete días no saldréis de la entrada del tabernáculo de la reunión, hasta que se cumplan los días de vuestra inauguración, pues vuestra inauguración durará siete días, como se ha hecho hoy para expiaros. Os quedaréis los siete días, día y noche, a la entrada del tabernáculo de la reunión, y guardaréis lo que ha mandado Yahvé, para no morir, porque esto es lo que El me ha mandado.” Aarón y sus hijos hicieron lo que Yahvé les mandó por Moisés. El día octavo, Moisés llamó a Aarón, a sus hijos y a los ancianos de Israel, y dijo a Aarón: “Toma un novillo para el sacrificio por el pecado y un carnero para el holocausto, ambos sin defecto, y ofrécelos a Yahvé. Hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Tomad un macho cabrío para el saorificio de expiación, un becerro y un cordero primal para el holocausto, ambos sin defecto;" un buey y un carnero para el sacrificio pacífico, para inmolarlos ante Yahvé; y una ofrenda amasada con aceite, porque hoy se os dará a ver Yahvé.” Trajeron ante el tabernáculo de la reunión cuanto había mandado Moisés, y toda la asamblea se acercó poniéndose ante Yahvé. Moisés dijo: “Esto es lo que ha mandado Yahvé; ha cedió y se os mostrará la gloria de Yahvé.” Dijo, pues, a Aarón: “Acércate al altar, ofrece tu sacrificio por el pecado y tu holocausto y haz la expiación por ti y por el pueblo; presenta también la ofrenda del pueblo y haz la expiación por él, como lo ha mandado Yahvé.” Aarón se acercó al altar y degolló el novillo, víctima del sacrificio por el pecado ofrecido por él. Los hijos de Aarón le presentaron la sangre, y, mojando él su dedo, untó de ella los cuernos del altar y la derramó al pie del altar. Quemó en el altar el sebo y los ríñones y la redecilla del hígado de la víctima por el pecado, como Yahvé se lo había mandado a Moisés;" pero la carne y la piel las quemó fuera del campamento. Degolló el holocausto, y sus hijos le presentaron la sangre, que él derramó en torno del altar. Le presentaron el holocausto descuartizado, con la cabeza, y él los quemó en el altar. Lavó las entrañas y las patas y las quemó encima del holocausto. Luego presentó la ofrenda del pueblo. Tomó el macho cabrío por el pecado, ofrecido por el pueblo, y, degollándolo, ofreció la expiación como la víctima primera. Ofreció el holocausto y lo sacrificó según el rito. Presentó la ofrenda, y tomando un puñado, lo quemó encima del holocausto de la mañana. Degolló el toro y el carnero del sacrificio pacífico por el pueblo. Los hijos de Aarón le presentaron la sangre, que él derramó en torno del altar;" y el sebo del toro y del carnero, la cola y el sebo que recubre las entrañas, los ríñones y la redecilla del hígado;" las partes grasas las puso sobre los pechos. Aarón quemó los sebos en el altar;" después balanceó los pechos ante Yahvé, y el pernil derecho en ofrenda balanceada, como lo había mandado Moisés. Aarón, alzando su mano hacia el pueblo, le bendijo, y bajó después de haber ofrecido el sacrificio por el pecado, el holocausto y el sacrificio pacífico. Moisés y Aarón entraron en el tabernáculo de la reunión, y, cuando salieron, bendijeron al pueblo, y la gloria de Yahvé se apareció a todo el pueblo, y el fuego mandado por Yahvé consumió en el altar el holocausto y los sebos. A su vista, el pueblo todo lanzó gritos de júbilo y se postraron en tierra. Los hijos de Aarón, Nadab y Abiú, tomaron cada uno un incensario y, poniendo fuego en ellos y echando incienso, presentaron ante Yahvé un fuego extraño, cosa que no les había sido ordenada. Entonces salió ante Yahvé un fuego que los abrasó, y murieron ante Yahvé. Dijo Moisés a Aarón: “Esto es lo que declaró Yahvé al decir: Yo me mostraré santo en aquellos que se me acercan y glorificado ante el pueblo todo.” Aarón calló. Moisés llamó a Misael y a Elisafán, hijos de Uziel, tío de Aarón, y les dijo: “Acercaos y llevad a vuestros hermanos lejos del santuario, fuera del campamento.” Ellos se acercaron y los llevaron con sus túnicas fuera del campamento, como se lo había mandado Moisés. Moisés dijo a Aarón, a Eleazar y a Itamar, hijos de Aarón: “No desnudéis vuestras cabezas ni rasguéis vuestras vestiduras, no sea que muráis y se irrite Yahvé contra toda la asamblea. Que vuestros hermanos, toda la casa de Israel, lloren el incendio que ha encendido Yahvé. Vosotros no salgáis del tabernáculo de la reunión, no sea que muráis, porque lleváis sobre vosotros el óleo de la unción de Yahvé.” Ellos hicieron lo que Moisés les mandaba. Yahvé habló a Aarón, diciendo: “No beberás vino ni bebida alguna inebriante, tú ni tus hijos, cuando hayáis de entrar en el tabernáculo de la reunión, no sea que muráis. Es ley perpetua entre tus descendientes, para que sepáis discernir entre lo santo y lo profano, lo puro y lo impuro, y enseñar a los hijos de Israel todas las leyes que por medio de Moisés les ha dado Yahvé.” Moisés dijo a Aarón, a Eleazar y a Itamar, los dos hijos que le quedaban a Aarón: “Tomad lo que resta de las ofrendas de combustión, las ofrendas a Yahvé, y comedio sin levadura cerca del altar, pues es cosa santísima. Lo comeréis en lugar santo. Es tu derecho y el derecho de tus hijos sobre las ofrendas hechas a Yahvé, como me lo ha sido ordenado. Comeréis en lugar puro, tú y tus hijos y tus hijas, el pecho balanceado y el pernil elevado, porque estos trozos se te dan como derecho tuyo y de tus hijos sobre los sacrificios pacíficos de los hijos de Israel. El pernil de elevación y el pecho de balanceo, que con el sebo destinado al fuego se presenta a Yahvé para hacer la ofrenda, a ti y a tus hijos os pertenecen por ley perpetua, como lo ha mandado Yahvé.” Moisés preguntó por el macho cabrío que había sido sacrificado por el pecado, y se encontró con que había sido quemado; y airado contra Eleazar e Itamar, los hijos de Aarón que quedaban, les dijo:" “¿Por qué no habéis comido la víctima por el pecado en el lugar santo? Es cosa santísima, y Yahvé os lo ha dado para que llevéis vosotros la iniquidad de la asamblea y os hagáis por ella expiación ante Yahvé;" mas no habiendo sido llevada la sangre dentro del santuario, debíais haber comido la carne en lugar santo, como lo he mandado.” Aarón dijo a Moisés: “Hoy se han ofrecido ante Yahvé la víctima por el pecado y el holocausto, y me ha pasado esto. ¿Podía comer hoy la víctima por el pecado? ¿Habría sido esto grato a Yahvé?” Oyólo Moisés y se dio por satisfecho. Yahvé habló a Moisés y Aarón, diciendo: “Hablad a los hijos de Israel y decidles: He aquí los animales que comeréis entre las bestias de la tierra: todo animal de pezuña hendida y casco partido y que rumie, lo comeréis;" pero no comeréis los que sólo rumian o sólo tienen partida la pezuña. El camello, que rumia, pero que no tiene la pezuña partida, será inmundo para vosotros;" el conejo, que rumia y no tiene la pezuña partida, es inmundo;" la liebre, que es rumiante y no tiene la pezuña hendida, es inmunda;" el cerdo, que tiene la pezuña hendida y no rumia, es inmundo para vosotros. No comeréis su carne ni tocaréis sus cadáveres; están inmundos para vosotros.” He aquí los animales que entre los acuáticos comeréis: Todo cuanto tiene aletas y escamas, tanto en el mar como en los ríos, lo comeréis;" pero abominaréis de cuanto no tiene aletas y escamas en el mar y en los ríos, de entre los animales que se mueven en el agua y de entre todos los vivientes que en ella hay, Serán para vosotros abominación; no comeréis sus carnes y tendréis como abominación sus cadáveres." Todo cuanto en las aguas no tiene aletas ni escamas, lo tendréis por abominación. -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- Todo volátil que anda sobre cuatro patas lo tendréis por abominación;" pero, entre los insectos alados que marchan sobre cuatro patas, comeréis aquellos que tienen más largas las de atrás para saltar sobre la tierra. He aquí de entre éstos los que comeréis: toda especie de langosta: el “solam,” el “jargol,” el “jagab” según las especies. Todo otro volátil de cuatro patas lo tendréis por inmundo, y comiéndolos os haréis inmundos. Quien tocare uno de sus cadáveres se contaminará, y será inmundo hasta la tarde;" y si tocare algo de esto muer-to, lavará sus vestiduras, y será inmundo hasta la puesta del sol. Todo animal que tenga pezuña, pero no partida ni rumie, será para vosotros inmundo, y quien tocare su cadáver será inmundo. Los que andan sobre la planta de los pies serán para vosotros inmundos, y quien tocare su cadáver será inmundo hasta la tarde, y quien transportare su cadáver lavará sus vestiduras y será inmundo hasta la tarde. También estos animales serán para vosotros inmundos de entre los que andan por la tierra: la comadreja, el ratón y la tortuga en todas sus especies;" el musgaño, el camaleón, la salamandra, el lagarto y el topo. Estos son los para vosotros inmundos entre los reptiles; quien tocare su cadáver será inmundo hasta la tarde." Todo objeto sobre el que cayere uno de estos cadáveres será manchado; y los utensilios de madera, vestidos, pieles, sacos, todo objeto de uso, será puesto en agua y será inmundo hasta la tarde;" toda vasija de barro donde algo de esto caiga quedará manchada y la romperéis;" todo alimento preparado con agua quedará manchado, y lo mismo toda bebida, cualquiera que sea el vaso que la contenga;" todo aquello sobre lo cual caiga algo de estos cadáveres quedará manchado, y por contaminado lo tendréis. Las fuentes y las cisternas donde hay cantidad de agua quedarán puras, mas quien tocare el cadáver será impuro. Si alguno de estos cuerpos muertos cayere sobre una simiente que ha de sembrarse, la simiente quedará pura;" pero, si se le hubiere echado agua encima y cae alguno de estos cuerpos muertos, la tendréis por manchada. Si muere uno de los animales cuya carne podéis comer, quien tocare el cadáver lavará sus vestidos y quedará impuro hasta la tarde. El que de estos cadáveres comiere, lavará sus vestidos y quedará inmundo hasta la tarde; y el que los llevare, lavará sus vestidos y será inmundo hasta la tarde." Será para vosotros abominación todo reptil que repta sobre la tierra. No comeréis ningún animal que repta sobre la tierra, sea de los que se arrastran sobre su vientre, sea de los que marchan sobre cuatro o sobre muchas patas; los tendréis por abominación." No os hagáis abominables por los reptiles que reptan ni os hagáis impuros por ellos; seréis manchados por ellos." Porque yo soy Yahvé, vuestro Dios, vosotros os santificaréis y seréis santos, porque yo soy santo, y no os mancharéis con ninguno de los reptiles que reptan sobre la tierra. Pues yo soy Yahvé, que os ha sacado de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios. Santos seréis vosotros, porque santo soy yo. Esta es la ley referente a los cuadrúpedos, las aves, todos los seres vivientes que se mueven en las aguas y todos los que reptan sobre la tierra, para que distingáis entre lo puro y lo impuro, entre lo que puede y no puede comerse.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando dé a luz una mujer y tenga un hijo, será impura durante siete días; será impura como en el tiempo de la menstruación." El octavo día será circuncidado el hijo, pero ella quedará todavía en casa durante treinta y tres días en la sangre de su purificación; no tocará nada santo ni irá al santuario hasta que se cumplan los días de su purificación." Si da a luz hija, será impura durante dos semanas, como al tiempo de su menstruación, y se quedará en casa durante sesenta y seis días en la sangre de su purificación. Cuando se cumplan los días de su purificación, según que haya tenido hijo o hija, se presentará ante el sacerdote, a la entrada del tabernáculo de la reunión, con un cordero primal en holocausto y un pichón o una tórtola en sacrificio por el pecado. El sacerdote los ofrecerá ante Yahvé, y hará por ella la expiación, y será pura del flujo de la sangre. Esta es la ley para la mujer que da a luz hijo o hija. Si no puede ofrecer un cordero, tomará dos tórtolas o dos pichones, uno para el holocausto y otro para el sacrificio por el pecado; el sacerdote hará por ella la expiación y será pura." Yahvé habló a Moisés y a Aarón, diciendo: “Cuando tenga uno en la piel de su carne un tumor, sarpullido o mancha blanca que se presente en su piel como la plaga de la lepra, será llevado a Aarón, sacerdote, o a uno de sus hijos, sacerdotes. El sacerdote examinará la plaga de la piel de la carne, y si viere que los pelos de la llaga se han vuelto blancos y que la parte afectada está más hundida que el resto de la piel, es plaga de lepra; y el sacerdote que le haya examinado le declarará impuro." Si tiene sobre la piel de su carne una mancha blanca que no aparece más hundida que el resto de la piel, y el pelo no se ha vuelto blanco, el sacerdote le recluirá durante siete días. El día séptimo le examinará; y si el mal no parece haber cundido ni haberse extendido sobre la piel, le recluirá por segunda vez otros siete días," y al séptimo día lo examinará nuevamente; si la parte enferma se ha puesto menos brillante y la mancha no se ha extendido sobre la piel, el sacerdote le declarará puro; es una erupción. Lavará sus vestiduras y será puro." Pero si, después de haber sido examinado por el sacerdote y declarado puro, la mancha se extendiere, será llevado a él nuevamente para que le vea;" y si la mancha brillante ha crecido en la piel, le declarará inmundo, que es lepra. Si uno tuviera la plaga de la lepra, será llevado al sacerdote, que le examinará; y si viere éste en la piel un tumor blanco y que se han vuelto blancos los pelos, y en el tumor se nota la carne viva," será juzgada lepra inveterada en la piel de su carne; y el sacerdote le declarará impuro; no le recluirá, pues es impuro." Pero, si la lepra se ha extendido hasta llegar a cubrir toda la piel del enfermo desde la cabeza hasta los pies, en cuanto a la vista del sacerdote aparece, le examinará;" y si, en efecto, cubre todo su cuerpo, declarará puro al enfermo; pues se ha puesto todo blanco, será puro." Si en el así afectado aparece la carne viva, será impuro, y el sacerdote, al ver la carne viva, le declarará impuro, pues la carne viva es impura, es lepra. Si la carne viva se pone otra vez blanca, se presentará el enfermo al sacerdote, que le examinará; y si la llaga se ha puesto en verdad blanca, el sacerdote le declarará puro; es puro." Cuando uno tenga en su cuerpo, sobre su piel, una úlcera cicatrizada, y apareciere en ella una escamosidad blanca o rojiza, se presentará al sacerdote, quien le examinará. Si la mancha está más hundida que el resto de la piel, y el pelo se ha vuelto blanco, le declarará impuro, es lepra que se ha presentado en la úlcera cicatrizada. Si el color de los pelos no se ha vuelto blanco y la escamosidad rojiza no está más hundida que el resto de la piel, le recluirá por siete días;" y si se ha extendido, le declarará impuro; es lepra;" pero, si está como estaba, sin extenderse la mancha, es la cicatriz de la úlcera, y el sacerdote le declarará puro. Si uno tiene en su cuerpo, en la piel, una quemadura producida por el fuego, y sobre la señal de la quemadura aparece una mancha blanca o de color rojizo, el sacerdote le examinará. Si el pelo se ha vuelto blanco en la mancha y ésta aparece más hundida que el resto de la piel, es lepra que ha brotado en la quemadura; el sacerdote le declarará impuro." Pero, si el sacerdote ve que el pelo de la mancha no se ha vuelto blanco y que ésta no aparece más hundida que el resto de la piel, y fuere de un color suboscuro, le recluirá durante siete días, y después, al séptimo, le examinará. Si la mancha se ha extendido sobre la piel, el sacerdote le declarará impuro; es lepra." Si está como estaba, sin extenderse sobre la piel, y es de color pálido, es la quemadura, y le declarará puro, pues es la cicatriz de la quemadura. Si un hombre o una mujer tuviera una llaga en la cabeza o en la barba, el sacerdote le examinará. Si está más hundida que el resto de la piel, y el pelo se ha vuelto rojizo y más ralo, el sacerdote le declarará impuro; es tina, lepra de la cabeza o de la barba." Pero si la llaga no se ha extendido ni está más hundida que el resto de la piel, y el pelo no está rojizo, recluirá al afectado por siete días, y al séptimo examinará la llaga. Si ésta no se ha extendido y el pelo no ha mudado el color ni está la llaga más hundida que la piel, le hará que se afeite fuera de la parte afectada y le recluirá por siete días, y al séptimo examinará la llaga; si no se ha extendido ni está más hundida que la piel, le declarará puro; el hombre lavará sus vestiduras y será puro." Pero si, después de declarado puro, la llaga se extendiere sobre la piel, le examinará el sacerdote; y si, en efecto, se ha extendido, no hay que mirar si el pelo se ha hecho rojizo; es impuro." Mas, si la llaga no se ha extendido y el pelo está negro, la llaga está curada, es puro, y puro le declarará el sacerdote. Si cualquier hombre o mujer tiene en su piel manchas blancas, el sacerdote le examinará. Si las manchas son de color suboscuro, es empeine que le ha salido a la piel; es puro." Si a uno se le caen los pelos de la cabeza y se queda calvo, es calvicie de atrás; es puro” Si los pelos se le caen a los lados de la cara, es calvicie anterior; es puro." Pero, si en la calva posterior o anterior apareciere llaga de color blanco rojizo, es lepra que ha salido en el occipucio o en el simpudo. El sacerdote le examinará, y si la llaga escamosa es de un blanco rojizo, como el de la lepra en la piel de la carne, es leproso; es impuro, e impuro le declarará el sacerdote, pues es leproso de la cabeza." El leproso, manchado de lepra, llevará rasgadas sus vestiduras, desnuda la cabeza, y cubrirá su barba, e irá clamando: “¡Inmundo, inmundo!” Todo el tiempo que le dure la lepra, será inmundo. Es impuro y habitará solo; fuera del campamento tendrá su morada." Si apareciere mancha de lepra en un vestido, sea de lana, sea de lino, o en hilo de trama o de urdimbre, o en una piel o un objeto cualquiera de cuero;" si la mancha es de color verdoso o rojizo, es plaga de lepra. Se la enseñará al sacerdote, quien después de examinar la mancha encerrará el objeto por siete días. El séptimo examinará de nuevo la mancha; si ésta se ha extendido sobre el vestido, el hilo de trama o de urdimbre, la piel u objeto de cuero, es plaga de lepra tenaz; la cosa es impura." Se quemará el vestido, el hilo de trama o de urdimbre, la piel o el objeto en que se halla la mancha, pues es lepra tenaz; el objeto será quemado al fuego." Pero si la mancha del vestido, de la urdimbre, de la trama o del objeto de cuero no se ha extendido, mandará lavar aquello en que apareció la lepra, y lo encerrará por otros siete días. Si después de lavado ve que la mancha no ha mudado de aspecto, aunque no haya cundido, es inmundo, y se quemará, porque está infectado en el reverso y en el anverso. Pero, si el sacerdote ve que después del lavado la parte manchada ha mudado de color, la arrancará del vestido o del cuero, de la urdimbre o de la trama;" y si después de esto se viera que en el vestido, o en la urdimbre, o en la trama, o en el objeto de cuero cunde todavía la mancha, se quemarán. Pero si después del lavado, en la urdimbre, o la trama, o el objeto de cuero, la mancha ha desaparecido, se lavará otra vez y será puro. Tal es la ley de la lepra del vestido, de lana o lino, de la urdimbre o de la trama y de todo objeto de cuero, para declararlos mundos o inmundos. Yahvé habló a Moisés, diciendo: Esta es la ley del leproso para el día de su purificación: será conducido al sacerdote, que saldrá a su encuentro fuera del campamento y le examinará. Si la plaga de la lepra ha desaparecido del leproso, mandará tomar para el que ha de purificarse dos avecillas puras vivas, madera de cedro, un hilo de púrpura e hisopo;" degollará una de las aves encima de una vasija llena de agua, y, tomando el ave viva, el cedro, el hilo de púrpura y el hisopo, los mojará, lo mismo que el ave viva, en la sangre del ave degollada sobre al agua viva;" asperjará siete veces al que ha de ser purificado de la lepra y lo declarará puro, dando suelta en el campo al ave viva. Luego, el que ha de ser purificado lavará sus vestidos, raerá su pelo y se bañará en agua, y será puro. Podrá ya entrar en el campamento, pero quedará por siete días fuera de su tienda. El día séptimo raerá todo su pelo; lavará sus vestidos y bañará su cuerpo en agua, y será limpio." El día octavo tomará dos corderos sin defecto y una oveja primal sin defecto y tres décimos de “efah” de flor de harina, amasada con aceite, y un “log” de aceite. El sacerdote que haga la purificación presentará ante Yahvé al hombre que ha de purificarse, con todas esas cosas, a la entrada del tabernáculo de la reunión. Tomará uno de los dos corderos, para ofrecerlo en sacrificio expiatorio, y el “log” de aceite, y lo agitará ante Yahvé;" luego degollará el cordero donde se inmola la víctima expiatoria y el holocausto, en lugar santo, porque la víctima del sacrificio expiatorio, como la del sacrificio por el pecado, es para el sacerdote, es cosa santísima. El sacerdote, tomando la sangre del sacrificio expiatorio, untará de ella el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica y el pulgar de la mano derecha y del pie derecho. Tomará el “log” de aceite y, echando de él en la palma de su mano izquierda, meterá el índice de su mano derecha en el aceite que tiene en la palma de su mano izquierda, y hará con él por siete veces aspersión ante Yahvé. Después, del aceite que le queda en la mano, untará el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica y el pulgar de la mano derecha y el del pie derecho, encima de la sangre de la víctima;" el resto del aceite que le queda en la palma lo echará sobre la cabeza del que se purifica, cumpliendo así la expiación por él ante Yahvé. Luego, el sacerdote ofrecerá el sacrificio por el pecado, haciendo la expiación del que se purifica de su mancha;" y después de inmolar el holocausto, lo ofrecerá en el altar con la oblación, y así hará por él la expiación y será puro. Si fuere pobre y no pudiera procurarse las víctimas ordinarias, tomará sólo un cordero, que se ofrecerá en sacrificio expiatorio, en ofrenda de expiación. Llevará una décima de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda, y un “log” de aceite;" también dos tórtolas o dos pichones, según sus facultades, uno como víctima expiatoria, el otro para el holocausto. Lo presentará el día octavo al sacerdote para su purificación a la entrada del tabernáculo de la reunión, ante Yahvé. El sacerdote tomará el cordero de expiación y el “log” de aceite y los agitará ante Yahvé;" y después de haber inmolado el cordero del sacrificio de expiación, tomará de su sangre y la pondrá en el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica y sobre el dedo pulgar de la mano derecha y el del pie derecho. Echará luego aceite en la palma de su mano izquierda, y con el dedo índice de su mano derecha hará siete veces aspersión ante Yahvé;" untará del aceite que tiene en la mano el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica y el pulgar de la mano derecha y el del pie derecho en el lugar donde puso la sangre de la víctima expiatoria. Lo que le quede en la mano lo echará sobre la cabeza del que se purifica para hacer por él la expiación ante Yahvé. Después ofrecerá una de las tórtolas o uno de los pichones que haya podido procurarse, el uno en sacrificio por el pecado, el otro en holocausto con la ofrenda; y así, el sacerdote hará la expiación ante Yahvé del que se purifica." Esta es la ley de la purificación del que tiene plaga de lepra y no puede presentar las víctimas ordinarias. Yahvé habló a Moisés y Aarón, diciendo: “Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán, que yo voy a daros en posesión, y mandare yo la plaga de la lepra a alguna casa de la tierra que poseeréis, el dueño de la casa irá a ponerlo en conocimiento del sacerdote, diciéndole: Noto que hay en mi casa una mancha. El sacerdote mandará desocupar la casa antes de ir a examinar la mancha, para que no se contamine cuanto hay en ella. Desocupada, irá el sacerdote a examinarla. Examinará la mancha, y si en las paredes de la casa hallare cavidades verdosas o rojizas como hundidas en la pared, saldrá a la puerta de la casa y la hará cerrar por siete días. Al séptimo día volverá el sacerdote, y si ve que la mancha ha cundido en las paredes de la casa, mandará quitar las piedras manchadas y arrojarlas fuera de la ciudad, en un lugar impuro;" hará raspar la casa toda en lo interior, arrojándose en un lugar impuro el polvo que se raspe. Se tomarán otras piedras y se pondrán en el lugar de las quitadas, y se revocará de nuevo. Si la mancha reapareciese de nuevo en la casa después de haber quitado las piedras y de haberla raspado y revocado de nuevo, volverá el sacerdote a examinarla. Si la mancha hubiese cundido en la casa, es lepra corrosiva de la casa; es impura." Se demolerá, y las piedras, la madera y todo el mortero se llevarán fuera de la ciudad a un lugar inmundo. Quien entrare en la casa durante el tiempo que se ha tenido cerrada, será impuro hasta la tarde. Quien hubiere dormido en ella lavará sus vestidos, y quien en ella hubiere comido lavará sus vestidos. Pero si el sacerdote, al volver a la casa, ve que la mancha no ha cundido en ella después que la casa ha sido revocada de nuevo, declarará pura la casa, pues el mal se ha curado. Entonces tomará para expiar la casa dos avecillas, madera de cedro, lana escarlata e hisopo;" degollará una de las aves sobre una vasija de barro con agua viva, y, tomando luego la madera de cedro, el hisopo, la lana escarlata con la otra ave viva, lo mojará en la sangre del ave degollada sobre el agua viva y asperjará la casa siete veces. Purificará la casa con la sangre del ave, el agua viva, el ave viva, la madera de cedro, el hisopo y la lana escarlata, y dará suelta al ave viva fuera de la ciudad, en el campo.” Tal es la ley de toda clase de mancha de lepra o de tina, y de la lepra de los vestidos y de las casas, de los tumores y postillas, y de las manchas blancas, para declarar lo mundo y lo inmundo. Esta es la ley de la lepra. Yahvé hablo a Moisés y a Aarón, diciendo: “Hablad a los hijos de Israel y decidles: Cualquier hombre que padezca flujo seminal en su carne será inmundo. Esta es la ley de su inmundicia en el flujo, ya sea por destilar su carne el flujo, ya sea por retenerlo, es inmundo. El lecho en que se acueste, el asiento en que se siente, será inmundo. Quien tocare su lecho lavará sus vestidos, se bañará en agua y será impuro hasta la tarde. Quien se sentare sobre un objeto sobre el que se sentó el que padece el flujo, lavará sus vestidos, se bañará en agua y será impuro hasta la tarde. Quien tocare la carne del enfermo, lavará sus vestidos, se bañará en agua y será impuro hasta la tarde. Si el enfermo escupe sobre un hombre puro, éste lavará sus vestidos, se bañará en agua y será impuro hasta la tarde. El carro en que viaje el enfermo será inmundo. Quien tocare algo que haya estado debajo del enfermo, será impuro hasta la tarde, y quien le transporte lavará sus vestidos, se bañará en agua y será impuro hasta la tarde. Todo aquel a quien el enfermo tocare sin haberse antes lavado las manos en agua, lavará sus vestidos, se bañará en agua y será impuro hasta la tarde. Toda vasija de barro que tocare se romperá; la de madera se lavará en agua." Cuando esté curado de su flujo, contará siete días para su purificación, lavará sus vestidos, bañará su cuerpo en agua viva y será puro. Al octavo día, tomando dos tórtolas o dos pichones, se presentará a Yahvé, a la entrada del tabernáculo de la reunión, y se los dará al sacerdote, que los ofrecerá, uno en sacrificio expiatorio, el otro en holocausto, y hará por él la expiación ante Yahvé por su flujo. El hombre que efundiere su semen, lavará con agua todo su cuerpo, y toda ropa o piel en que se efunda será lavada con agua, y será inmunda hasta la tarde. La mujer con quien se acostare con emisión del semen, se lavará como él, y, como él, será inmunda hasta la tarde. La mujer que tiene su flujo, flujo de sangre en su carne, estará siete días en su impureza. Quien la tocare será impuro hasta la tarde. Aquello sobre que durmiere o se sentare durante su impureza, será impuro, y quien tocare su lecho lavará sus vestidos, se bañará en agua y será impuro hasta la tarde. Si alguno tocare un mueble sobre el que ella se sentó, lavará sus vestidos, se bañará en agua y será impuro hasta la tarde. Lo que hubiere sobre su lecho o sobre su asiento, quien lo tocare será impuro hasta la tarde. Pero, si uno se acostare con ella, será sobre él su impureza, será impuro por siete días, y el lecho en que durmiere está inmundo. La mujer que tuviere flujo de sangre por más tiempo del acostumbrado, prolongándose éste más allá de los días de su impureza, será impura todo el tiempo que dure el flujo, como en el tiempo del menstruo, El lecho en el cual duerma y todo objeto sobre el que se siente, será impuro como en el tiempo del menstruo;" y quien los tocare será impuro, y lavará sus vestidos, se bañará en agua y será impuro hasta la tarde. Cuando curare de su flujo, contará siete días, después de los cuales será pura. Al octavo día tomará dos tórtolas o dos pichones y los llevará al sacerdote a la entrada del tabernáculo de la reunión. El sacerdote los ofrecerá, uno en sacrificio expiatorio y el otro en holocausto, y hará por ella la expiación ante Yahvé de la inmundicia de su flujo. Enseñad a los hijos de Israel a purificarse de sus inmundicias, no sea que por ellas mueran, por manchar el tabernáculo que está en medio de ellos. Esta es la ley del que padece flujo y efunde el semen, haciéndose inmundo, y de la mujer en su flujo menstrual; de cuantos padecen flujo, hombres o mujeres, y del hombre que se acuesta con una mujer impura.” Después de la muerte de los dos hijos de Aarón, heridos al acercarse ante Yahvé, dijo Yahvé a Moisés: “Di a tu hermano Aarón que no entre nunca en el santuario a la parte interior del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, no sea que muera, pues yo me muestro en la nube sobre el propiciatorio, He aquí el rito según el cual entrará Aarón en el santuario: tomará un novillo para el sacrificio por el pecado y un carnero para el holocausto. Se revestirá de la túnica santa de lino y se pondrá sobre sus carnes el calzón de lino; se ceñirá un cinturón de lino y cubrirá su cabeza con la tiara de lino, vistiéndoselos después de haberse lavado en el agua." Recibirá de la asamblea de los hijos de Israel dos machos cabríos para el sacrificio por el pecado y un carnero para el holocausto. Aarón ofrecerá su novillo por el pecado, y hará la expiación por sí y por su casa. Tomará después los dos machos cabríos y, presentándolos ante Yahvé a la entrada del tabernáculo de la reunión, echará sobre ellos las suertes, una la de Yahvé y otra la de Azazel. Aarón hará acercar el macho cabrío sobre que recayó la suerte de Yahvé y le ofrecerá en sacrificio por el pecado;" el macho cabrío sobre el que cayó la suerte de Azazel, le presentará vivo ante Yahvé, para hacer la expiación y soltarle después a Azazel. Aarón ofrecerá el novillo del sacrificio por el pecado, haciendo la expiación por sí y por su casa. Después de degollar su novillo por el pecado, tomará del altar un incensario lleno de brasas encendidas, de ante Yahvé, y dos puñados de perfume oloroso pulverizado, y lo llevará todo detrás de la cortina;" echará el perfume oloroso en el fuego ante Yahvé, para que la nube de incienso cubra el propiciatorio que está sobre el testimonio y no muera. Tomando luego la sangre del novillo, asperjará con su dedo el frente del propiciatorio, haciendo con el dedo siete aspersiones. Degollará el macho cabrío expiatorio del pueblo y, llevando su sangre detrás del velo, hará como con la sangre del novillo, asperjándola sobre el propiciatorio y delante de él, y así purificará el santuario de las impurezas de los hijos de Israel y de todas las transgresiones con que hayan pecado. Lo mismo hará con el tabernáculo de la reunión, que está entre ellos en medio de impurezas. Que no haya nadie en el tabernáculo de la reunión desde que él entre para hacer la expiación del santuario hasta que salga, hecha la expiación por sí y por su casa y por toda la asamblea de Israel. Después irá al altar que está ante Yahvé y hará la expiación de él, y, tomando sangre del novillo y sangre del macho cabrío, untará de ellas los cuernos del altar todo en torno;" hará con su dedo siete veces la aspersión de sangre y le santificará y le purificará de las impurezas de los hijos de Israel. Hecha la expiación del santuario, del tabernáculo de la reunión y del altar, presentará el macho cabrío vivo;" pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, confesará sobre él todas sus culpas, todas las iniquidades de los hijos de Israel y todas las transgresiones con que han pecado, y los echará sobre la cabeza del macho cabrío, y lo mandará al desierto por medio de un hombre designado para ello. El macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada, y el que lo lleve lo dejará en el desierto. Después Aarón entrará en el tabernáculo de la reunión y se desnudará de las vestiduras de lino, que se vistió para entrar en el santuario;" y, quitadas, se lavará su cuerpo con agua en lugar santo, y se pondrá sus vestiduras. Saldrá luego, ofrecerá su holocausto y el del pueblo, hará la expiación por sí y por el pueblo, y quemará en el altar el sebo del sacrificio por el pecado. El que hubiere ido a soltar el macho cabrío a Azazel, lavará sus vestidos y bañará en agua su cuerpo, después de lo cual podrá entrar en el campamento. Serán llevados fuera del campamento el novillo y el macho cabrío inmolados por el pecado, cuya sangre se introdujo en el santuario para hacer la expiación, y se consumirán por el fuego sus pieles, sus carnes y sus excrementos. El que los queme lavará luego sus vestidos, bañará en agua su cuerpo, y después podrá entrar en el campamento.” Esta será para todos ley perpetua; el séptimo mes, el día diez del mes, mortificaréis vuestras personas y no haréis trabajo alguno, ni el indígena ni el extranjero que habita en medio de vosotros;" porque en ese día se hará la expiación por vosotros, para que os purifiquéis y seáis purificados ante Yahvé de todos vuestros pecados. Será para vosotros día de descanso, sábado, y mortificaréis vuestras personas. Es ley perpetua. La expiación la hará el sacerdote que haya sido ungido y haya sido iniciado para ejercer las funciones sacerdotales en lugar de su padre. Se revestirá de las vestiduras de lino, las vestiduras sagradas, y hará la expiación del santuario de la santidad, del tabernáculo de la reunión y del altar, la de los sacerdotes y la de todo el pueblo de la asamblea. Será para vosotros ley perpetua, y se hará la expiación una vez por año para los hijos de Israel por sus pecados.” Hízose lo que Yahvé había mandado a Moisés. Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a Aarón y a sus hijos y a todos los hijos de Israel, y diles: He aquí lo que ha mandado Yahvé: A todo hombre de la casa de Israel que en el campamento o fuera del campamento degüelle un buey, una oveja o una cabra, sin haberla llevado a la entrada del tabernáculo de la reunión para presentarlo en ofrenda a Yahvé ante el santuario, le será imputada la sangre; ha derramado sangre, y será borrado de en medio de su pueblo." Por tanto, los hijos de Israel, en vez de inmolar sus víctimas en el campo, las traerán al sacerdote ante Yahvé a la entrada del tabernáculo de la reunión, y las ofrecerán a Yahvé en sacrificio pacífico;" el sacerdote derramará la sangre en el altar de Yahvé a la entrada del tabernáculo de la reunión, y quemará el sebo en olor de suavidad a Yahvé. Así no ofrecerán sus sacrificios a los sátiros, con los cuales se prostituyen. Esta será para ellos ley perpetua de generación en generación. Diles, pues: Todo hombre de la casa de Israel o de los extranjeros que habitan en medio de ellos que ofrezca un holocausto o un sacrificio, y no llevare la víctima a la entrada del tabernáculo de la reunión para ser sacrificada a Yahvé, será borrado de en medio del pueblo. Todo hombre de la casa de Israel o de los extranjeros que habitan en medio de ellos que coma sangre de un animal cualquiera, yo me volveré contra el que la coma y le borraré de en medio de mi pueblo, porque la vida de la carne está en la sangre, y yo os he mandado ponerla sobre el altar para expiación de vuestras personas, y la sangre expía por ser vida. Por eso he mandado a los hijos de Israel: Nadie de entre vosotros ni de los extranjeros que habiten en medio de vosotros comerá sangre. Todo hombre de entre los hijos de Israel, o de los extranjeros que habitan en medio de ellos, que cazare un animal o un ave puros, verterá la sangre o la cubrirá de tierra;" porque la vida de toda carne está en la sangre; en la sangre está la vida. Por eso he mandado yo a los hijos de Israel: no comeréis la sangre de carne alguna, porque la vida de toda carne está en la sangre; quien la comiere será borrado." Todo indígena o extranjero que comiere carne mortecina o desgarrada lavará sus vestidos, se bañará en agua y será impuro hasta la tarde; después será puro." Si no lava sus vestidos y su cuerpo, contraerá reato.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: Yo soy Yahvé, vuestro Dios. No haréis lo que se hace en la tierra de Egipto, donde habéis morado, ni haréis lo que se hace en la tierra de Canaán, adonde yo os llevo; no seguiréis sus costumbres." Practicaréis mis mandamientos y cumpliréis mis leyes; las seguiréis. Yo, Yahvé, vuestro Dios." Guardaréis mis leyes y mis mandamientos; el que los cumpliere vivirá por ellos. Yo, Yahvé." Ninguno de vosotros se acercará a una consanguínea suya para descubrir su desnudez. Yo, Yahvé. No descubrirás la desnudez de tu padre ni la de tu madre; es tu madre; no descubrirás su desnudez." No descubrirás la desnudez de la mujer de tu padre; es la desnudez de tu padre." No descubrirás la desnudez de tu hermana, hija de tu padre o hija de tu madre; nacida en la casa o fuera de ella, no descubrirás su desnudez." No descubrirás la desnudez de la hija de tu hijo o de la hija de tu hija, porque es tu propia desnudez. No descubrirás la desnudez de la hija de la mujer de tu padre, nacida de tu padre; es tu hermana." No descubrirás la desnudez de la hermana de tu padre; es la carne de tu padre." No descubrirás la desnudez de la hermana de tu madre; es la carne de tu madre." No descubrirás la desnudez del hermano de tu padre acercándote a su mujer; es tu tía," No descubrirás la desnudez de tu nuera; es la mujer de tu hijo; no descubrirás su desnudez." No descubrirás la desnudez de la mujer de tu hermano; es la desnudez de tu hermano." No descubrirás la desnudez de una mujer y de su hija, ni tomarás a la hija de su hijo, ni a la hija de su hija para descubrir su desnudez; son parientes; es una infamia." No tomarás a la hermana de tu mujer para hacer de ella una rival suya descubriendo su desnudez con la de tu mujer en vida de ésta. No te acercarás a una mujer durante el tiempo de su impureza para descubrir su desnudez. No tendrás comercio con la mujer de tu prójimo, manchándote con ella. No darás hijo tuyo para ser pasado en honor de Moloc; no profanarás el nombre de tu Dios. Yo, Yahvé." No te ayuntarás con hombre como con mujer; es una abominación." No te ayuntarás con bestia, manchándote con ella. La mujer no se pondrá ante una bestia, prostituyéndose ante ella; es una perversidad." No os manchéis con ninguna de estas cosas, pues con ellas se han manchado los pueblos que yo voy a arrojar delante de vosotros. Han manchado la tierra; yo castigaré sus maldades, y la tierra vomitará a sus habitantes." Pero vosotros guardad mis leyes y mis mandamientos, no cometáis ninguna de esas abominaciones, ni indígena ni extranjero de los que habitan en medio de vosotros. Porque todas estas abominaciones son las que han cometido los hombres de esa tierra que la habitaron antes de vosotros, y la tierra se ha manchado. Que no os vomite la tierra por haberos manchado, como vomitó a los pueblos que antes de vosotros la habitaron;" porque cualquiera que cometa una de esas abominaciones será borrado de en medio de mi pueblo. Guardad mis mandamientos, no practicando ninguna de esas prácticas abominables que se practicaban antes de vosotros, y no os manchéis con ellas. Yo, Yahvé, vuestro Dios.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a toda la asamblea de los hijos de Israel y diles: Sed santos, porque yo soy santo, Yahvé, vuestro Dios. Terna cada uno a su padre y a su madre y guardad mis sábados. Yo, Yahvé, vuestro Dios.” Cuando ofrezcáis a Yahvé un sacrificio pacífico, ofreced-lo de manera que sea aceptable. La víctima será comida el día de su inmolación o al día siguiente; lo que quedare para el día tercero será quemado por el fuego." Si alguno comiere de ellos al tercer día, es abominación; el sacrificio no será aceptable." El que lo haga contraerá reato, porque profana lo consagrado a Yahvé, y será borrado de en medio de su pueblo. -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- No hurtaréis ni os haréis engaño y mentira unos a otros. No jures en falso por mi nombre; es profanar el nombre de Dios. Yo, Yahvé." No oprimas a tu prójimo ni le despojes violentamente. No quede en tu mano hasta el siguiente día el salario del jornalero. No profieras maldición contra el sordo ni pongas ante el ciego tropiezos para hacerle caer; has de temer a tu Dios. Yo, Yahvé." No hagas injusticia en tus juicios, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al poderoso; juzga a tu prójimo según justicia" No vayas sembrando entre el pueblo la difamación; no depongas contra la sangre de tu prójimo. Yo, Yahvé." No odies en tu corazón a tu hermano, pero repréndele para no cargarte tú por él con un pecado. No te vengues y no guardes rencor contra los hijos de tu pueblo. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo, Yahvé. Guardad mis mandamientos: “No aparearás bestias de diversa especie, ni sembrarás en tu campo simiente de dos especies, ni llevarás vestido tejido de dos especies de lino.” Si alguno yaciera con mujer esclava, desposada de otro, no rescatada ni puesta en libertad, castigúeseles, no con la muerte, pues ella no era libre. Ofrecerá por su pecado el hombre ante Yahvé, a la entrada del tabernáculo de la reunión, un carnero en sacrificio de expiación;" el sacerdote hará por él la expiación ante Yahvé, con el carnero del sacrificio expiatorio por el pecado cometido, y le será perdonado. Cuando hubiereis entrado en la tierra y plantareis árboles frutales de cualquier especie, sus frutos los miraréis como incircuncisos; durante tres años serán para vosotros incircuncisos y no los comeréis." Al cuarto año, todos sus frutos serán consagrados a Yahvé. Al quinto año comeréis ya sus frutos, y el árbol aumentará vuestras utilidades. Yo, Yahvé, vuestro Dios. No comeréis carne con sangre ni practicaréis la adivinación ni la magia. No raparéis en redondo la cabeza ni raeréis los lados de vuestra barba. No os haréis incisiones en vuestra carne por un muerto ni imprimiréis en ella figura alguna. Yo, Yahvé. No profanes a tu hija, prostituyéndola, que no se entregue la tierra a la prostitución y se llene de crímenes. Observad mis sábados y reverenciad mi santuario. No acudáis a los que evocan a los muertos ni a los adivinos, ni los consultéis, para no mancharos con su trato. Yo, Yahvé, vuestro Dios. Álzate ante una cabeza blanca y honra la persona del anciano. Teme a tu Dios. Yo, Yahvé. Si viene un extranjero para habitar en vuestra tierra, no le oprimáis;" tratad al extranjero que habita en medio de vosotros como al indígena de entre vosotros; ámale como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. Yo, Yahvé, vuestro Dios." No hagáis injusticia, ni en los juicios, ni en las medidas de longitud, ni en los pesos, ni en las medidas de capacidad. Tened balanzas justas, pesos justos, un “efá” justo y un “hin” justo. Yo, Yahvé, vuestro Dios, que os he sacado de la tierra de Egipto. Guardad todas mis leyes y mandamientos y practicadlos. Yo, Yahvé.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Di a los hijos de Israel: Quienquiera que de entre los hijos de Israel, o de los extranjeros que habitan en Israel, ofrezca a Moloc un hijo suyo, será castigado con la muerte; el pueblo le lapidará" Yo me volveré contra ese hombre y le exterminaré de en medio de su pueblo por haber entregado a Moloc a uno de sus hijos, manchando mi santuario y profanando mi santo nombre. Si el pueblo cerrase los ojos respecto de este hombre que ofreció a Moloc a uno de sus hijos, y no le diera muerte, yo me volveré contra él y contra su parentela, y le exterminaré de en medio de su pueblo y a cuantos como él se prostituyan ante Moloc. Si alguno acudiera a los que evocan a los muertos y a los que adivinan, prostituyéndose ante ellos, yo me volveré contra él y le exterminaré de en medio de su pueblo. Santifícaos y sed santos, porque yo soy Yahvé, vuestro Dios. Guardad mis leyes y practicadlas. Yo, Yahvé, que os santifica. Quien maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte; caiga su sangre sobre él." Si adultera un hombre con la mujer de su prójimo, hombre y mujer adúlteros serán castigados con la muerte. Si uno se acuesta con la mujer de su padre, descubriendo así la desnudez de su padre, los dos serán castigados con la muerte; caiga sobre ellos su sangre." Si uno se acuesta con su nuera, ambos serán castigados con la muerte; han cometido un crimen vergonzoso; caiga su sangre sobre ellos." Si uno se acuesta con otro como se hace con una mujer, ambos hacen cosa abominable, y serán castigados con la muerte. Caiga su sangre sobre ellos. Si uno toma por mujeres la hija y la madre, es un crimen abominable; serán quemados él y ellas, para que no se dé entre vosotros crimen semejante." El que tenga comercio con una bestia será castigado con la muerte, y la bestia la mataréis. Si una mujer se acerca a una bestia, prostituyéndose ante ella, matarás a la mujer y a la bestia; ambas serán muertas; caiga sobre ellas su sangre." Si uno toma a su hermana, hija de su padre o de su madre, viendo él la desnudez de ella, y ella la desnudez de él, es un crimen, y los dos serán borrados de su pueblo a la vista de los hijos de su pueblo; él ha descubierto la desnudez de su hermana; lleve sobre sí su iniquidad." Si uno se acuesta con mujer mientras ésta tiene el flujo menstrual y descubre su desnudez su flujo, y ella descubre el flujo de su sangre, serán ambos borrados de en medio de su pueblo. No descubras la desnudez de la hermana de tu madre ni la de la hermana de tu padre, porque es descubrir tu propia carne. Llevarán sobre sí su iniquidad. Si uno se acuesta con su tía, descubre la desnudez de su tía. Llevarán sobre sí la iniquidad; no tendrán hijos." Si uno toma mujer de su hermano, es una inmundicia. Descubrió la desnudez de su hermano. No tendrán hijos. Guardad todas mis leyes y todos mis mandamientos y ponedlos por obra, para que no os vomite la tierra adonde os llevo. No imitéis las costumbres de las gentes que yo voy a arrojar de delante de vosotros; ellos hacían estas maldades, y yo los aborrecí." Yo os he dicho: vosotros poseeréis esa tierra, yo os la daré en posesión; es una tierra que mana leche y miel. Yo, Yahvé, vuestro Dios, que os he separado de las gentes." Distinguid entre animales puros e impuros, entre aves puras e impuras, y no os hagáis abominables por los animales, por las aves ni por cuanto repta sobre la tierra, que yo os he enseñado a tener por impuro. Sed santos para mí, porque yo, Yahvé, soy santo, y os he separado de las gentes para que seáis míos. Todo hombre o mujer que evoque a los muertos y se dé a la adivinación será muerto, lapidado; caiga sobre ellos su sangre.” Yahvé dijo a Moisés: “Habla a los sacerdotes hijos de Aarón y diles que ninguno se contamine por un muerto de los de su pueblo, a no ser por próximo consanguíneo, por su madre, por su padre, por su hijo, por su hija, por su hermano, por su hermana virgen que viva con él y no se hubiere casado; por ésa puede contaminarse." Pero no por sus otros parientes, profanándose1. No se raerán la cabeza ni los lados de la barba, ni se harán incisiones en la carne. Serán santos para su Dios y no profanarán su nombre, pues son ellos los que ofrecen las combustiones de Yahvé, pan de su Dios, y han de ser santos. No tomarán mujer prostituida o deshonrada, ni desposada, ni mujer repudiada por su marido, porque el sacerdote está consagrado a su Dios. Por santo le tendrás, pues él ofrece el pan de tu Dios, y será santo para ti, porque santo soy yo, Yahvé, que lo santifico. Si la hija de un sacerdote se profana prostituyéndose, profana a su padre y será quemada en el fuego. El sumo sacerdote, de entre sus hermanos, sobre cuya cabeza se derramó el óleo de la unción, a quien se le llenó la mano para vestirse las vestiduras sagradas, no desnudará su cabeza, no rasgará su vestido, ni se acercará a ningún muerto, ni se contaminará ni por su padre ni por su madre. No se saldrá del santuario, ni profanará el santuario de su Dios, pues el óleo de la unción de su Dios es corona suya. Yo, Yahvé. Tomará virgen por mujer, no viuda, ni repudiada, ni desflorada, ni prostituida. Tomará una virgen de las de su pueblo, y no deshonrará su descendencia en medio de su pueblo, porque yo soy Yahvé, quien le santifico.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a Aarón y dile: Ninguno de tu estirpe, según sus generaciones, que tenga una deformidad corporal, se acercará a ofrecer el pan de su Dios. Ningún deforme se acercará, ni ciego, ni cojo, ni mutilado, ni monstruoso, ni quebrado de pie o mano, ni jorobado, ni enano, ni bisojo, ni sarnoso, ni tinoso, ni hermoso. Ninguno de la estirpe de Aarón que tenga una deformidad corporal se acercará para ofrecer las combustiones de Yahvé; es defectuoso, no se acercará a ofrecer el pan de su Dios;" podrá comer el pan de su Dios, lo santísimo y lo santo, mas no entrar detrás del velo ni acercarse al altar, porque tiene defecto y no debe contaminar mi santuario. Yo, Yahvé, que los santifico.” Así habló Moisés a Aarón y a sus hijos y a todos los hijos de Israel. Habló Yahvé a Moisés, diciendo: “Habla a Aarón y a sus hijos para que respeten las cosas santas que me consagran los hijos de Israel, y no profanen mi santo nombre. Yo, Yahvé. Diles: Cualquiera de vuestra estirpe de vuestras generaciones que tenga sobre sí alguna impureza, guárdese de acercarse a las cosas santas que los hijos de Israel ofrecen a Yahvé; si lo hiciere, será borrado de ante mí. Yo, Yahvé." El que de la estirpe de Aarón tuviere lepra o flujo, no comerá de las cosas santas hasta no quedar puro. Lo mismo el que haya tocado a un inmundo manchado por el contacto de un cadáver, o que haya derramado el semen, o que haya tocado un reptil que le contaminó, o que esté contaminado por haber tocado a un impuro que le transmitió su impureza, cualquiera que ésta sea. Quien tocare algo de eso será impuro hasta la tarde, y no comerá cosa santa; se bañará en agua," y después de la puesta del sol será puro, y podrá comer cosas santas, pues son su comida. No comerá de animal mortecino ni desgarrado, manchándose con ello. Yo, Yahvé. Que guarden todos mis mandamientos, no sea que por algo de esto incurran en pecado y mueran por haber profanado las cosas santas. Yo, Yahvé, que los santifico. Ningún extraño comerá las cosas santas, ni el que habite en la casa del sacerdote ni el mercenario las comerán;" pero el esclavo comprado a precio por el sacerdote y el nacido en su casa podrán comerlas, pues son su alimento. La hija de un sacerdote casada con un extraño no podrá comer de las cosas santas;" pero, si enviudare o fuese repudiada sin tener hijos y vuelve a la casa de su padre, como estaba en ella en su juventud, podrá comer de lo que come su padre; mas ningún extraño lo comerá." Quien por inadvertencia comiere una cosa santa, la restituirá al sacerdote con un quinto de más. No profanen los sacerdotes las cosas santas de los hijos de Israel, lo reservado a Yahvé, y se carguen la fealdad del delito cuando coman las cosas santas. Yo, Yahvé, que los santifico.” Yahvé habló a Moisés diciendo: “Habla a Aarón y a sus hijos y a todos los hijos de Israel, y diles: Quienquiera de la casa de Israel o de los extranjeros que presente su ofrenda, sea en cumplimiento de un voto, sea como ofrenda voluntaria, si lo que ofrece a Yahvé es holocausto, para que sea aceptable, la víctima ha de ser sin defecto de entre los bueyes, las ovejas o las cabras. No ofreceréis nada defectuoso, pues no sería aceptable. Cuando uno ofrezca a Yahvé ganado mayor o ganado menor en sacrificio pacífico, sea para cumplir un voto, sea como ofrenda voluntaria, la víctima, para ser aceptable, ha de ser perfecta, sin defecto. Un animal ciego, cojo o mutilado, ulcerado, sarnoso o tinoso no se lo ofreceréis a Yahvé, ni quemaréis nada de él en el altar a Yahvé. Podrás inmolar como ofrenda voluntaria un buey o una oveja que tenga un miembro demasiado largo o demasiado corto, pero esa víctima no sería aceptable para el cumplimiento de un voto. No ofreceréis a Yahvé un animal que tenga los testículos aplastados, hundidos, cortados o arrancados; no lo ofreceréis a Yahvé; eso no lo haréis nunca en vuestra tierra." Ni de la mano de un extranjero recibiréis tales víctimas para ofrecerlas como alimento de vuestro Dios, pues están corrompidas y manchadas y no serían aceptables.” Yahvé dijo a Moisés: “Al nacer un becerro, un cordero o un cabrito, quedarán siete días a la ubre de la madre; a partir del día octavo serán en adelante agradables para ser ofrecidos a Yahvé en sacrificio por el fuego;" sea buey o cordero, no inmoléis en el mismo día el animal y su cría. Cuando ofrezcáis a Yahvé un sacrificio de acción de gracias, lo ofreceréis de manera que sea aceptable;" la víctima será comida el día mismo, sin dejar nada para el día siguiente. Yo, Yahvé.” Guardad mis mandamientos y ponedlos por obra; yo, Yahvé." No profanéis mi santo nombre; sea yo santificado en medio de los hijos de Israel. Yo, Yahvé, que os santifico," y os he sacado de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios. Yo, Yahvé.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: Estas son las solemnidades, asambleas santas, que convocaréis. Seis días trabajaréis, pero el séptimo, que es sábado, es santo, día de descanso y de santa asamblea. No haréis en él trabajo alguno. Es el descanso consagrado a Yahvé dondequiera que habitéis. Estas son las fiestas de Yahvé, las asambleas santas que convocaréis a su tiempo. El mes primero, el día catorce del mes, entre dos luces, es la pascua de Yahvé. El quince del mes es la fiesta de los ázimos de Yahvé. Durante siete días comeréis pan sin levadura. El primer día convocaréis asamblea santa, y no haréis ningún trabajo servil. Ofreceréis a Yahvé por siete días consecutivos sacrificios por el fuego. El séptimo día convocaréis asamblea santa y no haréis en él ningún trabajo servil.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os daré y hagáis en ella la recolección, llevaréis al sacerdote una gavilla de espigas, primicias de vuestra recolección; u y él agitará la gavilla ante Yahvé para que os sea propicio; el sacerdote la agitará al día siguiente al sábado," -- omitido por paráfrasis -- y el día que ofrezcáis la gavilla, sacrificaréis en holocausto a Yahvé un cordero primal sin defecto, acompañaréis la oblación de dos décimas de flor de harina, como ofrenda de combustión de olor suave a Yahvé; la libación será de vino, un cuarto de “hin.” No comeréis ni pan, ni trigo tostado, ni espigas frescas de lo nuevo hasta el día en que llevéis la ofrenda a vuestro Dios. Es ley perpetua para vuestros descendientes dondequiera que habitéis. A partir del día siguiente al sábado, del día en que traigáis la gavilla de espigas, contaréis siete semanas completas. Contados así cincuenta días hasta el día siguiente del séptimo sábado, ofreceréis a Yahvé una nueva oblación. Llevaréis de vuestra casa, para agitarlos, dos panes hechos con dos décimas de flor de harina y cocidos con levadura. Son las primicias de Yahvé. Con estos panes ofreceréis en holocausto a Yahvé siete corderos primales sin defecto, un novillo y dos carneros, acompañando la ofrenda y la libación, en sacrificio de combustión de suave olor a Yahvé. Inmolaréis también un macho cabrío en sacrificio por el pecado y dos corderos primales en sacrificio pacífico. El sacerdote los mecerá con los panes de las primicias, en ofrenda mecida ante Yahvé; y los panes, lo mismo que los dos corderos consagrados a Yahvé, serán para el sacerdote." Ese mismo día convocaréis asamblea santa, y no haréis en él ningún trabajo servil. Es ley perpetua para vuestros descendientes dondequiera que habitéis. Cuando hagáis la recolección en vuestra tierra, no segarás hasta el límite extremo del campo ni recogerás lo que queda para espigar; lo dejarás para el pobre y el extranjero. Yo, Yahvé, vuestro Dios." Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: Al séptimo mes, el día primero del mes tendréis fiesta solemne, anunciada a son de trompeta, asamblea santa. No haréis en él ningún trabajo servil y ofreceréis a Yahvé sacrificios de combustión. Yahvé habló así a Moisés: “El día décimo del séptimo mes es el día de la expiación; tendréis asamblea santa, os mortificaréis, y ofreceréis a Yahvé sacrificios de combustión." No haréis en ese día ningún trabajo servil, porque es día de expiación y se ha de hacer la expiación por vosotros ante Yahvé, vuestro Dios. Todo el que en ese día no se afligiere, será borrado de en medio de su pueblo;" y todo el que en ese día haga un trabajo cualquiera, yo le exterminaré de en medio de su pueblo. No haréis trabajo alguno. Es ley perpetua para vuestros descendientes dondequiera que habitéis. Será para vosotros sábado, día de reposo, de ofrenda mecida, y os afligiréis; el noveno día del mes, desde la tarde hasta la tarde siguiente, guardaréis vuestro sábado.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: El día quince de este séptimo mes es la fiesta de los Tabernáculos, durante siete días, en honor de Yahvé. El día primero, asamblea santa; no haréis en él ningún trabajo servil." Durante siete días ofreceréis a Yahvé sacrificios de combustión. El día octavo, asamblea santa, y ofreceréis a Yahvé sacrificios de combustión. Es asamblea santa; no haréis en él ningún trabajo servil." Estas son las fiestas de Yahvé que convocaréis para tener en ellas asamblea santa y ofrecer a Yahvé sacrificios de combustión, holocaustos y oblaciones, víctimas y libaciones, cada día lo que corresponda, además de los sábados de Yahvé, de vuestros dones, de vuestros votos y de todas las ofrendas voluntarias que presentéis a Yahvé. El día quince del séptimo mes, cuando hayáis recogido los frutos de la tierra, celebraréis la fiesta de Yahvé durante siete días. El primer día será de descanso, e igualmente el octavo. El primer día tomaréis gajos de frutales hermosos, ramos de palmera, ramas de árboles frondosos, de sauces de ribera, y os regocijaréis ante Yahvé, vuestro Dios, durante siete días. Celebraréis esta fiesta durante siete días cada año. Es ley perpetua para vuestros descendientes, y la celebraréis el séptimo mes. Moraréis los siete días en cabanas; todo indígena de Israel morará en cabanas," para que sepan sus descendientes que yo hice habitar en tiendas a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo, Yahvé, vuestro Dios. Moisés promulgó las fiestas de Yahvé a los hijos de Israel. Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Manda a los hijos de Israel que te traigan para el candelabro aceite puro de olivas molidas, para alimentar continuamente las lámparas. Por defuera del velo que está delante del testimonio, en el tabernáculo de la reunión, Aarón las preparará para que ardan continuamente, de la tarde a la mañana, en presencia de Yahvé. Es ley perpetua para vuestros descendientes. Dispondrás siempre las lámparas en el candelabro de oro puro, para que ardan continuamente ante Yahvé. Tomarás flor de harina y cocerás doce panes de dos décimas cada uno, y los colocarás, en dos rimeros de seis cada uno, sobre la mesa de oro delante de Yahvé. Pondrás incienso puro sobre cada rimero, que sea para el pan perfume de combustión a Yahvé. Cada sábado, de continuo, lo dispondrás así ante Yahvé, de parte de los hijos de Israel, en perpetua alianza. Serán para Aarón y sus hijos, que los comerán en lugar santo, porque es para ellos cosa santísima entre las ofrendas de combustión hechas a Yahvé. Es ley perpetua. El hijo de una mujer israelita, pero de padre egipcio, que habitaba entre los hijos de Israel, riñó en el campo con el hijo de una mujer israelita y de un padre israelita;" y profirió el nombre de Yahvé y le maldijo. Su madre se llamaba Sulamit, hija de Dabri, de la tribu de Dan. Le encarcelaron hasta que Moisés pronunciase de parte de Yahvé lo que había de hacerse;" y Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Saca del campo al blasfemo; que cuantos le han oído le pongan su mano sobre la cabeza y que toda la asamblea le lapide." Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Quienquiera que maldijere a su Dios llevará sobre sí su iniquidad;" y quien blasfemare el nombre de Yahvé será castigado con la muerte; toda la asamblea le lapidará. Extranjero o indígena, quien blasfemare de Yahvé, morirá." Quien hiera a otro mortalmente, morirá. Quien hiera mortal-mente una bestia, restituirá bestia por bestia. Al que maltrata a su prójimo se le hará como él ha hecho: fractura por fractura, ojo por ojo, diente por diente; se le hará la misma herida que él haya hecho a su prójimo." Quien matare una bestia, pagúela; pero quien matare a un hombre, será muerto." una sola ley tendréis para el extranjero, igual que para el indígena, porque yo soy Yahvé, vuestro Dios.” Moisés se lo comunicó a los hijos de Israel, y conducido el blasfemo fuera del campamento, le lapidaron, haciendo lo que Yahvé había mandado a Moisés. Yahvé habló a Moisés en el monte Sinaí, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hubiereis entrado en la tierra que Yahvé os da, descansará la tierra; será un descanso en honor de Yahvé." Seis años sembrarás tu campo y seis años vendimiarás tu viña y recogerás sus productos;" pero el séptimo será un sábado de descanso para la tierra, sábado en honor de Yahvé. Ni sembrarás en él tu campo, ni podarás tu viña, ni recogerás lo que de sí dieren; ni el trigo que dé tu campo ni las uvas que dé tu viña las vendimiarás; será para la tierra año de descanso." Lo que la tierra diere de sí os servirá de comida a ti, a tu siervo y a tu sierva, a tu jornalero y al extranjero que habita contigo, a tus bestias y a los animales de tu tierra; todo su producto os servirá de alimento." Contarás siete semanas de años, siete veces siete años, viniendo a ser el tiempo de las siete semanas de cuarenta y nueve años. El día décimo del séptimo mes harás que resuene el sonido de la trompeta, el sonido de la expiación; haréis resonar el sonido de la trompeta por toda vuestra tierra," y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis la libertad por toda la tierra para todos los habitantes de ella. Será para vosotros jubileo, y cada uno de vosotros recobrará su propiedad, volverá a su familia. El año cincuenta será para vosotros jubileo; no sembraréis ni recogeréis lo que de sí diere la tierra, ni vendimiaréis la viña no podada;" porque es el jubileo, que será sagrado para vosotros. Comeréis el fruto que de sí dieren los campos. En este año jubilar volverá cada uno a su posesión. Si vendéis a vuestro prójimo o le compráis alguna cosa, que nadie perjudique a su hermano. Comprarás a tu prójimo conforme al número de años transcurridos después del jubileo, y conforme al número de años de cosecha te venderá él a ti. Cuantos más años queden, tanto más aumentarás el precio; cuantos menos queden, tanto más lo bajarás, porque es el número de las cosechas lo que se vende." Que nadie de vosotros defraude a su hermano; teme a tu Dios, porque yo soy Yahvé, vuestro Dios." Cumplid mis leyes y poned por obra mis mandamientos, guardadlos y viviréis seguros en la tierra. La tierra dará sus frutos, comeréis a saciedad y habitaréis en ella en seguridad. Si preguntáis: ¿Qué comeremos el año séptimo, pues que no sembramos ni cosechamos nuestros frutos?, yo os mandaré mi bendición el año sexto, y producirá frutos para tres años. Sembraréis el año octavo y comeréis de la cosecha añeja; hasta la cosecha del año venidero comeréis frutos añejos." Las tierras no se venderán a perpetuidad, porque la tierra es mía, y vosotros sois en lo mío peregrinos y extranjeros. En todo el territorio de vuestra posesión daréis derecho a redimir la tierra. Si tu hermano empobreciere y vendiere algo de su propiedad, vendrá el que tenga derecho, su pariente más próximo, y rescatará lo vendido por su hermano. Si no tuviere rescatador, que busque él con qué hacer el rescate;" entonces descontará los años desde la venta y pagará al comprador lo que reste, volviendo a su propiedad. Si no halla de qué pagar el resto, lo vendido quedará en poder del comprador hasta el año del jubileo, y entonces será libre, y el vendedor tornará a entrar en su propiedad. Si vendiere uno una casa en ciudad amurallada, tendrá derecho al rescate durante un año a partir de la venta; su derecho al rescate durará un año entero." Si la casa situada en una ciudad amurallada no es rescatada dentro del año completo, será por siempre del que la compró y de sus descendientes; no quedará libre el año del jubileo." Las casas de los pueblos no amurallados serán tenidas como feudo de la tierra, podrán ser rescatadas y serán liberadas el año del jubileo. Por lo que hace a las ciudades de los levitas, las casas que en ellas tengan los levitas serán perpetuamente rescatables. Cuando la casa de un levita no fuere rescatada, la casa vendida en ciudad, de las que les han sido dadas, quedará liberada en el jubileo, porque las casas de los levitas en sus ciudades son su posesión en medio de los hijos de Israel. Los campos situados en derredor de las ciudades de los levitas no podrán venderse, pues son su posesión a perpetuidad. Si empobreciere tu hermano y te tendiere su mano, acógele y viva contigo como extranjero y peregrino;" no le darás tu dinero a usura ni de tus bienes a ganancia. Terne a tu Dios y viva contigo tu hermano. No le prestes tu dinero a usura ni tus víveres a ganancia. Yo, Yahvé, vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto para daros la tierra de Canaán para ser vuestro Dios. Si empobreciere tu hermano cerca de ti y se te vende, no le trates como siervo;" sea para ti como mercenario; te servirá hasta el año del jubileo." Saldrá de tu casa él y sus hijos con él, y volverá a su familia, entrando de nuevo en la propiedad de sus padres. Porque son siervos míos que saqué yo de la tierra de Egipto y no han de ser vendidos como esclavos. No los dominarás duramente, sino que temerás a Yahvé, tu Dios. Los esclavos o esclavas que tengas, tomadlos de las gentes que están en derredor vuestro; de ellos compraréis siervos y siervas." También podréis comprar de entre los hijos de los extranjeros que viven con vosotros y de entre los que de su linaje han nacido en medio de vosotros, y serán propiedad vuestra. Se los dejaréis en herencia a vuestros hijos después de vosotros, como posesión hereditaria, sirviéndoos de ellos siempre; pero de vuestros hermanos, los hijos de Israel, ninguno de vosotros será para su hermano un amo duro." Si el extranjero o peregrino que vive en medio de vosotros se enriqueciere, y un hermano tuyo cerca de él empobreciere, y se vendiere al extranjero que vive contigo o a uno de su linaje, tendrá derecho a su rescate después de haberse vendido; cualquiera de sus hermanos podrá redimirle;" su tío, o el hijo de su tío, o un pariente próximo podrá redimirle; o si él ganare con qué, él mismo se redimirá." Contará al que le compró los años desde su venta al año del jubileo, y el precio de venta se computará según el número de años, valorando sus jornadas de trabajo como las de un jornalero. Si quedan todavía muchos años, pagará su rescate conforme al número de esos años, pagará el precio en que se vendió;" si quedan pocos años hasta el día del jubileo, hará la cuenta, y conforme al número de esos años pagará su rescate. Le tratará como a un ajustado por año, y no consentirás que a tus ojos le trate su amo con dureza. Si no es rescatado por sus parientes, quedará libre el año del jubileo, él y sus hijos consigo. Porque son míos los hijos de Israel, son siervos míos, que saqué yo de la tierra de Egipto. Yo, Yahvé, vuestro Dios. No os hagáis ídolos, ni os alcéis cipos, ni pongáis en vuestra tierra piedras esculpidas para prosternaros ante ellos, porque soy yo, Yahvé, vuestro Dios. Guardad mis sábados y reverenciad mi santuario. Yo, Yahvé. Si cumplís mis leyes, si guardáis mis mandamientos y los ponéis por obra, yo mandaré las lluvias a su tiempo, la tierra dará sus frutos, y los árboles del campo darán los suyos. La trilla se prolongará entre vosotros hasta la vendimia, y la vendimia hasta la sementera, y comeréis vuestro pan a saciedad y habitaréis en seguridad en vuestra tierra. Daré paz a la tierra; nadie turbará vuestro sueño, y dormiréis sin que nadie os espante. Haré desaparecer de vuestra tierra los animales dañinos, y no pasará por vuestro país la espada." Perseguiréis a vuestros enemigos, que caerán ante vosotros al filo de la espada. Cinco de vosotros perseguirán a ciento, ciento de vosotros perseguirán a diez mil, y vuestros enemigos caerán ante vosotros al filo de la espada. Yo volveré a vosotros mi rostro, y os haré fecundos y os multiplicaré, y yo mantendré mi alianza con vosotros. Comeréis lo añejo, y habréis de sacar fuera lo añejo para encerrar lo nuevo, u Estableceré mi morada entre vosotros y no os abominará mi alma. -- omitido por paráfrasis -- Marcharé en medio de vosotros y seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo. Yo, Yahvé, vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto para que no fueseis esclavos en ella, rompí las coyundas de vuestro yugo y hago que podáis andar erguida la cabeza. Pero, si no me escucháis y no ponéis por obra mis mandamientos, si desdeñáis mis leyes, menospreciáis mis mandamientos y no los ponéis por obra, y rompéis mi alianza, ved lo que también yo haré con vosotros: echaré sobre vosotros el espanto, la consunción y la calentura, que debilitan los ojos y consumen la vida; sembraréis en vano vuestra simiente, pues serán los enemigos los que la comerán;" me volveré airado contra vosotros y seréis derrotados por vuestros enemigos; os dominarán los que os aborrecen, y huiréis sin que os persiga nadie." Si después de esto no me obedecéis todavía, echaré sobre vosotros plagas siete veces mayores por vuestros pecados;" quebrantaré la fuerza de vuestro orgullo; haré como de hierro vuestro cielo y como de bronce vuestra tierra." Serán vanas vuestras fatigas, pues no os dará la tierra sus productos, ni los árboles de ella sus frutos. Y si todavía os oponéis a mí y no queréis obedecerme, os castigaré otras siete veces más por vuestros pecados;" lanzaré contra vosotros fieras que devoren vuestros hijos, destrocen vuestro ganado y os reduzcan a escaso número, de modo que queden desiertos vuestros caminos. Si con tales castigos no os convertís a mí y seguís marchando contra mí, yo a mi vez marcharé contra vosotros y os rechazaré, y os heriré también siete veces más por vuestros pecados;" esgrimiré contra vosotros la espada vengadora de mi alianza; os refugiaréis en vuestras ciudades, y yo mandaré en medio de vosotros la peste y os entregaré en manos de vuestros enemigos," quebrantando todo vuestro sostén de pan; diez mujeres bastarán para cocer el pan en un solo horno y os lo darán tasado; comeréis y no os hartaréis." Si todavía no me obedecéis y seguís oponiéndoos a mí, yo me opondré a vosotros con furor y os castigaré siete veces por vuestros pecados. Comeréis las carnes de vuestros hijos, comeréis las carnes de vuestras hijas;" destruiré vuestros lugares excelsos, abatiré vuestras estelas consagradas al sol; amontonaré vuestros cadáveres sobre los cadáveres de vuestros ídolos, y mi alma os abominará." Convertiré vuestras ciudades en desiertos, saquearé vuestros santuarios y no aspiraré ya más el suave olor de vuestros perfumes. De vastaré la tierra, y vuestros enemigos, que serán los que la habiten, quedarán pasmados;" y a vosotros os dispersaré yo entre las gentes y os perseguiré con la espada desenvainada en pos de vosotros; vuestra tierra será devastada, y vuestras ciudades quedarán desiertas." Entonces disfrutará la tierra de sus sábados, durante todo el tiempo que durare la soledad y estéis vosotros en la tierra de vuestros enemigos. Entonces descansará la tierra y gozará de sus sábados. Todo el tiempo que quedará devastada, tendrá el descanso que no tuvo en vuestros sábados, cuando erais vosotros los que la habitabais. A los que de vosotros sobrevivan, yo les infundiré espanto tal en sus corazones, en la tierra de sus enemigos, que el moverse de una hoja los sobresaltará y los hará huir como se huye de la espada, y caerán sin que nadie los persiga;" y tropezarán los unos con los otros, como si huyeran delante de la espada, aunque nadie los persiga; y no podréis resistir ante vuestros enemigos;" y pereceréis entre las gentes, y la tierra de vuestros enemigos os devorará. Los que sobrevivan serán consumidos por sus iniquidades en la tierra enemiga, y consumidos por las iniquidades de sus padres. Confesarán sus iniquidades y las de sus padres por las prevaricaciones con que contra mí prevaricaron, y que, por habérseme opuesto a mí, me opuse yo a ellos y los eché a tierra de enemigos. Humillarán su corazón incircunciso y reconocerán sus iniquidades;" y yo entonces me acordaré de mi alianza con Jacob, de mi alianza con Isaac, de mi alianza con Abraham, y me acordaré de su tierra. Ellos tendrán que abandonar la tierra, que gozará de sus sábados, yerma, lejos de ellos. Serán sometidos al castigo de sus iniquidades por haber menospreciado mis mandamientos y haber aborrecido mis leyes. Pero, aun con todo esto, cuando estén en tierra enemiga, yo no los rechazaré, ni abominaré de ellos hasta consumirlos del todo, ni romperé mi alianza con ellos, porque yo soy Yahvé, su Dios. Me acordaré por ellos de mi alianza antigua, cuando los saqué de la tierra de Egipto a los ojos de las gentes para ser su Dios. Yo, Yahvé.” Estos son los mandamientos, estatutos y leyes que Yahvé estableció entre sí y los hijos de Israel, en el monte Sinaí, por medio de Moisés. Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: Si uno hace voto a Yahvé, se estimarán para Yahvé las personas, como las estimas tú. Un hombre de veinte a sesenta años lo estimarás en cincuenta siclos de plata, según el peso del siclo del santuario. Una mujer la estimarás en treinta siclos. De los cinco a los veinte años” estimarás un mozo en veinte siclos, y una moza en diez. De un mes a cinco años, estimarás en cinco siclos un niño y en tres siclos una niña. De sesenta años para arriba, estimarás en quince siclos un hombre y en diez una mujer. Si el que hizo el voto es demasiado pobre para pagar el valor de tu estimación, será presentado al sacerdote, que fijará el precio según los recursos del hombre aquel.” Si el voto es de animales de los que se ofrecen a Yahvé, cuanto así se ofrece en don a Yahvé será cosa santa. No será mudado, no se pondrá uno malo en vez de uno bueno, ni uno bueno en vez de uno malo; si se permutare un animal por otro, ambos serán cosa santa." Si es de animal impuro, de los que no pueden ofrecerse a Yahvé en sacrificio, se le presentará al sacerdote, que lo estimará según sea de bueno o de malo, y se estará a la estimación del sacerdote. Si se le quiere rescatar, se añadirá un quinto a su valor. Si uno santifica a su casa, consagrándola a Yahvé, el sacerdote hará la estimación de ella, según que sea de buena o de mala, y se estará a la estimación del sacerdote. Si se la quisiere rescatar, se añadirá un quinto al precio de tu estimación y será suya. Si uno santifica parte de la tierra de su propiedad, tu estimación será conforme a su sembradura, a razón de cincuenta siclos por cada “jómer” de cebada de sembradura. Si la santifica antes del año de jubileo, habrá de atenerse a tu estimación;" pero, si es después del jubileo cuando santifica su campo, el sacerdote lo estimará según el número de años que quedan para el jubileo, haciendo la rebaja de tu estimación. Si el que santificó el campo quiere rescatarlo, añadirá un quinto al precio de tu estimación, y el campo quedará suyo. Si no los rescata o lo vende a uno de otra familia, el campo no podrá ser rescatado más;" y cuando al jubileo quede libre, será consagrado a Yahvé, como campo de voto, y pasará a ser propiedad del sacerdote. Si uno consagra a Yahvé un campo comprado por él, que no es parte de su heredad, el sacerdote calculará el valor según tu estimación y los años que falten para el jubileo, y el hombre pagará aquel mismo día lo fijado, como cosa consagrada a Yahvé. El año del jubileo, el campo volverá a quien lo había vendido y de cuya heredad era parte. Toda estimación se hará según el siclo del santuario, que es de veinte “guerras.” Nadie, sin embargo, podrá consagrar el primogénito de su ganado, que, como primogénito, pertenece a Yahvé; buey u oveja, de Yahvé es." Si se tratare de animal impuro, será redimido conforme a tu estimación, añadiendo sobre ella un quinto, y si no lo redimieres, será vendido conforme a tu estimación. Nada de aquello que se consagre a Yahvé con anatema, sea hombre o animal o campo de su propiedad, podrá ser vendido ni rescatado; cuanto se consagra a Yahvé con anatema es cosa santísima." Nada consagrado con anatema podrá ser rescatado; habrá de ser muerto." Todo diezmo de la tierra, tanto de las semillas de la tierra como de los frutos de los árboles, es de Yahvé, es cosa consagrada a Yahvé. Si alguno quisiere rescatar parte de su diezmo, habrá de añadir el quinto. Los diezmos del ganado mayor o menor, de todo cuanto pasa bajo el cayado, son de Yahvé, No se mirará si es bueno o si es malo, ni se trocará; y si se trocare, el animal y su trueque serán ambos cosa santa, y no podrán ser rescatados." Estos son los mandamientos que dio Yahvé a Moisés para los hijos de Israel en el monte Sinaí. El día primero del segundo mes del año segundo después de la salida de Egipto, habló Yahvé a Moisés en el desierto del Sinaí, en el tabernáculo de la reunión, diciendo: “Haz un censo general de toda la asamblea de los hijos de Israel, por familias y por linajes, describiendo por cabezas los nombres de todos los varones de veinte años para arriba, de todos los aptos para el servicio de las armas de Israel. Tú y Aarón haréis el censo, según sus escuadras. Tendréis con vosotros para asistiros un hombre por cada tribu, jefe de linaje.” He aquí los nombres de los que os han de asistir: De Rubén, Elisur, hijo de Sedeur. De Simeón, Selamiel, hijo de Zurisadai. De Judá, Nasón, hijo de Aminadab. De Isacar, Natanael, hijo de Suar. De Zabulón, Eliab, hijo de Jelón. De los hijos de José: De Efraím, Elisama, hijo de Amiud. De Manasés, Gamaliel, hijo de Pedasur. De Benjamín, Abidán, hijo de Gedeón. De Dan, Ajiezer, hijo de Amisadai. De Aser, Feguiel, hijo de Ocrán. De Gad, Eliasab, hijo de Deuel. De Neftalí, Ajira, hijo de Enán. Estos serán los nombrados de la comunidad: sus príncipes de sus tribus, jefes de los millares de Israel.” Moisés y Aarón tomaron a estos varones designados por sus nombres, y convocaron la asamblea toda para el día primero del segundo mes, y se hizo el censo por familias y linajes, registrándose por cabezas los nombres de los de veinte años para arriba. Como se lo había mandado Yahvé a Moisés, así se hizo el censo en el desierto del Sinaí. Hijos de Rubén, primogénito de Israel, sus descendientes por familias y linajes, contando por cabezas los nombres de todos los varones de veinte años para arriba, todos los hombres aptos para servirse de las armas;" fueron contados de la tribu de Rubén cuarenta y seis mil quinientos. Hijos de Simeón, sus descendientes por familias y linajes, contando los nombres de todos los varones de veinte años para arriba, todos los hombres aptos para servirse de las armas, fueron contados de la tribu de Simeón cincuenta y nueve mil trescientos. Hijos de Gad, sus descendientes por familias y linajes, contando los nombres de todos los de veinte años para arriba aptos para servirse de las armas, fueron contados de la tribu de Gad cuarenta y cinco mil seiscientos cincuenta. Hijos de Judá, sus descencientes por familias y linajes, contando los nombres de todos los de veinte años para arriba aptos para servirse de las armas;" fueron contados de la tribu de Judá setenta y cuatro mil seiscientos. Hijos de Isacar, sus descendientes por familias y linajes, contando los nombres de todos los varones de veinte años para arriba aptos para servirse de las armas, fueron contados de la tribu de Isacar cincuenta y cuatro mil cuatrocientos. Hijos de Zabulón, sus descendientes por familias y linajes, contando los nombres de todos los varones de veinte años para arriba aptos para servirse de las armas, fueron contados de la tribu de Zabulón cincuenta y siete mil cuatrocientos. Hijos de José: de los hijos de Efraím, por sus familias y linajes, contando los nombres de todos los varones de veinte años para arriba aptos para las armas, fueron contados de la tribu de Efraím cuarenta mil quinientos” Hijos de Manasés, por sus familias y linajes, contando los nombres de todos los varones de veinte años para arriba aptos para las armas, se contaron de la tribu de Manasés treinta y dos mil doscientos. Hijos de Benjamín, por sus familias y linajes, contando todos los varones de veinte años para arriba aptos para las armas, se contaron de la tribu de Benjamín treinta y cinco mil cuatrocientos. Hijos de Dan, por familias y linajes, contando todos los varones de veinte años para arriba aptos para las armas, se contaron de la tribu de Dan sesenta y dos mil setecientos. Hijos de Aser, por sus familias y linajes, contando todos los varones de veinte años para arriba aptos para las armas, se contaron de la tribu de Aser cuarenta y un mil quinientos. Hijos de Neftalí, por sus familias y linajes, contando todos los varones de veinte años para arriba aptos para las armas, se contaron de la tribu de Neftalí cincuenta y tres mil cuatrocientos. Estos fueron todos los contados de los hijos de Israel por sus linajes, los que contaron Moisés y Aarón con los doce príncipes de Israel, uno por cada tribu;" siendo todos los contados de los hijos de Israel, según sus linajes, de veinte años para arriba aptos para hacer la guerra en Israel, seiscientos tres mil quinientos cincuenta. Los levitas no fueron contados entre éstos según la tribu, porque había hablado Yahvé a Moisés, diciendo: “Sólo dejarás de contar la tribu de Leví; no los contarás entre los hijos de Israel," sino que pondrás a los levitas en el tabernáculo del testimonio, sobre todos sus utensilios y sobre todo cuanto le pertenece. Ellos llevarán el tabernáculo y todos sus utensilios, y servirán en él, y sentarán sus tiendas en derredor del tabernáculo. Y cuando el tabernáculo hubiera de trasladarse, los levitas lo desarmarán; y cuando hubiera de pararse, ellos lo armarán, y el extraño que se acercare morirá." Los hijos de Israel sentarán sus tiendas cada uno en su cuartel, bajo la propia enseña, por orden de escuadras;" pero los levitas sentarán las suyas alrededor del tabernáculo del testimonio, para que la congregación de los hijos de Israel no incurra en ira; los levitas tendrán la guarda del tabernáculo del testimonio.” Hicieron los hijos de Israel cuanto mandó Yahvé a Moisés; así lo hicieron." Habló Yahvé a Moisés, diciendo: “Que acampen los hijos de Israel cada uno junto a su enseña, bajo las banderas de sus linajes, frente al tabernáculo de reunión y en torno a él. Delante, al oriente, acampará Judá con su enseña y escuadras. De los hijos de Judá es jefe Naasón, hijo de Ami-nadab;" su cuerpo de ejército, según el censo, es de setenta y cuatro mil seiscientos hombres. A sus lados acampará la tribu de Isacar; el jefe de los hijos de Isacar es Natanael, hijo de Suar," y su cuerpo de ejército es, según el censo, de cincuenta y cuatro mil cuatrocientos hombres. Después la tribu de Zabulón; el jefe de los de Zabulón es Eliab, hijo de Jelón," y su cuerpo de ejército es, según el censo, de cincuenta y siete mil cuatrocientos hombres. El total para el campo de Judá es, según el censo, de ciento ochenta y seis mil cuatrocientos nombres por sus escuadras. Serán los primeros que se pongan en marcha. Al mediodía, la enseña del campamento de Rubén, con sus escuadras. El jefe de los hijos de Rubén es Elisur, hijo de Sedeur, y su cuerpo de ejército, según el censo, es de cuarenta y seis mil quinientos hombres. A sus lados acampará la tribu de Simeón; el jefe de los hijos de Simeón es Salamiel, hijo de Zurisagún," y su cuerpo de ejército es, según el censo, de cincuenta y nueve mil trescientos hombres. Después la tribu de Gad; el jefe de los hijos de Gad es Aliasab, hijo de Deuel," y su cuerpo de ejército es, según el censo, de cuarenta y cinco mil seiscientos cincuenta hombres. El total del campo de Rubén es, según el censo, de ciento cincuenta y un mil cuatrocientos cincuenta hombres. Se pondrán en marcha los segundos. Después avanzará el tabernáculo de la reunión, yendo el campo de los levitas en medio de los otros. Seguirán en la marcha el orden de su campamento, cada uno según su puesto y su enseña. Al occidente, la enseña de Efraím; el jefe de los hijos de Efraím es Elisama, hijo de Amiud," y su cuerpo de ejército es, según el censo, de cuarenta mil quinientos hombres. A sus lados acampará la tribu de Manasés; el jefe de la tribu de Manasés es Gamaliel, hijo de Pedasur," y su cuerpo de ejército es, según el censo, de treinta y dos mil doscientos hombres. La tribu de Benjamín; el jefe de los hijos de Benjamín es Abidán, hijo de Gedeón," y su cuerpo de ejército es, según el censo, de treinta y cinco mil cuatrocientos hombres. El total del campo de Efraím es, según el censo, de ciento ocho mil cien hombres; se pondrán en marcha los terceros." Al norte, la enseña del campo es Dan, con sus tropas. El jefe de los hijos de Dan es Ajiezer, hijo de Amisadai, y su cuerpo de ejército es, según el censo, de sesenta y dos mil setecientos hombres. A sus lados acampará la tribu de Aser; el jefe de los hijos de Aser es Feguiel, hijo de Ocrán," y su cuerpo de ejército es, según el censo, de cuarenta y un mil quinientos hombres. La tribu de Neftalí; el jefe de los hijos de Neftalí es Ajira, hijo de Enán," y su cuerpo de ejército es, según el censo, de cincuenta y tres mil cuatrocientos hombres. El total del campamento de Dan es, según el censo, de ciento cincuenta y siete mil seiscientos hombres. Se pondrán en marcha los últimos, según sus enseñas. Estos fueron los hijos de Israel inscritos en el censo, según sus linajes. El total de todos los hombres inscritos, repartidos en varios campos, según sus cuerpos de ejército, fue de seiscientos tres mil quinientos cincuenta hombres. Los levitas no fueron comprendidos en el censo con los hijos de Israel, según la orden que Yahvé había dado a Moisés. Los hijos de Israel hicieron todo lo que a Moisés había mandado Yahvé. Así acamparon, según sus enseñas, y así se ponían en marcha cada uno según sus familias y su linaje. He aquí las descendencias de Aarón y Moisés al tiempo en que Yahvé habló a Moisés en la montaña del Sinaí. He aquí los nombres de los hijos de Aarón: Nadab, el primogénito; Abiú, Eleazar e Itamar." Estos son los nombres de los hijos de Aarón, sacerdotes ungidos y consagrados para el sacerdocio. Nadab y Abiú murieron al llevar ante Yahvé un fuego extraño en el desierto del Sinaí y no dejaron hijos. Eleazar e Itamar ejercieron el sacerdocio con Aarón, su padre. Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Llama a la tribu de Leví, que se acerque a Aarón, el sacerdote, y se ponga a su servicio. Ellos se encargarán de todo cuanto sea necesario para él y para toda la asamblea ante el tabernáculo de la reunión, haciendo así el servicio del tabernáculo. Tendrán a su cargo todos los utensilios del tabernáculo de la reunión y cuanto necesiten los hijos de Israel en el servicio del tabernáculo. Darás los levitas a Aarón y a sus hijos, se los darás enteramente de entre los hijos de Israel. A Aarón y a sus hijos les encomendarás las funciones de su sacerdocio; el extraño que se acercare al santuario será castigado con la muerte.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Yo he tomado de en medio de Israel a los levitas en lugar de todo primogénito que abre la vulva de su madre, entre los hijos de Israel, y los levitas serán míos, porque mío es todo primogénito; el día en que yo maté a todos los primogénitos en la tierra de Egipto, me consagré a mí todos los primogénitos de Israel, tanto de hombres como de animales; son míos. Yo, Yahvé.” Y habló Yahvé a Moisés en el desierto del Sinaí, diciendo: “Enumera a los hijos de Leví según sus linajes y familias. Haz el censo de todos los varones de un mes para arriba.” Y Moisés hizo el censo según la orden de Yahvé, como éste se lo había mandado. Estos fueron los hijos de Leví, por sus nombres: Gersón, Caat y Merarí. Nombres de los hijos de Gersón, por sus familias: Libní y Semeí. Hijos de Caat, por sus familias: Amram, Jesuar, Jebrón y Oziel. Hijos de Merarí, por familias: Mojlí y Musí. Estas son las familias de Leví según sus linajes. De Gersón proceden las familias de Libní y la de Semeí: éstos son los linajes de Gersón. Los enumerados de ellos en el censo de todos los varones de un mes para arriba fueron siete mil quinientos. Los linajes de Gersón sentarán sus tiendas a espaldas del tabernáculo, a occidente. El jefe del linaje de los gersonitas es Eliasaf, hijo de Lael. Cuanto al tabernáculo de la reunión, los hijos de Gersón tenían a su cargo la tienda, y sus cubiertas, el velo de la entrada en la tienda, la cortina de la entrada del atrio, y las de éste en torno al tabernáculo y del altar, y las cuerdas para todo su servicio. De Caat proceden los linajes de los amramitas, los jezeritas, los jebronitas y los uzielitas; éstos son los linajes de Caat." El censo de todos los varones de un mes para arriba dio ocho mil seiscientos adscritos al servicio del santuario. Los linajes de los hijos de Caat acampaban al mediodía del tabernáculo. El jefe de los linajes de las familias de Caat era Elisafán, hijo de Oziel. Estaban a su cargo el arca, la mesa, el candelabro, los altares y los utensilios sagrados de su servicio y el velo con todo lo que pertenecía a su servicio. El jefe supremo de los levitas era Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, a quien correspondía la superintendencia de todos los adscritos al servicio del santuario. De Merarí proceden los linajes de los mojlitas y los musitas. Estos son los linajes de Merarí. Los enumerados de ellos, conforme al censo de todos los varones de un mes para arriba, fueron seis mil doscientos. El jefe de los linajes de Merarí era Suriel, hijo de Abijail; acampaban al lado norte del tabernáculo." Al cargo de los hijos de Merarí estaban los tablones del tabernáculo con sus barras, sus columnas y sus basas y todo su servicio, y las columnas del atrio con sus basas, sus clavos y sus cuerdas. Delante del tabernáculo de la reunión, a levante, acampaban Moisés, Aarón y sus hijos, que velaban el cuidado del santuario para los hijos de Israel; todo extraño que se acercaba era castigado con la muerte." Los levitas que Moisés y Aarón enumeraron de orden de Yahvé fueron, contando de todos los linajes los varones de un mes para arriba, veintidós mil. Yahvé dijo a Moisés: “Haz el censo de todos los primogénitos de entre los hijos de Israel de un mes para arriba, contándolos por sus nombres. Tomarás para mí a los levitas en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel, y el ganado de los levitas, en lugar de los primogénitos del ganado de los hijos de Israel. Yo, Yahvé.” Moisés hizo el censo de todos los primogénitos de los hijos de Israel, según la orden que Yahvé le había dado. Todos los primogénitos varones, contados por sus nombres, de un mes para arriba, fueron veintidós mil doscientos setenta y tres. Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Toma a los levitas en lugar de los primogénitos de los hijos de Israel, y el ganado de los levitas en lugar de los primogénitos de sus ganados. Los levitas son míos. Yo., Yahvé. Para el rescate de los doscientos setenta y tres primogénitos de los hijos de Israel, que sobrepasan el número de los levitas, toma cinco siclos por cabeza, según el sido del santuario, que es de veinte “gueras.” Ese dinero se lo entregarás a Aarón y a sus hijos, como rescate de los que sobrepasan el número de los levitas.” Moisés tomó el dinero de los primogénitos de los hijos de Israel, que sobrepasaban el número de los levitas, mil trescientos sesenta y cinco siclos, según el siclo del santuario. Moisés entregó a Aarón y a sus hijos el dinero del rescate, según la orden de Yahvé, según lo que Yahvé había dicho a Moisés. Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Haz el censo de los hijos de Caat de entre los hijos de Leví, según sus familias y linajes, desde los treinta años para arriba hasta los cincuenta, todos los que han de prestar servicio o cumplir alguna función en el tabernáculo de la reunión. Estos serán los servicios de los hijos de Caat en el tabernáculo de la reunión; consistirán en lo tocante a las cosas santísimas." Cuando hubiere de levantarse el campamento, vendrá Aarón y sus hijos a bajar el velo y cubrirán con él el arca del testimonio;" pondrán encima una cubierta de pieles de tejón, y tenderán por encima de toda ella un paño de jacinto, y colocarán las barras del arca. Tenderán sobre la mesa de los panes de la proposición una tela de jacinto y pondrán encima de ellos los platos, los cálices, las cazoletas y los vasos de las libaciones; el pan perpetuo irá sobre ella;" tenderán encima una tela carmesí, con que la envolverán, y una cubierta de pieles de tejón, y pondrán las barras de la mesa. Tomarán una tela de jacinto, con la que cubrirán el candelabro con sus lámparas, sus despabiladeras, sus platos para los pabilos cortados, y todos los utensilios para el aceite que se emplean en su servicio, y con todos sus utensilios; los cubrirán de pieles de tejón y los pondrán sobre unas angarillas," Tenderán un paño de jacinto sobre el altar de oro y, después de cubrirlo con pieles de tejón, le pondrán las barras. Tomarán todos los utensilios para el servicio del santuario y, metiéndolos en una tela de jacinto, los cubrirán con pieles de tejón y los colocarán sobre unas angarillas. Quitarán del altar las cenizas y tenderán sobre él un paño de púrpura escarlata;" pondrán encima de él todos los utensilios de su servicio, los braseros, los tenedores, las paletas y las bandejas, todos los utensilios del altar, y lo cubrirán con pieles de tejón y le pondrán las barras. Cuando Aarón y sus hijos hayan acabado de cubrir el santuario y sus utensilios todos y se levante el campamento, vendrán los hijos de Caat para llevarlos, pero sin tocar las cosas santas, no sea que mueran. He aquí lo que del tabernáculo de la reunión transportarán los hijos de Caat. Eleazar, hijo de Aarón, el sacerdote, tendrá bajo su vigilancia el aceite del candelabro, el timiama, la oblación perpetua y el óleo de la unción, así como todo el tabernáculo y cuanto él contiene, el santuario con todos sus utensilios.” Yahvé habló a Moisés y a Aarón, diciendo: “Tened cuidado de que los hijos del linaje de Caat no sean extirpados de en medio de los levitas, y haced de modo que tengan segura la vida y no mueran si se acercan a las cosas santísimas; sean Aarón y sus hijos los que entren para encargar a cada uno su servicio y su cargo;" pero ellos que no entren para ver un solo instante las cosas santas, no sea que mueran.” Yahvé habló a Moisés y a Aarón, diciendo: “Haz también el censo de los hijos de Gersón, según sus familias y linajes, haciendo el censo de treinta años para arriba, hasta los cincuenta, de todos los que han de prestar sus servicios y cumplir alguna función en el tabernáculo de la reunión. He aquí los servicios de los linajes de Gersón, lo que habrán de hacer y lo que habrán de llevar. Llevarán las cortinas del habitáculo y tienda de la reunión; su cubierta y la cubierta de pieles de tejón con que se cubren," las cortinas del atrio y la de la puerta de la entrada del atrio, todo lo que rodea la tienda y el altar, sus cuerdas y todos los utensilios de su servicio, y harán cuanto con ellos se ha de hacer. A las órdenes de Aarón y sus hijos estará el servicio de los gersonitas en todo cuanto éstos han de hacer y llevar; vosotros asignaréis a cada uno determinadamente lo que hayan de transportar." Este es el servicio de los linajes de Gersón en el tabernáculo de la reunión, y su vigilancia estará a cargo de Itamar, hijo del sacerdote Aarón. Haz el censo de los hijos de Merarí según sus familias y linajes, contándolos desde los treinta años para arriba hasta los cincuenta, todos los adscritos al servicio y para cumplir sus funciones en el tabernáculo de la reunión. He aquí lo que habrán de transportar, según sus servicios, en el tabernáculo de la reunión: los tablones del habitáculo, sus traveseros, sus columnas, sus basas, y las columnas del atrio en derredor, con sus basas, sus estacas y sus cuerdas, y todos los utensilios de sus basas, y les indicaréis determinadamente los utensilios que han de transportar. Este es el oficio del linaje de los hijos de Merarí, conforme a su servicio en el tabernáculo de la reunión, bajo la vigilancia de Itamar, hijo del sacerdote Aarón.” Moisés y Aarón y los príncipes de la asamblea hicieron el censo de los hijos de Caat por linajes y familias, de cuantos eran de treinta años para arriba hasta los cincuenta;" y los enumerados según sus familias y sus linajes fueron dos mil setecientos cincuenta;" éstos fueron los enumerados del linaje de los caatitas, todos los que hacían el servicio en el tabernáculo de la reunión, que Moisés y Aarón enumeraron de orden de Yahvé dada a Moisés. Hízose el censo de los hijos de Gersón por familias y linajes, desde los treinta años para arriba hasta los cincuenta, de cuantos hacían servicio en el tabernáculo de la reunión, y fueron enumerados por familias y linajes dos mil seiscientos treinta. Estos son los enumerados de los hijos de Gersón, todos los que hacían servicio en el tabernáculo de la reunión, que Moisés y Aarón enumeraron de orden de Yahvé. Hízose el censo de las familias de los hijos de Merarí por familias y linajes, desde los treinta años para arriba hasta los cincuenta, de cuantos prestaban servicio en el tabernáculo de la reunión, y fueron enumerados por familias tres mil doscientos. Estos son los enumerados de las familias de Meraií, que Moisés y Aarón enumeraron según la orden de Yahvé dada a Moisés. Todos los que fueron enumerados en el censo que Moisés y Aarón y los príncipes de Israel hicieron de los levitas, por familias y linajes, desde los treinta años para arriba hasta los cincuenta, todos los que prestaban servicio de ministerio o de transporte en el tabernáculo de la reunión, vinieron a ser ocho mil quinientos ochenta. Según la orden dada por Yahvé a Moisés, fueron designados cada uno para su propio ministerio y su propio cargo, y los designados fueron aquellos que Yahvé había mandado. Habló Yahvé a Moisés, diciendo: “Manda a los hijos de Israel que hagan salir del campamento a todo leproso, a todo el que padece flujo y a todo inmundo por un cadáver. Hombres o mujeres, todos los haréis salir del campamento para que no contaminen el campamento en que habitan.” Así lo hicieron los hijos de Israel, haciéndoles salir del campamento;" como lo ordenó Moisés, así lo hicieron los hijos de Israel. Habló Yahvé a Moisés, diciendo: “Di a los hijos de Israel: Si un hombre o mujer comete uno de esos pecados que perjudican al prójimo, prevaricando contra Yahvé y haciéndose culpable, confesará su pecado y restituirá enteramente el daño, añadiendo un quinto; restituirá a aquel a quien perjudicó;" y si no hubiera ya nadie a quien pertenezca, la restitución la hará a Yahvé, y será entregada al sacerdote, además del carnero expiatorio con que se hará la expiación del culpable. Toda ofrenda de cosas consagradas por los hijos de Israel que éstos presentan al sacerdote, de éste es;" cuanto cada uno consagre, de él es; lo que se presenta al sacerdote, de éste es.” Habló Yahvé a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: Si la mujer de uno fornicare y le fuese infiel, durmiendo con otro en concúbito de semen, sin que haya podido verlo el marido ni haya testigos, por no haber sido hallada en el lecho, y se apoderare del marido el espíritu de los celos, y tuviese celos de ella, háyase ella manchado en realidad o no se haya manchado, la llevará al sacerdote, y ofrecerá por ella una oblación de la décima parte de un “efá” de harina de cebada, sin derramar aceite sobre ella ni poner incienso encima, porque es ofrenda de celos, ofrenda de memoria para traer el pecado a la memoria. El sacerdote hará que se acerque y se esté ante Yahvé;" tomará del agua santa en una vasija de barro, y, cogiendo un poco de la tierra del suelo del tabernáculo, la echará en el agua. Luego él sacerdote, haciendo estar a la mujer ante Yahvé, le descubrirá la cabeza y le pondrá en las manos la ofrenda de “memoria,” la ofrenda de los celos, teniendo él en la mano el agua amarga de la maldición;" y la conjurará, diciendo: Si no ha dormido contigo ninguno y si no te has descarriado, contaminándote y siendo infiel a tu marido, indemne seas del agua amarga de la maldición;" pero si te descarriaste y fornicaste, infiel a tu marido, contaminándote y durmiendo con otro, el sacerdote le conjurará con el juramento de execración, diciendo: Hágate Yahvé maldición y execración en medio de tu pueblo, y seqúense tus muslos e hínchese tu vientre, entre esta agua de maldición en tus entrañas, para hacer que tu vientre se hinche y se pudran tus muslos; la mujer contestará: Amén, amén." El sacerdote escribirá estas maldiciones en una hoja y las diluirá en el agua amarga, y hará beber el agua amarga de la maldición. Luego tomará de la mano de la mujer la ofrenda de los celos y la agitará ante Yahvé y la llevará al altar;" y, tomando un puñado de la ofrenda de memoria, lo quemará en el altar, haciendo después beber el agua a la mujer. Darále a beber el agua; y si se hubiere contaminado, siendo infiel a su marido, el agua de maldición entrará en ella con su amargura, se le hinchará el vientre, se le secarán los muslos y será maldición en medio de su pueblo." Si, por el contrario, no se contaminó y es pura, quedará ilesa y será fecunda. Esta es ley de los celos para cuando una mujer haya sido infiel a su marido y se haya contaminado, o que el espíritu de los celos se haya apoderado de su marido y tenga celos de ella; presentará a su mujer ante Yahvé, y el sacerdote hará con ella cuanto en esta ley se prescribe." Así el marido quedará libre de culpa, y la mujer llevará sobre sí su pecado. Habló Yahvé a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Israel: Si uno, hombre o mujer, hiciere voto de consagración, consagrándose a Yahvé, se abstendrá de vino y de toda bebida embriagante; no beberá vinagre ni bebida de vino ni bebida embriagante; ni comerá uvas frescas ni secas;" durante todo el tiempo de su nazareato no comerá fruto alguno de la vid, desde la piel hasta los granos de la uva. Durante todo el tiempo de su voto de nazareo no pasará la navaja por su cabeza; hasta que se cumpla el tiempo por que se consagró a Yahvé, será santo y dejará libremente crecer su cabellera." Durante su tiempo de consagración a Yahvé no se acercará a cadáver alguno;" no se contaminará ni por su padre, ni por su madre, ni por su hermano, ni por su hermana, si muriesen; porque lleva sobre su cabeza la consagración a su Dios." Todo el tiempo de su nazareato está consagrado a Yahvé. Si ante él muriese alguno repentinamente, manchándose así su cabeza consagrada, se raerá la cabeza en el día de su purificación; se la raerá el séptimo día," y al octavo presentará al sacerdote dos tórtolas o dos pichones a la entrada del tabernáculo de la reunión. El sacerdote ofrecerá uno en sacrificio por el pecado y otro en holocausto, haciendo por él la expiación de su pecado por el muerto. Este día el nazareo consagrará otra vez su cabellera, la consagrará de nuevo a Yahvé por el tiempo de su nazareato, y ofrecerá un cordero primal en sacrificio de expiación; el tiempo precedente no le será contado, por haberse contaminado su nazareato." Esta es la ley del nazareo: el día en que se cumpla el tiempo de su nazareato, se presentará a la entrada del tabernáculo de la reunión para hacer su ofrenda a Yahvé: un cordero primal, sin defecto, para el holocausto; una oveja, sin defecto, para el sacrificio por el pecado; un carnero, sin defecto, para el sacrificio pacífico," y un cestillo de panes ázimos, de tortas de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda y libación. El sacerdote los presentara a Yahvé y ofrecerá su sacrificio por el pecado y su holocausto, Después presentará a Yahvé el carnero de su sacrificio pacífico, con el cestillo de panes ázimos, y hará la oblación y la libación. El nazareo raerá a la entrada del tabernáculo de la reunión su cabeza consagrada, y, tomando los cabellos de su cabeza consagrada, los echará al fuego que arde bajo el sacrificio pacífico. Luego el sacerdote tomará la espalda ya cocida del carnero, un pan ázimo del cestillo y una torta ázima, y se las pondrá en las manos del nazareo después que se haya raído la cabeza consagrada;" y el sacerdote lo agitará ante Yahvé. Es la cosa santa del sacerdote, además del pecho mecido y del brazuelo reservado. Después ya podrá el nazareo beber vino.” Esta es la ley del nazareo, que hace voto, y de su ofrenda a Yahvé por su nazareato, fuera de aquello que sus posibilidades le consientan añadir. Hará de conformidad con su voto, según la ley del nazareato. Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a Aarón y a sus hijos, diciendo: De este modo habréis de bendecir a los hijos de Israel: Que Yahvé te bendiga y te guarde. Que haga resplandecer su faz sobre ti y te obligue su gracia. Que vuelva a ti su rostro y te dé la paz. Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo les bendeciré. El día en que acabó Moisés de erigir el tabernáculo y de ungirlo y consagrarlo con todos sus utensilios, ungiéndolos y consagrándolos, los príncipes de Israel, jefes de sus linajes, presentaron sus ofrendas; eran los príncipes que habían presidido el censo." Llevaron sus ofrendas ante Yahvé: seis carros cubiertos y doce bueyes, un carro por cada dos y un buey por cada uno de los príncipes, y los presentaron ante el tabernáculo. Yahvé habló a Moisés, diciendo: Recibe de ellos eso, y que se destine al servicio del tabernáculo de la reunión; se los darás a los hijos de Leví, a cada uno según las necesidades de su servicio.” Moisés, tomando los carros y los bueyes, se los entregó a los levitas;" dio dos carros y cuatro bueyes a los hijos de Gersón, según sus funciones;" cuatro carros y ocho bueyes a los hijos de Merarí, conforme a su servicio, bajo la vigilancia de Itamar, hijo de Aarón, sacerdote;" pero no dio ninguno a los hijos de Caat, porque el servicio suyo de las cosas santas habían de hacerlo llevándolas sobre sus hombros. Los príncipes hicieron su ofrenda para la dedicación del altar cuando fue ungido, presentando su ofrenda sobre el altar, Yahvé dijo a Moisés: “Que presenten los príncipes su ofrenda uno a uno, para la dedicación del altar.” Aquel día, el primero presentó su ofrenda, Nasón, hijo de Aminadab, de la tribu de Judá, ofreciendo un plato de plata de ciento treinta siclos de peso y un jarro de plata de setenta siclos, según el peso del siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para las ofrendas;" una taza de oro de diez siclos, llena de perfumes;" un novillo, un carnero y un cordero primal, para el holocausto;" un macho cabrío, para el sacrificio expiatorio;" y para el sacrificio pacífico, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos primales. Esta fue la ofrenda de Nasón, hijo de Aminadab. El segundo día hizo ofrenda Natanael, hijo de Suar, príncipe de Isacar. Ofreció un plato de plata de ciento treinta siclos; un jarro de plata de setenta siclos, al peso del siclo del santuario, llenos ambos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;" una taza de oro, de diez siclos, llena de perfumes;" un novillo, un carnero y un cordero primal, para el holocausto;" un macho cabrío para el sacrificio expiatorio;" y para el sacrificio pacífico, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos primales. Esta fue la ofrenda de Natanael, hijo de Suar. El tercer día, el príncipe de los hijos de Zabulón, Eliab, hijo de Jelón, ofreció un plato de plata de ciento treinta siclos, un jarro de plata de setenta siclos, al peso del siclo del santuario, llenos ambos de harina amasada con aceite, para la ofrenda;" una taza de oro de diez siclos, llena de perfumes;" un novillo, un carnero, un cordero primal, para el holocausto;" un macho cabrío para el sacrificio expiatorio;" y para el sacrificio pacífico, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos primales. Esta fue la ofrenda de Eliab, hijo de Jelón. El cuarto día, el príncipe de los hijos de Rubén, Elisur, hijo de Sedeur, ofreció un plato de plata de ciento treinta siclos; un jarro de plata de setenta siclos, al peso del siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;" una taza de oro de diez siclos, llena de perfumes;" un novillo, un carnero, un cordero primal, para el holocausto;" un macho cabrío para el sacrificio expiatorio;" y para el sacrificio pacífico dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos primales. Esta fue la ofrenda de Elisur, hijo de Sedeur. El quinto día, el príncipe de los hijos de Simeón, Salamiel, hijo de Surisadai, ofreció: un plato de plata de ciento setenta siclos; un jarro de plata de setenta siclos, al peso del siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;" una taza de oro de diez siclos, llena de perfumes;" un novillo, un carnero y un cordero primal, para el holocausto;" un macho cabrío, para el sacrificio expiatorio;" y para el sacrificio, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos primales. Esta fue la ofrenda de Salamiel, hijo de Surisadai. El sexto día, el príncipe de los hijos de Gad, Eliasaf, hijo de Deuel, ofreció un plato de plata de ciento treinta siclos; un jarro de plata de setenta siclos, al peso del siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;" una taza de oro de diez siclos, llena de perfumes;" un novillo, un carnero, un cordero primal, para el holocausto;" un macho cabrío, para el sacrificio expiatorio;" y para el sacrificio pacífico, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos primales. Esta fue la ofrenda de Eliasaf, hijo de Deuel. El séptimo día, el príncipe de los hijos de Efraím, Elisama, hijo de Amiud, ofreció: un plato de plata de ciento treinta siclos; un jarro de plata de setenta siclos, al peso del siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;" una taza de oro de diez siclos, llena de perfumes;" un novillo, un carnero y un cordero primal, para el holocausto;" un macho cabrío, para el sacrificio expiatorio;" y para el sacrificio pacífico, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos primales. Esta fue la ofrenda de Elisama, hijo de Amiud. El octavo día, el príncipe de los hijos de Manasés, Gamaliel, hijo de Pedasur, ofreció: un plato de plata de ciento treinta siclos, un jarro de plata de setenta siclos, al peso del siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;" una taza de oro de diez siclos, llena de perfumes;" un novillo, un carnero y un cordero primal, para el holocausto;" un macho cabrío, para el sacrificio expiatorio;" y para el sacrificio pacífico, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos primales. Esta fue la ofrenda de Gamaliel. El noveno día, el príncipe de los hijos de Benjamín, Abidán, hijo de Gedeón, ofreció: un plato de plata de ciento treinta siclos; un jarro de plata de setenta siclos, al peso del siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;" una taza de oro de diez siclos, llena de perfumes;" un novillo, un carnero y un cordero primal, para el holocausto;" un macho cabrío, para el sacrificio expiatorio;" y para el sacrificio pacífico, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos primales. Esta fue la ofrenda de Abidán, hijo de Gedeón. El décimo día, el príncipe de los hijos de Dan, Ajiezer, hijo de Amisadán, ofreció: un plato de plata de ciento treinta siclos; un jarro de plata de setenta siclos, al peso del siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;" una taza de oro de diez siclos, llena de perfumes;" un novillo, un carnero y un cordero primal, para el holocausto;" un macho cabrío, para el sacrificio expiatorio, y para el sacrificio pacífico, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos primales. Esta fue la ofrenda de Ajiezer, hijo de Amisadán. El undécimo día, el príncipe de los hijos de Aser, Feguiel, hijo de Ocrán, ofreció: un plato de plata de ciento treinta siclos; un jarro de plata de setenta siclos, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;" una taza de oro de diez siclos, llena de perfumes;" un novillo, un carnero y un cordero primal, para el holocausto;" un macho cabrío, para el sacrificio expiatorio;" y para el sacrificio pacífico, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos primales. Esta fue la ofrenda de Feguiel, hijo de Ocrán. El duodécimo día, el príncipe de los hijos de Neftalí, Ajira, hijo de Enán, ofreció: un plato de plata de ciento treinta siclos; un jarro de setenta siclos, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite, para la ofrenda;" una taza de oro de diez siclos, llena de perfumes;" un novillo, un carnero y un cordero primal, para el holocausto;" un macho cabrío, para el sacrificio expiatorio;" y para el sacrificio pacífico, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos primales. Esta fue la ofrenda de Ajira, hijo de Enán. Estos fueron los dones de los príncipes de Israel para la dedicación del altar el día en que se ungió: doce platos de plata, doce jarros de plata, doce tazas de oro;" cada plato, de ciento treinta siclos de peso; cada jarro, de setenta siclos; total de la plata de estos utensilios, dos mil cuatrocientos siclos, al peso del siclo del santuario;" doce tazas de oro llenas de perfume, de diez siclos cada una, al siclo del santuario; total del oro de las tazas, ciento veinte siclos." Total de los animales para el sacrificio: doce novillos, doce carneros y doce corderos primales, con sus ofrendas, y doce machos cabríos para el sacrificio expiatorio. Total de los animales para el sacrificio pacífico: veinticuatro bueyes, sesenta carneros, sesenta machos cabríos y sesenta corderos primales. Estos son los dones ofrecidos para la dedicación del altar cuando se ungió. Cuando Moisés entraba en el tabernáculo de la reunión para hablar con Yahvé, oía la voz que le hablaba desde encima del propiciatorio puesto sobre el arca del testimonio, entre los dos querubines; así le hablaba Yahvé." Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Aarón y diles: Cuando pongas las lámparas del candelabro, ponías de modo que las siete alumbren hacia adelante.” Así lo hizo Aarón, y puso las lámparas en la parte anterior del candelabro, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. El candelabro era de oro batido; su pie, sus flores, todo de oro batido; lo había hecho Moisés conforme al modelo que le había mostrado Yahvé." Habló Yahvé a Moisés, diciendo: “Toma a los levitas de en medio de los hijos de Israel y purifícalos. He aquí lo que harás para purificarlos: Haz sobre ellos una aspersión con agua expiatoria; que pasen la navaja por todo su cuerpo, laven sus vestidos y se purifiquen." Que tomen un novillo, con su ofrenda de flor de harina amasada con aceite; y toma tú otro para el sacrificio por el pecado." Haz que se acerquen los levitas al tabernáculo, y convoca a toda la asamblea de los hijos de Israel. Una vez que hayas hecho a los levitas acercarse ante Yahvé, los hijos de Israel pondrán sus manos sobre ellos, y Aarón ofrecerá los levitas en ofrenda mecida ante Yahvé de parte de los hijos de Israel, para que sirvan a Yahvé. Los levitas pondrán sus manos sobre la cabeza de los novillos, y tú los ofrecerás, uno en sacrificio por el pecado, el otro en holocausto a Yahvé, para hacer la expiación de los levitas. Harás que los levitas estén en pie ante Aarón y sus hijos, y los ofrecerás en ofrenda mecida a Yahvé. Así los separarás de en medio de los hijos de Israel, y los levitas serán míos, y vendrán luego a servir en el tabernáculo de la reunión. Así los purificarás, y los ofrecerás en ofrenda mecida, porque son donados a mí enteramente de en medio de los hijos de Israel, y yo los he tomado para mí en lugar de todos los primogénitos que abren la vulva de su madre, de los primogénitos de entre los hijos de Israel;" pues todo primogénito de los hijos de Israel es mío, lo mismo los de los hombres que los de los animales; el día en que herí todos los primogénitos de la tierra de Egipto me los consagré," y he tomado a los levitas en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel, y se los he dado enteramente a Aarón y a sus hijos de en medio de los hijos de Israel, para que hagan el servicio de los hijos de Israel en el tabernáculo de la reunión y para que hagan la expiación de los hijos de Israel, para que los hijos de Israel no sean castigados con plaga, acercándose al santuario.” Moisés, Aarón y toda la asamblea de los hijos de Israel hicieron con los levitas cuanto Yahvé había mandado a Moisés; eso hicieron con ellos los hijos de Israel." Los levitas se purificaron, lavaron sus vestidos; Aarón los ofreció en ofrenda mecida ante Yahvé; hizo la expiación para purificarlos," y luego vinieron los levitas a prestar sus servicios en el tabernáculo de la reunión a las órdenes de Aarón y sus hijos. Como Yahvé se lo había mandado a Moisés respecto a los levitas, así se hizo con ellos. Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Esto es lo que toca a los levitas: Desde los veinticinco años arriba, los levitas estarán al servicio del tabernáculo de la reunión para cumplir en él sus funciones. A los cincuenta cesarán en sus funciones y no servirán más;" ayudarán a sus hermanos en el tabernáculo de la reunión, en la guarda de él, pero no prestarán más servicio. Así has de hacer con los levitas en cuanto a sus funciones.” Yahvé habló a Moisés en el desierto del Sinaí el primer mes del segundo año después de la salida de la tierra de Egipto. Dijo: “Que celebren los hijos de Israel la Pascua a su tiempo. El día catorce de este mes, entre dos luces, la celebraréis conforme a todas las leyes y a todos los ritos que a ella se refieren.” Moisés habló a los hijos de Israel para que celebraran la Pascua;" y la celebraron el día catorce del primer mes, entre dos luces, en el desierto del Sinaí. Conforme a todo cuanto había mandado Yahvé a Moisés, así hicieron los hijos de Israel. Había algunos hombres que estaban impuros por un cadáver, y no pudieron celebrar la Pascua en ese día. Presentándose aquel mismo día ante Moisés y Aarón, les dijeron: “Estamos impuros por un cadáver; ¿por qué habremos de vernos privados de presentar nuestra ofrenda a Yahvé, a su tiempo, con los demás hijos de Israel?” y Moisés les respondió: “Esperad que sepa yo lo que cuanto a vosotros dispone Yahvé.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: Si alguno de vosotros o de vuestros descendientes está impuro por un cadáver o está en viaje lejos, celebrará la Pascua de Yahvé. En el segundo mes, el día catorce de él, entre dos luces, la celebrará. La comerán con pan ácimo y lechugas amargas;" no dejarán de ella nada para el día siguiente, ni quebrantarán ninguno de sus huesos; la celebrarán conforme a todos sus ritos." Si alguno, estando limpio y no estando de viaje, dejare de celebrarla, éste será borrado de su pueblo; por no haber ofrecido a su tiempo su ofrenda a Yahvé, llevará sobre sí su culpa." Si el extranjero que habitare entre vosotros celebra la Pascua, guardará todas las leyes y ritos que a ella se refieren. La ley será la misma para vosotros; la misma para el extranjero que para el nativo.” El día en que fue alzado el tabernáculo, la nube cubrió el tabernáculo, y desde la tarde hasta la mañana hubo sobre el tabernáculo como un fuego. Así sucedía constantemente: de día lo cubría la nube, y de noche la nube parecía de fuego. Cuando la nube se alzaba del tabernáculo, partían los hijos de Israel, y en el lugar en que se paraba la nube, allí acampaban los hijos de Israel. A la orden de Yahvé partían los hijos de Israel, y a la orden de Yahvé sentaban su campo; cuanto tiempo estaba la nube sobre el tabernáculo, estábanse quietos." Cuando la nube se detenía muchos días sobre el tabernáculo, aguardaban los hijos de Israel la orden de Yahvé y no se movían;" y cuando la nube estaba pocos días sobre el tabernáculo, a la orden de Yahvé posaban y a la orden de Yahvé partían. Cuando la nube se detenía desde la tarde a la mañana, y a la mañana se levantaba, partían; y si se levantaba a la noche, entonces partían." Fuese dos días, un mes o un año, mientras la nube se detenía sobre el tabernáculo, estándose sobre él, los hijos de Israel seguían acampados y no se movían; cuando ella se alzaba, se movían ellos." A la orden de Yahvé acampaban y a la orden de Yahvé partían, guardando el mandato de Yahvé, como Yahvé se lo había dicho a Moisés. Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Hazte dos trompetas de plata batida a martillo, que te sirvan para convocar la asamblea y para hacer mover el campamento. Cuando se toquen las dos, acudirá a ti toda la asamblea a la puerta del tabernáculo de la reunión;" cuando se toque una sola, se congregarán a ti los príncipes jefes de los millares de Israel. A un toque estrepitoso, moverán su campamento los acampados al oriente. A un segundo toque de la misma clase, moverán su campamento los acampados al mediodía; estos toques son para ponerse en movimiento." También para reunir la asamblea las tocaréis, pero no con ese toque. Los hijos de Aarón, los sacerdotes, serán los que toquen las trompetas, y éstas serán para vosotros de uso obligatorio por siempre en vuestras generaciones. Cuando en vuestra tierra saliereis a la guerra contra el enemigo que os atacare, tocaréis alarma con las trompetas, y servirán de recuerdo ante Yahvé, vuestro Dios, para que os salve de vuestros enemigos. También en vuestros días de alegría, en vuestras solemnidades y en las fiestas del comienzo del mes, tocaréis las trompetas; y en vuestros holocaustos y vuestros sacrificios pacíficos serán para vosotros un recuerdo cerca de vuestro Dios. Yo, Yahvé, vuestro Dios." En el año segundo, el segundo mes, a veinte del mes se alzó la nube de sobre el tabernáculo del testimonio, y los hijos de Israel marcharon, por etapas, del desierto del Sinaí al desierto de Farán, donde la nube se paró, moviéndose por primera vez a la orden de Yahvé por Moisés. La primera en moverse fue la enseña del campo de los hijos de Judá, con sus escuadras. Jefe de las escuadras de aquéllos era Nasón, hijo de Aminadab. Jefe de las escuadras de la tribu de los hijos de Isacar, Natanael, hijo de Suar;" y jefe de las escuadras de la tribu de los hijos de Zabulón, Eliab, hijo de Jelón. Desmontado que fue el tabernáculo, pusiéronse luego en marcha los hijos de Gersón y los hijos de Merarí, llevando el tabernáculo. Luego se puso en marcha la enseña del campo de Rubén, por sus escuadras. El jefe de sus escuadras era Elisur, hijo de Sedeur; el jefe de las escuadras de la tribu de los hijos de Simeón, Selamiel, hijo de Zurisadai;" y el jefe de las escuadras de los hijos de la tribu de Gad, Eliasaf, hijo de Deuel. Comenzaron luego a marchar los hijos de Caat, llevando el santuario; y en tanto que ellos llegaban, se disponía el tabernáculo." Después se puso en marcha la enseña del campo de los hijos de Efraím por sus escuadras; jefe de sus escuadras era Elisama, hijo de Amiud;" jefe de las escuadras de la tribu de Manasés, Gamaliel, hijo de Pedasur;" jefe de las escuadras de la tribu de los hijos de Benjamín, Abidán, hijo de Gedeón. Después se puso en marcha la enseña del campo de los hijos de Dan, por sus escuadras, a retaguardia de los otros campos; jefe de las escuadras de los hijos de Dan era Ajiezer, hijo de Amisadai;" jefe de las escuadras de la tribu de los hijos de Aser, Feguiel, hijo de Ocrán;" jefe de las escuadras de la tribu de los hijos de Neftalí, Ajira, hijo de Enán. Los hijos de Israel se pusieron en marcha con sus escuadras por orden. Moisés dijo entonces a Jobab, hijo de Raguel, madiani-ta, su suegro: “Nosotros nos vamos para el lugar que Yahvé nos ha dicho: “Yo os lo daré”; ven con nosotros y te favoreceremos; porque Yahvé ha prometido favorecer a Israel.” El respondió: “No, me iré a mi tierra y a mi parentela.” Moisés insistió: “No nos dejes, pues tú conoces bien los lugares donde habremos de acampar y podrás servirnos de guía;" si vienes, nosotros te daremos parte de lo que nos dé Yahvé.” Así se marcharon del monte de Yahvé, e hicieron tres días de camino; y el arca de la alianza de Yahvé fue con ellos tres días de camino, buscando dónde acampar." La nube de Yahvé los acompañaba de día desde que levantaron el campamento. Cuando movían el arca, decía Moisés: “Levántate, Yahvé; dispérsense tus enemigos. Y huyan ante ti los que te aborrecen." Y cuando el arca se posaba, decía: “Pósate, ¡oh Yahvé!, entre las miríadas de Israel.” Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Yahvé, y, al oírlo Yahvé, ardió en ira, y encendió contra ellos un fuego que abrasó una de las alas del campamento. Clamó entonces el pueblo a Moisés, y Moisés oró a Yahvé, y el fuego se apagó;" y llamaron a aquel lugar “Tabera,” porque allí se había encendido contra ellos el fuego de Yahvé. El vulgo adventicio que en medio de ellos habitaba tenía tantas ganas de comer carne, que aun los hijos de Israel se pusieron a llorar y a decir: “¡Quién nos diera carne que comer! ¡Cómo nos acordamos de tanto pescado como de balde comíamos en Egipto, de los cohombros, de los melones, de los puerros, de las cebollas, de los ajos! Ahora está al seco nuestro apetito, y no vemos sino el maná. El maná era parecido a la semilla del cilantro y tenía un color como de bedelio. Esparcíase el pueblo para recogerlo, y lo molían en molinos o lo majaban en morteros, y, cociéndolo en una caldera, hacían de él tortas, que tenían un sabor como de pasta amasada con aceite. Cuando de noche caía el rocío sobre el campo, caía también el maná.” Oyó Moisés las lamentaciones del pueblo, que por familias se reunía a las puertas de las tiendas, encendiendo el ardor de la ira de Yahvé; y desagradó a Moisés," que dijo a Yahvé: “¿Por qué tratas tan mal a tu siervo? ¿Por qué no ha hallado gracia a tus ojos y has echado sobre mí la carga de todo este pueblo? ¿Lo he concebido yo o lo he parido para que me digas: Llévale en tu regazo, como lleva la nodriza al niño a quien da de mamar, a la tierra que juraste dar a tus padres? ¿Dónde tengo yo carne para alimentar a todo este pueblo? ¿Por qué llora a mí clamando: Danos carne que comer? Yo no puedo soportar solo a este pueblo. Me pesa demasiado. Si así has de hacer conmigo, dame la muerte, te lo ruego; y si es que he hallado gracia a tus ojos, que no me vea ya más así afligido.” Entonces dijo Yahvé a Moisés: “Elígeme a setenta varones de los hijos de Israel, de los que tú sabes que son ancianos del pueblo y de sus principales, y tráelos a la puerta del tabernáculo; que esperen allí contigo." Yo descenderé, y contigo hablaré allí, y tomaré del espíritu que hay en ti y lo pondré sobre ellos, para que te ayuden a llevar la carga del pueblo y no la lleves tú solo. Y di al pueblo: Santifícaos para la manaría, y comeréis carne, ya que habéis llorado a Yahvé diciendo: ¡Quién nos diera carne que comer! ¡Mejor ciertamente estábamos en Egipto! No comeréis un día, ni dos, ni cinco, ni diez, ni veinte;" la comeréis todo un mes, hasta que se os salga por las narices y os produzca náuseas, por haber menospreciado a Yahvé, que está en medio de vosotros, y haber llorado, diciendo: ¿Por qué hemos salido de Egipto?” Moisés le dijo: “Seiscientos mil infantes cuenta el pueblo en medio del cual estoy, y me dices: Yo les daré carne, y la comerán todo un mes. ¿Bastará para ello degollar todas las ovejas y todos los bueyes? ¿Se juntarán todos los peces del mar para darles abasto?” Yahvé replicó a Moisés: “¿Acaso se ha acortado el brazo de Yahvé? Ya verás si es o no es como yo te he dicho.” Salió Moisés y transmitió al pueblo lo que había dicho Yahvé; y eligió los setenta varones de entre los ancianos de Israel y los puso en derredor del tabernáculo." Descendió Yahvé en la nube y habló a Moisés; tomó del espíritu que residía en él y lo puso sobre los setenta ancianos; y cuando sobre ellos se posó el espíritu, pusiéronse a profetizar, y no cesaban." Habíanse quedado en el campamento dos de ellos, uno llamado Eldad y otro llamado Medad; y también sobre ellos se posó el espíritu; eran de los nombrados, pero no se presentaron ante el tabernáculo, y se pusieron a profetizar en el campamento." Corrió un mozo a avisar a Moisés, diciendo: “Eldad y Medad están profetizando en el campamento.” Josué, hijo de Nun, ministro de Moisés desde su juventud, dijo: “Mi señor, Moisés, impídeselo.” Y Moisés le respondió: “¿Tienes celos por mí? ¡Ojalá que todo el pueblo de Yahvé profetizara y pusiese Yahvé sobre ellos su espíritu!” Volvióse Moisés al campamento, y con él los ancianos de Israel. Vino un viento de Yahvé, trayendo desde el mar codornices, que dejó sobre el campamento, hasta la altura de dos codos sobre la tierra. El pueblo estuvo todo el día, toda la noche y todo el día siguiente recogiendo codornices; el que menos, recogió diez “jómer,” y las pusieron a secar en los alrededores del campamento." Aún tenían la carne entre sus dientes, antes de que hubiesen podido acabar de comerlas, y encendióse en el pueblo el furor de Yahvé, y Yahvé hirió al pueblo con una plaga;" siendo llamado aquel lugar Quibrot-Hat-tawa, porque allí quedó sepultado el pueblo glotón. De Quibrot-Hat-tawa partieron a Jaserot y acamparon allí. María y Aarón murmuraban de Moisés por la mujer cusita que éste había tomado, pues había tomado Moisés por mujer a una cusita. Decían: “¿Acaso sólo con Moisés habla Yahvé? ¿No nos ha hablado también a nosotros?” Oyó esto Yahvé. Moisés era hombre mansísimo, más que cuantos hubiese sobre la haz de la tierra. Y dijo luego a Moisés, a Aarón y a María: “Id los tres al tabernáculo de la reunión.” Una vez allí, descendió Yahvé en la columna de nube y, poniéndose a la entrada del tabernáculo, llamó a Aarón y a María. Salieron ambos, y él les dijo: “Oíd mis palabras: Si uno de vosotros profetizara, yo me revelaría a él en visión y le hablaría en sueños. No así a mi siervo Moisés, que es en toda mi casa el hombre de confianza. Cara a cara hablo con él, y a las claras, no por figuras; y él contempla el semblante de Yahvé. ¿Cómo, pues, os habéis atrevido a difamar a mi siervo Moisés?” Y, encendido en furor contra ellos, fuese Yahvé. Apenas se había retirado del tabernáculo la nube, apareció María cubierta de lepra, como la nieve; y miró Aarón a María, y la vio cubierta de lepra." Dijo entonces Aarón a Moisés: “¡Oh mi señor, no eches sobre nosotros el peso de nuestro pecado ! Neciamente hemos obrado, hemos pecado. Que no quede como el abortivo, que sale del vientre de su madre ya medio consumido.” Clamó entonces Moisés a Yahvé, diciendo: “Ruégote, ¡oh Dios!, que la sanes.” Respondió Yahvé: “Si su padre la hubiera escupido en el rostro, ¿no quedaría por siete días llena de vergüenza? Que sea echada fuera del campamento por siete días, y después volverá.” Fue, pues, María echada fuera del campamento, y el pueblo no se movió hasta que hubiera tornado. -- omitido por paráfrasis -- Partióse después el pueblo de Jaserot y acampó en el desierto de Farán. Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Manda a algunos hombres a explorar la tierra de Canaán que voy a daros: manda a uno por cada tribu y que sean todos de los principales entre ellos.” Mandólos Moisés desde el desierto de Farán, según el mandato de Yahvé, todos los jefes de los hijos de Israel. Sus nombres son: de la tribu de Rubén, Samua, hijo de Zecur;" de la tribu de Simeón, Safat, hijo de Jurí;" -(6) de la tribu de Judá, Caleb, hijo de Jeíbné;" de la tribu de Isacar, Jigal, hijo de José;" de la tribu de Efraím, Osea, hijo de Nun;" de la tribu de Benjamín, Falti, hijo de Rafu;" de la tribu de Zabulón, Gadiel, hijo de Sodí;" de la tribu de José de Manasés, Gadí, hijo de Sasí;" de la tribu de Dan, Amiel, hijo de Guemalí;" de la tribu de Aser, Setur, hijo de Miguel;" de la tribu de Neftalí, Najbí, hijo de Vapsí;" de la tribu de Gad, Guel, hijo de Maquí. Estos son los nombres de los mandados por Moisés para explorar la tierra. A Osea, hijo de Nun, le dio Moisés el nombre de Josué. -(17) Mandólos, pues, Moisés a explorar la tierra de Canaán, diciéndoles: “Subid de aquí al Negueb; después subid a la montaña," -(18) y observad la tierra cómo es, qué gente la habita, si fuerte o floja, si poca o mucha;" -(19) qué tal es la tierra habitada, si buena o mala; cuáles son sus ciudades, si abiertas o amuralladas;" -(20) Cua1 es su terreno, si fértil o pobre, si con árboles o sin ellos. Animaos y traed algunos frutos de esa tierra.” Era esto al tiempo de las primeras uvas. -(21) Subieron y reconocieron la tierra desde el desierto de Sin hasta Rejob, a la entrada de Jamat. -(22) Subieron al Negueb y llegaron a Hebrón, donde estaban Ajinam, Sesaí y Tolmai, hijos de Enaq. Hebrón fue fundada siete años antes que Tanis en Egipto. -(23) Llegaron hasta el valle de Escol, cortaron un sarmiento con racimos de uvas, que trajeron dos en un palo, y granadas e higos. -(24) Llamaron a aquel lugar Najal-Escol, por el sarmiento de vid que allí hallaron los hijos de Israel. -(25) Volvieron de explorar la tierra al cabo de cuarenta días, -(26) y, llegados, se presentaron a Moisés y a Aarón y a toda la asamblea de los hijos de Israel en el desierto de Farán, en Cades;" -(27) e hicieron relación a ellos y a toda la asamblea, mostrando los frutos de la tierra, y contaron así: “Hemos llegado a la tierra adonde nos mandasteis; en verdad mana leche y miel; he aquí sus frutos;" -(28) pero la gente que la habita es fuerte, y sus ciudades son muy grandes y están amuralladas; hemos visto también allí a los hijos de Enaq." -(29) Los amalecitas habitan la región del Negueb; los jéteos, jebuseos y amorreos, la parte montañosa; los cananeos, las costas del mar y a lo largo del Jordán.” -(30) Caleb, imponiendo silencio al pueblo, que murmuraba contra Moisés, clamó: “¡Subamos, subamos luego! ¡La conquistaremos, seremos más fuertes que ellos!” -(31) Pero los que habían subido con él dijeron: “No debemos subir contra aquella gente; es más fuerte que nosotros.” -(32) Y desacreditaban entre los hijos de Israel la tierra que habían explorado, diciendo: “Es una tierra que devora a sus habitantes, y todos cuantos hemos visto de ellos eran de gran talla. -(32) Y desacreditaban entre los hijos de Israel la tierra que habían explorado, diciendo: “Es una tierra que devora a sus habitantes, y todos cuantos hemos visto de ellos eran de gran talla. [ (Numbers 13:34) -(33) Hasta gigantes hemos visto allí, ante los cuales nos pareció a nosotros que éramos como langostas; y así les parecíamos nosotros a ellos.” ] Entonces toda la muchedumbre rompió a gritar, y el pueblo se pasó toda la noche llorando;" y todos los hijos de Israel murmuraban contra Moisés y Aarón, y todos decían: “¡ Ah si hubiéramos muerto en la tierra de Egipto o muriéramos siquiera en este desierto! ¿Por qué quiere llevarnos Yahvé a esa tierra a perecer a la espada y que sean nuestras mujeres y nuestros hijos presa de otros? ¿No sería mejor que nos volviéramos a Egipto?” Y unos y otros se decían: “Elijamos un jefe y volvámonos a Egipto.” Entonces Moisés y Aarón cayeron sobre sus rostros ante toda la asamblea de los hijos de Israel. Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Jefoné, que eran de los que habían explorado la tierra, rasgaron sus vestiduras, y hablaron a toda la asamblea de los hijos de Israel, diciendo: “La tierra por la que hemos pasado en reconocimiento es sobremanera buena. Si agradamos a Yahvé, El nos hará entrar en esa tierra y nos la dará. Es una tierra que mana leche y miel. No os rebeléis contra Yahvé y no tengáis miedo de la gente de esa tierra, que nos la comeremos como pan. Ellos se han quedado sin amparo, y Yahvé está con nosotros.” Toda la asamblea de Israel quería lapidarlos, pero la gloria de Yahvé se mostró en el tabernáculo de la reunión a todos los hijos de Israel, y Yahvé dijo a Moisés: “¿Hasta cuándo ha de ultrajarme este pueblo? ¿Hasta cuándo no ha de creerme, después de todos los prodigios que en medio de ellos he obrado? Voy a herirle de mortandad y a hacer de ti una gran nación, más grande y más fuerte que ellos,” Pero Moisés respondió a Yahvé: “Y lo sabrán los egipcios, de cuyo poder sacaste a este pueblo, y se lo dirán a los habitantes de esa tierra. Todos ellos saben, oh Yahvé!, que habitas en medio de este pueblo, que te dejas ver la cara, que se posa sobre ellos tu nube, que vas delante de ellos, de día en columna de nube y de noche en columna de fuego. Si, pues, destruyes a este pueblo como si fuera un solo hombre, los pueblos a los que ha llegado tu fama dirán: Por no haber podido llevar a ese pueblo a la tierra que le había prometido, los ha destruido Yahvé en el desierto. Haz, pues, mi Señor, que resplandezca tu fortaleza, como tú mismo dijiste. Yahvé, tardo a la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebeldía, aunque no lo deja impune, y visita la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación, perdona, pues, la iniquidad de este pueblo según tu gran misericordia, como desde Egipto hasta aquí lo has perdonado.” Díjole Yahvé: “Los perdono, según me lo pides;" mas por mi vida y por mi gloria, que llena la tierra toda, que todos aquellos que han visto mi gloria y todos los prodigios que yo he obrado en Egipto y en .el desierto, y todavía me han tentado diez y diez veces, desoyéndome, no verán la tierra que a sus padres juré dar. No; ninguno de los que así me han ultrajado la verá." Sólo a mi siervo Caleb, que con espíritu del todo diferente me siguió enteramente, le haré yo entrar en esa tierra donde ha estado ya, y su descendencia la tendrá en posesión. Pero el amalecita y el cananeo habitarán en la llanura. Mañana mismo volveos, y partid al desierto, camino del mar Rojo.” Yahvé habló a Moisés y a Aarón, diciendo: “¿Hasta cuándo voy a estar oyendo lo que contra mí murmura esta turba depravada, las quejas contra mí de los hijos de Israel? Diles, pues: Por mi vida, palabra de Yahvé, que lo que a mis oídos habéis susurrado, eso haré yo con vosotros;" en este desierto yacerán vuestros cadáveres. De todos vosotros, los que en vuestro censo fuisteis contados de veinte años para arriba, que habéis murmurado contra mí, ninguno entrará en la tierra que con juramento os prometí por habitación. Sólo Caleb, hijo de Jefoné, y Josué, hijo de Nun. Pero a vuestros hijos, los que dijisteis que serían presa ajena, a éstos los introduciré yo; y ellos disfrutarán la tierra que vosotros habéis desdeñado." Cuanto a vosotros, en este desierto yacerán vuestros cadáveres. Vuestros hijos errarán por el desierto cuarenta años, llevando sobre sí vuestras rebeldías, hasta que vuestros cuerpos se consuman en el desierto. Tantos como fueron los días de la exploración de la tierra, cuarenta, tantos serán los años que llevaréis sobre vosotros vuestras rebeldías: cuarenta años, año por día; y experimentaréis así mi aversión por vosotros." Yo, Yahvé, yo lo he dicho. Eso haré en esta perversa muchedumbre que se ha confabulado contra mí. En este desierto se consumirán: en él morirán.” Todos aquellos a quienes mandó Moisés a explorar la tierra y de vuelta concitaron a la muchedumbre a murmurar contra él, desacreditando la tierra;" todos cuantos habían hablado mal de ella, murieron de mala muerte ante Yahvé. Sólo Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Jefoné, quedaron con vida de todos aquellos hombres que fueron a explorar la tierra. Moisés refirió todo esto a los hijos de Israel, y el pueblo quedó desolado. Subieron por la mañana a la cumbre de un monte, diciendo: “Vamos a subir a la tierra de que nos habló Yahvé, porque hemos pecado.” Díjoles entonces Moisés: “¿Por qué queréis contravenir a la orden de Yahvé? Eso no puede saliros bien. No subáis, porque no va Yahvé en medio de vosotros y seréis derrotados por el enemigo. Los amalecitas y cananeos están del lado de allá, frente a vosotros, y caeréis bajo su espada; porque, habiendo vuelto vosotros las espaldas a Yahvé, El no estará con vosotros.” Ellos temerariamente se obstinaron en subir a la cumbre del monte, pero el arca de la alianza de Yahvé y Moisés no se movieron de en medio del campamento. Bajaron el amalecita y el cananeo, que habitaban en aquellos montes, y los derrotaron, poniéndolos en fuga y persiguiéndolos hasta Jormá. Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra de vuestra habitación, que yo voy a daros, y hagáis a Yahvé ofrenda de combustión, holocausto o sacrificio para cumplir un voto, o de vuestra voluntad, o en una de vuestras solemnidades, presentando a Yahvé suave olor en bueyes u ovejas, quien haga ofrenda a Yahvé le presentará una ofrenda de flor de harina, un décimo de “efá” amasada con un cuarto de “hin” de aceite, que añadirá al holocausto o al sacrificio, y un cuarto de “hin” de vino para la libación por cada cordero. Si es por carnero, añadirá por cada uno la ofrenda de dos décimas de “efá” de flor de harina amasada con un tercio de “hin” de aceite;" y presentará un tercio de “hin” de vino para la libación, perfume grato a Yahvé. Si fuere de buey el holocausto, ya en cumplimiento de voto, ya de sacrificio pacífico a Yahvé, presentará, a más de él, a Yahvé, como ofrenda, tres décimas de “efá” de flor de harina amasada con medio “hin” de aceite, y medio de vino para la libación, combustión de olor agradable a Yahvé. Así hará por cada buey, carnero o cabrito. Cualquiera que sea el número de las víctimas que ofrezcáis, eso haréis por cada una. Así lo harán todos los naturales al ofrecer víctimas de combustión en olor grato a Yahvé. Y si en vuestras generaciones un extranjero que habite en medio de vosotros o esté entre vosotros ofreciera ofrenda de combustión, de suave olor a Yahvé, lo hará como lo hagáis vosotros. Una misma ley regirá ante Yahvé para vosotros, los de la congregación, y para el extranjero que con vosotros mora. Una misma ley, un mismo derecho tendréis entre vosotros y el extranjero que habita entre vosotros.” Habló Yahvé a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hubiereis entrado en la tierra a la cual os llevo, cuando comáis el pan de esa tierra, ofreceréis de él oblación a Yahvé. Como primicia de vuestra masa ofreceréis un pan, del mismo modo que ofreceréis las primicias de vuestra era. De las primicias de vuestras masas ofreceréis oblación a Yahvé en vuestras generaciones. Si por inadvertencia faltareis, no poniendo por obra todos estos mandamientos que Yahvé os ha dado por Moisés, todo lo que Yahvé os ha mandado por Moisés desde el día en que para vosotros lo dispuso, para todas vuestras generaciones en adelante, entonces la inadvertencia cometida por la congregación será expiada por la ofrenda de ella toda, de un novillo en holocausto de suave olor a Yahvé, con la oblación y la libación ritual, y un macho cabrío por el pecado. El sacerdote haga la expiación por toda la congregación de los hijos de Israel, y les será perdonado, porque fue por ignorancia y han presentado a Yahvé su ofrenda de combustión y la víctima expiatoria por su inadvertencia ante Yahvé. Y le será perdonado a toda la congregación de los hijos de Israel y al extranjero que en medio de ellos habita, porque del pueblo todo fue la inadvertencia. Si el que por inadvertencia pecó fuese uno solo, ofrecerá un cabrito primal por el pecado, y el sacerdote hará la expiación ante Yahvé por el que pecó por inadvertencia, para expiarle, y le será perdonado. Para el indígena de los hijos de Israel y para el extranjero que habita en medio de vosotros tendréis la misma ley cuanto al pecado cometido por inadvertencia. Pero cualquiera que sea, indígena o extranjero, el que con altiva mano obrara, ultrajando a Yahvé, ése será enteramente borrado de en medio de su pueblo; por haber menospreciado la palabra de Yahvé y haber traspasado su mandato, será exterminado y llevará sobre sí su iniquidad.” Sucedió, cuando estaban los hijos de Israel en el desierto, que encontraron a un hombre recogiendo leña en sábado;" y los que le encontraron le denunciaron a Moisés y a Aarón y a toda la asamblea;" y le encarcelaron, porque no había sido todavía declarado lo que había de hacerse con él. Yahvé dijo a Moisés: “Sin remisión, muera ese hombre. Que lo lapide el pueblo todo fuera del campamento.” Y fue llevado fuera del campamento y lapidado, como se lo mandó Yahvé a Moisés. Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles que de generación en generación se hagan flecos en los bordes de sus mantos, y aten los flecos de cada borde con un cordón de color de jacinto, para que les sirva, cuando lo vean, para acordarse de todos los mandamientos de Yahvé, para que los pongan por obra, sin irse detrás de los deseos de su corazón y de sus ojos, a los que se prostituyen;" porque así, acordándoos de mis preceptos y poniéndolos por obra, seréis santos a vuestro Dios. Yo, Yahvé, vuestro Dios, que os ha sacado de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios. Yo, Yahvé, vuestro Dios.” Coré, hijo de Isar, hijo de Caat, hijo de Levi; Datan y Abirón, hijos de Eliab, y On, hijo de Felet, de los descendientes de Rubén," se alzaron y se pusieron frente a Moisés, arrastrando tras de sí a doscientos cincuenta varones de los hijos de Israel, todos de los principales de la asamblea, de los del consejo, hombres distinguidos” Se conjuraron contra Moisés y Aarón, y dijeron a éstos: “Básteos ser uno de tantos, pues santos son todos los de la asamblea y en medio de todos está Yahvé. ¿Con qué derecho os levantáis vosotros sobre la asamblea de Yahvé?” Apenas oyó esto Moisés, se echó rostro a tierra. Después habló a Coré y a toda su facción, diciendo: “Mañana dará Yahvé a conocer quién es el suyo y quién es el santo que desea cerca de sí; y al elegido, El a sí lo acercará." Haced esto: Tomad vuestros incensarios, Coré y toda su facción;" poned mañana fuego en ellos, y sobre el fuego, el incienso ante Yahvé; aquel a quien elija Yahvé, ése será el santo. Esto os bastará, hijos de Leví.” Y volviéndose después a Coré, añadió: “Oídme, hijos de Leví: ¿Os parece todavía poco el haberos Yahvé, Dios de Israel, segregado de la congregación de Israel, acercándoos a sí para que le sirváis en el tabernáculo de Yahvé y estéis delante de la comunidad como ministros suyos? Porque El os ha elegido de ese modo a ti y a todos tus hermanos, hijos de Leví, ¿ambicionáis también ahora el sacerdocio? Tú y tus partidarios habéis conspirado contra Yahvé. ¿Qué es Aarón para que contra él vayan vuestras murmuraciones?” Moisés mandó llamar a Datan y a Abirón, hijos de Eliab; pero ellos respondieron: “No queremos ir;" ¿todavía te parece poco habernos sacado de una tierra que mana leche y miel, para traernos a morir a un desierto, que también quieres seguir tiranizándonos? No es a una tierra que mana leche y miel a donde nos has traído; ni un trozo de tierra nos has dado en posesión, ni una viña; ¿crees que están ciegos todos estos hombres? No, no vamos.” Moisés, muy enojado, dijo a Yahvé: “No atiendas a su oblación. Ni un asno siquiera he tomado yo de ellos; a nadie he perjudicado.” Y luego dijo a Coré: “Tu y tus partidarios presentaos mañana ante Yahvé; tú y ellos y Aarón." Tomad cada uno un incensario y poned en él el incienso, y llegaos a Yahvé cada uno con su incensario, doscientos cincuenta incensarios, tú también y Aarón, con su incensario cada uno.” Tomaron, pues, cada uno su incensario, pusieron en ellos el fuego y echaron sobre él incienso y se presentaron a la entrada del tabernáculo del testimonio con Moisés y Aarón. Coré había llevado tras sí a toda la asamblea a la entrada del tabernáculo de la reunión, y la gloria de Yahvé se mostró a toda la asamblea. Yahvé dijo a Moisés y Aarón: “Apartaos de esa turba, que voy a destruirla en seguida.” Ellos, postrándose rostro a tierra, dijeron: “Oh Dios, Dios del espíritu de toda carne! ¿No es uno el que ha pecado? ¿Por qué airarte contra toda la congregación? Yahvé habló entonces a Moisés, diciendo: Habla a la congregación y di: Apartaos de en derredor del tabernáculo y de las tiendas de Coré, Datan y Abirón.” Levantose Moisés y se fue a donde estaban Datan y Abirón, yendo tras él los ancianos, y habló a la congregación, diciendo: “Apartaos luego de las tiendas de estos impíos; no toquéis nada suyo, para que no perezcáis por sus pecados.” Apartóse la muchedumbre de en derredor de las tiendas de Coré, Datan y Abirón. Datan y Abirón salieron a la puerta de sus tiendas y se quedaron allí en pie con sus mujeres, sus hijos y sus pequeños. Dijo entonces Moisés: “Ahora vais a saber que es Yahvé quien me ha enviado para hacer cuanto he hecho y que no lo hice de mi propio impulso. Si éstos mueren de muerte natural, como mueren los hombres, no ha sido Yahvé el que me ha enviado;" pero, si haciendo Yahvé algo insólito, abre la tierra su boca y se los traga con todo cuanto es suyo y bajan vivos al “seol,” conoceréis que estos hombres han irritado a Yahvé.” Apenas acabó de decir estas palabras, rompióse el suelo debajo de ellos, abrió la tierra su boca y se los tragó a ellos, sus casas y a todos los partidarios de Coré con todo lo suyo. Vivos se precipitaron en el abismo y los cubrió la tierra, siendo exterminados de en medio de la asamblea. Todo Israel, que allí en torno se hallaba, al oír sus gritos, huyó por miedo de que los tragase también a ellos la tierra. También los doscientos cincuenta hombres que ofrecían el incienso fueron abrasados por un fuego de Yahvé. -(17:1) Después habló a Moisés, diciendo: -(2) “Manda a Eleazar, hijo de Aarón, sacerdote, que saque del incendio los incensarios, apartando el fuego, porque están santificados. -(3) Los incensarios de esos que contra sus vidas pecaron, hazlos laminar, y reviste con las láminas el altar, pues se ofreció con ellos a Yahvé, quedando santificados, y servirán de recuerdo para los hijos de Israel.” -(4) Tomó Eleazar los incensarios de bronce con que habían ofrecido los abrasados, y los mandó laminar para revestir el altar, -(5) para memoria de los hijos de Israel, para que ningún extraño a la estirpe de Aarón se acerque a ofrecer el timiama ante Yahvé, para no incurrir en la muerte de Coré y de sus secuaces, como lo había mandado Yahvé a Moisés. -(6) Al día siguiente, la muchedumbre de los hijos de Israel murmuraba contra Moisés y Aarón, diciendo: “Vosotros habéis exterminado al pueblo de Yahvé.” -(7) Y mientras la asamblea se reunía contra Moisés y Aarón, éstos se dirigieron al tabernáculo de la reunión; y he aquí que le cubrió la nube y apareció la gloria de Yahvé." -(8) Moisés y Aarón se acercaron al tabernáculo de la reunión, -(9) y Yahvé habló a Moisés, diciendo: -(10) “Quitaos de en medio de esa turba, que voy luego a destruirla.” Ellos se prosternaron rostro a tierra, -(11) y Moisés dijo a Aarón: Toma el incensario; pon en él fuego del altar e incienso y corre a esa muchedumbre y expíala, porque se ha encendido la ira de Yahvé y ha comenzado ya la mortandad.” -(12) Tomó Aarón el incensario, como se lo mandara Moisés, y corrió a la asamblea; ya había comenzado la plaga a hacer estragos en el pueblo; pero él tomó el incienso e hizo expiación por el pueblo," -(13) y se quedó entre los muertos y los vivos hasta que cesó la mortandad. -(14) Habían perecido en aquella mortandad catorce mil setecientos, sin contar los que murieron por lo de Coré. -(15) Después, cuando hubo cesado la mortandad, se volvió Aarón a la entrada del tabernáculo de la reunión, donde estaba Moisés. -(16) Habló Yahvé a Moisés, diciéndole: -(17) “Habla a los hijos de Israel y haz que te entreguen una vara cada uno de los príncipes de casa patriarcal, una por cada una de las doce casas patriarcales, y escribe en cada una el nombre de una de ellas. -(18) El nombre de Aarón lo escribirás en la vara de Leví, pues cada vara ha de llevar el nombre del cabeza de cada casa patriarcal. -(19) Ponías todas en el tabernáculo, delante del testimonio, desde el cual yo hablo. -(20) Florecerá la vara de aquel a quien elija yo, a ver si hago cesar de una vez las quejas y murmuraciones de los hijos de Israel contra vosotros.” -(21) Habló Moisés a los hijos de Israel, y todos sus jefes le entregaron las varas, una por cada casa patriarcal, doce varas; a ellas se unió la vara de Aarón." -(22) Y Moisés las puso todas ante Yahvé en el tabernáculo de la reunión. -(23) Al día siguiente vino Moisés al tabernáculo, y la vara de Aarón, la de la casa de Leví, había echado brotes, yemas, flores y almendras. -(24) Sacó Moisés las varas a los hijos de Israel, y tomó cada uno su vara. -(25) Yahvé dijo a Moisés: “Vuelve la vara de Aarón al testimonio, y guárdese en él, para que sirva de memoria a los hijos de los rebeldes y que cesen así sus quejas contra mí y no mueran.” -(26) Hízolo así Moisés; como Yahvé se lo había mandado, así lo hizo." -(27) Los hijos de Israel hablaron a Moisés, diciendo: “Está visto, muertos somos, perdidos, perdidos todos;" -(28) cuantos pretenden acercarse al tabernáculo de Yahvé perecen. ¿En verdad habremos de perecer todos?” Dijo Yahvé a Aarón: “Tú y tus hijos, y la casa de tu padre contigo, llevaréis sobre vosotros la iniquidad del santuario; tú y tus hijos contigo, la de vuestro sacerdocio." Acerca a ti a tus hermanos, la tribu de Leví, la tribu de tu padre; admítelos contigo al servicio del santuario como adjuntos, para que te sirvan cuando tú y tus hijos estéis en el tabernáculo de la reunión." Estarán a tu servicio y al de todo el tabernáculo; pero no han de acercarse ni a los utensilios del santuario ni al altar, para no morir ellos y vosotros." Los tendrás como adjuntos, y tendrán a su cuidado el tabernáculo de la reunión, para hacer todo el servicio. Ningún extraño se acercará a vosotros. Tendréis el cuidado del santuario y del altar, para que no se desfogue ya más la ira contra los hijos de Israel. Yo he tomado de entre los hijos de Israel a los levitas, vuestros hermanos, y os los he dado a vosotros, don de Yahvé, para hacer el servicio del tabernáculo de la reunión. Pero tú y tus hijos ejerceréis vuestro sacerdocio en cuanto concierne al altar y del velo adentro; sois vosotros los que habéis de hacer este servicio. Yo os he dado en puro don vuestro sacerdocio, y el extraño que pretenda acercarse morirá." Dijo también Yahvé a Aarón: “Te encomiendo también la guarda de mis ofrendas, y os doy todas las cosas santas de los hijos de Israel, por razón de la unción, a ti y a tus hijos por ley perpetua. He aquí lo que de las cosas santísimas te corresponderá de las combustiones. Todas sus ofrendas, toda oblación, todo sacrificio expiatorio que me ofrezcan, todas estas cosas, como cosas santísimas, serán para ti y para tus hijos. Las comeréis en lugar santísimo, las comerán todos los varones y serán cosas santas para vosotros. También será tuyo esto otro: lo que de sus dones se reserva, de toda ofrenda mecida de los hijos de Israel; os lo doy a ti y a tus hijos contigo, por estatuto perpetuo; todo el que sea puro de tu casa, lo comerá." Todo lo mejor del aceite, del mosto y del trigo, las primicias de su tierra, que han de traer a Yahvé, tuyas son; todos los que de tu casa estén limpios, comerán de ellos." Todo cuanto en Israel sea consagrado al anatema, te pertenecerá. Todo primogénito de toda carne, así de los hombres como de los animales que han de ofrecer a Yahvé, será tuyo. Harás rescatar los primogénitos de los hombres y los primogénitos de los animales impuros. Harás que sean rescatados cuando tengan un mes, y según tu estimación, en cinco siclos de plata, al siclo del santuario, que es de veinte “güeras”;" pero no aceptarás rescate por el primogénito de una vaca, de una oveja o de una cabra; serán cosas santas; derramarás su sangre en torno del altar, quemarás su sebo en sacrificio de combustión, de olor grato a Yahvé," y su carne será para ti como lo es el pecho que se mece y el brazuelo derecho. Todo cuanto de las cosas santas se reserva, lo que reservan los hijos de Israel para Yahvé, te lo doy a ti, a tus hijos y a tus hijas contigo en estatuto perpetuo; es pacto de sal perpetuo, ante Yahvé, contigo y con toda tu descendencia." Dijo también Yahvé a Aarón: “Tú no tendrás tu parte de la heredad en su tierra, y no habrá parte para ti en medio de ellos; soy yo tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel." Yo doy como heredad a los hijos de Leví todas las décimas, por el servicio que prestan, por el servicio del tabernáculo de la reunión. Los hijos de Israel no han de acercarse ya más al tabernáculo de la reunión, no lleven sobre sí el pecado y mueran. Serán los levitas los que harán el servicio del tabernáculo de la reunión, y ellos los que sobre sí llevarán la iniquidad. Por ley perpetua entre vuestros descendientes no tendrán heredad en medio de los hijos de Israel, pues yo les doy por heredad las décimas que los hijos de Israel han de entregar a Yahvé; por eso les digo: No tendréis heredad en medio de Israel.” Habló Yahvé a Moisés, diciendo: “Habla a los levitas y diles: Cuando recibáis de los hijos de Israel las décimas de sus bienes, que yo os doy por heredad vuestra, presentaréis a Yahvé en ofrenda una décima del diezmo, y esta ofrenda os será contada como si fuese el trigo de la era o el mosto del lagar. Así ofreceréis también vosotros a Yahvé una oblación de todas las décimas que recibáis de los hijos de Israel, y esta ofrenda reservada a Yahvé se la daréis al sacerdote Aarón. En todos los dones que recibáis, reservaréis la ofrenda a Yahvé, de todo lo mejor, la porción santa que de ellos habéis de consagrarle. Les dirás: “Una vez reservado lo mejor, la décima será para los levitas, como fruto de la tierra o fruto del lagar;" la comeréis en cualquier lugar, vosotros y vuestras familias, porque es vuestro salario por el servicio que prestáis en el tabernáculo de la reunión. Una vez ofrecido lo mejor en ofrenda, no incurrís ya en culpa ni profanáis las cosas santas de los hijos de Israel, y no moriréis.” Habló Yahvé a Moisés y Aarón, diciéndoles: “He aquí la ordenación de ley que prescribe Yahvé: Di a los hijos de Israel que te traigan una vaca roja perfecta, sin defecto, y que no haya llevado todavía el yugo sobre sí;" se la entregaréis a Eleazar, sacerdote, y él la sacará fuera del campamento, la hará degollar en su presencia, y, tomando de su sangre con un dedo, asperjará con ella hacia el frente del tabernáculo de la reunión siete veces. Hará quemar la vaca en su presencia, quemando la piel, la carne y la sangre y los excrementos. Tomará luego el sacerdote madera de cedro, hisopo y púrpura, y lo echará en medio del fuego en que arde la vaca. El sacerdote lavará luego sus vestidos y su cuerpo con agua, y entrará después en el campamento; será inmundo el sacerdote hasta la tarde." Lo mismo el que la quemó, lavará con agua sus vestiduras y su cuerpo, y será inmundo hasta la tarde. Un hombre limpio recogerá las cenizas; las recogerá y las llevará fuera del campamento a un lugar limpio, y las guardará la asamblea de los hijos de Israel para el agua expiatoria. Es agua de expiación." El que recogió las cenizas de la vaca, lavará sus vestidos y será inmundo hasta la tarde. Será ésta para los hijos de Israel, y para el extranjero que habita entre ellos, ley perpetua.” El que tocare un muerto, cualquier cadáver humano, se hace impuro por siete días, y se purificará con este agua al tercer día, y al séptimo será puro; no quedará limpio hasta el séptimo." Quien tocare un muerto, el cadáver de un hombre, y no se purificare, contamina el tabernáculo de Yahvé, y será borrado de Israel, porque no se purificó con el agua lustral; será inmundo, quedando sobre él su inmundicia." Esta es la ley: Cuando muriere alguno en una tienda, todo el que entre en la tienda y cuanto en ella hay será inmundo por siete días;" toda vasija que no tenga tapadera será inmunda;" y cualquiera que en campo abierto tocare un muerto de espada o un muerto cualquiera, o huesos humanos, o un sepulcro, será inmundo por siete días. Para quien esté inmundo, tomarán de la ceniza de la vaca quemada en sacrificio expiatorio y echarán sobre ella un vaso de agua viva;" uno que esté limpio tomará hisopo y, mojándolo en el agua, asperjará la tienda y todos los muebles y todas las personas que en ella hubiere, o al que hubiere tocado huesos humanos, o al matado, o al muerto, o un sepulcro. El limpio asperjará al inmundo el tercero y el séptimo día; y, purificado el impuro el séptimo día, lavará sus vestidos, y a la tarde será puro." El inmundo que no se purifique será borrado de la congregación, por haber contaminado el santuario de Yahvé; no habiendo sido rociado con el agua lustral, es inmundo." Será ley perpetua, y el que haga aspersión al otro con el agua lustral, lavará sus vestidos, y quien tocare el agua lustral será inmundo hasta la tarde. Todo el que tocare el inmundo, será inmundo, y quien algo de ello tocare, será inmundo hasta la tarde. Llegaron los hijos de Israel, toda la congregación, al desierto de Sin, el primer mes, y acampó el pueblo en Cades. Allí murió María y allí fue sepultada. No había allí agua para la muchedumbre, y ésta se amotinó contra Moisés y Aarón. El pueblo se quejaba contra Moisés, y decía: “¡Ojalá hubiéramos perecido cuando perecieron nuestros hermanos ante Yahvé! ¿Por qué has traído al pueblo de Yahvé a este desierto a morir, nosotros y nuestros ganados? ¿Por qué nos sacaste de la tierra de Egipto, para traernos a un lugar tan horrible como éste, que no puede sembrarse ni tiene viñas, ni higueras, ni granados, y donde ni agua siquiera hay para beber?” Moisés y Aarón se apartaron de la muchedumbre, a la entrada del tabernáculo de la reunión, y postráronse rostro a tierra. Apareció la gloria de Yahvé, y Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Toma el cayado y reúne a la muchedumbre, tú y Aarón, tu hermano, y en su presencia hablad a la roca, y ésta dará sus aguas; de la roca sacarás agua para dar de beber a la muchedumbre y a sus ganados.” Moisés tomó de delante de Yahvé el cayado, como se lo había él mandado, y, juntando Moisés y Aarón a la muchedumbre delante de la roca, les dijo: “¡Oíd, rebeldes ! ¿Podremos nosotros hacer brotar agua de esta roca ?” Alzó Moisés su brazo e hirió con el cayado la roca dos veces, y brotaron de ella aguas en abundancia, y bebió la muchedumbre y sus ganados. Yahvé dijo entonces a Moisés y a Aarón: “Porque no habéis creído en mí, santificándome a los ojos de los hijos de Israel, no introduciréis vosotros a este pueblo en la tierra que yo les he dado.” Estas son las aguas de Meribá, donde los hijos de Israel se querellaron contra Yahvé, que les dio una prueba de su santidad. Mandó Moisés embajadores desde Cades al rey de Edom para que le dijesen: “Israel, tu hermano, te dice: Tú sabes todas las peripecias que nos han ocurrido: cómo nuestros padres bajaron a Egipto, y hemos estado en Egipto largo tiempo, y cómo nos maltrataron los egipcios a nosotros y a nuestros padres;" cómo clamamos a Yahvé, y oyó éste nuestra voz y mandó a su ángel, que nos sacó de Egipto; y que estamos aquí en Cades, ciudad situada al extremo de tu territorio." Te rogamos, pues, que nos des paso libre por tu territorio. No atravesaremos tus sembrados ni tus viñas ni beberemos el agua de tus pozos; iremos por el camino real, sin apartarnos ni a derecha ni a izquierda, hasta que salgamos de tu territorio”“" Edom respondió: “No pasarás, saldré a tu encuentro con la espada.” Dijéronle entonces los hijos de Israel: “Iremos por el camino trillado, y si de tus aguas bebo yo y mis ganados, te daremos el precio de ellas; es cosa de nada, sólo con mis pies tocaré tu tierra.” Pero Edom respondió: “No pasarás.” Y salió Edom contra él con mucha gente fuertemente armada. No dio Edom paso por su territorio, e Israel se alejó de él. Alzando de Cades el campamento, llegó Israel con toda la muchedumbre al monte Hor. Yahvé habló a Moisés y a Aarón en el monte Hor, que está en los confines de la tierra de Edom, diciendo: “Aarón va a reunirse con su pueblo, pues no ha de entrar en la tierra que yo voy a dar a los hijos de Israel, porque fuisteis rebeldes a mi mandato en las aguas de Meribá. Toma a Aarón y a su hijo Eleazar y sube con ellos al monte Hor, y allí que se desnude Aarón de sus vestiduras, y reviste de ellas a Eleazar, su hijo, porque allí se reunirá Aarón con los suyos; allí morirá.” Hizo Moisés lo que mandaba Yahvé, y a la vista de toda la asamblea subieron al monte Hor. Moisés hizo que se desnudara Aarón de sus vestiduras, y revistió de ellas a Eleazar, su hijo; y allí murió Aarón en la cumbre del monte. Moisés y Eleazar bajaron del monte," y, viendo la muchedumbre que Aarón había muerto, hicieron duelo por él todas las familias de Israel por treinta días. El cananeo, el rey de Arad, que habitaba en el Negueb, al oír que venía Israel por el camino de Atarim, los atacó y tomó prisioneros. Hizo entonces Israel voto a Yahvé, diciendo: “Si entregas a este pueblo en mis manos, yo destruiré sus ciudades.” Oyó Yahvé la voz de Israel, y le entregó el cananeo, a quien dio al anatema, destruyéndolos a ellos y a sus ciudades, por lo cual fue llamado aquel lugar Jormá. Partiéronse del monte Hor en dirección al mar Rojo, rodeando la tierra de Edom; y el pueblo, impaciente," murmuraba por el camino contra Dios y contra Moisés, diciendo: “¿Por qué nos habéis sacado de Egipto a morir en este desierto? No hay pan ni agua y estamos ya cansados de un tan ligero manjar como éste.” Mandó entonces Yahvé contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murió mucha gente de Israel. El pueblo fue entonces a Moisés y le dijo: “Hemos pecado murmurando contra Yahvé y contra ti; pide a Yahvé que aleje de nosotros las serpientes.” Moisés intercedió por el pueblo," y Yahvé dijo a Moisés: “Hazte una serpiente de bronce y ponía sobre un asta, y cuantos mordidos la miren, sanarán.” Hizo, pues, Moisés una serpiente de bronce y la puso sobre un asta; y cuando alguno era mordido por una serpiente, miraba a la serpiente de bronce y se curaba." Partiéronse los hijos de Israel y acamparon en Obot;" y partidos de Obot, acamparon junto a lye-Abarim, en el desierto que hay frente a Moab, al oriente. Partidos de allí, acamparon junto al torrente Zared;" y partidos de allí, acamparon a la otra orilla del Amón, en el desierto, que proviene del confín de los amorreos, pues el Amón es confín de Moab, entre Moab y los amorreos. Por eso se decía en el libro de las “Guerras de Yahvé”: “Contra Vaheb en Sufá, contra el torrente de Amón” las angosturas del torrente que se extiende hacia la y se apoya en los confines de Moab.” (región de Ar) De allí vinieron a Beer; es el pozo a que se refería Yahvé cuando dijo a Moisés: “Reúne al pueblo y yo le daré agua.” Entonces cantó Israel este canto: “Mana, pozo; cantadle." Pozo cavado por los príncipes, alumbrado por los nobles del pueblo con sus cetros, con sus bastones.” -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- Israel mandó embajadores a Seón, rey amorreo, para decirle: “Déjanos pasar por tu territorio; no iremos ni por los campos ni por las viñas, ni beberemos el agua de tus pozos; iremos por el camino real hasta salir de tus fronteras.” Seón se negó a dejar pasar a Israel por su territorio, y, reuniendo a toda su gente, salió al encuentro de Israel en el desierto y le dio la batalla en Yahsa. Israel le derrotó al filo de la espada, y se apoderó de su tierra desde el Amón hasta el Yaboq, hasta los hijos de Amón, pues Yahsa era frontera de los amonitas. Conquistó Israel todas estas ciudades, y habitó en las ciudades de los amorreos, en Hesebón y en todas las ciudades que de ella dependen, pues Hesebón era la residencia de Seón, rey de los amorreos, que había hecho antes la guerra al rey de Moab, y se había apoderado de toda su tierra hasta el Amón. Por eso cantaban los trovadores: “Id a Hesebón, edificad y fortificad la ciudad de Seón. Fuego ha salido de Hesebón, llama de la ciudad de que devoró las ciudades de Moab [Seón; y consumió las alturas del Amón." ¡Ay de ti, Moab! Has perecido, pueblo de Gamos; fueron dados a la fuga tus hijos, y sus hijas por cautivas del rey de los amorreos." Pero al rey de los amorreos, Seón, le han arrebatado el noval desde Hesebón hasta Dibón. Y sus mujeres, humilladas, hasta tener que encender el fuego en Mádaba.”] Así habitó Israel en la tierra de los amorreos. Mandó Moisés reconocer a Yazer, y se apoderaron de las ciudades que de ella dependían, expulsando de ellas a los amorreos que allí habitaban;" y volviéndose, subieron camino de Basan, saliéndoles al encuentro Og, rey de Basan, con todo su pueblo para la batalla en Edray. Yahvé dijo a Moisés: “No le temas, que a tus manos te lo entregaré, a él, a su pueblo y toda su tierra, y harás con él lo que hiciste de Seón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesebón.” Y le derrotaron a él y toda su gente, hasta no dejar ni uno, y se apoderaron de su tierra. Partieron los hijos de Israel y acamparon en los llanos de Moab, al otro lado del Jordán, frente a Jericó. Balac, hijo de Sefor, supo cuanto había hecho Israel a los amorreos;" y Moab temió grandemente al aparecer aquel pueblo tan numeroso, y se amedrentó ante los hijos de Israel. Moab dijo a los ancianos de Madián: “Este pueblo va a devorar nuestros contornos como devora un buey la hierba del campo.” Era entonces rey de Moab Balac, hijo de Sefor. Mandó, pues, mensajeros a Balaam, hijo de Beor, a Petur, que está junto al río, en tierra de los hijos de Amón, para que le llamasen, diciéndole: “Mira, ha salido de Egipto un pueblo que cubre la superficie de la tierra y está ya cerca de mí. Ven, pues, y maldíceme a este pueblo, pues es más fuerte que yo, a ver si así podemos hacer que le derrotemos, pues sé que es bendito aquel a quien tú bendices, y maldito aquel a quien tú maldices.” Fueron, pues, ancianos de Moab y ancianos de Madián, llevando en sus manos el precio del conjuro, y, llegados a Balaam, le transmitieron las palabras de Balac. El les dijo: “Pasad aquí esta noche, y yo os responderé según lo que me diga Yahvé.” Quedáronse los príncipes de Moab con Balaam;" Dios vino en la noche a Balaam y le dijo: “¿Quiénes son esos que están contigo?” Balaam respondió a Dios: “Balac, hijo de Sefor, rey de Moab, los ha mandado a mí para decirme: Un pueblo salido de Egipto está ya aquí y cubre toda la superficie de la tierra; ven, pues, luego a maldecirlo, a ver si puedo derrotarle y rechazarle.” pero Dios dijo a Balaam: “No vayas con ellos; no maldigas a ese pueblo, porque bendito es.” Balaam, levantándose de mañana, dijo a los príncipes de Balac: “Idos a vuestra tierra, porque Yahvé se niega a dejarme ir con vosotros.” Oído esto, los príncipes de Moab se levantaron, y, tornados a Balac, le dijeron: “Balaam se ha negado a venir con nosotros.” Pero Balac mandó de nuevo a otros príncipes, más en número y más respetables que los primeros, que, llegados a Balaam, le dijeron: “He aquí lo que te dice Balac, hijo de Sefor: No te niegues a venir a verme, que yo te colmaré de bienes y haré todo lo que tú me digas; ven, te ruego, a maldecirlo.” Balaam respondió a los siervos de Balac: “Aunque me diese Balac su casa llena de plata y de oro, no podría yo traspasar las órdenes de Yahvé, mi Dios, ni en poco ni en mucho;" pero podéis quedaros aquí también esta noche para saber lo que vuelve a decirme Yahvé.” Durante la noche vino Dios a Balaam y le dijo: “Ya que éstos han venido otra vez a llamarte, levántate y vete con ellos, pero no hagas más que lo que yo te diga.” Levantóse Balaam de mañana, aparejó su asna y se fue con los príncipes de Moab. Pero Dios estaba indignado de que fuese, y el ángel de Yahvé se puso delante de él en el camino para cerrarle el paso. Iba Balaam montado en su asna, y llevaba consigo a dos de sus criados. El asna, al ver al ángel de Yahvé parado en el camino con la espada desenvainada en la mano, se salió del camino y se echó al campo, y Balaam se puso a fustigarla para retraerla al camino. Entonces el ángel se puso en una estrechura entre las viñas, entre pared de un lado y pared de otro;" y, al verle el asna, echóse contra una de las paredes, cogiendo entre ella y la pared la pierna de Balaam. Este se puso de nuevo a fustigarla. El ángel de Yahvé volvió a ponerse en una angostura, de donde ni a derecha ni a izquierda podía desviarse;" y al verle el asna, se echó debajo de Balaam, quien, enfurecido, la fustigó más. Abrió entonces Yahvé la boca del asna, que dijo a Balaam: “¿Qué te he hecho yo para que por tres veces me hayas fustigado ?” Y Balaam respondió: “¿Por qué te burlas de mí? Si tuviera ahora mismo una espada, ahora mismo te mataría.” Y el asna dijo a Balaam: “¿No soy yo tu asna? Tú me has montado desde que yo soy tuya hasta hoy. ¿Te he hecho yo nunca cosa semejante?” Y él respondió: “No.” Entonces abrió Yahvé los ojos a Balaam, y éste vio al ángel de Yahvé, que estaba en el camino con la espada desenvainada en la mano. Balaam se postró echándose sobre el rostro, y el ángel de Yahvé le dijo: “¿Por qué por tres veces has fustigado a tu asna? Es que he salido yo para cerrarte el camino, porque es malo ante mí el que llevas. El asna me ha visto y ha querido luego apartarse tres veces de delante de mí; si ella no me hubiera esquivado, te hubiera matado a ti, dejándola a ella viva.” Entonces Balaam dijo al ángel de Yahvé: “He pecado; no sabía que tú me cerrabas el camino; si te parece mal, ahora mismo me volveré.” El ángel de Yahvé respondió a Balaam: “Ve con esos hombres, pero di solamente lo que te diga yo.” Siguió, pues, Balaam con los príncipes de Balac. Este, sabiendo que venía Balaam, le salió al encuentro hasta Ir-Moab, que está en la frontera del Amón, en lo último de la frontera. Balac dijo a Balaam: “He mandado a llamarte. ¿Por qué no viniste? ¿No estoy yo acaso en situación de tratarte con la debida honra?” Balaam respondió a Balac: “Aquí me tienes ya; pero ¿podré yo decir lo que quisieres? La palabra que Dios ponga en mi boca, ésa será la que te diga.” Siguió Balaam a Balac, y llegaron a Quiriat-Jusot. Balac inmoló bueyes y ovejas, mandándoselos a Balaam y a los príncipes que le acompañaban. A la mañana siguiente tomó Balac a Balaam y le hizo subir a Bamot-Baal, desde donde se veía un ala del pueblo. Balaam dijo a Balac: “Álzame aquí siete altares y tenme pronto siete novillos y siete carneros.” Balac hizo lo que Balaam había dicho, e inmolaron un novillo y un carnero en cada uno de los altares. Después dijo Balaam a Balac: “Tú quédate ahí junto a tu holocausto, mientras me alejo yo, a ver si me sale Yahvé al encuentro; y lo que me dé a conocer, eso te diré.” Y se alejó hacia un monte desnudo." Salió Dios al encuentro de Balaam, y éste le dijo: “He dispuesto siete altares y he ofrecido en cada uno de ellos un novillo y un carnero.” Y Yahvé puso en boca de Balaam su palabra y añadió después: “Tórnate a Balac y dile esto.” Vuelto a él, lo vio parado ante su holocausto, junto con los príncipes de Moab;" y, comenzando su parábola, dijo: “De Aram me ha traído Balac, el rey de Moab de los montes de oriente: Ven y maldíceme a Jacob, ven y exécrame a Israel. ¿Cómo voy a maldecir yo al que Dios no maldice? ¿Cómo voy a execrar yo al que Yahvé no execra? Desde las cimas de las rocas le veo, desde lo alto de los collados le contemplo. Es un pueblo que tiene aparte su morada ¿Quién es capaz de contar el polvo de Jacob? ¿Quién es capaz de enumerar las miríadas de Israel? Muera yo la muerte de los justos y sea mi fin semejante al suyo.” Balac dijo a Balaam: “¿Qué es lo que conmigo has hecho? Te he llamado para maldecir a mis enemigos, y no has hecho otra cosa que bendecirlos.” El respondió: “¿No he de tener yo el cuidado de proferir lo que en mis labios pone Yahvé?” Balac le dijo: “Ven conmigo a otro sitio, desde donde puedas contemplarle, y maldícemelo desde allí.” Llevóle al campo de Zofim, en la cumbre del monte Fasga; y después de alzar siete altares e inmolar en cada uno un novillo y un carnero," dijo Balaam a Balac: “Estáte ahí junto a tu holocausto, mientras yo voy allá.” Salió Yahvé al encuentro de Balaam y puso en su boca la palabra y le dijo: “Vuelve a Balac y dile esto.” Volvióse él y vio que estaba Balac junto a su holocausto, y con él los príncipes de Moab; y Balac le preguntó: “¿Qué es lo que ha dicho Yahvé?” Y tomando Balaam su parábola, dijo: “Levántate, Balac, y oye; dame oídos, hijo de Sefor:" No es Dios un hombre, para que mienta, ni hijo de hombre, para arrepentirse. Lo ha dicho él, y ¿no lo hará? Lo ha prometido, y ¿no lo mantendrá? De bendecir he recibido yo orden, bendición ha dado El; yo no puedo revocarla." No se ve iniquidad en Jacob, no hay en Israel perversidad; Yahvé, su Dios, está con él; Rey aclamado es en medio de él." Él Dios que de Egipto le ha sacado, es para él la fuerza del unicornio. No hay en Jacob hechicería, ni hay adivinación en Israel. A su tiempo se le dirá a Jacob y a Israel lo que Dios va a cumplirle. He ahí un pueblo que se alza como leona y que se yergue como león; No se acostará sin haber devorado su presa, sin haber bebido la sangre de sus víctimas.” Y Balac dijo a Balaam: “No le maldigas, pero al menos no le bendigas.” Balaam, respondiendo, dijo a Balac: “¿No te dije ya que no puedo hacer sino cuanto me diga Yahvé? Entonces dijo Balac a Balaam: “Ven, que te lleve a otro sitio, a ver si quiere Dios de una vez que desde allí le maldigas.” Y llevó a Balaam a la cima del Fogor, que mira al desierto. Balaam dijo a Balac: “Álzame siete altares aquí y disponme los siete novillos y los siete carneros.” Hízolo así Balac, como Balaam lo decía, y ofreció un novillo y un carnero en cada uno de los altares. Había visto Balaam que Yahvé se complacía en bendecir a Israel, y por eso no fue ya, como las otras veces, en busca del presagio, sino que se volvió de cara al desierto, y, alzando los ojos, vio a Israel, acampado, tribu por tribu. Vino sobre él el espíritu de Yahvé, y, tomando su parábola, dijo: “Oráculo de Balaam, hijo de Beor, oráculo del hombre de los ojos cerrados, oráculo de quien oye palabra de Dios, del que ve visiones del Omnipotente, de quien al caer se le abrieron los ojos. ¡Qué bellas son tus tiendas, oh Jacob! ¡Qué bellos tus tabernáculos, oh Israel! Se extiende como un amplio valle, como un jardín a lo largo de un río, como áloe plantado por Yahvé, como cedro que está junto a las aguas. Desbórdanse de sus cubos las aguas, su simiente goza de aguas abundantes. Yérguese sobre Agag, su rey; exaltaráse su reino." El Dios que de Egipto le ha sacado, es para él como la fuerza del unicornio. Devora a las naciones enemigas, tritura sus huesos, las traspasa con sus saetas. Se agacha, se posa como un león, como una leona, ¿quién la concitará? El que te bendiga será bendecido, y el que te maldiga, maldito será.” Encendido en ira Balac contra Balaam y palmeteando, le dijo: “Te he llamado para maldecir a mis enemigos, y tú los has colmado de bendiciones ya por tres veces, Ahora huye pronto a tu tierra; yo pensaba honrarte grandemente, pero Yahvé te ha privado de la gloria.” Respondióle Balaam: “¿No dije yo a tus mensajeros: Aunque me diera Balac su casa llena de plata y oro, no podré contravenir la orden de Dios, haciendo por mí mismo cosa alguna, ni buena ni mala, contra sus órdenes, y solamente lo que Yahvé me diga, eso le diré? Ahora, pues, que voy a irme a mi pueblo, ven que te diga lo que este pueblo ha de hacer al tuyo al fin de los tiempos,” Y, volviendo a tomar la palabra, dijo: “Oráculo de Balaam, hijo de Beor, oráculo del hombre de los ojos cerrados;" oráculo del que oye palabras de Dios, del que conoce los consejos del Altísimo (Elyón), del que ve visiones del Omnipotente (Saday), de quien al caer se le abrieron los ojos. La veo, pero no ahora; la contemplo, pero no de cerca: Alzase de Jacob una estrella, surge de Israel un cetro que aplasta las sienes de Moab y el cráneo de los hijos del tumulto." Edom es su posesión: Seír, presa de sus enemigos; Israel acrecienta su poder," de Jacob sale el dominador, que devasta de las ciudades las reliquias.” Y, mirando a Amelec, prosiguió: “La primera de las naciones es Amalee, pero su fin será eterna ruina.” Luego, mirando a los quenitas, prosiguió su parábola: “Por fuerte que sea su morada, aunque ponga en las rocas su nido, el quenita será devastado, hasta que Asur le lleve cautivo.” Y volviendo a proferir su oráculo, prosiguió: “¿Quién vivirá cuando Dios lo ponga por obra? Vendrán naves de Quitim, que oprimirán a Asur y oprimirán a Eber; también éste será dado a la ruina.” Partióse después Balaam y se volvió a su tierra, y también Balac se fue por su camino. Estuvo Israel estacionado en Setim, y el pueblo se prostituyó por el trato con las hijas de Moab. Invitábanle éstas a los sacrificios de sus dioses, y el pueblo comía y se prosternaba ante ellos. Israel se fue tras Baalfegor, y la ira de Yahvé se encendió contra Israel. Dijo Yahvé a Moisés: “Reúne a todos los jefes del pueblo, y cuelga a ésos del patíbulo ante Yahvé cara al sol, para que se aparte de Israel la cólera encendida de Yahvé.” Dijo, pues, Moisés a los jueces de Israel: “Matad a cualquiera de los vuestros que haya servido a Baalfegor.” En esto llegó uno de los hijos de Israel e introdujo en medio de sus hermanos a una madianita a los ojos mismos de Moisés y en presencia de toda la comunidad de los hijos de Israel, mientras éstos lloraban a la entrada del tabernáculo de la reunión. Viéndolo Finés, hijo de Eleazar, sacerdote, se alzó en medio de la asamblea, y, tomando una lanza, se fue tras el hijo de Israel, hasta la parte posterior de su tienda, y los alanceó a los dos, al hombre y a la mujer, en sus vientres, y cesó el azote entre los hijos de Israel. En aquella plaga murieron veinticuatro mil. Habló Yahvé a Moisés, diciéndole: “Finés, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, sacerdote, ha apartado mi furor de los hijos de Israel, por el celo con que ha celado mi honor; por eso no he consumido yo en el furor de mi celo a los hijos de Israel." Por tanto, le dirás que yo hago con él una alianza de paz, alianza de un sacerdocio eterno, para él y para su descendencia, por haber sido celador de su Dios y haber hecho la expiación por los hijos de Israel.” El israelita que fue muerto juntamente con la madianita se llamaba Zimrí, hijo de Salú, y era jefe de una de las familias de la tribu de Simeón. La madianita se llamaba Cozbí, hija de Sur, jefe de la tribu de una de las casas patriarcales de Madián. Yahvé habló a Moisés, diciéndole: “Tratad a los madianitas como enemigos y destruidlos, porque como enemigos os han tratado ellos, seduciéndoos con sus malas artes por medio de Fogor y de Cozbí, hija del príncipe de Madián, su hermana, que murió cuando la plaga por lo de Fogor.” Después de esta plaga habló Yahvé a Moisés y a Eleazar hijo de Aarón, sacerdote, diciéndoles: “Haced el censo de los hijos de Israel por sus casas patriarcales y sus linajes, de veinte años arriba, de los hábiles para el servicio de las armas.” Moisés y Eleazar, sacerdote, hablaron al pueblo en los llanos de Moab, cerca del Jordán, frente a Jericó, diciendo al pueblo: “Hágase el censo de los de veinte años para arriba, como Yahvé se lo mandó a Moisés.” Los hijos de Israel salidos de la tierra de Egipto: Rubén, primogénito de Israel. Hijos de Rubén: de Henoc, la familia de los henoquitas; de Falú, la familia de los faluitas;" de Esrón, la familia de los esronitas; de Carmí, la familia de los carmitas." Estas son las familias de los rubenitas, y fueron contados cuarenta y tres mil setecientos treinta. Hijos de Falú, Eliab;" hijos de Eliab: Namuel, Datan y Abirón. Estos, Datan y Abirón, miembros del consejo, se rebelaron contra Moisés y Aarón con la facción de Coré en la rebelión contra Yahvé, cuando abrió la tierra sus fauces y se los tragó con Coré, muriendo los de la facción y devorando el fuego a doscientos cincuenta hombres, para servir de escarmiento al pueblo. Pero los hijos de Coré no perecieron. Hijos de Simeón por sus familias: de Namuel, la familia de los namuelitas; de Yamín, la familia de los yaminitas; de Yaquin, la familia de los yaquinitas;" de Zare, la familia de los zareítas; de Saúl, la familia de los saulitas." Estas son las familias de los simeonitas. Fueron contados veintidós mil doscientos. Hijos de Gad por sus familias: de Safón, la familia de los safonitas; de Jaguí, la familia de los jaguitas; de Suní, la familia de los sunitas;" de Ozní, la familia de los oznitas; de Erí, la familia de los eritas;" de Arod, la familia de los aroditas; de Arelí, la familia de los arelitas." Estas son las familias de los hijos de Gad. Fueron contados cuarenta mil quinientos. Hijos de Judá: Er y Onán, que murieron en la tierra de Canaán. Hijos de Judá por sus familias: de Sela, la familia de los selitas;" de Fares, la familia de los faresitas; de Zare, la familia de los zareítas. Hijos de Fares: de Esrón, la familia de los esronitas; de Jamul, la familia de los jamulitas." Estas son las familias de Judá. Fueron contados setenta y seis mil quinientos. Hijos de Isacar por sus familias: de Tola, la familia de los tolitas; de Fuá, la familia de los fuitas;" de Yasub, la familia de los yasubitas; de Semrán, la familia de los semramtas." Estas son las familias de Isacar. Se contaron setenta y cuatro mil trescientos. Hijos de Zabulón por sus familias: de Sared, la familia de los sare-ditas; de Elón, la familia de los elonitas; de Yajlel, la familia de los yajlelitas." Estas son las familias de Zabulón. Se contaron sesenta mil quinientos. Hijos de José por sus familias: Manasés y Efraím. Hijos de Manasés: de Maquir, la familia de los maquiritas. Maquir engendró a Galaad; de Galaad, la familia de los galaditas." Estos son los hijos de Galaad: de leser, la familia de los ieseritas; de Jeleq, la familia de los jelequitas;" de Asriel, la familia de los asrieli-tas; de Siquem, la familia de los siquemitas;" de Semidá, la familia de los semidaítas; de Jefer, la familia de los jeferitas." Salfad, hijo de Jefer, no tuvo hijos varones, sino solamente hijas, y los nombres de las hijas de Salfad son: Majlá, Noa, Joglá, Milca y Tirsá. Esas son las familias de Manasés. Se contaron cincuenta y dos mil setecientos. Hijos de Efraím por sus familias: de Sutalaj, la familia de los sutalajitas; de Beker, la familia de los bekeritas; de Tajan, la familia de los tajanitas." Hijos de Sutalaj: de Erón, la familia de los eronitas. Estas son las familias de Efraím. Se contaron treinta y dos mil quinientos. Estos son los hijos de José por sus familias. Hijos de Benjamín por sus familias: de Bela, la familia de los belaítas; de Asbel, la familia de los asbelitas; de Ajiram, la familia de los ajiramitas;" de Sufam, la familia de los sufamitas; de Jufam, la familia de los jufamitas." Hijos de Bela fueron Arde y Noamán: de Arde, la familia de los arditas; de Noamán, la familia de los noamitas." Estos son los hijos de Benjamín por sus familias. Se contaron cuarenta y cinco mil seiscientos. Hijos de Dan por sus familias: de Sujam, la familia de los sujamitas. Estas son las familias de Dan por sus familias. Se contaron de la familia de Sujam sesenta y cuatro mil cuatrocientos. Hijos de Aser por sus familias: de Yimná, la familia de los yimnaí-tas; de Yesuí, la familia de los yesuítas; de Bería, la familia de los beriaítas." Hijos de Bería: de Jéber, la familia de los jeberitas; de Malkiel, la familia de los malkielitas." La hija de Aser se llamaba Saraj. Estas son las familias de los hijos de Aser. Se contaron cincuenta y cuatro mil cuatrocientos. Hijos de Neftalí por sus familias: de Yajsel, la familia de los yajselitas; de Guní, la familia de los gunitas;" de Yeser, la familia de los yeseritas; de Selem, la familia de los selemitas." Estas son las familias de Neftalí por sus familias. Se contaron cuarenta y cinco mil cuatrocientos. Los hijos de Israel incluidos en el censo fueron: seiscientos un mil setecientos treinta hombres. Habló Yahvé a Moisés, diciéndole: “A éstos repartirás la tierra en heredad, según el número de sus hombres. A los más numerosos les darás una parte mayor; a los menos numerosos, una parte menor. A cada uno le será atribuida la heredad según el censo." La distribución de la tierra se hará, sin embargo, por suertes. Recibirá cada una la tierra según los nombres de las familias patriarcales. Por suertes se distribuirá la tierra entre el mayor y el menor. Este es el censo de los levitas por sus familias: de Gersón, la familia de los gersonitas; de Caat, la familia de los caatitas; de Merarí, la familia de los meraritas." Estas son las familias de Levi: la familia de los libnitas, la familia de los jebronitas, la familia de los majlitas, la familia de los musitas, la familia de los coreítas. Caat engendró a Amram, y la mujer de Amram se llamaba Yokebed, hija de Leví, que le nació a Leví en Egipto, y le parió a Amram, Aarón y Moisés, y María, hermana de éstos. De Aarón nacieron Nadab y Abiú, Eleazar e Itamar. Nadab y Abiú murieron cuando ofrecían a Yahvé el fuego profano. Hecho el censo de todos los varones de un mes para arriba, se contaron veintitrés mil. No se contaron entre los hijos de Israel, porque no había de asignárseles heredad alguna en medio de los hijos de Israel. Este es el censo que hicieron Moisés y Eleazar, sacerdote, en los llanos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó. Entre éstos no había ninguno de los enumerados en el censo que habían hecho en el desierto del Sinaí, pues les había dicho Yahvé que morirían en el desierto; no quedó ni uno, excepto Caleb, hijo de Jefoné, y Josué, hijo de Nun." Acercáronse las hijas de Salfad, hijo de Jéfer, hijo de Galaad, hijo de Makir, hijo de Manasés, hijo de José, que se llamaban Majlá, Noa, Yoglá, Milka y Tirsá;" y presentándose a Moisés ante Eleazar, sacerdote, y ante todos los príncipes de la asamblea, a la entrada del tabernáculo de la reunión, dijeron: “Nuestro padre ha muerto en el desierto, y no era de la tropa délos que se confabularon contra Yahvé, de la tropa de Coré; pero ha muerto por su pecado y no ha dejado hijos." ¿Por qué va a ser el nombre de nuestro padre borrado de en medio de su familia por no haber dejado hijos? Danos una heredad entre los hermanos de nuestro padre.” Moisés llevó la cosa ante Yahvé, y Yahvé dijo a Moisés: “Las hijas de Salfad tienen razón. Dales en heredad una propiedad entre los hermanos de su padre, y que pase a ellas la heredad de su padre. Habla a los hijos de Israel y diles: Si uno muere sin dejar hijos, haréis pasar su heredad a la hija;" y si no hay tampoco hija, pasará a sus hermanos la heredad. Si no hay hermanos, daréis la heredad a los hermanos de su padre;" y si no hay hermanos de su padre, pasaréis la heredad al más próximo pariente de la familia; de éste será.” Esta será para los hijos de Israel regla de derecho, como se lo ha ordenado Yahvé a Moisés." Dijo Yahvé a Moisés: “Sube a ese monte de Abarirn para ver la tierra que voy a dar a los hijos de Israel;" la verás, pero también tú te reunirás con tu pueblo, como Aarón, tu hermano, se ha reunido, por haber sido rebeldes a mi mandato en el desierto de Sin, al rebelarse la muchedumbre, en vez de santificar ante ellos mi nombre, con ocasión de las aguas de Meribá, en Cades, en el desierto de Sin.” Moisés habló a Yahvé, diciendo: “Que Yahvé, el Dios de los espíritus de toda carne, constituya sobre la asamblea un hombre que los conduzca y acaudille, para que la comunidad de Yahvé no sea como rebaño de ovejas sin pastor.” Yahvé dijo a Moisés: “Toma a Josué, hijo de Nun, hombre en quien reside el espíritu, y pon tu mano sobre él. Ponle ante Eleazar, sacerdote, y ante toda la asamblea, y le instalarás ante sus ojos. Transmítele una parte de tu autoridad, para que la asamblea de los hijos de Israel le obedezcan. Que se presente al sacerdote Eleazar, que consultará por él el juicio del “urim” ante Yahvé; y, según este juicio, saldrán y entrarán los hijos de Israel y toda la asamblea con él.” Hizo Moisés lo que le ordenó Yahvé; y tomando a Josué, le llevó ante Eleazar y ante toda la asamblea," y, poniendo sobre él sus manos, le instituyó como se lo había dicho Yahvé a Moisés. Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: Cuidad de presentarme a sus tiempos mis ofrendas, mis alimentos, sacrificios de combustión, de olor suave para mí. Diles: He aquí el sacrificio de combustión que ofreceréis a Yahvé: Cada día dos corderos primales, sin defecto, como holocausto perpetuo. Ofreceréis uno de los corderos a la mañana y el otro entre dos luces, y por oblación un décimo de “efá” de flor de harina amasada con un cuarto de “hin” de aceite de olivas molidas. Es el holocausto perpetuo que se ofrecía en el monte Sinaí, de olor suave, sacrificio de combustión a Yahvé. La libación será de un cuarto de “hin” por cada cordero, y la libación de vino la harás en lugar santo. El segundo cordero lo ofrecerás entre dos luces, con una ofrenda y una libación como para el de la mañana; es sacrificio de combustión de suave olor a Yahvé.” El día del sábado, dos corderos primales sin defecto, y como oblación, dos décimas de flor de harina amasada con aceite, y su libación” Es el holocausto del sábado, para cada sábado, a más de holocausto perpetuo, y su libación, Al comienzo de vuestros meses ofreceréis como holocausto a Yahvé dos novillos, un carnero y siete corderos primales sin defecto;" y como oblación por cada novillo, tres décimas de flor de harina amasada con aceite; por el carnero, dos décimas de flor de harina amasada con aceite;" y por cada uno de los corderos, una décima de flor de harina amasada con aceite. Es holocausto de agradable olor, sacrificio de combustión a Yahvé. Las libaciones serán de un medio “hin” de virio, para un novillo; de un tercio de “hin,” para un carnero, y de un cuarto de “hin,” para un cordero. Este es el holocausto del comienzo del mes, para cada uno de los meses del año." Se ofrecerá a Yahvé un macho cabrío en sacrificio por el pecado, a más del holocausto perpetuo y su oblación. El mes primero, a los catorce días del mes, será la Pascua de Yahvé. El día quince de ese mes será día de fiesta. Se comerá durante siete días pan ácimo. El primero habrá asamblea santa, y no haréis ningún trabajo servil. Ofreceréis en sacrificio de combustión un holocausto a Yahvé, de dos novillos, un carnero y siete corderos primales sin defecto;" y como oblación, flor de harina amasada con aceite, tres décimas por novillo, dos por carnero y una por cada una de los siete corderos. Ofreceréis también un macho cabrío en sacrificio por el pecado, para expiaros, y lo ofreceréis a más del holocausto de la mañana, el holocausto perpetuo. Ofreceréis estos sacrificios cada día durante siete días; es el alimento consumido por el fuego, de olor agradable a Yahvé; y los ofreceréis sin perjuicio del holocausto perpetuo y de su libación." El séptimo día tendréis asamblea santa y no haréis en él trabajo servil alguno. Además, el día de las Primicias, en que presentaréis a Yahvé una oblación de lo nuevo, y en vuestra fiesta de las Semanas, tendréis asamblea santa y no haréis trabajo servil alguno. Ofreceréis, como holocausto de olor suave a Yahvé, dos novillos, un carnero y siete corderos primales;" y como oblación, flor de harina amasada con aceite, tres décimas por cada novillo, dos por el carnero y una por cada uno de los siete corderos. Ofreceréis un macho cabrío para expiaros. Esto sin perjuicio del holocausto perpetuo y de la oblación, eligiendo las víctimas sin defecto y añadiendo las libaciones ordinarias.” El séptimo mes, el día primero del mes, tendréis asamblea santa y no haréis en él trabajo servil alguno. Será para vosotros el día del sonar de las trompetas. Ofreceréis, como holocausto de suave olor a Yahvé, un novillo, un carnero y siete corderos primales sin defecto;" y como oblación, flor de harina amasada con aceite, tres décimas por el novillo, dos por el carnero y una por cada uno de los siete siete corderos. Ofreceréis un macho cabrío en sacrificio por el pecado, para expiaros. Lo ofreceréis a más del holocausto del mes y su oblación, y del holocausto perpetuo y su oblación, y de sus libaciones, según lo prescrito. Son sacrificios de combustión, de grato olor a Yahvé. El día diez de ese mismo mes tendréis asamblea santa, y afligiréis vuestras almas, y no haréis en él trabajo alguno. Ofreceréis en holocausto de olor grato a Yahvé un novillo, un carnero y siete corderos primales sin defecto;" y como oblación, flor de harina amasada con aceite, tres décimas por el novillo, dos por el carnero y una por cada uno de los siete corderos. Ofreceréis un macho cabrío en sacrificio por el pecado, a más del sacrificio expiatorio, del holocausto perpetuo y de sus oblaciones y libaciones. El día quince del próximo mes tendréis asamblea santa y no haréis en él trabajo servil alguno, y celebraréis la fiesta en honor de Yahvé durante siete días, ofreciendo en holocausto, sacrificio de combustión, de olor grato a Yahvé, trece novillos, dos carneros y catorce corderos primales sin defecto;" y como oblación, flor de harina amasada con aceite, tres décimas por cada uno de los trece novillos, dos por cada uno de los carneros y una por cada uno de los catorce corderos. Ofreceréis un macho cabrío en sacrificio por el pecado, a más del holocausto perpetuo y de su oblación y sus libaciones. El segundo día ofreceréis doce novillos, dos carneros y catorce corderos primales sin defecto;" con la oblación y las libaciones por los novillos, los carneros y los corderos, según su número y según su rito, y un macho cabrío por el pecado, a más del holocausto perpetuo, su oblación y libaciones. El día tercero ofreceréis once novillos, dos carneros y catorce corderos primales sin defecto;" con sus oblaciones y libaciones por los novillos, los carneros y los corderos, según su número y conforme al rito, y un macho cabrío por el sacrificio por el pecado, a más del holocausto perpetuo, su oblación y sus libaciones. El cuarto día ofreceréis diez novillos, dos carneros y catorce corderos primales sin defecto, con sus oblaciones y libaciones por los novillos, los carneros y los corderos, según su número y conforme al rito. Ofreceréis un macho cabrío en sacrificio por el pecado, a más del holocausto perpetuo, de su oblación y de su libación. El quinto día ofreceréis nueve novillos, dos carneros y catorce corderos primales sin defecto, con sus oblaciones y libaciones por los novillos, los carneros y los corderos, según su número y conforme al rito. Ofreceréis un macho cabrío en sacrificio por el pecado, a más del holocausto perpetuo y de su oblación y libación. El sexto día ofreceréis ocho novillos, dos carneros y catorce corderos primales sin defecto, con sus oblaciones y libaciones, por los novillos, los carneros y los corderos, según su número y conforme al rito. Ofreceréis un macho cabrío en sacrificio por el pecado, a más del holocausto perpetuo y de su oblación y libación. El séptimo día ofreceréis siete novillos, dos carñeros y catorce corderos primales sin defecto, con sus oblaciones y libaciones por los novillos, los carneros y los corderos, según su número y conforme al rito. Ofreceréis un macho cabrío en sacrificio por el pecado, a más del holocausto perpetuo, de su oblación y de su libación. El día octavo tendréis asamblea solemne y no haréis en él trabajo alguno. Ofreceréis en holocausto sacrificio de combustión de olor grato a Yahvé, un toro, un carnero y siete corderos primales sin defecto, con sus oblaciones y sus libaciones por el toro, el carnero y los corderos, según su número y conforme al rito. Ofreceréis un macho cabrío en sacrificio por el pecado, a más del holocausto perpetuo y de su oblación y libación. Estos son los sacrificios que en vuestras fiestas ofreceréis a Yahvé, independientemente de vuestros votos y de vuestras ofrendas voluntarias, holocaustos, oblaciones y sacrificios pacíficos. -- omitido por paráfrasis -- Moisés habló a los jefes de las tribus de Israel, diciendo: “He aquí lo que manda Yahvé: Si uno hace un voto a Yahvé, o un juramento por el cual se obliga a sí mismo, no faltará a su palabra; cuanto salió de su boca, hágalo." Si una mujer nubil en la casa de su padre hace un voto a Yahvé y se obliga a alguna privación, y su padre, al conocer el voto o la obligación contraída, nada dice, todo voto que haya hecho y toda obligación que haya contraído serán válidos;" pero, si al tener conocimiento de ello el padre lo desaprueba, todos los votos que haya hecho y todas las obligaciones que haya contraído serán nulos, y Yahvé la perdonará, por haberlo desaprobado su padre. Si cuando se casa está ligada por algún voto o por palabra salida de sus labios, si, al saberlo su marido, se calla el día que lo ha sabido, sus votos son válidos, y, asimismo, las obligaciones que haya contraído tendrán valor. Pero, si al saberlo su marido lo desaprueba, anula el voto que hizo y la palabra que salió de sus labios, con lo cual se obligó, y Yahvé la perdonará. El voto de una viuda o de una repudiada y la obligación que contrajere, son válidos. Si, ya en la casa de su marido, una mujer hace un voto o se obliga a algo con juramento, y su marido, al saberlo, nada dice y no le desaprueba, todos sus votos serán válidos, así como las obligaciones que contraiga. Pero, si su marido, al saberlo, lo anula, todo cuanto salió de sus labios, votos y obligaciones, quedan sin valor; los anuló su marido, y Yahvé la perdonará." Todo voto y todo juramento por el cual se obligara a mortificar su persona, puede el marido ratificarlo o anularlo. Pero, si el marido un día y otro guarda silencio, ratifica todos los votos que ella haya hecho y todas las obligaciones que haya contraído; los ratifica por haber callado al tener conocimiento de ellos." Si en lo sucesivo los anula, llevará sobre sí la iniquidad de su mujer. Si en lo sucesivo los anula, llevará sobre sí la iniquidad de su mujer. [ (Numbers 30:17) Esta es la ley que Yahvé dio a Moisés para entre marido y mujer y para entre padre e hija mientras ésta es nubil en la casa de su padre. ] Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Venga a los hijos de Israel de los madianitas, y después te reunirás con tu pueblo.” Moisés habló al pueblo, diciendo: “Armad de entre vosotros hombres para la guerra que marchen contra Madián para ejecutar en ellos la venganza de Yahvé;" mil hombres por cada una de las tribus de Israel.” Hízose, pues, entre las tribus de Israel la leva de mil hombres por tribu, doce mil hombres armados en guerra. Moisés los mandó al combate, mil hombres por tribu, y con ellos mandó a la lucha a Finés, el hijo de Eleazar, el sacerdote, que llevaba consigo los objetos sacerdotales y las trompetas resonantes. Avanzaron contra Madián, conforme a la orden que Yahvé había dado a Moisés, y mataron a todos los varones. A más de los que habían caído, mataron a los reyes de Madián, Ewi, Re-quem, Sur, Jur y Rebá, cinco reyes de Madián; y mataron también al filo de la espada a Balaam, hijo de Beor;" tomaron todas sus mujeres y niños, sus ganados y toda su posesión;" y quemaron todas sus ciudades, y aldeas, y tiendas; u y cogiendo la presa, cuanto habían tomado en hombres y animales," - llevaron a Moisés y a Eleazar, sacerdote, y a toda la asamblea de Israel, los prisioneros, los despojos y el botín, al campamento en los llanos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó. Moisés y el sacerdote Eleazar y todos los príncipes de la asamblea salieron al encuentro fuera del campamento;" y, airado Moisés contra los jefes de millares y de centurias que venían del combate, les dijo: “¿Por qué habéis dejado la vida a las mujeres? Fueron ellas las que por consejo de Balaam arrastraron a los hijos de Israel a ser infieles a Yahvé en lo de Baalfegor. Matad, de los niños, a todo varón, y de las mujeres, a cuantas han conocido lecho de varón;" las que no han conocido lecho de varón, reserváoslas;" y vosotros acampad fuera del campamento durante siete días; quien hubiera matado a un hombre o hubiera tocado a un muerto, purifiqúese al tercero y al séptimo días, vosotros y vuestros prisioneros." Purificad también todos los vestidos, todo objeto de cuero o hecho con pelo de cabra, y todo utensilio de madera.” Eleazar, sacerdote, dijo a los hombres de guerra que habían ido al combate: “He aquí lo que manda la ley de Yahvé dada a Moisés: el oro, la plata, el bronce, el hierro, el estaño y el plomo, todo lo que puede resistir al fuego, pasadlo por el fuego, y será puro; lo que no resiste el fuego, lo haréis pasar por el agua;" lavaréis vuestros vestidos el día séptimo y seréis puros, y ya podréis luego entrar en el campamento.” Dijo Yahvé a Moisés: “Tú y Eleazar, sacerdote, y todos los cabezas de familia de la comunidad, haced el cómputo de todo lo cogido, tanto en hombres como en animales, y distribuye el botín entre los combatientes que han ido a la guerra y el resto de la comunidad. De lo de los combatientes que han ido a la guerra, tomarás como tributo a Yahvé uno por cada quinientos, tanto en hombres como en bueyes, asnos y ovejas;" lo tomarás de su mitad, y lo entregarás a Eleazar, sacerdote, como tributo a Yahvé. De la mitad de los hijos de Israel tomarás el uno por cincuenta, tanto en hombres como en bueyes, asnos, ovejas y animales de toda clase, y se lo darás a los levitas, que velan el servicio del tabernáculo de Yahvé.” Moisés y Eleazar, sacerdote, hicieron lo que Yahvé había mandado a Moisés;" y resultó que del botín tomado por las tropas combatientes quedaban seiscientas setenta y cinco mil ovejas, setenta y dos mil cabezas de ganado bovino y sesenta y un mil asnos, y de las mujeres que no habían compartido lecho de varón, treinta y dos mil almas. La mitad correspondiente a los que habían ido a la guerra fue: de ovejas, trescientas treinta y siete mil quinientas, y el tributo a Y'ahvé, de seiscientos setenta y cinco;" de bueyes, treinta y seis mil, y el tributo a Yahvé, setenta y dos;" de asnos, treinta mil quinientos, y el tributo a Yahvé, sesenta y uno;" de personas, dieciséis mil, y el tributo a Yahvé, treinta y dos almas. Moisés dio a Eleazar, sacerdote, el tributo reservado a Yahvé, como éste se lo había mandado a Moisés. La mitad correspondiente a los hijos de Israel, que Moisés había separado de la de los combatientes, la mitad que tocaba a la comunidad fue de trescientas treinta y siete mil quinientas ovejas, treinta y seis mil bueyes, treinta mil quinientos asnos y dieciséis mil personas. De esta mitad correspondiente a los hijos de Israel, tomó Moisés el uno por cincuenta en hombres y animales y se lo dio a los levitas, que velan al servicio del tabernáculo de Yahvé, como éste se lo había mandado a Moisés. Entonces los jefes de la expedición, jefes de los millares y jefes de las centurias, se presentaron a Moisés y le dijeron: “Tus siervos han hecho la lista de los hombres de guerra que han estado a nuestras órdenes, y no falta ni uno. Tráenos, pues, como ofrenda a Yahvé, los objetos de oro que cada uno ha cogido, brazaletes, cadenas, anillos, pendientes, collares, para hacer la expiación por nosotros ante Yahvé.” Moisés y Eleazar, sacerdote, recibieron de ellos el oro, todos los objetos artísticamente trabajados. Todo el oro que presentaron a Yahvé, de parte de los jefes de millares y de los jefes de centurias, fue de dieciséis mil setecientos cincuenta siclos. Los hombres de tropa tuvieron todo su botín para cada uno. Moisés y Eleazar, sacerdote, tomando el oro de los jefes de millares y de centurias, lo llevaron al tabernáculo de la reunión, como memoria de los hijos de Israel ante Yahvé. Eran muy numerosos los rebaños de los hijos de Rubén y los de los hijos de Gad; extraordinariamente numerosos; y viendo que la tierra de Yaazer y la de Galaad sería una tierra muy a propósito para apacentarlos," vinieron a Moisés y a Eleazar, y a los príncipes de la asamblea, y les dijeron: “Atarot, Dibón, Yaazer, Nemrá, Hesebón, Eleale, Sabán, Nebo y Beón, esa tierra que Yahvé ha herido ante la congregación de Israel, es tierra muy a propósito para los ganados, y vuestros siervos los tienen. Si, pues, dijeron, tus siervos han hallado gracia a tus ojos, dése a tus siervos en heredad esta tierra, y no nos hagas pasar el Jordán.” Moisés respondió a los hijos de Gad y a los hijos de Rubén: “¿Van a ir a la guerra vuestros hermanos y vais a quedaros vosotros aquí? ¿Por qué queréis desanimar a los hijos de Israel para que no pasen a la tierra que les da Yahvé? Así hicieron ya vuestros padres, cuando yo les mandé desde Cadesbarne a explorar la tierra. Subieron hasta el valle de Escol, vieron la tierra y acobardaron a los hijos de Israel para que no se atreviesen a ir a la tierra que les dará Yahvé;" y la cólera de Yahvé se encendió aquel día, y juró, diciendo: Esos que han subido de Egipto, de veinte años para arriba, rio verán la tierra que con juramento prometí a Abraham, Isaac y Jacob, porque no han seguido fielmente mis caminos, fuera de Caleb, hijo de Jefoné el quenecita, y Josué, hijo de Nun, que fielmente han seguido los caminos de Yahvé. Encendióse contra Israel la cólera de Yahvé, y le ha hecho ir y venir por el desierto durante cuarenta años, hasta extinguirse toda la generación que había obrado mal ante Yahvé. Y ahora vosotros sucedéis a vuestros padres, prole de pecadores, para encender más todavía la cólera de Yahvé contra Israel. Porque, si os volvéis de El, hará que permanezca (Israel) en el desierto, y seréis la ruina de todo el pueblo.” Ellos, acercándose a Moisés, le dijeron: “Nosotros edificaremos aquí apriscos para nuestros ganados y ciudades para nuestros niños;" pero, armados, iremos sin demora delante de los hijos de Israel, hasta que los hayamos introducido en el lugar que ellos han de ocupar; nuestros hijos quedarán en ciudades fortificadas a causa de los habitantes de esta tierra;" pero nosotros no volveremos a nuestras casas hasta que los hijos de Israel hayan tomado cada uno posesión de su heredad, pues no queremos tener heredad para nosotros al otro lado del Jordán, ni más allá, porque tendríamos ya nuestra heredad de este lado del Jordán, al oriente.” Moisés les dijo: “Si eso hacéis, hi, armados para combatir ante Yahvé, todos vuestros hombres de guerra pasan el Jordán ante Yahvé, hasta que hayan arrojado ante sí a sus enemigos, y no os volvéis a vuestras casas hasta que la tierra quede sometida a Yahvé, entonces inculpables seréis ante Yahvé y ante Israel, y esta tierra será vuestra posesión ante Yahvé. Pero si no hacéis lo que prometéis ante Yahvé, estad ciertos de que vuestro pecado os alcanzará Edificad, pues, ciudades para vuestros hijos y apriscos para vuestros ganados, y cumplid la palabra que ha salido de vuestra boca.” Los hijos de Gad y los hijos de Rubén dijeron a Moisés: “Tus siervos harán cuanto mi señor les mande;" nuestros hijos y nuestras mujeres, nuestros rebaños y nuestros ganados, quedarán en las ciudades de Galaad;" y tus siervos, todos nuestros hombres, armados para el combate, iremos a la guerra ante Yahvé, como mi señor lo ha dicho.” Entonces dio Moisés órdenes acerca de ellos a Eleazar, sacerdote; a Josué, hijo de Nun, y a los jefes de familias de las tribus de Israel," diciendo: “Si los hijos de Gad y los hijos de Rubén pasan con vosotros el Jordán con todos sus hombres armados, para combatir ante Yahvé, una vez conquistada la tierra, les daréis por heredad la tierra conquistada de Galaad;" pero, si no pasan con vosotros armados, se establecerán en medio de vosotros en la tierra de Canaán.” Los hijos de Gad y los hijos de Rubén respondieron: “Haremos lo que Yahvé ha dicho a sus siervos. Pasaremos armados ante Yahvé a la tierra de Canaán, y la posesión de nuestra heredad quedará del lado de allá del Jordán.” Moisés dio a los hijos de Gad, a los de Rubén y a la media tribu de Manasés, hijo de José, el reino de Seón (Sijón), rey de los amorreos, y el reino de Og, rey de Basan; la tierra con sus ciudades y el territorio en torno de las ciudades." Los hijos de Gad edificaron Dibón, Atarot, Aroer, Ata-rot-Sofán, Yaazer, Yegboa, Bet-Nimra y Bet-Harán, ciudades fuertes, e hicieron apriscos para sus ganados. Los hijos de Rubén edificaron Hesebón, Eleale, Quiriat-Yearim, Nebo y Bal-Meón, cuyos nombres fueron mudados, y Sebama, y dieron nuevos nombres a las ciudades que edificaban. Los hijos de Makir, hijo de Manasés, marcharon contra Galaad, y, conquistándola, arrojaron a los amorreos que allí estaban. Moisés dio Galaad a Makir, hijo de Manasés, que se estableció allí. Jair, hijo de Manasés, marchó también y se apoderó de sus burgos, que llamó Jawot-Jair. También marchó Nojab y se apoderó de Canat y de las ciudades de ella pendientes, llamándola, de su nombre, Nojab. He aquí las estaciones de los hijos de Israel cuando salieron, según sus escuadras, de la tierra de Egipto, conducidos por Moisés y Aarón. Moisés describió su salida según sus estaciones a voluntad de Yahvé, y son éstas las estaciones de su marcha: Partieron de Rameses el primer mes, el día quince del primer mes. Al día siguiente a la Pascua, los hijos de Israel salieron con mano alzada a la vista de todos los egipcios. Los egipcios estaban sepultando a sus primogénitos, que había herido Yahvé entre ellos, haciendo así justicia contra sus dioses. Partieron, pues, los hijos de Israel de Rameses y acamparon en Sucot. Partidos de Su-cot, acamparon en Etam, que está en el extremo del desierto. Partidos de Etam, volvieron hacia Piajirot, que está frente a Baalsefón, y acamparon frente a Migdol. Partidos de Piajirot, pasaron por en medio del mar hacia el desierto, e hicieron tres días de camino en el desierto de Etam, y acamparon en Mará. Partidos de Mará, llegaron a Elim, donde había doce fuentes y setenta palmeras, y acamparon allí. Partidos de Elim, acamparon junto al mar Rojo. Partidos del mar Rojo, acamparon en el desierto de Sin. Partidos del desierto de Sin, acamparon en Dafca. Partidos de Dafca, acamparon en Alus. Partidos de Alus, acamparon en Rafidim, donde no había agua para que bebiera el pueblo. Partidos de Rafidim, acamparon en el desierto del Sinaí. Partidos del desierto del Sinaí, acamparon en Quibrot-hat-tawah. Partidos de Quibrot-hat-ta-wah, acamparon en Jaserot. Partidos de Jaserot, acamparon en Retma. Partidos de Retma, acamparon en Remón Pares. Partidos de Remón Pares, acamparon en Lebna. Partidos de Lebna, acamparon en Resa. Partidos de Resa, acamparon en Quelata. Partidos de Quelata, acamparon en el monte Sefer. Partidos del monte Sefer, acamparon en Jarada. Partidos de Jarada, acamparon en Maquelot. Partidos de Maquelot, acamparon en Tajat. Partidos de Tajat, acamparon en Taraj. Partidos de Taraj, acamparon en Mitca. Partidos de Mitca, acamparon en Jasmona. Partidos de Jasmona, acamparon en Moserot. Partidos de Moserot, acamparon en Bene Yaaqán. Partidos de Bene Yaaqán, acamparon en Jor Hagidgad. Partidos de Jor Hagidgad, acamparon en en Yotbatá. Partidos de Yotbatá, acamparon en Abroná. Partidos de Abroná, acamparon en Asiongaber. Partidos de Asiongaber, acamparon en el desierto de Sin, que es Cades. Partidos de Cades, acamparon en el monte Hor, al extremo de la tierra de Edom. Aarón, sacerdote, subió al monte Hor por orden de Yahvé, y murió allí el año cuadragésimo después de la salida de Egipto, el quinto mes, el primero del mes. Tenía Aaróii ciento veintitrés años cuando murió en la cima del monte Hor. Fue entonces cuando el canaiieo rey de Arad, que habitaba el Ne-gueb, en la tierra de Canaán, tuvo conocimiento de la llegada de los hijos de Israel. Partidos del monte Hor, acamparon en Salmona. Partidos de Salmona, acamparon en Punón. Partidos de Punón, acamparon en Obot. Partidos de Obot, acamparon en lye-Haabarim, en los confines de Moab. Partidos de lye-Haabarim, acamparon en Dibón Gad. Partidos de Dibón Gad, acamparon en Almón-Diblatajim. Partidos de Almón-Diblatajim, acamparon en los montes de Abarim, frente a Nebo. Partidos de los montes de Abarim, acamparon en los llanos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó;" acamparon a lo largo del Jordán desde Bet-Haisimot hasta Abel-Sittim, en los llanos de Moab. En los llanos de Moab habló Yahvé a Moisés, diciendo: “Di a los hijos de Israel: Cuando hubiereis pasado el Jordán para la tierra de Canaán, arrojad de delante de vosotros a todos los habitantes de la tierra, y destruid todas sus esculturas y todas sus imágenes fundidas, y devastad todos sus excelsos. Tomad posesión de la tierra y habitadla, pues para que la poseáis os la doy. Distribuidla por suerte entre las familias. A las más numerosas les daréis mayor heredad, y una menor heredad a las menos numerosas. La que en suerte le tocare a cada una, ésa será su heredad, y la recibiréis en posesión según vuestras tribus patriarcales. Si no arrojáis de delante de vosotros a los habitantes de la tierra, los que de ellos dejéis en medio de vosotros serán como espinas en vuestros ojos y aguijón en vuestros flancos, y os hostilizarán en la tierra que vais a habitar, y yo mismo os trataré a vosotros como había resuelto tratarlos a ellos.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán, he aquí el territorio que será vuestra parte: la tierra de Canaán según sus fronteras: del lado meridional irá por el desierto de Sin a lo largo de Edom. Vuestra frontera meridional arrancará del extremo del mar de la Sal, a oriente;" se inclinará al sur, por la subida de Aqrabim; pasará por Sin, llegando hasta el mediodía de Cadesbarne, y continuará por Jasar-Adar, pasando por Asemón," y desde Asemón irá hasta el torrente de Egipto, para morir en el mar. Por frontera occidental tendréis el mar Grande, que por este lado os servirá de confín. El límite septentrional será: a partir del mar Grande le trazaréis por el monte Hor;" del monte Hor le llevaréis hasta la entrada de Jamat, llegando a Sédala, y continuará por Zifrón, para terminar en Jasar-Enán; éste será vuestro confín septentrional." La frontera oriental la llevaréis desde Jasar Enán a Sefama; u bajará de Sefama a Ribla, al este de Aín, descendiendo de aquí al oriente hasta el mar de Kineret," - y, llegando hasta el Jordán, seguirá a lo largo de éste, para morir en el mar de la Sal. Esta será vuestra tierra y las fronteras que la rodearán.” Moisés dio esta orden a los hijos de Israel: “Esta es la tierra que por suertes habéis de distribuir y que Yahvé ha ordenado dar a las nueve y media tribus;" porque la tribu de los hijos de Rubén y la de los hijos de Gad han recibido ya su heredad según sus familias, y la media tribu de Manasés ha recibido también la suya. Estas tribus y la media tribu tienen ya su heredad al lado de allá del Jordán, frente a Jericó, al oriente.” Habló Yahvé a Moisés, diciendo: “He aquí los nombres de los que han de hacer la distribución de la tierra entre vosotros: Eleazar, sacerdote, y Josué, hijo de Nun. Tomaréis también un príncipe de cada tribu para distribuiros la tierra. He aquí los nombres de éstos: Por la tribu de Judá, Caleb, hijo de Jefoné;" por la tribu de los hijos de Simeón, Samuel, hijo de Amiud;" por la tribu de Benjamín, Elidad, hijo de Kislón;" por la tribu de los hijos de Dan, el príncipe Buquí, hijo de Yoglí;" por los hijos de José: por la tribu de los hijos de Manasés, el príncipe Janiel, hijo de Efod;" por la tribu de los hijos de Efraím, el príncipe Quemuel, hijo de Seftán;" por la tribu de los hijos de Zabulón, el príncipe Elisafán, hijo de Parnaj;" por la tribu de los hijos de Isacar, el príncipe Paltiel, hijo de Ozán;" por la tribu de los hijos de Aser, el príncipe Ajiud, hijo de Salomí;" por la tribu de los hijos de Neftalí, el príncipe Pedael, hijo de Amiud. Estos son aquellos a quienes manda Yahvé distribuir la tierra de Canaán entre los hijos de Israel.” Habló Yahvé a Moisés en los llanos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó, diciendo: “Manda a los hijos de Israel que de la heredad de su posesión cedan a los levitas ciudades, en las que puedan habitar. Dadles también lugares de pastos en los contornos de esas ciudades. Que tengan ciudades en qué habitar y pastos para sus animales, para sus ganados y para todas sus bestias. Los lugares de pasto en torno de las ciudades que daréis a los levitas serán: a partir de los muros de la ciudad, para afuera, de mil codos en torno;" y la extensión de fuera de la ciudad, dos mil codos a la parte de oriente, dos mil codos a la parte de mediodía, dos mil codos a la parte de occidente y dos mil codos a la parte del norte, quedando en medio la ciudad. Estos serán los lugares de pastos de sus ciudades. De las ciudades mismas que daréis a los levitas, seis serán las ciudades de refugio, donde pueda acogerse el homicida; y las otras, cuarenta y dos en número;" en total, cuarenta y ocho ciudades con sus lugares de pasto. En cuanto a las ciudades que de los hijos de Israel habéis de dar a los levitas, tomaréis más de los que tengan más, y menos de los que tengan menos. Cada uno cederá para los levitas sus ciudades en proporción de la heredad que haya recibido.” Yahvé habló a Moisés, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis pasado el Jordán, en la tierra de Canaán, elegiréis ciudades que sean para vosotros ciudades de refugio, donde pueda refugiarse el homicida que hubiera matado a alguno sin querer. Estas ciudades os servirán de asilo contra el vengador de la sangre, para que no sea muerto el homicida antes de comparecer en juicio ante la asamblea. Las ciudades a esto destinadas serán seis, que serán para vosotros ciudades de refugio. Destinaréis tres del lado de allá del Jordán y tres en la tierra de Canaán para ciudades de refugio, para los hijos de Israel, para el extranjero y para el que habita en medio de vosotros, para que quien haya matado a alguno sin querer, pueda refugiarse en ellas. Si le hirió con instrumentos de hierro y se sigue la muerte, es homicida, y el matador será muerto;" lo mismo si le hirió con piedra en mano capaz de causar la muerte, y ésta se sigue; es homicida y será castigado con la muerte;" lo mismo si le hirió manejando un instrumento de madera capaz de producir la muerte, y ésta se sigue; es homicida y será muerto." El vengador de la sangre matará por sí mismo al homicida; cuando le encuentre le matará." Si por odio le derribó, o le arrojó de propósito encima alguna cosa, y se sigue la muerte, o si por odio le golpeó con las manos y se sigue la muerte, el que hirió será castigado con la muerte; es homicida. El vengador de la sangre le matará cuando le encuentre." Mas si, al contrario, por azar, sin odio, le derriba o le arroja encima alguna cosa sin querer, o sin verle le tira encima una piedra que puede causar la muerte, y la muerte se sigue, sin que fuera su enemigo ni buscase su mal, juzgará la asamblea entre el que hirió y entre el vengador de la sangre según las leyes. La asamblea librará al homicida del vengador de la sangre, le volverá a la ciudad de asilo donde se refugió, y allí morará hasta la muerte del sumo sacerdote ungido con el óleo sagrado. Si el homicida sale del territorio de la ciudad de asilo en que se refugió, y el vengador de la sangre le encuentra fuera del territorio de su ciudad de refugio y le mata, no será responsable de su muerte;" porque el homicida debe morar en su ciudad de refugio hasta la muerte del sumo sacerdote, y, muerto ya el sumo sacerdote, podrá retornar a la tierra donde está su posesión. Estas disposiciones serán normas de derecho, y para todas vuestras generaciones, dondequiera que moréis. En todo caso de homicidio, a deposición de testigos, se quitará la vida al homicida; un testigo solo no basta para deponer contra uno y condenarle a muerte." No aceptaréis rescate por la vida del homicida que deba ser condenado a muerte; ha de ser muerto." Tampoco aceptaréis rescate para dejar salir al refugiado de su ciudad de asilo y habitar en su tierra antes de la muerte del sumo sacerdote. No dejéis que se contamine la tierra en que habitéis; porque la sangre contamina la tierra, y no puede la tierra purificarse de la sangre en ella vertida sino con la sangre de quien la derramó." No profanéis la tierra que habitéis, donde habito yo también, porque yo soy Yahvé, que habito en medio de los hijos de Israel. Presentáronse ante Moisés y ante los príncipes jefes de las casas de los hijos de Israel los jefes de las casas de los hijos de Galaad, hijo de Makir, hijo de Manasés, de entre las familias de José, y hablaron, diciendo: “Yahvé ha mandado a mi señor dar por suertes la tierra de heredad a los hijos de Israel; mi señor ha recibido también orden de dar la heredad de Salfad, nuestro hermano, a sus hijas," Si ellas se casan con uno de otra tribu de los hijos de Israel, su heredad se substraerá a la heredad de nuestros padres, yendo a aumentar la heredad de la tribu a que ellos pertenezcan, y disminuirá lo que nos haya tocado en suerte. Y aun cuando llegase el jubileo para los hijos de Israel, la heredad quedaría añadida a la de la tribu a que pertenezcan y substraída de la tribu de nuestros padres.” Moisés, por mandato de Yahvé, dio esta orden a los hijos de Israel: “La tribu de los hijos de José dice bien. He aquí lo que respecto de las hijas de Salfad manda Yahvé: Podrán casarse con quien quieran, siempre que sea dentro de las familias de las tribus de sus padres. La heredad de los hijos de Israel no pasará de tribu a tribu, porque los hijos de Israel han de quedar ligados cada uno a la heredad de la tribu de sus padres. Toda hija que posea una heredad en alguna de las tribus de los hijos de Israel, tomará por marido un hombre de una de las familias de la tribu de su padre, para que los hijos de Israel conserven cada uno la heredad de sus padres. Ninguna heredad pasará de una tribu a otra, sino que cada una de las tribus de Israel estará ligada a su heredad.” Como se ordenó Yahvé a Moisés, así lo hicieron las hijas de Salfad, Majlá, Tirsá, Joglá, Milcá, Noa, hijas de Salfad: se casaron con hijos de sus tíos. Se casaron en las familias de los hijos de Manasés, hijo de José, y su heredad quedó en la tribu de la familia de su padre. Estas son las órdenes y las leyes que dio Yahvé por Moisés a los hijos de Israel en los llanos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó. Estas son las palabras que dirigió Moisés a todo Israel al otro lado del Jordán, en el desierto, en el Araba, que está frente a Suf, entre Farán, Tofel, Labán, Jaserot y Dizahab, a diez jornadas de camino de Horeb a Cadesbarne por el camino de los montes de Seír. El año cuarenta, el undécimo mes, el día primero del mes, habló Moisés a los hijos de Israel de todo aquello que Yahvé le mandara hacer respecto de ellos después de haber sido derrotados Seón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesebón, y Og, rey de Basan, que habitaba en Astarot y Edrai. Al lado de allá del Jordán, en tierra de Moab, púsose Moisés a inculcarles esta ley, y dijo: Yahvé, nuestro Dios, nos habló en Horeb, diciendo: “Ya habéis morado bastante en este monte;" ea, levantad el campamento; id a las montañas de los amorreos y de todos sus otros habitantes: al Araba, a la montaña, a la Sefela, al Negueb, a las costas del mar, a la tierra de los cananeos, al Líbano hasta el gran río, el Eufrates." Yo os entrego esa tierra; id y tomad posesión de la tierra que a vuestros padres Abrahán, Isaac y Jacob juró Yahvé darles, a ellos y a su descendencia después de ellos.” Entonces os hablé así: “Yo no puedo por mí solo soportaros. Yahvé, vuestro Dios, os ha multiplicado hasta el punto de ser hoy tan numerosos como las estrellas del cielo, u Que Yahvé, Dios de vuestros padres, os multiplique mil veces más y os bendiga, como El os ha prometido. - Pero ¿cómo soportar yo por mí solo vuestra carga, vuestro peso y vuestras querellas? Elegid de vuestras tribus hombres sabios, inteligentes, probados, para que yo los constituya sobre vosotros.” Y vosotros me respondisteis: “Está bien lo que nos mandas hacer.” Entonces tomé yo de los principales de vuestras tribus, hombres sabios y probados, y los constituí en vuestros capitanes, jefes de millares, de centurias, de cincuentenas y de decenas, y magistrados en vuestras tribus.""" Al mismo tiempo di a vuestros jefes este mandato: “Oíd a vuestros hermanos, juzgad según justicia las diferencias que pueda haber entre ellos o con los extranjeros. No atenderéis en vuestros juicios a la apariencia de las personas; oíd a los pequeños como a los grandes, sin temor a nadie, porque de Dios es el juicio; y si alguna causa halláis demasiado difícil, llevádmela a mí para que yo la conozca.” Entonces os mandé cuanto en esto habíais de hacer.” “Partidos de Horeb, atravesamos todo el vasto y horrible desierto que habéis visto en dirección a las montañas de los amorreos, como nos lo había mandado Yahvé, nuestro Dios, y llegamos a Cadesbarne. Entonces os dije: “Habéis llegado ya a las montañas de los amorreos, que Yahvé, nuestro Dios, va a daros. Mira: Yahvé, tu Dios, te da en posesión esa tierra; sube y apodérate de ella, conforme a la promesa que te ha hecho Yahvé, Dios de tus padres. No temas, no te acobardes.” Pero os presentasteis a mí todos para decirme: “Mandemos por delante hombres que nos exploren la tierra y nos informen acerca del camino por donde debemos subir y de las ciudades adonde hemos de llegar.” Parecióme bien la propuesta, y tomé de entre vosotros doce, uno por cada tribu. Partieron, y después de atravesar la parte montuosa llegaron al valle de Escol y lo exploraron. Tomaron frutos de los de la tierra para traérnoslos, y nos dijeron en su relato: “Es una buena tierra la que nos da Yahvé, nuestro Dios.” Sin embargo, vosotros os negasteis a subir, y fuisteis rebeldes a las órdenes de Yahvé, vuestro Dios. Murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: “Nos odia Yahvé, y por eso nos ha sacado de Egipto para entregarnos en manos de los amorreos y destruirnos. ¿Adonde vamos a subir? Nuestros hermanos nos han acobardado al decirnos: Es una gente más numerosa y de mayor estatura que nosotros; son grandes sus ciudades, y las murallas de éstas se alzan hasta el cielo, y hasta hemos visto allí hijos de Enaq.” Yo os dije: “No os acobardéis, no les tengáis miedo;" Yahvé, vuestro Dios, que marcha delante de vosotros, combatirá El mismo por vosotros, según cuanto por vosotros a vuestros mismos ojos hizo en Egipto y en el desierto, por donde has visto cómo te ha llevado Yahvé, tu Dios, como lleva un hombre a su hijo, por todo el camino que habéis recorrido hasta llegar a este lugar.” Con todo, vosotros ni por esto confiasteis en Yahvé, vuestro Dios, que delante de vosotros marchaba por el camino buscándoos los lugares de acampamento, en fuego durante la noche, para mostraros el camino que habíais de seguir, y en nube durante el día. Yahvé oyó el rumor de vuestras palabras, y, montando en cólera, juró, diciendo: “Ninguno de los hombres de esta perversa generación llegará a la buena tierra que yo juré dar a vuestros padres, excepto Caleb, hijo de Yefoné; éste la verá, y yo le daré a él y a sus hijos la tierra que él ha pisado, porque ha seguido fielmente a Yahvé.” Yahvé se irritó también contra mí por vosotros, y dijo: “Tampoco tú entrarás en ella. Josué, hijo de Nun, tu lugarteniente, entrará; fortalécele, porque él ha de poner a Israel en posesión de esa tierra." Y vuestros niños, de quienes habéis dicho que serían presa del enemigo; vuestros hijos, que no distinguen hoy todavía entre el bien y el mal, serán los que entren; a ellos se la daré y ellos la poseerán." Vosotros volveos y partid por el desierto camino del mar Rojo.” Vosotros respondisteis, diciéndome: “Hemos pecado contra Yahvé; queremos subir y combatir como Yahvé, nuestro Dios, ha mandado”; y, ciñéndoos vuestras armas, os dispusisteis inconsideradamente a subir a la montaña." Yahvé me dijo: “Diles: No subáis y no combatáis, porque yo no iré en medio de vosotros; no os hagáis derrotar por vuestros enemigos.” Yo os lo dije; pero vosotros no me escuchasteis, os resististeis a las órdenes de Yahvé, y fuisteis tan presuntuosos, que os empeñasteis en subir a la montaña." Entonces los amorreos, que habitan en esas montañas, salieron contra vosotros y os persiguieron como persiguen las abejas; os derrotaron en Seír hasta Jormá." Vinisteis y llorasteis ante Yahvé; pero Yahvé no escuchó vuestra voz, no os dio oídos." Así estuvisteis tanto tiempo en Cades, todo el tiempo que allí habéis morado.” “Mudando de dirección, partimos por el desierto camino del mar Rojo, como Yahvé me lo había ordenado; y anduvimos largo tiempo dando vueltas en torno a las montañas de Seír." Yahvé me dijo: “Harto tiempo habéis estado rodeando estas montañas; volved a tomar la dirección norte." Da esta orden al pueblo: Vais a pasar por las fronteras de vuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitan en Seír. Ellos os temerán; pero guardaos bien" de tener querellas con ellos, porque yo no os daré nada de su tierra, ni siquiera lo que puede pisar la planta de un pie. Yo he dado a Esaú las montañas de Seír en posesión. Compraréis de ellos a precio de plata los alimentos que comáis y aun el agua que bebáis;" porque Yahvé, tu Dios, te ha bendecido en todo el trabajo de tus manos y te ha provisto en tu viaje por este vasto desierto, y ya desde cuarenta años ha estado contigo Yahvé, sin que nada te haya faltado.” Pasamos, pues, flanqueando a nuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitan en Seír, camino del Araba a Elat y a Asiongaber, y, dando vuelta, avanzamos por el camino del desierto de Moab. Entonces me dijo Yahvé: “No hostiguéis a los moabitas y no trabéis lucha con ellos, pues no he de darte nada de su tierra en posesión; he dado a los hijos de Lot Ar en posesión." Antes habitaban allí los emitas, pueblo grande, numeroso, de alta talla, como los enaquitas;" también ellos, como los enaquitas, pasaban por re-faítas, pero los moabitas les daban el nombre de emitas. Por lo contrario, en Seír habitaban antes los jorritas; pero los hijos de Esaú los desposeyeron, y, exterminándolos, se establecieron en su tierra, como lo hace Israel en la tierra de su posesión que le dará Yahvé." Ahora, pues, levantaos y atravesad el Zared.” Y atravesamos el torrente Zared. El tiempo que duraron nuestras marchas desde Cades-barne al torrente Zared fue de treinta y ocho años, hasta que hubo desaparecido toda la generación de hombres de guerra de en medio del campamento, como Yahvé se lo había jurado. La mano de Yahvé pesó sobre ellos en el campamento hasta hacerlos desaparecer a todos. Cuando la muerte hubo hecho desaparecer de en medio del pueblo a todos aquellos hombres de guerra, me habló Yahvé, diciendo: “Hoy vas a pasar la frontera de Moab, el Ar, y vas a acercarte a los hijos de Amón, pero sin pasar sus confines. No los ataques y no les hagas la guerra, porque yo no he de darte en posesión nada de la tierra de los hijos de Amón. Se la he dado toda en posesión a los hijos de Lot.” También era tenida esta tierra por país de los re-faítas; habitaron antes allí los refaítas, que los amonitas llamaban zumzumitas;" pueblo grande, numeroso, de alta talla, como los enaquitas. Yahvé los destruyó ante los amonitas, que los expulsaron y se establecieron en su tierra. Lo mismo hizo Yahvé por los hijos de Esaú, que habitaban en Seír, destruyendo ante ellos a los jórreos; los expulsaron y se establecieron en su lugar hasta el día de hoy." Los heveos, que habitaban en cortijos hasta Gaza, fueron destruidos por los caftorim, que, salidos de Caftor, se establecieron en su lugar.” “Levantaos, pasad el torrente del Amón; yo entrego en tus manos a Seón, rey de Hesebón, amorreo, con su tierra; comienza la conquista, hazle la guerra.” Aquel día comenzó a extenderse el terror y el miedo a ti entre los pueblos que hay bajo el cielo; al oír hablar de ti temblarán y se dolerán." Entonces desde el desierto de Quedemot mandé embajadores a Seón, rey de Hesebón, que le dijeran en términos amistosos: “Déjame atravesar tu territorio; seguiré siempre el camino, sin apartarme ni a la derecha ni a la izquierda;" me venderás por dinero los víveres que coma y por dinero me darás el agua que beba; déjame sólo atravesar a pie," como lo han hecho ya los hijos de Esaú, que habitan en Seír, y los moabitas, que habitan en Ar, hasta que a través del Jordán llegue a la tierra que Yahvé, nuestro Dios, nos da.” Pero Seón, rey de Hesebón, no quiso dejarnos pasar por su territorio, porque Yahvé, tu Dios, hizo inflexible su espíritu y endureció su corazón para entregarle en tus manos, como hoy lo está. Yahvé me dijo: “Comienzo yo por entregarte a Seón y su tierra. Emprende la conquista para apoderarte de ella.” Salió Seón a nuestro encuentro con toda su gente para darnos la batalla en Yasá. Yahvé, nuestro Dios, nos lo entregó, y le derrotamos a él, a sus hijos y a todo su pueblo. Tomamos todas sus ciudades y dimos al anatema todos sus lugares de habitación, hombres, mujeres y niños, sin dejar con vida uno solo. Sólo tomamos para nosotros los ganados y los despojos de las ciudades que habíamos conquistado. Desde Aroer, que está al borde del valle del Amón, y desde las ciudades que están en el valle hasta Galaad, no hubo ciudad suficientemente fuerte para poder resistirnos; Yahvé, nuestro Dios, nos las entregó todas." Pero no te acercaste a la tierra de los hijos de Amón, ni a ningún lugar de la orilla derecha del torrente Yaboq, ni a las ciudades de la montaña, ni a ninguno de los lugares de que Yahvé, nuestro Dios, te había prohibido apoderarte.” “Volviéndonos, subimos por el camino de Basan; y Og rey de Basan, nos salió al encuentro con toda su gente para darnos la batalla de Edrai." Yahvé me dijo: “No le temas; le he entregado en tus manos a él, a todo su pueblo y su territorio; trátalo como trataste a Seón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesebón.” Yahvé, nuestro Dios, entregó también en nuestras manos a Og, rey de Basan, con todo su pueblo, y los derrotamos hasta destruirlos, devastando todas sus ciudades, sin quedar lugar de habitación que nos escapara; sesenta ciudades, toda la región de Argob, el reino de Og, en Basan." Todas estas ciudades, que estaban amuralladas con muy altos muros, con puertas y cerrojos, sin contar las ciudades abiertas, que eran en gran número, las dimos al anatema, como habíamos hecho con Seón, rey de Hesebón, dando al anatema ciudades, hombres, mujeres y niños, pero conservamos para nosotros todo el ganado y el botín de las ciudades. Tomamos, pues, entonces a los dos reyes de los amorreos toda la tierra del lado de allá del Jordán, desde el torrente del Amón hasta el monte Hermón. Los sidonios al Hermón le llaman Siryon, y los amorreos Sanir. Todas las ciudades del llano, todo Galaad y todo Basan, hasta Selja y Edrai, capitales del reino de Og, en Basan, pues Og, rey de Basan, era el único que de la raza de los refaím quedaba; su lecho, lecho de hierro, se ve en Rabat, de los hijos de Amón, largo de nueve codos, y de cuatro codos ancho, codos humanos.” “Tornamos posesión de la tierra, que di a los rubenitas y a los gaditas, a partir de Aroer, en el valle del Amón, así como de la mitad de la montaña de Galaad con sus ciudades. Di a la mitad de la tribu de Manasés el resto de Galaad y toda la parte de Basan, que pertenecía al reino de Og; toda la región de Argob, todo el Basan, todo lo que hoy se llama tierra de Refaím." Jair, hijo de Manasés, obtuvo toda la región de Argob hasta la frontera de los gesuritas y de los maakatitas, y dio su nombre a los burgos de Basan, llamados hasta hoy Jawot-Yair. A Makir le di Galaad;" a los rubenitas y a los gaditas les di una parte de Galaad y hasta el torrente Amón, sirviendo de límite el medio del valle y hasta el torrente de Yaboq, frontera de los hijos de Amón, como también el Araba, con el Jordán por límite, desde Kineret hasta el mar del Araba, el mar de la Sal, al pie de las faldas del Pasga al oriente. Entonces os di yo esta orden: “Yahvé, vuestro Dios, os ha dado esa tierra para que sea posesión vuestra; y vosotros todos, hombres robustos, marcharéis delante de vuestros hermanos los hijos de Israel;" sólo vuestras mujeres, vuestros niños y vuestros ganados — yo sé que tenéis muchos ganados — se quedarán en las ciudades que os he dado hasta que Yahvé conceda quieta morada a vuestros hermanos, como a vosotros, y tomen también ellos posesión de la tierra que Yahvé, vuestro Dios, les da al otro lado del Jordán. Volveréis entonces cada uno a la heredad que os he dado.” Entonces di también órdenes a Josué, diciendo: “Con tus ojos has visto todo lo que Yahvé, vuestro Dios, ha hecho con esos dos reyes; así hará Yahvé también a todos los reinos contra los cuales vas a marchar." No los temas, que Yahvé, vuestro Dios, combate por vosotros.” “Entonces pedí a Yahvé gracia, diciendo: “¡Señor, Yahvé! Tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza y tu potente brazo; pues ¿qué Dios hay, ni en los cielos ni en la tierra, que pueda hacer las obras que tú haces y tan poderosas hazañas?" Déjame, te pido, atravesar para que pueda ver la excelente tierra del lado de allá del Jordán, esas herniosas montañas del Líbano.” Pero Yahvé, como fuera de sí, por causa vuestra rio me escuchó, antes bien me dijo: “Basta, no vuelvas a hablarme de eso;" sube a la cima del monte Pasga y dirige tus ojos hacia occidente, el septentrión, el mediodía y el oriente, y contempla con tus ojos, pues no has de pasar este Jordán. Manda a Josué, infún-dele valor y fortaleza, pues él es quien lo pasará a la cabeza de este pueblo y le pondré en posesión de la tierra que tú no puedes más que ver.” Nos quedamos, pues, en el valle, frente a Bet-Peor.” “Ahora, pues, Israel, guarda las leyes y mandamientos que yo te inculco y ponlos por obra, para que vivas y entréis y os posesionéis de la tierra que os da Yahvé, Dios de vuestros padres. No añadáis nada a lo que yo os prescribo ni nada quitéis, sino guardad los mandamientos de Yahvé, vuestro Dios, que yo os prescribo. Con vuestros ojos habéis visto lo que hizo Yahvé por lo de Baal Fegor. A cuantos se fueron tras Baal Fegor los exterminó Yahvé, vuestro Dios, de en medio de vosotros. Por lo contrario, vosotros, los que fuisteis fieles a Yahvé, vuestro Dios, estáis todavía vivos todos. Mirad: Yo os he enseñado leyes y mandamientos, como Yahvé, mi Dios, me los ha enseñado a mí, para que los pongáis por obra en la tierra que vais a entrar para poseerla. Guardadlos y ponedlos por obra, pues en ellos está vuestra sabiduría y vuestro entendimiento a los ojos de los pueblos, que, al conocer todas estas leyes, se dirán: “Sabia e inteligente es, en verdad, esta gran nación.” Porque ¿cuál es, en verdad, la gran nación que tenga dioses tan cercanos a ella como Yahvé, nuestro Dios, siempre que le invocamos ? Y ¿cuál la gran nación que tenga leyes y mandamientos justos, como toda esta Ley que yo os propongo hoy? Cuida, pues, con gran cuidado no olvidarte de cuanto con tus ojos has visto y no dejarlo escapar de tu corazón por todos los días de tu vida; antes bien, enséñaselo a tus hijos y a los hijos de tus hijos." Acuérdate del día en que estuviste ante Yahvé, tu Dios, en Horeb; cuando Yahvé me me dijo: “Convoca al pueblo a asamblea para que yo le haga oír mis palabras y sepan temerme todos los días de su vida sobre la tierra y se lo enseñen a sus hijos.” Vosotros os acercasteis, quedándoos en la falda del monte, mientras éste ardía en fuego, cuyas llamas se elevaban hasta el corazón del cielo: tiniebla, nube y oscuridad. Entonces os habló Yahvé de en medio del fuego, y oísteis bien sus palabras, pero no visteis figura alguna; era sólo una voz." Os promulgó su alianza y os mandó guardarla: los diez mandamientos, que escribió sobre las tablas de piedra. Y a mi me mandó entonces Yahvé que os enseñase las leyes y mandatos que habéis de guardar en la tierra que vais a pasar para poseerla. Puesto que el día en que os habló Yahvé de en medio del fuego, en Horeb, no visteis figura alguna, guardaos bien de corromperos haciéndoos imagen alguna tallada ni de hombre ni de mujer, ni de animal ninguno de cuantos viven sobre la tierra, ni de ave que vuela en el cielo, ni de animal que repta sobre la tierra, ni de cuantos peces viven en el agua, debajo de la tierra;" ni alzando tus ojos al cielo, al sol, a la luna, a las estrellas, a todo el ejército de los cielos, te engañes, adorándolos y dándoles culto, porque es Yahvé, tu Dios, quien se los ha dado a todos los pueblos de debajo los cielos. Pero a vosotros os tomó Yahvé y os sacó del horno de hierro de Egipto para que fuerais el pueblo de su heredad, como lo sois hoy. Yahvé se irritó contra mí por causa vuestra, y juró que yo no pasaría el Jordán y no entraría en la buena tierra que Yahvé, tu Dios, te da en heredad. Voy a morir en esta tierra sin pasar el Jordán; vosotros lo pasaréis y poseeréis esa buena tierra." Guardaos, pues, de olvidaros de la alianza que Yahvé, vuestro Dios, ha hecho con vosotros y guárdate de hacerte imagen esculpida de cuanto Yahvé, tu Dios, te ha prohibido, porque Yahvé, tu Dios, es fuego abrasador, es un Dios celoso.” “Cuando tengáis hijos e hijos de vuestros hijos y ya de mucho tiempo habitéis en esa tierra, si corrompiéndoos os hacéis ídolos de cualquiera clase, haciendo el mal a los ojos de Yahvé, vuestro Dios, y provocando su indignación, yo invoco hoy como testigos a los cielos y a la tierra que de cierto desapareceréis de la tierra de que, pasado el Jordán, vais a posesionaros; no se prolongarán en ella vuestros días; seréis enteramente destruidos." Yahvé os dispersará entre las gentes, y sólo quedaréis de vosotros un corto número en medio de las naciones a que Yahvé os dispersará. Allí serviréis a sus dioses, obra de las manos de los hombres, de madera y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni comen, ni huelen. Allí buscaréis a Yahvé, vuestro Dios, y le hallaréis si con todo tu corazón y con toda tu alma le buscas. En medio de tus angustias, cuando todo esto haya venido sobre ti, en los últimos tiempos, te convertirás a Yahvé, tu Dios, y le oirás;" porque Yahvé, tu Dios, es misericordioso. No te rechazará ni destruirá del todo, ni se olvidará de la alianza que a tus padres juró.” “Pregunta a los días que te han precedido, desde aquel en que Dios creó al hombre sobre la tierra, y desde el uno al otro cabo de los cielos si se ha visto jamás cosa tan grande ni se ha oído nada semejante. ¿Qué pueblo ha oído la voz de su Dios hablándole en medio del fuego como la has oído tú, quedando con vida? Jamás probó un dios a venir a tomar por sí un pueblo de en medio de pueblos a fuerza de pruebas, de señales y prodigios, de luchas a mano fuerte y brazo extendido, de tremendas hazañas, como las que hizo por vosotros en Egipto Yahvé, vuestro Dios, viéndolas tú con tus mismos ojos. A ti se te hicieron ver para que conocieras que Yahvé es en verdad Dios y que no hay otro Dios más que El. Desde el cielo te habló para enseñarte, y sobre la tierra te ha hecho ver su gran fuego, y de en medio del fuego has oído sus palabras. Porque amó a tus padres, eligió después de ellos a su descendencia; y con su asistencia, con su gran poder, te sacó de Egipto," arrojó de ante ti a pueblos más numerosos y más fuertes que tú, para darte entrada en su tierra y dártela en heredad, como hoy lo ves. Reconoce, pues, hoy y revuelve en tu corazón que Yahvé sí que es Dios arriba, allá en los cielos, y abajo, aquí sobre la tierra, y que no hay otro sino El. Guarda sus leyes y sus mandamientos que hoy yo te prescribo, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y permanezcas largos años en la tierra que te da Yahvé, tu Dios.” Entonces Moisés eligió tres ciudades de la región al oriente del Jordán que sirviesen de refugio al homicida que hubiera matado involuntariamente a su prójimo, sin ser antes enemigo suyo; para que, refugiándose en una de ellas, tuviera salva la vida:" Beser, en el desierto, en la altiplanicie, para los rubenitas; Ramot, en Galaad, para los gaditas, y Golán, en Basan, para los manaseítas." Esta es la Ley que Moisés puso ante los ojos de los hijos de Israel. Estos son los estatutos, leyes y mandamientos que Moisés había dado a los hijos de Israel, a su salida de Egipto, al otro lado del Jordán, en el valle que hay frente a Bet-Peor, en la tierra de Seón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesebón y había sido derrotado por Moisés y los hijos de Israel a su salida de Egipto. Se apoderaron de su tierra y de la de Og, rey de Basan, dos de los reyes de los amorreos, que habitaban al otro lado del Jordán, al oriente;" su territorio se extendía desde Aroer, a orillas del torrente del Amón, hasta el monte Siryon, con todo el Araba, que es el Hermón, del otro lado del Jordán, al oriente, hasta el mar del Araba, al pie del Pasga. “Oye, Israel, las leyes y los mandamientos que hoy voy a hacer resonar en tus oídos; apréndetelos y pon mucho cuidado en guardarlos." Yahvé, nuestro Dios, hizo con vosotros una alianza en Horeb. No hizo Yahvé esta alianza con nuestros padres; la hizo con nosotros, que hoy vivimos todavía todos." Yahvé nos habló cara a cara sobre la montaña en medio del fuego. Yo estaba entonces entre Yahvé y vosotros para traeros sus palabras, pues vosotros teníais miedo del fuego, y no subisteis a la cumbre de la montaña. El dijo: “Yo soy Yahvé, tu Dios, que te ha sacado de la tierra de Egipto, de la casa de la servidumbre. No tendrás mas Dios que a mí. No te harás imagen esculpida de cuanto hay arriba en los cielos, ni abajo sobre la tierra, ni de cuanto hay en las aguas, más abajo de la tierra. No las adorarás ni las darás culto, porque yo, Yahvé, tu Dios, soy tu Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen y hago misericordia por mil (generaciones) a los que me aman y guardan mis mandamientos, No tomarás el nombre de Yahvé, tu Dios, en falso, porque Yahvé no dejará impune al que tome en falso su nombre. Guarda el sábado para santificarlo, como te lo ha mandado Yahvé, tu Dios. Seis días trabajarás y harás tus obras, pero el séptimo es sábado de Yahvé, tu Dios. No harás en él trabajo alguno ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu buey, ni tu asno, ni ninguna de tus bestias, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, para que tu siervo y tu sierva descansen como descansas tú. Acuérdate de que siervo fuiste en la tierra de Egipto, y de que Yahvé, tu Dios, te sacó de allí con mano fuerte y brazo tendido; y por eso, Yahvé, tu Dios, te manda guardar el sábado." Honra a tu padre y a tu madre, como Yahvé, tu Dios, te lo ha mandado, para que vivas largos años y seas feliz en la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará. No matarás. No adulterarás. No robarás. No dirás falso testimonio contra tu prójimo. No desearás a la mujer de tu prójimo, ni desearás su casa, ni su campo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada de cuanto a tu prójimo pertenece.” Estas son las palabras que Yahvé dirigió a toda vuestra comunidad desde la montaña, en medio de fuego, de nube y de tinieblas, con fuerte voz, y no añadió más. Las escribió sobre dos tablas ¿le piedra que él me dio.” “Cuando oísteis su voz de en medio de las tinieblas estando la montaña toda en fuego, os acercasteis luego a mí todos los jefes de las tribus y todos los ancianos y me dijisteis: “Yahvé, nuestro Dios, nos ha hecho ver su gloria y su grandeza, y oír su voz en medio del fuego; hoy hemos visto a Dios hablar al hombre y quedar éste con vida." ¿Por qué, pues, morir devorados por ese gran fuego si seguimos oyendo la voz de Yahvé, nuestro Dios? Porque de toda carne, ¿quién como nosotros ha oído la voz del Dios vivo hablando de en medio del fuego y ha quedado con vida? Acércate tú y oye lo que te diga Yahvé, nuestro Dios, y transmítenos a nosotros cuanto Yahvé, nuestro Dios, te diga, y nosotros le escucharemos y lo haremos.” Yahvé escuchó vuestras palabras cuando me hablabais y me dijo: “He oído las palabras que el pueblo te ha dirigido; está bien lo que dicen." ¡Oh si tuvieran siempre ese mismo corazón y siempre me temieran y guardaran mis mandamientos para ser por siempre felices, ellos y sus hijos! Ve y diles: Volveos a vuestras tiendas. Pero tú quédate aquí conmigo, y yo te diré todas las leyes, mandamientos y preceptos que tú les has de enseñar para que los pongan por obra en la tierra que yo les voy a dar en posesión. Poned, pues, mucho cuidado en hacer cuanto Yahvé, vuestro Dios, os manda;" seguid en todo los caminos que Yahvé, vuestro Dios, os prescribe, para que viváis y seáis dichosos y duréis largos años en la tierra que vais a poseer.” “Esta es la Ley — los mandatos, los preceptos — que Yahvé vuestro Dios, me mandó que os enseñase, para que la cumpláis en la tierra en que vais a entrar y vais a poseer;" para que temáis a Yahvé, tu Dios, tú y tus hijos y los hijos de tus hijos, y, guardando todos los días de tu vida todas sus leyes y todos sus mandamientos que yo te inculco, vivas largos años. Escúchalos, Israel, y ten sumo cuidado en ponerlos por obra, para que seas dichoso y os multipliquéis grandemente, según lo que ha dicho Yahvé, el Dios de tus padres, de darles la tierra que mana leche y miel. Oye, Israel: Yahvé, nuestro Dios, es él solo Yahvé. Amarás a Yahvé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu poder, y llevarás muy dentro del corazón todos estos mandamientos que yo te doy. Incúlcaselos a tus hijos, y, cuando estés en tu casa, cuando viajes, cuando te acuestes, cuando te levantes, habla siempre de ellos. Átatelos a tus manos para que te sirvan de señal; póntelos en la frente, entre tus ojos;" escríbelos en los postes de tu casa y en tus puertas. Cuando Yahvé, tu Dios, te introduzca en la tierra que a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, juró darte, ciudades grandes y hermosas que tú no has edificado, casas llenas de toda suerte de bienes que tú no has llenado, cisternas que tú no has excavado, viñas y olivares que tú no has plantado; cuando comas y te hartes," guárdate de olvidarte de Yahvé, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de la servidumbre. Teme a Yahvé, tu Dios; sírvele a él y jura por su nombre." No te vayas tras otros dioses, de los dioses de los pueblos que te rodean;" porque Yahvé, tu Dios, que está en medio de ti, es un Dios celoso, y la cólera de Yahvé, tu Dios, se encendería contra ti y te exterminaría de sobre la tierra. No tentéis a Yahvé, vuestro Dios, como le tentasteis en Masa. Guardad con gran cuidado los mandamientos de Yahvé, vuestro Dios; los preceptos y las leyes que él os da." Haz lo que es recto y bueno a los ojos de Yahvé, para que seas dichoso y entres, para poseerla, en la buena tierra que Yahvé con juramento prometió a tus padres, cuando ante ti arrojé a todos tus enemigos, como él lo ha dicho. Cuando un día te pregunte tu hijo, diciendo: “¿Qué son estos mandamientos, estas leyes y preceptos que Yahvé, nuestro Dios, os ha prescrito?,” tú responderás a tu hijo: “Nosotros éramos en Egipto esclavos del faraón, y Yahvé nos sacó de allí con su potente mano. Yahvé hizo a nuestros ojos grandes milagros y prodigios terribles contra Egipto, contra el faraón y contra toda su casa, y nos sacó de allí para conducirnos a la tierra que con juramento había prometido a nuestros padres. Yahvé nos ha mandado poner por obra sus leyes y temer a Yahvé, nuestro Dios, para que seamos dichosos siempre y El nos conserve la vida, como hasta ahora ha hecho;" y es para nosotros la justicia guardar sus mandamientos y ponerlos por obra ante Yahvé, nuestro Dios, como El nos lo ha mandado.” “Cuando Yahvé, tu Dios, te introduzca en la tierra que vas a poseer y arroje delante de ti a muchos pueblos, a jéteos, guergueseos, amorreos, cananeos, fereceos, jeveos y jebu-seos, siete naciones más numerosas y poderosas que tú, y Yahvé, tu Dios, te las entregue y tú las derrotes, las darás al anatema, no harás pactos con ellas ni les harás gracia. No contraigas matrimonios con ellas, no des tus hijas a sus hijos ni tomes sus hijas para tus hijos, porque ellas desviarían a tus hijos de en pos de mí y los arrastrarían a servir a otros dioses, y la ira de Yahvé se encendería contra vosotros y os destruiría prontamente. Así, por el contrario, habrás de hacer con ellos: derribaréis sus altares, romperéis sus cipos, abatiréis sus “aseras” y daréis al fuego sus imágenes talladas, 6porque eres un pueblo santo para Yahvé, tu Dios.” “Porque eres un pueblo santo para Yahvé, tu Dios. Yahvé, tu Dios, te ha elegido para ser él pueblo de su porción entre todos los pueblos que hay sobre la haz de la tierra. Si Yahvé se ha ligado con vosotros y os ha elegido, no es por ser vosotros los más en número entre todos los pueblos, pues sois el más pequeño de todos los pueblos. Porque Yahvé os amó y porque ha querido cumplir el juramento que hizo a vuestros padres, os ha sacado de Egipto Yahvé con mano poderosa, redimiéndoos de la casa de la servidumbre, de la mano del faraón, rey de Egipto. Has de saber, pues, que Yahvé, tu Dios, es Dios fiel, que guarda la alianza y la misericordia hasta mil generaciones a los que le aman y guardan sus mandamientos;" pero retribuye en cara al que le aborrece, destruyéndole; no tarda en darle en cara su merecido." Guarda, pues, tú sus mandamientos, las leyes y estatutos que te prescribe hoy, poniéndolos por obra. Si escucháis sus mandatos, y los guardáis, y los ponéis por obra, en retorno, Yahvé, tu Dios, te guardará su alianza y la misericordia que a tus padres juró. Te amará, te bendecirá y te multiplicará; bendecirá el fruto de tus entrañas y el fruto de tu suelo: tu trigo, tu mosto, tu aceite, las crías de tus vacas y las crías de tus ovejas, en la tierra que a tus padres juró darte." Serás bendito sobre todos los pueblos, no habrá estériles en ti ni en tus ganados. Yahvé alejará de ti las enfermedades, no mandará sobre ti ninguna de las plagas malignas de Egipto que tú conoces y afligirá con ellas a los que te odian.” “Devorarás a todos los pueblos que Yahvé, tu Dios, va a entregarte; tus ojos no los perdonarán, y no servirás a sus dioses, porque eso sería para ti la ruina." Y si se te ocurriere decir: “¿Cómo voy a poder expulsar a esas naciones, que son más numerosas que yo?” No las temas. Acuérdate de lo que Yahvé, tu Dios, hizo con el faraón y con todo Egipto, las grandes pruebas que vieron tus ojos, los portentos y prodigios, la mano fuerte y el brazo tendido con que Yahvé, tu Dios, te sacó; así hará también Yahvé, tu Dios, con todos los pueblos que tú temes." Aun tábanos mandará Yahvé, tu Dios, contra ellos hasta hacer perecer a los supervivientes o a los que se escondiesen. No los temas, porque en medio de ti está Yahvé, tu Dios; el Dios grande y terrible." Yahvé, tu Dios, expulsará a esas naciones poco a poco; no podrás exterminarlas en un día, no sea que las fieras salvajes se multipliquen contra ti." Yahvé, tu Dios, te los entregará y los conturbará con gran conturbación hasta que desaparezcan;" entregará en tus manos sus reyes y harás desaparecer sus nombres de debajo de los cielos; nadie podrá resistirle hasta que los hayas destruido." Consumirás por el fuego las imágenes esculpidas de sus dioses; no codicies la plata ni el oro que haya sobre ellas, apropiándotelo, y cayendo en una trampa, porque es abominable a Yahvé, tu Dios," y no has de introducir en tu casa abominación para no hacerte como ello es, anatema. Detéstalo y abomínalo como abominación por ser cosa dada al anatema.” “Tened gran cuidado de poner por obra los mandamientos que os prescribo hoy, para que viváis y os multipliquéis y entréis, para poseerla, en la tierra que Yahvé juró dar a vuestros padres. Acuérdate de todo el camino que Yahvé, tu Dios, te ha hecho andar todos estos cuarenta años por el desierto para castigarte y probarte, para conocer los sentimientos de tu corazón y saber si guardas o no sus mandamientos. El te afligió, te hizo pasar hambre y te alimentó con el maná, que no conocieron tus padres, para que aprendieras que no sólo de pan vive el hombre, sino de cuanto procede de la palabra de Dios. Tus vestidos no se envejecieron sobre ti, ni se hincharon tus pies durante esos cuarenta años, para que reconocieras en tu corazón que Yahvé, tu Dios, te instruye como instruye un hombre a su hijo;" y guardarás los mandamientos de Yahvé, tu Dios, marchando por sus caminos y temiéndole. Ahora, Yahvé, tu Dios, va a introducirte en una buena tierra; tierra de torrentes, de fuentes, de aguas profundas que brotan en los valles y en los montes;" tierra de trigo, de cebada, de viñas, de higueras y de granados; tierra de olivos, de aceite y de miel;" tierra donde comerás tu pan con abundancia y no carecerás de nada; tierra cuyas piedras son hierro y de cuyas montañas sale el cobre." Comerás y te hartarás; bendice, pues, a Yahvé por la buena tierra que te ha dado." Guárdate bien de olvidarte de Yahvé, tu Dios, dejando de observar sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos que hoy te prescribo yo;" no sea que, cuando comas y te hartes, cuando edifiques y habites hermosas casas, y veas multiplicarse tus bueyes y tus ovejas, y acrecentarse tu plata, tu oro y todos tus bienes, te ensoberbezcas en tu corazón y te olvides de Yahvé, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de la servidumbre, y te ha conducido a través de vasto y horrible desierto, de serpientes de fuego y escorpiones, tierra árida y sin aguas; que hizo brotar para ti agua de la roca pedernalina" y te ha dado a comer en el desierto el maná, que tus padres no conocieron, castigándote y probándote para a la postre hacerte bien, no dijeras: “Mi fuerza y el poder de mi mano me ha dado esta riqueza.” Acuérdate, pues, de Yahvé, tu Dios, que es quien te da poder para adquirirla, cumpliendo como hoy la alianza que a tus padres juró. Si, olvidándote de Yahvé, te llegaras a ir tras de otros dioses y les sirvieras y te prosternaras ante ellos, yo doy testimonio hoy contra vosotros de que con toda certeza pereceréis;" como las naciones que Yahvé hace perecer ante vosotros, así vosotros pereceréis por no haber escuchado la voz de Yahvé, vuestro Dios.” “Escucha, Israel: Estáis hoy para pasar el Jordán y marchar a la conquista de naciones más numerosas y más poderosas que tú; de grandes ciudades, cuyas murallas se levantan hasta el cielo;" de un pueblo numeroso, de elevada estatura, los hijos de Enaq, que ya conoces y de quienes has oído hablar. ¿Quién podrá resistir contra estos hijos de Enaq? Has de saber desde hoy que Yahvé, tu Dios, irá El mismo delante de ti como fuego devorador, que los destruirá, los humillará ante ti, y tú los arrojarás y los destruirás pronto, como te lo ha dicho Yahvé. No digas luego en tu corazón cuando Yahvé, tu Dios, los arroje de delante de ti: “Por mi justicia me ha puesto Yahvé en posesión de esta tierra.” Por la iniquidad de esos pueblos, Yahvé los arrojará de ante ti. No por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón vas a entrar en posesión de esa tierra, sino por la maldad de esas naciones los expulsa Yahvé de delante de ti; para cumplir la palabra que con juramento dio a tus padres Abraham, Isaac y Jacob." Entiende que no por tu justicia te da Yahvé, tu Dios, la posesión de esa buena tierra; porque eres pueblo de dura cerviz.” “Acuérdate, no olvides cuánto has irritado a Yahvé, tu Dios, en el desierto; desde el día en que salisteis de la tierra de Egipto hasta que habéis llegado a este lugar, habéis sido rebeldes a Yahvé." Ya en Horeb provocasteis la ira de Yahvé, y Yahvé se irritó contra vosotros hasta querer destruiros. Cuando subí yo a la cumbre de la montaña para recibir las tablas de la alianza que Yahvé hacía con vosotros, y estuve allí cuarenta días y cuarenta noches sin comer pan ni beber agua, y me dio Yahvé las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios, que contenían todas las palabras que El os había dicho en la montaña, en medio del fuego, el día de la congregación;" al cabo de los cuarenta días y cuarenta noches me dio Yahvé las dos tablas de piedra, las tablas de la alianza, y me dijo entonces: “Anda, baja presto de aquí, porque tu pueblo, el que has sacado de Egipto, se ha corrompido; pronto se ha apartado del camino que yo le mandé y se han hecho una imagen fundida.” Y me dijo Yahvé: “Ya veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz;" déjame que le destruya y que borre su nombre de debajo de los cielos, y te haré a ti una nación más poderosa y más nvimerosa que ese pueblo.” Yo me volví y bajé de la montaña, que estaba toda en fuego, trayendo en mis manos las dos tablas de la alianza;" miré y vi que habíais pecado contra Yahvé, vuestro Dios; os habíais hecho un becerro fundido, apartándoos bien pronto del camino que Yahvé os había prescrito;" agarré entonces las dos tablas y con mis manos las tiré, rompiéndolas ante vuestros ojos. Luego me postré en la presencia de Yahvé, como la primera vez, durante cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan y sin beber agua, por todos los pecados que vosotros habíais cometido, haciendo lo malo a los ojos de Yahvé, irritándole. Yo estaba espantado de ver la cólera y el furor con que Yahvé estaba enojado contra vosotros, hasta querer destruiros; pero todavía esta vez me escuchó Yahvé." Estaba Yahvé también fuertemente irritado contra Aarón, hasta el punto de querer hacerle perecer, y yo intercedí entonces por Aarón;" y tomé vuestro pecado, el que os habíais hecho, y lo arrojé al fuego, y desmenuzándolo bien hasta reducirlo a polvo, eché el polvo en el torrente que baja de la montaña. En Taberá, en Masa y en Quibrot-at-tawah excitasteis también la cólera de Yahvé;" y cuando Yahvé os hizo subir de Cadesbarne, diciendo: “Subid y tomad posesión de la tierra que os doy,” fuisteis rebeldes a las órdenes de Yahvé, vuestro Dios; no tuvisteis confianza en El y no obedecisteis a su voz." Habéis sido rebeldes a Yahvé desde el día en que El comenzó a poner en vosotros sus ojos. Yo me postré ante Yahvé aquellos cuarenta días y cuarenta noches que estuve postrado, porque Yahvé hablaba de destruiros, y le rogué, diciendo: “¡Señor, Yahvé!, no destruyas a tu pueblo, a tu heredad, redimida por tu grandeza, sacándolo de Egipto con tu mano poderosa. Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob; no mires a la dureza, de este pueblo, a su perversidad y a su pecado;" que no puedan decir los de la tierra de que nos has sacado: “Por no poder Yahvé hacerlos entrar en la tierra que les había prometido y porque los odiaba, los ha sacado fuera para hacerlos morir en el desierto.” Son tu pueblo, tu heredad, que con tu gran poder y brazo tendido has sacado fuera.” “Entonces me dijo Yahvé: “Hazte dos tablas de piedra como las primeras y sube a mí a la montaña; haz también un arca de madera;" yo escribiré sobre estas tablas las palabras que estaban escritas sobre las primeras, que tú rompiste, y las guardarás en el arca.” Hice, pues, un arca de madera de acacia, y, habiendo cortado dos tablas de piedra como las primeras, subí con ellas a la montaña. El escribió sobre estas tablas lo que estaba escrito en las primeras, los diez mandamientos que Yahvé os había dicho en la montaña de en medio del fuego el día de la congregación, y me las dio. Yo me volví y, bajando de la montaña, puse las tablas en el arca que había hecho, y allí han quedado, como Yahvé me lo mandó.” Los hijos de Israel partieron de Berot-Bene Yahqan para Moserá. Allí murió Aarón y allí fue enterrado. Elea-zar, su hijo, fue sacerdote en su lugar. De allí partieron para Gadgad, y de Gadgad para Yotbatá, región rica en aguas. “En ese tiempo separó Yahvé la tribu de Leví para llevar el arca de la alianza de Yahvé, para que estuvieran en su presencia y le sirvieran y bendijeran su nombre, como hasta hoy. Por eso Leví no tiene parte ni heredad entre sus hermanos, porque es Yahvé su heredad, como Yahvé te lo ha dicho.” “Yo me estuve en la montaña como anteriormente, cuarenta días y cuarenta noches; y Yahvé me escuchó esta vez también y no quiso ya destruiros." Me dijo Yahvé: “Levántate y ve a ponerte a la cabeza del pueblo para que entren y se posesionen de la tierra que a sus padres juré darles.” “Ahora, pues, Israel, ¿qué es lo que de ti exige Yahvé, tu Dios, sino que temas a Yahvé, tu Dios, siguiendo por todos sus caminos, amando y sirviendo a Yahvé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, y guardando los mandamientos de Yahvé y sus leyes, que hoy te prescribo yo, para que seas dichoso? Mira: De Yahvé, tu Dios, son los cielos de los cielos, la tierra y todo cuando en ella se contiene. Y sólo con tus padres se ligó amándolos, y a su descendencia después de ellos, a vosotros, os ha elegido de entre todos los pueblos, como hoy. Circuncidad, pues, vuestros corazones y no endurezcáis más vuestra cerviz;" porque Yahvé, vuestro Dios, es el Dios de dioses, el Señor de los señores, el Dios grande, fuerte y terrible, que no hace acepción de personas ni recibe regalos, hace justicia al huérfano y a la viuda, ama al extranjero y le alimenta y le viste. Amad también vosotros al extranjero, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Teme a Yahvé, tu Dios; sírvele, apégate a El y jura por su nombre." El es tu gloria, El es tu Dios, que por ti ha hecho cosas grandes y terribles que con tus mismos ojos has visto. Tus padres bajaron a Egipto en número de setenta personas, y ahora Yahvé, tu Dios, ha hecho de ti una muchedumbre como las estrellas del cielo.” “Ama, pues, a tu Dios y cumple lo que de ti demanda: sus leyes y sus preceptos, sus mandamientos. Reconoced hoy, pues no hablo ahora a vuestros hijos, que no saben y no vieron la enseñanza de Yahvé, vuestro Dios; su grandeza, su mano fuerte y su brazo tendido;" los prodigios y portentos que en medio de Egipto obró contra el faraón, rey de Egipto, y contra toda su tierra;" lo que hizo con el ejército egipcio, con sus caballos y sus carros, arrojando sobre ellos las aguas del mar Rojo cuando os perseguían y destruyéndolos hasta hoy;" lo que por vosotros ha hecho en el desierto hasta que habéis llegado a este lugar;" lo que hizo con Datan y Abirón, hijos de Eliab, hijo de Rubén, cuando, abriendo la tierra su boca, se los tragó con sus casas, sus tiendas y todos sus secuaces en medio de todo Israel. Porque con vuestros ojos habéis visto todos los grandes prodigios que ha hecho Yahvé. Guardad, pues, todos sus mandamientos que hoy os prescribo yo, para que seáis fuertes y entréis y os adueñéis de la tierra a que vais a pasar para tomar posesión de ella y para que se dilaten vuestros días sobre la tierra que Yahvé juró dar a vuestros padres, a ellos y a su descendencia; la tierra que mana leche y miel." Porque la tierra en que vais a entrar para poseerla no es como la de Egipto, de donde habéis salido, donde echabas tu simiente y la regabas con tu pie como se riega una huerta. La tierra en que vais a entrar para poseerla es una tierra de montes y valles que riega la lluvia del cielo;" es una tierra de que cuida Yahvé, tu Dios, y sobre la cual tiene siempre puestos sus ojos desde el comienzo del año hasta el fin. Si vosotros obedecéis los mandatos que os prescribo, amando a Yahvé, vuestro Dios, y sirviéndole con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, yo daré a vuestra tierra la lluvia a su tiempo, la temprana y la tardía; y tú cosecharás tu trigo, tu mosto y tu aceite." Yo daré también hierba en tus campos para tus ganados, y de ellos comerás y te saciarás. Pero cuidad mucho de que no se deje seducir vuestro corazón y, desviándoos, sirváis a otros dioses y os prosternéis ante ellos;" porque la cólera de Yahvé se encendería contra vosotros y cerraría el cielo, y no habría más lluvia, y la tierra no daría más su frutos, y desaparecerías presto de la buena tierra que Dios os da. Poned, pues, en vuestro corazón y en vuestra alma las palabras que yo os digo; atadlas por recuerdo a vuestras manos y ponedlas como frontal entre vuestros ojos." Enseñádselas a vuestros hijos, habladles de ellas, ya cuando estés en tu casa, ya cuando vayas de viaje, al acostarte y al levantarte. Escríbelas en los postes de tu casa y en tus puertas, para que vuestros días y los días de vuestros hijos sobre la tierra que a vuestros padres Yahvé juró darles sean tan numerosos como los días de los cielos sobre la tierra.” “Porque, si cuidadosamente guardáis estos mandamientos que yo os prescribo, amando a vuestro Dios, marchando siempre por sus sendas y apegándoos a El, Yahvé arrojará de ante vosotros a todos los pueblos más numerosos y más poderosos que vosotros;" cuanto pise la planta de vuestros pies, vuestro será, y vuestras fronteras se extenderán desde el desierto al Líbano, desde el río Eufrates hasta el mar occidental; todo será dominio vuestro." Nadie podrá resistir ante vosotros; Yahvé, vuestro Dios, esparcirá ante vosotros, como os lo ha dicho, el miedo y el terror sobre toda tierra donde pongáis vuestro pie." Ved, yo os pongo hoy delante bendición y maldición;" la bendición, si cumplís los mandamientos de Yahvé, vuestro Dios, que yo os prescribo hoy;" la maldición, si no cumplís los mandamientos de Yahvé vuestro Dios, y, apartándoos del camino que yo os prescribo hoy, os vais tras otros dioses que no habéis conocido Y cuando Yahvé, vuestro Dios, te haya hecho entrar en la. tierra de que vas a tomar posesión, pronunciarás la bendición sobre el Garizim, y la maldición sobre el monte Ebal;" esas montañas del otro lado del Jordán, detrás del camino de occidente en la tierra de los cananeos que habitan en el Araba, frente a Galgal, junto al encinar de Moré. Porque vais a pasar el Jordán y a posesionaros de la tierra que Yahvé, vuestro Dios, os da, y la poseeréis y habitaréis en ella. Tened, pues, gran cuidado de cumplir todos los mandamientos que hoy os propongo.” “He aquí, pues, las leyes y preceptos que cuidaréis de poner por obra en la tierra que Yahvé, Dios de vuestros padres, os dará en posesión todo el tiempo que viváis sobre la tierra. Destruiréis enteramente todos los lugares donde las gentes que vais a desposeer han dado culto a sus dioses sobre los altos montes, sobre los collados y bajo todo árbol frondoso;" abatiréis sus altares, romperéis sus cipos, destruiréis sus “aseras,” quemaréis sus imágenes talladas y sus dioses y haréis desaparecer de la memoria sus nombres. No haréis así cuanto a Yahvé, vuestro Dios, sino que le buscaréis en el lugar que él elija entre todas las tribus, para poner en él su santo nombre y hacer en él su morada; allá iréis;" allí le presentaréis vuestros holocaustos y sacrificios, vuestras décimas, vuestras primicias y la ofrenda alzada de vuestras manos, vuestros votos y oblaciones voluntarias, y los primogénitos de vuestras vacas y ovejas. Allí comeréis delante de Yahvé, vuestro Dios, y os regocijaréis vosotros y vuestras familias, gozando de los bienes que vuestras manos adquieran y con que Yahvé, tu Dios, te bendiga. No haréis cada uno como bien le parezca, como lo hacemos nosotros aquí ahora, porque no habéis llegado todavía al descanso y a la heredad que Yahvé, tu Dios, te da. Mas pasaréis el Jordán y habitaréis en la tierra que Yahvé, vuestro Dios, os dará en heredad; y entonces os dará reposo contra todos vuestros enemigos que os rodean y habitaréis en seguridad," Entonces, en el lugar que Yahvé, vuestro Dios, elija para que en él more su santo nombre, allá llevaréis todo lo que yo os mando: vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestras décimas, las ofrendas elevadas de vuestras manos y las ofrendas escogidas de vuestros votos a Yahvé. Allí os regocijaréis en la presencia de Yahvé, vuestro Dios; vosotros, vuestros hijos, vuestras hijas, vuestros siervos y vuestras siervas, y el levita que está dentro de vuestras puertas, ya que éste no ha recibido parte y heredad con vosotros." Guárdate de ofrecer holocaustos en cualquier lugar a que llegues;" los ofrecerás en el lugar que Yahvé haya elegido en una de tus tribus; allí liarás todo lo que yo te mando." Pero cuando quieras podrás matar y comer la carne en todas tus ciudades, conforme a la bendición que Yahvé, tu Dios, te haya otorgado. Podrán comerla lo mismo el impío que el puro, como se hace con la gacela y el ciervo;" mas no comerás sangre; la derramarás sobre la tierra como el agua." No podrás comer en cualquiera de tus ciudades las décimas de tu trigo, de tu mosto y de tu aceite, ni los primogénitos de tus vacas y tus ovejas, ni nada de cuanto ofrezcas en cumplimiento de un voto; ni tus ofrendas voluntarias, ni las oblaciones de la elevación." Delante de Yahvé, tu Dios, en el lugar que Yahvé, tu Dios, elija, las comerás, tú, tu hijo y tu hija, tu siervo y tu sierva y el levita que more en tus ciudades; allí te regocijarás ante Yahvé, tu Dios, disfrutando de los bienes que adquiera tu mano." Guárdate de desamparar al levita en todo el tiempo que vivas sobre tu tierra. Cuando Yahvé tu Dios, haya extendido tus fronteras, como te lo ha prometido, y digas: “Quiero comer carne, porque siente deseo de ella mi alma,” podrás comerla cuantas veces quieras. Si el lugar que Yahvé, tu Dios, elija para poner en él su nombre está lejano, podrás matar tu ganado mayor y menor que Yahvé te dé, según lo que te ha prescrito, y comerlo en tu ciudad a tu deseo. Lo comerás como se come la gacela y el ciervo; el puro y el impuro podrán comerlo uno y otro," pero atente siempre a la prohibición de comer sangre; es la vida, y no debes comer la vida de la carne;" no la comerás; la derramarás sobre la tierra, como el agua;" no la comerás, para que seas dichoso tú y tus hijos después de ti, haciendo lo que es recto a los ojos de Yahvé. Pero las ofrendas sagradas que se te imponen y las que tú hagas en cumplimiento de un voto, ésas tómalas y ve al lugar que Yahvé elija;" y allí ofrecerás tus holocaustos, carne y sangre, en el altar de Yahvé, tu Dios; en los sacrificios, la sangre será derramada en el altar de Yahvé, tu Dios, y la carne la comerás tú." Escucha y guarda todo esto que yo te mando, para que seas dichoso, tú y tus hijos después de ti por siempre, haciendo lo que es recto a los ojos de Yahvé, tu Dios.” “Cuando Yahvé, tu Dios, haya exterminado a los pueblos que de delante de ti va a arrojar y ya los hayas destruido y habites en la tierra, guárdate de imitarlos, cayendo en una trampa después de haber desaparecido de delante de ti, y de indagar acerca de sus dioses, diciendo: “¿Cómo acostumbraban esas gentes a servir a sus dioses? Voy a hacer yo también como ellos hacían.” No obres así con Yahvé, tu Dios, porque cuanto hay de aborrecible y abominable a Yahvé, lo hacían ellos para sus dioses, hasta quemar en el fuego a sus hijos y a sus hijas en honor suyo. Todo lo que yo te mando, guárdalo diligentemente, sin añadir ni quitar nada.” “Si se alzare en medio de ti un profeta o un soñador que te anuncia una señal o un prodigio, aunque se cumpliere la señal o prodigio de que te habló, diciendo: “Vamos tras de otros dioses — dioses que tú no conoces — sirvámosles,” no escuches las palabras de ese profeta o ese soñador, porque te prueba Yahvé, tu Dios, para saber si amáis a Yahvé, vuestro Dios, con todo vuestro corazón y toda vuestra alma. Tras de Yahvé, vuestro Dios, habéis de ir; a El habéis de temer, guardar sus mandamientos, obedecer su voz, servirle y allegaros a El." Y ese profeta o soñador será condenado a muerte por haber aconsejado la rebelión contra Yahvé, vuestro Dios, que os sacó de Egipto y os libró de la casa de la servidumbre para apartaros del camino por donde Yahvé, tu Dios, te ha mandado ir. Así harás desaparecer la maldad de en medio de ti. Si tu hermano, hijo de tu madre, o tu hijo o tu hija, o la mujer que descansa en tu regazo, o tu amigo, aunque le quieras como a tu propia alma, te incitare en secreto, diciendo: “Vamos a servir a otros dioses — dioses que no conociste ni tú ni tus padres de entre los dioses de los pueblos que os rodean, cercanos o lejanos, del uno al otro cabo de la tierra —, no asientas ni le escuches, ni tenga tu ojo piedad de él, ni le tengas compasión ni le encubras;" denuncíale irremisiblemente y sea tu mano la primera que contra él se alce para matarle, siguiendo después las de todo el pueblo;" le lapidaréis hasta que muera por haber buscado apartarte de Yahvé, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la casa de la servidumbre. Así, todo Israel lo sabrá y temerá hacer más una semejante maldad en medio de ti. Si de una de las ciudades que Yahvé, tu Dios, te ha dado por morada oyeres decir: “Gentes malvadas, salidas de en medio de ti, andan seduciendo a los habitantes de la ciudad, diciendo: Vamos a servir a otros dioses, dioses que no has conocido,” inquirirás, examinarás y preguntarás cuidadosamente; si el rumor es verdadero y cierto el hecho, si se ha cometido en medio de ti tal abominación," entonces, dando al anatema esa ciudad con todo cuanto hay en ella y sus ganados, no dejes de pasarla a filo de la espada;" y, reuniendo todo su botín en medio de la plaza, quemarás completamente la ciudad con su botín para Yahvé, tu Dios; sea para siempre un montón de ruinas y no vuelva a ser edificada." Que no se te pegue a las manos nada de cuanto fue dado al anatema, para que se vuelva Yahvé del furor de su ira, y te haga gracia y misericordia, y te multiplique, como a tus padres se lo juró, si oyes la voz de Yahvé, tu Dios, y guardas todos sus mandamientos que yo hoy te prescribo, haciendo lo que es recto a los ojos de Yahvé, tu Dios.” “Vosotros sois hijos de Yahvé, vuestro Dios. No os hagáis incisiones ni os decalvéis entre los ojos por un muerto. Porque tú eres un pueblo consagrado a Yahvé, tu Dios, y te ha elegido Yahvé, tu Dios, para que seas su pueblo singular de entre todos los pueblos que hay sobre la haz de la tierra.” “No comas abominación alguna. He aquí los animales que comeréis: el buey, la oveja y la cabra;" el ciervo, la gacela y el corzo; la cabra montes, el antílope, el búfalo, la gamuza;" todo animal que tenga la pezuña dividida, el pie hendido y rumie;" pero no comeréis los que solamente rumian ni los que solamente tienen la pezuña dividida y el pie hendido; el camello, la liebre, el conejo, rumian, pero no tienen la pezuña hendida; son inmundos para vosotros;" el puerco, que tiene la pezuña hendida, pero no rumia, es inmundo para vosotros. No comeréis sus carnes ni tocaréis sus cadáveres. De los animales que viven en el agua comeréis los que tienen aletas y escarnías;" pero cuantos no tienen aletas y escamas no los comeréis; son para vosotros inmundos." Comeréis toda ave pura. He aquí los que no comeréis: el águila, el quebrantahuesos, el buitre, el milano y toda suerte de halcones;" toda suerte de cuervos;" el avestruz, el mochuelo, la lechuza;" el ibis, el buho y el pelícano;" la cerceta, el mergo, la cigüeña;" la garza de todas clases, la abubilla y el murciélago. Tendréis también por inmundo todo insecto alado; no lo comeréis." Comeréis los volátiles puros. No comeréis mortecino de ningún animal; podrás dárselo al extranjero que reside en tus ciudades o vendérselo; vosotros sois un pueblo consagrado a Yahvé, tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.” “Diezmarás todo producto de tus sementeras, de lo que dé tu campo cada año;" y comerás delante de Yahvé, tu Dios, en el lugar que El elija para hacer habitar en él su nombre, el diezmo de tu trigo, de tu mosto y de tu aceite, y los primogénitos de tus vacas y ovejas, para que aprendas a temer siempre a Yahvé, tu Dios;" pero si el camino fuere largo para poder llevarlos allá, por estar tú demasiado lejos del lugar que elija Yahvé para hacer habitar en él su nombre, cuando Yahvé te bendiga lo venderás; y, tomando el dinero en tus manos, irás con él al lugar que Yahvé, tu Dios, elija." Allí comprarás con dinero lo que desees: bueyes, ovejas, vino u otro licor fermentado, lo que quieras; y comerás allí, delante de Yahvé, y te regocijarás tú y tu casa." No dejarás de lado al levita que mora en tu ciudad, porque él no tiene parte ni heredad contigo. Al fin de cada tercer año separarás todos los diezmos de los productos de aquel año y los depositarás en tu ciudad;" allá vendrá el levita que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que haya en tus ciudades, y comerán y se saciarán, para que Yahvé, tu Dios, te bendiga en todas las obras de tus manos.” “Cada séptimo año harás la remisión. He aquí cómo se ha de hacer la remisión: Todo acreedor que haya prestado condonará al deudor lo prestado; no lo exigirá ya más a su prójimo una vez publicada la remisión de Yahvé;" podrás exigirlo del extranjero, pero no de tu hermano, al que harás la remisión para que no haya entre ti pobres; porque Yahvé te bendecirá seguramente en la tierra que Yahvé, tu Dios, te ha dado en heredad para que la poseas," siempre que oigas la voz de Yahvé, tu Dios, poniendo por obra cuidadosamente todos sus mandatos que yo hoy te prescribo. Porque Yahvé, tu Dios, te bendecirá, como él te lo ha dicho, y prestarás a muchos pueblos, y no tendrás que tomar prestado de nadie; dominarás a muchas naciones, y ellas no te dominarán a ti.” “Si hubiere en medio de ti un necesitado de entre tus hermanos, en tus ciudades, en la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará, no endurecerás tu corazón ni cerrarás tu mano a tu hermano pobre, sino que le abrirás tu mano y le prestarás con qué poder satisfacer sus necesidades según lo que necesite. Guárdate de que se alce en tu corazón este bajo pensamiento: Está ya cercano el año séptimo, el año de la remisión; y de mirar con malos ojos a tu hermano pobre y no darle nada, no sea que él clame a Yahvé contra ti y te cargues con un pecado." Debes darle, sin que al darle se entristezca tu corazón; porque por ello Yahvé, tu Dios, te bendecirá en todos tus trabajos y en todas tus empresas." Nunca dejará de haber pobres en la tierra; por eso te doy este mandamiento: abrirás tu mano a tu hermano, al necesitado y al pobre de tu tierra.” “Si uno de tus hermanos, un hebreo o una hebrea, se te vende, te servirá seis años; pero el séptimo le despedirás libre de tu casa;" y al despedirle libre de tu casa no le mandarás vacío, sino que le darás algo de tu ganado, de tu era y de tu lagar, haciéndole partícipe de los bienes con que Yahvé, tu Dios, te bendice a ti. Acuérdate de que esclavo fuiste en la tierra de Egipto y de que Yahvé, tu Dios, te libertó; por eso te doy yo este mandato." Y si tu esclavo te dice: “No quiero salir de tu casa, porque te amo a ti y a tu casa,” y se halla bien contigo, entonces, tomando un punzón, le agujerearás la oreja junto a la puerta, y será esclavo tuyo para siempre; lo mismo harás con tu sierva." Que no te pese darle por libre, porque sirviéndote seis años te ha valido el doble del salario de un jornalero, y Yahvé, tu Dios, te bendecirá en cuanto hagas.” “Consagrarás a Yahvé, tu Dios, todos los primogénitos, todo primogénito macho de tus vacas y ovejas; no harás trabajar al primogénito de tu vaca ni esquilarás al primogénito de tus ovejas," sino que lo comerás cada año tú y tu familia, delante de Yahvé, tu Dios, en el lugar que El elija. Pero si es defectuoso, si ciego o cojo o con otro defecto, no se lo ofrecerás en sacrificio a Yahvé, tu Dios. Lo comerás en tus ciudades como se come la gacela o el ciervo; lo comerá el puro y el impuro;" pero no comerás la sangre; la derramarás sobre la tierra, como el agua.” “Guarda el mes de Abib celebrando la Pascua de Yahvé, tu Dios, porque precisamente en el mes de Abib te sacó Yahvé, tu Dios, de Egipto, de noche. Inmolarás la Pascua a Yahvé, tu Dios, de las crías de las ovejas y de las vacas en el lugar que Yahvé, tu Dios, haya elegido para poner en él su nombre;" no comerás pan ácimo, el pan de la aflicción, porque de prisa saliste de Egipto; para que así te acuerdes toda tu vida del día en que saliste de Egipto." No se verá levadura esos siete días en toda la extensión de tu territorio y nada de la víctima que a la tarde inmolares quedará para la noche hasta la mañana siguiente. No sacrificarás la Pascua en cualquiera de las ciudades que te dará Yahvé, tu Dios;" sólo en el lugar que Yahvé, tu Dios, elija para hacer habitar en él su nombre; sacrificarás la Pascua a la tarde, al ponerse el sol, al tiempo de tu salida de Egipto." La cocerás y la comerás en el lugar que Yahvé, tu Dios, elija, y de allí te volverás a la mañana siguiente para irte a tus tiendas. Durante seis días comerás pan ácimo, y el día séptimo será la solemnidad de Yahvé, tu Dios, y no harás en él trabajo alguno.” “Contarás siete semanas; desde el día en que comienza a meterse la hoz en el trigo comenzarás a contar las siete semanas;" y celebrarás la fiesta de las Semanas en honor de Yahvé, tu Dios, con ofrendas voluntarias, que harás conforme Yahvé, tu Dios, te haya bendecido, Te regocijarás en la presencia de Yahvé, tu Dios, en el lugar que elija para hacer habitar en él su nombre, tú y tu hijo, tu siervo, tu sierva, el levita que mora en tus ciudades, así como el extranjero, el huérfano y la viuda que habitan en medio de ti. Acuérdate de que siervo fuiste en Egipto y cuida de poner en obra estos mandamientos.” “Celebrarás la fiesta de los Tabernáculos durante siete días, una vez recogido el producto de tu era y de tu lagar;" te regocijarás en esta fiesta, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, así como el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda que habitan en tu ciudad. Celebrarás la fiesta en honor de Yahvé, tu Dios, en el lugar que haya elegido, para que Yahvé, tu Dios, te bendiga en todas tus cosechas y en todo trabajo de tus manos, y te darás todo a la alegría. Tres veces al año, todo varón de entre vosotros se presentará delante de Yahvé, tu Dios, en el lugar que El haya elegido: en la festividad de los Ácimos, en la de las Semanas y en la de los Tabernáculos; y no se presentará ante Yahvé con las manos vacías." Cada cual hará sus ofrendas conforme a las bendiciones que Yahvé, tu Dios, te haya otorgado.” “Te constituirás jueces y escribas en todas las ciudades que Yahvé, tu Dios, te dará según tribus, que juzguen al pueblo justamente. No tuerzas el derecho, no hagas acepción de personas, no recibas regalos, porque los regalos ciegan los ojos de los sabios y corrompen las palabras de los justos. Sigue estrictamente la justicia, para que vivas y poseas la tierra que te dará Yahvé, tu Dios.” “No plantarás árbol alguno a modo de “asera” junto al altar que elevares a Yahvé, tu Dios;" ni alzarás cipos, que eso lo detesta Yahvé, tu Dios.” “No sacrificarás a Yahvé, tu Dios, buey ni oveja que tenga defecto, porque es abominación ante Yahvé, tu Dios.” “Si en medio de ti, en alguna de las ciudades que Yahvé, tu Dios, te dará, hubiere hombre o mujer que hiciere lo que es malo a los ojos de Yahvé, tu Dios, traspasando su alianza, yéndose tras otros dioses para servirles y postrarse ante ellos, ante el sol o la luna, o cualquier astro del ejército de los cielos, cosa que yo no he mandado, cuando la cosa llegue a ti, harás una escrupulosa investigación; si el rumor es verdadero y el hecho cierto, si se cometió tal abominación en Israel," llevarás a tus puertas al hombre o mujer que tal maldad ha cometido y los lapidarás hasta que mueran.” “Sólo sobre la palabra de dos o tres testigos se condenará a muerte al que haya de ser condenado; no será condenado a muerte sobre la palabra de un solo testigo." Las manos de los testigos se alzarán las primeras contra él para hacerlo morir y después seguirán las del pueblo. Has de extirpar el mal de en medio de él.” “Si una causa te resultare difícil de resolver sobre delito de sangre, sobre colisión de derechos, sobre heridas, objetos de querella entre tus puertas, te levantarás y subirás al lugar que Yahvé, tu Dios, haya elegido, y te irás a los sacerdotes, hijos de Leví, al juez entonces en funciones, y le consultarás; él te dirá la sentencia que haya de darse conforme a derecho." Obrarás según la sentencia que te hayan dado en el lugar que haya elegido Yahvé y pondrás cuidado en ajustarte a lo que ellos te hayan enseñado. Obrarás conforme a la ley que ellos te enseñen y a la sentencia que te hayan dado, sin apartarte ni a la derecha ni a la izquierda de lo que te hayan dado a conocer. El que, dejándose llevar de la soberbia, no escuchare al sacerdote que está allí para servir a Yahvé, tu Dios, o no escuchare al juez, será condenado a muerte. Así extirparás el mal de en medio de Israel, y tu pueblo, al saberlo, temerá y no se dejará llevar de la soberbia.” “Cuando hayas entrado en la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará y te hayas posesionado de ella, y establecido en ella tu morada, si te dices: “Voy a poner sobre mí un rey, como lo tienen todas las naciones que me rodean,” pondrás sobre ti al rey que Yahvé, tu Dios, elija; uno de tus hermanos tomarás para hacerle rey sobre ti; no podrás darte por rey un extranjero que no sea tu hermano;" pero que no tenga gran número de caballos ni pretenda volver al pueblo a Egipto, porque Yahvé, tu Dios, ha dicho: “No volváis nunca jamás por ese camino.” Que 110 tenga mujeres en gran número, para que no se desvíe su corazón; ni grandes cantidades de oro y plata." En cuanto se siente en el trono de su realeza, escribirá para sí en un libro una copia de esta Ley, que se halla en poder de los sacerdotes levíticos. La tendrá consigo y la leerá todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Yahvé, su Dios, y a guardar todas las palabras de esta Ley y todos estos mandamientos, y los ponga por obra, para que no se alce su corazón sobre el de sus hermanos y no se aparte ni a la derecha ni a la izquierda, y así prolongue los días de su reinado, él y sus hijos, en medio de Israel.” “Los sacerdotes levíticos, toda la tribu de Leví, no tendrán parte y heredad en Israel; se mantendrán de los sacrificios de combustión a Yahvé y de la heredad de éste." No tendrán heredad en medio de sus hermanos; Yahvé es su heredad, como él se lo ha dicho." Estos serán los derechos de los sacerdotes sobre el pueblo, sobre aquellos que ofrezcan en sacrificio un buey o una oveja: se dará al sacerdote el brazuelo, las mandíbulas y el cuajar. También le darás las primicias de tu trigo, de tu mosto y de tu aceite, y las primicias del esquileo de tus ovejas;" porque a él le ha elegido Yahvé, tu Dios, de entre todas las tribus de Israel para estar ante El y ministrar en nombre de Yahvé, él y sus hijos, por siempre. Si un levita sale de alguna de tus ciudades de todo Israel, donde peregrinó para venir con todo el deseo de su alma al lugar que Yahvé elegirá, ministrará en nombre de Yahvé, tu Dios, como todos sus hermanos los levitas que allí estén delante de Yahvé, y comerá una porción igual a la de los otros, excluyendo a los sacerdotes de los ídolos y a los magos.” “Cuando hayas entrado en la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará, no imites las abominaciones de esas naciones, y no haya en medio de ti quien haga pasar por el fuego a su hijo o a su hija, ni quien se dé a la adivinación, ni a la magia, ni a las hechicerías y encantamientos; ni quien consulte a encantadores, ni a espíritus, ni a adivinos, ni pregunte a los muertos." Es abominación ante Yahvé cualquiera que esto hace, y precisamente por tales abominaciones arrojará Yahvé, tu Dios, de delante de ti a esas gentes. Sé puro ante Yahvé, tu Dios. Esas gentes que vas a desposeer consultan a hechiceros y adivinos; pero a ti nada de eso te permite Yahvé, tu Dios." Yahvé, tu Dios, te suscitará de en medio de ti, de entre tus hermanos, un profeta como yo; a él le oirás," precisamente como a Yahvé, tu Dios, pediste en Horeb el día de la asamblea, diciendo: “Que no oiga yo la voz de Yahvé, mi Dios, y no vea este gran fuego para no morir.” Entonces me dijo Yahvé: “Dicen bien hablando así. Yo les suscitaré de en medio de sus hermanos un profeta como tú; pondré en su boca mis palabras, y él les comunicará cuanto yo le mande." A quien no escuchare las palabras que él dirá en mi nombre, yo le pediré cuenta. Pero el profeta que ose decir en nombre mío lo que yo le haya mandado decir o hable en nombre de otros dioses, debe morir. Y si te dices en tu corazón: ¿Cómo voy a conocer yo la palabra que no ha dicho Yahvé? Cuando un profeta te hable en nombre de Yahvé, si lo que dijo no se cumple, no se realiza, es cosa que no ha dicho Yahvé; en su presunción habló el profeta; no le temas.” “Cuando Yahvé, tu Dios, haya exterminado las naciones cuya tierra te dará, y las hayas desposeído, y habites en sus ciudades y en sus casas, te separarás tres ciudades de en medio de la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará en posesión;" allanarás los caminos y dividirás en tres regiones el territorio que Yahvé, tu Dios, te dará en heredad, para que todo homicida pueda refugiarse en esas ciudades. He aquí el caso en que el homicida que allí se refugie tendrá salva la vida: si mató a su prójimo sin querer, sin que antes fuera enemigo suyo ni ayer ni anteayer. Así, si uno va a cortar leña en el bosque con otro y, mientras maneja con fuerza el hacha para derribar el árbol, salta del mango el hierro y da a su prójimo y le mata, ése huirá a una de las ciudades, y tendrá salva la vida. Si no, el vengador de la sangre persiguiría en su furor al homicida, y, si el camino era demasiado largo, le alcanzaría y le heriría de muerte; y, sin embargo, ese hombre no merecía la muerte, pues que ni de ayer ni de anteayer tenía odio." Por eso te doy este mandato: Separa tres ciudades;" y si Yahvé, tu Dios, ensancha tus fronteras, como a tus padres se lo ha jurado, y te da toda la tierra que a tus padres juró darte, siempre que guardes y pongas por obra todos los mandamientos que te prescribo hoy, amando a Yahvé, tu Dios, y siguiendo todos sus caminos añadirás a esas tres otras ciudades, para que no sea derramada sangre inocente en medio de la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará por heredad y no caiga sangre sobre ti. Pero si uno que odiara a su prójimo le acechare, se echare sobre él y le hiriere mortalmente, y huyera a una de esas ciudades, los ancianos de la ciudad le mandarán prender y le entregarán en manos del vengador de la sangre para que muera. No tendréis piedad de él; quitarás de Israel sangre inocente y prosperarás.” “No moverás los términos de tu prójimo de donde los pusieron los antepasados en la heredad de tu propiedad, en la tierra que Yahvé, tu Dios, va a darte en posesión. Un solo testigo no vale contra uno en cualquier delito o en cualquier pecado, cualquiera que sea el pecado. En la palabra de dos o tres testigos se apoyará la sentencia. Si surgiere contra uno un testigo malo, acusándole de un delito, los dos interesados en la causa se presentarán ante Yahvé, ante los sacerdotes y los jueces en funciones en ese tiempo, quienes si, después de una escrupulosa investigación, averiguan que el testigo, mintiendo, había dado falso testimonio contra su hermano, le castigarán, haciéndole a él lo que él pretendía se hiciera con su hermano; así quitarás el mal de en medio de Israel." Los otros, al saberlo, temerán y no cometerán esa mala acción en medio de ti;" no tendrá tu ojo piedad; vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.” “Cuando vayas a hacer la guerra a tus enemigos, al ver los caballos y los carros de un pueblo más poderoso que tú, no los temerás, porque Yahvé, tu Dios, que te sacó de Egipto, está contigo. Cuando se vaya a dar la batalla, avanzará el sacerdote y hablará al pueblo, y le dirá: “¡Oye, Israel! Hoy vais a dar la batalla a vuestros enemigos; que no desfallezca vuestro corazón; no temáis, no os asustéis ni os aterréis ante ellos," porque Yahvé, vuestro Dios, marcha con vosotros para combatir con vosotros contra vuestros enemigos, y El os salvará.” Luego hablarán al pueblo los escribas, diciendo: “¿Quién ha construido una casa nueva y no la ha estrenado ? Que se vaya y vuelva a su casa, no muera en la batalla y sea otro el que la estrene. ¿Quién ha plantado una viña y no la ha vendimiado todavía? Que se vaya y vuelva a su casa, no sea que muera en la batalla y la vendimie otro. ¿Quién se ha desposado con una mujer y todavía no la ha tomado? Que se vaya y vuelva a su casa, no sea que muera en la batalla y la tome otro.” Los escribas seguirán hablando al pueblo y le dirán: “¿Quién tiene miedo y siente desfallecer su corazón? Que se vaya y vuelva a su casa, para que no desfallezca, como el suyo, el corazón de sus hermanos.” Cuando los escribas hayan acabado de hablar al pueblo, los jefes de las tropas se colocarán a la cabeza del ejército. Cuando te acercares a una ciudad para atacarla, le brindarás la paz. Si la acepta la gente de ella y te abre, será hecha tributaria y te servirá. Si en vez de hacer paces contigo quiere la guerra, la sitiarás;" y cuando Yahvé, tu Dios, la pusiere en tus manos, pasarás a todos los varones al filo de la espada;" pero las mujeres, y los niños, y los ganados, y cuanto haya en la ciudad, todo su botín, lo tomarás para ti, y podrás comer los despojos de tus enemigos que Yahvé, tu Dios, te dará. Así harás con todas las ciudades situadas lejos de ti que no sean de las ciudades de estas gentes. Pero en las ciudades de las gentes que Yahvé, tu Dios, te dará por heredad, no dejarás con vida a nada cuanto respira;" darás al anatema esos pueblos: a los jéteos, amorreos, canaiieos, fereceos, jeveos y jebuseos, como Yahvé, tu Dios, te lo ha mandado, para que no aprendáis a imitar las abominaciones a que esas gentes se entregan para con sus dioses y no pequéis contra Yahvé, vuestro Dios. Si para apoderarte de una ciudad enemiga tienes que hacer un largo asedio, no destruyas la arboleda metiendo en ella el hacha; come sus frutos y no los tales, que no es un hombre el árbol del campo para que pueda reforzar la defensa contra ti." Los árboles que veas que no son de fruto, podrás destruirlos y derribarlos, para hacer ingenios con que combatir a la ciudad en guerra contigo hasta que caiga.” “Si en la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará en posesión fuere encontrado un hombre muerto en el campo sin que se sepa quién le mató, tus ancianos y los jueces irán a medir las distancias del lugar donde está el cadáver hasta las ciudades del contorno. Los ancianos de la ciudad más próxima al lugar del cadáver tomarán una becerra que no haya trabajado, que no haya llevado sobre sí el yugo, y la llevarán a un valle inculto, que nunca haya sido arado ni sembrado; y allí, en el valle, la degollarán." Entonces vendrán los sacerdotes, hijos de Leví, porque a ellos los eligió Yahvé, tu Dios, para que le sirvan y para bendecir el nombre de Yahvé, y por su palabra ha de decidirse toda contestación y toda percusión. Y se llegarán todos los ancianos de la ciudad que esté más cerca del muerto y lavarán sus manos sobre la becerra degollada en el valle, y responderán: “No han derramado nuestras manos esta sangre ni lo han visto nuestros ojos;" expía a tu pueblo Israel, a quien redimiste, ¡oh Yahvé!, y no imputes la sangre inocente a tu pueblo Israel.” Y la sangre les será perdonada. Así quitarás de en medio de ti la sangre inocente y harás lo que es recto a los ojos de Yahvé.” “Cuando hagas la guerra a los pueblos enemigos y Yahvé, tu Dios, te los dé en tus manos y hagas cautivos, si entre ellos vieres a una mujer hermosa y la deseas, la tomarás por mujer, la entrarás en tu casa, y ella se raerá la cabeza y se cortará las uñas, y, quitándose los vestidos de su cautividad, quedará en tu casa; llorará a su padre y a su madre por tiempo de un mes; después entrarás a ella y serás su marido, y ella será tu mujer." Si después te desagradare, le darás la libertad y no la venderás por dinero ni la maltratarás, pues tú la humillaste.” “Cuando un hombre tenga dos mujeres, la una amada, la otra aborrecida, si la amada y la aborrecida le dieran hijos y el primogénito fuera de la aborrecida, el día en que distribuya sus bienes entre sus hijos no podrá dar a los hijos de la amada el derecho de primogenitura con preferencia al de la aborrecida si éste es el primogénito;" mas habrá de reconocer por primogénito al hijo de la aborrecida, dándole de sus bienes dos tantos, porque es el primogénito de su robustez, y suyo es el derecho de la primogenitura.” “Cuando uno tenga un hijo indócil y rebelde que no obedece a la voz de su padre ni a la de su madre, y aun castigándole no los obedece, lo tomarán su padre y su madre y lo llevarán a los ancianos de su ciudad; y a la puerta de ella" dirán a los ancianos de la ciudad: “Este hijo nuestro es indócil y rebelde y no obedece a nuestra voz; es un desenfrenado y un borracho”;" y le lapidarán todos los hombres de la ciudad. Así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel, al saberlo, temerá.” “Cuando uno que cometió un delito digno de la muerte sea colgado de un madero, su cadáver no quedará en la noche, no dejarás de enterrarlo el mismo día, porque el ahorcado es maldición de Dios, y no has de manchar la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará en heredad.” “Si encuentras perdidos el buey o la oveja de tu hermano, no te retires; llévaselos a tu hermano." Si tu hermano habita lejos de ti y no le conoces, recoge el animal en tu casa y tenlo contigo hasta que tu hermano venga a buscarlo y devuélveselo. Lo mismo harás con su asno, con su manto y con todo cuanto perdido encontrares. Si ves el asno de tu hermano o su buey caído en el camino, no te desentiendas; ayúdale a levantarlos.” “No llevará la mujer vestidos de hombre, ni el hombre vestidos de mujer, porque el que tal hace es abominación a Yahvé, tu Dios. Si en tus caminos encuentras un nido de pájaros, o en un árbol o en tierra, con pollos o con huevos, y la madre sobre ellos, no cojas la madre con los pollos;" deja libre a la madre y no cojas más que los pollos, para que seas dichoso y vivas largos años. Cuando construyas una casa nueva, pondrás un pretil en derredor de tu terrado; no eches sangre sobre tu casa si alguien se cayera de él.” “No plantes en tu viña una segunda simiente, porque todo sería declarado cosa santa, l0sembrado y el producto de la viña. No ares con buey y asno uncidos juntos. No lleves vestido tejido de lana y de lino juntamente. Te harás borlas en las cuatro puntas del vestido con que te cubras.” “Si un hombre, después de haber tornado mujer y haber entrado a ella, la aborreciere y la imputare falsamente delitos y la difamase, diciendo: “He tomado a ésta por mujer y cuando a ella entré no la hallé virgen,” el padre y la madre de ella tomarán las pruebas de su virginidad y las presentarán a los ancianos de la ciudad en las puertas. El padre de la joven dirá: “Yo he dado por mujer mi hija a este hombre, y él, habiéndola aborrecido, le imputa cosas deshonrosas, diciendo: No la he hallado virgen. Ahí están las pruebas de la virginidad de mi hija,” y desplegarán la sábana ante los ancianos de la ciudad. Éstos tomarán al hombre y le castigarán;" le impondrán una multa de cien siclos de plata, que entregarán al padre de la joven por haber esparcido la difamación de una virgen de Israel; tendrá que tomarla por mujer y nunca en la vida podrá repudiarla." Pero si la acusación fuese verdadera, habiéndose hallado no ser virgen la joven, la llevará a la entrada de la casa de su padre, y las gentes de la ciudad la lapidarán hasta matarla por haber cometido una infamia en Israel, prostituyéndose en la casa paterna; así quitarás el mal de en medio de ti." Si un hombre fuere sorprendido yaciendo con una mujer casada, serán muertos los dos, el hombre que yació con la mujer y la mujer. Así quitarás el mal de en medio de Israel. Si una joven virgen se desposó a un hombre y, encontrándola en tanto otro en la ciudad, yace con ella, los llevaréis a los dos a la puerta de la ciudad y los lapidaréis hasta matarlos; a la joven, por no haber gritado en la ciudad; al hombre, por haber deshonrado a la mujer de su prójimo." Pero, si fue en el campo donde el hombre encontró a la joven desposada y, haciéndola violencia, yació con ella, será sólo el hombre el que muera. A ella nada le harás; no hay en ella reato de muerte, porque es como si un hombre se arroja sobre otro y le mata; el caso es igual." Sorprendida en el campo, la joven gritó, pero no había nadie que la socorriese. Si un hombre encuentra una joven virgen, no desposada, la toma y yace con ella y fueren sorprendidos, el hombre que yació con ella dará al padre de la joven cincuenta siclos de plata, y ella será su mujer, por haberla él deshonrado, y no podrá repudiarla en su vida. -(23:1) Nadie tomará la mujer de su padre ni levantará la cubierta del lecho paterno.” -(2)“No será admitido en la asamblea de Yahvé aquel cuyos órganos genitales hayan sido aplastados o amputados, -(3) El fruto de una unión ilícita no será admitido en la asamblea de Yahvé; ni aun a la décima generación entrará." -(4) Amonitas y moabitas no serán admitidos ni aun a la décima generación; 11 0 entrarán jamás," -(5) porque no vinieron a vuestro encuentro con el pan y el agua en el camino cuando salisteis de Egipto y porque trajeron contra ti a Balaán, hijo de Beor, de Petur, de Aram Naharayim, para que te maldijera;" -(6) aunque Yahvé, tu Dios, no quiso oír a Balaán y mudó su maldición en bendición, porque Yahvé, tu Dios, te ama. -(7) No buscarás su amistad ni cuidarás de su bienestar jamás en los días de tu vida. -(8) No detestes al edornita, porque es hermano tuyo; no detestes al egipcio, porque extranjero fuiste en su tierra;" -(9) sus hijos a la tercera generación podrán ser admitidos en la asamblea de Yahvé.” -(10)“Cuando salgas en guerra contra tus enemigos, guárdate de toda cosa mala. -(11)Si hubiera alguno impuro por accidente nocturno, sálgase fuera del campamento -(12)y no entre hasta que, al caer de la tarde, se bañe en agua. A la puesta del sol podrá entrar en el campamento. -(13)Tendrás fuera del campamento un lugar donde agacharte para hacer tus necesidades, -(14)llevando, a más de las armas, un palo, con el que harás un hoyo para agacharte; y, después de haberte agachado, taparás tus excrementos;" -(15)porque Yahvé, tu Dios, anda en medio de tu campamento para protegerte y entregar en tu poder a tus enemigos, y tu campamento debe ser santo, para que Yahvé no vea en ti nada de indecente y no aparte de ti sus ojos.” -(16)“No entregarás a su amo un esclavo huido que se haya refugiado en tu casa. -(17)Tenle contigo en medio de tu tierra en el lugar que él elija, en una de tus ciudades, donde bien le viniera, sin causarle molestias.” -(18)“Que no haya prostituta de entre las hijas de Israel, ni prostituto de entre los hijos de Israel. -(19)No lleves a la casa de Yahvé ni la merced de una ramera ni el precio de un perro para cumplir un voto, que lo uno y lo otro es abominación para Yahvé, tu Dios.” -(20)“NO exijas de tus hermanos interés alguno ni por dinero, ni por víveres, ni por nada de lo que con usura se presta. -(21)Puedes exigírselo al extranjero, pero no a tu hermano, para que Yahvé, tu Dios, te bendiga en todas tus empresas en la tierra que vas a entrar para poseerla.” -(22)“Cuando hicieres un voto a Yahvé, tu Dios, no retardes el cumplimiento, pues Yahvé, tu Dios, de cierto te pedirá cuenta de ellos, y cargarías con un pecado. -(23)Si no haces voto, no cometes pecado;" -(24)pero la palabra salida de tus labios la mantendrás y la cumplirás conforme al voto libremente hecho a Yahvé, tu Dios, que tu boca pronunció.” -(25)“Sj entras en la viña de tu prójimo, podrás comer uvas hasta saciar tu apetito, pero no guardarlas en recipiente alguno tuyo. -(26)Si entras en la mies de tu prójimo, podrás tomar unas espigas con la mano, pero no meter la hoz en la mies de tu prójimo.” “Si un hombre toma una mujer y es su marido y ésta luego no le agrada porque ha notado en ella algo torpe, le escribirá el libelo de repudio y, poniéndoselo en la mano, la mandará a su casa. Una vez que de la casa de él salió, podrá ella ser mujer de otro hombre. Si también el segundo marido la aborrece y le escribe el libelo de repudio y, poniéndoselo en la mano, la manda a su casa, o si el segundo marido que la tomó por mujer muere, no podrá el primer marido volver a tomarla por mujer después de haberse ella marchado, porque esto es una abominación para Yahvé, y no has de llevar el pecado a la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará en heredad.” “Cuando un hombre sea recién casado, no irá a la guerra ni se le ocupará en cosa alguna; quede libre en su casa durante un año para contentar a la mujer que tomó.” “No tomarás en prenda las dos piedras de una muela, ni la piedra de encima, porque es tomar la vida en prenda.” “Si se descubriere que alguno secuestró a su hermano de entre los hijos de Israel para hacerle esclavo o que le vendió, el ladrón será condenado a muerte. Quitarás el mal de en medio de ti.” “Ten cuidado con la plaga de la lepra, guardando escrupulosamente y cumpliendo cuanto te digan los sacerdotes levitas; todo cuanto yo les he prescrito lo pondréis escrupulosamente por obra." Acuérdate de lo que con María hizo Yahvé, tu Dios, durante el camino, a la salida de Egipto.” “Si prestas algo a tu prójimo, no entrarás en su casa para tomar prenda;" esperarás fuera de ella a que el deudor te saque fuera la prenda. Si éste es pobre, no te acostarás sobre la prenda;" se la devolverás al ponerse el sol, para que él se acueste sobre su vestido y te bendiga, y esto será para ti justicia ante Yahvé, tu Dios.” “No oprimas al jornalero pobre e indigente, sea uno de tus hermanos o uno de los extranjeros que moran en tu tierra, en tus ciudades. Dale cada día su salario, sin dejar pasar sobre esta deuda la puesta del sol, porque es pobre y lo necesita. De otro modo, clamaría a Yahvé contra ti y tú cargarías con un pecado.” “No morirán los padres por la culpa de los hijos, ni los hijos por la culpa de los padres; cada uno sea condenado a muerte por sus pecados.” “No hagas injusticia al extranjero ni al huérfano, ni tornes en prenda las ropas de la viuda. Acuérdate de que esclavo fuiste en Egipto y de que Yahvé, tu Dios, te libró; por eso te mando hacer así.” “Cuando en tu campo siegues tu mies, si olvidas alguna gavilla, no vuelvas a buscarla; déjala para el extranjero, el huérfano y la viuda, para que te bendiga Yahvé, tu Dios, en todo trabajo de tus manos." Cuando sacudas tus olivos, no hagas tras de ti rebusco en sus ramas; déjalo para el extranjero, el huérfano y la viuda." Cuando vendimies tu viña, no hagas en ella rebusco; déjalo para el extranjero, el huérfano y la viuda." Acuérdate de que esclavo fuiste en Egipto, y por eso te mando hacer así.” “Si, cuando entre algunos hubiera pleito y, llegado el juicio, absolviendo los jueces al justo y condenando al reo, fuere el delincuente condenado a la pena de azotes, el juez le hará echarse en tierra y le hará azotar conforme a su delito, llevando cuenta de los azotes;" pero no le hará dar más de cuarenta, no sea que, pasando mucho de este número, quede tu hermano afrentado ante ti.” “No pongas bozal al buey que trilla.” “Cuando dos hermanos habitan uno junto al otro y uno de los dos muere sin dejar hijos, la esposa del muerto no se casará fuera con un extraño; su cuñado irá a ella y la tomará por mujer," y el primogénito que de ella tenga se alzará en nombre del hermano muerto para que su nombre no desaparezca de Israel. Si al hombre no le agrada tomar a su cuñada, subirá ésta a la puerta, a los ancianos, y les dirá: “Mi cuñado se niega a suscitar en Israel el nombre de su hermano; no quiere cumplir su obligación de cuñado tomándome por mujer.” Los ancianos de la ciudad le harán venir y le hablarán. Si persiste en la negativa y dice: “No me agrada tomarla por mujer,” su cuñada se acercará a él en presencia de los ancianos, le quitará del pie un zapato y le escupirá en la cara diciendo: “Esto se hace con el hombre que no edifica la casa de su hermano.” Y su casa será llamada en Israel la casa del descalzado.” “Si mientras riñen dos hombres, uno con otro, la mujer del uno, interviniendo para librar a su marido de las manos del que le golpea, agarrara a éste por las partes vergonzosas, le cortarás las manos sin piedad.” “No tendrás en tu bolso pesa grande y pesa chica. No tendrás en tu casa dos “efás,” uno grande y otro chico. Tendrás pesas cabales y justas, y “efás” cabales y justos, para que se alarguen tus días sobre la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará. Porque es abominación para Yahvé, tu Dios, quien eso hace, cometiendo una iniquidad.” “Acuérdate de lo que te hizo Amalee en el camino, a la salida de Egipto;" cómo, sin temor de Dios, te asaltó en el camino y cayó sobre los rezagados que venían detrás de ti cuando ibas tú cansado y fatigado. Cuando Yahvé, tu Dios, te dé el reposo, librándote de todos tus enemigos en derredor, en la tierra que El te dará en heredad para que la poseas, extinguirás la memoria de Amalee de debajo del cielo; no lo olvides.” “Cuando hubieres entrado en la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará en heredad y tornares posesión de ella y te establecieres, tomarás una parte de las primicias de todos los productos de tu suelo que coseches en la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará y, poniéndola en una cesta, irás al lugar que Yahvé, tu Dios, haya elegido para establecer en él su nombre. Te presentarás al sacerdote entonces en funciones y le dirás: “Yo reconozco hoy ante Yahvé, tu Dios, que he entrado en la tierra que Yahvé juró a nuestros padres darnos.” El sacerdote recibirá de tu mano la cesta y la pondrá delante del altar de Yahvé, tu Dios;" y, tomando de nuevo la palabra, dirás: “Un arameo errante fue mi padre, y bajó a Egipto en corto número para morar allí como forastero, y creció hasta hacerse gran muchedumbre, de mucha y robusta gente. Afligiéronnos los egipcios y nos persiguieron, imponiéndonos rudísimas cargas;" y clamamos a Yahvé Dios de nuestros padres, que nos oyó y miró nuestra humillación, nuestro trabajo y nuestra angustia, y nos sacó de Egipto con mano poderosa y brazo tendido, en medio de gran pavor, prodigios y portentos;" y nos introdujo en este lugar, dándonos una tierra que mana leche y miel. Por eso ofrezco ahora las primicias de la tierra que Yahvé me ha dado;” y las dejarás ante Yahvé, tu Dios; y, adorado Yahvé, tu Dios," te regocijarás con los bienes que Yahvé, tu Dios, te ha dado a ti y a tu casa; tú, el levita y el peregrino que mora en medio de ti.” “Cuando hubieras acabado de separar la décima de los frutos de tus campos, el año tercero, año del diezmo, darás de ella al levita, al peregrino, al huérfano y a la viuda para que coman y se sacien en tu ciudad, y dirás ante Yahvé, tu Dios: “He tomado de mi casa lo santo y se lo he dado al levita, al peregrino, al huérfano y a la viuda, conforme a lo que me has mandado; no he traspasado tus mandatos ni los he olvidado," no he comido nada de ello en mi luto, no he consumido nada en estado de impureza, no lo he dado a los muertos, he obedecido a la voz de Yahvé, mi Dios, y en todo he hecho lo que tú me has mandado;" mira desde tu santa morada, desde los cielos, y bendice a tu pueblo Israel y la tierra que nos has dado, como juraste a nuestros padres, la tierra que mana leche y miel.” “Hoy Yahvé, tu Dios, te manda que pongas por obra estos preceptos y mandatos, que los guardes y practiques con todo tu corazón y toda tu alma. Hoy has hecho que Yahvé te diga que él será tu Dios; y has prometido seguir sus caminos, guardar sus leyes, sus mandamientos y sus preceptos, y obedecer a su voz." Yahvé te ha dicho hoy que serás para él un pueblo singular, como ya te lo había dicho antes, guardando todos sus mandamientos;" y dándote el Altísimo, sobre todas las naciones que El ha hecho, la superioridad y la gloria, en fama y en esplendor, para que vengas a ser un pueblo santo para Yahvé, tu Dios, como El te lo ha dicho.” Moisés con todos los ancianos de Israel dio al pueblo esta orden: “Guardad todo mandamiento que yo os prescribo hoy. Cuando hayáis pasado el Jordán a la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará, levantarás grandes piedras, que revocarás de cal, y escribirás en ellas todas las palabras de esta Ley apenas hayas pasado para llegar a la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará; tierra que mana leche y miel, como Yahvé, tu Dios, se lo prometió a tus padres." Cuando paséis el Jordán alzaréis esas piedras, como yo te lo mando hoy, sobre el monte Ebal y las revocarás con cal. Alzarás allí un altar a Yahvé; un altar de piedras a las que no haya tocado el hierro;" alzarás con piedras brutas el altar a Yahvé, tu Dios, y ofrecerás sobre él holocaustos a Yahvé, tu Dios;" le ofrecerás sacrificios pacíficos y allí comerás y te regocijarás ante Yahvé, tu Dios;" escribirás sobre esas piedras todas las palabras de esta Ley con caracteres bien claros.” Moisés y los sacerdotes levitas hablaron a todo Israel, diciendo: “Guarda silencio, Israel, y escucha: Hoy eres el pueblo de Yahvé, tu Dios. Obedece, pues, a la voz de Yahvé, tu Dios, y pon por obra sus mandamientos y sus leyes que yo hoy te prescribo.” El mismo día dio Moisés al pueblo esta orden: “Cuando hayáis pasado el Jordán, Simeón, Leví, Judá, Isacar, José y Benjamín se estarán sobre el monte Garizim para la bendición del pueblo;" los otros, Rubén, Gad, Aser, Zabulón, Dan y Neftalí, sobre el monte Ebal, para la maldición. Los levitas alzarán la voz y dirán a todos los hombres de Israel: “¡Maldito quien haga escultura o imagen fundida, abominación a Yahvé, obra de artífice, y la ponga en lugar oculto!” Y todo el pueblo responderá: “¡Amén!” “¡Maldito quien deshonre a su padre o a su madre!” Y todo el pueblo responderá: “¡Amén!” ”¡Maldito quien reduzca los términos de su prójimo!” Y todo el pueblo responderá: “¡Amén!” “¡Maldito quien lleve al ciego fuera de su camino!” Y todo el pueblo responderá: “¡Arnén!” “¡Maldito quien haga entuerto al extranjero, al huérfano y a la viuda!” Y todo el pueblo responderá: “¡Amén!” “¡Maldito quien yace con la mujer de su padre para alzar la cubierta del lecho de su padre!” Y todo el pueblo responderá: “¡Amén!” “¡Maldito quien tuviere parte con una bestia cualquiera!” Y todo el pueblo responderá: “¡Amén!” ”¡Maldito quien yace con su hermana, hija de su padre o de su madre!” Y todo el pueblo responderá: “¡Amén!” “¡Maldito quien yace con su suegra!” Y todo el pueblo responderá: “¡Amén!” “¡Maldito quien ocultamente hiere a su prójimo !” Y todo el pueblo responderá: “¡Amén!” “¡Maldito quien reciba dones para herir de muerte una vida, sangre inocente!” Y todo el pueblo responderá: “¡Amén!” “¡Maldito quien no mantenga las palabras de esta Ley cumpliéndolas !” Y todo el pueblo responderá: “¡Amén!” “Si de verdad escuchas la voz de Yahvé, tu Dios, guardando diligentemente todos sus mandamientos que hoy te prescribo, poniéndolos por obra, Yahvé, tu Dios, te pondrá en alto sobre todos los pueblos de la tierra, y vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas bendiciones por haber escuchado la voz de Yahvé, tu Dios. Serás bendito en la ciudad y bendito en el campo. Será bendito el fruto de tu vientre y el fruto de tu suelo, el de tus bestias, las crías de tus vacas y las de tu grey. Bendita será tu canasta y bendita tu artesa. Bendito serás en tu entrar y bendito en tu salir. Pondrá Yahvé a tus enemigos, los que contra ti se alcen, en derrota delante de ti; vendrán contra ti por un camino y por siete caminos huirán delante de ti." Yahvé mandará la bendición para que te acompañe en tus graneros y en todo trabajo de tus manos. Te bendecirá en la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará. Yahvé te confirmará por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, si guardas los mandamientos de Yahvé, tu Dios;" y verán todos los pueblos de la tierra que está sobre ti el nombre de Yahvé y te temerán. Yahvé te colmará de dones y te bendecirá el fruto de tus entrañas, el fruto de tus ganados, el fruto de tu suelo, en la tierra que a tus padres juró darte. Yahvé te abrirá sus tesoros, el cielo, para dar a tu tierra la lluvia a su tiempo, bendiciendo todo el trabajo de tus manos. Prestarás a muchas gentes y de ninguna tomarás prestado. Pondráte Yahvé a la cabeza, no a la cola; estarás siempre en alto y nunca abajo si obedeces los mandatos de Yahvé, tu Dios, que yo te prescribo hoy, y los guardas y los pones por obra," sin apartarte ni a la derecha ni a la izquierda de todos los mandamientos que yo re prescribo hoy, no yéndote tras otros dioses para servirles.” “Pero si no obedeces a la voz de Yahvé, tu Dios, guardando todos sus mandamientos y todas sus leyes que yo te prescribo hoy, he aquí las maldiciones que sobrevendrán sobre ti: maldito serás en la ciudad y maldito en el campo, maldita tu canasta y maldita tu artesa, maldito será el fruto de tus entrañas y el fruto de tu suelo, y las crías de tus vacas y de tus ovejas;" maldito en tu entrar y en tu salir. Y Yahvé mandará contra ti la maldición, la turbación y la amenaza en todo cuanto emprendas hasta que seas destruido y perezcas bien pronto por la perversidad de tus obras, con que te apartaste de mí. Yahvé hará que se te pegue la mortandad hasta consumirte sobre la tierra en que vas a entrar para poseerla. Yahvé te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación, de ardor, de sequía, de quemadura, de podredumbre, que te perseguirán hasta destruirte. Tu cielo, sobre tu cabeza, será de bronce, y el suelo, bajo tus pies, de hierro. Yahvé mandará sobre tu tierra, en vez de lluvia, polvo y arena, que bajarán del cielo sobre ti hasta que perezcas. Yahvé hará que seas derrotado por tus enemigos; marcharás contra ellos por un camino y huirás por siete de ellos, y serás vejado en todos los reinos de la tierra." Tu cuerpo será pasto de todas las aves del cielo y de todas las bestias de la tierra, sin que haya nadie que las espante. Yahvé te herirá con las úlceras de Egipto, con almorranas, con sarna, con tina, de que no curarás. Yahvé te herirá de locura, de ceguera y de delirio;" en pleno día andarás palpando como palpa el ciego en tinieblas. No tendrá éxito ninguno de tus proyectos y te verás siempre oprimido y despojado, sin que nadie te socorra. Tomarás una mujer y otro la gozará, construirás una casa y no la habitarás tú. Tu buey será degollado a tus ojos y no lo comerás tú; tu asno te lo quitarán y no te lo devolverán; tus ovejas las tomarán tus enemigos y nadie te socorrerá;" tus hijos y tus hijas serán presa de otro pueblo; tus ojos lo verán y los buscarás todo el día, pero tu mano no tendrá fuerza para traértelos." El fruto de tu suelo y el producto de tu trabajo se lo comerá un pueblo que no conoces; serás siempre oprimido y aplastado." Te volverás loco a la vista de lo que con tus ojos contemplarás. Yahvé te herirá en tus rodillas y en tus muslos de úlcera maligna, que no curará, y te cubrirá de ellas desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza. Yahvé te hará ir a ti y a tu rey, al que sobre ti pongas, a un pueblo que no has conocido ni tú ni tus padres, y allí servirás a otros dioses, a leños y a piedras, y serás objeto de pasmo, de fábula y de burla en todos los pueblos a que Yahvé te llevará. Echarás en tu campo mucha simiente y cosecharás poco, porque se lo comerá la langosta. Plantarás viñas y las labrarás, pero no beberás su vino ni vendimiarás nada, porque se lo comerá el gusano. Tendrás en todo tu término olivos, pero no te ungirás con su aceite, porque la aceituna se caerá. Engendrarás hijos e hijas, pero no serán para ti, porque serán llevados cautivos. Todos tus árboles y todos los frutos de tu suelo los roerá la langosta. El extranjero que habita en medio de ti subirá por encima de ti cada vez más alto, y tú bajarás cada vez más bajo;" te prestará él, pero tú no le prestarás; él vendrá a ser cabeza, y tú cola." Vendrán sobre ti todas estas maldiciones y te perseguirán y te alcanzarán hasta que del todo perezcas por no haber obedecido la voz de Yahvé, tu Dios, guardando las leyes y los mandamientos que El te prescribía, y serán prodigio y portento en ti y en tu descendencia para siempre. Por no haber servido a Yahvé alegre y de buen corazón, en abundancia de bienes, habrás de servir en hambre, en sed, en desnudez y en la indigencia de todo a los enemigos que Yahvé mandará contra ti; él pondrá sobre tu cuello un yugo de hierro hasta que te destruya." Yahvé hará venir contra ti desde lejos, desde el cabo de la tierra, una nación que vuela como el águila, cuya lengua no conoces;" gente de feroz aspecto, que no tiene miramientos con el anciano ni perdona al niño, que devorará las crías de tus ganados y el fruto de tu suelo hasta que seas exterminado; no te dejará ni trigo, ni mosto, ni aceite, ni las crías de tus vacas y de tus ovejas hasta hacerte perecer." Pondrá sitio a todas tus ciudades hasta que caigan en tierra las altas y fuertes murallas en que habrás puesto tu confianza; te asediará en todas tus ciudades, en toda la tierra que Yahvé, tu Dios, te habrá dado." Comerás el fruto de tus entrañas, la carne de tus hijos y de tus hijas, que Yahvé, tu Dios, te habrá dado; tanta será la angustia y el hambre a que te reducirá tu enemigo." El hombre de entre vosotros más delicado y más hecho al lujo mirará con malos ojos a su hermano, a la mujer que en su seno reposa y a los hijos que todavía le queden, para no tener que dar a ninguno de ellos de la carne de sus hijos, que él se comerá por no quedarle otra cosa en el cerco y en la angustia a que te reducirá tu enemigo en todas tus ciudades. La mujer de en medio de ti más delicada, la más hecha al lujo, demasiado blanda y delicada para probar a poner sobre el suelo la planta de su pie, mirará con malos ojos al marido que en su seno reposa, a su hijo y a su hija, a las secundinas que salen de entre sus pies y al hijo que acabará de dar a luz; porque, faltos de todo, llegaréis hasta comer todo eso en secreto en el asedio y opresión a que te reducirá tu enemigo en tus ciudades." Si no cuidas de poner por obra todas las palabras de esta Ley escritas en este libro, temiendo este nombre glorioso y terrible de Yahvé, tu Dios, hará Yahvé portentosos tus azotes y los azotes de tu descendencia; azotes grandes y continuos, enfermedades graves y obstinadas;" arrojará sobre ti todas las plagas de Egipto, ante las cuales te aterrorizaste, y se pegarán a ti. Vendrá sobre ti toda otra clase de enfermedades y azotes no escritos en el libro de esta Ley. Yahvé te los echará encima hasta que seas exterminado; quedaréis pocos, cuando erais como las estrellas del cielo en muchedumbre, por no haber escuchado la voz de Yahvé, tu Dios." Así como se gozaba Yahvé en vosotros haciéndoos beneficios y multiplicándoos, así se gozará sobre vosotros arruinándoos y destruyéndoos. Así seréis exterminados de la tierra en que vais a entrar para posesionaros de ella, y te dispersará Yahvé por entre todos los pueblos del uno al otro cabo de la tierra; y allí servirás a otros dioses que ni tú ni tus padres conocisteis, leño y piedra." Tampoco en medio de estos pueblos tendrás tranquilidad ni hallarás punto donde posar tranquilamente la planta de tus pies; por lo contrario, te dará Yahvé un corazón pávido, unos ojos decaídos y un alma angustiada," y tendrás día y noche la vida pendiente como de un hilo ante ti; día y noche estarás temeroso y no tendrás seguridad;" a la mañana dirás: “¡Oh, si fuese de noche!” Y a la noche dirás: “¡Oh, si fuese de día!,” por el miedo que se apoderará de tu corazón y por lo que tus ojos verán. Acabará Yahvé por haceros volver en naves a Egipto, por el camino de que yo había dicho: “No volverás más por él”; allí seréis ofrecidos a vuestros enemigos en venta como esclavos y esclavas, y no habrá quien os compre.” Acabará Yahvé por haceros volver en naves a Egipto, por el camino de que yo había dicho: “No volverás más por él”; allí seréis ofrecidos a vuestros enemigos en venta como esclavos y esclavas, y no habrá quien os compre.” [ (Deuteronomy 28:69) -(29:1)Estas son las palabras de la alianza que mandó Yahvé a Moisés hacer con los hijos de Israel en la tierra de Moab, además de la alianza que con ellos hizo en Horeb. ] - -(1)Convocó Moisés a los hijos de Israel y les dijo: “Habéis visto todo cuanto a vuestros ojos hizo Yahvé en la tierra de Egipto al faraón, a todos sus servidores y a toda su tierra;" -(2)los grandes portentos que tus ojos vieron, los milagros y los prodigios grandes. -(3)Pero Yahvé no os ha dado todavía hasta hoy un corazón que entienda, ojos que vean y oídos que escuchen. -(4)Por cuarenta años os ha conducido a través del desierto; vuestros vestidos no se han envejecido sobre vosotros; tu sandalia no se ha envejecido en tu pie;" -(5)no habéis comido pan ni habéis bebido vino ni licor, para que sepáis que soy yo, Yahvé, vuestro Dios;" -(6)y al llegar a esta región, Seón, rey de Hesebón, y Og, rey de Basan, salieron contra ti en guerra, pero los derrotarnos -(7)y nos apoderamos de su tierra, dándosela en posesión a los rubenitas, gaditas y a media tribu de Manasés. -(8)Por eso debéis guardar todas las palabras de esta alianza, para asegurar el feliz éxito de cuanto emprendáis.” -(9)“Hoy estáis todos ante Yahvé, vuestro Dios; los jefes de vuestras tribus, los jueces, los ancianos, los oficiales, todos los varones de Israel;" -(10) y vuestros hijos, y vuestras mujeres, y todos los peregrinos que se hallan dentro del campamento, desde tu leñador hasta tu aguador, 11 para que hagas con Yahvé, tu Dios, tu alianza y tu juramento de hacerte El su pueblo y de tenerle tú a El por tu Dios, como se lo prometió y juró por ti a Abrahán, a Isaac y a Jacob. Pero no sólo con vosotros hago yo esta alianza y este juramento, sino con todos los que estáis hoy con nosotros ante Yahvé, nuestro Dios, y los que no están hoy con nosotros, Sabéis cómo hemos morado en la tierra de Egipto y cómo hemos pasado por entre los pueblos por que habéis pasado;" habéis visto sus abominaciones y sus ídolos, leño y piedra, plata y oro, que hay entre ellos. No haya, pues, entre vosotros hombre ni mujer, familia ni tribu, que se aparte hoy de Yahvé, nuestro Dios, para ir a servir a los dioses de esos pueblos; no haya entre vosotros raíz que produzca veneno o ajenjo;" nadie, al oír las palabras de este juramento, se bendiga en su corazón, diciendo: “Paz tendré aunque persista en el propósito de mi corazón”;" de modo que se una la sed a la gana de beber. -(19)Yahvé no perdonará a ése, sino que se encenderán contra él la cólera y el celo de Yahvé, se echarán sobre él todas las maldiciones escritas en este libro -(20)y Yahvé borrará su nombre de debajo de los cielos. -(21)Yahvé le elegirá para entregarle a la desventura de entre todas las tribus de Israel, conforme a las maldiciones de esta alianza escritas en el libro de esta Ley. -(22)Las generaciones venideras, los hijos que después de vosotros nacerán y los extranjeros que de lejanas tierras vengan, a la vista de las plagas y de las calamidades con que habrá castigado Yahvé a esta tierra -azufre y sal, quemada toda la tierra, sin sembrarse ni germinar, sin que nazca en ella la hierba, como la catástrofe de Sodoma y Gomorra, de Adama y Seboim, que destruyó Yahvé en su furor —, -(23)dirán todos: “¿Cómo es que así ha dejado Yahvé a esta tierra? ¿Qué ira y furor tan grande ha sido éste?” -(24)Y les contestarán: “Es por haber roto el pacto de Yahvé, el Dios de sus padres, que con ellos hizo cuando los sacó de Egipto;" -(25)se fueron a servir a dioses extraños y les sirvieron; dioses que no conocían y que no eran sus dioses," -(26)y se encendió el furor de Yahvé contra esta tierra, y echó sobre ella todas las maldiciones que están escritas en este libro;" -(27) y los arrancó Yahvé de esta tierra con cólera, con furor, con gran indignación, y los arrojó a otras tierras como están hoy. -(28)Las cosas ocultas sólo son para Yahvé, pero las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos por siempre, para que se cumplan todas las palabras de esta Ley.” “Cuando te sobrevengan todas estas cosas y traigas a la memoria la bendición y la maldición que hoy te propongo, y en medio de las gentes a las que te arrojará Yahvé, tu Dios, te conviertas a Yahvé, tu Dios, y obedezcas a su voz, conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y toda tu alma, también Yahvé, tu Dios, reducirá a tus cautivos, tendrá misericordia de ti y te reunirá de nuevo en medio de todos los pueblos entre los cuales te dispersó. Aunque se hallasen tus hijos dispersos en el último cabo de los cielos, de allí los reunirá Yahvé, tu Dios, y de allí irá a tomarlos. Yahvé, tu Dios, volverá a traerte a la tierra que poseyeron tus padres, y volverás a poseerla, y El te bendecirá y te multiplicará más que a ellos. Circuncidará Yahvé, tu Dios, tu corazón y el corazón de tus descendientes, para que ames a Yahvé, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, y vivas. Por lo contrario, Yahvé, tu Dios, arrojará todas estas maldiciones sobre tus enemigos, sobre los que te odiaron y te persiguieron, y tú obedecerás a la voz de Yahvé, tu Dios, cumpliendo todos sus mandatos que hoy te propongo. Te hará abundar Yahvé en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tus ganados, en el fruto de tu tierra, y te bendecirá, porque volverá a complacerse Yahvé en hacerte bien, como se complacía en hacérselo a tus padres;" si, obedeciendo a la voz de Yahvé, tu Dios, guardas todos sus preceptos y mandatos, como está escrito en esta Ley, y te conviertes a Yahvé, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma.” “En verdad, esta Ley que hoy te impongo no es muy difícil para ti ni es cosa que esté lejos de ti. No está en los cielos para que puedas decir: “¿Quién puede subir por nosotros a los cielos para cogerla y dárnosla a conocer, y que así la cumplamos?” No está al otro lado de los mares para que puedas decir: “¿Quién pasará por nosotros al otro lado de los mares para cogerla y dárnosla a conocer, y que así la cumplamos?” La tienes enteramente cerca de ti; la tienes en tu boca, en tu mente, para poder cumplirla.” “Mira: hoy pongo ante ti la vida con el bien, la muerte con el mal. Si oyes el precepto de Yahvé, tu Dios, que hoy te mando, de amar a Yahvé, tu Dios, seguir sus caminos y guardar sus mandamientos, decretos y preceptos, vivirás y te multiplicarás, y Yahvé, tu Dios, te bendecirá en la tierra en que vas a entrar para poseerla. Pero, si se aparta tu corazón y no escuchas, sino que te dejas arrastrar a la adoración y al servicio de otros dioses, hoy te anuncio que irás a la segura ruina y que no durarás largo tiempo sobre la tierra a cuya conquista vas después de pasar el Jordán. Yo invoco hoy por testigos a los cielos y a la tierra de que os he propuesto la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge la vida, para que vivas, tú y tu descendencia, amando a Yahvé, tu Dios; obedeciendo a su voz y adhiriéndote a El, porque en eso está tu vida y tu perduración: en habitar la tierra que Yahvé juró dar a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob.” Así que Moisés acabó de dirigir estas palabras a todo Israel, dijo de nuevo: “Yo ya tengo ciento veinte años; no puedo ya salir ni entrar; además, me ha dicho Yahvé: Tú no pasarás el Jordán." Yahvé, tu Dios, pasará delante de ti, y destruirá delante de ti a todas esas gentes, y tú las heredarás. Josué pasará delante de ti, como te lo ha dicho Yahvé, y hará Yahvé con ellos como hizo con Seón y Og, reyes de los amorreos, y con su tierra, destruyéndolos;" y os los entregará Yahvé, y haréis con ellos conforme a todo cuanto yo os he mandado;" esforzaos, pues; tened ánimo y no temáis ante ellos ni les tengáis miedo, que Yahvé, tu Dios, va contigo, y no te dejará ni te desamparará.” Llamó, pues, Moisés a Josué y le dijo ante todo Israel: “Esfuérzate y ten ánimo, porque tú has de entrar con este pueblo en la tierra que a sus padres juró Yahvé darles, y tú los pondrás en posesión de ella;" y Yahvé marchará delante de ti, estará contigo y no te dejará ni te abandonará; por esto no has de temer ni acobardarte.” Escrita esta Ley, entregósela Moisés a los sacerdotes, hijos de Leví, que llevan el arca de la alianza de Yahvé, y a todos los ancianos de Israel, mandándoles: “Al fin de cada septenio, al llegar el año de la remisión, en la fiesta de los Tabernáculos, cuando vendrá todo Israel a presentarse ante Yahvé, tu Dios, en el lugar que El elija, leerás esta Ley ante todo Israel, a sus oídos. Reunirás al pueblo, hombres, mujeres y niños, y a todos los peregrinos que se hallen en tus ciudades, para que la oigan y aprendan a temer a Yahvé, vuestro Dios, y estén siempre atentos a cumplir todas las palabras de esta Ley. Especialmente vuestros hijos, que nada saben de ella, habrán de oírla, para aprender a temer a Yahvé, vuestro Dios, todo el tiempo que viváis sobre la tierra a la cual os dirigís, en pasando el Jordán, para apoderaros de ella.” Entonces dijo Yahvé a Moisés: “Mira que ya se acerca para ti el día de tu muerte; llama, pues, a Josué, y esperad a la entrada del tabernáculo de la reunión que le dé yo mis órdenes.” Fueron, pues, Moisés y Josué y esperaron a la entrada del tabernáculo de la reunión." Aparecióse Yahvé en el tabernáculo, en la columna de nube, a la entrada del tabernáculo, y dijo Yahvé a Moisés: “He aquí que vas ya a dormirte con tus padres, y este pueblo se levantará y se prostituirá ante dioses ajenos, los de la tierra adonde va, y me dejará y romperá mi pacto, el que con él he hecho;" y se encenderá entonces mi furor contra él, y yo los abandonaré y esconderé de ellos mi rostro, y los devorarán, y vendrán sobre ellos muchos males y aflicciones; y entonces se dirán: ¿No es por no estar ya mi Dios en medio de mí por lo que sobre mí han venido todos estos males y aflicciones?" Y yo entonces ocultaré mi rostro de ellos por tanto mal como hicieron yéndose tras otros dioses. Escribid, pues, este cántico; enseñádselo a los hijos de Israel, ponédselo en su boca, para que este cántico me sirva de testimonio contra los hijos de Israel;" porque cuando yo los haga entrar en la tierra que con juramento prometí a sus padres, tierra que mana leche y miel; cuando hayan comido y se hayan hartado y hayan engordado, se volverán a otros dioses y los servirán, y a mí me despreciarán y romperán mi alianza." Y cuando venga sobre ellos una muchedumbre de males y aflicciones, este cántico dará testimonio contra ellos, porque no se dará al olvido en la boca de sus descendientes. Porque yo conozco su índole y veo lo que hoy hace aun antes de haberle introducido en la tierra que juré darles.” Escribió, pues, Moisés este cántico aquel día y se lo enseñó a los hijos de Israel. A Josué, hijo de Nun, le mandó y le dijo: “Esfuérzate y ten ánimo, que tú introducirás a los hijos de Israel en la tierra que les he jurado y yo seré contigo.” Y, acabado que hubo Moisés de escribir en un libro las palabras de esta Ley hasta terminarla, mandó a los levitas que llevaban el arca de la alianza de Yahvé, diciendo: “Tomad este libro de la Ley y ponedlo en el arca de la alianza de Yahvé, vuestro Dios; que esté allí como testimonio contra ti;" porque yo conozco tu rebeldía y tu cerviz; aun viviendo yo hoy con vosotros, sois rebeldes a Yahvé, ¡cuánto más después que yo muera!" Congregad a todos los ancianos de vuestras tribus y a vuestros escribas, que quiero proferir, oyéndolo ellos, estas palabras, invocando como testigos contra ellos a los cielos y a la tierra;" pues sé bien que después de mi muerte os pervertiréis del todo y os apartaréis del camino que os he mandado, y que en tiempos venideros os alcanzará la desventura por haber hecho lo que es malo a los ojos de Yahvé, irritándole con las obras de vuestras manos.” Moisés pronunció a oídos de la asamblea de Israel las palabras de este cántico hasta el fin.” “Escuchad, cielos, y hablaré, y oiga la tierra las palabras de mi boca. Caiga a gotas, como la lluvia, mi doctrina. Destile como el rocío mi discurso, como la llovizna sobre la hierba, como las gotas de la lluvia sobre el césped. Porque voy a celebrar el nombre de Yahvé. ¡Dad gloria a nuestro Dios! ¡El es la Roca! Sus obras son perfectas, todos sus caminos son justos; es fiel y no hay en El iniquidad. Es justo, es recto.” “Indignamente se portaron con El sus hijos, generación malvada y perversa. ¿Así pagas a Yahvé, pueblo loco y necio? ¿No es El el padre que te crió, el que por sí mismo te hizo y te formó?” “Trae a la memoria los tiempos pasados, atiende a los años de todas las generaciones; pregunta a tu padre, y te enseñará;" Cuando distribuyó el Altísimo su heredad entre las gentes, cuando dividió a los hijos de los hombres, estableció los términos de los pueblos según el número de los hijos de Israel. Pues la porción propia de Yahvé es su pueblo, su lote hereditario es Jacob. Le halló en tierra desierta, en región inculta, entre aullidos de bestias; le rodeó y le enseñó, le guardó como la niña de sus ojos." Como el águila que incita a su nidada revolotea sobre sus polluelos, así El extendió sus alas y los cogió, y los llevó sobre sus plumas. Sólo Yahvé le guiaba; no estaba con El ningún dios ajeno." Le subió a las alturas de la tierra, le nutrió de los frutos de los campos, le dio a chupar miel de las rocas, y aceite de durísimo sílice. La nata de las vacas y la leche de las ovejas, con la grosura de los corderos y los carneros, de los toros de Basan y de los machos cabríos. Con la flor de trigo bebiste la sangre de la uva, la espumosa bebida.” “Comió Jacob y se hartó, engordó Yesurún y recalcitró — engordaste, te cebaste, te henchiste —, y volvió la espalda a Dios, su Hacedor, y despreció al Dios de su salvación. Provocáronle con dioses ajenos, irritándole con abominaciones;" inmolaron a demonios, a no-dioses, a dioses que no habían conocido, nuevos, de ha poco advenedizos, a los que no sirvieron sus padres. De la Roca que te crió te olvidaste, diste al olvido a Dios, tu Hacedor.” “Y violo Yahvé, y se irritó, hastiado por sus hijos y sus hijas. Dijo: “Esconderé de ellos mi rostro, veré cuál será su fin, porque es una generación perversa, hijos sin fidelidad alguna. Ellos me han provocado con no-dioses, me han irritado con vanidades; yo los provocaré a ellos con no-pueblo y los irritaré con gente insensata." Ya se ha encendido el fuego de mi ira, y arderá hasta lo profundo del “seol,” y devorará la tierra con sus frutos Amontonaré sobre ellos males y más males, lanzaré contra ellos todas mis saetas. Los consumirá el hambre y los devorará la fiebre y la nauseabunda pestilencia. Mandaré contra ellos los dientes de las fieras, y el veneno de los reptiles que se arrastran por el polvo. A los que fuera estén los matará la espada, y a los de dentro, el espanto. Lo mismo a mancebos que a doncellas, lo mismo al que mama que al encanecido.” “Ya hubiera dicho yo: Voy a exterminarlos del todo, voy a borrar de entre los hombres su memoria, si no hubiera sido por la arrogancia de los enemigos, porque se envanecerían sus perseguidores y dirían: Ha vencido nuestra mano, no es Yahvé quien ha hecho todo esto. Es gente sin consejo, no tienen conocimiento. Si fueran sabios, comprenderían esto y atenderían a lo que les espera. ¿Cómo puede uno solo perseguir a mil, y dos poner en fuga a diez mil, sino porque su Roca se los vendió y Yahvé los ha entregado? Porque no es como nuestra Roca la roca suya, son jueces nuestros mismos enemigos23 . De cierto, su vid es de la vid de Sodoma, de los campos de Gomorra sus sarmientos, sus uvas son uvas ponzoñosas, sus racimos son racimos amarguísimos, Veneno de dragones es su vino, veneno mortal de áspides.” “Acaso no tengo yo esto guardado, encerrado en mis archivos, para el día de la venganza y la retribución, para el tiempo en que resbalarán sus pies? Pues cerca está el día de su perdición y ya lo que les espera se aproxima. De cierto, Yahvé hará justicia a su pueblo y tendrá misericordia de sus siervos cuando vea que desapareció ya su fuerza Y dirá entonces: ¿Dónde están ahora sus dioses, la roca a que ellos se acogían;" los que comían las grasas de sus víctimas y bebían el vino de sus libaciones? Que se levanten ahora y os socorran y sean vuestros protectores. Ved, pues, que yo soy yo, yo solo, y que no hay Dios alguno más que yo. Yo doy la vida, yo doy la muerte; yo hiero, yo sano; no hay nadie que se libre de mi mano." Ciertamente, yo alzo al cielo mi mano y juro por mi eterna vida: Cuando yo afile el rayo de mi espada y tome en mis manos el juicio, yo retribuiré con mi venganza a mis enemigos y daré su merecido a los que me aborrecen. Emborracharé de sangre mis saetas, y mi espada se hartará de carne; de la sangre de los muertos y de los cautivos, de las cabezas de los jefes enemigos." Regocijaos, gentes, por su pueblo, porque ha sido vengada la sangre de sus siervos, le ha vengado de sus enemigos y hará la expiación de la tierra y de su pueblo.” Vino Moisés e hizo oír al pueblo todas las palabras de este cántico. Con él estaba Josué, hijo de Nun. Cuando hubo acabado de dirigir al pueblo estas palabras, añadió: “Meted en vuestro corazón todas las palabras que hoy os he pronunciado y enseñádselas a vuestros hijos para que escrupulosamente pongan por obra todas las palabras de esta Ley. Porque no es cosa indiferente para vosotros; es vuestra vida, y cumpliéndolo prolongaréis vuestros días sobre la tierra que vais a poseer pasando el Jordán.” Aquel mismo día habló Yahvé a Moisés, diciendo: “Sube a este monte de Abarim — el monte Nebo, en tierra de Moab, frente a Jericó — y contempla desde allí la tierra de Canaán, que voy a dar en posesión a los hijos de Israel;" y muere en ese monte que vas a subir y reúnete con tu pueblo, como murió Aarón, tu hermano, en el monte Hor y se reunió allí a los suyos;" porque pecasteis contra mí en medio de los hijos de Israel, en las aguas de Meribá, en Cades, en el desierto de Sin, no santificando mi nombre en medio de los hijos de Israel. Tú verás ante ti la tierra, pero no entrarás en esa tierra que voy a dar a los hijos de Israel.” He aquí las bendiciones con que antes de morir bendijo Moisés a los hijos de Israel. Dijo: “Yahvé, saliendo del Sinaí, Has hecho gracia al pueblo, todos los santos están en tu mano y están postrados a tus pies, levantándose a una orden tuya. Moisés nos ha prescrito la Ley. Su heredad es la casa de Jacob. Hízose El Rey de Yesurún cuando se reunieron los jefes del pueblo juntamente con las tribus de Israel.” “Viva Rubén y no se extinga aunque sean poco numerosos sus varones.” Y sobre Judá dijo: “Oye, ¡oh Yahvé!, la voz de Judá y tráele a su pueblo. Por él luchó tu mano, fuiste ayuda contra sus enemigos.” A Leví le dijo: “Da a Leví tus “tummim,” y tus “urim” a tu favorito, a quien probaste en Massá y con quien contendiste en las aguas de Meribá. El que dijo a su padre: No te conozco, y a sus hermanos no consideró, y desconoció a sus hijos por haber guardado tus palabras, por haber observado tu pacto. Ellos enseñarán tus juicios a Jacob, y tu Ley a Israel, y pondrán a tus narices el timiama, y el holocausto en tu altar. Bendice, ¡oh Yahvé!, sus bienes y acepta las obras de sus manos. Hiere el dorso de los que contra él se alcen, y los que le odien que no se levanten.” A Benjamín le dijo: “Amado de Yahvé, reposará siempre en seguridad. Es el Altísimo su protección19 , y descansará sobre sus espaldas.” A José le dijo: “Bendita de Yahvé sea tu tierra, de lo mejor del cielo arriba, y abajo, de las aguas del abismo;" de lo mejor de los frutos que madura el sol, de los frutos selectos de la luna;" de lo mejor de los viejos montes, de lo mejor de los antiguos collados;" de los dones exquisitos de la tierra y de su abundancia, gracioso don del que se apareció en la zarza; desciendan sobre la cabeza de José, sobre la frente del príncipe de sus hermanos." Como un toro primogénito es su gloria, son sus cuernos los cuernos del búfalo, con que postra a las gentes, a los términos todos de la tierra. Tales son las miríadas de Efraím, las miríadas de Manasés.” A Zabulón le dijo: “Gózate, Zabulón, en tus negocios, y tú, Isacar, en tus tiendas. Ellos llaman a los pueblos, y allí ofrecen sacrificios de justicia. Ellos chupan la abundancia de los mares, y los escondidos tesoros en la arena.” Y sobre Gad dijo: “Bendito el que ensanchó a Gad; como leona se halla tumbado, y desgarra el brazo y la cabeza." El se proveyó de las primicias, pues allí fue decretada su parte cuando se reunieron los príncipes del pueblo; ejecutó la justicia de Yahvé, y sus fallos justos con Israel.” Y sobre Dan dijo él: “Dan es un cachorro de león que salta de Basan.” Y sobre Neftalí dijo: “Neftalí, colmado de favores, lleno de la bendición de Yahvé, la mar y sus peces son su posesión.” Y sobre Aser dijo él: “Bendito Aser entre los hijos (de Jacob); sea él preferido entre sus hermanos; en el aceite meterá sus pies." De hierro y bronce son tus cerrojos; mientras vivas goces de reposo.” “No hay para Yesurún otro Dios; el que en auxilio suyo marcha sobre los cielos, y en su majestad sobre las nubes." Su refugio es el Dios eterno; su sostén, los brazos eternos. Expulsa delante de ti al enemigo y dice: ¡Extermina!" Habite Israel en seguridad, more aparte la fuente de Jacob, en la tierra del trigo y del mosto, cuyos cielos difunden el rocío. Venturoso tú, Israel. ¿Quién semejante a ti, pueblo salvado por Yahvé? El es tu escudo de defensa, El es la espada de tu gloria.” Subió Moisés desde los llanos de Moab al monte Nebo, a la cima del Fasga, que está frente a Jericó; y Yahvé le mostró la tierra toda, desde Galaad hasta Dan;" todo Neftalí, la tierra de Efraím con Manasés, toda la tierra de Judá hasta el mar occidental, el Negueb y todo el campo de Jericó, la ciudad de las palmas hasta Segor;" y le dijo Yahvé: “Ahí tienes la tierra que juré dar a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia se la daré; te la hago ver con tus ojos, pero no entrarás en ella.” Moisés, el siervo de Dios," murió en la tierra de Moab, conforme a la voluntad de Yahvé. El le enterró en el valle, en la tierra de Moab, frente a Bet-Fogor, y nadie hasta hoy conoce su sepulcro. Tenía, cuando murió, ciento veinte años, y ni se habían debilitado sus ojos ni se había mustiado su vigor. Los hijos de Israel lloraron a Moisés en los llanos de Moab durante treinta días, cumpliéndose los días de llanto por el duelo de Moisés. Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, pues había puesto Moisés sus manos sobre él. Los hijos de Israel le obedecieron, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. No ha vuelto a surgir en Israel profeta semejante a Moisés, con quien cara a cara tratase Yahvé;" ni en cuanto a las maravillas y portentos que Yahvé le mandó hacer en la tierra de Egipto contra el faraón y contra todos sus servidores y todo su territorio, ni en cuanto a su mano poderosa y a tantos terribles prodigios como hizo a los ojos de todo Israel. Después de la muerte de Moisés, siervo de Yahvé, habló Yahvé a Josué, hijo de Nun, ministro de Moisés, diciendo: “Moisés, mi siervo, ha muerto. Álzate ya, pues, y pasa ese Jordán, tú y tu pueblo, a la tierra que yo doy a los hijos de Israel. Cuantos lugares pise la planta de vuestros pies, os los doy, como prometí a Moisés. Desde el desierto hasta el Líbano y el río grande, el Eufrates, y hasta el mar grande, a occidente, será vuestro territorio. Nadie podrá resistir ante ti por todos los días de tu vida; yo seré contigo como fui con Moisés; no te dejaré ni te abandonaré." Esfuérzate y ten ánimo, porque tú has de introducir a este pueblo a posesionarse de la tierra que a sus padres juré darles. Esfuérzate, pues, y ten gran valor para cumplir cuidadosamente cuanto Moisés, mi siervo, te ha prescrito. No te apartes ni a la derecha ni a la izquierda, para que triunfes en todas tus empresas. Que ese libro de la Ley no se aparte nunca de tu boca; tenlo presente día y noche, para procurar hacer cuanto en él está escrito, y así prosperarás en todos tus caminos y tendrás buen suceso." ¿No te mando yo? Esfuérzate, pues, y ten valor; nada te asuste, nada temas, porque Yahvé, tu Dios, irá contigo adondequiera que tú vayas.” Dio, pues, Josué a los oficiales del pueblo esta orden: “Recorred el campamento y dad esta orden al pueblo: Preparaos y proveeos, porque dentro de tres días pasaréis ese Jordán para ir a ocupar la tierra que Yahvé, vuestro Dios, os da en posesión.” A los rubenitas y gaditas y a la media tribu de Manases les dijo: “Acordaos de lo que os mandó Moisés, siervo de Yahvé, diciéndoos: Yahvé, vuestro Dios, os ha concedido el reposo, dándoos esta tierra. Vuestras mujeres, vuestros niños y vuestros ganados quedarán en la tierra que Moisés os dio de este lado del Jordán; pero vosotros, armados, iréis delante de vuestros hermanos, todos vuestros hombres fuertes y valientes, y los auxiliaréis," hasta que Yahvé haya dado a vuestros hermanos el reposo, como a vosotros, tomando también ellos posesión de la tierra que Yahvé, vuestro Dios, les da. Después volveréis a la tierra que Moisés, siervo de Yahvé, os dio al lado de acá del Jordán, a oriente.” Ellos respondieron a Josué, diciendo: “Cuanto nos mandas lo haremos, y adondequiera que nos envíes iremos. Como en todo obedecimos a Moisés, así te obedeceremos a ti. Que quiera Yahvé, tu Dios, estar contigo, como estuvo con Moisés. Quien rebelándose contra tus órdenes te desobedezca, morirá. Esfuérzate y ten valor.” Josué, hijo de Nun, mandó en secreto dos espías desde Setim, diciéndoles: “Id a explorar la tierra y Jericó.” Puestos en camino, llegaron los dos hombres a Jericó y entraron en la casa de una cortesana de nombre Rahab y pararon allí. Al rey de Jericó le dieron noticia, diciendo: “Hombres de entre los hijos de Israel han llegado aquí durante la noche para explorar la tierra.” El rey mandó decir a Rahab: “Saca a esos hombres que han venido a ti y han entrado en tu casa, porque han venido para explorar toda la tierra.” Ella tomo a los dos hombres y los escondió en el terrado, y dijo: “Cierto que han venido hombres a mí, pero yo no sabía de dónde eran, y cuando esta tarde se iban a cerrar las puertas, han salido y no sé adonde han ido; daos prisa a perseguirlos y de seguro los alcanzaréis.” Pero ella los había subido al terrado y los había escondido debajo de tascos de lino que para ello dispuso en el terrado. Aquellos hombres fueron en su persecución por el camino que va a los vados del Jordán, y, una vez que salieron, se cerraron las puertas. Antes de que los espías se acostasen, subió Rahab al terrado y les dijo: “Yo sé que Yahvé os ha entregado esta tierra; el terror de vuestro nombre se ha apoderado de nosotros," pues hemos sabido cómo Yahvé, a vuestra salida de Egipto, secó las aguas del mar Rojo y cómo habéis tratado a los dos reyes de los amorreos del lado de allá del Jordán, Seón y Og, que disteis al anatema. Al saberlo, nuestro corazón ha desmayado, y todos se han acobardado ante vosotros; porque Yahvé, vuestro Dios, es Dios arriba, en los cielos, y abajo, sobre la tierra." Ahora, pues, os pido que me juréis por Yahvé que, como yo he tenido misericordia de vosotros, la tendréis vosotros también de la casa de mi padre y dejaréis la vida a mi padre, a mi madre, a mis hermanos y hermanas y a todos los suyos, y que nos libraréis de la muerte.” Los hombres le dijeron: “Te juramos por nuestra vida que, si no nos denuncias, cuando Yahvé nos entregue esta tierra, haremos contigo misericordia y fidelidad.” Ella los bajó con una cuerda por la ventana, pues su casa estaba adosada a la muralla. Antes les dijo: “Idos al monte, no sea que los que os persiguen den con vosotros; estad allí escondidos durante tres días, hasta que aquéllos estén de vuelta, y luego id vuestro camino.” Los hombres le dijeron: “Mira cómo habrás de hacer para que cumplamos el juramento que te hemos hecho: Cuando entremos en esta tierra, ata este cordón de hilo de púrpura a la ventana por la cual nos has descolgado y reúne contigo en tu casa a tu padre, a tu madre, a tus hermanos y a toda la casa de tu padre. Si alguno sale fuera de la puerta de tu casa, su sangre será sobre su cabeza y nosotros seremos inocentes; pero si alguien pone la mano sobre alguno de los que contigo estén en tu casa, su sangre sea sobre nuestra cabeza." Si nos denuncias, seremos libres del juramento que nos has pedido.” Ella respondió: “Sea como decís.” Luego los despidió y se fueron, y ella ató el cordón de púrpura a la ventana. Los espías se fueron al monte y se estuvieron escondidos allí tres días. Los que los perseguían los estuvieron buscando por el camino, sin hallarlos. Los dos espías, bajando del monte, repasaron el Jordán, se fueron a Josué, hijo de Nun, y le contaron todo lo sucedido, diciendo: “Cierto es que Yahvé ha entregado en nuestras manos toda esa tierra, pues los habitantes de ella están acobardados de nosotros.” Josué, levantándose bien de mañana, partió de Setim, él y todos los hijos de Israel, y, llegados al Jordán, hicieron allí alto y pasaron allí la noche antes de atravesarlo. Al cabo de tres días, los oficiales recorrieron el campamento y dieron al pueblo esta orden: “Cuando veáis el arca de la alianza de Yahvé, vuestro Dios, llevada por los sacerdotes, hijos de Leví, partiréis de este lugar donde estáis acampados y os pondréis en marcha tras ella;" pero, dejando entre vosotros y ella una distancia de dos mil codos, sin acercaros a ella, para que podáis ver el camino que habéis de seguir, pues no habéis pasado nunca por él.” Y Josué dijo al pueblo: “Santifícaos, porque mañana Yahvé hará prodigios en medio de vosotros.” Después habló Josué a los sacerdotes, diciendo: “Llevad el arca de la alianza e id delante del pueblo.” Ellos llevaron el arca de la alianza, adelantándose al pueblo. Yahvé dijo a Josué: “Hoy voy a comenzar a engrandecerte a los ojos de todo Israel, para que sepan que yo estoy contigo, como estuve con Moisés. Tú da esta orden a los sacerdotes que llevan el arca de la alianza: Cuando lleguéis al borde de las aguas del Jordán, os paráis en el Jordán.” Josué dijo a los hijos de Israel: “Acercaos y oíd las palabras de Yahvé, vuestro Dios.” Y dijo Josué: “En esto vais a conocer que el Dios vivo está en medio de vosotros y que no dejará de arrojar delante de vosotros a los cananeos, los jéteos, los jeveos, los fereceos, los guergueseos, los amorreos y los jebuseos. El arca de la alianza del dueño de toda la tierra va a entrar delante de vosotros en el Jordán. Tomad doce hombres de entre las tribus de Israel, uno por cada tribu;" y cuando los sacerdotes que llevan el arca de la alianza del dueño de toda la tierra pongan la planta de sus pies en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se partirán, y las que bajan de arriba se pararán en montón.” Cuando hubo salido el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán, precedidos por los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza, en el momento en que los que llevaban el arca llegaron al Jordán y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca se mojaron en la orilla de las aguas — pues el Jordán se desborda por todas sus orillas al tiempo de la siega —, las aguas que bajaban de arriba se pararon, se amontonaron a mucha distancia, desde la ciudad de Adam, que está cerca de Sartán, y las que bajaban hacia el mar del Araba, el mar de la Sal, quedaron enteramente partidas de las otras, y el pueblo pasó frente a Jericó. Los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza de Yahvé se estuvieron en seco a pie firme en medio del Jordán, mientras todo Israel pasaba en seco, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán. Cuando toda la gente hubo acabado de pasar el Jordán, Yahvé dijo a Josué: “Tomad de entre el pueblo doce hombres, uno por cada tribu, y dadles esta orden: De ahí, del lecho del Jordán, donde los sacerdotes han estado a pie firme, coged doce piedras, traedlas y depositadlas en el lugar donde acampéis esta noche.” Josué llamó doce hombres, que eligió entre los hijos de Israel, uno por tribu;" les dijo: “Id al medio del Jordán, ante el arca de Yahvé, vuestro Dios, y echaos al hombro una piedra cada uno, según el número de las tribus de los hijos de Israel, para que sea señal en medio de vosotros. Cuando un día os pregunten vuestros hijos: “¿Qué significan para vosotros estas piedras?” les responderéis: “Las aguas del Jordán se partieron ante el arca de la alianza de Yahvé; cuando ella pasó el Jordán, las aguas del río se dividieron; y esas piedras serán para siempre jamás un memorial para los hijos de Israel.” Los hijos de Israel cumplieron la orden de Josué. Tomaron del medio del Jordán doce piedras, como se lo mandó Yahvé a Josué, según el número de las tribus de los hijos de Israel, y, llevándolas consigo al lugar donde pasaron la noche, las depositaron allí. Josué alzó doce piedras en el lecho del Jordán, en el lugar donde habían estado a pie firme los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza, y allí han estado hasta hoy. Los sacerdotes que llevaban el arca se estuvieron a pie quieto en medio del Jordán, hasta que se hizo todo cuanto Yahvé había mandado a Josué decir al pueblo,, conforme a todo cuanto Moisés había ordenado a Josué, y el pueblo se; apresuró a pasar." Cuando el pueblo hubo acabado de pasar, el arca de Yahvé y los sacerdotes se pusieron al frente del pueblo. Los hijos de Rubén, los de Gad y la media tribu de Manases, armados, iban en vanguardia delante de los hijos de Israel, como se lo había mandado Moisés. Unos cuarenta mil hombres de ellos, armados en guerra, pasaron ante Yahvé a los llanos de Jericó. Aquel día engrandeció Yahvé a Josué a los ojos de todo Israel, y éstos le respetaron, como habían respetado a Moisés, todos los días de su vida. Yahvé habló a Josué, diciendo: “Manda a los sacerdotes que llevan el arca del testimonio que salgan del Jordán”;" y Josué dio a los sacerdotes esta orden: “Salid del Jordán”;" y en cuanto los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza de Yahvé salieron del medio del Jordán y asentaron la planta de su pie en la tierra seca, las aguas del río volvieron a su lugar y se desbordaron, como antes estaban, por todas las orillas. El pueblo salió del Jordán el día diez del mes primero y acampó en Gálgala, al límite oriental de Jericó. Josué alzó en Gálgala las doce piedras que habían cogido del Jordán, y dijo a los hijos de Israel: “Cuando un día os pregunten vuestros hijos: “¿Qué significan esas piedras?” instruid a vuestros hijos, diciendo: “Israel pasó este Jordán a pie enjuto;" porque Yahvé, vuestro Dios, secó delante de vosotros las aguas del Jordán, como lo había hecho Yahvé, vuestro Dios, con las aguas del mar Rojo, que secó delante de nosotros hasta que hubimos pasado, con las aguas del mar Rojo, que secó delante de nosotros hasta que hubimos pasado, [ (Joshua 4:25) (24) para que todos los pueblos de la tierra sepan que es poderosa la mano de Yahvé y vosotros conservéis siempre el temor de Yahvé, vuestro Dios. ] Cuando todos los reyes de los amórteos, a occidente del Jordán, y todos los reyes de los cananeos de cerca del mar supieron que Yahvé había secado las aguas del Jordán hasta que ellos pasaron, desmayó su corazón, y perdieron todo su valor ante los hijos de Israel. Entonces dijo Yahvé a Josué: “Hazte cuchillos de piedra y circuncida a los hijos de Israel. Hízose Josué cuchillos de piedra y circuncidó a los hijos de Israel en el collado de Aralot (collado de los Prepucios). He aquí por qué los circuncidó Josué: Todos los salidos de Egipto, los varones, todos los hombres de guerra, habían muerto en el desierto, durante el camino, después de la salida de Egipto. El pueblo que salió estaba circuncidado; pero los nacidos en el desierto durante el camino después de la salida de Egipto no habían sido circuncidados;" pues los hijos de Israel anduvieron durante cuarenta años por el desierto, hasta que perecieron todos los hombres de guerra salidos de Egipto, por no haber escuchado la voz de Yahvé. Yahvé les había jurado que no les dejaría ver la tierra que conjuramento había prometido a sus padres darles, la tierra que mana leche y miel. Los hijos de aquéllos les sucedieron en su lugar; y éstos son los que circuncidó Josué, porque estaban sin circuncidar, pues no habían sido circuncidados durante el camino." Cuando todos se circuncidaron, quedáronse en el campamento hasta curarse;" y Yahvé dijo a Josué: “Hoy he quitado de sobre vosotros el oprobio de Egipto.” Y aquel lugar fue llamado Caígala hasta hoy. Los hijos de Israel acamparon en Caígala; y allí, el día catorce del mes, celebraron la Pascua, a la tarde, en los llanos de Jericó." Comieron de los frutos de la tierra, desde el día después de la Pascua, panes ácimos y trigo tostado ya aquel mismo día;" y el día siguiente de comer de los frutos de la tierra, no tuvieron ya el maná, y comieron ya aquel año de los frutos de la tierra de Canaán. Estando Josué cerca de Jericó, alzó los ojos y vio que estaba un hombre delante de él, en pie, con la espada desnuda en la mano; y Josué se fue hacia él y le dijo: “¿Eres de los nuestros o de los enemigos?” Y él le respondió: “No; soy un príncipe del ejército de Yahvé, que vengo ahora.” Entonces Josué se prosternó rostro a tierra y, adorando, dijo: “¿Qué es lo que manda mi señor a su siervo?” Entonces Josué se prosternó rostro a tierra y, adorando, dijo: “¿Qué es lo que manda mi señor a su siervo?” [ (Joshua 5:16) (15) El príncipe del ejército de Yahvé dijo a Josué: “Descalza tus pies, pues el lugar que pisas es santo.” Hízolo así Josué. ] Tenía Jericó cerradas las puertas y bien echados sus cerrojos por miedo a los hijos de Israel, y nadie salía ni entraba en ella. Yahvé dijo a Josué: “Mira, he puesto en tus manos a Jericó, a su rey y a todos sus hombres de guerra. Marchad vosotros, todos los hombres de guerra, en torno a la ciudad, dando una vuelta en derredor suyo. Así haréis por seis días. Siete sacerdotes llevarán delante del arca siete trompetas resonantes. Al séptimo día daréis siete vueltas en derredor de la ciudad, yendo los sacerdotes tocando sus trompetas. Cuando ellos toquen repetidamente el cuerno potente y oigáis el sonar de las trompetas, todo el pueblo se pondrá a gritar fuertemente, y las murallas de la ciudad se derrumbarán. Entonces subirá el pueblo, cada uno enfrente de sí.” Josué, hijo de Nun, llamó a los sacerdotes y les dijo: “Llevad el arca de la alianza, y que siete sacerdotes vayan con siete trompetas resonantes delante del arca de Yahvé.” Dijo también al pueblo: “Marchad y dad también una vuelta a la ciudad, yendo los armados delante del arca de Yahvé.” Así que Josué hubo hablado al pueblo, los siete sacerdotes con las siete trompetas resonantes iban tocando las trompetas delante de Yahvé, y el arca de la alianza de Yahvé iba en pos de ellos. Los hombres de guerra iban delante de los sacerdotes que tocaban las trompetas, y la retaguardia, detrás del arca. Durante la marcha se tocaban las trompetas. Josué había dado al pueblo esta orden: “No gritéis ni hagáis oír vuestra voz, ni salga de vuestra boca una palabra hasta el día en que yo os diga: Gritad. Entonces gritaréis.” El arca de Yahvé dio una vuelta en derredor de la ciudad, una vuelta sola, y se volvieron al campamento, donde pasaron la noche. Al día siguiente se levantó Josué bien de mañana, y los sacerdotes llevaron el arca de Yahvé. Los siete sacerdotes que llevaban las siete trompetas resonantes delante del arca de Yahvé se pusieron en marcha tocando las trompetas. Los hombres de guerra iban delante de ellos, y detrás la retaguardia seguía al arca de Yahvé; y durante la marcha iban tocando las trompetas" Dieron el segundo día la vuelta en derredor de la ciudad y se volvieron al campamento; esto mismo hicieron por siete días." Al día siguiente se levantaron con el alba, y dieron del mismo modo siete vueltas alrededor de la ciudad. A la séptima, mientras los sacerdotes tocaban las trompetas, Josué dijo al pueblo: “Gritad, porque Yahvé os entrega la ciudad. La ciudad será dada a Yahvé en anatema, con todo cuanto en ella hay. Sólo Rahab, la cortesana, vivirá, ella y cuantos con ella estén en su casa, por haber escondido a los exploradores que habíamos mandado. Guardaos bien de lo dado al anatema, no sea que, tomando algo de lo que así habéis consagrado, hagáis anatema el campamento de Israel y traigáis sobre él la confusión. Toda la plata, todo el oro y todos los objetos de bronce y de hierro serán consagrados a Yahvé y entrarán en su tesoro.” Los sacerdotes tocaron las trompetas, y cuando el pueblo, oído el sonido de las trompetas, se puso a gritar clamorosamente, las murallas de la ciudad se derrumbaron, y cada uno subió a la ciudad frente de sí. Apoderándose de la ciudad, dieron al anatema todo cuanto en ella había, y al filo de la espada a hombres y mujeres, niños y viejos, bueyes, ovejas y asnos. Pero Josué dijo a los dos exploradores: “Entrad en la casa de Rahab, la cortesana, y sacad a esa mujer con todos los suyos, como se lo habéis jurado.” Los jóvenes, los espías, entraron y sacaron a Rahab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y a todos los suyos, y los pusieron en lugar seguro, fuera del campamento de Israel. Los hijos de Israel quemaron la ciudad con todo cuanto en ella había, salvo la plata y el oro y todos los objetos de bronce y de hierro, que pusieron en el tesoro de la casa de Yahvé. Josué dejó la vida a Rahab, la cortesana, y a la casa de su padre, que habitó en medio de Israel hasta hoy, por haber ocultado a los enviados por Jesué a explorar a Jericó. Entonces juró Josué, diciendo: “Maldito de Yahvé quien se ponga a reedificar esta ciudad de Jericó. Al precio de la vida de su primogénito ponga los cimientos; al precio de la de su hijo menor ponga las puertas.” Yahvé fue con Josué, y su fama se extendió por toda la tierra. Los hijos de Israel cometieron una prevaricación en lo del anatema. Acán, hijo de Jarmi, hijo de Zabdi, hijo de Zare, de la tribu de Judá, se apropió objetos de los dados al anatema, y la cólera de Yahvé se encendió contra los hijos de Israel. Josué mandó desde Jericó hombres hacia Hai, que está al oriente de Betel, y les dijo: “Id a explorar la tierra.” Llegaron y reconocieron Hai. De vuelta a Josué, le dijeron: “No se necesita que el pueblo todo se ponga en marcha contra la ciudad. Dos o tres mil hombres que suban bastarían para tomar Hai, pues sus habitantes son pocos en número; no es preciso que todo el pueblo se fatigue.” Pusiéronse, pues, en marcha unos tres mil hombres, que emprendieron la fuga ante los hombres de Hai. Las gentes de Hai les mataron unos treinta y seis hombres y los persiguieron desde la puerta hasta Sebarim, batiéndolos en la bajada. El corazón del pueblo desmayó y perdió todo valor. Josué rasgó sus vestiduras, y se postró rostro en tierra ante el arca de Yahvé, hasta por la tarde, él y los ancianos de Israel, y echaron polvo sobre sus cabezas. Josué dijo: “¡Oh Señor, Yahvé! ¿por qué has hecho pasar el Jordán a este pueblo, para entregarnos en manos de los amorreos, que nos destruyan? ¿Por qué no hemos sabido quedarnos al otro lado del Jordán? Por favor, Yahvé, ¿qué voy a poder decir yo después de haber vuelto Israel las espaldas ante los enemigos? Lo sabrán los cananeos y todos los habitantes de la tierra, y nos envolverán y harán desaparecer de la tierra nuestro nombre. Y ¿qué harás tú por la gloria de tu nombre?” Yahvé dijo a Josué: “Levántate; ¿por qué te echas sobre tu rostro?" Israel ha pecado y ha llegado a traspasar mi alianza, la que yo le he mandado guardar, hasta tomar cosas de las dadas al anatema, robarlas, mentir y guardarlas entre sus enseres. Por eso los hijos de Israel no han podido resistir ante sus enemigos y les dieron las espaldas, porque han venido a ser anatema. Ya no estaré yo en adelante en medio de ellos, si no quitáis de en medio de vosotros el anatema. Levántate, santifica al pueblo, y diles: “Santifícaos para mañana, porque así dice Yahvé, Dios de Israel: Hay en medio de ti, ¡oh Israel! un anatema, y no podrás resistir ante el enemigo mientras no hayas quitado el anatema de en medio de vosotros. Os acercaréis mañana por tribus; y la tribu que Yahvé señale, se acercará por familias; y la familia que señale Yahvé, se acercará por casas; y la casa señalada por Yahvé, se acercará por cabezas." El que fuere cogido en el anatema, será consumido por el fuego, por haber traspasado la alianza de Yahvé y haber cometido en Israel una maldad.” Al día siguiente de mañana, Josué hizo que se acercara Israel por tribus, y fue señalada la tribu de Judá. Hizo acercarse a las familias de Judá, y fue señalada la familia de Zare. Hizo acercarse a la familia de Zare, por casas, y fue señalada la casa de Zabdi. Hizo acercarse a la casa de Zabdi, por cabezas, y fue señalado Acán, hijo de Jazmi, hijo de Labdi, hijo de Zare, de la tribu de Judá. Josué dijo a Acán: “Hijo mío, anda, da gloria a Yahvé, Dios de Israel, y ríndele honor. Confiésame lo que has hecho, no me lo ocultes.” Acán respondió a Josué, diciendo: “Es cierto, soy yo el que ha pecado contra Yahvé, Dios de Israel. He aquí lo que he hecho: Vi entre los despojos un hermoso manto de Senaar, doscientos siclos de plata y una barra de oro de cincuenta siclos de peso, y, codicioso, los tome, y los enterré en medio de mi tienda, poniendo debajo el dinero.” Josué mandó entonces comisionados, que fueron corriendo a la tienda y vieron los objetos enterrados en la tienda de Acán, y debajo el dinero. Tomáronlo de en medio de la tienda y se lo llevaron a Josué y a los hijos de Israel, y lo depositaron ante Yahvé. Josué tomo a Acán, hijo de Zare, y le condujeron al valle de Acor. Josué dijo: “¿Por qué nos has puesto en perturbación? Pertúrbete a ti hoy Yahvé.” Y todo Israel le lapidó. Después de lapidado, fue quemado en el fuego, y echaron sobre Acán un gran montón de piedras, que todavía hoy subsiste. Yahvé aplacó el ardor de su cólera. Por eso se llamó a aquel lugar valle de Acor, hasta el día de hoy. Yahvé dijo a Josué: “No temas ni te acobardes. Toma contigo a todos los hombres de guerra, levántate y sube contra Hai. Mira, pongo en tus manos al rey de Hai, a su pueblo, su ciudad y su territorio. Trata a Hai y a su rey como trataste a Jericó y a su rey; pero el botín y el ganado, tomadlo para vosotros. Pon una emboscada detrás de la ciudad.” Josué se dispuso a subir con todos los hombres de guerra contra Hai. Escogió treinta mil, todos ellos hombres valerosos, y los hizo partir de noche, dándoles esta orden: “Estad sobre aviso; poneos en emboscada detrás de la ciudad, sin alejaros mucho, y estad todos prontos." Yo, con la gente que llevo conmigo, nos acercaremos a la ciudad, y cuando salgan a nuestro encuentro como la primera vez, huiremos ante ellos. Ellos saldrán en persecución nuestra; y cuando los hayamos atraído lejos de la ciudad, porque se dirán: Huyen delante de nosotros, como la primera vez;" entonces, saliendo vosotros de la emboscada, os apoderáis de la ciudad. Yahvé, vuestro Dios, la entregará en vuestras manos. Cuando la hayáis tomado, la incendiaréis. Haced según lo que ha dicho Yahvé. Ved, ésas son mis órdenes.” Josué los hizo partir; y ellos fueron a ponerse en emboscada entre Betel y Hai, al occidente de Hai. Josué pasó la noche en medio del pueblo." Levantóse Josué bien de mañana, y, después de revisar al pueblo, avanzó a la cabeza de él, él y los ancianos de Israel, contra Hai. Todos los hombres de guerra que estaban con él subieron y se acercaron; llegados frente a Hai, se detuvieron al norte de la ciudad, teniendo el valle entre ellos y Hai." Tomó Josué unos cinco mil hombres, y los puso en emboscada entre Betel y Hai, al occidente de la ciudad. Luego que todo el pueblo hubo tomado posiciones al norte de la ciudad, y la emboscada al occidente de ella, avanzó Josué durante la noche al medio del valle. Cuando el rey de Hai vio esto, se levantó de prisa, bien de mañana, para combatir a los hijos de Israel. Y sin saber que detrás de la ciudad había una emboscada contra ella, el rey, con todo su pueblo, se dirigió a un cierto lugar del llano. Josué y todo Israel, fingiéndose derrotados por ellos, huyeron por el camino del desierto;" se reunió toda la gente que había en la ciudad, para perseguirlos con gran griterío, y persiguieron a Josué, que los alejó así de la ciudad. No hubo ni uno de Hai que no saliera tras de Israel y le persiguiera, dejando abierta la ciudad. Yahvé dijo a Josué: “Tiende hacia Hai el dardo que llevas en la mano, porque voy a poner en tu poder la ciudad.” Josué tendió hacia la ciudad el dardo que tenía en la mano, y las gentes de la emboscada se levantaron prestamente del lugar donde estaban, y, corriendo, entraron en la ciudad, se apoderaron de ella y le pusieron fuego. Cuando los de Hai miraron atrás y vieron el humo que de la ciudad subía al cielo, ya no pudieron ponerse en salvo por ningún lado; pues el pueblo, que huía camino del desierto, se volvió contra los que le perseguían." Josué y todo Israel, viendo que la ciudad había sido tomada por los emboscados y cómo subía el humo de la ciudad, se volvieron y derrotaron a los de Hai;" los otros salieron de la ciudad a su encuentro; los de Hai se vieron envueltos por los de Israel, de un lado por unos, del otro por otros; y los de Israel los batieron, sin dejar ni un superviviente ni un fugitivo;" tomaron vivo al rey de Hai y se lo llevaron a Josué. Cuando Israel hubo acabado de exterminar en el campo a todos los habitantes de Hai, camino del desierto, por donde los habían perseguido, y todos hasta el último hubieron sido pasados a filo de espada, todo Israel se volvió a la ciudad y la pasaron también a filo de espada. El número de muertos aquel día fue de doce mil hombres y mujeres, todas las gentes de Hai. Josué no retiró la mano que tenía tendida con el dardo hasta que no hubo dado el anatema a todos los habitantes de Hai Los de Israel sólo reservaron para ellos el ganado y el botín de esta ciudad, como Yahvé se lo había mandado a Josué. Josué quemó a Hai, convirtiéndola en un montón de ruinas, que todavía hoy subsiste. Hizo colgar de un árbol al rey de Hai y le dejó allí hasta la tarde; a la puesta del sol dio orden de tomar el cadáver y arrojarlo a la puerta de la ciudad, echando sobre él un gran montón de piedras, que todavía subsiste hoy." Entonces Josué edificó un altar a Yahvé sobre el monte Ebal, según la orden que Moisés, siervo de Dios, había dado a los hijos de Israel, corno está escrito en el libro de la Ley de Moisés; un altar de piedras brutas a las cuales no había tocado el hierro. Ofrecieron en él holocaustos a Yahvé y sacrificios eucarísticos." Allí, sobre las piedras, escribió Josué una copia de la ley que Moisés había escrito delante de los hijos de Israel. Todo Israel, sus ancianos, sus oficiales y sus jueces, estaban a los dos lados del arca, ante los sacerdotes hijos de Leví que llevaban el arca de la alianza de Yahvé; los extranjeros, lo mismo que los hijos de Israel, una mitad del lado del monte Garizim, otra mitad del lado del monte Ebal, según la orden que Moisés, siervo de Dios, había dado antes, para comenzar a bendecir al pueblo de Israel." Leyó después Josué todas las palabras de la Ley, la bendición y la maldición, conforme a todo lo que está escrito en el libro de la Ley. Ni una palabra de cuanto había prescrito Moisés se omitió en la lectura que hizo Josué, en presencia de toda la asamblea, de los hijos de Israel, de mujeres y niños y de los extranjeros que iban en medio de ellos. Cuando supieron estos sucesos todos los reyes del lado de acá del Jordán, los de la montaña y los del llano y los de las costas del mar Grande, frente al Líbano; los jéteos, los amorreos, los cananeos, los fereceos, los jeveos y los jebuseos," se unieron todos para combatir a Josué y a Israel de común acuerdo. Los habitantes de Gabaón, al saber cómo había tratado Josué a Jericó y a Hai, recurrieron a la astucia y se pusieron en camino, llevando provisiones para el viaje. Tomaron sacos viejos sobre sus asnos, cueros viejos de vino, rotos y remendados;" zapatos viejos y recosidos para sus pies, y se pusieron vestidos viejos; todo el pan que traían para el camino estaba duro y hecho migas." Llegaron a Josué, al campamento de Caígala, y le dijeron a él y a los de Israel: “Venimos de muy lejanas tierras para hacer alianza con vosotros; hagámosla, pues.” Y los de Israel respondieron a aquellos jeveos: “Quizá vosotros habitáis en medio nuestro; ¿cómo vamos a poder hacer alianza con vosotros?” Ellos respondieron a Josué: “Somos siervos tuyos.” Y Josué les dijo: “¿Quiénes sois y de dónde venís?” Respondieron ellos: “Tus siervos vienen de muy lejanas tierras, por fama de Yahvé, tu Dios, pues hemos oído hablar de cuanto hizo en Egipto y de lo que ha hecho a los reyes de los amorreos de la otra parte del Jordán, Seón, rey de Hesebón, y Og, rey de Basan, que habitaba en Astarot. Por eso nuestros ancianos y todos los habitantes de nuestra tierra nos han dicho: “Tomad con vosotros provisiones para el camino e id a su encuentro y decidles: Somos siervos vuestros, haced alianza con nosotros. Aquí tienes nuestro pan; estaba caliente cuando lo cogimos en nuestras casas para el camino, el día en que partimos para venir a vosotros; y ahora, como veis, está seco y en migajas;" estos odres de vino eran nuevos cuando los llenamos; y ya los veis, rotos; nuestros vestidos y nuestros zapatos se han hecho viejos por lo largo del camino.” Los de Israel tomaron de sus provisiones, y sin consultar a Yahvé, Josué les otorgó la paz y concertó con ellos que les dejaría la vida, y también los príncipes de la asamblea les juraron. Tres días después de concertada la alianza supieron que eran vecinos suyos y que habitaban en medio de ellos. Los hijos de Israel partieron y llegaron a sus ciudades al tercer día. Eran sus ciudades Gabaón, Cafirá, Beriot y Quiriat-Jearim. No los destruyeron, por el juramento que los príncipes de la asamblea les habían hecho por el nombre de Yahvé, Dios de Israel; pero toda la asamblea murmuraba contra los príncipes." Los príncipes dijeron a la asamblea: “Nosotros les hemos jurado por Yahvé, Dios de Israel; no podemos, pues, tocarlos; pero he aquí cómo los trataremos: les dejaremos la vida, por no atraer sobre nosotros la cólera de Yahvé, por el juramento que les hemos hecho”;" -- y añadieron los príncipes: “Que vivan, pues, pero que sirvan de leñadores y aguadores para toda la congregación”; y se hizo como los príncipes dijeron." Josué hizo llamar a los gabaonitas, y les habló así: “¿Por qué nos habéis engañado, diciendo: Estamos muy alejados de vosotros, cuando habitáis en medio de nosotros? Ahora, pues, malditos sois, y no dejaréis de ser esclavos, para cortar la leña y sacar el agua para la casa de mi Dios.” Ellos respondieron a Josué, diciendo: “Es que supimos la orden que Yahvé, tu Dios, había dado a Moisés, su siervo, de que toda la tierra se os entregara y de que todos sus habitantes fueran exterminados delante de vosotros. Por eso tuvimos gran miedo por nuestras vidas, y por eso hemos hecho esto. Estamos en tus manos; trátanos como te parezca bueno y justo tratarnos.” Josué hizo de ellos lo que había dicho, y los libró de la mano de los hijos de Israel, para que no los matasen;" pero los destinó desde entonces a cortar la leña y a sacar el agua para la asamblea y para el altar de Yahvé, en el lugar que Yahvé eligiese, lo que hacen todavía hoy. Al saber Adonisedec, rey de Jerusalén, que Josué se había apoderado de Hai y que la había dado al anatema — como había hecho con Jericó y su rey, así hizo con Hai y su rey — y que los habitantes de Gabaón habían hecho paces con los de Israel y moraban entre ellos, temieron mucho, porque Gabaón era una gran ciudad, como una de las ciudades reales, más grande todavía que Hai, y sus hombres eran valientes. Adonisedec, rey de Jerusalén, mandó decir a Oham, rey de Hebrón; a Faram, rey de Jerimot; a Jafia, rey de Laquis, y a Davir, rey de Eglón:" “Subid a mí y prestadme vuestra ayuda para combatir a Gabaón, que ha hecho paces con Josué y con los hijos de Israel.” Cinco reyes de los amorreos: el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Jerimot, el rey de Laquis y el rey de Eglón, se juntaron y subieron con todos sus ejércitos, y acamparon cerca de Gabaón, asediándola. Los de Gabaón mandaron a decir a Josué, al campamento de Galgala: “No dejes de socorrer a tus siervos; sube prestamente a nosotros y socórrenos, porque se han unido contra nosotros todos los reyes de los amorreos que habitan en la montaña.” Josué subió a Gálgala, él y todos los hombres de guerra con él, todos los valientes guerreros. Yahvé había dicho a Josué: “No los ternas, porque te los entregaré en tus manos y ninguno de ellos podrá resistir ante ti.” Josué se echó sobre ellos de improviso; habían hecho la marcha desde Gálgala, andando toda la noche." Yahvé arrojó en medio de ellos la turbación ante Israel, e Israel los derrotó junto a Gabaón; y persiguiéndolos por el camino que va a Betorón, los batió hasta Azeca y Maceda." Cuando iban huyendo delante de los hijos de Israel en la bajada de Betorón, Yahvé hizo caer sobre ellos grandes piedras del cielo hasta Azeca, y murieron muchos, siendo más los muertos por las piedras de granizo que los muertos por la espada de los hijos de Israel. Aquel día, el día en que Yahvé entregó a los amorreos en las manos de los hijos de Israel, habló Josué a Yahvé, y a la vista de Israel, dijo: “Sol, detente sobre Gabaón; y tú, luna, sobre el valle de Ayalón." Y el sol se detuvo, y se paró la luna, hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos.” ¿No está esto escrito en el libro de Jaser? El sol se detuvo en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse, casi un día entero. No hubo, ni antes ni después, día como aquel en que obedeció Yahvé a la voz de un hombre, porque Yahvé combatía por Israel. Josué, con todo Israel, se tornó al campamento, a Caígala. Los cinco reyes huyeron y se refugiaron en la caverna de Maceda. Se lo comunicaron a Josué, diciendo: “Han sido hallados los cinco reyes, escondidos en la caverna de Maceda.” Josué dijo: “Rodad grandes piedras a la boca de la caverna y poned a unos cuantos hombres que la guarden;" pero vosotros no os paréis: perseguid al enemigo y picadle la retaguardia; no los dejéis entrar en sus ciudades, porque Yahvé, vuestro Dios, los ha entregado en vuestras manos.” Cuando Josué y los hijos de Israel los hubieron enteramente derrotado y batido, hasta exterminarlos, y se refugiaron en las ciudades fuertes los que pudieron escapar, se vino todo el pueblo tranquilamente al campamento, a Josué en Maceda, sin que hubiera quien moviese la lengua contra los hijos de Israel. Josué dijo: “Abrid la boca de la caverna, sacad a los cinco reyes y traédmelos.” Lo hicieron así, llevando a los cinco reyes, que sacaron de la caverna: el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Jerimot, el rey de Laquis y el rey de Eglón. Una vez delante de Josué, llamó éste a todos los hombres de Israel y dijo a los jefes de los hombres de guerra que le habían acompañado: “Acercaos y poned vuestro pie sobre el cuello.” Ellos se acercaron y pusieron su pie sobre su cuello, y Josué dijo: “No temáis y no os acobardéis; sed firmes y valientes, pues así tratará Yahvé a todos vuestros enemigos, contra los cuales combatís.” Después Josué hizo darles muerte y los mandó colgar de cinco árboles, y allí estuvieron colgados hasta la tarde. Al ponerse del sol los hizo bajar de los árboles y echarlos en la caverna donde se habían escondido, y pusieron a la boca de la caverna grandes piedras, que todavía se ven hoy allí. Aquel mismo día se apoderó Josué de Maceda y la destruyó con todos los vivientes que en ella había y su rey, pasándola a filo de espada. Dio al anatema la ciudad y a todos los vivientes que en ella había, sin dejar uno solo, y trató a su rey como había tratado al de Jericó. Pasó Josué con todo Israel de Maceda a Libna y la atacó. Yahvé la entregó también a las manos de Israel, con su rey, y la pasó a filo de espada a ella y a cuantos en ella había, sin dejar escapar uno, y a su rey le trató como había tratado al de Jericó. Pasó luego Josué, y con él todo Israel, de Libna a Laquis, y la atacó, acampando ante ella. Yahvé entregó a Laquis en las manos de Israel, que la tomó al segundo día y la pasó a filo de espada, con todos los vivientes que en ella había, como había hecho en Libna. Entonces Horam, rey de Gazer, subió para socorrer a Laquis; pero Josué le derrotó a él y a su pueblo, sin dejar escapar a nadie." Josué, y con él todo Israel, pasó de Laquis a Eglón; pusieron su campo junto a la ciudad y la atacaron." Aquel mismo día la tomaron y pasaron a filo de espada a todos los vivientes que había en ella, y la dieron al anatema, como habían hecho con Laquis. Josué, con todo Israel, subió de Eglón a Hebrón y atacaron la ciudad;" tomada, la pasaron a filo de espada a ella y a su rey, a todas las ciudades de ella dependientes y a todos los vivientes que en ellas se hallaban, sin dejar a nadie, como lo había hecho Josué en Eglón, y la dio al anatema con todos los vivientes que en ella había. Josué, y todo Israel con él, se volvió contra Dabir y la atacó;" tomada, con su rey y todas las ciudades de ella dependientes, las pasaron a filo de espada, y dieron al anatema a todos los vivientes que allí había, sin dejar escapar a nadie. Josué trató a Dabir y a su rey corno había tratado a Hebrón. Josué batió toda la tierra, la montaña, el mediodía, los llanos y las pendientes, con todos sus reyes, sin dejar escapar a nadie y dando al anatema a todo viviente, como lo había mandado Yahvé, Dios de Israel. Batiólos Josué desde Cadesbarne hasta Gaza y todo el territorio de GosénhastaGabaón. Josué tomo a todos sus reyes y toda su tierra en una sola expedición, porque Yahvé, Dios de Israel, combatió por Israel. Después Josué, y todo Israel con él, tornó al campamento, a Gálgala. Al tener noticia de estos sucesos Jabín, rey de Jasor, mandó una embajada a Jobab, rey de Madón; al rey de Simerón, al rey de Acsaf," y a los reyes que estaban al norte de la montaña, y en el Araba, al sur de Queneret, en la llanura, y en las alturas de Dor, al occidente, y a los cananeos de oriente y de occidente, a los amorreos, a los jéteos, a los fereceos, a los jebuseos de la montaña y a los jeveos del pie del Hermón, en el territorio de Masfa. Salieron con ellos todos sus ejércitos, gente Innumerable, como las arenas que hay a las orillas del mar, con una gran muchedumbre de caballos y carros. Reuniéronse todos y vinieron a acampar concentrados junto a las aguas de Merom para combatir a Israel. Yahvé dijo a Josué: “No los temas, porque mañana, a esta misma hora, yo te los daré traspasados delante de Israel: desjarretarás sus caballos y quemarás sus carros.” Josué y todos los hombres de guerra llegaron de improviso cerca de las aguas de Merom y se precipitaron sobre ellos. Yahvé los dio enteramente en manos de Israel, que los batió y persiguió hasta Sidón la grande, hasta las aguas de Misrefot y hasta el valle de Masfa, a oriente. Los batió sin dejar escapar uno solo. Josué los trató como Yahvé se lo había dicho; solto sus caballos y dio al fuego sus carros." Entonces se volvió Josué y tomó y pasó a su rey al filo de la espada. Jasor era antes la capital de todos estos reinos. Pasaron a filo de la espada a todos los vivientes que en ella se hallaban, dándolos todos al anatema; nada quedó de cuanto vivía, y Jasor fue dado a las llamas," -- Josué tomó todas las ciudades de estos reyes, y tomo a todos sus reyes y los pasó a filo de la espada, dándolos al anatema, como se lo había mandado Moisés, siervo de Yahvé. Israel no quemó ninguna de las ciudades de la montaña, fuera de Jasor, que incendió Josué. Todo el botín de estas ciudades y sus ganados los tomaron los hijos de Israel para ellos; pero pasaron a filo de espada a todos los hombres, hasta exterminarlos, sin dejar uno." Lo que había mandado Yahvé a Moisés, su siervo, lo mandó éste a Josué, que lo ejecutó sin quitar palabra de cuanto Yahvé había mandado a Moisés. Así se apoderó Josué de todo este territorio, de la montaña, de todo el mediodía, de todo el distrito de Gosen, de la llanura, del Araba, de la montaña de Israel y de sus llanos, desde la montaña desnuda que se alza hacia Seír, hasta Baal Gad, en el valle del Líbano, al pie del monte Hermón. Tomo a todos sus reyes y les dio muerte, La guerra que hizo Josué contra todos estos reyes duró largo tiempo;" no hubo ciudad que hiciese paces con los hijos de Israel, fuera de los jeveos, que habitaban en Gabaón; todas las tomaron por la fuerza de las armas;" porque era designio de Yahvé que estos pueblos endureciesen su corazón en hacer la guerra a Israel, para que Israel los diese al anatema, sin tener para ellos misericordia, y los destruyera, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. En este tiempo se puso Josué en marcha y exterminó a los enaquim de la montaña de Hebrón, de Dabir y de Anab, de toda la montaña de Judá y de toda la montaña de Israel. Josué los dio al anatema con todas sus ciudades. No quedó un enaquim en todo el territorio de los hijos de Israel; sólo quedaron en Gaza, en Gat y en Azoto.” Se apoderó Josué de todo el territorio, conforme a todo lo que Yahvé había dicho a Moisés, y se lo dio en heredad a Israel por partes, según sus tribus, y la tierra descansó de la guerra. He aquí los reyes de la tierra que batió Israel, apoderándose de sus territorios, al otro lado del Jordán, a oriente, desde el torrente del Arnón hasta el monte Hermón, y todo el Araba, a oriente: Seón, rey de los amorreos, residente en Hesebón; su dominio se extendía desde Aroer, a orillas del torrente del Arnón, y desde el medio de este valle, sobre la mitad de Galaad, hasta el torrente de Jacob, en la frontera de los hijos de Amón;" sobre el Araba hasta el mar de Queneret, a oriente, y sobre el mar del Araba, el mar de la Sal, a oriente, hacia Betjesimot, y del lado del mediodía, al pie de las pendientes del Pasga. El territorio de Og, rey de Basan, de los restos de los refaím, residentes en Astarot y en Edraí. Su dominio se extendía sobre la montaña de Hermón, sobre Saleja, sobre todo Basan, hasta la frontera de Garur y de Macat y hasta la mitad de Galaad, territorio de Seón, rey de Hesebón. Moisés, siervo de Dios, y los hijos de Israel los batieron; y Moisés, siervo de Yahvé, dio sus territorios en heredad a los rubenitas y gaditas y a media tribu de Manases." Reyes de la tierra que batió Josué y los hijos de Israel de este lado del Jordán, a occidente, desde Baal Gad, en el valle del Líbano, hasta la montaña desnuda que se alza hacia Seír, cuyos territorios dio Josué en heredad a las tribus de Israel, según sus familias, en la montaña, en la llanura, en el Araba, en las vertientes, en el desierto, en el Negueb; de los jéteos, de los amorreos, de los cananeos, de los fereceos, de los jeveos y de los jebuseos;" el rey de Jericó, el rey de Hai, cerca de Betel;" el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Jerimot, el rey de Laquis, el rey de Eglón, el rey de Guezer, el rey de Dabir, el rey de Gueder, el rey de Jorma, el rey de Arad, el rey de Libna, el rey de Odulam, el rey de Maceda, el rey de Betel, el rey de Tafuaj, el rey de Ofer, el rey de Afeg, el rey de Lasaron;" el rey de Madón, el rey de Jasor, el rey de Simerón, el rey de Acsaf, el rey de Tanac, el rey de Mageddo, el rey de Cades, el rey de Janeam, en el Carmelo;" el rey de Dor, en las alturas de Dor; el rey de Goyim, junto a Guilgal;" el rey de Tirsa. En todo, treinta y un reyes. Josué era ya viejo, entrado en años, y Yahvé le dijo: “Eres ya viejo, de edad avanzada, y queda todavía mucha tierra por conquistar. Mira lo que queda: todos los distritos de los filisteos y todo el territorio de Gesur;" desde el Sijor, que corre al oriente de Egipto, hasta la frontera de Acarón, hacia el norte, que se reputa como de los cananeos; los cinco príncipes de los filisteos: el de Gaza, el de Azoto, el de Ascalón, el de Gat y el de Acarón; los jeveos al mediodía;" toda la tierra de los cananeos, y Ara, que es de los sidonios, hasta Afee, hasta la frontera de los amorreos;" la tierra de los gueblitas y todo el Líbano a oriente, desde Baal Gad, al pie del monte Hermón, hasta la entrada de Hamat;" todos los habitantes de la montaña, desde el Líbano hasta las aguas de Misrefot; todos los sidonios. Yo los arrojaré de delante de los hijos de Israel. Pero distribuye por suertes esta tierra en heredad a los hijos de Israel, como yo lo he mandado." Ahora, pues, distribuye esta tierra entre las nueve tribus y la media de Manases. Con la otra mitad, los rubenitas y gaditas recibieron ya su heredad, que les dio Moisés al otro lado del Jordán, a oriente, como se la distribuyó Moisés, siervo de Yahvé: desde Aroer, a orillas del torrante del Arnón, y desde la ciudad que está en medio del valle, toda la llanura de Madaba hasta Dibón;" todas las ciudades de Seón, rey de los amorreos” que reinaba en Hesebón, hasta la frontera de los hijos de Am-món;" Galaad, el territorio de Gesur y de Macat, toda la montaña de Hermón y todo el Basan, hasta Saleca;" todo el reino de Og, en Basan, que remaba en Astarot, y en Edraí, y eran los últimos restos de los refaím. Moisés batió a estos reyes y los desposeyó;" pero los hijos de Israel no desposeyeron a los guesuritas y a los macatitas, y Gesur y Macat habitan en medio de ellos hasta hoy. La tribu de Levi fue la sola a que Moisés no dio heredad, porque las combustiones de Yahvé, Dios de Israel, son su heredad, como él se lo dijo. Moisés había dado a los hijos de la tribu de Rubén una parte según las familias. Tuvieron por territorio, a partir de Aroer, a orillas del torrente del Arnón y de la ciudad situada en medio del valle, toda la llanura hasta Madaba;" Hesebón y todas las ciudades del llano, Dibón, Bamot Baal, Bet Baal, Maón, Jahsa, Quedamot, Mefat, Quiryataím Sabama, Sa-rat Asar, en el monte del valle;" Bet Fogor, las pendientes del Pasga, Bet Jesimot, todas las ciudades del llano y todo el reino de Seón, rey de los amorreos, que remaba en Hesebón; Moisés le derrotó a él y a los príncipes de Madián, Eví, Requem, Sur, Jur y Rebe, tributarios de Seón, que habitaban la tierra." El adivino Balaam, hijo de Beor, fue también del número de los que los hijos de Israel pasaron a filo de espada. Así el territorio de los hijos de Rubén llegaba hasta el Jordán y sus riberas. Esta fue la heredad, las ciudades y sus pueblos, de los hijos de Rubén y sus familias. Moisés dio a la tribu de Gad una parte según sus familias. Su territorio comprendía: Jaser, todas las ciudades de Galaad, la mitad de la tierra de los hijos de Ammón hasta Aroer, que está enfrente de Raba, desde Hesebón hasta Ramat, Masfe y Betonim, y desde Majanaím hasta la frontera de Debir;" y en el valle de Bet Aram, Bet Nimra, Sucot y Safón, parte del reino de Seón, rey de Hesebón, el Jordán y sus riberas, hasta el cabo del mar de Queneret, del otro lado del Jordán, a oriente. Esta fue la heredad, ciudades con sus pueblos, de los hijos de Gad según sus familias. Moisés dio a la media tribu de Manases una parte, según sus familias. Tuvieron por territorio, a partir de Majanaím, todo Basan, todo el reino de Og, rey de Basan, y todos los burgos de Jair en Basan, sesenta ciudades;" la mitad de Galaad, Astarot y Edraí, ciudades del reino de Og en Basan, fueron dadas a Maquir, hijo de Manases, a la mitad de los hijos de Maquir, según sus familias. Estas son las partes que distribuyó Moisés, cuando estaba en los llanos de Moab, del otro lado del Jordán, frente a Jericó, a oriente. Pero Moisés no dio parte a la tribu de Leví; Yahvé, Dios de Israel, es su parte, como él se lo ha dicho." He aquí lo que los hijos de Israel recibieron en heredad en la tierra de Canaán; lo que les distribuyeron Eleazar, sacerdote; Josué, hijo de Nun, y los jefes de familia de las tribus de los hijos de Israel." Fue la suerte la que asignó su heredad, corno Yahvé se lo había mandado a Moisés, a las nueve tribus y a la media tribu de Manases. Pues Moisés había ya dado su heredad a dos tribus y a media de la de Manases, al otro lado del Jordán. No dio nada de la herencia a los levitas en medio de ellos. Los hijos de José formaban dos tribus, Manases y Efraím, y no se dio a los levitas parte en el territorio, fuera de las ciudades de su habitación y los campos de pastos para sus ganados y rebaños. Los hijos de Israel cumplieron lo que Yahvé había mandado a Moisés, y distribuyeron la tierra. Algunos de los hijos de Judá se acercaron a Josué, en Gálgala, y Caleb, hijo de Jefoné, el quineceo, le dijo: “Ya sabes lo que a Moisés, siervo de Dios, dijo Yahvé respecto de mí y de ti en Cadesbarne. Cuarenta años tenía yo cuando Moisés, siervo de Yahvé, me mandó de Cadesbarne para explorar la tierra, y yo le hice relación según la sinceridad de mi corazón. Mientras que mis hermanos, los que conmigo habían subido, descorazonaron al pueblo, yo seguí enteramente a Yahvé, mi Dios. Aquel día hizo Moisés este juramento: La tierra que pisaren tus pies será tu herencia y la de tus hijos perpetuamente, porque tú has seguido enteramente a Yahvé. Ahora, pues, Yahvé me ha conservado la vida, como lo prometió durante los cuarenta y cinco años transcurridos desde que Yahvé dirigió a Moisés esta palabra, mientras caminaba Israel por el desierto, y tengo ahora ochenta y cinco años;" pero ya ves que estoy fisicamente bien hoy, como lo estaba al tiempo en que Moisés me mandó; mi fuerza es ahora la misma de entonces para luchar, para salir y para entrar." Dame, pues, este monte, de que habló Yahvé aquel día, pues allí están los enaquim, y tienen ciudades grandes y fuertes; quizá quiera Yahvé estar conmigo y logre arrojarlos, según la palabra de Yahvé.” Josué bendijo a Caleb, hijo de Jefoné, y le dio Hebrón en heredad. Por eso Hebrón pertenece en heredad a Caleb, hijo de Jefoné, el quineceo, hasta el día de hoy, porque siguió enteramente a Yahvé, Dios de Israel. Hebrón se llamó antes Quiriat-Arbé. Arbé fue el hombre más grande de los enaquim. La tierra descansó de la guerra. La parte que en suerte tocó a la tribu de los hijos de Judá, según sus familias, se extendía hasta la frontera de Edorn, en el desierto de Sin, al mediodía por el confín meridional. Su frontera meridional partía desde la extremidad del mar de la Sal, de la parte de este mar que se vuelve hacia el sur, y se prolongaba al mediodía de la subida de Acrabim; pasaba a Sin y subía al mediodía de Cadesbarne; pasaba a Esrón, subía hacia Adar y se volvía a Carcaá;" pasaba luego a Asmón y continuaba hasta el torrente de Egipto, para morir en el mar. Esta os será la frontera meridional. La frontera oriental fue el mar de la Sal hasta la desembocadura del Jordán. La frontera septentrional partía de la parte del mar de la Sal donde desemboca el Jordán, subía hacia Bet Agía, pasaba al norte de Bet Araba, subía hasta la peña de Boén, hijo de Rubén;" seguía subiendo a Deberá, a partir del valle, a Ajor, y volvía hacia el norte del lado de Gálgala,que está al frente del monte de Adomim, al sur del torrente; pasaba a En Semes y llegaba a En Rogel;" de allí subía por el valle de Ben Hinón, viniendo por el mediodía hasta tocar el límite de Jebús, que es Jerusalén, y subía luego por la cima del monte que está frente al valle de Hinón, a occidente, y al extremo del valle de Refaím, al norte. Desde la cima del monte se inclinaba hacia los manantiales de agua de Neftoá, seguía hacia las ciudades de la montaña de Efrón y se volvía en dirección a Bala, que es Quiriat-Jearim. De Bala se volvía la frontera a occidente, hacia el monte Seir; pasaba por la vertiente septentrional del monte Jarim, que es Quesalón; bajaba a Betsemes y pasaba por Timna;" continuaba al norte por la vertiente de Acarón y se dirigía hacia Secrona; pasaba por el monte de Bala y llegaba a Jabnel, para morir en el mar." La frontera occidental era el mar Grande; éste era el límite. Estas fueron las fronteras de los hijos de Judá según sus familias." Se había dado a Caleb, hijo de Jefoné, una parte en medio de los hijos de Judá, como Yahvé se lo había mandado a Josué; Quiriat-Arbé, del padre de Enac, que es Hebrón." Caleb arrojó de allí a los tres hijos de Enac: Sesai, Ajuman y Tolmar, descendientes de Enac. De allí subió contra los habitantes de Dabir, que se llamaba antes Quiriat Sefer. Caleb dijo: “Al que bata y tome Quiriat Sefer le daré por mujer a mi hija Acsa.” La tomó Otoniel, hijo de Quenaz, hermano de Caleb, y éste le dio su hija Acsa por mujer. Cuando iba ella a la casa de Otoniel, incitóla éste a que pidiera a su padre un campo; bajóse ella del asno, y Caleb le dijo: “¿Qué tienes?” Ella le respondió: “Hazme un don; pues que me has heredado en tierra de secano, dame también tierra de regadío.” El le dio el Gulot (Fuentes) superior y el inferior." Esta fue la heredad de la tribu de los hijos de Judá según sus familias. Las ciudades situadas al extremo de la tribu de los hijos de Judá, hacia la frontera de Edom, en el Negueb, son: Cabsel, Edel, Jagur, Quina, Dimona, Adada, Cades, Asor y Jetnán;" Zif, Telem, Balot, Asor el nuevo y Cariot, Esrom, Aman, Sama, Molada, Asergada, Asemón, Bet Felet, Asarsual, Berseba y Baciotia;" Bala, Jim, Esem, Eltolad, Quesil, Jorma, Siceleg, Madmana, Sansana, Lebaot, Sel-jim, Ain y Remón; en todo, veintinueve ciudades con sus pueblos." En la Sefela (Llanura), Estaol, Sarea, Asena, Zanoe, Ain Ganim, Tafuaj, Enaim, Jerimot, Adulam, Socó, Azeca, Saraím, Aditaím, Guedera y Guederotaím; catorce ciudades con sus pueblos." Señan, Adasa, Migdal-Gad, De-leam, Masefa, Jactel, Laquis, Bascat, Eglón, Cabón, Lejma, Cetlis, Guiderot, Bet Dagón, Nahama y Marceda; dieciséis ciudades con sus pueblos." Lebana, Éter, Asan, Jefta, Esna, Nesib, Queila, Ajzob, Maresa: nueve ciudades con sus pueblos. Acarón, con las ciudades de ella dependientes y sus pueblos. A partir de Acarón, del lado de occidente, todas las ciudades cercanas a Azoto, con sus pueblos;" Azoto, las ciudades dependientes de ella y sus pueblos; Gaza, las ciudades de su dependencia y sus pueblos, hasta el torrente de Egipto y el mar Grande, que es la frontera." En la montaña, Samir, Jeter, Socot, Dana, Quiriat Sana, que es Dabir;" Anab, Istemo, Anim, Gosem, Jalón y Güilo; once ciudades con sus pueblos." Arab, Duma, Esán, Janum, Bet Tafuaj, Afeca, Junta Quiriat Arbe, que es Hebrón, y Sior; nueve ciudades con sus pueblos." Maón, Carmel, Zif, Juta, Jezrael, Jocdam, Zanoe, Acaín, Gueba, Tamna; diez ciudades con sus pueblos." Jaljul, Besur, Guedor, Marat, Bet Anot y Eltecón; seis ciudades con sus pueblos." Quiriat Baal, que es Quiriat Jearim, y Harabá; dos ciudades con sus pueblos." En el desierto, Bet Araba, Mendín Secaca, Nebsán, Ir Armelaj y Engaddi; seis ciudades con sus pueblos." Los hijos de Judá no pudieron expulsar a los jebuseos; habitan en Jerusalén con los hijos de Judá, hasta hoy." La parte que tocó en suerte a los hijos de José comenzaba en el lado de oriente, en el Jordán de Jericó, en las aguas de Jericó, y por la montaña sube de Jericó al monte de Betel;" seguía de Betel, Luz, y, pasando a lo largo del territorio de los arqueos, por Atorot, bajaba a occidente hacia la frontera de los jefletitas hasta la de Betorón de Abajo y hasta Gazer, para morir en el mar. Esta es la heredad que recibieron los hijos de José, Manases y Efraím. He aquí la frontera de los hijos de Efraím según sus familias. El límite de su heredad era, a oriente, Atarot Adar hasta Betorón de Arriba;" se dirigía por el lado de occidente hacia Micmetat, al norte; volvía luego a oriente hacia Tanat Silo y pasaba por delante de ella, al oriente, hasta Janoaj;" de Janoaj bajaba a Atarot y Narata, tocaba en Jericó y llegaba hasta el Jordán;" de Tafuaj iba a occidente al torrente de Cana, para morir en el mar. Esta era la heredad de los hijos de Efraím según sus familias. Los hijos de Efraím tuvieron también ciudades separadas en medio de la heredad de los hijos de Manases. No expulsaron a los cananeos que habitaban en Gazer, y los cananeos han habitado hasta hoy en medio de Efraím, pero sometidos a tributo. La tribu de Manases tuvo este territorio, pues era el primogénito de José. Maquir, primogénito de Manases y padre de Galaad, había recibido Galaad y Basan, pues era hombre de guerra. También fue atribuida una parte a los otros hijos de Manases, según sus familias: a los hijos de Abezier, a los hijos de Elec, a los hijos de Esriel, a los hijos de Siquem, a los hijos de Jefer y a los hijos de Semida; éstos eran los hijos varones de Manases, hijo de José, según sus familias." Salfad, hijo de Jefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manases, no tuvo hijos, sino hijas, cuyos nombres son: Majla, Noa, Jogla, Milca y Tirsa. Presentáronse a Eleazar, sacerdote, delante de Josué, hijo de Nun, y delante de los príncipes, y dijeron: “Yahvé mandó a Moisés que nos diera heredad en medio de nuestros hermanos.” Se les dio, pues, según el mandato de Yahvé, heredad en medio de los hermanos de su padre. Tocaron a Manases diez suertes, además del territorio de Galaad y de Basan, que está al otro lado del Jordán, pues las hijas de Manases tuvieron su heredad entre los hijos; la tierra de Galaad fue para los otros hijos de Manases." La frontera de Manases partía de Aser hacia Micmetat, que está junto a Siquem, e iba después a derecha hacia los habitantes de Em-Tafuaj;" el territorio de Tafuaj tocó a Manases; pero Tafuaj, en la frontera de Manases, fue para los hijos de Efraím;" bajaba la frontera del torrente de Cana hasta el medio del torrente. Las ciudades de este territorio que tocaron a Efraím estaban en medio de las ciudades de Manases. La frontera de Manases pasaba al norte del torrente y terminaba en el mar;" el territorio al mediodía era de Efraím, y el del norte de Manases, y su término era el mar; hacia el norte tocaban con Aser, hacia oriente con Isacar." Manases tuvo en los territorios de Isacar y de Aser: Betsán y las ciudades que de ella dependen; Jeblam y las ciudades de su dependencia; los habitantes de Dor y las ciudades de su dependencia; los habitantes de Endor y las ciudades de su dependencia; los habitantes de Tanac y las ciudades de su dependencia, y los habitantes de Megiddo y las ciudades de su dependencia." Los hijos de Manases no pudieron expulsar a los habitantes de estas ciudades, y continuó el cananeo habitando en aquella tierra;" sometieron a los cananeos a tributo, pero no los expulsaron. Los hijos de José hablaron a Josué, diciendo: “¿Cómo nos has dado en heredad una sola suerte y una sola parte, a nosotros, que somos un pueblo numeroso, al que Yahvé ha bendecido hasta ahora?” Josué les dijo: “Puesto que eres un pueblo numeroso, sube al monte y rotura una parte en la tierra de los fereceos y los refaím, ya que la montaña de Efraím te viene demasiado estrecha.” Los hijos de José dijeron: “La montaña no nos basta, y todos los cananeos que habitan en el valle disponen de carros de hierro, lo mismo que los de Betsán y las ciudades de su dependencia y los que habitan el valle de Jezrael.” Josué respondió a la casa de José, a Efraím y Manases: “Eres un pueblo numeroso, tu fuerza es mucha, no puedes tener una sola suerte, pero la montaña será tuya; tú roturarás el bosque, y sus términos te pertenecerán; expulsarás a los cananeos, por carros de hierro que tengan y por fuertes que sean.” Se reunió en Silo toda la asamblea de los hijos de Israel y alzaron allí el tabernáculo de la reunión. El territorio estaba sometido. Quedaban siete tribus, de entre los hijos de Israel, que todavía no habían recibido su heredad. Josué dijo a los hijos de Israel: “¿Hasta cuándo vais a ser negligentes en apoderaros de la tierra que Yahvé, Dios de vuestros padres, os ha dado? Elegid tres hombres por cada tribu, y yo los enviaré para que vayan a recorrer la tierra y hagan de ella una descripción, con vistas a la distribución que hay que hacer, y me la traigan. La dividiréis en siete partes: Judá quedará dentro de sus fronteras, al mediodía, y la casa de José dentro de las suyas, al norte. Describid, pues, la tierra en siete partes, traedme la descripción, y yo haré el sorteo de ella para vosotros, aquí ante Yahvé, nuestro Dios;" pues para los levitas no ha de haber parte en medio de vosotros, por ser el sacerdocio de Yahvé su heredad; Gad, Rubén y media tribu de Manases han recibido ya su heredad al otro lado del Jordán, a oriente, la que les dio Moisés, siervo de Yahvé.” Levantáronse los hombres y se pusieron en camino, y al partirse para hacer la descripción de la tierra, les dio Josué sus órdenes, diciendo: “Id, recorred la tierra, describidla y volved a mí, y yo os haré el sorteo aquí ante Yahvé, en Silo.” Partieron, pues; recorrieron la tierra, la describieron en un rollo según sus ciudades, dividiéndola en siete partes, y volvieron a Josué, al campo en Silo." Josué les hizo el sorteo en Silo, en presencia de Yahvé, y distribuyó allí la tierra entre los hijos de Israel, según sus familias. La parte de la tribu de Benjamín fue sacada a suerte según sus familias, y el territorio que les tocó en suerte tenía sus fronteras entre los hijos de Judá y los hijos de José. Del lado del norte partía su frontera del Jordán, subía al norte sobre la vertiente de Jericó, se elevaba por la montaña a occidente y terminaba en el desierto de Bet Aven;" de allí iba a Luz, al mediodía, que es Betel; luego bajaba a Atarot Adar por la montaña que hay al mediodía de Betorón de Abajo." Del lado de occidente se prolongaba la frontera, volviendo hacia el mediodía, desde la montaña situada frente a Betorón, al sur, y terminaba en Quiriat Baal, que es Quiriat-Jearim, ciudad de los hijos de Judá; esto por el lado de occidente." Por el lado del mediodía partía del extremo de Quiriat-Jearim hasta la fuente de aguas de Naftoaj;" bajaba al extremo de la montaña que está frente al valle de Ben Hinón y al norte del valle de Refaím, y bajaba luego por el valle de Hinón hacia el límite meridional de los jebuseos, hasta la fuente de Rogel;" volvíase al norte y pasaba luego por En Semes, seguía por Guelitot, que está frente a la subida de Adomim, y bajaba a la peña de Boén, hijo de Rubén;" pasaba por la vertiente septentrional, frente al Araba; bajaba al Araba," y seguía por la vertiente septentrional de Bet Jogla, para morir en el extremo norte del mar de la Sal, hacia la desembocadura del Jordán, al mediodía. Esta era la frontera meridional. El Jordán era el límite de la frontera oriental. Esta fue la heredad de los hijos de Benjamín con todas sus fronteras, según sus familias. Las ciudades de la tribu de Benjamín, según sus familias, eran: Jericó, Bet Jogla, Emec Casis, Bet Araba, Semaraím, Betel, Avim, Afara, Ofra, Quefar Emora, Ofni y Gaba; doce ciudades con sus pueblos." Gabaón, Rama Berot, Misfe, Cafira, Amosa, Requem, Jirfel, Tárela, Sela, Eíef, Jebús, que es Jerusalén; Gabat y Quiriat; catorce ciudades con sus pueblos. Esta fue la heredad de los hijos de Benjamín según sus familias." La suerte atribuyó la segunda parte a Simeón, a la tribu de los hijos de Simeón, según sus familias; tuvieron su heredad en medio de la heredad de los hijos de Judá." Su heredad fue: Ber-seba, Sabe, Molada, Aser Sual, Bala, Asem, Eltolad Betul, Jarma, Siceleg, Bet Marcabot, Jasersusa, Bet Lebaot y Sarujen; trece ciudades con sus pueblos;" Aín, Remón, Atar y Asan, cuatro ciudades con sus pueblos, así como todos los burgos de los alrededores de estas ciudades, hasta Baalat Beer, que es la Ramat del Sur. Esta fue la heredad de la tribu de los hijos de Simeón según sus familias. La heredad de los hijos de Simeón se tomó de la parte de los hijos de Judá, demasiado grande para ellos, y fue en medio de su territorio donde los hijos de Simeón recibieron su heredad. La tercera parte tocó en suerte a los hijos de Zabulón según sus familias; la frontera de su heredad se extendía hasta Sarid;" subía al occidente hacia Marala y tocaba en Debaset, y luego ral torrente, ante Jocnam. De Sarid se volvía a oriente, al sol levante, hasta los confines de Queselet Tabor; se prolongaba hacia Daberet y subía a Jafia;" de allí pasaba a oriente a Guita Jefer por Itacasín, y se dirigía a Remón, que confina con Noa;" volvía del lado norte hacia Anatón y terminaba en el valle de Jeftael;" Catat, Nalal, Seremón, Jedala y Betlejem; doce ciudades con sus pueblos." Esta fue la heredad de los hijos de Zabulón según sus familias; las ciudades y los pueblos." La cuarta parte tocó en suerte a Isacar, a los hijos de Isacar, según sus familias. Su territorio era: Jezrael, Quesulot, Sunem, Jafaraím, Sión, Anajerat, Rabot, Quesyón, Abes, Ramet, En Ganim, En Jadda y Bet Fases. La frontera tocaba en el Tabor, en Sejesima y en Betsames, y se extendía hasta el Jordán; dieciséis ciudades con sus pueblos." Esta fue la heredad de la tribu de los hijos de Isacar según sus familias; las ciudades y los pueblos." La quinta parte tocó en suerte a la tribu de los hijos de Aser según sus familias. Su territorio fue Jelcat, Jalí, Beten, Acsaf, Elmelec, Amad y Mesal; la frontera tocaba a occidente al Carmelo y a Sijor Lebanat;" después se tornaba a oriente hacia Bet Dagón, tocaba a la de Zabulón y al valle de Jeftael, al norte de Bec Emec, y de Nejiel, y se prolongaba hacia Cabul, a la izquierda, y hacia Abrón, Rejob, Jamón y Cana, hasta Sidón la Grande;" se dirigía luego hacia Rama, hasta la ciudad fuerte de Tiro, y hacia Josa, para morir en el mar, cerca del distrito de Ac-ziba;" además, Ama, Afee y Rejob; veintidós ciudades con sus pueblos." Esta fue la heredad de la tribu de los hijos de Aser según sus familias; sus ciudades y sus pueblos." La sexta parte tocó en suerte a los hijos de Neftalí según sus familias. Su frontera iba desde Jelef, a partir del encinar que hay en Senanim, hacia Adami; Negueb y Jabnel hasta Lecum, e iba hasta el Jordán;" volvía hacia occidente a Azonot Tabor, y de allí seguía a Jucoca; tocaba a la de Zabulón, al mediodía; a la de Aser, a occidente, y al Jordán, a oriente." Las ciudades fuertes eran: Asedim, Ser, Jamat, Recat, Queneret Edema, Arama, Jasor, Cades, Edraí, En Jasor, Jerón, Migdael, Joren, Bet Anat y Bet Sames; diecinueve ciudades con sus pueblos." Esta fue la heredad de la tribu de los hijos de Neftalí según sus familias; sus ciudades y sus pueblos." La séptima parte tocó en suerte a la tribu de los hijos de Dan según sus familias. El territorio de su heredad comprendía Saraa, Estaol, Ir Semes, Selebín, Ayalón, Jétela, Elón, Temna, Acrón, Elteque, Guibetón, Balat, Jud, Bene Ba-rac, Gat Renón, Mejarcón y Racón, con el territorio frente a Jope. El territorio de los hijos de Dan se extendió más allá de sus límites, pues los hijos de Dan subieron a combatir contra Lesem, se apoderaron de ella y la pasaron a filo de espada; posesionándose de ella, se establecieron allí y la llamaron Dan, del nombre de su padre." Esta fue la heredad de la tribu de los hijos de Dan según sus familias; sus ciudades y sus pueblos." Terminada la distribución de la tierra, según sus límites, los hijos de Israel dieron a Josué, hijo de Nun, una heredad en medio de ellos. Por mandato de Yahvé le dieron la ciudad que él pidió, Tamnat-Sara, en la montaña de Efraím; Josué reedificó la ciudad y habitó allí." Estas fueron las heredades que Eleazar, sacerdote; Josué, hijo de Nun, y los jefes de familias de las tribus de los hijos de Israel distribuyeron por suerte en Silo, en presencia de Yahvé, a la entrada del tabernáculo de la reunión, terminando la distribución de la tierra." Yahvé habló a Josué, diciendo: “Habla a los hijos de Israel y diles: Designad, como os lo mandó Moisés, las ciudades de asilo, onde pueda refugiarse el homicida que haya matado a alguno sin querer y le sirvan de refugio contra el vengador de la sangre. El homicida huirá a una de estas ciudades, se detendrá a la puerta de la ciudad y expondrá su caso a los ancianos de ella; éstos le recibirán entre ellos en la ciudad y le darán habitación donde more con ellos." Si el vengador de la sangre le persigue, no le entregarán en sus manos, porque sin querer mató a su prójimo, a quien de antes no odiaba. El homicida quedará en la ciudad hasta que comparezca ante la asamblea para ser juzgado y hasta la muerte del sumo sacerdote que entonces lo sea. Luego se volverá y entrará en su ciudad y en su casa, en la ciudad de donde huyó.” Señalaron, pues, a Cades en Galilea, en la montaña de Neftalí; a Siquem, en la montaña de Efraím, y a Quiriat-Arbé, que es Hebrón, en la montaña de Judá." Del otro lado del Jordán, a oriente de Jericó, designaron Bosor, en el desierto, en la llanura, ciudad de la tribu de Rubén; Ramot, en Galaad, de la tribu de Gad, y Golán, en Basan, de la tribu de Manases." Estas fueron las ciudades señaladas a todos los hijos de Israel y a los extranjeros que habitan en medio de ellos para que cualquiera que matase a alguno impensadamente pudiera refugiarse en ellas y no muriera a manos del vengador de la sangre antes de comparecer ante la asamblea. Los jefes de familia de los levitas se acercaron a Eleazar, sacerdote; a Josué, hijo de Nun, y a los jefes de familia de las tribus de los hijos de Israel," y les hablaron en Silo, en tierra de Canaán, diciendo: “Yahvé mandó a Moisés que nos diese ciudades donde habitar, con sus campos para nuestros ganados.” Los hijos de Israel dieron a los levitas, de sus heredades, según el mandato de Yahvé, estas ciudades, con sus campos. Salió la suerte para la familia de los caatitas, y los hijos del sacerdote Aarón, de entre los levitas, obtuvieron por suerte tres ciudades de la tribu de Judá, de la de Simeón y de la de Benjamín;" los otros hijos de Caat obtuvieron por suerte diez ciudades de las familias de la tribu de Efraím, de la tribu de Dan y de la media tribu de Manases. Los hijos de Gersón obtuvieron por suerte trece ciudades, de las familias de la tribu de Isacar, de la tribu de Aser, de la tribu de Neftalí y de la media tribu de Manases, en Basan. Los hijos de Merarí, según sus familias, obtuvieron doce ciudades de la tribu de Rubén, de la tribu de Gad y de la tribu de Zabulón. Los hijos de Israel dieron por suerte a los hijos de Leví esas ciudades y sus contornos, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. Dieron de la tribu de los hijos de Judá y de la tribu de los hijos de Simeón estas ciudades;" pues la suerte de los hijos de Aarón, de la familia de Caat, de los hijos de Leví, fue la primera. Diéronles, pues, en la montaña de Judá, la ciudad de Arbé, padre de Enac, que es Hebrón, con sus contornos;" pero los campos de esta ciudad y las ciudades de ella dependientes se las dieron a Caleb, hijo de Jefoné, en heredad. Dieron a los hijos del sacerdote Aarón la ciudad de refugio para los homicidas, Hebrón y su contorno, así como Libna y su contorno, Jeter y su contorno, Estemo y su contorno, Jelón y su contorno, Dabir y su contorno, Asín, Juta, Bet-sames, con sus contornos; nueve ciudades de estas dos tribus." De la tribu de Benjamín, Gabaón y su contorno, Gueba y su contorno, Anatot y Almón y sus contornos; cuatro ciudades." En todo, las ciudades de los sacerdotes, hijos de Aarón, trece ciudades y sus contornos;" pero a las familias de los hijos de Caat, hijos de Leví, y a los otros hijos de Caat, les señaló la suerte ciudades de la tribu de Efraím. Se les dio la ciudad de refugio para los homicidas, Siquem y su contorno, en la montaña de Efraím, y Gazer con su contorno;" Quisaím y Betorón, con sus contornos; cuatro ciudades." De la tribu de Dan, El-teco, Guibetón, Ayalón y Gat Rimmón, con sus contornos; cuatro ciudades." De la media tribu de Manases, Tanac, con su contorno, y Gat Rimmón, con sus contornos; dos ciudades." En todo, diez ciudades con sus contornos para las familias de los otros hijos de Caat. Se dio a los hijos de Gersón, de entre las familias de los hijos de Leví, de la media tribu de Manases, la ciudad de refugio para los homicidas, Golán, en Basan, y su contorno, como también Bosra y su contorno; dos ciudades." De la tribu de Isacar, Quisyón, Daberet, Jaramut y En Ganim y sus contornos; cuatro ciudades." De la tribu de Aser, Masal, Abdón, Jelcat y Rejob, con sus contornos; cuatro ciudades." De la tribu de Neftalí, la ciudad de refugio para los homicidas, Cades, en Galilea, con su contorno, como también Jamot, Dor y Cartán, con sus contornos; tres ciudades." En todo, las ciudades de los gersonitas, según sus familias, trece ciudades con sus contornos. A las familias de los hijos de Merarí, al resto de los hijos de Leví, en la tribu de Zabulón, Jocneam, Carta, Damna y Nalol, con sus contornos; cuatro ciudades;" de la tribu de Rubén, Besor y Jasa, con sus contornos; Quedemot y Mefat, con sus contornos; cuatro ciudades;" (38) y de la tribu de Gad, la ciudad de refugio para los homicidas, Ramot, en Galaad, y su contorno, así como Majanaím,(39) Jesebón y Jazer, con sus contornos; cuatro ciudades." (40) En todo, las ciudades señaladas por la suerte a los hijos de Merarí, según sus familias, el resto de las familias de los hijos de Leví, doce ciudades. (41) Todas las ciudades de los hijos de Leví, en medio de las posesiones de los hijos de Israel, cuarenta y ocho ciudades y sus contornos. (42) Cada una de estas ciudades tenía en torno suyo un campo, y así para todas las ciudades. (43) Yahvé dio a Israel toda la tierra que a sus padres había jurado darles, y se posesionaron de ella y se establecieron allí. (44) Yahvé les concedió el descanso en torno suyo, como se lo había jurado a sus padres; ninguno de sus enemigos pudo resistirles, y Yahvé los entregó a todos en sus manos." (45) Las buenas palabras que Yahvé había dicho a la casa de Israel, todas se cumplieron. -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- Entonces llamó Josué a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manases, y les dijo: “Habéis guardado todo lo que os mandó Moisés, siervo de Yahvé; habéis obedecido a mi voz en todo cuanto os he mandado." No habéis abandonado a vuestros hermanos durante este largo espacio de tiempo hasta hoy, y habéis observado fielmente el mandato de Yahvé, vuestro Dios. Ahora, pues, que Yahvé, vuestro Dios, ha concedido a vuestros hermanos el descanso, como se lo había prometido, volveos y tornad a vuestras tiendas en la tierra que os pertenece, que Moisés, siervo de Yahvé, os dio al otro lado del Jordán. Pero tened gran cuidado de poner por obra los mandamientos y las leyes que Moisés, siervo de Dios, os ha prescrito, amando a Yahvé, vuestro Dios; marchando por todos sus caminos, guardando sus mandamientos, apegándoos a él y sirviéndole con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma.” Josué los bendijo y los despidió, y ellos se fueron a sus tiendas. Moisés había dado a una mitad de la tribu de Manases un territorio en Basan, y Josué dio a la otra mitad un territorio en medio de sus hermanos del lado de acá del Jordán, a occidente. Al mandarles a sus tiendas, Josué los bendijo, diciéndoles: “Volvéis a vuestras tiendas con grandes riquezas, rebaños muy numerosos y mucha plata, oro, bronce y hierro y vestidos; partid con vuestros hermanos los despojos de vuestros enemigos.” Los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manases, dejando en Silo a los hijos de Israel, en la tierra de Canaán, se volvieron, para ir a la tierra de Galaad, que era la propiedad que habían recibido, como Yahvé se lo mandó a Moisés. Cuando llegaron a las regiones del Jordán que pertenecen a la tierra de Canaán, los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manases edificaron allí un altar en la ribera del Jordán, un altar muy grande” Los hijos de Israel lo supieron cuando se les dijo: “Mirad que los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manases han edificado un altar en los confines de la tierra de Canaán, en los distritos del Jordán, del lado de los hijos de Israel.” Cuando los hijos de Israel lo supieron, se reunió en Silo toda la asamblea de los hijos de Israel para subir contra ellos y hacerles la guerra. Los hijos de Israel mandaron a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a la media tribu de Manases, en tierra de Galaad, a Fines, hijo del sacerdote Eleazar, y con él a diez príncipes, un príncipe de casa por cada una de las tribus de Israel, todos jefes de casa patriarcal en medio de los millares de Israel. Llegados a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a la medía tribu de Manases, en tierra de Galaad, les hablaron, diciendo: “Así habla toda la asamblea de Yahvé: ¿Qué infidelidad es la que habéis cometido contra el Dios de Israel, apartándoos así de Yahvé y edificándoos un altar, volviéndoos contra Yahvé? ¿No os basta la maldad de Fogor, de que no nos hemos purificado todavía hasta hoy, a pesar de la plaga que afligió a la asamblea de Yahvé, para que os apartéis hoy vosotros de Yahvé? Si hoy os volvéis contra Yahvé, mañana se volverá la ira de Yahvé contra toda la asamblea de Israel, Si miráis como impuro el territorio que es vuestra propiedad, pasad a la tierra que es propiedad de Yahvé, donde Yahvé ha establecido su morada, y estableceos en medio de nosotros, pero no os volváis contra Yahvé y contra nosotros, edificándoos un altar distinto del altar de Yahvé, nuestro Dios. Acán, hijo de Zaré, cometió la infidelidad cuanto a las cosas dadas al anatema, y la cólera de Yahvé vino sobre toda la asamblea de Israel, y no fue él solo el que pereció por su crimen.” Los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manases respondieron así a los jefes de los millares de Israel: “El Todopoderoso Dios, Yahvé, sabe; el Todopoderoso Dios, Yahvé, sabe, y sabrá toda la asamblea de los hijos de Israel: Si ha sido por rebelión y por infidelidad contra Yahvé, que no nos salve hoy." Si hemos edificado un altar para apartarnos de Yahvé, para ofrecer allí holocaustos y oblaciones y hacer sacrificios eucarísticos, que Yahvé nos pida cuenta de ello. Más bien hemos obrado por temor de que llegara algún día en que vuestros hijos dijeran a los nuestros: “¿Qué hay de común entre vosotros y Yahvé, el Dios de Israel? Yahvé ha puesto el Jordán como frontera entre vosotros y nosotros, hijos de Rubén y de Gad; no tenéis parte alguna con Yahvé.” De este modo, vuestros hijos serían causa de que los nuestros no temieran ya a Yahvé." Y nos dijimos: Pongámonos a edificar un altar, no para ofrecer holocaustos y sacrificios, sino para que sea testimonio entre nosotros y vosotros, y nuestros descendientes después de nosotros, de que servimos a Yahvé en su presencia, con nuestros holocaustos, nuestros sacrificios y nuestras víctimas pacíficas, para que vuestros hijos no digan un día a los nuestros: No tenéis parte en Yahvé. Nos dijimos: Si algún día llegaran a decirnos eso a nosotros y a nuestros descendientes, les responderíamos: Mirad la forma del altar que nuestros padres edificaron, no con el fin de que sirviera para holocaustos y sacrificios, sino para ser testimonio entre nosotros y vosotros. Lejos de nosotros querer rebelarnos contra Yahvé y apartarnos hoy de El alzando un altar para holocaustos, oblaciones y sacrificios distintos del altar de Yahvé, nuestro Dios, que está ante su tabernáculo.” El sacerdote Finés y los príncipes de la asamblea que le acompañaban, al oír las palabras de los hijos de Rubén, de los hijos de Gad y de la media tribu de Manases, se dieron por satisfechos;" y Finés, hijo del sacerdote Eleazar, dijo a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a la media tribu de los hijos de Manases: “Reconocemos ahora que está Yahvé en medio de nosotros, puesto que no habéis cometido contra Yahvé esa infidelidad, librando así de la mano de Yahvé a los hijos de Israel.” Finés, hijo del sacerdote Eleazar, y los príncipes dejaron a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad y a la media tribu de Manases y se volvieron de la tierra de Galaad a la tierra de Canaán, a los hijos de Israel, a los cuales hicieron relación. La cosa agradó a los hijos de Israel; bendijeron a Dios y no hablaron más de subir armados contra ellos para devastar la tierra que habitaban los hijos de Rubén y los hijos de Gad." Los hijos de Rubén y los hijos de Gad llamaron al altar Ed (Testigo), porque es testimonio para nosotros de que Yahvé es Dios. Había pasado largo tiempo desde que Yahvé diera a los hijos de Israel el descanso, librándolos en derredor de todos sus enemigos; y Josué era ya viejo, de edad avanzada." Convocó entonces Josué a todo Israel, a sus ancianos, sus jefes, sus jueces y sus oficiales, y les dijo: “Yo soy ya viejo, de edad avanzada. Vosotros habéis visto todo cuanto Yahvé, vuestro Dios, ha hecho con todas las naciones que teníais ante vosotros; porque es Yahvé, nuestro Dios, el que por vosotros ha combatido." Ved: Yo os he distribuido por suertes, en heredad para vuestras tribus, esas gentes que han quedado y aquellas que yo exterminé, desde el Jordán hasta el mar Grande, a occidente. Yahvé, vuestro Dios, las rechazará y las expulsará ante vosotros y os dará en posesión su territorio, como Yahvé, vuestro Dios, os lo ha dicho. Esforzaos, pues, en guardar y poner por obra todo lo que está escrito en el libro de la Ley de Moisés, sin apartaros ni a la derecha ni a la izquierda. No os mezcléis con esas gentes que han quedado en medio de vosotros, no invoquéis el nombre de sus dioses, ni juréis por ellos, ni los sirváis, ni os prosternéis ante ellos, sino adherios a Yahvé, vuestro Dios, como hasta ahora lo habéis hecho. Yahvé ha arrojado de delante de vosotros naciones grandes y poderosas, y ninguna ha podido resistiros hasta hoy. Uno solo de vosotros perseguía a mil, porque Yahvé, vuestro Dios, combatía por vosotros, como os lo había dicho. Tened gran cuidado de vosotros mismos, amando a Yahvé, vuestro Dios;" porque si os apartáis de El y os ligáis con los restos de esas gentes que han quedado entre vosotros; si contraéis matrimonios con ellas, mezclándoos con ellas y mezclándose ellas con vosotros," sabed bien que Yahvé, vuestro Dios, no seguirá arrojándolas delante de vosotros, sino que serán para vosotros un lazo y una trampa, aguijón en vuestros costados y espinas en vuestros ojos, hasta que desaparezcáis de sobre esta excelente tierra que os ha dado Yahvé, vuestro Dios. Yo estoy ya para irme por el camino de todos. Reconoced con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma que todas las buenas promesas que Yahvé, vuestro Dios, os ha hecho se han cumplido; ninguna ha quedado sin efecto, ninguna ha caído." Lo mismo, pues, que todas las buenas palabras que Yahvé, vuestro Dios, os ha dado se han cumplido, lo mismo también cumplirá Yahvé contra vosotros sus palabras de amenaza, hasta que os haga desaparecer de sobre esta excelente tierra que Yahvé, vuestro Dios, os ha dado;" si traspasáis la alianza de Yahvé, vuestro Dios, la que El os ha prescrito, y os vais a servir a otros dioses y os prosternáis ante ellos, la cólera de Yahvé se encenderá contra vosotros y desapareceréis bien pronto de sobre la tierra buena que El os ha dado.” Josué reunió en Siquern a todas las tribus de Israel y convocó a los ancianos, a los jefes, a los jueces y a los oficiales. Todos se presentaron ante Dios, y Josué dijo a todo el pueblo: “He aquí lo que dice Yahvé, Dios de Israel: Vuestros padres Taré, padre de Abraham y de Najor, habitaron al principio al otro lado del río y servían a otros dioses. Yo tomé a vuestro padre Abraham del lado allá del río, y le conduje a través de toda la tierra de Canaán, y multipliqué su prosperidad, dándole a Isaac. A Isaac le di a Jacob y Esaú, y yo di a Esaú en posesión la montaña de Seír, y Jacob y su hijos bajaron a Egipto. Después envié a Moisés y Aarón y herí a Egipto con mi mano, como en medio de él lo hice, y os saqué de allí. Saqué de Egipto a vuestros padres, y llegasteis al mar. Los egipcios persiguieron a vuestros padres con carros y caballos hasta el mar Rojo. Clamaron ellos a Yahvé, y Yahvé puso tinieblas entre vosotros y los egipcios y redujo sobre éstos las aguas del mar, que los cubrió. Vuestros ojos han visto lo que yo hice en Egipto y habéis estado largo tiempo en el desierto. Yo os traje a la tierra de los amorreos, que habitaban del otro lado del Jordán, y ellos combatieron contra vosotros. Yo os los entregué en vuestras manos y os posesionasteis de su tierra, y yo los destruí delante de vosotros. Balac, hijo de Sefor, rey de Moab, se alzó para luchar contra Israel, e hizo llamar a Balaam, hijo de Beor, para que os maldijera. Pero yo no quise dar oídos a Balaam, y él os bendijo repetidamente y yo os libré de las manos de Balac. Pasasteis el Jordán y llegasteis a Jericó. Las gentes de Jericó combatieron contra vosotros, los amorreos, los fereceos, los cananeos, los jéteos, lor guergueseos, los jeveos y los jebuseos, y yo os los puse en vuestras manos. Mandé delante de vosotros tábanos, que los echaron delante de vosotros. No ha sido vuestro arco ni vuestra espada. Yo os he dado una tierra que no habéis cultivado, ciudades que no habéis edificado, y en ellas habitáis, y coméis el fruto de viñas y olivares que no habéis plantado. Temed a Yahvé y servidle con integridad, y en verdad, quitad los dioses a quienes sirvieron vuestros padres al otro lado del río y en Egipto y servid a Yahvé. Y si no os parece bien servirle, elegid hoy a quien queréis servir, si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres al lado allá del río, si a los dioses de los amorreos, cuya tierra habéis ocupado. En cuanto a mí y a mi casa toca, nosotros serviremos a Yahvé.” El pueblo respondió, diciendo: “Lejos de nosotros querer apartarnos de Yahvé para servir a otros dioses, porque Yahvé es nuestro Dios, el que nos sacó de la tierra de Egipto, de la casa de la servidumbre; el que ha hecho a nuestros ojos tan grandes prodigios; el que nos ha guardado durante todo el largo camino que hemos recorrido y entre todos los pueblos por en medio de los cuales hemos pasado." Yahvé ha arrojado delante de nosotros a todos los pueblos, a los amorreos, que habitaban en esta tierra. También nosotros serviremos a Yahvé, porque El es nuestro Dios.” Josué dijo al pueblo: “Vosotros no seréis capaces de servir a Yahvé, que es un Dios santo, un Dios celoso; El no perdonará vuestras transgresiones y vuestros pecados;" cuando os apartéis de Yahvé y sirváis a dioses extraños, El se volverá, y después de haberos hecho el bien, os dará el mal y os consumirá.” El pueblo respondió: “No, no; queremos servir a Yahvé.” Y Josué dijo al pueblo: “Testigos sois hoy contra vosotros mismos de que habéis elegido a Yahvé para servirle. Quitad, pues, los dioses ajenos que hay entre vosotros y volved vuestros corazones a Yahvé, Dios de Israel.” Y el pueblo dijo a Josué: “Serviremos a Yahvé, nuestro Dios, y obedeceremos su voz.” Josué concluyó aquel día una alianza con el pueblo y le dio en Siquem leyes y mandatos;" y escribió estas palabras en el libro de la Ley de Dios, y, tomando una gran piedra, la alzó allí debajo de la encina que hay en el lugar consagrado a Yahvé. Dijo a todo el pueblo: “Esta piedra servirá de testimonio contra vosotros, pues ella ha oído todas las palabras que Yahvé os ha dicho y será testimonio contra vosotros para que no neguéis a vuestro Dios.” Y Josué mandó al pueblo que se fuese cada uno a su heredad. Después de esto, Josué, hijo de Nun, siervo de Yahvé, murió a la edad de ciento diez años. Fue sepultado en la tierra de su posesión, en Tamnat Saré, en la montaña de Efraím, al norte del monte Gas. Israel sirvió a Yahvé durante toda a vida, de Josué y durante toda la vida de los ancianos que le Sobrevivieron y conocían cuanto había hecho Yahvé a favor de Israel. Los huesos de José, que los hijos de Israel habían traíc de Egipto, fueron enterrados en Siquern, en el trozo de tierra que Jacob había comprado por cien quesitas a los hijos de Jamor, padre de Siquern, y fueron propiedad de los hijos de José. Eleazar, hijo de Aarón, murió y fue sepultado en Gueba ciudad de Finés, su hijo, a quien había sido dada, en la montaña de Efraím. Después de muerto Josué, consultaron los hijos de Israel a Yahvé, diciendo: “¿Quién de nosotros subirá antes contra el cananeo y le combatirá?” Y respondió Yahvé: “Judá subirá, pues he dado la tierra en sus manos.” Y dijo Judá a Simeón, su hermano: “Sube conmigo a la parte que me ha tocado, a hacer la guerra al cananeo, y también iré luego yo contigo a la que te ha tocado a ti.” Y fue con él Simeón. Subió, pues, Judá, y puso Yahvé en sus manos al cananeo y al fereceo, y derrotaron en Becez a diez mil hombres. Habiendo encontrado en Becez a Adonisedec, le atacaron y detrotaron a los cananeos y fereceos. Huyó Adonisedec, y ellos le persiguieron, y, cogiéndole, le amputaron los pulgares de las manos y de los pies. Y dijo Adonisedec: “Setenta reyes con los pulgares de manos y pies amputados migajeaban debajo de mi mesa. Me devuelve Dios lo que yo les hice a ellos”; y le llevaron a Jerusalén y allí murió." Atacaron los hijos de Judá a Jerusalén; y habiéndola tomado, pasaron a los habitantes a filo de espada y pegaron fuego a la ciudad." Bajaron luego los hijos de Judá para combatir a los cananeos que habitaban en el monte, en el Negueb y en la Sefela. Marchó Judá contra los cananeos que habitaban en Hebrón, antes llamado Cariat Arbe, y batió a Sesai, Ajimón y Tolmai. De allí marchó contra los habitantes de Dabir, que se llamó antes Quiriat Sefer. Caleb dijo: “Al que ataque y tome a Quiriat Sefer le daré por mujer mi hija Acsa.” Otoniel, hijo de Quenaz, el hermano menor de Caleb, se apoderó de ella, y Caleb le dio su hija Acsa por mujer. Cuando era llevada a la casa de Otoniel, él la incitó a que pidiera a su padre un campo. Bajóse ella del asno, y Caleb le preguntó: “¿Qué tie. nes?” Ella dijo: “Hazme una gracia. Ya que me has dado tierra de secano, dame también regadíos.” Y le dio Caleb el Gulat superior y el Gulat inferior. Los hijos de Jobab el quineo, suegro de Moisés, subieron de la ciudad de las Palmeras con los hijos de Judá al desierto que está al mediodía de Judá, según se baja de Arad, y vinieron a habitar con los amalecitas. Marchó después Judá con Simeón, su hermano, y batieron a los cananeos que habitaban en Sefat; la destruyeron totalmente, y se llamó la ciudad Jorma." Pero no se apoderó Judá de Gaza y de su territorio, ni de Ascalón y Acarón con los suyos. Fue Yahvé con Judá, y se apoderó Judá de la parte montañosa, pero no pudo expulsar a los habitantes del llano, que tenían carros de hierro. Atribuyóse Hebrón a Caleb, como lo había dicho Moisés, y aquél arrojó de allí a los tres hijos de Enac. Los hijos de Benjamín no expulsaron a los jebuseos que habitaban en Jerusalén, y los jebuseos han habitado hasta el día de hoy con los hijos de Benjamín. También la casa de José subió contra Betel, y Yahvé estuvo con ellos. La casa de José hizo una exploración cerca de Betel, que antes se llamó Luz, y los emboscados cogieron a un hombre que salía de la ciudad y le dijeron: “Enséñanos por dónde se entra en la ciudad, y te haremos gracia.” El les enseñó por dónde podrían entrar en la ciudad, y ellos la pasaron a filo de espada, pero dejaron en libertad a aquel hombre y a toda su familia. Este hombre se fue a tierra de jéteos y edificó allí una ciudad, a la que dio el nombre de Luz, y así se llama todavía hoy. Manases no expulsó a los habitantes de Betsán y de las ciudades de ella dependientes, ni a los de Tanac, Dor, Jeblam, Mageddo y las ciudades dependientes de ellas, y los cananeos se arriesgaron a permanecer en esta tierra. Cuando Israel fue suficientemente fuerte, los hicieron tributarios, pero no los arrojaron. Efraím no expulsó a los cananeos que habita-ban Gazer, y los cananeos siguieron habitando en medio de Efraím. Zabulón no expulsó a los habitantes de Quetrom ni a los de Nalol, y los cananeos siguieron habitando en medio de Zabulón, pero fueron hechos tributarios. Aser no expulsó a los habitantes de Acó, ni a los de Sidón, ni a los de Majaleb, de Aczib, de Jelba, de Afee y de Rejob;" y los hijos de Aser habitan en la tierra en medio de los cananeos, porque no los expulsaron. Neftalí no expulsó a los habitantes de Bet Se-mes ni a los de Bet Anat, y habitó en medio de los cananeos, habitantes de aquella tierra; pero los habitantes de Bet Semes y de Bet Anat fueron sometidos a tributo." Los amorreos rechazaron a los hijos de Dan hacia los montes y no los dejaban bajar al llano;" arriesgáronse los amorreos a quedarse en el Har Jeres, en Ayalón y en Selebim; pero la mano de la casa de José pesó mucho sobre ellos y fueron sometidos a tributo." El territorio de los idumeos se extendía desde la subida de Acrabim y desde Sela para arriba. Subió el ángel de Yahvé de Gálgala a Betel, y dijo: “Yo os he hecho subir de Egipto y os he traído a la tierra que juré a vuestros padres, y he dicho: No romperé mi pacto eterno con vosotros si vosotros no pactáis con los habitantes de esta tierra; habéis de destruir sus altares. Pero vosotros no me habéis obedecido; ¿por qué habéis obrado así?" Pues yo también me he dicho: No los arrojaré de ante vosotros, y los tendréis por enemigos, y sus dioses serán para vosotros un lazo.” Cuando el ángel de Yahvé hubo dicho estas palabras a todos los hijos de Israel, lloraron todos a voces. Llamaron a este lugar Boquim, y ofrecieron allí sacrificios a Yahvé. Cuando Josué despidió al pueblo y se fueron los hijos de Israel cada uno a su heredad para posesionarse de la tierra, el pueblo sirvió a Yahvé durante toda la vida de Josué y la de los ancianos que le sobrevivieron y habían visto toda la grande obra que Yahvé había hecho en favor de Israel, Josué, hijo de Nun, siervo de Yahvé, murió a la edad de ciento diez años y fue sepultado en el territorio de su heredad, en Timnat Heres, en los montes de Efraím, al norte del monte Gas. Toda aquella generación fue a reunirse con sus padres, y surgió una nueva generación, que no conocía a Yahvé ni la obra que éste había hecho en favor de Israel. Los hijos de Israel hicieron el mal a los ojos de Yahvé y sirvieron a los baales. Se apartaron de Yahvé, el Dios de sus padres, que los había sacado de Egipto, y se fueron tras íOtros dioses, de entre los dioses de los pueblos que los rodeaban, y se postraron ante ellos, irritando a Yahvé. Apartándose de Yahvé, sirvieron a Baal y Astarté. Encendióse en cólera Yahvé contra Israel y los entregó en manos de salteadores, que los asaltaban y los vendían a los enemigos del contorno, y llegaron a no poder ya resistir a sus enemigos. En cualquier .salida que hacían pesaba sobre ellos para mal la mano de Yahvé, como El se lo había dicho, como se lo había jurado, y se vieron en muy gran aprieto. Yahvé suscitó jueces, que los libraron de los salteadores;" pero, desobedeciendo también a los jueces, se prostituyeron, yéndose detrás de dioses extraños, y los adoraron, apartándose bien pronto del camino que habían seguido sus padres, obedeciendo los preceptos de Yahvé; no hicieron ellos así." Cuando Yahvé les suscitaba un juez, estaba con él y los libraba de la Opresión de sus enemigos durante la vida del juez, porque se compadecía Yahvé de sus gemidos, a causa de los que los oprimían y los vejaban. En muriendo el juez, volvían a corromperse, más todavía que sus padres, yéndose tras de los dioses extraños para servirlos y adorarlos, sin dejar de cometer sus crímenes, y persistían en sus caminos. Encendióse la cólera de Yahvé contra Israel, y dijo: “Pues que este pueblo ha roto el pacto que yo había establecido con sus padres y no me obedece, tampoco seguiré yo arrojando de ante ellos a ninguno de los pueblos que dejara Josué al morir, para por ellos poner a Israel a prueba, si seguiría o no los caminos de Yahvé, andando por ellos como sus padres.” Y Yahvé dejó en paz, sin apresurarse a expulsarlos, a aquellos pueblos que no había entregado en manos de Josué. He aquí los pueblos que dejó Yahvé para probar por ellos a Israel, a cuantos no conocieron las guerras de Canaán;" sólo para probar a las generaciones de los hijos de Israel, acostumbrando a la guerra a los que no la habían hecho antes: cinco príncipes de los filisteos; todos los cananeos; los sidonios, y los jéteos que habitaban el monte Líbano, desde el monte Baal Hermón hasta la entrada de Jamat." Estos pueblos habían de servir para por ellos probar a Israel y saber si obedecería los mandatos que Yahvé había dado a sus padres por medio de Moisés. Los hijos de Israel habitaban en medio de los cananeos, de los jéteos, de los amorreos, de los fereceos, de los jeveos y de los jebuseos. Tomaron por mujeres a las hijas de éstos y dieron a los hijos de ellos las hijas propias y sirvieron a sus dioses. Hicieron el mal los hijos de Israel a los ojos de Yahvé, y, olvidándose de Yahvé, su Dios, sirvieron a los baales y aseras. Encendióse la cólera de Yahvé contra Israel y los entregó a manos de Cusan Risataím, rey de Edom, y los hijos de Israel sirvieron a Cusan Risataím ocho años. Clamaron a Yahvé los hijos de Israel, y suscitó Yahvé a los hijos de Israel un libertador, que los libertó: Otoniel, hijo de Quenaz, el hermano menor de Caleb. Vino sobre él el espíritu de Yahvé, y juzgó a Israel y salió a hacer la guerra. Puso Yahvé en sus manos a Cusan Risataím, rey de Edom, y pasó su mano sobre Cusan Risataím;" y estuvo en paz la tierra durante cuarenta años, y murió Otoniel, hijo de Quenaz. Volvieron otra vez a hacer mal los hijos de Israel a los ojos de Yahvé. Y Yahvé hizo fuerte a Eglón, rey de Moab, contra los hijos de Israel, porque hacían el mal a los ojos de Yahvé. Eglón se unió con los hijos de Amón y con Amalee, y marchó contra Israel, le derrotó y conquistó la ciudad de Tamarín;" y sirvieron los hijos de Israel a Eglón, rey de Moab, dieciocho años. Clamaron los hijos de Israel a Yahvé, y Yahvé les suscitó un libertador: Aod, hijo de Güera, benja-minita, zurdo. Los hijos de Israel enviaron por medio de él un presente a Eglón, rey de Moab. Habíase hecho Aod un puñal de dos filos de un palmo de largo, que se ciñó bajo sus vestidos, sobre el muslo derecho. Presentó los dones a Eglón, rey de Moab, que era un hombre muy gordo;" y, hecha la presentación, despidió a los que habían traído el presente. Llegado a Happesilim, cerca de Caígala, se volvió y le dijo: “Tengo que decirte, ¡oh rey! una cosa en secreto.” El dijo: “Salid”; y se salieron todos los que estaban con él." Entró donde estaba él tomando el fresco en el cenador alto, que era sólo para él, y le dijo: “Tengo que comunicarte una palabra de parte de Dios, ¡oh rey!” Eglón se levantó de su silla;" y entonces Aod, tomando con su mano izquierda el puñal que sobre el muslo derecho llevaba, se lo clavó en el vientre, entrándole también el puño tras la hoja y cerrándosela gordura en derredor de la hoja, pues no sacó del vientre el puñal; y saltando por la ventana," salió Aod al pórtico, cerrando tras sí las puertas del cenador y echando el cerrojo. Una vez que hubo salido, vinieron los servidores y, viendo que las puertas del cenador tenían echado el cerrojo, se dijeron: “Seguramente está haciendo alguna necesidad en el cubículo de verano.” Esperaron mucho tiempo, hasta perder la paciencia, y como las puertas del cenáculo alto no se abrían, cogieron la llave y abrieron, viendo que su amo yacía en tierra muerto. Mientras estaban ellos perplejos, huyó velozmente Aod, pasó de Happesilim y se puso en salvo en Seirat. En cuanto llegó a la tierra de Israel, hizo tocar las trompetas en el monte de Efraím. Los hijos de Israel bajaron con él de la montaña, y él se puso al frente de ellos y les dijo: “Seguidme, que Yahvé ha entregado en vuestras manos a vuestros enemigos los moabitas.” Bajaron tras él y se apoderaron de los vados del Jordán, frente a Moab, sin dejar pasar a nadie. Derrotaron entonces a Moab. De unos diez mil hombres, todos robustos y valientes, no escapó uno solo. Aquel día quedó Moab humillado bajo la mano de Israel; y la tierra quedó en paz durante ochenta años, mientras vivió Aod." Después de Aod, Samgar, hijo de Anat, derrotó a seis-cientos filisteos con una aijada de bueyes, libertando también él a Israel. Muerto Aod, volvieron los hijos de Israe la hacer el mal a los ojos de Yahvé, y los entregó Yahvé en mano de Jabín, rey de Canaán, que reinaba en Jasor y tenía por jefe de su ejército a Sisara, que residía en Jaroset Goím. Clamaron los hijos de Israel a Yahvé, pues tenían aquéllos novecientos carros de hierro y desde hacía veinte años oprimían duramente a los hijos de Israel.” Juzgaba en aquel tiempo a Israel Débora, profetisa, mujer de Lapidot. Sentábase para juzgar debajo de la palmera de Débora, entre Rama y Betel, en el monte de Efraím; y los hijos de Israel iban a ella a pedir justicia." Mandó llamar Débora a Barac, hijo de Abinúam, de Cades, de Neftalí, y le dijo: “¿No te manda Yahvé, Dios de Israel? Ve a ocupar el monte Tabor y lleva contigo diez mil hombres de los hijos de Neftalí y de los de Zabulón. Yo te traeré allí, al torrente de Cisón, a Sisara, jefe del ejército de Jabín, y a sus carros y sus tropas, y los pondré en tus manos.” Díjole Barac: “Si vienes tú conmigo, voy; si no vienes tú, no voy. Porque yo no sé en qué día el ángel de Yahvé me dará el éxito.” Ella le contestó: “Iré, sí, iré contigo; porque ya no será gloria tuya la expedición que vas a emprender, porque a manos de una mujer entregará Yahvé a Sisara.” Levantóse Débora y se fue con Barac a Cades." Convocó Barac a Zabulón y Neftalí y subió con diez mil hombres, subiendo también con él Débora. Jeber el quíneo se había separado de los otros quíneos, hijos de Jobab, suegro de Moisés, y había plantado sus tiendas en el encinar de Besananim, cerca de Cades. Hicieron saber a Sisara que Barac, hijo de Abinoam, subía al monte Tabor;" y Sisara reunió todos sus carros, novecientos carros de hierro, y todo el ejército de que disponía, y salió de Jaroset Goím al torrente de Cisón. Dijo entonces Débora a Barac: “Anda, que hoy es el día en que Yahvé entrega a Sisara en tus manos. ¿No va él delante de ti?” Bajó Barac del monte Tabor con los diez mil hombres que llevaba, y puso Yahvé en fuga a Sisara, a todos sus carros y a todo su ejército ante Barac. Sisara se bajó de su carro y huyó a pie. Barac persiguió con su infantería a los carros y al ejército hasta Jaroset Goím, y todo el ejército de Sisara cayó a filo de espada, sin que quedara ni un solo hombre. Sisara huyó a pie a la tienda de Jael, la mujer de Jeber el quineo, pues había paz entre Jabín, rey de Jasor, y la casa de Jeber el quineo. Salió Jael al encuentro de Sisara y le dijo: “Entra, señor mío; entra en mi casa y no temas.” Entró él en la tienda, y ella le tapó con una alfombra." Díjole él: “Dame, por favor, un poco de agua, que tengo sed.” Y sacando ella el odre de la leche, le dio a beber y volvió a cubrirle. Díjole él: “Estáte a la puerta de la tienda, y si viene alguno preguntando si hay aquí algún hombre, dile que no.” Cogió Jael, mujer de Jeber, un clavo de los de fijar la tienda, y, tomando en su mano un martillo, se acercó a él calladamente y le clavó en la sien el clavo, que penetró en la tierra; y él, que estaba profundamente dormido, desfalleció y murió." Llegó entonces Barac, que iba persiguiendo a Sisara. Jael salió a su encuentro y le dijo: “Ven que te enseñe al hombre a quien vienes buscando.” Entró y halló a Sisara en tierra muerto, clavado el clavo en la sien. Aquel día humilló Yahvé a Jabín, rey de Canaán, ante los hijos de Israel, y la mano de los hijos de Israel pesó cada vez más sobre Jabín, rey de Canaán, hasta que le destruyeron. Aquel día cantaron Débora y Barac, hijo de Abinoam, este canto: “Los príncipes de Israel al frente, ofrecióse el pueblo al peligro. Bendecid a Yahvé. Oíd, reyes; dadme oído, príncipes. Yo, yo cantaré a Yahvé. Yo cantaré a Yahvé, Dios de Israel." Cuando tú, ¡oh Yahvé! salías de Seír, cuando subías desde los campos de Edom, tembló ante ti la tierra, destilaron los cielos y las nubes se deshicieron en agua. Derritiéronse los montes a la presencia de Yahvé, a la presencia de Yahvé, Dios de Israel. En los días de Samgar, hijo de Anat; en los días de Jael, estaban desiertos los caminos; los que antes andaban por caminos trillados, íbanse por senderos desviados;" desiertos estaban los lugares indefensos, desiertos en Israel, hasta que me levanté yo, hasta que me levanté yo, madre en Israel. A las puertas estaba la guerra; y no se veía ni un escudo ni una lanza entre los cuarenta mil de Israel." Se va mi corazón tras los príncipes de Israel. Los que del pueblo os ofrecisteis al peligro, bendecid a Yahvé. Los que montáis blancas asnas, los que os sentáis sobre tapices, los que ya vais por los caminos, cantad El que fue lugar de rapiña, es ya lugar de regocijo. Cantad en él las justicias de Yahvé, las justicias que ha hecho Yahvé, a los lugares indefensos de Israel. Entonces pudo ya el pueblo de Yahvé bajar a sus puertas. Despierta, despierta, Débora. Despierta, despierta, entona un canto. Levántate, Barac; apresa a los que te aprisionaban, hijo de Abinoam." Entonces vencieron los pequeños a los grandes; prevaleció el pueblo de Yahvé contra los fuertes." Los de Efraím los exterminaron en el valle. Detrás de ti (Débora) iba Benjamín con tu ejército. De Maquir bajaron los jefes, de Zabulón los capitanes;" los príncipes de Isacar están con Débora. Barac se precipitó con los infantes en el valle. En las filas de Rubén hay grandes ansiedades de corazón. Y ¿por qué te quedaste en tus apriscos, oyendo las nautas de tus pastores? En las filas de Rubén hay grandes ansiedades de corazón. Galaad descansaba al otro lado del Jordán. Y Dan, ¿por qué se quedó junto a sus naves? Aser, a orillas del mar, descansaba en sus puertos;" pero Zabulón es un pueblo que ofrece su vida a la muerte. Lo mismo es también Neftalí desde lo alto de los campos. Vinieron los reyes, combatieron; lucharon entonces los reyes de Canaán en Tanac, junto a las aguas de Megiddo. No cogieron plata por botín." Desde los cíalos combatieron las estrellas; desde sus órbitas combatieron las estrellas contra Sisara." El torrente de Cisón los arrastró, el torrente de Cisón pisa los cadáveres de los fuertes. Entonces resonaron los cascos de los caballos en la veloz huida de los guerreros. Maldecid a Meroc, dijo el ángel de Yahvé. Maldecid, maldecid a sus habitantes, porque no cooperaron a la victoria de Yahvé, a la ayuda de Yahvé a sus valientes. Bendita entre las mujeres Jael, mujer de Jeber el quineo; bendita entre las mujeres de su tienda." Le pidió agua, y ella le dio leche; en el vaso de honor le sirvió leche;" cogió el clavo con la izquierda, con la derecha el pesado martillo, rompiéndole la cabeza. Rompióle la cabeza, le atravesó la sien. El se retorció, cayó, yació, a sus pies se retorció, cayó donde se retorció, allí mismo quedó exánime. Mira por la ventana la madre de Sisara, por entre las celosías, y grita: ¿Por qué tarda en venir su carro? ¿Por qué tardan en oírse los pasos de su cuadriga? La más avisada de sus mujeres le contesta, y ella repite las mismas palabras: Seguramente está repartiendo los despojos, una joven, dos jóvenes para cada uno, un vestido, dos vestidos de varios colores para Sisara, un vestido, dos vestidos bordados a su cuello. Perezcan así todos los enemigos, ¡oh Yahvé! fuerza.” y sean los que te aman como el sol cuando nace con toda su Perezcan así todos los enemigos, ¡oh Yahvé! fuerza.” y sean los que te aman como el sol cuando nace con toda su [ (Judges 5:32) La tierra estuvo en paz durante cuarenta años. ] Los hijos de Israel hicieron mal a los ojos de Yahvé, y Yahvé los entregó en manos de Madián durante siete años. La mano de Madián pesó fuertemente sobre Israel. Por miedo de Madián se hicieron los hijos de Israel los antros que hay en los montes, las cavernas y las alturas fortificadas. Cuando Israel había sembrado, subía Madián con Amalee y con los Bene Quedem y marchaban contra ellos;" acampaban en medio de Israel y devastaban los campos hasta cerca de Gaza, no dejando subsistencia alguna en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos, pues subían con sus ganados y sus tiendas como una nube de langostas. Ellos y sus camellos eran innumerables y venían a la tierra para devastarla. Israel vino a ser muy pobre a causa de Madián, y los hijos de Israel clamaron a Yahvé.” Cuando los hijos de Israel clamaron a Yahvé contra Madián, Yahvé les envió un profeta, que les dijo: “Así habla Yahvé, Dios de Israel: Yo os hice subir de Egipto y os saqué de la servidumbre;" yo os libré de la mano de los egipcios y de la mano de todos vuestros opresores; yo los arrojé ante vosotros y os di su tierra." Entonces os dije: Yo soy Yahvé, vuestro Dios; no temáis a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis. Pero vosotros no habéis escuchado mi voz.” Vino el ángel de Yahvé y se sentó bajo el terebinto de Ofra, que era propiedad de Joás, abiezerita, cuando Gedeón, su hijo, estaba batiendo el trigo en el lagar para esconderlo de Madián. Apareciósele el ángel de Yahvé y le dijo: “Yahvé contigo, valiente héroe.” Gedeón le dijo: “Por favor, mi señor; si Yahvé está con nosotros, ¿por qué nos sucede todo esto? ¿Dónde están todos los prodigios que nos contaron nuestros padres, diciendo: Yahvé nos hizo subir de Egipto? Y ahora Yahvé nos ha abandonado y nos ha puesto en las manos de Madián.” El ángel de Yahvé se volvió a él y le dijo: “Ve y, con esa fuerza que tú tienes, libra a Israel de las manos de Madián; ¿no soy yo quien te envía?” Gedeón le dijo: “De gracia, señor, ¿con qué voy a libertar yo a Israel? Mi familia es la más débil de las de Manases, y yo soy el más pequeño de la casa de mi padre.” El ángel de Yahvé le dijo: “Yo estaré contigo y derrotarás a Madián como si fuera un solo hombre.” Gedeón le dijo: “Si he hallado gracia a tus ojos, dame una señal de que eres tú quien me habla, y no te vayas de aquí hasta que vuelva yo con una ofrenda y te la presente.” Y él le dijo: “Aquí me estaré hasta que tú vuelvas.” Entróse Gedeón y preparó un cabrito, y con un “efá” de harina hizo panes ácimos; y poniendo la carne en un cestillo y el caldo en una olla, los llevó debajo del terebinto y se los presentó." El ángel de Yahvé le dijo: “Coge la carne y los ácimos, ponlos encima de aquella piedra y vierte sobre ellos el caldo.” Hízolo así Gedeón; y el ángel de Yahvé," alzando el báculo que tenía en la mano, tocó con la punta la carne y los panes. Surgió en seguida fuego de la piedra, que consumió la carne y los panes, y el ángel de Yahvé desapareció de su vista. Viendo Gedeón que era el ángel de Yahvé, dijo: “¡Ay, Señor, Yahvé! ¿Entonces he visto cara a cara al ángel de Yahvé?” Díjole Yahvé: “La paz sea contigo; no temas, no morirás.” Gedeón alzó allí un altar a Yahvé y le llamó Yahvé-Salom, que todavía existe en Ofra de Abiezer. Aquella misma noche le dijo Yahvé a Gedeón: “Coge el toro gordo de tu padre, el toro de siete años; derriba el altar de Baal que tiene tu padre y corta la asera que hay cerca," y construye con la leña un altar a Yahvé, tu Dios, en lo alto de este fuerte; y tomando el toro segundo, lo ofreces en holocausto sobre la leña de la asera que cortarás.” Tomó, pues, Gedeón diez hombres de entre sus criados e hizo como le había mandado Yahvé; pero, como no se atreviese a hacerlo de día, por temor de la casa de su padre y de las gentes de la ciudad, lo hizo de noche." Cuando, al levantarse a la mañana siguiente, las gentes de la ciudad vieron que el altar de Baal había sido destruido, cortada la asera que había cerca y el toro segundo ofrecido en holocausto sobre el altar construido, se preguntaban unos a otros: “¿Quién ha hecho esto?” Inquirieron, buscaron, y alguien dijo: “Gedeón, el hijo de Joás, ha hecho esto.” Entonces dijeron a Joás las gentes de la ciudad: “Saca a tu hijo para que muera, pues ha derribado el altar de Baal y ha cortado la asera que estaba cerca.” Joás respondió a todos los que estaban delante de él: “¿Os toca a vosotros defender a Baal? ¿Sois vosotros los que le habéis de salvar a él? Quien tome partido por Baal será muerto hoy mismo. Si Baal es dios, que se deñenda a sí mismo, ya que le han derribado su altar.” Aquel día dieron a Gedeón el nombre de Jerobaal, diciendo: “Que sea Baal quien se vengue de él, pues que ha derribado su altar.” Todo Madián, Amalee y los Bene Quedem se juntaron y pasaron el Jordán; vinieron a acampar en el valle de Jezrael." El espíritu de Yahvé revistió a Gedeón, que tocó la trompeta, y los abiezeritas le siguieron” Envió mensajeros a todo Manases, que se reunió también para seguirle. Mandólos también a Aser, a Zabulón y a Neftalí, que subieron a su encuentro. Dijo Gedeón a Dios: “Si en verdad quieres salvar a Israel por mi mano, como me has dicho, voy a poner un vellón de lana al sereno; si sólo el vellón se cubre de rocío, quedando todo el suelo seco, conoceré que libertarás a Israel por mi mano, como me lo has dicho.” Así sucedió." A la mañana siguiente levantóse muy temprano, y, exprimiendo el vellón, sacó de él el rocío, una cazuela llena de agua. Gedeón dijo a Dios: “Que no se encienda tu cólera contra mí si hablo todavía otra vez; quisiera hacer otra prueba con el vellón: que sea el vellón el que se quede seco y caiga el rocío sobre todo el suelo.” Así lo hizo Dios aquella noche: sólo el vellón quedó seco, y todo el suelo estaba cubierto de rocío. A la mañana siguiente, Jerobaal, que es Gedeón, fue a acampar, con toda la gente que estaba con él, por encima de la fuente de Jarod. El campamento de Madián estaba debajo del de Gedeón, al norte de las colinas de Moré, en el valle. Y dijo Yahvé a Gedeón: “Es demasiada la gente que tienes contigo para que yo entregue en sus manos a Madián y se gloríe luego Israel contra mí, diciendo: “Ha sido mi mano la que me ha librado.” Haz llegar esto a oídos de la gente: “El que tema y tenga miedo, que se vuelva y se retire.” Veintidós mil hombres se volvieron, y quedaron sólo diez mil. Yahvé dijo a Gedeón: “Todavía es demasiada la gente. Hazlos bajar al agua y allí te los seleccionaré; y aquel de quien yo te diga: Ese irá contigo, vaya; y todos aquellos de quienes te diga: Esos no irán contigo, que no vayan.” Hizo bajar al agua Gedeón a la gente, y dijo Yahvé a Gedeón: “Todos los que en su mano laman el agua con la lengua, como la lamen los perros, ponlos aparte de los que para beber doblen su rodilla.” Trescientos fueron los que al beber lamieron el agua en su mano, llevándola a la boca; todos los demás se arrodillaron para beber." Y dijo Yahvé a Gedeón: “Con esos trescientos hombres que han lamido el agua os libertaré y entregaré a Madián en tus manos. Todos los demás, que se vaya cada uno a su casa.” Se proveyeron de cántaros y cogieron las trompetas, y a todos los otros israelitas los mandó a cada uno a su tienda, quedándose con los trescientos hombres. El campamento de Madián estaba abajo, en el valle. Aquella noche le dijo Yahvé: “Levántate y baja al campamento, porque te los entrego en tus manos. Y si temes atacar, baja con Fura, tu escudero, al campamento, y escucha lo que dicen, y se fortalecerán tus manos y atacarás el campamento.” Bajó con Fura, su escudero, hasta el extremo del campamento donde estaban los hombres de armas. Madián, Amalee y los Bene Quedem se habían extendido por el valle, numerosos como langostas, y sus camellos eran innumerables, como las arenas del mar. Cuando llegó Gedeón, estaba un hombre contando a su compañero su sueño, diciéndole: “He tenido un sueño. Rodaba por el campamento de Madián un pan de cebada, que llegó hasta una tienda y chocó contra ella, la derribó y la hizo rodar por tierra, y la tienda quedó por tierra.” El compañero le dijo: “Eso no es sino la espada de Gedeón, hijo de Joás, varón de Israel, de Jezrael. Dios ha puesto en sus manos a Madián y a todo el campamento.” Como Gedeón oyó el sueño y la explicación, se prosternó; y volviéndose al campamento de Israel, les dijo: “Arriba, que Yahvé ha entregado en nuestras manos el campamento de Madián.” Dividió en tres escuadras los trescientos hombres y les entregó a todos trompetas, cántaros vacíos, y en los cántaros, antorchas encendidas, diciéndoles: “Miradme a mí y haced como me veáis hacer. En cuanto llegue yo a los límites del campamento, hacéis lo que yo haga. Cuando toque yo la trompeta y la toquen los que van conmigo, la tocaréis también vosotros en derredor de todo el campamento, y gritaréis: “¡Por Yahvé y por Gedeón!” Gedeón y el centenar de hombres que le acompañaban llegaron a los límites del campamento al comienzo de la segunda vigilia, en cuanto acababan de relevarse los centinelas, y tocaron las trompetas y rompieron los cántaros que llevaban en la mano. Los tres cuerpos tocaron las trompetas, rompieron los cántaros, y cogiendo las teas con la mano izquierda y las trompetas con la derecha para tocarlas, gritaban: “¡Espada por Yahvé y por Gedeón!” Quedáronse cada uno en su puesto en derredor del campamento, y todo el campamento se puso a correr, a gritar y a huir. Mientras los trescientos hombres tocaban las trompetas, hizo Yahvé que volviesen todos su espada los unos contra los otros en todo el campamento, y huyó el campamento hasta Bet Hassita en la dirección de Sareda, hasta los límites del Abel Mejola, junto a Tabat. Reuniéronse los hombres de Israel, de Neftalí, de Aser y de todo Manases, y persiguieron a los de Madián. Gedeón mandó mensajeros por todo el monte de Efraím para decirles: “Bajad al encuentro de Madián y tomad, antes que lleguen, los vados hasta Bet Bara, en el Jordán.” Reuniéronse todos los hombres de Efraím y tomaron los vados hasta Bet Bara, en el Jordán. Se apoderaron de dos príncipes de Madián, Oreb y Zeb, y dieron muerte a Oreb en la roca de Oreb y a Zeb en el lagar de Zeb. Persiguieron a Madián y llevaron a Gedeón las cabezas de Oreb y Zeb del otro lado del Jordán. Dijéronle los hombres de Efraím: “¿Cómo has hecho con nosotros eso de no llamarnos cuando ibas a combatir con Madián?” Y se querellaron violentamente contra él. El les dijo: “¿Qué es lo que he hecho yo para lo vuestro? ¿No ha sido mejor el rebusco de Efraím que la vendimia de Abiezer? En vuestras manos ha puesto Dios a los príncipes de Madián, Oreb y Zeb. ¿Qué he podido yo hacer comparable a lo vuestro?” Calmóse su cólera contra él cuando así les habló. Llegó Gedeón al Jordán, lo pasó con los trescientos hombres que llevaba, cansados de la persecución, y dijo a las gentes de Sucot: “Dad, os ruego, unos panes a la gente que me sigue, que están cansados y van en persecución de Zebaj y Salmana, reyes de Madián.” Respondiéronle los jefes de Sucot: “¿Acaso tienes ya en tus manos el puño de Zebaj y Salmana, para que demos pan a tu tropa?” Y Gedeón les dijo: “Cuando Yahvé haya puesto en mis manos a Zebaj y Salmana, yo desgarraré vuestras carnes con espinas y cardos del desierto.” Desde allí subió a Fanuel, e hizo a las gentes de Fanuel la misma petición, recibiendo la misma respuesta de los hijos de Sucot. Y dijo también a las gentes de Fanuel: “Cuando vuelva vencedor, arrasaré esta fortaleza.” Zebaj y Salmana estaban en Carcor con su ejército, unos quince mil hombres, los que habían quedado de todo el ejército de los Bene Quedem, pues habían perecido ciento veinte mil hombres de armas. Gedeón subió por el camino de los que moran en tiendas, al oriente de Nobaj y de Jogbea, y atacó el campamento, que se creía a seguro. Zebaj y Salmana huyeron. El los persiguió y se apoderó de los dos reyes de Madián, Zebaj y Salmana, y derrotó a todo su ejército. Volvióse Gedeón, hijo de Joás, de la batalla por la subida de Jares;" y habiendo cogido a un joven de los de Sucot, le interrogó, y éste le dio por escrito los nombres de los jefes y ancianos de Sucot, setenta y siete hombres. Entonces vino Gedeón a las gentes de Sucot y dijo: “Ved aquí a Zebaj y Salmana, con los que me zaheristeis diciendo: ¿Acaso tienes ya en tu poder el puño de Zebaj y Salmana, para que demos de comer a tus tropas fatigadas?” Cogió, pues, a los ancianos de la ciudad, y con espinas y cardos del desierto castigó a los de Sucot. Arrasó la fortaleza de Fanuel y mató a los hombres de la ciudad. Dijo a Zebaj y Salmana: “¿Cómo eran los hombres que matasteis en el Tabor?” Ellos respondieron: “Eran como tú. Cada uno de ellos parecía un hijo de rey.” El les dijo: “Eran hermanos míos, hijos de mi madre. Vive Yahvé, que no os mataría si no les hubierais dado muerte.” Y dijo a Jeter, su primogénito: “Anda, mátalos.” El joven no desenvainó la espada por tener miedo, pues era todavía muy niño;" y Zebaj y Salmana dijeron: “Levántate y mátanos tú, porque eres un valiente.” Levantóse Gedeón y los mató, y tomo las lunetas que llevaban al cuello sus camellos. Las gentes de Israel dijeron a Gedeón: “Reina sobre nosotros tú, tu hijo y los hijos de tu hijo, pues nos has libertado de las manos de Madián.” Respondióles Gedeón: “No reinaré yo sobre vosotros ni reinará tampoco mi hijo. Yahvé será vuestro rey”;" y añadió: “Voy a pediros una cosa. Dadme cada uno de su botín los arillos de nariz que habéis tomado.” Los enemigos, como ismaelitas, llevaban arillos de oro en la nariz. Ellos respondieron: “Con mucho gusto te los daremos”; y, extendiendo un manto, fueron echando en él cada uno los arillos del botín." Y fue el peso de los arillos de oro que había pedido Gedeón de tres mil setecientos siclos de oro, sin contar las lunetas y los pendientes, ni los vestidos de púrpura que llevaban los reyes de Madián, ni los collares que al cuello llevaban sus camellos. Con este oro hizo Gedeón un efod, que puso en su ciudad, en Ofra. Todo Israel iba a prostituirse ante este efod, que fue un lazo para Gedeón y para su casa. Madián quedó humillado ante los hijos de Israel y no volvió a levantar la cabeza, quedando la tierra en paz durante cuarenta años, los días de Gedeón. Jerobaal, hijo de Joás, se volvió a su casa;" y tuvo Gedeón setenta hijos, todos nacidos de él, pues fueron muchas sus mujeres. Una concubina que tenía en Siquem le parió también un hijo, al que puso por nombre Abimelec. Murió Gedeón, hijo de Joás, en buena ancianidad, y fue sepultado en la sepultura de Joás, su padre, en Ofra de Abiezer. Muerto Gedeón, los hijos de Israel se prostituyeron de nuevo ante los baales y tomaron por su dios a Baal-Berit, y no se acordaron más de Yahvé, su Dios, que los había librado de los enemigos que los rodeaban. No se mostraron agradecidos a la casa de Jerobaal (Gedeón), según el mucho bien que éste había hecho por Israel. Abimelec, hijo de Jerobaal, se fue a Siquem y habló a los hermanos de su madre y a toda la familia de la casa del padre de su madre, diciéndoles: “Hablad al oído a todos los varones de Siquem: ¿Qué es mejor para vosotros: que os dominen setenta hombres, todos hijos de Jerobaal, o que os domine uno solo? Acordaos de que yo soy hueso vuestro y carne vuestra.” Habiendo hablado de él los hermanos de su madre a todos los habitantes de la ciudad conforme a aquellas palabras, se inclinó su corazón hacia Abimelec, pues se dijeron: “Este es hermano nuestro”;" y le dieron setenta siclos de plata de la casa de Baal-Berit, con los que asoldó a los hombres vagos y pervertidos que le siguieron. Bajó con ellos a la casa de su padre, a Ofra, y mató a sus hermanos los hijos de Jerobaal, setenta hombres, a todos sobre una misma piedra. Sólo se salvó Jotán, el hijo menor de Jerobaal, que pudo esconderse. Reuniéronse entonces todos los habitantes de Siquem y todos los de Bet Milo, y, viniendo, proclamaron rey a Abimelec junto al terebinto de Mu-sab, que está en Siquem. Súpolo Jotán y fue a ponerse en la cresta del monte Gari-zim; y, alzando su voz, les dijo a gritos desde allí: “Oídme, habitantes de Siquem, así os oiga Dios a vosotros.” Pusiéronse en camino los árboles para ungir un rey que reinase sobre ellos, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. Contestóles el olivo: ¿Voy yo a renunciar a mi aceite, que es mi gloria ante Dios y ante los hombres, para ir a hamacarme sobre los árboles? Dijeron, pues, los árboles a la higuera: Ven tú y reina sobre nosotros. Y les respondió la higuera: ¿Voy a renunciar yo a mis dulces v ricos frutos para ir a mecerme sobre los árboles? Dijeron, pues, los árboles a la vid: Ven tú y reina sobre nosotros. Y les contestó la vid: ¿Voy yo a renunciar a mi mosto, alegría de Dios y de los hombres, para ir a mecerme sobre los árboles? Y dijeron todos los árboles a la zarza espinosa: Ven tú y reina sobre nosotros. Y dijo la zarza espinosa a los árboles: Si en verdad queréis ungirme por rey vuestro, venid y poneos a mi sombra, y si no, que salga fuego de la zarza espinosa y devore a los cedros del Líbano. Ahora bien: si al elegir rey a Abimelec habéis obrado bien y justamente; si os habéis portado con Jerobaal y su casa como ella merecía" pues mi padre combatió por vosotros, y, exponiendo su vida, os libró del poder de Madián, levantándoos hoy contra la casa de mi padre y matando a sus hijos, setenta sobre una misma piedra, y haciendo rey de las gentes de Siquem a Abimelec, hijo de una esclava suya, porque es hermano vuestro;" si habéis obrado leal y justamente hoy con Jerobaal y su casa, que haga Abimelec vuestra felicidad y que hagáis vosotros la suya. Pero, si no, que salga de Abimelec un fuego que devore a los habitantes de Siquem y de Bet Milo, y salga de Siquem y de Bet Milo un fuego que devore a Abimelec. Retiróse Jotán y emprendió la huida, yéndose a Ber, donde habitó, por miedo de Abimelec, su hermano. Tres años dominó Abimelec sobre Israel. Mandó Dios un mal espíritu entre Abimelec y los habitantes de Siquem, e hicieron traición los habitantes de Siquem a Abimelec, para que el asesinato de los setenta hijos de Jeroboal y la sangre de ellos cayese sobre Abimelec, su hermano, que los había matado, y sobre los habitantes de Siquem, que le habían prestado ayuda para matar a sus hermanos. Pusieron los habitantes de Siquem en lo alto de los montes asechanzas, que despojaban a cuantos pasaban cerca de ellos por los caminos, y llego esto a conocimiento de Abimelec. Vino a Siquem Gaal, hijo de Obed, con sus hermanos. Los de Siquem pusieron en él su confianza, y salieron al campo, vendimiaron sus viñas, pisa, ron e hicieron gran fiesta; y entrando en la casa de su dios, comieron y bebieron, maldiciendo a Abimelec. “¿Quién es Abimelec y quién es Siquem —" dijo Gaal, hijo de Obed — para que le sirvamos? ¿No sirvieron el hijo de Jerobaal y Zebul, su gobernador, a los hombres de Jamor, padre de Siquem? ¿Por qué, entonces, vamos a servirles a ellos nosotros? ¿Quién me diera este pueblo en mis manos! Yo expulsaría a Abimelec. Le diría: Refuerza tu ejército y sal.” Llegaron a oídos de Zebul, gobernador de la ciudad, las palabras de Gaal, hijo de Obed, y, montando en cólera, mandó secretamente mensajeros a Abimelec a Aruma para decirle: “Mira que ha venido Gaal, hijo de Obed, a Siquem con sus hermanos, y está sublevando a la ciudad contra ti. Sal, pues, de noche tú y la gente que tienes contigo y ponte en el campo de emboscada. Por la mañana, al salir del sol, levántate y cae sobre la ciudad; y cuando Gaal y los que le siguen salgan contra ti, haz contra ellos lo que puedas.” Levantóse Abimelec y toda la gente que con él tenía, de noche, y se pusieron en emboscada cerca de Siquem, divididos en cuatro cuerpos. Salió Gaal, hijo de Obed, a la puerta de la ciudad, y se alzó Abimelec y el cuerpo que con él estaba de la emboscada. Vio Gaal a la gente, y dijo a Zebul: cómo baja gente de las cumbres de los montes.” Y le dijo Zebul: “Son las sombras de los montes, que se te hacen hombres.” Volvió a mirar Gaal, y dijo: “Es gente que baja del interior de la tierra y otro cuerpo que viene por el camino de la encina de los adivinos.” Díjole entonces Zebul: “¿Dónde está ahora tu boca, con que dijiste: Quién es Abimelec para que le sirvamos? ¿No es ésa la gente para ti despreciable? Sal, pues, a darle la batalla.” Salió Gaal, y a la vista de los habitantes de Siquem combatió contra Abimelec, que le puso en fuga. Gaal huyó de él, y cayeron muchos hasta la puerta de la ciudad. Abimelec volvió a Aruma mientras que Zebul impidió a Gaal y los suyos permanecer en la ciudad. Al día siguiente salió el pueblo al campo, y lo supo Abimelec, que, cogiendo su gente, la había dividido en tres cuerpos, los había puesto en el campo en emboscada, y, cuando vio que el pueblo salía de la ciudad, se levantó, arremetió contra ellos, y, avanzando Abimelec con el cuerpo que le seguía, se puso a la puerta de la ciudad, mientras que los otros dos cuerpos se extendían por el campo y destrozaban a cuantos en él había. Abimelec combatió a la ciudad durante todo aquel día y se apoderó de ella, dando muerte a cuantos allí había; la destruyó y la sembró de sal." Así que lo oyeron los que estaban en la fortaleza de Siquem, se fueron a la torre del templo de El-Berit. Supo Abimelec que se habían reunido todos los habitantes de la fortaleza de Siquem, y subió al monte Selmón con toda la gente que llevaba; y, tomando en su mano un hacha, cortó una rama de un árbol y se la puso al hombro, mandando a su gente que hiciera prestamente lo que le veía hacer a él." Cortó, pues, también toda la gente cada uno su rama; y siguiendo a Abimelec, las pusieron contra la fortaleza, y prendiéndoles fuego, la incendiaron, muriendo allí todos los habitantes de la fortaleza de Siquem, unos mil entre hombres y mujeres." Fue luego Abimelec a Tebes, que sitió y tomó. Pero había en Tebes, en medio de la ciudad, una fuerte torre, en la que se refugiaron todos los habitantes de la ciudad, hombres y mujeres, y, cerrando tras sí, se subieron a lo alto de la torre. Abimelec llegó a la torre, la atacó y se aproximó para pegar fuego a la puerta, y entonces una mujer le lanzó contra la cabeza un pedazo de rueda de molino y le rompió el cráneo. Llamó él en seguida a su escudero, y le dijo: “Saca tu espada y mátame, para que no pueda decirse que me mató una mujer.” El joven le traspasó, y murió Abimelec. Viendo los hijos de Israel que había muerto Abimelec, fuéronse cada uno a su casa. Así hizo caer Dios sobre la cabeza de Abimelec el mal que había hecho a su padre, asesinando a sus setenta hermanos;" y sobre las gentes de Siquem, todo el mal que habían hecho, cumpliéndose en ellos la maldición de Jotán, hijo de Jerobaal. Después de Abimelec surgió para librar a Israel Tola, hijo de Fuá, hijo de Dodó, hombre de Isacar. Habitó en Samir, en los montes de Efraím. Juzgó a Israel durante veintitrés años y murió, siendo sepultado en Samir. Después de él surgió Jair, de Galaad, que juzgó a Israel por veintidós años. Tuvo treinta hijos, que montaban treinta asnos y eran dueños de treinta ciudades, llamadas todavía Javot Jair, en la tierra de Galaad. Murió Jair y fue sepultado en Camón. Volvieron los hijos de Israel a hacer mal a los ojos de Yahvé, y sirvieron a los baales y astartés, a los dioses de Sidón, a los de Moab, a los de los hijos de Amón, a los de los filisteos, y se apartaron de Yahvé, no sirviéndole más. Encendióse la ira de Yahvé contra Israel y los entregó en manos de los filisteos y en manos de los hijos de Amón, que durante dieciocho años oprimieron y afligieron con gran violencia a los hijos de Israel, a todos los hijos de Israel que habitaban al otro lado del Jordán, en la tierra de los amorreos, en Galaad. Los hijos de Amón pasaron el Jordán para combatir a Judá, a Benjamín y a la casa de Efraím, viéndose Israel muy apretado. Clamaron a Yahvé los hijos de Israel, diciendo: “Hemos pecado contra ti, porque hemos dejado a nuestro Dios y hemos servido a los baales.” Yahvé dijo a los hijos de Israel: “¿No os he hecho yo subir de Egipto? ¿Y los amorreos, y los hijos de Amón, y los filisteos, y los de Sidón y Amalee os oprimieron, y clamasteis a mí y os salvé yo de sus manos? Pero vosotros me habéis dejado a mí para servir a dioses extraños. Por eso no os liberaré ya más. Id e invocad a los dioses que os habéis dado; que os libren ellos al tiempo de vuestra angustia.” Los hijos de Israel dijeron a Yahvé: “Hemos pecado; castíganos como quieras, pero líbranos ahora.” Quitaron de en medio de ellos los dioses extraños y sirvieron a Yahvé, que no pudo soportar la aflicción de Israel. Reuniéronse los hijos de Amón y acamparon en Galaad; y se reunieron también los hijos de Israel, acampando en Masfa." El pueblo, los jefes de Galaad, se dijeron unos a otros: “¿Quién será el que comenzará a combatir a los hijos de Amón? Que sea él quien mande a todos los habitantes de Galaad.” Era Jefté, el galadita, un fuerte guerrero, hijo de una meretriz, y tuvo por padre a Galaad. La mujer de Galaad dio a éste otros hijos, que, cuando fueron grandes, arrojaron de casa a Jefté, diciendo: “No vas tú a heredar en la casa de nuestro padre, pues eres hijo de otra mujer.” Jefté huyó de sus hermanos y habitó en tierra de Tob. Uniéronse con él gentes perdidas, que salían con él. Al cabo de días hicieron guerra los hijos de Amón contra Israel, y fueron entonces los ancianos de Galaad a la tierra de Tob en busca de Jefté. Y le dijeron: “Ven; serás nuestro jefe en la guerra contra los hijos de Amón.” Respondió Jefté a los ancianos de Galaad, diciéndoles: “¿No sois vosotros los que me aborrecéis y me arrojasteis de la casa de mi padre? ¿A qué venís a mí ahora, cuando os veis en aprieto ?” Los ancianos de Galaad respondieron: “Por eso venimos a ti ahora, para que vengas a combatir con nosotros a los hijos de Amón y seas nuestro jefe y de todos los habitantes de Galaad.” Contestóles Jefté: “Si me lleváis con vosotros a combatir contra los hijos de Amón, en el caso de que Yahvé me los entregue, seré vuestro jefe.” Dijéronle los ancianos a Galaad: “Sea Yahvé testigo entre nosotros si no hiciéremos lo que dices,” Partió Jefté con los ancianos de Galaad y le hicieron su jefe y caudillo, y repitió Jefté sus palabras en presencia de Yahvé, en Masfa. Mandó Jefté mensajeros al rey de los hijos de Arnón que le dijeran: “¿Qué hay entre ti y mí para que hayas venido contra mí a combatir la tierra?” El rey de los hijos de Arnón respondió a los mensajeros de Jefté: “Cuando subió Israel de Egipto, se apoderó de mi tierra desde el Arnón hasta el Jaboc y hasta el Jordán. Devuélvemela, pues, ahora pacíficamente.” Jefté mandó nuevos mensajeros al rey de los hijos de Amón que le dijeran: “He aquí lo que dice Jefté: Israel no se apoderó de la tierra de Moab ni de la tierra de los hijos de Amón. Cuando Israel subió de Egipto, marchó por el desierto hasta el mar Rojo y llegó a Cades. Entonces envió Israel mensajeros al rey de Edom para que le dijeran: Te ruego me dejes pasar por tu tierra; pero el rey de Edom no se lo consintió; también se los envió al rey de Moab, que rehusó; e Israel se quedó en Cades." Después, marchando por el desierto, rodeó la tierra de Edom y la tierra de Moab, y llegó al oriente de la tierra de Moab y acampó del lado de allá del Arnón, sin entrar en tierra de Moab, pues el Arnón es el límite de Moab. Israel envió mensajeros a Seón, rey de los amorreos, rey de Hesebón, para decirle: Te ruego que nos dejes pasar por tu tierra hasta nuestro lugar. Pero Seón no se fió de Israel, dejándole pasar por su tierra, y reuniendo a toda su gente, acampó en Jahsa y luchó contra Israel. Yahvé, Dios de Israel, puso a Seón con todo su pueblo en las manos de Israel, que los derrotó y se apoderó de la tierra de los amorreos, que habitaban en aquella región. Se apoderó de toda la tierra de los amorreos desde el Arnón hasta el Jaboc y desde el desierto hasta el Jordán. Ahora, pues, que Yahvé, Dios de Israel, desposeyó a los amorreos ante su pueblo Israel, ¿pretendes tú apoderarte de su tierra ? Eso que Gamos, tu dios, te ha dado en posesión, ¿no lo posees tú? ¿Y no vamos a poseer nosotros lo que Yahvé, nuestro Dios, nos ha dado en posesión? ¿Querrás tú ser mejor que Balac, hijo de Sefor, rey de Moab? ¿Acaso ha disputado éste a Israel su tierra? ¿Le ha hecho acaso la guerra? Hace trescientos años que habita Israel en Hesebón y en Jazer y en las ciudades que de ellas dependen, lo mismo que en todas las que están a orillas del Jordán. ¿Por qué no las habéis tomado durante todo ese tiempo? Yo no te he hecho mal alguno; pero tú obras mal conmigo haciéndome la guerra. Que Yahvé, el juez, juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Amón.” El rey de los hijos de Amón desoyó lo que Jefté le mandó a decir. El espíritu de Yahvé fue sobre Jefté, y, pasando por Ga-laad y Manases, llegó hasta Masfa de Galaad, y de Masfa de Galaad pasó a retaguardia de los hijos de Amón. Jefté hizo voto a Yahvé, diciendo: “Si pones en mis manos a los hijos de Amón, el que a mi vuelta, cuando venga yo en paz de vencerlos, salga de la puerta de mi casa a mi encuentro, será de Yahvé y se lo ofreceré en holocausto.” Avanzó Jefté contra los hijos de Amón y se los dio Yahvé en sus manos, batiéndolos desde Aroer hasta según se va a Menit, veinte ciudades, y hasta Abel Queramim. Fue una gran derrota, y los hijos de Amón quedaron humillados ante los hijos de Israel. Al volver Jefté a Masfa, salió a recibirle su hija con tímpanos y danzas. Era su hija única; no tenía más hijos ni hijas." Al verla rasgó él sus vestiduras y dijo: “¡Ah, hija mía, me has abatido del todo, y tú misma te has abatido al mismo tiempo! He abierto mi boca a Yahvé sobre ti y no puedo volverme atrás.” Ella le dijo: “Padre mío, si has abierto tu boca a Yahvé, haz conmigo lo que de tu boca salió, pues te ha vengado Yahvé de tus enemigos, los hijos de Amón.” Y añadió: “Hazme esta gracia: déjame que por dos meses vaya con mis compañeras por les montes, llorando mi virginidad.” “Ve,” le contestó él, y ella se fue por los montes con sus compañeras y lloró por dos meses su virginidad. Pasados los dos meses, volvió a su casa y él cumplió en ella el voto que había hecho. No había conocido varón. De ahí viene la costumbre en Israel de que cada año se reúnan las hijas de Israel para llorar a la hija de Jefté, galadita, por cuatro días. Los hijos de Efraím se reunieron, y, pasando a Safón, dijeron a Jefté: “¿Por qué fuiste a combatir a los hijos de Amón sin habernos llamado a combatir contigo? Vamos a pegar fuego a tu casa.” Jefté les respondió: “Estaba yo y estaba mi pueblo en gran contienda con los hijos de Amón. Entonces os llamé yo, pero no me habéis librado vosotros de sus manos. Viendo que no había quien me librase, puse mi vida en mis manos, marché contra los hijos de Amón, y Yahvé me los entrego. ¿Por qué, pues, venís hoy a hacerme la guerra?” Reunió Jefté a todas las gentes de Galaad y libró batalla contra Efraím. Y los hombres de Galaad derrotaron a los de Efraím, que decían de ellos: “Vosotros, galaditas, sois huidos de Efraím; ni sois de Efraím ni de Manases.” Los galaditas se apoderaron de los vados del Jordán, enfrente de Efraím; y cuando llegaba alguno de los fugitivos de Efraím, diciendo: “Dejadme pasar,” le preguntaban: “¿Eres efraimita?” Respondía: “No.” Entonces ellos le decían: “A ver, di: shibbolet,” y él decía sibbolet, pues no podían pronunciar así. Los hombres de Galaad le cogían y le degollaban junto a los vados del Jordán. Murieron entonces cuarenta y dos mil hombres de Efraím. Juzgó a Israel Jefté, galadita, durante seis años, y murió, siendo sepultado en una de las ciudades de Galaad. Después de él fue juez en Israel Abesán, de Belén. Tuvo treinta hijos y treinta hijas. Casó a éstas con gente de fuera y trajo de fuera mujeres para sus hijos. Juzgó a Israel siete años, murió y fue sepultado en Belén. Después de él juzgó a Israel Elón, de Zabulón, durante diez años;" murió Elón, de Zabulón, y fue sepultado en Ayalón, en tierra de Zabulón. Después de él juzgó a Israel Abdón, hijo de Hilel, de Faratón. Tuvo cuarenta hijos y treinta nietos, que montaban sobre setenta asnos. Juzgó a Israel durante ocho años, murió y fue sepultado en Faratón, en el monte de Efraím, en tierra de Salim. Volvieron los hijos de Israel a hacer el mal a los ojos de Yahvé, y Yahvé los dio en manos de los filisteos durante cuarenta años. Había un hombre de Sora, de la familia de Dan, de nombre Manué. Su mujer era estéril y no le había dado hijos. El ángel de Yahvé se apareció a la mujer y le dijo: “Eres estéril y sin hijos, pero vas a concebir y parirás un hijo. Mira, pues, que no bebas vino ni licor alguno inebriante ni comas nada inmundo, pues vas a concebir y a parir un hijo a cuya cabeza no ha de tocar la navaja, porque será nazareo de Dios el niño desde el vientre de su madre y será el que primero librará a Israel de la mano de los filisteos.” Fue la mujer y dijo a su marido: “Ha venido a mí un hombre de Dios. Tenía el aspecto de un ángel de Dios muy temible. Yo no le pregunté de dónde venía ni me dio a conocer su nombre, pero me dijo: Vas a concebir y parir un hijo. No bebas, pues, vino ni otro licor inebriante y no comas nada inmundo, porque el niño será nazareo de Dios desde el vientre de su madre hasta el día de su muerte.” Entonces Manué oró a Yahvé, diciendo: “De gracia, Señor: que el hombre de Dios que enviaste venga otra vez a nosotros para que nos enseñe lo que hemos de hacer con el niño que ha de nacer.” Oyó Dios la oración de Manué y volvió el ángel de Dios a la mujer de Manué cuando estaba ésta sentada en el campo y no estaba con ella su marido. Corrió ella en seguida a anunciárselo a su marido, diciéndole: “El hombre que vino a mí el otro día acaba de aparecérseme.” Levantóse Manué y, siguiendo a su mujer, fue hacia el hombre y le dijo: “¿Eres tú el que has hablado a esta mujer?” El respondió: “Yo soy.” Repuso Manué: “Cuando tu palabra se cumpla, ¿qué hay que guardar y qué habremos de hacerle?” El ángel de Yahvé dijo a Manué: “La mujer, que se abstenga de cuanto la he dicho: que no tome nada de cuanto procede de la vid, no beba vino ni otro licor inebriante y no coma nada inmundo; cuanto le mandé ha de observarlo.” Manué dijo al ángel de Yahvé: “Te ruego que permitas que te retengamos mientras te traemos preparado un cabrito.” El ángel de Yahvé dijo a Manué: “Aunque me retengas, no comería tus manjares; pero, si quieres preparar un holocausto, ofréceselo a Yahvé.” Manué, que no sabía que era el ángel de Yahvé," le dijo: “¿Cuál es tu nombre, para que te honremos cuando tu palabra se cumpla?” El ángel de Yahvé le respondió: “¿Para qué me preguntas mi nombre, que es Admirable?” Manué tomó el cabrito y la oblación para ofrecerlo a Yahvé en holocausto sobre la roca, y sucedió un prodigio a la vista de Manué y su mujer. Cuando subía la llama de sobre el altar hacia el cielo, el ángel de Yahvé se puso sobre la llama del altar. Al verlo Manué y su mujer, cayeron rostro a tierra, y ya no vieron más al ángel de Yahvé, y dijo a su mujer: “Vamos a morir, porque hemos visto a Dios.” La mujer le contestó: “Si Yahvé quisiera hacernos morir, no habría recibido de nuestras manos el holocausto y la oblación ni nos hubiera hecho ver todo esto ni oír hoy todas estas cosas.” Parió la mujer un hijo y le dio el nombre de Sansón. Creció el niño, y Yahvé le bendijo, y comenzó a mostrarse en él el espíritu de Yahvé en el campo de Dan, entre Sora y Estaol. Bajó Sansón a Timna y vio allí una mujer de entre las hijas de los filisteos;" y cuando volvió a subir, dijo a su padre y a su madre: “He visto en Timna una mujer de las hijas de los filisteos; id a tomármela por mujer.” Dijéronle su padre y su madre: “¿Acaso no hay mujeres entre las hijas de tus hermanos y entre todo tu pueblo para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos, incircuncisos?” Repuso Sansón y dijo a su padre: “Tómame ésa, pues me gusta.” Su padre y su madre no sabían que aquello venía de Yahvé, que buscaba una ocasión de parte de los filisteos, que eran los que entonces oprimían a Israel. Bajó Sansón a Timna, cuando al llegar a los olivares de Timna le salió al encuentro un joven león rugiendo. Apoderóse de Sansón el espíritu de Yahvé, y, sin tener nada a mano, destrozó al león como se destroza un cabrito. No dijo nada a su padre ni a su madre de lo que había hecho. Bajó y habló a la mujer que le había gustado. Tiempo después, bajando para desposarse con ella, se desvió para ver el cadáver del león, y vio que había un enjambre de abejas con miel en la osamenta del león. Cogióla con sus manos y siguió andando y comiendo; y cuando llegó a su padre y a su madre, les dio de ella, sin decirles que la había tomado de la osamenta del león, y ellos la comieron." Bajó, pues, Sansón a casa de la mujer, y Sansón dio allí un banquete, según la costumbre de los mozos. Y porque le temían, invitaron a treinta mozos para acompañarle. Sansón les dijo: “Quisiera que me permitierais proponeros un enigma.Si dentro de los siete días del convite me lo descifráis acertada” mente, yo tendré que daros treinta camisas y treinta túnicas;" pero, si no podéis descifrármelo, seréis vosotros los que habréis de darme a mí treinta camisas y treinta túnicas.” Ellos le dije” ron: “Propon tu enigma, que lo oigamos.” El les dijo: “Del que come salió lo que se come, y del fuerte, la dulzura.” Tres días pasaron sin que pudieran descifrar el enigma. Llegó el día séptimo. A la mujer de Sansón le habían dicho: “Persuade a tu marido a que te dé la solución del enigma; si no, te quemaremos a ti y la casa de tu padre. ¿Nos habéis invitado para robarnos?” Ella lloraba y le decía: “Me aborreces; has propuesto un enigma a los hijos de mi pueblo y no quieres explicármelo a mí.” El le respondió: “No se lo he explicado ni a mi padre ni a mi madre, ¿y voy a explicártelo a ti?” ASÍ le había estado llorando durante los siete días del convite; pero el séptimo día tanto lo importunó, que él dio la explicación, y ella se la comunicó a los hijos de su pueblo." Los de la ciudad dijeron a Sansón el día séptimo antes de la puesta del sol: “¿Qué más dulce que la miel? ¿Qué más fuerte que el león?” El les contestó: “Si no hubierais arado con mi novilla, no hubierais descifrado mi enigma.” Apoderóse de él el espíritu de Yahvé, y, bajando a Ascalón, mató allí a treinta hombres, los despojó y dio las túnicas a los que habían descifrado el enigma. Muy enfurecido, se subió a casa de sus padres. La mujer de Sansón fue entregada a uno de los mozos que le habían servido de compañeros. Al cabo de días, al tiempo de la siega, fue Sansón a visitar a su mujer, llevando un cabrito, y dijo: “Quiero entrar a mi mujer en su cámara.” Pero el padre le negó la entrada, diciendo: “Yo creí que la habías aborrecido enteramente y se la he entregado a tu compañero. Su hermana menor es más hermosa todavía que ella. Tómala por mujer en lugar suyo.” Sansón le dijo: “Ahora, ya sin culpa de mi parte contra los filisteos, podré hacerles daño.” Se fue, y cogiendo trescientas zorras y teas, ató a las zorras dos a dos, cola con cola, y puso entre ambas colas una tea. Encendió luego las teas y soltó a las zorras en las mieses de los filisteos, abrasando los montones de gavillas, los trigos todavía en pie y hasta los olivares. Los filisteos se preguntaban: “¿Quién ha hecho esto?” Y se les dijo: “Ha sido Sansón, el yerno del timneo, porque éste le ha quitado su mujer y se la ha dado a un compañero suyo.” Los filisteos subieron y la quemaron a ella y a la casa de su padre. Sansón les dijo: “¿Eso habéis hecho? Pues yo no pararé hasta vengarme de vosotros.” Y les tundió ancas y muslos, haciendo en ellos gran destrozo, y se bajó luego a la caverna del roquedo de Etam. Subieron entonces los filisteos y acamparon en Judá, extendiéndose por Leji. Los de Judá les preguntaron: “¿Por qué habéis subido contra nosotros?” Ellos respondieron: “Hemos venido a atar a Sansón para tratarle como él nos ha tratado a nosotros.” Bajaron, pues, tres mil hombres de Judá a la caverna del roquedo de Etam, y dijeron a Sansón: “¿No sabes que los filisteos nos dominan? ¿Por qué nos has hecho eso?” El les respondió: “He hecho con ellos como ellos han hecho conmigo.” Ellos repusieron: “Hemos bajado para atarte y entregarte atado en manos de los filisteos.” Sansón respondió: “Jurad que no vais a matarme.” Ellos le dijeron: “No; solamente a atarte, para entregarte a los filisteos; pero no te mataremos.” Y, atándole con dos cuerdas nuevas, le hicieron subir al roquedo." Llegados a Leji, los filisteos les salieron al encuentro lanzando gritos de júbilo. Apoderóse entonces de él el espíritu de Yahvé, y las cuerdas que a los brazos tenía fueron corno hilos de lino quemados por el fuego; las ligaduras cayeron de sus manos," y, viendo cerca una quijada de asno fresca, la tomo y derroto con ella a mil hombres. Dijo Sansón: “Con una quijada de asno los he aporreado bien; con una quijada de asno he matado a mil hombres.” Y dicho esto, tiró la quijada y llamó a aquel lugar Ramat Leji. Devorado por la sed, clamó a Yahvé, diciendo: “Eres tú el que por la mano de tu siervo has hecho esta gran liberación; ¿voy a caer ahora, muerto de sed, en la mano de los incircuncisos?” Y abrió Yahvé el pilón que hay en Leji y brotó de él agua. Bebió, se recobró y vivió, y la llamó por eso la fuente de En Hacore, que es la que hay todavía en Leji. Sansón juzgó a Israel, en tiempo de los filisteos, durante veinte años. Fue Sansón a Gaza, donde había una meretriz, a la cual entró. Se les dijo a las gentes de Gaza: “Ha venido aquí Sansón.” Y le cercaron y estuvieron toda la noche en acecho cerca de la puerta de la ciudad. Se estuvieron tranquilos durante la noche, diciéndose: “Al alba le mataremos.” Sansón estuvo acostado hasta media noche. A media noche se levantó, y, tomando las dos hojas de la puerta de la ciudad con las jambas y el cerrojo, se las echó al hombro y las llevó a la cima del monte que mira hacia Hebrón. Después amó a una mujer del valle de Sorec, de nombre Dalila. Los príncipes de los filisteos subieron a ella y la dijeron: “Sedúcele para saber en qué está su gran fuerza y cómo podríamos apoderarnos de él, para atarle y castigarle. Si lo haces, te daremos cada uno mil cien siclos de plata.” Dijo, pues, Dalila a Sansón: “Dime, te ruego, en qué está tu gran fuerza y con qué habrías de ser atado para sujetarte.” Sansón respondió: “Si me atasen con siete cuerdas húmedas, que no se hubieran secado todavía, me quedaría sin fuerzas y sería como otro hombre cualquiera.” Subiéronle los príncipes de los filisteos las siete cuerdas húmedas, sin secar todavía, y ella le ató con ellas. Como tenía en su cuarto gentes en acecho, le gritó: “¡Sansón, los filisteos sobre ti!” El rompió las cuerdas como se rompe un cordón de estopa cuando se le pega fuego, y quedó desconocido el secreto de su fuerza. Dalila dijo a Sansón: “Te has burlado de mí y me has engañado. Dime, pues, ahora con qué hay que atarte.” El le dijo: “Si me atan con cuerdas nuevas que no hayan sido empleadas para ningún otro uso, me quedaré sin fuerzas y seré como otro cualquiera.” Dalila cogió cuerdas nuevas y le ató con ellas. Después le gritó: “¡Sansón, los filisteos sobre ti!” pues tenía en el cuarto gentes en acecho. El rompió como un hilo las cuerdas que tenía en los brazos. Dalila dijo a Sansón: “Hasta ahora te has burlado de mí y no me has dicho más que mentiras. Dime de una vez con qué hay que atarte.” El le dijo: “Si entretejes con un lizo las siete trenzas de mi cabeza y las fijas con una clavija de tejedor, me quedaré sin fuerzas y seré como otro hombre cualquiera.” Dalila le adormeció y entretejió con un lizo las siete trenzas, las fijó con la clavija de tejedor y le gritó: “¡Sansón, los filisteos sobre ti!” Y despertando de su sueño, arrancó la clavija y el entretejido, y quedó desconocido el secreto de su fuerza.” Ella le dijo: “¿Cómo puedes decir que me quieres, cuando tu corazón no está conmigo? Por tres veces te has burlado de mí y no me has descubierto en qué está tu gran fuerza.” Y le importunaba incesantemente, siempre insistiendo en su demanda, hasta llegar a producirle un tedio de muerte. Y le abrió de par en par su corazón, diciendo: “Nunca ha tocado la navaja mi cabeza, pues soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si me rapasen, perdería mi fuerza, quedaría débil y sería como todos los otros hombres,” Dalila vio que en verdad le había abierto de par en par su corazón; y mandó llamar a los príncipes de los filisteos, diciéndoles: “Subid, que esta vez ya me ha abierto de par en par su corazón.” Subieron, llevando el dinero en sus manos." Le durmió ella sobre sus rodillas, y, llamando un hombre, hizo que raparan las siete trenzas de la cabellera de Sansón, que comenzó a debilitarse. Había perdido su fuerza, y ella le dijo entonces: “¡Sansón, los filisteos sobre ti!” El se despertó, diciendo: “Saldré como tantas otras veces y me sacudiré,” pues no sabía que Yahvé se había apartado de él. Los filisteos lo tomaron prisionero, le sacaron los ojos y, llevándole a Gaza, le encadenaron con doble cadena de bronce, y en la cárcel le pusieron a hacer dar vueltas a la muela. Entretanto, volvieron a crecerle los pelos de la cabeza, después de haber sido rapada. Los príncipes de los filisteos se congregaron para ofrecer un gran sacrificio a Dagón, su dios, y, para regocijarse, decían: “Nuestro dios ha puesto en nuestras manos a Sansón, nuestro enemigo.” El pueblo, al verle, alababa a su dios, diciendo: “Nuestro dios ha puesto en nuestras manos a nuestro enemigo, al que asolaba nuestra tierra y mató a tanta gente.” Cuando su corazón se alegró, dijeron: “Que traigan a Sansón para que nos divierta.” Sansón fue sacado de la cárcel y tuvo que bailar ante ellos. Habíanle puesto entre las columnas, y Sansón dijo al mozo que le hacía de lazarillo: “Déjame tocar las columnas que sostienen la casa, para apoyarme.” Estaba la casa llena de hombres y mujeres. Allí estaban los príncipes de los filisteos, y había sobre el techo más de tres mil personas, hombres y mujeres, viendo bailar a Sansón. Entonces invocó Sansón a Yahvé, diciendo: “Señor, Yahvé, acuérdate de mí; devuélveme la fuerza sólo por esta vez, para que ahora me vengue de los filisteos por mis dos ojos.” Sansón se agarró a las dos columnas centrales que sostenían la casa, y, haciendo fuerza sobre ellas, sobre la una con la mano derecha, sobre la otra con la mano izquierda, dijo: “¡Muera yo con los filisteos!” Tan fuertemente sacudió las columnas, que la casa se hundió sobre los príncipes de los filisteos y sobre todo el pueblo que allí estaba, siendo los muertos que hizo al morir más que los que había hecho en vida. Sus hermanos y toda la casa de su padre bajaron y se lo llevaron, y le sepultaron entre Sora y Estaol, en la sepultura de Manué, su padre. Juzgó a Israel durante veinte años. Había un hombre de los montes de Efraím, Mica de nombre. Dijo éste a su madre: “Los mil cien siclos de plata que habías puesto aparte, por los que te oí lamentarte a veces, yo los tengo, yo te los quité.” Díjole su madre: “Bendito de Yahvé seas, hijo mío.” Devolvió, pues, los mil cien siclos de plata a su madre, que dijo: “Quiero consagrar a Yahvé este dinero y que de mi mano pase a mi hijo, para que se haga una imagen tallada y chapeada. Ahí, pues, te lo entrego.” Habiendo, pues, devuelto él a su madre el dinero, tomó su madre doscientos siclos y se los dio a un orífice, y éste hizo una imagen tallada y chapeada, que quedó en la casa de Mica;" y así un hombre como Mica vino a tener una casa de Dios. Hízose también un efod y unos “terafim,” y llenó la mano de uno de sus hijos para que hiciera de sacerdote. No había entonces rey en Israel, y hacía cada uno lo que bien le parecía. Un joven de Belén de Judá, de nombre Jonatán, levita, que habitaba allí, saliendo de la ciudad de Belén de Judá, se puso a recorrer la tierra para buscar dónde vivir, y, pasando por los montes de Efraím, llegó en su camino a la casa de Mica, Preguntóle Mica: “¿De dónde vienes?” y el levita le contestó: “Soy de Belén de Judá y ando a ver si encuentro dónde vivir.” El jóle Mica: “Quédate conmigo y me servirás de padre y de sacerdote. Te daré diez siclos de plata al año, vestidos y comida.” Y pasó allí el levita la noche y consintió en quedarse con Mica, para quien fue el joven como otro hijo. Llenó, pues, Mica la mano del levita, y el joven hizo con él de sacerdote, quedándose en casa de Mica. Dijo Mica: “Ahora sí que de cierto me favorecerá Yahvé, pues tengo por sacerdote a un levita.” No había por aquel entonces rey en Israel. En aquellos días, la tribu de Dan andaba buscando dónde establecerse, pues no le había tocado hasta entonces heredad en medio de las otras tribus de Israel. Mandaron, pues, los hijos de Dan de entre los suyos a cinco exploradores, hombres fuertes; los mandaron de Sora y de Estaol para que recorriesen la tierra y la explorasen, diciéndoles: “Id a reconocer la tierra.” Llegaron los cinco hombres, por los montes de Efraím, hasta la casa de Mica, y pasaron allí la noche." Estando cerca de la casa de Mica, conocieron por la voz al joven levita, y, acercándose a él, le preguntaron: “¿Quién te ha traído a ti aquí? ¿Qué haces aquí y qué tienes aquí?” El les contestó: “Mica ha hecho por mí esto y lo otro, y me he ajustado con él y le sirvo de sacerdote.” Ellos le dijeron: “Entonces consulta a Dios para que sepamos si prosperará el viaje que hemos emprendido.” Y les dijo el sacerdote: “Id tranquilos; está ante Yahvé el camino que seguís.” Reemprendieron su camino los cinco hombres y llegaron a Lais. Vieron que la gente de ella vivía en seguridad, a modo de los sidonios, pacífica y tranquilamente, sin que nadie dañase a nadie, y que eran ricos y estaban alejados de los sidonios y no tenían relación con la Siria. Volviéronse, pues, a sus hermanos, a Sora y Estaol, que les preguntaron: “¿Qué traéis?” Ellos contestaron: “Hemos ido y recorrido el país hasta Lais y hemos visto un pueblo que mora tranquilo según las costumbres de los sidonios, alejado de éstos y sin comunicación con la Siria. Subamos luego contra ellos. Hemos visto la tierra y es muy buena. ¿Os estáis quietos? No dilatéis la ida, para apoderarnos de esa tierra. Daréis con un pueblo que vive seguro. La tierra es amplia, y Dios la ha puesto en vuestras manos. Es una tierra que produce de todo.” Salieron, pues, de Sora y Estaol seiscientos hombres de las familias de Dan, armados en guerra, y subiendo, acamparon en Quiriat-Jearim, de Judá, por lo cual se llamó hasta hoy este lugar Majane Dan, al occidente de Quiriat-Jearim. Pasaron de allí a los montes de Efraím y llegaron hasta la casa de Mica. Los cinco hombres que habían ido a explorar la tierra de Lais dijeron a sus hermanos: “¿Sabéis que en esta casa hay un efod, y “terafim,” y una imagen tallada y chapeada? Ved vosotros lo que se ha de hacer.” Pasaron adelante; y entrando en la casa del joven levita, la casa de Mica, le preguntaron por su salud." Los seiscientos hombres de los hijos de Dan, armados en guerra, se quedaron a la entrada de la puerta. Subieron los cinco exploradores y entraron para apoderarse del efod, de los terafim,” y de la imagen chapeada, mientras estaba el sacerdote a la entrada de la puerta con los seiscientos hombres armados en guerra. Después que entraron en la casa de Mica, se apoderaron del efod, de los “terafim,” y de la imagen tallada y chapeada, les dijo el sacerdote: “¿Qué hacéis?” Ellos le dijeron: “Cállate; ponte la mano en la boca; vente con nosotros y serás nuestro padre y nuestro sacerdote. ¿Qué te es mejor, ser sacerdote de la casa de un solo hombre o serlo de una tribu y de una familia de Israel”?" Alégresele al sacerdote el corazón, y, tomando el efod, los “terafim,” y la imagen tallada, se fue con aquella gente. Pusiéronse en marcha de nuevo, llevando por delante a los niños, a los animales y las cosas de precio;" y estaban ya lejos de la casa de Mica, cuando éste y los hombres que habitaban las casas vecinas de la de Mica se reunieron para salir en persecución de los hijos de Dan. Gritaron a los hijos de Dan; y éstos, volviendo la cara, dijeron a Mica: “¿Qué te ocurre, para que nos vengas dando voces?” El contestó: “Mi dios, el que yo he hecho, me lo habéis quitado junto con el sacerdote, y os marcháis. ¿Qué me queda entonces? ¿Y todavía me preguntáis qué me ocurre?” Dijéronle los hijos de Dan: “No nos hagas oír más tu voz si no quieres que hombres irritados se arrojen sobre vosotros y pierdas tu vida y la de los de tu casa.” Prosiguieron los hijos de Dan su camino; y Mica, viendo que eran más fuertes que él, se volvió y tornó a su casa." Lleváronse, pues, lo que había hecho Mica y el sacerdote que tenía, y marcharon contra Lais, contra el pueblo tranquilo y confiado, y los pasaron a filo de espada y prendieron fuego a la ciudad. No hubo quien la librara, por lo lejos que estaba Sidón y por no tener relación con la Siria. Estaba en el valle que se extiende hacia Bet Rejobot. Los hijos de Dan reedificaron la ciudad y habitaron en ella, y la llamaron Dan, del nombre de su padre, hijo de Israel, pues antes se llamaba Lais. Los hijos de Dan se erigieron la imagen tallada de Mica; Jonatán, hijo de Gersón, hijo de Moisés, él y sus hijos, fueron sacerdotes de la tribu de Dan hasta el tiempo de la emigración de Dan." Permaneció entre ellos la imagen tallada de Mica, que él se había hecho, todo el tiempo que estuvo en Silo la casa de Dios. Sucedió por aquel tiempo, cuando no había rey en Israel, que un levita que peregrinaba en el límite septentrional de los montes de Efraím tomó por mujer a una concubina de Belén de Judá. Se disgustó con él la concubina y le dejó para irse a la casa de su padre, a Belén de Judá, donde se estuvo por espacio de cuatro meses. Su marido, llevando consigo un mozo y dos asnos, se encaminó donde ella estaba para hablarle al corazón y reducirla. Hízole entrar ella en la casa de su padre, que al verle salió muy contento a recibirle. Instóle su suegro, el padre de la joven, y se quedó allí por tres días, comiendo, bebiendo y pasando la noche allí. Al cuarto día se levantó de mañana y se dispuso a marchar; pero el padre de la joven dijo a su yerno: “Toma antes un bocado de pan, para refocilarte, y luego partirás.” Sentáronse ambos y comieron y bebieron; y el padre de la joven dijo al marido: “Anda, quédate hoy a pasar aquí la noche alegremente.” Levantóse el marido para marcharse, pero le instó su suegro, y se quedó a pasar la noche allí. Levantóse de mañana el día quinto, para emprender la marcha; y le dijo el padre de la joven: “Anda, toma un refrigerio y diferid la marcha hasta el caer del día”; y se pusieron a comer juntos." Levantóse el marido para marcharse él, la concubina y el mozo; pero el suegro, el padre de la joven, le dijo: “Mira, comienza ya a caer la tarde; anda, pasad la noche aquí, que el día se acaba ya; pasa aquí la noche, que se te alegre el corazón, y mañana os levantáis bien temprano para volveros a tu casa,” El marido rehusó pasar allí la noche, se levantó y partió. Llegó frente a Jebús, que es Jerusalén, con el par de asnos y la concubina. Cuando estaba cerca de Jebús, el día había ya bajado mucho, y dijo el mozo a su amo: “Será mejor que nos desviemos hacia la ciudad de los jebuseos, para pasar allí la noche.” El amo le respondió: “No, no torceremos hacia la ciudad extraña? en la que no hay hijos de Israel;" lleguemos a Gueba”; y añadió: “Anda, vamos a acercarnos a uno de esos dos lugares, y pasaremos la noche en Gueba o en Rama.” Prosiguiéronla marcha, y al ponerse el sol llegaron cerca de Gueba de Benjamín. Tomaron, pues, hacia allá, para pasar la noche en Gueba. Entraron y se sentaron en la plaza de la ciudad; y no hubo quien los admitiera en su casa, para pasar en ella la noche." Llegó en esto un anciano que venía de trabajar en el campo; era un hombre de los montes de Efraím, que se hallaba en Gueba; los habitantes del lugar eran benjaminitas." Cuando, al levantar los ojos, vio al viajero en la plaza de la ciudad, le dijo: “¿Adonde vas y de dónde vienes?” El le contestó: “Vamos de Belén de Judá al límite septentrional de los montes de Efraím, de donde soy yo. Había ido a Belén de Judá y voy a mi casa, pero nadie me admite en su casa. Sin embargo, tenemos paja y forraje para los asnos, y también pan y vino para mí, para tu sierva y para el mozo que acompaña a tus siervos; no necesitamos nada.” El anciano le dijo: “Sea contigo la paz; de cuanto te es necesario te proveeré yo; no te quedes en la plaza.” Hízolos entrar en su casa y dio forraje a los asnos. Laváronse los pies los viajeros y después comieron y bebieron. Mientras estaban refocilándose, los hombres de la ciudad, gente perversa, aporrearon fuertemente la puerta, diciendo al anciano dueño de la casa: “Sácanos al hombre que ha entrado en tu casa, para que le conozcamos.” El dueño de la casa salió a ellos y les dijo: “No, hermanos míos, no hagáis tal maldad, os lo pido; pues que este hombre ha entrado en mi casa, no cometáis semejante crimen." Aquí están mi hija, que es virgen, y la concubina de él; yo os las sacaré fuera para que abuséis de ellas y hagáis con ellas como bien os parezca; pero a este hombre no le hagáis semejante infamia.” Aquellos hombres no quisieron escucharle, y entonces el levita cogió a su concubina y la sacó fuera. La conocieron y estuvieron abusando de ella toda la noche, hasta la mañana, dejándola al romper la aurora. Al venir la mañana, cayó la mujer a la entrada de la casa donde estaba su señor, y allí quedó hasta que fue de día. Su marido se levantó de mañana y abrió la puerta de la casa para salir y continuar su camino, y vio que la mujer, su concubina, estaba tendida a la entrada de la casa con las manos sobre el umbral. El le dijo: “Levántate y vamos”; pero nadie respondió. Púsola entonces el marido sobre su asno y partió para su lugar." Llegado a su casa, cogió un cuchillo y la concubina y partió miembro por miembro, en doce trozos, que mandó por toda la tierra de Israel. Y a los enviados encargó que dijeran a todos los israelitas: “¿Se ha visto jamás tal cosa desde que los hijos de Israel subieron de Egipto hasta el presente? Miradlo bien, deliberad y resolved.” A su vista decían todos: “Jamás ha sucedido cosa parecida ni se ha visto tal desde que los hijos de Israel subieron de Egipto hasta hoy.” Salieron, pues, los hijos de Israel desde Dan hasta Berseba y la región de Galaad y se reunieron como un solo hombre en Masfa, delante de Yahvé. Los jefes de todo el pueblo y todas las tribus de Israel estuvieron presentes en la asamblea del pueblo de Dios: cuatrocientos mil hombres de a pie, armados. Supieron los de Benjamín que los hijos de Israel habían subido a Masfa. Los hijos de Israel dijeron: “Sepamos cómo se ha cometido el crimen.” Tomó entonces la palabra el levita marido de la mujer que había sido muerta, y dijo: “Yo había entrado en Gueba de Benjamín con mi concubina para pasar allí la noche. Los habitantes de Gueba se levantaron contra mí y rodearon de noche la casa donde estaba, con intención de matarme. Hicieron fuerza a mi concubina, hasta dejarla muerta. La tome y la corté en trozos, que mandé por todo el territorio de la heredad de Israel, porque han cometido un crimen infame en Israel. Todos estáis aquí, hijos de Israel; deliberad y decidid aquí mismo.” Y poniéndose el pueblo todo en pie, como un solo hombre, dijeron: “No vuelva nadie a sus tiendas ni se vaya nadie a su casa. Lo que hay que hacer con Gueba es ir contra ella a la suerte. Tómense de todas las tribus de Israel diez hombres por cada ciento, ciento por cada mil y mil por cada diez mil, que vayan en busca de víveres para la gente; y cuando estén de vuelta, que sea tratada Gueba de Benjamín conforme a la infamia que ha cometido en Israel.” Quedáronse, pues, reunidos en torno a la ciudad todos los hijos de Israel, unidos como un solo hombre. Habían enviado las tribus de Israel mensajeros a todas las familias de Benjamín, que les dijeran: “¿Qué crimen es este que se ha cometido entre vosotros? Entregad luego a los perversos de Gueba para que les demos muerte y extirpemos el mal de en medio de Israel”; pero los benjaminitas no accedieron a la demanda de sus hermanos los hijos de Israel." Y saliendo de sus ciudades, se reunieron en Gueba para combatir contra los hijos de Israel. Los hijos de Benjamín que, salidos de sus ciudades, se reunieron entonces en Gueba fueron veintiséis mil hombres de guerra, sin contar los habitantes de Gueba. Había, de entre éstos, setecientos hombres escogidos, zurdos, todos capaces de lanzar con la honda una piedra contra un cabello sin errar el blanco. El número de los hijos de Israel reunidos, no contando a los de Benjamín, fue de cuatrocientos mil; todos hombres de guerra." Levantáronse, pues, los hijos de Israel y subieron a Betel, y, consultando a Dios, preguntaron: “¿Quién subirá primero a combatir a los hijos de Benjamín?” Respondió Yahvé: “Judá subirá el primero.” Pusiéronse en marcha de mañana los hijos de Israel y acamparon contra Gueba. Avanzaron los hijos de Israel para combatir a los de Benjamín, y se pusieron en orden de batalla contra ellos delante de Gueba. Salieron los hijos de Benjamín de Gueba, y echaron por tierra en aquel día a veintidós mil hombres de Israel. Los hombres de Israel hiciéronse fuertes y presentaron nuevamente batalla en el mismo lugar donde se pusieron el primer día;" habían subido antes a llorar ante Yahvé hasta la tarde, y habían consultado, diciendo: “¿Marchamos todavía a combatir a Benjamín, nuestro hermano?”; y Yahvé había respondido: “Marchad contra él.” Acercáronse, pues, los hijos de Israel a los hijos de Benjamín el segundo día;" y salieron a su encuentro en Gueba los hijos de Benjamín, y echaron por tierra esta vez a dieciocho mil hombres de los hijos de Israel, todos hombres de guerra. Subió todo el pueblo, todos los hijos de Israel, a Betel; y allí lloraron ante Yahvé, ayunaron aquel día hasta la tarde y ofrecieron holocaustos y hostias pacíficas ante Yahvé. Luego consultaron a Yahvé." Por entonces estaba allí el arca de la alianza de Dios;" y Finés, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, servía ante ella. Preguntaron, pues: “¿Marcharé todavía otra vez para combatir a los hijos de Benjamín, mi hermano, o debo desistir?” Yahvé respondió: “Marcha, que mañana lo pondré en tu mano.” Israel puso en torno a Gueba una emboscada;" y al tercer día subieron los hijos de Israel contra los hijos de Benjamín, y se ordenaron en batalla ante Gueba, como las otras veces. Los hijos de Benjamín salieron al encuentro del pueblo, dejándose arrastrar lejos de la ciudad•Comenzaron a herir y matar gente en el campo, como las otras veces, en los dos caminos, de los cuales el uno sube a Betel y el otro a Gabaón, unos treinta hombres de Israel. Los hijos de Benjamín se decían: “Derrotados ante nosotros como antes.” Y los hijos de Israel dijeron: “Huyamos y atraigámoslos sobre estos caminos, lejos de la ciudad”; y abandonando todos sus posiciones, se pusieron en orden de batalla en Baal Tamar." Los emboscados de Israel, al occidente de Gueba, se echaron fuera de su puesto, y llegaron contra Gueba diez mil hombres escogidos de todo Israel. El combate fue duro, pues los hijos de Benjamín no se dieron cuenta del gran desastre que les amenazaba. Yahvé batió a Benjamín ante Israel, y los hijos de Israel mataron aquel día veinticinco mil cien hombres de Benjamín, hombres de guerra. Viéronse derrotados los hijos de Benjamín, y se dieron cuenta de que Israel había cedido terreno ante ellos porque confiaba en la emboscada que había puesto contra Gueba. Los emboscados se echaron rápidamente sobre la ciudad y, avanzando contra ella, la pasaron a filo de espada. Los hijos de Israel habían convenido con los de la emboscada en una señal, diciendo: “Haced subir de la ciudad una gran nube de humo.” Al verla los hijos de Israel, simularon la fuga. Los de Benjamín habían ya matado unos treinta hombres y se decían: “Helos ahí abatidos ante nosotros, como en la primera batalla.” Cuando la nube de humo comenzó a alzarse como una columna sobre la ciudad, volvieron los ojos atrás y vieron que toda la ciudad subía en fuego hacia el cielo. Diéronles entonces la cara los hijos de Israel; y los de Benjamín, aterrados ante el desastre que se les venía encima." …volvieron las espaldas ante los hijos de Israel y emprendieron la huida, camino del desierto; pero la batalla los apretaba, y los que venían de la ciudad los exterminaron." Cercaron a Benjamín, le persiguieron sin descanso, le aplastaron, hasta el oriente de Gueba. Dieciocho mil nombres cayeron de Benjamín, todos gente valiente. De entre los que huían hacia el desierto, hacia la roca de Rimón, mataron los de Israel por las subidas cinco mil, y siguieron persiguiéndolos hasta acabar con ellos, y mataron otros mil. El número total de los de Benjamín que perecieron aquel día fue de veinticinco mil hombres de guerra, todos valientes. Seiscientos hombres de los que emprendieron la huida hacia el desierto y pudieron llegar a la roca de Rimón permanecieron allí durante cuatro meses. Los hijos de Israel se volvieron sobre Benjamín y pasaron a filo de espada las ciudades, hombres y ganados y todo cuanto hallaron, e incendiaron cuantas ciudades encontraron. Los hombres de Israel habían jurado en Masfa, diciendo: “Ninguno de nosotros dará por mujer su hija a uno de Benjamín.” Vino el pueblo de Betel y estuvo allí ante Dios toda la tarde. Alzando su voz, lamentábase grandemente, diciendo: “¿Por qué, ¡oh Yahvé, Dios de Israel! ha sucedido que en Israel venga hoy a faltar una tribu?” Al día siguiente, levantándose de mañana, alzaron allí un altar, ofrecieron holocaustos y hostias pacíficas, y se preguntaron: “¿Quién de entre las tribus de Israel no ha subido a la asamblea de Yahvé?” Porque habían jurado solemnemente contra quien no subiera ante Yahvé a Masfa, diciendo: “Será castigado con la muerte.” Los hijos de Israel se compadecieron de Benjamín y su hermano, y se decían: “Hoy ha sido amputada de Israel una tribu. ¿Qué haremos por ellos, para procurar mujeres a los que se quedan? Porque hemos jurado por Yahvé no darles por mujeres nuestras hijas.” Dijéronse, pues: “¿Hay alguno entre las tribus de Israel que no haya subido ante Yahvé a Masfa?” Y ninguno de Jabes Galaad había venido al campo, a la asamblea. Hicieron un recuento del pueblo, y no se halló ninguno de Jabes Galaad. Entonces envió contra ellos la asamblea doce mil hombres de los más valientes con esta orden: “Id y pasad a filo de espada a los habitantes de Jabes Galaad, con sus mujeres y niños, u Pero habéis de hacer así: Anatematizad a todo hombre y a toda mujer que haya conocido varón.” -- Hallaron entre los habitantes de Jabes Galaad cuatrocientas jóvenes vírgenes que no habían conocido varón compartiendo su lecho y las llevaron al campo de Silo, en la tierra de Canaán. Mandó entonces toda la asamblea mensajeros que hablaran a los hijos de Benjamín que estaban en la roca de Rimón, y les ofrecieron la paz. Volvieron los de Benjamín entonces, y se les dieron por mujeres las que habían sobrevivido de las mujeres de Jabes Galaad, pero no hubo bastantes. El pueblo se compadecía de Benjamín, porque había abierto Yahvé una brecha en las tribus de Israel;" y los ancianos de la asamblea se preguntaron: “¿Cómo haremos para procurar mujeres a los de Benjamín, puesto que sus mujeres han sido muertas?” Y decían: “Quede en Benjamín la heredad de los que han escapado, para que no desaparezca una de las tribus de Israel;" pero nosotros no podemos darles por mujeres nuestras hijas, porque los hijos de Israel han jurado diciendo: Maldito quien dé a los de Benjamín su hija por mujer.” Y dijeron: “Cerca está la fiesta de Yahvé, que de año en año se celebra en Silo” — ciudad situada al norte de Betel, al oriente del camino que de Betel sube a Siquem y al mediodía de Lebona. Y dieron a los de Benjamín esta orden: “Id y poneos en emboscada en las viñas. Estad atentos, y, cuando veáis salir a las hijas de Silo para danzar en coro, salís vosotros de las viñas y os lleváis cada uno a una de ellas para mujer, y os volvéis a la tierra de Benjamín. Si los padres o los hermanos vienen a reclamárnoslas, les diremos: Dejadlos en paz, pues con las de Tabes Galaad tomadas en guerra no ha habido una para uno y no habéis sido vosotros los que se las habéis dado, que lo entonces seríais culpables,” Hicieron así los hijos de Benjamín, y cogieron de entre las que danzaban una cada uno, llevándoselas y volviéndose a su heredad. Reedificaron las ciudades y habitaron en ellas. Fuéronse entonces los hijos de Israel cada uno a su tribu, a su familia, volviendo todos a su heredad. No había entonces rey en Israel, y hacía cada uno lo que bien le parecía. Al tiempo en que gobernaban los jueces, hubo hambre en la tierra; y salió de Belén de Judá un hombre con su mujer y dos hijos, para habitar como extranjeros en los campos de Moab" Llamábase el hombre Elimelec; la mujer, Noemí, y los dos hijos, Majalón el uno y Quelyón el otro, efrateos, de Belén de Judá. Llegaron a la tierra de Moab y habitaron allí." Murió Eli-melec, marido de Noemí, y se quedó la mujer con los dos hijos, que habían tomado mujeres moabitas, una de nombre Orfa y la otra Rut. Permanecieron allí por unos diez años, y murieron ambos, Majalón y Quelyón, quedándose la mujer sin hijos y sin marido. Levantóse la mujer con sus dos nueras para dejar la tierra de Moab, pues había oído decir que había mirado Yahvé a su pueblo, dándole pan. Salió con las dos nueras del lugar donde estaba y emprendió el camino para volver a la tierra de Judá. Y dijo Noemí a sus dos nueras: “Andad, volveos cada una a la casa de vuestra madre, y que os haga Yahvé gracia, como la habéis hecho vosotras con los muertos y conmigo. Que os dé Yahvé hallar paz cada una en la casa de su marido.” Y las besó. Alzando la voz, pusiéronse a llorar, y le decían: “No; nos iremos contigo a tu pueblo.” Noemí les dijo: “Volveos, hijas mías; ¿para qué habéis de venir conmigo? ¿Tengo, por ventura, todavía en mi seno hijos que puedan ser maridos vuestros?" Volveos, hijas mías; andad. Soy ya demasiado vieja para volver a casarme. Y aunque me quedara todavía esperanza y esta misma noche estuviera casada y tuviera hijos, ¿ibais a esperar vosotras hasta que fueran grandes?" ¿Ibais por eso a dejar de volver a casaros? No, hijas mías; mi pena es más grande que la vuestra, porque pesa sobre mí la mano de Yahvé.” Y, alzando la voz, se pusieron otra vez a llorar. Después Orfa besó a su suegra; pero Rut se abrazó a ella." Noemí le dijo: Mira, tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a su dios; vuélvete tú corno ella.” Rut le respondió: “No insistas en que te deje y me vaya lejos de ti; donde vayas tú, iré yo; donde mores tú, moraré yo; tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios;" donde mueras tú, allí moriré y seré sepultada yo. Que Yahvé me castigue con dureza si algo, fuera de la muerte, me separa de ti.” Viendo que Rut estaba decidida a seguirla, cesó Noemí en sus instancias. Juntas hicieron el camino hasta llegar a Belén; y cuando entraron, toda la ciudad se conmovió al verlas, y las mujeres se decían: “¿Es és¿a Noemí?” Y ella les contestaba: “No me llaméis más Noemí; llamadme Mará, porque el Omnipotente me ha llenado de amargura." Salí con las manos llenas, y Yahvé me ha hecho volver con las manos vacías. ¿Por qué, pues, habríais de llamarme más Noemí, una vez que Yahvé da testimonio contra mí y me ha añigido el Omnipotente?” Así se volvió Noemí con Rut la moabita, su nuera, y vino de la tierra de Moab, llegando de los campos de Moab a Belén cuando comenzaba la siega de las cebadas. Tenía Noemí un pariente por parte de su marido, Elimelec, hombre poderoso, de nombre Booz. Dijo Rut a Noemí: “Si quieres, iré a espigar al campo donde me acojan benévolamente”; y Noemí le dijo: “Ve, hija mía.” Fue, pues, Rut, y se puso a espigar en un campo detrás de los segadores. Dióse precisamente el caso de que el campo era de Booz, el pariente de Noemí;" y he aquí que vino éste de Belén para visitar a los segadores, a quienes dijo: “Yahvé sea con vosotros”; contestándole ellos: “Yahvé te bendiga.” Y preguntó Booz al criado suyo que estaba al frente de los segadores: “¿De quién es esa joven?”;" y él le contestó: “Es una joven moabita que se ha venido con Noemí de la tierra de Moab. Me dijo: Déjame espigar detrás de los segadores. Desde la mañana hasta ahora está aquí, y bien poco que ha descansado en la cabana.” Dijo Booz a Rut: “¿Oyes, hija mía? No vayas a otros campos a espigar ni te apartes de aquí. Únete a mis criados y vete con ellos al campo donde se siegue. Ya diré a mis criados que nadie te toque; y si tienes sed, te vas al hato y bebes de lo que beban los criados.” Postróse Rut rostro en tierra, y dijo: “¿De dónde a mí haber hallado gracia a tus ojos y serte conocida yo, una mujer extraña?” El le contestó: “Sé lo que has hecho por tu suegra después de muerto su marido, y que has dejado a tus parientes y la tierra en que naciste para venir con ella a un pueblo para ti desconocido. Que Yahvé te pague lo que has hecho y recibas cumplida recompensa de Yahvé, Dios de Israel, a quien te has confiado y bajo cuyas alas te has refugiado.” Ella le dijo: “Que halle yo gracia a tus ojos, mi señor, que me has consolado y has hablado al corazón de tu sierva, aunque no soy yo ni como una de tus criadas.” A la hora de comer, dijo Booz a Rut: “Acércate acá, come y moja tu pan en el vinagre.” Ella se sentó al lado de los segadores, y él le dio una porción de trigo tostado, de que comió ella hasta saciarse, y le sobró; y guardando lo que le había sobrado," se levantó para seguir espigando. Booz mandó a sus criados, diciéndoles: “Dejadla espigar también entre los haces, sin reñirle, y sacad vosotros mismos algunas espigas de las gavillas y tiradlas para que ella las recoja, sin decirle nada.” Estuvo espigando Rut en el campo hasta por la tarde; y después de batir lo que había espigado, había como un “efá” de cebada." Lo tomo y se volvió a la ciudad y mostró a su suegra lo que había espigado. Sacó también lo que había guardado, lo que después de comer le sobrara, y se lo dio. Su suegra le dijo: “¿Dónde has espigado hoy y dónde has trabajado? Bendito sea el que se ha interesado por ti.” Rut dio a conocer a su suegra dónde había trabajado, diciendo: “El nombre del hombre en cuyo campo he trabajado es Booz”;" y dijo Noemí a su nuera: “Bendito él de Yahvé, que la gracia que hizo a los vivos se la ha hecho también a los muertos”; y añadió Noemí: “Es pariente cercano nuestro ese hombre, es de los que tienen sobre nosotros el derecho del levirato”;" Rut añadió: “También me ha dicho: Sigue con mis gentes hasta que se sieguen todas mis cosechas.” Y Noemí dijo a Rut, su nuera: “Mejor es, hija mía, que vayas con sus criados, no te vayan a tratar mal en otro campo.” Siguió, pues, Rut espigando con los criados de Booz hasta el fin de la siega de las cebadas y de los trigos y habitando con su suegra. Dijo Noemí, la suegra de Rut, a ésta: “Hija mía, voy a procurarte una posición para que seas feliz. Booz, con cuyos criados has estado, es pariente nuestro, y esta noche va hacer en su era la limpia de la cebada. Lávate, úngete, vístete y baja a la era. Procura que no te vea hasta que no haya acabado de comer y beber;" y cuando vaya a acostarse, mira bien dónde se acuesta, y entra después y, levantando la cubierta de sus pies, te acuestas a ellos. El mismo te dirá qué es lo que has de hacer.” Ella le respondió: “Haré cuanto tú me mandes.” Bajó, pues, a la era e hizo todo cuanto le había mandado su suegra. Booz comió y bebió y se alegró su corazón. Fue a acostarse al extremo de la hacina, y Rut se acercó calladamente, descubrió sus pies y se acostó. A media noche tuvo el hombre un sobresalto, e incorporándose, vio que a sus pies estaba acostada una mujer, y preguntó: “¿Quién eres tú?” Ella respondió: “Soy Rut, tu sierva; extiende tu manto sobre tu sierva, pues tienes sobre ella el derecho del levirato.” El dijo: “Bendita de Yahvé seas, hija mía; tu proceder ha sido a lo último mejor todavía que al principio, pues no has buscado ningún joven, pobre o rico," No temas, hija mía; yo haré por ti cuanto me digas, pues sabe muy bien todo el pueblo que habita dentro de las puertas de mi ciudad que eres una mujer virtuosa." Yo tengo, en verdad, el derecho del levirato, pero hay otro que es pariente más próximo que yo. Pasa ahí la noche, y mañana, si él quiere hacer uso de su derecho, que lo haga, y si no quiere hacerlo, yo lo haré, vive Yahvé. Acuéstate hasta la mañana.” Quedóse ella acostada a sus pies hasta la mañana, levantándose antes de que los hombres puedan reconocerse unos a otros. El mandó: “Que no se sepa que esta mujer ha venido a la era.” Y añadió: “Coge el manto que te cubre y sosténlo. “Sostúvolo ella, y le echó él seis medidas de cebada, que le cargó, y ella entró en la ciudad. Cuando llegó Rut a casa de su suegra, le preguntó ésta: “¿Qué has hecho, hija mía?” Ella le contó lo que el hombre había hecho por ella, y añadió: “Me ha dado, además, estas seis medidas de cebada, diciéndome: “No vuelvas a casa de tu suegra con las manos vacías.” Noemí le dijo: “Estáte tranquila, hija mía, hasta ver cómo acaba la cosa, pues ese hombre no descansará hasta terminar hoy mismo este asunto.” Booz subió a la puerta de la ciudad y se sentó allí. Vio pasar al pariente mencionado y le dijo: “Detente y siéntate aquí, fulano.” Detúvose el hombre y se sentó. Llamó Booz a diez de los ancianos de la ciudad y dijo: “Sentaos aquí.” Una vez sentados, dijo al pariente próximo: “Noemí, que ha vuelto de la tierra de Moab, vende la porción de campo que fue de nuestro hermano Elimelec. He querido darte cuenta de ello para decirte: Cómprala si quieres, en presencia de los ancianos de la ciudad que están aquí sentados. Si quieres usar de tu derecho de levirato, usa; y si no quieres, manifiéstalo para que yo lo sepa, pues no hay nadie que antes que tú tenga ese derecho; después de ti vengo yo.” Él respondió: “La compraré.” Booz le dijo: “Al comprar a Noemí el campo, tendrás que recibir a Rut la moabita por mujer, como mujer del difunto, para hacer vivir el nombre del difunto en su heredad.” El otro respondió: “Así no puedo comprarlo, por temor de perjudicar a mis herederos. Cómpralo tú, pues yo no puedo hacerlo.” Había en Israel la costumbre, en caso de compra o de cambio, para convalidar el contrato, de quitarse el uno un zapato y dárselo al otro” Esto servía de prueba en Israel. El pariente próximo había dicho a Booz: “Cómpralo tú por tu cuenta.” Y se quitó el zapato. Booz dijo a los ancianos y a todos los presentes: “Testigos sois hoy de que yo compro a Noemí cuanto perteneció a Elimelec, a Quelyón y a Majalón, y que tomo al mismo tiempo por mujer a Rut la moabita, mujer de Majalón, para que no se borre de entre sus hermanos y de la puerta de la ciudad el nombre del difunto. Testigos sois de ello.” Respondió todo el pueblo que estaba en la puerta y los ancianos: “Somos testigos. Haga Yahvé que la mujer que entra en tu casa sea como Lía y Raquel, que edificaron la casa de Israel. Que por ella seas poderoso en Efrata y tengas renombre en Belén. Que sea tu casa como la casa de Fares, el que Tamar dio a Judá, por^i descendencia que de esa joven te dé Yahvé.” Tomó Booz a Rut y la recibió por mujer, y entró a ella, y Yahvé le concedió concebir y parir un hijo. Las mujeres decían a Noemí: “Bendito Yahvé, que no ha consentido que te faltase hoy un redentor. Que su nombre sea celebrado en Israel. Que sea el consuelo de tu alma y el sostén de tu vejez, pues te lo ha dado tu nuera, que tanto te quiere, y es para ti mejor que siete hijos.” Noemí tomó al niño, se lo puso al seno y fue su madrina. Las vecinas le dieron nombre al decir: “A Noemí le ha nacido un hijo,” y le llamaron Obed. Este fue padre de Isaí, padre de David.” He aquí la posteridad de Fares: Fares engendró a Esrom;" Esrom engendró a Aram; Aram engendró a Aminadab;" Aminadab engendró a Naa-són; Naasón engendró a Salmón," Salmón engendró a Booz; Booz engendró a Obed;" Obed engendró a Isaí, e Isaí engendró a David. Había entre las gentes de Rama un hombre de la familia de Suf, originario de los montes de Efraím, llamado Elcana, hijo de Jeroam, hijo de Eliú, hijo Toú, hijo de Suf, efraimita. Tenía dos mujeres, de nombre una Ana y otra Penena. Penena tenía hijos, pero Ana era estéril. Subía de su ciudad este hombre de año en año para adorar a Yahvé Sebaot y ofrecerle sacrificios en Silo. Estaban allí los dos hijos de Helí, Ofni y Finés, sacerdotes de Yahvé. El día en que ofrecía Elcana su sacrificio, daba a Penena, su mujer, su porción y la de sus hijos e hijas. A Ana le daba solamente una porción; pues, aunque amaba mucho a Ana, Yahvé había cerrado su útero." Irritábala su rival y la exasperaba por haberla Yahvé hecho estéril. Así hacía cada año cuando subían a la casa de Yahvé, y siempre la mortificaba del mismo modo. Ana lloraba y no comía. Elcana, su marido, le decía: “Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué está triste tu corazón? ¿No soy yo para ti mejor que diez hijos?” Un año, después que hubieron comido y bebido en Silo, se levantó Ana. Helí, el sacerdote, estaba sentado en una silla ante la puerta del tabernáculo de Yahvé. Ella, amargada el alma, oraba a Yahvé, llorando muchas lágrimas, e hizo un voto diciendo: “¡Oh Yahvé Sebaot! si te dignas reparar en la angustia de tu esclava, y te acuerdas de mí y no te olvidas de tu esclava, y das a tu esclava hijo varón, yo lo consagraré a Yahvé por todos los días de su vida, y no tocará la navaja a su cabeza.” Mientras así oraba reiteradamente a Yahvé, Helí le estaba mirando la cara. Ana hablaba para sí, moviendo los labios, pero sin que se oyera su voz, y Helí la tomó por ebria, y le dijo: “¿Hasta cuándo te va a durar la embriaguez?; anda a que se te pase el vino.” Ana contestó: “No, mi señor; soy una mujer que tiene el corazón afligido. No he bebido vino ni otro ningún licor inebriante; es que estaba derramando mi alma ante Yahvé," No tomes a tu sierva como una mujer cualquiera. Lo grande de mi dolor y mi aflicción exponía yo de ese modo.” “Díjole entonces Helí: “Vete en paz y que el Dios de Israel te otorgue lo que tanto le has pedido,” “Que halle gracia a tus ojos tu sierva.” Fuese, y comió y bebió con su marido, y no hizo ya la cara de antes. “Levantáronse de mañana, y después de postrarse ante Yahvé se marcharon, volviendo a su casa, a Rama. Elcana conoció a Ana, su mujer, y Yahvé se acordó de ella. -- -- Al volver del tiempo, había concebido y parido Ana un hijo, al que puso por nombre Samuel, porque a Dios se lo había pedido;" y subió Elcana con toda su casa a sacrificar a Yahvé el sacrificio anual y cumplir su voto. Ana no subió, sino que dijo a su marido: “Cuando el niño se haya destetado, yo le llevaré para presentárselo a Yahvé y para que se queda ya allí para siempre.” Elcana, su marido, le dijo: “Haz lo que mejor te parezca. Quédate hasta que le destetes y que Yahvé cumpla tu palabra.” Quedóse la mujer en casa, amamantando a su hijo hasta que le destetó. Destetado, le subió consigo, llevando un toro de tres años, un “efá” de harina y un odre de vino, y le condujo a la casa de Yahvé en Silo. El niño iba con ella. Inmolaron el toro, y Ana, la madre del niño, presentó éste a Helí. Ana le dijo: “Óyeme por tu vida, mi señor: Yo soy aquella mujer que estuvo aquí cerca de ti orando a Yahvé. Este niño le pedía yo, y Yahvé me ha concedido lo que pedí;" también ahora quiero yo dárselo a Yahvé por todos los días de su vida, para que sea siempre donado a Yahvé.” Y adoraron allí a Yahvé. Oró Ana diciendo: Mi alma salta de júbilo en Yahvé; Yahvé ha levantado mi frente y ha abierto mi boca contra mis enemigos, porque esperé de él la salud." No hay santo como Yahvé, no hay fuerte como nuestro Dios. Dejaos de hablar altaneramente; no salgan de vuestra boca arrogancias, que Yahvé es Dios sapientísimo y no se ocultan a su vista las maldades." Rompióse el arco de los poderosos, ciñéronse los débiles de fortaleza;" los hartos pusiéronse a servir por la comida, y se holgaron los hambrientos; parió la estéril siete hijos y se marchitó la que muchos tenía," que Yahvé da la muerte y da la vida, hace bajar al sepulcro y subir de él. A uno empobrece o enriquece, humilla o exalta. Levanta del polvo al pobre, de la basura saca al indigente, para hacer que se siente entre los príncipes y darle parte en un trono de gloria; pues suyos son los fundamentos de la tierra, Y El sobre ellos puso el orbe." El atiende a los pasos de los piadosos, y los malvados perecerán en las tinieblas. No vence el hombre por su fuerza, aterrados serán los enemigos de Yahvé; desde los cielos tronará contra ellos. Yahvé juzga los confines de la tierra; robustecerá a su rey y erguirá la frente de su Ungido." Volvióse Ana a Rama, a su casa, y el niño quedó sirviendo en el ministerio de Yahvé en presencia de Helí, sacerdote. Los hijos de Helí eran hombres perversos, que desconocían a Yahvé y las obligaciones de los sacerdotes para con el pueblo. Cuando alguno ofrecía sacrificios, mientras estaba cociéndose la carne, venía un criado del sacerdote con un tenedor en la mano;" lo metía en la caldera, caldero, olla o puchero, y cuanto sacaba con el tenedor era para el sacerdote. Así hacían con cuantos de Israel venían allí, a Silo. Aun antes de que se quemara el sebo, venía el criado del sacerdote y decía al que sacrificaba: “Dame la carne para asársela al sacerdote; no recibirá de ti carne cocida, sino cruda.” Y si el hombre le decía: “Espera a que se queme el sebo, como siempre, y luego cogerás lo que tú quieras,” le respondía el criado: “No; tienes que dármela ahora mismo, y si no, la cojo yo por la fuerza.” Muy grande era el pecado de aquellos jóvenes ante Yahvé, pues hacían odioso a los hombres el ofrecer ante Yahvé. Samuel ministraba ante Yahvé vestido de un efod de lino. Hacíale su madre un mantito y se lo traía de año en año, cuando subía con su marido a ofrecer el sacrificio anual. Helí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: “Que te dé Yahvé hijos de esta mujer por el que le prestaste.” Volviéronse ellos a su casa, y Yahvé visitó a Ana, que concibió y parió tres hijos y dos hijas. El joven Samuel iba creciendo en la presencia de Yahvé. Helí era ya muy viejo, y supo lo que sus hijos hacían a todo Israel y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de la congregación;" y les dijo: “¿Por qué hacéis cosas tales y tan malas como las que de vosotros he oído a todo este pueblo ? No, hijos míos, que no es bueno lo que de vosotros oigo. Estáis haciendo que el pueblo de Yahvé se aparte de él. Si un hombre ofende a otro hombre, está de por medio Dios para juzgarle; pero si un hombre ofende a Yahvé, ¿de quién puede esperar la intervención?” No hicieron caso de lo que les decía su padre, pues quería Yahvé matarlos." Entre tanto, el niño Samuel iba creciendo y se hacía grato tanto a Yahvé como a los hombres. Vino a Helí un hombre de Dios y le dijo: “Así habla Yahvé. Yo me revelé claramente a la casa de tu padre cuando eran esclavos en Egipto, en la casa del Faraón. Yo me le elegí de entre todas las tribus de Israel para sacerdote, para que subiese al altar a quemar el incienso y para que llevase ante mí el efod. Yo di a la casa de tu padre todas las combustiones de los hijos de Israel. ¿Por qué, pues, envidias mis víctimas y mis ofrendas, las que yo mandé se ofreciesen en mi casa, y tienes en más a tus hijos que a mí, engordándoos de lo mejor de todas las oblaciones de Israel, mi pueblo? Por eso he aquí lo que dice Yahvé, Dios de Israel: Yo había dicho y repetido a tu casa y a la casa de tu padre que ministraríais ante mí por siempre; pero ahora dice Yahvé: Lejos de mí eso, porque yo honro a los que me honran y desprecio a los que me desprecian." Tiempo vendrá en que yo amputaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre, de modo que ya no haya nunca ancianos en tu casa y siempre veas ante ti un rival. Aun en las prosperidades de Israel, no habrá nunca ancianos en tu casa. No haré desaparecer de mi altar a todos tus descendientes, de modo que se consuman sus ojos y desfallezca su alma; pero todos los de tu casa morirán por la espada;" te servirá de señal lo que sucederá a tus hijos Ofni y Finés; ambos morirán en el mismo día." Yo me suscitaré un sacerdote fiel, que obrará según mi corazón y según mi alma; le edificaré una casa estable, y él andará siempre en presencia de mi ungido;" y cuantos de tu casa queden, vendrán a prosternarse ante él, pidiéndole una moneda de plata y un pedazo de pan; y le dirán: Haz el favor de colocarme en alguna de tus funciones sacerdotales, para que tenga un pedazo de pan que comer.” El joven Samuel ministraba a Yahvé en presencia de Helí. Era por entonces rara la palabra de Yahvé y no era frecuente la visión. Un día, estando acostado en su lugar Helí, cuyos ojos se habían oscurecido y no podían ver, cuando todavía no se había apagado la lámpara de Dios en el santuario, Samuel, que dormía en el santuario de Yahvé, donde estaba el arca de Dios, oyó la voz de Yahvé, que le llamaba: “¡Samuel!”; él contestó: “Heme aquí”;" y corrió a Helí y le dijo: “Aquí estoy; me has llamado.” Helí contestó: “No te he llamado, vuelve a acostarte.” Y fue a acostarse." Yahvé llamó otra vez a Samuel; y éste se levantó, y, yendo adonde estaba Helí, le dijo: “Heme aquí, pues me has llamado.” Helí repuso: “No te he llamado, hijo mío; vuélvete y acuéstate.” Samuel no conocía todavía a Yahvé, pues todavía no se le había revelado la palabra de Yahvé. Yahvé volvió a llamar a Samuel por tercera vez, y éste se levantó y fue a Helí y le dijo: “Heme aquí, pues que me has llamado.” Comprendió entonces Helí que era Yahvé quien llamaba al joven, y le dijo: “Anda, acuéstate, y si vuelven a llamarte, di: Habla, Yahvé, que tu siervo escucha.” Samuel se fue y se acostó en su lugar. Vino Yahvé, se paró y llamó como las otras veces: “¡Samuel, Samuel!” Samuel contestó: “Habla, que tu siervo escucha.” Y dijo Yahvé a Samuel: “Voy a hacer en Israel una cosa que a cuantos la oigan les retiñirán ambos oídos. Entonces cumpliré cuanto a Helí le he dicho, todo lo que de su casa le he dicho; comenzaré y acabaré." Yo le he dicho que iba a castigar a su casa para siempre por el crimen que él sabía que sus hijos maldecían a Dios, y él no los corrigió. Por eso he jurado a la casa de Helí que su crimen no será expiado ni con sacrificios ni con oblaciones.” Samuel siguió acostado hasta la mañana, y después abrió las puertas de la casa de Yahvé. No se atrevía a contar a Helí su visión;" pero éste llamó a Samuel, diciendo: “Samuel, hijo mío”; y éste contestó: “Heme aquí.” Helí le preguntó: “¿Qué es lo que te ha dicho Yahvé? Te ruego que no me ocultes nada. Que Yahvé te castigue si me ocultas algo de cuanto te ha dicho.” Samuel se lo contó todo, sin ocultarle nada; y Helí dijo: “El es Yahvé; haga lo que parezca bien a sus ojos.” Samuel llegó a ser grande, y Yahvé estaba con él y no dejó que cayera por tierra nada de cuanto él decía. Todo Israel, desde Dan hasta Berseba, reconoció que era Samuel un verdadero profeta de Yahvé. Yahvé siguió apareciéndosele en Silo. Helí estaba ya muy viejo, y los hijos de éste seguían por el mismo camino, pésimo ante Yahvé. Sucedió por entonces que los filisteos se reunieron para hacer la guerra a Israel. Israel salió al encuentro de los filisteos para combatir. Acamparon cerca de Eben-Ezer, y los filisteos estaban acampados en Afee. Habiendo presentado batalla los filisteos contra Israel, se empeñó el combate, e Israel fue derrotado por los filisteos, que mataron en el combate, en el campo, unos cuatro mil hombres. El pueblo se recogió en el campamento,, y los ancianos se preguntaron: “¿Por qué nos ha derrotado Yahvé hoy ante los filisteos ? Vamos a traer de Silo el arca de la alianza de Yahvé, para que esté entre nosotros y nos salve de la mano de nuestros enemigos.” Mandaron a Silo, y se trajo de allí el arca de la alianza de Yahvé Sebaot, que se sienta sobare los querubines, y con ella fueron los dos hijos de Helí, Ofni y Finés. Cuando el arca de la alianza de Yahvé entró en el campamento, todo Israel lanzó tan grandes gritos de júbilo, que hacían retemblar la tierra. Oyeron los filisteos el vocerío y dijeron: “¿Qué vocerío es éste tan grande que se oye hoy en el campamento de los hebreos?” Y supieron que había sido traída al campamento el arca de Yahvé. Atemorizáronse los filisteos, y decían: “Ha venido Dios al campamento. ¡Desgraciados de nosotros! Cosa tal no había sucedido hasta ahora. ¡Desgraciados de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de esos dioses poderosos? ¿Acaso no son éstos los que castigaron a Egipto con toda suerte de plagas y con peste en el desierto? Esforzaos y sed hombres, filisteos; no tengamos que servirles nosotros a ellos, como os sirven ellos a vosotros. Sed hombres, luchad.” Combatieron, pues, los filisteos y fue derrotado Israel, huyendo cada uno a sus tiendas. Fue una gran derrota, en la que cayeron de Israel treinta mil peones, y fue tomada el arca de Dios, y murieron los dos hijos de Helí, Ofni y Finés. Un hombre de Benjamín, de los huidos del campo de batalla, vino corriendo a Silo aquel mismo día, con los vestidos desgarrados y la cabeza cubierta de polvo. Cuando llegó, estaba Helí sentado en una silla, a la vera del camino, cerca de la puerta, esperando, pues su corazón temblaba por el arca de Dios. Entró el hombre en la ciudad para informarla, y toda ella fue un grito. Al oírlo Helí, preguntó: “¿Qué ruido, qué tumulto es ése?” Entonces vino el hombre para darle la noticia. Helí tenía noventa y ocho años; sus ojos se habían quedado rígidos y no veía." El hombre dijo a Helí: “Vengo del campo de batalla, de donde he huido hoy.” Helí le preguntó: “¿Y qué ha pasado, hijo mío?” El le contestó: “Israel ha huido ante los filisteos; ha habido muchos muertos del pueblo; también tus dos hijos, Ofni y Finés, han sido muertos, y el arca de Dios ha sido tomada.” Apenas hubo mentado el arca de Dios, cayó Helí de su silla hacia atrás, junto a la puerta, y se desnucó y murió, pues era ya muy anciano y estaba muy pesado. Había juzgado a Israel durante cuarenta años. Su nuera, la mujer de Finés, estaba encinta, ya para dar a luz. Al saber la noticia de la toma del arca de Dios, de la muerte de su suegro y de su marido, se doblegó y parió, pues le sobrevinieron los dolores del parto. Como se veía morir, las mujeres que estaban junto a ella le decían: “Animo, que has parido un hijo”; pero ella ni respondía ni entendía." Llamó al hijo Icabod, diciendo: “Ha pasado de Israel la gloria,” por haber sido tomada el arca de Dios y por la muerte de su suegro y de su marido. Ella dijo: “Ha pasado la gloria de Israel, porque ha sido tomada el arca de Dios.” Tomaron, pues, los filisteos el arca de Dios y la llevaron de Eben-Ezer a Azoto, y la metieron en el templo de Dagón y la pusieron junto a Dagón, Al día siguiente, levantándose de mañana, vieron los filisteos a Dagón tendido en tierra y con la cara contra ella, delante del arca de Yahvé. Lo tomaron y volvieron a ponerle en su sitio;" pero al otro día, cuando se levantaron, encontraron a Dagón tendido en tierra boca abajo y cortadas la cabeza y las manos, que yacían en el umbral, sin quedar de Dagón más que el tronco. Por esto los sacerdotes de Dagón, y cuantos entran en el templo de Dagón en Azoto, no pisan todavía el umbral del templo. La mano de Yahvé pesó grandemente sobre los de Azoto y los desoló e hirió con tumores a Azoto y su territorio. Viendo los de Azoto lo que pasaba, dijeron: “Que no quede entre nosotros el arca del Dios de Israel, porque su mano pesa mucho sobre nosotros y sobre Dagón, nuestro dios.” Y convocando a todos los príncipes de los filisteos para que vinieran, se preguntaron: ¿”Qué haremos con el arca del Dios de Israel?” Ellos contestaron: “Que lleven el arca del Dios de Israel a Gat.” La llevaron, y la mano de Yahvé se dejó sentir sobre la ciudad, y hubo en ella gran espanto, pues hirió a las gentes de la ciudad, pequeños y grandes. Entonces mandaron el arca de Dios a Acarón. Pero, en cuanto entró el arca de Dios en Acarón, los acaronitas se pusieron a gritar: “Han traído aquí el arca del Dios de Israel para que nos mate a todos, a nosotros y a nuestro pueblo.” Y convocaron a todos los príncipes de los filisteos, que dijeron: “Devolved el arca del Dios de Israel; que vuelva a su sitio, para que no nos mate a nosotros y a nuestro pueblo”; pues había en toda la ciudad un terror mortal, y la mano de Dios pesaba sobre ella muy fuertemente." Los que no morían eran heridos de hemorroides, y los desesperados gritos de la ciudad subían hasta el cielo. Siete meses estuvo el arca de Yahvé en la tierra de los filisteos. Congregaron éstos a sacerdotes y adivinos, y les preguntaron: “¿Qué hemos de hacer con el arca de Yahvé? Decidnos cómo hemos de devolverla a su sitio.” Ellos respondieron: “Si volvéis el arca del Dios de Israel, no la mandéis de vacío, y no dejéis de hacerle una ofrenda de desagravio; si os curáis, sabréis que era su mano la que pesaba sobre vosotros sin alzarse.” Preguntaron los filisteos: “¿Y qué desagravio hemos de hacerle?” Respondieron: “Cinco tumores de oro y cinco ratas de oro, según el número de los príncipes de los filisteos, pues una misma es la plaga que a vosotros y a vuestros príncipes aflige. Haced, pues, una imagen de vuestros tumores y de las ratas que asuelan la tierra, y honrad al Dios de Israel; quizá deje así de hacer sentir su mano sobre vosotros, sobre vuestros dioses y sobre vuestra tierra." ¿Para qué endurecer vuestro corazón, como endurecieron el suyo Egipto y el Faraón? ¿No tuvieron que dejar salir a los hijos de Israel después que los hubo castigado ? Haced, pues, un carro nuevo, tomad dos vacas que estén criando y que no hayan sido nunca puestas al yugo; uncid las vacas al carro, y dejad los terneros lejos de ellas, en el establo." Coged luego el arca, la ponéis sobre el carro, y junto a ella, en un cofre, los objetos que haréis como ofrenda de desagravio, y la devolvéis; que ella se vaya." Seguidla con los ojos: si sube por el camino de su tierra hacia Bet Semes, será que Yahvé nos ha infligido tanto mal; si no, sabremos que no ha sido su mano la que nos ha herido y que esto ha sucedido por casualidad.” Hiciéronlo así, y, tomando dos vacas que estaban criando, las uncieron al carro y dejaron los terneros en el establo. Pusieron sobre el carro el arca de Yahvé y el cofre, con las ratas de oro y las figuras de sus tumores. Las vacas tomaron el camino de Bet Semes y siguieron derechamente por él; iban andando y mugiendo, sin declinar ni a la derecha ni a la izquierda. Los príncipes de los filisteos fueron tras ellas, hasta llegar al territorio de Bet Semes." Las gentes de Bet Semes estaban segando el trigo en el valle, y, alzando los ojos, vieron el arca con gran alegría. El carro llegó al campo de Josué, betsemita, y se paró en él. Había allí una gran piedra, y partieron las maderas del carro y ofrecieron las vacas a Yahvé en holocausto. Los levitas, bajando del carro el arca de Yahvé y el cofre que estaba junto a ella y contenía los objetos de oro, los pusieron sobre la gran piedra. Las gentes de Bet Semes ofrecieron aquel día holocaustos y sacrificios pacíficos a Yahvé. Los cinco príncipes de los filisteos, después de ver esto, se volvieron a Acarón aquel mismo día. Estos son los tumores de oro que los filisteos donaron a Yahvé como ofrenda de desagravio; uno por Azoto, uno por Gaza, uno por Ascalón, uno por Gat y uno por Acarón." También las ratas de oro eran según el número de ciudades de los cinco príncipes, tanto de las fortificadas como de las no amuralladas. Testigo la gran piedra que todavía hoy queda en el campo de Josué betsemita, sobre la cual se depuso el arca de Yahvé. Los hijos de Jeconías no se alegraron con las gentes de Bet Semes al ver el arca de Yahvé, e hirió éste de entre ellos a setenta hombres. El pueblo hizo gran duelo por haberlos herido Yahvé con tan gran plaga;" y las gentes de Bet Semes se decían: “¿Quién puede estar delante de Yahvé, este Dios santo? ¿Y adonde habrá de ir al alejarse de nosotros?” Mandaron mensajeros a los habitantes de Quiriat-Jearim para que les dijeran: “Los filisteos han devuelto el arca de Yahvé; bajad para subirla con vosotros.” Mandaron mensajeros a los habitantes de Quiriat-Jearim para que les dijeran: “Los filisteos han devuelto el arca de Yahvé; bajad para subirla con vosotros.” [ (I Samuel 6:22) Las gentes de Quiriat-Jearim vinieron y subieron el arca, depositándola en la casa de Abinadab, que está sobre una colina; y consagraron a Eliezer, su hijo, para que custodiase el arca de Yahvé." ] Mucho tiempo pasó, veinte años, desde que el arca fue depositada en Quiriat-Jearim, y toda la casa de Israel se volvió a Yahvé. -- omitido por paráfrasis -- Dijo, pues, Samuel: “Si de todo corazón os convertís a Yahvé, quitad de en medio de vosotros los dioses extraños y las astartés; enderezad vuestro corazón a Yahvé y servidle sólo a El, y El os librará de las manos de los filisteos.” Los hijos de Israel quitaron todos los baales y astartés y sirvieron sólo a Yahvé. Samuel les dijo: “Congregad a todo Israel en Masfa, y yo rogaré a Yahvé por vosotros.” Reuniéronse en Masfa, y sacando agua, la derramaron en tierra ante Yahvé; y ayunaron aquel día, y clamaban: “Hemos pecado contra Yahvé.” Samuel juzgaba a los hijos de Israel en Masfa. Habiendo sabido los filisteos que los hijos de Israel se habían congregado en Masfa, subieron sus príncipes contra Israel. Tuvieron miedo de los filisteos los hijos de Israel, y dijeron a Samuel: “No ceses de clamar por nosotros a Yahvé, nuestro Dios, para que nos libre de la mano de los filisteos.” Samuel tomó un cordero de leche y lo ofreció entero en holocausto a Yahvé, y clamó a Yahvé por Israel, y Yahvé lo escuchó. Mientras Samuel ofrecía el holocausto, se acercaron los filisteos para atacar a Israel; pero Yahvé hizo tronar muy fuertemente aquel día sobre los filisteos y los puso en derrota, siendo batidos por los hijos de Israel." Los hombres de Israel, saliendo de Masfa, persiguieron a los filisteos en derrota hasta más abajo de Bet-Car. Samuel cogió una piedra y la puso entre Masía y Jesana; la llamó Eben-Ezer, diciendo: “Hasta aquí nos socorrió Yahvé.” Así humillados, no volvieron los filisteos más contra la tierra de Israel; y pesó la mano de Yahvé sobre ellos durante toda la vida de Samuel." Las ciudades que los filisteos habían tomado a Israel volvieron a poder de éste, desde Acarón hasta Gat. Israel arrancó de las manos de los filisteos su territorio, y hubo también paz entre Israel y los amorreos. Samuel juzgó a Israel todo el tiempo de su vida. Cada año hacía un recorrido por Betel, Caígala y Masfa, y allí, en todos estos lugares, juzgaba a Israel. Volvíase luego a Rama, donde estaba su casa, y allí juzgaba a Israel. Alzó allí un altar a Yahvé. Cuando envejeció Samuel, puso para juzgar a Israel a sus dos hijos;" el primogénito, de nombre Joel, y el segundo, de nombre Abia, y juzgaban en Berseba. Pero los hijos de Samuel no siguieron los caminos de éste, sino que se apartaban de ellos por avaricia, recibiendo presentes y violando la justicia. Reuniéronse todos los ancianos de Israel, y vinieron a Samuel, en Rama, y le dijeron: “Tú eres ya viejo y tus hijos no siguen tus caminos; danos un rey para que nos juzgue, como todos los pueblos.” Desagradó a Samuel que le dijeran: “Danos un rey para que nos juzgue,” y oró ante Yahvé;" pero Yahvé dijo a Samuel: “Oye la voz del pueblo en cuanto te pide, pues no es a ti a quien rechazan, sino a mí, para que no reine sobre ellos. Como han hecho conmigo desde que los saqué de Egipto hasta ahora, dejándome para irse a servir a otros dioses, así hacen ahora contigo. Escúchalos, pues; pero da testimonio contra ellos y dales a conocer cómo los tratará el rey que reinará sobre ellos." Samuel transmitió al pueblo que le pedía rey todo lo que le había dicho Yahvé, y les dijo: “Ved cómo os tratará el rey que reinará sobre vosotros: Cogerá a vuestros hijos y los pondrá sobre sus carros y entre sus aurigas y los hará correr delante de su carro. De ellos hará jefes de mil, de ciento y de cincuenta; les hará labrar sus campos, recolectar sus mieses, fabricar sus armas de guerra y el atelaje de sus carros." Tomará a vuestras hijas para perfumeras, cocineras y panaderas. Tomará vuestros mejores campos, viñas y olivares, y se los dará a sus servidores. Diezmará vuestras cosechas y vuestros vinos para sus eunucos y servidores. Cogerá vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores bueyes y asnos para emplearlos en sus obras, Diezmará vuestros rebaños, y vosotros mismos seréis esclavos suyos. Entonces clamaréis a Yahvé, pero Yahvé no responderá, puesto que habéis pedido un rey.” El pueblo desoyó a Samuel, y dijeron: “No, no, que haya sobre nosotros un rey, y así seremos como todos los pueblos; nos juzgará nuestro rey, y saldrá al frente de nosotros para combatir nuestros combates.” Samuel, después de oír las palabras del pueblo, se las repitió a Yahvé;" y Yahvé le dijo: “Escúchalos y pon sobre ellos un rey.” Entonces dijo Samuel al pueblo: “Vayase cada uno a su ciudad.” Había en Benjamín un hombre llamado Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorat, hijo de Afia, de Gueba de Benjamín. Era hombre valiente, y tenía un hijo de nombre Saúl, todo un buen mozo. No había hijo de Israel más alto que él, y a todos les sacaba la cabeza. Extraviáronse las asnas de Quis, padre de Saúl; y dijo Quis a Saúl, su hijo: “Lleva contigo un mozo y vete en busca de las asnas.” Recorrió los montes de Efraím y atravesó la tierra de Salisa, sin hallarlas. Recorrieron también la región de Salim, y tampoco estaban allí; volvieron a tierra de Benjamín, y tampoco las hallaron." Cuando llegaron a la región de Suf, dijo Saúl al mozo que le acompañaba: “Vamos a volvernos, no sea que mi padre, más que por las asnas, esté ya intranquilo por nosotros.” El mozo le dijo: “Mira, en esta ciudad hay un hombre de Dios muy famoso. Cuanto él dice, seguramente sucede. Vamos, pues, allá, que quizá él nos diga el camino que hemos de seguir.” Saúl dijo al mozo: “Vamos allá; pero ¿qué vamos a llevarle a ese hombre de Dios? Ya no hay provisiones en las alforjas, y nosotros no tenemos nada que podamos ofrecerle como presente.” El mozo le dijo: “Mira, he encontrado un cuarto de siclo de plata; se lo daré al hombre de Dios y él nos indicará nuestro camino.” En otro tiempo, en Israel, los que iban a consultar a Dios se decían unos a otros: “Venid, vamos a consultar al vidente; pues al que llaman hoy profeta le llamaban antes vidente.” Saúl dijo al mozo: “Has tenido buena idea, vamos”; y se dirigieron a la ciudad, donde estaba el hombre de Dios." Cuando subían el repecho que conduce a la ciudad, encontraron a unas jóvenes que habían salido a coger agua, y les preguntaron: “¿Está aquí el vidente?” Ellas les respondieron, diciendo: “Sí, aquí está; mirad, allí delante; pero id pronto, porque ha venido hoy a la ciudad por tener el pueblo un sacrificio en la altura." En cuanto entréis en la ciudad, id a verle, antes que suba a la altura para la comida, pues el pueblo no comerá antes que llegue él, que es quien ha de bendecir el sacrificio, y después comerán los invitados. Subid, pues, ahora mismo y le hallaréis.” Ellos subieron a la ciudad. Cuando entraban en ella, encontraron a Samuel, que salía para subir a la altura. Un día antes de la llegada de Saúl había advertido Yahvé a Samuel, diciéndole: “Mañana, a esta hora, yo te mandaré a un hombre de Benjamín, y tú le ungirás por jefe de mi pueblo, de Israel, y él librará a mi pueblo de la mano de los filisteos, pues he visto la humillación de mi pueblo y han llegado ante mí sus clamores.” Luego que Samuel vio a Saúl, le dijo Yahvé: “Este es el hombre de quien te hablé ayer. Este reinará sobre mi pueblo.” Saúl se acercó a Samuel dentro de la puerta y le dijo: “¿Harías el favor de indicarme dónde está la casa del vidente?” Samuel le contestó: “Soy yo el vidente; sube delante de mí a la altura y comeréis hoy conmigo. Mañana te despediré y te diré cuanto tienes en tu corazón." Por las asnas que hace tres días perdiste, no te inquietes; han sido halladas. ¿De quién va a ser cuanto de precioso hay en Israel? ¿No va a ser tuyo y de toda la casa de tu padre?” Saúl respondió: “¿Pues no soy yo benjaminita? ¿No soy yo de la mínima tribu de Israel, de Benjamín, y no es mi familia la menor de las familias de Benjamín? ¿Por qué me dices esto?” Samuel, tomando a Saúl y a su mozo, les introdujo en el comedor y les dio el primer lugar, a la cabeza de los invitados, que eran unos treinta hombres. Samuel dijo al cocinero: “Dame la porción que te mandé pusieras aparte.” El cocinero tomo un pernil y lo puso delante de Saúl. “Es la porción que se te reservaba — dijo a éste Samuel. Ponió delante de ti y come, pues la hice guardar cuando convoqué al pueblo, para el momento oportuno.” Comió Saúl con Samuel aquel día. Bajaron de la altura a la ciudad, prepararon el lecho a Saúl en la terraza y luego se acostó. Al día siguiente, a la aurora, llamó Samuel a Saúl, que estaba sobre la terraza, y le dijo: “Levántate y te despediré.” Levantóse Saúl y salieron ambos juntos. Cuando hubieron bajado al extremo de la ciudad, dijo Samuel a Saúl: “Dile al mozo que pase delante de nosotros.” Tomó el mozo la delantera, y dijo Samuel: “Detente ahora, que te dé a conocer lo que dice Yahvé.” Tomo Samuel una redoma de óleo, la vertió sobre la cabeza de Saúl y le besó, diciendo: “Yahvé te unge por príncipe de su heredad. Tú reinarás sobre el pueblo de Yahvé y le salvarás de la mano de los enemigos que le rodean. Esto te será señal de que Yahvé te ha ungido como jefe de su heredad. “Cuando hoy me dejes, encontrarás al mediodía dos hombres cerca del sepulcro de Raquel, en tierra de Benjamín, que te dirán: Las asnas que has ido a buscar han aparecido, y tu padre no piensa ya en ellas, sino en vosotros, y dice: ¿Cómo haré yo para saber de mi hijo? Siguiendo tu camino, llegarás a la encina de Tabor, y te encontrarás con tres hombres subiendo a Dios a Betel, y llevando uno tres cabritos, y el otro tres panes, y el otro una bota de vino;" después de preguntarte por tu salud, te darán dos de los panes, que tú tomarás de sus manos;" luego llegarás a Gueba Elohim, donde hay una guarnición de filisteos; y al entrar en la ciudad te encontrarás con un grupo de profetas bajando del excelso, precedidos de salterios, tímpanos, flautas y arpas, y profetizando." El espíritu de Yahvé se apoderará de ti, y profetizarás con ellos y te transformarás en otro hombre. Cuando todas estas señales se hayan cumplido en ti, haz lo que te venga a mano, pues Dios estará contigo. Baja antes que yo a Caígala, adonde iré a reunir-me contigo para ofrecer holocaustos y sacrificios eucarísticos. Espera siete días, hasta que yo vaya y te diga lo que has de hacer.” En cuanto volvió Saúl las espaldas para apartarse de Samuel, se sintió otro, y todas las señales aquellas le sucedieron el mismo día. Cuando llegaron a Gueba, encontráronse con un tropel de profetas, y le arrebató el espíritu de Dios y se puso a profetizar en medio de ellos, Cuantos de antes le conocían se preguntaban: “¿Qué le ha pasado al hijo de Quis? ¡Saúl entre los profetas!” Uno de los presentes contestó: “¿Y quién es el padre de esos otros?” Por eso ha quedado en proverbio: “¿También Saúl entre los profetas?” Cuando hubo acabado de profetizar, subió a Gueba. Un tío de Saúl preguntó a éste: “¿Adonde habéis ido?” Saúl respondió: “A buscar las asnas, pero no las hemos visto por ninguna parte y fuimos a casa de Samuel.” El tío le dijo: “Cuéntame lo que te ha dicho Samuel.” Y Saúl respondió: “Nos dio a saber que las asnas habían aparecido”; pero en cuanto a lo del reino, nada le dijo de lo que le había hablado Samuel," Samuel convocó al pueblo ante Yahvé en Masfa, y dijo a los hijos de Israel: “Así habla Yahvé, Dios de Israel: Yo os saqué de Egipto; yo os he librado de la mano de los egipcios y de la de cuantos reyes os oprimieron;" y vosotros hoy rechazáis a vuestro Dios, que os ha librado de vuestros males y de vuestras aflicciones, y le decís: ¡No, pon sobre nosotros un rey! Presentaos ahora ante Yahvé por tribus y por familias.” Samuel hizo que se acercasen todas las tribus de Israel, y fue sacada la tribu de Benjamín. Hizo acercarse a la tribu de Benjamín por familias, y salió la familia de Hammatri; e hizo acercar a la familia de Hammatri, por varones, y fue elegido Saúl, hijo de Quis." Buscáronle, pero no le hallaron. Preguntaron entonces de nuevo a Yahvé: “¿Ha venido?” Y Yahvé respondió: “Está escondido entre los bagajes.” Corrieron a sacarle de allí, y cuando estuvo en medio del pueblo, sobresalía de entre todos de los hombros arriba. Samuel dijo al pueblo: “Aquí tenéis al elegido de Yahvé. No hay entre todos otro como él.” Y el pueblo se puso a gritar: “¡Viva el rey!” Entonces expuso Samuel al pueblo el derecho real y lo escribió en un libro, que depositó ante Yahvé;" y despidió Samuel al pueblo todo, cada uno a su casa. También Saúl se fue a su casa, a Gueba, acompañado de una tropa de hombres robustos, cuyos corazones había tocado Dios. Sin embargo, algunos perversos decían: “¿Este va a salvarnos?” Y despreciándole, no le hicieron presentes. Pasó cosa de un mes, y subió Najas, amonita, y sitió a Jabes Galaad. Los habitantes de Jabes dijeron a Najas: “Pacta con nosotros y te serviremos.” Pero Najas amonita les respondió: “Pactaré a condición de sacaros a cada uno de vosotros el ojo derecho y hacer de esto oprobio para todo Israel.” Dijéronle los ancianos de Jabes: “Danos tregua de siete días para mandar mensajeros por todo Israel; si no viene nadie a socorrernos, nos rendiremos a ti.” Vinieron mensajeros a Gueba de Saúl, y contaron al pueblo esto, y el pueblo todo lloró a voz en grito. Venía entonces Saúl del campo tras de sus bueyes, y preguntó: “¿Qué tiene el pueblo para llorar así?” Contáronle lo que decían los de Jabes. En cuanto lo oyó le arrebató el espíritu de Yahvé y se encendió en cólera. Cogió un par de bueyes, los cortó en pedazos y mandó éstos por todo el territorio de Israel por medio de mensajeros que dijeran: “Así serán tratados los bueyes de cuantos no se pongan en marcha tras Saúl,” El terror de Yahvé cayó sobre el pueblo, que se puso en marcha como un solo hombre. Saúl los revistó en Bezec; y los hijos de Israel eran trescientos mil; los de Judá, treinta mil." Dijo a los mensajeros que habían venido de Jabes: “Decid a los hombres de Jabes Galaad: Mañana al mediodía seréis socorridos.” Los mensajeros llevaron la noticia a los hombres de Jabes, que se llenaron de alegría, y dijeron a los amonitas: “Mañana nos rendiremos a vosotros para que con nosotros hagáis lo que bien os parezca,” Al día siguiente dividió Saúl el pueblo en tres cuerpos; y a la vigilia matutina penetraron en el campamento de los amonitas y los estuvieron batiendo hasta la hora de más calor. Los que escaparon se dispersaron de tal modo, que no quedaron dos hombres juntos." El pueblo decía a Samuel: “¿Quiénes son los que decían: Saúl va a reinar sobre nosotros?” Entréganos esas gentes para que les demos muerte.” Pero Saúl dijo: “Nadie será muerto hoy, pues hoy ha salvado Yahvé a Israel.” Y dijo Samuel al pueblo: “Venid y vayamos a Gálgala para renovar allí el reino.” Todo el pueblo fue a Gálgala, y restablecieron a Saúl rey ante Yahvé en Gálgala y ofrecieron sacrificios eucarísticos, dando Saúl y todo el pueblo muestras de gran regocijo. Dijo Samuel a todo Israel: “Ya veis que os he oído en cuanto me habéis dicho y que he puesto sobre vosotros un rey. Ahora, pues, tenéis ya rey que marche a vuestra cabeza. Yo ya soy viejo y he encanecido, y mis hijos ahí los tenéis entre vosotros, como unos de tantos, He estado al frente de vosotros desde mi juventud hasta hoy. Aquí me tenéis. Dad testimonio de mí ante Yahvé y ante su ungido. ¿He quitado a nadie un buey? ¿He quitado anadie un asno? ¿He oprimido a nadie? ¿He perjudicado a nadie? ¿He aceptado de nadie presentes, ni aun un par de sandalias? Dad testimonio contra mí y yo responderé.” Ellos respondieron: “No nos has perjudicado, no nos has oprimido, de nadie has aceptado nada.” El les dijo: “Testigo Yahvé contra vosotros, y lo es también hoy su ungido, de que nada habéis hallado en mis manos.” El pueblo respondió: “Testigo.” Samuel añadió: “Yahvé, que hizo a Moisés y Aarón y sacó a vuestros padres de Egipto, es testigo. Ahora, pues, poneos delante de Yahvé, que quiero juzgaros ante Yahvé por los beneficios que os ha hecho a vosotros y a vuestros padres. Cuando Jacob con sus hijos entró en Egipto y los humillaron los egipcios, y vuestros padres clamaron a Yahvé, Yahvé les mandó a Moisés y Aarón, que los sacaron de Egipto y los establecieron en este lugar. Pero se olvidaron de Yahvé, su Dios, y éste los entregó en manos de Sisara, jefe del ejército de Jasor; en manos de los filisteos, en manos del rey de Moab, que les hicieron la guerra." Clamaron a Yahvé diciendo: “Hemos pecado, porque hemos abandonado a Yahvé y herrros servido a los baales y a las astartés. Líbranos ahora y nosotros te serviremos.” Mandóles Yahvé a Jerobaal, Abdón, Jefté y Samuel, y os libró de manos de los enemigos que teníais en torno vuestro, y habéis habitado vuestras casas en seguridad. Y ahora, cuando habéis visto que Najas, rey de los hijos de Amón, se ponía en marcha contra vosotros, me habéis dicho: No, que reine un rey sobre nosotros, cuando Yahvé, vuestro Dios, era vuestro rey. Ahí tenéis, pues, el rey que habéis querido y habéis pedido; Yahvé le ha puesto por rey vuestro." Si teméis a Yahvé, si le servís y obedecéis; si no sois rebeldes a los mandamientos de Yahvé, viviréis vosotros y vuestro rey, que reinará sobre vosotros." Pero, si no obedecéis a Yahvé, si sois rebeldes a sus mandatos, tendréis contra vosotros la mano de Yahvé y contra vuestro rey para destruiros. Quedaos todavía para que veáis el prodigio que va a obrar Yahvé a vuestros ojos. ¿No estamos en el tiempo de la siega de los trigos? Pues yo voy a invocar a Yahvé, y Yahvé tronará y lloverá, y veréis así cuan grande es a los ojos de Yahvé el mal que habéis hecho pidiendo un rey.” Invocó Samuel a Yahvé, y aquel mismo día dio Yahvé truenos y lluvia, y todo el pueblo tuvo gran temor de Yahvé y de Samuel;" y dijeron a éste: “Ruega por tus siervos a Yahvé, tu Dios, para que no muramos, pues a todos nuestros pecados hemos añadido el de pedirnos un rey.” Samuel les dijo: “No temáis; habéis hecho todo ese mal, pero no ceséis de seguir a Yahvé y servirle con todo vuestro corazón." No os apartéis de él, porque será ir tras vanidades que no os darían provecho ni ayuda alguna, porque de nada sirven. Yahvé, por la gloria de su nombre, no abandonará a su pueblo, ya que ha querido haceros el pueblo suyo. Lejos también de mí pecar contra Yahvé, dejando de rogar por vosotros; yo os mostraré el camino bueno y derecho." Temed sólo a Yahvé, servidle fielmente y con todo vuestro corazón, pues ya habéis visto los prodigios que ha hecho en medio de vosotros. Pero, si perseveráis en el mal, pereceréis vosotros y vuestro rey.” Era Saúl de ... años cuando comenzó a reinar, y había ya reinado dos años sobre Israel. Saúl eligió para sí tres mil hombres de Israel. Dos mil estaban con él en Mijmas y sobre el monte de Betel, y mil con Jonatán, en Gueba de Benjamín. El resto del pueblo lo mandó cada uno a su tienda. Jonatán batió a la guarnición de filisteos que había en Gueba, y, al saberlo, dijeron los filisteos: “Se han rebelado los hebreos.” Saúl hizo que tocasen la trompeta por toda la tierra;" y todo Israel oyó que decían: “Saúl ha batido a la guarnición de los filisteos”; e Israel se hizo odioso a los filisteos, y fue convocado el pueblo por Saúl a Gálgala." Reuniéronse los filisteos para combatir contra Israel; tres mil carros y seis mil caballeros, y de pueblo un número comparable a las arenas del mar. Vinieron a acampar en Mijmas, al oriente de Bet-Aven." Los hombres de Israel se vieron en gran aprieto, pues estaban casi cercados, y se ocultaron en las cavernas, en la maleza y en las peñas, en las torres y en las cisternas;" y los de más lejos pasaron el Jordán y se internaron en tierra de Gad y de Galaad. Saúl estaba todavía en Gálgala, y la gente que estaba con él se dispersaba. Esperó siete días, según el término que había fijado Samuel; pero Samuel no venía, y la gente se dispersaba cada vez más." Entonces dijo Saúl: “Traedme el holocausto y las hostias pacíficas”; y ofreció el holocausto." Apenas ofrecido el holocausto, vino Samuel, y Saúl salió a su encuentro para saludarle. Samuel le dijo: “¿Qué has hecho?” Saúl respondió: “Viendo que la gente se dispersaba, que tú no venías en el término fijado y que los filisteos acampaban en Mijmas, me dije: Los filisteos van a venir a atacarme a Gálgala y yo no he implorado a Yahvé. Entonces, obligado por la necesidad, he ofrecido el holocausto.” Samuel dijo a Saúl: “Has obrado neciamente y has desobedecido el mandato de Yahvé, tu Dios. Estaba Yahvé para afirmar tu reino sobre Israel para siempre;" pero ahora ya tu reino no persistirá. Ha buscado Yahvé un hombre según su corazón para que sea jefe de su pueblo, porque tú no has cumplido lo que Dios te había mandado.” Levantóse Samuel y subió de Gálgala, prosiguiendo su camino. El resto del pueblo fue en pos de Saúl al encuentro del ejército, y llegaron a Gueba de Benjamín. Saúl revistó su tropa, y quedaban con él unos seiscientos hombres. Saúl, Jonatán, su hijo, y la gente que con ellos quedaba se apostaron en Gueba de Benjamín, mientras los filisteos acampaban en Mijmas. Salieron del campamento de los filisteos tres tropas en algara para saquear la tierra. Una tomó el camino de Ofra, hacia la tierra de Sual;" otra, el de Bet Horón, y la tercera, el de Gueba, que domina el valle de Seboím, hacia el desierto. No había en toda la tierra de Israel herrero alguno, pues los filisteos se habían dicho: “Que no puedan los hebreos forjar espadas ni lanzas.” Todo Israel tenía que bajar a tierra de los filisteos para aguzar cada uno su reja, su segur, su azadón o su pico. No se disponía más que de la lima para sacar el filo a toda clase de segures, tridentes y hoces y para aguzar Llegado el día del combate de Mijmas, no había en mano del pueblo todo que estaba con Saúl y Jonatán espada ni lanza más que las de Saúl y las de Jonatán, su hijo. Los filisteos habían salido para guarnecer el paso de Mijmas. Un día Jonatán dijo a su escudero: “Anda, vamos a pasar al puesto de los filisteos, que está allí del otro lado.” Nada había dicho a su padre. Saúl estaba apostado al extremo de Gueba, bajo el granado que estaba junto a la era, y tenía con él unos seiscientos hombres, Ajías, hijo de Ajitub, hermano de Icabod, hijo de Finés, hijo de Helí, era sacerdote de Yahvé en Silo, y llevaba el efod. Tampoco la gente sabía nada de adonde había ido Jonatán. Entre los pasos por donde Jonatán intentaba llegar al puesto de los filisteos había un diente de roca de un lado y otro del otro, el uno de nombre Boses y el otro Sene. Uno de ellos se alza al norte, enfrente de Mijmas, y el otro al mediodía, enfrente de Gueba. Jonatán dijo a su escudero: “Anda, vamos a pasar al puesto de los incircuncisos; puede ser que Yahvé nos ayude, pues nada le impide salvar con muchos o con pocos.” Su escudero le respondió: “Haz lo que quieras. Donde tú vayas, pronto estoy a seguirte.” Jonatán le dijo: “Vamos a pasar hacia ésos y a dejarnos ver de ellos. Si nos dicen: Esperad a que vayamos, nosotros nos quedaremos donde estemos y no subiremos a ellos;" pero si nos dicen: Subid acá, subiremos, porque Yahvé nos los ha entregado en nuestras manos. Esa será para nosotros la señal,” Hicié-ronse ver ambos del puesto de los filisteos, y éstos dijeron: “Mirad, los hebreos salen de los agujeros donde se habían metido”;" y, dirigiéndose a Jonatán y a su escudero, dijeron: “Subid a nosotros y os enseñaremos una cosa.” Jonatán dijo al escudero: “Sube detrás de mí, que Yahvé los ha puesto en manos de Israel.” y sirviéndose de manos y pies, subió Jonatán, seguido de su escudero. Los filisteos volvieron la espalda ante Jonatán, que los hería, mientras detrás de él los mataba el escudero. Esta primera matanza que hizo Jonatán y su escudero fue de unos veinte hombres; en un espacio como de la mitad de una yugada." Trascendió el espanto al campamento, al llano y a todos los puestos de los filisteos, y aun las tres columnas de saqueadores fueron presa del terror. Temblaba la tierra. Fue: un espanto de Dios. Los centinelas de Saúl que estabam en Gueba de Benjamín vieron cómo la muchedumbre se dispersaba y corría de un lado para otro. Saúl dijo a la gente que tenía con él: “Pasad revista y ved quién falta de entre nosotros.” Pasáronla, y se halló que faltaban Jonatán y su escudero. Dijo entonces Saúl a Ajías: “Trae el efod”; pues había llevado el efod y lo tenía allí aquel día delante de Israel." Mientras Saúl hablaba con el sacerdote, iba extendiéndose y creciendo el tumulto en el campamento de los filisteos; y Saúl dijo al sacerdote: “Retira tu mano.” Saúl y cuantos con él estaban se reunieron y avanzaron hasta el lugar de la lucha, y vieron que los filisteos habían vuelto sus armas unos contra otros y la confusión era grandísima. Los hebreos que de antes estaban con los filisteos y habían subido con ellos al campamento, se pusieron también al lado de los de Israel, que estaban con Saúl y Jonatán. Los que de Israel se habían ocultado en los montes de Efraím, al tener noticia de la huida de los filisteos, se pusieron igualmente a perseguirlos. Así libró Yahvé aquel día a Israel. El combate siguió hasta Bet-Horón. Vinieron a ser los que se reunieron con Saúl unos diez mil hombres, y se extendió la lucha por todos los montes de Efraím. Saúl cometió aquel día una gran imprudencia, pues conjuró al pueblo, diciendo: “Maldito el hombre que coma nada hasta la tarde, mientras no me haya vengado de mis enemigos.” Y nadie probó bocado. El pueblo estaba extenuado por la fatiga, y llegó a un bosque donde había mucha miel en el suelo. A pesar de ver la miel corriendo por el suelo, nadie la tomó para llevársela a la boca, por temor del juramento hecho. Pero Jonatán, que nada sabía del juramento que su padre había hecho hacer al pueblo, metió la punta del bastón que llevaba en la mano en un panal de miel y se la llevó a la boca con la mano, y le brillaron los ojos. Uno del pueblo le advirtió: “Tu padre ha hecho jurar al pueblo, diciendo: “Maldito el hombre que coma hoy.” Jonatán respondió: “Mi padre ha hecho hoy mucho mal al pueblo. ¿No veis cómo han brillado mis ojos sólo con haber probado un poco de miel? Si el pueblo hubiera comido hoy del botín tomado a los enemigos, ¡cuánto mayor habría sido la derrota de los filisteos!” Batieron aquel día a los filisteos desde Mijmas hasta Ayalón. El pueblo, desfallecido, cuando volvió sobre el botín, tomo ovejas, bueyes y terneros, y, matándolos en el suelo, comió la carne con su sangre. Dijéronle a Saúl que el pueblo había pecado contra Yahvé comiendo la carne con su sangre; y dijo: “Habéis prevaricado. Traedme luego una piedra grande”;" y añadió: “Id por todo el pueblo y decidle que me traiga cada uno su buey o su oveja y que la degüelle aquí. Después comeréis y no pecaréis contra Yahvé comiendo la carne con sangre.” Llevó cada cual lo que tenía en su mano y lo desolló sobre la piedra. Saúl alzó un altar a Yahvé. Fue el primer altar que alzó Saúl a Yahvé. Saúl dijo: “Vamos a salir a perseguir a los filisteos durante la noche, a destrozarlos hasta que luzca el día, sin dejar uno solo con vida.” Y le dijeron: “Haz cuanto bien te parezca.” Y él dijo al sacerdote: “Acércate”;" y consultó a Dios: “¿He de bajar en persecución del enemigo? ¿Los entregarás en manos de Israel?” Pero Yahvé no dio aquel día respuesta. Saúl dijo: “Acercaos aquí todos los jefes del pueblo y buscad, a ver por quién haya sido cometido el pecado;" pues por vida de Yahvé, el salvador de Israel, que si hubiera sido por Jonatán, mi hijo, sin remisión morirá.” Nadie del pueblo osó responderle. Dijo, pues, a todo Israel: “Poneos todos vosotros de un lado, y yo y mi hijo, Jonatán, nos pondremos del otro.” El pueblo contestó: “Haz como bien te parezca.” Saúl dijo: “Yahvé, Dios de Israel, ¿cómo es que no respondes hoy a tu siervo? Si en mí o en Jonatán, mi hijo, está este pecado, Yahvé, Dios de Israel, da “urim,” ysi está la iniquidad en el pueblo, da”tummim.” Y fueron señalados por la suerte Jonatán y Saúl y librado el pueblo. Saúl dijo: “Echad ahora la suerte entre mí y Jonatán, mi hijo, y aquel que señalare Yahvé, morirá.” Pero el pueblo dijo: “No será así.” Saúl persistió, y fue echada la suerte entre él y Jonatán, su hijo; y fue señalado Jonatán." Saúl dijo a Jonatán: “Dime qué has hecho.” Y Jonatán respondió: “He gustado un poco de miel con la punta del bastón que llevaba en la mano, ¿y por eso voy a morir?” Saúl dijo: “Que me castigue Dios con todo rigor si no mueres, Jonatán.” El pueblo dijo entonces a Saúl: “¿Va a morir Jonatán, el que ha hecho en Israel esta gran liberación? ¡Jamás! Vive Yahvé, no caerá a tierra un solo cabello de su cabeza, pues hoy ha obrado con Dios.” Así salvó el pueblo a Jonatán y no murió. Saúl desistió de salir en persecución de los filisteos, y éstos llegaron a su tierra. Mientras Saúl reinó sobre Israel, hizo la guerra a todos los enemigos de en torno: a Moab, a los hijos de Amón, a Aram Bet Rejob, al rey de Soba y a los filisteos, venciendo en todas partes a donde se volvía. Llegó a ser muy fuerte; derrotó a Amalee y libró a Israel de las manos de cuantos antes le saqueaban." Los hijos de Saúl fueron Jonatán, Isvi y Melquisúa; sus dos hijas se llamaron Merob la mayor y Micol la menor." La mujer de Saúl se llamaba Ajinam, hija de Ajimas. El nombre del jefe de su ejército era Abner, hijo de Ner, tío de Saúl. Quis, padre de Saúl, y Ner, padre de Abner, eran hijos de Abiel. La guerra contra los filisteos fue encarnizada durante toda la vida de Saúl; y en cuanto veía Saúl un hombre robusto y valiente, le ponía a su servicio." Samuel dijo a Saúl: “A mí me envió Yahvé para que te ungiera rey de su pueblo, Israel. Escucha, pues, ahora lo que te dice Yahvé: Así habla Yahvé Sebaot: Tengo presente lo que hizo Amalee contra Israel cuando le cerró el camino a su salida de Egipto. Ve, pues, ahora y castiga a Amalee, y da al anatema cuanto es suyo. No perdones: mata a hombres, mujeres y niños, aun los de pecho; bueyes y ovejas, camellos y asnos." Dio, pues, Saúl la orden al pueblo y lo congregó en Telam. Contó doscientos mil infantes y diez mil hombres de Judá. Avanzó Saúl hasta las ciudades de Amalee y puso una emboscada en el torrente;" y dijo a los quíneos: “Id, retiraos, salid de en medio de Amalee, no sea que os veáis envueltos con él; pues vosotros tratasteis con benevolencia a los hijos de Israel cuando subían de Egipto.” Retiráronse, pues, de Amalee los quíneos." Saúl batió a Amalee desde E vila hasta Sur, frente a Egipto. Cogió vivo a Agag, rey de Amalee, y dio al anatema a todo el pueblo, pasándolo a filo de espada. Pero Saúl y el pueblo dejaron con vida a Agag y las mejores ovejas y los mejores bueyes, los más gordos y cebados, y los corderos, no dándolos al anatema, y destruyendo solamente lo malo y sin valor. Yahvé dirigió a Samuel su palabra, diciendo: “Estoy arrepentido de haber hecho rey a Saúl, pues se aparta de mí y no hace lo que digo.” Samuel se entristeció y estuvo clamando a Yahvé toda la noche;" y levantándose de mañana para ir al encuentro de Saúl, supo que había ido al Carmelo, donde se había alzado un monumento, y de vuelta, pasando más allá, había bajado a Gálgala. Dirigióse, pues, a donde estaba Saúl, y le dijo Saúl: “Bendito seas de Yahvé. He cumplido la orden de Yahvé.” Samuel le contestó: “¿Qué es entonces ese balar de ovejas que llega a mis oídos y ese mugir de bueyes que oigo?” Saúl respondió: “Los han traído de Amalee, pues el pueblo ha reservado las mejores ovejas y los mejores bueyes para los sacrificios de Yahvé, tu Dios; el resto ha sido dado al anatema.” Samuel dijo entonces a Saúl: “Basta; voy a darte a conocer lo que Yahvé me ha dicho esta noche.” Saúl le dijo: “Habla.” Samuel dijo: “¿No es verdad que, hallándote tú pequeño a tus propios ojos, has venido a ser el jefe de las tribus de Israel y te ha ungido Yahvé rey sobre Israel? Yahvé te dio una misión, diciéndote: Ve y da al anatema a esos pecadores de Amalee y combátelos hasta exterminarlos. ¿Por qué no has obedecido al mandato de Yahvé y te has echado sobre el botín, haciendo mal a los ojos de Yahvé?” Saúl contestó a Samuel: “Yo he obedecido el mandato de Yahvé y he seguido el camino que me ordenó Yahvé: he destruido a los amalecitas y he traído a Agag, rey de Amalee. El pueblo ha tomado del botín esas ovejas y esos bueyes, como primicias de lo dado al anatema, para sacrificarlos a Yahvé, su Dios, en Gálgala.” Pero Samuel repuso: “¿No quiere mejor Yahvé la obediencia a sus mandatos que no los holocaustos y las víctimas? Mejor es la obediencia que las víctimas. Y mejor escuchar que ofrecer el sebo de los carneros. Tan pecado es la rebelión como la superstición, y la resistencia como la idolatría. Pues que tú has rechazado el mandato de Yahvé, él te rechaza también a ti como rey.” Dijo entonces Saúl a Samuel: “He pecado traspasando el mandamiento de Yahvé y tus palabras; temí al pueblo y le escuché. Perdona, pues, te ruego, mi pecado," y vuélvete conmigo para adorar a Yahvé.” Samuel le contestó: “No me volveré contigo, porque tú rechazaste el mandato de Yahvé, y Yahvé te rechaza a ti para que no reines en Israel.” Volvióse Samuel para irse, pero Saúl le cogió por la orla del manto, que se rompió;" y le dijo Samuel: “Hoy ha roto Yahvé de sobre ti el reino para entregárselo a otro mejor que tú;" y el Esplendor de Israel no se doblegará, no se arrepentirá, pues no es un hombre para que se arrepienta.” Saúl dijo: “He pecado; pero hónrame ahora, te lo ruego, en presencia de los ancianos de mi pueblo y en presencia de Israel, y ven conmigo a adorar a Yahvé, tu Dios.” Volvióse Samuel y siguió a Saúl, y éste adoró a Yahvé. Samuel dijo: “Traedme a Agag, rey de Amalee”; y Agag se acercó a él, temblando, y dijo: “¡Qué amarga es la muerte!” Samuel repuso: “Así como a tantas madres privó tu espada de hijos, así será entre las mujeres tu madre privada de su hijo.” Y destrozó a Agag ante Yahvé, en Gálgala. Partióse Samuel para Rama, y Saúl subió a su casa de Gueba de Saúl. No volvió Samuel a ver a Saúl hasta el día de su muerte, pero se lamentaba por Saúl de que se hubiera Yahvé arrepentido de haberle hecho rey de Israel. Dijo Yahvé a Samuel: “¿Hasta cuándo vas a estar tú llorando sobre Saúl, a quien he rechazado para que no reine más sobre Israel? Llena tu cuerno de óleo y ve; te envío a casa de Isaí de Belén, pues he elegido entre sus hijos al rey que yo quiero.” “¿Cómo voy a ir? — contestó Samuel — ; lo sabrá Saúl y me matará.” Yahvé le dijo: “Lleva contigo una ternera, y dirás: He venido para ofrecer a Yahvé un sacrificio." Invitarás al sacrificio a Isaí, y ya te indicaré yo luego lo que has de hacer, ungiendo al que yo te señale.” Hizo Samuel lo que le mandaba Yahvé, y llegó a Belén. Los ancianos acudieron inquietos a él y dijeron: “¿Tu llegada es para bien?” E1 contestó: “Sí, he venido para ofrecer un sacrificio a Yahvé. Santifícaos y venid conmigo al sacrificio.” Santificó a Isaí y a sus hijos y los invitó al sacrificio. Cuando se presentaron ante él, al ver a Eliab, se dijo Samuel: “Seguro que se halla ante Yahvé su ungido.” Pero Yahvé dijo a Samuel: “No tengas en cuenta su figura y su gran talla, que yo le he descartado. No ve Dios como el hombre; el hombre ve la figura, pero Yahvé mira el corazón.” Isaí llamó a Abinadab y le hizo pasar ante Samuel. Samuel dijo: “Tampoco es éste el que ha elegido Yahvé.” Hizo Isaí pasar a Sama, y Samuel dijo: “Tampoco éste es el que ha elegido Yahvé.” Isaí hizo pasar ante Samuel a sus siete hijos, y Samuel le dijo: “A ninguno de éstos ha elegido Yahvé.” Preguntó entonces Samuel a Isaí: “¿Son éstos todos tus hijos?” Y él le respondió: “Queda el más pequeño, que está apacentando las ovejas.” Samuel le dijo: “Manda a buscarle, pues no nos sentaremos a comer mientras no venga él.” Isaí mandó a buscarle. Era rubio, de hermosos ojos y muy bella presencia. Yahvé dijo a Samuel: “Levántate y úngele, pues ése es.” Samuel, tomando el cuerno de óleo, le ungió a la vista de sus hermanos; y desde aquel momento, en lo sucesivo, vino sobre David el espíritu de Yahvé. Samuel se levantó y se volvió a Rama." El espíritu de Yahvé se retiró de Saúl, y le turbaba un mal espíritu mandado de Yahvé. Y dijeron a Saúl sus servidores: “Te ves turbado por un mal espíritu de Dios;" permite, señor, que tus siervos te digan que se busque a un diestro tañedor de arpa, que, cuando se apodere de ti el mal espíritu de Dios, la toque y halles alivio.” Saúl les dijo: “Buscadme, pues, un buen músico y traédmelo.” Tomando uno de los servidores la palabra, dijo: “Yo conozco a un hijo de Isaí, de Belén, que sabe tocar el arpa. Es hombre fuerte y valiente, hombre de guerra y discreto en el hablar, y está Yahvé con él.” Saúl envió mensajeros a Isaí para decirle: “Mándame a David, tu hijo, el que está con las ovejas.” Isaí tomó un asno, lo cargó con diez panes, un odre de vino y un cabrito, y se lo mandó a Saúl por David, su hijo. Llegado a casa de Saúl, David se presentó a él. Saúl le tomo cariño y le hizo escudero suyo. Saúl dijo a Isaí: “Que se quede, te ruego, conmigo David, a mi servicio, pues ha hallado gracia a mis ojos.” Cuando el mal espíritu de Dios se apoderaba de Saúl, David tomo el arpa, la tocaba, y Saúl se calmaba y se ponía mejor, y el espíritu malo se alejaba de él. Los filisteos, juntando sus tropas para hacer la guerra, se reunieron en Soco, que pertenece a Judá. Acamparon entre Soco y Azeca, en Efes Domim. Reuniéronse también Saúl y los hombres de Israel y vinieron al valle del Terebinto, y pusiéronse allí en orden de batalla contra los filisteos. Estaban éstos acampados en un monte, y los de Israel en un monte opuesto, mediando entre ellos el valle que los separaba. Salió al medio, de las filas de los filisteos, un hombre llamado Goliat, de Gat, que tenía de talla seis codos y un palmo. Cubría su cabeza un casco de bronce y llevaba una coraza escamada, de bronce también, de cinco mil siclos de peso. A los pies llevaba botas de bronce y a las espaldas un escudo, también de bronce. El asta de su lanza era como el enjullo de un telar, y la punta de la lanza, de hierro, pesaba seiscientos siclos. Delante de él iba su escudero. Goliat separó, y, dirigiéndose a las tropas de Israel, ordenadas en batalla, les gritó: “¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla? ¿No soy yo un filisteo, y vosotros siervos de Saúl? Elegid de entre vosotros un hombre que baje a pelear conmigo. Si en la lucha me vence, que me mate y os quedaremos sujetos; pero, si soy yo el que le venzo y le mato a él, seréis vosotros los que nos quedaréis sujetos y nos serviréis.” El filisteo añadió: “Yo arrojo hoy este reto al ejército de Israel. Dadme un hombre y lucharemos.” Al oír las palabras del filisteo, Saúl y todo Israel se asombraron y llenaron de miedo. David era hijo de un efrateo, de Belén de Judá, que tenía ocho hijos, llamado Isaí, y era al tiempo de Saúl uno de los hombres más ancianos. Los tres hijos mayores de Isaí habían salido para la guerra, y se llamaban el mayor Eliab; el segundo, Abinadab, y Samma el tercero." David era el menor; y cuando las tropas marcharon tras de Saúl," David iba y venía y apacentaba las ovejas de su padre en Belén. El filisteo salía de su campo mañana y tarde, y estuvo haciendo así por cuarenta días. Isaí dijo a David, su hijo: “Toma ese “efá” de trigo tostado y esos diez panes y corre al campamento donde están tus hermanos;" lleva también esos diez requesones para el jefe de su millar. Visitas a tus hermanos para ver cómo están y les preguntas si quieren algo.” Saúl, ellos y todos los hombres de Israel estaban en el valle del Teberinto, en campaña contra los filisteos. David se levantó de madrugada y, dejando las ovejas al cuidado de un pastor, se fue cargado de lo que le mandara Isaí. Llegó al campamento cuando el ejército salía a ordenarse en batalla, lanzando sus gritos de guerra. Israelitas y filisteos se ordenaban en batalla, ejército contra ejército. David dejó los objetos que traía en manos de un guardia del bagaje y corrió hacia las filas del ejército. En cuanto llegó, preguntó a sus hermanos cómo estaban;" pero mientras hablaba con ellos, he aquí que el campeón, el filisteo de Gat, Goliat de nombre, salió de las filas de los filisteos y se puso a decir lo de los otros días, oyéndolo David. En viendo a aquél, todos los hombres de Israel se retiraron ante él, temblando de miedo. Decíanse unos a otros: “¿Veis a ese hombre que avanza? Viene a desafiar a Israel. Al que le mate le colmará el rey de riquezas, le dará su hija por mujer y eximirá de tributos la casa de su padre.” David preguntó a los que tenía cerca: “¿Qué darán al que mate a este filisteo y arranque a Israel la afrenta? ¿Quién es ese filisteo, ese incircunciso, para insultar así al ejército del Dios vivo?” La gente le repitió las mismas palabras, diciendo: “Esto es lo que harán al que le mate.” Eliab, su hermano, que había oído hablar a aquellos hombres, se encendió en cólera contra David y le dijo: “¿Para qué has bajado y a quién has dejado tu rebañito en el desierto? Ya conozco tu orgullo y la malicia de tu corazón. Para ver la batalla has bajado tú.” David le contestó: “¿Qué he hecho? Sencillamente hablar una palabra.” Y apartándose de él, se dirigió a otro, haciéndole la misma pregunta, y recibió la misma respuesta. Los que habían oído las palabras de David se las repitieron a Saúl, que le mandó venir. David dijo a Saúl: “Que no desfallezca el corazón de mi señor por el filisteo ese. Tu siervo irá a luchar contra él.” Saúl le dijo: “Tu no puedes ir a batirte con ese filisteo; eres todavía un niño y él es hombre de guerra desde su juventud.” David dijo a Saúl: “Cuando tu siervo apacentaba las ovejas de su padre y venía un león o un oso y se llevaba una oveja del rebaño, yo le perseguía, le golpeaba y le arrancaba de la boca la oveja; y si se volvía contra mí, le agarraba por la quijada, le hería y le mataba." Tu siervo ha matado leones y osos, y ese filisteo incircunciso será como uno de ellos. ¿No seré capaz de ir, de batirle y quitarle y quitar el oprobio de Israel? Porque ¿quién es ese incircunciso que ha insultado al ejército del Dios vivo?” Y añadió: “Yahvé, que me libró del león y del oso, me librará también de la mano de ese filisteo.” Saúl entonces le dijo: “Ve y que Yahvé sea contigo.” Saúl hizo que vistieran a David sus ropas, púsole sobre la cabeza un casco de bronce y le cubrió de una coraza. Después David se ciñó la espada de Saúl sobre sus ropas y probó de andar, pues nunca había ensayado la armadura; y dijo a Saúl: “No puedo andar con estas armas, no estoy acostumbrado”; y deshaciéndose de ellas," agarro su cayado, eligió en el torrente cinco chinarros bien lisos y los metió en su zurrón de pastor, y con la honda en la mano avanzó hacia el filisteo. El filisteo se acercó poco a poco a David, precedido de su escudero. Miró, vio a David y le despreció por muy joven, de blondo y bello rostro. Díjole, pues: “¿Crees que yo soy un perro para venir contra mí con un cayado?” “No — contestó David —, eres todavía peor que un perro.” Maldíjole el filisteo por sus dioses, y añadió: “Ven, que dé tus carnes a las aves del cielo y a las bestias del campo.” David respondió al filisteo: “Tú vienes contra mí con espada, lanza y venablo, pero yo voy contra ti en el nombre de Yahvé Sebaot, Dios de los ejércitos de Israel, a los que has insultado. Hoy te entregará Yahvé en mis manos; yo te heriré, te cortaré la cabeza y daré tu cadáver y los del ejército de los filisteos a las aves del cielo y a los animales de la tierra; y sabrá así toda la tierra que Israel tiene un Dios," y sabrán todos éstos que no por la espada ni por la lanza salva Yahvé, porque él es el Señor de la guerra, y os entregará en nuestras manos.” El filisteo se levantó, se puso en marcha y avanzó hacia David. David echó a correr a lo largo del frente del ejército, para ir al encuentro del filisteo;" metió la mano en el zurrón, sacó de él un chinarro y lo lanzó con la honda. El chinarro se clavó en la frente del filisteo, y éste cayó de bruces a tierra. Así David, con una honda y una piedra, venció al filisteo y le hirió de muerte. Corrió, parándose ante el filisteo, y, no teniendo espada a la mano, cogió la de él, sacándola de la vaina; le mató y le cortó la cabeza. Viendo los filisteos muerto a su campeón, pusiéronse en fuga," y los hombres de Israel, levantándose y lanzando los gritos de guerra, persiguieron a los filisteos hasta la entrada de Gat y hasta las puertas de Acarón, y cayeron filisteos en el camino de Seraím hasta Gat y Acarón. A la vuelta de la persecución de los filisteos, los hombres de Israel saquearon su campamento. David tomo la cabeza y las armas clel filisteo y llevó a Jerusalén la cabeza, y las armas las puso en su tienda. Cuando Saúl hubo visto a David avanzar contra el filisteo, dijo a Abner, el jefe de su ejército: “¿De quién es hijo ese joven, Abner?” Abner respondió: “Por tu vida que no lo sé, ¡oh rey! “Y el rey le dijo: “Infórmate, pues, a ver de quién es hijo.” De vuelta David de la muerte del filisteo, Abner le tomo y le llevó ante Saúl, teniendo todavía en la mano la cabeza del filisteo. Saúl le preguntó: “¿De quién eres hijo, mozo?” Y David le contestó: “Soy hijo de tu siervo Isaí, de Belén.” Cuando hubo acabado de hablar David con Saúl, el alma de Jonatán se apegó a la de David, y le amó Jonatán como a sí mismo. Aquel día tomó Saúl a David y no le dejó que se fuera a la casa de su padre. Jonatán hizo pacto con David, pues le amaba como a su alma, y, quitándose el manto que llevaba, se lo puso a David, así como sus arreos militares, su espada, su arco y su cinturón. David salía a combatir donde le mandaba Saúl, y siempre procedía con acierto. Saúl le puso al mando de hombres de guerra, y toda la gente estaba contenta con él, aun los servidores de Saúl. Cuando hicieron su entrada después de haber muerto David al filisteo, salían las mujeres de todas las ciudades de Israel, cantando y danzando delante del rey Saúl con tímpanos y triángulos alegremente, y, alternando, cantaban las mujeres en coro: “Saúl mató sus mil, pero David sus diez mil.” Saúl se irritó mucho, y esto le desagradó, pues decía: “Dan diez mil a David y a mí mil; nada le falta si no es el reino.” Desde entonces miraba Saúl a David con malos ojos. Al otro día se apoderó de Saúl el mal espíritu, y desvariaba en su casa. David tocaba el arpa, como otras veces. Tenía Saúl en la mano su lanza, y, blandiéndola, la lanzó contra David, diciendo: “Voy a clavar a David en la pared.” Pero David esquivó el golpe por dos veces. Comenzó Saúl a temer a David, pues veía que estaba Yahvé con éste, mientras que de él se había apartado. Alejóle de sí, haciéndole jefe de millar, y David entraba y salía a la vista de todo el pueblo;" en todas sus empresas se mostró acertado, porque Yahvé estaba con él. Vio, pues, Saúl que era muy precavido, y le temía. Todo Israel y todo Judá amaba a David, que a su vista entraba y salía. Dijo Saúl a David: “Mira, te daré por mujer a mi hija mayor, Merob; pero has de mostrarte valiente y hacer las guerras de Yahvé”; pues se decía: “No quiero poner mis manos sobre él; que le maten las de los filisteos.” David respondió a Saúl: “¿Quién soy yo y qué es mi vida, qué la casa de mi padre, para* que sea yo yerno del rey?” Pero cuando llegó el tiempo en que Merob, la hija mayor de Saúl, había de ser entregada a David, se la dio por mujer a Hadriel, de Mejolá. Micol, la otra hija de Saúl, amaba a David; lo supo Saúl, y esto le agradó" pues se decía: “Se la daré para que le sirva de lazo y le haga caer en las manos de los filisteos.” Dijo, pues, Saúl a David: “Por segunda vez voy a darte ocasión de ser yerno mío.” Al mismo tiempo dio órdenes a sus servidores, diciéndoles: “Hablad a David a escondidas de mí y decidle: El rey te estima y todos sus servidores te queremos; haz por ser yerno del rey.” Dijéronle a David esto los servidores, y respondió David: “¿Os parece cosa fácil eso de ser yerno del rey? Yo soy hombre de poco y de poca hacienda.” Fuéronle a contar a Saúl sus servidores lo que decía David, y él les dijo: “Habladle así: No necesita el rey dote; sólo quiere cien prepucios de filisteos para vengarse de sus enemigos.” Así pensaba Saúl que caería David en manos de los filisteos." Cuando los servidores dijeron a David las palabras que había dicho Saúl, le agradó a aquél la condición puesta para ser yerno del rey. Y salió David con los que estaban a su mando y mató cien filisteos, trayéndose sus prepucios, y los entregó al rey. Y cuando se cumplieron los días para ser su yerno, dióle Saúl por mujer su hija Micol. Saúl vio claramente que Yahvé estaba con David y que todo Israel le amaba. Temíale Saúl más y más cada vez, y fue toda su vida enemigo de David. Los príncipes de los filisteos hacían incursiones; pero cada vez que salían, David, por su habilidad, alcanzaba mejor suceso que todos los otros servidores de Saúl, y su nombre llegó a ser muy celebrado." Propuso Saúl a Jonatán, su hijo, y a todos sus servidores matar a David; y Jonatán, hijo de Saúl, que amaba mucho a David," se lo comunicó a éste, diciéndole: “Saúl, mi padre, busca matarte. Ponte, pues, en guardia; mañana, por favor, no te dejes ver y escóndete." Yo saldré con mi padre al campo adonde tú estés; hablaré de ti a mi padre, veré qué piensa y te lo comunicaré.” Jonatán habló a su padre en favor de David, diciéndole: “No peque el rey contra su siervo David, pues él no ha pecado contra ti. Al contrario, cuanto hace es para bien tuyo;" ha expuesto su vida, ha derrotado al filisteo, y Yahvé ha obrado por él una gran liberación en todo Israel. Tú lo has visto y te has alegrado. ¿Por qué, pues, vas a hacerte reo de sangre inocente haciendo morir a David sin culpa suya?” Saúl escuchó a Jonatán y juró: “¡Vive Yahvé! No morirá.” Y Jonatán llamó a David y le transmitió estas palabras; le llevó luego a Saúl y se quedó David a su servicio, como estaba antes." Comenzó de nuevo la guerra, y David marchó contra los filisteos y les dio la batalla, infligiéndoles una gran derrota y poniéndolos en fuga. Un espíritu malo de Yahvé se apoderó de Saúl, y estando éste sentado en su casa con la lanza en la mano, mientras tocaba David el arpa, quiso Saúl clavar a David en la pared, pero esquivó éste el golpe, y la lanza quedó clavada en el muro. Huyó David;" aquella noche Saúl mandó gente a la casa de David para prenderle y matarle a la mañana; pero Micol, mujer de David, le informó de ello, diciéndole: “Si no te escapas esta misma noche, mañana mismo te matarán,” y le descolgó por la ventana. David huyó, poniéndose en salvo. Micol tomo luego los “terafim” y los metió en el lecho, puso una piel de cabra en el lugar de la cabeza y echó sobre ella una cubierta. Cuando Saúl mandó gente para prender a David, ella les dijo: “Está malo.” Saúl volvió a mandarlos para que viesen a David, y les dijo: “Traédmelo en su lecho para que lo haga matar.” Volvieron ellos, pero hallaron en el lecho los “terafim” y la piel de cabra en el sitio de la cabeza. Saúl dijo a Micol: “¿Por qué me has engañado así y has dejado escapar a mi enemigo para que se ponga a salvo?” Micol respondió a Saúl: “Me dijo: Déjame ir o te mato.” Así huyó David y se salvó. Fuese a casa de Samuel, en Rama, y le contó cuanto había hecho Saúl. Después se fue con Samuel a habitar en Nayot, en Rama. Dijéronle a Saúl: “Mira, David está en Nayot, en Rama.” Saúl mandó gente para prenderle, y, viendo a tropa de profetas profetizando, con Samuel a la cabeza, se apoderó de ellos el espíritu de Yahvé y pusiéronse ellos también a profetizar. Dieron a conocer esto a Saúl, y éste mandó nueva gente, y también éstos se pusieron a profetizar. Por tercera vez envió otros, pero también éstos profetizaron. Entonces fue Saúl en persona a Rama, y al llegar a la cisterna de la era que hay en el teso, preguntó: “¿Dónde están Samuel y David?” Y le respondieron: “Están en Nayot de Rama.” Dirigióse allá, a Nayot de Rama. El espíritu de Dios se apoderó de él, e iba profetizando hasta que llegó a Nayot de Rama, y, quitándose sus vestiduras, profetizó él también ante Samuel, y se estuvo desnudo por tierra todo aquel día y toda la noche. De ahí el proverbio: “¿También Saúl entre los profetas?” David huyó de Nayot de Rama, fue a ver a Jonatán y le dijo: “¿Qué he hecho yo? ¿Qué crimen he cometido contra tu padre para que de muerte me persiga?” Jonatán le dijo: “No, no será así; no morirás. ¿Había de celarme a mí eso mi padre? No hace mi padre cosa alguna, ni grande ni pequeña, sin dármela a conocer. ¿Por qué había de ocultarme ésta? No hay nada de eso.” Y juró nuevamente a David. Pero éste dijo: “Sabe muy bien tu padre que me quieres, y se habrá dicho: Que no lo sepa Jonatán, no vaya a darle pena; pero por Dios y por tu vida, que no hay más que un paso entre mí y la muerte.” Jonatán dijo a David: “Di qué quieres que haga, que yo haré cuanto me pidas.” David le respondió: “Mañana es el novilunio, y yo debería sentarme junto al rey en el convite. Me iré y me ocultaré en el campo hasta la tarde. Si tu padre advierte mi ausencia, le dices: David me rogó que le permitiera ir de una escapada a Belén, su ciudad, porque se celebra el sacrificio anual de toda la familia. Si contesta: Bien está, será que a tu siervo no le amenaza mal ninguno; pero si se enfurece, sabrás que tiene resuelta mi pérdida." Hazme, pues, ese favor, ya que hemos hecho entre los dos alianza por el nombre de Yahvé. Si algún crimen hay en mí, quítame tú mismo la vida. ¿Para qué llevarme a tu padre?” Jonatán le dijo: “Lejos de ti ese pensamiento; pero si llego a saber que verdaderamente mi padre tiene resuelta tu perdición, te lo haré a conocer, te lo juro.” Preguntó David a Jonatán: “¿Y quién me va a informar de la cosa y de si tu padre decide algo contra mí?” Jonatán le contestó: “Ven, vamos al campo”• Y salieron los dos al campo. Jonatán dijo allí a David: “Por Yahvé, Dios de Israel, te juro que yo sondearé a mi padre mañana o pasado mañana” Si la cosa va bien para David y no mando quien te informe, que castigue Yahvé a Jonatán con todo rigor. Si mi padre trata de hacerte mal, te informaré también para que te vayas en paz y que te asista Yahvé, como asistió antes a mi padre. Si todavía vivo entonces, usa conmigo de la bondad de Yahvé; y si he muerto," no dejes de usarla jamás con mi casa; y cuando Yahvé haya arrancado de la tierra a todos los enemigos de David," persista el nombre de Jonatán con la casa de David y tome Yahvé venganza de los enemigos de David. Jonatán juró una vez más a David por el gran amor que le tenía, pues le amaba como a su propia vida. Dijo Jonatán: “Mañana es el novilunie; se notará tu ausencia, pues se echará de ver vacío tu asiento;" al tercer día se notará más; vienes y te escondes en el mismo lugar donde te esconderás mañana, junto a la piedra hito." Yo lanzaré tres flechas hacia allá, como si tirara al blanco, y mandaré al mozo que vaya a buscarlas. Si le digo: Mira, las flechas están más acá de ti, cógelas, entonces vienes, que es señal de que las cosas van bien para ti y no hay nada que temer, vive Yahvé. Pero si le digo: Mira, las flechas están más allá de ti, entonces vete, porque es que Yahvé quiere que te vayas. En cuanto a lo que uno al otro nos hemos prometido, Yahvé es testigo entre los dos.” David se escondió en el campo. Llegado el novilunio, el rey asistió a la comida del festín. Sentóse en su sitio, como de costumbre, en la silla cercana a la pared. Jonatán se sentó enfrente, y Abner al lado de Saúl; pero la silla de David estaba vacía." Saúl nada dijo aquel día, pensando que algo le habría pasado y que se habría contaminado. “Seguramente es eso, que no estará puro,” se dijo. Al siguiente día, segundo del novilunio, la silla de David estaba también vacía, y Saúl preguntó a Jonatán: “¿Cómo el hijo de Isaí no ha venido a comer ni ayer ni hoy?” Jonatán contestó a Saúl: “David me pidió poder ir con premura a Belén. Me dijo: Te ruego me des permiso para ir, pues tenemos mañana en la ciudad un sacrificio de familia, y mis hermanos me han convocado. Si, pues, he hallado gracia a tus ojos, permíteme que vaya de una escapada a ver a mis hermanos. Esta es la causa de que no haya venido a sentarse a la mesa del rey.” Entonces se encendió en cólera Saúl contra Jonatán y le increpó: “¡Hijo perverso y contumaz! ¿No sé yo bien que tú prefieres al hijo de Isaí, para vergüenza tuya y vergüenza de la desnudez de tu madre? Pues mientras el hijo de Isaí viva sobre la tierra, no habrá seguridad ni para ti ni para tu reino. Manda, pues, a prenderle y tráemele, porque hijo es de muerte.” Jonatán respondió a Saúl, su padre, diciéndo-le: “¿Por qué ha de morir? ¿Qué ha hecho?” Saúl blandió contra él su lanza para herirle. Comprendió Jonatán que su padre estaba enteramente resuelto a hacer morir a David” Leyantóse, pues, de la mesa muy enojado y no asistió a la comida del segundo día del novilunio, por estar muy apenado por David, contra quien se había declarado francamente su padre. Al siguiente día por la mañana salió Jonatán al campo, como había convenido con David, acompañado de un mozo, a quien dijo: “Corre a cogerme las flechas que tiro.” Corrió el mozo, y Jonatán, entre tanto, disparó otra flecha, de modo que pasase más allá de él. Cuando el mozo llegaba al lugar donde estaba la flecha que Jonatán había tirado, éste le gritó: “La flecha está más allá de ti,” y siguió diciendo, como si al mozo se dirigiera: “Pronto, date prisa, no te detengas.” El mozo de Jonatán recogió la flecha y se vino hacia donde estaba su señor. Nada sabía el mozo. Sólo Jonatán y David lo entendían. Jonatán dio sus armas al mozo que le acompañaba, y le dijo: “Anda, llévalas a la ciudad.” Ido el mozo, se alzó David de junto a la piedra y echóse rostro a tierra por tres veces. Después ambos se abrazaron y lloraron, derramando David muchas lágrimas. Jonatán dijo a David: “Vete en paz, ya que uno a otro nos hemos jurado, en nombre de Yahvé, que El estará entre ti y mí y entre mi descendencia y la tuya para siempre.” David se levantó y se fue y Jonatán se volvió a la ciudad. Llegó David a Nob, donde estaba Ajimelec, sacerdote, que le salió, asustado, al encuentro y le dijo: “¿Cómo vienes tú solo, sin que nadie te acompañe?” David le respondió: “Me ha dado el rey una orden y me ha dicho: Que nadie sepa nada del asunto por que te envío ni de la orden que te he dado. A los mozos les he dicho que se reúnan en tal lugar. Mira, pues, lo que tienes a mano y dame cinco panes o lo que encuentres.” El sacerdote respondió a David: “No tengo a mano pan del ordinario; pero hay pan santo, siempre que tus mozos se hayan abstenido de trato con mujeres.” David le contestó: “Eso sí, nos hemos abstenido ayer y anteayer, desde que salimos. Los vasos de los mozos están puros, y como el camino que llevamos es desviado, es seguro que hoy están puros sus vasos.” Dióle entonces el sacerdote panes santos, por no tener más que panes de los de la proposición, de los que habían sido retirados de la presencia de Yahvé para reemplazarlos por otros recientes. Estaba allí aquel día uno de los servidores de Saúl retenido en el santuario, de nombre Doeg, edomita, jefe de los cursores de Saúl. Preguntó David a Ajimelec: “¿Tienes a mano una lanza o una espada? pues no he traído mis armas, porque urgía la orden del rey.” El sacerdote respondió: “Ahí está la espada de Goliat, el filisteo, que tú mataste en el valle del Terebinto. Allí la tienes envuelta en un paño, detrás del “efod”; si ésta quieres, cógela, pues otra no hay.” David le dijo: “Ninguna mejor; dámela.” Levantóse, pues, David y, huyendo de Saúl, se encaminó aquel mismo día a Aquis, rey de Gat. Los servidores de Aquis dijeron a éste: “Ahí está David, rey de la tierra; aquel de quien cantaban: Mató Saúl sus mil, pero David sus diez mil.” David comprendió lo que aquellas palabras encerraban, y, temiendo mucho de Aquis, rey de Gat, fingió haber perdido la razón y hacía entre ellos el loco; tocaba el tambor en las puertas y dejaba caer la saliva sobre su barba." Aquis dijo a sus servidores: “¿No veis que ese hombre está loco? ¿Para qué me lo habéis traído? Aquis dijo a sus servidores: “¿No veis que ese hombre está loco? ¿Para qué me lo habéis traído? [ (I Samuel 21:16) ¿Me faltan a mí locos, y me traéis a ése para que vea sus locuras? ¿Voy a tenerlo yo en mi casa?” ] Partióse de allí David y huyó a la caverna de Odulam. Al saberlo, sus hermanos y toda la casa de su padre bajaron a él, y todos los perseguidos, los endeudados y descontentos se le unieron, llegando así a mandar a unos cuatrocientos hombres. De allí fuese David a Masfa, en tierra de Moab, y dijo al rey de Moab i “Te ruego que recibas entre vosotros a mi padre y a mi madre hasta que yo sepa lo que de mí hará Dios.” Y trajo a su padre y a su madre al rey de Moab, y allí con él habitaron mientras estuvo David en la caverna. Él profeta Gad dijo a David: “No sigas en la caverna; ve y vuelve a tierra de Judá.” Volvióse David y se refugió en el bosque de Jaret." Supo Saúl que David y los suyos habían sido vistos y, estando en Gueba en el alto, bajo el tamarindo, con la lanza en la mano y rodeado de todos sus servidores, les dijo Saúl: “Escuchad, benjaminitas: ¿Va a daros también a vosotros el hijo de Isaí campos y viñas y va a haceros a todos jefes de mil y jefes de ciento, para que así todos os hayáis conjurado contra mí y no haya nadie que me informe de que mi hijo se ha ligado con el hijo de Isaí, y nadie de vosotros se duela de mí y me advierta que mi hijo ha sublevado contra mí a un servidor mío, para que me tienda asechanzas, como está haciendo?” Doeg el edomita, que estaba entre los servidores de Saúl, respondió: “Yo he visto al hijo de Isaí en Nob con Ajimelec, hijo de Ajitob.” Ajimelec consultó por él a Yahvé y le dio víveres y la espada de Goliat el filisteo.” El rey hizo llamar a Ajimelec, sacerdote, hijo de Ajitob, y a toda la casa de su padre, los sacerdotes que había en Nob, y todos vinieron al rey, que dijo: “¿Oyes, hijo de Ajitob?”; y éste contestó: “Aquí me tienes, mi señor.” Y añadió Saúl: “¿Por qué os habéis ligado contra mí tú y el hijo de Isaí? Tú le has dado pan y una espada, y consultaste por él a Yahvé para que él se sublevara contra mí y me tendiera emboscadas, como lo está haciendo.” Ajimelec respondió al rey: ¿Quién de entre todos tus servidores como David, de una probada fidelidad, yerno del rey, admitido a sus consejos y tan honrado por toda tu casa? ¿Es acaso ese día el primero en que he consultado yo a Yahvé por él? Lejos de mí semejante cosa. No me haga el rey cargos que pesarían sobre toda la casa de mi padre, pues tu siervo no sabe nada de todo eso, ni poco ni mucho.” El rey le dijo: “Vas a morir, Ajimelec, tú y toda la casa de tu padre”;" y mandó a los guardias que tenía cerca: “Volveos y dad muerte a los sacerdotes de Yahvé, pues han dado mano a David y, sabiendo bien que huía, no me informaron de ello.” Los guardias del rey no quisieron poner su mano sobre los sacerdotes de Yahvé. Entonces dijo el rey a Doeg: “Vuélvete y mata a los sacerdotes.” Y Doeg, edomita, se volvió, y él mató aquel día a los sacerdotes: ochenta y cinco hombres de los que vestían “efod” de lino. Saúl pasó también a cuchillo a Nob, ciudad sacerdotal; hombres y mujeres, niños, hasta los de pecho, bueyes, asnos y ovejas, todos fueron pasados a cuchillo." Un hijo de Ajimelec, hijo de Ajitob, pudo escapar. Llamábase Abiatar; fue a refugiarse a David" y le dio la noticia de que Saúl había matado a todos los sacerdotes de Yahvé;" David dijo a Abiatar: “Ya pensé yo aquel día que Doeg, edomita, que estaba en Nob, no dejaría de informar a Saúl. Soy yo la causa de la muerte de toda la casa de tu padre. Quédate conmigo y nada temas, que quien a ti te persigue es quien me persigue a mí, y aquí estarás bien guardado.” Vinieron a decirle a David que los filisteos estaban atacando a Queila y habían saqueado las eras;" y David consultó a Yahvé, preguntando: “¿Iré a batir a los filisteos?” Y Yahvé respondió: “Ve, batirás a los filisteos y librarás a Queila.” Pero la gente de David le dijo: “Aquí, en Judá, tenemos que guardarnos; ¿qué será si vamos a Queila contra las tropas de los filisteos?” Consultó David otra vez a Yahvé, y Yahvé le respondió: “Álzate y baja a Queila, pues te he dado los filisteos en tus manos.” Fue, pues, David a Queila con su gente y atacó a los filisteos, los puso en fuga, apoderándose de su ganado y haciéndoles experimentar una gran derrota, librando así a los habitantes de Queila. Abiatar, hijo de Ajimelec, que había recibido a David, bajó con él a Queila, llevando consigo el “efod.” Cuando Saúl supo que David había ido a Queila, se dijo: “Dios me lo entrega, pues ha ido a encerrarse en una ciudad que tiene puertas y cerrojos.” Saúl reunió al pueblo para la guerra, para bajar a Queila y sitiar en ella a David y a los suyos;" pero David supo el mal designio que contra él tramaba Saúl y dijo al sacerdote Abiatar: “Trae el efod”;" y luego preguntó: “Yahvé, Dios de Israel, tu siervo sabe que Saúl se dispone a venir a Queila para destruir la ciudad por causa mía. ¿Bajará contra ella Saúl, como a tu siervo le han dicho? Yahvé, Dios de Israel, dígnate descubrírselo a tu siervo.” Y Yahvé respondió: “Bajará.” Volvió a preguntar David: “Los habitantes de Queila, ¿me entregarán a mí y a los míos en manos de Saúl?” Y Yahvé respondió: “Te entregarán.” Entonces se levantó David con su gente, unos seiscientos hombres, y, saliendo de Queila, iban y venían a la aventura. Informado de que David había salido de Queila, suspendió Saúl su marcha. David andaba por el desierto, acogiéndose a los lugares fuertes, y se estableció en la montaña del desierto de Zif. Saúl no dejaba de perseguirle constantemente, pero Dios no le puso en sus manos. Mientras andaba David por el desierto, temió por saber que Saúl se había puesto en campaña para quitarle la vida; y estando en el desierto de Zif, en Joresa," fue en su busca Jonatán, hijo de Saúl, a Joresa, y le animó en Dios, diciéndole: Nada temas, pues la mano de Saúl, mi padre, no te alcanzará. Tú reinarás sobre Israel y yo seré tu segundo. Saúl, mi padre, lo sabe muy bien.” Renovaron ambos su pacto ante Yahvé, y, quedándose David en Joresa, Jonatán se volvió a casa. Los de Zif habían ido a Gueba a decir a Saúl: “David está escondido entre nosotros en los lugares fuertes, en Joresa, en la colina de Jaquila, que está al mediodía del desierto. Baja, pues, íoh rey! corno estás deseándolo, que ponerle en tus manos es cosa nuestra.” Saúl les dijo: “Bendígaos Yahvé por haberos dolido de mi suerte. Pero id, os ruego, y observad mejor todavía por dónde anda, inquirid y ved cuáles son sus andanzas y quién le ha visto, porque, según me han dicho, es muy astuto. Examinad y reconoced todos los escondrijos donde se oculta y volved luego a mí con informes exactos, y entonces iré con vosotros, y si allí está, yo le descubriré entre todas las familias de Judá.” Fuéronse, pues, otra vez a Zif, precediendo a Saúl; pero David con los suyos se había retirado al desierto de Maón, al mediodía del desierto." Saúl salió con su gente en busca de David, y, habiéndolo sabido éste, bajó de las rocas, quedándose en el desierto de Maón. Informado de ello Saúl, fue en persecución de David al desierto de Maón. Marchaba él por un lado de la montaña, y David y sus gentes, por el opuesto lado. Mientras se apresuraba David para escapar de Saúl y éste y sus gentes perseguían a David y los suyos para apoderarse de ellos, vino un mensajero a decir a Saúl: “Apresúrate, pues los filisteos han invadido la tierra”;" y Saúl hubo de desistir de perseguir a David, para salir al encuentro de los filisteos. Por eso se llama todavía hoy aquel lugar Roca de la Separación. -- Subió David y se estableció en los lugares fuertes de Engaddi. De vuelta Saúl de perseguir a los filisteos, supo que David estaba en el desierto de Engaddi, y, tomando tres mil hombres elegidos de entre todo Israel, iba en busca de David y los suyos por el roquedo de Jealim;" y llegado a unos rediles que había junto al camino, entró en una caverna que allí había, para hacer una necesidad. David y sus gentes estaban en el fondo de la caverna, y los hombres de David decían a éste: “Ahí tienes el día que Yahvé te anunció, diciéndote que entregaría a tu enemigo en tus manos; trátale como bien te parezca.” David se levantó y, acercándose calladamente, cortó la orla del manto de Saúl." Luego le latía fuerte el corazón por haber cortado la orla del manto de Saúl;" y dijo a sus hombres: “Líbreme Yahvé de hacer cosa tal contra mi señor, el ungido de Yahvé; poner mi mano sobre el que es el ungido de Yahvé.” Reprimió David con sus palabras a los suyos y no dejó que se echasen sobre Saúl. Levantóse luego Saúl para proseguir su camino;" y entonces se levantó también David y, saliendo de la caverna, se puso a gritarle: “¡Oh rey, mi señor!” Saúl miró atrás, y David se echó rostro a tierra, prosternándose;" y dijo luego a Saúl: “¿Por qué escuchas lo que te dicen algunos de que yo pretendo tu mal? Hoy ven tus ojos cómo Yahvé te ha puesto en mis manos en la caverna; pero yo te he preservado, diciéndome: “No pondré yo mi mano sobre mi señor, que es el ungido de Yahvé." ¡Mira, padre mío, mira! En mi mano tengo la orla de tu manto. Yo la he cortado con mi mano; y cuando no te he matado, reconoce y comprende que no hay en mí ni maldad ni rebeldía y que no he pecado contra ti. Tú, por el contrario, andas a la caza de mi vida para quitármela." Que juzgue Yahvé entre mí y tu y sea Yahvé el que me vengue, que yo no pondré mi mano sobre ti. De los malos, la malicia, dice el proverbio; pero yo no pondré nunca mi mano sobre ti." ¿Y contra quién se ha puesto en marcha el rey de Israel? ¿A quién persigues? A un perro muerto, a una pulga. Juzgue y pronuncie Yahvé entre mí y tú. Que él vea, que él tome mi causa y que su sentencia me libre de tus manos.” Cuando hubo acabado de hablar David, dijo Saúl: “¿Eres tú, hijo mío, David? Y, alzando la voz, se puso a llorar y dijo: “Mejor eres tú que yo, pues tú me has hecho bien y yo te pago con mal. Tú has probado hoy que obras benévolamente conmigo, pues que Yahvé me ha puesto en tus manos y tú no me has matado, ¿Quién es el que se encuentra con su enemigo y le deja seguir en paz su camino ? Que Yahvé te pague lo que conmigo has hecho hoy. Bien sé ya que tú reinarás y que la realeza de Israel se afirmará en tus manos. Júrame, pues, por Yahvé, que no destruirás a mi descendencia después de mí y que no borrarás mi nombre de la casa de mi padre.” Júrame, pues, por Yahvé, que no destruirás a mi descendencia después de mí y que no borrarás mi nombre de la casa de mi padre.” [ (I Samuel 24:23) David se lo juró a Saúl, y éste se volvió a su casa, y David y sus hombres subieron a un lugar fuerte. ] En tanto murió Samuel, y todo Israel se reunió para llorarle, y fue sepultado en su casa en Rama. David bajó al desierto de Maón. Había en Maón un hombre muy rico, cuyos bienes estaban en el Carmel; tenía tres mil ovejas y mil cabras. Hallábase en el Carmel para el esquileo de sus ovejas." Llamábase el hombre Nabal, y su mujer Abigaíl; era una mujer de mueho entendimiento y muy hermosa, mientras que él era un hombre duro y malo; era del linaje de Galeb." Supo David en el desierto que Nabal estaba de esquileo, y le mandó diez mozos a los que dijo: “Subid al Carmel e id en busca de Nabal; y después de saludarle de mi parte," le habláis de esta manera: La paz sea contigo, con tu casa y con cuanto tienes. He sabido que estás de esquileo. Pues bien, tus pastores han estado tiempo con nosotros; nunca les hemos hecho ningún mal ni les ha faltado nada del ganado mientras han estado en el Carmel." Pregúntales a ellos y te lo dirán. Que hallen, pues, gracia a tus ojos estos mozos, ya que llegamos en un día de júbilo. Da, pues, a tus siervos y a tu hijo David lo que halles a mano.” Cuando llegaron los hombres de David y en nombre de éste repitieron todas sus palabras, se quedaron esperando;" pero Nabal les respondió: “¿Quién es David y quién el hijo de Isaí? Son hoy muchos los siervos que andan huidos de su señor. ¿Voy a tomar yo mi comida y mi bebida y el ganado que he matado para mis esquiladores para dárselo a gente que no sé de dónde es?” Los servidores de David, dando media vuelta, tomaron el camino y se tornaron, y, una vez llegados, repitieron a David lo que Nabal les había dicho. Entonces David dijo: “Cíñase cada uno su espada.” Ciñéronsela, y se ciñó también David la suya, y salió con unos cuatrocientos hombres, dejando doscientos custodiando el bagaje. Uno de los criados de Nabal fue a decirle a Abigaíl, su mujer: “David ha mandado del desierto unos mensajeros a saludar a nuestro amo, que los ha tratado duramente. Siempre esas gentes se mostraron buenas con nosotros y nunca nos molestaron ni nada nos faltó de nuestros rebaños cuando estábamos en el campo. Antes nos servían de defensa de noche y de día todo el tiempo que estuvimos con ellos guardando el ganado. Mira tú lo que has de hacer, porque la pérdida de nuestro amo y de su casa es segura, y es tan malo, que no se le puede hablar.” En seguida Abigaíl tomo doscientos panes, dos odres de vino, cinco carneros ya preparados, cinco medidas de trigo tostado, cien atados de uvas pasas y doscientas masas de higos secos, y, haciéndolo cargar todo sobre asnos, dijo a sus criados: “Pasad vosotros delante, que yo os sigo.” Nada dijo a su marido;" y cuando, montada en su asno, bajaba por lo cubierto del monte, se encontró con David y su gente, que bajaban frente a ella. David se había dicho: “Muy en vano he guardado yo todo cuanto ese hombre tiene en el desierto, y he hecho que nada de lo suyo le faltara; me ha pagado mal por bien." Que castigue Dios a su siervo David si de aquí al alba queda con vida un solo hombre en todo lo de Nabal.” En cuanto Abigaíl se dio cuenta de la presencia de David, bajóse del asno y, echándose ante David rostro a tierra, se prosternó a sus pies y le dijo: “Caiga sobre mí, señor, la falta. Deja que te hable tu esclava y escucha sus palabras. No haga cuenta mi señor de ese malvado de Nabal, porque es lo que su nombre significa, un necio, y está loco. Yo, mi señor, no vi a los que mi señor envió. Y ahora, mi señor, como vive Yahvé, que te ha preservado Yahvé de derramar sangre y tomar por tu mano la venganza, ojalá que todos tus enemigos y cuantos te persiguen sean como Nabal. Ahí tienes este presente que tu sierva trae a mi señor; que se reparta entre la gente que sigue a mi señor." Perdona, te ruego, la falta de tu sierva, pues, de cierto, Yahvé hará a mi señor casa estable, ya que mi señor combate los combates de Yahvé, y no vendrá sobre ti el mal en todo el tiempo de tu vida. Si alguno se levanta para perseguirte y buscar tu vida, la vida de mi señor estará atada en el haz de los vivos ante Yahvé, tu Dios, y la de tus enemigos será volteada dentro de lo cavo de la honda. Cuando Yahvé haga a mi señor todo el bien que le ha prometido y le haga jefe de Israel, no sentirá mi señor el remordimiento de haber derramado sangre inocente y de haberse vengado por su mano. Cuando, pues, Yahvé favorezca a mi señor, acuérdate de tu esclava.” David dijo a Abigaíl: “¡Bendito Yahvé, Dios de Israel, que te ha mandado hoy a mi encuentro! ¡Bendita tu sabiduría y bendita tú, que me has impedido hoy derramar sangre y vengarme por mi mano! De otro modo, ¡vive Yahvé, Dios de Israel, que no me dejó hacer el mal! si tú no te hubieras apresurado a venir a mi encuentro, que de aquí al alba no le hubiera quedado a Nabal hombre vivo.” David recibió de la mano de Abigaíl lo que ella había traído, y le dijo: “Sube en paz a tu casa; te he oído y he acogido tu petición.” Volvióse Abigaíl a casa de Nabal. Hallábase éste sentado a un gran banquete, como de rey, y estaba enteramente ebrio. Nada le dijo ella, ni poco ni mucho, hasta ser de día;" pero a la mañana, cuando ya había digerido el vino, le contó su mujer lo que había pasado, y el corazón se le quedó como muerto, como una piedra. Unos diez días después, Yahvé hirió a Nabal y murió éste. Cuando supo David la muerte de Nabal, se dijo: “¡Bendito Yahvé, que ha defendido mi causa contra el ultraje que me hizo Nabal e impidió a su siervo hacer el mal! Yahvé ha hecho que la maldad de Nabal recayera sobre su cabeza.” Después mandó mensajeros a Abigaíl para proponerla que quería tomarla por mujer. Llegados a casa de Abigaíl, en el Carmel, los mensajeros la hablaron de esta manera: “David nos envía a ti para decirte que quiere tomarte por mujer.” Ella se levantó y, postrándose rostro a tierra, dijo: “Que tu sierva sea una esclava para lavar los pies a los servidores de mi señor.” Levantóse luego Abigaíl y, montando sobre su asno, acompañada de cinco de sus mozas, siguió a los mensajeros de David, y fue su mujer. David tomó también por mujer a Aji-noam, de Jezrael. Una y otra fueron mujeres de David. Saúl había dado su hija Micol, mujer de David, a Paltí, de Galim, hijo de Lais. Vinieron los de Zif a Saúl, a Gueba, y le dijeron que David estaba en la colina de Jaquila, al mediodía del desierto;" y Levantándose, bajó al desierto de Zif, llevando consigo tres mil hombres, escogidos de Israel, al desierto de Zif, en busca de David. Acampó Saúl sobre la colina de Jaquila, frente al desierto, junto al camino. David andaba por el desierto. Sabiendo David que había venido Saúl al desierto en busca suya, mandó espías que le informaran que Saúl venía por el camino de Queila. Levantóse y fue al campo donde acampaba Saúl y exploró el lugar donde dormía con Abner, hijo de Ner, jefe de su ejército. Dormía Saúl en la barricada, en derredor de la cual acampaba la gente. Dirigiéndose, pues, a Ajimelec, jeteo, y a Abisaí, hijo de Sarvia, hermano de Joab, les dijo: “¿Quién baja conmigo al campo de Saúl?” Abisaí contestó: “Yo bajaré contigo.” Llegaron David y Abisaí y encontraron a Saúl durmiendo en el medio del campamento, con la lanza clavada en tierra, junto a la cabecera. Abner y la gente dormía en torno de él. Abisaí dijo a David: “Dios ha entregado hoy en tus manos a tu enemigo. Déjame que ahora mismo le atraviese con mi lanza y de un golpe le clave en la tierra; no tendré que repetir.” Pero David le dijo: “No le mates. Quien pusiere su mano sobre el ungido de Yahvé, ¿quedaría impune?” Y añadió: “Tan cierto como vive Yahvé que, si no le hiere él y le llega su día y muere, o muere en la guerra, Yahvé me libre de poner la mano sobre su ungido. Tome la lanza y el jarro que está junto a la cabecera, y vamonos.” Llevóse David la lanza y el jarro que estaban junto a la cabecera de Saúl y se fueron. Nadie los vio, ni se dio nadie cuenta de nada; nadie se despertó, todos dormían, pues había hecho caer Yahvé sobre ellos un profundo sopor." David pasó al otro lado y se puso lejos, sobre la cumbre de una colina, separándolos largo trecho, y gritó a la gente y a Abner, hijo de Ner: “¡Abner! ¿No contestas?” Abner respondió: “¿Quién eres tú que así me llamas?” David dijo a Abner: “¿No eres tú un valiente? ¿Quién como tú en Israel? ¿Cómo no guardas a tu rey y señor? Alguien ha venido a matar al rey, tu señor. Eso no está bien. Como vive Yahvé, que mereces la muerte por no guardar a tu señor, el ungido de Yahvé. Busca la lanza y el jarro que tenía el rey junto a su cabecera.” Saúl conoció la voz de David y dijo: “¿Eres tú, hijo mío, David?” David contestó: “Yo soy, ¡oh rey, mi señor!” y añadió: “¿Por qué persigue el rey a su siervo? ¿Qué he hecho yo? ¿Qué crimen he cometido? Si es Yahvé quien te excita contra mí, que El reciba el olor de una ofrenda; pero, si son los hombres, malditos sean de Yahvé, pues me echan ahora de mi puesto en la heredad de Yahvé, diciendo: “Vete a servir a dioses ajenos,” Que no caiga mi sangre sobre la tierra lejos de la faz de Yahvé, ya que el rey se ha puesto a perseguirme como se persigue por los montes a una perdiz.” Saúl dijo: “He pecado. Vuelve, David, hijo mío, que yo no te haré ya mal, puesto que mi vida ha sido hoy preciosa a tus ojos. He obrado como un insensato y he faltado mucho.” David respondió: “Aquí tienes tu lanza, rey. Que venga un mozo a buscarla. Yahvé dará a cada uno según su justicia y su fidelidad. Hoy te ha puesto en mis manos, y yo no he querido alzar mi mano contra el ungido de Yahvé. Como ha sido hoy preciosa tu vida a mis ojos, así lo sea la mía a los ojos de Yahvé y me libre él de toda angustia.” Saúl dijo a David: “¡Bendito seas hijo mío, David! Afortunado serás en todas tus empresas”' David prosiguió su camino y Saúl se volvió a su casa. David se dijo: “Un día u otro voy a perecer a manos de Saúl; lo mejor será que luego me refugie en la tierra de los filisteos, para que desista Saúl de buscarme en la de Israel; así escaparé de sus manos.” Levantóse, pues, y pasó con los seiscientos hombres que le seguían a la tierra de Aquis, hijo de Maoc, rey de Gat. Quedóse con sus gentes cerca de Aquis, en Gat, cada uno con su familia. David con sus dos mujeres, Ajinoam, de Jezrael, y Abigaíl, del Carmel, mujer de Nabal. Sabiendo Saúl que David había huido a Gat, no volvió a perseguirle. David dijo a Aquis: “Si he hallado gracia a tus ojos, que me designen en una de las ciudades del campo un lugar donde habitar. ¿Para qué ha de habitar tu siervo en la ciudad real?” Entonces le designó Aquis Siceleg, y por eso Siceleg pertenece hasta hoy a los reyes de Judá. El tiempo que pasó David entre los filisteos fue de un año y cuatro meses. David y sus gentes subían y hacían excursiones contra los guesurianos, contra los gizritas y contra los amalecitas, pues todos éstos habitaban la región, desde Telam, según se va al sur, hasta el Egipto. David asolaba estas tierras, sin dejar vivos hombre ni mujer, apoderándose de ovejas, bueyes, asnos, camellos y vestidos, y se volvía a Aquis. Este le preguntaba: “¿A quién habéis atacado hoy?” David contestaba: “Al mediodía de Judá, al mediodía de Jerameel, al mediodía de los quíneos.” David no dejaba con vida hombre ni mujer, trayéndolos a Gat por temor de que informasen contra ellos, diciendo: “Esto es lo que ha hecho David.” Así procedió todo el tiempo que estuvo en la tierra de los filisteos. Aquis se fiaba de David y se decía: “Se está haciendo odioso a su pueblo y será para siempre mi servidor.” Por aquel tiempo reunieron los filisteos sus tropas en un solo ejército para ir contra Israel. Aquis dijo entonces a David: “Sabrás que has de venir conmigo a la campaña, tú y tus hombres.” David le contestó: “Ya verás lo que hace tu siervo.” Aquis añadió: “Yo te confiaré la guardia de mi persona para siempre.” Había muerto Samuel. Todo Israel le había llorado, y había sido sepultado en Rama, su ciudad. Saúl había hecho desaparecer de aquella tierra a todos los evocadores de los muertos y adivinos. Los filisteos, reuniéndose, vinieron a acampar en Sunam, y Saúl, reuniendo a todo Israel, acampó en Gelboé. A la vista del campamento de los filisteos, Saúl tembló y se le agitó el corazón. Consultó a Yahvé, pero Yahvé no le respondía ni por sueños, ni por los “urim,” ni por profetas, y dijo a sus servidores: “Buscadme una pitonisa para que vaya a consultarla.” Sus servidores le dijeron: “En Endor hay una pitonisa.” Y Saúl, disfrazándose, fue allá acompañado de dos hombres. Llegados de noche a la casa de la mujer, Saúl le dijo: “Prediceme el futuro, evocando a un muerto, haz que aparezca el que yo te digo.” Ella contestó: “Bien sabrás lo que ha hecho Saúl, que ha borrado de esta tierra a todos los evocadores y adivinos. ¿Me tiendes un lazo para hacerme morir?” Saúl le juró por Yahvé, diciendo: “Como vive Yahvé que por esto no te ha de venir ningún mal.” Díjole la mujer: “¿A quién he de evocar?” Y Saúl contestó: “Evócame a Samuel.” A la vista de Samuel, la mujer lanzó un grito y dijo a Saúl: “¿Por qué me has engañado? Tú eres Saúl.” El rey le dijo: “No temas. ¿Qué es lo que ves?” La mujer dijo a Saúl: “Veo un dios que se alza de la tierra.” “¿Y cuál es su figura?” preguntó Saúl. Ella respondió: “Es un anciano que sube envuelto en su manto.” Comprendió Saúl que era Samuel, y se prosternó rostro a tierra. Samuel dijo a Saúl: “¿Por qué has turbado mi reposo, evocándome?” Saúl respondió: “Estoy en gran aprieto. Los filisteos me hacen la guerra y Yahvé se ha retirado de mí. No me ha respondido ni por profetas ni por sueños. Te he evocado para que me digas qué he de hacer.” Samuel dijo: “¿Cómo me consultas tú, siendo así que Yahvé se ha retirado de ti para ponerse al lado de tu prójimo? Yahvé hace lo que te había predicho por mi boca: arranca el reino de tus manos para dárselo a otro, a David. Porque no obedeciste a Yahvé y no trataste a Amalee según el ardor de su cólera, por eso Yahvé hace eso contigo. Entregará a Israel, juntamente contigo, a manos de los filisteos. Mañana, tú y tus hijos estaréis conmigo y Yahvé entregará el campamento de Israel a los filisteos. Saúl se turbó y cayó a tierra cuan largo era, pues las palabras de Samuel le llenaron de espanto y faltáronle las fuerzas, pues no había tomado nada ni en el día ni en la noche. La mujer se acercó a Saúl y, viendo su gran turbación, le dijo: “Tu sierva no ha hecho más que obedecerte, exponiendo su vida. Escucha, pues, tú también a tu sierva, y permite que te ofrezca un trozo de pan para que tengas fuerzas para proseguir tu camino.” El contestó: “No comeré nada.” Sus servidores, uniéndose a la mujer, insistieron, y él se rindió a sus instancias. Levantóse de tierra y se sentó sobre el diván. Tenía en casa la mujer un ternero gordo; matóle luego, y, tomando harina, coció unos ácimos" y los presentó a Saúl y a sus servidores, quienes, después de comer, se levantaron y partieron aquella misma noche. Reunieron los filisteos todas sus tropas en Afee, e Israel acampaba cerca de la fuente de Jezrael. Mientras avanzaban los príncipes de los filisteos a la cabeza de sus centenas y sus millares, David y los suyos marchaban a retaguardia con Aquis. Y los jefes de los filisteos preguntaron: “¿Qué hacen aquí estos hebreos?” Aquis les dijo: “¿No veis que es David, siervo de Saúl, rey de Israel, que está conmigo hace días y años, sin que haya hallado yo la menor cosa que reprocharle desde que se pasó a nosotros hasta ahora?” Pero los jefes de los filisteos se enfurecieron contra Aquis y le dijeron: “Despide a ese hombre, y que se vuelva al lugar que le has designado; que no venga a la batalla, no se revuelva contra nosotros durante el combate. ¿Cómo podría él volver a la gracia de su amo mejor que ofreciéndole cabezas de nuestros hombres?" ¿No es ese David del que cantaban danzando: Saúl mató sus mil, pero David sus diez mil?” Aquis llamó a David y le dijo: “Como vive Yahvé que tú eres un hombre leal y que yo veo con buenos ojos toda tu conducta en esta expedición, sin haber visto en ti nada malo desde que llegaste a mí hasta hoy; pero a los príncipes no les agradas." Vuélvete, pues, y torna en paz para no desagradar a los príncipes de los filisteos.” David respondió: “Pero ¿qué te he hecho yo y qué has hallado tú en tu siervo, desde que estoy junto a ti hasta hoy, para que no marche yo a combatir a los enemigos de mi señor el rey?” Aquis respondió a David: “Yo sé bien que tú has sido bueno conmigo, como un ángel de Dios; pero los jefes de los filisteos dicen: Que no suba con nosotros a la batalla." Así que levántate de mañana tú y los siervos de tu señor que han venido contigo; iréis al lugar que os he señalado; no guardes resentimiento en tu corazón, porque me eres grato; levantaos bien de mañana y partid en cuanto sea de día,” David y sus gentes se levantaron bien temprano y partieron de vuelta a la tierra de los filisteos, y los filisteos subieron a Jezrael. Cuando al tercer día llegó David con sus hombres a Siceleg, los amalecitas habían irrumpido contra el Negueb y contra Siceleg y la habían tomado e incendiado. Habían apresado a las mujeres y a todos los que allí estaban, pequeños y grandes, pero sin matar a nadie, y, llevándoselos, se habían puesto en camino. Cuando llegaron David y sus gentes a la ciudad y vieron que había sido quemada y que sus mujeres, hijos e hijas habían sido llevados cautivos, alzaron la voz y lloraron hasta más no poder. Habían sido llevadas las dos mujeres de David, Aji-noam, de Jezrael, y Abigaíl, del Carmel, mujer de Nabal. David se vio muy angustiado, pues la gente hablaba de lapidarle, ya que todos estaban muy amargados, cada uno por sus hijos y sus hijas. Pero David se confortó en Yahvé, su Dios. Dijo, pues, al sacerdote Abiatar, hijo de Ajimelec: “Trae el efod.” Aplicó Abiatar el efod, y David consultó a Yahvé, diciendo: “¿He de perseguir a esa banda? ¿La alcanzaré?” Yahvé respondió: “Persigúela, porque de cierto la alcanzarás y recobrarás.” Púsose David en marcha con los seiscientos hombres que le seguían. Cuando llegaron al torrente de Besor, doscientos quedaron sin pasar más allá, rezagados por la fatiga. David continuó la persecución con cuatrocientos hombres, Encontraron en el campo a un egipcio, que llevaron a David;" diéronle pan que comiera y agua que bebiera y un trozo de torta de higos secos y un racimo de pasas. Una vez que con el alimento se recobró, pues había estado tres días y tres noches sin comer ni beber, le preguntó David: “¿De quién y de dónde eres tú?” El respondió: “Soy un esclavo egipcio al servicio de un amalecita, y hace tres días me abandonó mi amo porque enfermé. Habíamos hecho una incursión en el Negueb de Queret y en el de Judá y en el Negueb de Caleb, y hemos incendiado Siceleg.” David le preguntó: “¿Quieres guiarme hacia donde está la banda?” El le respondió: “Júrame por Dios que no me matarás ni me entregarás a mi amo, y te guiaré a donde está la banda.” Guiólos, y vieron que estaban los amalecitas esparcidos por todo el campo, comiendo, bebiendo y bailando, pues era muy grande el botín que habían tomado en la tierra de los filisteos y en la de Judá. David los batió desde la aurora hasta la tarde, y no escapó ninguno de ellos, fuera de cuatrocientos mozos, que huyeron montados en camellos. David recobró cuanto los amalecitas se llevaran y rescató a sus dos mujeres. No faltó nadie, ni chico ni grande, ni niño ni niña, ni nada del botín y de cuanto se habían llevado. David lo recobró todo;" y, tomando el ganado mayor y menor, se pusieron en marcha delante de él, diciendo: “Este es el botín de David.” Llegó David a los doscientos hombres que, fatigados, no habían podido seguirle y se quedaron junto al torrente de Besor. Salieron éstos al encuentro de David y de los que venían con él, y David se acercó a ellos y los saludó amistosamente. Pero lo peor de cuanto de malo había en la tropa de David se puso a decir: “Pues que no han venido con nosotros, no les daremos parte del botín que hemos cogido; que coja cada uno su mujer y sus hijos y se los lleve y se vayan.” Pero David dijo: “No hagáis eso después de lo que nos ha dado Yahvé; porque él nos ha guardado y ha puesto en nuestras manos la banda que vino contra nosotros." Eso, ni oírse siquiera. La parte debe ser la misma para el que combate y para el que custodia el bagaje. Todos partirán por igual.” Y así se hizo aquel día y en lo sucesivo, quedando esto como ley y norma, que todavía se observa. De vuelta a Siceleg, David mandó parte del botín a los ancianos de Judá, diciendo: “Ahí va para vosotros un presente del botín de los enemigos de Yahvé,” Mandó a los de Betul, a los de Ramat del Negueb, a los de Jatir, a los de Arara, a los de Sifamot, a los de Estamoa, a los del Carmel, a los de las ciudades de los jeramelitas, a los de las ciudades de los quenitas, a los de Jorma, a los de Borasán, a los de Atac, a los de Hebrón y a los de todos los lugares por donde David y sus gentes habían estado. Libraron batalla los filisteos, y los hijos de Israel se pusieron en fuga ante los filisteos, y cayeron muchos en los montes de Gelboé, Los filisteos se pusieron a perseguir a Saúl y a sus hijos, y mataron a Jonatán, a Abinadab y a Melquisúa, hijos de Saúl. El peso de la batalla cargó principalmente sobre Saúl. Habiéndole descubierto los arqueros, le hirieron en las caderas, y dijo a su escudero: “Saca tu espada y traspásame, no me hieran esos incircuncisos y me afrenten.” El escudero no obedeció, por el gran temor que tenía; y tomando Saúl su propia espada, se echó sobre la punta de ella." El escudero, viéndole muerto, se arrojó igualmente sobre la suya, y murió con él. Así murieron aquel día juntos Saúl y sus tres hijos y su escudero. Los de Israel, que estaban en las ciudades del lado de acá del Jordán, viendo huir a los hijos de Israel y sabiendo que Saúl y sus hijos habían muerto, abandonaron sus ciudades para emprender también la fuga, y, viniendo los filisteos, las ocuparon. Al día siguiente vinieron los filisteos para despojar a los muertos, y hallaron a Saúl y a sus tres hijos que yacían sobre los montes de Gelboé. Cortaron la cabeza de Saúl y se apoderaron de sus armas, e hicieron publicar esta buena noticia por toda la tierra de los filisteos, en los templos de sus ídolos y entre el pueblo. Las armas de Saúl las depositaron en el templo de Astarté, y su cuerpo lo colgaron de las murallas de Betsán. Los habitantes de Jabes Galaad, habiendo sabido lo que los filisteos habían hecho con Saúl, reunieron a los más valientes, y, después de marchar durante toda la noche, llegaron hasta Betsán, y, tomaron de sus murallas el cadáver de Saúl y los de sus hijos, se volvieron con ellos a Jabes, donde los quemaron. Tomaron sus huesos y los sepultaron bajo el terebinto de Jabes, y ayunaron siete días. Después de la muerte de Saúl, cuando hacía dos días que David, victorioso de los amalecitas, estaba en Siceleg, llegó el tercer día al campamento un hombre que venía del campo de Saúl, desgarrados los vestidos y cubierta la cabeza de polvo. Guando estuvo cerca de David, se echó a tierra, prosternándose, y David le preguntó: “¿De dónde vienes?” El respondió: “Vengo huido del campamento de Israel.” David preguntó: “¿Qué ha sucedido? Guéntamelo.” El respondió: “El pueblo huyó de la batalla y gran número de hombres han caído. Saúl mismo y Jonatán, su hijo, han sido muertos.” David dijo al joven que le daba estas noticias: “¿Y cómo sabes tú que han muerto Saúl y su hijo Jonatán?” El joven que le daba las noticias respondió: “Yo me hallaba por casualidad en el monte Gelboé, y vi a Saúl apoyado sobre su lanza, mientras se acercaban a él carros y caballeros, que estaban ya para alcanzarle;" y volviéndose, me vio y me llamó. Yo respondí: “Aquí me tienes.” Me dijo: “¿Quién eres tú?” Yo le respondí: “Soy un amalecita.” Y él me dijo: “Acércate a mí y mátame, porque me siento presa de una angustia, mientras todavía tengo en mí toda la vida.” Yo me acerqué a él y le maté, pues sabía muy bien que no sobreviviría a su derrota; y tomando la diadema que llevaba en la cabeza y el brazalete que tenía en su brazo, se los he traído aquí a mi señor.” David, tomando sus vestiduras, las rasgó, y también todos los hombres que con él estaban, Hicieron duelo, llorando y ayunando hasta la tarde, por Saúl, por su hijo Jonatán y por el pueblo de Yahvé, que habían caído a la espada, David dijo al joven que le había traído las noticias: “¿De dónde eres tú?” El respondió: “Soy hijo de un extranjero, de un amalecita.” Y David le dijo: “¿Y cómo te atreviste a tender tu mano para dar muerte al ungido de Yahvé?” Y llamando a uno de los suyos, le dijo: “Échate sobre él y mátale.” El hombre hirió al amalecita, que murió. David dijo: “Caiga tu sangre sobre tu cabeza. Tu misma boca ha atestiguado contra ti al decir: Yo he dado la muerte al ungido de Yahvé.” David cantó una elegía por Saúl y Jonatán, su hijo, Está escrita en el libro del Justo, para que la aprendan los niños de Judá: “Tu gloria, Israel, ha perecido en tus montes. ¿Cómo cayeron los héroes? No lo propaléis en Gat, no lo publiquéis por las calles de Ascalón; que no se regocijen las hijas de los filisteos V no salten de júbilo las hijas de los incircuncisost" ¡Montes de Gelboé! No caiga sobre vosotros ni rocío ni lluvi ni seáis campos de primicias, porque allí fue abatido el escudo de los héroes, el escudo de Saúl, como si no fuera ungido con el óleo. De la sangre de los muertos, de la grasa de los valientes, el arco de Jonatán no se hartaba nunca, la espada de Saúl no se blandía en vano. Saúl y Jonatán, amados y queridos, inseparables en vida, tampoco se separaron en la muerte, más ágiles que las águilas, más fuertes que los leones. Hijas de Israel, llorad por Saúl, que os vestía de lino fino y adornaba de oro vuestros vestidos. ¿Cómo han caído los héroes en medio de la batalla? ¿Cómo fue traspasado Jonatán en las alturas? Angustiado estoy por ti, ¡oh Jonatán, hermano mío! Me eras carísimo, y tu amor era para mí dulcísimo, más que el amor de las mujeres. ¿Cómo han caído los héroes? ¿Cómo han perecido las armas del combate?” Después de esto, consultó David a Yahvé, diciendo: “¿He de subir a alguna de las ciudades de Judá?” Y Yahvé respondió: “Sube.” Preguntó David: “¿A cuál de ellas subiré?” Y Yahvé respondió: “A Hebrón.” Subió, pues, allá David con sus dos mujeres, Ajinoam de Jezrael y Abigaíl del Carmel, mujer de Nabal. Hizo también que subieran los que estaban con él, cada uno con su familia, y habitaron en las ciudades de Hebrón. Vinieron los hombres de Judá y ungieron allí a David rey de la casa de Judá. Supo David que las gentes de Jabes Galaad habían dado sepultura a Saúl;" y David envió mensajeros a los hombres de Jabes Galaad que les dijeran: “Benditos seáis de Yahvé por la misericordia que habéis hecho con vuestro señor Saúl dándole sepultura. Que haga Yahvé con vosotros misericordia y verdad. Yo también os pagaré con favores lo que habéis hecho. Fortaleced vuestras manos y tened valor, pues que, muerto Saúl, los hombres de Judá me han ungido por rey suyo.” Pero Abner, hijo de Ner, jefe del ejército de Saúl, tomó a Isbaal, hijo de Saúl, y, llevándole a Majanaím, le alzó por rey de Galaad, de Aser, de Jezrael, de Efraím, de Benjamín y de todo Israel. Cuarenta años tenía Isbaal, hijo de Saúl, cuando comenzó a reinar en Israel, y reinó dos años. Sólo la casa de Judá seguía a David. El tiempo que David reinó en Hebrón sobre la casa de Judá fue de siete años y seis meses. Abner, hijo de Ner, y los seguidores de Isbaal, hijo de Saúl, salieron de Majanaím para Gabaón. Joab, hijo de Sarvia, y los seguidores de David se pusieron en marcha. Encontráronse cerca del estanque de Gabaón y acamparon los unos de un lado del estanque, los otros del otro, Abner dijo a Joab: “Salgan unos cuantos jóvenes y combatan a nuestra vista.” Joab respondió: “Que salgan.” Y salieron, avanzando en igual número, doce de Benjamín, por Isbaal, hijo de Saúl, y doce de los seguidores de David;" y cogiendo cada uno a su adversario por la cabeza, le hundió la espada en el costado y cayeron todos a una, llamándose por eso aquel lugar Campo de las Rocas, que está en Gabaón. Hubo aquel día muy recia batalla, y Abner y los hombres de Israel fueron vencidos por los seguidores de David. Estaban allí los tres hijos de Sarvia: Joab, Abisaí y Azael. Azael era ligero de pies, como un corzo de los campos, y persiguió a Abner, sin apartarse de en pos de él ni a la derecha ni a la izquierda. Abner miró detrás de sí y le dijo: “¿Eres tú, Azael?” El respondió: “Yo soy.” Y Abner le dijo: “Apártate o a la derecha o a la izquierda, coge a uno de esos mozos y toma sus despojos.” Pero Azael no quiso apartarse de él, y Abner dijo entonces a Azael: “Apártate de en pos de mí o te derribo en tierra, y ¿cómo podría yo levantar mis ojos delante de Joab, tu hermano?” Pero Azael rehusó retirarse, y Abner le hirió entonces, sin volverse, con la lanza en el abdomen, saliéndole la lanza por detrás, y allí cayó y murió. Todos, al llegar al lugar donde había caído Azael, se detenían. Joab y Abisaí persiguieron a Abner, llegando, al ponerse del sol, a la colina de Amma, que está frente a Guiaj, del lado del desierto de Gabaón. Los hijos de Benjamín se reunieron detrás de Abner en apretado haz y se apostaron en lo alto de la colina;" y Abner, llamando a Joab, le dijo a voces: “¿Hasta cuándo no dejará de devorar la espada? ¿No sabes que al fin viene la desesperación? ¿A cuándo esperas para decir a los tuyos que dejen de perseguir a sus hermanos?” Y Joab respondió: “Por Dios vivo que, si no hubieras hablado tú, el pueblo no habría dejado de perseguir a sus hermanos hasta mañana.” Y Joab hizo sonar la trompeta, y el pueblo se detuvo, y no persiguieron ya a Israel, cesando el combate. Abner y sus gentes, después de marchar toda la noche por el Araba, pasaron el Jordán, cruzaron todo el Bitrón y llegaron a Majanaím. joab, cesando en la persecución de Abner, reunió a todo el pueblo. Faltaban de los servidores de David diecinueve hombres y Azael. Los seguidores de David habían herido de muerte a trescientos sesenta hombres de los de Benjamín, de los de Abner. Lievarón a Azael y le sepultaron en el sepulcro de su padre en Belén. Joab y sus hombres marcharon toda la noche y llegaron a Hebrón al despuntar el día. Fue larga la guerra entre la casa de David y la casa de Saúl; pero David iba fortaleciéndose cada vez más, y la casa de Saúl cada vez más debilitándose." En Hebrón naciéronle hijos a David: su primogénito fue Amnón, hijo de Ajinoam de Jez-rael;" el segundo, Dodiya, de Abigaíl del Carmel, mujer de Nabal; el tercero, Absalón, hijo de Maaca, hija de Talmai, rey de Guesur;" el cuarto, Adonías, hijo de Agit; el quinto, Safatía, hijo de Abital;" el sexto, Jetram, de Egla, mujer de David. Estos son los hijos que nacieron a David en Hebrón. Durante la guerra entre la casa de Saúl y la casa de David, era Abner el que tenía fuerte por la casa de Saúl. Había tenido Saúl una concubina, de nombre Resfa, hija de Aya; e Isbaal dijo a Abner: “¿Por qué has entrado en la concubina de mi padre ?” Abner, muy irritado por lo que le decía Isbaal, respondió: “¿Soy yo acaso hoy una cabeza de perro? Hasta hoy he favorecido yo a la casa de Saúl, tu padre, y a sus hermanos y amigos, y no te he puesto en las manos de David, ¿y tú me recriminas hoy por causa de esa mujer? Así haga Dios a Abner y así le añada si no hago yo con David conforme a lo que le ha jurado Yahvé, que quitaría el reino a la casa de Saúl y confirmaría el trono de David sobre Israel y sobre Judá, desde Dan hasta Berseba.” No pudo Isbaal responder a Abner palabra, porque le temía. Envió, pues, Abner mensajeros de su parte a David para que le dijeran: “Haz alianza conmigo, y mi mano te ayudará a traer a ti a todo Israel.” David respondió: “Está bien, yo haré alianza contigo; pero te pido una cosa: que no vengas a verme sin traer contigo a Micol, la hija de Saúl, cuando vengas a verme.” Después de esto mandó David mensajeros a Isbaal, hijo de Saúl, que le dijeran: “Devuélveme mi mujer, Micol, que adquirí a costa de cien prepucios de filisteos.” Mandó Isbaal a quitársela a su marido Paltiel, hijo de Lais, y el marido se fue tras ella, siguiéndola y llorando hasta Bajurim. Abner le dijo: “Anda y vuélvete”; y él entonces se volvió." Habló Abner a los ancianos de Israel' diciendo: “No es de ayer vuestro deseo de que David reinase sobre vosotros;" cumplidlo, pues, ahora, pues que Yahvé ha hablado a David, diciendo: Por mano de mi siervo David libraré yo a mi pueblo Israel de la mano de los filisteos y de la mano de todos sus enemigos.” Habló también Abner a los hijos de Benjamín, y fue luego a Hebrón a comunicar a David la disposición en que estaba Israel y toda la casa de Benjamín. Vino, pues, Abner a David, a Hebrón, con veinte hombres, y David dio un banquete a Abner y a los que con él habían venido. Y Abner dijo a David: “Voy a levantarme, y partiré para reunir a todo Israel y traerle a mi señor el rey. Ellos harán alianza contigo y tú reinarás como deseas.” David despidió luego a Abner, y éste se fue en paz. Vinieron los servidores de David y Joab, de vuelta de una expedición, trayendo consigo gran botín. No estaba ya Abner con David en Hebrón; ya le había despedido David y ya se había ido él en paz;" pero, al llegar Joab con el ejército que mandaba, dieron aviso a Joab, diciendo: “Abner, hijo de Ner, ha venido a estar con el rey, y éste le ha despedido, y él se ha ido en paz.” Vino entonces Joab al rey y le dijo: “¿Cómo has hecho esto? Ha venido a estar contigo Abner; ¿por qué, pues, le has dejado irse en paz?" ¿No sabes tú que Abner, hijo de Ner, ha venido a engañarte y a espiarte en tus entradas y salidas y sorprender tus planes?” Y en saliendo de estar con David, mandó Joab algunos tras Abner, que le trajeron desde la cisterna de Sira sin que David supiera nada. Cuando Abner estuvo de vuelta en Hebrón, Joab, llevándole aparte dentro de la puerta, como para hablarle en secreto, le hirió en el vientre y le mató, en venganza de la sangre de Azael, su hermano. Al saberlo David, dijo: “Inocente soy yo para siempre, yo y mi reino, delante de Yahvé, de la sangre de Abner, hijo de Ner. Caiga su sangre sobre la cabeza de Joab y sobre toda la casa de su padre. Haya siempre en la casa de Joab quien padezca el flujo, leproso, quien ande con báculo, quien muera a cuchillo, quien carezca de pan.” Joab y Abisaí, su hermano, mataron a Abner porque éste había muerto a Azael, hermano de los dos, en la batalla de Gabaón. David dijo a Joab y a todo el pueblo que con él estab “Rasgad vuestras vestiduras, ceñios de saco y haced duelo Abner.” Y el rey David iba detrás del féretro. Sepultaron1 Abner en Hebrón. Y lloró el rey en alta voz sobre la turnb de Abner, y todo el pueblo lloró con él. El rey cantó una elegía por Abner y dijo: “¿Ha muerto Abner la muerte del insensato? No estaban atadas tus manos ni encadenados tus pies. Caíste como caen los malvados.” Todo el pueblo siguió llorando a Abner, y se acercaron a David para hacerle tomar algún alimento antes de que acabase el día; pero David juró: “Hágame esto Yahvé y esto me añada si como nada antes de la puesta del sol.” Todo el pueblo lo supo, viendo con agrado lo que hacía el rey;" y comprendió aquel día que no había sido obra del rey la muerte de Abner hijo de Ner. El rey dijo a sus servidores: “¿No veis que ha caído hoy en Israel un gran capitán y un gran hombre ? Por lo que a mí hace, yo soy todavía débil, aunque ungido, y esos hombres, los hijos de Sarvia, son más duros que yo. Que Yahvé pague al que ha hecho el mal, según su malicia.” Cuando supo Isbaal que Abner había muerto en Hebrón, se le cayeron los brazos, y todo Israel quedó consternado. Estaban con el hijo de Saúl dos jefes de bandidos, uno de nombre Baña y otro de nombre Recab, hijos de Rimón de Berot, de los hijos de Benjamín, pues Berot se cuenta también como parte de Benjamín. Estos berptitas habían huido de Guitaím y habían habitado allí hasta entonces. Un hijo de Jonatán, hijo de Saúl, tenía cinco años; y al llegar de Jezrael la noticia de la muerte de Saúl y Jonatán, le tomo la nodriza para huir con él, y en la precipitación de la fuga le dejó caer y quedó rengo; se llamaba Mefibaal." Los hijos de Rimón de Berot, Recab y Baña, vinieron durante las horas del calor y entraron en la casa de Isbaal, que estaba durmiendo la siesta; la portera, limpiando trigo, se había dormido; y Recab y Baña Allegaron sin ser vistos hasta la alcoba donde Isbaal dormía, e hiriéndole, le mataron, y cortándole la cabeza, se la llevaron y huyeron por el camino del Araba toda la noche." -- Trajeron a David, a Hebrón, la cabeza de Isbaal, y dijeron al rey: “Ahí tienes la cabeza de Isbaal, hijo de Saúl, tu enemigo, que te perseguía; Yahvé ha vengado hoy a mi señor, el rey, de Saúl y de su descendencia.” Pero David, respondiendo a Recab y Dana, su hermano, hijos de Rimón de Berot, les dijo: “Vive Yahvé, que me salvó de toda angustia, que si al que me anunció, diciendo: Ha muerto Saúl, creyendo anunciarme cosa grata para mí, le tome y le maté en Siceleg, cuando parecía que era digno de albricias por la noticia, ¿cuánto más ahora, que unos malvados han quitado la vida a un hombre inocente, en su casa, en su lecho, no habré de demandar su sangre de vuestras manos, exterminándoos de sobre la tierra?” Dio, pues, orden David a sus gentes de matarlos, y, cortándoles manos y pies, los colgaron junto a la piscina de Hebrón. La cabeza de Isbaal la tomaron y la sepultaron en el sepulcro de Abner, en Hebrón. Vinieron a David, a Hebrón, todas las tribus de Israel, y hablaron, diciendo: “Hueso tuyo y carne tuya somos;" ya antes, cuando reinaba Saúl sobre nosotros, tú sacabas a Israel y entrabas con él. Además, Yahvé te ha dicho: Apacienta mi pueblo y sé el jefe de Israel.” Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel a David, a Hebrón; y David hizo con ellos alianza en Hebrón ante Yahvé, y ungieron a David rey sobre todo Israel." Treinta años tenía David cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años. Reinó en Hebrón, sobre Judá, siete años y seis meses, y treinta y tres años en Jerusalén, sobre todo Israel y Judá. El rey se dirigió con su gente a Jerusalén, contra los jebuseos, que habitaban la tierra, que dijeron a David: “No entrarás tú aquí; ciegos y rengos bastarán para impedírtelo.” Con lo que querían decir: “Jamás entrará David aquí.” Pero David se apoderó de la fortaleza de Sión, que es la ciudad de David. Pues había dicho: “¿Quién, batiendo al jebuseo, llegará a alcanzar por el túnel a los ciegos y rengos, aborrecidos del alma de David?” Por eso quedó en proverbio: “No entrarán en la casa los ciegos y los rengos.” David estableció su residencia en la fortaleza, y la llamó la ciudad de David y edificó en derredor, desde el terraplén para adentro. David iba creciendo en poder cada vez más, y Yahvé, Dios Sebaot, estaba con él. Hiram, rey de Tiro, envió a David una embajada y maderas de cedro, carpinteros y canteros, que edificaron la casa de David. Conoció David que Yahvé le había confirmado rey de Israel y que realzaba su reino por amor de Israel, su pueblo. Tomó David más concubinas y mujeres en Jerusalén después de venir de Hebrón, y le nacieron hijos e hijas. He aquí los nombres de los que le nacieron en Jerusalén: Samúa, Sobab, Natán, Salomón, Jibjar, Eliua, Nefeg, Jafia, Elisama, Elijada y Elifelet. Cuando los filisteos supieron que David había sido ungido rey de todo Israel, subieron todos en busca suya, y David, que lo supo, bajó a la fortaleza. Los filisteos hicieron una incursión en el valle de Refaím, y David consultó a Yahvé, diciendo: “¿Subiré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mis manos?” Y Yahvé dijo a David: “Sube, pues de cierto los entregaré en tus manos.” Vino, pues, David a Baal Parasim, donde los derrotó, y dijo: “Yahvé ha roto a mis enemigos como rompen las aguas.” Por eso se dio a aquel lugar el nombre de Baal Parasim. Dejaron allí sus ídolos, que David y su gente se llevaron. Volvieron los filisteos a subir y a invadir el valle de Refaím. Consultó David a Yahvé: “¿Subiré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mis manos?” Y El le respondió: “No subas a su encuentro; rodea por detrás de ellos y atácalos por la espalda desde el lado de las balsameras." Cuando entre las balsameras oigas ruido de pasos, ataca fuertemente, porque es Yahvé que marcha delante de ti para derrotar al ejército de los filisteos.” David hizo lo que Yahvé le mandó, y batió a los filisteos desde Gabaón hasta Guezer. Volvió a reunir David a los selectos de Israel, treinta mil hombres, y, acompañado de todo el pueblo congregado tras él, se puso en marcha desde Baalat Judá, para subir el arca de Dios, sobre la cual se invoca el nombre de Yahvé Sebaot, sentado entre los querubines. Pusieron sobre un carro nuevo el arca de Dios y la sacaron de la casa de Abinadab, que está sobre la colina. Oza y Ajio, hijos de Abinadab, guiaban el carro. Iba Oza al lado del arca de Dios, y Ajio iba delante;" David y toda la casa de Israel iban danzando delante de Yahvé con todas sus fuerzas, con arpas, salterios, adufes, flautas y címbalos. Cuando llegaron a la era de Nacón, tendió Oza la mano hacia el arca de Dios y la tomo, porque los bueyes daban sacudidas. Encendióse de pronto contra Oza la cólera de Yahvé, y cayó allí muerto, junto al arca de Dios. Entristecióse David de que hubiese herido Yahvé a Oza, y fue llamado aquel lugar Peres Oza, hasta hoy. Atemorizóse entonces David de Yahvé y dijo: “¿Corno voy a llevar a mí el arca de Yahvé?” Y desistió ya de llevar a sí el arca de Yahvé a la ciudad de David, y la hizo llevar a la casa de Obededom de Gat. Tres meses estuvo el arca de Yahvé en casa de Obededom de Gat, y Yahvé le bendijo a él y a toda su casa. Dijéronle a David: “Yahvé ha bendecido a la casa de Obededom y a cuanto tiene con él por causa del arca de Dios”; y poniéndose David en camino, subió el arca de Dios de la casa de Obededom a la ciudad de David, con un jubiloso cortejo." Como los que llevaban el arca de Yahvé hubieron andado seis pasos, sacrificaba un buey y un carnero cebado. David danzaba con toda su fuerza delante de Yahvé y vestía un efod de lino. Así subieron David y toda la casa de Israel, entre gritos de júbilo y sonar de trompetas. Cuando el arca de Yahvé llegó a la ciudad de David, Micol, hija de Saúl, miró por la ventana; y al ver al rey David saltando y danzando delante de Yahvé, le menospreció en su corazón." Una vez que el arca de Yahvé fue introducida y puesta en su lugar, en medio del tabernáculo que David había alzado para ella, David ofreció a Yahvé holocaustos y sacrificios eucarísticos. Acabado que hubo de ofrecer los holocaustos y los sacrificios eucarísticos, bendijo al pueblo en nombre de Yahvé Sebaot. Repartió a todo el pueblo, a toda la muchedumbre de Israel, hombres y mujeres, a cada uno una torta, un pedazo de carne y un racimo de uvas, y el pueblo se fue cada uno a su casa. Cuando se volvió David a la suya para bendecirla, Micol, la hija de Saúl, le salió al encuentro, diciendo: “¡Qué gloria hoy para el rey de Israel haberse desnudado a los ojos de las siervas de sus siervos como se desnuda un juglar!” David respondió a Micol: “Delante de Yahvé, que con preferencia a tu padre y a toda su casa me eligió para hacerme jefe de su pueblo, de Israel, danzaré yo, y aún más vil que esto quiero parecer todavía y rebajarme más a tus ojos, y seré así honrado a los ojos de las siervas de que tú has hablado.” Y ya Micol, hija de Saúl, no tuvo más hijos hasta el día de su muerte. Cuando el rey se hubo establecido en su casa y le hubo dar Yahvé el descanso, librándole de todos sus enemigos en derredor, dijo a Natán, profeta: “Ya ves; yo habito en casa de cedro, y el arca de Yahvé está en una tienda.” Natán respondió al rey: “Anda, haz lo que tienes en tu corazón, pues que Yahvé está contigo.” Pero aquella misma noche tuvo Natán palabra de Yahvé: “Anda y ve a decir a David, mi siervo: Así habla Yahvé: ¿Vas a edificarme tú una casa para que yo habite en ella? Mira, yo no he habitado en casa desde el día en que saqué de Egipto a los hijos de Israel hasta hoy, sino que he andado en una tienda, en un tabernáculo. Y en todo el tiempo en que anduve con los hijos de Israel, ¿he dicho yo palabra a ninguno de los jefes de Israel, a quienes mandé que apacentaran mi pueblo de Israel, de hacerme una casa de cedro? Di, pues, a David, mi siervo: Así habla Yahvé Sebaot: Yo te tomé de la majada, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe de mi pueblo, de Israel. He estado contigo por dondequiera que has ido; he exterminado delante de ti a todos tus enemigos y te estoy haciendo un nombre grande, como el de los grandes de la tierra," estableciendo a mi pueblo, Israel, y plantándolo en su lugar para que habite en él y no sea perturbado y los hijos de la iniquidad no le aflijan como antes. “Desde el día en que constituí jueces sobre mi pueblo, Israel, y dándote descanso de todos tus enemigos. Hácete, pues, saber Yahvé que él te edificará casa a ti;" y que cuando se cumplieren tus días y te duermas con tus padres, suscitaré a tu linaje después de ti, el que saldrá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre y yo estableceré su trono por siempre. Yo le seré a él padre y él me será a mí hijo. Si obrare el mal, yo le castigaré con varas de hombres y con azotes de hijos de hombres;" pero no apartaré de él mi misericordia, como la aparté de Saúl, arrojándole de delante de ti. Permanente será tu casa para siempre ante mi rostro, y tu trono estable por la eternidad.” Conforme a todas estas palabras y a toda esta visión habló Natán a David;" y entrándose el rey David, puesto delante de Yahvé, dijo: “Mi Señor, Yahvé, ¿quién soy yo y qué es mi casa para que hasta tal punto me hayas traído? Y aun esto ha sido poco a tus ojos, mi Señor, Yahvé, y has hablado acerca de la casa de tu siervo para lo por venir, aventajándome sobre los otros hombres, ¡mi Señor, Yahvé! ¿Qué más podrá decirte David? Tú, ¡oh mi Señor, Yahvé! conoces a tu siervo. Todas estas grandezas las haces según tu palabra y según tu corazón, y se las has dado a conocer a tu siervo. ¡Qué grande eres, mi Señor, Yahvé! No hay nadie que se te asemeje ni hay Dios fuera de ti, como lo hemos oído con nuestros oídos. ¿Y hay sobre la tierra un pueblo como tu pueblo, Israel, que haya rescatado Dios para hacerle el pueblo suyo, dándole su nombre y haciendo por él tan terribles y portentosas maravillas como en favor de tu pueblo hiciste, redimiéndole de Egipto y expulsando las gentes? Has confirmado a tu pueblo, Israel, por pueblo tuyo, para que sea tu pueblo para siempre jamás y seas tú su Dios. Manten, pues, siempre, mi Señor, Yahvé, la palabra que has dicho de tu siervo y de su casa, y obra según tu palabra y sea glorificado por siempre tu nombre; y dígase: Yahvé Sebaot es el Dios de Israel. Sea firme ante ti la casa de tu siervo David," pues que tú mismo, Yahvé Sebaot, Dios de Israel, te has revelado a tu siervo, diciendo: Yo te edificaré a ti casa. Por esto se atreve tu siervo a dirigirte esta plegaria: ¡Oh mi Señor, Yahvé! Tú eres Dios, y tus palabras son verdaderas y has prometido a tu siervo hacerle esta gracia. Tenlo, pues, a bien y bendice la casa de tu siervo para que subsista siempre delante de ti; porque tú, mi Señor, Yahvé, has hablado, y con tu bendición será por siempre bendita la casa de tu siervo.” Después de esto batió David a los filisteos y los humilló, arrebatando de las manos de los filisteos las ciudades de la costa. Batió también a los moabitas, y, haciéndolos postrarse en tierra, los midió echando sobre ellos las cuerdas; y dos de las medidas las condenó a muerte y a la otra le dejó la vida. Los moabitas quedaron sometidos a David y le pagaron tributo." Batió a Hadadezer, hijo de Rojob, rey de Soba, cuando iba camino para restablecer su dominio hasta el Eufrates. Tomóle David mil setecientos caballeros y veinte mil infantes; desjarretó a todos los caballos de los carros de guerra, no dejando más de cien tiros de carros." Habiendo venido en socorro de Hada-dezer, rey de Soba, los sirios de Damasco, batió David a veinte mil de ellos;" puso guarniciones en la Siria de Damasco, y se le sometieron los sirios, haciéndose tributarios. Yahvé dio a David la victoria por dondequiera que fue. Tomó David los escudos de oro que llevaban los de Hadadezer y los trajo a Jerusalén. Tomó también gran cantidad de bronce en Tebaj y Berotai, ciudades de Hadadezer. Cuando Tou, rey de Jamat, supo que David había derrotado a todas las fuerzas de Hadadezer, mandó a Hadurán, su hijo, al rey David para saludarle y felicitarle por haber atacado y vencido a Hadadezer, pues Tou estaba constantemente en guerra con Hadadezer. Hadurán trajo vasos de oro, vasos de plata y vasos de bronce;" y el rey David los consagró también a Yahvé, como había hecho con la plata y el oro de las gentes que había sometido, de Edom, de Moab, de los hijos de Ammón, de los filisteos, de Amalee, y el botín que había tomado a Hadadezer, hijo de Rojob, rey de Soba. David adquirió gran fama, y, de vuelta de la victoria de Siria, combatió en el valle de la Sal, derrotando a dieciocho mil edomitas. Puso guarniciones en Edom, y todo Edom le quedó sometido. Yahvé le daba la victoria por dondequiera que iba. Reinó David sobre todo Israel, haciendo derecho y justicia a todo su pueblo. Joab, hijo de Sarvia, era el jefe del ejército; Josafat, hijo de Ajilud, era cronista;" Sadoc y Abiatar, hijo de Ajimelec, hijo de Ajitub, eran sacerdotes; y Saraya, secretario." Banayas, hijo de Joyada, era el jefe de los cereteos y los feleteos, y los hijos de David eran sacerdotes. David preguntó: “¿Queda todavía alguno de la casa de Saúl a quien pueda favorecer por amor a Jonatán?” Había un servidor de la casa de Saúl, de nombre Siba; hiciéronle, pues, venir a David, y el rey le dijo: “¿Eres tú Siba?” El respondió: “Tu siervo.” El rey le preguntó: “¿No queda ninguno de la casa de Saúl a quien pueda yo hacer misericordia de Dios?” Siba respondió al rey: “Queda todavía un hijo de Jonatán, que está lisiado de ambos pies.” “¿Dónde está?” preguntó el rey; y Siba respondió: “Está en casa de Maquir, hijo de Amiel, en Lodabar.” El rey David mandó a buscarle a la casa de Maquir, hijo de Amiel, a Lodabar;" y, llegado a David Mefibaal, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, se echó sobre su rostro, prosternándose, y David le dijo: “Mefibaal.” El respondió: “Aquí tienes a tu siervo.” David le dijo: “Nada temas, porque quiero favorecerte por amor a Jonatán, tu padre. Te devolveré todas las tierras de Saúl, tu padre, y comerás siempre a mi mesa.” El se prosternó y dijo: “¿Qué es tu siervo para que pongas tu vista en un perro muerto como yo?” El rey llamó a Siba, servidor de Saúl, y le dijo: “Todo cuanto pertenece a Saúl y a toda su casa, se lo doy al hijo de tu amo. Tú cultivarás para él las tierras, tú, tus hijos y tus siervos, y le traerás la cosecha, para que la casa de tu amo tenga de qué vivir, y Mefibaal, tu amo, comerá siempre a mi mesa.” Siba tenía quince hijos y veinte siervos;" y dijo al rey: “Todo se hará como el rey, mi señor, se lo manda a su siervo.” Mefibaal comía a la mesa de David, como uno de los hijos del rey. Mefibaal tenía un hijo pequeño, que se llamaba Mica, y todos los que vivían en la casa de Siba eran siervos de Mefibaal;" pero éste moraba en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey; era cojo de ambos pies." Después de esto murió el rey de los hijos de Amón, y le sucedió Janón, su hijo. David dijo: “Voy a mostrar benevolencia a Janón, hijo de Najas, como su padre me la mostró a mí.” Y envió David embajadores para darle el pésame por la muerte de su padre. Cuando los embajadores de David llega-ron a la tierra de los hijos de Amón, dijeron los príncipes de los hijos de Amón a su señor: “¿Crees tú que para honrar a tu padre ha mandado David consoladores? ¿No los ha mandado más bien para explorar la ciudad con el fin de destruirla?” Entonces Janón, tomando a los embajadores de David, rapóles la mitad de la barba y les cortó los vestidos hasta la mitad de las nalgas, y los despachó. En cuanto lo supo David, mandó quienes les salieran al encuentro, porque aquéllos estaban en gran confusión, y les dijeran: “Quedaos en Jericó hasta que os vuelva a crecer la barba, y entonces volveréis.” Viendo los hijos de Amón que se habían hecho odiosos a David, concertaron tomar a sueldo a veinte mil infantes de los sirios de Bet-Rojob y de Soba y doce mil de los reyes de Maaca y de Tob. Súpolo David, y mandó salir contra ellos a Joab con todo el ejército y sus veteranos. Salieron los hijos de Amón, y se ordenaron en batalla a la entrada de la puerta; los sirios de Soba y de Rojob, así como las gentes de Tob y de Maaca, estaban aparte en el campo." Al ver Joab que tenía un frente de batalla delante de sí y otro detrás, eligio entre lo mejor de su ejército un cuerpo que oponer a los sirios, y puso el resto del pueblo a las órdenes de Abisaí, su hermano, para hacer cara a los hijos de Amón, y dijo: “Si ves que los sirios me superan, vienes en mi ayuda, y si los hijos de Amón te superan a ti, yo iré a socorrerte. Esfuérzate y luchemos valientemente por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios, y que haga Yahvé lo que mejor le parezca.” Avanzó Joab con su hueste para atacar a los sirios, pero éstos se pusieron en fuga ante él;" y los hijos de Amón, viendo que huían los sirios, huyeron también ellos ante Abisaí, entrándose en la ciudad. Joab se volvió contra los hijos de Amón y retornó a Jerusalén;" pero los sirios, viéndose vencidos por Israel, reconcentraron sus fuerzas;" y Hadadezer hizo venir a los sirios que estaban al otro lado del río, que vinieron a Jelam, mandados por Sobac, jefe del ejército de Hadadezer. Súpolo David, y, reuniendo a todo Israel, pasó el Jordán y vino a Jelam. Los sirios presentaron batalla a David y se trabó el combate;" pero huyeron delante de Israel, y David les mató los caballos de setecientos carros, mil caballeros y cuarenta mil hombres de a pie. Mató también al jefe del ejército, Sobac, que quedó muerto allí. Todos los reyes vasallos de Hadadezer, viéndose vencidos por Israel, hicieron la paz con Israel y se le sometieron, y los sirios no osaron ya socorrer a los hijos de Amón. Al año siguiente, al tiempo en que los reyes suelen ponerse en campaña, mandó David a Joab con todos sus servidores y todo Israel. Mataron a los hijos de Amón y pusieron sitio en Raba, pero David se quedó en Jerusalén. Una tarde levantóse del lecho y se puso a pasear en la terraza de la casa real, y vio desde allí a una mujer que estaba bañándose y era muy bella. Hizo preguntar David quién era aquella mujer, y le dijeron: “Es Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías el jeteo.” David envió gentes en busca suya; vino ella a su casa y él durmió con ella. Purificada de su inmundicia, volvióse a su casa." Quedó encinta y lo hizo saber a David, mandando a decirle: “Estoy encinta.” Entonces David expidió a Joab esta orden: “Mándame a Urías el jeteo.” Y Joab mandó a Urías a David. Presentóse Urías a David, y el rey le pidió nuevas de Joab, del ejército y de las operaciones militares, y después dijo a Urías: “Baja a tu casa y lávate los pies.” Salió Urías de la casa del rey, y detrás de él un obsequio del rey;" pero Urías se acostó a la puerta del palacio real, con los demás servidores de su señor, y no bajó a su casa. Dijéronle a David: “Urías no ha bajado a su casa.” Y David le dijo: “Después de haber estado fuera, ¿cómo no has bajado a tu casa?” Urías respondió a David: “El arca, Israel y Judá habitan en tiendas; mi señor, Joab y los servidores de mi señor acampan al raso, ¿e iba yo a entrar en mi casa para comer y beber y dormir con mi mujer? Por tu vida y por la vida de tu alma que no haré yo cosa semejante.” David dijo a Urías: “Quédate aquí todavía hoy, y mañana te despacharé.” Quedóse, pues, Urías en Jerusalén aquel día;" y al día siguiente David le convidó a comer con él, y Urías se embriagó, y salió ya tarde a acostarse con los servidores de su señor y no bajó a su casa. A la mañana siguiente escribió David a Joab una carta y se la mandó por mano de Urías. En esta carta había escrito: “Poned a Urías en el punto donde más dura sea la lucha, y cuando arrecie el combate, retiraos y dejadle solo, para que caiga muerto.” Joab, que asediaba la ciudad, puso a Urías en el sitio donde sabía que estaban los más valerosos defensores. Los de la ciudad hicieron una salida contra Joab, y cayeron muchos del pueblo, de los servidores de David, y entre ellos cayó muerto Urías el jeteo. Joab mandó uno que informara a David de lo sucedido en el combate, y le dio esta orden: “Cuando hayas acabado de contar al rey lo sucedido en el combate, si se enciende su cólera y dice: “¿Por qué os habéis acercado a la ciudad para trabar combate? ¿No sabíais que los sitiados habían de arrojar sus tiros contra vosotros? ¿Quién mató a Abimelec, hijo de Jerobaal? ¿No fue una mujer, que lanzó sobre él un pedazo de rueda de molino, de cuya herida murió en Tebes? ¿Por qué, pues, os acercasteis a la muralla?” le dirás: Tu siervo Urías el jeteo ha muerto también.” Partió el mensajero al rey a Jerusalén, y a su llegada contó a David todo lo que Joab le había ordenado y todos los episodios del combate. David se dejó llevar de la cólera contra Joab y dijo al mensajero: “¿Por qué os habéis acercado a la ciudad? ¿No sabíais que lanzarían proyectiles desde lo alto de la muralla? Pues ¿quién hirió a Abimelec, hijo de Jerobaal? ¿No fue una mujer, que lanzó una muela de molino desde lo alto de la muralla y le hizo morir en Tebes? ¿Por qué, pues, os habéis acercado a la muralla?” El mensajero dijo a David: “Porque aquellas gentes, en más número que nosotros, hicieron una salida, pero los rechazamos hasta la puerta. Sus arqueros tiraban contra tus servidores desde lo alto de la muralla, y muchos de los servidores del rey fueron muertos: entre ellos tu siervo Urías el jeteo quedó muerto también.” David dijo al mensajero: “He aquí lo que dirás a Joab: No te apures demasiado por este asunto, porque la espada devora unas veces a uno, otras veces a otro. Refuerza el ataque contra la ciudad y destruyela.” Y alentóle así. La mujer de Urías supo la muerte de su marido y le lloró. Pasado el duelo, mandó David a buscarla y la introdujo en su casa y la tomó por mujer, y ella le dio un hijo. Lo que había hecho David fue desagradable a los ojos de Yahvé. Yahvé le envió el profeta Natán para decirle: “Juzga este caso: Había en una ciudad dos hombres, el uno rico y el otro pobre. El rico tenía muchas ovejas y muchas vacas, y el pobre no tenía más que una sola ovejuela, que él había comprado y criado, que con él y con sus hijos había crecido juntamente, comiendo de su pan y bebiendo de su vaso y durmiendo en su seno, y era para él como una hija. Llegó un viajero a casa del rico, y éste, no queriendo tocar a sus ovejas ni a sus bueyes para dar de comer al viajero que a su casa llegó, tomó la ovejuela del pobre y se la aderezó al huésped.” Encendido David fuertemente en cólera contra aquel hombre, dijo a Natán: “¡Vive Yahvé, que el que tal hizo es digno de la muerte, y que ha de pagar la oveja con cuatro tantos encima por haber hecho tal cosa, obrando sin piedad!” Natán dijo entonces a David: “¡Tú eres ese hombre! He aquí lo que dice Yahvé, Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl;" yo te he dado la casa de tu señor, y he puesto en tu seno las mujeres de tu señor, y te he dado la casa de Israel y de Judá; y, por si esto fuera poco, te añadiría todavía otras cosas mucho mayores." ¿Cómo, pues, menospreciando a Yahvé, has hecho lo que es malo a sus ojos? Has herido a espada a Urías, jeteo; tomaste por mujer a su mujer, y a él le mataste con la espada de los hijos de Amón." Por eso no se apartará ya de tu casa la espada, por haberme menospreciado, tomando por mujer a la mujer de Urías, jeteo. Así dice Yahvé: “Yo haré surgir el mal contra ti de tu misma casa, y tomaré ante tus mismos ojos tus mujeres y se las daré a otro, que yacerá con ellas a la cara misma de este sol;" porque tú has obrado ocultamente, pero yo haré esto a la presencia de todo Israel y a la cara del sol.” David dijo a Natán: “He pecado contra Yahvé.” Y Natán dijo a David: “Yahvé te ha perdonado tu pecado. No morirás;" mas, por haber hecho con esto que menospreciasen a Yahvé sus enemigos, el hijo que te ha nacido morirá.” Y Natán se fue a su casa. Hirió Yahvé al niño que había dado a luz la mujer de Urías, que enfermó gravemente. Entonces rogó David a Dios por el niño y ayunó y se recogió, pasando las noches acostado en tierra. Los ancianos de su casa fueron a él para hacer que se levantase de la tierra, mas él no quiso, y ni comía con ellos. Al séptimo día murió el niño, y los servidores no se atrevían a darle la noticia de su muerte, pues se decían: “Si cuando aún vivía el niño le hablábamos y no quería oír nuestra voz, ¿cuánto más no lo hará cuando le digamos que el niño ha muerto?” Mas David, al ver que sus servidores cuchicheaban entre sí, comprendió que el niño había muerto, y preguntó a sus servidores: “¿Ha muerto el niño?” Y ellos le respondieron: “Ha muerto.” Levantóse entonces de tierra David; se bañó, se ungió, se mudó sus ropas y, entrando en la casa de Yahvé, oró. Vuelto a casa, pidió que le trajeran de comer, y comió." Dijéronle sus servidores: “¿Qué es lo que haces? Cuando el niño aún vivía, ayunabas por él y llorabas, y ahora que ha muerto te has levantado y has comido.” Y él respondió: “Cuando aún vivía el niño, ayunaba y lloraba, diciendo: i Quién sabe si Yahvé se apiadará de mí y hará que el niño viva! Ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré ya volverle la vida? Yo iré a él, pero él no vendrá más a mí.” Consoló David a Betsabé, su mujer, y, entrando a ella, durmió con ella, y ella le dio un hijo, a quien llamó Salomón, al que amó Yahvé, que envió a Natán profeta, el cual le dio el nombre de Jedidia por causa de Yahvé. Joab, que asediaba Raba, de los hijos de Amón, se apoderó de la ciudad de las aguas y mandó mensajeros a David para decirle: “He atacado a Raba y ya me he apoderado de la ciudad de las aguas;" reúne, pues, al pueblo todo y ven a acampar contra la ciudad, para que no sea yo quien por mí mismo la tome y sea llamada con mi nombre.” David reunió al pueblo, y, marchando contra Raba, la atacó y se apoderó de ella. Quitó la corona de Milcom de sobre su cabeza, que pesaba un talento de oro. Tenía una piedra preciosa, y fue puesta en la cabeza de David, que tomó de la ciudad muy gran botín. A los habitantes los sacó de la ciudad y los puso a las sierras, a los trillos herrados, a las hachas, a los molinos y a los hornos de ladrillos. Eso mismo hizo con todas las ciudades de los hijos de Amón. Después se tornó David a Jerusalén con todo el pueblo. Después de esto sucedió que, teniendo Absalón, hijo de David, una hermana, que era muy bella y se llamaba Tamar, se prendó de ella Amnón, hijo de David. Amnón andaba por ella atormentado, hasta enfermar por Tamar, su hermana; pues siendo ella virgen, le parecía a Amnón difícil obtener nada de ella." Tenía Amnón un amigo de nombre Jonadab, hijo de Simea, hermano de David, que era muy astuto, y que le dijo: “Hijo de rey, ¿cómo y por qué de día en día vas enflaqueciendo? ¿No me lo descubrirás a mí?” Y Amnón le dijo: “Es que estoy enamorado de Tamar, la hermana de Absalón, mi hermano.” Jonadab le dijo: “Métete en cama y hazte el enfermo, y cuando tu padre venga a verte, dile: Ruégote que venga mi hermana Tamar para darme de comer, y preparando delante de mí algún manjar, lo coma yo de su mano.” Amnón se metió en cama, fingiéndose enfermo. Vino el rey a verle, y Amnón le dijo: “Te ruego que Tamar, mi hermana, venga a hacerme delante de mí un par de hojuelas y las coma yo de su mano.” David mandó a decir a Tamar a sus habitaciones: “Vete a las habitaciones de tu hermano Amnón a prepararle algo de comer.” Fue Tamar a las habitaciones de Amnón, que estaba en la cama, y, tomando la harina, la amasó, hizo las hojuelas delante de él, y, tomando la sartén, las frió y se las presentó; pero él no quiso comerlas, y dijo: “Que salgan todos de aquí,” y todos se salieron." Entonces dijo Amnón a Tamar: “Trae las hojuelas a la alcoba, para que yo las coma allí de tu mano,” y, tomando Tamar las hojuelas que había preparado, se las llevó a su hermano a la alcoba. Cuando se las puso delante para que las comiese, él, cogiéndola, le dijo: “Ven, hermana mía, acuéstate conmigo.” Ella le dijo: “No, hermano mío, no me hagas fuerza; mira que no se hace eso en Israel. No hagas tal infamia," porque ¿adonde iría yo con mi deshonra? Y tú serías uno de los perversos de Israel. Mira, habla al rey, que seguramente no rehusará darme a ti.” Pero él no quiso darle oídos, y, como era más fuerte que ella, la violentó y se echó con ella. Aborrecióla luego Amnón con tan gran aborrecimiento, que el odio que le tomó fue todavía mayor que el amor con que la había amado; y le dijo: “Levántate y vete.” Ella le respondió• “No, hermano mío, porque, si me echas, este mal será mayor que el que acabas de cometer contra mí.” Pero él no quiso oírla, y, llamando al mozo que le servía, le dijo: “Échame a ésta fuera de aquí y cierra la puerta.” Estaba ella vestida con una túnica de mangas, traje que llevaban en otro tiempo las hijas del rey vírgenes. El criado la echó fuera y cerró tras ella la puerta. Tamar echó ceniza sobre su cabeza, rasgó la amplia túnica que vestía y, puestas sobre la cabeza las manos, se fue gritando. Su hermano Absalón le dijo: “¿De modo que tu hermano Amnón ha estado contigo? Pues calla por ahora, hermana; es tu hermano; no des demasiada importancia a la cosa; y Tamar se quedó desconsolada en la casa de Absalón, su hermano." Cuando el rey supo todo esto, enojóse grandemente, pero no quiso castigar a Amnón, porque le amaba como a primogénito. Absalón no dijo a Amnón nada, ni de bueno ni de malo, pero le odió por la violación de su hermana Tamar. Al cabo de dos años tenía Absalón el esquileo en Baljasor, que está cerca de Efraím, y quiso convidar Absalón a todos los hijos del rey. Vino Absalón al rey y le dijo: “Tu siervo tiene ahora el esquileo; te ruego que venga el rey y sus siervos a la casa de tu siervo.” El rey respondió a Absalón: “No, hijo mío, no iremos todos para no serte gravosos.” Y aunque le porfió, no quiso ir, y le bendijo. Entonces le dijo Absalón: “Al menos permite que venga Amnón, mi hermano.” “Y qué ha de ir?” le dijo el rey;" Mas como le importunase Absalón, dejó ir con él a Amnón y a todos los hijos del rey. Absalón había preparado un gran banquete, como banquete de rey, y había dado orden a sus criados, diciendo: “Estad atentos, y cuando el corazón de Amnón se haya alegrado con el vino y os diga yo: Herid a Amnón, matadle, y no temáis, que yo os lo mando. Esforzaos, pues, y tened valor.” Los criados de Absalón hicieron con Amnón lo que Absalón les había mandado; y luego todos los hijos del rey se levantaron, montaron en sus mulos y huyeron." Cuando todavía no estaban de vuelta, llegó a oídos de David el rumor de que Absalón había matado a todos los hijos del rey, sin que ninguno quedara;" y, levantándose David, rasgó sus vestiduras y se echó en tierra, y todos sus servidores rasgaron delante de él sus vestiduras. Jonadab, hijo de Simea, hermano de David, habló y dijo: “No crea mi señor que han muerto todos los jóvenes hijos del rey; es Amnón sólo el que ha muerto, porque era cosa que estaba en los labios de Absalón desde que Amnón forzó a Tamar, su hermana." No crea, pues, mi señor el rey ese rumor que dice: “Han muerto todos los hijos del rey,” porque es sólo Amnón el muerto. Y Absalón huyó.” El joven que hacía de centinela, alzando los ojos, vio venir gran tropel de gentes por el camino de Joronaím, en la bajada, y lo anunció al rey: “He visto gentes que vienen por el camino de Joronaím, por la falda de la montaña.” Entonces dijo Jonadab al rey: “Ya vienen los hijos del rey; es lo que tu siervo ha dicho”;" y apenas acabó de hablar, llegaron los hijos del rey, y, alzando la voz, lloraron. También el rey y sus servidores lloraron con grandes lamentos. Absalón fuese huido a Talmai, hijo de Amiud, rey de Guesur, a la tierra de Maaca, y David lloraba todos los días la ausencia de su hijo. Estuvo allí Absalón, después que huyó a Guesur, tres años;" y rey David se consumía por ver a Absalón, pues de Amnón el muerto, ya se había consolado. Conociendo Joab, hijo de Sarvia, que el corazón del rey estaba por Absalón, mandó a Tecua y trajo de allí una mujer ladina, y le dijo: “Mira, enlútate, vístete las ropas de duelo, no te unjas con óleo, antes preséntate como mujer que de tiempo atrás lleva luto por un muerto, y, entrando al rey, habíale de esta manera”; y puso Joab en boca de la mujer lo que había de decir." Entró, pues, la mujer de Tecua al rey; y postrándose en tierra, le hizo reverencia y dijo: “¡Oh rey, sálvame!” El rey le dijo: “¿Qué tienes?”; y ella respondió: “Soy una mujer viuda, murió mi marido," y tenía tu sierva dos hijos. Riñeron los dos en el campo, donde no había quien los separase, y el uno, hiriendo al otro, le mató;" y he aquí que toda la parentela, alzándose contra tu sierva, dice: Entréganos al que mató a su hermano, para que le demos muerte por la vida de su hermano, a quien mató él; y quieren matar al heredero, apagando así el ascua que me ha quedado y no dejando a mi marido ni nombre ni sobreviviente sobre la tierra.” El rey dijo a la mujer: “Vete a tu casa, que ya daré yo órdenes sobre lo tuyo.” Entonces dijo la mujer de Tecua al rey: “Rey, mi señor, yo querría que la responsabilidad recayera sobre mí y sobre la casa de mi padre, no sobre el rey y sobre su trono.” El rey entonces respondió: “Si alguno sigue inquietándote, tráelo a mí, que no te inquietará más.” Ella entonces dijo: “Ruégote, oh rey! que interpongas el nombre de Yahvé, tu Dios, y no dejes que el vengador de la sangre aumente la ruina matando a mi hijo.” Y él respondió: “Vive Yahvé que no caerá en tierra ni un cabello de la cabeza de tu hijo.” La mujer añadió: “Permite, ¡oh rey! a tu sierva que diga una palabra a mi señor.” El rey dijo: “Habla.” Y la mujer entonces dijo: “¿Por qué, pues, piensas tú de otro modo contra el pueblo de Dios? Pues con el juicio que el rey ha pronunciado se hace como reo por no hacer el rey que vuelva su fugitivo. Porque todos morimos y somos como agua que se derrama en la tierra, que no puede volver a recogerse; que Dios no hace volver las almas. Medite, pues, el rey cómo el fugitivo no quede arrojado de su presencia." Si he venido yo a decir esto al rey, mi señor, es porque el pueblo me dio miedo” y me dije: “Voy a hablar al rey, a ver si hace lo que su sierva le diga. Seguramente el rey escuchará a su sierva y la librará de la mano del que quiere raerme a mí, juntamente con mi hijo, de la heredad de Dios, Tu sierva ha dicho: Que me tranquilice la palabra de mi señor el rey, ya que es el rey, mi señor, como el ángel de Dios para discernir entre lo bueno y lo malo. Y ahora que Yahvé, tu Dios, sea contigo.” El rey entonces dijo a la mujer: “Mira, no me ocultes nada de lo que voy a preguntarte.” Y la mujer respondió: “Hable el rey, mi señor.” El rey le dijo: “¿No anda en todo esto la mano de Joab?” Y la mujer respondió: “Por tu vida, oh rey, mi señor! que no se aparta lo que el rey, mi señor, dice ni a la derecha ni a la izquierda. Joab, tu siervo, me ha mandado y ha puesto en la boca de tu sierva todas estas palabras. Joab, tu siervo, ha hecho esto para ver de mudar el aspecto de las cosas. Pero mi señor es sabio, con la sabiduría de un ángel de Dios, para conocer cuanto pasa en la tierra.” Entonces el rey dijo a Joabí “Voy a hacer según tu deseo. Ve, pues, y haz que vuelva el joven Absalón.” Joab se echó rostro a tierra y se prosternó, y, bendiciendo al rey, dijo: “Ahora comprendo que tu siervo ha hallado gracia a tus ojos, ¡oh rey, mi señor! pues ha hecho el rey lo que su siervo le ha dicho.” Levantóse luego Joab y se fue a Guesur, y trajo consigo a Absalón a Jerusalén. Pero el rey dijo: “Que se vaya a su casa y no se me presente,” y fuese Absalón a su casa sin ver al rey. No había en todo Israel hombre tan hermoso como Absalón; desde la planta de los pies hasta la cabeza no había en él defecto;" y cuando se cortaba el pelo, cosa que hacía al fin de cada año, porque le molestaba, y por eso se lo cortaba, pesaba el cabello de su cabeza doscientos siclos, peso real. Naciéronle a Absalón tres hijos y una hija, de nombre Tamar, que era hermosísima. por dos años estuvo Absalón en Jerusalén sin poder ver al rey. Mandó Absalón por Joab para enviarle al rey, pero Joab se negó a ir, y aunque por segunda vez le llamó, no quiso ir. Entonces dijo a sus siervos: “Ya sabéis que el campo de Joab está junto al mío y que tiene allí su cebada; id y prended-le fuego.” Y los siervos de Absalón pegaron fuego a las tierras de Joab. Vinieron entonces los siervos de Joab, rasgadas las vestiduras, y le dijeron: “Los siervos de Absalón han pegado fuego a tu campo.” Levantóse Joab y vino a casa de Absalón, y le dijo: “¿Por qué han pegado fuego tus siervos a mis tierras?” Y Absalón le respondió: “Dos veces te he mandado a llamar para que vinieses y fueses por mí al rey a decirle: ¿Para qué he venido de Guesur? Mejor me hubiera sido estarme allí. Que pueda yo ver la faz del rey, y si soy culpable, máteme.” Fue, pues, Joab al rey y le dijo esto, y el rey llamó a Absalón, que inclinó a tierra su rostro ante el rey, y el rey besó a Absalón. Después de esto se hizo Absalón con un carro y caballos, y cincuenta hombres iban delante de él. Levantábase Absalón bien de mañana, y, poniéndose junto al camino de la Puerta, a cualquiera que tenía un pleito y venía a juicio ante el rey, le llamaba Absalón y le decía: “¿De dónde eres?” Y él contestaba: “Tu siervo es de tal o cuál de las tribus de Israel.” Entonces Absalón le decía: “Mira, tu causa es buena y justa, pero no tendrás quien por el rey te oiga. ¡Quién me pusiera a mí por juez de la tierra, para que viniesen a mí cuantos tienen algún pleito o algún negocio, y yo les haría justicia!” Y cuando alguno quería postrarse ante él, él le tendía la mano, le cogía y le besaba. De esta suerte obraba Absalón con todos los israelitas que venían al rey en demanda de justicia, y así robaba el corazón de Israel. Al cabo de cuatro años dijo Absalón al rey: “Te ruego que me permitas ir a Hebrón, a cumplir un voto que he hecho a Yahvé;" porque cuando tu siervo estaba en Guesur, en Siria, prometí: Si Yahvé me vuelve a Jerusalén, sacrificaré a Yahvé.” El rey le dijo: “Ve en paz”; y él se levantó y se fue a Hebrón." Absalón mandó mensajeros por todas las tribus de Israel, diciendo: “Cuando oigáis sonar la trompeta, gritad: Absalón reina en Hebrón.” De Jerusalén fueron con Absalón doscientos hombres invitados, con corazón sencillo, que nada sabían. También mandó llamar Absalón a Ajitofel, guilonita, del consejo de David, a su ciudad de Güilo, que estuvo con él mientras hacía sus sacrificios. La conjuración iba creciendo, y llegó a ser grande, pues iban aumentando los secuaces de Absalón. Vinieron a avisar a David, diciendo: “Todo Israel se va tras Absalón.” Entonces David dijo a todos sus servidores, que estaban con él en Jerusalén: “Levantaos y huyamos, porque no podríamos escapar delante de Absalón. Daos prisa a salir, no sea que nos sorprenda él y eche sobre nosotros el mal, y pase la ciudad a filo de espada.” Los servidores le dijeron: “Tus siervos están dispuestos a hacer cuanto mande el rey nuestro señor.” Partióse, pues, el rey a pie, seguido de toda su familia” dejando diez concubinas al cuidado de la casa. El rey salió con toda su gente a pie, y se detuvieron en una casa alejada. Todos sus servidores iban a sus lados; los cereteos, los feleteos y las gentes de Itaí, jeteo, en número de seiscientos, que desde Gat le habían seguido, marchaban a pie delante del rey." El rey dijo a Itaí el jeteo: “¿Por qué has de venir tú también con nosotros? Vuélvete y quédate con el rey, pues tú eres un extranjero y estás fuera de tu tierra sin domicilio. Ayer llegaste, ¿y voy a hacerte hoy errar con nosotros, cuando ni yo mismo sé siquiera adonde voy? Vuélvete y lleva contigo a tus hermanos, y Yahvé use contigo de gracia y de verdad. Pero Itaí respondió al rey, diciendo: “Vive Dios, y vive mi señor el rey, que donde mi señor esté, vivo o muerto, allí estará tu siervo.” Entonces dijo David a Itaí: “Ven y pasa”; y pasó Itaí, jeteo, con toda su gente y su familia." Todos iban llorando en alta voz, y pasaron el torrente de Cedrón el rey y todo el pueblo, siguiendo el camino del olivar que se halla en el desierto. Iban también Sadoc y Abiatar, y con ellos todos los levitas, que llevaban el arca de la alianza de Dios. Detuviéronse con el arca de la alianza de Dios hasta que toda la gente se hubo salido de la ciudad. Entonces dijo el rey a Sadoc y a Abiatar: “Volved el arca de Dios a la ciudad y quédese en su lugar. Si hallo gracia a los ojos de Yahvé, El me volverá a traer y me hará volver a ver el arca y el tabernáculo. Pero si El dice: No me complazco en ti, aquí me tiene, haga El conmigo lo que bien le parezca.” Y siguió diciendo a Sadoc: “Tú y Abiatar volveos en paz a la ciudad con Ajimas, tu hijo, y con Jonatán, hijo de Abiatar. Vayan vuestros dos hijos con vosotros. Yo esperaré en las llanuras del desierto hasta que me llegue de vosotros algún aviso.” Volviéronse entonces Sadoc y Abiatar a Jerusalén, llevando el arca de Dios, y se quedaron allí. Subía David la pendiente del monte de los Olivos, y subía llorando, cubierta la cabeza y descalzos los pies. También cuantos le seguían cubriéronse todos la cabeza, y subían llorando. Dieron aviso a David de que Ajitofel estaba entre los conjurados, y dijo David: “Confunde, ¡oh Yahvé! el consejo de Ajitofel.” Cuando llegó David a la cumbre, donde se adora a Yahvé, llegó ante él Cusaí el arquita, amigo de David, rasgadas las vestiduras y cubierta de polvo la cabeza, y le dijo David: “Si vienes eonmigo, me serías una carga;" si, por el contrario, te vuelves a la ciudad y dices a Absalón: ¡Oh rey, siervo tuyo soy; como he servido a tu padre, así te serviré a ti! podrás confundir el consejo de Ajitofel en favor mío;" tendrás contigo a los sacerdotes Sadoc y Abiatar y podrás comunicarles cuanto sepas de la casa del rey. Y como tendrán consigo a sus dos hijos, Ajimas, hijo de Sadoc, y Jonatán, hijo de Abiatar, por ellos podréis informarme de lo que sepáis.” Cusaí, amigo de David, se tornó a la ciudad cuando Absalón hacía su entrada en ella. Cuando David hubo traspuesto la cumbre, Siba, el siervo de Mefibaal, vino a él con dos asnos aparejados y cargados de doscientos panes, cien colgajos de uvas pasas y un pellejo de vino;" y dijo el rey a Siba: “¿Qué es esto?” Y Siba respondió: “Los asnos son para la familia del rey, para que monte en ellos; los panes y las tortas de higos y las pasas, para que coman; y el vino, para que beban los que desfallezcan en el desierto.” El rey le preguntó: “¿Con quién está el hijo de tu amo?”; y Siba respondió: “Se ha quedado en Jerusalén, diciendo: Hoy me devolverá la casa de Israel el reino de mi padre.” Y el rey dijo a Siba: “Tuyo será cuanto fue de Mefibaal.” Siba respondió: “Que halle yo gracia a los ojos del rey, mi señor.” Cuando llegó el rey a Bajurim, salióle al encuentro un hombre de los de la casa de Saúl, de nombre Semeí, hijo de Güera, que se adelantó profiriendo maldiciones y tirando piedras a David y a los servidores de David, aunque iban los hombres de guerra a la derecha y a la izquierda del rey. Semeí decía maldiciendo: “¡Vete, vete, hombre sanguinario y malvado Yahvé hace recaer sobre tu cabeza toda la sangre de la casa de Saúl, cuyo reino has usurpado, y ha entregado tu reino en manos de Absalón, tu hijo. Te ha dado lo que tú mereces, porque eres un hombre sanguinario.” Entonces Abisaí, hijo de Sarvia, dijo al rey: “¿Cómo se atreve ese maldito perro muerto a maldecir al rey? Déjame, te ruego, que vaya a cortarle la cabeza”;" pero el rey le respondió: “¿Qué tenéis que ver conmigo, hijos de Sarvia? Dejadle que maldiga, que si Yahvé le ha dicho: Maldice a David, ¿quién va a decirle: Por qué lo haces?” David dijo a Abisaí y a todos sus seguidores: “Ya veis que mi hijo, salido de mis entrañas, busca mi vida; con mucha más razón ese hijo de Benjamín. Dejadle maldecir, pues se lo ha mandado Yahvé." Quizá Yahvé mirará mi aflicción y me pagará con favores las maldiciones de hoy.” Y David y sus gentes prosiguieron su camino, mientras iba Semeí por el lado del monte, detrás de David, sin dejar de maldecirle y tirarle piedras y tierra. El rey y los que con él iban llegaron extenuados, y descansaron allí. Cuando Absalón, llevando con él a Ajitofel, entró en Jerusalén con todo el pueblo, los hombres de Israel, Cusaí el arquita, amigo de David, vino a su encuentro, diciendo: “I Viva el rey, viva el rey!” Absalón dijo a Cusaí: “¿Es ese el pago que das a tu amigo? ¿Por qué no te has ido con tu amigo?” Cusaí dijo a Absalón: “No, yo soy de aquel a quien Yahvé y todo su pueblo, todos los hombres de Israel, han elegido, y con ése quiero estar. Por lo demás, ¿a quién voy a servir? ¿No es a un hijo suyo? Como servía a tu padre, así te serviré a ti.” Absalón dijo a Ajitofel: “Tened consejo para ver lo que conviene hacer”;" y Ajitofel dijo a Absalón: “Entra a las concubinas que tu padre ha dejado al cuidado de la casa, y así sabrá todo Israel que has roto del todo con tu padre, y se fortalecerán las manos de cuantos te siguen. Levantóse, pues, para Absalón una tienda en la terraza, y entró a las concubinas de su padre a los ojos de todo Israel. Consejo que daba Ajitofel era mirado como si fuera palabra de Yahvé; tal era la confianza que el consejo de Ajitofel inspiraba lo mismo a David que a Absalón." Ajitofel dijo a Absalón: “Voy a elegir doce mil hombres para salir esta noche en persecución de David, y cargaré sobre él cuando esté cansado y flaco de fuerzas; le atemorizaré, y cuantos le siguen huirán, y heriré al rey solo." y haré que vengan a ti todos sus partidarios, el pueblo todo, como viene la novia a su novio. Es el alma de un solo hombre la que tú buscas, y todo el pueblo quedará en paz.” Agradó este consejo a Absalón y a todos los ancianos de Israel;" pero Absalón dijo: “Llamad a Cusaí el arquita y sepamos su parecer.” Vino Cusaí a Absalón, y Absalón le dijo: “Esto ha dicho Ajitofel. ¿Hemos de hacer lo que él dice? Si no, habla tú.” Y Cusaí respondió a Absalón: “Por esta vez el consejo de Ajitofel no es bueno.” Tú sabes bien que tu padre y sus gentes son unos valientes, y exasperarlos sería co*no si en el campo a una osa le arrebataran su cría, o como un jabalí enfurecido en el desierto. Tu padre es hombre de guerra, y seguramente no pasará la noche entre los suyos. De cierto que estará escondido en alguna caverna o en otro lugar, y si a los comienzos cayeran algunos de los tuyos, los que lo oyeran seguramente dirían: Han sido derrotados los secuaces de Absalón;" y entonces aun el valiente cuyo corazón sea como el corazón de un león desmayaría, porque todo Israel sabe que tu padre es un valiente, y que son valientes también los que con él están. Aconsejóte, pues, que reúnas a todo Israel, desde Dan hasta Berseba, en muchedumbre como las arenas que están a la orilla del mar, y que tú en persona vayas a darle la batalla. Entonces le atacaremos dondequiera que esté, y daremos sobre él como rocío que cae sobre la tierra, y no dejaremos ni uno de cuantos con él están. Y si se acogiere a la ciudad, todos los de Israel llevarán allá cuerdas, y la arrastraremos al arroyo, hasta no quedar en ella piedra sobre piedra. Entonces Absalón y todos los de Israel dijeron: “El consejo de Cusaí el arquita es mejor que el de Ajitofel”; porque había dispuesto Yahvé frustrar el acertado consejo de Ajitofel para traer Yahvé el mal sobre Absalón." Dijo luego Cusaí a Sadoc y a Abiatar, sacerdotes: “Esto y esto ha aconsejado Ajitofel a Absalón y a los ancianos de Israel y esto y esto aconsejé yo. Enviad, pues, inmediatamente a dar aviso a David, diciendo: “No te quedes esta noche en el campo del desierto; pasa en seguida, para que no sea destruido el rey con todos los que le siguen.” Jonatán y Ajimas estaban junto a la fuente de Roguel, porque no podían dejarse ver viniendo a la ciudad; y allá fue una sierva para darles aviso y que ellos lo hicieran luego llegar al rey David." Viólos, sin embargo, un mozo, que dio cuenta de ello a Absalón; pero ellos se apresuraron y llegaron a la casa de un hombre de Bajurim que tenía un pozo en el patio, y en él se metieron." Tomó la mujer una manta y cubrió con ella la boca del pozo, poniendo sobre ella el grano trillado, y así nadie pudo percatarse de la cosa. Llegaron los seguidores de Absalón a la casa de la mujer y le preguntaron: “¿Dónde están Ajimas y Jonatán?” Y la mujer respondió: “Ya han pasado el arroyo.” Y, aunque los buscaron, no los hallaron y se volvieron a Jerusalén. Cuando se hubieron ido, salieron del pozo y fuéronse luego a dar el aviso a David, diciéndole: “Pasad luego el vado, porque Ajitofel ha dado este consejo contra vosotros.” Levantóse entonces David con todo el pueblo que con él estaba, y pasaron el Jordán, y al alba no quedaba uno que no hubiera pasado el Jordán. Ajitofel, viendo que no se había seguido su consejo, aparejó su asno, levantóse, se fue a su casa de la ciudad y, después de tomar disposiciones acerca de su casa, se ahorcó, y, muerto, fue sepultado en el sepulcro de su padre. Llegó David a Majanaím, y Absalón pasó el Jordán con toda la gente de Israel. Absalón hizo jefe de su ejército a Amasa en vez de Joab. Era Amasa hijo de un varón ismaelita llamado Jitra, casado con Abigal, hija de Isaí, hermana de Sarvia, madre de Joab. Asentó su campo Israel con Absalón en tierra de Galaad;" y en cuanto llegó David a Majanaím, Sobi, hijo de Najas, de Raba, de los hijos de Amón, y Maquir, hijo de Amiel, de Lodabar, con Barzilai, galadita, de Roguelim, trajeron a David y a la gente que con él estaba camas, alfombras, calderas y vasijas de barro, trigo, cebada y harina, grano tostado, habas, lentejas y legumbres tostadas, miel, manteca, ovejas y quesos de vaca, y ofrecieron todo esto a David y a los que con él estaban para que comiesen, pues se dijeron: “Seguramente están hambrientos, fatigados y sedientos en el desierto.” David revistó las tropas y puso al frente de ellas jefes de millares y de centenas;" una tercera parte, a las órdenes de Joab; una tercera, a las de Abisaí, hijo de Sarvia, hermano de Joab, y la otra tercera a las de Itaí el jeteo. El rey dijo a su gente: “Yo saldré también con vosotros.” Pero la gente respondió: “No, no salgas tú, porque, si somos vencidos, no importaría mucho aunque sucumbiéramos la mitad de nosotros. Pero tú, tú eres para nosotros como diez mil, y es mejor que puedas salir de la ciudad a socorrernos.” El rey respondió: “Haré como os parece.” Estúvose el rey cerca de la puerta, mientras por grupos de mil y de ciento salía la gente, y dio esta orden a Joab, a Abisaí y a Itaí: “Preservad por amor mío la vida del joven Absalón”; y todo el pueblo oyó esta orden que dio David a todos los jefes." Salió, pues, la gente al campo contra Israel y trabóse la batalla en los bosques de Efraím. Allí sucumbió el pueblo de Israel ante los seguidores de David y se hizo una gran matanza, de veinte mil hombres. Dispersóse la gente por toda aquella tierra, y fueron más los que devoró el bosque que los que aquel día hirió la espada. Al encontrarse Absalón con las gentes de David, iba montado en un mulo; y al pasar en el mulo debajo de una encina muy grande y copuda, quedó aprisionada su cabeza entre las ramas de la encina, quedando colgado entre el cielo y la tierra, mientras el mulo en que iba montado escapaba." Vio esto uno, y le dijo a Joab: “He visto a Absalón pendiente de una encina.” Joab le dijo: “¿Y por qué no le echaste a tierra, y yo te hubiera regalado diez siclos de plata y un talabarte?” Pero aquel hombre le dijo: “Aunque me pesaras mil de plata, no pondría yo la mano sobre el hijo del rey, pues bien oímos todos que a ti, a Abisaí y a Itaí os dijo el rey: “Guardadme a Absalón.” Además, haría yo traición a mi vida, pues al rey nada se le esconde, y tú mismo testificarías contra mí.” Joab le dijo entonces: “No será así, yo mismo le atravesaré delante de ti”; y cogiendo tres dardos en sus manos, se los clavó en el corazón a Absalón, que todavía vivía, pendiente de la encina." Cercáronle luego diez mozos, escuderos de Joab, que hirieron a Absalón, acabándole. Entonces tocó Joab la trompeta, y el pueblo cesó en la persecución de Israel, porque Joab dio esta orden;" y cogiendo a Absalón, echáronle en un gran hoyo en el bosque y lo cubrieron con un gran montón de piedras, e Israel huyó cada uno a su casa. Habíase alzado Absalón en vida un monumento en el valle del rey, diciendo: “Para que se conserve la memoria de mi nombre, pues que no tengo hijos,” y dio al monumento su nombre, y así se llama hoy todavía el cipo de Absalón. Ajimas, hijo de Sadoc, dijo: “Déjame correr al rey para darle la noticia de que Yahvé le ha hecho justicia de las manos de sus enemigos.” Joab le dijo: “No le llevarás hoy tú la noticia, ya se la llevarás otra vez; pero no lo hagas hoy, pues que ha muerto el hijo del rey.” Y Joab dijo a un cusita: “Ve y anuncia al rey lo que has visto.” El cusita se prosternó ante Joab y corrió. Ajimas, hijo de Sadoc, dijo, a pesar de todo, a Joab: “Ocurra lo que ocurra, déjame que corra tras el eusita.” Y Joab le dijo: “¿Por qué te empeñas en correr a él, hijo mío? Este mensaje no te aprovecharía.” “Ocurra lo que ocurra, yo voy,” repuso Ajimas, y Joab le respondió: “Ve.” Ajimas corrió por el camino de la Hoya y se adelantó al cusita. Estaba David sentado entre las dos puertas. El centinela que estaba en la torre sobre la puerta alzó los ojos y miró, y vio al hombre que corría solo hacia la ciudad, y gritó para advertir al rey. El rey dijo: “Si viene solo, es que trae buenas noticias.” En tanto el hombre siguió acercándose hacia la ciudad, y el centinela descubrió al otro que corría también, y gritó del lado de la puerta: “Otro que corre solo.” El rey dijo: “Es que también trae buenas noticias.” El centinela dijo: “Por el modo de correr, el primero me parece Ajimas, hijo de Sadoc.” Y el rey dijo: “Es hombre de bien, seguramente trae buenas noticias.” Ajimas, gritando, dijo al rey: “IVictoria!” Prosternóse luego ante el rey, rostro en tierra, y dijo: “Bendito Yahvé, tu Dios, que ha entregado a los que alzaban su mano contra mi señor el rey.” El rey preguntó: “Y el joven Absalón, ¿está bien?” Ajimas respondió: “Yo vi un gran alboroto cuando Joab envió al rey tu siervo, pero no pude saber lo que pasaba.” Y el rey le dijo: “Pasa y ponte allí.” Pasó él y se paró. Llegó luego el cusita y dijo: “Recibe, ¡oh rey, mi señor! la nueva de que ha defendido Yahvé hoy tu causa contra todos los que se alzaron contra ti.” Y el rey preguntó al cusita: “Y el joven Absalón, ¿está bien?” Y el cusita respondió: “Que lo que es de ese mozo sea de los enemigos de mi señor el rey y de todos cuantos para mal se alcen contra ti.” -- Turbóse entonces el rey, y, subiendo a la estancia que había sobre la puerta, lloraba y decía: “¡ Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío! ¡Hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que fuera yo el muerto en vez de ti! ¡Absalón, hijo mío, hijo mío!” Dijeron a Joab: “El rey llora a su hijo y se lamenta”“ La victoria se trocó aquel día en luto para todo el pueblo, porque todos supieron que el rey estaba afligido por la muerte de su hijo;" y la gente entró en la ciudad calladamente, como entra avergonzado el ejército que huye de la batalla. El rey, cubriendo el rostro, gemía: “¡Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío Absalón! ¡Hijo mío!” Entró Joab en casa del rey y le dijo: “Hoy has llenado de confusión a todos tus siervos, que han salvado tu vida y la vida de tus hijos y tus hijas, la de tus mujeres y tus concubinas. Amas a los que te aborrecen y aborreces a los que te aman, pues has demostrado hoy que nada te importan tus príncipes y tus siervos, y que, si viviera Absalón, aunque todos nosotros hubiéramos muerto, estarías contento. Levántate, pues, y sal fuera y habla con el corazón a los que te siguen; pues, de lo contrario, por Yahvé juro que, si no sales, ni uno quedará esta noche contigo; y te habrá de pesar de esto más que de cuantos males han venido sobre ti desde tu mocedad hasta ahora.” Levantóse el rey, se sentó a la puerta, y todo el pueblo se enteró de que el rey estaba sentado a la puerta, y todos vinieron ante el rey a la puerta. Los de Israel habían huido cada uno a su casa. Todo el pueblo, en todas las tribus de Israel, se acusaba diciendo: “El rey nos ha librado de la mano de nuestros enemigos; nos ha salvado del poder de los filisteos y ahora ha tenido que huir de la tierra por miedo a Absalón;" y Absalón, a quien habíamos ungido nosotros, ha muerto en la batalla. ¿Por qué, pues, no tratáis de hacer volver al rey?” El rey David mandó quien dijera a Sadoc y a Abiatar, sacerdotes: “Hablad a los ancianos de Judá y decidles: ¿Vais a ser vosotros los últimos en volver al rey a su casa?” Pues lo que por todo Israel se decía había llegado a la casa del rey. “Vosotros sois mis hermanos, sois hueso mío y carne mía. ¿Por qué, pues, habréis de ser los últimos en volver al rey a su casa? Decid asimismo a Amasa: ¿No eres tú también hueso mío y carne mía? Esto me haga Dios y esto me añada si no te hago jefe de mi ejército para siempre en lugar de Joab.” Inclinóse el corazón de todos los de Judá, para que como un solo hombre mandasen a decir al rey: “Vuelve con todos tus servidores.” Volvióse, pues, el rey, y, llegado al Jordán, vino Judá a Caígala a recibir al rey y acompañarle en el paso del Jordán. Semeí, hijo de Cuera, hijo de Benjamín, que era de Ba-jurim, apresuróse a venir con los hombres de Judá a recibir al rey David, trayendo consigo mil hombres. Asimismo Siba, siervo de la casa de Saúl, con sus quince hijos y sus veinte siervos, que pasaron el Jordán antes que el rey. Se dispusieron a hacer pasar la familia del rey y a hacer lo que bien le pareciera. Semeí, hijo de Güera, se echó a los pies del rey en el momentó en que el rey iba a pasar el Jordán y le dijo: “Qué mi señor no me impute la iniquidad y olvide las ofensas de su siervo el día en que mi señor salió de Jerusalén. ¡Oh rey! no atiendas a ellas, pues tu siervo reconoce que ha pecado, y hoy vengo el primero de toda la casa de José delante del rey mi señor.” Abisaí, hijo de Sarvia, tomó la palabra y dijo: “Pero ¿no va a morir Semeí por haber maldecido al ungido de Yahvé?” Mas David respondió: “¿Qué tenéis que ver conmigo, hijos de Sarvia? ¿Por qué habéis de oponeros hoy a mí? ¿Hoy va a morir nadie en Israel? ¿No soy yo hoy rey de Israel?” Y dijo a Semeí: “No morirás”; y se lo juró el rey." También bajó a recibir al rey Mefibaal, hijo de Saúl; no se había hecho el aseo de sus pies, de sus manos y de su bigote, ni había lavado sus vestidos desde el día en que el rey salió de Jerusalén hasta el día en que volvió en paz." Vino de Jerusalén a recibir al rey, y éste le dijo: “Mefibaal, ¿por qué no viniste conmigo?” Y él respondió: “Mi señor y rey, mi siervo me engañó, porque tu servidor le había dicho: Aparéjame la pollina y montaré en ella para ir con el rey — pues que tu siervo está rengo —, y él ha calumniado a tu siervo ante mi señor el rey; pero mi señor el rey, que es como un ángel de Dios, hará lo que bien le parezca;" pues todos los de la casa de mi padre no podían esperar de mi señor el rey otra cosa que la muerte, y” sin embargo, tú has puesto a tu siervo entre los que comen a tu mesa. ¿Qué derecho tengo yo a pedir nada al rey? El rey dijo: “¿Para qué tantas palabras? Ya lo he dicho: Tú y Siba os repartiréis las tierras.” Y Mefibaal dijo al rey: “Que las toma todas, ya que mi señor el rey ha vuelto a entrar en paz en su casa.” Barzilai el galadita bajó de Roguelim para acompañar al rey en el paso del río. Barzilai era muy viejo, tenía ya ochenta años y había proporcionado alimentos al rey durante su estancia en Majanaím, pues era hombre muy rico. El rey le dijo: “Vente conmigo y yo te mantendré durante tu vejez en Jerusalén.” Pero Barzilai respondió al rey: “¿Cuántos años voy a vivir yo, para ir con el rey a Jerusalén? Tengo ya ochenta años. ¿Puedo ya distinguir entre lo bueno y lo malo? ¿Puede tu siervo saborear lo que come y lo que bebe? ¿Puedo ya oír la voz de cantores y cantoras? ¿Y por qué tu siervo tiene que ser una carga para mi señor el rey? Tu siervo acompañará hasta un poco más allá del Jordán al rey. ¿Y por qué el rey me ha de conceder esta recompensa? Permite, te lo ruego, que tu siervo se vuelva, y muera yo en mi ciudad, cerca del sepulcro de mi padre y de mi madre. Pero ahí tienes a tu siervo Quimam; que vaya él con el rey mi señor, y haz por él lo que quieras.” El rey le dijo: “Que venga conmigo Quimam, y yo haré por él cuanto tú quieras, y todo cuanto tú me pidas, yo te lo concederé.” Cuando todo el pueblo hubo pasado el Jordán, lo pasó también el rey, y el rey abrazó a Barzilai y le bendijo, y Barzilai se volvió a su casa. Dirigióse luego el rey a Caígala, acompañado de Quimam y de todo el pueblo de Judá y la mitad de Israel, que escoltaban al rey. pero he aquí que todos los hombres de Israel se llegaron al rey y le dijeron: “¿Por qué nuestros hermanos los hombres de Judá te han secuestrado y han pasado por el Jordán al rey y su casa? ¿No son pueblo de David todas sus gentes?” Los hombres de Judá respondieron a los de Israel: “Es que el rey nos toca a nosotros más de cerca; ¿por qué os ha de enojar eso? ¿Hemos vivido nosotros a costa del rey? ¿Hemos recibido algo de él?” Los hombres de Judá respondieron a los de Israel: “Es que el rey nos toca a nosotros más de cerca; ¿por qué os ha de enojar eso? ¿Hemos vivido nosotros a costa del rey? ¿Hemos recibido algo de él?” [ (II Samuel 19:44) Los hombres de Israel respondieron a los de Judá: “Nosotros tenemos en el rey diez partes, y aún nos pertenece David más que a vosotros. ¿Por qué nos habéis hecho esta ofensa? ¿No hemos sido nosotros los primeros en proponer el restablecimiento del rey?” Y la contestación de los de Judá fue todavía más fuerte que la de los de Israel. ] Había allí un hombre perverso llamado Seba, hijo de Bicri, benjaminita, que se puso a tocar la trompeta, diciendo: “No tenemos nosotros parte con David ni heredad con el hijo de Isaí. ilsrael, a tus tiendas! ¡Cada uno a su casa!” Y se fueron de con David todos los hombres de Israel, siguiendo a Seba, hijo de Bicri. Pero los de Judá se adhirieron a su rey desde el Jordán hasta Jerusalén. Cuando llegó David a Jerusalén, tomo a las diez concubinas que había dejado al cuidado de su casa y las puso bajo guardia. Proveyó a su mantenimiento, pero no volvió a entrar a ellas, y encerradas estuvieron hasta el día de su muerte, viviendo como viudas. El rey dijo a Amasa: “Convócame para dentro de tres días a los hombres de Judá, y hállate tú también aquí presente.” Fue, pues, Amasa a reunir a Judá, pero se detuvo más del tiempo señalado;" y David dijo a Abisaí: “Seba, hijo de Bicri, va a hacernos ahora más mal que Absalón. Toma, pues, a los siervos de tu señor y ve tras él, no sea que se acoja a las ciudades fuertes y se escape de nuestra vista.” Marcharon con Abisaí las gentes de Joab, los cereteos y feleteos y todos los valientes, y, saliendo de Jerusalén, fueron tras Seba, hijo de Bicri. Cuando llegaron a la gran piedra que hay en Gabaón, les salió al encuentro Amasa. Iba Joab vestido de una túnica, y sobre ella llevaba ceñida a sus lomos una espada en su vaina, y, según avanzó, se cayó de ella la espada. Joab dijo a Amasa: “¿Estás bien, hermano?”; y con la mano derecha tomó a Amasa de la barba, como para besarle." Amasa no hizo atención a la espada que tenía Joab en la mano, y éste le hirió con ella en el vientre, echándole a tierra las entrañas, sin repetir el golpe. Amasa murió. Después Joab y Abisaí, su hermano, fueron en seguimiento de Seba, hijo de Bicri. Uno de los servidores de Joab se quedó junto a Amasa, y decía: “Los de Joab, los de David, que sigan tras Joab.” Amasa, bañado en sangre, yacía en el camino. Viendo aquel hombre que todos se paraban, apartó a Amasa del camino, lo llevó al campo y echó sobre él una cubierta, porque vio que cuantos venían se paraban junto a él. Una vez apartado del camino, iban ya todos tras Joab, en seguimiento de Seba, hijo de Bicri. -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- Hubo en tiempo de David un hambre que duró tres años continuos; y David consultó a Yahvé, que le respondió: “Es por la casa de Saúl y por la sangre que hay sobre ella, por haber hecho perecer a los gabaonitas.” El rey llamó a los gabaonitas y les dijo: “Los gabaonitas no eran de los hijos de Israel; eran un resto de los amorreos, con el cual estaban los hijos de Israel ligados con juramento; y, sin embargo, Saúl había procurado extinguirlos, por celo de los hijos de Israel y de Judá.” Dijo, pues, David a los gabaonitas: “¿Qué queréis que os haga para expiaros y que bendigáis a la heredad de Yahvé?” Los gabaonitas le dijeron: “Nuestra querella con Saúl y su casa no es cuestión de plata y oro, ni pretendemos que muera nadie en Israel” “Y él preguntó: “Decid, pues, lo que queréis, para que yo lo haga.” Ellos respondieron al rey: “Aquel hombre nos destruyó y quería exterminarnos, haciéndonos desaparecer de toda la tierra de Israel;" que se nos entreguen siete de sus hijos para que nosotros los colguemos ante Yahvé en Gabaón, en el monte ante Yahvé.” El dijo: “Os los entregaré.” No entregó el rey a Mefibaal, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, por el juramento de Yahvé que habían hecho entre sí David y Jonatán, hijo de Saúl. -- Y tomó el rey a los dos hijos que Risfa, hija de Aya, había dado a Saúl, Armoni y Mefibaal, y a los cinco hijos que Merab, hija de Saúl, había dado a Adriel, hijo de Barzilai, de Abel Me-jola, y se los entregó a los gabaonitas, que los colgaron en el monte ante Yahvé. Todos siete murieron juntos en los primeros días de la cosecha, al comienzo de la siega de las cebadas. Risfa, hija de Aya, tomando un saco, se lo tendió sobre la tierra, y estuvo desde el comienzo de la cosecha de las cebadas hasta que sobre ellos cayeron del cielo las aguas de la lluvia, espantando durante el día a las aves del cielo y durante la noche a las bestias del campo. Dieron noticia a David de lo que había hecho Risfa, hija de Aya, concubina de Saúl;" y fue David a recoger los huesos de Saúl y los de Jonatán, su hijo, a la ciudad de Jabes, en Galaad, cuyos habitantes los habían tomado de los muros de Betsán, donde los habían colgado los filisteos después de derrotar a Saúl en Gelboé. Llevó de allí los huesos de Saúl y los de Jonatán, su hijo, y tomo también los de los que habían sido colgados;" y fueron enterrados los huesos de Saúl y de su hijo Jonatán y los de los que habían sido colgados, en tierra de Benjamín, en Sela, en el sepulcro de Quis, padre de Saúl, cumpliéndose las órdenes del rey. Después de esto se apiadó Yahvé de la tierra. -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- Mi escudo, el cuerno de mi salvación, mi inaccesible asilo, mi salvador de la violencia. Yo invoqué, alabándole, a Yahvé y quedé a salvo de mis enemigos. Ya me rodeaban con estrépito las olas de la muerte, ya me aterrorizaban los torrentes del averno, ya me aprisionaban las ataduras del sepulcro, ya me habían cogido los lazos de la muerte, y en mi angustia invocaba a Yahvé, imploraba el auxilio de mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, mi clamor llegó a sus oídos. Conmovióse y tembló la tierra, vacilaron los fundamentos de los montes y se estremecieron, porque se airó contra ellos. Subía de sus narices el humo de su ira, y de su boca fuego abrasador, carbones encendidos por él. Y abajó los cielos y descendió, negra obscuridad tenía bajo sus pies. Subió sobre los querubines y voló, voló sobre las alas de los vientos. Puso en derredor suyo tinieblas por velo. Se cubrió con calígine acuosa y densas nubes. Ante su resplandor se deshicieron sus nubes. En granizo y centellas de fuego. Tronó Yahvé desde los cielos, el Altísimo hizo resonar su voz, lanzó sus saetas y los desbarató, fulminó sus muchos rayos y los consternó. Y aparecieron arroyos de aguas, y quedaron al descubierto los fundamentos del orbe ante la increpadora ira de Yahvé, al resoplido del huracán de su furor. Extendió su mano desde lo alto y me tomo, me sacó de la muchedumbre de las aguas, me arrancó de mi feroz enemigo, de los que me aborrecían y eran más fuertes que yo. Querían asaltarme en día fatal para mí. Pero fue Yahvé mi fortaleza, y me puso en seguro,salvándome, porque se agradó de mí. Remunerábame Yahvé conforme a mi justicia, según la pureza de mis manos me pagaba, pues yo había seguido los caminos de Yahvé y no me había impíamente apartado de mi Dios. Tenía ante mis ojos todos sus mandatos y no rehuía sus leyes, sino que fui íntegro con él y me guardé de la iniquidad. Y me retribuyó Yahvé conforme a mi justicia y según la limpieza de mis manos ante sus ojos. Con el piadoso muéstrase piadoso, íntegro con el íntegro;" muéstrase limpio con el limpio y sagaz con el astuto. Tú salvas al humilde, pero humillas al soberbio. Tú haces lucir mi lámpara, ¡oh Yahvé!; mi Dios, ilumina mis tinieblas." Ciertamente, fiado en ti, soy capaz de romper ejércitos; fiado en mi Dios asalto murallas." Es perfecto el camino de Dios, la palabra de Yahvé es acrisolada. Es el escudo de cuantos a él se acogen. ¿Qué Dios hay fuera de Yahvé? ¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios? El Dios fuerte que me ciñó de fortaleza y prosperó mis caminos, que me dio pies como de ciervo y me puso sobre las alturas, que adiestró mis manos para la lucha y mis brazos para tender el arco. Me entregaste tu escudo salvador, tu diestra me fortalecía me hacías correr a largos pasos, sin que se cansaran mis pies. Perseguía a mis enemigos y los alcanzaba, y no me volvía sin haberlos desbaratado. Los machacaba, sin que pudieran levantarse; caían bajo mis pies." Me ceñiste de fortaleza para la guerra, sometiste a los que se alzaban contra mí, obligaste a mis enemigos a darme las espaldas y reducías al silencio a los que me odiaban. Vociferaban, pero no había quien los socorriese; a Yahvé, pero El no los oía." Y los dispersaba como el polvo lo dispersa el viento, y como al lodo de las plazas los pulverizaba. Me libraste de las sediciones del pueblo, me pusiste por cabeza de gentes. Pueblos que no conocía me servían. Los extraños me halagaban, obedécenme con diligente oído;" los extraños desfallecieron y salen temblando de sus refugios. Viva Yahvé y bendito sea su nombre! Ensalzado sea el Dios, mi salvador. El es el Dios que me otorga la venganza, el que me somete los pueblos, el que me libra de mis enemigos, el que me hace superar a los que se alzan contra mí, el que me libra del hombre violento;" por eso le daré gracias, ¡oh Yahvé! ante las gentes y cantaré yo salmos en tu honor. El que da grandes victorias a su rey, el que hace misericordia a su ungido, David, y a su descendencia por la eternidad.” Estas son las últimas palabras de David: “Oráculo de David, hijo de Isaí. Oráculo del hombre puesto en lo alto, del ungido del Dios de Jacob, del dulce cantor de Israel. El espíritu de Yahvé habla por mi y su palabra está en mis labios. Ha hablado el Dios de Jacob. La Roca de Israel me ha dicho: Un justo dominador de los hombres, dominador en el temor de Dios, como la luz de la mañana cuando se levanta el sol en una mañana sin nubes. A sus rayos, después de la lluvia yérguese la hierba de la tierra. ¿No es así mi casa para con Dios? Porque El ha hecho conmigo una eterna alianza, en todo ordenada y que será cumplida. El hará germinar toda mi salud y todo su buen deseo, mientras que los impíos serán todos como espinas del desierto, que nadie toca con sus manos. El que las junta se arma de un hierro o de un asta de lanza y son luego arrojadas al fuego.” He aquí los nombres de los héroes de David: Jesbaal, jacamonita, era el primero de los tres; éste desnudó su espada contra ochocientos hombres y los derrotó de un solo ímpetu." Después de éste, Eleazar, hijo de Dodó, ajojita; era uno de los tres más valientes que estaban con David en Pas Damim cuando los filisteos presentaron allí batalla, y, huyendo los de Israel," se quedó él a pie firme, blandiendo su espada, hasta que se le cansó la mano y se le quedó pegada a ella la espada, consiguiendo aquel día Yahvé una gran victoria, pues el pueblo se tornó a donde estaba Eleazar, pero sólo tuvo que recoger los despojos, Después de él, Sama, hijo de Ela, jaradita. Habíanse concentrado los filisteos en Lejí, en un lugar donde había un trozo de terreno sembrado de lentejas, y el pueblo iba huyendo ante los filisteos;" Sama se puso en medio del campo aquel, lo defendió y derrotó a los filisteos, obrando Yahvé por él una gran victoria.” Estos tres, los más valientes de los treinta, habían antes bajado al tiempo de la cosecha a reunirse con David en la caverna de Odulam, mientras acampaba una tropa de filistec en el valle de Refaím. Estaba entonces David en la fortaleza y los filisteos tenían guarnición en Belén. Se le antojó a David decir: “¡Quién me diera poder beber agua de la cisterna q está a la puerta de Belén!” Y luego los tres valientes, atravesando el campamento de los filisteos, tomaron agua de la cisterna de Belén y se la llevaron a David; pero David no la bebió e hizo con ella una libación a Yahvé, diciendo:" “Lejos de mí, ¡oh Yahvé! hacer tal cosa. ¿No sería beber la sangre de estos hombres, que con peligro de su vida han ido a buscarla?” Y se negó a bebería. Esto hicieron los tres valientes. Abisaí, hermano de Joab, hijo de Sarvia, era el jefe de los treinta. Blandiendo su lanza contra trescientos hombres, los derrotó, y adquirió gran renombre entre los treinta, Era el más considerado entre los treinta y jefe de ellos, pero no igualaba a los tres. Banayas, hijo de Joyada, hombre valiente y hazañoso, de Cabsel. Este mató a los dos Ariel, de Moab, y, bajando a una cisterna en un día de nieve, mató en ella a un león. También mató a un egipcio de gran talla que blandía una lanza; acometiéndole con un palo, le arrancó de las manos la lanza y con su propia lanza le mató." Esto hizo Banayas, hijo de Joyada, de fama entre los treinta y glorioso entre ellos, pero que no llegaba tampoco a los tres. Hízole David jefe de su guardia. Azael, hermano de Joab, era de los treinta; también Eljanán, hijo de Dodó, de Belén;" Sama, de Jarod; Elica, de Jarod;" Jeles, de Bet Paltí; Ira, hijo de Iques, de Tecua;" Abiezer, de Anatot; Mebonai, jusatita;" Selmón, ajojita; Marai, de Netofat;" Jeleb, hijo de Baña, de Netofat; Itai, hijo de Ribai, de Gueba, de los hijos de Benjamín;" Banaya, de Paratón; Edi, de los valles de Gas;" Abi Albón, del Araba; Azmavet, de Barjum;" Eliajba, de Salabona; Jasen, de Guní;" Jonatán, de Sama, arodita; Ajiam, hijo de Sarar, arodita;" Elifelet, hijo de Ajasbai, ma-catita; Eliam, hijo de Ajitofel, de Guilón!" Jesra, de Carmel; Para, de Arba;" Jigal, hijo de Natán, y Soba, de Gad;" Selec, amonita; Najarai, de Betot, escudero de Joab, hijo de Sarvia;" Ira, jetrita; Gareb, jetrita;" Urías, jeteo. En total, treinta y siete. Volvió a encenderse el furor de Yahvé contra Israel, impulsando a David a que hiciera el censo de Israel y de judá. Dijo, pues, David a Joab, jefe de su ejército: “Recorre todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Berseba, y haz el censo del pueblo, para saber su número.” Joab dijo al rey: “Aumente Yahvé, tu Dios, el pueblo cien veces otro tanto como son y véalo mi señor el rey. Mas ¿para qué quiere esto mi señor el rey?” Pero prevaleció la orden del rey sobre Joab y sobre los jefes del ejército, y salió Joab, con los jefes del ejército, de la presencia del rey para hacer el censo del pueblo de Israel;" y pasado el Jordán, comenzaron por Aroer y la ciudad que está en medio del valle y por Gad hasta Jazer. Y fueron a Galaad y a la tierra de los jéteos, hasta Cades, y luego desde Dan hasta Sidón la grande;" fueron a la ciudad fuerte de Tiro y a todas las ciudades de los jeveos y cananeos, y, por fin, al Negueb de Judá, a Berseba. Cuando hubieron así recorrido toda la tierra, volvieron a Jerusalén al cabo de nueve meses y veinte días;" y Joab remitió al rey el rollo del censo del pueblo. Había en Israel ochocientos mil hombres de guerra que esgrimían la espada, y quinientos mil en Judá. David sintió latir su corazón cuando hubo hecho el censo del pueblo, y dijo a Yahvé: “He pecado gravemente al hacer esto. Ahora, ¡oh Yahvé! perdona, te ruego, la iniquidad de tu siervo, pues he obrado como un insensato.” Al día siguiente, cuando se levantó David, había llegado a Gad, profeta, el vidente de David, palabra de Yahvé, diciendo: “Ve a decir a David: Así habla Yahvé: Te doy a elegir entre tres cosas la que he de hacer yo a tu elección.” Vino Gad a David y se lo comunicó, diciendo: “¿Qué quieres: tres años de hambre sobre la tierra, tres meses de derrotas ante los enemigos que te persigan o tres días de peste en toda la tierra? Reflexiona, pues, y ve lo que he de responder al que me envía.” David respondió a Gad: “Estoy en una cruel angustia. Caigamos en las manos de Yahvé, cuya misericordia es grande; pero que no caiga yo en las manos de los hombres.” David escogió para sí la peste. Eran los días de la mies del trigo cuando la peste comenzó en el pueblo, y murieron, desde Dan a Bersabé, setenta mil hombres del pueblo. El ángel de Yahvé tendía ya su mano sobre Jerusalén para destruirla pero se arrepintió Yahvé del mal y dijo al ángel que hacía perecer al pueblo: “Basta; retira ya tu mano.” El ángel de Yahvé estaba cerca de la era de Areuna el jebuseo." A la vista del ángel que hería al pueblo, dijo David a Yahvé: “Yo he pecado; pero éstos, las ovejas, ¿qué han hecho? Caiga tu mano sobre mí y sobre la casa de mi padre.” Aquel día vino Gad a David y le dijo: “Sube y alza a Yahvé un altar en la era de Areuna el jebuseo.” Subió David, conforme a la orden de Gad, como se lo había mandado a éste Yahvé. Areuna, al mirar, vio al rey y a sus servidores que se dirigían hacia él, y, saliendo, se prosternó delante del rey, rostro a tierra, diciendo: “¿Cómo mi señor el rey viene a su siervo?” David respondió: “Vengo a comprarte esta era y a alzar en ella un altar a Yahvé, para que se retire la plaga de sobre su pueblo.” Areuna dijo a David: “Tómela mi señor y ofrezca cuantos sacrificios le plazca. Ahí están los bueyes para el holocausto; los trillos y los yugos darán la leña;" todo eso, ¡oh rey! se lo regala Areuna al rey. Que Yahvé, tu Dios, te sea favorable.” Pero el rey respondió a Areuna: “No; quiero comprártelo por precio de plata; no voy a ofrecer yo a Yahvé, mi Dios, holocaustos que no me cuestan nada.” Y compró David la era y los bueyes en cincuenta siclos de plata;" alzó allí el altar a Yahvé y ofreció holocaustos y sacrificios pacíficos. Así se aplacó Yahvé con su pueblo y cesó la plaga en Israel. Era ya viejo el rey David, entrado en años, y, por más que le cubrían con ropas, no podía entrar en calor. Dijéronle entonces sus servidores: “Que busquen para mi señor el rey una joven virgen que le cuide y le sirva; durmiendo en su seno, el rey mi señor entrará en calor.” Buscaron por toda la tierra de Israel una joven hermosa, y hallaron a Abisag, sunamita, y la trajeron al rey. Era esta joven muy hermosa y cuidaba al rey y le servía, pero el rey no la conoció. Adónías, hijo de Jaguit, había levantado sus pensamientos, y decía: “Yo reinaré.” Se había hecho con carros y caballos y cincuenta hombres que corrieran delante de él;" y su padre nunca se lo había reprochado, diciéndole: “¿Por qué haces eso?” Era, además, Adónías de hermosa presencia y había nacido después de Absalón. Se entendía con Joab, hijo de Sarvia, y con Abiatar, sacerdote, que se hicieron partidarios suyos;" pero el sacerdote Sadoc, Banayas, hijo de Joyada; Natán, profeta; Semeí, amigo de David; Reí y los valientes de David no le seguían." Inmoló Adónías ovejas, bueyes y becerros cebados junto a la piedra de Zojelet, que está al lado de En-Roguel, e invitó a todos sus hermanos y a todos los hombres de Judá que estaban al servicio del rey;" pero no invitó a Natán, profeta; ni a Banayas, ni a los valientes, ni a Salomón, su hermano." Entonces dijo Natán a Betsabé, madre de Salomón: “¿No sabes que Adónías, hijo de Jaguit, pretende reinar sin que nuestro señor David lo sepa? Ven, pues, y sigue ahora mi consejo, para que salves tu vida y la de tu hijo Salomón. Ve y entra al rey David y dile: ¡Oh rey, mi señor! ¿No has jurado tú a tu sierva, diciendo: Salomón, tu hijo, reinará después de mí, él se sentará sobre mi trono? ¿Cómo, pues, reina Adónías? Y mientras tú hablas con el rey, entraré yo detrás y confirmaré tus palabras.” Betsabé fue a la cámara del rey. Estaba ya muy viejo y le servía Abisag, la sunamita. Inclinóse y prosternóse ante el rey, que le preguntó: “¿Qué quieres?” Ella le respondió: “¡Oh señor! Tú has jurado a tu sierva por Yahvé, diciendo: “Salomón, tu hijo, reinará después de mí; él se sentará sobre mi trono;" y he aquí que Adonías se ha hecho rey sin que tú, mi señor, el rey, sepas nada. Ha inmolado bueyes, becerros cebados y ovejas en gran número, y ha invitado a todos los hijos del rey, a Abiatar, sacerdote; a Joab, jefe del ejército; pero no ha invitado a Salomón, tu siervo." En tanto, los ojos de todo Israel están puestos en ti, ¡oh rey! mi señor, esperando que tú declares quién es el que se ha de sentar sobre el trono del rey mi señor después de él;" pues de lo contrario, cuando el rey mi señor se duerma con sus padres, mi hijo Salomón y yo seremos detenidos por culpables.” Mientras todavía esta ba ella hablando con el rey, llegó Natán, profeta. Se lo anunciaron a David, diciendo: “Natán, profeta, está ahí.” Entró a la presencia del rey y se prosternó ante él, rostro a tierra, y dijo: “Oh rey mi señor! ¿Has dicho tú: Adonías reinará después de mí y se sentará sobre mi trono ? Porque hoy ha bajado y ha inmolado bueyes, becerros cebados y ovejas en gran número, y ha invitado a todos los hijos del rey, y a Joab, general del ejército, y al sacerdote Abiatar, que están comiendo y bebiendo con él y han dicho: ¡Viva Adonías rey! Pero ni me ha invitado a mí, tu siervo; ni al sacerdote Sadoc, ni a Banayas, hijo de Joyada; ni a Salomón, tu siervo." ¿Se ha hecho esto por voluntad del rey mi señor, sin dar a saber a tus siervos quién es el que se ha de sentar en el trono del rey mi señor después de él?” El rey David respondió: “Que venga Betsabé.” Entró ella y se puso ante el rey, y el rey hizo este juramento: “Vive Yahvé, que libró mi alma de toda angustia, que así como he jurado por Yahvé, Dios de Israel, diciendo: Salomón, tu hijo, reinará después de mí y se sentará en mi trono en lugar mío, ahora mismo lo haré.” Betsabé se inclinó rostro a tierra, prosternándose ante el rey, y dijo: “Viva por siempre mi señor el rey David.” Luego dijo el rey: “Que vengan Sadoc, sacerdote; Natán, profeta, y Banayas, hijo de Joyada.” Cuando estuvieron éstos en presencia del rey," El rey les dijo: “Tomad con vosotros a los servidores de vuestro señor, montad a mi hijo Salomón sobre mi mula y bajadle a Guijón. Allí el sacerdote Sadoc y Natán, profeta, le ungirán rey de Israel, y tocaréis las trompetas, gritando: ¡Viva el rey Salomón! Después volveréis a subir tras él y se sentará en mi trono para que reine en mi lugar, pues a él le instituyo jefe de Israel y de Judá.” Banayas, hijo de Joyada, respondió al rey: “Amén. Hágalo así Yahvé, el Dios de mi señor el rey, y como estuvo Yahvé con el rey mi señor, esté igualmente con Salomón y alce su trono sobre el trono de mi señor el rey David.” Bajó el sacerdote Sadoc con Natán, profeta; Banayas, hijo de Joyada; los cereteos y los feleteos, y, montando a Salomón sobre la mula de David, le llevaron a Guijón;" y tomando Sadoc, sacerdote, el cuerno de óleo del tabernáculo, ungió a Salomón al son de las trompetas, y gritó todo el pueblo: “¡Viva Salomón rey!” Después subió con él todo el pueblo, tocando las flautas y haciendo gran fiesta, y parecía retemblar la tierra con sus aclamaciones. Oyólo Adonías, así como sus invitados, cuando terminaba su banquete; y Joab, al oír el sonido de las trompetas, dijo: “¿Por qué con tanto estrépito se alborota la ciudad?” Todavía estaba él hablando, cuando llegó Jonatán, hijo del sacerdote Abiatar. Díjole Adonías: “Acércate, que tú eres un valiente, y de seguro traerás buenas nuevas.” Respondió Jonatán a Adonías: “De cierto que nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón. Ha enviado con él a Sadoc, sacerdote; Natán, profeta; Banayas, hijo de Joyada; los cereteos y feleteos; y le han hecho montar sobre la muía del rey;" y Sadoc, sacerdote, y Natán, profeta, le han ungido rey en Guijón, y de allí han subido con grandes muestras de júbilo, y toda la ciudad está en conmoción; ése es el alboroto que habéis oído." Ó Además, Salomón se ha sentado en el trono real, y los servidores del rey han ido a felicitar al rey David, diciendo: “Que haga tu Dios el nombre de Salomón más grande que el tuyo y eleve su trono sobre tu trono.” El rey mismo se prosternó en su lecho y habló así: “Bendito Yahvé, Dios de Israel, que ha hecho sentarse hoy sobre mi trono un sucesor de mi descendencia, viéndolo mis ojos.” Todos los convidados de Adonías se llenaron de miedo y, levantándose, fuéronse cada uno por su lado. Adonías, temiendo de Salomón, se levantó y fue al tabernáculo de Yahvé a tomarse de los cuernos del altar. Vinieron a decir a Salomón: “Adonías tiene miedo del rey Salomón y ha ido a tomarse de los cuernos del altar, diciendo: “Que el rey Salomón me jure hoy que no hará morir por la espada a su siervo.” Salomón respondió: “Si él se porta lealmente, ni uno de sus cabellos caerá a tierra; pero si algo malo trama, morirá.” Mandó, pues, Salomón gentes que le hicieron bajar del altar, y Adonías vino a postrarse ante el rey Salomón, que le dijo: “Vete a tu casa.” Llegaron los días de la muerte para David, y dio sus instrucciones a Salomón, su hijo, diciéndole: “Yo me voy por el camino de todos; esfuérzate, pues, y sé hombre." Sé fiel a Yahvé, tu Dios, marchando por sus caminos, guardando sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos como están escritos en la ley de Moisés, para que seas afortunado en cuanto hicieres y dondequiera que vayas;" de manera que cumpla Yahvé su palabra, la que a mí me ha dado, diciendo: Si tus hijos siguen su camino ante mí en verdad y con todo su corazón y toda su alma, no te faltará jamás un descendiente sobre el trono de Israel. Bien sabes también tú mismo lo que me ha hecho Joab, hijo de Sarvia; lo que hizo con los dos jefes del ejército de Israel, Abner, hijo de Ner, y Amasa, hijo de Jeter, que los mató, derramando en la paz la sangre de la guerra y manchando con la sangre inocente el cinturón que ceñía sus lomos y los zapatos que calzaban sus pies." Haz, pues, con él conforme con tu sabiduría y no dejes que sus canas bajen en paz a la morada de los muertos. Trata con benevolencia a los hijos de Barzilai el galadita y sean de los invitados a tu mesa, pues hicieron así bien conmigo cuando yo iba huyendo de Absa-lón, tu hermano. Ahí tienes también a Semeí, hijo de Güera, benjaminita, de Bajurim, que profirió contra mí violentas maldiciones el día que iba yo a Majanaím. Cuando luego me salió al encuentro al Jordán, yo le juré por Yahvé, diciendo: No te haré morir a espada. Pero tú no le dejes impune, pues, como sabio que eres, sabes cómo has de tratarle, y harás que con sangre bajen sus canas al sepulcro.” Durmióse David con sus padres y fue sepultado en la ciudad de David. El tiempo que reinó David sobre Israel fue de cuarenta años: siete años reinó en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén. Sentóse Salomón en el trono de David, su padre, y su reino quedó muy firme. Adonías, hijo de Jaguit, fue en busca de Betsabé, madre de Salomón. Ella le dijo: “¿Vienes de paz?” Y él respondió: “De paz.” El añadió: “Quisiera decirte una palabra.” “Habla,” le dijo ella. Y él dijo: “Tú sabes que el reino era mío y que todo Israel había puesto en mí los ojos para hacerme rey; pero el reino ha sido traspasado y dado a mi hermano, porque Yahvé se lo había destinado." Una sola cosa te pido ahora; no me la niegues.” Ella respondió: “Di.” Y él prosiguió: “Te pido que digas a Salomón, porque él no te lo negará, que me dé por mujer a Abisag la sunamita.” Betsabé dijo: “Bien; yo hablaré por ti al rey.” Betsabé fue a hablar a Salomón por Adonías, y el rey se levantó para salir a su encuentro, la besó, y, sentándose sobre su trono, hizo poner otro para de madre del rey y la sentó a su derecha. Ella le dijo entonces: “Tengo una cosita que pedirte; no me la niegues.” Y el rey la dijo: “Pide, madre mía, que yo no te negaré nada.” Ella le dijo: “Que le des por mujer a Adonías, tu hermano, Abisag la sunamita.” El rey Salomón preguntó a su madre: “¿Por qué pides tú para Adonías a Abisag la sunamita? Pide ya el reino para él, pues que es mi hermano mayor y tiene con él a Abiatar, sacerdote, y a Joab, hijo de Sarvia.” Y juró por Yahvé, diciendo: “Así me haga Yahvé y así me añada si no ha sido pronunciada contra su vida esta palabra de Adonías. Ahora, pues, vive Yahvé, que me ha confirmado y me ha establecido sobre el trono de David, mi padre, y me ha edificado mi casa, según su promesa, que hoy mismo morirá Adonías.” El rey Salomón mandó a Banayas, hijo de Jo-yada, que le hirió, y Adonías murió. Luego dijo el rey al sacerdote Abiatar: “Vete a tus tierras de Anatot. Tú merecías la muerte, pero yo no quiero hacerte morir ahora, por haber llevado el arca de Yahvé delante de David, mi padre, y porque participaste en los trabajos de mi padre.” Echó, pues, Salomón a Abiatar para que no fuese sacerdote de Yahvé, cumpliéndose así la palabra que había pronunciado Yahvé contra la casa de Helí en Silo. Llegaron estas noticias a Joab, que había seguido el partido de Adonías, aunque no había seguido el de Absalón, y se refugió en el tabernáculo de Yahvé, cogiéndose a los cuernos del altar. Dijeron a Salomón que Joab se había refugiado en el tabernáculo de Yahvé y estaba agarrado a los cuernos del altar; y Salomón mandó decir a Joab: ¿Qué sucedió para que huyeses al altar?” Y contestó Joab: “Es que he temido de ti y me he refugiado cerca del Señor.” Y Salomón mandó a Banayas, hijo de Joyada, diciendo: “Ve y hiérele.” Llegado al tabernáculo de Yahvé, Banayas dijo a Joab: “Así habla el rey: Sal.” Pero él respondió: “No; quiero morir aquí.” Banayas llevó al rey esta respuesta, diciendo: “Esto he dicho a Joab y esto me ha contestado.” El rey dijo a Banayas: “Haz como él dice: Hiérele y sepúltale, y quita hoy de sobre mí y de sobre la casa de mi padre la sangre inocente que Joab ha derramado. Haga caer Yahvé esa sangre sobre su cabeza, pues mató a dos hombres más rectos y mejores que él, dándoles la muerte con la espada, sin que nada supiera mi padre, David: a Abner, hijo de Ner, jefe del ejército de Israel, y a Amasa, hijo de Jeter, jefe del ejército de Judá. Su sangre caerá sobre la cabeza de Joab y sobre la de sus descendientes por siempre, mientras que sobre David y su descendencia, sobre su casa y su trono, dará siempre Yahvé su paz.” Subió entonces Banayas, hijo de Joyada, y le hirió, matándole, y Joab fue sepultado en su sepulcro en el desierto. Puso el rey en su lugar, por jefe del ejército, a Banayas, hijo de Joyada, y al sacerdote Sadoe en el lugar de Abiatar. Hizo el rey llamar a Semeí y le dijo: “Hazte una casa en Jerusalén y habita en ella, sin salir ni entrar para nada. El día en que salgas y pases el torrente de Cedrón, sabe que con toda certeza morirás; será tu sangre sobre tu cabeza.” Semeí respondió al rey: “La orden es buena. Como lo dice mi señor el rey, así hará tu siervo.” Semeí estuvo mucho tiempo en Jerusalén;" pero, al cabo de tres años, dos siervos de Semeí huyeron a refugiarse junto a Aquis, hijo de Maaca, rey de Gat. Le dijeron a Semeí: “Tus siervos están en Gat”;" y, levantándose, montó en su asno y se fue a Gat, a Aquis, en busca de sus siervos, y de vuelta, se los trajo con él. Informaron a Salomón de que Semeí había ido de Jerusalén a Gat y estaba ya de vuelta;" y mandando llamar a Semeí, le dijo: “¿No te conjuré yo por Yahvé y no te advertí que el día en que salieras acá o allá sería el de tu muerte? Y me dijiste tú: La orden es buena y la obedeceré. ¿Por qué, pues, no has guardado el juramento de Yahvé y la orden que yo te di ?” Y siguió el rey diciendo a Semeí: “Bien sabes tú, tu corazón lo sabe muy bien, todo el mal que hiciste a David, mi padre. Yahvé hace recaer tu maldad sobre tu cabeza, mientras que el rey Salomón será bendecido y el trono de David afirmado por siempre ante Yahvé.” Dio el rey orden a Banayas, hijo de Joyada, que salió e hirió a Semeí, y Semeí murió. El reino se afirmó en las manos de Salomón. Emparentó Salomón con el faraón, rey de Egipto, tomando a una hija del faraón por mujer. Trájola a la ciudad de David, hasta acabar de edificar su casa, la casa de Yahvé, y las murallas de Jerusalén en derredor. El pueblo sacrificaba en los altos, porque no había sido hasta entonces edificada casa a Yahvé. Salomón amaba a Yahvé y marchaba según las órdenes de David, su padre, pero sacrificaba y quemaba perfumes en los altos. Fue el rey a sacrificar a Gabaón, que era uno de los principales altos. Mil holocaustos ofreció Salomón en aquel altar. Yahvé se le apareció en Gabaón durante la noche, en sueños, y le dijo: “Pídeme lo que quieras que te dé.” Salomón respondió: “Tú hiciste gran misericordia a David, mi padre, conforme marchaba él en tu presencia en la fidelidad, en la justicia y en la rectitud de corazón ante ti; le has guardado esta misericordia, dándole un hijo f?e se sentara sobre su trono, como lo está hoy." Ahora, pues, ¡oh Yahvé! mi Dios, que has hecho reinar a tu siervo en el lugar de David, mi padre, no siendo yo más que un jovencito, que no sabe por dónde ha de entrar y por dónde ha de salir, y que está tu siervo en medio del pueblo que tú te elegiste, un pueblo grande, que por su muchedumbre no puede contarse ni numerarse, da a tu siervo un corazón prudente para juzgar a tu pueblo y poder discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién, si no, podrá gobernar a un pueblo tan grande?” Agradó al Señor que Salomón le hiciera esta petición;" y Dios le dijo: “Por haberme pedido esto y no haber pedido para ti ni vida larga, ni muchas riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino haberme pedido entendimiento para hacer justicia, yo te concedo lo que me has pedido y te doy un corazón sabio e inteligente, tal como antes de ti no ha habido otro ni lo habrá en adelante después de ti. Y aún te añado lo que no has pedido: riquezas y gloria tales, que no habrá en tus días rey alguno como tú;" y si andas por mis caminos, guardando mis leyes y mis mandamientos, como lo hizo David, tu padre, prolongaré tus días.” Despertóse Salomón de su sueño, y, de vuelta a Jerusalén, se presentó ante el arca de la alianza de Yahvé y ofreció holocaustos y sacrificios eucarísticos y dio un banquete a todos sus servidores. Vinieron por entonces al rey y se presentaron ante él dos mujeres de mala vida. Dijo una de ellas: “Escucha, mi señor: Yo moraba con esta mujer en la misma casa y allí di a luz a un niño. A los tres días dio también ella a luz un niño. Habitábamos juntas, y ningún extraño había entrado en la casa, no había allí más que las dos. El hijo de esta mujer murió una noche por haberse ella acostado sobre él;" y ella, levantándose en medio de la noche, me quitó de mi lado a mi hijo, mientras tu sierva dormía, y púsolo a su lado, dejando al mío a su hijo muerto. Cuando yo me levanté por la mañana para dar el pecho a mi hijo, hállele muerto; mas, mirándole atentamente a la mañana, vi que no era mi hijo, el que yo había parido.” La otra mujer dijo: “No; mi hijo es el que vive; es el tuyo el que ha muerto.” Y la primera replicaba: “No; tu hijo es el muerto, y el mío el vivo.” Y así disputaban en presencia del rey." Tomó entonces el rey la palabra: “La una dice: Mi hijo es el que vive, el tuyo ha muerto; y la otra dice: No; es el tuyo el que ha muerto, y el mío vive”;" y añadió: “Traedme una espada.” Trajeron al rey la espada, y él dijo: “Partid por el medio al niño vivo, y dad la mitad de él a la una y la otra mitad a la otra.” Entonces la mujer cuyo era el niño vivo dijo al rey, pues se le conmovían todas las entrañas por su hijo: “¡Oh señor rey, dale a ésa el niño, pero vivo; que no le maten.” Mientras que la otra decía: “Ni para mí ni para ti: que le partan.” Entonces dijo el rey: “Dad a la primera el niño vivo, sin matarle; ella es su madre.” Todo Israel supo la sentencia que el rey había pronunciado, y todos temieron al rey, viendo que había en él una sabiduría divina para hacer justicia. Reinaba Salomón sobre todo Israel. Los jefes que tenía a su servicio eran: Azarías, hijo de Sadoc, sacerdote;" Elijoret y Ajías, hijos de Sisa, secretarios; Josafat, hijo de Ajilud, cronista;" Banayas, hijo de Joyada, mandaba el ejército;" Azarías, hijo de Natán, superintendente; Zabud, hijo de Natán, era el consejero del rey." Ajisar, mayordomo del palacio; Adoniram, hijo de Abdar, el prefecto de los tributos." Tenía Salomón sobre todo Israel doce intendentes, que proveían al rey y a su casa, cada uno durante un mes del año. Sus nombres eran: Ben Hur, en la montaña de Efraím;" Ben Decar, en Maques, en Salebín, en Betsames, y Elón hasta Betanán;" Ben Jesed, en Arubot; éste tenía también Soco y toda la región de Jefer;" Ben Abinadad, que tenía todas las alturas de Dor, estaba casado con Tafat, hija de Salomón;" Baña, hijo de Ajilud, tenía Tanac y Megiddo y todo Betsán, que está cerca de Sartana, por debajo de Jezrael, desde Betsán hasta Abelmejolá y más allá de Jocmeán;" Ben Gaber, en Ramot Galaad, tenía los burgos de Jair, hijo de Manases, en Galaad, sesenta grandes ciudades muradas y con cerrojos de bronce;" Ajinadab, hijo de Ido, en Majanaím;" Ajimas, en Neftalí, también casado con una hija de Salomón, de nombre Basemat;" Baña, hijo de Jusi, en Aser Alot;" Josafat, hijo de Farua, en Isacar;" Semeí, hijo de Ela, en Benjamín;" Guebar, hijo de Urí, en la región de Galaad, la tierra de Seón, rey de los amorreos, y de Og, rey de Basan; para esta región había un solo intendente." Judá e Israel eran numerosos como las arenas que hay en la orilla del mar, y comían, bebían y se alegraban. (5:1) Salomón señoreaba sobre todos los reinos desde el río hasta la tierra de los filisteos y hasta la frontera de Egipto; todos le pagaban tributo y le estuvieron sometidos todo el tiempo de su vida." (2) Consumía Salomón cada día treinta coros de flor de harina y sesenta coros de harina común, diez bueyes cebados;" (3) veinte bueyes de pasto y cien carneros, sin contar los ciervos, las cabras, los búfalos y las aves cebadas. (4) Señoreaba toda la tierra del lado de acá del río, desde Tipsaj hasta Gaza, y tuvo paz por todos lados en derredor suyo. (5) Judá e Israel habitaban seguros, cada uno debajo de su parra y de su higuera, desde Dan hasta Berseba, durante toda la vida de Salomón. (6) Tenía Salomón en sus caballerizas cuatro mil pesebres para los caballos de sus carros y doce mil caballos de silla. (7) Los intendentes proveían al rey Salomón y a cuantos se sentaban a su mesa, cada uno un mes, sin dejar que nada faltara. (8) Hacían llegar también la cebada y la paja para los caballos de tiro y de carrera allí donde se hallaran, cada uno según las órdenes recibidas. (9) Dio Yahvé a Salomón sabiduría y un gran entendimiento y anchura de corazón, como la arena que está a orillas del mar. (10) La sabiduría de Salomón sobrepasaba la de todos los hijos de Oriente y la sabiduría toda del Egipto. (11) Fue más sabio que hombre alguno; más que Etán el ezraíta; más que Ernán, Calcol y Dorda, hijos de Majol, y su fama se extendió por todos los pueblos en derredor." (12) Profirió tres mil parábolas, y sus cantos fueron mil cinco;" (13) disertó acerca de los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que nace en el muro, y acerca de los animales, de las aves, de los reptiles y los peces. (14) De todos los pueblos venían para oír la sabiduría de Salomón, de parte de todo los reyes de la tierra, a los que había llegado la fama de su sabiduría. (15) Hiram, rey de Tiro, mandó sus embajadores a Salomón cuando supo que había sido ungido rey en lugar de su padre, pues siempre había sido amigo de David. (16) Salomón dijo a Hiram: (17) “Tú sabes que David, mi padre, no pudo hacer casa para Yahvé, su Dios, por las guerras que tuvo en torno, hasta que Yahvé los puso bajo las plantas de sus pies. (18) Ahora Yahvé, mi Dios, me ha dado la paz por todas partes; no tengo enemigos ni querellas," (19) y quiero edificar a Yahvé, mi Dios, una casa, como se lo manifestó Yahvé a mi padre, diciendo: “Tu hijo, el que pondré yo en tu lugar sobre tu trono, edificará casa a mi nombre.” (20) Manda, pues, cortar para mí cedros en el Líbano; mis siervos se unirán a los tuyos y yo te daré lo que tú me pidas para el salario de los tuyos, pues bien sabes que no hay entre nosotros quien sepa labrar la madera como los sidonios.” (21) Alegróse mucho Hiram cuando oyó las palabras de Salomón y dijo: “Bendito Yahvé, que ha dado a David un hijo sabio sobre ese gran pueblo.” (22) Y mandó a Salomón esta respuesta: “He oído lo que me has mandado a decir. Haré lo que me pides en cuanto a la madera de cedros y cipreses. (23) Mis siervos los bajarán del Líbano al mar y yo los haré llegar en balsas hasta el lugar que tú me digas. Allí se desatarán, y tú los tomarás, y cumplirás mi deseo proveyendo de víveres a mi casa.” (24) Hiram facilitó a Salomón cuanta madera de cedro y de ciprés quiso éste;" (25) y Salomón daba a Hiram veinte mil coros de trigo para el mantenimiento de su casa y veinte mil batos de aceite de olivas molidas. Esto es lo que cada año entregaba Salomón a Hiram. (26) Yahvé dio a Salomón la sabiduría, como se lo había prometido, y hubo entre Hiram y Salomón paz e hicieron una alianza. (27) Salomón hizo en todo Israel una leva de treinta mil hombres para el trabajo, (28) que enviaba al Líbano. Diez mil por mes alternativamente, estando un mes en el Líbano y dos en sus casas. El prefecto de estos trabajadores obligados era Adoniram. (29) Tenía, además, Salomón setenta mil hombres dedicados al transporte y ochenta mil cortadores en el monte, (30) sin contar los principales jefes que había puesto Salomón al frente de las obras, en número de tres mil trescientos, que mandaban a los grupos de trabajadores. (31) Mandó el rey traer grandes piedras escogidas para los cimientos de la casa, y los carpinteros (32) y los canteros de Salomón y los de Hiram cortaban con los guibalenses y labraban la madera y la cantería para la casa. El año cuatrocientos ochenta después de la salida de los hijos de Israel de Egipto, el cuarto año del reinado de Salomón sobre Israel, el mes de Ziv, que es el segundo mes, comenzó a edificar la casa de Yahvé. Tenía la casa que Salomón edificó a Yahvé sesenta codos de largo, veinte de ancho y treinta de alto. El vestíbulo (ulam), delante del templo (hecal) de la casa, era de veinte codos de largo, el ancho de la casa, y diez de fondo por delante de la casa. Hizo en la casa ventanas enrejadas. Levantó un edificio lateral en torno del “hecal” y del “debir” haciendo cámaras laterales todo en derredor. El piso inferior era de cinco codos de ancho; el de en medio, de seis codos de ancho, y el tercero, de siete codos, pues había hecho retallos en el muro por fuera para no tener que empotrar en los muros." Cuando se construyó la casa, hízose de piedras ya labradas, de modo que durante la edificación no se oyó allí el golpe del martillo, ni el del pico, ni de ningún otro instrumento de hierro. La puerta de entrada a las habitaciones del piso inferior estaba al costado derecho de la casa, y por un caracol se subía al del medio, y de éste al tercero. Cuando hubo acabado de edificar la casa, la cubrió con artesonado de cedro. A cada uno de los pisos de habitaciones que rodeaban la casa les dio cinco codos de altura y los unió a la casa con vigas de cedro. Entonces dirigió la palabra Yahvé a Salomón, diciendo: “Tú estás edificando esta casa. Si guardas mis leyes y pones por obra mis mandamientos, y guardas y observas todos mis preceptos, yo cumpliré contigo mi palabra, la promesa que hice a David, tu padre, y habitaré en medio de los hijos de Israel y no abandonaré a mi pueblo, Israel.” Así, pues, edificó Salomón la casa y la terminó. Revistió Salomón los muros de la casa al interior con planchas de cedro, desde el suelo hasta el techo, revistiendo así de madera todo el interior; y el suelo lo revistió de planchas de ciprés." Revistió también de planchas de cedro los veinte codos del fondo de la casa, desde el suelo, todo lo alto de los muros, reservando este espacio para el “debir.” Los cuarenta codos de delante constituían el “hecal” delante del “debir.” El revestimiento interior del cedro iba tallado por entalladuras de flores abiertas y en botón, y todo era cedro, sin que se viera nada de piedra. Dispuso dentro, en lo más interior de la casa, el “debir” para el arca de la alianza de Yahvé. El “debir” tenía veinte codos de largo, veinte codos de ancho y veinte de alto, y lo revistió de oro purísimo. Hizo un altar de madera de cedro para delante del santuario, y lo recubrió de oro puro. Toda la casa la recubrió de oro puro de arriba abajo, y recubrió también de oro todo el altar que estaba ante el santuario (debir). Hizo en el santuario dos querubines de madera de olivo. La altura de uno era de diez codos, e igualmente de diez codos la del otro. Cinco codos era el largo de una de las alas del querubín y cinco el de la otra, haciendo en todo diez codos, desde la punta de una ala hasta la punta de la otra. El segundo querubín tenía también diez codos. La medida y la forma eran las mismas para ambos querubines. Puso los querubines en medio de la casa, en el espacio interior. Tenían las alas desplegadas, y la punta del ala del primero tocaba al uno de los muros, y la punta del ala del segundo al otro muro, tocándose una a otra las otras dos alas en el medio de la casa. También cubrió de oro los querubines. Hizo esculpir todo en torno de la casa, en los muros, por dentro y por fuera, querubines, palmas y guirnaldas de flores. También recubrió de oro el piso de la casa, lo mismo en el espacio interior que en el exterior. A la entrada del santuario (debir) hizo una puerta de dos hojas, de madera de olivo, y el dintel y las jambas eran de cinco esquinas. Las dos hojas eran de madera de olivo y talladas con entalladuras de querubines, palmas y botones de flores; y todo, querubines, palmas y botones de flores, cubierto de oro." Hizo igualmente para las puertas de entrada del templo (hecal) postes de madera de olivo cuadrados. Ambas puertas eran de madera de ciprés, de dos hojas giratorias la una y de dos hojas giratorias la otra. Hizo esculpir en ellas querubines, palmas y botones de flor, y todo lo recubrió de oro. Hizo también el atrio interior, de tres órdenes de piedras labradas, y uno de vigas de cedro. El año cuarto, el mes de Ziv, quedaron puestos los cimientos de la casa de Yahvé;" y el año undécimo, el mes de Bul, que es el octavo mes, estaba terminada en todas sus partes y con todo lo necesario. La construyó en el espacio de siete años. También edificó Salomón su casa, durando trece años la edificación, hasta que estuvo completamente terminada. Construyó la casa “Bosque del Líbano,” de cien codos de largo, cincuenta codos de ancho y treinta codos de alto, sobre tres filas de columnas de cedro y capiteles de cedro sobre las columnas. Estaba cubierta de tablones de cedro, arriba, sobre arquitrabes que se apoyaban en las cuarenta y cinco columnas, quince columnas en cada hilera;" pues había tres naves, y en cada una de ellas ventanas, que se correspondían unas enfrente de otras. Todas las puertas y ventanas eran cuadradas, y en las tres naves se correspondían unas a otras. Hizo además un pórtico de columnas de cincuenta codos de largo y treinta de ancho, y delante de éste, otro pórtico con columnas y gradas delante de él. Hizo asimismo el salón del trono, donde juzgaba; el pórtico de la justicia, cubriéndolo de cedro desde el suelo hasta el techo." Del mismo modo fue construida la casa donde había de habitar, en otro patio, detrás del pórtico. Hizo también otra casa habitación, de obra semejante a la del pórtico, para la hija del Faraón, que había tomado por mujer. Para todas estas construcciones se emplearon grandes piedras, que habían sido cortadas con la sierra, a la medida, por el lado de dentro y el de fuera, y esto desde los cimientos hasta las cornisas, y asimismo en el exterior, hasta el gran atrio. Los cimientos eran de excelentes y muy grandes piedras de diez y de ocho codos, De ahí arriba se emplearon también excelentes piedras cortadas a la medida y madera de cedro. En el gran atrio había todo en torno tres órdenes de piedras labradas y uno de vigas de cedro. Lo mismo que en el atrio interior de la casa de Yahvé, así también en el atrio de la casa real. Trajo Salomón de Tiro a Hiram, hijo de una viuda de la tribu de Neftalí y de padre natural de Tiro, que trabajaba el bronce. Estaba Hiram lleno de sabiduría, de entendimiento y de conocimiento para hacer toda suerte de obras de bronce; y vino al rey Salomón, y fue quien hizo para él toda la obra." Fundió dos columnas de bronce. Tenía cada una dieciocho codos de alto, y un hilo de doce codos era el que podía rodear a cada una de las columnas. No eran macizas, sino huecas; el grueso de sus paredes era de cuatro dedos. Fundió capiteles de bronce para encima de las columnas, de cinco codos de alto el uno y cinco codos de alto el otro." Hizo para los capiteles de encima de las columnas reticulados y trenzados, de trenzas a modo de cadenas, uno para cada capitel. Hizo granadas todo en derredor del reticulado y el trenzado en dos nías, y para cubrir el capitel que estaba sobre una de las columnas hizo lo mismo que para el capitel de la otra. Los capiteles eran por arriba de forma de flor de loto y tenían cada uno cuatro codos. Había en cada capitel sobre las columnas doscientas granadas, alrededor de dos órdenes en lo alto de cada capitel, junto al trenzado. Alzó las columnas delante del atrio del templo. Alzó la primera al lado de la derecha, y la llamó Jaquín; luego la del lado de la izquierda, y la llamó Boaz." Así terminó la obra de las columnas. Hizo asimismo un mar de fundición de diez codos del uno al otro lado, redondo, y de cinco codos de alto, y ceñíalo en derredor un cordón de treinta codos. Por debajo del borde llevaba todo en derredor coloquíntidas, diez por cada codo, dispuestas en dos órdenes y fundidas al mismo tiempo que el mar. Estaba asentado sobre doce toros, de los cuales tres miraban al norte, tres al poniente, tres al mediodía y tres al naciente. Sobre éstos se apoyaba el mar, y la parte posterior de sus cuerpos quedaba por dentro. Tenía un palmo de grueso y su labio estaba en forma de cáliz, como una flor de lis. Hacía dos mil batos. Hizo también diez basas de bronce, cada una de cuatro codos de largo, cuatro codos de ancho y tres de alto. He aquí cómo eran: estaban hechas de tableros, encerrados dentro de sus marcos y unidos. En los tableros, dentro de los marcos, había leones, toros y querubines, y en los marcos, lo mismo por encima que por debajo de los leones y toros, había adornos en relieve. Cada basa tenía cuatro ruedas de bronce con sus ejes de bronce, y en las cuatro esquinas había repisas de fundición, sobre las cuales iba la fuente, y que sobresalían de los festones. El coronamiento de las basas tenía en lo interior un hueco con una prolongación de un codo hacia arriba; este hueco era redondo, de la misma hechura del remate y de medio codo de altura, y también esculpido; pero los tableros eran cuadrados, no redondos." Las cuatro ruedas estaban debajo de los tableros, y los ejes de las ruedas, fijos en la basa. Tenía cada rueda codo y medio de altura, y estaban hechas como las de un carro; sus ejes, llantas, rayos y cubos, todo era fundido;" y en las cuatro esquinas de cada basa había cuatro repisas, que hacían un mismo cuerpo con la basa. La parte superior de la basa terminaba en un cilindro de medio codo de altura, cuyos apoyos y entables eran una sola pieza. Hizo en los tableros y en los marcos querubines, leones y palmas en todos los espacios vacíos y molduras en derredor. Así fue como hizo las diez basas; la fundición, la medida y la forma eran las mismas para todas." Hizo también diez fuentes de bronce, cada una de cuarenta batos de cabida y de cuatro codos cada una, para asentarlas en las diez basas;" y puso cinco basas al lado derecho de la casa y cinco al lado izquierdo, y el mar de bronce lo puso al lado derecho, al sudeste. Hizo también Hiram los calderos, las tenazas y las copas. Así terminó Hiram toda la obra de bronce que Salomón le encargó para la casa de Yahvé;" dos columnas con sus capiteles para encima de las columnas; sus reticulados y trenzados para los capiteles;" las cuatrocientas granadas para los reticulados y trenzados; dos filas de granadas para cada una en derredor de los capiteles;" las diez basas y las diez fuentes para poner so bre estas basas;" el mar y los doce toros que iban debajo de él;" los calderos, las tenazas y las copas. Todos estos utensilios que el rey Salomón mandó hacer a Hiram para la casa de Yahvé eran de bronce bruñido. Hízolos fundir el rey en las llanuras del Jordán, de suelo arcilloso, entre Sucot y Sartán. Salomón no inquirió el peso de bronce de estos utensilios por su gran cantidad. Salomón hizo, además, todos los otros utensilios para la casa de Yahvé: el altar de oro, la mesa de oro, sobre la cual se ponían los panes de la proposición;" los candelabros, de oro macizo, cinco a la derecha y cinco a la izquierda delante del santuario (debir), con sus flores, sus lámparas y sus despabiladeras de oro;" las fuentes, los cuchillos, las copas, las tazas y los braseros, de oro macizo; los goznes de oro para la puerta del interior de la casa, a la entrada del santísimo, y para la puerta de entrada del templo (hecal)." Así se acabó toda la obra que hizo el rey Salomón para la casa de Yahvé. Después tomó el oro y los utensilios y los puso todos en el tesoro de la casa de Yahvé. Entonces convocó Salomón a los ancianos de Israel, a todos los cabezas de las tribus y a los príncipes de las familias de los hijos de Israel, para trasladar el arca de la alianza de Yahvé de la ciudad de David, que es Sión. Reuniéronse con el rey Salomón todos los varones de Israel en el mes de Etanim, que es el séptimo mes, en el día solemne de la fiesta;" y, llegados todos los ancianos de Israel, llevaron los sacerdotes el arca. Llevaban el arca de Yahvé, el tabernáculo de la reunión y todos los utensilios sagrados del tabernáculo. Los sacerdotes y los levitas los llevaban. El rey Salomón y toda la asamblea de Israel, convocada por él, iban delante del arca. Sacrificaron ovejas y bueyes en número incontable por su muchedumbre. Los sacerdotes pusieron el arca de la alianza de Yahvé en su sitio, en el santuario (debir) de la casa, en el lugar santísimo, bajo las alas de los querubines, pues los querubines tenían las alas extendidas sobre el lugar del arca y la cubrían por encima, el arca y sus barras. Se había dado a las barras una longitud suficiente para que sus extremidades se viesen desde el lugar santo, que está delante del santuario (debir), pero sin que pudiesen verse desde fuera, y así quedaron hasta el día de hoy. No había en el arca ninguna otra cosa más que las dos tablas de piedra que Moisés depositó en ella en Horeb, cuando hizo Yahvé alianza con los hijos de Israel a su salida de Egipto. En cuanto salieron los sacerdotes del santuario, la nube llenó la casa de Yahvé, sin que pudieran permanecer allí los sacerdotes para el servicio por causa de la nube, pues la gloria de Yahvé llenaba la casa. Entonces dijo Salomón: “Yahvé, has dicho que habitarías en la oscuridad. Yo he edificado una casa para que sea tu casa, el lugar de tu habitación para siempre.” Volvióse el rey y bendijo a toda la asamblea de Israel, mientras toda la asamblea de Israel se tenía en pie, y dijo: “Bendito Yahvé, Dios de Israel, que con su misma boca habló a David, mi padre, y ha cumplido con su mano lo que había prometido, diciendo: “Desde el día en que yo saqué de Egipto a mi pueblo, Israel, no he elegido ciudad de entre todas las tribus de Israel para que en ella se me edificase una casa consagrada a mi nombre, aunque elegí a David para que reinase sobre mi pueblo, Israel.” David, mi padre, tuvo en su corazón edificar una casa al nombre de Yahvé, Dios de Israel;" pero Yahvé dijo a David, mi padre: “Tú tenías en tu corazón el deseo de edificar una casa a mi nombre; has hecho bien en tener esta voluntad," pero no edificarás tú la casa; tu hijo, salido de tus entrañas, edificará casa a mi nombre,” Yahvé ha cumplído la palabra que dio. Yo me he levantado en el lugar de David, mi padre, y me siento sobre el trono de Israel, como se lo había anunciado Yahvé, y he edificado la casa al nombre de Yahvé, Dios de Israel. He dispuesto un lugar para el arca de la alianza de Yahvé, de la alianza que hizo con nuestros padres al sacarlos de la tierra de Egipto.” Púsose Salomón ante el altar de Yahvé en presencia de toda la asamblea de Israel, y, tendiendo sus manos al cielo, dijo: “Yahvé, Dios de Israel: No hay Dios semejante a ti ni en lo alto de los cielos ni abajo sobre la tierra. Tú guardas la alianza y la misericordia con tus siervos, los que de todo corazón andan en tu presencia. Así has mantenido tu palabra a tu siervo David, mi padre, y lo que por tu boca dijiste, lo has cumplido hoy con tu mano. Ahora, pues, ¡oh Yahvé, Dios de Israel! guarda la promesa que a David, mi padre, hiciste diciendo: No faltará de ti varón delante de mí que se siente en el trono de Israel, siempre que tus hijos sigan mis caminos y anden delante de mí como has andado tú. Cúmplase ahora, ¡oh Yahvé, Dios de Israel! la palabra que a David, tu siervo, mi padre, dijiste. Pero, en verdad, ¿morará Dios sobre la tierra? Los cielos y los cielos de los cielos no son capaces de contenerte. ¡Cuánto menos esta casa que yo he edificado! Mas, con todo, atiende a la plegaria de tu siervo, ¡oh Yahvé, Dios mío! y oye la oración que ante ti hace hoy tu siervo. Que estén abiertos tus ojos noche y día sobre este lugar, del que has dicho: “En él estará mi nombre,” y oye toda oración que tu siervo haga en este lugar. Oye, pues, la oración de tu siervo y la de tu pueblo, Israel; cuando oren en este lugar, óyela tú también desde el lugar de tu morada de los cielos, y, oyendo de la perdona." Cuando pecare alguno contra su prójimo y, haciéndolo jurar, le tomen juramento delante de tu altar en esta casa, oye tú desde los cielos, y obra juzgando a tus siervos, condenando al impío, haciendo recaer su maldad sobre su cabeza y justificando al justo para retribuirle según su justicia. Cuando tu pueblo, Israel, cayere ante sus enemigos por haber pecado contra ti, y, vueltos a ti, confiesen tu nombre y oren, y te rue-guen, y te supliquen en esta casa, óyelos tú en los cielos, y perdona el pecado de tu pueblo, Israel, y restituyelos a la tierra que diste a sus padres. Cuando se cierre el cielo y no llueva por haber ellos pecado contra ti, y te rueguen en este lugar, invocando tu nombre, convertidos del pecado por haberlos tú afligido, oye tú en los cielos, y perdona el pecado de tus siervos y de tu pueblo, Israel, enseñándoles el recto camino por donde han de ir y dando las lluvias a su tierra, la que por heredad diste a tu pueblo. Cuando haya en la tierra hambre o pestilencia, o tizón, añublo, langosta o pulgón invadan la tierra; y cuando el enemigo asedie a tu pueblo en su tierra, en sus ciudades; cuando haya enfermedades y plagas de cualquier clase;" si cada uno, si todo tu pueblo, Israel, reconociendo la llaga de su corazón y alzando las manos hacia este lugar, te hiciere oraciones y súplicas, óyelas desde los cielos, desde el lugar de tu morada, y perdona. Obra con cada uno según sus caminos, y según ellos retribuyelos tú, que escudriñas el corazón de todos los hijos de los hombres, y ellos te temerán durante todo el tiempo que habiten en la tierra que diste a nuestros padres. Cuando el extranjero, el que no es de tu pueblo, Israel, venga de tierra lejana por la fama de tu nombre, porque se sabrá que tu nombre es grande, fuerte tu mano y tendido tu brazo; cuando venga a orar a ti en esta casa," óyele desde los cielos, desde el lugar de tu morada, y otorga a ese extranjero lo que pida, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre para temerte como tu pueblo, Israel, y sepan que tu nombre es invocado en esta casa que yo he edificado. Cuando salga el pueblo para combatir a sus enemigos por el camino que tú les señalares, si dirigen a Yahvé sus plegarias, vueltos sus ojos a la ciudad que tú has elegido y a la casa que yo he edificado a tu nombre, oye desde los cielos sus oraciones y hazles justicia. Si hubieren pecado contra ti, pues no hay hombre que no peque, y estuvieres tú airado contra ellos, y los entregares al enemigo para que los cautive y los lleve a tierra enemiga, lejana o cercana;" si ellos vuelven en sí en la tierra de su cautividad y, convertidos a ti, te suplican en la tierra adonde los llevaren y dicen: Hemos pecado, hemos hecho el mal, hemos cometido impiedad, y se convierten a ti de todo su corazón y de toda su alma, en la tierra de los enemigos que los cautivaron, y oran a ti, hacia su tierra, la que diste a sus padres, y hacia la ciudad que elegiste y la casa que yo he edificado a tu nombre, oye en los cielos, en la habitación de tu morada, su oración y su súplica y hazles justicia. Perdona, pues, a tu pueblo, que ha pecado contra ti, todas las infracciones con que contra ti se rebelaron, y haz que hagan con ellos misericordia los que los hubieran llevado cautivos;" porque son tu pueblo y tu heredad, que tú sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro. Que estén abiertos tus ojos a las oraciones de tu siervo y a la plegaria de tu pueblo, Israel, para oírlos en todo aquello en que te invoquen, pues que tú los separaste para ti, por heredad tuya, de entre todos los pueblos de la tierra, corno lo dijiste por medio de Moisés, tu siervo, cuando sacaste de Egipto a nuestros padres, ¡oh Señor, Yahvé!” Cuando hubo acabado Salomón de hacer esta oración y súplica, levantóse de delante del altar de Yahvé, donde estaba arrodillado, y con las manos tendidas al cielo, puesto en pie, bendijo a toda la asamblea de Israel, diciendo: “ Bendito Yahvé, que ha dado el reposo a su pueblo, conforme a lo que él había dicho; ninguna de las promesas hechas por medio de Moisés, su siervo, ha fallado." Que Yahvé, nuestro Dios, sea con nosotros, como lo fue con nuestros padres; que no nos deje ni nos abandone," sino que incline nuestros corazones hacia El, para que marchemos por todos sus caminos y sigamos sus mandamientos, y sus leyes, y sus mandatos, los que El prescribió a nuestros padres. Que estas mis palabras y el objeto de mis súplicas estén delante de Yahvé, día y noche presentes a Yahvé, nuestro Dios, para que defienda la causa de su siervo y la de su pueblo, Israel, en todo tiempo;" para que todos los pueblos de la tierra sepan que Yahvé es Dios y no hay otro. Que vuestro corazón sea todo para Yahvé, nuestro Dios, como lo es hoy, para seguir sus leyes y guardar sus mandamientos. El rey y todo Israel ofrecieron sacrificios a Yahvé. Salomón inmoló veintidós mil bueyes y ciento veinte mil ovejas en sacrificios eucarísticos que ofreció a Yahvé. Así hizo el rey, y con él todos los hijos de Israel, la dedicación del templo. Aquel día consagró el rey el atrio que está delante de la casa de Yahvé, pues ofreció allí holocaustos y ofrendas y los sebos de los sacrificios eucarísticos, porque el altar de bronce que hay delante de Yahvé era demasiado pequeño para contener los holocaustos, las ofrendas y los sebos de los sacrificios eucarísticos. Celebró entonces la fiesta, y todo Israel con él. Una gran muchedumbre venida de todas partes, desde Jamat hasta el torrente de Egipto, se reunió ante Yahvé, nuestro Dios, durante siete días. EL día octavo despidió al pueblo, y ellos bendijeron al rey yéndose cada uno a su morada, alegre y lleno de gozo el corazón por todos los beneficios que Yahvé había hecho a David, su siervo, y a su pueblo, Israel. Cuando hubo acabado Salomón la casa de Yahvé, la casa real y todo cuanto se había propuesto hacer, se apareció Yahvé por segunda vez a Salomón, como se le había aparecido en Gabaón, y le dijo: “He oído tu oración, el ruego que has hecho ante mí. He santificado esa casa que has edificado, para poner en ella mi nombre para siempre, y en ella estarán siempre mis ojos y mi corazón. Si andas en mi presencia, como anduvo David, tu padre, en integridad de corazón y en equidad, haciendo cuanto yo te he mandado y guardando mis leyes y mandamientos, yo afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, como se lo prometí a David, tu padre, diciendo: No faltará de ti varón en el trono de Israel. Pero si os apartáis de mí vosotros y vuestros hijos, si no guardáis mis mandamientos, mis leyes, las que yo os he prescrito, y os vais tras dioses ajenos para servirlos y prosternaros ante ellos, yo exterminaré a Israel de la tierra que le he dado y echaré lejos de delante de mí esta casa, que he consagrado a mi nombre, e Israel será el sarcasmo y la burla de todos los pueblos. Y esta casa será una ruina, y cuantos pasen cerca de ella se quedarán pasmados y silbarán. Se dirá: ¿Por qué ha tratado así Yahvé a esta tierra y esta casa? Y responderán: Porque abandonaron a Yahvé, su Dios, que sacó de la tierra de Egipto a sus padres, y se ligaron a otros dioses, prosternándose ante ellos y sirviéndolos. Por eso ha hecho venir Yahvé sobre ellos todo este mal.” Al cabo de veinte años de haber edificado Salomón las dos casas, la casa de Yahvé y la casa real, para las cuales Hiram, rey de Tiro, había mandado a Salomón madera de cedro y de ciprés y cuanto oro quiso, dio Salomón a Hiram veinte ciudades en tierra de Galilea. Salió Hiram de Tiro para ver las ciudades que le daba Salomón; y, no gustándole," dijo: “¿Qué ciudades me has dado, hermano?” Y las llamó tierras de Cabul, nombre que tienen todavía hoy. Había mandado Hiram a Salomón ciento veinte talentos de oro. He aquí cómo se reguló el servicio personal impuesto por el rey Salomón a los hombres cuya leva hizo para edificar la casa de Yahvé y su propia casa, el terraplén y las murallas de Jerusalén, y, además, Jasor, Megiddo y Guezer. Había subido el Faraón, rey de Egipto, y, apoderándose de Guezer, la había incendiado, matando a los cananeos que habitaban la ciudad. Después se la dio en dote a su hija, la mujer de Salomón;" y Salomón edificó a Guezer, Bet-Horón de abajo, Balaat y Tamar, en el desierto del mediodía;" todas las ciudades de almacenes, que le pertenecían, y las destinadas a los carros y a la caballería, y todo cuanto quiso Salomón edificar en Jerusalén, en el Líbano y en toda la tierra de su dominio, Toda la gente que había quedado de los amorreos, de los jéteos, de los fereceos, de los jeveos y de los jebuseos, que no pertenecían al pueblo de Israel;" sus descendientes que habían quedado después de ellos en la tierra, y que los hijos de Israel no habían podido dar al anatema, los obligó Salomón a prestación personal como lo están hoy;" no empleó Salomón corno tales a los hijos de Israel, que eran sus hombres de guerra, sus servidores, sus jefes, sus oficiales y los comandantes de sus carros y su caballería. Los jefes que Salomón puso al frente de las obras eran quinientos cincuenta, encargados de vigilar a los trabajadores. La hija de Faraón subió de la ciudad de David a la casa que Salomón le había edificado. Entonces fue cuando se hizo el terraplén. Tres veces cada año ofrecía Salomón holocaustos y sacrificios pacíficos sobre el altar que él edificó a Yahvé, y quemaba perfumes sobre el que estaba delante de Yahvé. El acabó toda la casa. Construyó también Salomón naves en Asiongaber, que está junto a Elat, en la costa del mar Rojo, en la tierra de Edom;" y mandó Hiram para estas construcciones a sus siervos, diestros marineros, con los siervos de Salomón, y fueron hasta Ofir, y trajeron de allí oro, cuatrocientos veinte talentos, que llevaron al rey Salomón. Llegó a la reina de Saba la fama que para gloria de Yahvé tenía Salomón, y vino para probarle con enigmas. Llegó a Jerusalén con muy numeroso séquito y con camellos carga-dos de aromas, de oro en gran cantidad y de piedras preciosas. Vino a Salomón y le propuso cuanto quiso proponerle;" y a todas sus preguntas respondió Salomón, sin que hubiera nada que el rey no pudiera explicarle. La reina de Saba, al ver la sabiduría de Salomón, la casa que había edificado, los manjares de su mesa y las habitaciones de sus servidores, sus cometidos y los vestidos que vestían, los de los coperos, y los holocaustos que se ofrecían en la casa de Yahvé, fuera de sí, Dijo al rey: “Verdad es cuanto en mi tierra me dijeron de tus cosas y de tu sabiduría. Yo no lo creía antes de venir y haberlo visto con mis propios ojos. Pero cuanto me dijeron no es ni la mitad. Tienes más sabiduría y prosperidad que la fama que a mí me había llegado. Dichosas tus gentes, dichosos tus servidores, que están siempre ante ti y oyen tu sabiduría. Bendito Yahvé, tu Dios, que te ha hecho la gracia de ponerte sobre el trono de Israel. Por el amor que Yahvé tiene siempre a Israel, te ha hecho su rey para que hagas derecho y justicia.” Dio al rey ciento veinte talentos de oro, una gran cantidad de aromas y de piedras preciosas. No se vieron nunca después tantos aromas como los que la reina de Saba dio al rey Salomón. Las flotas de Hiram que traían el oro de Ofir trajeron también de Ofir gran cantidad de madera de sándalo y de piedras preciosas. Con la madera de sándalo hizo el rey las balaustradas de la casa de Yahvé y de la casa del rey y arpas y salterios para los cantores. No vino después nunca más madera de ésta y no se ha vuelto a ver hasta hoy. El rey Salomón dio a la reina de Saba todo cuanto ella deseó y le pidió, haciéndole, además, presentes dignos de un rey como Salomón. Después se volvió ella a su tierra con sus servidores. El peso de oro que cada año llegaba a Salomón era de seiscientos sesenta y seis talentos de oro, además del que como tributo recibía de los grandes y pequeños mercaderes, de los príncipes de los beduinos y de los intendentes de la tierra. Hizo también el rey Salomón doscientos grandes escudos de oro macizo, para cada uno de los cuales empleó seiscientos siclos de oro, y otros trescientos escudos de oro macizo, para cada uno de los cuales empleó tres minas de oro, y los puso en la casa “Bosque del Líbano.” Hizo también el rey un gran trono de marfil, que cubrió con láminas de oro purísimo. Seis gradas tenía el trono, y el respaldo era arqueado, y tenía dos brazos, uno a cada lado del asiento, y junto a los brazos dos leones, y doce leones en las gradas, uno a cada lado de cada una de ellas. No se ha hecho nada semejante para rey alguno. Todas las copas del rey Salomón eran de oro y toda la vajilla de la casa “Bosque del Líbano” era de oro macizo. No había nada de plata; no se hacía caso alguno de ésta en tiempos de Salomón," porque el rey tenía en el mar naves de Tarsis con las de Hiram, y cada tres años llegaban las naves de Tarsis trayendo oro, plata, marfil, monos y pavones. Fue el rey Salomón más grande que todos los reyes de la tierra por las riquezas y la sabiduría. Todo el mundo buscaba ver a Salomón para oír la sabiduría que había puesto Yahvé en su corazón;" y todos le llevaban presentes, objetos de plata, de oro; vestidos, aromas, caballos y mulos, y todos los años era lo mismo." Reunió carros y caballos• Tenía mil cuatrocientos carros y doce mil jinetes, que puso en las ciudades donde tenía los carros, y en Jerusalén, cerca del rey. El rey hizo que en Jeru-salén abundara la plata como las piedras, y los cedros fueron tan numerosos como los sicómoros que crecen en el llano. Los caballos los traía de Musri y de Coa; una caravana de comerciantes del rey los compraba a un precio determinado;" un tiro de carro venía a costar, al salir de Musri, seiscientos siclos de plata, y un caballo, ciento cincuenta siclos. Traíanlos también al mismo tiempo para los reyes de los jéteos y los de Siria. El rey Salomón, además de la hija del Faraón, amó a muchas mujeres extranjeras, moabitas, amonitas, edomitas, sido-nías y jeteas, de las naciones de que había dicho Yahvé a lo hijos de Israel: “No entréis a ellas, ni entren ellas a vosotros, porque de seguro arrastrarán vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se unió Salomón con amor. Tuvo setecientas mujeres de sangre real y trescientas concubinas, y las mujeres torcieron su corazón. Cuando envejeció Salomón, sus mujeres arrastraron su corazón hacia los dioses ajenos; y no era su corazón enteramente de Yahvé, su Dios, como lo había sido el de David, su padre;" y se fue Salomón tras de Astarté, diosa de los sidonios, y tras de Milcom, abominación de los amonitas;" e hizo Salomón el mal a los ojos de Yahvé, y no siguió enteramente a Yahvé, como David, su padre. Entonces edificó Salomón, en la montaña que está frente a Jerusalén, un excelso a Gamos, abominación de Moab, y a Milcom, abominación de los hijos de Amón;" y de modo semejante hizo para todas sus mujeres extranjeras, que allí quemaban perfumes y sacrificaban a sus dioses. Irritóse Yahvé contra Salomón porque había apartado su corazón de Yahvé, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces y le había mandado, cuanto a esto, que no se fuese tras los dioses ajenos; pero él no siguió lo que Yahvé le había mandado." Yahvé dijo a Salomón: “Pues que así has obrado y has roto mi alianza y las leyes que yo te había prescrito, yo romperé de sobre ti tu reino y se lo entregaré a un siervo tuyo. No lo haré, sin embargo, en tus días, por amor de David, tu padre; lo arrancaré de las manos de tu hijo." Ni le arrancaré tampoco todo el reino, sino que dejaré a tu hijo una tribu por amor de David, mi siervo, y por amor de Jerusalén, que yo he elegido.” Suscitó Yahvé a Salomón un enemigo, Hadad, idumeo, de la sangre real de Edom. Cuando David batió a Edom, Joab, jefe del ejército, subió para enterrar a los muertos y mató a todos los varones de Edom, quedándose con todo Israel durante seis meses en Edom, hasta exterminar a todos los varones. Entonces Hadad, con algunos edomitas, siervos de su padre, huyó para refugiarse en Egipto, siendo todavía muchacho. Partiendo de Madián, se fueron a Paran, y, uniéndose allí algunos de Paran, llegaron a Egipto, junto al Faraón, rey de Egipto. El Faraón dio a Hadad una casa, proveyó a su subsistencia y le dio tierras. Fue Hadad muy grato al Faraón, que le dio por mujer a Ano, hermana mayor de su mujer, hermana de la reina Tafnes. La hermana de Tafnes le dio su hijo Guenubat, a quien Tafnes educó en la casa del Faraón, estando en ella Guenubat como un hijo del Faraón. Cuando supo Hadad, en Egipto, que David se había dormido con sus padres y que Joab, jefe del ejército, había muerto, dijo al Faraón: “Déjame ir a mi tierra”;" y el Faraón le respondió: “¿Qué te falta cerca de mí, para que quieras irte a tu tierra?” Y él contestó: “Nada me falta, pero déjame ir.” Hadad se volvió a su casa. Este fue el mal que hizo Hadad, que odiaba a Israel y se alzó rey de Edom. Suscitó Dios a Salomón otro enemigo, Rezón, hijo de Eliada, que había huido de su señor Hadadezer, rey de Soba. Reunió gente y se hizo jefe de banda cuando David derrotó a las tropas arameas. Fuese entonces a Damasco y se estableció allí, y reinó en Damasco, siendo enemigo de Israel todo el tiempo de la vida de Salomón. Al mismo tiempo que Hadad, le hacía el mal que podía, porque aborrecía a Israel y reinaba en Siria. También Jeroboam, siervo de Salomón, se alzó contra el rey. Era hijo de Nabat, efrateo, de Sereda, siervo de Salomón, y tenía por madre a una viuda llamada Sarva. He aquí la ocasión de alzarse contra el rey: estaba Salomón construyendo el terraplén para rellenar la depresión que había en la ciudad de David, su padre. Jeroboam era hombre muy capaz y fuerte, y, habiéndole visto Salomón a la obra, dio al joven el mando de todas las gentes de trabajo de la casa de José. Por aquel tiempo salió Jeroboam de Jerusalén y le halló en el camino el profeta Ajías, de Silo. Iba éste cubierto con un manto nuevo y estaban los dos solos en el campo. Ajías cogió el manto nuevo que llevaba sobre sí, lo partió en doce pedazos y dijo a Jeroboam: “Coge diez pedazos, porque así habla Yahvé, Dios de Israel: Voy a romper el reino en manos de Salomón y a darte a ti diez tribus. El tendrá una tribu, por amor de David, mi siervo, y de Jerusalén, que yo he elegido entre todas las tribus de Israel. Porque me han abandonado y se han prosternado ante As-tarté, diosa de los sidonios; ante Gamos, dios de Moab, y ante Milcom, dios de los hijos de Amón. No han marchado por mis caminos, haciendo lo que es bueno a mis ojos y guardando mis leyes y mandamientos, como lo hizo David, su padre." No quitaré de sus manos el reino, pues mantendré su reinado todos los días de su vida por amor a David, mi siervo, a quien elegí yo y que guardó mis mandamientos y mis leyes. Pero quitaré el reino de las manos de su hijo y te daré a ti diez tribus, dejando a su hijo una tribu, para que David, mi siervo, tenga siempre una lámpara ante mí en Jerusalén, la ciudad que yo he elegido para poner allí mi nombre. A ti te tomaré yo; dominarás sobre cuanto tu corazón desea y serás rey de Israel." ” Si me obedeces en cuanto yo te mande y sigues mis caminos, mis leyes y mandamientos, como lo hizo David, mi siervo, yo seré contigo y te edificaré casa estable, como se la edifiqué a David, y te daré Israel. Humillaré a la descendencia de David, mas no por siempre.” Salomón procuró dar muerte a Jeroboam; pero Jeroboam huyó, refugiándose en Egipto, cerca de Sesac, rey de Egipto, hasta la muerte de Salomón." Lo demás de los hechos de Salomón, de lo que hizo y de su sabiduría, ¿no está escrito en el libro de los hechos de Salomón? Reinó Salomón en Jerusalén cuarenta años sobre todo Israel, y luego se durmió con sus padres y fue sepultado en la ciudad de David, su padre. Le sucedió Roboam, su hijo. Roboam fue a Siquem por haberse reunido en Siquem todo Israel para proclamarle rey. Así que lo oyó Jeroboam, hijo de Nabat, que estaba en Egipto, adonde había huido de Salomón, se volvió de Egipto. Y hablaron a Roboam diciendo: “Tu padre hizo muy pesado nuestro yugo; aligera tú, pues, ahora esta dura servidumbre, y te serviremos.” El les respondió: “Id y volved a mí dentro de tres días.” Fuese el pueblo. El rey Roboam consultó a los ancianos que habían estado cerca de Salomón, su padre, durante su vida, diciéndoles: “¿Qué me aconsejáis que responda a este pueblo?” Y ellos le dijeron: “Si ahora te rindes a este pueblo y le complaces hablándole blandas palabras, te estará siempre sujeto.” Pero Roboam no siguió el consejo de los ancianos, y consultó a los jóvenes que se habían criado con él y le rodeaban, diciéndoles: “¿Qué me aconsejáis que responda a este pueblo que así me habla: Aligera el yugo que tu padre nos impuso?” Y los jóvenes que se habían criado con él le dijeron así: “Habla de este modo al pueblo que te ha dicho: Tu padre hizo muy pesado su yugo sobre nosotros; aligéralo tú. Habíales así: Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre." Ahora, pues, mi padre os cargó con pesado yugo, y yo haré vuestro yugo más pesado todavía. Mi padre os azotó con azotes, y yo os azotaré con escorpiones.” Vino a Roboam, pues, todo Israel al día tercero, según lo que había dicho el rey: “Volved dentro de tres días”;" y el rey respondió al pueblo duramente, dejando el consejo que le habían dado los ancianos, y le habló así, según el consejo de los jóvenes: “Mi padre hizo pesado vuestro yugo, y yo lo haré más pesado todavía; mi padre os azotó con azotes, y yo os azotaré con escorpiones.” Desoyó, pues, el rey al pueblo, porque así lo disponía Yahvé para cumplir la palabra que El había dicho por medio de Ajías, de Silo, de Jeroboam, hijo de Nabat. Entonces todo Israel, viendo que el rey no le escuchaba dijo al rey: “¿Qué tenemos que ver nosotros con David? No tenemos heredad con el hijo de Isaí. J A tus tiendas, Israel! ¡Provee ahora a tu casa, David!” Fuese Israel a sus tiendas ( y Roboam no reinó sobre más hijos de Israel que los que habitaban en las ciudades de Judá). Mandó entonces Roboam a Adoni-ram, que era prefecto de los tributos; pero éste fue lapidado por todo Israel y murió. Apresuróse Roboam a montar en su carro para huir a Jerusalén;" y así se separó Israel de la casa de David hasta el día de hoy. Sabiendo que había vuelto Jeroboam, todo Israel le mandó a llamar a la asamblea y le hicieron rey de todo Israel. La tribu de Judá fue la sola que siguió a la casa de David. Llegado Roboam a Jerusalén, convocó a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín, ciento ochenta mil hombres de guerra, para hacer la guerra a la casa de Israel y reducirla a la obediencia de Roboam, hijo de Salomón;" pero Semeyas, varón de Dios, recibió palabras de Yahvé, diciendo: “Habla a Roboam, hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá y de Benjamín, y a todos los del pueblo, diciendo: He aquí lo que dice Yahvé: No subáis a hacer la guerra a vuestros hermanos, los hijos de Israel. Vuélvase cada uno de vosotros a su casa, porque de mí ha venido esto”; y ellos, obedeciendo la palabra de Dios, se volvieron, según la palabra de Yahvé." Jeroboam edificó Siquem, en la montaña de Efraím, y residió allí; salió después y edificó Penuel." Jeroboam se dijo en su corazón: “El reino podría muy bien volver otra vez a la casa de David. Si este pueblo sube a Jerusalén para hacer sus sacrificios en la casa de Yahvé, el corazón del pueblo se volverá a su señor, Roboam, rey de Judá, y me matarán a mí.” Despues de pensarlo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: “Bastante tiempo habéis subido a Jerusalén; ahí tienes a tu dios, Israel, el que te sacó de la tierra de Egipto.” Hizo poner uno de los becerros en Betel y otro en Dan;" y esto indujo al pecado, pues iba el pueblo hasta Dan para adorar. Edificó también Jeroboam lugares excelsos e hizo sacerdotes a gentes del pueblo que no eran de los hijos de Leví. Instituyó Jeroboam una solemnidad en el mes octavo, el quince del mes, conforme a las de Judá, y sacrificó sobre el altar. Así puso también en Betel sacerdotes en los altos que había construido, para que sacrificasen a los becerros que había hecho;" y subió al altar que se había hecho en Betel el día quince del octavo mes, que él a su voluntad eligió. Instituyó una fiesta para los hijos de Israel y subió al altar para sacrificar. Llegó de Judá a Betel un hombre de Dios, por mandato de Yahvé, mientras estaba Jeroboam en el altar para sacrificar;" y alzando su voz contra el altar, según la palabra de Yahvé', gritó: “¡Altar,altar! Así habla Yahvé: Nacerá de la casa de David un hijo que se llamará Josías, que inmolará sobre ti a los sacerdotes de los altos que en ti sacrifican, y sobre ti quemarán huesos humanos.” Y dio entonces mismo una señal, diciendo: “Esta es la señal que da Yahvé: el altar se quebrará y se derramará la ceniza que hay en él.” Al oír el rey Jeroboam las palabras del varón de Dios, lo que había gritado contra el altar de Betel, extendió su brazo desde el altar, diciendo: “Prendedle”; pero la mano que contra él extendió se quedó rígida y no pudo volverla a sí." El altar se quebró y las cenizas que sobre él había se derramaron, según la señal que el hombre de Dios había dado, conforme a la palabra de Yahvé. Entonces el rey, dirigiéndose al hombre de Dios, dijo: “Implora a Yahvé, tu Dios, y ruégale por mí para que pueda volver a mí la mano.” El hombre de Dios imploró a Yahvé, y el rey pudo volver a sí la mano, que quedó como estaba antes. Entonces dijo el rey al hombre de Dios: “Vente conmigo a mi casa para tomar algo y te haré un presente.” Pero el hombre de Dios dijo al rey: “No iré contigo a tu casa aunque me dieras la mitad de ella, y no comeré pan ni beberé agua en este lugar, porque esa orden me ha sido dada por la palabra de Yahvé: No comas pan, ni bebas agua, ni tomes para tu vuelta el camino por donde vayas.” Fuese, pues, por otro camino, no tomando para volver el camino por donde había venido a Betel. Habitaba en Betel a la sazón un viejo profeta, cuyos hijos vinieron a contarle lo que el hombre de Dios había hecho aquel día en Betel y lo que había dicho al rey;" y su padre les dijo: “¿Por qué camino ha ido?” Indicáronle sus hijos el camino por donde se volvió el hombre de Dios venido de Judá;" y él les dijo: “Aparejadme el asno.” Ellos se lo aparejaron, y él, subiendo en el asno, se fue tras el hombre de Dios; y una vez que lo alcanzó, mientras estaba sentado debajo de una encina, le preguntó: “¿Eres tú el hombre de Dios que ha venido de Judá?” El le respondió: “Yo soy.” Díjole entonces el otro: “Ven conmigo a casa para tomar algún alimento.” Pero él respondió: “No puedo ir contigo ni entrar en tu casa, porque la palabra de Yahvé me ha dicho: No comas pan, ni bebas agua, ni tomes para la vuelta el camino de la ida.” Pero él le dijo: “Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado de parte de Yahvé, diciéndome: Tráele contigo a tu casa para que coma pan y beba agua.” Mentía, Volvióse entonces con él el hombre de Dios, y en su casa comió pan y bebió agua. Pero, mientras estaban sentados a la mesa, fue palabra de Yahvé al profeta que le había hecho volver, que gritó al venido de Judá: “Así habla Yahvé: Por haber sido rebelde al mandato de Yahvé y no haber guardado la orden que Yahvé, tu Dios, te había dado, y porque volviéndote has comido pan y bebido agua en el lugar de que te había dicho: “No comas pan allí ni bebas allí agua,” no entrará tu cadáver en la sepultura de tus padres.” Cuando el profeta que le había hecho volver acabó de comer pan y de beber agua, hizo que aparejaran para el otro su asno, y el hombre de Dios se fue. Encontró en el camino un león, que le mató, quedando su cadáver tendido en el camino; el asno siguió junto a él, y el león junto al cadáver." Los que pasaban vieron el cadáver tendido en el camino y junto a él el león, y hablaron de ello en la ciudad donde moraba el viejo profeta. Ó Cuando el profeta que lo había hecho volver lo supo dijo: “Es el hombre de Dios, que ha sido rebelde a la orden de Yahvé, y por eso le ha entregado Yahvé al león, que le ha destrozado y muerto, conforme a la palabra que Yahvé le había dicho.” Después, dirigiéndose a sus hijos, dijo: “Aparejadme un asno.” Aparejáronlo ellos y se fue. Halló el cadáver tendido en el camino, y el asno y el león, que estaban junto al cadáver. El león ni había devorado el cadáver ni había dañado al asno. El profeta levantó el cadáver del hombre de Dios y, poniéndolo sobre el asno, se lo llevó, y vino con él a la ciudad, donde le lloró y le sepultó. Puso su cadáver en la sepultura y le lloraba, diciendo: “¡Ay hermano mío!” Después que le sepultó, dijo a sus hijos: “Cuando yo muera, me sepultaréis en la sepultura donde está enterrado el hombre de Dios, poniendo mis huesos junto a los suyos para que mis huesos se conserven intactos junto a los suyos, porque se ha de cumplir la palabra que de parte de Yahvé gritó él contra el altar de Betel y contra todos los altares de las ciudades de Samaría.” A pesar de esto, no se apartó Jeroboam de su mal camino; creó nuevos sacerdotes de entre todo el pueblo para los altos. A cualquiera que quisiera serlo le consagraba él sacerdote de los altos." Esto fue causa de pecado para la casa de Jeroboam, y por eso fue exterminada y borrada de sobre la haz de la tierra. Enfermó por entonces Abiya, hijo de Jeroboam;" Jeroboam dijo a su mujer: “Anda, levántate y disfrázate de modo que nadie sepa que eres la mujer de Jeroboam, y vete a Silo. Allí está Ajías, profeta, el que me anunció que sería rey de este pueblo. Coge contigo diez panes, tortas y una vasija de miel, y entra en su casa, y él te dirá lo que va a ser del niño.” Hízolo así la mujer de Jeroboam. Se levantó, fue a Silo y entró en la casa de Ajías. Ajías no veía ya, pues por la vejez se le habían quedado fijos los ojos;" pero Yahvé había dicho a Ajías: “La mujer de Jeroboam va a venir a consultarte acerca de su hijo, que está enfermo; y esto le dirás.” Cuando llegó, quiso hacerse pasar por otra." Así que oyó Ajías el ruido de sus pasos en el momento en que trasponía la puerta, dijo: “Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué te finges otra? Estoy encargado de anunciarte cosas muy duras. Ve y dile a Jeroboam: Así habla Yahvé, Dios de Israel: “Yo te alcé de en medio del pueblo y te hice jefe de mi pueblo, Israel, rompiendo el reino de la casa de David y dándotelo a ti. Pero tú no has sido como mi siervo David, que guardó mis mandamientos y me siguió de todo su corazón, no haciendo más que lo recto a mis ojos;" antes hiciste el mal, más que cuantos han sido antes de ti, haciéndote otros dioses y fundiendo imágenes para irritarme, echándome tras de tus espaldas. “ Por eso voy a hacer venir el mal sobre la casa de Jeroboam, y exterminaré a todos cuantos a Jeroboam pertenecen, al esclavo y al libre en Israel, y barreré a la casa de Jeroboam, como se barren las basuras, hasta que del todo desaparezca. El que de la casa de Jeroboam muera en la ciudad será devorado de los perros, y el que muera en el campo será comido por las aves del cielo. Porque ha hablado Yahvé.” Y tú álzate y vete a tu casa. En cuanto tus pies entren en la ciudad, morirá el niño;" todo Israel le llorará y será sepultado, pues será el único de la casa de Jeroboam que será sepultado, por ser el único de la casa de Jeroboam en quien se ha hallado algo de bueno a los ojos de Yahvé, Dios de Israel. Yahvé alzará sobre Israel un rey, que exterminará en su día la casa de Jeroboam. Yahvé sacudirá a Israel como en el agua se agita una caña, y arrancará a Israel de esta buena tierra que dio a sus padres y le dispersará al otro lado del río por haberse hecho ídolos, irritando a Yahvé. Entregará a Israel por los pecados que ha cometido Jeroboam y los que ha hecho cometer a Israel.” Levantóse la mujer de Jeroboam y se fue. Llegó a Tirsa, y cuando tocaba con sus pies el umbral de la puerta, murió el niño. Se le enterró, y todo Israel le lloró, según la palabra que Yahvé había dicho por su siervo Ajías, profeta. Lo demás de los hechos de Jeroboam, de las guerras que hizo y de cómo reinó, todo ello está escrito en las crónicas de los reyes de Israel. Reino veintidós años y se durmió con sus padres. Le sucedió Nadab, su hijo. Roboam, hijo de Salomón, reinó sobre Judá. Tenía cuarenta y un años cuando empezó a reinar, y reinó diecisiete años en Jerusalén, la ciudad que Yahvé se había elegido de entre todas las tribus de Israel para poner allí su nombre. Su madre se llamaba Noama, amonita. Roboam hizo el mal a los ojos de Yahvé, irritando su celo con los pecados que cometía, más que cuanto lo habían hecho antes sus padres. Edificáronse altos, con cipos y aseras sobre todas las alturas y bajo todo árbol frondoso. Hasta consagrados a la prostitución idolátrica hubo en la tierra. Imitaron todas las abominaciones de las gentes que Yahvé había echado de delante de los hijos de Israel. El año quinto del reinado de Roboam, Sesac, rey de Egipto, subió contra Jerusalén. Saqueó los tesoros de la casa de Yahvé y los tesoros de la casa del rey; todo lo saqueó, con todos los escudos de oro que había hecho Salomón." El rey Roboam hizo en su lugar escudos de bronce y se los entregó a los jefes de la guardia de la entrada de la casa del rey. Cuantas veces iba el rey a la casa de Yahvé, los llevaban los de la guardia y luego los volvían al cuartel de la guardia” El resto de los hechos de Roboam, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Siempre hubo guerra entre Roboam y Jeroboam. Durmióse Roboam con sus padres y fue sepultado en la ciudad de David. Le sucedió Abiam, hijo suyo. El año decimoctavo del reinado de Jeroboam, hijo de Nabat, comenzó a reinar en Judá Abiam. Reinó tres años en Jerusalén. Su madre se llamaba Maaca, hija de Absalón. Dióse a todos los pecados que antes había cometido su padre, y su corazón no estuvo enteramente con Yahvé, como lo había estado el de David, su padre. Mas, por amor de David, Yahvé, su Dios, dio a éste una lámpara en Jerusalén, estableciendo a su hijo después de él y sosteniendo a Jerusalén;" porque David había hecho lo recto a los ojos de Yahvé y no se había apartado de ninguno de sus mandamientos durante toda su vida, fuera de lo de Urías el jeteo. (Hubo guerra entre Roboam y Jeroboam mientras vivió aquél.) El resto de los hechos de Abiam, lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Hubo guerra entre Abiam y Jeroboam. Abiam se durmió con sus padres y fue sepultado en la ciudad de David. Le sucedió Asa, su hijo. El año veinte del reinado de Jeroboam comenzó a reinar Asa en Judá. Reinó cuarenta y un años en Jerusalén, y su madre se llamaba Maaca, hija de Absalón. Asa hizo lo recto a los ojos de Yahvé, como David, su padre. Arrancó de la tierra a los consagrados a la prostitución idolátrica e hizo desaparecer los ídolos que sus padres se habían hecho;" y hasta despojó a su abuela, Maaca, de la dignidad de reina, porque se había hecho una “asera” abominable; tomo la abominación y la quemó en el torrente de Cedrón." Pero no desaparecieron todos los altos, aunque el corazón de Asa estuvo enteramente con Yahvé durante toda su vida. Llevó a la casa de Yahvé cosas consagradas por su padre y por él mismo: plata, oro y utensilios. Hubo guerra entre Asa y Basa, rey de Israel, durante toda su vida. Basa, rey de Israel, subió contra Judá y fortificó Rama para impedir a Asa, rey de Judá, salir y entrar. Asa tomó toda la plata y todo el oro que habían quedado en el tesoro de la casa de Yahvé y el tesoro de la casa del rey y se lo entregó a sus servidores, que envió a Ben Adad, hijo de Tabrimón, hijo de Jezyión, rey de Siria, que residía en Damasco. El rey Asa le dijo: “Que haya alianza entre ti y mí, como la hubo entre mi padre y tu padre. Te mando este presente de plata y oro. Rompe la alianza con Basa, rey de Israel, para que éste se aleje de mí.” Ben Adad escuchó a Asa y mandó a los jefes de su ejército contra las ciudades de Israel; y devastó a lyón, Dad, Abel Maaca, todo el Quenefet y toda la tierra de Neftalí." Cuando Basa supo esto, cesó de fortificar a Rama y se volvió a Tirsa. El rey Asa convocó a todo Judá, sin excepción, y se apoderó de las piedras y de la madera que Basa empleaba en las fortificaciones de Rama, y el rey Asa se sirvió de ellas para fortificar a Gueba de Benjamín y Misfa. El resto de los hechos de Asa, todas sus hazañas, cuanto hizo, las ciudades que edificó, ¿no está escrito en el libro de las Crónicas de los reyes de Judá? Al tiempo de su vejez estuvo enfermo de los pies. Durmióse Asa con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David, su padre. Le sucedió Josafat, su hijo. Nadab, hijo de Jeroboam, reinó sobre Israel; comenzó a reinar el segundo año de Asa, rey de Judá, y reinó dos años sobre Israel." Hizo lo malo a los ojos de Yahvé y marchó por el camino de su padre, dándose a todas las abominaciones que su padre había hecho cometer a Israel. Basa, hijo de Ajías, de la casa de Isacar, conspiró contra él y le mató en Guibetón, que pertenecía a los filisteos, mientras Nadab y todo Israel asediaba a Guibetón. Le mató el año tercero de Asa, rey de Judá, y reinó en lugar suyo. Cuando reinó, destruyó toda la casa de Jeroboam, sin dejar escapar a nadie, matando a cuanto respiraba, según la palabra que Yahvé había dicho por medio de Ajías, de Silo, su siervo, por los pecados que Jeroboam había cometido y los que había hecho cometer a Israel, irritando así a Yahvé, Dios de Israel. El resto de los hechos de Nadab, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? ( Hubo guerra entre Asa y Basa todos los días de su vida.) El año tercero de Asa, rey de Judá, reinó sobre todo Israel, en Tirsa, Basa, hijo de Ajías. Reinó veinticuatro años. Hizo lo malo a los ojos de Yahvé y marchó por el camino de Jeroboam, dándose a los pecados que Jeroboam había hecho cometer a Israel. Recibió Jehú, hijo de Janani, palabra de Yahvé contra Basa, diciendo: “Yo te he levantado del polvo y te hice jefe de mi pueblo, Israel; mas por haber tú marchado por el camino de Jeroboam y haber hecho pecar a mi pueblo, Israel, irritándome con sus pecados," voy yo a barrer a Basa y a su casa, y haré tu casa semejante a la de Jeroboam, hijo de Nadab. El que de la casa de Basa muera en la ciudad será devorado por los perros, y el que de los suyos muera en el campo será comido por las aves del cielo.” Él resto de los hechos de Basa, cuanto hizo, sus hazañas, ¿no está escrito en el libro de las Crónicas de los reyes de Israel? Basa se durmió con sus padres y fue sepultado en Tirsa. Le sucedió Ela, su hijo. La palabra de Yahvé había sido dirigida por medio del profeta Jehú, hijo de Janani, contra Basa y contra su casa, no sólo por todo el mal que él había hecho a los ojos de Yahvé, irritándole con la obra de sus manos y haciéndose semejante a la casa de Jeroboam, sino también por haber destruido a la casa de Jeroboam. El año veintiséis de Asa, rey de Judá, comenzó a reinar sobre Israel, en Tirsa, Ela, hijo de Basa, y reinó dos años. Conspiró contra él Zimri, su siervo, jefe de la mitad de los carros. Estaba Ela en Tirsa comiendo y embriagándose en casa de Arsa, su mayordomo en Tirsa;" y entró Zimri y le hirió, matándole, el año veintisiete de Asa, rey de Judá, y reinó en su lugar. Hecho rey, una vez que se sentó sobre el trono, destruyó a toda la casa de Basa, sin dejar que escapara nadie de cuantos le pertenecían, ni pariente ni amigo. Destruyó Zimri toda la casa de Basa, según la palabra que Yahvé había dicho contra Basa por medio de Jehú, profeta, por todos los pecados que Basa y Ela, su hijo, habían cometido y habían hecho cometer a Israel, irritando con sus ídolos a Yahvé, Dios de Israel. El resto de los hechos de Ela, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las Crónicas de los reyes de Israel? El año veintisiete de Asa, rey de Judá, reinó siete días Zimri en Tirsa. Estaba el pueblo acampado contra Guibetón, que pertenecía a los filisteos, y supo la noticia: “Zimri ha conspirado contra el rey, y aun le ha dado muerte”; y aquel mismo día todo Israel alzó en el campamento por rey a Omri, jefe del ejército." Ornri, y con él todo Israel, subieron de Guibetón y pusieron cerco a Tirsa. Cuando Zimri vio que era tomada la ciudad, se metió en el palacio real y puso fuego a la casa con él dentro, y así murió, por los pecados que él había cometido, haciendo lo malo a los ojos de Yahvé y marchando por el camino de Jeroboam y dándose a los pecados que Jeroboam había cometido para hacer pecar a Israel. El resto de los hechos de Zimri, la conspiración que tramó, ¿no está escrito en el libro de las Crónicas de los reyes de Israel? Entonces el pueblo de Israel se dividió en dos partidos; una mitad del pueblo quería hacer rey a Tibni, hijo de Guinat, y la otra mitad estaba por Omri." Los partidarios de Omri vencieron a los partidarios de Tibni, hijo de Guinat, y Tibni fue muerto y reinó Omri. El año treinta y uno de Asa, rey de Judá, comenzó a reinar Omri sobre Israel, y reinó doce años. Reinó en Tirsa seis años;" luego compró a Semer la montaña de Samaría por dos talentos de plata, y edificó sobre la montaña, dando a la ciudad que edificó el nombre de Samaría, del monte de Semer, el dueño del monte. Omri hizo el mal a los ojos de Yahvé y obró todavía peor que los que le habían precedido. Marchó por todos los caminos de Jeroboam, hijo de Nabat, y se dio a todos los pecados que Jeroboam había hecho cometer a Israel, irritando con sus ídolos a Yahvé, Dios de Israel. El resto de los hechos de Omri, cuanto hizo, sus hazañas, ¿no está escrito en el libro de las Crónicas de los reyes de Israel? Se durmió Omri con sus padres y fue sepultado en Samaría. Le sucedió Ajab, su hijo. Ajab, hijo de Omri, comenzó a reinar en Israel el año treinta y ocho de Asa, rey de Judá, y reinó sobre Israel en Samaría veintidós años. Ajab, hijo de Omri, hizo el mal a los ojos de Yahvé, más que todos cuantos le habían precedido;" y como si fuese todavía poco darse a los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, tomó por mujer a Jezabel, hija de Etbaal, rey de Sidón, y se fue tras Baal, le sirvió y se prosternó ante él. Alzó a Baal un altar en la casa de Baal, que edificó en Samaría. Hízose además una “a sera,” haciendo más que cuantos reyes le precedieron para provocar la ira de Yahvé, Dios de Israel. En su tiempo, Jiel, de Betel, reedificó a Jericó; echó los fundamentos, al precio de su primogénito, Abiram, y puso las puertas al precio de Segub, su hijo menor, según la palabra que Yahvé había dicho por medio de Josué, hijo de Nun." Elías, tisbita, habitante en Galaad, dijo a Ajab: “Vive Yahvé, Dios de Israel, a quien sirvo, que no habrá en estos años ni rocío ni lluvia sino por mi palabra.” Y dirigió Yahvé a Elías su palabra, diciendo: “Pártete de aquí, vete hacia el oriente y escóndete junto al torrente de Querit, al este del Jordán. Beberás el agua del torrente y yo mandaré a los cuervos que te den de comer allí.” Hizo según la palabra de Yahvé, y fue a asentarse junto al torrente de Querit, que está al este del Jordán. Los cuervos le llevaban por la mañana pan, y carne por la tarde, y bebía del agua del torrente;" pero al cabo de cierto tiempo se secó el torrente, pues no había caído lluvia alguna sobre la tierra. Entonces le dirigió Yahvé su palabra, diciendo: “Levántate y vete a Sarepta, de Sidón, y mora allí. Yo he dado orden a una mujer viuda para que te mantenga.” Levantóse y fuese a Sarepta. Al llegar a la entrada de la ciudad, vio a una mujer viuda que recogía serojos; la llamó y le dijo: “Vete a buscarme, por favor, un poco de agua en un vaso para que beba”;" y ella fue a buscarla. Llamóla de nuevo cuando iba a traérselo, y le dijo: “Tráeme también, por favor, un bocado de pan”;" pero ella le contestó: “Vive Yahvé, tu Dios, que no tengo nada de pan cocido y que no me queda más que un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en la vasija; precisamente estaba ahora tomando unos serojos para ir a preparar esto para mí y para mi hijo; lo comeremos y nos dejaremos morir.” y me dijo: “No temas; ve y haz lo que has dicho; pero prepárame para mí antes una tortita cocida en el rescoldo y tráemela, y luego ya harás para ti y para tu hijo;" pues he aquí lo que dice Yahvé: “No faltará la harina que tienes en la tinaja ni disminuirá el aceite en la vasija hasta el día en que Yahvé haga caer la lluvia sobre la haz de la tierra.” Fue ella e hizo lo que le había dicho Elías, y durante mucho tiempo tuvieron que comer ella y su familia y Elías, sin que faltase la harina de la tinaja ni disminuyese el aceite de la vasija, según lo que había dicho Yahvé por Elías. Después de esto enfermó el hijo de la mujer dueña de la casa; y su enfermedad era tan violenta, que no podía resollar." La mujer dijo entonces a Elías: “¿Qué hay entre ti y mí, hombre de Dios? ¿Has venido por ventura a mi casa para traer a la memoria mis pecados y hacer morir a mi hijo?” El le respondió: “Dame acá tu hijo.” El le tomó del regazo de su madre, le subió a la habitación donde él dormía y le puso en su cama, e invocó a Yahvé, diciendo: “jOh Yahvé, mi Dios! ¿Vas a afligir a la viuda que en su casa me ha hospedado, matando a su hijo?” Tendióse tres veces sobre el niño, invocando a Yahvé y diciendo: “Yahvé, Dios mío! Que vuelva, te ruego, el alma de este niño a entrar en él.” Yahvé oyó la voz de Elías, y volvió dentro del niño su alma y revivió. Tomó entonces al niño Elías, bajó y entrególo a su madre, diciendo: “Mira, tu hijo vive.” La mujer dijo a Elías: “Ahora conozco que eres hombre de Dios y que es verdad en tu boca la palabra de Yahvé.” Pasados muchos días, al tercer año, dirigió Yahvé su palabra a Elías, diciendo: “Ve, preséntate a Ajab, que voy a hacer que caiga la lluvia sobre la haz de la tierra.” Fue, pues, Elías para presentarse ante Ajab. El hambre era grande en Samaría, y Ajab mandó a llamar a Abdías, su mayordomo. Abdías era muy temeroso de Yahvé;" y cuando Jezabel exterminaba a los profetas de Yahvé, escondió a cien profetas, de cincuenta en cincuenta, por cincuenta días en cavernas, proveyéndoles de pan y de agua. Ajab dijo a Abdías: “Vete por la tierra a todas las fuentes de agua y a todos los torrentes, a ver si por allí hay alguna hierba para que podamos conservar con vida a los caballos y mulos y no nos quedemos sin ganado.” Dividiéronse, pues, la tierra para recorrerla, y Ajab se fue solo por un camino y Abdías se fue solo por otro. Cuando iba Abdías por su camino, encontróse con Elías, y como le reconócelo, echóse sobre el rostro, diciendo: “¿Eres tú, mi señor, Elías?” El le respondió: “Sí, yo soy; vete a decir a tu señor: Ahí está Elías.” Y Abdías le contestó: “¿Qué pecado he cometido yo para que tú me entregues en manos de Ajab, que seguramente me hará morir? Vive Yahvé, tu Dios, que no hay nación ni reino adonde no haya mandado mi amo a buscarte; cuando venían diciéndole que no estabas allí, hacía jurar al reino y a la nación que no te habían hallado." ¿Y ahora tú me dices: Ve a decir a tu amo: Ahí está Elías? Además, en cuanto yo te deje, el espíritu de Yahvé te llevará yo no sé dónde, y cuando vaya a informar a Ajab, él no te hallará y me matará. Sin embargo, tu siervo teme a Yahvé desde su juventud. ¿No le han dicho a mi señor lo que yo hice cuando Jezabel mataba a los profetas de Yahvé? Yo oculté a cien profetas de Yahvé, de cincuenta en cincuenta, en cavernas, y los proveí de pan y de agua. ¿Yahora me mandas: Ve a decir a tu amo: Ahí está Elías, para que me mate?” Pero Elías le dijo: “Vive Yahvé, Sebaot, a quien sirvo, que hoy mismo me presentaré yo delante de Ajab.” Abdías, yendo al encuentro de Ajab, le informó, y Ajab se volvió para ir al encuentro de Elías. Apenas le vio Ajab, le dijo: “¿Eres tú, ruina de Israel?” Y Elías le respondió: “No soy yo la ruina de Israel, sino tú y la casa de tu padre, apartándoos de los mandamientos de Yahvé y yéndoos tras los baales. Anda, convoca a todo Israel sobre el monte Carmel y a los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal que comen de la mesa de Jezabel.” Convocó, pues, Ajab a todos los hijos de Israel y a todos los profetas al monte Carmel;" y acercándose Elías a todo el pueblo, le dijo: “¿Hasta cuándo habéis de estar vosotros claudicando de un lado y de otro? Si Yahvé es Dios, seguidle a El; y si lo es Baal, id tras él.” El pueblo no respondió nada." Volvió a decir Elías al pueblo: “Sólo quedo yo de los profetas de Yahvé, mientras que hay cuatrocientos cincuenta profetas de Baal. Que traigan bueyes para que escojan ellos uno, lo corten en pedazos y lo pongan sobre la leña, pero sin poner fuego debajo; yo prepararé otro sobre la leña, sin poner fuego debajo." Después invocad vosotros el nombre de vuestro dios y yo invocaré el nombre de Yahvé. El dios que respondiere con el fuego, ése sea Dios”; y todo el pueblo respondió: “Está muy bien.” Entonces dijo Elías a los profetas de Baal: “Escogeos el buey y haced vosotros primero, pues que sois los más, e invocad el nombre de vuestro dios, pero sin poner fuego debajo.” Tomaron ellos el buey que les entregaron, aprestáronlo, y estuvieron invocando el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: “Baal, respóndenos.” Pero no había voz ni quien respondiese, mientras estaban ellos saltando en torno del altar que habían hecho. Al mediodía burlábase de ellos Elías, diciendo: “Gritad bien fuerte; dios es, pero quizá está entretenido conversando, o tiene algún negocio, o está de viaje. Acaso esté dormido, y así le despertaréis.” Ellos daban voces y más voces y se sajaban con cuchillos y lancetas, según su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos. Pasado el mediodía, siguieron enfurecidos hasta la hora en que suele hacerse la ofrenda de la tarde; pero no hubo voz ni quien escuchase ni respondiese." Entonces dijo Elías a todo el pueblo: “Acercaos.” Y todo el pueblo se acercó a él. Preparó el altar de Yahvé, que estaba en ruina;" y tomando Elías doce piedras, según el número de las tribus de los hijos de Jacob, a quien había dicho Yahvé: “Israel será tu nombre,” alzó con ellas un altar al nombre de Yahvé. Hizo en derredor una zanja tan grande como la superficie en que se siembran dos “satos” de simiente;" compuso la leña, cortó el buey en pedazos y púsolo sobre la leña. Dijo luego: “Llenad de agua cuatro cántaros y echadla sobre el holocausto y sobre la leña.” Después dijo: “Haced lo mismo otra vez.” Otra vez lo hicieron. Dijo aún: “Hacedlo por tercera vez.” Y por tercera vez lo hicieron. Corría el agua todo en derredor del altar y había llenado el agua también la zanja. Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, llegóse el profeta Elías y dijo: “Yahvé, Dios de Abra-ham, de Isaac y de Israel: que se sepa hoy que tú eres Dios de Israel y que yo soy tu siervo, que todo esto hago por mandato tuyo. Respóndeme, Yahvé; respóndeme, para que todo este pueblo conozca que tú, ¡oh Yahvé! eres Dios y que tú conviertes a ti su corazón.” Bajó entonces fuego de Yahvé, que consumió el holocausto y la leña, las piedras y el polvo, y aún lamió las aguas que había en la zanja. Viendo esto el pueblo, cayeron todos sobre sus rostros y dijeron: “¡Yahvé es Dios, Yahvé es Dios!” Y díjoles Elías: “ Tomad a los profetas de Baal, sin dejar que escape ninguno.” Tomandolos a ellos y llevólos Elías al torrente Cisón, donde los degolló. Entonces dijo Elías a Ajab: “Sube a comer y a beber, porque ya suena gran ruido de lluvia.” Y subió Ajab a comer y a beber. Elías subió a la cumbre del Carmel y se postró en tierra, poniendo el rostro entre las rodillas;" y dijo a su siervo: “Sube y mira hacia el mar.” Subió él, miró y dijo: “No se ve nada.” Elías le dijo: “Vuelve a hacerlo siete veces.” Y a la séptima vez dijo el siervo: “Veo una nubécula, como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar.” El le dijo: “Ve y dile a Ajab: Unce y baja, no te lo impida luego la lluvia.” Y en esto se cubrió el cielo de nubes, sopló el viento y cayó gran lluvia. Subió Ajab y vino a Jezrael. Fue sobre Elías la mano de Yahvé, que ciñó sus lomos, y vino corriendo a Jezrael delante de Ajab. Ajab hizo saber a Jezabel lo que había hecho Elías y cómo había pasado a cuchillo a los profetas, y Jezabel mandó a Elías un mensajero para decirle: “Así me hagan los dioses y así me añadan si mañana a estas horas no estás tú como uno de ellos.” Temió, pues, Elías y se levantó y huyó para salvar su vida, y llegó a Berseba, que está en Judá; y dejando allí a su siervo," siguió él por el desierto un día de camino y sentóse bajo una mata de retama; deseó morirse, y dijo: “¡Basta, Yahvé! Lleva ya mi alma, que no soy mejor que mis padres.” Y, echándose allí, se quedó dormido. Y he aquí que un ángel le tocó, diciéndole: “Levántate y come.” Miró él y vio a su cabecera una torta cocida y una vasija de agua. Comió y bebió y luego volvió a acostarse;" pero el ángel de Yahvé vino por segunda vez y le tocó, diciendo: “Levántate y come, porque te queda todavía mucho camino.” Levantóse, pues; comió y bebió, y anduvo con la fuerza de aquella comida cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, Horeb." Allí metióse en una cueva, donde pasó la noche, y le dirigió Yahvé su palabra, diciendo: “¿Qué haces aquí, Elías?” El respondió: “He sentido vivo celo por Yahvé Sebaot, porque los hijos de Israel han roto tu alianza, han derribado tus altares y han pasado a cuchillo a tus profetas, de los que sólo he quedado yo, y me están buscando para quitarme la vida.” Díjole Yahvé: “Sal afuera y ponte en el monte ante Yahvé. Y he aquí que va a pasar Yahvé.” Y delante de él pasó un viento fuerte y poderoso que rompía los montes y quebraba las peñas, pero no estaba Yahvé en el viento. Y vino tras el viento un terremoto, pero no estaba Yahvé en el terremoto. Vino tras el terremoto un fuego, pero no estaba Yahvé en el fuego Tras el fuego vino un Iigero y blando susurro. Cuando lo oyó Elías, cubrióse el rostro con su manto, y, saliendo, se puso de piec a la entrada de la caverna y oyó una voz que le dirigía estas palabras: “¿Qué haces aquí, Elías?” Y él respondió: “He sentido vivo celo por Yahvé Sebaot, porque los hijos de Israel han roto tu alianza, han derribado tus altares y han pasado a cuchillo a tus profetas, de los que sólo quedo yo, y me buscan para quitarme la vida.” Díjole entonces Yahvé: “Vete; vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco, y, cuando llegues, unge a Jazael por rey de Siria," y a Jehú, hijo de Nimsi, le unges por rey de Israel. A Elíseo, hijo de Safat, de Abel Mejola, le ungirás para que sea profeta en lugar tuyo. Al que escapare de la espada de Jazael le matará Jehú, y al que escapare de la espada de Jehú le matará Elíseo. Voy a dejar con vida en Israel a siete mil cuyas rodillas no se han doblado ante Baal y cuyos labios no le han besado.” Partió de allí y halló a Elíseo, hijo de Safat, que estaba arando con doce yuntas, una de las cuales era la suya; y pasando Elías junto a él, echóle su manto;" y él, dejando los bueyes, se vino corriendo tras Elías y le dijo: “Déjame ir a abrazar a mi padre y a mi madre, y te seguiré.” Elías le respondió: “Ve y vuelve, pues ya ves lo que he hecho contigo.” Alejóse de Elías, y, cuando volvió, cogió el par de bueyes y los ofreció en sacrificio; con el yugo y arado de los bueyes coció la carne e invitó a comer al pueblo, y, levantándose, siguió a Elías y se puso a su servicio." Ben Hadad, rey de Siria, reunió todo su ejército. Tenía consigo treinta y dos reyes vasallos, caballos y carros. Subió y puso sitio a Samaría, y mandó mensajeros que dijesen a Ajab, rey de Israel: “Así habla Ben Hadad: Tu plata y tu oro son míos, mías tus mujeres y míos tus hijos.” El rey de Israel respondió: “Rey, mi señor, yo soy tuyo, y tuyo es, como tú dices, todo lo que yo tengo.” Volvieron los mensajeros y dijeron: “Así habla Ben Hadad: Yo te he mandado a decir: Entrégame tu plata y tu oro, tus mujeres y tus hijos. Mañana, pues, a estas horas, yo mandaré a ti mis servidores para que escudriñen tu casa y la de tus siervos y pongan su mano sobre cuanto de precioso encuentren y me lo traigan.” El rey de Israel convocó a todos los ancianos de Israel y les dijo: “Oíd bien y entended que este hombre nos quiere mal; porque él me ha pedido mis mujeres y mis hijos, mi plata y mi oro, y yo no se los he rehusado.” Todos los ancianos del pueblo dijeron a Ajab: “No le oigas y niégate a ello.” Y él les dijo a los mensajeros de Ben Hadad: “Decid a vuestro señor el rey: Yo haré todo lo que has mandado a decir a tu siervo la primera vez, pero esto otro no puedo hacerio.” Los mensajeros se fueron y le llevaron la respuesta Ben Hadad mandó a decir a Ajab: “Que esto me hagan los dioses y esto me añadan si el polvo de Samaría basta para llenar el hueco de la mano del pueblo todo que me sigue,” Y el rey de Israel respondió: “Decidle que no ha de alabarse el que se ciñe como el que ya se desciñe,” Cuando Ben Hadad recibió esta respuesta, estaba bebiendo en su tienda con los reyes vasallos y dijo a sus servidores: “Preparaos.” E hicieron sus preparativos contra la ciudad. Acercóse a Ajab, rey de Israel, un profeta y le dijo: “Así habla Yahvé, Dios de Israel: ¿Ves toda esta muchedumbre? Voy a entregarla en tus manos, y así sabrás que yo soy Yahvé.” Ajab preguntó: “¿Por mano de quién?” Y él respondió: “Así dice Yahvé: Por mano de los servidores de los jefes de provincia.” Ajab preguntó más: “¿Quién comenzará el combate?” Y él respondió: “Tú mismo,” Entonces Ajab revistó a los servidores de los jefes de provincia, en todo doscientos treinta y dos. Luego revistó a todo el pueblo, a todos los hijos de Israel, que fueron siete mil. Hicieron una salida al mediodía, mientras Ben Hadad estaba bebiendo y embriagándose en las tiendas con los treinta y dos reyes, sus auxiliares. Salieron los primeros los servidores de los jefes de provincia. Ben Hadad fue informado y le dijeron: “Los de Samaría han hecho una salida.” Y él respondió: “Si han salido de paz, traédmelos vivos, y si han salido en guerra, traédmelos vivos.” Una vez que los servidores de los jefes de provincia salieron de la ciudad, y tras ellos el ejército, cada uno de ellos mató a su hombre, y los sirios emprendieron la fuga. Israel los persiguió. Ben Hadad, rey de Siria, se salvó en un caballo con algunos de la caballería. El rey de Israel salió y destrozó a la caballería y a los carros, haciendo en los sirios gran estrago. Entonces se acercó al rey de Israel el profeta y le dijo: “Ve y fortifícate, y mira lo que debes hacer, porque el rey de Siria volverá contra ti a la vuelta del año.” Los servidores del rey de Siria dijeron a éste: “Su Dios es un Dios de monte; por eso nos han vencido; pero, si peleamos con ellos en el llano, los venceremos." Haz, pues, así: quita a los reyes sus mandos y pon jefes en lugar de ellos. y hazte un ejército semejante al que has perdido, con otros tantos caballos y otros tantos carros. Después daremos la batalla en el llano y se verá si no los vencemos.” El rey les dio oídos e hizo así. Pasado el año, Ben Hadad reunió a todos los sirios y vino a Afee, a dar la batalla a Israel. Reuniéronse también los hijos de Israel y saliéronle al encuentro. Asentaron su campo frente a ellos, como dos rebañitos de cabras, mientras que los sirios llenaban la tierra. Un hombre de Dios se acercó al rey de Israel y le dijo: “Así habla Yahvé. Porque los sirios han dicho: Yahvé es un Dios de monte y no de llano, entregaré en tus manos toda esta muchedumbre, y así sabréis que yo soy Yahvé.” Siete días estuvieron acampando los unos frente a los otros. El séptimo día se trabó el combate, y los hijos de Israel hicieron a los sirios cien mil muertos de a pie en un día. El resto huyó a la ciudad de Afee, y las murallas se les caían encima a los veintisiete mil hombres que quedaban. También Ben Hadad se refugió en la ciudad, y andaba de cámara en cámara. Sus servidores le dijeron: “Nosotros hemos oído que los reyes de la casa de Israel son reyes misericordiosos; vamos a vestirnos sacos sobre nuestros lomos y a ponernos sogas al cuello, y a ir así al rey de Israel, a ver si te deja la vida.” Vistiéronse sacos sobre los lomos y pusiéronse sogas al cuello y se fueron al rey de Israel y le dijeron: “Tu siervo Ben Hadad dice: Déjame la vida.” Ajab respondió: “¿Vive todavía? Es mi hermano.” Tuvieron esto los hombres por buen agüero y se apresuraron a tomarle por la palabra, diciendo: “Ben Hadad es tu hermano.” Y él dijo: “Id y traédmelo.” Vino a él Ben Hadad, y Ajab le hizo subir a su carro. Ben Hadad le dijo: “Yo te devolveré las ciudades que mi padre tomó al tuyo y tendrás en Damasco calles para ti, como las tuvo mi padre en Samaría.” “Y yo, repuso Ajab, te dejaré ir libre, hecha esta alianza.” Hizo, pues, alianza con él y le dejó ir. Uno de los profetas dijo a un su compañero por mandato de Yahvé: “Hiéreme, te lo ruego”; pero éste se negó a herirle." Entonces le dijo el otro: “Por no haber obedecido la voz de Yahvé, en cuanto me dejes te herirá un león”; y en cuanto se alejó, encontróse con un león, que le hirió." Encontró el otro a otro hombre y le dijo: “Hiéreme, te lo ruego”; y éste le dio un golpe y le hirió." Fue a ponerse el profeta en el camino del rey y se disfrazó cubriéndose el rostro con un velo. Cuando pasaba el rey, le gritó diciendo: “Tu siervo estaba entre las tropas, y, apartándose uno, me entregó a un hombre, diciendo: Guarda a este hombre. Si llega a faltar, responderás de su vida con la tuya o con un talento de plata. Mientras tu siervo andaba de una parte para otra, el hombre desapareció. El rey de Israel le dijo: “Tú mismo te juzgas; ésa es tu sentencia.” Quitóse entonces el profeta el velo de sobre los ojos, y vio el rey que era un profeta. Este le dijo entonces: “Así dice Yahvé: Por haber dejado ir de tus manos al que yo había dado al anatema, tu vida responderá de la suya, y tu pueblo de su pueblo.” Fuese el rey para su casa triste e irritado, y llegó a Samaría. Después de esto, Nabot, de Jezrael, tenía en Jezrael una viña junto al palacio de Ajab, rey de Samaría;" y Ajab dijo a Nabot: “Cédeme tu viña para hacer un huerto para legumbres, pues está muy cerca de mi casa. Yo te daré otra viña mejor, y si esto no te conviene, te daré en dinero su valor.” Pero Nabot le respondió: “Guárdeme Yahvé de cederte la heredad de mis padres.” Volvióse Ajab a su casa entristecido e irritado por la respuesta que le había dado Nabot de Jezrael: “No te cederé la heredad de mis padres.” Acostóse en su lecho, vuelto el rostro, y no quiso comer. Jezabel, su mujer, vino a él y le dijo: “¿Por qué estás triste y no quieres comer?” El le respondió: “He hablado a Nabot^de Jezrael y le he dicho: Cédeme tu viña en venta, y si no quieres, yo te daré otra viña en su lugar. Pero él me ha contestado: No te daré mi viña.” Entonces Jezabel, su mujer, le dijo: “¿Y eres tú el rey de Israel? Levántate, come y que se alegre tu corazón. Yo te haré con la viña de Nabot de Jezrael.” Escribió ella unas cartas en nombre de Ajab, sellólas con el sello de éste y se las mandó a los ancianos y a los magistrados que habitaban con Nabot en su ciudad. He aquí lo que escribió en las cartas: “Promulgad un ayuno y traed a Nabot delante del pueblo, y poned ante él a dos malvados que depongan contra él, diciendo: Tú has maldecido a Dios y al rey; y sacadle luego y lapidadle hasta que muera.” Las gentes de la ciudad de Nabot, ancianos y magistrados que habitaban en la ciudad, hicieron como Jezabel les decía, según las cartas que les mandó. Promulgaron un ayuno, trajeron a Nabot ante el pueblo, y dos malvados vinieron a ponerse ante él y depusieron así contra Nabot delante del pueblo: “Nabot ha maldecido a Dios y al rey.” Luego le sacaron fuera de la ciudad y le lapidaron, y murió. Mandaron a decir a Jezabel: “Nabot ha sido lapidado y muerto.” Cuando Jezabel supo que Nabot había sido lapidado y muerto, dijo a Ajab: “Levántate y ve a posesionarte de la viña de Nabot de Jezrael, que se negó a cedértela por su precio, porque Nabot no vive ya, ha muerto.” Ajab, al oír que Nabot había muerto, se levantó para bajar a la viña de Nabot de Jezrael y tomar posesión de ella.” Entonces fue la palabra de Yahvé a Elías tisbita, diciendo: “Levántate y baja al encuentro de Ajab, rey de Israel, a Samaría. Está en la viña de Nabot, adonde ha bajado para posesionarse de ella. Dile: Así habla Yahvé: ¿No eres tú un asesino y un ladrón? Y le dirás: Así habla Yahvé: En el lugar mismo donde han lamido los perros la sangre de Nabot lamerán los perros tu propia sangre.” Ajab dijo a Elías: “¿Me has hallado, enemigo mío? Y Elías le respondió: “Te he hallado. Porque tú te has vendido para hacer el mal a los ojos de Yahvé, yo haré venir el mal sobre ti, yo te barreré, yo exterminaré a cuantos pertenecen a Ajab, esclavo y libre, en Israel, y haré tu casa semejante a la de Jeroboam, hijo de Nabat, y a la casa de Basa, hijo de Ajiya, porque tú me has provocado y has hecho pecar a Israel. Así habla Yahvé a Jezabel: Los perros comerán a Jezabel cerca del muro de Jezrael. El que de la casa de Ajab muera en la ciudad será comido por los perros, y el que muera en el campo será comido por las aves del cielo.” Nadie hubo que como Ajab se vendiera para hacer el mal a los ojos de Yahvé. Jezabel, su mujer, le incitaba a ello. Obró de manera enteramente abominable, yéndose tras los ídolos, como lo hacían los amorreos, que arrojó Yahvé de delante de los hijos de Israel. Cuando hubo oído Ajab las palabras de Elías, rasgó sus vestiduras, se vistió de saco y ayunó; dormía con saco y caminaba humillado," y Yahvé dirigió a Elías tisbita su palabra, diciendo: “¿Has visto cómo se humilla Ajab ante mí? Porque se ha humillado ante mí, yo no haré venir el mal durante su vida; durante la vida de su hijo haré yo venir el mal sobre su casa.” Tres años pasaron sin que hubiera guerra entre Siria e Israel. Al tercer año, Josafat, rey de Judá, bajó a ver al rey de Israel. El rey de Israel dijo a sus servidores: “¿No sabéis que Ramot Galaad es nuestra? Y nosotros nada hacemos para tomársela al rey de Siria.” Y dijo a Josafat: “¿Quieres venir conmigo para atacar a Ramot Galaad?” Josafat respondió al rey de Israel: “Yo como tú, mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como tus caballos.” Luego dijo Josafat al rey de Israel: “Consulta, te ruego, la palabra de Yahvé.” El rey de Israel reunió a los profetas, en número de unos cuatrocientos, y les preguntó: “¿Iré a atacar a Ramot Galaad o he de desistir de ello?” Y ellos le respondieron: “Sube, que Yahvé la entregará en manos del rey.” Pero Josafat preguntó: “¿No hay aquí ningún profeta de Yahvé para que podarnos consultarle?” El rey de Israel respondió a Josafat: “Queda todavía aquí un hombre por el que podríamos consultar a Yahvé, Miqueas, hijo de Yemla; pero yo le aborrezco, porque no me profetiza bien alguno: nunca me profetiza más que mal”; y Josafat dijo: “No hable así el rey.” Entonces el rey de Israel llamó a un eunuco y le dijo: “Trae luego a Miqueas, hijo de Yemla.” Estaban el rey de Israel y Josafat, rey de Judá, sentados cada uno en su trono, vestidos de sus reales vestiduras en la plaza, cerca de la entrada de la puerta de Samaría, y todos los profetas estaban delante de ellos profetizando. Sedecías, hijo de Canana, se había hecho unos cuernos de hierro, y decía: “Así habla Yahvé: Con estos cuernos heriré yo a los sirios hasta destruirlos.” y todos los profetas profetizaban igualmente, diciendo: “Sube a Ramot Galaad y tendrás buen suceso, pues Yahvé la pondrá en manos del rey.” El mensajero que había ido en busca de Miqueas le habló así: “Todos los profetas a una voz profetizan el bien al rey; que sea, pues, tu palabra como la de todos ellos; anuncíale el bien.” Pero Miqueas le respondió: “Vive Yahvé que yo anunciaré lo que Yahvé me diga.” Llegado al rey, díjole éste: “Miqueas, ¿iremos a atacar a Ramot Galaad o hemos de desistir de ello?” El respondió: “Sube, tendrás buen éxito, y Yahvé la entregará en manos del rey.” El rey le dijo entonces: “¿Cuántas veces habré de conjurarte que no me digas más que la verdad en nombre de Yahvé?” Miqueas respondió: “Yo he visto a todo Israel disperso por los montes, como ovejas sin pastor, y Yahvé me dijo: Son gentes que no tienen señor; que se vuelva cada uno en paz a su casa.” El rey de Israel dijo a Josafat: “¿No te lo había dicho yo? No me profetiza nada bueno, no me profetiza más que mal.” Díjole entonces Miqueas: “Oye, pues, Ja palabra de Yahvé: He visto a Yahvé sentado sobre su trono y rodeado de todo el ejército de los cielos, que estaba a su derecha y a su izquierda;" y Yahvé decía: ¿Quién inducirá a Ajab para que suba a Ramot Galaad y perezca allí? Unos respondieron de un modo, otros de otro;" pero vino un espíritu a presentarse ante Yahvé y dijo: Yo, yo le induciré. ¿Cómo? preguntó Yahvé. Y él respondió: Yo iré, y seré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas. Yahvé le dijo: Sí, tú le inducirás y saldrás con ello. Ve, pues, y haz así. Ahora, pues, he aquí que Yahvé ha puesto el espíritu de mentira en boca de todos tus profetas y ha decretado perderte.” Llegóse entonces Sedecías, hijo de Canana, que golpeó a Miqueas en la mejilla, diciendo: “¿Cómo se ha retirado de mí el espíritu de Yahvé para hablarte a ti?” Y Miqueas respondió: “Ya lo sabrás el día en que vayas de cámara en cámara para esconderte.” El rey de Israel dijo: “Toma a Miqueas y llévalo a Amón, prefecto de la ciudad, y a Joás, hijo del rey, y diles: “Así dice el rey de Israel: Poned preso a este hombre y mantenedlo con pan escaso y agua tasada hasta que yo vuelva en paz.” Y Miqueas respondió: “Si tú vuelves en paz, no ha hablado Yahvé por mí.” Subieron a Ramot Galaad el rey de Israel y Josafat, rey de Judá. El rey de Israel dijo al de Judá: “Voy a disfrazarme para ir al combate, pero tu vístete tus vestiduras.” El rey de Israel se disfrazó y fue al combate. El rey de Siria había dado a los jefes de sus carros esta orden: “No ataquéis a ninguno, ni chico ni grande, sino sólo al rey de Israel.” Cuando los jefes de los carros vieron a Josafat, se dijeron: “Seguro que éste es el rey de Israel,” y todos se dirigieron a él para atacarle. Josafat gritó, y, viendo los jefes de los carros que no era el rey de Israel, le dejaron. Entonces uno disparó su arco al azar, e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura, y el rey dijo a su auriga: “Vuélvete y sácame del campo, porque estoy herido.” El combate fue muy encarnizado aquel día. El rey estuvo retenido en su carro frente a los sirios, y por la tarde murió. La sangre de la herida corría por dentro de su carro. A la puesta del sol se gritó por todo el campo: “Cada uno a su ciudad, cada uno a su tierra.” Así murió el rey, que fue llevado a Samaría y en ella le sepultaron. Cuando lavaron el carro en el estanque de Samaría, los perros lamieron la sangre de Ajab y las rameras se lavaron en ella, según las palabras que había dicho Yahvé. El resto de los hechos de Ajab, lo que hizo, la casa de marfil que construyó, las ciudades que edificó, ¿no está escrito en el libro de las Crónicas de los reyes de Israel? Ajab se durmió con sus padres, y le sucedió Ocozías, su hijo. Josafat, hijo de Asa, comenzó a reinar en Judá el año cuarto de Ajab, rey de Israel. Tenía treinta y cinco años cuando empezó a reinar, y reinó en Jerusalén veinticinco años. Su madre se llamaba Azuba, hija de Silji. Marchó por todos los caminos de Asa, su padre, sin apartarse, haciendo lo que es recto a los ojos de Yahvé. Pero no desaparecieron los altos, y el pueblo siguió ofreciendo sacrificios y perfumes en ellos. Josafat estuvo en paz con el rey de Israel. El resto de los hechos de Josafat, sus gestas y sus guerras, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Barrió también de la tierra el resto de los consagrados a la prostitución idolátrica que quedaban del tiempo de Asa, su padre. No había entonces rey en Edom; un gobernador la gobernaba." Josafat construyó naves de Tarsis para ir a Ofir en busca de oro; pero no fueron, porque las naves se destrozaron en Asiongaber." Entonces Ocozías, hijo de Ajab, dijo a Josafat: “¿Quieres que vayan mis servidores con los tuyos en las naves?” Pero Josafat se negó. Josafat se durmió con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David, su padre. Le sucedió Joram, su hijo. Ocozías, hijo de Ajab, comenzó a reinar sobre Israel en Samaría el año diecisiete de Josafat, rey de Judá, y reinó dos años sobre Israel. Hizo el mal a los ojos de Yahvé y marchó por los caminos de su padre y los de su madre y por el camino de Jeroboam, hijo de Nabal, que hizo pecar a Israel. Hizo el mal a los ojos de Yahvé y marchó por los caminos de su padre y los de su madre y por el camino de Jeroboam, hijo de Nabal, que hizo pecar a Israel. [ (I Kings 22:54) Sirvió a Baal y se prosternó ante él, y provocó a Yahvé, Dios de Israel, como lo había hecho su padre. ] Después de la muerte de Ajab, Moab se rebeló contra Israel. Ocozías se cayó por una ventana del piso superior de su casa en Samaría y se hirió; y envió mensajeros, diciéndoles: “Id a consultar a Baalzebub, dios de Acarón, si curaré de estas mis heridas”;" pero el ángel de Yahvé dijo a Elías tisbita: “Levántate y sube al encuentro de los mensajeros del rey de Samaría y diles: ¿No hay Dios en Israel, para que vayáis a consultar a Baalzebub, dios de Acarón? Por eso así dice Yahvé: No bajarás del lecho en que has subido, pues morirás,” Y Elías se fue. Volvieron los mensajeros a Ocozías, y él les preguntó: “¿Cómo os habéis vuelto?” Y ellos respondieron: “Ha salido a nuestro encuentro un hombre y nos ha dicho: Id y volveos al rey que os ha mandado y decidle: Así habla Yahvé: ¿No hay Dios en Israel, para que mandes tú a consultar a Baalzebub, dios de Acarón? Por eso no bajarás tú del lecho a que has subido, pues morirás.” Ocozías les preguntó: “¿Qué trazas tenía el hombre que ha salido a vuestro encuentro y ha dicho eso?” Ellos le respondieron: “Era un hombre vestido de pieles y con un cinturón de cuero a la cintura.” Ocozías dijo: “Es Elías tisbita.” Mandó a él un quincuagenario con sus cincuenta hombres. Subió el jefe a Elías, que estaba sentado en la cumbre de la montaña, y le dijo: “Hombre de Dios, el rey dice: Baja.” Elías respondió al jefe de los cincuenta: “Si soy hombre de Dios, que baje fuego del cielo y te abrase a ti y a tus cincuenta hombres.” Y bajó fuego del cielo y le devoró con sus cincuenta hombres. Ocozías mandó a él a otro quincuagenario con sus cincuenta hombres. El quincuagenario habló a Elías y le dijo: “Hombre de Dios, he aquí lo que dice el rey: Baja en seguida.” Elías le respondió: “Si soy hombre de Dios, que baje fuego del cielo y te devore a ti y a tus cincuenta hombres.” Y bajó del cielo fuego que le devoró a él y a sus cincuenta hombres. Mandó de nuevo Ocozías, por tercera vez, a un quincuagenario con sus cincuenta hombres. Este tercero subió, y a su llegada se prosternó ante Elías suplicándole, y le dijo: “Hombre de Dios, sea preciosa a tus ojos mi vida y la vida de tus siervos. Fuego del cielo ha bajado y ha devorado a los dos primeros quincuagenarios y a sus cincuenta hombres; pero ahora sea a tus ojos preciosa mi vida.” El ángel de Yahvé dijo a Elías: “Baja con él. Nada temas de él.” Elías se levantó y bajó con él para dirigirse al rey;" y dijo a éste: “Así habla Yahvé: Por haber mandado mensajeros para consultar a Baalzebub, dios de Acarón, como si no hubiera en Israel Dios a quien poder consultar, no bajarás del lecho a que has subido, pues morirás.” Ocozías murió, según la palabra de Yahvé por medio de Elías, y le sucedió su hermano Joram, el año segundo de Joram, hijo de Josafat, rey de Judá, pues aquél no tenía hijos. El resto de los hechos de Ocozías, lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Aconteció que, cuando quiso Yahvé arrebatar al cielo a Elías en un torbellino, salió Elías de Caígala con Elíseo, y dijo a Elíseo: “Quédate aquí, te ruego, pues Yahvé me manda ir a Betel.” Elíseo respondió: “Vive Yahvé, y vives tú, que no te dejaré.” Y bajaron ambos a Betel. Los hijos de los profetas que había en Betel salieron al encuentro de Elíseo y le dijeron: “¿Sabes tú que Yahvé alzará hoy a tu señor sobre tu cabeza?” El respondió: “Sí, lo sé; callad.” Elías le dijo: “Elíseo, quédate aquí, te lo ruego, pues Yahvé me manda ir a Jericó.” El le respondió: “Por la vida de Yahvé y por tu vida que no te dejaré.” Y llegaron a Jericó. Los hijos de los profetas que había en Jericó se acercaron a Elíseo y le dijeron: “¿Sabes tú que hoy ya a elevar Yahvé a tu señor sobre tu cabeza?” Y él les respondió: “Sí, lo sé; callad.” Elías le dijo: “Quédate aquí, te lo ruego, pues Yahvé me manda ir al Jordán.” Y él le respondió: “Por la vida de Yahvé y por tu vida que no te dejaré.” Y siguieron ambos su camino. Vinieron cincuenta hombres de los hijos de los profetas y se pararon enfrente, a distancia, y ellos dos siguieron, parándose a la orilla del Jordán. Tomo entonces Elías su manto, lo dobló y golpeó con él las aguas, que se partieron de un lado y de otro, pasando los dos a pie enjuto. Cuando hubieron pasado, dijo Elías a Elíseo: “Pídeme lo que quieras que haga por ti antes que sea apartado de ti.” Y Elíseo le dijo: “Que tenga yo dos partes en tu espíritu.” Elías le dijo: “Difícil cosa has pedido. Si cuando yo sea arrebatado de ti me vieres, así será; si no, no.” Siguieron andando y hablando, y he aquí que un carro de fuego con caballos de fuego separó a uno de otro, y Elías subía al cielo en el torbellino. Elíseo miraba y clamaba: “¡Padre mío! ¡Carro de Israel y auriga suyo!” Y no le vio más, y, cogiendo sus vestidos, los rasgó en dos trozos, y cogió el manto de Elías, que éste había dejado caer. Volvióse después, y, parándose a la orilla del Jordán, tomo el manto que Elías había dejado caer, golpeó con él las aguas, diciendo: “¿Dónde está ahora Yahvé, el Dios de Elías?” Y en cuanto golpeó las aguas, se partieron éstas de un lado y de otro y pasó Elíseo. Los hijos de los profetas que había en Jericó frente por frente, habiéndole visto, dijeron: “El espíritu de Elías reposa sobre Elíseo.” Y le salieron al encuentro y se prosternaron ante él rostro a tierra, diciendo: “Hay entre tus siervos cincuenta hombres fuertes que, si quieres, irán en busca de tu señor; quizá el espíritu de Yahvé le ha llevado y le ha echado contra algún monte o algún valle.” El les respondió: “No, no los mandéis.” Pero ellos le importunaron, hasta que por fin dijo: “Mandadlos.” Mandaron ellos a los cincuenta, que estuvieron durante tres días buscando a Elías, pero no lo hallaron. Cuando estuvieron de vuelta, Elíseo, que continuaba en Jericó, les dijo: “¿No os decía yo que no fuerais?” Las gentes de la ciudad dijeron a Elíseo: “El sitio de la ciudad es bueno, como lo ve mi señor; pero las aguas son malas, y la tierra, estéril.” £1 les dijo: “Traedme un plato nuevo y poned sal en él.” Trajé-ronselo ellos, y” yendo a la fuente de las aguas, echó en ella la sal, diciendo: “Así dice Yahvé: Yo saneo estas aguas y no saldrá de ellas en adelante ni muerte ni esterilidad”;" y las aguas quedaron saneadas hasta el día de hoy, como lo había dicho Elíseo. De allí subió a Betel, y, según iba por la pendiente, salieron de la ciudad unos muchachos y se burlaban de él, diciéndole: “¡Sube, calvo! ¡Sube, calvo!” Volvióse él a mirarlos y los maldijo en nombre de Yahvé; y saliendo del bosque dos osos, destrozaron a cuarenta y dos de los muchachos." De allí subió al monte Carmel, desde donde se volvió a Samaría. Joram, hijo de Ajab, comenzó a reinar sobre Israel, en Samaría, el año segundo de Joram, hijo de Josafat, rey de Judá y reinó doce años. Hizo el mal a los ojos de Yahvé, no tanto, sin embargo, como su padre y su madre. Derribó los cipos dé Baal que había hecho su padre, pero se dio a los pecados con que Jeroboam, hijo de Nabat, había hzcho pecar a Israel, y no se apartó de ellos. Mesa, rey de Moab, tenía muchos ganados y pagaba al rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros con su lana. A la muerte de Ajab, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel. Entonces el rey Joram salió de Samaría y revistó a Israel y se puso en marcha, mandando decir a Josafat, rey de Judá: “El rey de Moab se ha rebelado contra mí” ¿Quieres venir conmigo para atacar a Moab?” Josafat respondió: “Iré yo como tú, mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como tus caballos.” Y preguntó: “¿Por qué camino subiremos?” Y Joram dijo: “Por el camino del desierto de Edom.” Partieron el rey de Israel, el rey de Judá y el rey de Edom; y después de siete días de marcha faltó el agua para el ejército y para el ganado que le seguía." Entonces el rey de Israel dijo: “¡Ay! Yahvé ha reunido a tres reyes para entregarlos en manos de Moab.” Pero Josafat dijo: “¿No hay aquí ningún profeta de Yahvé?” Uno de los servidores del rey de Israel dijo: “Sí, aquí está Elíseo, hijo de Safat, que es el que daba aguamanos a Elías.” El rey de Judá dijo: “La palabra de Yahvé es con él.” El rey de Israel y el rey de Judá y el rey de Edom bajaron en busca suya. Elíseo dijo al rey de Israel: “¿Qué tengo yo que ver contigo? Ve a los profetas de tu padre.” El rey de Israel le dijo: “No, es que ha reunido Yahvé tres reyes para entregarlos en manos de Moab.” Elíseo dijo: “Vive Yahvé Sebaot, a quien sirvo, que, si no fuera por respeto al rey de Judá, a ti ni te atendería ni te miraría siquiera.” “Traedme, pues, un tañedor de arpa.” Mientras el arpista tocaba el arpa, fue sobre Elíseo la mano de Yahvé, y dijo: “Así habla Yahvé: Id y haced en el valle muchas zanjas. Porque así dice Yahvé: No veréis viento ni veréis lluvia, y el valle se llenará de agua, y beberéis vosotros, vuestro ejército y vuestro ganado. Pero todo esto es poca cosa a los ojos de Yahvé. Yahvé entregará a Moab en vuestras manos;" tomaréis todas las plazas fuertes, talaréis todos los árboles frutales y cegaréis todos los manantiales de agua, y destruiréis, cubriéndola de piedras, toda la tierra fértil.” Por la mañana, a la hora de la presentación de la ofrenda, vino el agua del camino del desierto de Sur por la parte de Edom, y la tierra toda se llenó de agua. Entre tanto, los moabitas, sabiendo que subían los reyes a atacarlos, reunieron a cuantos estaban en edad de empuñar las armas y se pusieron en la frontera. Al levantarse por la mañana y ver brillar el sol sobre las aguas, a los de Moab les parecieron las aguas desde lejos como si fueran sangre;" y se dijeron: “Es sangre; los reyes se han vuelto uno contra otro, y unos a otros se han matado. ¡Hala, pues, Moab, a la presa!” Mas cuando llegaron al campo de Israel, alzáronse los israelitas y destrozaron a los de Moab, que se pusieron en huida delante de ellos. Siguieron en la fuga hiriendo a los de Moab, y asolaron sus ciudades, y en todas las tierras fértiles echó cada uno su piedra, llenándolas de ellas; cegaron los manantiales de aguas y talaron los árboles frutales. Sólo quedó Quir Jareset, que rodearon los honderos, arrojando sobre ella sus tiros." Viendo el rey de Moab que llevaba lo peor en la batalla, hizo una salida con setecientos hombres de guerra para ver de desbaratar al rey de Edom. No pudo conseguirlo;" y entonces, tomando a su primogénito, al que había de reinar después de él, le ofreció en holocausto sobre la muralla. Se desató entonces gran cólera contra Israel, que, retirándose de allí, se volvió a su tierra. Una mujer de las de los hijos de los profetas clamó a Elíseo, diciendo: “Tu siervo, mi marido, ha muerto, y bien sabes tú que mi marido era temeroso de Yahvé; ahora un acreedor ha venido para tomar a mis dos hijos y hacerlos esclavos.” Elíseo le dijo: “¿Qué puedo yo hacer por ti? Dime: ¿Qué tienes en tu casa?” Ella le respondió: “Tu sierva no tiene en casa absolutamente nada más que una vasija de aceite,” El le dijo: “Vete a pedir fuera a todos los vecinos vasijas vacías, y no pidas pocas. Cuando vuelvas a casa, cierra la puerta tras de ti y tras de tus hijos y echa en todas esas vasijas el aceite, poniéndolas aparte conforme vayan llenándose.” Entonces ella se alejó, cerró la puerta tras de sí y de sus hijos; y éstos fueron presentándole las vasijas, y ella las llenaba." Cuando estuvieron llenas todas las vasijas, dijo a su hijo: “Dame otra vasija”; pero él le respondió: “Ya no hay más.” Estacionóse entonces el aceite," y ella fue a dar cuenta al hombre de Dios, que le dijo: “Vete a vender el aceite y paga la deuda; y de lo que te quede vive tú y tus hijos.” Pasaba un día Elíseo por Sunam. Había allí una mujer distinguida, que insistentemente le invitó a comer, y siempre que por allí pasaba iba a comer a su casa. Ella dijo a su marido: “Yo sé que este hombre, que pasa siempre por nuestra casa, es un santo hombre de Dios. Vamos a prepararle en lo alto una pequeña habitación y a ponerle allí una cama, una mesa, una silla y un candelero, para que él pueda retirarse a ella cuando venga a nuestra casa.” Habiendo vuelto un día Elíseo a Sunam, se retiró a la habitación alta y se acostó. Dijo a su siervo Guejazi: “Llama a esa sunamita.” Llamóla Guejazi, y ella se presentó a él. Elíseo dijo a Guejazi: “Dile: Tú nos has mostrado toda esa solicitud por nosotros y este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey o al jefe del ejército?” Y ella respondió: “Yo habito en medio de mi pueblo.” Y él dijo: “¿Qué haremos, pues, por ella?” Y Guejazi respondió: “Üvlira, no tiene hijos y su marido es viejo.” Entonces dijo Elíseo: “Llámala.” La llamó, y ella se paró a la puerta. El le dijo: “El año que viene, por este tiempo, abrazarás a tu hijo.” “No, por favor, mi señor; no engañes a tu sierva.” La mujer quedó encinta, y al año siguiente, como se lo anunciara Elíseo, por aquel mismo tiempo dio a luz un hijo. Creció el niño, y un día fue a donde estaba su padre con los segadores y dijo a su padre: “¡Ay mi cabeza, ay mi cabeza!” El padre dijo a un criado: “Llévalo a su madre.” El criado lo cogió y se lo llevó a su madre. El niño estuvo sobre las rodillas de su madre hasta el mediodía y luego murió. Ella subió, le acostó en el lecho del hombre de Dios, cerró la puerta y se fue. Llamó a su marido y le dijo: “Mándame, te ruego, un criado y una asna, que quiero ir en seguida al hombre de Dios y luego volveré.” El le dijo: “¿Para qué quieres ir a verle hoy? No es ni novilunio ni sábado.” Ella respondió: “Estáte tranquilo.” Hizo enalbardar la borrica y dijo al criado: “Gájela y anda, y no me detengas más que cuando yo te lo diga.” Partió, pues, y llegó al hombre de Dios en el monte Carmelo. Cuando el hombre de Dios la vio de lejos, dijo a su criado Guejazi: “Ahí está la sunarnita.” Vete corriendo a recibirla y pregúntale si está bien ella y su marido y su hijo.” Y ella contestó: “Sí, bien.” Llegó luego al hombre de Dios en el monte, y, cogiéndose de sus pies, llegó Guejazi para desasirla; pero el hombre de Dios le dijo: “Déjala, que su alma está angustiada y Yahvé me lo ha ocultado y no me lo ha revelado.” Ella le dijo: “¿Pedí yo a mi señor un hijo? ¿No te dije ya que no me engañaras?” Entonces dijo él a Guejazi: “Cíñete los lomos, toma en tu mano mi bordón, y si a alguno encuentras, no le saludes siquiera, y si alguno te saluda, no le respondas, y pon mi bordón sobre la cara del niño.” La madre del niño le dijo: “Por la vida de Yahvé y la tuya que no te dejaré.” Levantóse entonces y la siguió. Guejazi había llegado antes que ellos y había puesto el bordón sobre el rostro del niño; pero éste no tenía ni voz ni sentido; así que se había vuelto para decírselo a Elíseo y se lo manifestó, diciendo: “El niño no despierta,” Llegado Elíseo a la casa, el niño estaba tendido, muerto, en la cama. Entró entonces él, cerró la puerta tras los dos y oró a Yahvé. Subió a la cama y se acostó sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca del niño, sus ojos sobre los del niño, y sus manos sobre las manos del niño, y se tendió sobre él. La carne del niño se recalentó y Elíseo se alejó, yendo y viniendo por la habitación, y luego volvió a subirse en la cama y se tendió sobre el niño. El niño estornudó siete veces y abrió los ojos. Llamó entonces Elíseo a Guejazi y le dijo: “Llama a esasunamita.” Llamóla Guejazi, y ella vino a Elíseo, que le dijo: “Toma a tu hijo.” Ella se echó a sus pies y se prosternó ante él rostro a tierra; tomo a su hijo y salió." Elíseo volvió a Caígala. Había gran hambre en la región y, estando los hijos de los profetas sentados ante él, dijo a su criado: “Coge la olla grande y pon a cocer un potaje para los hijos de los profetas.” Salió uno de ellos al campo para coger hierbas, y encontró una vid silvestre, y cogió de ella coloquíntidas hasta llenar su vestido. Cuando estuvo de vuelta, las cortó en pedazos en la olla donde estaba el potaje, pues él no las conocía. Sirvióse la comida a aquellos hombres; pero en cuanto hubieron probado el potaje, se pusieron a gritar: “La muerte está en la olla, hombre de Dios,” y no pudieron comerlo." Elíseo dijo: “Traed harina.” El la echó en la olla, y dijo: “Servid a esas gentes; que coman.” Y ya no había en la olla nada de malo." Llegó de Baalsalisa un hombre a traer al hombre de Dios el pan de las primicias, veinte panes de cebada, y espigas nuevas en su saco. Elíseo dijo: “Da a esas gentes; que coman.” Su criado le contestó: “¿Cómo voy a poder dar a cien personas?” Pero Elíseo le repitió: “Da a esas gentes; que coman. Así dice Yahvé: Comerán y sobrará.” Puso entonces los panes ante ellos, comieron y quedaron sobras, según la palabra de Yahvé. Naamán, jefe del ejército del rey de Siria, gozaba el favor de su señor y era tenido en mucha estima, pues por medio de él había salvado Yahvé a Siria. Pero este hombre robusto y valiente era leproso. Habían salido los árameos por escuadras y habían cautivado a una jovencita de tierra de Israel que estaba al servicio de la mujer de Naamán;" y dijo un día a su señora: “¡Oh! si mi señor estuviese cerca de un profeta que hay en Samaría, el profeta le curaría su lepra.” Fue él a su señor y le dijo: “Esto y esto ha dicho una jovencita de tierra de Israel”;" y el rey de Siria dijo: “Pues anda, vete a la tierra de Israel, y y0 mandaré una carta al rey de Israel.” Partió él, llevando diez talentos de plata, seis mil siclos de oro, diez vestidos nuevos y una carta para el rey de Israel, en que se decía: “Cuando recibas esta carta, sabrás que te mando a mi servidor Naamán para que le cures de la lepra.” Leída la carta, el rey de Israel rasgó sus vestiduras y dijo: “¿Soy yo acaso Dios para dar la vida o la muerte, que así se dirige a mí para que yo cure a un hombre de su lepra? Sabed, pues, y ved que me busca querella.” Cuando supo Elíseo que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras, mandó a decir al rey: “¿Por qué has rasgado tus vestiduras ? Hazle venir a mí, y sabrá que hay en Israel un profeta.” Vino Naamán con sus caballos y su carro, y se detuvo a la puerta de la casa de Elíseo. Elíseo le mandó a decir por un mensajero: “Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne sanará y quedarás puro.” Enojóse Naamán y se fue, diciendo: “¡Cómo! Yo esperaba que saldría en persona, se presentaría a mí, invocaría el nombre de Yahvé, su Dios; rne tocaría y curaría así al leproso." Los ríos de Damasco, el Abana y el Parpar, ¿no son mucho mejores que todas las aguas de Israel? ¿No podía yo lavarme allí y quedar limpio ?” Y se iba muy enojado. Pero sus siervos se acercaron a él para hablarle, y le dijeron: “Padre mío: Si el profeta te hubiera mandado algo muy difícil, ¿no lo hubieras hecho? ¿Cuánto más habiéndote dicho: Lávate y quedarás limpio?” Bajó él entonces y se bañó siete veces en el Jordán, según la orden del hombre de Dios; y su carne quedó como la carne de un niño, quedó limpio." Volvió Naamán al hombre de Dios con todo su séquito, y, cuando llegó, se presentó a él, diciendo: “Ahora conozco que no hay en toda la tierra Dios sino en Israel. Dígnate aceptar un presente de parte de tu siervo.” Elíseo respondió: “Vive Yahvé, a quien sirvo, que no aceptaré.” Naamán insistió, pero él se negó. Entonces Naamán le dijo: “Pues te niegas, permite que den a tu siervo tierra de ésta, la carga de dos mulos, pues en adelante no ofrecerá tu siervo sacrificio ni holocausto a otros dioses sino a Yahvé. Yahvé perdonará a tu siervo que, cuando mi señor entre en el templo de Rimón para adorar y se apoye en mi mano, me prosterne yo también en el templo de Rimón. Perdone Yahvé a tu siervo si me prosterno en el templo de Rimón.” Elíseo le dijo: “Vete en paz.” Cuando Naamán hubo dejado a Elíseo y estaba ya a cierta distancia, Guejazi, el criado de Elíseo, dijo para sí: “Mi señor ha tratado demasiado bien a Naamán, ese sirio, no queriendo aceptar de él lo que traía. Vive Yahvé que voy a correr tras él a ver si me da algo.” Y Guejazi echó a correr tras Naamán. Viéndole Naamán correr tras él, bajó de su carro para ir a su encuentro, y le preguntó: “¿Hay novedad?”;" y él respondió: “No, todo está bien; pero me manda mi señor para decirte: Acaban de llegar a mi casa dos jóvenes de la montaña de Efraím, de los hijos de los profetas; haz el favor de darme para ellos un talento de plata y dos vestidos nuevos.” Naamán dijo: “Toma dos talentos,” y los metió en dos sacos, y le dio dos vestidos, haciendo que sus criados se los llevasen a Guejazi. Llegado a la altura, tomólos Guejazi de sus manos y los metió en casa, despidiendo a aquellas gentes, que se fueron. Luego fue a presentarse a su señor, que le dijo: “¿De dónde vienes, Guejazi?” El le respondió: “Tu siervo no ha ido a ninguna parte.” Pero Elíseo le dijo: “¿Estaba yo ausente en espíritu cuando el hombre se bajó de su carro para salirte al encuentro? Ya tienes dinero y vestidos, y luego podrás tener olivares, viñas, ovejas y bueyes, siervos y siervas, pero la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu descendencia para siempre.” Y Guejazi salió de la presencia de Elíseo blanco de lepra como la nieve. Los hijos de los profetas dijeron a Elíseo: “El lugar en que moramos contigo nos es demasiado estrecho. Vamos a ir al Jordán, y tomaremos de allí una viga cada uno para hacernos una habitación.” Elíseo les respondió: “Id.” Uno de ellos le dijo: “Ven tú también con nosotros.” El dijo: “Iré”;" y partió con ellos. Llegados al Jordán, cortaron los árboles, y mientras uno estaba cortándolos, el hierro fue a caer en las aguas. Se puso a clamar: “¡Ah, mi señor! Era prestado.” Y el hombre de Dios le preguntó: “¿Dónde ha caído?” El le indicó el lugar, y Elíseo, cortando un trozo de madera, lo arrojó al mismo lugar, y el hierro sobrenadó. Entonces le dijo: “Cógelo”; y él tendió la mano y lo cogió." El rey de Siria estaba en guerra con Israel, y en un consejo que tuvo con sus servidores, dijo: “En tal y en cual lugar acamparemos.” El hombre de Dios mandó a decir al rey de Israel: “Guárdate de ir a tal lugar, porque los sirios bajarán allá.” El rey de Israel mandó gentes al lugar que el hombre de Dios había señalado, para que estuvieran al acecho. Y esto sucedió no una ni dos veces solamente. El de Siria se inquietó con esto, y preguntó a sus servidores: “¿No me diréis vosotros quién nos traiciona ante el rey de Israel?” Uno de los servidores le dijo: “Nadie. ¡Oh rey, mi señor! Es Elíseo, el profeta que hay en Israel, que lleva al rey de Israel las palabras que tú pronuncias en tu misma alcoba.” El rey le dijo: “Id y ved dónde está, y yo le haré prender.” Vinieron, pues, a decirle: “Está en Dotan.” Mandó él entonces caballos y carros, una gran tropa, que llegaron de noche y cercaron la ciudad. El siervo del hombre de Dios se levantó muy de mañana y vio que la ciudad estaba cercada por una tropa con caballos y carros, y dijo al hombre de Dios: “¡Ah, mi señor! ¿qué haremos?” El le respondió: “Nada temas, que los que están con nosotros son más que los que están con ellos.” Elíseo oró y dijo: “¡Oh Yahvé! Ábrele los ojos para que vea.” Y Yahvé abrió los ojos del siervo, y vio éste la montaña llena de caballos y carros de fuego que rodeaban a Elíseo. Los sirios bajaron al valle en busca de Elíseo, y éste dirigió entonces a Yahvé esta súplica: “Dígnate herir de ceguera a esta gente,” Y Yahvé los hirió de ceguera, conforme a la súplica de Elíseo. Elíseo les dijo: “No es éste el camino ni ésta la ciudad. Seguidme y yo os llevaré a donde está el hombre a quien buscáis”; y los condujo a Samaría." Entrados en Samaría, dijo Elíseo: “¡Oh Yahvé! Abre los ojos de esta gente para que vea”; y Yahvé les abrió los ojos, y vieron que estaban en medio de Samaría." El rey de Israel, viéndolos, preguntó a Elíseo: “¿Los hiero, padre mío?” Y Elíseo respondió: “No los hieras, que no los has hecho tú prisioneros con tu espada y tu arco. Dales pan y agua, para que coman y beban, y que se vayan a su señor.” El rey de Israel hizo que les sirvieran una gran comida, y ellos comieron y bebieron; luego los despidió para que fueran a su señor. Las tropas sirias no volvieron más a la tierra de Israel." Después de esto, Ben Hadad, rey de Siria, reunió todo su ejército y, subiendo, puso cerco a Samaría. Hubo en Samaría mucha hambre, y de tal modo la apretaron, que una cabeza de asno valía ochenta siclos de plata, y el cuarto de un “cab” de palomina cinco siclos de plata. Pasando el rey por la muralla, le gritó una mujer: “¡Sálvame, oh rey, mi señor!” Y el rey respondió: “Si Yahvé no te salva, ¿cómo voy a salvarte yo? ¿Con algo de la era o con algo del lagar?” Preguntóle luego el rey: “¿Qué te pasa?” Y ella respondió: “Esta mujer me dijo: Trae a tu hijo y lo comeremos hoy, y mañana comeremos el mío. Cocimos, pues, mi hijo y lo comimos, y al día siguiente yo le dije: Trae a tu hijo para que lo comamos, pero ella ha escondido a su hijo.” Cuando oyó el rey las palabras de esta mujer, rasgó sus vestiduras mientras iba por la muralla, y la gente vio que por dentro estaba vestido de saco. El rey dijo: “Que esto me haga Yahvé y esto me añada si la cabeza de Elíseo, hijo de Safat, quedare hoy sobre los hombros.” Estando, pues, Elíseo sentado en casa, rodeado de los ancianos que se sentaban con él, mandó el rey a uno delante de él, y antes que el mensajero llegara dijo Elíseo a los ancianos: “¿No veis cómo ese hijo de asesino manda a que me quiten la cabeza? Estad atentos: cuando llegue el mensajero, cerrad y rechazadle con la puerta; ¿no se oye ya tras él el ruido de los pasos de su amo?” Todavía estaba hablándoles, cuando ya el rey llegó a él y le dijo: “De Yahvé ciertamente nos ha venido este mal. ¿Tendré yo todavía que esperar más de Yahvé?” Entonces dijo Elíseo: “Oíd la palabra de Yahvé: Así dice Yahvé: Mañana a estas horas estará en las puertas de Samaría el “sea” de flor de harina a un siclo, y dos “seas” de harina de cebada a un siclo.” El oficial sobre cuyo brazo se apoyaba el rey respondió al hombre de Dios: “Cuando Yahvé abra ventanas en los cielos, sucederá eso.” Y él le dijo: “Con tus ojos lo verás, pero no lo comerás.” Había en la entrada de la puerta cuatro leprosos, que se decían unos a otros: “¿Por qué nos vamos a estar aquí hasta morirnos? Si nos decidimos a entrar en la ciudad, moriremos por el hambre que en ella hay, y si nos quedarnos aquí, moriremos igualmente. Vamos a pasarnos al campamento de los sirios, y si nos dejan vivir, viviremos, y si nos matan, moriremos.” Partieron, pues, al anochecer para el campamento de los sirios; y cuando llegaron a la entrada del campamento, no había en él nadie." El Señor había hecho oír en el campamento de los sirios estrépito de carros y estrépito de caballos, el estrépito de un gran ejército, y se habían dicho unos a otros: “Es el rey de Israel, que ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los jéteos y a los reyes de los egipcios y viene a atacarnos.” Y se levantaron, y al anochecer se pusieron en fuga, abandonando sus tiendas, sus caballos y sus asnos, el campamento tal cual estaba, y huyeron para salvar la vida. Los leprosos, llegados al campamento, penetraron en una tienda, comieron y bebieron y se llevaron de allí plata, oro y vestidos, que fueron a esconder. Volvieron y penetraron en otra tienda y se llevaron cosas, que fueron a esconder. Después se dijeron uno a otro: “No está bien lo que hacemos. Este día es un día de buena nueva, y si nosotros nos estamos callados y esperamos la luz del día, nos sucederá mal. Venid, pues, y vayamos a dar cuenta a la casa del rey.” Partieron, dieron voces a los centinelas de la ciudad e hicieron este relato: “Hemos entrado en el campamento de los sirios y allí no había nadie ni se oye voz alguna de hombre; no hay más que caballos atados, asnos atados y las tiendas intactas.” Los centinelas de la puerta dieron voces y transmitieron esta noticia a la casa del rey. El rey se levantó de noche y dijo a sus servidores: “Voy a deciros lo que pretenden los sirios: Como saben que estamos hambrientos, se han salido del campamento para esconderse en los campos, diciéndose: Cuando salgan de la ciudad, los cogeremos vivos y entraremos en la ciudad.” Uno de los servidores del rey dijo: “Que cojan cinco de los caballos que todavía quedan en la ciudad — porque también a ellos les sucede lo que a la muchedumbre, que han perecido — y mandemos a ver.” Cogiere pues, dos carros con sus caballos, y el rey mandó gente que siguiera tras los sirios, diciendo: “Id y ved.” Fueron tras ellos hasta el Jordán, y todo el camino estaba sembrado de vestidos y objetos que en su precipitación habían tirado los sirios. Volvieron los mensajeros y dieron cuenta al rey. Salió el pueblo y saqueó el campamento de los sirios, y se puso el “sea” de flor de harina a un siclo, y a un siclo los dos “seas” de harina de ce da, según lo que había dicho Yahvé. El rey había entregado “ custodia de la puerta al oficial sobre cuyo brazo se apoyaba e día antes, pero éste fue atropellado por el pueblo a la puerta, y murió, según la palabra que había pronunciado el hombre de Dios cuando el rey bajó a él. El hombre de Dios había dicho al rey: “Mañana a estas horas estarán a siclo los dos “seas” de harina de cebada, y a siclo el “sea” de flor de harina”;" y el oficial había respondido al hombre de Dios: “Cuando Yahvé abra ventanas en los cielos, veremos eso.” Y Elíseo le había dicho: “Con tus ojos lo verás, pero no lo comerás.” Fue en verdad lo que sucedió, pues el pueblo le atropello a la puerta y murió. Elíseo dijo a la mujer a cuyo hijo había resucitado: “Levántate y vete, tú y tu casa, y mora donde puedas, porque Yahvé llama al hambre y vendrá sobre la tierra por siete años.” Levantóse la mujer e hizo lo que le decía el hombre de Dios, y se fue ella y su casa, y habitó siete años en tierra de filisteos. Al cabo de siete años volvió la mujer de la tierra de los filisteos y fue a implorar al rey por su casa y su campo. Estaba el rey hablando con Guejazi, servidor del hombre de Dios, y le decía: “Anda y cuéntame todas esas grandes cosas que ha hecho Elíseo”;" y mientras estaba contando al rey cómo Elíseo había vuelto a la vida a un muerto, llegó la mujer cuyo hijo había resucitado Elíseo para implorar al rey por su casa y su campo, y dijo Guejazi: “¡Oh mi señor rey! ésa es la mujer y ése es su hijo, que Elíseo resucitó.” Preguntó el rey a la mujer, y ella le hizo el relato; el rey le dio un eunuco, a quien dijo: “Haz que le sea devuelto a esta mujer todo lo que le pertenece, con todos los frutos de su campo, desde el día en que dejó la tierra hasta hoy.” Fue Elíseo a Damasco. Estaba enfermo Ben Hadad, rey de Siria, y le avisaron, diciendo: “Está aquí el hombre de Dios.” El rey dijo a Jazael: “Toma contigo un presente y vete a ver al hombre de Dios, y consulta por mí a Yahvé si curaré de esta enfermedad.” Fue Jazael a su encuentro, llevando consigo un presente, todo lo mejor que había en Damasco, la carga de cuarenta camellos. Llegado, se presentó a él y le dijo: “Tu hijo Ben Hadad, rey de Siria, me manda a ti para preguntarte: ¿Curaré de esta enfermedad?” Elíseo le respondió: “Ve y dile: Tú curarías, pero Yahvé me ha revelado que morirás.” El hombre de Dios puso sus ojos sobre Jazael y los fijó en él hasta hacerle enrojecer; luego se puso a llorar. El le preguntó: “¿Por qué llora mi señor?” Y Elíseo le respondió: “Porque sé el mal que vas a hacer a los hijos de Israel: incendiarás sus ciudades fuertes, pasarás a cuchillo a sus mancebos, estrellarás a sus niños y abrirás el seno a sus preñadas.” Y Jazael dijo: “Pues ¿qué es tu siervo, este perro, para hacer tan grandes cosas?” Y Elíseo respondió: “Yahvé me ha revelado que serás rey de Siria.” Jazael dejó a Elíseo y volvió a su señor, que le preguntó: “¿Qué te ha dicho Elíseo?” Y él respondió: “Me ha dicho: Curarás.” Al día siguiente cogió una manta, la empapó en agua y la puso sobre el rostro del rey, que murió. Jazael le sucedió. El año quinto de Joram, hijo de Ajab, rey de Israel, comenzó a reinar Joram, hijo de Josafat, rey de Judá. Treinta y dos años tenía cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén. Marchó por los caminos de los reyes de Israel, como había hecho la casa de Ajab, pues tuvo por mujer a una hija de Ajab, e hizo el mal a los ojos de Yahvé. Pero Yahvé no quiso destruir a Judá por amor a David, su siervo, según la promesa que le había hecho de darle siempre una lámpara perpetuamente. En su tiempo se rebeló Edom contra el dominio de Judá, y se dio un rey. Joram marchó a Seír con todos sus carros. Una noche arriesgó combate con los edomitas, que le tenían cercado, y le derrotaron juntamente con los jefes de los carros, y el pueblo huyó a sus tiendas. La rebelión de Edom contra el dominio de Judá dura hasta hoy. Entonces se rebeló también Libna. El resto de los hechos de Joram, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las Crónicas de los reyes de Judá? Joram se durmió con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David. Le sucedió su hijo Ocozías. El año doce de Joram, hijo de Ajab, rey de Israel, comenzó a reinar Ocozías, hijo de Joram, rey de Judá. Tenía Ocozías veintidós años cuando comenzó a reinar, y reinó un año en Jerusalén. Su madre se llamaba Atalía, hija de Omri, rey de Israel. Marchó por los caminos de la casa de Ajab e hizo el mal a los ojos de Yahvé, como la casa de Ajab, con la que es taba emparentado. Acompañó a Joram, hijo de Ajab, en G guerra contra Jazael, rey de Siria, a Ramot Galaad. Los sirio hirieron a Joram, y el rey Joram se volvió para hacerse curar en Jezrael de las heridas que los sirios le habían hecho en Ramot cuando combatía contra Jazael, rey de Siria. Ocozías, hiio de Joram, rey de Judá, bajó a Jezrael para ver a Joram, hijo de Ajab, que estaba allí herido. Elíseo, profeta, llamó a uno de los hijos de los profetas y le dijo: “Cíñete los lomos, toma esta redoma de óleo y vete a Ramot Galaad. Cuando llegues, busca a Jehú, hijo de Josafat, hijo de Nimsi. Le haces que se levante de entre sus compañeros y le llevas aparte, a una cámara retirada, y, tomando la redoma de óleo, lo derramas sobre su cabeza, diciéndole: “Así habla Yahvé i Yo te unjo por rey de Israel.” Abres luego la puerta y huyes sin detenerte.” El joven servidor del profeta partió para Ramot Galaad;" y cuando llegó, estaban los jefes del ejército reunidos, y dijo: “Jefe, tengo que decirte una cosa.” Jehú le preguntó: “¿A quién de nosotros?” El respondió: “A ti, ¡oh jefe!” Levantóse Jehú y entró en casa, y el joven derramó sobre su cabeza la redoma de óleo, diciéndole: “Así habla Yahvé, Dios de Israel: Yo te unjo rey de Israel, del pueblo de Yahvé. Tú herirás a la casa de Ajab, tu señor, y vengarás en Jezabel la sangre de mis siervos, los profetas, y la sangre de todos los siervos de Yahvé. Toda la casa de Ajab perecerá; yo exterminaré a todos cuantos pertenecen a Ajab, al esclavo y al libre de Israel," y haré la casa de Ajab semejante a la casa de Jeroboam, hijo de Nabat, y a la casa de Basa, hijo de Ajiya. Los perros comerán a Jezabel en el campo de Jezrael, y no habrá nadie que le dé sepultura.” Después, el hombre abrió la puerta y huyó. Cuando salió Jehú para reunirse con los servidores de su señor, le dijeron éstos: “¿Va todo bien? ¿Por qué ha venido a ti ese loco?” Jehú respondió: “Sguramente conocéis al hombre y sabéis lo que me ha dicho.” Ellos respondieron: “No es verdad. Explícanos lo que ha dicho.” El entonces dijo: “Esto y esto es lo que ha dicho: Así habla Yahvé: Yo te unjo por rey de Israel.” En seguida tomaron todos sus mantos y los pusieron debajo de él en las gradas, y, haciendo sonar las trompetas, gritaron: “¡Jehú, rey!” Así conspiró Jehú, hijo de Josafat, hijo de Nimsi, contra Joram. Joram defendía con todo Israel a Ramot Galaad contra Jazael, rey de Siria;" pero el rey Joram había tenido que volverse para curarse en Jezrael de las heridas que los sirios le habían hecho cuando combatía centra Jazael, rey de Siria. Jehú dijo: “Pues que lo queréis, sea; pero que no salga de la ciudad nadie que pueda llevar la noticia a Jezrael.” Jehú subió a su carro y partió para Jezrael, pues Joram estaba allí en cama, y Ocozías, rey de Judá, había bajado a verle. El centinela que estaba en la torre de Jezrael vio venir a la tropa de Jehú y dio la noticia: “Veo venir una tropa.” Joram dijo: “Manda que salga a su encuentro uno de a caballo para saber si es de paz.” Salió el jinete, se presentó a Jehú y preguntó: “Así habla el rey: ¿Es la paz?” Jehú respondió: “¿Qué te importa a ti la paz? Vuélvete detrás de mí.” El centinela dio luego el aviso, diciendo: “El mensajero ha llegado hasta ellos, pero no vuelve.” Entonces se mandó otro a caballo, que, llegado a ellos, preguntó: “Así habla el rey: ¿Hay paz?” Y Jehú respondió: “¿Qué te importa a ti la paz? Vuélvete detrás de mí.” El centinela volvió a decir: “También éste ha llegado a ellos y no vuelve; mas, al parecer, por la marcha, el que viene es Jehú, hijo de Nimsi, porque viene con mucho ímpetu.” Entonces Joram dijo: “Engancha”; y enganchado que fue su carro, salió Joram, rey de Israel, y Ocozías, rey de Judá, cada uno en su carro. Salieron al encuentro de Jehú, a quien hallaron en la heredad de Nabot de Jezrael." En cuanto vio Joram a Jehú le preguntó: “¿Hay paz, Jehú?” Y éste respondió: “¿Qué paz mientras duren las prostituciones de Je-zabel, tu madre, y sus muchas hechicerías?” Entonces Joram, volviendo grupas, huyó y dijo a Ocozías; “¡Traición, Ocozías !” Pero Jehú tendió su arco e hirió a Joram entre las espaldas, saliéndole la flecha por el corazón, y Joram cayó en su carro. Jehú dijo a su oficial Bidcar: “ Tomalo y tírale en el campo de Nabot de Jezrael, pues me acuerdo de que, cuando yo y tú íbamos juntos a caballo detrás de Ajab, su padre, Yahvé pronunció contra él la sentencia, diciendo: Yo he visto ayer la sangre de Nabot y de sus hijos, dice Yahvé, y yo te daré su merecido en esta misma heredad. Tomalo pues, y tírale a ese campo, según la palabra de Yahvé.” Ocozías, rey de Judá, que vio esto, huyó por el camino de Bet Ganim; pero Jehú le persiguió, diciendo: “También a él.” Y le hirieron en el carro en la subida de Gur, cerca de Jibleam; él siguió hasta Megid-do, pero allí murió." Sus servidores le trasladaron en un carro a Jerusalén y le sepultaron en la sepultura de sus padres, en la ciudad de David. Ocozías había comenzado a reinar el año once de Joram, hijo de Ajab. Jehú entró en Jezrael. Sabiéndolo Jezabel, se pintó los ojos, se peinó y se puso a mirar a una ventana. Al pasar Jehú por la puerta, le gritó: “¿Le salió bien la cosa a Zimbri, asesino de su señor?” El alzó el rostro hacia la ventana y preguntó: “¿Quién eres tú para que quieras contender conmigo?” Entonces miraron por la ventana dos o tres eunucos, y él les mandó: “Echadla abajo”; y ellos la echaron, y su sangre salpicó los muros y los caballos; Jehú la pisoteó con sus pies," y después entró, comió, bebió y dijo: “Id a ver a esa maldita y enterradla, que al fin es hija de rey.” Fueron para enterrarla; pero no hallaron de ella más que el cráneo, los pies y las palmas de las manos." Volvieron a dar cuenta a Jehú, que dijo: “Es la amenaza que había hecho Yahvé por su siervo Elías tisbita, diciendo: Los perros comerán la carne de Jezabel en el campo de Jezrael, y el cadáver de Jezabel será como estiércol sobre la superficie del campo, en el campo de Jezrael, de modo que nadie podrá decir: Esta es Jezabel.” Había en Samaría setenta hijos de Ajab. Jehú escribió cartas, que mandó a Samaría, a los príncipes de la ciudad. En ellas decía: “En cuanto recibáis esta carta, pues que tenéis con vosotros a los hijos de vuestro señor y, además, carros y caballos, ciudades fortificadas y armas, ved cuál de los hijos de vuestro señor queréis mejor y os conviene poner en el trono de su padre, y combatid por la casa de vuestro señor.” Ellos se llenaron de miedo, y se dijeron: “Dos reyes no han podido resistirle, ¿cómo vamos a resistirle nosotros?” Y el mayordomo de palacio, los ancianos y los ayos mandaron a decir a Jehú: “Nosotros somos servidores tuyos y haremos cuanto tú nos digas. No elegiremos a ninguno por rey. Haz tú lo que bien te parezca.” Entonces les escribió Jehú una segunda carta, en que les decía: “Si estáis por mí y dispuestos a obedecerme, tomad las cabezas de esos hombres, hijos de vuestro señor, y venid a mí mañana a estas horas a Jezrael.” Cuando éstos recibieron la carta, cogieron a los hijos del rey, setenta hombres; los degollaron y pusieron sus cabezas en canastillas, y se las mandaron a Jehú a Jezrael." Vino uno a informarle, diciendo: “Han traído las cabezas de los hijos del rey”; y él dijo: “Ponedlas en dos montones a la entrada de la puerta hasta mañana.” Por la mañana salió, y, presentándose ante el pueblo todo, dijo: “Vosotros sois justos. Yo he conspirado contra mi señor y le he dado muerte. Pero ¿quién ha matado a todos éstos? Sabed, pues, que no caerá por tierra ni una de las palabras que Yahvé ha pronunciado contra la casa de Ajab. Yahvé cumple lo que declaró por medio de su siervo Elías.” Y Jehú mató a todos cuantos de la casa de Ajab quedaban en Jezrael, a todos sus parientes, a sus familias y a sus sacerdotes, sin dejar escapar a uno solo. Después se levantó para ir a Samaría, y, llegado a un albergue de pastores que había en el camino, encontró a los hermanos de Ocozías, rey de Judá, y les preguntó: “¿Quiénes sois vosotros?” Y ellos le dijeron: “Somos los hermanos de Ocozías, que hemos venido a saludar a los hijos del rey y a los hijos de la reina.” Jehú dijo: “Cogedlos vivos.” Cogiéronlos vivos y los degollaron, en número de cuarenta y dos, en la cisterna del albergue. Jehú no dejó escapar ni a uno solo. Partido de allí, encontró a Jonadab, hijo de Recab, que venía a su encuentro; le saludó y le dijo: “¿Es sincero conmigo tu corazón, como lo es el mío contigo?” Y Jonadab le respondió: “Sincero.” “Si es así —replicó Jehú —, dame la mano.” Jonadab le dio la mano, y Jehú le hizo subir a su carro junto a él," y dijo: “Ven conmigo, y verás mi celo por Yahvé.” Llevólo, pues, en su carro;" y cuando llegó a Samaría, mató a cuantos de Ajab quedaban en Samaría, exterminándolos del todo, según la palabra que Yahvé había dicho a Elías. Después reunió a todo el pueblo y le dijo: “Ajab sirvió poco a Baal; Jehú le servirá más." Llamad, pues, a mí a todos los profetas de Baal, a todos los sacerdotes, sin que quede ni uno solo, porque quiero ofrecer a Baal un gran sacrificio. El que falte no vivirá.” Jehú obraba arteramente, para exterminar a los servidores de Baal. Dijo, pues: “Promulgad una fiesta en honor de Baal.” Promulgáronla, enviando mensajeros por todo Israel, y llegaron todos los servidores de Baal, sin que ni uno dejara de venir, y entraron en la casa de Baal, que se llenó de bote en bote. Jehú dijo al que estaba al cuidado del vestuario: “Saca vestiduras para todos los siervos de Baal.” El las sacó, y fue Jehú con Jonadab a la casa de Baal y dijo a los servidores de Baal: “Mirad y ved si por acaso hay aquí entre vosotros algún servidor de Yahvé o si están sólo los servidores de Baal.” Y entró Jehú para ofrecer sacrificios y holocaustos. Había apostado fuera a ochenta hombres, diciéndoles: “Cualquiera que dejare escapar a alguno de estos que yo pongo en vuestras manos, me responderá de su vida con la suya.” Cuando hubo acabado de preparar los sacrificios y holocaustos, Jehú dijo a los de su guardia y a los oficiales: “Entrad y matadlos, sin que ni uno quede.” Los de la guardia y los oficiales pasáronlos a todos a cuchillo. Penetraron luego en el templo de Baal, sacaron fuera el altar de Baal y lo quemaron. Destrozaron los cipos de Baal y, derribando el templo, hicieron de él una cloaca, que todavía subsiste hoy. Así exterminó Jehú a Baal de en medio de Israel. Con todo, no se apartó Jehú de los pecados con que Jero-boam, hijo de Nabat, hizo pecar a Israel, y dejó en pie los becerros de oro que había en Betel y Dan. Yahvé dijo a Jehú: “Por haber hecho lo que es recto a mis ojos, haciendo desaparecer a la casa de Ajab, conforme a mi voluntad, tus hijos se sentarán en el trono de Israel hasta la cuarta generación. Pero Jehú no se cuidó de andar con todo su corazón en la Ley de Yahvé, Dios de Israel, ni se apartó de los pecados con que Jeroboam había hecho pecar a Israel. En aquellos días comenzó Yahvé a cercenar el territorio de Israel, y los hirió Jazael en toda la frontera de Israel, desde el Jordán, a oriente, toda la tierra de Galaad, de Gad, de Rubén y de Manases, desde Aroer, que está junto al torrente del Arnón, hasta Galaad y Basan. El resto de los hechos de Jehú, cuanto hizo, sus hazañas, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Jehú se durmió con sus padres, y fue sepultado en Samaría. Le sucedió Joacaz, su hijo. Había reinado Jehú veintiocho años sobre Israel en Samaría. Atalía, madre de Ocozías, viendo que había muerto su hijo, levantóse y exterminó a toda la descendencia real. Pero Josaba, hija del rey Joram y hermana de Ocozías, cogió a Joás, hijo de Ocozías, y le sacó furtivamente de entre los hijos del rey cuando los estaban asesinando, ocultándole de Atalía, a él y a su nodriza, en la cámara dormitorio, y así pudo aquél escapar a la muerte. Seis años estuvo oculto con Josaba en la casa de Yahvé, y entre tanto reinó Atalía en la tierra. El año séptimo, Joyada mandó a llamar a los centuriones de los cereteos y la guardia y los introdujo en la casa de Yahvé. Hizo pacto con ellos, juramentándolos en la casa de Yahvé, y les mostró el hijo del rey, dándoles esta orden: “He aquí lo que habéis de hacer: La tercera parte de vosotros, que monta la guardia en el palacio real, más las otras dos partes de vosotros, que montan la guardia en el templo de Yahvé, con las armas en la mano, formaréis en torno del rey y mataréis a cualquiera que pretenda penetrar en las filas. Estaréis junto al rey dondequiera que vaya.” Cumplieron les capitanes las órdenes que les había dado el sacerdote Joyada. Tomó cada uno sus gentes, las que hacían el servicio el sábado, y se fueron al sacerdote Joyada. Este les entregó las lanzas y los escudos del rey David, que se hallaban en la casa de Yahvé, y cuando los soldados de la guardia, todos con las armas en la mano, desplegaron desde el lado sur al lado norte, entre el altar y el templo, sacó al rey, púsole la diadema y los brazaletes y le ungió. Todos entonces palmotearon y gritaron: “¡Viva el rey!” Cuando oyó Atalía el estrépito del pueblo, se vino a donde estaba la gente reunida en la casa de Yahvé y miró. Y estaba el rey sobre el estrado, según costumbre, y cerca de él los jefes y las trompetas, y todo el pueblo daba muestras de gran júbilo, mientras sonaban las trompetas. Atalía rasgó sus vestiduras y clamó: “¡Traición! ¡Traición!” Entonces el sacerdote Joyada dio orden a los capitanes, que estaban a la cabeza de las tropas: “Sacadla de las filas y matad a quienquiera que la siga.” Pues el sacerdote había dicho: “Que no la maten en la casa de Yahvé.” Pusieron sobre ella las manos, y cuando llegó al palacio real, por la puerta de los caballos, allí la mataron. Joyada intervino en la alianza que con Yahvé hicieron el rey y el pueblo, de ser el pueblo de Yahvé. Todo el pueblo penetró en el templo de Baal y lo demolió, destruyendo del todo su altar y sus estatuas; y al sacerdote de Baal, Matan, le dieron muerte delante del altar." Después, dejando una guardia en el templo de Yahvé, tomó a los jefes de los cereteos y a los guardias y a todo el pueblo, y llevaron al rey desde el templo de Yahvé al palacio real, donde entró por la puerta de la guardia•Sentose allí sobre el trono real, y todo el pueblo estaba lleno de alegría, y la ciudad se quedó tranquila. Atalía había sido muerta en el palacio real. -- omitido por paráfrasis -- Tenía Joás siete años cuando comenzó a reinar. Comenzó a reinar Joás el séptimo año de Jehú, y reinó cuarenta años en Jerusalén. Su madre se llamaba Sibia, de Berseba. Hizo Joás lo que era recto a los ojos de Yahvé todo el tiempo que le dirigió el sacerdote Joyada;" pero no desaparecieron los altos, y seguía el pueblo sacrificando y quemando perfumes en ellos. Joás dijo a los sacerdotes: “Todo el dinero que como ofrenda sagrada ha entrado en el templo de Yahvé, el dinero del rescate de personas según estimación y el que voluntariamente se ofrece a la casa de Yahvé, tómenlo los sacerdotes y empléenlo en reparar la casa de Yahvé, en todo lo que necesite reparación.” Pero sucedió que, el año veintitrés del reinado de Joás, los sacerdotes no habían hecho las reparaciones necesarias en la casa. Llamó entonces el rey al sacerdote Joyada y a los otros sacerdotes y les dijo: “¿Por qué no habéis reparado lo que había que reparar en la casa? En adelante no seréis vosotros los que dispongáis del dinero del pueblo, sino que lo entregaréis para que se haga la reparación de la casa.” Los sacerdotes asintieron a no ser ellos los que recogieran el dinero del pueblo para hacer las reparaciones de la casa” Entonces el sacerdote Joyada tomó un cofre, hizo en su tapa un agujero y le puso al lado del altar, a la derecha, en el paso para la entrada en la casa de Yahvé. Los sacerdotes de guardia metían allí todo el dinero que se traía a la casa de Yahvé;" y cuando se veía que en el cofre había bastante dinero, subía el secretario del rey con el gran sacerdote y contaban el dinero que había en la casa de Yahvé. Iban entregando a los encargados de las obras de reparación lo necesario para pagar a los carpinteros y demás obreros que trabajaban en la casa de Yahvé, a los albañiles y a los canteros, para el pago de las maderas y el tallado de las piedras necesarias para las reparaciones. Pero con todo lo que entraba en la casa de Yahvé no hubo para hacer ni fuentes de plata, ni cuchillos, ni copas, ni trompetas; en suma, nada de oro ni de plata," sino que hubo que emplearlo todo en la reparación de la casa. No se tomaban cuentas a los que recibían el dinero para entregarlo a los que hacían las obras, porque eran personas de fidelidad. El dinero por el delito y el dinero por los pecados no entraba en la casa de Yahvé, porque era de los sacerdotes. Entonces subió Jazael, rey de Siria, y atacó a Gat y la tomó. Jazael tenía el designio de subir contra Jerusalén. Joás, rey de Judá, tomó todas las cosas consagradas, lo que habían consagrado Josafat, Joram y Ocozías, sus padres, reyes de Judá, y lo que él mismo había consagrado, y todo el oro que había en el tesoro de la casa de Yahvé y en el del real palacio, y enviólo todo a Jazael, rey de Siria, que desistió de subir contra Jerusalén. El resto de los hechos de Joás, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Sus servidores conspiraron contra él, y, rebelándose, le mataron cuando bajaba a la casa del terraplén. Sus servidores conspiraron contra él, y, rebelándose, le mataron cuando bajaba a la casa del terraplén. [ (II Kings 12:22) Josacar, hijo de Simat, y Josabab, hijo de Somer, sus siervos, le hirieron, y murió. Fue sepultado con sus padres en la ciudad de David, y le sucedió Amasias, su hijo. ] El año veintitrés de Joás, hijo de Ocozías, rey de Judá, comenzó a reinar Joacaz, hijo de Jehú, en Samaría, y reinó diecisiete años. Hizo el mal a los ojos de Yahvé y siguió los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, con que hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos. Encendióse el furor de Yahvé contra Israel, y los entregó en manos de Jazael, rey de Siria, y en manos de Ben Hadad, hijo de Jazael, todo el tiempo que estos reyes vivieron. Joacaz imploró a Yahvé, y Yahvé le oyó, pues vio la opresión en que los reyes de Siria tenían a Israel. Se. paró a Israel un libertador, que les sacó de las manos de los sirios, y habitaron en sus tiendas como antes;" pero no se apartaron de los pecados de la casa de Jeroboam, que había hecho pecar a Israel, sino que se dieron a ellos, y aún una “asera” quedaba erigida en medio de Samaría. De todo el ejército que tenía Joacaz no le dejó Yahvé más que cincuenta caballeros, diez carros y diez mil infantes, porque el rey de Siria los había aniquilado, como si los redujera a polvo. El resto de los hechos de Joacaz, cuanto hizo, sus hazañas, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Joacaz se durmió con sus padres y fue sepultado en Samaría. Le sucedió Joás, su hijo. El año treinta y siete de Joás, rey de Judá, comenzó a reinar Joás, hijo de Joacaz, en Israel, en Samaría, y reinó dieciséis años. Hizo el mal a los ojos de Yahvé, y no se apartó de ninguno de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, que había hecho pecar a Israel, sino que se dio a éstos como él. El resto de los hechos de Joás, cuanto hizo, sus hazañas, y la guerra contra Amasias, rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Joás se durmió con sus padres, y le sucedió Jeroboam. Joás fue sepultado en Samaría con los reyes de Israel. Enfermó Elíseo de la enfermedad de que murió, y Joás, rey de Israel, bajó a verle, lloró sobre él, y dijo: “¡Padre mío, padre mío! ¡Carro de Israel y su auriga!” Elíseo le dijo: “Toma tu arco y unas flechas.” El tomó arco y flechas. Luego dijo Elíseo al rey de Israel: “Pon tus manos en el arco.” Y él las puso, y puso Elíseo las suyas sobre las del rey. Luego añadió: “Abre la ventana que da al oriente.” Abrióla, y Elíseo le dijo: “Dispara”; y disparó. Elíseo exclamó: “Es una flecha de liberación de Yahvé; es una flecha de liberación contra Siria. Tú batirás a los sirios en Afee hasta exterminarlos.” Elíseo le dijo nuevamente: “ Toma las flechas.” El las tomó, y Elíseo le mandó: “Hiere la tierra”; y el rey la hirió tres veces, y se detuvo." El hombre de Dios se irritó contra él, y le dijo: “Debieras haber herido cinco o seis veces, y entonces hubieras llegado a batir a los sirios hasta la exterminación; ahora sólo tres veces los batirás.” Elíseo murió y fue sepultado. Por entonces hacían incursión en la tierra, un año y otro, las tropas de Moab;" y sucedió que, mientras estaban unos sepultando a un muerto, vieron de pronto venir una de estas tropas, y arrojaron al muerto en el sepulcro de Elíseo y se fueron; y en cuanto el muerto llegó a tocar los huesos de Elíseo, resucitó y se puso en pie." Jazael, rey de Siria, afligió a Israel todo el tiempo de la vida de Joacaz. Pero Yahvé tuvo misericordia de ellos y los miró por amor de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob, y no quiso destruirlos del todo, y no los arrojó de ante sí. Murió Jazael, rey de Siria, y le sucedió su hijo Ben Hadad. Joás, hijo de Joacaz, reconquistó de manos de Ben Hadad, hijo de Jazael, las ciudades conquistadas por Jazael a Joacaz, su padre, durante la guerra. Joás batió tres veces a los sirios y recobró las ciudades de Israel. El año segundo de Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel, comenzó a reinar Amasias, hijo de Joás, rey de Judá. Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Joadán, de Jerusalén. Hizo lo recto a los ojos de Yahvé; no, sin embargo, como David, su padre. Obró enteramente como había obrado Joás, su padre." No desaparecieron los altos, y el pueblo siguió ofreciendo sacrificios y perfumes en ellos. Cuando hubo afirmado en sus manos el reino, castigó a los servidores que habían matado al rey, su padre;" pero no hizo morir a los hijos de los asesinos, según lo que está escrito en el libro de la Ley de Moisés, donde manda Yahvé: “No se hará morir a los padres por los hijos ni se hará morir a los hijos por los padres, sino que se hará morir a cada uno por su pecado.” Batió a diez mil edomitas en el valle de la Sal. Conquistó en la guerra Sela, y la llamó Joctel, nombre que conserva hoy todavía. Entonces mandó Amasias mensajeros a Joás, hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, para decirle: “Ven que nos veamos las caras.” Joás, rey de Israel, hizo decir a Amasias: “El cardo del Líbano mandó a decir al cedro del Líbano: Dame tu hija por mujer para mi hijo. Las fieras del Líbano pasaron y pisotearon el cardo. Tú has batido a los edomitas, y tu corazón se ha envanecido. Goza tu gloria y quédate en casa. ¿Para qué meterte en una empresa desafortunada, que será tu ruina y la de Judá?” Pero Amasias no le escuchó, y Joás, rey de Israel, subió y se vieron las caras él y Amasias, rey de Judá, en Betsamés, que está en Judá. Judá fue batido por Israel, y cada uno huyó a su tienda. Joás, rey de Israel, cogió prisionero en Betsamés a Amasias, rey de Judá, hijo de Joás, hijo de Ocozías, y vino a Jerusalén e hizo una brecha de cuatrocientos codos en la muralla de Jerusalén, desde la puerta de Efraím hasta la puerta de la Esquina. Se apoderó de todo el oro y plata y de los vasos que había en la casa de Yahvé y en el tesoro del palacio real, y, tomando rehenes, retornó con ellos a Samaría. El resto de los hechos de Joás, cuanto hizo, sus hazañas y la guerra que hizo a Amasias, rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Joás se durmió con sus padres, y fue sepultado en Samaría con los reyes de Israel. Le sucedió Jero-boam, su hijo. Amasias, hijo de Joás, rey de Judá, vivió quince años después de la muerte de Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel. El resto de los hechos de Amasias, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Se tramó contra él una conjuración en Jerusalén, y huyó a Laquis; pero le persiguieron hasta Laquis, y allí le dieron muerte." Le trajeron en caballos, y fue sepultado en Jerusalén con sus padres, en la ciudad de David. Todo el pueblo de Judá tomó a Azarías, hijo de Amasias, y le puso sobre el trono, a la edad de dieciséis años, en lugar de Amasias, su padre. Azarías reedificó a Elat y la restituyó al dominio de Judá después de dormirse el rey con sus padres. El año quince de Amasias, hijo de Joás, rey de Judá, comenzó a reinar sobre Israel en Samaría Jeroboam, hijo de Joás, rey de Israel, y reinó cuarenta y un años. Hizo el mal a los ojos de Yahvé. No se apartó de ninguno de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, que había hecho pecar a Israel. Recobró el territorio de Israel, desde la entrada de Jamat hasta el mar del Araba, según la palabra que había dicho Yahvé, Dios de Israel, por medio de su siervo Joñas, profeta, hijo de Amitai, de Gat Jefer. Porque había visto Yahvé la amarga aflicción de Israel, a la que todos, esclavos y libres, habían sido reducidos, sin que hubiera quien pudiera socorrer a Israel. No había resuelto Yahvé todavía raer el nombre de Israel de debajo del cielo, y le libró por medio de Jeroboam, hijo de Joás. El resto de los hechos de Jeroboam, cuanto hizo, sus hazañas en la guerra y cómo restituyó al dominio de Israel Damasco y Jamat, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Jeroboam se durmió con sus padres los reyes de Israel, y le sucedió Zacarías, su hijo. El año veintisiete de Jeroboam, rey de Israel, comenzó a reinar Azarías, hijo de Amasias, rey de Judá. Tenía dieciséis años cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y dos años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jolía, de Jerusalén. Hizo lo que es recto a los ojos de Yahvé, enteramente como lo había hecho Amasias, su padre;" pero los altos no desaparecieron, y el pueblo seguía ofreciendo sacrificios y perfumes en ellos. Yahvé hirió de lepra al rey, y leproso estuvo hasta el día de su muerte, y moraba en su casa aislada. Jotam, su hijo, estaba a la cabeza del palacio y juzgaba al pueblo. El resto de los hechos de Azarías, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Azarías se durmió con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David. Le sucedió Jotam, su hijo. El año treinta y ocho de Azarías, rey de Judá, comenzó a reinar sobre Israel, en Samaría, Zacarías, hijo de Jeroboam, y reinó seis meses. Hizo lo que era malo a los ojos de Yahvé, como lo habían hecho sus padres, y no se apartó de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, que había hecho pecar a Israel. Selum, hijo de Jabes, conspiró contra él, y le hirió en Jebleam, dándole muerte. El le sucedió, El resto de los hechos de Zacarías escrito está en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. Así se cumplió lo que Yahvé había declarado a Jehú diciendo: “Tus hijos se sentarán en el trono de Israel hasta la cuarta generación.” Selum, hijo de Jabes, comenzó a reinar el año treinta y nueve de Ozías (Azarías), rey de Judá, y reinó un mes en Samaría. Menajem, hijo de Gadí, subió de Tirsa a Samaría; hirió a Selum, hijo de Jabes, matándole, y le sucedió." El resto de los hechos de Selum y la conspiración que tramó está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. Entonces Menajem castigó a Tapuaj y cuanto en ella había, con su territorio, desde Tirsa, porque no había querido abrirle sus puertas, y abrió el vientre de todas las mujeres encinta. El año treinta y nueve de Azarías, rey de Judá, comenzó a reinar en Israel Menajem, hijo de Gadí, y reinó diez años en Samaría. Hizo lo malo a los ojos de Yahvé, y no se apartó, mientras vivió, de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, que había hecho pecar a Israel. Ful, rey de Asiría, vino a Israel, y Menajem le dio a Ful mil talentos de plata para que le ayudase a consolidar el reino en sus manos. Menajem, para obtener esta cantidad, hizo una derrama sobre todos los que en Israel eran ricos, imponiendo a cada uno cincuenta siclos de plata, para dárselos al rey de Asiría. El rey de Asiría se volvió, y por entonces no se quedó en la tierra. El resto de los hechos de Menajem, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Menajem se durmió con sus padres, y le sucedió Pecajya, su hijo. El año cincuenta de Azarías, rey de Judá, comenzó a reinar en Israel, en Samaría, Pecajya, hijo de Menajem, y reinó dos años. Hizo lo malo a los ojos de Yahvé, y no se apartó de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel. Pecaj, hijo de Romelía, su oficial, conspiró contra él, y le hirió en Samaría, en la torre del palacio del rey, en unión de Argob y Arie y de cincuenta hombres de entre los hijos de Galaad que le seguían. Así dio muerte a Pecajya, y le sucedió. El resto de los hechos de Pecajya, cuanto hizo, escrito está en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. El año cincuenta y dos de Azarías, rey de Judá, comenzó a reinar en Israel, en Samaría, Pecaj, hijo de Romelía, y reinó veinte años. Hizo lo malo a los ojos de Yahvé, y no se apartó de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, que había hecho pecar a Israel. En tiempo de Pecaj, rey de Israel, Teglatfalasar, rey de Asiría, vino y tomó lyyón, Abel Bet Maaca, Janoaj, Quedes y Jasor, Galay y la Galilea, todo el territorio de Neftalí, y llevó a sus habitantes cautivos a Asiría. Oseas, hijo de Ela, conspiró contra Pecaj, hijo de Romelía, y le hirió, dándole muerte y sucediéndole el año veinte de Jotam, hijo de Ozías (Azarías)' El resto de los hechos de Pecaj, cuanto hizo, escrito está en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. El año segundo de Pecaj, hijo de Romelía, rey de Israel, comenzó a reinar Jotam, hijo de Ozías (Azarías), rey de Judá. Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jerusá, hija de Sadoc. Hizo lo recto a los ojos de Yahvé, enteramente como lo había hecho Ozías (Azarías), su padre;" pero no desaparecieron los altos, y el pueblo seguía ofreciendo sacrificios y perfumes en ellos. Jotam edificó la puerta superior de la casa de Yahvé. El resto de los hechos de Jotam, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? En este tiempo comenzó a mandar Yahvé contra Judá a Rasín, rey de Siria, y a Pecaj, hijo de Romelía. Jotam se durmió con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David, su padre. Le sucedió Ajaz, su hijo. El año diecisiete de Pecaj, hijo de Romelía, comenzó a reinar Ajaz, hijo de Jotam, rey de Judá;" tenía Ajaz veinte años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. No hizo lo recto a los ojos de Yahvé, su Dios, como lo había hecho David, su padre. Marchó por el camino de los reyes de Israel, y hasta hizo pasar a su hijo por el fuego, según las abominaciones de las gentes que Yahvé había expulsado ante los hijos de Israel. Ofrecía sacrificios y perfumes en los altos, en los collados y bajo cualquier árbol frondoso. Entonces Rasín, rey de Siria, y Pecaj, hijo de Romelía, rey de Israel, subieron contra Jerusalén para atacarla, y sitiaron a Ajaz, pero no pudieron vencerle. En el mismo tiempo, el rey de Edom sometió a Elat al dominio de Edom, expulsando de ella a los judíos, y los edomitas se establecieron en Elat, y allí habitan hasta el día de hoy. Ajaz mandó mensajeros a Teglatfalasar, rey de Asiría, para decirle: “Tu siervo soy y tu hijo. Sube y líbrame de las manos del rey de Siria y de las del rey de Israel, que se alzan contra mí.” Ajiz tomo la plata y el oro que había en la casa de Yahvé y en el tesoro del palacio del rey y se lo mandó en presente al rey de Asiría. El rey de Asiría le dio oídos, y subió contra Damasco, la tomó y llevó a sus habitantes cautivos a Quir, y dio muerte a Rasín. El rey Ajaz fue a Damasco para ver a Teglatfalasar, rey de Asiría, y, habiendo visto el altar que había en Damasco, mandó luego al sacerdote Urías el modelo y la forma exacta del altar. El sacerdote Urías construyó uno, ajustándose al modelo enviado de Damasco por el rey Ajaz, acabándole antes de que Ajaz volviese de Damasco. Llegado de Damasco, vio el rey el altar, y, acercándose, subió a él;" hizo quemar en él su ofrenda y su holocausto, y libó en el sus libaciones y derramó en él la sangre de sus sacrificios eucarísticos. Quitó de ante la casa el altar de bronce que había ante Yahvé, para que no estuviese entre el nuevo altar y la casa de Yahvé, y le puso cerca del nuevo altar, hacia el norte. El rey Ajaz dio al sacerdote Urías esta orden: “Quema en el gran altar el holocausto de la mañana y la ofrenda de la tarde, el holocausto del rey y su ofrenda, el holocausto de todo el pueblo y sus ofrendas; derrama en él sus libaciones y la sangre de todos los holocaustos y todos los sacrificios. Del altar de bronce ya dispondré yo.” El sacerdote Urías hizo en todo conforme a lo que el rey Ajaz le había mandado, y el rey Ajaz rompió los tableros de las basas y quitó las fuentes que había sobre ellas. Quitó el mar de encima de los toros de bronce, que estaban debajo, y le colocó sobre un solado de piedra;" y para agradar al rey de Asiría, mudó de la casa de Yahvé el pórtico del sábado que se había construido en ella, y la entrada exterior del rey. El resto de los hechos de Ajaz, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Ajaz se durmió con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David. Le sucedió Ezequías, su hijo. El año doce de Ajaz, rey de Judá, comenzó a reinar en Israel, en Samaría, Oseas, hijo de Ela, y reinó nueve años” Hizo lo malo a los ojos de Yahvé, aunque no tanto como los reyes de Israel que le precedieron. Subió contra él Salmanasar, rey de Asiría, y Oseas se le sometió y le pagó tributo;" pero el rey de Asiría descubrió luego una conspiración que tramaba Oseas, que había mandado embajadores a So, rey de Egipto, y había dejado de pagar el tributo anual al rey de Asiría, y el rey de Asiría le hizo encarcelar y encadenar en una prisión. Recorrió el rey de Asiría todo el territorio y subió contra Samaría, que tuvo asediada durante tres años. El año noveno de Oseas, el rey de Asiría tomó a Samaría y llevó cautivos a sus habitantes a Asiría, haciéndolos habitar en Calac y Jabor, junto al río Gozan, y en las ciudades de la Media. Los hijos de Israel habían pecado contra Yahvé, su Dios, que los había sacado de la tierra de Egipto, de bajo el dominio de Faraón, rey de Egipto, temiendo a los dioses ajenos. Siguieron las costumbres de las gentes que Yahvé había expulsado ante los hijos de Israel y las que habían introducido los reyes de Israel. Los hijos de Israel hicieron contra Yahvé ocultamente cosas detestables, edificaron altos en todas sus ciudades desde la torre de atalaya hasta la ciudad murada. Se alzaron cipos y “aseras” en todo collado alto y bajo todo árbol frondoso, y quemaron perfumes en todos los altos, como las gentes que Yahvé había expulsado ante ellos, e hicieron maldades, con las que irritaron a Yahvé. Sirvieron a los ídolos, de quienes había dicho Yahvé: “No haréis tal.” Yahvé advertía a Israel y a Judá por todos sus profetas, por todos sus videntes, y les decía: “Convertios de vuestros perversos caminos y guardad mis leyes y mis mandamientos, siguiendo fielmente la Ley que yo prescribí a vuestros padres y os he inculcado por medio de mis siervos los profetas.” Pero ellos no le escucharon y endurecieron su cerviz, como lo habían hecho sus padres, que no creyeron en Yahvé, su Dios. Rechazaron sus leyes, y la alianza que había hecho con sus padres, y las amonestaciones que les había hecho. Se fueron tras las vanidades, y cayeron así ellos mismos en la vanidad como los pueblos que los rodeaban, y a quienes Yahvé les había prohibido imitar. Traspasaron todos los mandamientos de Yahvé, su Dios, y se hicieron imágenes fundidas, dos becerros, “aseras,” y se postraron ante todo el ejército de los cielos, y sirvieron a Baal. Hicieron pasar por el fuego a sus hijos y a sus hijas, se dieron a la adivinación y a los encantamientos y se entregaron a cuanto era malo a los ojos de Yahvé, para irritarle, Por eso Yahvé se irritó fuertemente contra Israel, y le arrojó de su presencia, y no quedó más que la tribu de Judá. Pero tampoco Judá guardó los mandamientos de Yahvé, su Dios, y ha imitado las costumbres de Israel. Por eso arrojó Yahvé de sí a toda la descendencia de Israel, la humilló y la entregó en manos de salteadores, hasta arrojarla de su presencia. Israel se separó de la casa de David y se dio por rey a Jeroboam, hijo de Nabat, que los apartó de Yahvé e hizo cometer a Israel un gran pecado Los hijos de Israel se dieron a todos los pecados de Jeroboam, que él comenzó, y no se apartaron de ellos hasta que Yahvé arrojó a Israel lejos de su presencia, como lo había anunciado por todos sus siervos los profetas. E Israel ha sido llevado cautivo lejos de su tierra, a Asiría, donde está hasta el día de hoy. El rey de Asiría mandó gentes de Babilonia, de Cuta, de Avá, de Jamat y de Sefarvaím, y las estableció en las ciudades de Samaría en lugar de los hijos de Israel. Se posesionaron de Samaría y habitaron en sus ciudades. Cuando comenzaron a habitar allí, no temían a Yahvé, y Yahvé mandó contra ellos leones, que los devoraban. Dijeron, pues, al rey de Asiría: “Las gentes que tú has trasladado, para establecerlas en las ciudades de Samaría, na conocen el modo de servir al dios de aquella tierra, y éste ha mandado contra ellas leones, que los devoran porque no saben el modo de servir al dios de la tierra.” El rey de Asiría dio esta orden: “Mandad que vaya allá uno de los sacerdotes que de allí habéis traído en cautividad, que vaya a establecerse allí y les enseñe el modo de servir al dios de aquella tierra.” Vino, pues, a establecerse en Betel un sacerdote de los que habían sido llevados cautivos a Samaría, y les enseñó cómo habían de servir a Yahvé. Pero las gentes aquellas se hicieron cada una sus dioses en las ciudades que habitaban, y los pusieron en los altos edificados por los de Samaría. Las gentes de Babilonia se hicieron su Sucot Benot; las de Cuta, su Nergal;" las de Jamat, su Asima; las de Avá, su Nibján y Tar-tac, y las de Sefarvaím pasaban a sus hijos por el fuego en honor de Adarmelec y Anamelec, dioses de Sefarvaím." También servían a Yahvé, y se dieron sacerdotes de los altos de entre todo el pueblo; estos sacerdotes ofrecían por ellos sacrificios en los templos de los altos." Así que temían a Yahvé y le servían al mismo tiempo que a sus dioses, según la costumbre de las gentes de que provenían. Todavía hoy siguen haciendo como hicieron al principio. Ni temen a Yahvé ni se conforman con sus leyes y mandamientos, dados por Yahvé a los hijos de Jacob, a quien dio el nombre de Israel. Yahvé había hecho alianza con ellos y les había dado este mandato: “No temeréis a otros dioses, ni os prosternaréis ante ellos, ni les serviréis, ni les ofreceréis sacrificios. Temeréis a Yahvé, que os ha sacado de la tierra de Egipto con gran poder y brazo tendido. Sólo a El temeréis, sólo ante El os prosternaréis y sólo a El ofreceréis sacrificios. Guardaréis y pondréis por obra las leyes y mandamientos, los estatutos y decretos que El ha escrito para vosotros, y no serviréis a otros dioses. No olvidaréis la alianza que yo he hecho con vosotros, y no temeréis a otros dioses, sino que temeréis a Yahvé, vuestro Dios, y El os librará de las manos de todos vuestros enemigos.” Ellos no le han obedecido y siguen sus antiguas costumbres;" estas gentes temen a Yahvé y sirven a sus ídolos, y sus hijos y los hijos de sus hijos han seguido haciendo siempre hasta hoy como hicieron sus padres. El año tercero de Oseas, hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías, hijo de Ajaz, rey de Judá. Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Abí, hija de Zacarías. Hizo lo que es recto a los ojos de Yahvé, enteramente como lo había hecho David, su padre. Hizo desaparecer los altos, rompió los cipos, derribó las “aseras” y destrozó la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque los hijos de Israel hasta entonces habían quemado incienso ante ella, dándole el nombre de Nejustán. Puso su confianza en Yahvé, Dios de Israel, y de todos los reyes de Judá que le sucedieron o le precedieron no hubo ninguno semejante a él. Se allegó a Yahvé y no se apartó de El, guardó todos los mandamientos que Yahvé había prescrito a Moisés. Yahvé fue con Ezequías, que salió bien en todas sus empresas. Se rebeló contra el rey de Asiría y no le estuvo sujeto. Batió a los filisteos hasta Gaza y devastó su tierra desde las torres de atalaya hasta las ciudades fuertes. El año cuarto del rey Ezequías, que era el año séptimo de Oseas, hijo de Ela, rey de Israel, Salmanasar, rey de Asiría, subió contra Samaría y la asedió. La tomó al cabo de tres años; el año sexto de Ezequías, que era el año noveno de Oseas, rey de Israel, fue tomada Samaría." El rey de Asiría llevó cautivo a Israel a Asiría y los estableció en Cala, en Cabor, junto al río Gozan, y en las ciudades de Media, porque no habían escuchado la voz de Yahvé, su Dios, y habían roto su alianza, y no habían obedecido y puesto por obra todo lo que Yahvé había mandado a Moisés, su siervo. El año catorce del rey Ezequías, Senaquerib, rey de Asiría, subió contra todas las ciudades fuertes de Judá y se apoderó de ellas. Ezequías, rey de Judá, mandó decir al rey de Asiría, a Laquis: “He pecado; déjame y haré todo lo que me impongas.” El rey de Asiría impuso a Ezequías, rey de Judá, trescientos talentos de plata y treinta talentos de oro." Ezequías entregó toda la plata que había en la casa de Yahvé y en el tesoro del palacio real. Fue entonces cuando Ezequías destruyó las puertas del templo de Yahvé y los dinteles, que el mismo Ezequías, rey de Judá, había cubierto con láminas de oro, para entregárselas al rey de Asiría. El rey de Asiría mandó desde Laquis a Ezequías al copero mayor con un fuerte ejército a Jerusalén. Pusiéronse en marcha, y cuando se acercaron a Jerusalén, hicieron alto en el acueducto del estanque superior, en el camino del campo del Batanero, y preguntaron por el rey. Vino entonces Eliaquín, hijo de Helcías, mayordomo del rey, con Sobna, el secretario, y Joaj, hijo de Asaf, cronista;" y el copero mayor les habló, diciendo: “Decid a Ezequías: Así habla el rey grande, el rey de Asiría: ¿Qué confianza es esa que manifiestas? ¿Crees tú que las meras palabras son prudencia y fuerza para la guerra? ¿En quién realmente confías para querer rebelarte contra mí? ¿Confías en Egipto, en esa caña rota que pincha y hiere la mano de quienquiera que en ella se apoya? Así les sucede con el Faraón, rey de Egipto, a cuantos confían en él. Y si me decís: Confiamos en Yahvé, nuestro Dios, ¿no ha hecho desaparecer Ezequías sus altos y sus altares, diciendo a Judá y a Jerusalén: Ante este altar de Jerusalén habéis de ofrecer? Haz, pues, un convenio con mi señor el rey de Asiría, y yo te daré dos mil caballos, si estás en condiciones para proveerlos de caballeros. ¿Cómo podrás resistir ni a un solo jefe de los menores entre los siervos de mi señor? ¿Confías en que Egipto te mandará carros y caballeros ? Y, además, ¿ha sido sin la voluntad de Yahvé como he subido yo a este lugar para destruirlo ? Es Yahvé quien me ha dicho: Sube contra esa tierra y destruyela.” Eliaquín, hijo de Helcías; Sobna y Joaj dijeron al copero mayor: “Habla a tus siervos en arameo, que lo entendemos; no nos hables en judío delante de todo el pueblo que está en las murallas.” Entonces el copero mayor respondió: “¿Acaso es a tu señor y a ti a quienes mi señor me ha mandado decir estas palabras, y no más bien a la gente que hay en la muralla, para comerse sus propios excrementos y beberse su propia orina?” Entonces se acercó el copero mayor y gritó en alta voz, en judío: “Escuchad la palabra del rey grande, del rey de Asiría: Así habla el rey de Asiría: No os dejéis engañar de Ezequías, que no podrá libraros de mi mano. Que no os haga confiar tampoco Ezequías en Yahvé, diciendo: Yahvé nos librará, y esta ciudad no será entregada en manos del rey de Asiría. No deis oídos a Ezequías, porque así habla el rey de Asiría: Haced paces conmigo, rendios a mí, y cada uno de vosotros comerá de su viña y de su higuera y beberá el agua de su cisterna, hasta que yo venga y os lleve a otra tierra como la vuestra, a una tierra de trigo y de vino, tierra de pan y de viñas, de olivos, de aceite y de miel, y allí viviréis y no moriréis. No escuchéis a Ezequías; no hace más que engañaros cuando dice: Yahvé nos librará." ¿Han librado los dioses de los pueblos a su tierra del poder del rey de Asiría? ¿Dónde están los dioses de Jamat y de Arfad? ¿Dónde los dioses de Sefarvaím, Ana y Avá? ¿Dónde están los dioses de la tierra de Samaría? ¿Han librado a Samaría de mi poder? ¿Qué dios de éstos ha librado a su tierra de mi poder, para que pueda Yahvé librar de mi mano a Jerusalén?” El pueblo estuvo callado y no dijo una sola palabra, porque el rey había dado esta orden: “No les respondais.” Eliaquín, hijo de Helcías, mayordomo del palacio; Sobna, secretario, y Joaj, hijo de Asaf, cronista, vinieron a Ezequías, rasgadas las vestiduras, y le refirieron las palabras que el copero mayor había dicho." Cuando Ezequías lo oyó, rasgó sus vestiduras, se cubrió de saco y fue a la casa de Yahvé. Mandó a Eliaquín, mayordomo del palacio del rey; a Sobna, secretario, y a los sacerdotes más ancianos, cubiertos de saco, al profeta Isaías, hijo de Amos," para que le dijeran: “Así habla Ezequías: Hoy es día de angustia, de castigo y de oprobio, como si los hijos estuvieran para salir del seno de sus madres y no hubiera fuerza para el alumbramiento. ¿No habrá oído Dios las palabras del copero mayor, que el rey de Asiría, su señor, ha mandado para insultar al Dios vivo, y dejará Yahvé, tu Dios, de castigar las palabras que ha oído? Haz, pues, subir a El una plegaria por el resto que aún queda.” Los servidores del rey Ezequías fueron a Isaías, e Isaías les dijo: “He aquí lo que diréis a vuestro señor: Así habla Yahvé: No te asusten las palabras que has oído, con las que los servidores del rey de Asiría me han ultrajado. Yo voy a paner sobre él un espíritu tal, que, al oír una noticia que recibirá, se volverá luego a su tierra, y allí, en su tierra, yo le haré morir a espada.” El copero mayor se retiró y se vio con el rey de Asiría, que estaba atacando a Libna, pues se le dijo que se había retirado de Laquis. Diéronle noticia de Taraca, rey de Etiopía, diciendo: “Se ha puesto en marcha para atacarte.” El rey de Asiría mandó entonces de nuevo mensajeros a Ezequías, diciendo: “Hablad así a Ezequías, rey de Judá: Que tu Dios, en quien confías, no te engañe, diciendo: Jerusalén no será entregada en manos del rey de Asiría. Bien sabéis lo que los reyes de Asiría han hecho con todos los pueblos y cómo los han destruido, ¿y vas a librarte tú? Los dioses de los pueblos que mis padres han destruido, ¿los libraron en Gozan, Harán, Resef, y libraron a los hijos de Edén, que habitan en Telasar? ¿Dónde están el rey de Jamat, el rey de Arfad y el rey de la ciudad de Sefarvaím, de Ana y de A va?” Ezequías tomó las cartas de manos de los mensajeros y las leyó. Luego subió a la casa de Yahvé, y las desplegó ante Yahvé, a quien hizo esta plegaria: “Yahvé Dios de Israel, que te sientas sobre los querubines; tú, que eres el solo Dios de todos los reinos de la tierra; tú, que has hecho los cielos y la tierra, ¡oh Yahvé!" inclina tu oído y escucha. Abre, ¡oh Yahvé! tus ojos y mira. Oye las palabras que Senaquerib ha mandado a decir para insultar al Dios vivo. Es verdad, ¡oh Yahvé! que los reyes de Asiría han destruido pueblos y asolado tierras y que han quemado sus dioses; pero ésos no eran dioses, eran obra de la mano del hombre, leño y piedra, y ellos los aniquilaron." Líbranos, pues, Yahvé, Dios nuestro, líbranos de la mano de Senaquerib, y que todos los reinos de la tierra sepan que sólo tú eres Dios, ¡oh Yahvé!” Entonces Isaías, hijo de Amos, mandó a decir a Ezequías: “Así habla Yahvé, Dios de Israel: He escuchado la plegaria que tú me has dirigido a causa de Senaquerib, rey de Asiría. He aquí la palabra que Yahvé ha pronunciado contra él: Te desprecia y se burla de ti, virgen hija de Sión; Detrás de ti El mueve la cabeza, hija de Jerusalén." ¿A quién has insultado y ultrajado tú? ¿Contra quién has alzado tu voz? ¿Contra quién alzaste tus ojos? ¡Contra el Santo de Israel! Por tus mensajeros has ultrajado al Señor y has dicho: Con el poder de mis carros subo yo a las altas montañas, a las cimas del Líbano; Derribo los altos cedros, los selectos cipreses; Penetro en los más remotos lugares, en los más espesos bosques." Yo alumbro las aguas extranjeras para refrescarme con ellas. Y con la planta de mi pie seco todos los ríos de Egipto. ¿No lo has oído tú? Desde mucho ha lo he preparado yo; Desde muy antiguo lo he planeado yo, y ahora lo realizo; Que sirva para reducir a montones de ruinas las ciudades fortificadas." Sean sus habitantes reducidos a la impotencia, aterrorizados y confusos. Como la hierba de los campos, como la hierba tierna, Como las hierbas de los tejados, como el pasto quemado por el viento solano. Yo sé muy bien cuándo te levantas y cuándo te sientas, y cuándo vienes y cuándo vas. Porque te has enfurecido contra mí y han llegado a mis oídos tus bravatas, Por eso yo pondré mi anillo en tus narices y mi freno en tus labios. Y te haré volver por el camino que has traído. Y he aquí lo que te servirá de señal: Este año se comerá lo que retoñe, y el año que viene lo que de sí brote. Pero al tercer año sembrarás, y cosecharás; plantaréis viñas, y comeréis su fruto," Pues el resto de la casa de Judá que se salve y quede echará raíces por debajo y dará frutos por arriba. Porque saldrá de Jerusalén un resto, y de la montaña de Sión los escapados, Y el celo de Yahvé hará esto. Por eso, así dice Yahvé del rey de Asiría: No entrará él en esta ciudad, ni meterá en ella una mecha, Ni la acordonará con escudos, ni alzará contra ella empalizadas. Se volverá por el camino por donde ha venido. No entrará en esta ciudad. Palabra de Yahvé. Yo protegeré esta ciudad y la salvaré por amor de mí y por amor de David, mi siervo.” Aquella misma noche salió el ángel de Yahvé e hirió en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil hombres; y al levantarse por la mañana, todos eran muertos." Entonces Senaquerib, rey de Asiría, levantó el campo y partió; se volvió y se quedó en Nínive." Mientras estaba prosternado en el templo de Nisroc, su dios, Adramelec y Sarasar, sus hijos, le hirieron con la espada y huyeron a la tierra de Ararat. Su hijo Asaradón reinó en su lugar. Por entonces enfermó de muerte Ezequías, y el profeta Isaías, hijo de Amos, vino a él y le dijo: “Así dice Yahvé: Dispon de tu casa, porque vas a morir y no vivirás más.” Ezequías volvió su rostro con la pared y oró a Yahvé, diciendo: “¡Oh Yahvé! Ten en cuenta que he andado ante ti fielmente y con corazón íntegro y que he hecho lo que es bueno a tus ojos.” Y Ezequías lloraba con gran llanto. Isaías había salido; pero antes que llegase al atrio central, recibió palabra de Yahvé, que le dijo:" “Vuelve a Ezequías, jefe de mi pueblo, y dile: Así habla Yahvé, el Dios de David, tu padre: He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas. Te curaré. Dentro de tres días subirás a la casa de Yahvé. Te añadiré otros quince años a tus días y te libraré a ti y a esta ciudad de la mano del rey de Asiría, y protegeré a esta ciudad por amor de mí y por amor de David, mi siervo.” Isaías dijo: “Tomad una masa de higos.” Tomáronla y se la pusieron sobre la úlcera, y Ezequías sanó. Ezequías había preguntado a Isaías: “¿En qué señal conoceré yo que Yahvé me curará y que al tercer día subiré a la casa de Yahvé?” Isaías le respondió: “He aquí la señal por la que conocerás que Yahvé cumplirá la palabra que ha pronunciado: La sombra avanzará diez grados o retrocederá diez grados.” Y Ezequías dijo: “Poca cosa es que avance diez grados; no así que retroceda diez grados.” Entonces Isaías, profeta, invocó a Yahvé, que hizo retroceder diez grados la sombra en el reloj de Ajaz. Por este tiempo, Merodacbaladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, mandó una carta y un presente a Ezequías, pues había tenido noticia de su enfermedad. Ezequías dio audiencia a los mensajeros y les enseñó todos sus tesoros, la plata, el oro, los aromas y el aceite refinado, el arsenal y todo cuanto de precioso había en el tesoro. Nada hubo que Ezequías no les enseñara, en la casa y en todas sus dependencias. Isaías, profeta, vino luego a Ezequías y le dijo: “¿Qué han dicho esas gentes que han venido a ti?” Ezequías contestó: “Vienen de tierra lejana, de Babilonia.” Isaías añadió: “¿Qué es lo que han visto de tu casa?” Ezequías respondió: “Han visto todo cuanto hay en la casa; les he enseñado todo mi tesoro, sin dejar nada.” Entonces Isaías le dijo a Ezequías: “Escucha la palabra de Yahvé: Tiempo vendrá en que será llevado a Babilonia todo cuanto hay en esta casa, todo cuanto atesoraron tus padres hasta hoy, sin quedar nada. Y de los hijos que de ti saldrán, de los engendrados por ti, tomarán para hacer de ellos eunucos del palacio del rey de Babilonia.” Ezequías respondió a Isaías: “Buena es la palabra de Yahvé que has pronunciado. Que durante mi vida haya paz.” El resto de los hechos de Ezequías, todas sus hazañas, cómo hizo el estanque y el acueducto y trajo las aguas a la ciudad ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Ezequías se durmió con sus padres, y le sucedió Manases, su hijo. Doce años tenía Manases cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y cinco años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jafsiba. Hizo el mal a los ojos de Yahvé, según todas las abominaciones de las gentes que Yahvé había arrojado ante los hijos de Israel. Reedificó los altos que Ezequías, su padre, había destruido; alzó altares a Baal, levantó una “asera,” como había hecho Ajaz, rey de Israel, y se prosternó ante todo el ejército de los cielos y le sirvió." Alzó altares en la casa de Yahvé, de la que Yahvé había dicho: “Pondré mi nombre en Jerusalén.” Alzó altares a todo el ejército de los cielos en los dos atrios de la casa de Yahvé. Hizo pasar a su hijo por el fuego; se dio a la observación de las nubes y de las serpientes, para obtener pronósticos, e instituyó evocadores de los espíritus y adivinadores del porvenir. Hizo enteramente lo que es malo a los ojos de Yahvé, para irritarle." También alzó en la casa de Yahvé la “asera,” en la casa de que Yahvé había dicho a David y a Salomón, su hijo: “En esta casa, en Jerusalén, que he elegido entre todas las tribus de Israel, yo pondré para siempre mi nombre. No haré errar más el pie de Israel fuera de la tierra que yo he dado a sus padres, siempre que ellos cuiden de poner por obra los mandamientos y las leyes que yo he prescrito a mi siervo Moisés.” Pero ellos no obedecieron, y Manases fue causa de que se descarriaran e hicieran el mal, más todavía que las gentes que Yahvé había destruido ante los hijos de Israel. Entonces Yahvé habló por medio de sus siervos los profetas, diciendo: “Por haber cometido Manases, rey de Judá, todas esas abominaciones, por haber obrado peor que antes de él obraron los amorreos, por haber hecho pecar a Judá con sus ídolos, he aquí lo que dice Yahvé, Dios de Israel: Voy a echar sobre Jerusalén y sobre Judá males que a quien los oyere le retiñirán los oídos. Yo echaré sobre Jerusalén la cuerda de Samaría y la plomada de la casa de Ajab, y fregaré a Jerusalén como se friega un plato, volviéndolo de un lado y de otro, Abandonaré el resto de mi heredad y se lo entregaré a sus enemigos; y serán la presa y el botín de todos sus enemigos," por haber hecho lo malo a mis ojos y haberme irritado desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta hoy.” Derramó también Manases mucha sangre inocente, hasta llenar a Jerusalén de un cabo al otro, sobre los pecados que él cometió y que hizo cometer a Judá, haciendo el mal a los ojos de Yahvé. El resto de los hechos de Manases, cuanto hizo, los pecados a que se entregó, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Manases se durmió con sus padres, y fue sepultado en el jardín de su casa, en el jardín de Uza. Le sucedió Amón, su hijo. Veintidós años tenía Amón cuando comenzó a reinar, y reinó dos años en Jerusalén. Su madre se llamaba Mesulemet, hija de Jarus, de Yotbá. Hizo el rnal a los ojos de Yahvé, como lo había hecho Manases, su padre, y siguió en todo el camino que había seguido su padre. Sirvió a los ídolos a que había servido su padre y se prosternó ante ellos, apartándose de Yahvé, Dios de sus padres, y no siguiendo sus caminos. Los servidores de Amón conspiraron contra él y mataron al rey en su casa;" pero el pueblo castigó a todos los que habían conspirado contra el rey Amón, y puso por rey a Josías, su hijo, en lugar suyo. El resto de los hechos de Amón, lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá ? Fue sepultado en su sepulcro en el jardín de Uza, y le sucedió Josías, su hijo. Ocho años tenía Josías cuando comenzó a reinar, y reinó treinta y un años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jedida, hija de Adaya, de Boscat. Hizo lo que es recto a los ojos de Yahvé y siguió en todo el camino de David, su padre, sin apartarse ni a la derecha ni a la izquierda. El año dieciocho del reinado de Josías mandó el rey a la casa de Yahvé a Safan, secretario, hijo de Asalía, hijo de Mesulam, diciéndole: “Sube a Helcías, sumo sacerdote, y que reúna el dinero que haya en la casa de Yahvé y que han recaudado del pueblo los guardias de la puerta, y lo entregue a los encargados de hacer las obras en la casa de Yahvé, empleándolo en pagar a los que trabajan en las obras de reparación de la casa de Yahvé, a los carpinteros, a los maestros y albañiles, y en pagar la madera y las piedras talladas para la reparación de la casa. Pero que no se les exijan cuentas del dinero que se les entregue, por ser gente de probidad.” Entonces Helcías, el sumo sacerdote, dijo a Safan, secretario: “He encontrado en el templo de Yahvé el libro de la Ley.” Helcías dio el libro a Safan, y Safan, escriba, lo leyó;" y fue luego a dar cuenta al rey, y le dijo: “Tus siervos han reunido el dinero'que había en el templo y se lo han entregado a los encargados de hacer las obras en la casa de Yahvé.” Y añadió: “El sacerdote Helcías me ha entregado este libro”; y lo leyó delante del rey." Cuando oyó el rey las palabras del libro de la Ley, rasgó sus vestiduras, y dio esta orden al sacerdote Helcías, a Ajicán, hijo de Safan; a Acbor, hijo de Miqueas; a Safan, secretario, y a Asaya, ministro del rey:" “Id a consultar a Yahvé por mí, por el pueblo y por todo Judá, respecto de las palabras del libro que se ha encontrado, porque seguro que es grande la cólera de Yahvé contra nosotros por no haber obedecido nuestros padres las palabras de este libro y no haber puesto por obra cuanto en él se nos manda.” El sacerdote Helcías, Ajicam, Acbor, Safan y Asaya fueron a la profetisa Jolda, mujer de Salum, hijo de Tecua, hijo de Jarjam, guardarropa que moraba en Jerusalén, en el otro barrio de la ciudad. Una vez que le hablaron, les dijo ella: “Así habla Yahvé, Dios de Israel: Decid al que a mí os ha enviado: Así dice Yahvé: Yo voy a hacer venir sobre este lugar y sus habitantes los males de que habla este libro que el rey de Judá ha leído;" porque me han dejado y han quemado perfumes a otros dioses, irritándome con la obra de sus manos, y mi cólera se ha encendido contra este lugar, y no se apagará;" pero diréis al rey de Judá, que os envía para consultar a Yahvé: Así dice Yahvé, Dios de Israel: Acerca de las palabras de este libro que tú has oído, por haberse conmovido tu corazón y haberte humillado ante Yahvé al oír lo que yo he anunciado contra este lugar y contra sus habitantes, que serán objeto de espanto y de execración; por haber rasgado tus vestiduras y haber llorado ante mí, yo también te he oído a ti, dice Yahvé," y por eso yo te recogeré a tus padres y serás sepultado en paz, y no verán tus ojos todos los males que yo haré venir sobre este lugar.” Ellos llevaron al rey esta respuesta. El rey hizo reunir junto a él a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén, y subió luego a la casa de Yahvé con todos los hombres de Judá y todos los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, desde el más pequeño hasta el más grande; y leyó delante de ellos todas las palabras del libro de la alianza que se había encontrado en la casa de Yahvé." Estaba el rey en pie junto a la columna; e hizo alianza con Yahvé, de seguir a Yahvé y guardar sus mandamientos, sus preceptos y sus leyes, con todo su corazón y toda su alma, poniendo por obra las palabras de esta alianza escritas en el libro. Todo el pueblo confirmó esta alianza." El rey mandó al sumo sacerdote, Helcías; a los sacerdotes de segundo orden y a los que hacían la guardia a la puerta, que sacaran del templo de Yahvé todos los enseres que habían sido hechos para Baal, para Asera y para toda la milicia del cielo, y los quemó fuera de Jerusalén, en el valle de Cedrón, e hizo llevar las cenizas a Betel." Expulsó a los sacerdotes de los ídolos, puestos por los reyes de Judá para quemar perfumes en los altos, en las ciudades de Judá y en los alrededores de Jerusalén; a los que ofrecían perfumes a Baal, al Sol, a la Luna, al Zodíaco y a toda la milicia de los cielos." Sacó a “Asera” fuera de la casa de Yahvé, fuera de Jerusalén, al valle de Cedrón, y la quemó allí, reduciéndola a ceniza, que hizo arrojar a la sepultura común del pueblo. Derribó los lugares de prostitución idolátrica del templo de Yahvé, donde las mujeres tejían tiendas para “Asera.” Hizo venir de las ciudades de Judá a todos los sacerdotes, profanó los altos donde los sacerdotes quemaban perfumes, desde Gueba hasta Berseba; derribó los altos de los sátiros que había delante de la puerta del gobernador Josué, a mano izquierda de la puerta de la ciudad." Sin embargo, los sacerdotes de los altos no subían al altar de Yahvé en Jerusalén, pero comían panes ácimos con sus hermanos. El rey profanó el Tofet del valle de los hijos de Hinón, para que nadie hiciera pasar a su hijo o su hija por el fuego en honor de Moloc. Hizo desaparecer de la entrada de la casa de Yahvé los caballos que los reyes de Judá habían dedicado al sol, cerca de la habitación del camarero Natanmelec, en el atrio. Quemó los carros del sol, demolió los altares que había en la terraza de la cámara alta de Ajaz, que habían alzado los reyes de Judá, y los altares que había hecho Manases en los dos atrios de la casa de Yahvé; y después de destrozarlos y quitarlos de allí, arrojó el polvo al valle de Cedrón." Profanó el rey los altos que había al oriente de Jerusalén, al mediodía del monte de los Olivos, que Salomón, rey de Israel, había erigido a Astarté, la abominación de los sidonios; a Gamos, la abominación de los moabitas, y a Milcom, la abominación de los amonitas." Destrozó los cipos, derribó las “aseras” y llenó los lugares donde estaban de huesos humanos. Derribó también el altar de Betel, el alto que había hecho Jeroboam, hijo de Nabat, que había hecho pecar a Israel; destrozó sus piedras y las redujo a polvo, y quemó la”asera.” Cuando Josías se volvía de allí, vio los sepulcros que había en la montaña, y mandó sacar de ellos los huesos y los quemó sobre el altar, profanándolo conforme a la palabra de Yahvé pronunciada por el hombre de Dios que había anunciado esto. preguntó: “¿Qué monumento es aquel que veo allí?” Los habitantes de la ciudad le respondieron: “Es el sepulcro del hombre de Dios que vino de Judá y anunció estas cosas que tú has hecho con el altar de Betel,” Entonces dijo él: “Dejadle en paz. Que nadie remueva sus huesos.” Así se conservaron intactos sus huesos, juntos con los del profeta que procedía de Samaría. Josías hizo también desaparecer todos los templos de los altos de las ciudades de Samaría, que habían hecho los reyes de Israel para irritar a Yahvé; hizo con ellos enteramente como había hecho con Betel." Inmoló sobre los altares a todos los sacerdotes de los altos que había allí, y quemó huesos humanos en el sitio donde habían sido elevados. Después se volvió a Jerusalén. Luego mandó Josías a todo el pueblo: “Celebradla pascua en honor de Yahvé, vuestro Dios, como está escrito en el libro de esta alianza.” Ninguna pascua semejante a ésta se había celebrado desde el tiempo en que los jueces juzgaban a Israel ni durante todo el tiempo de los reyes de Israel y de los reyes de Judá. El año dieciocho del reinado de Josías se celebró esta pascua en honor de Yahvé en Jerusalén. Además, hizo Josías desaparecer a los evocadores de los espíritus y a los adivinos, los “terafim,” los ídolos y todas las abominaciones que se veían en la tierra de Judá y en Jerusalén, para poner por obra las palabras de la Ley escritas en el libro que el sacerdote Helcías había encontrado en la casa de Yahvé. Antes de Josías no hubo rey que como él volviera a Yahvé con todo su corazón, y con toda su alma, y con todas sus fuerzas, conforme a toda la Ley de Moisés; y después de él no le ha habido tampoco semejante." Pero, con todo, no desistió Yahvé del ardor de su gran cólera, encendida contra Judá por todo lo que había hecho Manases para irritarle. Yahvé dijo: “Quitaré también de mi presencia a Judá, como lo he hecho con Israel, y rechazaré a esta ciudad de Jerusalén, que yo había elegido, y la casa de que yo dije: Allí estará mi nombre.” EL resto de los hechos de Josías, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? En su tiempo, el faraón Necao, rey de Egipto, subió contra el rey de Asiría hacia el río Eufrates. El rey Josías le salió al paso, y el faraón le mató en Megiddo en cuanto le vio. Sus servidores le llevaron muerto en el carro, trayéndolo de Megiddo a Jerusalén, y le sepultaron en su sepulcro. El pueblo tomó a Joacaz, hijo de Josías, y le ungió rey en lugar de su padre. Veintitrés años tenía Joacaz cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Jamutal, hija de Jeremías de Libna. Hizo el mal a los ojos de Yahvé, enteramente como lo habían hecho sus padres. El faraón Necao le encadenó en Ribla, en tierra de Jamat, y le destronó, e impuso a las gentes de la tierra una contribución de cien talentos de plata y un talento de oro. El faraón Necao puso por rey a Eliaquim, hijo de Josías, en lugar de Josías, su padre, y le mudó el nombre, poniéndole el de Joaquim. Cogió a Joacaz y lo llevó a Egipto, donde murió. Joaquim entregó al faraón la plata y el oro; mas para reunir este dinero, según la imposición del faraón, hubo de sacarlo al pueblo, determinando lo que cada uno había de dar para entregarlo al faraón Necao." Veinticinco años tenía Joaquim cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. Su madre se llamaba Sebida, hija de Pedaya, de Ruma. Hizo el mal a los ojos de Yahvé, enteramente como lo habían hecho sus padres. En su tiempo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, se puso en campaña. Joaquim le había estado sujeto durante tres años pero luego se volvió y se rebeló contra él. Entonces mandó Yahvé contra Joaquim tropas caldeas, tropas de los sirios, tropas de los moabitas y de los amonitas; las envió contra Judá para destruirle, según la palabra que Yahvé había pronunciado por sus siervos los profetas." No sucedió esto sino por orden de Yahvé, que quería arrojar a Judá de su presencia a causa de los pecados cometidos por Manases y de la sangre inocente derramada por Manases, que había llenado a Jerusalén, que no quiso Yahvé perdonar. El resto de los hechos de Joaquim, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Joaquim se durmió con sus padres, y le sucedió Joaquín, su hijo. El rey de Egipto no salió ya más de su tierra, porque el rey de Babilonia se había apoderado de cuanto era del rey de Egipto, desde el torrente de Egipto hasta el Eufrates. Dieciocho años tenía Joaquín cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Nejusta, hija de Elnatán, de Jerusalén. Hizo el mal a los ojos de Yahvé, enteramente como lo había hecho su padre. En este tiempo subieron contra Jerusalén los servidores de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y la ciudad fue asediada, Nabucodonocor, rey de Babilonia, llegó a la ciudad mientras sus servidores la asediaban. Entonces Joaquín, rey de Judá, salió al rey de Babilonia con su madre, sus servidores, sus jefes y sus eunucos. El rey de Babilonia le prendió el octavo año de su reinado. Sacó de allí todos los tesoros del templo de Yahvé y los tesoros del palacio real; rompió todos los utensilios que Salomón, rey de Israel, había hecho para el templo de Yahvé, conforme a lo que Yahvé había anunciado." Llevó cautiva a toda Jerusalén, a todos los jefes y a todos los hombres de importancia, en número de diez mil, con todos los carpinteros y herreros, no dejando más que a la gente pobre de la tierra. Deportó a Joaquín a Babilonia, y llevó cautivos, de Jerusalén a Babilonia, a la madre del rey, a las mujeres del rey, a sus eunucos, a los grandes de la tierra;" a todos los hombres de armas, en número de siete mil, y a los carpinteros y herreros, en número de mil. A todos los hombres de valer, aptos para la guerra, el rey de Babilonia los llevó cautivos a Babilonia. Luego puso por rey, en lugar de Joaquín, a Matanías, su tío, mudándole el nombre en el de Sedecías. Veintiún años tenía Sedecías cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jamutai, hija de Jeremías, de Libna. Hizo el mal a los ojos de Yahvé, enteramente como lo había hecho Joaquín, por la cólera de Yahvé contra Jerusalén y contra Judá, que Yahvé quería arrojar de su presencia. Sedecías se rebeló contra el rey de Babilonia. El año noveno del remado de Sedecías, el día diez del mes décimo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino con todo su ejército contra Jerusalén, acampó ante ella, y levantaron contra ella ingenios en derredor. La ciudad estuvo cercada hasta el año undécimo del reinado de Sedecías. El día nueve del cuarto mes del año undécimo de Sedecías era grande el hambre en la ciudad y no había ya pan para la gente del pueblo. Entonces abrieron brecha en la ciudad, y toda la gente de guerra huyó de noche por el camino de la puerta entre los muros, cerca del jardín del rey, mientras los caldeos tenían cercada la ciudad. Los huidos tomaron el camino del Araba;" pero el ejército de los caldeos persiguió al rey y le dio alcance en los llanos de Jericó, y todo su ejército se dispersó, dejándole. Apresaron al rey y le llevaron al rey de Babilonia, a Ribla, y le sentenciaron. Los hijos de Sedecías fueron degollados en su presencia; a Sedecías le sacaron los ojos, y, cargado de cadenas de bronce, le llevaron a Babilonia." El día séptimo del quinto mes — era el año diecinueve del reinado de Nabucodonosor en Babilonia —, Nebuzardán, jefe de la guardia, servidor del rey de Babilonia, entró en Jerusalén, quemó el templo de Yahvé, el palacio real y todas las casas de Jerusalén. Todo el ejército de los caldeos, que estaba con el jefe de la guardia, demolió las murallas que rodeaban a Jerusalén. Nebuzardán, jefe de la guardia, llevó cautivos a los que habían quedado en la ciudad, de los que se rindieron al rey de Babilonia, y al resto de la gente, fuera de algunos pobres que dejó, como viñadores y labradores. Los caldeos rompieron las columnas de bronce que había en la casa de Yahvé, las basas, el mar de bronce que había en la casa de Yahvé, y se llevaron el bronce a Babilonia. Cogieron los ceniceros, las tenazas, las palas, los cuchillos, las tazas y todos los utensilios de bronce con que se hacía el servicio. El jefe de la guardia cogió también los braseros y las copas y todo cuanto era de oro y cuanto era de plata. Las dos columnas, el mar, las basas que Salomón había hecho para la casa de Yahvé; todos los utensilios de bronce tenían un peso incalculable." La altura de una columna era de dieciocho codos, y tenía encima un capitel de bronce de tres codos de altura, y en derredor del capitel había trenzados y granadas, todo de bronce; y lo mismo la otra columna." El jefe de la guardia cogió a Sarayas, el sumo sacerdote; a Sofonías, el segundo sacerdote, y a los tres guardias del atrio;" y de la ciudad, a un eunuco, que tenía a sus órdenes la gente de guerra; a cinco hombres de los consejeros del rey, que fueron encontrados en la ciudad; al secretario del jefe del ejército encargado del alistamiento y a sesenta más del pueblo que se hallaban en la ciudad." Nebuzardán, jefe de la guardia, los cogió y los llevó a Ribla, al rey de Babilonia. El rey de Babilonia les dio muerte en Ribla, en tierra de Jamat. Así fue llevado cautivo Judá lejos de su tierra. Nabucodonosor puso el resto del pueblo que quedaba en la tierra bajo el gobierno de Godolías, hijo de Ajicán, hijo de Safan. Cuando los jefes de las tropas supieron, ellos y sus hombres, que Godolías había sido puesto por el rey de Babilonia como gobernador del territorio, vinieron a Godolías, a Misfa, Ismael, hijo de Netanía; Jojanán, hijo de Careaj; Sarayas, hijo de Tanjumet, de Neftoa, y Jazanía, hijo de un macateo, con sus gentes." Godolías les juró a ellos y a sus hombres, diciéndoles: “No temáis nada de parte de los caldeos; quedaos en la tierra, servid al rey de Babilonia, y os irá bien.” Pero el séptimo mes, Ismael, hijo de Netanía, hijo de Elisama, de sangre real, vino acompañado de diez hombres, e hirieron mor-talmente a Godolías, así como a los judíos y caldeos que estaban con él en Misfa. Entonces todo el pueblo, pequeños y grandes, los jefes y sus tropas, se levantaron y se fueron a Egipto por temor de los caldeos. El año treinta y siete de la cautividad de Joaquín, rey de Judá, el día veintisiete del duodécimo mes, Evil Merodac, rey de Babilonia, el año primero de su reinado, alzó la cabeza de Joaquín, rey de Judá, y le sacó de la prisión. Le habló con benevolencia, y puso su trono por encima de los tronos de los reyes que con él estaban en Babilonia. Le hizo quitar sus vestidos de preso, y ya siempre comió a su mesa todo el tiempo de su vida. El rey proveyó constantemente a su mantenimiento todo el tiempo de su vida. Adán, Set, Enós, Cainán, Malaleel, Jared, Janoc, Metu-sela, Larnec, Noé, Sem, Cam y Jafet. Hijos de Jafet: Gomer, Magog, Madai, Ja van, Tubal, Mesec y Tiras. Hijos de Gomer: Asquenas, Difat y Togorma, Hijos de Ja van: Elisa, Tarsis, Quitim y Rodanim. Hijos de Cam: Cus, Misraím, Put y Canaán. Hijos de Cus: Saba, Javila, Sabta, Regma, Sabteca. Hijos de Regma: Seba y Dadán. Cus engendró a Nimrod; éste comenzó a ser potente sobre la tierra” Misraím engendró a los Ludim, los Anamim, los Leabim, los Naftujim, los Patrusim y los Caslujim, de los que salieron los Pelistim y los Caftorim. Canaán engendró a Sidón, su primogénito, y a Jet, a los jebuseos, los amorreos, los guergueseos, los jeveos, los arqueos, los sineos, los ar-vadeos, los semareos y los jámateos. Hijos de Sem: Elam, Asur, Arfacsad, Lud y Aram. Hijos de Aram: Us, Jul, Gueter y Mesec. Arfacsad engendró a Salaj, y Salaj engendró a Eber. A Eber le nacieron dos hijos; el nombre del uno Peleg, porque en su tiempo se dividió la tierra, y el nombre de su hermano, Joctán." Joctán engendró a Almodad, Selef, Jasarmavet, Jeraj, Adoram, Uzal, Dicla, Eval, Abimael, Seba, Qfir, Abila y Jobab. Todos éstos son hijos de Joctán. Sem, Arfacsad, Selaj, Eber, Peleg, Reu, Sarug, Najor, Teraj, Abram, que es Abraham. Hijos de Abrahami Isaac e Ismael. Su posteridad: Nabot, primogénito de Ismael; Quedar, Adbeel, Mibsam." Misma, Duma, Masa, Jadad, Tema, Jetur, Nafis y Quedma. Estos son los hijos de Ismael. Hijos de Quetura, concubina de Abraham: tuvo a Zimram, a Jocsam, a Medán, a Madián, a Jisbac y a Suaj. Hijos de Jocsam: Seba y Daban. Hijos de Madián: Efa, Efer, Janoc, Abida y Elda. Estos soii todos los hijos de Quetura. Abraham engendró a Isaac. Hijos de Isaac: Esaú e Israel. Hijos de Esaú: Elifaz, Reuel, Jeús, Jelam y Coré. Hijos de Elifaz: Teman, Ornar, Sen, Guetam, Quenaz, Timna y Amalee. Hijos de Reuel: Najar, Zeraj, Samma y Miza. Hijos de Seír: Lotán, Sobal, Sibeón, Ana, Disón, Eser y Disán. Hijos de Lotán: Jori y Omán. Hermana de Lotán, Timna. Hijos de Sobal: Alian, Manajat, Ebal, Sen y Onam. Hijos de Sibeón: Aya y Ana. Hijo de Ana: Disón. Hijos de Disón: Jamram, Esbam, Jitram y Queram. Hijos de Eser: Bilán, Zaván y Jacán. Hijos de Disán: Uz y Aran. He aquí los reyes que reinaron en la tierra de Edom antes que reinase rey alguno sobre los hijos de Israel: Bela, hijo de Beor; el nombre de su ciudad fue Dinaba." Murió Bela y le sucedió Jobab, hijo de Zeraj, de Bosra. Murió Jobab y le sucedió Jusam, de la tierra de los temanitas. Murió Jusam y le sucedió Adad, hijo de Bedád. Este es el que destrozó a Madián en los campos de Moab. El nombre de su ciudad fue Avit. Murió Adad y reinó en su lugar Sambla, de Marseca. Murió Sambla y reinó en su lugar Saúl, de Rejobot. Murió Saúl y le sucedió Baal-Janán, hijo de Acbor. Murió Baal-Janán y le sucedió Hadad. El nombre de su ciudad fue Pahi, y el nombre de su mujer, Metabeel, hija de Matred, hijo de Mezahab. Murió Hadad. Los jefes de Edom fueron: el jefe Timna, el jefe Alya, el jefe Jetet, el jefe Olibama, el jefe Ela, el jefe Piñón, el jefe Quenaz, el jefe Teman, el jefe Mibsar, el jefe Magdiel y el jefe Iram. Estos son los jefes de Edom. He aquí los hijos de Israel: Rubén, Simeón, Leví, Judá Isacar, Zabulón, Dan, José, Benjamín, Neftalí, Gad y Aser. Hijos de Judá: Er, Onán y Sela; estos tres le nacieron de la hija de Súa la cananea. Er, primogénito de Judá, fue malo a los ojos de Yahvé, que le mató." Tamar, nuera de Judá, le dio Fares y Zeraj. En todo, los hijos de Judá, cinco. Hijos de Fa-res: Hesrón y Jamul. Hijos de Zeraj: Zimri, Hetán, Hernán, Calcol y Dará. En todo, cinco. Hijo de Carmi: Acar, que conturbó a Israel cuando fue infiel acerca de las cosas dadas al anatema, Hijo de Etán: Azarías. Hijos que le nacieron a Esrón: Jerajmeel, Ram y Quelubai. Ram engendró a Aminadab. Aminadab engendró a Nacsón, príncipe de los hijos de Judá;" Nacsón engendró a Salma; Salma engendró a Booz;" Booz engendró a Obed; Obed engendró a Isaí." Isaí engendró a Eliab, su primogénito; a Abi-nadab, su segundo; a Simea, el tercero;" a Netaneel, el cuarto; a Radai, el quinto;" a Osen, el sexto, y a David, el séptimo. Sus hermanas fueron Sarvia y Abigaíl. Hijos de Sarvia: Abisai, Joab y Azael, tres. Abigaíl parió a Amasa. El padre de Amasa fue Jeter, ismaelita. Caleb, hijo de Esrón, tuvo hijos de Azuba, su mujer, y de Jeriot. Los hijos que tuvo de Azuba fueron: Jeser, Sobab y Ardón. Murió Azuba, y Caleb tomó a Efrata, que le parió a Jur. Jur engendró a Uri, y Uri engendró a Betsael. Luego entró Esrón a la hija de Maquir, padre de Galaad, cuando tenía sesenta años, y ella le parió a Segub. Segub engendró a Jair, que tuvo veintitrés ciudades en la tierra de Galaad. Los guesureos y los sirios les tomaron los burgos de Jair, con Que-nat, y las ciudades de su dependencia: sesenta ciudades. Todos éstos eran hijos de Maquir, padre de Galaad. Después de la muerte de Esrón vino Caleb a Efrata, que le parió a Asjur, padre de Tecua. Los hijos de Jerajmeel, primogénito de Esrón, fueron: Ram el primogénito; Buna, Oren y Osen, sus hermanos." Jerajmeel tuvo otra mujer llamada Atara, que fue madre de Onam. Los hijos de Ram, primogénito de Jerajmeel, fueron: Maas, Jamín y Equer. Los hijos de Onam fueron: Samai y Jada. Hijos de Samai: Nadab y Abisur. El nombre de la mujer de Abisur era Abijail, y le parió a Ajbán y Molid. Hijos de Nadab: Seled y Apaim. Seled murió sin hijos. Hijo de Apaim, Iseí. Hijo de Iseí, Sesán. Hijo de Sesán, Ajlaí. Hijos de Jada, hermano de Samai: Jeter y Jonatán. Jeter murió sin hijos. Hijos de Jonatán: Pelet y Zaza. Estos son los hijos de Jerajmeel. Sesán no tuvo hijos, pero sí hijas. Sesán tenía un esclavó egipcio llamado Jarja, y Sesán dio su hija por mujer a Jarja, su esclavo, a quien le parió ella a Atai. Atai engendró a Natán; Natán engendró a Zabad;" Zabad engendró a Efilal; Efilal engendró a Obed;" Obed engendró a Jehú; Jehú engendró a Azarías;" Azarías engendró a Jales; Jales engendró a Elasa;" Elasa engendró a Sismai; Sismai engendró a Salum;" Salum engendró a Jecamya; Jecamya engendró a Elisama." Hijos de Caleb, hermano de Jerajmeel: Mesa, su primogénito, que fue padre de Zif, y los hijos de Maresa, padre de Hzbrón. Hijos de Hebrón: Coré, Tapuaj, Requén y Sama. Sama engendró a Rajam, padre de Jorqueam; Requén engendró a Samai." Hijo de Samai: Maón; y Maón, padre de Betsu." Efa, concubina de Caleb, parió a Jarán, Mosa y Gazez. Jarán engendró a Gazez. Hijos de Jodaim: Reguem, Jotán, Guesa, Pelet, Efa y Saaf. Maaca, concubina de Caleb, parió a Seber y Tircana. También parió a Saaz, padre de Madmana, y a Seba, padre de Majbena y padie de Guibea. Hija de Caleb fue Acsa. Estos fueron hijos de Caleb: Sobal, hijo de Jur, primogénito de Efrata, y Sobal, padre de Quiryat-Jearim;" Salma, padre de Betlejem; Jaret, padre de Bet-Gader." Los hijos de Sobal, padre de Quiryat-Jearim, fueron: Aroé, Jasi el menajita. Las familias de Quiryat-Jearim fueron: los jeturianos, los pucianos, los sumacianos y los misreenos; de estas familias salieron los soreacianos y los estatolianos." Hijos de Salma: Betlejem y los netopacianos, Astoret, Bet-Joab, Jasi, los manajteos, los soreos, y las familias de escribas que habitan en Jabes; los tireacianos, los simeacianos y los socacianos. Estos son los quíneos, descendientes de Jamat, padre de la casa de Recab." He aquí los hijos de David que le nacieron en Hebrón: el primogénito, Ammón, de Ajinoam, de Jezrael; el segundo, Daniel, de Abigaíl, de Carmel;" el tercero, Absalón, de Maaca, hija de Talmai, rey de Guesur; el cuarto, Adonías, hijo de Agit;" el quinto, Safatía, de Abital; el sexto, Jitream, de Egla, su mujer." Estos seis le nacieron en Hebrón. Reinó allí siete años y seis meses, y en Jerusalén treinta y tres años. He aquí los que le nacieron en Jerusalén: Simea, Solab, Natán y Salomón, cuatro de Betsabé, hija de Ammiel;" Jibjar, Elisama, Elifelet, Noga, Nefeg, Jafia, Elisama, Elyada y Elifelet: nueve. Todos éstos fueron hijos de David, y además los hijos de las concubinas. Tamar fue su hermana. Hijos de Salomón: Roboam; Abiya, su hijo; Asa, su hijo; Josafat, su hijo;" Joram, su hijo; Ococías, su hijo; Joás, su hijo;" Amasias, su hijo; Azarías, su hijo; Jotam, su hijo;" Ajaz, su hijo; Ezequías, su hijo; Manases, su hijo;" Amón, su hijo; Josías, su hijo." Hijos de Josías: el primogénito, Jojanán; el segundo, Joaquim; el tercero, Se-decías; el cuarto, Salum." Hijos de Joaquim: Jeconías, su hijo; Sedecías, su hijo." Hijos de Jeconías: Asir, cuyo hijo fue Salatiel;" Malquiram, Pedaya, Senasar, Jecamías, Hosama y Nedabia. Hijos de Pedaya: Zorobabel y Simeí. Hijos de Zorobabel: Mesulam y Hananía; Selomit, su hermana;" y Hasaba, Ohel, Berequía, Jasadía, Jusab, Jesed, cinco. Hijos de Janania: Pelatía y Jisaya; los hijos de Refaya, los hijos de Arnán, los hijos de Abdías, los hijos de Secanía." Hijo de Secanía: Semaeya. Hijos de Semaeya: Jatus, Jigueal, Bariaj, Nearia y Safat, seis Hijos de Nearia; Elyoenai, Ezequías y Azricam, tres." Hijo de Elyoenai: Joda vía, Elyosib, Pelaya, Acub, Jojanán, Delaya y Anani, siete. Hijos de Judá: Peres, Jesrón, Carmi, Jur y Sobal. Reaya, hijo de Sobal, engendró a Jajat; Jajat engendró a Ajumai y Lahad. Estas son las familias de los sareotitas." He aquí los descendientes del padre de Etam: Jezrael, Jisma y Jidbas. El nombre de su hermana era Haselponi. Penuel fue padre de Guedor, y Ezer, padre de Jusa. Estos son los hijos de Jur, primogénito de Efrata, padre de Betlejem. Asjur, padre de Tecua, tuvo dos mujeres: Jeleá y Naará. Naará le parió a Ajuzam, Jefer, Temení y Ajastarí; éstos son los hijos de Naará." Hijos de Elea: Seret, Jesojar y Etnán. Cos engendró a Annub y Asobeba y las familias de Ajarjel, hijo de Arum. Jaebes fue más ilustre que sus hermanos. Su madre le dio el nombre de Jaebes, diciendo: “Porque le he parido con dolor.” Jaebes invocó al Dios de Israel, diciendo: “Si me bendices y ensanchas mis términos y está conmigo tu mano y me preservas del mal de modo que yo no padezca.” Y Dios le dio lo que le había pedido. Que-lub, hermano de Suja, engendró a Mejir, que fue padre de Estón. Estón engendró a Bet Rafa, Paseaj y Tejina, padre de la ciudad de Najas. Estos son los hombres de Reca. Hijos de Quenaz: Otoniel y Serai. Hijo de Otoniel: Jatat. Meonatai engendró a Ofra. Sarvia engendró a Joab, padre del valle de las herrerías, pues eran herreros. Hijos de Caleb, hijo de Jefoné: Iru, Ela y Naán; y el hijo de Ela, Quenaz." Hijos de Jabeel: Zif, Zifa, Tirya y Asarel. Hijos de Esdras: Jeter, Mered, Efer y Jalom. Jeter engendró a Miriam, Samai y Jis-baj, padre de Estemoa. Su mujer, Judaya, parió a Jered, padre de Guedor; a Jeber, padre de Soco, y a Jecutiel, padre de Zanoaj. Estos son los hijos de Bitia, hija del Faraón, que Mered tomó por mujer." Hijos de la mujer de Odias, hermana de Najam, el padre de Queila el garmi-ta y Estemoa el macateo. Hijos de Simón: Ammón, Riña, Ben-Janán y Tiloa. Hijos de Jisei: Zojet y Ben-Zojet. Hijos de Sela, hijo de Judá: Er, padre de Leca; Laeda, padre de Maresa; y las familias de la casa donde se trabaja el lino, la casa de Arseba," y Joaquim y los hombres de Cozeba, y Joás y Sarat, que dominaron en Moab y Jasubí Lejem. Estas son cosas antiguas. Estos eran alfareros y habitaban en Netaim y Guedera, cerca del rey, y trabajaban para él. Hijos de Simeón: Nemuel, Jamín, Jarib, Zeraj y Saúl. Hijos de Saúl: Salum, Mibsam, su hijo; Misma, su hijo." Hijos de Misma: Hamuel, su hijo; Zacur, su hijo; Simeí, su hijo." Simeí tuvo dieciséis hijos y seis hijas. Sus hermanos no tuvieron muchos hijos, y sus familias no se multiplicaron tanto como las de los hijos de Judá. Habitaban en Berseba, en Mo-lada, en Jasar Sual, en Bila, en Esen, en Tolad, o en Batuel, en Jorma, en Siceleg, en BetMarjabot, en Jasar Susim, en Bet-Bireí y en Saaraim. Estas fueron sus ciudades hasta el reino de David, y sus pueblos. Tenían también Etam, Ain, Rimmón, Toquen y Asan, cinco ciudades, y todos los pueblos en derredor de estas ciudades hasta Baal. Estas son sus habitaciones y sus genealogías. Mesebab, Jamlec; Josa, hijo de Amasia;" Joel, Jehú, hijo de Josibia; hijo de Seraya, hijo de Asiel." Elyoeani, Jacoba, Jesojaia, Asaya, Adiel, Jesimiel, Benaya, Ziza, hijo de Sifei, hijo de Alón, hijo de Jedaya, hijo de Simri, hijo de Semaya. Estos, por sus nombres, eran príncipes en sus familias, y sus casas paternas tomaron gran incremento. Fueron del lado de Guedor, hasta el oriente del valle, en busca de pastos para sus ganados. Hallaron hierba y buenos pastos y una región vasta, tranquila y apacible; los que antes la habitaron descendían de Cam." Estos, descritos por sus nombres, vinieron en tiempo de Ezequías, rey de Judá, y atacaron sus tiendas y los míneos que allí hallaron, y los destruyeron hasta hoy, habitando en su lugar, por haber allí pastos para sus ganados. También quinientos de ellos, de los hijos de Simeón, se fueron al monte de Seir, llevando por jefes a Pelatía, Nearías, Rofaías y Oziel, hijos de Isi;" y derrotaron a las reliquias que habían quedado de Amalee, y habitaron allí hasta hoy. Hijos de Rubén, primogénito de Israel. Era el primogénito; mas, por haber manchado el lecho de su padre, el derecho de primogenitura fue dado a los hijos de José, hijo de Israel, y no fue contado en las genealogías como primogénito." Judá fue en verdad poderoso entre sus hermanos, y el príncipe de ellos, pero el derecho de primogenitura fue de José. Hijos de Rubén, primogénito de Israel: Janoc, Palú, Hesrón y Carmí. Hijos de Joel: Semeya, su hijo; Gog, su hijo; Simaí, su hijo;" Mica, su hijo; Reayá, su hijo; Baal, su hijo," y Beera, su hijo, que llevó cautivo a Asiría Teglatfalasar, rey de Asiría; era príncipe de los rubenitas." Hermanos de Beram, según sus familias, tal como fueron registrados en las genealogías según sus generaciones: el primero, Jeiel; Zacarías;" Bela, hijo de Azaz, hijo de Sema, hijo de Joel, habitó en Aroer hasta Nebo y Baal-Meón. al oriente habitaba hasta la entrada del desierto, desde el río Eufrates, pues tenía muchos ganados en la tierra de Galaad. En tiempo de Saúl hicieron la guerra a los agareos, que cayeron en su poder, y habitaron en sus tiendas en todo el lado oriental de Galaad. Enfrente de ellos habitaban los hijos de Gad, en la tierra de Basan, hasta Salea. Joel, el primero; Safan, el segundo; Jaenai y Safat, en Basan." Sus hermanos, según las casas de sus padres: Micael, Mesulam, Sema, Joraim, Jeacam, Zía y Eber, siete. He aquí los hijos de Abigaíl, hijo de Juri, hijo de Jaroaj, hijo de Galaad, hijo de Micael, hijo de Jesisai, hijo de Jajdo, hijo de Buz;" Ají, hijo de Abdiel, hijo de Guni, era el jefe de las casas de sus padres. Habitaban en Galaad, en Basan y en las ciudades de su dependencia, y en los ejidos de Sa-rón, hasta sus límites. Fueron registrados todos en las genealogías en tiempo de Jotam, rey de Judá, y en tiempos de Jeroboam, rey de Israel. Los hijos de Rubén y de Gad y de la media tribu de Manases eran valerosos, llevaban escudo y espada, tendían el arco y eran diestros en la guerra, en número de cuarenta y cuatro mil setecientos sesenta aptos para la guerra. Hicieron la guerra a los agareos, a los itureos, a Nafis y a Nodab. Fueron ayudados contra ellos, y los adareos y cuantos estaban con ellos cayeron en sus manos, pues durante la lucha clamaron a Dios, que los oyó por haber confiado en El. Tomaron sus ganados, cincuenta mil camellos, doscientas cincuenta mil ovejas, dos mil asnos y cien mil personas, pues hubo muchos muertos, porque el combate venía de Dios. Se establecieron en su lugar hasta el tiempo en que fueron llevados a la cautividad. Los hijos de la media tribu de Manases habitaban la región desde Basan hasta Baal-Hermón, y Sanir, y la montaña de Hermón. Eran numerosos. He aquí los jefes de las casas de sus padres: Efer, Jisui, Eliel, Azriel, Jeremías, Hodavía y Jajdiel, hombres valerosos, gente de fama, jefes de las casas de sus padres. Pero pecaron contra el Dios de sus padres y se prostituyeron tras los dioses de las gentes de la tierra que Dios había destruido ante ellos;" y el Dios de Israel incitó contra ellos el espíritu de Pul, rey de Asiría (el espíritu de Teglatfalasar, rey de Asiría), y Teglatfalasar llevó cautivos a rubenitas, gaditas y a la media tribu de Manases, y los condujo a Calaj, Jahor, Hará y al río Gozan, donde habitan hasta hoy. (27) Hijos de Leví: Gersón, Caat y Merarí. (28) Hijos de Caat: Amram, Jitsear, Hebrón y Uziel. (29) Hijos de Amram: Aarón, Moisés y María. Hijos de Aarón: Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar. (30) Eleazar engendró a Fines; Fines engendró a Abisúa;" (31) Abisúa engendró a Buqui; Buqui engendró a Uzi;" (32) Uzi engendró a Zerajya; Zerajya engendró a Me-rajot." (33) Merajot engendró a Amaría; Amaría engendró a Ajitub;" (34) Ajitub engendró a Sadoc; Sadoc engendró a Ajimas;" (35) Ajimas engendró a Azarías; Azarías engendró a Jojanán;" (36) Jojanán engendró a Azarías, que ejerció el sacerdocio en la casa que Salomón edificó en Jerusalén;" (37) Azarías engendró a Amarías;" (38) Amarías engendró a Ajitub; Ajitub engendró a Sadoc; Sadoc engendró a Salum;" (39) Salum engendró a Helcías; Helcías engendró a Azarías;" (40) Azarías engendró a Seraya; Seraya engendró a Jeosadec;" (41) Jeosadec fue a la cautividad cuando Yahvé trasladó a Judá y a Jerusalén por mano de Nabucodonosor. (6:1) Hijos de Leví: Gersón, Caat y Merarí. (2) He aquí los nombres de los hijos de Gersón: Libni y Simeí. (3) Hijos de Caat: Amram, Jitsear, Hebrón y Uziel. (4) Hijos de Merarí: Majli y Musi. Estas son las familias de Leví según sus padres. (5) De Gersón: Libni, su hijo; Jajat, su hijo; Zimma, su hijo;" (6) Joaj, su hijo; Ido, su hijo; Zeraj, su hijo; Jetrai, su hijo." (7) Hijos de Caat: Aminadab, su hijo; Coré, su hijo; Asir, su hijo;" (8) Elcana, su hijo; Ebiasaf, su hijo; Asir, su hijo;" (9) Tajat, su hijo; Oriel, su hijo; Ozías, su hijo; Saúl, su hijo." (10) Hijos de Elcana: Amasaí y Ajimot; Elcana, su hijo;" (11) Elcana Sofaím, su hijo; Najat, su hijo;" (12) Eliab, su hijo; Jerojam, su hijo; Elcana, su hijo;" (13) y los hijos de Samuel, el primogénito, Joel, y el segundo, Abías. (14) Hijos de Merarí: Majli; Libni, su hijo; Simeí, su hijo; Uza, su hijo;" (15) Simea, su hijo; Jaguiya, su hijo; Asuya, su hijo." (16) He aquí los que puso David para dirigir el canto en la casa de Yahvé después que el arca tuvo un lugar de reposo, (17) Servían de cantores ante el tabernáculo, ante la tienda de la reunión, hasta que Salomón edificó la casa de Yahvé en Jerusalén, en la que hicieron su servicio según las reglas que les fueron prescritas. (18) He aquí los que asistían con sus hijos: de entre los hijos de Caat, Hernán, cantor, hijo de Joel, hijo de Samuel, (19) hijo de Elcana, hijo de Jerojam, hijo de Eliel, hijo de Toaj, (20) hijo de Suf, hijo de Elcana, hijo de Majat, hijo de Amasaí, (21) hijo de Elcana, hijo de Joel, hijo de Azarías, hijo de Sofonía, (22) hijo de Tajat, hijo de Asir, hijo de Ebiasaf, hijo de Coré, (23) hijo de Jitsear, hijo de Caat, hijo de Leví, hijo de Israel. (24) Su hermano Asaf estaba a su derecha: Asaf, hijo de Baraquías, hijo de Sima, (25) hijo de Mi-cael, hijo de Basías, hijo de Malaquías, (26) hijo de Etni, hijo de Zeraj, hijo de Adaya, (27) hijo de Etán, hijo de Zima, hijo de Simeí, (28) hijo de Jojat, hijo de Gersón, hijo de Leví. (29) Además, los hijos de Merarí estaban a su izquierda: Etán, hijo de Cusí, hijo de Abdi, hijo de Maluc, (30) hijo de Asabías, hijo de Amasias, hijo de Helcías, (31) hijo de Amasaí, hijo de Bani, hijo de Semer, (32) hijo de Majalí, hijo de Musí, hijo de Merarí, hijo de Leví. (33) Sus hermanos los levitas fueron puestos a todo el ministerio del tabernáculo de la casa de Dios. (34) Aarón y sus hijos eran los que ofrecían los sacrificios en el altar de los holocaustos y el incienso en el altar de los perfumes, cumpliendo estos servicios en el lugar santísimo y haciendo la expiación por Israel, según cuanto había mandado Moisés, siervo de Dios. (35) He aquí los hijos de Aarón: Eleazar, su hijo; Fines, su hijo; Abisúa, su hijo;" (36) Buqui, su hijo; Uzi, su hijo; Zerajya, su hijo;" (37) Merajot, su hijo; Amaría, su hijo; Ajitab, su hijo;" (38) Sadoc, su hijo; Ajima, su hijo." (39) He aquí sus habitaciones según sus términos y los límites que les fueron señalados: a los hijos de Aarón, de la familia de los caatitas, que fueron los primeros señalados por la suerte, (40) seies dio Hebrón, en la tierra de Judá, y sus contornos;" (41) pero el territorio de la ciudad y sus pueblos fueron atribuidos a Caleb, hijo de Jefoné. (42) A los hijos de Aarón se les dieron: la ciudad de refugio de Judá, Hebrón y Libna con sus contornos;" (43) Jeter y Estcímp con sus contornos; Jelon y sus contornos; Davir y sus contornos;" (44) Asan y sus contornos; Yuta y sus contornos; Betsamés y sus contornos." (45) De la tierra de Benjamín, Guebat con sus contornos y Almat con sus contornos. Todas sus ciudades fueron trece, según sus linajes. (46) A los otros hijos de Caat dio la suerte diez ciudades de familias de la tribu de Efraím, de la tribu de Dan y de la media tribu de Manases. (47) Los hijos de Gersón, según sus familias, tuvieron trece ciudades de la tribu de Isacar, de la tribu de Aser, de la tribu de Neftalí y de la tribu de Manases en Basan. (48) Los hijos de Merarí, según sus familias, tuvieron por suerte doce ciudades de la tribu de Rubén, de la tribu de Gad y de la tribu de Zabulón. (49) los hijos de Israel dieron a los levitas estas ciudades y sus contornos. (50) Diéronles, por suerte de la tribu de los hijos de Judá, de la tribu de los hijos de Simeón y de la tribu de los hijos de Benjamín, las ciudades que designaron con sus nombres. (51) para las otras familias de los hijos de Caat, las ciudades de su territorio fueron de la tribu de Efraím. (52) Les dieron la ciudad de refugio, Siquem, y sus contornos en la montaña de Efraím; Guezer y sus contornos;" (53) Jocmeam y sus contornos;" (54) Ayalón y sus contornos; Gat-Rimmón y sus contornos;" (55) y de la media tribu de Manases, Aner y sus contornos; Bileam y sus contornos para las otras familias de los hijos de Caat." (56) Se dio a los hijos de Gersón: de las familias de la media tribu de Manases, Golán, en Basan, y sus contornos; Astarot y sus contornos;" (57) de la tribu de Isacar, Quedes y sus contornos; Dobraty sus contornos;" (58) Ramot y sus contornos y Anem y sus contornos;" (59) la tribu de Aser, Masal y sus contornos; Ab” don y sus contornos;" (60) Jacob y sus contornos y Rejob y sus contornos;" (61) y déla tribu de Neftalí: Quedes de Galilea y sus contornos; Jammón y sus contornos y Quiriat-Jearim y sus contornos." (62) Al resto de los hijos de Merarí se les dieron: de la tribu de Zabulón, Rimmón y sus contornos; Tabor y sus contornos;" (63) y del otro lado del Jordán, frente a Jericó, al oriente del Jordán: de la tribu de Rubén, Beser, en el desierto, y sus contornos; Jasa y sus contornos;" (64) Quedemot y sus contornos; Mefat y sus contornos;" (65) y de la tribu dé Gad, Ramot de Galaad y sus contornos y (66) Hesebón y sus contornos; Jazer y sus contornos." Hijos de Isacar: Tola, Púa, Jasub y Simrom, cuatro. Hijos de Tola: Uzi, Refaya, Jeriel, Jajmai, Jibsán y Samuel, jefes de las casas de sus padres de Tola, hombres valerosos en sus generaciones. Su número al tiempo de David era de veintidós mil seiscientos. Hijo de Uzi: Jizrayá. Hijos de Jizrayá: Micael, Abdías, Joel, Jisyá; en todo, cinco jefes." Tenían, según sus generaciones, según las casas de sus padres, treinta y seis mil hombres armados para la guerra, pues eran muchas sus mujeres e hijos. Sus hermanos de todas las familias de Isacar hombres valerosos, hacían un total de ochenta y siete mil, registrados en las genealogías. Hijos de Benjamín: Bela, Bequer y Jediael, tres. Hijos de Bela: Esbón, Ozi, Uziel, Jerimot e Iri, cinco jefes de las casas de sus padres, hombres valerosos, registrados en las genealogías, en número de veintidós mil treinta y cuatro. Hijos de Bequer: Zemira, Jóos, Eliezer, Elyoenai, Ómri, Jeremot, Abi-ya, Anatot y Alamet, todos hijos de Bequer, registrados en las genealogías, según sus generaciones, como jefes de las casas de sus padres, hombres valerosos, en número de veinte mil doscientos. Hijo de Jediael: Bilán. Hijos de Bilán: Jehús, Benjamín, Ehud, Quenana, Zetán, Tarsis y Ajisajar, todos hijos de Jediael, jefes de las casas de sus padres, hombres valerosos, en número de diecisiete mil doscientos en estado de tomar las armas para ir a la guerra. Los Supim y los Jupim fueron hijos de Iri; y los Jusim, hijos de Ajer." Hijos de Neftalí: Jajsiel, Guni, Jeser y Salum, hijos de Bila. Hijos de Manases: Asriel, que le dio su concubina siria, que parió también a Maquir, padre de Galaad. Maquir tomó una mujer de los Jupim y Supim. La hermana se llamaba Maaca. El nombre de su segundo hijo fue Selofjad. Selofjad tuvo hijas. Maaca, mujer de Maquir, parió un hijo y le llamó Peres; su hermano se llamó Seres," y fueron sus hijos Ulam y Requem. Hijo de Ulam: Bedán. Estos son los hijos de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manases. Su hermana, Hamo-lequet, parió a Isjod, a Abiezer y a Majla. Los hijos de Semida fueron: Ajiam, Siquem, Liqji y Aniam. Hijos de Efraím: Sutelaj, Bered, su hijo; Tajat, su hijo; Eleada, su hijo; Tajat, su hijo;" Zabad, su hijo; Sutelaj, su hijo; Ezer y Elead. Los hombres de Gat naturales del territorio ^los mataron cuando bajaban para recoger sus ganados." Efraím, su padre, hizo mucho tiempo duelo por ellos, y sus hermanos vinieron a consolarle. Después entró a su mujer, que concibió y parió un hijo, llamándole Beria, porque su casa estaba en la desgracia. Tuvo por hijo a Sera, que edificó a Betorón, el bajo y el alto, y a Uzensera. Refa, su hijo, y Reset; Telaj, su hijo; Tajan, su hijo;" Laedán, su hijo; Amihud, su hijo; Elisama, su hijo;" Nun, su hijo; Josué, su hijo." Tenían por posesión y habitación Betel y las ciudades de su dependencia; al oriente, Narón; al occidente, Guezer y las ciudades de su dependencia; Siquem y las ciudades de su dependencia, hasta Gaza y las ciudades de su dependencia." Los hijos de Manases poseían Betsán y las ciudades de su dependencia, Tanac y las ciudades de su dependencia, Megiddo y las ciudades de su dependencia, Dor y las ciudades de su dependencia. En estas ciudades habitaron los hijos de José, hijo de Israel. Hijos de Aser: Jimna, Jisva, Jisvi, y Beria, y Seraj, su hermana. Hijos de Beria: Jeber y Malquiel. Malquiel fue padre de Birzavia, y Jeber engendró a Jaflet, Somer, Jotán y a Súa, hermana de éstos. Hijos de Jaflet: Pasac, Bimal y Ase vat. Estos son los hijos de Jaflet. Hijos de Somer: Aji, Roega, Juba y Aram. Hijos de Elem, su hermano: Sofaj, Jimna, Seles y Amal. Hijos de Sofaj: Suaj, Jarnefer, Sual, Beri, Jimra, Be-ser, Hod, Samma, Silsa, Jitrán y Beera. Hijos de Jeter: Jefo-né, Pispa y Ara. Hijos de Ula: Araj, Janiel y Risya. Todos estos hijos de Aser, jefes de las casas de sus padres, hombres selectos y valerosos, jefes de príncipes, registrados en número de veintitrés mil hombres en estado de tomar las armas para la guerra. Benjamín engendró a Bela, su primogénito; Asbel, el segundo; Ajraj, el tercero;" Noja, el cuarto, y Rafa, el quinto. Hijos de Bela: Adar, Güera, Abihud, Abisúa, Ñaman, Ajoaj, Güera, Sefufán y Juram. He aquí los hijos de Ejud, que eran jefes de familias entre los habitantes de Gueba, y fueron a Manajat: Ñaman, Ajías y Güera. Este los condujo y engendró a Uza y Ajud. Serajaim engendró hijos en la tierra de Moab después de haber dejado a Jusim y a Bara, que eran sus mujeres. Tuvo de Jodes, su mujer: a Jobab, Sibia, Mesa, Malcam, Jeús, Sequiya y Mirma. Estos son sus hijos, jefes de familia, Tuvo de Jusim: Abitut y Elpaal. Hijos de Elpaal: Heber, Misan y Semer, que edificó Ono, Lod y las ciudades de su dependencia. Beria y Sema, que eran jefes de familia entre los habitantes de Ayalón, hicieron huir a los habitantes de Gat. Ajio, Sasac, Jeremot, Zebadías, Arad, Heder, Micael, Jispa y Joja, hijos de Beerías. Zebadías, Mesulam, Jizguí, Jeber, Jismerai, Jizlía y Jobab, hijos de Elpaal. Ja-quim, Zicrí, Zabdí, Elyoenai, Silitai, Eliel, Adaia, Baraya, Semarat, hijos de Semeí, Jispán, Eber, Eliel, Adón, Zicrí, Janán, Jananía, Helam, Anatotías, Jifdaías y Peniel, hijos de Sasac. Samseraí, Sejarías, Atalía, Atolía, Jarsías, Elías, Zicrí, hijos de Jerojam. Estos eran jefes de familias según sus linajes. Habitaban en Jerusalén. El padre de Gabaón habitaba en Gabaón. El nombre de su mujer fue Maaca;" Abdón, su hijo primogénito; después Sur, Quis, Baal, Ner, Nadab," Guedor, Ajía y Zequer. Mielot engendró a Simea. Estos habitaron también con sus hermanos en Jerusalén. Ner engendró a Quis, Quis engendró a Saúl, Saúl engendró a Jonatán, Malquisúa, Abinadab y Esbal. Hijo de Jonatán fue Me-ribaal, y Meribaal engendró a Mica. Hijos de Mica: Pitón, Melec, Tarea y Ajaz. Ajaz engendró a Joada; Joada engendró a Alemet, Azmavet y Zirnri; Zirnri engendró a Mosa," y Mosa engendró a Bina; Rafa” su hijo; Eleasa, su hijo; Asel, su hijo;" Asel tuvo seis hijos: Arricam, Bocrú, Ismael, Searías, Oba-días y Jonán. Estos fueron hijos de Asel. Los hijos de Esec su hermano: Ulan, su primogénito; Jehú, el segundo; Elifelet el tercero." Los hijos de Ulan eran fuertes y valerosos, diestros arqueros. Tuvieron muchos hijos y nietos, ciento cincuenta. Todos éstos son hijos de Benjamín. Todo Israel está registrado en las genealogías e inscrito en el libro de los reyes de Israel. Judá fue por sus infidelidades llevado cautivo a Babilonia. Los primeros habitantes que entraron en sus posesiones, en sus ciudades, eran israelitas, sacerdotes, levitas y netineos. En Jerusalén habitaron hijos de Judá, hijos de Benjamín e hijos de Efraím y Manases. De los hijos de Peres, hijo de Judá;" Utai, hijo de Amihud, hijo de Omri; hijo de Inri, hijo de Bani." De los silonitas: Asaya, el primogénito, y sus hijos. De los hijos de Zerej: Jehuel y sus hermanos, seiscientos noventa. De los hijos de Benjamín: Salú, hijo de Mesulam, hijo de Hodavía, hijo de Asenúa;" Jibnea, hijo de Jerojam; Ela, hijo de Uzi, hijo de Micri; Meuslam, hijo de Sefatya, hijo de Reuel, hijo de Jibniya," y sus hermanos, según sus generaciones, novecientos cincuenta y seis. Todos éstos eran jefes de familias en las casas de sus padres. Sacerdotes: Jedaya, Jeoyarib; Jaquim," Azarías, hijo de Helcías, hijo de Mesulam, hijo de Sadoc, hijo de Merayot, hijo de Ajitub, jefe de la casa de Dios;" Adaya, hijo de Jerojam, hijo de Pasjur, hijo de Malquiva; Maesaí, hijo de Adiel, hijo de Jajzerat, hijo de Mesulam, hijo de Mesilamit, hijo de Immer," y sus hermanos, jefes de las casas de sus padres, mil setecientos sesenta hombres vigorosos ocupados en el servicio de la casa de Dios. Levitas: Semeya, hijo de Jasub, hijo de Azricam, hijo de Jasabia, de los hijos de Merarí: Bacbacar, Jeres, Galal, Matania, hijo de Miqueas, hijo de Zicrí, hijo de Asaf;" Abdías, hijo de Semeya, hijo de Galal, hijo de Jedutún; Berequías, hijo de Asa, hijo de Elcana, que habitó en los poblados de Netopat." Porteros: Salum, Acub, Talmón, Ajmán y sus hermanos; Salum era el jefe, y hasta ahora está a la puerta del rey, a oriente." Estos son los porteros de entre los levitas. Salum, hijo de Coré, hijo de Ebiasaf, hijo de Coraj, y sus hermanos de la casa de su padre. Los coreítas tenían a su cargo la guardia de la entrada de la tienda; sus padres habían hecho la guardia de la entrada al campo de Yahvé," y Finés, hijo de Eleazar, fue antes su jefe. Y Yahvé estuvo con él. Zacarías, hijo de Mésele-mía, era portero de la entrada de la tienda de la reunión. Eran, en todo, ciento doce elegidos para porteros de la entrada, y registrados en las genealogías según sus ciudades. David y Sa muel, el vidente, los habían nombrado para sus funciones. Ellos y sus hijos guardaban las puertas de la casa de Yahvé y de la casa de la tienda. Había porteros a los cuatro vientos, a oriente y a occidente, y a norte y a mediodía. Sus hermanos, que habitaban en sus ciudades, tenían que venir de tiempo en tiempo por siete días;" pero estos cuatro jefes, de los porteros, estos levitas, estaban siempre en funciones, y tenían además a su cargo la vigilancia de las cámaras y de los tesoros de la casa de Dios;" pasaban la noche en torno a la casa de Dios, cuya guardia tenían y habían de abrir cada mañana. De los levitas, algunos estaban al cuidado de los utensilios de servicio, que recibían por cuenta y entregaban por cuenta. Otros cuidaban de todos los utensilios del santuario, sobre la harina de flor, el vino, el aceite, el incienso y los aromas. Los hijos de los sacerdotes hacían la mezcla de los perfumes aromáticos. Matitiya, uno de los levitas, primogénito de Salum, coreíta, se cuidaba de las tortas fritas en sartén;" y algunos de sus hermanos de entre los caatitas tenían a su cargo preparar para cada sábado los panes de la proposición. Estos son los cantores, jefes de familia de los levitas, que moraban en las cámaras, exentos de toda otra función, porque de día y de noche estaban en la suya. Eran los jefes de familia de los levitas, jefes según sus generaciones. Habitaban en Jerusalén. El padre de Gabaón, Jeiel, habitaba en Gabaón, y el nombre de su mujer era Maaca;" Abdón, su hijo primogénito; después Sur, Quis, Baal, Ner, Nadab." Guedor, Ajio, Zacarías y Miclot. Miclot engendró a Samán. Estos habitaban también en Jerusalén junto a sus hermanos con sus hermanos. Ner engendró a Quis; Quis engendró a Saúl; Saúl engendró a Jonatán, Malquisúa, Abinadab y Esbaal." Hijo de Jonatán: Meribaal; Meribaal engendró a Mica." Hijos de Mica: Pitón, Melec, Taz-rea y Ajaz. Ajaz engendró a Jaera; Jaera engendró a Alemet, Azmevet y Zimri; Zimri engendró a Mosa;" Mosa engendró a Binoa, Rafaya, su hijo; Eleazar, su hijo; Asel, su hijo," Asel tuvo seis hijos, cuyos nombres son: Azricam, Bocru, Ismael, Searía, Abdías y Janán. Estos son los hijos de Asel. Los filisteos dieron la batalla a Israel, y los hombres de Israel huyeron ante los filisteos, y cayeron muchos muertos en el monte de Gelboé. Los filisteos persiguieron a Saúl y a sus hijos, y mataron a Jonatán, Abinadab y Malquisúa, hijos de Saúl. El peso de la batalla cargó sobre Saúl; y viéndose descubierto por los arqueros, se apoderó de él la angustia ante sus dardos” Entonces dijo Saúl a su escudero: “Saca tu espada y traspásame con ella, no vengan esos incircuncisos y me escarnezcan”• pero su escudero no quiso por temor. Entonces tomo Saúl sií espada y se echó sobre ella. El escudero de Saúl, viéndole muerto, se echó también sobre su espada, y murió. Así perecieron Saúl y sus tres hijos, pereciendo con ellos toda su casa Todos los de Israel que estaban en el valle, viendo que habían huido los hombres y que Saúl y sus hijos eran muertos, dejaron sus ciudades para ponerse también en fuga, y los filisteos se apoderaron de ellos. Al día siguiente vinieron los filisteos para despojar a los muertos, y hallaron a Saúl y a sus hijos caídos en el monte de Gelboé. Los despojaron y se llevaron su cabeza y sus armas, e hicieron pregonar las buenas noticias por toda la tierra de los filisteos a sus ídolos y al pueblo. Pusieron las armas de Saúl en el templo de su dios, y colgaron su cabeza en el templo de Dagón. En Jabes Galaad, al saber lo que los filisteos habían hecho con Saúl, se le levantaron todos los hombres útiles, y tomaron el cuerpo de Saúl y los de sus hijos y los transportaron a Jabes, y allí los sepultaron bajo la encina de Jabes, y ayunaron por siete días. Murió Saúl porque se había hecho culpable de infidelidad hacia Yahvé, cuyas palabras no guardó, y por haber preguntado y consultado a los evocadores de los muertos. No obedeció a Yahvé, y Yahvé le mató y transfirió el reino a David, hijo de Isaí. Todo Israel se congregó en torno a David en Hebrón, diciendo: “Mira: tú eres hueso de nuestro hueso y carne de nuestra carne.” Ya antes, aún reinando Saúl, eras tú el que sacabas y volvías a Israel; Yahvé, tu Dios, te ha dicho: “Tú apacentarás a mi pueblo Israel y tú serás el jefe de mi pueblo Israel.” Así todos los ancianos de Israel vinieron al rey, a Hebrón, y David hizo con ellos alianza en Hebrón ante Yahvé. Ungieron a David por rey de Israel, según la palabra de Yahvé pronunciada por Samuel. Marchó David con todo Israel contra Jerusalén, que es Je-bús. Habitaban allí los jebuseos;" y los de Jebús dijeron a David: “No entrarás tú aquí.” Pero David se apoderó de la fortaleza de Sión, que es la ciudad de David. David había dicho: “El que primero hiera al jebuseo será jefe y príncipe.” Y fue el primero en subir Joab, hijo de Sarvia, y fue hecho jefe. David se estableció en la fortaleza, que por esto se llamó la ciudad de David. Edificó la ciudad en derredor, desde el terraplén, y Joab reconstruyó el resto de la ciudad. David vino a ser de día en día más grande, y Yahvé Sebaot estaba con él. He aquí los primeros de los valientes que siguieron a David y que le ayudaron con todo Israel a asegurar su dominación y hacerle rey de Israel según la palabra de Yahvé. He aquí por sus nombres los valientes que siguieron a David: Jasobán, hijo de Jacmoni, jefe de los treinta. Blandió su lanza contra trescientos hombres, que derrotó de una vez. Después de él, Eleazar, hijo de Dodó, ajojita, otro de los tres. Estaba éste con David en Pas Damim, donde los filisteos se habían reunido para la lucha; había allí una haza de cebada, y huyendo ya el pueblo ante los filisteos," se puso en medio de la haza y la defendió, derrotando a los filisteos y obrando Yahvé una gran salvación. Tres de los treinta bajaron a donde estaba David, a la roca de la caverna de Odulam, cuando estaban acampados los filisteos en el valle de Refaím. Estaba David en la fortaleza y los filisteos tenían una guarnición en Betlehem, Se le ocurrió a David decir: “¡Quién me diera poder beber agua de la cisterna que está a la puerta de Betlehem!” Y entonces los tres, pasando a través del campamento de los filisteos, cogieron agua de la cisterna que hay a la puerta de Betlehem, y, llevándola, se la presentaron a David; pero David se negó a bebería y la derramó ante Yahvé," diciendo: “Líbreme Dios de hacer tal cosa. ¿Voy a beber yo la sangre de estos hombres, que a riesgo de su vida han ido allá ?” Porque era ciertamente con riesgo de la vida como la habían traído, y no quiso bebería. Esto hicieron los tres valientes. Abisaí, hermano de Joab, era jefe de los treinta. Blandió su lanza contra trescientos, que mató, y tuvo renombre entre los treinta, y era entre ellos muy considerado, pero no llegaba a los tres primeros. Benaya, hijo de Joyada, hombre de mucho valor y célebre por sus hazañas, de Cabsiel, mató a dos valientes de Moab, y un día de nieve, bajando a una cisterna, mató a un león. Mató también a un egipcio que tenía cinco codos de estatura, y cuya lanza era como un enjullo de tejedor. Bajó contra él con un palo y le arrancó de la mano la lanza, con la que le mató. Esto hizo Benaya, hijo de Joyada, que tuvo gran renombre entre los treinta. Fue muy considerado entre los treinta, pero no llegaba a los tres primeros; David le puso al frente de su guardia." Los valientes del ejército: Azael, hermano de Joab; Elcana, hijo de Dodó, de Betlehem;" Šamot, de Haror, y Eles, pelonita;" Ira, hijo de Iques, tecuita; Abiezer, de Anatot;" Sibeca, cusafita; Ilal, ajusita;" Maharai, netofatita; Jeled, hijo de Baña, netofatita;" Itaí, hijo de Ribai, de Gueba, de los hijos de Benjamín; Ba-nayas, faratonita;" Jurai, de los valles de Gas; Abiel, arbatita;" Azmavet, bajarumita; Eliajba, salbonita;" Jasem, agunita; Jonatán, hijo de Sague, de Haror;" Aliam, hijo de Sacar, de Haror; Elifal, hijo de Ur;" Efer, de Mequera; Ajiya, de Palón;" Jesro, del Carmel; Naraí, hijo de Esbaí;" Joel, hermano de Natán; Mibjar, hijo de Hagri;" Selec, amonita; Najrai, de Berot, escudero de Joab, hijo de Sarvia;" Ira, de Jeted; Garet, de Jeter;" Urías, jeteo; Zabad, hijo de Ajlaí;" Adina, hijo de Siza, rubenita, jefe de los rubenitas, y treinta con él;" Jonán hijo de Maaca; Josafat, de Mituí;" Ozías, de Astarot; Sarna y Jetiel, hijos de Jotán, de Aroer;" Jediael, hijo de Simri; Joja su hermano, tisaíta;" Eliel, de Majavim; Jeribaí y Josavía, hijos de Elnaam; Jitma, moabita;" Eliel, Obed y Joasiel, de Mesobía. Estos son los que vinieron a unirse a David en Siceleg, cuando estaba alejado de Saúl, hijo de Quis, y fueron parte de los valientes que le prestaron su ayuda durante la guerra. Eran arqueros y tiraban piedras lo mismo con la mano derecha que con la izquierda, y disparaban flechas con el arco. Eran de Benjamín, del número de los hermanos de Saúl. El jefe era Ajie-zar; Joás, hijo de Sema, de Guibea; Jeriel y Pelet, hijos de Azma-vet; Beraca; Jehú, de Anatot;" Jismaeya, de Gabaón, valiente entre los treinta y jefe de los treinta; Jeremías, Jajaziel, Jojanán, Jozabad, de Gueder;" Eluzai, Jerimot, Bealia, Semarías, Se-fatías, de Jarif;" Elcana, Jizjiva, Azazel, Joezer y Jesobeam, corejitas;" Joela y Zebadías, hijos de Jerojam, de Guedor. También entre los gaditas fueron hombres valientes a unirse a David, en la fortaleza del desierto, soldados diestros en la guerra, armados de escudo y lanza, semejantes a leones y ligeros como cabras monteses. Ézer, el jefe; Abdías, el segundo; Eliab, el tercero;" Mismana, el cuarto; Jeremías, el quinto;" Ataí el sexto; Eliel, el séptimo;" Jojanán, el octavo; Elzabad, el noveno;" Jeremías, el décimo; Macbanai, el undécimo." Eran hijos de Gad, jefes del ejército. Uno solo, el menor de todos, era capaz de atacar a cien hombres, y el mayor, a mil. Estos fueron los que pasaron el Jordán en el mes primero, cuando se desbordaba por todas sus márgenes, y pusieron en fuga a todos los habitantes de los valles, a oriente y a occidente. Hubo también de entre los hijos de Benjamín y de Judá quienes se unieron a David en la fortaleza. David les salió al encuentro y les dijo: “Si venís a mí con buenas intenciones, para ayudarme, mi corazón se apegará a vosotros; pero, si es para engañarme en provecho de mis enemigos, estando mis manos limpias de iniquidad, véalo el Dios de nuestros padres y que El os lo demande.” Entonces se revistió del espíritu Amasaí, que era el jefe, y dijo: “A ti y a tu pueblo, hijo de Isaí, paz. Paz, paz a ti y paz a cuantos te ayudan, pues te ayuda a ti tu Dios.” David los recibió y los hizo jefes de las tropas. También de los hijos de Manases vinieron a unirse a David cuando vino con los filisteos a la batalla contra Saúl, aunque no combatió, porque los príncipes de los filisteos, habido consejo, le despidieron diciendo: “Se pasaría a Saúl con peligro de nuestras cabezas.” Cuando retornó a Siceleg, éstos fueron los que de Manases se le unieron: Adnas, Jozabad, Jediael, Micael, Jozabad, Eliú y Siltaí, jefes de millares de Manases. Ayudaron a David contra las bandas de ladrones, pues eran todos hombres valerosos, y vinieron a ser jefes en el ejército. De día en día llegaban gentes a unirse a David, hasta que vino a tener un gran ejército, como un ejército de Dios. He aquí el número de hombres de guerra que, armados, vinieron a David, a Hebrón, para transferirle el reino de Saúl, según el mandato de Yahvé: Hijos de Judá armados de escudo y lanza, seis mil ochocientos hombres de guerra. De los hijos de Simeón, hombres valerosos para la guerra, siete mil ciento. De los hijos de Leví, cuatro mil seiscientos;" y Joya-da, príncipe de Aarón, y con él tres mil setecientos;" y Sadoc, joven valeroso, con veintidós de los principales de la casa de su padre. De los hijos de Benjamín, hermano de Saúl, tres mil, pues hasta entonces la mayor parte de ellos habían permanecido fieles a la casa de Saúl. De los hijos de Efraím, veinte mil ochocientos hombres valientes, gentes de renombre, según las casas de sus padres. De la media tribu de Manases, dieciocho mil, que fueron nominalmente designados para ir a proclamar rey a David. De los hijos de Isacar, doscientos jefes, hombres inteligentes, sabedores de lo que había de hacer Israel, y cuyo consejo era respetado por todos. De Zabulón, cincuenta mil, en estado de tomar las armas y provistos de toda clase de armas para el combate, prestos a librar batalla con ánimo resuelto. De Neftalí, mil jefes, y con ellos treinta y siete mil soldados, que llevaban escudo y lanza. De Dan, armados para la guerra, veintiocho mil seiscientos. De Aser, hombres de guerra prestos para el combate, cuarenta mil. Y del otro lado del Jordán, de los rubenitas, gaditas y de la media tribu de Manases, ciento veinte mil armados de todas armas. Todos estos hombres, gente de guerra, prestos para el combate, llegaron a Hebrón con leal corazón para hacer a David rey de todo Israel, y todo el resto de Israel estaba igualmente unánime en querer a David por rey. Estuvieron allí tres días con David, comiendo y bebiendo, pues sus hermanos los habían provisto de víveres, y aun los que habitaban cerca, hasta Isacar y Zabulón y Neftalí, trajeron, en asnos, camellos, mulos y bueyes, pan, harina, masa de higos y pasas, vino, aceite, bueyes y ovejas en abundancia, porque Israel estaba en alegría. Tuvo David consejo con los jefes de millares y de centenas, con todos los príncipes, y dijo a toda la asamblea de Israel: “Si os parece bien, y que la cosa viene de Yahvé, nuestro Dios, vamos a mandar a todas partes a nuestros hermanos que están por todo Israel, a los sacerdotes y a los levitas que habitan en las ciudades, para que vengan a reunirse con nosotros, y traigamos el arca de nuestro Dios, pues no nos hemos cuidado de esto desde el tiempo de Saúl.” Toda la asamblea resolvió hacer así, pues la cosa pareció conveniente a todo el pueblo. Reunió, pues, David a todo el pueblo, desde el Sijor de Egipto hasta el camino de Jamat, para traer de Quiriat-Jearim el arca de Dios;" y subió David con todo Israel a Baala, de Quiriat-Jearim, que está en Judá, para trasladar de allí el arca de Dios, ante la cual se invoca el nombre de Yahvé, que se sienta entre los querubines. Pusieron el arca de Dios sobre un carro nuevo, y la llevaron de la casa de Abinadab. Conducían el carro Uza y Ajió. David y todo Israel danzaban ante el arca con todas sus fuerzas y cantaban y tocaban arpas, salterios y tímpanos, címbalos y trompetas. Cuando llegaron a la era de Cidón, Uza tendió la mano para coger el arca, porque los bueyes la ladeaban;" se encendió la cólera de Yahvé contra Uza, y Yahvé le hirió por haber tendido la mano sobre el arca. Uza murió allí ante Dios. David se apesadumbró porque había herido Dios a Uza con tal castigo, y aquel lugar se llamó hasta hoy Peres Uza. David entró aquel día en temor, y dijo: “¿Cómo voy a traer a mí el arca de Dios?” Y no llevó el arca de Dios con él a la ciudad de David, sino que la hizo llevar a la casa de Obededom, de Gat. Allí quedó por tres meses el arca en la casa de Obededom, y Yahvé bendijo la casa de Obededom y cuanto le pertenecía. Hiram, rey de Tiro, mandó embajadores a David, y le proporcionó madera de cedro, canteros y carpinteros para que edificaran su casa. Conoció David que Yahvé afirmaba su dominio sobre Israel y que ensalzaba su reino por amor de Israel, su pueblo. David tomó entonces mujeres en Jerusalén, y tuvo hijos e hijas. Los nombres de los que le nacieron en Jerusalén son: Samúa, Sobab, Natán, Salomón, Jibjar, Elisúa, Elfelet, Noga, Nefeg, Jafia, Elisama, Beeliada y Elifelet. Cuando los filisteos supieron que David había sido ungido rey de todo Israel, subieron todos en busca suya, y David, que lo supo, les salió al paso. Llegaron los filisteos y se desparramaron por el valle de Refaím. David consultó a Dios, preguntando: “¿Subiré contra los filisteos y los entregarás en mis manos?” Y Yahvé le dijo: “Sube, y los entregaré en tus manos,” Subieron ellos a Baal Perasim, donde David los derrotó. Luego dijo: “Dios ha dispersado por mi mano a mis enemigos, como rotura de aguas que se derraman.” Por eso se dio a aquel lugar el nombre de Baal Perasim. Se dejaron allí sus dioses, que por orden de David fueron quemados en el fuego, Los filisteos invadieron de nuevo el valle, y David consultó de nuevo a Dios, y Dios le dijo: “No subas contra ellos. Rodéalos y échate sobre ellos desde delante de las balsameras. Cuando por las cimas de las balsameras oigas un estruendo, sal luego y atácalos, que irá Dios delante de ti para derrotar el campo de los filisteos.” Hizo David como Dios le mandara, y derrotó a los filisteos desde Gabaón hasta Guezer. La fama de David se extendía por todas aquellas tierras, y puso Yahvé sobre todas las gentes el temor de David. David hizo casa para sí en la ciudad de David y preparó un lugar para el arca de Dios, alzando para ella una tienda. Entonces se dijo: “El arca de Dios no debe ser transportada sino por los levitas, porque son los que eligió Yahvé para trasladarla y para hacer su servicio por siempre.” Reunió, pues, David a todo Israel en Jerusalén, para subir el arca de Yahvé al lugar que le había dispuesto. Reunió a los hijos de Aarón y a los levitas. De los hijos de Caat, a Uriel, jefe y sus hermanos, ciento veinte;" de los hijos de Merarí, Asaya, jefe, y sus hermanos, doscientos veinte;" de los hijos de Gersón, Joel, jefe, y sus hermanos, doscientos;" de los hijos de Elisafán, Semeya, jefe, y sus hermanos, doscientos;" de los hijos de Hebrón, Eliel, jefe, y sus hermanos, ochenta;" de los hijos de Uziel, Aminadab, jefe, y sus hermanos, ciento doce. David llamó a los sacerdotes Sadoc y Abiatar y a los levitas Uriel, Asaya, Joel, Semeya, Eliel y Aminadab, y les dijo: “Vosotros sois los jefes de familia de los Isvitas; santifícaos vosotros y vuestros hermanos para subir el arca de Yahvé, del Dios de Israel, al lugar que yo le he preparado." Por no estar vosotros allí la primera vez, Yahvé, nuestro Dios, nos castigó, porque no fuimos a buscarle según la ley.” Santificáronse los sacerdotes y los levitas para subir el arca de Yahvé, Dios de Israel, Los hijos de los levitas llevaban el arca de Dios en hombros, con sus barras, como lo había ordenado Moisés, según el mandato de Yahvé. David mandó a los jefes de los levitas que dispusieran a sus hermanos los cantores, que hiciesen resonar los instrumentos musicales, arpas, salterios y címbalos, en señal de regocijo;" y los levitas designaron a Hernán, hijo de Joel, y de entre sus hermanos, a Asaf, hijo de Baraquías, y de entre los hijos de Merarí, sus hermanos, a Etán, hijo de Cusaya;" después, con ellos, sus hermanos del segundo orden: Zacarías, Uziel, Semiramot, Jejiel, Uní, Eliab, Banayas, Maaseyas, Matatías, Elifele, Micne-yas, Obededom y Jeiel, porteros. Los cantores Hernán, Asaf, y Etán llevaban címbalos de bronce para hacerlos resonar;" Zacarías, Uziel, Semiramot, Jejiel, Uní, Eliab, Maaseyas y Benaya llevaban salterios templados para las voces altas;" y Matatías, Elifele, Mienaya, Obededom, Jeiel y Azarías, con cítaras acordadas a la octava;" y Quenanías, jefe de los levitas, dirigía el canto, pues tenía mucho conocimiento de él. Bera-quías y Elcana eran los porteros del arca;" y Sebanías, Josafat, Natanael, Amasí, Zacarías, Benayas y Eliezer, sacerdotes, tocaban las trompetas delante del arca de Dios. Obededom y Jijías eran también porteros del arca. David, pues, los ancianos de Israel y los jefes de millares, fueron a traer el arca de la alianza de Yahvé desde la casa de Obededom, con gran alegría. Y por haber asistido Dios a los levitas que llevaban el arca de la alianza de Yahvé, se sacrificaron siete novillos y siete carneros. David iba vestido de un manto de biso, lo mismo que todos los levitas que llevaban el arca, los cantores y Quenanías, jefe de la música entre los cantores. Llevaba David también sobre sí el “efod” de lino. De esta manera llevó todo Israel el arca de la alianza de Yahvé entre gritos de júbilo, al son de las bocinas, las trompetas, los címbalos, los salterios y las cítaras. Cuando el arca de la alianza de Yahvé llegó a la ciudad de David, Micol, hija de Saúl, mirando por una ventana, vio al rey David saltando y bailando delante del arca y le menospreció en su corazón. Traída el arca de Dios, pusiéronla en medio de la tienda que David había alzado para ella, y ofrecieron ante Dios holocaustos y sacrificios eucarísticos. Cuando hubo acabado David de ofrecer los holocaustos y los sacrificios eucarísticos, bendijo al pueblo en nombre de Yahvé, y distribuyó a todo Israel, hombres y mujeres, a cada uno una porción de pan, de carne y de uvas pasas. Puso levitas al servicio del arca de Yahvé, para que invocaran, alabaran y ensalzaran a Yahvé, Dios de Israel. Fueron: Asaf, el jefe; Zacarías, el segundo después de él; Uziel, Semirarnot, Jejiel, Matatías, Eliab," Benaya, Obededom y Jeiel, con instrumentos músicos, salterios y arpas, y Asaf era el que hacía sonar los címbalos. Los sacerdotes Benaya y Jojaziel tocaban continuamente las trompetas delante del arca de la alianza de Dios. Aquel día dio David a Asaf y a sus hermanos por primera vez, para cantar las alabanzas de Yahvé, este canto: “Alabad a Yahvé, invocad su nombre. Pregonad a los pueblos sus hazañas. Cantadle, cantad salmos en su honor. Cantad todos sus portentos. Gloriaos en su santo nombre; Alégrese el corazón de los que buscan a Yahvé." Buscad a Yahvé y fortaléceos. Buscad siempre su rostro. Recordad cuántas maravillas ha obrado. Sus prodigios, los juicios de su boca. Descendientes de Abraham, su siervo; Hijos de Jacob, su elegido." Es Yahvé nuestro Dios. Por la tierra toda prevalecen sus juicios. Fielmente se ha acordado siempre de su alianza, De sus promesas para mil generaciones, De lo que pactó con Abraham, De lo que juró a Isaac. De lo que firmemente estableció con Jacob, Y con Israel como pacto eterno, Diciendo: A ti te daré la tierra de Canaán Como porción de vuestra heredad. Eran entonces poco numerosos, Poco numerosos y extranjeros en ella, Iban de una gente a otra gente Y de un reino a otro pueblo. Pero no consintió que nadie los oprimiese, Y por causa de ellos castigó a reyes. No toquéis a mis ungidos. No hagáis mal a mis profetas. Cantad a Yahvé, habitantes todos de la tierra; Pregonad uno y otro día su salvación," Contad a los pueblos su gloria, Sus maravillas a los pueblos todos. Porque Yahvé es grande, digno de toda alabanza, Temible sobre todos los dioses. Porque los dioses de las gentes son ídolos, Pero Yahvé es el hacedor de los cielos. La gloria y la majestad sean ante El, La alabanza y el honor en su santuario. Dad a Yahvé, ¡oh familias de los pueblos! Dad a Yahvé la gloria y la alabanza, Dad gloria al nombre de Yahvé, Traed ofrendas y entrad en sus atrios. Adorad a Yahvé en ornamentos santos, Temblad ante El todos los de la tierra. El afirmó el orbe, y firme está. Alégrense los cielos y regocíjese la tierra, Pregónese entre las gentes: Yahvé reina. Truene el mar con cuanto lo llena, Salte de gozo el campo y cuanto hay en él, Den gritos de júbilo los árboles de las selvas. Al venir Yahvé, pues viene para juzgar a la tierra. Dad gracias a Yahvé, que es bueno. Y es eterna su misericordia. Decid: sálvanos, ¡oh Dios! salud nuestra; Reúnenos y líbranos de las gentes, Para que confesemos tu santo nombre Y nos gloriemos alabándote." Bendito Yahvé, Dios de Israel, Por eternidad de eternidades. Y diga todo el pueblo: Amén. Alabad a Yahvé.” David dejó allí, delante del arca de la alianza de Yahvé, a Asaf y a sus hermanos, para que constantemente ministrasen delante del arca, cada cosa a su tiempo, y a Obededom, hijo de Jedutún, y a Josa y a sus hermanos en número de sesenta y ocho, estableció como porteros. Asimismo a Sadoc y a sus hermanos, sacerdotes, ante el tabernáculo de Yahvé, en la altura de Gabaón. Para que allí ofreciesen continuamente, mañana y tarde, a Yahvé holocaustos y cumpliesen cuanto está escrito en la Ley de Yahvé, dada por Yahvé a Israel. Con ellos estaban Hernán y Jedutún y los otros que nominalmente habían sido designados para alabar a Yahvé: “Porque su misericordia es eterna.” Estaban Hernán y Jedutún con ellos, y las trompetas y los címbalos para los que los tocaban, y los instrumentos para los cantos en honor de Dios. Los hijos de Jedutún eran los porteros. Todo el pueblo se fue luego cada uno a su casa, y David se volvió a bendecir a la suya. Una vez que David se hubo establecido en su casa, dijo a Natán, profeta: “Yo estoy habitando una casa de cedro, mientras que el arca de la alianza de Yahvé está bajo una tienda.” Natán respondió a David: “Haz lo que tienes en tu corazón, pues Dios está contigo.” Pero aquella noche fue dirigida a Natán la palabra de Dios: “Ve y dile a David, mi siervo: Así habla Yahvé: No serás tú quien a mí me edifique casa para que more en ella. Nunca, desde que saqué a Israel hasta hoy, he habitado en casa, sino que anduve de una parte a otra en una tienda. ¿Dije yo nunca a ninguno de los jueces de Israel, a quienes mandé apacentar a mi pueblo: Por qué no me hacéis una casa de cedro? Di, pues, ahora a mi siervo David: Así habla Yahvé Sebaot: Yo te cogí de la majada, de detrás del ganado, para que fueras jefe de mi pueblo, Israel;" he estado contigo por dondequiera que tú has andado; he exterminado ante ti a todos tus enemigos y he hecho tu nombre semejante al de los grandes que hay en la tierra." He dado un lugar de habitación a mi pueblo, Israel, y le he plantado para que se fije y no sea ya conmovido, ni los hijos de la iniquidad le destruyan, como antes en el tiempo en que establecí los jueces sobre mi pueblo, Israel. He humillado a todos tus enemigos y te anuncio que Yahvé te edificará a ti casa. Cuando se cumplan tus días y vayas a reunirte con tus padres, yo alzaré tu descendencia, después de ti, a uno de entre tus hijos, y yo afirmaré su trono. El será quien me edifique casa, y yo afirmaré para siempre su trono. Seré padre para él, y él será para mí un hijo, y no apartaré de él mi gracia, como la aparté del que te precedió. Le estableceré para siempre en mi casa y en mi reino, y su trono será firme por toda la eternidad.” Natán transmitió a David todas estas palabras y toda la visión, y el rey David fue a ponerse ante Yahvé y dijo: “¿Quién soy yo, Yahvé Dios, y qué es mi casa para que tú me hayas traído a donde estoy? Y todavía esto, ¡oh Dios! es poco a tus ojos. Hablas de la casa de tu siervo para tiempo lejano y te dignas mirarme como un hombre de excelencia, ¡oh Yahvé, Dios! ¿Qué más podrá decirte David de la gloria que concedes a tu siervo? Tú conoces a tu siervo, ¡oh Yahvé! y por amor de tu siervo y conforme a tu corazón has hecho todas estas grandes cosas, revelando todas estas grandezas, ¡oh Yahvé! No hay semejante a ti, no hay otro Dios como tú, como con nuestros oídos hemos oído. ¿Hay sobre la tierra una sola nación que sea como tu pueblo, Israel, cuyo Dios fuese a rescatar un pueblo para hacerse nombrar con tantos milagros y prodigios, y arrojando a naciones delante de tu pueblo, al que redimiste de Egipto? Tú has hecho de tu pueblo, Israel, tu pueblo para siempre, y tú, ¡oh Yahvé! tú eres su Dios. Ahora, pues, ¡oh Yahvé! que la palabra que has dicho de tu siervo y de su casa sea perdurable por la eternidad y cúmplela. Que perdure, para que tu nombre sea glorificado por siempre y se diga: Yahvé Sebaot, Dios de Israel, es en verdad un Dios para Israel. Y que la casa de David, tu siervo, sea firme ante ti, pues que tú mismo, Dios mío, has revelado a tu siervo que le edificarás casa. Por eso ha osado tu siervo orarte así. Ahora, pues, ¡oh Yahvé! tú eres Dios y tú has prometido esta giacia a tu siervo. Bendice, pues, la casa de tu siervo, para que subsista para siempre delante de ti. Porque tú, ¡oh Yahvé! la has bendecido y bendita será por la eternidad. Después de esto batió David a los filisteos y los humilló, arrebatándoles de las manos Gat y las ciudades de su dependencia. Batió a los moabitas, que quedaron sujetos a David, pagándole tributo. Batió también David a Hadadezer, rey de Soba, en Jamat, cuando iba éste a establecer su dominio sobre el Eufrates. Le tomó David mil carros, siete mil caballeros y veinte mil infantes; desjarretó a todos sus caballos de tiro, no conservando más que los de cien carros." Vinieron los sirios de Damasco en socorro de Hadadezer, rey de Soba, y David derrotó a veinte mil sirios, puso guarniciones en la Siria de Damasco, y los sirios quedaron sujetos a David, pagándole tributo. Yahvé protegía a David por dondequiera que iba. Tomo David los escudos de oro que llevaban los servidores de Hadadezer y los llevó a Jerusalén. También se apoderó de una gran cantidad de bronce en Tebaj y en Cun, ciudades de Hadadezer. De él hizo Salomón el mar de bronce, las columnas y los utensilios de bronce. Supo Toú, rey de Jamat, que David había derrotado a todo el ejército de Hadadezer, rey de Soba, y le mandó como embajador a Hadoram, su hijo, para saludarle y felicitarle por haber atacado a Hadadezer, venciéndole, pues Toú estaba en guerra con Hadadezer. Mandóle también toda suerte de vasos de oro, de plata y de bronce, que el rey David consagró a Yahvé con el oro y la plata que había tomado a todas las naciones, a Edom, a Moab, a los hijos de Amón, a los filisteos y a Amalee. Abisaí, hijo de Sarvia, batió en el valle de la Sal a dieciocho mil edomitas. Puso guarniciones en Edom, y todo Edom quedó sometido a David. Yahvé protegía a David por todas partes donde iba. David reinó sobre todo Israel, haciendo derecho y justicia a todo el pueblo. Joab, hijo de Sarvia, era jefe del ejército; Josafat, hijo de Ajilud, era cronista;" Sadoc, hijo de Ajitub, y Abimelec, hijo de Abiatar, eran sacerdotes; Sisa era secretario;" Banayas, hijo de Joyada, era jefe de los cereteos y feleteos, y los hijos de David sus áulicos. Después de esto murió Najas, rey de los hijos de Amón, sucedíéndole su hijo. David dijo: “Voy a mostrar mi benevolencia a Janún, hijo de Najas, pues su padre se mostró conmigo benévolo”; y le envió una embajada para consolarle por la muerte de su padre. Cuando los enviados de David llegaron a la tierra de los hijos de Amón y se presentaron a Janún para consolarle," los jefes de los hijos de Amón dijeron a Janún: “¿Crees tú que para honrar a tu padre te manda David consoladores? ¿No será más bien para reconocer la ciudad y destruirla y explorar la tierra para lo que han venido a ti sus servidores ?” Entonces Janún, cogiendo a los servidores de David, los rapó y les cortó los vestidos por el medio hasta las nalgas, y luego los despachó. Fuéronse ellos, y David, que supo lo que a sus hombres había sucedido, mandó gente que les salieran al encuentro, pues se hallaban en gran confusión, y les dijeran: “Quedaos en Jericó hasta que os crezca la barba y volved luego.” Los hijos de Amón vieron que se habían hecho odiosos a David, y Janún y los hijos de Amón mandaron mil talentos de plata para asoldar a los carros y a los caballeros de los sirios de Mesopotamia y de los sirios de Maacá y Soba. Tomaron a sueldo treinta y dos mil carros y al rey de Maacá y su pueblo, que vinieran a acampar delante de Madaba. Los hijos de Amón se reunieron en sus ciudades y salieron para combatir. Al recibir David estas nuevas, mandó contra ellos a Joab y todo el ejército, hombres valerosos. Salieron los hijos de Amón y se ordenaron en batalla a la entrada de la ciudad; los reyes que habían venido tomaron posesión aparte en el campo." Viendo Joab que tenía contra quien combatir de frente y a la espalda, escogió de lo más selecto de Israel un cuerpo que oponer a los sirios, y el resto del pueblo lo puso a las órdenes de su hermano Abisaí para hacer cara a los hijos de Amón, diciéndole: “Si los sirios son más fuertes que yo, vas tú en socorro mío, y si los hijos de Amón son más fuertes que tú, iré yo en socorro tuyo. Esfuérzate y esforcémonos por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios, y haga Yahvé lo que bien le parezca.” Avanzó Joab con los suyos para atacar a los sirios, que huyeron ante él, y los hijos de Amón, cuando vieron que habían huido los sirios, se pusieron también en fuga delante de Abisaí, hermano de Joab, y se encerraron en la ciudad. Joab se volvió a Jerusalén. Viendo los sirios que habían sido derrotados por Israel, mandaron a buscar a los sirios del otro lado del río, que vinieron al mando de Sofac, jefe del cjército de Hadadezer. Súpolo David y reunió a todo Israel, y pasando el Jordán, marchó contra ellos y se preparó a atacarlos. Ordenóse David en batalla contra los sirios, y los sirios, después de haberse batido con él, se pusieron en huida delante de Israel, y David les mató siete mil hombres de los carros y cuarenta mil infantes. Mató también a Sofac, jefe del ejército Los hombres de Hadadezer, viéndose derrotados por Israel concertaron paces con David y se le sometieron. No volvieron más los sirios a socorrer a los hijos de Amón. Al año siguiente, al tiempo en que suelen los reyes salir a campaña, Joab, a la cabeza de un fuerte ejército, fue a talar la tierra de los hijos de Amón y puso sitio a Raba. David se quedó en Jerusalén. Joab se apoderó de Raba y la destruyó. Quitó David la corona de Milcón de encima de su cabeza, y hallóla del peso de un talento de oro y que tenía una piedra preciosa, que fue puesta sobre la cabeza de David. Saqueó la ciudad y obtuvo de ella un gran botín. Sacó de ella a los habitantes y los puso a serrar con las sierras y a los trillos y a las hoces. Lo mismo hizo con todas las ciiidades de los hijos de Amón. Volvióse luego David con todo el pueblo a Jerusalén. Después de esto hubo en Guezer una batalla contra los filisteos. Entonces fue cuando Sibecai, jusatita, mató a Sipai, uno de los refaím. Los filisteos quedaron humillados. También hubo otra batalla con los filisteos, en la que Eljanán, hijo de Jair, mató a un hermano de Goliat, Lajni, de Gat, que llevaba una lanza cuya asta era como un enjullo de tejedor. Hubo otra batalla más en Gat, en la que se halló un hombre de alta talla que tenía seis dedos en cada mano y en cada pie, veinticuatro en todo, y que descendía también de Rafa. Retó a Is rael, y Jonatán, hijo de Simea, hermano de David, le mató. Estos hombres eran hijos de Rafa, de Gat, y perecieron a manos de David y sus servidores. Alzóse Satán contra Israel e incitó a David a hacer el censo de Israel. David dijo a Joab y a los jefes del pueblo: “Id a hacer el censo de Israel, desde Berseba hasta Dan, y traédmelo, para que sepa yo su número.” Joab respondió a David: “¡Ojalá hiciera Yahvé a su pueblo cien veces más numeroso! Pero, rey y señor mío, ¿no son todos servidores tuyos? ¿Para qué pide esto mi Señor ? ¿Para qué hacer una cosa que será imputada como pecado a Israel ?” El rey persistió en la orden que había dado a Joab, y Joab partió y recorrió todo Israel, y vino luego a Jerusalén. Joab entregó a David el rollo del censo del pueblo, y había en todo Israel un millón cien mil hombres de guerra, y en Judá cuatrocientos setenta mil. No hizo entre ellos el censo de Leví y Benjamín, porque abominaba Joab la orden del rey. Desagradó la orden a Dios y castigó a Israel. Entonces dijo David a Dios: “He cometido con esto un gran pecado. Perdona, te ruego, la iniquidad de tu siervo, pues he obrado como un insensato.” Yahvé habló así a Gad, el vidente de David: “Ve a decir a David: Así habla Yahvé: tres plagas te propongo para que elijas una con que te heriré.” Gad vino a David y le dijo: “Así habla Yahvé: Elige: o tres años de hambre, o tres meses durante los cuales huirás de tus enemigos y te alcanzará la espada de tus enemigos, o tres días durante los cuales la espada de Yahvé y la peste estarán sobre la tierra, y el ángel de Yahvé llevará la destrucción a todo el territorio de Israel. Ve, pues, lo que he de responder al que me envía.” David respondió a Gad: “En gran aprieto me veo, pero caiga yo en las manos de Yahvé, cuya misericordia es inmensa, y no caiga en las manos de los hombres.” Mandó Yahvé la peste sobre Israel, y cayeron setenta mil hombres de Israel. Dios mandó un ángel a Jerusalén para destruirla, y, cuando ya estaba destruyéndola, miró Yahvé y se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel destructor: “Basta, retira ya tu mano.” El ángel de Yahvé estaba junto a la era de Ornan, jebuseo. Y David alzó los ojos y vio al ángel de Yahvé entre la tierra y el cielo, teniendo en su mano, desnuda, la espada, vuelta contra Jerusalén. Entonces David y los ancianos, vestidos de saco, cayeron sobre sus rostros, y David dijo a Dios: “¿No soy yo el que he mandado hacer el censo del pueblo? Yo soy quien ha pecado y ha hecho el mal; pero estas ovejas, ¿qué han hecho? ¡Yahvé, Dios mío! Pese tu mano sobre mí y sobre la casa de mi padre y no haya plaga en tu pueblo.” El ángel de Yahvé dijo a Gad que hablase a David para que subiese a alzar un altar en la era de Ornan, jebuseo, y subió David, cumpliendo la orden que Gad había dado en nombre de Yahvé Ornan, que estaba trillando el trigo, se volvió y vio al ángel y se escondió con sus cuatro hijos. Cuando llegó David cerca de Ornan, miró Ornan y vio a David, y, saliendo de la era se prosternó ante David rostro a tierra. David dijo a Ornan” “Cédeme el campo de tu era para que yo alce en ella un altar a Yahvé; cédemelo por su precio en plata, para que se retire la plaga de sobre el pueblo.” Ornan respondió a David: “Tómala, y que mi señor el rey haga en ella lo que bien le parezca; mira, te doy los bueyes para el holocausto, los trillos para leña y el trigo para la ofrenda. Todo te lo doy.” Pero el rey dijo a Ornan: “No, quiero comprártela por su valor en plata, pues no voy a presentar yo a Yahvé lo que es tuyo ni a ofrecerle un holocausto que no me cuesta nada.” Y dio David a Ornan seiscientos siclos de oro por el lugar, y edificó allí un altar a Yahvé, y le ofreció holocaustos y sacrificios eucarísticos. Invocó a Yahvé, y Yahvé le respondió por el fuego que del cielo descendió sobre el altar del holocausto. Entonces habló Yahvé al ángel, que volvió la espada a la vaina. Viendo David que Yahvé le había oído en la era de Ornan, jebuseo, sacrificaba allí, pues el tabernáculo de Yahvé, que Moisés había hecho en el desierto, y el altar de los holocaustos estaban entonces en la altura de Gabaón, y David no podía ir allá a buscar a Yahvé, pues la espada del ángel le había llenado de espanto. Y dijo David: “Esta será la casa de Yahvé Dios y aquí estará el altar de los holocaustos para Israel.” Mandó David que se reuniesen todos los extranjeros que había en la tierra de Israel, y encargó a los canteros que fuesen preparando piedras talladas para la construcción de la casa de Dios. Preparó también hierro en abundancia para la clavazón de las puertas y para las grapas, y bronce en cantidad imponderable, y madera de cedro innumerable, pues los sidonios y los tirios habían traído a David maderas de cedro en abundancia. David se decía: “Mi hijo Salomón es todavía joven e inexperto, y la casa que ha de edificarse a Yahvé ha de ser, por la grandeza, por la magnificencia, por la belleza, reputada en todas las tierras; por eso quiero hacer preparativos”; y los hizo, antes de su muerte, en abundancia." David llamó a Salomón, su hijo, y le dio orden de edificar una casa a Yahvé, Dios de Israel. Le dijo: “Hijo mío, yo tenía el propósito de edificar un templo al nombre de Yahvé, mi Dios;" pero Yahvé me dijo: Tú has derramado mucha sangre y has hecho grandes guerras. No serás tú quien edifique una casa a mi nombre, porque has derrama do ante ti mucha sangre sobre la tierra, He aquí que te nacerá un hijo, que será hombre de paz y a quien daré yo paz, librándole de todos sus enemigos en derredor. Su nombre será Salomón, y durante su vida haré yo venir sobre Israel la paz y la tranquilidad. Ese edificará una casa a mi nombre. Será para mí un hijo, y yo seré para él un padre, y afirmaré para siempre el trono de su reino en Israel. Ahora, pues, hijo mío, que Yahvé sea contigo, para que prosperes y edifiques la casa de Yahvé, tu Dios, como él de ti lo ha declarado. Quiera darte Yahvé la sabiduría y la inteligencia para reinar sobre Israel en la observancia de la Ley de Yahvé, tu Dios. Prosperarás si cuidas de poner por obra los mandamientos y preceptos que mandó Yahvé a Moisés para Israel. Esfuérzate, pues, ten ánimo y no temas ni desmayes. Yo con mis esfuerzos he reunido para la casa de Yahvé cien mil talentos de oro, un millón de talentos de plata y una cantidad imponderable de bronce y de hierro, en gran abundancia. He aprestado asimismo madera y piedra, que tú acrecentarás. Tienes a la mano un gran número de obreros, de canteros, carpinteros y hombres expertos en toda clase de obras. El oro, la plata, el bronce y el hierro son sin número. Levántate, pues, ponte a la obra y que Yahvé sea contigo.” Mandó también David a todos los principales de Israel que prestasen su ayuda a Salomón, su hijo. “¿No está con vosotros Yahvé, vuestro Dios, y no os ha dado El paz de todas partes? El ha puesto en mis manos a los moradores de la tierra, y la tierra está sometida ante Yahvé y ante su pueblo. Poned, pues, todo vuestro corazón y vuestro ánimo en buscar a Yahvé, vuestro Dios; levantaos y edificad el santuario de Yahvé, Dios, para traer el arca de la alianza de Yahvé y los utensilios consagrados a Dios a la casa edificada al nombre de Yahvé.” Viejo ya David y harto de días, hizo a Salomón, su hijo, rey de Israel. Reunió a todos los jefes de Israel, a los sacerdotes y a los levitas. Hízose el censo de los levitas de treinta años arriba, y su número, contado por cabezas uno a uno, fue de treinta y ocho mil. Y dijo David: “Que de ellos veinticuatro mil se dediquen a los oficios de la casa de Yahvé, seis mil sean jueces y oficiales, cuatro mil porteros y cuatro mil dedicados a alabar a Yahvé con los instrumentos que yo he hecho para ello.” David los distribuyó en órdenes según los hijos de Leví, Gersón, Caat y Merarí. Hijos de Gersón: Ladán y Simeí. Hijos de Ladán, tres: Jejiel, el primero; Zetam y Joel." Hijos de Simeí, tres: Selomit, Jaziel y Harán” Estos son los jefes de las familias de Ladán. Hijos de Simeí: Jajat, Ziza, Jeus y Be. ría. Estos cuatro son los hijos de Simeí. Jajat era el primero y Ziza el segundo. Jeus y Beria no tuvieron muchos hijos y formaron en el censo una sola casa paterna. Hijos de Caat: Am-ram, Jiscar, Hebrón y Usiel, cuatro. Hijos de Amram: Aa-ron y Moisés. Aarón fue elegido para servir en el santo de los santos, él y sus hijos perpetuamente, para ofrecer los perfumes ante Yahvé, para hacer su ministerio y bendecir por siempre su nombre. Los hijos de Moisés, hombre de Dios, fueron contados en la tribu de Levi. Los hijos de Moisés fueron Gérsón y Eliezer. Hijo de Gersón fue Sebuel, el jefe, Hijo de Eliezer fue Rejabía; el jefe Eliezer no tuvo más hijos, pero los hijos de Rejabía fueron muchos." Hijo de Jisear fue Selomit, el jefe. Los hijos de Hebrón: Jeería, el jefe; Amarías, el segundo; Jezaziel, el tercero, y Jacamán, el cuarto." Hijos de Uziel: Mica, el primero; Jisía, el segundo." Hijos de Merarí: Majlí y Musí. Hijos de Majlí: Eleazar y Quis. Murió Eleazar sin hijos, pero dejó hijas, y los hijos de Quis, sus hermanos, las tomaron por mujeres. Hijos de Musí: Majlí, Eder y Jerimot, tres. Estos son los hijos de Leví, según las familias de sus padres, cabezas de las casas paternas, según el censo hecho contando por cabezas. Estaban dedicados al ministerio de la casa de Yahvé desde los veinte años arriba. Pues David dijo: “Yahvé, Dios de Israel, ha dado el reposo a su pueblo, Israel, y habitará por siempre en Jerusalén, y los levitas no tendrán ya que transportar el tabernáculo y todos los utensilios de su servicio.” Y así, conforme a las últimas disposiciones de David, se hizo el censo de los hijos de Leví desde los veinte años para arriba. Puestos a las órdenes de los hijos de Aarón para el servicio de la casa de Yahvé, tenían a su cuidado los atrios y las cámaras, la limpieza de todas las cosas santas y las obras del servicio de la casa de Dios;" los panes de la proposición, la harina de flor para las ofrendas, las tortas de pan ácimo, las hojuelas fritas en sartén y las cocidas y todas las medidas de capacidad y de longitud. Tenían que presentarse cada mañana y cada tarde para alabar y celebrar a Yahvé y ofrecer continuamente los holocaustos a Yahvé los sábados, los novilunios y las fiestas, según el número y los ritos prescritos. Daban la guardia al tabernáculo de la reunión a las órdenes de los hijos de Aarón, sus hermanos, en el servicio de la casa de Yahvé. He aquí las clases de los hijos de Aarón: Hijos de Aarón: Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar. Nadab y Abiú murieron antes que su padre y no dejaron hijos. Eleazar e Itamar cumplieron las funciones sacerdotales. David distribuyó a Sadoc, de los hijos de Eleazar, y Ajimelec, de los hijos de Itamar, en turnos para el servicio. Hubo entre los hijos de Eleazar más jefes que entre los hijos de Itamar, y se hizo esta división: los hijos de Eleazar tenían dieciséis jefes de casas paternas, y los hijos de Itamar, ocho. Hízose la distribución por suerte, unos con otros, y fueron jefes del santuario y jefes de Dios tanto los hijos de Eleazar como los hijos de Itamar. Semeyas, hijo de Na-tanael, secretario de la tribu de Leví, los inscribió delante del rey y de los príncipes, delante de Sadoc, sacerdote, y de Ajimelec, hijo de Abiatar, y de los jefes de familias de sacerdotes y levitas, y se iba sacando por suerte una casa paterna para Eleazar y una casa paterna para Itamar. La primera suerte tocó a Jojarib; la segunda, a Jidaya;" la tercera, a Jorim; la cuarta, a Seorim;" la quinta, a Malaquías; la sexta, a Miamín;" la séptima, a Gos; la octava, a Abías; la novena, a Jesúa; la décima, a Secanía;" -- omitido por paráfrasis -- la undécima, a Elyasib; la duodécima, a Jacim;" la decimotercera, a Jupa; la decimocuarta, a Jebab;" la decimoquinta, a Bilga; le decimosexta, a Imer;" la decimoséptima, a Jezir; la decimoctava, a Afses;" la decimonona, a Petaya; la vigésima, a Jezaquiel;" la vigésimo primera, a Jaquim; la vigésimo segunda, a Gamul;" la vigésimo tercera, a Delaya; la vigésimo cuarta, a Mazía." Así fueron distribuidos para su ministerio, para que entrasen en la casa de Yahvé a las órdenes de Aarón, conforme a los mandatos que les había dado Yahvé, Dios de Israel. He aquí los jefes de las otras familias de los levitas: Subael, de los hijos de Amram, y Jejdaya, de los hijos de Subael. De los hijos de Rejabía, el jefe era Jisía. Salemot era hijo de Isab, y Jajat, hijo de Salemot. El primogénito de los descendientes de Hebrón fue Jeriyán; el segundo, Amarías; el tercero, Jaja-ziel; el cuarto, Jacmán." Hijo de Uziel fue Mica, e hijo de Mica, Samir. Jisiya era hermano de Mica, y Zacarías, hijo de Jisiya. Los hijos de Merarí son: Majlí y Musí. Uzías tuvo un hijo, llamado Beño. Merarí tuvo además a Uzías, Soam, Zacur y Jibrí. Majlí tuvo un hijo, llamado Eleazar, que no tuvo hijos. Quis tuvo un hijo, llamado Jerameel. Los hijos de Musí son: Majlí, Eder y Jerimot. Estos son los hijos de Leví según sus familias. También ellos, como los hijos de Aarón fueron sorteados ante David, Sadoc, Ajimelec y los jefes de las casas paternas de sacerdotes y levitas. Todo se hizo por suerte para distribuir igualmente los oficios, siendo el jefe de familia como el menor de sus hermanos. David y los jefes del ejército separaron a los que de entre los hijos de Asaf, de Hernán y de Jedutún habían de hacer el oficio de cantores, acompañándose del arpa, del salterio y de los címbalos, cumpliendo cada uno el oficio a que se le destinaba en proporción de su número. De los hijos de Asaf: Zacur, José, Natanía y Asarela, bajo la dirección de Asaf, cantor del rey. De Jedutún: los hijos de Jedutún, Godolías, Sori, Jeseías, Josabías, Matatías y Semeí, seis, bajo la dirección de su padre, Jedutún, que cantaba con el arpa para alabar y celebrar a Yahvé. De Hernán: sus hijos, Buquías, Matanías, Oziel, Sabuel, Jerimot, Jamanías, Jananí, Eliata, Guedeltí, Romentiezer, Jesbacasa, Melotí, Otir y Majaziot. Todos estos eran hijos de Hernán, vidente del rey, para cantar las alabanzas de Dios y ensalzar su poder, pues Dios había dado a Hernán catorce hijos y tres hijas. Todos éstos de Asaf, de Jedutún y de Hernán fueron puestos bajo la dirección de sus padres para cantar en el templo de Yahvé tocando los címbalos, las arpas y los salterios, cumpliendo los ministerios de la casa de Yahvé según el orden prescrito por el rey. El número de ellos, con sus hermanos hábiles en el arte y que enseñaban a los otros a cantar las alabanzas a Yahvé, era de doscientos ochenta y ocho. Fueron sorteados en cada clase sin acepción de personas, jóvenes y viejos, hábiles y menos hábiles. El primero por suerte fue José, de la casa de Asaf; el segundo, Godolías, por él y por sus hijos y hermanos, en número de doce;" el tercero, Zacur, y sus hijos y hermanos en número de doce;" el cuarto, Jisrí, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el quinto, Natanías, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el sexto, Buquías, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el séptimo, Jisreela, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el octavo, Jesaya, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el noveno, Matanías, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el décimo, Semeya, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el undécimo, Azareel, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el duodécimo, Asabías, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el decimotercero, Sabael, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el decimocuarto, Matatías, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el decimoquinto, Jerimot, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el decimosexto, Jananías, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el deci-meséptimo, Jesbacasa, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el decimoctavo, Jananí, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el decimonono, Melotí, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el vigésimo, Eliata, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el vigésimo primero, Otír, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el vigésimo segundo, Guedeltí, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el vigésimo tercero, Majaziot, con sus hijos y hermanos en número de doce;" el vigésimo cuarto, Romemtie-zer, con sus hijos y hermanos en número de doce. También fueron distribuidos los guardas de las puertas. De los hijos de Coré: Meseelemías, hijo de Coré, de los hijos de Asaf. Hijos de Meseelemías: Zacarías, el primogénito; Jediael, el segundo; Zebadías, el tercero; Jataniel, el cuarto;" Elam, el quinto; Jeojanán, el sexto; Elyoenai, el séptimo." Hijos de Obededom: Semeyas, el primogénito; Jozabad, el segundo; Joaj, el tercero: Sacar, el cuarto; Netaneel, el quinto;" Amiel, el sexto; Isacar, el séptimo; Peultai, el octavo, pues Dios le había bendecido." A Semeyas, su hijo, le nacieron hijos, que prevalecieron en la casa de su padre y eran hombres fuertes. Hijos de Semeyas: Otní y Rafael, Obed, Elzabad y sus hermanos, hombres valerosos; Eliu y Samaquías." Todos éstos eran hijos de Obededom. Ellos, sus hijos y sus hermanos fueron hombres vigorosos y de mucha fuerza para el servicio; setenta y dos de Obededom." Los hijos y los hermanos de Me-selemías, hombres valientes, eran en número de dieciocho. De los hijos de Merarí: Josa, que tuvo por hijos: Simri, el jefe, hecho jefe por su padre a pesar de no ser el primogénito;" Jilquiya, el segundo; Tebalía, el tercero; Zacarías, el cuarto. Los hijos y los hermanos de Josa eran, en todo, trece." A estos órdenes de porteros, a los jefes de ellos y a sus hermanos fue encomendada la guardia para el servicio de la casa de Yahvé. Fueron sorteados para cada puerta, pequeños y grandes, según sus casas paternas. Tocó por suerte a Selemía el lado de oriente. Se echó la suerte para Zacarías, su hijo, que era un prudente consejero, y le tocó el lado del norte. A Obededom, con sus hijos, le tocó el lado del mediodía, donde estaban también las despensas. A Josa le tocó el lado de occidente, la puerta de Salequet, que sale a la calle empinada. Estos cuerpos de guardia se correspondían unos a otros. La puerta de oriente estaba guardada por seis levitas, y la del norte por cuatro, que se renovaban todos los días. Había también cuatro por día a la puerta del mediodía, y otros cuatro que servían de dos en dos en el lugar de las despensas. En el Par var (pórtico), al occidente, cuatro en la calle y dos en el Parvar. De este modo fueron distribuidos los porteros, que eran todos hijos de Coré y de Merarí. Ajías tenía la guarda de los tesoros de la casa de Dios y de los utensilios sagrados. De entre los hijos de Laedam, los hijos de Gersón, descendientes de Laedam, jefe de las casas paternas de Laedam, gersonita, eran: Jejielí y Zetán. Los hijos de Jejielí, Zetán y Joel, su hermano, que guardaban los tesoros de la casa de Yahvé. De entre los amramitas, jisearitas, hebronitas y uzelitas, Sebuel, hijo de Gersón, hijo de Moisés, era intendente del tesoro. De entre sus hermanos, los descendientes de Eliezer, cuyo hijo fue Rejabía; hijo de éste, Jesaya; hijo de éste, Jorarn; hijo de éste, Zicrí; hijo de éste, Selomit;" Selomit y sus hermanos guardaban los tesoros de las cosas santas que habían sido consagradas por el rey David, por los jefes de las casas paternas, los jefes de millares y de centenas, y los jefes del ejército, del botín de guerra y de los despojos para la casa de Yahvé. Todo lo que había sido consagrado por Samuel el vidente; por Saúl, hijo de Quis; por Abner, hijo de Ner; por Joab, hijo de Sarvia, todas las cosas consagradas, estaban bajo la custodia de Selomit y sus hermanos." De entre los jisearitas, Quenayas y sus hermanos ejercieron funciones exteriores, como oficiales y jueces en Israel. De entre los hebronitas, josabía y sus hermanos, hombres valientes, mil setecientos, gobernaban a los israelitas del lado de allá del Jordán, en su parte occidental, tanto en lo concerniente al servicio de Yahvé cuanto en lo concerniente al servicio del rey. Por lo que hace a los hebronitas, de quienes era jefe Jeriyá, se hicieron el año cuarenta del reinado de David investigaciones en Jazer de Galaad, según sus genealogías y sus casas paternas;" y se halló que los hermanos de Jeriyá, hombres valientes y robustos, eran dos mil setecientos, jefes de casas paternas. El rey David los constituyó sobre los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manases para lo tocante a Dios y lo tocante al rey. El número de los hijos de Israel que entraban en servicio de tropa para la guardia del rey, que se relevaba todos los meses del año según la distribución que de ellos se había hecho, era de veinticuatro mil cada vez; cada tropa tenía sus jefes de casas paternas, sus jefes de millar y de centena y sus oficiales al servicio del rey." A la cabeza de la primera división para el primer mes estaba Jasobeam, hijo de Zabdiel; mandaba una división de veinticuatro mil hombres." Era de los hijos de Peres y mandaba a todos los jefes de la tropa del primer mes. A la cabeza de la división del segundo mes estaba Dodaí, ajotita; y tenía bajo él a Miclot, que mandaba una parte de esta tropa, que era de veinticuatro mil hombres." El jefe de la tercera división, la del tercer mes, era Banayas, hijo de Joyada, sacerdote, y tenía a su mando veinticuatro mil hombres. Este es el Banayas que era el más valiente de los treinta y los superaba a todos. Su hijo Amisadab era uno de los jefes de su división. El cuarto jefe, para las tropas del cuarto mes, era Asael, hermano de Joab; y Zabdías, su hijo, después de él. El número de sus tropas era de veinticuatro mil." El quinto jefe, para el mes quinto, era Samaot, de Jezer, y su tropa era de veinticuatro mil. El sexto, para el sexto mes, era Jira, hijo de Iques, de Tecua, y tenía en su tropa veinticuatro mil hombres. El séptimo, para el séptimo mes, era Jeles, de Falón, de la tribu de Efraim; su tropa era de veinticuatro mil hombres." El octavo, para el octavo mes, era Sibcaí, de Jusat, del linaje de Zarjí, que tenía bajo él veinticuatro mil hombres. El noveno, para el noveno mes, era Abiezer, de Anatot, de los hijos de Benjamín, que mandaba veinticuatro mil hombres. El décimo, para el décimo mes, era Maraí, de Netofat, descendiente de Zarjí, y tenía bajo sí veinticuatro mil hombres. El undécimo, para el undécimo mes, era Banayas, de Faratón, de la tribu de Efraim; su tropa era de veinticuatro mil hombres." El duodécimo, para el duodécimo mes, era Joldaí, de Netofat, descendiente de Otoniel, y su tropa era de veinticuatro mil hombres. Estos eran los jefes de las doce tribus: en la de Rubén, Eliezer, hijo de Zicrí; en la de Simeón, Safatías, hijo de Maacá;" en la de Leví, Josabías, hijo de Camuel; de los aronitas, Sadoc;" en la de Judá, Elihu, hermano de David; en la de Isacar, Amri, hijo de Micael;" en la de Zabulón, Jismaías, hijo de Abdías; en la de Neftalí, Jerimot, hijo de Azriel;" en la de Efraim, Oseas, hijo de Azacías; en la media tribu de Manases, Joel, hijo de Pedaya;" en la media tribu de Manases en Galaad, Jidom, hijo de Zacarías; en la tribu de Benjamín, Jasiel, hijo de Abner;" en la tribu de Dan, Ezriel, hijo de Jorojam. Estos eran los príncipes de las tribus de Israel. David no quiso contar a los que estaban por debajo de los veinte años, porque Yahvé le había dicho que multiplicaría a Israel como las estrellas del cielo. Joab, hijo de Sarvia, había comenzado a hacer el censo; mas no le acabó, porque esto trajo la ira sobre Israel y por eso el número de los que habían sido contados no está escrito en las crónicas de David." Azmavet, hijo de Adiel, tenía a su cargo el tesoro del rey; sobre los almacenes del campo, en las ciudades, en los pueblos y en las torres estaba Jonatán, hijo de Ozías." Ezri, hijo de Jelub, estaba sobre los obreros del campo, que labraban las tierras;" Simeí, de Rama, sobre las viñas; Sabdí, de Sefam, sobre las bodegas;" Baal Anam, de Gueber, sobre los olivares y higueras, en el llano; Joás, sobre las provisiones de aceite;" Sitraí, de Sarón, sobre el ganado vacuno que se apacentaba en Sarón; Safat, hijo de Adlaí, sobre el ganado vacuno que se apacentaba en los valles;" Obid, ismaelita, sobre los camellos; Jejdía, de Moronot, sobre los asnos;" Jazis, agareno, sobre las ovejas. Todos éstos eran intendentes de la hacienda de David. Jonatán, tío de David, era consejero, hombre de sentido y de saber; Jejiel, hijo de Jacmoní, era mayordomo de los hijos del rey;" Ajitofel era consejero del rey; Jusaí, arquita, era amigo del rey;" además de Ajitofel, eran consejeros Joyada, hijo de Banayas, y Abiatar. Joab era el jefe supremo del ejército del rey. David convocó a Jerusalén a todos los jefes de Israel; a los jefes de las tribus, a los jefes de las divisiones al servicio del rey, a los jefes de millares y de centenas, a los intendentes de la hacienda y de los ganados del rey, a los hijos del rey, a los eunucos y oficiales del palacio, a todos los hombres de valer;" y levantándose en pie, dijo: “Oídme, hermanos míos y pueblo mío: Yo tenía el propósito de edificar una casa de reposo para el arca de la alianza de Yahvé, para el escabel de los pies de nuestro Dios, y había ya hecho aprestos para ello;" pero me dijo Dios: Tú no edificarás casa a mi nombre, porque eres hombre de guerra y has derramado mucha sangre. Pero Yahvé, Dios de Israel, me eligió de toda la casa de mi padre para que perpetuamente fuese rey de Israel, pues eligió a Judá por caudillo, y de la casa de Judá, a la familia de mi padre, y de entre los hijos de mi padre, se agradó de mí para hacerme rey de todo Israel. De todos mis hijos, pues me ha dado Yahvé muchos hijos, eligió a mi hijo Salomón para sentarse en el trono de Yahvé sobre Israel;" y me ha dicho: Salomón, tu hijo, edificará mi casa y mis atrios, porque yo le he elegido por hijo y yo seré padre para él. Yo afirmaré su reino para siempre, si él se esfuerza en poner por obra mis mandamientos y mis juicios como hoy. Ahora, pues, ante todo Israel, la congregación de Yahvé, y ante nuestro Dios, que nos oye, guardad y observad todos los mandamientos de Yahvé, vuestro Dios, para que poseáis la buena tierra y la dejéis en heredad a vuestros hijos después de vosotros a perpetuidad. Y tú, Salomón, hijo mío, conoce al Dios de tu padre y sírvele con corazón perfecto y ánimo generoso; porque Yahvé escudriña los corazones de todos y penetra todos los designios y todos los pensamientos. Si tú le buscas, le hallarás; mas si le dejas, te rechazará para siempre." Mira que Yahvé te ha elegido para edificar casa que sea su santuario; esfuérzate y hazlo.” Entregó David a su hijo la traza del pórtico y sus dependencias y oficinas, de las salas, de las cámaras y de la casa del propiciatorio. Asimismo, la traza de cuanto él quería hacer para los atrios de la casa de Yahvé, para las cámaras de alrededor, para los tesoros de la casa de Yahvé y para los tesoros de las cosas consagradas. Dióle también la distribución de los órdenes de los sacerdotes y los levitas, para todo el ministerio de la casa de Yahvé, y de los utensilios del ministerio de la casa de Yahvé;" el modelo de los utensilios de oro, con el peso que cada uno había de tener, y el de los utensilios de plata, con el peso de ella que había de tener cada uno de los utensilios para el servicio. El peso de los candeleros de oro; el de lámparas de oro, con el peso de cada candelero y de cada lámpara; el peso de los candeleros de plata y de sus lámparas, según el uso a que se destinaba cada candelero." Le dio el peso de oro para las mesas de los panes de la proposición, para cada mesa, y la plata para las mesas de plata. Le dio el modelo de los tenedores, de las fuentes, de los cálices de oro puro, el de las copas de oro, con el peso de cada copa;" el del altar de los perfumes de oro puro, con su peso de oro; el modelo del carro y de los querubines, que tienden sus alas y cubren el arca de la alianza de Yahvé." Todo esto, dijo, “me ha sido mostrado por la mano de Yahvé, que me dio a entender el diseño de todas las obras.” Dijo después David a Salomón, su hijo: “Esfuérzate y anímate, y ponte a la obra; no temas ni desmayes, porque Yahvé, Dios, mi Dios, estará contigo y no te dejará ni te desamparará hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa de Yahvé." Las órdenes de sacerdotes y levitas, para todo el ministerio de la casa de Yahvé, y todos los hombres de buena voluntad y de habilidad para toda suerte de obras, los príncipes y todo el pueblo estarán contigo para ejecutar tus órdenes.” Después dijo David a toda la asamblea: “Sólo a Salomón, mi hijo, ha elegido Dios; es joven y de corta edad, y es grande la obra, porque la casa no es para hombres, sino para Yahvé Dios." Yo, con todo mi esfuerzo, he preparado para la casa de mi Dios oro para lo de oro, plata para lo de plata, bronce para lo de bronce, hierro para lo de hierro, madera para lo de madera, y piedras de ónice, y piedras preciosas, y piedras blancas como el alabastro, y piedras de diversos colores, toda suerte de piedras preciosas y mármol de Sais. Además, en mi devoción para la casa de Yahvé, guardo en mi tesoro particular oro y plata, además del preparado para la casa del santuario, que doy para la casa de mi Dios. Tres mil talentos de oro, de oro de Ofir, y siete mil talentos de plata fina, para recubrir las paredes de la casa. Oro, pues, para las cosas de oro; plata para las cosas de plata, para todas las obras de orfebrería. ¿Quién quiere hoy hacer ofrenda a Yahvé?” Entonces todos los príncipes de las familias, los príncipes de las tribus de Israel, los jefes de millares y de centenas y los intendentes de la hacienda real ofrecieron voluntariamente sus ofrendas, dando para la obra de la casa de Dios cinco mil talentos de oro y diez mil dáricos, diez mil talentos de plata, dieciocho mil talentos de bronce y cien mil talentos de hierro. Y todo el que se halló con piedras preciosas diólas para el tesoro de la casa de Yahvé, entregándoselas a Jejiel, gersonita. Gozóse el pueblo de haber contribuido voluntariamente con sus ofrendas, porque con entero corazón se las hacían a Yahvé, y el rey David tuvo de ello gran alegría. David bendijo a Yahvé ante toda la asamblea, diciendo: “Bendito tú, ¡oh Yahvé! Dios de Israel, nuestro padre, de siglo en siglo. Tuya es, ¡oh Yahvé! la majestad, el poder, la gloria y la victoria; tuyo el honor y tuyo cuanto hay en los cielos y en la tierra. Tuyo, ¡oh Yahvé! es el reino; tú te alzas soberanamente sobre todo." Tuyas son las riquezas y la gloria; tú eres el dueño de todo. En tu mano está la fuerza y el poderío. Es tu mano la que todo lo afirma y engrandece." Por eso, Dios nuestro, nosotros te confesamos y alabamos tu glorioso nombre. Porque ¿quién soy yo y quién es mi pueblo para que podamos hacer estas voluntarias ofrendas? Todo viene de ti, y lo que voluntariamente te ofrecemos, de ti lo hemos recibido. Somos ante ti extranjeros y advenedizos, como lo fueron nuestros padres. Son como la sombra nuestros días sobre la tierra, y no dan espera. ¡Oh Yahvé, Dios nuestro! Toda esta abundancia que para edificar la casa a tu santo nombre te hemos ofrecido, tuya es, de tu mano la hemos recibido. Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas el corazón y que amas la rectitud; por eso te he hecho yo todas mis ofrendas voluntarias en la rectitud de mi corazón, y veo ahora con alegría que todo tu pueblo, que está aquí, te ofrece voluntariamente sus dones." Yahvé, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, nuestros padres, conserva para siempre en el corazón de tu pueblo esta voluntad y estos pensamientos y encamina a ti su corazón. Da asimismo a mi hijo Salomón corazón perfecto para que guarde todos tus mandamientos, tus leyes y tus mandatos, y que todos los ponga por obra, y te edifique la casa para la que yo he hecho aprestos.” Luego dijo David a toda la asamblea: “Bendecid ahora a Yahvé, vuestro Dios”; y toda la asamblea bendijo a Yahvé, Dios de sus padres, y, postrándose, oraron ante Yahvé y ante el rey." Sacrificaron víctimas a Yahvé, y al día siguiente ofrecieron a Yahvé holocaustos, mil becerros, mil carneros, mil corderos con sus libaciones y muchos sacrificios por todo Israel;" comieron y bebieron ante Yahvé aquel día con gran gozo. Dieron por segunda vez la investidura del reino a Salomón, hijo de David, y le ungieron rey ante Yahvé, y a Sadoc, sacerdote. Sentóse Salomón por rey en el trono de Yahvé en lugar de David, su padre; y fue prosperado, obedeciéndole todo Israel." Todos los jefes y los valientes y todos los hijos del rey David prestaron homenaje al rey Salomón, a quien Yahvé engrandeció en extremo a los ojos de todo Israel, dándole un reinad glorioso, cual ningún rey lo tuvo antes de él en Israel. Así reinó David, hijo de Isaí, sobre todo Israel, siendo cuarenta años el tiempo que reinó sobre Israel; siete años reinó en Hebrón y treinta y tres años reinó en Jerusalén." Murió en buena vejez, lleno de días, de riquezas y de gloria. Sucedióle Salomón, su hijo. Los hechos del rey David, los primeros y los postreros, están escritos en el libro de Samuel, vidente, y en las crónicas de Natán, profeta, y en las de Gad, vidente, con todo su reinado, sus hazañas y los sucesos de su tiempo que pasaron sobre él, y sobre Israel, y sobre los otros reinos de aquellas tierras. Salomón, hijo de David, se afirmó en su reino; Yahvé, su Dios, estaba con él y le engrandeció sobremanera." Salomón convocó a todo Israel, a los jefes de millares y centenas, a los jueces, a los príncipes de todo Israel, a los jefes de las casas paternas;" y fue Salomón con toda la asamblea al alto de Gabaón, donde estaba el tabernáculo del testimonio de Dios, que Moisés, siervo de Yahvé, había hecho en el desierto. El arca de Dios había sido ya trasladada por David, de Quiriat-Jearim al lugar que él la había preparado, pues había alzado para ella una tienda en Jerusalén. Allí estaba también ante el tabernáculo de Yahvé el altar de bronce que había hecho Besabel, hijo de Uri, hijo de Jur. Salomón y la asamblea adoraron a Yahvé, y Salomón ofreció allí, en el altar de bronce, que estaba ante el tabernáculo del testimonio, mil holocaustos a Yahvé. Durante la noche aparecióse Dios a Salomón y le dijo: “Pide que quieres que te dé”;" y Salomón respondió a Dios: “Tú hiciste con David, mi padre, gran misericordia, y a mí me has hecho reinar en su lugar. Ahora, pues, ¡oh Yahvé! cumple tu palabra a David, mi padre, ya que me has hecho rey de un pueblo numeroso como el polvo de la tierra. Dame la sabiduría y el entendimiento, para que pueda conducir a este pueblo; porque ¿quién podrá gobernar a este tu gran pueblo?” Dios dijo a Salomón: “Pues que esto es lo que más deseas, y no me has pedido riquezas, hacienda o gloria, ni la vida de tus enemigos, ni muchedumbre de días, sino que me has pedido la sabiduría y el entendimiento para gobernar a mi pueblo, cuyo rey te he hecho, la sabiduría y el entendimiento te doy; pero te daré también riquezas, hacienda y gloria tales como no las tuvieron nunca los reyes que te han precedido, ni las tendrán los que te sucedan.” Tornóse Salomón a Jerusalén desde el alto de Gabaón desde el tabernáculo del testimonio, y reinó sobre Israel. Salomón juntó carros y caballos; tuvo mil cuatrocientos carros y doce mil jinetes, que distribuyó entre las ciudades donde tenía los carros, y en Jerusalén, cerca del rey." Hizo la plata y el oro en Jerusalén tan comunes como las piedras, y los cedros tan numerosos como los sicómoros, que se dan con abundancia en los campos. De Musri traía Salomón los caballos. Iban a buscarlos a Musri y Coa mercaderes del rey, que los compraban allí a un precio determinado. Un tiro de cuatro caballos costaba seiscientos siclos de plata, y un caballo, ciento cincuenta, y los compraban también para todos los reyes de los jéteos y para los de Siria. Un tiro de cuatro caballos costaba seiscientos siclos de plata, y un caballo, ciento cincuenta, y los compraban también para todos los reyes de los jéteos y para los de Siria. [ (II Chronicles 1:18) Resolvió, pues, Salomón edificar una casa al nombre de Yahvé y un palacio real para sí. ] Destinó setenta mil hombres para transportar las cargas, ochenta mil para los trabajos de las canteras en los montes, y tres mil seiscientos capataces para ellos. Mandó también decir a Hiram, rey de Tiro: “Lo que hiciste con David, mi padre, mandándole madera de cedro para edificar el palacio en que habitara, hazlo también conmigo, para que pueda yo edificar un templo al nombre de Yahvé, mi Dios, y consagrarlo para quemar incienso y aromas delante de El, tener siempre ante El los panes de la proposición y ofrecerle holocaustos mañana y tarde, así como también los sábados, los novilunios y las otras solemnidades de Yahvé, nuestro Dios, por siempre, como El se lo ha mandado a Israel;" pues el templo que quiero edificar ha de ser grande, ya que grande es nuestro Dios, más que todos los dioses;" ¿y quién se creerá capaz de edificar una casa digna de El? Si el cielo y los cielos de los cielos no bastan a contenerle, ¿quién soy yo para la empresa de edificarle una casa? Gracias que sólo es para quemar el incienso en su presencia. Envíame, pues, un hombre hábil que sepa trabajar el oro, la plata, el bronce, el hierro, la púrpura, la escarlata y el jacinto; que sepa hacer toda suerte de cincelados, para que dirija a los maestros que tengo yo en Judá y en Jerusalén, los cuales previno ya David, mi padre." Envíame también maderas de cedro, de ciprés y de sándalo, pues yo sé que tus siervos entienden de cortar los árboles del Líbano; y los míos trabajarán con los tuyos," para preparar gran cantidad de madera, pues la casa que yo deseo construir ha de ser grande y magnífica. Yo daré a los siervos tuyos que se ocupen de cortar y derribar los árboles veinte mil coros de trigo y otro tanto de cebada, veinte mil batos de vino y veinte mil de aceite. Hiram, rey de Tiro, respondió en un escrito que dirigió a Salomón: “Porque ama Yahvé a su pueblo, te ha hecho rey de él.” decía también: “Bendito Yahvé, Dios de Israel, que ha hecho los cielos y la tierra y ha dado al rey David un hijo sabio, entendido, cuerdo y prudente, que edifique casa a Yahvé y casa real. Yo, pues, te envío un hombre hábil y entendido, a Hiram-Abi, hijo de una mujer de las hijas de Dan, pero cuyo padre era de Tiro, que sabe trabajar el oro, la plata, el bronce, el hierro, la piedra, la madera, la púrpura, el jacinto, el lino y la escarlata, y grabar toda suerte de figuras; y es ingenioso en inventar cuanto se necesita para toda clase de obras. El trabajará con tus obreros y con los de David, mi señor, tu padre." Manda tú, pues, mi señor, a tus siervos el trigo y la cebada, el aceite y el vino que has ofrecido. Nosotros cortaremos en el Líbano toda la madera que necesites y la pondremos en balsas para llevarla por mar hasta Jope, y tú la harás llevar de allí a Jerusalén.” Salomón hizo el censo de todos los extranjeros que había en la tierra de Israel, después del hecho por David, su padre, y fueron hallados ciento cincuenta y tres mil seiscientos. Destinó de ellos setenta mil para los transportes, y ochenta mil para las canteras en los montes, y tres mil seiscientos capataces para vigilar a los obreros. -- omitido por paráfrasis -- Comenzó, pues, Salomón a edificar la casa en Jerusalén, en el monte Moría, que había sido mostrado a David, su padre; en el lugar que David había dispuesto en la era de Ornan, jebuseo." Comenzó la edificación a dos días del mes segundo del año cuarto de su reinado. He aquí el plano seguido por Salomón para la construcción de la casa de Yahvé: el largo era de sesenta codos, según la medida antigua; el ancho, de veinte codos." El vestíbulo (ulam), que iba delante, tenía un largo correspondiente al ancho de la casa de veinte codos, y su anchura era de diez codos y ciento veinte de alto; lo recubrió interiormente de oro puro." Revistió la parte mayor de la casa (hecal) de madera de ciprés y la recubrió de oro puro, haciendo grabar en ella palmas y cadenetas que se enlazaban unas con otras. Hizo el pavimento del templo de mármoles preciosos y de gran belleza. El oro de que recubrió los artesona-dos, las vigas, las pilastras, los muros y las puertas eran de lo más fino. Hizo también cincelar querubines sobre los muros. Hizo también la casa del santísimo (debir), cuyo largo, que correspondía a la anchura de la casa, era de veinte codos, y su ancho, igualmente de veinte codos; y lo recubrió todo de oro, que venía a pesar seiscientos talentos." Hizo también de oro los clavos, cada uno de los cuales pesaba cincuenta siclos de oro. También los techos estaban revestidos de oro. Hizo también para la casa del santísimo dos querubines tallados, que cubrió de oro. El largo de las alas de los querubines era de veinte codos, pues era cada uno de cinco codos, y la una toca ba al muro de la casa y la otra llegaba hasta el ala del otro querubín;" y de igual modo las del otro querubín, de cinco codos de largo, tocaba la una al muro, y la otra a la del otro querubín. Las alas de ambos querubines estaban desplegadas y tenían en todo veinte codos de largo. Estaban en pie y con los rostros vueltos a la entrada de la casa. Hizo también el velo, de jacinto, de púrpura, de escarlata y de lino, en el cual hizo dibujar querubines. Hizo, además, ante la puerta del templo dos columnas de treinta y cinco codos de altura, con sus capiteles, cada uno de los cuales tenía cinco codos de alto. Hizo también en ellos cadenetas, como las del santuario (debir), y las puso en los capiteles, y con ellas se enlazaron cien granadas. Alzó las columnas en el vestíbulo del templo, la una a la derecha y la otra a la izquierda. A la que estaba a la derecha la llamó Jaquín, y a la de la izquierda, Boaz. Hizo, además, el altar de bronce, de veinte codos de largo, y veinte de ancho, y diez de alto. También hizo un mar de fundición, que tenía diez codos del uno al otro borde, enteramente redondo; su altura era de cinco codos, y un cordón de treinta codos lo ceñía en derredor." Había debajo de él figuras de toros, y estaba todo en derredor adornado de dos filas de figuras de toros, diez por cada codo, todo en torno, y todo de la misma fundición. El mar descansaba sobre doce toros, de los cuales tres miraban al norte, tres al occidente, tres al mediodía y tres al oriente, todos soportando el mar, y la parte posterior de los toros estaba oculta debajo del mar. El grueso de este vaso era de un palmo, y su borde era como el de una copa o como el de un lirio abierto; hacía tres mil batos." Hizo igualmente diez fuentes y puso cinco de ellas a la derecha y cinco a la izquierda, para lavar allí lo que había de ser ofrecido en holocausto. Los sacerdotes se lavaban en el mar. Hizo diez candeleros de oro de la forma que se le había ordenado, y los puso en el templo (hecal), cinco a un lado y cinco al otro. Igualmente diez mesas, y las puso en el templo (hecal), cinco a la derecha y cinco a la izquierda, y cien tazas de oro. Hizo, a más, el atrio de los sacerdotes, y el gran atrio, y las puertas del mismo, que cubrió de bronce. Asentó el mar al lado derecho, al sudeste, Hizo también Hiram las calderas, las palas y las tazas, y acabó toda la obra que el rey había emprendido hacer en el templo de Dios, es decir: las dos columnas, los entrelazos, los dos capiteles que las coronaban y entrelazados con las granadas que los cubrían. Hizo cuatrocientas granadas y dos retículas, de modo que había dos filas de granadas unidas a cada una de estas retículas, que cubrían los capiteles de las columnas. Hizo también basas, sobre las que asentó las fuentes, y el mar; los doce toros sobre los que se asentaban," las calderas, las palas, los tenedores; todos los enseres se los hizo Hiram-Abi al rey Salomón para la casa de Yahvé del bronce mejor." Hízolos fundir el rey en los llanos del Jordán, en tierra arcillosa, entre Sucot y Sereda. La muchedumbre de estos utensilios era grande y no pudo saberse su peso en bronce. Hizo, pues, Salomón de oro todos los utensilios del templo de Yahvé, con el altar y las mesas de los panes de la proposición. Hizo también de un oro purísimo los candeleros con sus lámparas, para que ardieran delante del oráculo (debir) según costumbre;" las flores, las lamparillas y las despabiladeras, todo de oro purísimo. Igualmente las jofainas, las cucharillas y los incensarios, de oro puro. Las puertas del templo interior, del santísimo, así como las del templo exterior (hecal), eran de oro. Así terminó Salomón todo lo que había determinado hacer para la casa de Yahvé. Salomón hizo traer al templo todo cuanto su padre había consagrado, y puso la plata, el oro y todos los vasos en el tesoro de la casa de Dios. Después convocó a Jerusalén a todos los ancianos de Israel, a todos los príncipes de las tribus y a los jefes de familias de los hijos de Israel; para trasladar el arca de la alianza de Yahvé a la ciudad de David, que es Sión." Así se reunió todo Israel en torno del rey el día de la solemnidad del séptimo mes;" y cuando hubieron venido todos los ancianos de Israel, tomaron los levitas el arca y la llevaron al templo, con el tabernáculo de la reunión y todos los utensilios del tabernáculo. Los sacerdotes y los levitas llevaron todos los vasos del santuario que había en el tabernáculo. El rey Salomón y todo el pueblo, cuantos se habían reunido, iban delante del arca, e inmolaron carneros y bueyes sin número; tanta fue la muchedumbre de las víctimas." Los sacerdotes pusieron el arca de la alianza de Yahvé en el lugar para ella destinado; es decir, en el oráculo (debir) del templo, en el santísimo, bajo las alas de los querubines;" de modo que los querubines cubrían con sus alas el lugar en que había sido puesta, así como las barras;" y como las barras con que había sido trasladada eran un poco largas, salían las cabezas de ellas un poco fuera del santuario, pero no se veían desde fuera. Allí ha estado siempre el arca hasta hoy. No había en el arca más que las dos tablas que en ella fueron puestas por Moisés en Horeb cuando Yahvé dio su ley a los hijos de Israel a su salida de Egipto, Cuando los sacerdotes salieron del santuario, pues todos los sacerdotes que allí se encontraban fueron santificados sin observar la distribución de los servicios, los levitas cantores, los de Asaf, de Hernán y Jedutún, con sus hijos y hermanos, vestidos de lino fino, hacían resonar los címbalos, los salterios y las cítaras, puestas al oriente del altar, con ciento veinte sacerdotes que tocaban las trompetas. Todos al mismo tiempo cantaban a una, entre el sonar de las trompetas, los címbalos y los otros instrumentos músicos, y alababan y confesaban a Yahvé: “Porque es bueno, porque su misericordia es eterna.” La casa de Yahvé se llenó de una nube;" y no pudieron ya estar allí los sacerdotes para ministrar por causa de la nube, porque la gloria de Yahvé llenaba la casa de Dios. Entonces dijo Salomón: “Yahvé ha dicho que habitaría en la oscuridad, y yo he edificado una casa de morada para que El la habite para siempre.” Luego el rey, volviéndose a toda la asamblea, la bendijo estando toda en pie;" y prosiguió: “Bendito Yahvé, Dios de Israel, que ha cumplido lo que por su boca prometió a David, mi padre, diciendo: Desde que saqué de Egipto a mi pueblo, ninguna ciudad elegí de las tribus de Israel para edificar casa donde estuviese mi nombre, ni elegí varón que fuese príncipe de mi pueblo, Israel;" pero elegí a Jerusalén para que en ella esté mi nombre, y elegí a David para que esté a la cabeza de mi pueblo, Israel. David, mi padre, tuvo el propósito de edificar casa al nombre de Yahvé, Dios de Israel;" pero Yahvé dijo a David, mi padre: Bien has hecho en querer edificar casa a mi nombre; bueno ha sido este propósito," pero no serás tú quien edifique la casa, sino tu hijo, salido de tus entrañas; ése será quien edificará casa a mi nombre." Yahvé ha cumplido lo que dijo, pues me levanté yo en lugar de David, mi padre, y me he sentado en el trono de Israel, corno Yahvé había dicho, y he edificado casa al nombre de Yahvé, Dios de Israel, y he puesto en ella el arca, en la cual está el pacto de Yahvé concertado con los hijos de Israel.” Púsose luego Salomón delante del altar de Yahvé, en presencia de toda la asamblea de Israel; y tendiendo sus manos" — pues había hecho un estrado de bronce de cinco codos de largo, otro tanto de ancho y tres de alto, que había mandado poner en medio del templo — y puesto en pie, arrodillándose luego, vuelto a toda la muchedumbre y alzando las manos al cielo, dijo: “Yahvé, Dios de Israel, no hay Dios semejante a ti ni en el cielo ni en la tierra; tú guardas la alianza y la misericordia a tus siervos que andan delante de ti con todo su corazón;" otorgaste a David, mi padre, todo cuanto le prometiste, y has puesto por obra cuanto de palabra dijiste, como lo vemos hoy. Cumple, pues, ahora, Yahvé, Dios de Israel, todo cuanto a David, mi padre, tu siervo, prometiste, diciendo: No faltará de ti varón delante de mí que se siente en el trono de Israel, siempre que tus hijos guarden sus caminos, andando en mi Ley, como has andado tú delante de mí. Ahora, pues, ¡oh Yahvé, Dios de Israel! que se cumpla la palabra dada a tu siervo David. ¿Pero en verdad habitará Dios con el hombre en la tierra? Los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte, ¡cuánto menos esta casa que yo he edificado! Pero atiende, ¡oh Yahvé, mi Dios! a la oración de tu siervo y a su súplica; oye el clamor y la oración con que tu siervo ora delante de ti," y que tus ojos estén siempre abiertos sobre esta casa día y noche, sobre este lugar de que has dicho: Allí estará mi nombre;" y que oigas la oración que en este lugar ora tu siervo. Oye asimismo el ruego de tu siervo y de tu pueblo Israel cuando oren en este lugar; oye tú desde lo alto de los cielos, desde el lugar de tu morada; oye y perdona." Si alguno pecare contra su prójimo, y él le pidiere que jure con juramento, y vinieren a jurar ante tu altar en esta casa, óyele desde los cielos, y obra y juzga a tus siervos, dando su merecido al impío, haciendo recaer su impiedad sobre su cabeza, y justifica al justo, retribuyéndole según su justicia. Cuando tu pueblo, Israel, cayere delante de sus enemigos por haber prevaricado contra ti, y, convirtiéndose, confesaren tu nombre y rogaren delante de ti en esta casa, óyelos desde los cielos, y perdona el pecado de tu pueblo Israel y vuélvelos a la tierra que a ellos y a sus padres les diste. Si se cerraren los cielos y no hubiere lluvias, por haber pecado contra ti, y oraren a ti en este lugar, y confesaren tu nombre, convirtiéndose de sus pecados al afligirlos tú, oye en los cielos y perdona el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, y enséñales el buen camino, para que anden por él, y dales la lluvia sobre tu tierra, la que por heredad diste a tu pueblo. Si hubiera hambre en la tierra, o pestilencia, o tizón, o añublo, o langosta, o pulgón, o el enemigo los cercare en su tierra, en sus ciudades, o hubiere otra cualquiera plaga o enfermedad;" si un hombre, o todo Israel, hace oraciones y súplicas y, reconociendo su llaga y su dolor, tendiere sus manos hacia esta casa, óyele desde los cielos, desde el lugar de tu morada, y perdona y da a cada uno conforme a sus caminos, según su corazón; pues sólo tú conoces el corazón de los hijos de los hombres," para que te teman y anden por tus caminos todos los días de su vida en la tierra que diste a nuestros padres. Cuando el extranjero, que no es de tu pueblo Israel, venido de lejanas tierras por la fama de tu nombre y de tu fuerte mano y tu tendido brazo, viniere a orar en esa casa, óyele tú desde los cielos, desde el lugar de tu morada, y haz lo que con clamores te pida el extranjero, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo Israel, y sepan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo te he edificado. Si saliere tu pueblo a la guerra contra sus enemigos por el camino que les señales, y oraren a ti, hacia esta ciudad que tú has elegido, hacia la casa que a tu nombre he edi-ficado, oye tú desde los cielos su oración, su ruego, y ampara su derecho. Si pecaren contra ti — pues no hay hombre que no peque—, y, airado contra ellos, los entregares a sus enemigos, que los lleven cautivos a tierra enemiga, lejana o cercana y ellos, volviendo en sí en la tierra adonde fueren llevados cautivos, se convirtieren y oraren a ti en la tierra de su cautividad y dijeren: Hemos pecado, hemos obrado inicua e impíamente;" si se convirtieren a ti de todo corazón y con toda su alma en la tierra de su cautividad, donde los hubieren llevado cautivos, y oraren hacia su tierra, la que diste a sus padres, hacia la ciudad que tú has elegido y hacia esta casa que yo he edificado a tu nombre, oye tú desde los cielos, desde el lugar de tu morada, su oración y su ruego, y perdona a tu pueblo, que pecó contra ti. Ten, pues, ¡oh Dios mío! abiertos tus ojos y atentos tus oídos a la oración hecha en este lugar. ¡Oh Yahvé, Dios! Levántate y ven a tu lugar de reposo, tú y el arca de tu majestad. Que tus sacerdotes, Yahvé, Dios, se revistan de salud, y tus santos gocen de tus bienes. ¡Yahvé, Dios, no rechaces a tu ungido; acuérdate de tu misericordia con David, tu siervo!” Cuando Salomón acabó de orar, descendió del cielo fuego, que consumió los holocaustos y las víctimas, y la gloria de Yahvé llenó la casa. No podían los sacerdotes estar en la casa de Yahvé, porque la gloria de Yahvé llenaba la casa de Yahvé. Al ver los hijos de Israel descender el fuego y la gloria de Yahvé sobre la casa, cayeron a tierra sobre sus rostros en el pavimento y adoraron y confesaron a Yahvé: “Porque es bueno, porque es eterna su misericordia.” Entonces el rey y todo el pueblo sacrificaron víctimas delante de Yahvé, y le ofreció el rey Salomón en sacrificio veintidós mil bueyes y ciento veinte mil ovejas, y así fue dedicada la casa de Dios por el rey y todo el pueblo. Los sacerdotes asistían en su ministerio, y los levitas, con los instrumentos de música de Yahvé, que había hecho el rey David para alabar a Yahvé, “cuya misericordia es eterna,” y con los que le alababa también David. Asimismo, los sacerdotes tocaban trompetas delante de ellos, y todo el pueblo estaba en pie. También santificó Salomón el atrio que estaba delante de la casa de Yahvé, ofreciendo allí los holocaustos y el sebo de las víctimas, por ser el altar de bronce que Salomón había hecho insuficiente para tantos holocaustos, la ofrenda y el sebo. Hizo Salomón fiesta con todo Israel por siete días, reuniéndose una gran muchedumbre desde la entrada de Jamat hasta el torrente de Egipto. Al octavo día celebraron asamblea santa, pues habían hecho la dedicación del altar durante siete días y celebrado por siete días la solemnidad. A veintitrés del séptimo mes envió al pueblo a sus estancias, alegres y gozosos en su corazón por los beneficios que Yahvé había hecho a David, a Salomón y a su pueblo Israel. Acabó, pues, Salomón la casa de Yahvé y la casa del rey; y todo cuanto se había propuesto hacer en la casa de Yahvé y en su casa lo consiguió." Entonces se le apareció Yahvé durante la noche y le dijo: “He oído tu plegaria y he elegido este lugar como la casa en que se me habrán de ofrecer sacrificios. Cuando yo cierre el cielo y no haya lluvia, cuando mande a la langosta devorar la tierra, cuando mande la peste entre mi pueblo, si mi pueblo, sobre el que se invoca mi nombre, se humilla, ruega y me busca la cara, si se aparta de sus malos caminos, yo oiré desde los cielos y le perdonaré su pecado y curaré a la tierra. Mis ojos estarán siempre abiertos, y atentos mis oídos a su plegaria hecha en este lugar. Yo elijo y santifico esta casa para que en ella sea invocado mi nombre y para morar en ella por siempre, y la tendré siempre ante mis ojos y en mi corazón. Y tú, si andas en mi presencia como anduvo David, tu padre, haciendo todo cuanto yo he mandado, y guardas mis leyes y mis preceptos, yo afirmaré el trono de tu reino, como se lo prometí a David, tu padre, diciendo: No faltará jamás un hijo tuyo que reine en Israel, Pero, si os volvéis y dejáis los mandamientos y preceptos que yo os he prescrito y os vais a servir a dioses ajenos, adorándolos, yo os arrancaré de mi tierra, que os he dado; y esta casa que a mi nombre he santificado, la rechazaré de ante mí y será la burla y el escarnio de todas las gentes;" y por ilustre que haya sido, será el espanto de cuantos cerca de ella pasen, que dirán: ¿Por qué ha hecho Yahvé así con esta tierra y esta casa? Y se responderá: Porque dejaron a Yahvé, Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se adhirieron a dioses ajenos y los adoraron y los sirvieron; por eso ha traído El sobre ellos todos estos males.” Al cabo de veinte años, en los que edificó Salomón la casa de Yahvé y su propia casa, reconstruyó las ciudades que le había dado Hiram, y estableció en ellas a los hijos de Israel. Después marchó Salomón contra Jamat de Soba y la tomó. -- omitido por paráfrasis -- Edificó a Tadmor, en el desierto, y todas las ciudades de municiones en Jamat. Edificó Bethorón, el alto y el bajo, ciudades fuertes, amuralladas, con puertas y barras;" Balat y todas las ciudades de munición que le pertenecían, y las ciudades de los carros y de la caballería, y todo lo que quiso edificar en Jerusalén, en el Líbano y en toda la tierra de su dominio. Todo el pueblo que había quedado de los jéteos, amorreos, fereceos jeveos y jebuseos, que no era parte de Israel;" sus descendientes, que habían quedado con ellos en la tierra y no habían ex-terminado los hijos de Israel, los hizo servir en los trabajos, y así se sigue haciendo hasta hoy. No empleó Salomón corno esclavos para sus trabajos a ningún hijo de Israel, pues éstos eran hombres de guerra, jefes, oficiales, comandantes de los carros y de la caballería. Los jefes puestos por Salomón a la cabeza del pueblo y encargados de la vigilancia eran doscientos cincuenta, Salomón subió a la hija del Faraón, de la ciudad de David; a la casa que para ella había edificado, pues dijo: “Mi mujer no ha de habitar en la casa de David, rey de Israel, porque los lugares en que ha estado el arca de Yahvé son sagrados.” Entonces ofreció Salomón a Yahvé holocaustos en el altar de Yahvé que había alzado delante del pórtico, ofreciendo lo que para cada día prescribió Moisés, para los sábados, los novilunios y las tres solemnidades del año: la de los ácimos, la de las semanas y la de los tabernáculos. Estableció en sus funciones, como las había determinado David, su padre, a los sacerdotes según su oficio, a los levitas según su cargo de alabar a Yahvé y servir cada día a los sacerdotes en el ministerio, e igualmente a los porteros asignados a cada puerta, según sus clases, como lo había ordenado David, hombre de Dios. Nada escapó a la ordenación del rey en cuanto a los sacerdotes y levitas ni en cuanto a cosa alguna tocante a los tesoros. Así fue dirigida toda la obra de Salomón desde el día en que se pusieron los cimientos de la casa de Yahvé hasta el día en que fue terminada. Acabóse, pues, la casa de Yahvé. Entonces partió Salomón para Asión-Gueber y Elat, a orillas del mar, en tierra de Edom, pues Hiram, por medio de sus siervos, le había enviado navios y marineros diestros, conocedores del mar. Fueron éstos con los siervos de Salomón a Ofir, y trajeron de allí cuatrocientos cincuenta talentos de oro, que entregaron a Salomón. Llegó a la reina de Saba la fama de Salomón, y vino a Jeru-salén para probarle con enigmas, acompañada de muy gran séquito de camellos, cargados de aromas y oro en abundancia y piedras preciosas. Vino a Salomón y le dijo cuanto se le ocurrió, y Salomón respondió a todas sus preguntas, sin que hubiera nada que él no pudiera explicarle. La reina de Saba, viendo la sabiduría de Salomón, la casa que había construido, los manjares de su mesa, el asiento de sus servidores, el porte y los vestidos de la servidumbre y la subida a la casa de Yahvé, fuera de sí dijo al rey: “Verdad es cuanto de tu estado y tu sabiduría había oído en mi tierra. No lo creía hasta que he venido y lo he visto con mis ojos; y hallo ahora que no me habían dicho ni la mitad de tu grandeza, de tu sabiduría, pues sobrepujas la fama que a mí había llegado." Dichosas tus gentes, dichosos tus servidores, que continuamente están delante de ti y oyen tu sabiduría. Bendito Yahvé, tu Dios, que te ha hecho la gracia de ponerte sobre su trono, por rey para Yahvé, tu Dios. Por amor de Yahvé a su pueblo y por querer que por siempre subsista, te ha hecho rey de él para que le hagas derecho y justicia.” Dio al rey ciento veinte talentos de oro, gran cantidad de aromas y de piedras preciosas, y no hubo nunca aromas como los que la reina de Saba dio a Salomón. También los siervos de Hiram y los de Salomón, que habían traído el oro de Ofir, trajeron madera de sándalo y piedras preciosas. Con la madera de sándalo hizo el rey las gradas de la casa de Yahvé y las de la casa del rey, e hizo también de ella arpas y salterios para los cantores. Nunca en tierra de Judá se había visto semejante. El rey Salomón dio a la reina de Saba cuanto ella quiso y pidió, más que lo que ella había traído al rey. Después volvióse ella a su tierra con sus siervos. El peso del oro que cada año llegaba a Salomón era de seiscientos sesenta y seis talentos de oro, fuera del que recibía de negociantes y comerciantes, de todos los reyes de Arabia y de los gobernadores de la tierra, que recaudaban oro y plata para Salomón. Hizo el rey Salomón doscientos grandes escudos de oro batido, para cada uno de los cuales empleó seiscientos siclos de oro;" y otros trescientos escudos de oro batido, para cada uno de los cuales empleó trescientos siclos de oro, y los puso en la casa “Bosque del Líbano.” Hizo un gran trono de marfil, que recubrió de oro puro. Tenía el trono seis gradas y un escabel de oro. Tenía brazos a uno y otro lado de la silla, y cerca de los brazos dos leones, y otros doce leones sobre las seis gradas, de una y otra parte. Para ningún rey se hizo cosa semejante. Todos los vasos del rey Salomón eran de oro, y toda la vajilla de la casa “Bosque del Líbano” era de oro puro. Nada de plata. No se hacía de ella estima alguna en tiempo de Salomón, pues tenía el rey naves de Tarsis que navegaban con las de los siervos de Hiram; y llegaban cada tres años las naves de Tarsis, trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales." Fue el rey Salomón más grande que todos los reyes de la tierra por riquezas y por sabiduría. Todos los reyes de la tierra buscaban ver a Salomón, para oír la sabiduría que había puesto Dios en su corazón, y cada uno le traía su presente, objetos de plata, de oro, vestidos, armas aromas, caballos y mulos. Y así cada año. Tenía Salomón cuatro mil troncos de caballos, y los carros y doce mil jinetes que puso en las ciudades de los carros y cerca de sí en Jerusalén. Se extendió su dominio sobre todos los reyes desde el río hasta la tierra de los filisteos y hasta las fronteras de Egipto Hizo que la plata fuera en Jerusalén tan común como las piedras y que los cedros fuesen tantos como los sicómoros, que se dan en el llano. Traíanle los caballos de Egipto y de todas partes. El resto de los hechos de Salomón, los primeros y los postreros, ¿no está escrito en los libros de Natán, profeta; en el de Ajías, silonita, y en las profecías de Ido, vidente, contra Jeroboam, hijo de Nabat?" Reinó Salomón en Jerusalén, sobre todo Israel, cuarenta años. Se durmió con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de David, su padre. Le sucedió Roboam, su hijo. Fue Roboam a Siquem, donde se había reunido todo Israel para proclamarle rey. Súpolo Jeroboam, que estaba en Egipto, adonde había huido por causa del rey Salomón, y volvió de Egipto. Enviaron a llamarle, y vino Jeroboam con todo Israel y hablaron a Roboam, diciendo: “Tu padre agravó nuestro yugo. Afloja, pues, ahora la dura servidumbre y el pesado yugo con que tu padre nos oprimió, y te serviremos.” El les respondió: “Volved a mí de aquí a tres días.” El pueblo se fue. Entonces Roboam pidió consejo a los ancianos que habían servido a Salomón, su padre, mientras vivió, y díjoles: “¿Qué me aconsejáis vosotros que responda a este pueblo?” Ellos le hablaron diciendo: “Si tú hoy te conduces humanamente con este pueblo, y le complaces, y le das buenas palabras, ellos te servirán perpetuamente.” Pero él, dejando el consejo que los ancianos le dieron, lo pidió a los mancebos que se habían criado con él y le asistían, diciendo: “¿Qué me aconsejáis vosotros que responda a este pueblo, que me ha hablado diciendo: Alivia el yugo que tu padre nos impuso?” Los mancebos que se habían criado con él le hablaron así: “Diles a los que te han pedido que aligeres su yugo: Mi dedo meñique es más grueso que la cintura de mi padre. Si mi padre os cargó de pesado yugo, yo lo agravaré. Mi padre os castigó con azotes, y yo os azotaré con escorpiones.” Vino, pues, Jeroboam con todo el pueblo a Roboam el tercer día, según lo que mandara el rey, diciendo: “Volved a mí de aquí a tres días”;" y el rey les respondió ásperamente, pues se apartó el rey Roboam del consejo de los ancianos y siguió el consejo de los jóvenes, diciendo: “Mi padre agravó vuestro yugo, y yo lo agravaré más todavía; mi padre os castigó con azotes, y yo os azotaré con escorpiones.” No escuchó el rey al pueblo, porque era cosa de Dios, para que se cumpliera la palabra que había dicho Yahvé por medio de Ajías, silonita, a Jeroboam, hijo de Nabat. Viendo todo Israel que no los había escuchado el rey, respondió el pueblo al rey diciendo: “¿Qué tenemos que ver nosotros con David? No tenemos heredad con el hijo de Isaí. IA tus tiendas, Israel! Mira tú ahora por tu casa, David.” Y todo Israel se fue a sus estancias. Reinó Roboam sobre los hijos de Israel que habitaban en las ciudades de Judá. Mandó luego el rey Roboam a Adoram, prefecto de los tributos; pero los hijos de Israel le lapidaron, y murió. Entonces se apresuró Roboam a subir a su carro y huyó a Jerusalén." Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy. Vino Roboam a Jerusalén y reunió a la casa de Judá y a la de Benjamín, ciento ochenta mil hombres de guerra escogidos, para combatir contra Israel y reducirle al dominio de Roboam;" pero dirigió Yahvé su palabra a Semeyas, hombre de Dios, diciéndole: “Habla a Roboam, hijo de Salomón, rey de Judá, y a todos los de Israel en Judá y Benjamín, y diles: Así habla Yahvé: No subáis a luchar con vuestros hermanos; vuélvase cada uno a su casa, porque soy yo quien ha hecho esto.” Y ellos, escuchando la palabra de Yahvé, se tornaron y no fueron contra Jeroboam." Habitó Roboam en Jerusalén y edificó y fortificó ciudades en Judá. Fortificó Belén, Etam, Tecua, Bet-sur, Socó, Adulam, Gat, Maresa, Živ, Adoraím, Laquis, Azeca, Sora, Ayalón y Hebrón, que eran de Judá, y otras en Benjamín, Guarneció también las fortalezas, y puso en ellas jefes, y las avitualló de aceite y vino, las proveyó de armas, escudos y lanzas, fortificándolas en gran manera, y Judá y Benjamín le estuvieron sujetos. Los sacerdotes y levitas de todo Israel venían a él de todos sus términos, y dejaban sus heredades y posesiones para venirse a Judá y a Jerusalén, pues Jeroboam y sus hijos los echaban del ministerio de Yahvé. El se hizo sacerdotes para los altos, para los machos cabríos y para los becerros que se habían fabricado, Tras de aquéllos vinieron también, de todas las tribus de Israel, los que tenían puesto su corazón en seguir a Yahvé y Dios de Israel, para poder sacrificar en Jerusalén a Yahvé, el Dios de sus padres. Así se fortaleció el reino de Judá y afirmaron a Roboam, hijo de Salomón, en el reino por tres años, pues tres años siguieron por el camino de David y Salomón. Tomó Roboam por mujer a Majalat, hija de Jerimot, hijo de David, y Abigaíl, hija de Aliab, hijo de Isaí, que le parió hijos: Jesús, Semarías y Zahamzo;" tomó después a Maacá, hija de Absalón, que le parió a Abías, Ataí Ziza y Selomit. Amó Roboam a Maacá, hija de Absalón, más que a todas sus mujeres y concubinas, pues tuvo dieciocho mujeres y sesenta concubinas, y engendró veintiocho hijos y sesenta hijas. Puso Roboam a Abías, hijo de Maacá, por cabeza y príncipe de sus hermanos, pues quería hacerle rey;" y le hizo educar y esparció a sus otros hijos por todas las tierras de Judá y Benjamín y por todas las ciudades fuertes, dándoles bienes en abundancia y pidiendo para ellos muchas mujeres. Cuando Roboam se hubo afirmado en el reino y se sintió fuerte, se apartó de la ley de Yahvé, y con él todo Israel. El año quinto del reinado de Roboam subió Sesac, rey de Egipto” contra Jerusalén, por haberse rebelado contra Yahvé, con mil doscientos carros y sesenta mil jinetes; y el pueblo que con él venía de Egipto no tenía número, de libios, suquios y cusitas." Tomó las ciudades fuertes de Judá y llegó hasta Jerusalén. Entonces Semeyas, profeta, se presentó a Roboam y a los príncipes de Judá, que estaban reunidos en Jerusalén por miedo a Sesac, y les dijo: “Así dice Yahvé: Vosotros me habéis dejado a mí, y por eso también yo os he dejado a vosotros en manos de Sesac.” Los príncipes de Israel y el rey se humillaron y dijeron: “Justo es Yahvé.” Y viendo Yahvé que se habían humillado, dirigió su palabra a Semeyas, diciendo: “Se me han humillado; no los destruiré, antes los salvaré pronto, y no se derramará mi ira sobre Jerusalén por medio de Sesac;" pero habrán de servirle para que sepan distinguir entre lo que es servirme a mí y servir a los reyes de las gentes.” Subió, pues, Sesac, rey de Egipto, a Jerusalén, y pilló los tesoros de la casa de Yahvé y los de la casa del rey; todo se lo llevó. Tomó los escudos de oro que había hecho Salomón," y en vez de ellos hizo el rey Roboam escudos de bronce para los jefes de la guardia que custodiaban la entrada de la casa del rey. Cuando iba el rey a la casa de Yahvé, tomábanlos los de la guardia y los volvían luego al cuartel de la guardia. Como se humilló, apartóse de él la ira de Yahvé, por no destruirle del todo, y las cosas mejoraron en Judá. Fortalecióse, pues, Roboam y reinó en Jerusalén. Cuarenta y un años tenía Roboam cuando comenzó a reinar, y reinó diecisiete años en Jerusalén, la ciudad que eligió Yahvé entre todas las tribus de Israel para poner en ella su nombre. El nombre de su madre fue Naamá, amonita. Hizo el mal porque no aprestó su corazón para buscar a Yahvé. Los hechos de Roboam, los primeros y los postreros, ¿no están escritos en los libros de Semeyas, profeta, y de Ido el vidente, y en los registros de las genealogías? Hubo perpetuamente guerra entre Roboam y Jeroboam. Durmióse Roboam con sus padres y fue sepultado en la ciudad de David, y le sucedió Abías, su hijo. A los dieciocho años del reinado de Jeroboam comenzó a reinar en Judá Abías, y reinó tres años en Jerusalén. Su madre se llamaba Maacá, hija de Absalón. Hubo guerra entre Abías y Jeroboam. Reunió Abías un ejército de hombres de guerra escogidos y valientes, de cuatrocientos mil hombres, y Jeroboam se ordenó en batalla contra él con ochocientos mil hombres de guerra escogidos y valerosos. Alzóse Abías en el monte de Semarom, de las montañas de Efraím, y gritó: “Oídme, Jeroboam y todo Israel: ¿No sabéis vosotros que Yahvé, Dios de Israel, dio a David el reino sobre Israel para siempre a él y a sus hijos en pacto de sal? Pero Jeroboam, hijo de Nabat, siervo de Salomón, hijo de David, se levantó y se rebeló contra su señor, y allegándose a él hombres vanos y perversos, se sobrepusieron a Roboam, hijo de Salomón, porque Roboárn mozo e inexperto, no se defendió contra ellos. Ahora tratáis vosotros de triunfar contra el reino de Yahvé, que está en manos de los hijos de David, porque sois muchos. Pero tenéis con vosotros a los becerros de oro que Jeroboam os hizo por dioses. ¿No habéis arrojado de entre vosotros a los sacerdotes de Yahvé, a los hijos de Aarón y a los levitas, y os habéis hecho sacerdotes a la manera de las gentes de la tierra, para que cualquiera pueda consagrarse con un becerro y siete carneros, y ser así sacerdote de los que no son dioses? Para nosotros Yahvé es nuestro Dios; no le hemos dejado, y los sacerdotes ministros de Yahvé son los hijos de Aarón, y los levitas cumplen sus funciones." Queman a Yahvé los holocaustos cada mañana y cada tarde y los perfumes aromáticos; ponen los panes sobre la mesa limpia y el candelero de oro con sus lámparas cada tarde, para que ardan, porque nosotros guardamos los mandatos de Yahvé, nuestro Dios, mientras que vosotros los habéis dejado." Y Dios está, pues, con nosotros a nuestra cabeza, y están con nosotros los sacerdotes con sus trompetas, para hacerlas resonar contra vosotros. Hijos de Israel, no hagáis la guerra a Yahvé, el Dios de vuestros padres, porque no os irá bien.” Jeroboam hizo que rodeara una emboscada para acometer a los de Judá por la espalda, atacándoles así de frente y por la espalda;" y cuando Judá se percató, tenía a Israel de frente y a las espaldas. Clamaron los de Judá a Yahvé, y los sacerdotes tocaron las trompetas, dieron sus gritos, y así como alzaron sus gritos, Dios desbarató a Jeroboam y a todo Israel delante de Abías y de Judá. Huyeron los hijos de Israel ante Judá, y Dios los entregó en sus manos, y Abías y sus gentes hicieron en ellos gran mortandad, cayendo de Israel quinientos mil hombres escogidos. Así fueron humillados entonces los hijos de Israel, mientras que los de Judá se fortalecieron, porque se apoyaron en Yahvé, el Dios de sus padres. Persiguió Abías a Jeroboam y le tomó ciudades: Betel, con las ciudades de su dependencia; Jesana, con sus dependencias, y Efrón, con sus dependencias." No tuvo ya Jeroboam fuerza en tiempo de Abías; le hirió Yahvé y murió." Abías fue poderoso, tuvo catorce mujeres y engendró veintidós hijos y dieciséis hijas. El resto de los hechos de Abías, sus hechos y sus cosas, está escrupulosamente escrito en el libro de Ido, profeta. El resto de los hechos de Abías, sus hechos y sus cosas, está escrupulosamente escrito en el libro de Ido, profeta. [ (II Chronicles 13:23) Durmióse Abías con sus padres y fue sepultado en la ciudad de David. Le sucedió Asa, su hijo, en cuyo tiempo tuvo paz la tierra durante diez años. ] Asa hizo lo que es bueno y recto a los ojos de Yahvé, su Dios. Hizo desaparecer los altares de los cultos extranjeros y los altos, demolió los cipos y abatiólas “aseras.” Mandó a Judá a buscar a Yahvé, el Dios de sus padres, y practicar la Ley y sus mandamientos. Hizo desaparecer de todas las ciudades de Judá los altos y los pilares del sol, y su reinado fue reinado de paz. Edificó ciudades fuertes en Judá, pues la tierra estaba tranquila, y no hubo guerra contra él durante aquellos años, pues Yahvé le dio paz. Dijo a Judá: “Edifiquemos estas ciudades y rodeémoslas de murallas y de torres, con puertas y barras, mientras no estamos en guerra, porque hemos buscado a Yahvé, nuestro Dios, y por haberle buscado nos ha dado el reposo de todas partes.” Edificáronlas, pues, sin que nadie lo impidiera. Tenía Asa un ejército de trescientos mil hombres de Judá, armados de escudo y lanza, y doscientos ochenta mil de Benjamín, armados de escudo, y arqueros, todos hombres valerosos. Subió contra ellos Zerac, cusita, con un ejército de mil millares y trescientos carros, y llegó hasta Maresa. Salióle Asa al encuentro y le presentó batalla en el valle de Sefatá, junto a Maresa. Clamó Asa a Yahvé, su Dios, diciendo: “Yahvé, no hay para ti diferencia entre socorrer al que tiene muchas fuerzas o al que tiene pocas. Ven, pues, en ayuda nuestra, Yahvé, nuestro Dios, porque en ti nos apoyamos nosotros, y a combatir en tu nombre hemos venido contra toda esta muchedumbre. Yahvé, tú eres nuestro Dios; que no sea el hombre quien triunfe de ti.” Yahvé deshizo a los cusitas ante Asa y ante Judá, y los cusitas se pusieron en fuga. Asa y la gente que llevaba los persiguieron hasta Guerar, y cayeron los cusitas sin poder salvar su vida, porque fueron destruidos por Yahvé y su ejército. Asa y su gente cogieron gran botín y batieron todas las ciudades que había cerca de Guerar, porque el terror de Yahvé se había apoderado de ellos, y saquearon todas las ciudades, siendo muchos los despojos. Dieron también contra los apriscos y establos de los ganados, llevándose gran cantidad de ovejas y camellos. Después se volvieron a Jerusalén. -- omitido por paráfrasis -- Fue el espíritu de Yahvé sobre Azarías, hijo de Oded, y se presentó Azarías a Asa y le dijo: “Óyeme, Asa, y todo Judá y Benjamín: Yahvé está con vosotros cuando vosotros estáis con El; si vosotros le buscáis, le hallaréis; pero, si vosotros le abandonáis, El os abandonará a vosotros." Durante mucho tiempo ha estado Israel sin verdadero Dios y sin sacerdote que enseñase su Ley;" pero cuando en medio de la tribulación se volvían a Yahvé, Dios de Israel, y le buscaban, siempre le hallaron. No había en aquellos tiempos paz ni para quien entraba ni para quien salía, sino muchas aflicciones sobre todos los moradores de la tierra;" y una gente destruía a otra gente, y una ciudad a otra ciudad, porque las conturbaba Dios con toda suerte de calamidades. Esforzaos, pues, vosotros y no desfallezcan vuestras manos, porque merced hay para vuestra obra.” Cuando oyó Asa las palabras y la profecía del hijo de Oded, profeta, se sintió fortalecido e hizo desaparecer las abominaciones de toda la tierra de Judá y Benjamín y de las ciudades que había tomado en la montaña de Efraím, y restauró el altar de Yahvé que estaba delante del pórtico de Yahvé. Convocó a todo Judá y Benjamín y a los de Efraím, Manases y Simeón, que habitaban entre ellos, pues gran número de gentes de Israel se unieron a él cuando vieron que con él estaba Yahvé, su Dios;" y se reunieron en Jerusalén el tercer mes del año quince del reinado de Asa. Aquel día sacrificaron a Yahvé, del botín que habían traído, setecientos bueyes y siete mil ovejas, y juraron buscar a Yahvé, el Dios de sus padres, con todo su corazón y toda su alma;" y que cualquiera que no buscase a Yahvé, Dios de Israel, muriese, fuese grande o pequeño, hombre o mujer. Este juramento hicieron a Yahvé en medio de voces de júbilo y al son de trompetas y bocinas. Alegráronse de este juramento todos los de Judá, porque de todo corazón lo juraron y con toda su voluntad le buscaban; y así le hallaron, y les dio Yahvé reposo de todas partes." Aun a Maacá, su madre, el rey Asa la depuso de la dignidad de reina porque se había hecho un ídolo abominable en honor de Asera. Abatió el ídolo, lo redujo a polvo y lo quemó en el valle de Cedrón. Pero los altos no desaparecieron de Israel, a pesar de que el corazón de Asa fue perfecto en todos los días de su vida. Metió en la casa de Yahvé lo que había sido consagrado por su padre y por él mismo, de plata, oro y vasos. No hubo guerra hasta los treinta y cinco años del reinado de Asa. El año treinta y seis del reinado de Asa subió contra Judá Basa, rey de Israel, y edificó Rama para impedir la entrada y la salida a los de Asa, rey de Judá. Asa sacó de los tesoros de la casa de Yahvé y de los de la casa del rey la plata y el oro y se los mandó con una embajada al rey de Siria, Benadad, que habitaba en Damasco. Hizo que le dijeran: “Hagamos alianza entre los dos, como la hubo entre mi padre y tu padre. Te mando esta plata y este oro. Rompe tu alianza con Basa, rey de Israel, para que se retire de mí.” Benadad escuchó a Asa y mandó a los jefes de su ejército contra las ciudades de Israel, y batieron a Ion, Dan, Abelmáin y las ciudades de aprovisionamiento de Neftalí. Cuando lo supo Basa, cesó en la edificación de Rama y suspendió su obra. Entonces el rey Asa mandó a todo Judá a llevarse la piedra y la madera que empleaba Basa en la edificación de Rama, y se sirvió de ellas para edificar Gueba y Misfa. Por aquel tiempo, Jananí el vidente fue a Asa, rey de Judá, y le dijo: “Por haberte apoyado sobre el rey de Siria y no sobre Yahvé, tu Dios, se te ha escapado de las manos el ejército del rey de Siria. ¿No eran un gran ejército los cusitas y los libios, con carros y una muchedumbre de jinetes? Y, con todo, Yahvé los puso en tus manos porque te apoyaste en El. Pues tiende Yahvé sus ojos por toda la tierra para sostener a los que tienen para con El corazón perfecto. Has obrado en esto insensatamente, y desde ahora tendrás guerra.” Irritóse Asa contra el vidente y le puso en prisión, porque se encolerizó mucho contra él, y al mismo tiempo oprimió también Asa a algunos del pueblo, Los hechos de Asa, los primeros y los postreros, están escritos en los libros de los reyes de Judá y de Israel. El año treinta y nueve de su remado enfermó Asa de los pies, padeciendo mucho de ellos; pero tampoco en su enfermedad buscó a Yahvé, sino a los médicos." Durmióse Asa con sus padres, muriendo el año cuarenta y uno de su reinado, y fue sepultado en el sepulcro que él había hecho para sí en la ciudad de David. y fue sepultado en el sepulcro que él había hecho para sí en la ciudad de David. [ (II Chronicles 16:15) Se le puso en un lecho lleno de aromas y perfumes, preparados según el arte de la perfumería, y se quemó además en honor suyo una cantidad muy considerable de ellos. ] A Asa le sucedió Josafat, su hijo. Se fortificó contra Israel y puso guarniciones en todas las ciudades fuertes de Judá, así como en las de Efraím, de que Asa, su padre, se había apoderado. Estuvo Yahvé con Josafat, porque éste anduvo por los caminos primeros de David, su padre, y no buscó a los baales, sino que se acogió al Dios de sus padres y siguió sus mandatos, sin imitar lo que hacía Israel. Yahvé afirmó el reino en las manos de Josafat, a quien traía presentes todo Judá, y tuvo gran abundancia de riquezas y mucha gloria. Su corazón se fortaleció en los caminos de Yahvé, e hizo también desaparecer de Judá los excelsos y las “aseras.” El año tercero de su reinado mandó a sus príncipes Benjail, Abdías, Zacarías, Nata-niel y Miqueas por las ciudades de Judá para que enseñasen, y con ellos a los levitas Semeyas, Netanías, Zebadías, Asael, Semiramot, Jonatán, Adonías, Tobías y Tobadonías, levitas, y con ellos a los sacerdotes Elisama y Joram, que enseñaron por las ciudades de Judá, teniendo consigo el libro de la Ley de Yahvé y recorriendo las ciudades de Judá enseñando al pueblo. Cayó el terror de Yahvé sobre todos los reinos de las tierras que había en torno de Judá y no osaron hacer la guerra contra Josafat. Los filisteos traían a Josafat presentes y tributos de plata. Traíanle también los árabes ganados, siete mil setecientos carneros y siete mil setecientos machos cabríos. Crecía, pues, Josafat grandemente y edificó en Judá fortalezas y ciudades de depósito. Tuvo, además, muchas provisiones en las ciudades de Judá y hombres de guerra muy valerosos en Jerusalén. Este es el número de ellos según las casas paternas: en Judá, jefes de millares, su jefe era Adna, y con él trescientos mil hombres muy esforzados;" después de él, el jefe Jojanán, y con él doscientos ochenta mil;" tras éste, Amasias, hijo de Zicrí, que se había consagrado voluntariamente a Yahvé, y con él doscientos mil hombres valientes;" de Benjamín: Eliada, hombre muy valeroso, y con él doscientos mil armados de escudo y arco;" después de éste, Josafat, y con él ciento ochenta mil dispuestos para la guerra. Estos eran los que hacían el servicio del rey, sin contar los que él había puesto de guarnición en todas las ciudades fuertes de Judá. Tuvo Josafat mucha riqueza y poder y emparentó con Ajab, y al cabo de algunos años bajó a ver a Ajab a Samaría. Ajab mató para él y para su séquito gran número de ovejas y bueyes, y le persuadió que subiese con él contra Ramot Galaad. Dijo Ajab, rey de Israel, a Josafat, rey de Judá: “¿Quieres marchar conmigo a Ramot Galaad?” Y éste respondió: “Yo como tú, y mi pueblo como tu pueblo; iremos contigo.” Y dijo Josafat al rey de Israel: “Pero consulta, te ruego, la palabra de Yahvé.” Juntó entonces el rey de Israel cuatrocientos profetas y les preguntó: “¿Iremos contra Ramot Galaad o me estaré quieto?” Ellos le dijeron: “Sube, que Dios la entregará en manos del rey.” Pero Josafat dijo: “¿Queda todavía aquí algún profeta de Yahvé por quien podamos preguntarle?” El rey de Israel respondió a Josafat: “Aún hay aquí un hombre por quien podemos preguntar a Yahvé; pero yo le aborrezco, porque nunca me profetiza cosa buena, sino siempre malas. Es Miqueas, hijo de Jimia.” Y respondió Josafat: “No diga eso el rey.” Llamó entonces el rey de Israel a un eunuco, y le dijo: “Haz que venga luego Miqueas, hijo de Jimia.” El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, estaban sentados cada uno en su trono y vestidos de sus vestiduras reales, en la plaza que hay a la entrada de la puerta de Samaría, y estaban delante de ellos todos los profetas. Sedecías, hijo de Quenana, se había hecho unos cuernos de hierro, y decía: “Así dice Yahvé: Con éstos acornarás a los sirios hasta destruirlos del todo.” Lo mismo profetizaban también todos los profetas, diciendo: “Sube a Ramot Galaad y triunfarás, porque Yahvé la entregará en manos del rey.” El mensajero que había ido a buscar a Miqueas le habló, diciendo: “Mira que todos los profetas a una profetizan bienes al rey; habla, pues, como ellos y anuncia bienes.” Miqueas respondió: “Vive Yahvé que yo anunciaré lo que mi Dios me diga.” Llegó, pues, a la presencia del rey, que le preguntó: “Miqueas, ¿iremos a combatir a Ramot Galaad o he de estarme quieto?” Y él respondió: “Subid, que lo lograréis y será entregada en vuestras manos.” Entonces le dijo el rey: “¿Hasta cuántas veces tendré que conjurarte, por el nombre de Yahvé, que no me digas sino la verdad?” Y él le contestó: “He visto a todo Israel disperso por los montes, como ovejas sin pastor”; y dijo Yahvé: “Es que no tienen señor; que se vuelva cada uno en paz a su casa.” Y el rey de Israel dijo a Josafat: “¿No te decía yo que no me profetiza bien, sino mal?” Y dijo entonces él: “Oíd, pues, la palabra de Yahvé: Yo he visto a Yahvé sentado en su trono, y a su derecha y a su izquierda estaba todo el ejército de los cielos;" y Yahvé dijo: ¿Quién inducirá a Ajab, rey de Israel, a que suba para caer en Ramot Galaad? Y uno decía una cosa y otro decía otra;" pero salió un espíritu que se puso delante de Yahvé y dijo: Yo le induciré. Y Yahvé le preguntó: ¿Cómo? Y él dijo: Saldré y me haré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas. Y Yahvé le dijo: Tú le inducirás; tú saldrás con la tuya; ve y haz así." Y ahora ha puesto Yahvé el espíritu de mentira en la boca de todos estos tus profetas, pues ha decretado Yahvé el mal contra ti.” Entonces Sedecías, hijo de Quenana, se llegó a Miqueas y le dio una bofetada en la mejilla, diciendo: “¿Por qué camino se ha ido de mí el espíritu de Yahvé para hablarte a ti?” Y Miqueas le respondió: “Ya lo verás un día, cuando andes de cámara en cámara para esconderte.” Entonces el rey de Israel dijo: “Coged a Miqueas y llevadlo a Amón, gobernador de la ciudad, y a Joás, hijo del rey, y decid: Esto dice el rey: Meted a éste en la carcel y mantenedle con pan de aflicción y agua de angustia hasta que yo vuelva en paz.” Miqueas le dijo: “Si vuelves tú en paz no ha hablado Yahvé por mí.” Subió, pues, el rey de Israel' y con él Josafat, rey de Judá, a Ramot Galaad;" y dijo el rey de Israel a Josafat: “Yo me disfrazaré para entrar en la batalla• tú vístete tus vestiduras.” Disfrazóse el rey de Israel y entró así en la batalla. El rey de Siria había mandado a los jefes de los carros que con él tenía, diciendo: “No ataquéis a ninguno, ni chico ni grande, sino sólo al rey de Israel.” Y cuando los jefes de los carros vieron a Josafat, dijeron: “Este es el rey de Israel,” y le cercaron para combatirle. Entonces clamó Josafat, y Yahvé le socorrió, apartándolos Dios de él. Los jefes de los carros se percataron de que no era el rey de Israel y se alejaron de él. Entonces disparó un hombre su arco al azar e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura. El rey dijo entonces a su auriga: “Da la vuelta y sácame del campo, que estoy herido.” El combate fue encarnizado aquel día, y el rey de Israel estuvo en su carro hasta la tarde frente a los sirios, muriendo a la puesta del sol. Josafat, rey de Judá, se volvió en paz a su casa, a Jerusalén. Salióle al encuentro Jehú el vidente, hijo de Jananí, que dijo a Josafat: “¿Socorres al impío y ayudas a los que aborrecen a Yahvé? Por eso Yahvé está irritado contra ti. Pero hay en ti buenas obras, porque has arrancado de la tierra las “aseras” y has puesto tu corazón en buscar a Yahvé.” Habitaba Josafat en Jerusalén; pero salió a recorrer el reino desde Berseba hasta la montaña de Efraím para traerlos a todos a Yahvé, el Dios de sus padres." Puso en la tierra jueces por todas las ciudades fuertes de Judá, de ciudad en ciudad, y les dijo: “Mirad lo que hacéis, porque no juzgáis en lugar de hombres, sino en lugar de Yahvé, que está cerca de vosotros cuando sentenciáis. Sea, pues, sobre vosotros el temor de Yahvé, y cuidad de guardarlo, porque no hay en Yahvé, nuestro Dios, iniquidad ni acepción de personas, ni recibir cohecho.” Puso también Josafat en Jerusalén levitas, sacerdotes y jefes de las familias de Israel para que diesen a los habitantes el juicio de Yahvé y decidiesen las causas. Les dio sus órdenes, diciendo: “Haced en todo con temor de Yahvé, fielmente y con corazón perfecto. En toda causa que venga a vosotros de vuestros hermanos que habitan en las ciudades, trátese de causas de sangre, de cuestiones de la Ley, de los mandamientos, ceremonias y preceptos, instruidlos para que no pequen contra Yahvé y caiga su cólera sobre vosotros y sobre vuestros hermanos, y así no pecaréis. Amarías, sacerdote, os presidirá en toda causa tocante a Yahvé, y Zebadías, hijo de Ismael, príncipe de la casa de Judá, en las causas tocante al rey; tenéis entre vosotros a los levitas, que serán vuestros maestros. Esforzaos, pues, y a la obra, y que Yahvé sea con quien bien lo haga.” Después de esto, los hijos de Moab y los hijos de Amón y algunos míneos vinieron en guerra contra Josafat. Dieron noticia a Josafat, diciendo: “Viene contra ti desde el otro lado del mar, de Edom, una gran muchedumbre, y están ya en Ja-sasón Tamar, que es Engadi.” En su temor, se dispuso Josafat a buscar a Yahvé, y promulgó un ayuno para todo Judá. Reuniéronse los de Judá para clamar a Yahvé, y vinieron para buscar a Yahvé de todas las ciudades de Judá. Puesto entonces en pie Josafat en medio de la asamblea de Judá en Jerusalén, en la casa de Yahvé, delante del atrio nuevo, dijo: “Yahvé, Dios de nuestros padres: ¿No eres tú Dios en los cielos y no eres tú quien domina a todos los reinos de las gentes? ¿No eres tú quien tiene en su mano la fuerza y la potencia, a que nadie puede resistir? ¡Dios nuestro! ¿No arrojaste tú delante de tu pueblo, Israel, a los moradores de esta tierra y la diste para siempre a la posteridad de Abraham, tu amigo? Ellos la habitan y han edificado a tu nombre un santuario, diciendo: Si nos sobreviene alguna calamidad, la espada, el castigo, la peste o el hambre, nos presentaremos en esta casa delante de ti, pues tu nombre está en esta casa, y clamaremos a ti en la tribulación, y tú nos oirás y nos salvarás. Ahora, pues, he aquí que los hijos de Amón y los de Moab y los del monte Seír, a cuyas tierras no dejaste que fuese Israel cuando venía de Egipto, sino que se apartase y no los destruyese, nos pagan queriendo echarnos de tu heredad, que tú nos diste en posesión. ¡Oh Dios nuestro! ¿No los juzgarás tú? Porque nosotros no tenemos fuerza contra tanta muchedumbre como contra nosotros viene y no sabemos qué hacer: nuestros ojos se vuelven a ti” Todo Judá estaba en pie delante de Yahvé, con sus niños sus mujeres y sus hijos. Estaba allí Jajaziel, hijo de Zacarías' hijo de Benaya, hijo de Jeiel, hijo de Matanías, levita, de los hijos de Asaf, sobre quien vino el espíritu de Yahvé en medio de la asamblea, y dijo: “Oíd, Judá todo, y vosotros, los moradores de Jerusalén, y tú, rey Josafat: Así dice Yahvé: “No temáis ni os amedrentéis ante tan gran muchedumbre, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios. Mañana bajaréis contra ellos; ellos van a subir por la cuesta de Sis, y los hallaréis al extremo del valle, frente al desierto de Jeruel." No habrá por qué peleéis en esto vosotros; paraos, estaos quedos, y veréis la salvación de Yahvé con vosotros. ¡Oh Judá y Jerusalén! no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, que Yahvé estará con vosotros.” Echóse entonces Josafat rostro a tierra, y todo Judá y todos los moradores de Jerusalén se postraron ante Yahvé, adorándole. Los levitas de los hijos de Caat y de los hijos de Coré se levantaron para alabar a Yahvé, Dios de Israel, con fuerte y alta voz. Levantáronse por la mañana y salieron por el desierto de Tecua, y mientras salían, Josafat, en pie, dijo: “Oídme, Judá y habitantes de Jerusalén: Confiad en Yahvé, vuestro Dios, y seréis seguros; creed a sus profetas, y prosperaréis.” Después, habido consejo con el pueblo, puso cantores de Yahvé para alabar la hermosura de su santuario delante del ejército: “Alabad a Yahvé, porque es eterna su misericordia.” Y en cuanto comenzaron los cantos y alabanzas, arrojó Yahvé discordias sobre Amón, Moab y los del monte Seír, que habían venido contra Judá, y se mataron unos a otros. Echáronse los hijos de Amón y Moab sobre los moradores del monte Seír, para destruirlos y exterminarlos; y cuando hubieron acabado con los habitantes del monte Seír, unos a otros se destruían." Cuando Judá llegó a la altura desde la cual se descubre el desierto y miraron del lado donde estaba la muchedumbre, no vieron más que cadáveres por tierra; ninguno había escapado." Josafat y su gente fueron a apoderarse de los despojos, hallando entre los cadáveres muchas riquezas y objetos preciosos; cogiendo tantos, que no pudieron llevárselo todo de una vez, y emplearon tres días en recoger el botín: tan considerable fue." Al cuarto día se reunieron en el valle de Beraca, donde alabaron a Yahvé. Por eso llamaron a este valle Beraca, nombre que lleva todavía hoy. Los hombres de Judá y de Jerusalén, con Josafat a la cabeza, partieron gozosos para volverse a Jerusalén, pues Yahvé los había llenado de alegría, librándolos de sus enemigos. Entraron en Jerusalén, en la casa de Yahvé, al son de las cítaras, los salterios y las trompetas. El terror de Yahvé se apoderó de todos los reinos de las otras tierras cuando supieron que Yahvé había combatido contra los enemigos de Israel. El reinado de Josafat fue tranquilo, y su Dios le dio la paz de todas partes. Josafat reinó sobre Judá. Tenía treinta y cinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén. Su madre se llamaba Azuba, hija de Silji. Anduvo por el camino de Asa, su padre, sin apartarse de él, haciendo lo recto a los ojos de Yahvé. Pero los altos no desaparecieron y el pueblo no tenía su corazón firmemente apegado al Dios de sus padres. El resto de los hechos de Josafat, los primeros y los postreros, están escritos en la historia de Jehú, hijo de Jananí, que fue inserta en el libro de los reyes de Israel. Josafat, rey de Judá, se alió con el rey de Israel, Ocozías, que fue un impío, y se asoció con él para construir naves que fueran a Tarsis, haciéndose las naves en Asiongaber. Entonces Eliecer, hijo de Doda va, de Maresa, profetizó contra Josafat, diciendo: “Por haberte asociado con Ocozías, Yahvé destruirá tu obra.” Las naves se destrozaron y no pudieron ir a Tarsis. Josafat se durmió con sus padres y fue sepultado en la ciudad de David. Le sucedió Joram, su hijo. Joram, hijo de Josafat, tuvo por hermanos a Azarías, Jejiel, Zacarías, Azarías, Micael y Sefatías, todos hijos de Josafat, rey de Judá. Habíales hecho su padre grandes donaciones de plata, oro y objetos preciosos, con ciudades fuertes en Judá; pero dejó el reino a Joram, por ser el primogénito." Cuando Joram se posesionó del reino y se afirmó en él, pasó a cuchillo a todos sus hermanos y a algunos jefes de Israel. Tenía Joram treinta y dos años cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén. Anduvo por los caminos de los reyes de Israel, como había hecho la casa de Ajab, pues tuvo por mujer a una hija de Ajab, e hizo lo malo a los ojos de Yahvé. Pero no quiso Yahvé destruir la casa de David por la alianza que había hecho con David y la promesa que le hizo de darle siempre una lámpara a él y a sus hijos. En su tiempo se rebeló Edom contra el dominio de Judá y se dio un rey. Marchó Joram con sus jefes y todos sus carros, y, levantándose de noche, derrotó a los de Édom, que le tenían cercado a él y a los jefes de sus carros. Sin embargo, la rebelión de Edom contra el dominio de Judá dura hasta hoy. También se rebeló contra su dominio Libna porque había dejado a Yahvé, Dios de sus padres. Joram se hizo altos en los montes de Judá, incitó a los habitantes de Jerusalén a la prostitución idolátrica e impelió a ella a Judá. Recibió un escrito del profeta Elías, que decía: “He aquí lo que dice Yahvé, Dios de David, tu padre: Por no haber andado por los caminos de Josafat, tu padre, ni por los de Asa, rey de Judá, antes bien por los de los reyes de Israel; por haber hecho fornicar a Judá y a los moradores de Jerusalén, como fornica la casa de Ajab, y por haber dado muerte a tus hermanos, a la casa de tu padre, que eran mejores que tú," Yahvé castigará a tu pueblo con una plaga muy grande, y a tus hijos, y a tus mujeres, y a tu hacienda, y a ti con una violenta enfermedad, con enfermedad de tus entrañas, que aumentará de día en día, hasta que las entrañas se te salgan por la fuerza del mal.” Despertó entonces Yahvé contra Joram el espíritu de los filisteos y de los árabes, que habitan cerca de los cusitas, los cuales subieron contra Judá, invadieron la tierra y pillaron toda la hacienda que hallaron en la casa del rey, y se llevaron a sus hijos y a sus mujeres, no quedándole otro hijo que Joacaz, el menor de todos. Después de esto le hirió a él Yahvé en las entrañas de una enfermedad incurable, que fue creciendo de día en día, hasta que al fin del año segundo se le salieron a Joram las entrañas por la violencia del mal. Murió en medio de los más acerbos dolores, y su pueblo no quemó perfumes en su honor, como lo había hecho con sus padres. Treinta y dos años tenía cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén. Se fue sin ser llorado de nadie y le sepultaron en la ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes. Los habitantes de Jerusalén proclamaron sucesor de Joram a Ocozías, el menor de sus hijos, porque la tropa que había venido al campo con los árabes había dado muerte a todos los mayores que él. Así, Ocozías, hijo de Joram, fue rey de Judá. Tenía Ocozías veintidós años cuando comenzó a reinar, y reí tío un año en Jerusaíén. Su madre se llamaba Atalía, hija de Omrí. Anduvo por los caminos de la casa de Ajab, pues su madre le aconsejaba impíamente. Hizo lo malo a los ojos de Yahvé, como la casa de Ajab, que después de la muerte de su padre le sirvió de consejero para su perdición. Llevado de sus consejos, fue con Joram, hijo de Ajab, rey de Israel, a la guerra contra Jazael, rey de Siria, a Ramot Galaad, y los sirios hirieron a Joram. Volvióse éste a Jezrael para curar las heridas que los sirios le habían hecho en Ramot cuando luchaba contra Jaziel, rey de Siria. Bajó Ocozías a ver a Joram, hijo de Ajab, a Jezrael, donde estaba herido;" y por voluntad de Dios, para su ruina, bajó Ocozías a ver a Joram; pues, llegado allí, salió con Joram al encuentro de Jehú, hijo de Nimsí, a quien Yahvé había ungido para exterminar a la casa de Ajab;" y mientras Jehú hacía justicia con la casa de Ajab, dio con los jefes de Judá y con los hijos de los hermanos de Ocozías que estaban al servicio de Ocozías, y los mató: buscó a Ocozías, que fue hallado en Samaría, donde se había escondido; y le tomaron y llevaron a Jehú, que le dio muerte; sepultáronle, porque dijeron: “Es hijo de Josafat, que buscó a Yahvé de todo corazón.” 9 No quedaba de la casa de Ocozías persona en edad de reinar," y Atalía, madre de Ocozías, viendo que era muerto su hijo, se alzó y exterminó a toda la estirpe real de la casa de Judá;" pero Josabat, hija del rey, cogió a Joás, hijo de Ocozías, y le arrebató de en medio de los hijos del rey cuando los mataban, escondiéndole a él y a su nodriza en el dormitorio. Así, Josabat, hija del rey Joram, mujer del sacerdote Joyada y hermana de OcozJas, le escondió de Atalía, que no pudo matarle. Seis años estuvo escondido con ellos en la casa de Dios, y era en tanto Atalía la que reinaba en la tierra. Al séptimo año revistióse Joyada de valor, y se concertó con los jefes de centenas: Azarías, hijo de Jerojam; Ismael, hijo de Jojanán; Azarías, hijo de Obed, Masaya, hijo de Adaya, y Elisafat, hijo de Zicrí." Recorrieron Judá y reunieron a los levitas de todas las ciudades de Judá y a los jefes de las familias de Israel, que vinieron a Jerusalén, y toda la asamblea hizo alianza con el rey en la casa de Dios. Joyada les dijo: “Ahí tenéis al hijo del rey que reinará, como lo ha dicho Yahvé, de los hijos de David. Mirad lo que habéis de hacer: el tercio de vosotros que el día del sábado entra de servicio, sacerdotes y levitas, hará la guardia en los atrios;" otro tercio estará en el palacio del rey, y el otro, en la puerta de Jesod. Todo el pueblo se reunirá en el atrio de la casa de Yahvé. Que no entre ni salga nadie de la casa de Yahvé, fuera de los sacerdotes y levitas que están de servicio; éstos podrán entrar porque están consagrados." Todo el pueblo hará la guardia de Yahvé, y los levitas rodearán al rey por todas partes; cada uno tendrá las armas en su mano, y quienquiera que entrare en la casa, morirá. Estaréis con el rey cuando éste entre y salga.” Los levitas y todo Judá hicieron todo lo que el sacerdote Joyada había mandado, y cada uno tomó a los suyos, los que entraban en servicio y los que salían de servicio el sábado, pues el sacerdote Joyada no exceptuó a ninguna de las divisiones. El sacerdote Joyada entregó a los jefes de centenas las lanzas y los escudos grandes y pequeños, que provenían del rey David y se hallaban en la casa de Dios. Hizo que rodeasen al rey, poniendo a todo el pueblo cada uno con las armas en la mano, desde el lado derecho hasta el lado izquierdo de la casa, junto al altar y por toda la casa. Y adelantando al hijo del rey pusieron sobre su cabeza la diadema y el testimonio y le proclamaron rey. Joyada y sus hijos le ungieron y gritaron: “¡Viva el rey!” Atalía oyó el estrépito del pueblo, que corría y aclamaba al rey; vino a donde estaba el pueblo en la casa de Yahvé" y miró. Estaba el rey sentado en su estrado, a la entrada, y los jefes y las trompetas estaban junto al rey, y todo el pueblo de la tierra daba muestras de gran alegría, y sonaban las trompetas, y los cantores, con los instrumentos de música, entonaban cánticos de alabanza. Atalía rasgó sus vestiduras y gritó: “¡ Conspiración, conspiración !” Entonces el sacerdote Joyada, llamando a los jefes de centena que estaban al frente de las tropas, les dijo: “Sacadla de las filas, y a quienquiera que la siga, le matáis.” Pues el sacerdote dijo: “No la matéis en la casa de Yahvé.” Hízosele lugar y se encaminó al palacio real por la entrada de la puerta de los caballos, y allí la mataron. Joyada hizo alianza entre Yahvé, el pueblo todo y el rey, de ser el pueblo de Yahvé. Después de esto entró todo el pueblo en el templo de Baal y lo derribaron, echando por tierra sus altares, haciendo pedazos sus imágenes, y mataron delante del altar a Matan, sacerdote de Baal. Luego ordenó Joyada los oficios en la casa de Yahvé por mano de los sacerdotes y levitas, según la ordenación hecha por David en la casa de Yahvé, para ofrecer a Yahvé holocaustos, como está escrito en la Ley de Moisés, en medio de cantos de júbilo, conforme a la ordenación de David. Puso también los porteros a las puertas de la casa de Yahvé para que por ninguna entrase ningún inmundo. Y tomando luego a los jefes de centena, a los jefes del pueblo y al pueblo todo de la tierra, llevaron al rey de la casa de Yahvé, y, llegados al medio de la puerta principal de la casa del rey, sentaron al rey sobre el trono del reino. Todo el pueblo de la tierra estaba lleno de júbilo, y la ciudad se estuvo tranquila. Atalía había sido muerta a espada. Siete años tenía Joás cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años en Jerusalén. Su madre se llamaba Sibyá, de Ber-seba. Hizo Joás lo que es recto a los ojos de Yahvé todo el tiempo de vida del sacerdote Joyada. Joyada tomó para Joás dos mujeres, y Joás engendró hijos e hijas. Después de esto vino a Joás el pensamiento de reparar la casa de Yahvé, y, reuniendo a los sacerdotes y levitas, les dijo: “Salid por todas las ciudades de Judá y recoged cada año de todo Israel dinero para reparar la casa de vuestro Dios, y poned en esto gran diligencia.” Pero los levitas no se dieron prisa, y llamando el rey a Joyada, sumo sacerdote, le dijo: “¿Por qué no has cuidado de que los levitas trajesen de Judá y de Jerusalén el tributo impuesto por Moisés, siervo de Dios, a toda la congregación de Israel para el tabernáculo del testimonio ? Pues la impía Atalía y sus hijos han saqueado la casa de Dios, empleando para servir a los baales todo lo consagrado a la casa de Yahvé.” Mandó entonces el rey que se hiciera un arca y la pusieran fuera, a la entrada de la casa de Yahvé;" y se pregonó por Judá y Jerusalén que trajesen a Yahvé el tributo que Moisés, siervo de Dios, había impuesto a Israel en el desierto. Todos los jefes y el pueblo todo se complacieron en ello, y traían y echaban en el arca lo que había de pagarse. En el momento oportuno, cuando los levitas veían que en el arca había mucho dinero, que había que entregar a los intendentes del rey, el secretario del rey y el comisario del sumo sacerdote venían a vaciar el arca y luego volvían a ponerla en su sitio, haciendo así todos los días y tomando dinero en abundancia. El rey y Joyada se lo entregaban a los encargados de hacer las obras en la casa de Yahvé para pagar a los canteros y carpinteros para la reparación de la casa de Yahvé, así como a los herreros y broncistas para reparar la casa de Yahvé. Los oficiales trabajaron e hicieron las reparaciones necesarias, restituyendo a su estado la casa de Dios y consolidándola. Cuando se terminaron las obras, llevaron al rey y a Joyada el resto del dinero, y de él se hicieron utensilios para la casa de Yahvé, los utensilios para el servicio, copas para los holocaustos, copas y otros utensilios de oro y de plata; durante toda la vida de Joyada se ofrecieron continuamente holocaustos en la casa de Yahvé." Murió Joyada viejo y harto de días; tenía al morir ciento treinta años." Fue sepultado en la ciudad de David, con los reyes, pues había hecho mucho bien por Israel, por Dios y por su casa. Después de la muerte de Joyada comenzaron los príncipes a adular al rey, y éste los escuchó, y dejando la casa de Yahvé, Dios de sus padres, sirvieron a las “aseras” y a los ídolos; y vino la ira de Dios sobre Judá y sobre Jerusalén, porque sé habían hecho culpables." Yahvé les mandó profetas para reducirlos a sí, pero no escucharon sus advertencias. El espíritu de Dios descendió sobre Zacarías, hijo del sacerdote Joyada, que, presentándose ante el pueblo, dijo: “Así habla Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos de Yahvé? No os vendrá bien por ello, pues si vosotros dejáis a Yahvé, Yahvé os dejará a vosotros.” Conjuráronse contra él y de orden del rey le lapidaron en el atrio de la casa de Yahvé. No se acordó el rey Joás del bien que le había hecho Joyada, padre de Zacarías, y dio muerte a su hijo. Zacarías dijo al morir: “Vea Yahvé y El lo requiera.” A la vuelta del año subió contra él el ejército de Siria, que vino a Judá y Jerusalén. Mataron de entre el pueblo a todos los príncipes de él, y llevaron todos sus despojos al rey de Damasco. El ejército de Siria había venido con poca gente; pero Yahvé entregó en sus manos un ejército muy considerable, porque habían abandonado a Yahvé, Dios de sus padres." Los sirios hicieron justicia a Joás, y, una vez que se retiraron dejándole en gran dolor, conspiraron contra él sus servidores para vengar la sangre de los hijos de Joyada, sacerdote, y le dieron muerte en su lecho. Murió y fue sepultado en la ciudad de David, mas no en los sepulcros de los reyes. Los que conspiraron contra él fueron Zabud, hijo de Simat la amonita, y Jozabad, hijo de Simrit la moabita. Lo que toca a sus hijos, a las grandes amenazas que hubo de soportar y a las reparaciones hechas en la casa de Dios, escrito está en el “Midrás” del libro de los Reyes. Le sucedió Amasias, su hijo. Veinticinco años tenía Amasias cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén; su madre se llamaba Jehoadán, de Jerusalén." Hizo lo recto a los ojos de Yahvé, pero no con un corazón perfecto del todo. Luego que se afirmó en el trono, dio muerte a los siervos que habían asesinado a su padre, pero no mato a sus hijos, conforme a lo que esta escrito en la Ley, en el libro de Moisés, donde manda Yahvé “No morirán los padres por los hijos ni los hijos por los padres sino que cada uno morirá por su pecado.” Reunió Amasias a Judá y constituyó, según las casas paternas, jefes de millares y de centenas por todas las ciudades de Judá y Benjamín. Hizo el censo desde los veinte años arriba, y fueron hallados trescientos mil aptos para la guerra, armados de lanza y escudo. Tomó de Israel a sueldo cien mil hombres valientes por cien talentos de plata. Vino a él un hombre de Dios y le dijo: “¡Oh rey! que no vaya contigo el ejército de Israel, pues no está Yahvé con Israel, con todos esos hijos de Efraím. Si vas con ellos, aunque tú hagas en el combate esfuerzos de valor, Dios te hará caer ante el enemigo, porque tiene Dios poder para levantar y para derribar.” Amasias dijo entonces al hombre de Dios: “¿Qué será, pues, de los cien talentos que he entregado a las tropas de Israel?” Y el hombre de Dios le respondió: “Mucho más que eso puede darte Yahvé.” Entonces Amasias apartó la tropa que había venido de Efraím, para que se volvieran a sus casas; ellos se irritaron fuertemente contra Judá y se volvieron a sus casas enfurecidos." Amasias se esforzó, y a la cabeza de su pueblo vino al valle de la Sal y deshizo a diez mil hombres de los hijos de Seír. Los hijos de Judá apresaron vivos a diez mil, y, llevándolos a la cresta de una roca, los despeñaron, y todos se hicieron pedazos. Los de la tropa que Amasias había despedido para que no fuesen con él a la guerra se derramaron por las ciudades de Judá desde Samaría hasta Betorón, y mataron a tres mil personas y tomaron muchos despojos. Al regresar Amasias de la derrota de los edomitas, trajo también consigo los dioses de los hijos de Seír y se los puso por dioses, prosternándose ante ellos y quemándoles perfumes. Encendióse el furor de Yahvé contra Amasias, y le mandó un profeta, que le dijo: “¿Por qué has buscado los dioses de esas gentes, que no pudieron librar a su pueblo de tus manos?” Cuando esto le dijo el profeta, respondió él: “¿Y quién te ha hecho a ti consejero del rey? Quítate de ahí. ¿Es que quieres que te haga azotar?” El profeta se retiró, diciendo: “Yo sé que Dios ha decretado destruirte por haber hecho eso y no haber escuchado mi advertencia.” Amasias, después de haber tenido consejo, mandó a decir a Joás, hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel: “Ven, que nos veamos las caras.” Entonces Joás, rey de Israel, envió a decir a Amasias, rey de Judá: “El cardo del Líbano mandó a decir al cedro del Líbano: Da tu hija por mujer a mi hijo. pero vinieron las fieras del Líbano, pisaron y hollaron el cardo. Tu te dices: He derrotado a Edom; y tu corazón se ha ensoberbecí-do. Quédate en tu casa. ¿Para qué has de meterte en una empresa desgraciada que será tu ruina y la ruina de Judá?” pero Amasias no le escuchó, porque había resuelto Dios entregarle en sus manos por haber buscado a los dioses de Edom. Subió pues, Joás, rey de Israel, y viéronse las caras él y Amasias, rey de Judá, en Betsames, que está en Judá;" y cayó Judá delante de Israel y huyeron cada uno a su casa. Joás, rey de Israel, apresó en Betsames a Amasias, rey de Judá, hijo de Joás, hijo de Joacaz, y le llevó a Jerusalén, donde abrió una brecha de cuatrocientos codos desde la puerta de Efraím hasta la puerta de la esquina. Tomó el oro y la plata y todos los vasos sagrados que había en la casa de Dios al cuidado de Obededom, y los tesoros del palacio real, y a los rehenes, y se volvió a Samaría. Amasias, hijo de Joás, rey de Judá, vivió quince años después de la muerte de Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel. El resto de los hechos de Amasias, los primeros y los postreros, ¿no está escrito en el libro de los reyes do Judá y de Israel? Después que Amasias se apartó de Yahvé, tramaron una conjuración contra él en Jerusalén; y como huyera a Laquis, mandaron tras él a Laquis los conjurados, y le mataron allí." Trajéronle en caballos y le sepultaron con sus padres en la ciudad de David. Todo el pueblo de Judá tomó a Ozías, de edad de dieciséis años, y le puso por rey en lugar de su padre, Amasias. Ozías reconstruyó Elat y la restituyó al dominio de Judá después que el rey se durmió con sus padres. Dieciséis años tenía Ozías cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y dos años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jecolía, de Jerusalén. Hizo lo recto a los ojos de Yahvé, enteramente como lo había hecho Amasias, su padre. Se dio a buscar a Yahvé durante la vida de Zacarías, que le educó en el temor de Dios; y mientras él buscó a Yahvé, Dios le protegió." Tuvo guerra contra los filisteos, y derribó las murallas de Gat, las de Jabne y las de Azoto, y reconstruyó ciudades en el territorio de Azoto y en el de los filisteos. Dios le ayudó contra los filisteos, contra los árabes que habitaban en Gur Baal y contra los meonitas. Los amonitas traían presentes a Ozías, y su fama se extendió hasta las fronteras de Egipto, pues llegó a ser muy poderoso. Alzó en Jerusalén torres en la puerta del ángulo, y en la del valle y en la de la esquina, y las fortificó. Construyó torres en el desierto y excavó muchas cisternas, porque tenía muchos ganados en los valles y en el llano, y labradores y viñadores en la montaña y en el Carmel, pues era muy aficionado a la agricultura. Tuvo un ejército de soldados, que iban a la guerra por bandas, contadas según el censo que de ellas hicieron el secretario Jeiel y el comisario Maseya, a las órdenes de Jananía, uno de los jefes de rey. El número total de los jefes de casas paternas, de guerreros valientes, era de dos mil seiscientos, que mandaban un ejército de trescientos siete mil cinco soldados, capaces de sostener al rey contra el enemigo. Ozías proveyó a todo el ejército de escudos, lanzas, cascos, corazas, arcos y hondas. Construyó en Jerusalén máquinas inventadas por un ingeniero, destinadas a las torres y a los ángulos, para lanzar flechas y gruesas piedras. Su fama se extendió lejos, porque supo ayudarse maravillosamente hasta llegar a ser fuerte. Mas, cuando se hubo fortalecido, se ensoberbeció su corazón hasta corromperse, y se rebeló contra Yahvé, su Dios, entrando en el templo de Yahvé para quemar incienso en el altar de los perfumes. El sacerdote Azarías entró tras él con ochenta sacerdotes de Yahvé, hombres valerosos, que se opusieron al rey Ozías y le dijeron: “Tú, Ozías, no tienes derecho a ofrecer perfumes a Yahvé. Esto pertenece a los sacerdotes, hijos de Aarón, que han sido consagrados para ello. Sal del santuario, porque estás prevaricando, y no te será esto de honor ante Yahvé, Dios.” Enfurecióse Ozías, que tenía un incensario en la mano; y en esta su ira contra los sacerdotes, brotó la lepra en su frente en presencia de los sacerdotes, en la casa de Yahvé, cerca del altar de los perfumes." El sumo sacerdote, Azarías, y todos los sacerdotes, pusieron en él sus ojos, vieron la lepra sobre su frente y le arrojaron precipitadamente fuera. El mismo apresuróse a salir, porque le había herido Yahvé. El rey Ozías fue leproso hasta el día de su muerte, y vivió apartado en una casa, excluido de la casa de Yahvé. Jotam, su hijo, estaba al frente de la casa del rey y juzgaba al pueblo de la tierra. El resto de los hechos de Ozías, los primeros y los postreros, fue escrito por Isaías, hijo de Amos, profeta. Ozías se durmió y fue sepultado en el campo de los sepulcros, no con los reyes de Israel, por ser leproso. Le sucedió Jotam, su hijo. Veinticinco años tenía Jotam cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jerusa, hija de Sadoc. Hizo lo recto a los ojos de Yahvé, enteramente como había hecho Ozías, su padre; pero no entró, como él, en el templo de Yahvé. Seguía, sin embargo, la corrupción del pueblo." Jotam construyó la puerta superior de la casa de Yahvé e hizo bastantes edificaciones sobre los muros de Ofel. Edificó ciudades en la montaña de Judá y fortalezas y torres en el bosque. Hizo la guerra contra el rey de los hijos de Amón, y los venció. Los hijos de Amón le entregaron aquel año cien talentos de plata, diez mil coros de trigo y diez mil de cebada, y siguieron pagándole el segundo y el tercer año. Jotam llegó a ser poderoso, porque se afirmó en los caminos de Yahvé, su Dios. El resto de los hechos de Jotam, todas sus guerras, todo cuanto hizo, está escrito en el libro de los reyes de Israel y de Judá. Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. Se durmió con sus padres y fue sepultado en la ciudad de David. Le sucedió Ajaz, su hijo. Veinte años tenía Ajaz cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. No hizo lo recto a los ojos de Yahvé, como lo hizo David, su padre. Marchó por los caminos de los reyes de Israel, y aun se hizo imágenes fundidas de Baal, y quemó perfumes en el valle de los hijos de Hinón, y pasó a sus hijos por el fuego, según las abominaciones de las gentes que Yahvé había arrojado ante los hijos de Israel. Ofrecía sacrificios y perfumes en los altos, sobre los collados y bajo todo árbol frondoso. Yahvé, su Dios, le entregó en manos del rey de Siria, y los sirios le derrotaron, haciéndole gran número de prisioneros, que se llevaron a Damasco. Fue entregado también en manos del rey de Israel, que le hizo experimentar una gran derrota. Pecaj, hijo de Romelía, mató en un solo día en Judá a ciento veinte mil hombres, todos valientes, porque habían dejado a Yahvé, Dios de sus padres. Zicrí, guerrero de Efraím, mató a Maseya, hijo del rey; a Azricam, jefe de la casa del rey, y a Elcana, segundo después del rey." Los hijos de Israel hicieron entre sus hermanos doscientos mil prisioneros, mujeres, hijos e hijas, y les hicieron mucho botín, que se llevaron a Samaría. Había un profeta de Yahvé llamado Oded, que fue al encuentro del ejército que volvía a Samaría y les dijo: “Yahvé, Dios de vuestros padres, en su cólera contra Judá, los ha entregado en vuestras manos, y vosotros los habéis matado con furor, que ha subido hasta el cielo. Ahora queréis hacer de los hijos de Judá y de Jerusalén vuestros esclavos y vuestras esclavas. Pero vosotros, ¿no sois culpables contra Yahvé, vuestro Dios? Oídme, pues, y devolved esos cautivos que habéis hecho entre vuestros hermanos, porque os amenaza la cólera encendida de Yahvé.” Algunos de entre los jefes de Efraím: Azarías, hijo de Jojanán; Berequías, hijo de Meselimot; Ezequías, hijo de Salum, y Amasa, hijo de Jadlaí, se opusieron a los que venían en el ejército," y les dijeron: “No entréis con esos cautivos, porque sería añadir pecados sobre pecados a los que nosotros hemos cometido contra Yahvé. Demasiado culpables somos ya y la cólera encendida de Yahvé está sobre Israel.” Los soldados abandonaron los cautivos y el botín ante los jefes y ante toda la asamblea, y los hombres de que se ha hecho mención tomaron los cautivos, empleando el botín en vestir a los desnudos; les dieron vestidos y calzado, les dieron de comer y de beber, los ungieron y, montando en asnos a los que estaban fatigados, los condujeron a Jericó, la ciudad de las palmas, a sus hermanos, y luego se volvieron a Samaría." En aquel tiempo, el rey Ajaz mandó a pedir socorros al rey de Asiría. Los edomitas volvieron otra vez y derrotaron a Judá, llevándose cautivos. Los filisteos invadieron las ciudades del llano y del mediodía de Judá, tomaron a Betsames, Ayalón, Guederot, Soco y las ciudades de su dependencia, Timna y las ciudades de su dependencia, y se establecieron en ellas. Así humillaba Yahvé a Judá por causa de Ajaz, rey de Judá, que había arrojado la disolución en Judá y pecado contra Yahvé. Te-glatfalasar, rey de Asiría, vino contra él y le estrechó sin darle respiro. Ajaz despojó la casa de Yahvé, la del rey y las de los príncipes, para hacer un presente al rey de Asiría; pero no le sirvió de nada." A pesar de verse en gran aprieto, el rey Ajaz seguía pecando contra Yahvé;" sacrificaba a los dioses de Damasco, que le habían herido, diciéndose: “Puesto que los dioses de los reyes de Siria los ayudan, voy a sacrificarles para que me socorran a mí.” Pero fueron la ocasión de su ruina y de la de todo Israel. Ajaz reunió los utensilios de la casa de Dios y los hizo pedazos; cerró las puertas de la casa de Yahvé, se hizo altares en todos los rincones de Jerusalén" y levantó altos en todas las ciudades de Judá, para ofrecer allí perfumes a otros dioses, irritando así a Yahvé, Dios de sus padres. El resto de sus hechos, todos sus caminos, los primeros y los postreros, está escrito en el libro de los reyes de Judá y de Israel. Ajaz se durmió con sus padres y fue sepultado en la ciudad de Jerusalén, pues no se le sepultó en los sepulcros de los reyes de Judá, Le sucedió Ezequías, su hijo. Veinticinco años tenía Ezequías cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Abiyá, hija de Zacarías. Hizo lo recto a los ojos de Yahvé, enteramente como lo había hecho David, su padre. En el primer año de su reinado, el mes primero, abrió las puertas de la casa de Yahvé y las reparó. Hizo venir a los sacerdotes y levitas, que reunió en el atrio oriental, y les dijo: “Oídme, levitas: santifícaos y santificad la casa de Yahvé, el Dios de vuestros padres, y echad la impureza fuera del santuario. Porque han pecado nuestros padres y han hecho el mal a los ojos de Yahvé, nuestro Dios; le han abandonado, han apartado sus ojos del tabernáculo de Yahvé y le han vuelto las espaldas." Hasta cerraron las puertas del pórtico, apagaron las lámparas y dejaron de ofrecer a Yahvé, Dios de Israel, perfumes y holocaustos en el santuario. Por eso la cólera de Yahvé pesa sobre Judá y sobre Jerusalén, y los ha entregado a la confusión, a la desolación y a la burla, como lo estáis viendo con vuestros ojos. Ya veis que por eso han caído nuestros padres por la espada, y nuestros hijos y nuestras hijas están en cautividad. Yo quiero que hagamos alianza con Yahvé, Dios de Israel, para que se aparte de nosotros su encendida cólera. Ahora, pues, hijos míos, basta de negligencias, pues habéis sido elegidos por Yahvé para ministrar ante El en su servicio, para ser sus servidores y ofrecerle perfumes.” Levantáronse los levitas Macat, hijo de Arnasaí; Joel, hijo de Azarías, de los hijos de Caat; y de los de Merarí, Quis, hijo de Abdí; Azarías, hijo de Jelaleel; y de los gersonitas, Joaj, hijo de Simma; Edén, hijo de Joaj;" y de los hijos de Eli-safán, Simrí y Jehiel; y de los hijos de Asaf, Zacarías y Matanías;" y de los hijos de Hernán, Jejiel y Simeí; y de los hijos de Jedetún, Semeyas y Uziel." Reunieron a sus hermanos y” después de santificarse ellos, vinieron a purificar la casa de Yahvé, según las órdenes del rey y según las palabras de Yahvé. Entraron los sacerdotes en el interior de la casa de Yahvé para purificarla; sacaron todas las impurezas que hallaron en el templo de Yahvé y las arrojaron al atrio de la casa de Yahvé, donde las recibieron los levitas para llevarlas fuera, al valle del Cedrón” Comenzaron las purificaciones el día primero del primer mes; el octavo día del mismo mes entraron en el pórtico del templo de Yahvé, y emplearon ocho días en purificar el templo de Yahvé; el día dieciséis del mismo mes acabaron lo que habían comenzado." Fueron luego al rey Ezequías y le dijeron: “Hemos purificado toda la casa de Yahvé, el altar de los holocaustos y todos sus utensilios, y la mesa de los panes de la proposición. Y todos sus utensilios, que el rey Ajaz profanó durante su reinado con sus transgresiones, están ya reparados y purificados y ante el altar de Yahvé.” El rey Ezequías se levantó bien de mañana, reunió a los jefes de la ciudad y subió a la casa de Yahvé. Ofrecieron siete novillos, siete carneros, siete corderos y siete machos cabríos en sacrificio expiatorio por el reino, por el santuario y por Judá. El rey mandó a los sacerdotes hijos de Aarón que los ofreciesen en el altar de Yahvé. Los sacerdotes inmolaron los novillos, recibieron su sangre y la derramaron en torno al altar; inmolaron los carneros y derramaron su sangre en el altar." Presentaron luego los machos cabríos expiatorios ante el rey y ante la asamblea, que pusieron sus manos sobre ellos, y los sacerdotes los inmolaron y derramaron la sangre al pie del altar, en expiación por los pecados de todo Israel, pues por todo Israel había ordenado el rey el holocausto y el sacrificio expiatorio. Hizo que los levitas se pusieran en la casa de Yahvé con címbalos, salterios y arpas, según la ordenación de David, de Gad, vidente del rey, y de Natán, profeta, porque tal era la orden de Yahvé, transmitida por medio de sus profetas. Los levitas ocuparon su sitio con los instrumentos de David, y los sacerdotes el suyo con las trompetas. Ezequías mandó ofrecer el holocausto sobre el altar; y en cuanto comenzó el holocausto, comenzó también el canto de Yahvé al son de las trompetas y con el acompañamiento de los instrumentos de David, rey de Israel." Prosternóse toda la asamblea, se cantó el canto y se tocaron las trompetas, todo hasta que el holocausto se terminó. Cuando se hubo acabado de ofrecer el holocausto, el rey con toda la asamblea doblaron las rodillas y se prosternaron. Después el rey Ezequías y los jefes dijeron a los levitas que alabasen a Dios con palabras de David y de Asaf, vidente, y ellos lo hicieron con gran júbilo, e inclinándose, adoraron. Luego dijo Ezequías: “Vosotros habéis llenado seguramente vuestras manos para Yahvé. Llegaos, pues, a ofrecer víctimas y sacrificios eucarísticos en la casa de Yahvé.” Y así toda aquella muchedumbre ofreció hostias, sacrificios eucarísticos y holocaustos con gran piedad y liberalidad. Los holocaustos que ofreció la asamblea fueron setenta novillos, cien carneros y doscientos corderos, todo en holocausto a Yahvé. Consagraron también a Yahvé seiscientos bueyes y tres mil ovejas. Como los sacerdotes eran pocos y no bastaban para desollar las víctimas destinadas al holocausto, ayudáronlos sus hermanos los levitas hasta acabar y hasta que se hubieron purificado los sacerdotes, pues los levitas se mostraban con corazón dispuestos a purificarse más que los sacerdotes. Ofreciéronse, pues, muchos holocaustos, muchos sebos de sacrificios eucarísticos, quedando enteramente restablecido el culto de la casa de Yahvé. Ezequías, lo mismo que todo el pueblo, dieron muestras de gran júbilo por haber Yahvé dispuesto al pueblo al restablecimiento, pues la resolución de hacerlo había sido tomada de pronto. Mandó el rey Ezequías por todo Israel y Judá, y escribió cartas a Efraírn y Manases para que viniesen a la casa de Yahvé a celebrar la pascua de Yahvé, Dios de Israel. Habíase aconsejado el rey de los príncipes y de toda la asamblea en Je-rusalén para celebrar solemnemente la pascua en el mes segundo, pues no había podido celebrarla antes la otra vez por no haberse santificado muchos sacerdotes y no haberse reunido el pueblo en Jerusalén. Agradó esto al rey y a toda la asamblea, y determinaron hacer publicar por todo Israel, desde Berseba hasta Dan, que viniesen a Jerusalén a celebrar la pascua de Yahvé, porque en mucho tiempo no lo habían celebrado al modo prescrito. Fueron, pues, emisarios con letras de mano del rey y de los príncipes por todo Israel y Judá, corno el rey lo había mandado, en que se decía: “¡Hijos de Israel.” volveos a Yahvé, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, y El se volverá a las reliquias que os han quedado de la mano de los reyes de Asiría. No seáis como vuestros padres y corno vuestros hermanos, que se rebelaron contra Yahvé, Dios de sus padres, por lo que los entregó El a la desolación, como estái viendo. No endurezcáis, pues, ahora vuestra cerviz, como vuestros padres. Dad vuestras manos a Yahvé y venid a su santuario, que El ha santificado para siempre, y servid a Yahvé, vuestro Dios, y la ira de su furor se apartará de vosotros. Porque, si os volvéis a Yahvé, vuestros hermanos y vuestros hijos hallarán misericordia ante los que los tienen cautivos y volverán a esta tierra; pues Yahvé, vuestro Dios, es clemente y misericordioso y no apartará de vosotros su rostro si vosotros os volvéis a El.” Fueron, pues, los emisarios de ciudad en ciudad por tierra de Efraím y de Manases, hasta Zabulón; pero las gentes se reían y se burlaban de ellos." Con todo, muchos de Aser, de Manases y de Zabulón se humillaron y vinieron a Jerusalén. También en Judá la mano de Dios se dejó sentir sobre ellos, dándoles corazón pronto y dispuesto a cumplir el mensaje del rey y de los príncipes, conforme a la palabra de Yahvé. Juntóse mucha gente en Jerusalén para celebrar la solemnidad de los ácimos en el segundo mes: una gran muchedumbre. Levantáronse y quitaron los altares que había en Jerusalén, también los altares de perfumes, y los echaron al torrente de Cedrón. Sacrificaron la pascua el día catorce del mes segundo; y los sacerdotes y levitas, que, llenos de confusión, se santificaron por fin, ofrecieron holocaustos en la casa de Yahvé" y se dispusieron por sus clases, según la ordenación y la Ley de Moisés, hombre de Dios. Los sacerdotes recibían de manos de los levitas la sangre que había de derramarse;" y como muchos del pueblo no se habían santificado todavía, los levitas inmolaron la pascua por los que no habían tenido el cuidado de santificarse para Yahvé. Una gran parte del pueblo de Efraím, de Manases, de Isacar y de Zabulón, que no se había purificado, comió la pascua sin ajustarse a lo prescrito; pero Ezequías rogó por ellos, diciendo: “Quiera Yahvé, que es bueno, perdonar a todos aquellos que de todo corazón buscan" a Yahvé, Dios de sus padres; no les impute el no estar suficientemente purificados.” Escuchó Yahvé a Ezequías y perdonó al pueblo. Así celebraron los hijos de Israel que se hallaron en Jerusalén la solemnidad de los ácimos durante siete días, con gran gozo, cantando todos los días las alabanzas de Yahvé y tocando los levitas y los sacerdotes los instrumentos con toda fuerza a Yahvé. Ezequías habló con bondad a los levitas que conocían mejor el culto de Yahvé, y éstos comieron las víctimas durante los siete días que duró la solemnidad, inmolando hostias pacíficas y alabando a Yahvé, Dios de sus padres. También la muchedumbre decidió alegremente celebrar la fiesta otros siete días, haciéndolo con gran regocijo, -- omitido por paráfrasis -- pues había re-galado Ezequías al pueblo mil toros y siete mil ovejas; y también los príncipes, por su parte, dieron al pueblo mil bueyes y diez mil ovejas. Hubo, pues, gran número de sacerdotes que se habían santificado." Todo el pueblo de Judá estaba rebosando de alegría, lo mismo sacerdotes y levitas, que la muchedumbre venida de Israel, que los extranjeros que habían venido de la tierra de Israel o habitaban en Judá. Fue grande la solemnidad celebrada en Jerusalén, tal cual nunca la hubo desde los días de Salomón, hijo de David, rey de Israel. Levantáronse después los sacerdotes y levitas y bendijeron al pueblo, y fue oída su voz, y llegó su oración al santuario de los cielos. Después de todo esto, los de Israel que habían venido fueron por las ciudades de Judá y destrozaron los cipos, abatieron las “aseras” y derribaron del todo los altos y los altares de todo Judá y Benjamín y en Efraím y Manases. Luego todos los hijos de Israel se volvieron a sus ciudades, cada uno a su posesión, Ezequías restableció las clases de los sacerdotes y de los levitas, según sus divisiones, cada uno según sus funciones, sacerdotes y levitas, para los holocaustos y los sacrificios eucarísticos, para el servicio, para los cantos y alabanzas, y las puertas de la casa de Yahvé. El rey dio una parte de sus bienes para los holocaustos, para los holocaustos de la mañana y de la tarde, para los holocaustos de los sábados, de los novilunios y de las fiestas, como están prescritos en la Ley de Yahvé. Mandó al pueblo y a los habitantes de Jerusalén que dieran su porción a los sacerdotes y a los levitas, para que éstos observasen fielmente la Ley de Yahvé. Cuando la cosa se extendió, los hijos de Israel dieron en abundancia las primicias del trigo, del mosto, del aceite, de la miel y de todos los productos del campo, y trajeron también en abundancia el diezmo de todo. Igualmente, los hijos de Israel y de Judá que habitaban en las ciudades de Judá dieron el diezmo del ganado mayor y menor y el diezmo de las cosas santas que eran consagradas a Yahvé, su Dios, y de que se hicieron muchos montones. Comenzó a hacerse el cúmulo el tercer mes y se acabó el mes séptimo. Ezequías y los jefes vinieron a ver los montones y bendijeron a Yahvé y a su pueblo, Israel. Preguntó Ezequías a los sacerdotes y a los levitas acerca de los montones, y el sumo sacerdote Azarías, de la casa de Sadoc, le respondió: “Desde que se ha comenzado a traer ofrendas a la casa de Yahvé herno! comido, nos hemos saciado y hemos dejado mucho de sobra, porque Yahvé ha bendecido a su pueblo, y he aquí la gran cantidad que todavía queda,” Ezequías dio orden de preparar las cámaras de la casa de Yahvé, y se prepararon. Lleváronse a ellas fielmente las ofrendas, el diezmo y las cosas consagradas. El levita Gañanías tuvo la intendencia de ellas, y su hermano Simeí era su segundo. Jejiel, Azarías, Najat, Asael, Jerimot, Jozabal, Elieí, Jismaquía, Majat y Benaya estaban empleados bajo la dirección de Gañanías y de su hermano Simeí, según las órdenes del rey Ezequías y las de Azarías, jefe de la casa de Dios. El levita Coré, hijo de Jimna, portero de la puerta de oriente, tenía la intendencia de las donaciones voluntarias hechas a Dios, para distribuir lo que se presentaba a Yahvé por elevación y las cosas santísimas. En las ciudades sacerdotales, Edén, Minyamín, Jesúa, Semeyas, Amarías y Secamías estaban a sus órdenes para hacer fielmente las distribuciones a sus hermanos, grandes o pequeños, según lo que les correspondía;" a los varones registrados de tres años arriba, y a todos los que diariamente entraban en la casa de Yahvé para hacer su servicio según sus funciones y según sus divisiones, y a los sacerdotes registrados según sus casas paternas, y a los levitas de veinte años arriba, según sus funciones y según sus divisiones;" y a los de toda la congregación registrados con todos sus niños, sus mujeres, sus hijos y sus hijas, porque se consagraban fielmente al servicio del santuario. Y para los hijos de Aarón, los sacerdotes, que habitaban en los campos, en los suburbios de sus ciudades, había en cada ciudad hombres nominalmente designados para distribuirles sus porciones a todos los varones de los sacerdotes y a todos los levitas registrados. Esto hizo Ezequías en todo Judá; hizo lo bueno y lo recto y lo verdadero ante Yahvé, su Dios. Obraba con toda la rectitud de su corazón," y prosperó en cuanto emprendió, buscando a su Dios, para el servicio de la casa de Dios, por la Ley y los mandamientos. Después de estas cosas y de estos actos de fidelidad, vino Senaquerib, rey de Asiría, que invadió Judá y puso sitio a las ciudades fuertes para apoderarse de ellas. Ezequías, viendo que había venido Senaquerib y que se proponía atacar Jerusalén, tuvo consejo con los príncipes y los más valerosos de los oficiales, proponiendo si se cegarían las fuentes de aguas que había fuera de la ciudad, y ellos le apoyaron. Una gran muchedumbre se reunió, y cegaron todas las fuentes y el arroyo que corría por el medio del territorio, diciendo: “¿Por qué habrán de hallar los reyes de Asiría, cuando vengan, provisión de agua?” Ezequías cobró ánimo y reparó también con gran cuidado todas las murallas que habían sido derribadas, alzó en ellas torres y una antemuralla; reparó el terraplén de la ciudad de David e hizo armas de toda suerte y escudos." Nombró jefes para mandar el ejército y, reuniendo luego a todo el mundo en la plaza de la puerta de la ciudad, les habló al corazón, di-ciendo: “Esforzaos y confortaos; no temáis; no os dé miedo el rey de Asiría y toda esa muchedumbre que trae, porque más son los que con nosotros están que los que están con él" El tiene el brazo de carne; pero con nosotros está Yahvé, nuestro Dios, para ayudarnos y combatir nuestros combates.” El pueblo cobró valor con las palabras de Ezequías, rey de Judá." Después de esto, Senaquerib, rey de Asiría, que combatía a Laquis con todo su poder, mandó emisarios a Jerusalén para decir a Ezequías, rey de Judá, y a todos los de Judá que estaban en Jerusalén: “Así dice Senaquerib, rey de Asiría: ¿En quién confiáis vosotros para estaros quietos, cercados en Jerusalén? ¿No os engaña Ezequías para entregaros a la muerte, al hambre, a la sed, diciendo: Yahvé, nuestro Dios, nos librará de la mano del rey de Asiría? ¿No es Ezequías el que ha hecho desaparecer sus altos y sus altares, diciendo a Judá y a Jerusalén: Sólo ante este altar adoraréis y quemaréis perfumes? ¿No sabéis lo que yo y mis padres hemos hecho con todos los pueblos de la tierra? ¿Pudieron acaso los dioses de esas gentes librar sus tierras de mis manos? ¿Qué dios de entre los dioses de esas gentes que destruyeron mis padres pudo salvar a su pueblo de mis manos? ¿Cómo, pues, va a poder vuestro Dios libraros de mi mano? Que no os engañe, pues, Ezequías; cuando tal cosa quiera persuadiros, no le creáis; que si ningún dios de los de todas esas naciones y reinos pudo librar a sus pueblos de mis manos y de las manos de mis padres, ¡cuánto menos podrá vuestro Dios libraros de mis manos!” Otras cosas más añadieron los emisarios de Senaquerib contra Yahvé y contra Ezequías, su siervo. Escribió, además, cartas en que blasfemaba de Yahvé, Dios de Israel, y hablaba contra El, diciendo: “Lo mismo que los dioses de las gentes de las tierras no pudieron librar a sus pueblos de mis manos, tampoco el Dios de Ezequías librará al suyo de mis manos.” Y hablaban en voz muy alta, en judío, al pueblo de Jerusalén que se hallaba en las murallas, para asustarlos y hacerlos entrar en temor, para apoderarse de la ciudad. Hablaron contra el Dios de Jerusalén, lo mismo que contra los dioses de las gentes de la tierra, obra de manos de hombres. Pero el rey Ezequías y el profeta Isaías, hijo de Amos, opusieron sus oraciones a estas blasfemias y clamaron al cielo;" y Yahvé envió un ángel, que mató a cuantos fuertes y valerosos había en el ejército del rey de los asirios y al jefe que los mandaba; y Senaquerib se volvió con afrenta a su tierra, y allí, entrando en el templo de su dios, hijos suyos, que de él habían salido, le mataron a espada." Así libró Yahvé a Ezequías y a los moradores de Jerusalén de la mano de Senaquerib, rey de los asirios, y de las manos de todos, y les dio la paz con todos sus reinos. Mu chos de éstos aún trajeron a Jerusalén víctimas para ofrecer allí sacrificios a Yahvé y presentes a Ezequías, rey de Juda, cuya fama fue luego muy grande entre todas las naciones. Por aquel entonces cayó enfermo de muerte Ezequías y rogó a Yahvé, que le escuchó, dándole una señal de su curación. Pero no correspondió Ezequías al bien que le había sido hecho; antes se ensoberbeció su corazón, y se encendió la ira de Yahvé contra él y contra Judá y Jerusalén." Pero Ezequías, después de haberse engreído su corazón, se humilló, y se humillaron con él los moradores de Jerusalén, y no vino sobre ellos la ira de Yahvé en los días de Ezequías. Tuvo Ezequías riquezas y gloria sobremanera, y reunió tesoros de plata y oro, de piedras preciosas, de aromas, de escudos y de cuantas alhajas son de desear. Asimismo tuvo depósitos para almacenar las rentas de trigo, vino y aceite, y establos para las bestias y apriscos para sus ganados. Hízose también ciudades para él, pues tenía una gran muchedumbre de rebaños, de ovejas y de toda suerte de ganado mayor, por haberle dado Dios mucha hacienda. Este mismo Ezequías fue el que cubrió los manantiales de las aguas de Guijón de Arriba, y condujo las aguas bajo tierra a occidente de la ciudad de David, y salió con cuanto emprendió. Dios, sin embargo, para probarle y para que descubriese lo que tenía en su corazón, le dejó en lo de los embajadores de los príncipes de Babilonia, que vinieron a él para informarse del prodigio que había acaecido en la tierra. El resto de los hechos de Ezequías, de todas sus buenas obras, escrito está en las profecías de Isaías, profeta, hijo de Amos, y en el libro de los reyes de Judá y de Israel. Durmióse Ezequías con sus padres, y fue sepultado en un lugar más eminente que los sepulcros de los reyes, hijos de David, y todo Judá y Jerusalén celebraron sus funerales. Le sucedió Manases, su hijo. Doce años tenía Manases cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y cinco años en Jerusalén. Hizo el mal a los ojos de Yahvé, conforme a las abominaciones de las gentes que Yahvé había arrojado ante los hijos de Israel, y, volviéndose, reedificó los altos que había derribado Ezequías, su padre; levantó altares a los baales, se hizo “aseras” y adoró a toda la milicia de los cielos y les sirvió." Alzó también altares en la casa de Yahvé, de la que había dicho Yahvé: “En Jerusalén estará mi nombre perpetuamente”;" pero los alzó en honor de toda la milicia del cielo, en los dos atrios del templo de Yahvé. Pasó a sus hijos por el fuego en el valle de Ben Hinnón; observaba los sueños y los augurios, se dio a la magia, teniendo cerca de sí magos y encantadores, e hizo mucho mal ante Yahvé, irritándole." Puso, además, una estatua fundida en la casa de Dios, de la que había dicho Yahvé hablando a David y a Salomón su hijo: “Estableceré para siempre mi nombre en esta casa en Jerusalén, que he elegido entre todas las tribus de Israel y no removeré el pie de Israel de la tierra que yo di a vuestros padres, siempre que ellos guarden y pongan por obra cuanto yo les he mandado, toda la Ley, mandamientos y precepto que les he dado por mano de Moisés.” Descarrió Manases a Judá y a los moradores de Jerusalén, para hacer peor todavía que las gentes que Yahvé destruyó ante los hijos de Israel. j-ja-bló Yahvé a Manases y a su pueblo, pero ellos no le escucharon. Por lo que trajo Yahvé contra ellos a los jefes del ejército del rey de los asirios, que apresaron a Manases y, cargado de grillos y cadenas, se lo llevaron a Babilonia. Cuando se vio en la angustia, oró a Yahvé, su Dios, humillándose grandemente ante el Dios de sus padres. Gimió y le dirigió instantes súplicas, y fue atendido, pues oyó su oración y le volvió a Jerusalén, a su reino. Entonces conoció Manases que Yahvé es Dios. Después de esto reedificó la muralla exterior de la ciudad de David, a occidente de Guijón, en el valle, desde la entrada de la puerta del pescado, continuándola hasta Ofel y elevándola considerablemente, y puso jefes del ejército en todas las ciudades fuertes de Judá. Hizo desaparecer los dioses ajenos y quitó de la casa de Yahvé el ídolo y todos los altares que había alzado en el monte de la casa de Yahvé y en Jerusalén, y los hizo arrojar todos fuera de la ciudad. Restableció el altar de Yahvé, y sobre él ofreció víctimas y sacrificios pacíficos y eucarísticos, y mandó a Judá que sirviese a Yahvé, Dios de Israel. Pero el pueblo seguía sacrificando en los altos, aunque sólo a Yahvé, Dios de Israel. El resto de los hechos de Manases, su oración a Dios y las palabras de los videntes que le hablaron en nombre de Yahvé, Dios de Israel, escrito está en el libro de los reyes de Israel. También su oración, y cómo fue oído, y todos sus pecados y prevaricaciones, los lugares donde edificó altos y puso “aseras” e ídolos antes de humillarse, todo está escrito en la historia de los videntes. Durmióse Manases con sus padres y fue sepultado en el jardín de su casa. Le sucedió Amón, su hijo. Veintidós años tenía Amón cuando comenzó a reinar, y reinó dos años en Jerusalén. Hizo el mal a los ojos de Yahvé, como lo había hecho Manases, su padre, pues sirvió y sacrificó Amón a todos los ídolos que había hecho su padre;" pero nunca se humilló delante de Yahvé, como se humilló Manases, su padre; antes cometió crímenes mucho más grandes." Conspiraron contra él sus servidores, y le mataron en su casa. El pueblo dio muerte a los que habían matado a Amón, y puso por rey en su lugar a Josías, su hijo. Ocho años tenía Josías cuando comenzó a reinar, y reinó treinta y un años en Jerusalén. Hizo lo recto a los ojos de Yahvé y anduvo por los caminos de David, su padre, sin apartarse de ellos ni a la derecha ni a la izquierda. A los ocho años de su reinado, siendo aún mozo, comenzó a buscar al Dios de David, su padre, y a los doce años comenzó a limpiar a Judá y Jerusalén de altos, “aseras” esculturas e imágenes de fundición. Derribaron en su presencia los altares de los baales e hizo pedazos los ídolos que estaban en ellos, abatió las “aseras” y desmenuzó las esculturas y fundiciones, esparciendo el polvo sobre las sepulturas de los que les habían sacrificado. Quemó los huesos de los sacerdotes de los ídolos sobre sus altares y limpió a Judá y Jerusalén. Igual hizo en las ciudades de Manases, Efraím y Simeón, hasta Neftalí, y después de haber derribado los altares y las “aseras” y de haber roto y desmenuzado las esculturas y destruido todos los ídolos por la tierra de Israel, se volvió a Jerusalén. A los dieciocho años de su reinado, después de haber limpiado la tierra y el templo, mandó a Safan, hijo de Asalías, y a Maasías, gobernador de la ciudad, y a Juaj, hijo de Joajaz, cronista, que reparasen la casa de Yahvé, su Dios. Vinieron éstos a Helcías, sumo sacerdote, y recibido de él el dinero que había sido puesto en la casa de Yahvé y el que los levitas y porteros habían recaudado de Manases y Efraím y de todo el resto de Israel, así como de todo Judá y Benjamín y de los habitantes de Jerusalén, lo entregaron a los encargados de las obras de reparación del templo, para restaurarlo y reparar las ruinas. Estos dieron el dinero a los maestros encargados de las obras de la casa de Yahvé, los cuales lo entregaban a los obreros que trabajaban para restaurar y reparar la casa, a los carpinteros y canteros, para que comprasen piedra en las canteras y maderas para las techumbres de los edificios que habían destruido los reyes de Judá. Estos hombres se portaron con probidad en sus trabajos. Estaban bajo la vigilancia de Jajat y Abdías, levitas, de entre los hijos de Merarí, y de Zacarías y Mesulam, de entre los caatitas, todos ellos háhiles músicos, que vigilaban las obras y dirigían a los obreros ocupados en los diversos trabajos; había además otros levitas que hacían de secretarios, comisarios y porteros." Cuando se sacaba el dinero llevado a la casa de Yahvé, Helcías, sacerdote, encontró el libro de la Ley de Yahvé, dado por mano de Moisés. Entonces Helcías, tomando la palabra, dijo a Safan, secretario: “He encontrado el libro de la Ley en la casa de Yahvé”; y se lo entregó a Safan." Safan llevó el libro al rey y le dio cuenta del hallazgo, diciendo: “Tus siervos han hecho cuanto les has mandado, reuniendo el dinero que había en la casa de Yahvé y entregándoselo a los inspectores y a los obreros.” Y Safan, secretario, añadió: “El sacerdote Helcías me ha dado este libro”; y Safan lo leyó ante el rey." Cuando el rey oyó las palabras del libro de la Ley, rasgó sus vestiduras y dio esta orden a Helcías, a Ajicam, hijo de Safan; a Abdón, hijo de Miqueas; a Safan, secretario, y a Asaya, servidor del rey:" “Id y consultad a Yahvé, por mí y por el resto que queda en Israel y en Judá, acerca de las palabras de este libro que se ha encontrado; porque grande es la cólera de Yahvé, que se ha derramado sobre nosotros por no haber guardado nuestros padres la palabra de Yahvé y no haber puesto por obra todo lo que en este libro está escrito.” Helcías y los que con él había designado el rey fueron a la profetisa Julda, mujer de Salum, hijo de Tecua, hijo de Jasra, guarda del vestuario, que habitaba en Jerusalén, en el otro barrio de la ciudad. Después que ellos le manifestaron lo que tenían que decirle, ella les respondió: “Así habla Yahvé, Dios de Israel: Decid al que a mí os envía: Así habla Yahvé: Yo voy a traer sobre este lugar y sobre sus habitantes todas las maldiciones escritas en el libro que ha sido leído ante el rey de Judá, porque me han abandonado y han ofrecido perfumes a otros dioses, irritándome con todas las obras de sus manos; mi cólera se derramará sobre este lugar y no se extinguirá." Pero decid al rey de Judá, que os ha mandado a consultar a Yahvé: Así habla Yahvé, Dios de Israel, acerca de las palabras que has oído: Por haberse conmovido tu corazón y haberte humillado ante Dios al oír sus palabras contra este lugar y contra sus habitantes; porque has rasgado tus vestiduras y has llorado ante Yahvé, también yo he oído, dice Yahvé," y tú te recogerás a tus padres y bajarás en paz al sepulcro y no verán tus ojos todas las desventuras que yo he de hacer venir sobre este lugar y sobre sus habitantes.” Ellos llevaron al rey esta respuesta. El rey hizo reunir a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén;" y subió luego a la casa de Yahvé con todos los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes y los levitas y todo el pueblo, desde el más grande al más chico, y leyó delante de todos las palabras del libro de la alianza que había sido encontrado en la casa de Yahvé. Estaba el rey sobre su estrado y renovó la alianza ante Yahvé, obligándose a seguir a Yahvé y a guardar sus mandamientos, sus preceptos y sus leyes con todo el corazón y toda el alma, poniendo por obra las palabras de la alianza escritas en el libro. Hizo entrar en el pacto a todos los que se hallaban en Judá y Benjamín, y los moradores de Jerusalén hicieron según la alianza de Yahvé, Dios de sus padres. Josías hizo desaparecer todas las abominaciones de toda la tierra de los hijos de Israel y obligó a todos cuantos se hallaban en Israel a servir a Yahvé, su Dios. Durante toda su vida no se apartó de Yahvé, Dios de sus padres. Josías celebró la pascua en honor de Yahvé en Jerusalén, y se inmoló la pascua el día catorce del primer mes. Estableció a los sacerdotes en sus funciones y los animó al servicio de la casa de Yahvé. Dijo a los levitas que enseñaban a Israel y estaban consagrados a Yahvé: “Colocada el arca santa en la casa que edificó Salomón, hijo de David, rey de Israel, ya no tenéis que trasladarla en hombros. Servid ahora a Yahvé, vuestro Dios, y a su pueblo Israel. Aprestaos todos según vuestras casas paternas, según vuestras divisiones, conforme a la ordenación escrita por David, rey de Israel, y de Salomón, su hijo;" ocupad vuestros puestos en el santuario según las diversas casas paternas de vuestros hermanos los hijos del pueblo y según la clasificación de las casas paternas de los levitas. Inmolad la pascua, santifícaos y preparadla para vuestros hermanos, conformándoos a las palabras de Yahvé pronunciadas por Moisés.” Josías dio a las gentes del pueblo, a cuantos allí se hallaban, corderos y cabritos en número de treinta mil, todo para la pascua, y tres mil bueyes, todo de la hacienda del rey. Sus jefes hicieron voluntariamente un presente al pueblo, a los sacerdotes y a los levitas. Helcías, Zacarías y Jejiel, príncipes de la casa de Dios, dieron a los sacerdotes para la pascua dos mil seiscientos corderos y trescientos bueyes. Conaya, Seme-yas y Natanael, sus hermanos Jasabía, Jeiel y Jozabad, jefes de los levitas, dieron a los levitas para la pascua cinco mil corderos y quinientos bueyes. Organizóse el servicio, y los sacerdotes y levitas ocuparon sus puestos, según sus divisiones, conforme a la orden del rey. Inmolaron la pascua; los sacerdotes derramaron la sangre que recibían de mano de los levitas, y los levitas desollaron las víctimas." Pusieron aparte los holocaustos para dárselos a las varias casas paternas de las gentes del pueblo para que se los ofreciesen a Yahvé, como está escrito en el librode Moisés. Lo mismo hicieron con los bueyes. Asaron la pascua al fuego, como está ordenado, y cocieron las cosas santas en calderas, calderos y sartenes, distribuyéndolas diligentemente al pueblo. Luego prepararon lo que era para ellos y para los sacerdotes, pues los sacerdotes, hijos de Aarón, estuvieron hasta la noche ocupados en ofrecer los holocaustos y sebos; por eso los levitas hubieron de preparar para ellos y para los sacerdotes, hijos de Aarón." Los cantores, hijos de Asaf estaban en sus puestos, según las órdenes de David, de Asaf de Hernán y de Jedutún, vidente del rey; y los porteros, cada uno en su puerta; no tuvieron que abandonar sus oficios, porque sus hermanos los levitas prepararon lo que era para ellos." Así se organizó aquel día todo el servicio de Yahvé para celebrar la pascua y para ofrecer holocaustos en el altar de Yahvé, según las órdenes del rey Josías. Los hijos de Israel que se hallaban allí celebraron entonces la pascua y la fiesta de los ácimos durante siete días. Ninguna pascua semejante a ésta se había celebrado en Israel desde los días de Samuel, profeta, y ningún rey de Israel había celebrado una pascua semejante a esta que celebraron Josías, los sacerdotes y los levitas, todo Judá e Israel que allí se hallaba y los habitantes de Jerusaléii. Fue el año dieciocho del reinado de Josías cuando se celebró esta pascua. Después de esto, después de haber reparado Josías la casa de Yahvé, Necao, rey de Egipto, subió para combatir en Carquernis, a orillas del Eufrates. Josías le salió al paso, y Necao le mandó emisarios que le dijeran: “¿Qué hay entre ti y mí, rey de Judá? No es contra ti contra quien voy yo ahora; es contra una casa con la que estoy en guerra, y Dios me ha dicho que me apresure. No te opongas, pues, a Dios, que está conmigo, no te destruya.” Pero Josías no se retiró y se disfrazó para entrar en el combate sin escuchar las palabras de Necao, que venían de la boca de Dios. Avanzó para atacarle en el valle de Megiddo. Los arqueros tiraron contra el rey Josías, y el rey dijo a sus servidores: “Retiradme, que estoy gravemente herido.” Los servidores le sacaron de aquel carro y le pusieron en otro y le llevaron a Jerusalén. Murió y fue sepultada en el sepulcro de sus padres. Todo Judá y Jerusalén lloraron a Josías, y Jeremías compuso una lamentación sobre Josías, que cantan todavía hoy los cantores y cantoras en sus lamentaciones sobre Josías, habiendo venido a ser esta costumbre como ley en Israel. Están escritas entre las lamentaciones. El resto de los hechos de Josías, todas sus buenas obras, conforme a lo mandado en la Ley de Yahvé, sus hechos primeros y postreros, escrito está en el libro de los reyes de Israel y Judá. El pueblo tomó a Joajaz, hijo de Josías, y le hicieron rey en lugar de su padre en Jerusalén. Veintitrés años tenía Joajaz cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén. El rey de Egipto le depuso en Jerusalén y castigó al pueblo con una contribución de cien talentos de plata y un talento de oro. El rey de Egipto puso por rey sobre Judá a Eliaquim, hermano de Joajaz, mudándole el nombre por el de Joaquim. Necao cogió a su hermano Joajaz y se lo llevó a Egipto. Veinticinco años tenía Joaquim cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. Hizo el mal a los ojos de Yahvé, su Dios. Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió contra él y le cargó de cadenas de bronce para conducirle a Babilonia. Llevóse Nabucodonosor a Babilonia los utensilios de la casa de Yahvé y los puso en su palacio de Babilonia. El resto de los hechos de Joaquim, las abominaciones que cometió y lo que en él se halló, escrito está en el libro de los reyes de Israel y de Judá. Le sucedió Joaquim, su hijo. Dieciocho años tenía Joaquín cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses y diez días en Jerusalén. Hizo el mal a los ojos de Yahvé. A la vuelta del año mandó el rey Nabucodonosor que le llevasen a Babilonia con los vasos preciosos de la casa de Yahvé, y puso en su lugar por rey a Sedecías, su hermano, sobre Judá y Jerusalén. Veintiún años tenía Sedecías cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. Hizo el mal a los ojos de Yahvé, su Dios, y no se humilló ante Jeremías, profeta, que le habló de parte de Yahvé. Rebelóse asimismo contra Tabucodonosor, al cual había por Dios jurado fidelidad, y endureció su cerviz, y, obstinándose su corazón, no se volvió a Yahvé, el Dios de Israel. También todos los príncipes de los sacerdotes y el pueblo aumentaron sus prevaricaciones, siguiendo las abominaciones de las gentes y contaminando la casa de Yahvé, que él había santificado en Jerusalén. Yahvé, Dios de sus padres, les mandó sus mensajeros constantemente para amonestarlos, pues quería perdonar a su pueblo y a su casa. Pero ellos hicieron escarnio de los mensajeros de Dios y menospreciaron sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Dios contra su pueblo y ya no hubo remedio. Trajo contra ellos el rey de los caldeos, que pasó a cuchillo a sus mancebos en la casa de su santuario, sin perdonar a mancebo ni a doncella, a viejo ni a encanecido. A todos los entregó en sus manos. Nabucodonosor llevó a Babilonia todos los utensilios de la casa de Dios, grandes y pequeños; los tesoros de la casa de Yahvé y los del palacio del rey y los de sus jefes." Quemaron la casa de Dios, demolieron las murallas de Jerusalén, dieron al fuego todos sus palacios y destruyeron todos los objetos preciosos. A los que habían escapado a la espada llevólos Nabucodonosor cautivos a Babilonia, y allí le estuvieron sujetos a él y a sus hijos hasta la dominación del reino de Persia, para que se cumpliese la palabra de Yahvé pronunciada por boca de Jeremías, hasta que la tierra hubo reposado sus sábados, descansando todo el tiempo que estuvo devastada hasta que se cumplieron los setenta años. El año primero de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Yahvé pronunciada por boca de Jeremías, Yahvé suscitó el espíritu de Ciro, rey de Persia, que hizo publicar de viva voz y por escrito, por todo su reino, este decreto: “Así habla Ciro, rey de Persia: Yahvé, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha mandado edificarle una casa en Jerusalén, en Judá. ¿Quién de entre vosotros es de su pueblo? Que suba, y Yahvé sea con él.” El año primero de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Yahvé por boca de Jeremías, profeta, excitó Yahvé el espíritu de Ciro, rey de Persia, que hizo pregonar de palabra y por escrito por todo su reino: “Así dice Ciro, rey de Persia: Yahvé, Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén en Judá. ¿Quién hay entre vosotros de todo su pueblo? Sea Dios con él y suba a Jerusalén, que está en Judá, y edifique la casa a Yahvé, Dios de Israel; El es el Dios que está en Jerusalén." Y en todo lugar donde habiten restos del pueblo de Yahvé, ayúdenles las gentes del lugar con plata, oro, utensilios y ganados, con dones voluntarios para la casa de Yahvé, que está en Jerusalén.” Levantáronse entonces los jefes de las familias de Judá y de Benjamín, los sacerdotes y levitas, y todos aquellos cuyo espíritu despertó Dios, para subir a edificar la casa de Yahvé que está en Jerusalén. Todos los que habitaban en derredor suyo les dieron objetos de plata y oro, utensilios, ganados y cosas preciosas, a más de los dones voluntarios, El rey Ciro dovolvió los utensilios de la casa de Yahvé, que Nabucodonosor había llevado de Jerusalén y puesto en la casa de sus dioses. Ciro, rey de Persia, hizo que los sacara Miírídates, tesorero, que se los entregó a Sesbasar, príncipe de Judá. He aquí la lista de ellos: treinta fuentes de oro, mil fuentes de plata, veintinueve cuchillos, treinta tazas de oro, cuatrocientas diez tazas de plata y otros mil vasos del segundo orden. Los objetos de oro y plata eran en número de cinco mil cuatrocientos. Sesbasar lo llevó todo de Babilonia a Jerusalén a la vuelta de la cautividad. Estos son los de la provincia que volvieron del destierro, de los que había llevado cautivos a Babilonia Nabucodonosor, rey de Babilonia, y tornaron a Jerusalén y a Judá, cada uno a su ciudad. Partieron con Zorobabel: Josué, Nehemías, Seraya, Ráelayas, Mardoqueo, Bilsán, Mispar, Bigraí, Rejum y Baana. Número de los hijos del pueblo de Israel: Hijos de Paros, dos mil ciento setenta y dos. Hijos de Sefatías, trescientos setenta y dos. Hijos de Araj, setecientos setenta y cinco. Hijos de Pajat Moab, de los hijos de Josué y de Joab, dos mil ochocientos doce. Hijos de Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro. Hijos de Zatu, novecientos cuarenta y cinco. Hijos de Zacaí, setecientos sesenta. Hijos de Baní, seiscientos cuarent y dos. Hijos de Bebaí, seiscientos veintitrés. Hijos de Azgad, mil doscientos veintidós. Hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y seis. Hijos de Bigvaí, dos mil cincuenta y seis. Hijos de A din, cuatrocientos cincuenta y cuatro. Hijos de Ater, de Ezequías, noventa y ocho. Hijos de Besaí, trescientos veintitrés. Hijos de Jora, ciento doce. Hijos de Jasún, doscientos veintitrés. Hijos de Gibar, noventa y cinco. Hijos de Betlehem, ciento veintitrés. De las gentes de Netofa, cincuenta y seis. De las gentes de Anatot, ciento veintiocho. Hijos de Asmavet, cuarenta y dos. Hijos de Quiriat-Jearim, Que-fira y Beerot, setecientos cuarenta y tres. Hijos de Rama y Gueba, setecientos veintiuno. De las gentes de Mijmas, ciento veintidós. De las gentes de Betel y Hai, doscientos veintitrés. Hijos de Nebo, cincuenta y dos. Hijos de Megbis, ciento cincuenta y seis. Hijos del otro Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro. Hijos de Jarim, trescientos veinte. Hijos de Lod, Jadid y Ono, setecientos veinticinco. Hijos de Jericó, trescientos cuarenta y cinco. Hijos de Senaa, tres mil seiscientos treinta. Sacerdotes: Hijos de Jedaya, de la casa de Jesúa, novecientos setenta y tres. Hijos de Immer, mil cincuenta y dos. jos de Pasjur, mil doscientos cuarenta y siete. Hijos de Jarim” mil diecisiete. Levitas: Hijos de Jesúa y de Cadmiel, de los hijos de Odavías, setenta y cuatro. Cantores: Hijos de Asaf, ciento veintiocho. Porteros: Hijos de Salum, hijos de Ater, hijos de Taimó, hijos de Acub, hijos de Jetita, hijos de Sobaí, todos ciento treinta y nueve. Netineos: Hijos de Šija, hijos de Jasufa, hijos de Tabaot hijos de Queros, hijos de Sía, hijos de Fadón, hijos de Lebana, hijos de Jagaba, hijos de Acub, hijos de Jagab, hijos de Sanlaí, hijos de Janón, hijos de Guidel, hijos de Gajar hijos de Reaya, hijos de Resín, hijos de Necoda, hijos de Gazam, hijos de Uza, hijos de Paseaj, hijos de Besaí, hijos de Asena, hijos de Meunim, hijos de Nefasim, hijos de Bacbuc hijos de Jacufa, hijos de Jarjur, hijos de Baslut, hijos de Me-jida, hijos de Jarsa, hijos de Barcos, hijos de Sisera, hijos de Tamaj, hijos de Nesiaj, hijos de Jatifa. Hijos de los siervos de Salomón: hijos de Sotaí, hijos de Soferet, hijos de Peruda, hijos de Jaala, hijos de Darcón, hijos de Gudel, hijos de Sefatías, hijos de Jatil, hijos de Pogueret, Asebaim, hijos de Arní. Todos los netineos e hijos de los siervos de Salomón, trescientos noventa y dos. Estos son los que subieron de Tel Mela, Tel Harsa, Querub, Addán e Immer, sin poder dar Tazón de su casa paterna y de su estirpe para probar que eran de Israel. Hijos de Delaya” hijos de Tobías, hijos de Necoda, seiscientos cincuenta y dos. Y de los hijos de los sacerdotes, hijos de Abaya, hijos de Cos, hijos de Barzilai, que tomó por mujer a una de las hijas de Bar-zilai, galadita, y fue llamado con el nombre de ellos;" éstos buscaron sus registros genealógicos, pero no los hallaron y fueron excluidos del sacerdocio, y el gobernador les prohibió comer las cosas santas mientras un sacerdote no consultase los “urim” y “tummim.” La congregación toda entera era de cuarenta y dos mil trescientas sesenta personas, sin contar los siervos y siervas, en número de siete mil trescientos treinta y siete. Entre ellos había trescientos cantores y cantoras. Tenían setecientos treinta y seis caballos, doscientos cuarenta y cinco mulos, cuatro cientos treinta y cinco camellos y seis mil setecientos veinte asnos. Muchos de los jefes de familias, al llegar a la casa de Yahvé en Jerusalén, hicieron ofrendas voluntarias para la casa de Yahvé, para reedificarla en el lugar en que había estado. Dieron para el tesoro de la obra, según sus medios, sesenta y un mil dáricos de oro, y cinco mil minas de plata, y cien túnicas sacerdotales. Los sacerdotes y levitas y las gentes del pueblo, los cantores, los porteros y los netineos se establecieron en sus ciudades. Todo Israel habitó en sus ciudades. Llegado el séptimo mes, los hijos de Israel que estaban ya en sus ciudades se reunieron como un solo hombre en Jerusalén. Josué, hijo de Josadac, con sus hermanos los sacerdotes, y Zorobabel, hijo de Saaltiel, con sus hermanos, se levantaron para edificar el altar del Dios de Israel y ofrecer sobre él el holocausto, como está prescrito en la Ley de Moisés, hombre de Dios. Asentaron el altar sobre sus cimientos, aunque había que temer de los pueblos vecinos, y ofrecieron en él holocaustos a Yahvé, el holocausto de la mañana y el de la tarde. Celebraron la fiesta de los Tabernáculos, como está escrito; ofrecieron día por día holocaustos, según el número prescrito para cada día." Después siguieron ofreciendo el holocausto perpetuo, los holocaustos de los novilunios y los de todas las solemnidades consagradas a Yahvé, y los de todos aquellos que hacían ofrendas voluntarias a Yahvé. Comenzaron a ofrecer holocaustos desde el día primero del mes séptimo. Todavía, sin embargo, no se habían puesto los cimientos de la casa de Yahvé. Dieron dinero a los canteros y a los carpinteros, y comida, bebida y aceite a los sidonios y a los tirios, para que trajesen maderas de cedro del Líbano a Jafa, según había dispuesto en cuanto a esto Ciro, rey de Persia. El año segundo después de la llegada a la casa de Yahvé a Jerusalén, el segundo mes, Zorobabel, hijo de Saaltiel; Josué, hijo de Josadac, con el resto de sus hermanos los sacerdotes y los levitas, y todos los otros que habían venido de la cautividad, dieron principio a la obra y encargaron a los levitas de veinte años arriba la vigilancia de los trabajos de la casa de Yahvé." Josué, con sus hijos y sus hermanos; Cadmiel, con sus hijos hijos de Oda vías; los hijos de Jenadad, con sus hijos y sus hermanos los levitas, se dispusieron todos a una a vigilar a los que trabajaban en la casa de Dios." Cuando los obreros pusieron los cimientos de la casa de Yahvé, asistieron los sacerdotes revestidos, con trompetas, y los levitas, los hijos de Asaf, con címbalos, para alabar a Dios según la ordenación de David, rey de Israel, y cantaban alabando y confesando a Yahvé: “Porque es bueno, porque es eterna su misericordia para Israel.” Todo el pueblo lanzaba gritos jubilosos, alabando a Yahvé, porque se ponían los cimientos de la casa de Yahvé. Muchos de los sacerdotes y levitas y de los jefes de familias, ya ancianos, que habían conocido la casa primera, lloraban en voz alta al ver poner los cimientos de esta obra, mientras que los demás gritaban jubilosos, no pudiendo distinguirse en el pueblo entre el clamor de los gritos de alegría y el de los llantos, porque clamaba el pueblo con júbilo, y el ruido se oía hasta lejos. Cuando los enemigos de Judá y Benjamín supieron que los vueltos de la cautividad estaban reedificando el templo de Yahvé, Dios de Israel, llegáronse a Zorobabel y a los jefes de familia y les dijeron: “Queremos cooperar con vosotros en la reconstrucción, porque también nosotros buscamos a vuestro Dios, y a él sacrificamos desde los días de Asaradón, rey de Asiría, que aquí nos trajo.” Dijéronles Zorobabel, Josué y los demás jefes de familia de Israel: “No conviene que juntos edifiquemos la casa de nuestro Dios; hemos de ser nosotros solos quienes la edifiquemos a Yahvé, Dios de Israel, pues así lo ha mandado el rey Giro, rey de Persia.” Entonces las gentes de aquella tierra intimidaron al pueblo de Judá, queriendo impedir la construcción;" y ganándose con dinero algunos consejeros de la corte, procuraron hacer fracasar su propósito durante todo el remado de Ciro, rey de Persia, hasta el reinado de Darío, rey de Persia. En el reinado de Asuero, al comienzo de él, escribieron una acusación contra los moradores de Judá y de Jerusalén. Y en tiempos de Artajerjes, Bislam, Mitrídates, Tabeel y el resto de sus colegas escribieron a Artajerjes, rey de Persia. La carta fue traducida al arameo y transcrita con caracteres árameos. Rehum, el gobernador, y Simsaí, secretario, escribieron a Artajerjes, rey de Persia, acerca de Jerusalén, esta carta: “Rehum, gobernador; Simsaí, secretario, y el resto de sus colegas, los jueces y los oficiales persas y los hombres de Erec, de Babilonia, de Susa, de Deha, de Elam" y de otros pueblos que el grande y glorioso Asnapar trasladó y estableció en la ciudad de Samaría y otros lugares del lado de acá del río,” etc. He aquí la copia de la carta que mandaron al rey Artajerjes: “Tus siervos, las gentes del lado de acá del río, etc. Sepa el rey que los judíos que de ahí salieron y han llegado entre nosotros a Jerusalén, están reedificando la ciudad rebelde y rnala, alzando sus murallas y restaurando los cimientos. Que sepa, pues, el rey que, si esta ciudad es reedificada y reconstruidas sus murallas, no pagarán tributo, ni impuesto, ni derecho de peaje, y que de ello se ha de resentir el real tesoro. Ahora, pues, como nosotros comemos la sal del palacio y no creemos conveniente que el rey sea menospreciado, mandamos al rey esta información;" que se investiguen los libros de las historias de tus padres, y en ellos verás que esta ciudad es una ciudad rebelde, funesta para los reyes y sus provincias, y que ya de antiguo se movieron en ella revueltas, habiendo sido por esto destruida. Hacemos saber al rey que, si esta ciudad se reedifica y se levantan sus murallas, perderás con esto mismo tus posesiones del lado de acá del río.” Respuesta que mandó el rey a Rehum, gobernador; a Sirnsaí, secretario, y al resto de sus colegas que habitan en Samaría y otros lugares del lado de acá del río: “Salud, etc." Ahora, la carta que nos habéis enviado ha sido leída exactamente en mi presencia. Por orden mía se hicieron investigaciones, y ha sido hallado que ya de antiguo esa ciudad se rebeló contra los reyes y que se dio a la sedición y a la revuelta. Hubo en Jerusaíén reyes poderosos, dueños de toda la tierra del lado de allá del río, a los que se pagaba tributo, impuesto y derecho de peaje. Por consiguiente, mando que cesen los trabajos de esas gentes, para que esa ciudad no sea reconstruida sin una autorización mía. No dejéis de poner en esto gran diligencia, no sea que el mal aumente, con perjuicio de los reyes.” En cuanto la copia de esta carta del rey Artajerjes fue leída ante Rehurn, gobernador; Sirnsaí, secretario, y sus colegas, marcháronse apresuradamente a Jerusalén a los judíos e hicieron cesar los trabajos por la violencia y por la fuerza." Entonces se pararon las obras de la casa de Yahvé en Jerusalén, quedando interrumpidas hasta el año segundo del reinado de Darío, rey de Persia. Ageo, profeta, y Zacarías, hijo de Ido, profeta, hablaron en nombre de Dios a los judíos que había en Judá y en Jerusalén;" y entonces Zorobabel, hijo de Saaltiel, y Josué, hijo de Josadac, se levantaron y comenzaron a edificar la casa de Dios en Jerusalén. Con ellos estaban los profetas de Dios que los asistían. Vinieron entonces a ellos Tatnaí, gobernador del lado de acá del río; Setar-Boznaí y sus colegas, y les dijeron: “¿Quién os ha dado autorización para levantar esta casa y levantar estos muros?”; y preguntaron: “¿Cuáles son los nombres de los que construyen este edificio ?” Entonces les respondieron, dándoles los nombres de los que hacían la construcción. Pero los ojos de Dios estaban sobre los ancianos de los judíos, y se permitió que continuasen las obras mientras se consultaba al rey Darío, hasta que se recibiese de él carta acerca de esto. He aquí copia de la carta que al rey Darío mandaron Tatnaí, gobernador del lado de acá del río; Setar-Boznaí y sus colegas los persas que habitaban del lado de acá del río." Le enviaron una relación en estos términos: “Al rey Darío, salud. Comunicamos al rey que hemos ido a la provinvia de Judá, a la casa del Dios grande. Está construyéndose en piedras talladas, y se colocan las maderas en los muros y el trabajo se hace rápidamente y adelanta en sus manos. Hemos preguntado a los ancianos y les hemos hablado así: “¿Quién os ha dado autorización para edificar esta casa y levantar estos muros?” Les hemos preguntado también los nombres para dártelos a conocer, y hemos puesto por escrito los nombres de los que están al frente suyo. He aquí la respuesta que nos dieron: “Nosotros somos servidores del Dios de los cielos y de la tierra y estamos reconstruyendo la casa que fue construida muchos años ha. Un gran rey de Israel la edificó y la terminó. Pero luego que nuestros padres irritaron al Dios de los cielos, él los entregó en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, el caldeo, que destruyó esta casa y llevó cautivo el pueblo a Babilonia. Pero el año primero del reinado de Ciro, rey de Babilonia, el rey Ciro dio la orden de reedificar esta casa de Dios, y el mismo rey Ciro sacó del templo de Babilonia los utensilios de oro y plata que Nabucodonosor había tomado del templo de Jerusalén, llevándolos al templo de Babilonia, e hizo que fueran entregados al llamado Sesbasar, que nombró gobernador, diciéndole: Torna esos utensilios y ve a llevarlos al templo de Jerusalén, y que la casa de Dios sea reconstruida en su mismo lugar, Este mismo Sesbasar vino y puso los cimientos de la casa de Dios en Jerusalén; desde entonces está reconstruyéndose y no se ha terminado." Ahora, pues, si al rey le parece conveniente, que se hagan investigaciones en la casa de los tesoros del rey de Babilonia para ver si hubo una orden del rey Ciro para la reconstrucción de esta casa de Dios en Jerusalén y que el rey nos transmita luego su voluntad en este asunto.” Entonces el rey Darío dio orden de hacer investigaciones en las casas de los archivos, donde se depositaban los tesoros, en Babilonia;" y se encontró en Ecbatana, capital de la provincia de Media, un rollo en que estaba escrito el memorial siguiente. “El año primero del rey Ciro ha dado el rey Ciro esta orden respecto de la casa de Dios de Jerusalén: Que la casa sea reconstruida para ser un lugar en que se sacrifique y que tenga sólidos fundamentos. Tendrá sesenta codos de alto, sesenta de ancho y tres hiladas de piedra tallada y una de madera nueva, siendo abonado el importe por la casa del rey. Además, los utensilios de oro y de plata que Nabucodonosor sacó del templo de Jerusalén, trayéndolos a Babilonia, serán devueltos y llevados al templo de Jerusalén, al lugar donde estaban, y depositados en la casa de Dios.” “Por tanto, Tatnaí, gobernador del otro lado del río; Setar-Boznaí, y vuestros colegas de Afarsac, que habitáis al lado de allá del río, alejaos de ahí" y dejad que prosigan los trabajos de esa casa de Dios y que el gobernador de los judíos y los ancianos de los judíos la reconstruyan en su lugar. Esta es la orden que os doy acerca de lo que debéis hacer, respecto de esos ancianos de los judíos, para la construcción de esa casa de Dios. El costo, tomado de la hacienda del rey, proveniente de los tributos de la parte de allá del río, será íntegramente pagado a esos hombres, para que no haya interrupciones. Lo necesario para los holocaustos al Dios de los cielos: novillos, carneros, corderos, trigo, sal, vino y aceite, será entregado, a petición suya, a los sacerdotes de Jerusalén, día por día y sin falta, para que ofrezcan sacrificios de grato olor al Dios de los cielos y rueguen por la vida del rey y la de sus hijos.” “Y ésta es la orden que doy acerca de cualquiera que traspasare este mandato: se arrancará de su casa una viga, que se alzara, para colgarle en ella, y su casa será convertida en un montón de inmundicia. Que el Dios que hace residir su nombre en ese lugar derribe a todo rey y todo pueblo que tienda su mano para traspasar mi mandato, destruyendo esa casa de Dios en Jerusalén. Yo, Darío; yo he dado esta orden. Que sea puntualmente cumplida.” Tatnaí, gobernador de la parte de acá del río, Setar-Boz-naí y sus colegas, se conformaron puntualmente a esta orden que les mandó el rey Darío;" y los ancianos de los judíos prosiguieron con buen suceso la reconstrucción, según las profecías de Ageo, profeta, y de Zacarías, hijo de Ido; y terminaron la reconstrucción, según la orden del Dios de Israel y las de Ciro y Darío." La casa fue terminada el día tercero del mes de Adar del año sexto del reinado de Darío. Los hijos de Israel, los sacerdotes y levitas y los demás que habían venido de la cautividad, hicieron con gozo la dedicación de esta casa de Dios, ofreciendo en la dedicación de esta casa de Dios cien novillos, doscientos carneros y cuatrocientos corderos; y corno víctimas expiatorias por todo Israel, doce machos cabríos, según el número de las tribus de Israel." Establecieron a los sacerdotes según sus clases y a los levitas según sus divisiones para el servicio de Dios en Jerusalén, como está escrito en el libro de Moisés. Los hijos de la cautividad celebraron la pascua el día catorce del mes primero. Los sacerdotes y los levitas se purificaron todos a una y todos estaban puros, e inmolaron los levitas la pascua para todos los hijos de la cautividad, para sus hermanos los sacerdotes y para sí mismos. Los hijos de Israel que habían vuelto de la transmigración comieron la pascua con todos aquellos que se habían apartado de las inmundicia de las gentes de aquella tierra y se habían unido a ellos para buscar a Yahvé, el Dios de Israel. Celebraron con alegría la fiesta de los panes ácimos durante siete días, pues los había regocijado Yahvé, disponiendo al rey de Persia a apoyarlos en la obra de la casa de Yahvé, Dios de Israel. Después de esto, en el reinado de Artajerjes, rey de Persia, vino Esdras, hijo de Serayas, hijo de Azarías, hijo de Helcías, hijo de Salum, hijo de Sadoc, hijo de Ajitub, hijo de Amarías, hijo de Azarías, hijo de Merayot, hijo de Zarajías, hijo de Uzi, hijo de Buqui, hijo de Abisúa, hijo de Fines, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, sumo sacerdote. Venía de Babilonia, y era un escriba muy versado en la ley de Moisés, dada por Yahvé, Dios de Israel; y corno estaba sobre él la mano de Yahvé, su Dios, el rey le otorgó todo cuanto le pidió," Muchos de los hijos de Israel, de los sacerdotes y levitas, de los cantores, de los porteros y de los netineos, vinieron también a Jerusalén el año séptimo del rey Artajerjes. Llegó Esdras a Jerusalén el mes quinto del año séptimo del rey, habiendo salido de Babilonia el día primero del primer mes, y llegó a Jerusalén el día primero del quinto mes, estando sobre él la mano de su Dios, porque Esdras había dispuesto su corazón para poner por obra la Ley de Yahvé y enseñar en medio de Israel sus mandamientos y preceptos. He aquí la copia de la carta entregada por el rey Artajerjes a Esdras, sacerdote y escriba, versado en los mandamientos y las leyes de Yahvé a Israel: “Artajerjes, rey de reyes, a Esdras, sacerdote y escriba, versado en la ley del Dios de los cielos, etc.,” -- omitido por paráfrasis -- “He dado la orden de dejar partir a todos los del pueblo de Israel, de sus sacerdotes y sus levitas, que hay en mi reino que estén dispuestos a ir contigo a Jerusalén. Tú eres enviado del rey y de sus siete consejeros para inspeccionar a Judá y a Jerusalén respecto de la Ley de tu Dios, que está entre tus manos, y para llevar allá el oro y la plata que el rey y sus consejeros han ofrecido generosamente al Dios de los cielos, cuya casa está en Jerusalén;" toda la plata y el oro que puedas reunir en Babilonia, con las ofrendas voluntarias hechas por el pueblo y los sacerdotes a la casa de Dios en Jerusalén.” “Cuidarás de adquirir con ese dinero novillos, carneros, corderos y cuanto es necesario para las ofrendas y las libaciones, que ofrecerás sobre el altar de la casa de vuestro Dios e Jerusalén, y con el resto de la plata y del oro harás lo que mejor te parezca a ti y a tus hermanos, conforme a la voluntad de vuestro Dios. Deposita ante Dios en Jerusalén los utensilios que se te entregan para el servicio de la casa de tu Dios y saca de los tesoros del rey lo que sea necesario para las otras expensas que has de hacer para la casa de tu Dios.” “Yo, el rey Artajerjes, doy orden a todos los tesoreros de la parte de allá del río de entregar íntegramente a Esdras, sacerdote y escriba, versado en la ley del Dios de los cielos, todo lo que él os pidiere, hasta cien talentos de plata, cien coros de trigo, cien “batos” de vino, cien “batos” de aceite y sal a discreción. Que todo cuanto está mandado por el Dios de los cielos se haga puntualmente para la casa del Dios de los cielos, para que no venga su cólera sobre nuestro reino, sobre el rey y sobre sus hijos. Os hacemos saber que no podrá ser impuesto tributo, ni gabela, ni derecho de peaje a ninguno de los sacerdotes, levitas, cantores, porteros y netineos ni a ningún servidor de esa casa de Dios.” “Y tú, Esdras, según la sabiduría que de Dios, que está en tu mano, tienes, establece jueces y magistrados que administren justicia a todo el pueblo del otro lado del río, a todos los que conocen la Ley de tu Dios, y enséñasela a los que no la conocen. Cualquiera que no guarde puntualmente la ley de tu Dios y la ley del rey, será condenado a muerte, a destierro, a multa o a prisión.” Bendito Yahvé, Dios de nuestros padres, que ha dispuest el corazón del rey a glorificar así la casa de Yahvé en Jerusalén y que me hizo objeto de la benevolencia del rey, de sus consejeros y de todos sus poderosos jefes. Fortalecido por la mano de mi Dios, que estaba sobre mí, reuní a los jefes de Israel para que partieran conmigo. He aquí los jefes de familias y las genealogías de los que subieron conmigo de Babilonia en el remado de Artajerjes: de los hijos de Finés, Gersón; de los hijos de Itamar, Daniel; de los hijos de David, Jatús," hijo de Secanías; de los hijos de ?aros, Zacarías, y con él ciento cincuenta varones registrad" de los hijos de Pajat Moab, Elyoenai, hijo de Zazajías, y con él doscientos varones;" de los hijos de Zatú, Secanías, hijo de Jacaziel, y con él trescientos varones;" de los hijos de Adín Ebed, hijo de Jonatán, y con él cincuenta varones;" de los hijos de Elam, Isaías, hijo de Atalía, y con él setenta varones;" de los hijos de Sefatías, Zebadías, hijo de Micael, y con él ochent6 varones;" de los hijos de Joab, Abdías, hijo de Jejiel, y con él doscientos dieciocho varones;" de los hijos de Baní, Selomit hijo de Josifía, y con él ciento sesenta varones;" de los hijos de Bebaí, Zacarías, hijo de Bebaí, y con él veintiocho varones. de los hijos de Azgad, Jojanán, hijo de Acatan, y con él ciento diez varones;" de los hijos de Adonicam, los últimos; he aquí los nombres: Elifelet, Jeuel, Semeyas, y con ellos sesenta varones;" de los hijos de Bigvaí, Utaí y Zabub, y con ellos sesenta varones. Los reuní cerca del río que corre hacia Aha va, y acampamos allí tres días; y habiendo buscado entre el pueblo y los sacerdotes, no hallé ninguno de la casa de Le vi." Entonces llamé a los jefes Eliezer, Ariel, Semeyas, Jarib, Elnatán, Natán, Zacarías y Mesulam, y los mandé al jefe Ido, que habitaba en Casifía, poniendo en su boca lo que habían de decir a Ido y a sus hermanos los netineos que había en Casifía, para que nos mandasen servidores para la casa de nuestro Dios. Como estaba con nosotros la buena mano de nuestro Dios, nos trajeron a Serebía, hombre de sentido, de entre los hijos de Majlí, hijo de Leví, hijo de Israel, y con él sus hijos y sus hermanos, en número de dieciocho;" Jasabía, y con él Isaías, de entre los hijos de Merarí, sus hermanos y sus hijos, en número de veinte;" y de entre los netineos, que David y los jefes habían puesto al servicio de los levitas, doscientos veinte netineos, todos designados por sus nombres. Allí, cerca del río Ahavá, publiqué un ayuno de penitencia ante nuestro Dios, para implorar de él un feliz viaje para nosotros, para nuestros hijos y para toda nuestra hacienda. Me hubiera avergonzado de pedir al rey una escolta y caballería para protegernos del enemigo durante el camino, pues habíamos dicho al rey: “La mano de nuestro Dios está, para bien de ellos, sobre cuantos le buscan; pero su poder y su ira se desencadenan contra los que le abandonan.” Por eso ayunamos e invocamos a nuestro Dios, y El nos escuchó. Elegí doce jefes de los sacerdotes: Serebía, Jasabía y diez de sus hermanos. Pesé delante de ellos la plata, el oro y los utensilios donados en ofrenda para la casa de nuestro Dios por el rey, sus consejeros y sus jefes, y por todos los de Israel que habían sido hallados, y pesé en sus manos seiscientos cincuenta talentos de plata, utensilios de plata por cien talentos, cien talentos de oro, veinte copas de oro por valor de mil dáricos y dos vasos de un hermoso bronce bruñido, tan precioso como el oro. Luego les dije: “Vosotros estáis consagrados a Yahvé; estos utensilios son cosas santas, y esta plata y este oro son ofrenda voluntaria hecha a Yahvé, el Dios de vuestros padres." Velad y guardadlos hasta que los peséis ante los jefes de los sacerdotes y levitas y ante los jefes de las familias de Israel en Jerusalén, en las cámaras de la casa de Yahvé.” Los sacerdotes y levitas recibieron a peso la plata, el oro y los utensilios para llevarlos a Jerusalén, a la casa de nuestro Dios. Partimos del río de Ahavá, para dirigirnos a Jerusalén, el día doce del mes primero. La mano de Dios fue con nosotros y nos preservó de ataques de enemigos y de toda emboscada durante el camino. Llegamos a Jerusalén y descansamos tres días;" el cuarto día pesamos en la casa de nuestro Dios la plata, el oro y los utensilios, y lo entregamos todo a Merimot, hijo de Urías, sacerdote, que tenía consigo a Eleasar, hijo de Finés y con ellos los levitas Josabad, hijo de Josué, y Noadías, hijo de Biní. Después de recontarlo y repesarlo todo, se puso por escrito el peso total. Los hijos de la cautividad vueltos del destierro ofrecieron en holocausto al Dios de Israel doce novillos por todo Israel, noventa y seis carneros, setenta y siete corderos y doce machos cabríos, como víctimas expiatorias, todo en holocausto a Yahvé. Transmitieron las órdenes del rey a los sátrapas del rey y a los gobernadores del lado acá del río, y éstos honraron al pueblo y a la casa de Dios.” Después de todo esto se me acercaron los jefes, diciendo: “El pueblo de Israel, los sacerdotes y levitas no han estado apartados de las gentes de esta tierra e imitan sus abominaciones las de los cananeos, jéteos, fereceos, jebuseos, amonitas, moa-bitas, egipcios y amorreos;" pues han tomado de entre ellos mujeres para sí y para sus hijos y han mezclado su raza santa con la de las gentes de esta tierra. Los jefes y magistrados han sido los primeros en cometer este pecado.” Al oír esto rasgué mis vestiduras, mi manto, y me arranqué cabellos de mi cabeza y de mi barba, y me senté desolado. Juntáronse conmigo todos los temerosos de las palabras del Dios de Israel por la prevaricación de los hijos de la cautividad. Yo estuve desolado hasta el sacrificio de la tarde;" y luego, al tiempo de la ofrenda de la tarde, me levanté de mi humillación y, con mis vestidos y mi manto rasgados, póstreme de rodillas y, tendiendo a Yahvé, mi Dios, mis manos, dije: ¡Dios mío! Estoy confuso y avergonzado, Dios mío, y no me atrevo a levantar a ti mi rostro, porque nuestras iniquidades se han multiplicado por encima de nuestra cabeza, y nuestros delitos suben hasta el cielo. Desde los días de nuestros padres hasta hoy hemos sido muy culpables; y por nuestras iniquidades, nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos sido entregados a las manos de los reyes extranjeros, a la espada, a la cautividad, al saqueo, a la vergüenza que cubre nuestro rostro." “Con todo, Yahvé, nuestro Dios, acaba de hacer con nosotros misericordia, dejándonos un resto de libertad y dándonos refugio en su lugar santo, para hacer brillar nuestros ojos y darnos un poco de vida en nuestra servidumbre;" porque esclavos somos pero, en medio de nuestra esclavitud, Dios no nos ha abandonado. Nos ha conciliado la benevolencia de los reyes de Persia conservándonos la vida para que pudiéramos edificar la casa de nuestro Dios, levantando sus ruinas y dándonos un refugio seguro en Judá y en Jerusalén. “ ¿Qué podemos, pues, decir después de todo esto, oh Dios nuestro? Pues hemos abandonado tus mandamientos, los que nos prescribiste por medio de tus siervos los profetas, diciendo: “La tierra que vais a poseer es una tierra manchada por las abominaciones de los pueblos de esas regiones, que del uno al otro cabo la han llenado de sus inmundicias;" no deis vuestras hijas a sus hijos, ni toméis sus hijas para vuestros hijos, ni os cuidéis nunca de su prosperidad ni de su bienestar, y así vendréis a ser fuertes y comeréis lo mejor de los frutos de la tierra, y la dejaréis a vuestros hijos en heredad para siempre.” Después de todo lo que nos ha sucedido por nuestras maldades y grandes pecados que hemos cometido, porque tú, Dios nuestro, no nos has castigado en proporción de nuestras iniquidades, ¿vamos a comenzar de nuevo a traspasar tus mandamientos, a emparentar con esos pueblos abominables? ¿No se ensañaría contra nosotros tu cólera hasta destruirnos del todo, sin dejar ni resto ni escape? Yahvé, Dios de Israel: Tú eres justo, pues que hemos quedado hoy un resto de escapados. Henos aquí ante ti como culpables, sin poder por eso permanecer en tu presencia.” Mientras que Esdras lloraba postrado ante la casa de Dios y hacía esta plegaria y esta confesión, habíase reunido junto a él una gran muchedumbre de gentes de Israel” Hombres, mujeres, niños y todos derramaban abundantes lágrimas. Entonces Secanías, hijo de Jejiel, de entre los hijos de Elam, tomando la palabra, dijo a Esdras: “Hemos pecado contra Dios tomando mujeres extranjeras de entre los pueblos de esta tierra, pero Israel no queda por esto sin esperanza. Hagamos pacto con nuestro Dios de echar a todas esas mujeres y a los nacidos de ellas, según el parecer de mi señor y de cuantos temen los mandamientos de nuestro Dios, y que se cumpla la Ley. Levántate, pues, ya que esto cosa tuya es. Nosotros seremos contigo. Ten valor, y a la obra.” Levantóse Esdras e hizo jurar a los jefes de los sacerdotes, de los levitas y de todo Israel que harían lo que se acababa de decir, y ellos lo juraron. Después se retiró Esdras de la casa de Dios y se fue a la cámara de Jojanán, hijo de Elíasib; pero no comió allí pan ni bebió agua, porque estaba en gran desolación por el pecado de los hijos de la cautividad." Se publicó por Judá y Jerusalén a todos los hijos de la cautividad que se reuniesen en Jerusalén, y que, si alguno no se presentaba dentro de los tres días, conforme al acuerdo de los príncipes y de los ancianos, le fuesen confiscados todos sus bienes, y él excluido de la congregación de los hijos de la cautividad. Todos los hombres de Judá y Benjamín se reunieron en Jerusalén dentro de los tres días. Era el día veinte del noveno mes, y todo el pueblo estaba en la plaza de la casa de Dios temblando con motivo de aquel negocio y a causa de la lluvia. Levantóse Esdras, sacerdote, y dijo: “Habéis prevaricado tomando mujeres extrañas, añadiendo prevaricaciones a la iniquidad de Israel. Dad ahora gloria a Yahvé, el Dios de vuestros padres, y cumplid su voluntad. Apartaos de los pueblos de esta tierra y de las mujeres extrañas.” Toda la asamblea respondió a una y en alta voz: “Hágase así, conforme a tu palabra. Pero como el pueblo es muy numeroso y está el tiempo de lluvias, no siendo posible permanecer al descubierto; y como, además, no es cosa de un día o dos, por ser muchos los que de nosotros han pecado en esto," que sean nuestros jefes los que en lugar de la asamblea toda se queden; y a todos los que de nuestras ciudades han tomado mujeres extrañas, les hagan venir en tiempos determinados con los ancianos y los jueces de cada ciudad, hasta que la encendida cólera de nuestro Dios se aparte de nosotros en cuanto a esto.” Jonatán, hijo de Azael, y Jajzía, hijo de Tecua, apoyados por Mesulam y por Sabtaí, levitas, fueron los únicos que se opusieron a este parecer. Pero los hijos de la cautividad obraron según se les había dicho. Se eligió a Esdras, sacerdote, y a algunos de los jefes de las casas paternas, todos designados por sus nombres, y éstos se sentaron para resolver el asunto el día primero del mes décimo. El día primero del mes primero acabaron de juzgar a todos los que habían tomado mujeres extrañas. De entre los sacerdotes fueron hallados que habían tornado mujeres extrañas: de los hijos de Josué, hijo de Josadac, y sus hermanos: Maasías, Eliezer, Jarib y Godolías, que se comprometieron, dando su mano, a echar a sus mujeres y a ofrecer un carnero por su pecado;" de los hijos de Immer, Jananí y Zebadías;" de los hijos de Jarim, Maasías, Elías, Se-meyas, Jejiel y Ozías;" de los hijos de Pasur, Elyoenai, Maasías, Ismael, Natanael, Jozabad y Elasa. De entre los levitas, Jozabad, Simeí, Quelaya, que es que-lita; Petajya, Judá y Eliezer." De entre los cantores, Elíasib. De entre los porteros, Salum, Telem y Urí. De entre los hijos de Israel: de los hijos de Paros, Ramia, Jiziya, Malquiya, Miyamim, Eleazar, Malquiya y Benaya;" de los hijos de Elam, Matanías, Zacarías, Jejiel, Abdí, Jeremot y Elías;" de los hijos de Zatu, Elyoenai, Elíasib, Matanía, Jeremot, Zabad y Aziza;" de los hijos de Bebaí, Jojana, Ananías, Jabdu y Atlaí;" de los hijos de Baní, Mesuíam, Maluc, Adaya, Jasub, Seal y Jerirnot;" de los hijos de Pajat, Moab, Adna, Quelal, Banayas, Masías, Matanías, Besaleel, Biní y Manases;" de los hijos de Jarim, Eliezer, Jisjiya, Malquiya, Semeyas, Simeón, Benjamín, Maluc y Semaría;" de los hijos de Ja-sum, Matnaí, Matata, Zabad, Elifelet, Jeremaí, Manases y Se-meí;" de los hijos de Baní, Madaí, Amram, Uel, Benayas, Bedia, Queluyas, Vania, Meremot, Elíasib, Matanías, Matnaí, Jasaí;" Baní, Biní, Semeí, ™ Selemías, Natán, Adayas, Macnadbaí, Sasaí, Saraí, Azareel, Selamías, Semarías, Salum, Amarías y José;" hijos de Nebo, Jeiel, Matatías, Zabad, Zebina, Jadar, Joel y Banayas. Todos éstos habían tomado mujeres extranjeras y muchos tenían ya hijos de ellas. Palabras de Nehemías, hijo de Helcías: En el mes de Casleu del año veinte, estando yo en Susa, en la capital, llegaron de Judá Jananí y uno de mis hermanos con algunos otros. Yo les pregunté por los judíos que habían sido libertados, los restos de la cautividad y por Jerusalén. Ellos me respondieron: “Los restos de la cautividad están en la provincia en gran miseria y afrenta. Las murallas de Jerusalén están todavía en ruinas, y sus puertas quemadas por el fuego.” Cuando oí esto, sentéme y lloré, y estuve por muchos días desolado. Ayuné y oré ante el Dios de los cielos, diciendo: “Ruégote, Yahvé, Dios de los cielos, Dios grande y terrible, que guardas tu alianza y haces misericordia con los que te aman y guardan tus mandatos, que esté atento tu oído y abiertos tus ojos para escuchar la oración que tu siervo te dirige ahor, día y noche, por tus siervos los hijos de Israel, confesando los pecados de Israel, nuestros pecados contra ti, porque yo y la casa de mi padre hemos pecado, te hemos ofendido y no hemos guardado los mandamientos, las leyes y los preceptos que tú prescribiste a Moisés, tu siervo. Acuérdate de estas palabras que tú mandaste decir a Moisés, tu siervo: Si pecareis, yo os dispersaré entre los pueblos;" pero si os volvéis a mí y guardáis mis mandamientos y los ponéis por obra, aunque hubiereis sido desterrados a los confines de la tierra, de allí os reuniré yo y os volveré al lugar que he elegido para hacer residir en él mi nombre. Son tus siervos, son tu pueblo, que redimiste tú con tu gran poder y tu fuerte mano, ¡Oh Señor! que esté atento tu oído a la plegaria de tu siervo y a la de los siervos tuyos que desean temer tu nombre. Concede ahora próspero suceso a tu siervo y haz que halle yo gracia a los ojos de este hombre”; pues servía yo entonces de copero al rey." En el mes de Nisán del año veinte del rey Artajerjes, estando ya el vino delante de él, tomé el vino y se lo ofrecí al rey. Jamás había yo aparecido triste en su presencia, pero aquel día me dijo: “¿Por qué estás con tan mala cara? Enfermo no estás; no puede ser, pues, sino alguna pena de tu corazón.” Yo entonces me atemoricé sobremanera," y respondí al rey: “¡Viva el rey eternamente! ¿Cómo no va a estar triste mi rostro cuando la ciudad donde están los sepulcros de mis padres está en ruinas, y quemadas por el fuego sus puertas?” Y me dijo el rey: “¿Qué es lo que quieres?” Yo, rogando al rey de los cielos, respondí al rey: “Si al rey le pareciera bien y hallara gracia tu siervo ante ti, que me mandaras a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, para reedificarla.” El rey, a cuyo lado estaba sentada la reina, me dijo: “¿Cuánto durará tu viaje? ¿Cuándo estarás de vuelta?” Plugo al rey dejarme partir, y yo le señalé tiempo. Después dije al rey: “Si al rey le parece bien, que se me den cartas para los gobernadores del otro lado del río, para que me permitan pasar y entrar en Judá;" y otra carta para Asaf, guardabosques del rey, Para que me facilite maderas y viguería para las puertas de la ciudadela vecina a la casa, para las murallas de la ciudad para la casa que yo he de habitar.” Dióme el rey estas cartas pues la buena mano de mi Dios estaba sobre mí. Presénteme a los gobernadores del otro lado del río y les entregué las cartas del rey, que había hecho que me acompañasen dos jefes del ejército y alguna gente de a caballo. Cuando lo supieron Sambalat, joronita, y Tobías, siervo amonita, disgustóles en extremo que viniese un hombre para procurar el bien de los hijos de Israel. Llegué a Jerusalén y estuve allí tres días; pasados los cuales," me levanté de noche con algunos hombres, sin decir a nadie lo que mi Dios me había puesto en el corazón hacer por Jerusalén. No llevaba conmigo bestia alguna de carga; sólo mi propia cabalgadura.” Salí de noche por la puerta del Valle y me dirigí hacia la fuente del Dragón y la puerta de la Escombrera, mirando las murallas de Jerusalén en ruinas y sus puertas consumidas por el fuego. Seguí a la puerta de la Fuente y al estanque del Rey, y no había por allí sitio por donde pasar la cabalgadura en qué iba. Subí, todavía de noche, por el torrente e inspeccioné la muralla. Luego volví a entrar por la puerta del Valle, estando así de vuelta. Los magistrados no sabían adonde había ido y qué era lo que había hecho. Hasta entonces no había dicho nada a los judíos, ni a los sacerdotes, ni a los jefes, ni a los magistrados, ni a ninguno de los que llevaban la dirección de los negocios. Entonces yo les dije: “Bien veis el lamentable estado en que nos hallamos. Jerusalén está destruida y sus puertas consumidas por el fuego. Vamos, pues, a reedificar las murallas de Jerusalén, y no estemos más en el oprobio.” Les conté cómo la buena mano de mi Dios había estado sobre mí y las palabras que el rey me había dirigido; y entonces dijeron: “¡Andando, a edificarla!” Y tomaron resueltamente esta buena determinación." Cuando lo supieron Sambalat, joronita; Tobías, siervo am nita, y Guesern, árabe, se burlaban de nosotros y nos meno° preciaron. Nos dijeron: “¿Qué es lo que hacéis ahí? ¿Os rebe"" láis contra el rey?” Y yo les di esta respuesta: “El Dios de lo"" cielos nos hará salir con nuestra empresa. Nosotros, sus siervos, nos levantaremos y haremos la edificación. Vosotros no tenéis parte, ni derecho, ni recuerdos en Jerusalén.” Elíasib, sumo sacerdote, se levantó con sus hermanos los sacerdotes y edificaron la puerta de las Ovejas; la consagraron y pusieron las puertas, desde la torre de Mea hasta la torre de Jananeel." A continuación de Elíasib edificaron los hombres de Jericó, y a continuación de éstos edificó Zacur, hijo de Irnn. Los hijos de Sena edificaron la puerta del Pescado y la cubrieron, pusieron las puertas, los cerrojos, los goznes. Al lado de ellos trabajó en las reparaciones Meremot, hijo de Urías, hijo de Acus, y al lado de éstos reconstruyó Mesulam, hijo de Berquías, hijo de Mesezabel; y al lado de éstos restauró Sadoc, hijo de Baana." Inmediatos a ellos restauraron los tecuitas, aunque sus nobles no doblaron su cerviz al servicio de su señor. La puerta Vieja la restauraron Joyada, hijo de Pasea, y Mesula, hijo de Besodías; la ensamblaron y pusieron a las puertas sus cerrojos y sus goznes." Junto a éstos reedificaron Melatías, gabaonita, y Jadón, meronotita; y los hombres de Gabón y Misfa trabajaron cerca del gobernador de este lado del río." Junto a ellos trabajó Uziel, hijo de Jarayas, de los orífice y a su lado Ananías, de los perfumistas; continuaron Jerusalém hasta la muralla ancha." A continuación de éstos trabajó Refaías, hijo de Hur, jefe de la mitad del distrito de Jerusalém A continuación trabajó, enfrente de su casa, Jedaya, hijo del Jaromat, y a su lado Jatús, hijo de Jesabnía. Otra porción de la muralla y la torre del horno fue reparada por Malquiya, hijo de Jarim, y Jasub, hijo de Pahat Moab. A continuación de ellos trabajó con sus hijos Salum, hijo de Jaloes, jefe de la otra mitad del distrito de Jerusalén. Janum y los habitantes de Zanoaj repararon la puerta d< Valle, la edificaron, pusieron las puertas, los cerrojos y los goj nes. Hicieron además mil codos de muralla, hasta la puerta de la Escombrera, Malquiya, hijo de Recab, jefe del distrito de Bet Maquerem, reedificó la puerta de la Escombrera, poniendo sus puertas, sus cerrojos y sus goznes. Salum, hijo de Col José, jefe del distrito de Misfa, reconstruyó la puerta de la Fuente, la levantó, la cubrió, puso las puertas con sus cerrojos y sus goznes” Construyó además el muro de la piscina de Siloé, cerca del jardín del rey, hasta la escalinata que baja de la ciudad de David. Después de él, Nehemías, hijo de Azbuc, jefe de la mitad del distrito de Bet Sur, trabajó en las reparaciones hasta enfrente de los sepulcros de David, y hasta delante de la piscina, que había sido artísticamente construida, y hasta el cuartel. Después de él trabajaron los levitas, Rehú, hijo de Bani y a su lado trabajaba Jasabías, jefe de la mitad del distrito de Queila. Después de él sus hermanos, Binnuí, hijo de Jenadad, jefe de la otra mitad del distrito de Queila;" y al lado de éste, Ezer, hijo de Josué, jefe de Misfa, reparó otra porción de la muralla frente al arsenal, hacia el ángulo. Después de él, Baruc, hijo de Zabal, reparó otra porción, desde el ángulo hasta la entrada de la casa de Elíasib, sumo sacerdote. Después de él reparó Meremot, hijo de Uría, hijo de Hacos, otra sección, desde la entrada de la casa de Elíasib hasta el extremo de ella. Después de él trabajaron en la reparación los sacerdotes de los alrededores, y después de ellos Benjamín y Asub enfrente de sus casas. Después de éstos, Azarías, hijo de Maasías hijo de Ananía, reparó lo cercano a su casa. Después de él Binní, hijo de Jenadad, reparó otra sección, desde la casa de Azarías hasta la vuelta del ángulo. Palal, hijo de Uzai, construyó lo de delante del ángulo y la torre que hay en el saliente sobre lo alto del palacio real, en el patio de la prisión. Después de él trabajó Padayas, hijo de Paros. Los netineos que habitan el Ofel trabajaron hasta enfrente de la puerta de las Aguas a oriente, y la torre en saliente. Después de ellos los tecuitas repararon otra porción, frente a la gran torre en saliente, hasta el muro del Ofel. A partir de la puerta de los Caballos, los sacerdotes trabajaron en la reparación, cada uno frente a su casa. Después de ellos trabajó Sadoc, hijo de Irnrner, delante de su casa; y después de él Semeyas, hijo de Secanías, guarda de la puerta de Oriente." Después de él reparó Jananías, hijo de Selemías, y Janún, hijo de Salaf, otra sección, y después de éste, Mesulam, hijo de Bara-quías, reparó delante de su vivienda. Después reparó Malaquías, de entre los orífices, hasta la casa de los netineos y de los comerciantes lo de frente a la puerta de Nifcad y hasta la cámara alta del ángulo. Entre la cámara alta del ángulo y la puerta de las Ovejas trabajaron los orífices y los mercaderes. Entre la cámara alta del ángulo y la puerta de las Ovejas trabajaron los orífices y los mercaderes. [ (Nehemiah 3:33) Cuando supo Sambalat que estábamos reconstruyendo la muralla, se enojó mucho y se encolerizó. Burlábase de los judíos, ] Entre la cámara alta del ángulo y la puerta de las Ovejas trabajaron los orífices y los mercaderes. [ (Nehemiah 3:33) Cuando supo Sambalat que estábamos reconstruyendo la muralla, se enojó mucho y se encolerizó. Burlábase de los judíos, ] [ (Nehemiah 3:34) diciendo ante sus hermanos y ante los soldados de Samaría: “¿Para qué trabajan estos impotentes judíos? ¿Acaso van a dejarlos hacer? ¿Van a sacrificar? ¿Van a terminar? ¿Van a resucitar las piedras enterradas bajo montones de escombros y consumidas por el fuego ?” ] Entre la cámara alta del ángulo y la puerta de las Ovejas trabajaron los orífices y los mercaderes. [ (Nehemiah 3:33) Cuando supo Sambalat que estábamos reconstruyendo la muralla, se enojó mucho y se encolerizó. Burlábase de los judíos, ] [ (Nehemiah 3:34) diciendo ante sus hermanos y ante los soldados de Samaría: “¿Para qué trabajan estos impotentes judíos? ¿Acaso van a dejarlos hacer? ¿Van a sacrificar? ¿Van a terminar? ¿Van a resucitar las piedras enterradas bajo montones de escombros y consumidas por el fuego ?” ] [ (Nehemiah 3:35) y Tobías el amonita, que estaba junto a él, decía: “Ya pueden edificar. Una zorra que con ellos se lance, derribará la muralla de piedra.” ] Entre la cámara alta del ángulo y la puerta de las Ovejas trabajaron los orífices y los mercaderes. [ (Nehemiah 3:33) Cuando supo Sambalat que estábamos reconstruyendo la muralla, se enojó mucho y se encolerizó. Burlábase de los judíos, ] [ (Nehemiah 3:34) diciendo ante sus hermanos y ante los soldados de Samaría: “¿Para qué trabajan estos impotentes judíos? ¿Acaso van a dejarlos hacer? ¿Van a sacrificar? ¿Van a terminar? ¿Van a resucitar las piedras enterradas bajo montones de escombros y consumidas por el fuego ?” ] [ (Nehemiah 3:35) y Tobías el amonita, que estaba junto a él, decía: “Ya pueden edificar. Una zorra que con ellos se lance, derribará la muralla de piedra.” ] [ (Nehemiah 3:36) “Escucha, ¡oh Dios nuestro! cuántos nos menosprecian, y haz que sus insultos recaigan sobre sus cabezas, y dalos al pillaje en una tierra de cautiverio. ] Entre la cámara alta del ángulo y la puerta de las Ovejas trabajaron los orífices y los mercaderes. [ (Nehemiah 3:33) Cuando supo Sambalat que estábamos reconstruyendo la muralla, se enojó mucho y se encolerizó. Burlábase de los judíos, ] [ (Nehemiah 3:34) diciendo ante sus hermanos y ante los soldados de Samaría: “¿Para qué trabajan estos impotentes judíos? ¿Acaso van a dejarlos hacer? ¿Van a sacrificar? ¿Van a terminar? ¿Van a resucitar las piedras enterradas bajo montones de escombros y consumidas por el fuego ?” ] [ (Nehemiah 3:35) y Tobías el amonita, que estaba junto a él, decía: “Ya pueden edificar. Una zorra que con ellos se lance, derribará la muralla de piedra.” ] [ (Nehemiah 3:36) “Escucha, ¡oh Dios nuestro! cuántos nos menosprecian, y haz que sus insultos recaigan sobre sus cabezas, y dalos al pillaje en una tierra de cautiverio. ] [ (Nehemiah 3:37) No perdones su iniquidad, y que no se borre delante de ti su pecado, porque injurian a los que están edificando.” ] Entre la cámara alta del ángulo y la puerta de las Ovejas trabajaron los orífices y los mercaderes. [ (Nehemiah 3:33) Cuando supo Sambalat que estábamos reconstruyendo la muralla, se enojó mucho y se encolerizó. Burlábase de los judíos, ] [ (Nehemiah 3:34) diciendo ante sus hermanos y ante los soldados de Samaría: “¿Para qué trabajan estos impotentes judíos? ¿Acaso van a dejarlos hacer? ¿Van a sacrificar? ¿Van a terminar? ¿Van a resucitar las piedras enterradas bajo montones de escombros y consumidas por el fuego ?” ] [ (Nehemiah 3:35) y Tobías el amonita, que estaba junto a él, decía: “Ya pueden edificar. Una zorra que con ellos se lance, derribará la muralla de piedra.” ] [ (Nehemiah 3:36) “Escucha, ¡oh Dios nuestro! cuántos nos menosprecian, y haz que sus insultos recaigan sobre sus cabezas, y dalos al pillaje en una tierra de cautiverio. ] [ (Nehemiah 3:37) No perdones su iniquidad, y que no se borre delante de ti su pecado, porque injurian a los que están edificando.” ] [ (Nehemiah 3:38) Reedificamos, pues, la muralla, quedando del todo acabada hasta la mitad de su altura, y el pueblo se animó para el trabajo. ] Pero Sambalat, Tobías, los árabes, los amonitas y los de Azoto se enfurecieron sobre manera al saber que la reparación de las murallas avanzaba y que comenzaban a cerrarse las brechas, y todos a una se confabularon para venir a atacar a Jerusalén y hacer el daño posible. Nosotros rogarnos a nuestro Dios, y pusimos una guardia que de día y de noche vigilara, para defendernos de sus ataques. Sin embargo, Judá decía: “Ya faltan las fuerzas a los acarreadores, y el escombro es todavía mucho; no podemos acabar la muralla.” -- omitido por paráfrasis -- Mientras que los enemigos decían: “Nada sabrán y nada verán hasta que lleguemos en medio de ellos y los matemos, y así haremos que cesen las obras.” Los judíos que entre ellos habitaban, vinieron diez veces para advertirnos de todos los lugares de donde venían a nosotros. Por eso puse detrás de las murallas al pueblo por familias, todos con sus espadas, sus lanzas y sus arcos. Fui a ver, y levantándome, dije a los jefes y a los magistrados y al resto del pueblo: “¡No los temáis! Acordaos del Señor, grande y terrible, y luchad por vuestros hermanos, por vuestros hijos y vuestras hijas, por vuestras mujeres y vuestras casas.” Cuando supieron los enemigos que estábamos apercibido frustró Dios su consejo, y volvimos todos a continuar la muralla cada uno en su trabajo. Desde entonces, la mitad de los mío* trabajaba, y la otra mitad estaba sobre las armas con las lanzas8 los escudos, los arcos y las corazas. Los jefes estaban detrás de toda la casa de Judá. Los que construían la muralla y los que cargaban y acarreaban las cargas, trabajaban con una mano y tenían una arma en la otra;" todos, mientras trabajaban, tenían las espadas ceñidas a sus lomos. Yo tenía junto a mí al trompeta;" y dije a los jefes, a los magistrados y al resto del pueblo: “La obra es mucha y extensa y estamos en la muralla apartados, lejos unos de otros;" cuando oigáis, pues, la trompeta, reuníos, y nuestro Dios combatirá por nosotros.” Seguimos, pues, trabajando en la obra, teniendo la mitad de nosotros la lanza en la mano desde el levantarse de la aurora hasta el salir de las estrellas. Al mismo tiempo dije también al pueblo: “Que cada uno con su criado pase la noche en Jerusalén, haciendo así de noche centinela y trabajando de día en la obra,” Ni yo, ni mis hermanos, ni mis mozos, ni la gente de guardia que me seguía, nos desnudábamos, si no era para bañarnos. Cada uno tenía su arma en la mano derecha. -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- Alzáronse entre las gentes del pueblo y sus mujeres muchas quejas contra sus hermanos judíos. Unos decían: “Nosotros, nuestros hijos y nuestras hijas, somos muchos y tendremos que venderlos por trigo para poder comer y vivir.” Otros decían: “Tenemos que empeñar nuestros campos, nuestras viñas y nuestras casas por trigo a causa del hambre.” Otros decían: “Hemos tenido que pedir a usura dinero sobre nuestros campos y nuestras viñas para pagar los tributos del rey;" nuestra carne es, sin embargo, como la carne de nuestros hermanos, y nuestros hijos son como sus hijos; pero tenemos que sujetar a servidumbre a nuestros hijos y a nuestras hijas, y algunas de nuestras hijas lo están ya, sin que tengamos con qué rescatarlas, por estar nuestras tierras y nuestras viñas en poder de otros.” Yo me enojé en gran manera al oír estos clamores y estas quejas. Pensando, resolví reprender a los grandes y a los magistrados, y les dije: “¡Cómo! ¿Prestáis a usura a vuestros hermanos?” Y reuní una gran asamblea contra ellos, y dije: “Nosotros, según nuestras facultades, hemos rescatado a nuestros hermanos los judíos, vendidos a las gentes, ¿y ahora venderíais vosotros mismos a vuestros hermanos, y éstos serán ven didos a nosotros?” Callaron, no teniendo nada que responder. Yo añadí: “Lo que hacéis no está bien. ¿No marcharéis en el temor de nuestro Dios, para no ser el oprobio de las gentes enemigas nuestras?” “También yo, mis hermanos y mis servidores les hemos prestado dinero y trigo. Vamos a perdonarles lo que nos deben. Devolvedles hoy mismo sus campos, sus viñas, sus olivares y sus casas, y restituidles el uno por ciento del dinero, del trigo, del vino y del aceite que les habéis exigido como interés.” Ellos dijeron: “Se los devolveremos y no les exigiremos nada. Haremos como tú dices.” Líeme entonces a los sacerdotes, y delante de ellos les hice jurar que harían así. Yo sacudí mi manto, diciendo: “Que así sacuda Dios fuera de esta casa y de sus bienes al que no cumpla su palabra; y que así sea, el que tal haga, sacudido y vacío.” Y toda la asamblea respondió “Amén,” y alabaron a Yahvé. El pueblo hizo conforme a esto." Desde el día en que el rey me puso por gobernador de la tierra de Judea, del año veinte al año treinta y dos del rey Artajerjes, durante doce años ni yo ni mis hermanos habíamos vivido de las rentas del gobernador. Antes de mí, los gobernadores anteriores abrumaban al pueblo, tomando de él pan y vino por valor de cuarenta siclos de plata, y sus servidores mismos oprimían al pueblo. Yo, por temor de Dios, no hice así. Antes bien, he trabajado en la construcción de estas murallas, no hemos adquirido campo alguno y todos mis servidores a una estaban a la obra. Tenía a mi mesa ciento cincuenta hombres, judíos y magistrados, a más de los que a nosotros venían de los pueblos de en derredor. Cada día se me aderezaba un buey, seis ovejas elegidas y aves, y cada diez días vino en abundancia. A pesar de esto, yo no he reclamado los derechos de gobernador, porque la servidumbre del pueblo era grave. Acuérdate de mí para bien, Dios mío, y de cuanto yo hice por este pueblo. Todavía no había acabado yo de poner las puertas, cuando Sambalat, Tobías, Guesem el árabe y los otros enemigos nuestros supieron que había reconstruido la muralla sin que ya quedara brecha, aunque todavía no se habían puesto las hojas de las puertas. Entonces Sambalat y Guesem mandaron a decirme: “Ven, y entrevistémonos en los pueblos del valle del Ono.” Ellos tenían pensado hacerme mal. Yo les mandé emisarios, diciendo: “Estoy ocupado en la grande obra y no puedo ir, porque tendría que interrumpirla para verme con vosotros.” Por cuatro veces me pidieron lo mismo, y siempre les di la misma respuesta. La quinta vez me mandó Sambalat el mismo mensaje por medio de un servidor suyo, que traía en la mano una carta abierta. En ella estaba escrito: “Dicese entre las gentes, y Guesem lo confirma, que tú y los judíos pensáis rebelaros, y que, con este fin, construís las murallas. Según estas mismas informaciones, tú serás su rey. Asimismo se dice que tienes ya profetas que predican de ti por Jerusalén, diciendo: “Judá tiene rey.” Esto seguramente llegará a oídos del rey. Ven, pues, y hablarnos.” Entonces mandé decirle: “No hay nada de lo que dices; eres tú quien lo inventó.” Pues todos querían asustarnos, creyendo que así dejaríamos los trabajos; por eso yo me di a la obra con más ardor todavía." Fui luego en secreto a casa de Semeyas, hijo de Delayas, hijo de JMetabeel, al no poder venir él por estar impedido, y me dijo: “Vamos juntos a la casa de Dios, a la parte interior del templo; cerremos bien las puertas del santuario, porque van a venir a matarte; esta noche vendrán a matarte,” Yo le contesté: “¿Huir un hombre como yo? ¿Es que un hombre como yo puede entrar en el templo y seguir viviendo? No entraré.” Entonces conocí que no era Dios quien le enviaba, sino que me aconsejaba esto porque Sambalat y Tobías le habían sobornado con dinero, y creían que así yo me atemorizaría y seguiría su consejo, cometiendo un pecado que podrían aprovechar para infamarme y cubrirme de oprobio. Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sambalat y de sus obras. Acuérdate también de Naadía la profetisa y de los otros profetas que procuraban atemorizarme. La muralla quedó terminada el día veinticinco del mes de Elul, en cincuenta y dos días;" y cuando todos nuestros enemigos lo supieron, todas las gentes que habitaban en torno nuestro entraron en temor y experimentaron una gran humillación, teniendo que reconocer que la obra se había llevado a cabo por la voluntad de Dios. Había también entonces grandes de Judá que mandaban frecuentemente cartas a Tobías, y las recibían de éste, pues muchos de Judá se habían conjurado con él, por ser yerno de Secanías, hijo de Araí, y haber tomado su hijo Jojanán por mujer la hija de Mesulam, hijo de Baraquías. Hablaban bien de él en mi presencia y le iban a contar lo que yo decía, y Tobías escribía sus cartas con el fin de atemorizarme. Cuando estuvo terminada la muralla y hube puesto las hijas de las puertas, los porteros, los cantores y levitas dedicáronse a sus funciones. Confié el gobierno de Jerusalén a mi hermano Jananí y a Jananías, jefe éste de la fortaleza, hombre superior a muchos por su fidelidad y por su temor de Oíos, y les dije: “Las puertas de Jerusalén no han de abrirse hasta que caliente el sol, y se cerrarán al ponerse, echando los cerrojos; y los habitantes de Jerusalén harán la guardia cada uno en su puesto delante de su casa.” -- omitido por paráfrasis -- La ciudad era espaciosa y grande, pero estaba poco poblada y había muchas casas sin reedificar. Mi Dios me puso en el corazón reunir a los grandes, a los magistrados y al pueblo para hacer el censo. Hallé un registro genealógico de los primeros que habían vuelto, y vi escrito en él lo siguiente: “Estos son los hijos de la provincia (judea) que subieron del destierro, los que había llevado cautivos Nabucodonosor, rey de Babilonia, y volvieron a Jerusalén y a Judá cada uno a su ciudad. Partieron con Zorobabel: Josué, Nehemías, Azarías, Raamías, Najamaní, Mardoqueo, Bilsán, Misperet, Bigbai, Nahum y Baana. Número de los hombres del pueblo de Israel: Hijos de Paros, dos mil ciento setenta y dos. Hijos de Sefatías, trescientos sesenta y dos. Hijos de Ara, seiscientos cincuenta y dos. Hijos de Pahat Moab, los hijos de Josué y de Joab, dos mil ochocientos dieciocho, Hijos de Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro. Hijos de Zatu, ochocientos cuarenta y cinco. Hijos de Zacai, setecientos sesenta. Hijos de Baní, seiscientos cuarenta y ocho. Hijos de Bebai, seiscientos veintiocho. Hijos de Azgad, dos mil trescientos veintidós. Hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y siete. Hijos de Bigbaí” dos mil sesenta y siete. Hijos de Adín, seiscientos cincuenta y cinco. Hijos de Ater, de Jejisquía, noventa y ocho. Hijos de Jasún, trescientos veintiocho. Hijos de Besai, trescientos veinticuatro. Hijos de Jarif, ciento doce. Varones de Gabaón, noventa y cinco. Varones de Betlehem y de Netofa” ciento ochenta y ocho Varones de Anatot, ciento veintiocho. Varones de Betazmavet, cuarenta y dos. Varones de Quiriat-Jerarim, Quefira y Beerot, setecientos cuarenta y tres Varones de Rama y Gabba, seiscientos veintiuno. Varones de Micmas, ciento veintidós. Varones de Betel y de Hai, ciento veintitrés. Hijos de Nebo, de Magbis, cincuenta y dos, Hijos de la otra Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro. Hijos de Jarim, trescientos veinte. Varones de Jericó, trescientos cuarenta y cinco. Varones de Lod, de Jadid y Ono, setecientos veintiuno. Hijos de Senaa, tres mil novecientos treinta. Sacerdotes: Hijos de Idayas, de la casa de Josué, novecientos setenta y tres. Hijos de Immer, mil cincuenta y dos. Hijos de Pasjur, mil doscientos cuarenta y siete. Hijos de Jarim, mil diecisiete. Levitas: Hijos de Jesúa, de Cadmiel, de Baní, de Ode vías, setenta y cuatro. Cantores: Hijos de Asaf, ciento cuarenta y ocho. Porteros: Hijos de Salum, hijos de Ater, hijos de Taiman, hijos de Acub, hijos de Jatita, hijos de Sobai, ciento treinta y ocho. Netineos: Hijos de Sija, hijos de Jasufa, hijos de Tabaot, hijos de Queros, hijos de Sia, hijos de Padón, hijos de Lebana, hijos de Jegaba, hijos de Acub, hijos de Jabag, hijos de Salmeí, hijos de Janón, hijos de Guedel, hijos de Gajar;" hijos de Rehaya, hijos de Rasín, hijos de Necada, hijos de Gasam, hijos de Uza, hijos de Fasea, hijos de Besaí, hijos de Asna, hijos de Mehunim, hijos de Nefisim, hijos de Bacbuc, hijos de Jacufa, hijos de Jar-jur, hijos de Basut, hijos de Mejidas, hijos de Jarsa, hijos de Barcos, hijos de Sisera, hijos de Temaj, hijos de Nesiaj, hijos de Jatifa. Hijos de los siervos de Salomón: hijos de Sotai, hijos de Hasoforet, hijos de Perida, hijos de Jaala, hijos de Darcón, hijos de Guidel, hijos de Sefatías, hijos de Jatil, hijos de Poqueret-Asebasim, hijos de Amón. Todos los netineos e hijos de los siervos de Salomón, trescientos noventa y dos. Estos son los que subieron de Telmelaj, Teljarsa, Querub Addón e Immer, y no pudieron probar la casa de sus padres ni su linaje, y si eran de Israel: hijos de Delayas, hijos de Tobías, hijos de Necoda, seiscientos cuarenta y dos. Y de los sacerdotes, hijos de Abaías, hijos de Hacos, hijos de Barzilai, que tomó mujer de las hijas de Barzilai, galadita, y se llamó con el nombre de ellas. Estos buscaron su registro en las genealogías, y no se halló, y fueron privados del sacerdocio, y les mandó el “tirsata” que no comiesen de las cosas santas hasta que hubiese sacerdote con “urim” y “tummim.” La congregación toda era de cuarenta y dos mil trescientos sesenta, sin contar sus siervos y siervas, que eran siete mil trescientos treinta y siete, habiendo entre ellos doscientos cuarenta y cinco cantores y cantoras. Sus caballos eran setecientos treinta y seis; sus mulos, doscientos cuarenta y cinco;" sus camellos, cuatrocientos treinta y cinco, y sus asnos, seis mil setecientos veinte. Algunos de los príncipes de las familias dieron para las obras. El “tirsata” dio para el tesoro mil dáricos de oro, cincuenta tazones y treinta vestiduras sacerdotales;" y los príncipes de las familias dieron para el tesoro de la obra veinte mil dáricos de oro y dos mil doscientas minas de plata;" y lo que dio el resto del pueblo fueron veinte mil dáricos de oro, dos mil minas de plata y sesenta y siete vestiduras sacerdotales. Habitaron los sacerdotes, los levitas, los cantores, los porteros, los netineos y todo Israel en sus ciudades. Llegado el séptimo mes ya estaban los hijos de Israel en sus ciudades. -- omitido por paráfrasis -- Legado el séptimo mes, los hijos de Israel estaban ya en sus ciudades; y entonces todo el pueblo, como un solo hombre, se reunió en la plaza que hay delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el escriba que llevase el libro de la Ley de Moisés, dada por Yahvé." Esdras el sacerdote llevólo ante la asamblea, compuesta de hombres y mujeres, de cuantos eran capaces de entenderla. Era esto el día primero del mes séptimo. Esdras estuvo leyendo el libro desde la mañana hasta la tarde en la plaza que hay delante de la puerta de las Aguas, a los hombres, mujeres y a cuantos podían entender. Estaba Esdras el escriba sobre un estrado de madera que se alzó con esta ocasión; y estaban junto a él, a su derecha, Matatías, Semeyas, Anaía, Urías, Jecías y Maasías, y a su izquierda, Peda-ya, Misael, Malquiya, Asum, Jasbadana, Zacarías y Mesulam." Abrió Esdras el libro, viéndolo todos, por estar él más alto que todo el pueblo, y, al abrirlo, todos se pusieron de pie. Bendijo entonces Esdras a Yahvé, Dios grande, y todo el pueblo alzando las manos, respondió: “Amén, amén”; y, postrándose, adoraron a Yahvé rostro a tierra." Josué, Baní, Serebías, Janún, Acub, Sebtaí, Odias, Maasías, Quelita, Azarías, Josabad, Janán y Pelaya, levitas, explicaban la Ley al pueblo. Leían el libro de la Ley de Dios, explicándolo, exponiendo su sentido de modo que el pueblo entendiera la lectura. Nehemías, gobernador; Esdras, sacerdote y escriba, y los levitas que hacían al pueblo la explicación, dijeron a todo el pueblo: “Hoy es día consagrado a Yahvé, vuestro Dios; no os entristezcáis ni lloréis,” pues todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la Ley." Y luego les dijo: “Id y comed manjares grasos, y bebed licores dulces, y mandad parte a los que no han preparado, pues hoy es día consagrado al Señor; y no os entristezcáis, porque la alegría de Yahvé es vuestra fortaleza.” Los levitas apaciguaban al pueblo, diciendo: “Callad, que hoy es día santo, y no os entristezcáis.” Fuese todo el pueblo a comer y a beber y a enviar porciones, disfrutando de gran alegría porque había entendido lo que se le había enseñado. El segundo día, los jefes de familia de todo el pueblo, los sacerdotes y los levitas se reunieron con Esdras el escriba para profundizar en las palabras de la Ley. Hallaron que en la Ley que había dado Yahvé por mano de Moisés estaba escrito que los hijos de Israel habitasen en cabanas en la solemnidad del mes séptimo. Cerciorados de ello, proclamaron por todas las ciudades y en Jerusalén esta nueva, diciendo: “Subid a los montes y traed ramas de acebuche, ramas de arrayán, ramas de palmera y de todo árbol frondoso, para hacer las cabanas, como está mandado.” Salió, pues, el pueblo todo, y, trayendo las ramas, hicieron cabanas, unos en sus terrados, otros en sus patios y en los atrios de la casa, en la plaza de la puerta de las Aguas y en la plaza de la puerta de Efraím. Todos los de la congregación que volvieron de la cautividad hicieron cabañas y habitaron en ellas, cosa que no habían hecho los hijos de Israel desde los días de Josué, hijo de Nun, hasta entonces. Hubo gran alegría. Se fue leyendo día por día el libro de la Ley de Dios, desde el primero hasta el último. La fiesta duró siete días, y al octavo tuvieron gran asamblea, según lo prescrito. El día veinticuatro del mismo mes se reunieron los hijos de Israel en ayuno, vestidos de saco y cubiertos de polvo. La estirpe de Israel se separó de todos los extranjeros, y, puestos en pie, confesaron sus pecados y las iniquidades de sus padres. En pie cada uno en su lugar, se leyó en el libro de la Ley de Yahvé, su Dios, una cuarta parte del día, y otra cuarta parte confesaban y adoraban a Yahvé. Luego los levitas Josué, Baní, Gadmiel, Sebanías, Buni, Serebías, Baní y Quenani se levantaron sobre la grada de los levitas y clamaron en voz alta a Yahvé, su Dios. Dijeron los levitas Josué, Cadmiel, Baní, Jasábanlas, Serebías, Odias, Sebanías y Petajya: “Levantaos, bendecid a Yahvé, vuestro Dios, por los siglos de los siglos. Bendito sea su glorioso nombre sobre toda alabanza y bendición.” "Tú, ¡oh Yahvé! eres único; tú hiciste los cielos y los cielos de los cielos y toda su milicia; la tierra y cuanto hay en ella; los mares y cuanto en ellos hay; tú das vida a todas las cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran." Tú eres, ¡oh Yahvé! el Dios que eligiste a Abraham, y le sacaste de Ur Gasdim, y le diste el nombre de Abraham. Hallaste fiel su corazón ante ti e hiciste con él alianza de darle la tierra del cananeo, del jeteo, del amorreo, del fereceo, del jebuseo y del guergueseo, de dársela a su descendencia, y cumpliste tu palabra, porque eres justo. Tú miraste la aflicción de nuestros padres en Egipto y oíste su clamor en el mar Rojo. Tú obraste prodigios y maravillas contra Faraón, contra sus siervos y contra todo el pueblo de su tierra, porque sabías con cuánta crueldad los habían tratado, y engrandeciste tu nombre como lo es hoy. Tú dividiste el mar ante ellos, y pasaron por en medio de él a pie enjuto, y a sus perseguidores los arrojaste a lo profundo, como cae una piedra en el abismo. Tú en columna de nubes los guiaste de día, y en columna de fuego de noche, para alumbrar el camino que habían de seguir. Tú descendiste sobre el monte Sinaí, y hablaste desde el cielo, y les diste juicios justos, leyes de verdad y mandamientos. Tú les diste a conocer tu santo sábado, y por Moisés, tu siervo, les prescribiste mandamientos, preceptos y Ley. Tú les diste en su hambre pan del cielo, y en su sed hiciste que el agua brotara de la roca. Tú les pusiste en posesión de la tierra que alzando tu mano prometiste darles. Pero nuestros padres fueron soberbios, y endurecieron su cerviz, y no guardaron tus mandamientos. No quisieron oír, no se acordaron de las maravillas que tú habías hecho por ellos; antes, con dura cerviz, y en rebelión, pensaron en elegir caudillo para volverse a su servidumbre. Pero tú eres Dios de perdones, clemente y piadoso, tardo a la ira y de mucha misericordia, y no los abandonaste." Y cuando se hicieron un becerro fundido y dijeron: He ahí tu Dios, que te ha sacado de Egipto, y cometieron grandes abominaciones, tú, con todo, por tu mucha misericordia, no los abandonaste en el desierto, y la columna de nube no se apartó de ellos de día, para guiarlos por el camino, ni la columna de fuego de noche, para alumbrarles en el camino por donde habían de ir. Tú les diste tu buen espíritu, para enseñarlos, y no retiraste de su boca el maná, y les diste agua en su sed. Los sustentaste por cuarenta años en el desierto, y nada les faltó, y no se envejecieron sus vestidos ni se hincharon sus pies. Tú les diste reinos y pueblos y les distribuiste sus regiones, señalando a cada uno su porción y poseyeron la tierra de Seón, rey de Hesebón, y la tierra de Og, rey de Basan. Tú multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, y los introdujiste en la tierra de que dijiste a sus padres que entrarían a poseerla. Vinieron los hijos, y la poseyeron, y humillaste delante de ellos a los moradores de la tierra, los cananeos, entregándolos en sus manos, y a sus reyes, y a los pueblos de la tierra, para que hicieran con ellos lo que quisieran. Y tomaron sus ciudades fuertes y su tierra pingüe, y heredaron casas llenas de toda suerte de bienes, cisternas hechas, viñas y olivares y muchos árboles frutales, y comieron y se hartaron y engordaron, y se deleitaron con tu gran bondad. Pero te irritaron rebelándose contra ti, y echaron tu Ley a sus espaldas; y mataron a tus profetas, que los reprendían para convertirlos a ti, e hicieron grandes abominaciones." Los entregaste en manos de sus enemigos, que los afligieron; y clamaron a ti en el tiempo de su aflicción, y tú desde los cielos los oíste, y, según tus muchas misericordias, los libraste dándoles libertadores que los salvasen de las manos de sus enemigos." Pero en cuanto quedaban en paz se volvían para hacer lo malo a tus ojos, y los dejaste en manos de sus enemigos, que los dominaban, y de nuevo convertidos clamaban otra vez a ti; y tú desde los cielos los oías y, según tus misericordias, los libraste muchas veces." Los amonestaste para que se volviesen a tu Ley; pero ellos, en su soberbia, no escucharon tus mandamientos y pecaron contra tus juicios — los juicios que, si los sigue el hombre, vivirá —, y tuvieron hombros rebeldes, y endurecieron su cerviz y no obedecieron." Los soportaste largos años, amonestándolos con tu espíritu, y no le dieron oídos. Y entonces los entregaste en manos de pueblos extraños;" pero, en tu gran misericordia, no los consumiste del todo ni los abandonaste, porque eres un Dios clemente y misericordioso. Ahora, pues, Yahvé, Dios nuestro, Dios grande, fuerte, terrible, que guardas la alianza y la misericordia, no tengas en poco todas las aflicciones que nos han alcanzado a nosotros, a nuestros reyes, príncipes, sacerdotes y profetas, a nuestros padres y a todo tu pueblo desde los días de los reyes de Asiría hasta el día de hoy. Pero tú has sido justo en todo lo que sobre nosotros ha venido, tú has obrado justamente, mientras nosotros hicimos el mal y nuestros reyes, príncipes, sacerdotes y nuestros padres no pusieron por obra tu Ley y no atendieron a tus mandamientos, a tus testimonios y a tus protestas;" y en su reino, en medio de los muchos bienes que les concediste en la espaciosa y pingüe tierra que les diste, no te sirvieron, no se convirtieron de sus malas obras;" y hoy somos siervos en la tierra que diste a nuestros padres para que comiesen sus frutos y sus bienes. Ella multiplica sus productos para los reyes que por nuestros pecados has puesto sobre nosotros, que se enseñorean de nuestros cuerpos, de nuestras bestias, conforme a su voluntad; y estamos en gran angustia.” -- omitido por paráfrasis -- Por todo esto, nosotros hacemos hoy una fiel alianza y la escribimos, signada por nuestros príncipes, nuestros levitas y nuestros sacerdotes. Los que firmaron con sus sellos fueron: Nehemías el gobernador, hijo de Helcías; Sedecías," Serayas Azarías, Jeremías, Pasjur, Amarías, Malaquías, Jatús, Sebanías, Maluc, Jarín, Meremot, Obadías, Daniel, Guinetón, Baruc, Mesulam, Abías, Miyamín, Maasías, Bilgai y Semeyas. Estos sacerdotes. Levitas: Josué, hijo de Azanías; Binuí, de los hijos de Jenadad; Cadmiel" y sus hermanos; Sebanías, Odias, Quelita, Pelayas, Jonán," Mica, Rejob, Jasabías, Zacur, Serebías, Sebanías, Odias, Baní y Beninu. Cabezas del pueblo: Paros, Pahat Moab, Elam, Zatu, Baní, Buní, Azgab, Babai, Adonías, Bigval, Adim, Ater, Je-jisquía, Azur, Odias, Jasum, Besai, Jarif, Anatot, Nebaí, Magpías, Mesulam, Jezir, Mesezabeel, Sadoc, Jadúa, Pelatías, Janán, Ananías, Hoseas, Jonanías, Jasub, Halojes, Pilja, Sobeo, Rejum, Jesabna, Maaseas, Ajías, Janán, Anán, Maluc, Jarim, Baana. Y el resto del pueblo, los sacerdotes y los levitas, porteros y cantores, los netineos y todos los que se habían apartado de los pueblos de la región, volviendo a la Ley de Dios, sus mujeres, sus hijos y sus hijas y todos cuantos tenían conocimiento y discreción, se adhirieron a sus hermanos, sus príncipes, y convinieron en la protestación y el juramento de andar en la Ley de Dios, que dio por mano de Moisés, su siervo, y guardar y cumplir los mandamientos de Yahvé, nuestro Señor, y sus juicios y preceptos;" de no dar nuestras hijas a los pueblos de aquella tierra, ni tomar sus hijas para nuestros hijos;" de no comprar nada en día de sábado, en día santificado, de las mercaderías y comestibles que en sábado trajesen a vender los pueblos de la tierra; de liberar la tierra el año séptimo y remitir toda deuda." Impusimos, además, por ley la carga de contribuir cada año con un tercio de siclo para la obra de la casa de nuestro Dios, para los panes de la proposición, para la ofrenda perpetua y para el holocausto continuo, el de los sábados, el de los novilunios y el de las solemnidades, para las santificaciones y sacrificios expiatorios por Israel y para toda la obra de la casa de nuestro Dios. Echamos también suertes entre los sacerdotes, los levitas y el pueblo, sobre la ofrenda de la leña, y para traerla a la casa de nuestro Dios en tiempos determinados cada año, para quemarla sobre el altar de Yahvé, nuestro Dios, según está prescrito;" de traer cada año las primicias de nuestra tierra y las primicias de los frutos de nuestros árboles a la casa de Yahvé, así como los primogénitos de nuestros hijos y de nuestras bestias, como está escrito en la Ley;" y de traer los primogénitos de nuestras vacas y de nuestras ovejas a la casa de nuestro Dios, a los sacerdotes que ministran en la casa de nuestro Dios;" de traer las primicias de nuestras masas y nuestras ofrendas, y del fruto de todo árbol, del vino, del aceite, a los sacerdotes, a las cámaras de la casa de nuestro Dios, y el diezmo de nuestra tierra a los levitas; y de que recibirían los levitas las décimas de nuestras labores en todas las ciudades." De que estaría el sacerdote hijo de Aarón con los levitas cuando los levitas recibieran el diezmo, y que los levitas llevarían el diezmo del diezmo a la casa de nuestro Dios, a las cámaras de la casa del tesoro;" De que estaría el sacerdote hijo de Aarón con los levitas cuando los levitas recibieran el diezmo, y que los levitas llevarían el diezmo del diezmo a la casa de nuestro Dios, a las cámaras de la casa del tesoro;" [ (Nehemiah 10:40) pues a las cámaras han de llevar los hijos de Israel y los hijos de Leví la ofrenda del grano, del vino y del aceite, y allí han de estar los vasos del santuario y los sacerdotes que ministran, los porteros y los cantores, no abandonando la casa de nuestro Dios. ] Los jefes del pueblo residían en Jerusalén. Para el resto del pueblo se echaron suertes con el fin de hacer que cada uno de diez fuera a habitar a Jerusalén, la ciudad santa, quedando lo otros nueve en las ciudades. El pueblo bendijo a los que se ofrecieron voluntariamente para habitar en Jerusalén. Estos son los jefes de la provincia que habitaron en Jerusalén. En las ciudades de Judá, cada uno se estableció en su propiedad, en su ciudad: Israel, los sacerdotes, los levitas, los netineos y los hijos de los siervos de Salomón. Hijos de Judá y Benjamín que habitaron en Jerusalén: Hijos de Judá: Ataya, hijo de Uzías, hijo de Zacarías, hijo de Amarías, hijo de Sefatías, hijo de Malaleel, hijo de los hijos de Fares;" Maasías, hijo de Baruc, hijo de Coljose, hijo de Jayas, hijo de Adías, hijo de Joyarib, hijo de Zacarías, hijo de Siloní. Los hijos de Fares que moraron en Jerusalén fueron cuatrocientos setenta y ocho fuertes. Hijos de Benjamín: Salu, hijo de Mesulam, hijo de Joed” hijo de Pedaías, hijo de Colayas, hijo de Maasías, hijo de Itiel” hijo de Isaías, y sus hermanos, valientes guerreros, novecientos veintiocho. Joel, hijo de Zicrí, era su prefecto, y Judas, hijo de Senuá, el segundo en la ciudad. Sacerdotes: Jedayas, hijo de Joyarib; Joaquim," Serayas, hijo de Helcías, hijo de Mesulam, hijo de Sadoc, hijo de Merayot, hijo de Ajitub, príncipe de la casa de Dios, y sus hermanos, ocupados en el servicio de la casa, ochocientos veintidós; Adayas, hijo de Jerojam, hijo de Pelayas, hijo de Amsí, hijo de Zacarías, hijo de Pasjur, hijo de Malaquías," y sus hermanos príncipes de las familias, doscientos cuarenta y dos. Amasai, hijo de Azarael, hijo de Ajazai, hijo de Mesilemot, hijo de Immer, y sus hermanos, hombres de gran vigor, ciento veintiocho, de los cuales era jefe Zabdiel, hijo de Guedolim. Levitas: Semeyas, hijo de Jasub, hijo de Azricam, hijo de Jasabías, hijo de Buiíí;" Sabtaí y Jozabad, de los príncipes entre los levitas, sobrestantes de la obra exterior de la casa de Dios;" Matamas, hijo de Mica, hijo de Zabdí, hijo de Asaf el primero, el que dirigía las alabanzas y la acción de gracias al tiempo de la oración; Bacbuquías, el segundo de entre sus hermanos; y Abda, hijo de Samúa, hijo de Galaad, hijo de Jedutún." Todos los levitas en la ciudad santa fueron doscientos ochenta y cuatro. Porteros: Acub, Taiman y sus hermanos, guardas de las puertas, ciento setenta y dos. El resto de Israel, de los sacerdotes y de los levitas, en todas las ciudades de Judá, cada uno en su heredad. Los netineos habitaban en Ofel, y sus jefes eran Sija y Guispa. El jefe de los levitas en Jerusalén era Uzí, hijo de Baní, hijo de Jasabías, hijo de Matanías, hijo de Mica, de los cantores, hijos de Asaf, en la casa de Dios, porque había acerca de ellos una ordenación especial del rey y se les había asignado un salario fijo por cada día. Petayas, hijo de Mesezabeel, de los hijos de Zera, hijo de Judá, era cornisarie del rey para todos los negocios del pueblo. En cuanto a las aldeas y sus tierras, alguno de los hijos de Judá habitaron en Cariatarbé y sus suburbios, en Dibón y los suyos y en Jacabseel y los suyos. En Josuá, Molada, Betfale, Hasar Sual, Bersabé y en sus aldeas;" en Siceleg y Mecana y sus aldeas;" en Enrimón, Sarea, Jarmut, Zanoaj, Adulam y sus aldeas; en Laquis y sus tierras y en Azeca y sus aldeas. Habitaban desde Berseba hasta el valle de Hinnón." Los hijos de Benjamín, desde Gueba, en Micmas, Aya, Betel y sus aldeas;" en Anatot, Nob, Ananía, Jasor, Rama, Guitaim, Jadid, Seboím, Nabalat, Lod y Ono, en el valle de los Artesanos. Hubo algunos levitas que se unieron a Benjamín, aunque pertenecían a los repartimientos de Judá. Estos son los sacerdotes y levitas que subieron con Zoroba-bel, hijo de Saaltiel, y con Josué: Serayas, Jeremías, Esdras, Amarías, Maluc, Jatus, Secanías, Rejum, Meremot, Ido, Guinetón, Abías, Minyamin, Maadas, Bilgá, Semeyas, Joya-rib, Jedayas, Salu, Amoc, Helcías, Jedayas. Estos eran los príncipes de los sacerdotes y sus hermanos en los días de Josué. Levitas: Jesuá, Benuí, Cadmiel, Serebías, Judá y Matanías, que con sus hermanos dirigía el canto de las alabanzas;" Bacbuquías y Uní con sus hermanos, cada cual en su ministerio. Jesuá engendró a Joaquín, Joaquín engendró a Elíasib, Elíasib engendró a Joyada, Joyada engendró a Jonatán y Jonatán engendró a Jadúa. En los días de Joaquín, los sacerdotes cabezas de familias eran: de Serayas, Merayas; de Jeremías, Jana-nías;" de Esdras, Mesulam; de Amarías, Jojanán;" de Melicu, Jonatán; de Sebanías, José;" de Jarim, Adúa; de Meremot, Elcaí;" de Ido, Zacarías; de Guinetón, Mesulam;" de Abías, Zicrí; de Minyamin y Moadías, Piltaí;" de Bilgá, Samúa; de Semeyas, Jonatán;" de Jojarib, Metenaí; de Idayas, Uzí;" de Salaí, Caleí; de Amoc, Eber;" de Helcías, Josabías; de Jedayas, Natanael." En los días de Elíasib, Joyada, Jojanán y Jadúa, los levitas jefes de familias y los sacerdotes fueron inscritos hasta el reinado de Darío, persa. Los jefes de familias de los hijos de Leví se inscribieron en el libro de los anales hasta el tiempo de Jojanán, hijo de Elíasib. Eran los jefes de los levitas: Jasebía, Serebía, Josué, hijo de Cadmiel, y sus hermanos, que cada uno, según su rango, cantaban las alabanzas y ensalzaban el poder de Dios, según la ordenación prescrita por David, hombre de Dios, y servían por turno. Matanías, Bacbuquías, Ovedías, Mesulam, Taiman y Acub eran los guardas de las puertas y de los vestíbulos de las puertas. Estos lo eran en tiempo de Joaquín, hijo de Josué, hijo de Josedec, en tiempo de Nehemías, gobernador, y de Esdras, sacerdote y escriba. Para la dedicación del muro de Jerusalén fueron llamados los levitas de todos sus lugares, para venir a Jerusalén a celebrar la dedicación y la fiesta con alabanzas y cánticos, címbalos, salterios y cítaras;" reuniéronse, pues, los hijos de los cantores, lo mismo los de la campiña alrededor de Jerusalén como los de las aldeas de Netofá, de Bet Guilgal y de los campos de Gueba y Azmavet, pues los cantores se habían edificado aldeas en los alrededores de Jerusalén. Purificáronse los sacerdotes y levitas y purificaron al pueblo, las puertas y el muro. Hice luego subir al muro a los príncipes de Judá y los dividí en dos grandes coros que fueran en procesión: uno por la mano derecha, sobre el muro hacia la puerta de la Escombrera;" tras éste iban Osías y la mitad de los príncipes de Judá, Azarías, Esdras, Mesulam, Judá, Benjamín, Semeyas y Jeremías;" y de los hijos de los sacerdotes, con las trompetas, Zacarías, hijo de Jonatán, hijo de Semeyas, hijo de Matanaías, hijo de Mica, hijo de Zacur, hijo de Asaf, y sus hermanos, Semeyas, Azarael, Milalai, Gilabai, Maaí, Natanael, Judá y Janani, con los instrumentos músicos de David, hombre de Dios, y Esdras, escriba, delante de ellos;" a la puerta de la Fuente subieron de frente las escaleras de la ciudad de David, por la subida al palacio de David y hasta la puerta de las Aguas, al oriente. El segundo coro iba por la izquierda, y yo en pos de él con la mitad de los príncipes del pueblo, sobre el muro, por encima de la torre del horno, hasta la muralla Ancha, y luego por la puerta de Efraím la puerta del Pescado, la torre de Jananael y la torre de Mea, hasta la puerta de las Ovejas, haciendo estación a la puerta de la Custodia. Pararon ambos coros en la casa de Dios, y yo con la mitad de los magistrados, y los sacerdotes Eliacim, Maasías, Minyamim, Mica, Elyoenai, Zacarías y Ananías, con trompetas;" y Maasías, Semeyas, Eleazar, Usí, Joyanán, Malquías, Elam y Ezer. Los cantores cantaban alto, dirigidos por Jisrajías. Sacrificáronse aquel día muchas víctimas y se hicieron grandes regocijos, porque había dado Dios al pueblo un gran motivo de alegría. Regocijáronse también las mujeres y los muchachos, oyéndose de lejos el alborozo de Jerusalén. Por entonces fueron puestos comisarios de las cámaras de las despensas, de las ofrendas, de las primicias y de los diezmos, para recibir de los campos y de las ciudades las porciones legales para los sacerdotes y levitas; porque estaba muy gozoso Judá de que los sacerdotes y los levitas estuvieran en sus puestos," observando cuanto concierne al servicio de Dios y a las purificaciones, y de que los cantores y porteros cumpliesen sus funciones según la ordenación de David y de Salomón, su hijo;" pues, desde el tiempo de David y de Asaf, ya de antiguo había jefes de cantores y se cantaban cantos de alabanza y de acción de gracias en honor de Dios. Todo Israel, en los días de Zorobabel y en los días de Nehemías, daba las porciones de los cantores y de los porteros, cada cosa en su día. Dábanse a los levitas las cosas sagradas, y los levitas daban a los hijos de Aarón la parte de las cosas consagradas. Leíase un día al pueblo el libro de Moisés, y salió el lugar en que se mandaba que los amonitas y los moabitas no debían entrar jamás en la congregación de Dios, por no haber salido a recibir a los hijos de Israel con pan y agua y por haber incitado contra ellos a Balaam para que los maldijera; nuestro Dios volvió la maldición en bendición." Al enterarse de esta Ley, fue apartado de Israel todo extranjero. Antes de esto, Elíasib, sacerdote, siendo superintendente de las cámaras de la casa de nuestro Dios y habiendo emparentado con Tobías, había cedido a éste una gran cámara, en la cual se guardaban antes las ofrendas, los perfumes, los vasos y el diezmo del trigo, del vino y del aceite, mandado a dar a los levitas, a los cantores y a los porteros, y la ofrenda de los sacerdotes. Mas entonces no estaba yo en Jerusalén, pues fue el año treinta y dos de Artajerjes, rey de Babilonia; yo fui al rey, y al cabo de algún tiempo pedí y obtuve del rey volver a Jerusalén," donde supe el mal que había hecho Elíasib en favor de Tobías, haciendo para él cámara en los atrios de la casa de Yahvé;" y me dolió en gran manera, y, echando fuera de la cámara todo cuanto pertenecía a Tobías, mandé que purificasen la cámara y volviesen a poner en ella las cosas de la casa de Dios, las ofrendas y los perfumes. Supe asimismo que no se habían dado a los levitas sus porciones y que los levitas y cantores habían tenido que retirarse cada uno a su heredad, Reprendí a los magistrados y dije: “¿Por qué ha estado abandonada la casa de Dios?” Y reuniendo a los levitas y cantores, los restituí cada uno a su puesto. Todo Judá trajo el diezmo del trigo, del vino y del aceite a los almacenes, y puse por intendentes en ellos a Selemías, sacerdote, y a Sadoc, escriba; y de los levitas, a Pedayas, y como adjunto, a Janán, hijo de Zacur, hijo de Matanías, que tenían reputación de fieles. Ellos fueron los encargados de hacer la distribución a sus hermanos." Acuérdate de mí, ¡oh Dios! por todo esto, y no olvides el bien que hice a la casa de mi Dios y en orden a la observancia. Por aquellos días vi en Judá que algunos pisaban en sus lagares el sábado y acarreaban haces, cargaban asnos con vino, con uvas, con higos y toda suerte de cargas, y los traían a Jerusalén en día de sábado. Los advertí acerca del día en que vendían sus mercancías. Había también tirios que traían el pescado y toda clase de mercancías, vendiéndolas a los hijos de Judá en Jerusalén el día del sábado. Reprendí a los magistrados de Judá y les dije: “¿Qué es esto tan malo que hacéis, profanando así el día de sábado? ¿No es eso lo que hicieron vuestros padres, y por eso trajo nuestro Dios sobre nosotros y sobre esta ciudad tantos males? ¿Y vosotros acumuláis ira contra Israel profanando el sábado?” Mandé, pues, que al oscurecer antes del sábado cerrasen las puertas de Jerusalén y que no las abriesen hasta después del sábado. Puse a las puertas algunos de mis servidores, para que en día de sábado dejasen entrar carga alguna;" y así se quedaron una y dos veces fuera de Jerusalén los mercaderes, que vendían toda suerte de mercancías. Yo les advertí, diciendo: “¿Por qué pasáis la noche delante de la muralla? Si otra ves lo hacéis, os mandaré prender.” Y ya no vivieron más en día de sábado. Entonces mandé a los levitas que se purificasen y que viniesen a guardar las puertas para santificar el día de sábado. También por eso acuérdate de mí, Dios mío, y perdóname según la muchedumbre de tu misericordia. Vi asimismo por aquellos días judíos que habían tomado mujeres de Azoto, de Amón y de Moab, cuyos hijos por mitad hablaban azoteo o la lengua de este o el otro pueblo, y no sabían hablar judío. Yo les reprendí y les maldije, hasta golpeé a algunos y les arranqué los pelos, y los conjuré en nombre de Dios, diciendo: “No daréis vuestras hijas a sus hijos ni tomaréis sus hijas para vuestros hijos o para vosotros. ¿No pecó por esto Salomón, rey de Israel? Aunque no hubo en la muchedumbre de las gentes rey semejante a él, que era amado de su Dios, y fue puesto por El rey sobre todo Israel, aun a él le hicieron pecar las mujeres extranjeras. ¿Vamos, pues, a consentir, sabiéndolo, que vosotros cometáis ese gran mal de prevaricar contra nuestro Dios tomando mujeres extranjeras?” Uno de los hijos de Joyada, hijo de Elíasib, sumo sacerdote, era yerno de Sambalat, joronita, y por eso le arrojé lejos de mí. Acuérdate de ellos, Dios mío, de los que contaminan el sacerdocio y el pacto del sacerdocio y de los levitas. Por eso los limpié de todo lo extranjero y puse a sacerdotes y levitas por clases, cada uno a su obra, y para la ofrenda de la leña en los tiempos señalados y para las primicias. ¡Acuérdate de mí, Dios mío, para bien! En tiempo de Asuero, el Asuero que reinó desde la India hasta la Etiopía, sobre ciento veintisiete provincias, mientras se sentaba sobre su trono real en Susa, la capital, el año tercero de su reinado dio un festín a todos sus príncipes y servidores, 3 Los comandantes del ejército de los persas y de los medos, los grandes y los jefes de las provincias, se reunieron en su presencia, y él hizo muestras de la espléndida riqueza de su reino y de la brillante magnificencia de su grandeza durante muchos días, durante ciento ochenta días. Pasados éstos, el rey dio a todo el pueblo de Susa, la capital, desde el más grande hasta el más pequeño, un festín, que duró siete días, en los jardines del palacio real. Cortinajes blancos, verdes y azules pendían de columnas de mármol, sujetos con cordones de lino y de púrpura a anillos de plata. Lechos de oro y de plata estaban sobre un pavimento de pórfido, alabastro, mármoles de varios colores y nácar. Servíase el vino en vasos de oro de diversas configuraciones, y se servía con real abundancia, gracias a la generosidad del rey; pero a nadie se le obligaba a beber," pues había mandado el rey a todas las gentes de su casa que se hiciese conforme a la voluntad de cada cual. También la reina Vasti dio un festín a las mujeres en el palacio real del rey Asuero. El día séptimo, alegre por el vino el corazón del rey, mandó éste a Mahuman, Bizta, Harbona, Bigta, Abagta, Zetar y Carcas, los siete eunucos que servían ante el rey Asuero, que trajeran a su presencia a la reina Vasti, con su real corona, para mostrar a los pueblos y a los grandes su belleza, pues era de hermosa figura;" pero la reina se negó a venir con los eunucos, y el rey se irritó mucho y se encendió en cólera. Y preguntó el rey a los sabios conocedores de las leyes, pues era costumbre que los negocios del rey se trataran con los sabios, legistas y juristas. E hizo entrar a Carsena, Setar, Admata, Tarsis, Meres, Marsena y Memucan, siete príncipes persas y rnedos que asistían al rey y ocupaban el primer rango en su reino, a los cuales dijo: “¿Qué debe hacerse, según la ley, a la reina Vasti por no haber hecho lo que el rey le había intimado por medio de los eunucos?” Memucan respondió ante el rey y los príncipes: “No es sólo al rey a quien ha ofendido la reina Vasti; es también a todos los príncipes y a todos los pueblos de todas las provincias del rey Asuero." Porque lo hecho por la reina llegará a conocimiento de todas las mujeres y será causa de que menosprecien a sus maridos, pues dirán: El rey Asuero mandó que llevasen a su presencia a la reina Vasti, y ella no fue;" y desde hoy las princesas de Persia y de Media que sepan lo que ha hecho la reina se lo dirán a todos los príncipes del rey, y de aquí vendrán muchos desprecios y mucha cólera. Si al rey le parece bien, haga publicar e inscribir entre las leyes de los persas y de los medos, con prohibición de traspasarlo, un real decreto mandando que la reina Vasti no parezca más delante del rey Asuero, y dé el rey la dignidad de reina a otra que sea mejor que ella. El edicto del rey será conocido en todo su reino, por grande que es, y todas las mujeres honrarán a sus maridos, desde el más grande hasta el más pequeño.” Agradó al rey y a los príncipes este discurso, y mandó el rey que se siguiera el parecer de Memucan. Y mandó cartas a todas las provincias del reino, a cada uno según su escritura y a cada pueblo según su lengua, ordenando que todo hombre había de ser amo en su casa y que todas sus mujeres le estuvieran sujetas. Después de esto, cuando ya se calmó la cólera del rey, pensó en Vasti y en lo que ésta había hecho y en la decisión que respecto de ella se había tomado. Los servidores del rey le dijeron: “Búsquense para el rey jóvenes vírgenes y bellas, poniendo el rey en todas las provincias de su reino comisarios que hagan reunir todas las jóvenes vírgenes y de bella presencia en Susa, la capital, en la casa de las mujeres, bajo la vigilancia de Hegue, eunuco del rey y guarda de las mujeres, que les dará lo necesario para ataviarse, y que la joven que más agrade al rey sea la reina en lugar de Vasti.” Aprobó el rey ese parecer y se hizo así. Había en Susa, la capital, un judío llamado Mardoqueo, hijo de Jaír, hijo de Semeí, hijo de Quis, del linaje de Benjamín, que había sido deportado de Jerusalén entre los cautivos llevados con Jeconías, rey de Judá, por Nabucodonosor, rey de Babilonia, y había criado a Hedisa, que es Ester, hija de su tío, pues no tenía padre ni madre. La joven era bella de talle y de hermosa presencia y había sido adoptada por Mardoqueo cuando se quedó sin padre y sin madre. Cuando se publicó la orden del rey y su edicto, al ser reunidas en Susa, la capital, jóvenes en gran número, bajo la vigilancia de Hegue, fue también tomada Ester y llevada a la casa del rey bajo la vigilancia de Hegue, guarda de las mujeres. La joven le agradó y halló gracia a sus ojos, y él se apresuró a proveerla de todo lo necesario para su adorno y su subsistencia, y le dio siete doncellas escogidas de la casa del rey, y la aposentó con éstas en el mejor departamento de la casa de las mujeres. Ester no dio a conocer ni su pueblo ni su nacimiento, pues Mardoqueo le había prohibido que lo declarase, Todos los días iba y venía Mardoqueo al vestíbulo de la casa de las mujeres para saber cómo estaba Ester y cómo la trataban. Después de haber estado ya doce meses, conforme a la ley de las mujeres, ungiéndose seis meses con óleo y mirra y otros seis con los aromas y perfumes de uso entre las mujeres, cuando le llegaba el turno era llevada cada joven a la presencia del rey. Así iba cada una a la presencia del rey, y cuando pasaba de la casa de las mujeres a la casa del rey, se le dejaba llevar cuanto ella quería;" iba allá por la tarde, y a la mañana siguiente pasaba a la segunda casa de las mujeres, bajo la vigilancia de Saasgaz, eunuco del rey y guarda de las concubinas. No volvía ya más a la presencia del rey, a menos que éste la desease y fuese nominalmente llamada. Al llegar el turno a Ester, hija de Abigaíl, tío de Mardoqueo, el que la había adoptado por hija, de presentarse al rey, no pidió nada más que aquello que le había indicado el eunuco real, Hegue, encargado de guardar las mujeres. Halló Ester gracia a los ojos de cuantos la miraban. Fue conducida Ester a la presencia del rey Asuero, a la casa real, el mes décimo, que es el mes de Tebet, en el año séptimo de su reinado. El rey amó a Ester más que a todas las otras mujeres, y halló ésta gracia y favor ante él más que ninguna otra de las jóvenes. Puso la corona real sobre su cabeza y la hizo reina en lugar de Vasti. El rey dio un festín a todos sus príncipes y a sus servidores, un festín en honor de Ester, y dio alivio a las provincias e hizo mercedes con real liberalidad. Cuando por segunda vez reunieron a las jóvenes, estaba Mardoqueo sentado a la puerta del rey. Ester no había dado a conocer su nacimiento ni su pueblo, porque se lo había prohibido Mardoqueo, y seguía cumpliendo las órdenes de Mardoqueo tan fielmente como cuando estaba bajo su tutela. En aquellos días, cuando Mardoqueo se sentaba en la puerta del rey, Birgan y Teres, dos eunucos del monarca, de la guardia del umbral, quisieron poner su mano sobre el rey Asuero, Mardoqueo tuvo conocimiento de ellos e informó a la reina Ester, que se lo comunicó al rey de parte de Mardoqueo. Averiguada la cosa y hallada cierta, los dos eunucos fueron colgados de un madero, escribiéndose el caso en el libro de las crónicas delante del rey. Después de esto, el rey Asuero elevó al poder a Aman, hijo de Hamedata, agagita, ensalzándole y poniendo su silla sobre la de todos los príncipes que estaban con él. Todos los servidores del rey que estaban a la puerta del palacio doblaban ante Aman la rodilla y se prosternaban ante él, pues tal era la orden del rey; pero Mardoqueo no doblaba sus rodillas ni se prosternaba," y los servidores del rey que estaban a la puerta dijeron a Mardoqueo: “¿Por qué traspasas la orden del rey?” Y como se lo repitiesen todos los días y él no les hiciese caso, se lo comunicaron a Aman, para ver si Mardoqueo persistía en su resolución, pues les había dicho que era judío. Viendo Aman que Mardoqueo no doblaba la rodilla y no se prosternaba ante él, se llenó de furor;" pero, teniendo en poco poner su mano sobre Mardoqueo solamente, pues ya le habían dicho a qué pueblo pertenecía, quiso destruir al pueblo de Mardoqueo, a todos los judíos que habitaban en el reino de Asuero. El mes primero, que es el mes de Nisán, en el duodécimo año del rey Asuero, se echó el “pur,” es decir, la suerte, ante Aman, de día en día y de mes en mes, hasta que salió el mes duodécimo, que es el mes de Adar. Dijo entonces Aman al rey: “Hay en todas las provincias de tu reino un pueblo, disperso y separado de todos los otros pueblos, que tiene leyes diferentes de las de todos los otros y no guarda las leyes del rey. No conviene a los intereses del rey dejarlos en paz. Si al rey le parece bien, escríbase orden de exterminarlos, y yo pesaré diez mil talentos de plata en manos de los superintendentes de la hacienda para que se ingresen en el tesoro real.” Entonces el rey se quitó de la mano su anillo y se lo entregó a Aman, hijo de Hamedata, agagita, enemigo de los judíos, y le dijo: “La plata que ofreces sea para ti, y para ti también ese pueblo, para que hagas con él lo que bien te parezca.” Fueron entonces llamados los secretarios del rey, el día trece del mes primero, y se escribió todo lo que ordenaba Aman a los sátrapas del rey, a los gobernadores de todas las provincias y a los jefes de todos los pueblos, a cada provincia según su escritura y a cada pueblo según su lengua. Se escribió en nombre del rey Asuero y se sellaron las cartas con el anillo del rey. Fueron mandadas las cartas, por medio de los correos, a todas las provincias del rey, ordenando destruir, hacer perecer y matar a todos los judíos, jóvenes y viejos, niños y mujeres, en un solo día, el día trece del duodécimo mes, que es el mes de Adar, y que sus bienes fuesen dados al pillaje. Las cartas encerraban una copia del edicto, que debía publicarse en cada provincia, invitando a los pueblos a estar apercibidos para aquel día. Los correos partieron apresuradamente, según la orden del rey. El edicto se publicó en Susa, en la ciudadela; y mientras el rey y Aman bebían, estaba la ciudad de Susa consternada." Cuando supo Mardoqueo lo que pasaba, rasgó sus vestiduras, se vistió de saco y se cubrió de ceniza, y se fue por medio de la ciudad, dando fuertes, dolorosos gemidos, y llegó hasta la puerta del rey, pues no era a nadie lícito entrar vestido de saco. En todas las provincias, dondequiera que llegó la orden del rey y su edicto, hubo entre los judíos gran desolación, y ayunaron y lloraron y clamaron, acostándose muchos sobre la ceniza y vestidos de saco. Las doncellas de Ester y sus eunucos vinieron a decírselo. La reina se quedó muy atemorizada y mandó vestidos a Mardoqueo para que se los pusiese, quitándose el saco; pero él se negó a aceptarlos." Entonces llamó Ester a Hatac, uno de los eunucos que había puesto cerca de ella el rey, y le mandó que fuera a preguntar a Mardoqueo qué era aquello y de dónde venía. Fue Hatac a Mardoqueo, a la plaza de la ciudad, delante de la puerta del rey;" y Mardoqueo le contó lo que pasaba y le dio noticia de la suma que Aman había ofrecido entregar al tesoro del rey en pago del exterminio de los judíos. Dio le también copia del edicto que se había publicado en Susa para exterminarlos, a fin de que se la enseñase a Ester y le diese cuenta de todo, y mandó a Ester presentarse al rey para pedirle gracia y pedirle por su pueblo. Fue Hatac y comunicó a Ester lo que le había dicho Mardoqueo. Ester encargó a Hatac que fuera a decir a Mardoqueo: “Todos los servidores del rey y todo el pueblo de las provincias del rey saben que hay una ley que castiga con pena de muerte a cualquiera, hombre o mujer, que entre al rey, al atrio interior, sin haber sido llamado; sólo se libra de la muerte aquel a quien el rey tiende su cetro de oro, y yo no he sido llamada por el rey desde hace treinta días.” Cuando recibió Mardoqueo la contestación de Ester, mandó que le respondieran: “No vayas a creer tú que serás la única en escapar entre los judíos todos por estar en la casa del rey, porque, si ahora callas y el socorro y la liberación viniera a los judíos de otra parte, tú y la casa de tu padre pereceríais. ¿Y quién sabe si no es precisamente para un tiempo como éste para lo que tú has llegado a la realeza?” Ester mandó decir a Mardoqueo: “Ve y reúne a los judíos todos de Susa y ayunad por mí, sin comer ni beber por tres días, ni de noche ni de día. Yo también ayunaré igualmente con mis doncellas, y después iré al rey, a pesar de la ley, y si he de morir, moriré.” Mardoqueo se fue e hizo lo que Ester le había mandado. Al tercer día, Ester se vistió sus vestiduras reales y se presentó en el atrio interior de la casa, delante del aposento del rey. Estaba éste sentado en su real trono, en el palacio real, enfrente de la entrada;" y cuando vio a la reina Ester en pie, en el atrio, halló ésta gracia a sus ojos y tendió sobre ella el rey el cetro de oro que tenía en su mano, y le dijo: “¿Qué tienes, reina Ester, y qué es lo que quieres? Aunque fuera la mitad de mi reino, te sería otorgada.” Ester respondió: “Si al rey le place, venga hoy el rey con Aman a un festín que yo le he preparado.” El rey dijo: “Id a llamar a Aman, como lo desea Ester.” Fue el rey con Aman al festín que había preparado Ester, y durante él dijo el rey a Ester: “¿Qué es lo que pides? Todo te será concedido. ¿Qué deceas? Aunque fuera la mitad de mi reino, la tendrías.” Ester respondió: “He aquí lo que pido y lo que deseo: Si he hallado gracia a los ojos del rey y si place al rey concederme mi petición y satisfacer mi deseo, que vuelva el rey con Aman al banquete que yo les prepararé, y mañana yo daré la respuesta al rey según su mandato.” Aman salió aquel día gozoso y lleno de contento su corazón; pero, cuando vio a la puerta del rey a Mardoqueo, que no se levantó ni se movió a su paso, se llenó de ira contra Mardoqueo." Supo, sin embargo, contenerse, y se fue a su casa. Luego mandó a buscar a sus amigos y a Zeres, su mujer;" y Aman les habló de la grandeza de sus riquezas, del número de sus hijos, de todo cuanto había hecho el rey para engrandecerle dándole el primer lugar, por encima de los jefes y los servidores del rey. Y añadió: “Sólo a mí ha invitado la reina Ester al banquete que ha dado al rey, y me ha invitado además para mañana en su casa con el rey. Pero todo esto no es nada para mí mientras vea a Mardoqueo el judío sentado a la puerta del rey.” Zeres, su mujer, y todos sus amigos le dijeron: “Prepara una horca de cincuenta codos de alta, y mañana por la mañana pide al rey que sea colgado en ella Mardoqueo, y luego te irás satisfecho al festín con el rey.” Agradó a Aman el consejo y mandó preparar la horca. Aquella noche, no pudiendo el rey conciliar bien el sueño, hizo que le llevaran el libro de los anales, las crónicas; y leyéndolas ante el rey," hallóse escrito lo que había revelado Mardoqueo, descubriendo que Bigtán y Teres, los dos eunucos del rey, guardias del atrio, habían querido llevar su mano sobre el rey Asuero. El rey preguntó: “¿Qué honores y distinciones se han concedido por esto a Mardoqueo?” “Ninguna ha recibido,” respondieron los servidores. Entonces dijo el rey: “¿Quién está en el atrio?” Aman había venido al atrio exterior de la casa para pedir al rey que mandara colgar a Mardoqueo de la horca que le había preparado. Los servidores le respondieron: “Ahí está Aman en el atrio.” Y dijo el rey: “Que entre.” Entró Aman, y el rey le dijo: “¿Qué ha de hacerse con aquel a quien el rey quiere honrar?” Aman se dijo a sí mismo: “¿A quién otro ha de querer honrar el rey?” Y contestó: “Para honrar a quien el rey quiere honrar, habrán de tomarse las vestiduras reales que se viste el rey, y el caballo en que el rey cabalga, y la corona real que ciñe su cabeza, y dar el vestido, el caballo y la corona a uno de los más nobles príncipes del rey, para que vistan a aquel a quien el rey quiere honrar, y, llevándole en el caballo por la plaza de la ciudad, vayan pregonando ante él: Así se hace con el hombre a quien el rey quiere honrar.” El rey dijo a Aman: “Coge luego el vestido y el caballo, como has dicho, y haz eso con Mardoqueo el judío que se sienta a la puerta del rey. No omitas nada de cuanto has dicho.” Cogió Aman el vestido, vistió a Mardoqueo y le paseó a caballo por la plaza de la ciudad gritando delante de él: “Así se hace con el hombre a quien el rey quiere honrar.” Volvióse Mardoqueo a la puerta del rey, y Aman se fue corriendo a su casa, desolado y cubierta la cabeza. Contó Aman a Zeres y a todos sus amigos todo lo que le había sucedido, y sus amigos y Zeres, su mujer, le dijeron: “Si el Mardoqueo ese, delante del cual has comenzado a caer, es de la raza de los judíos, no le vencerás; antes de cierto sucumbirás ante él.” Y cuando todavía estaba ella hablando, vinieron los eunucos del rey y se lo llevaron apresuradamente a Aman al festín que Ester había preparado. Fueron el rey y Aman al banquete a casa de Ester. El segundo día dijo el rey a Ester otra vez durante el festín: “¿Cuál es tu petición, reina Ester? Te será concedida. ¿Qué es lo que deseas? Aunque fuera la mitad de mi reino, la tendrías.” La reina Ester respondió: “Si he hallado gracia a tus ojos, ¡oh rey! y si el rey lo cree bueno, concédeme la vida mía: he ahí mi petición, y salva a mi pueblo: he ahí mi deseo. Porque estamos vendidos yo y mi pueblo para ser exterminados, degollados, aniquilados. Si siquiera fuéramos vendidos por esclavos y siervos, me callaría, aunque no compensaría el enemigo al rey el perjuicio que le haría.” Tomó el rey Asuero la palabra y dijo a Ester: “¿Quién es y dónde está el que eso se propone hacer?” Y Ester le respondió: “El opresor, el enemigo, es Aman, ese malvado.” Aman se sobrecogió de terror ante el rey y la reina. El rey, en su ira, se levantó y se salió del banquete para ir al jardín del palacio, y Aman se quedó para pedir la gracia de la vida a la reina Ester, porque veía bien que su pérdida estaba resuelta en el ánimo del rey. Cuando volvió el rey del jardín del palacio a la sala del banquete, vio a Aman, que se había precipitado hacia el lecho sobre el cual estaba Ester, y dijo: “¡Qué! ¿Será que pretende también hacer violencia a la reina en mi casa, en el palacio?” En cuanto salieron estas palabras de la boca del rey, cubrieron el rostro de Aman;" y Harbona, uno de los eunucos, dijo en presencia del rey: “En casa de Aman hay una horca, alta de cincuenta codos, que Aman ha preparado para Mardoqueo,el que habló para bien del rey.” El rey dijo: “Que cuelguen de ella a Aman.” Y fue colgado Aman de la horca que él había preparado para Mardoqueo, y se aplacó la ira del rey. Aquel mismo día, el rey Asuero dio a Ester la casa de Aman, el enemigo de los judíos; y Mardoqueo fue presentado al rey, pues le había dado a conocer Ester el parentesco que a él le unía." Quitóse el rey el anillo que había retirado a Aman y se lo dio a Mardoqueo. Ester, por su parte, estableció a Mardoqueo en la casa de Aman. Volvió después Ester a hablar al rey y, echándose a sus pies llorando, le suplicó impidiera los efectos de la maldad de Aman, agagita, y la realización de sus proyectos contra los judíos. El rey tendió a Ester el cetro de oro, y ésta se levantó, quedándose en pie delante del rey, y le dijo: “Si al rey le place y si le parece justo mi ruego, y si soy grata a sus ojos, escriba revocando las cartas inspiradas por Aman, hijo de Hamedata, agagita, y escritas por él para exterminar a los judíos que hay en todas las provincias del rey, porque ¿cómo podría yo ver que el infortunio alcanzara a mi pueblo? ¿Cómo podría ver el exterminio de mi raza?” El rey Asuero dijo a la reina Ester y al judío Mardoqueo: “Yo he dado a Ester la casa de Aman y él ha sido colgado de la horca por haber extendido la mano contra los judíos. Escribid, pues, en favor de los judíos lo que bien os parezca en nombre del rey, y selladlo con el anillo del rey, porque edicto escrito en nombre del rey y sellado con el anillo del rey, no puede ser revocado.” Fueron entonces llamados los secretarios del rey el día veintitrés del mes tercero, que es el mes de Siyán; y se escribió, conforme a lo que fue ordenado por Mardoqueo, a los judíos, a los sátrapas, a los gobernadores y a los jefes de las ciento veintisiete provincias, desde la India a la Etiopía, a cada provincia según su escritura y a cada pueblo según su lengua, y a los judíos según su escritura y su lengua." Se escribió en nombre del rey Asuero y se selló con el anillo del rey. Enviáronse las cartas por correos montados en ligeros caballos procedentes de los potreros reales. Se daba a los judíos, en cualquier ciudad en que estuviesen, permiso para reunirse y defender su vida, y para destruir, matar y exterminar a todos aquellos, con sus niños y mujeres, de cada pueblo y de cada provincia, que tomaran las armas para atacarlos, y para dar sus bienes al pillaje;" y esto en un solo día, en todas las provincias del rey Asuero, el día trece del duodécimo mes, que es el mes de Adar. Estas cartas contenían una copia del edicto que había de publicarse en cada provincia, e informaban a todos los pueblos de que los judíos estarían aquel día prestos a vengarse de sus enemigos. Los correos partieron en seguida con toda prisa por la posta según la orden del rey. El edicto fue publicado también en Susa, la ciudadela. Mardoqueo salió de la casa del rey vestido con un vestido real color violeta y lino blanco, con una gran corona y un manto de lino y de púrpura. Hubo para los judíos luz y alegría, gozo y honra. La ciudad de Susa lanzaba gritos de regocijo, y en cada provincia y en cada ciudad, por dondequiera que llegaron la orden del rey y su edicto, hubo entre los judíos gozo y regocijo, banquetes y fiestas; y muchas de las gentes de los pueblos de las regiones se hicieron judíos, porque se había apoderado de ellos el temor a los judíos." Al duodécimo mes, que es el mes de Adar, el día trece del mes, el día en que debía cumplirse el edicto del rey y en que los enemigos de los judíos habían pensado dominarlos, fue lo contrario lo que sucedió, y los judíos dominaron a sus enemigos. Reuniéronse los judíos en sus ciudades, en todas las provincias del rey Asuero, para poner la mano sobre todos aquellos que buscaban su perdición; y nadie pudo resistirlos, porque el temor de ellos se había apoderado de todos los pueblos." Y todos los jefes de las provincias, los sátrapas, los gobernadores y los funcionarios del rey, apoyaron a los judíos, por el temor que les inspiraba Mardoqueo;" pues era Mardoqueo poderoso en la casa del rey, y su fama se esparció por todas las provincias, porque se hacía de día en día más poderoso. Los judíos hirieron a espada a todos sus enemigos, los mataron y los hicieron perecer, y trataron como quisieron a los que les eran hostiles. En Susa, la ciudadela, mataron los judíos, haciéndolos perecer, a quinientos hombres, y degollaron a Parsandata, Dalfón, Asfata, Porata, Adalía, Arudata, Par-masta, Arisai, Aridai y Baizata, los diez hijos de Aman, hijo de Hamedata, el enemigo de los judíos; pero éstos no se dieron al pillaje." Llegó aquel día a conocimiento del rey el número de los muertos en la ciudadela de Susa, y el rey dijo a Ester: “Los judíos han matado y hecho perecer en Susa, la ciudadela, a quinientos hombres y a diez hijos de Aman. ¿Qué habrán hecho en el resto de las provincias del rey? ¿Qué más pides? ¿Qué más quieres? Se te concederá, lo tendrás.” Ester respondió: “Si al rey le parece bien, que les sea permitido a los judíos de Susa obrar también mañana conforme al edicto de hoy, Y Que se cuelgue en la horca a los diez hijos de Aman.” El rey mandó que así se hiciera, y se publicó el edicto en Susa. Los judíos de Susa se reunieron de nuevo el día catorce del mes de Adar, y mataron en Susa a trescientos hombres; pero tampoco se dieron al pillaje." Los otros judíos que había en las provincias del rey se reunieron y defendieron su vida, y se procuraron reposo librándose de sus enemigos, y mataron a setenta y cinco mil, pero no se dieron al pillaje. Esto sucedió el día trece del mes de Adar. Los judíos se aquietaron el catorce, haciendo de él un día de banquetes y regocijo. Los que había en Susa, que se habían reunido el trece y el catorce, se aquietaron el quince, haciendo de él un día de banquetes y regocijo. Por eso los judíos del campo, que habitan ciudades no amuralladas, hacen del día catorce del mes de Adar un día de banquete y de fiesta, en que se mandan presentes los unos a los otros. Mardoqueo escribió estas cosas y envió cartas a los judíos de todas las provincias del rey Asuero, cercanas y lejanas, mandándoles celebrar todos los años el día catorce y el quince del mes de Adar, como días en que habían obtenido el reposo, librándose de sus enemigos, y celebrar el mes en que su tristeza habíase convertido en alegría, y su desolación en regocijo; y de hacer de estos días días de festín y de alegría, en que se mandan presentes los unos a los otros y se distribuyen dones a los indigentes." Los judíos se comprometieron a hacer lo que ya habían comenzado y les mandaba Mardoqueo;" porque Aman, hijo de Hamedata, agagita, enemigo de todos los judíos, había concebido el proyecto de exterminarlos y había echado el “pur,” es decir, la suerte, para matarlos y exterminarlos;" pero, habiéndose presentado Ester al rey, mandó el rey por escrito hacer recaer sobre la cabeza de Aman el maligno proyecto que él había hecho contra los judíos, y le colgó de la horca a él y a sus hijos. Por eso se llaman estos días “purim,” del nombre de “pur.” Conforme al contenido de esta carta, según lo que ellos mismos habían visto y les había sucedido, los judíos tomaron por ellos, por su descendencia y por todos aquellos que a ellos se unieron, la resolución y el compromiso irrevocable de celebrar cada año estos dos días al modo y al tiempo prescritos. Estos días habían de ser celebrados y recordados de generación en generación, en cada familia, en cada provincia y en cada ciudad, y estos días de “purim” no habían de ser jamás abolidos entre los judíos, ni borrado su recuerdo entre sus descendientes. La reina Ester, hija de Abigaíl, y el judío Mardoqueo escribieron con instancia a los judíos por segunda vez para confirmar su carta acerca de los “purim,” y se mandaron cartas a todos los judíos, a las ciento veintisiete provincias del rey Asuero. Contenían palabras de paz y fidelidad, prescribiendo los días de “purim” al tiempo fijado, como el judío Mardoqueo y la reina Ester los habían establecido, para ellos y para toda su posteridad, y añadiendo prescripciones de ayunos y lamentaciones. Así, la orden de Ester confirmó la institución de los “purim,” y esto fue escrito en el libro. El rey Asuero impuso un tributo a la tierra y a las islas del mar. Todos los hechos concernientes a su poderío y sus hazañas y los pormenores de la grandeza a que elevó a Mardoqueo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de los medos y de los persas? Pues el judío Mardoqueo era el primero después del rey Asuero, muy considerado entre los judíos y amado de la muchedumbre de sus hermanos;" Pues el judío Mardoqueo era el primero después del rey Asuero, muy considerado entre los judíos y amado de la muchedumbre de sus hermanos;" [ (Esther 10:4) buscó el bien de su pueblo y habló para el bien de su raza. ] Había en tierra de Hus un varón llamado Job, hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Naciéronle siete hijos y tres hijas;" y era su hacienda de siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas, y siervos en gran número, siendo grande aquel varón entre todos los orientales. Acostumbraban sus hijos a tener banquetes en sus casas, cada uno en su día, invitando a sus tres hermanas a comer y beber con ellos. Cuando se completaba el ciclo de los días de convite, los convocaba para purificarlos; y levantándose de madrugada, ofrecía por ellos holocaustos, según el número de todos ellos, pues decía Job:" “No sea que hayan pecado mis hijos y hayan maldecido a Dios en su corazón.” Así hacía Job siempre. Sucedió un día que los hijos de Dios fueron a presentarse ante Yahvé, y vino también entre ellos Satán. Y dijo Yahvé a Satán: “¿De dónde vienes?” Respondió Satán: “De dar una vuelta por la tierra y pasearme por ella.” Y dijo Yahvé a Satán: “¿Has reparado en mi siervo Job, pues no lo hay como él en la tierra, varón íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?” Pero respondió Satán a Yahvé diciendo: “¿Acaso teme Job a Dios en balde?” ¿No le has rodeado de un vallado protector a él, a su casa y a todo cuanto tiene? Has bendecido el trabajo de sus manos, y sus ganados se esparcen por el país, Pero extiende tu mano y tócale en lo suyo, (veremos) si no te maldice en tu rostro. Entonces dijo Yahvé a Satán: “Mira, todo cuanto tiene lo dejo en tu mano, pero a él no le toques.” Y salió Satán de la presencia de Yahvé. Y sucedió un día en que estaban sus hijos y sus hijas comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano primogénito, que llegó un mensajero a Job y le dijo: “Estaban arando lo bueyes y pacían cerca de ellos las asnas, y se echaron sobre ellos los sábeos y los tomaron hiriendo a los siervos a filo de la espada. Yo solo he podido escapar para darte la noticia.” Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro, que dijo: “Ha caído del cielo fuego de Dios, que abrasó a las ovejas y a los mozos, consumiéndolos. Sólo he escapado yo para darte la noticia.” Todavía estaba éste hablando, cuando vino otro, que dijo: “Los caldeos, divididos en tres tropeles, han dado sobre los camellos, apoderándose de ellos, y a los siervos los hirieron a filo de la espada. Yo solo he podido escapar para traerte la noticia.” Mientras hablaba éste todavía, llegó otro, que dijo: “Estaban tus hijos y tus hijas comiendo y bebiendo vino en la casa de su hermano, el primogénito, y vino del otro lado del desierto un torbellino y conmovió las cuatro esquinas de la casa, que cayó sobre los jóvenes, y han muerto. Yo solo he escapado para darte la noticia.” Levantóse entonces Job, rasgó sus vestiduras, rasuró su cabeza y, echándose en tierra, adoró, diciendo: “Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo tornaré allá. Yahvé lo dio, Yahvé lo ha quitado. ¡Bendito sea el nombre de Yahvé! fui todo esto no pecó Job ni atribuyó a Dios insipiencia. Y sucedió que vinieron (otro) día los hijos de Dios a presentarse ante Yahvé, y vino también Satán entre ellos, presentándose ante Yahvé. Y dijo Yahvé a Satán: “¿De dónde vienes?” Respondió Satán a Yahvé: “De dar una vuelta por la tierra y pasearme por ella.” Y dijo Yahvé a Satán: “¿Has reparado en mi siervo Job, que no hay como él en la tierra, varón íntegro y justo, temeroso de Dios y apartado del mal, y que aún persevera en su perfección a pesar de que me incitaste contra él para que sin razón lo arruinara?” Respondióle Satán a Yahvé, diciendo “¡Piel por piel! Y todo cuanto el hombre tiene lo dará gustoso por su vida. Si extendieses tu mano y tocaras su hueso y su carne, (veríamos) si no maldeciría tu rostro.” Yahvé replicó entonces a Satán: “Ahí lo tienes a tu disposición, pero guarda su vida.” Salió Satán de la presencia de Yahvé e hirió a Job con una úlcera maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza. Rascábase con un tejón y estaba sentado sobre la ceniza. Díjole entonces su mujer: “¿Aún sigues tú aferrado a tu integridad? ¡Maldice a Dios y muérete!” Pero él le replicó: “Como mujer necia has hablado. Si recibimos de Dios los bienes, ¿por qué no también los males?” En todo esto no pecó Job con sus labios. Tres amigos de Job se enteraron de todas las desgracias que le habían sobrevenido, y se llegaron cada uno de su lugar — Elifaz, de Teman; Bildad, de Suaj, y Sofar, de Naamat —, que se habían convenido juntarse para darle el pésame y consolarle." Ya de lejos alzaron sus ojos, sin reconocerle, y, levantando su voz, empezaron a llorar a voz en grito, al par que rasgahan sus vestiduras y esparcían al aire polvo sobre sus cabezas. Estuvieron con él sentados en tierra siete días y siete noches, y ninguno habló palabra viendo cuan grande era su dolor. Después de esto abrió Job su boca para maldecir su día, y, tomando la palabra, dijo: Perezca el día en que nací y la noche en que se dijo: “¡Ha sido concebido un varón!” Conviértase ese día en tiniebla, no se cuide Dios de él desde lo alto, no resplandezca sobre él un rayo de luz. Apodérese de él oscuridad y sombras de muerte; encobe sobre él negra nube, llénelo de terrores la negrura del día." Hagan presa de aquella noche las tinieblas, no se junte a los días del año ni entre en el cómputo de los meses. Sea noche de tristeza, no haya en ella regocijos. Maldíganla los que saben maldecir el día, los que saben despertar al Leviatán. Háganse tinieblas las estrellas de su alborada; que espere luz y no le venga, y no vea los parpadeos de la aurora," por no haberme cerrado las puertas del seno materno y no haber sustraído a mis ojos tanta miseria. ¿Por qué no morí al salir del seno y no expiré al salir del vientre? ¿Por qué hallé rodillas que me acogieron y pechos que me amamantaron? Pues ahora descansaría tranquilo y dormiría en reposo con los reyes y los magnates de la tierra, que se construyen mausoleos, o con príncipes ricos en oro, que llenan de plata sus moradas. O ni hubiera existido, como aborto secreto o como los niños que no vieron la luz. Allí cesan de perturbar los impíos y descansan los extenuados. Allí están tranquilos los cautivos y no oyen la voz del capataz. Allí son iguales grandes y pequeños, y el esclavo está libre de su amo. ¿A qué dar la luz al desdichado, dar la vida al amargado de alma, a los que esperan la muerte y no les llega, y la buscan más que exploradores de tesoros;" los que saltarían de júbilo y se llenarían de alegría si hallasen un sepulcro;" al varón cuya ruta está oculta y a quien cierra Dios (toda salida)? Son los suspiros mi comida y se derraman como aguas mis rugidos. Lo que temo, eso me llega; y lo que me atemoriza, eso me coge." No tengo tranquilidad ni descanso; se ha adueñado de mí la turbación." Tomó la palabra Elifaz, de Teman, y dijo: ¿Te molestará que te dirijamos la palabra? pero ¿quién es capaz de guardar silencio?2 . He aquí que enseñaste a muchos, confortaste muchas manos débiles. Con tu palabra sostuviste a los vacilantes y fortaleciste a rodillas que se doblaban. Pero ahora, que ha venido sobre ti, ¿decaes? Cuando te ha tocado, ¿te turbas? ¿No es ya tu piedad tu confianza? ¿No es la rectitud de los caminos la esperanza tuya? Recuerda bien: ¿Qué inocente pereció? ¿Qué justos fueron exterminados? Por lo que siempre vi, los que aran la iniquidad y siembran la desventura, la cosechan. Bajo el aliento de Dios perecen, desaparecen al soplo de su nariz. Los rugidos del león, los bramidos de la fiera, los dientes de los cachorros de león, son quebrantados. Perece el león falto de presa, y se dispersan los cachorros de la leona. Llegóme calladamente un hablar; mis orejas percibieron sólo un murmullo," al tiempo en que agitan el alma las visiones nocturnas, cuando duermen los hombres profundo sueño. Apoderóse de mí el terror y el espanto, temblaron todos mis huesos;" un viento azotó mi rostro, erizó el pelo de mi carne. Se paró (ante mí), pero no reconocí su semblante; estaba ante mis ojos un fantasma, y oí una voz que tenuemente murmuraba:" ¿Podrá el hombre presentarse como justo ante Dios? ¿Será puro el varón ante su Hacedor? Mira: aun a sus ministros no se confía, aun en sus ángeles halla tacha. ¡Cuánto más los que habitan moradas de barro y del polvo traen su origen! Que son aplastados como polilla, de la mañana a la tarde son pulverizados, desaparecen para siempre por falta de salvador4. ¿No es arrancada la cuerda (de su tienda)? Mueren faltos de sabiduría. Ya puedes gritar. ¿Habrá quien te responda? ¿A cuál de los santos vas a apelar? Porque al insensato le mata el enojo, y al necio la cólera. Vi al insensato echar raíces, pero al instante maldije su morada: ”¡Que sus hijos sean privados de salvación y sean aplastados en la puerta sin (que tengan) defensor” Devoran los hambrientos sus cosechas, y aun entre las espinas las recogen, y el sediento chupa su jugo. Que no brota del polvo la iniquidad, ni es el suelo el que produce el infortunio. Pues es el hombre quien engendra la desventura, los hijos del relámpago levantan el vuelo. Yo que tú, me volvería a Dios y en Dios pondría mi causa. El que hace cosas tan grandes e insondables, maravillas sin número;" que derrama la lluvia sobre la tierra y manda las aguas sobre los campos. Ensalza a los humildes, hace prosperar a los afligidos. Aventa las tramas del astuto para que sus manos no realicen sus cálculos. Sorprende a los sabios en su astucia y frustra los designios del malvado. De día tropiezan con tinieblas, y van a tientas en pleno día, como si fuera de noche. Y salva al arruinado de su boca, y de la mano del prepotente al necesitado, y sostiene la esperanza del desdichado, teniendo que cerrar su boca la injusticia. ¡Dichoso el hombre a quien corrige Dios! No desdeñes, pues, la corrección del Omnipotente. Pues El es quien hace la herida y la venda, el que hiere y la cura con su mano. De seis tribulaciones te salvará, y a la séptima no te alcanzará el mal. En (tiempos de) hambre te redimirá de la muerte, y en (tiempos de) guerra, del poder de la espada. Te preservará del azote de la lengua, no temerás la desventura si viniere. Te reirás de la devastación y del hambre, no temerás a las bestias de la tierra. Harás alianza con las piedras del campo, y paces con las fieras salvajes. Probarás la paz de tu tienda; nada echarás de menos al inspeccionar tu morada." Sabrás que tu posteridad es numerosa, y tus retoños (brotarán) como hierba de la tierra. Llegarás en madurez al sepulcro, como a su tiempo se recogen las gavillas. Mira: esto es lo que he observado” ¡Así es! ¡Atiende y sábelo (para tu bien)!. Entonces replicó, diciendo: ”¡Oh si mis quejas pudieran pesarse y a un tiempo se pusiera mi desdicha en una balanza! ¡Luego ésta pesaría más que las arenas del mar! Por eso han sido destempladas mis palabras, pues se han clavado en mí las saetas del Omnipotente, cuyo veneno bebe mi espíritu. Los terrores de Dios están alineados contra mí, ¿Rebuzna el onagro junto a la hierba? ¿Muge el buey ante su pesebre? ¿Se come lo insípido sin sal? ¿Sabe bien la clara de huevo? Lo que ni tocar quiere mi alma, eso se ha convertido en mi alimento. ¡Quién me diera se cumpliese mi petición y que Dios me otorgara lo que espero, y se dignara Dios aplastarme, soltando su mano para acabar conmigo Ese sería luego mi consuelo; me alegraría en la amargura, por no haber ocultado los secretos del Santo." ¿Cuál es mi fortaleza para esperar todavía? ¿Cuál mi fin para aliviar mi alma?. ¿Es mi fortaleza la de las piedras, o es de bronce mi carne? No hay para mí ayuda alguna; todo socorro me ha sido negado." Rehusar la piedad a su prójimo es rechazar el temor del Omnipotente7. Mis hermanos me han decepcionado como arroyo (seco), cual lecho de torrentes que pasan. Estaban cubiertos de hielo, sobre ellos se acumulaba la nieve;" pero apenas viene el calor, se derriten, a los primeros ardores se extinguen en su lugar. Desvían las caravanas su ruta, avanzan por el desierto y se extravían. Divísanlas las caravanas de Tema, las comitivas de Sabá suspiran por ellos;" pero quedan avergonzadas de haber confiado, y confusas al llegar hasta ellos. Así sois ahora vosotros para mí: al verme, os espantáis y sois sobrecogidos de temor. ¿Os he dicho yo: Dadme, y de vuestra hacienda haced soborno en mi favor u, y libradme de la mano del opresor, y rescatadme de las manos del tirano? Enseñadme vosotros, y yo me callaré; y si he errado, hacédmelo ver." ¡Cuan persuasivas son las palabras de rectitud! Mas ¿qué prueba vuestra alegación? ¿Pretendéis censurar mis palabras, siendo puro viento los dichos del desesperado? Hasta sobre un huérfano echáis suertes y traficáis sobre vuestro amigo. ¡Y ahora dignaos volveros hacia mí, pues no puedo mentiros a vuestra cara! ¡Volveos, y no seáis injustos; volveos, pues la justicia está conmigo!" ¿Hay en mi lengua iniquidad? ¿Es que mi paladar no sabe discernir el infortunio? ¿No es milicia la vida del hombre sobre la tierra, y son corno los del jornalero sus días? Como el siervo anhelando la sombra, como el jornalero esperando su salario, así he pasado yo meses de desencanto y me han tocado noches llenas de dolor. Si me acuesto, digo: ¿Cuándo me levantaré? Si me levanto: ¿Cuándo llegará la tarde? l Y me harto de divagar hasta el crepúsculo. Mi carne está cubierta de gusanos y de escamas terrosas, mi piel se arruga y se deshace supurando;" mis días corrieron más rápidos que la lanzadera, pasaron sin dejar esperanza. Acuérdate de que mi vida es un soplo, mis ojos no volverán a ver más la felicidad. No me verán más ojos (de hombre); me mirarán tus ojos, y ya no seré." Como se deshace una nube y se va, así el que baja al “seol” no sube más;" no vuelve más a su casa y no le reconoce ya su lugar. Por eso no reprimiré yo mi boca, hablaré en la angustia de mi espíritu, me quejaré en la amargura de mi alma, ¿Soy yo el mar o un monstruo marino para que me hayas puesto guardia? Cuando me digo: “En mi cama hallaré consuelo, el lecho aliviará mis dolores,” tú me aterras con sueños, me espantas con visiones. Por eso preferiría ser estrangulado, la muerte a estos tormentos9. Me consumo” No viviré eternamente. Déjame, que mi vida es un soplo. ¿Qué es el hombre para que en tanto le tengas y pongas en él tu atención, para que le visites cada mañana y a cada momento le pruebes? ¿Hasta cuándo no apartarás de mí tu mirada sin dejarme tragar mi saliva? Si pequé, ¿qué daño te inferí, oh protector de los hombres? ¿Por qué me haces blanco tuyo, cuando ni a mí mismo puedo soportarme? ¿Por qué no perdonar mi transgresión y pasar por alto mi culpa? Pues pronto descansaré en el polvo, y si me buscas, ya no existiré. Tomó la palabra Bildad, suhita, diciendo: ¿Hasta cuándo vas a hablar así y serán las palabras de tu boca cual viento impetuoso? ¿Acaso tuerce Dios el derecho? ¿Puede el Omnipotente pervertir la justicia? Si pecaron tus hijos contra El, ya han pagado por sus faltas. Pero tú, si recurres a Dios e imploras al Omnipotente, si fueres puro y recto, desde ahora velará sobre ti, y restaurará la morada de tu justicia, y la anterior fortuna resultará pequeña, pues grande ha de ser tu futuro. Pregunta, si no, a las generaciones precedentes, atiende a la experiencia de los padres. Nosotros somos de ayer y no sabemos nada, porque son una sombra nuestros días sobre la tierra. ¿No te enseñarán ellos, no te hablarán y de su corazón sacarán palabras? ¿Puede crecer el papiro fuera de las lagunas? ¿Puede el junco prosperar donde no hay agua? Verde aún, sin que nadie le corte, se seca antes que cualquier otra hierba. Tal es la suerte de los que se olvidan de Dios, y la esperanza del impío se desvanecerá. Su confianza no es más que un hilo, y tela de araña su seguridad. Se apoya sobre una casa que no se sostiene, se agarra a ella, sin que tenga consistencia. Por lleno de jugo que estuviere a la faz del sol, extendiendo sus retoños en el huerto, y sus raíces entrelazadas sobre un montón de piedras, viviendo en una casa de piedra, en cuanto se le arranca de su sitio, éste le renegará: “¡Nunca te vi!” Helo aquí podrido sobre el camino, mientras otros brotan en su lugar. Así, pues, Dios no rechaza al íntegro ni toma de la mano a los malvados. Aún llenará tu boca de sonrisas y de júbilo tus labios. Cubriránse de confusión tus enemigos, y no subsistirá la tienda de los malos. Respondió Job, diciendo: En verdad, yo sé que es así: ¿Cómo justificarse un hombre frente a Dios? Si quisiera contender con El, de mil cargos no podría responder a uno. El es sabio de corazón y robusto de fuerza: ¿Quién se le opondrá y saldrá ileso? El desplaza los montes sin que se den cuenta, y en su ira los trastorna. El sacude la tierra en su sitio, estremécense sus columnas. El manda al sol, y éste no brilla, y guarda bajo sello las estrellas. El solo tiende los cielos y camina sobre las crestas del mar. El creó la Osa, el Orion y las Pléyades y las cámaras del cielo austral. El obra cosas grandes e insondables, maravillas sin cuento. Si pasa ante mí, yo no le veo; se desliza, y yo no lo advierto." Si coge una presa, ¿quién se la arrebatará? ¿Quién podrá decirle: ¿Qué es lo que haces? Dios no reprime su cólera: bajo El se encorvaron los auxiliares de Rahab. ¡Cuánto menos podría yo responderle y rebuscar razones contra El! Aun teniendo razón, no podría responderle, y habría de implorar gracia para mi causa. Y aunque le hablara yo y El me respondiese, no osaría creer que había oído mi voz. El es quien por un cabello me aplasta p y multiplica sin motivo mis heridas;" que ni respirar me deja y me harta de amarguras. Si quisiera acudir a la fuerza, el robusto es El; si al juicio, ¿quién podrá emplazarle?" Si soy justo, mi boca me condena; si me creo inocente, me declara perverso." Si me declaro inocente, es que no me conozco. Yo desprecio mi vida. ¡Todo es uno! Por eso digo: “¡Consume al íntegro y al culpable!” Guando de repente una plaga trae la muerte, El se ríe de la desesperación de los inocentes. La tierra es entregada a las manos de los impíos, y vela el rostro de sus jueces. Si no es El, ¿quién va a ser? Mis días pasaron más veloces que un correo, huyeron sin ver la felicidad. Se han deslizado como lancha de papiro, como águila que se lanza sobre la presa. Si me digo: “Voy a olvidar mis cuitas, cambiaré mi semblante y me pondré alegre,” temo todos mis dolores, sabiendo que tú no me declaras inocente. Si soy culpable, ¿a qué fatigarme en vano? Aunque me lavase con agua de nieve y purificase mis manos con lejía, todavía me hundirás en el lodo, y mis vestidos me aborrecerían. Que no es hombre como yo para responderle: ¡Vamos juntos a juicio! No hay entre nosotros arbitro que ponga su mano entre ambos. Que retire su vara de sobre mí, que no me espante su terror. Yo hablaré sin temor, porque no soy tal a mis ojos. ¡Estoy hastiado de mi vida! Voy a dar curso libre a mis quejas, a hablar con la amargura de mi alma. Quiero decir a Dios: “¡No me condenes, dame a saber por qué te querellas de mí!” ¿Es decoroso para ti hacer violencia, desdeñar la obra de tus manos y complacerte en los consejos de los malvados? ¿Tienes tú acaso ojos de carne y miras como mira el hombre? ¿Son tus días los de un mortal, son tus años los años del nombre, para que tengas que inquirir mi culpa y andar rebuscando mi pecado, cuando sabes que no soy culpable y nadie puede librarme de tus manos? Tus manos me hicieron y me formaron, ¿y vas a aniquilarme después? Acuérdate que me modelaste como el barro,¿y vas a tornarme al polvo? ¿No me exprimiste como leche, no me cuajaste como queso? Me revestiste de piel y de carne, y con huesos y músculos me consolidaste. Me diste vida y me favoreciste y tu solicitud guardó mi espíritu. ¿Y me guardabas esto en tu corazón? Bien veo que esto entraba en tus designios. Si peco, tú me vigilas, y de mi falta no me disculparás. Si prevarico, ¡ay de mí! Si soy inocente, no podré levantar la cabeza, harto de ignominia y ebrio de penas8. Y si la levanto, tú me cazarás como león, y contra mí vuelves a hacer ostentación de tu poder. Renovarás tus pruebas contra mí como tropas de refresco. ¿Por qué me sacaste del vientre de mi madre? Muriera yo sin que ojos me vieran. Fuera como si nunca hubiera existido, llevado del vientre al sepulcro. ¿No son pocos los días de mi existencia? Retírate de mí para que pueda alegrarme un poco antes de que me vaya, para no volver, a la tierra de tinieblas y de sombras, tierra de negrura y desorden, en la que la claridad es como la oscuridad. Replicó Sofar de Naamat, diciendo: ¿La multitud de las palabras no va a tener respuesta? ¿Va a ser el hombre verboso el que tenga razón? ¿Tus charlatanerías van a hacer callar a los hombres? ¿Vas a burlarte sin que nadie te confunda? Tú dices: “Mi doctrina es pura y estoy limpio a tus ojos.” ¡Ojalá hablara Dios y abriera sus labios contigo para descubrirte los secretos de la sabiduría (pues son ambiguos para el entendimiento), y conocerías que Dios te ha condonado parte de tus culpas! ¿Podrás descubrir tú el misterio de Dios? ¿Llegarás hasta la perfección del Omnipotente? Es más alto que los cielos. ¿Qué harás? Es más profundo que el “seol.” ¿Qué entenderás? Es más extenso que la tierra, más ancho que el mar. Si pasa, aprisiona y cita a juicio, ¿quién podrá contrarrestarle? Pues conoce a los hombres falaces y ve la iniquidad sin mucho reflexionar. Así, el necio se hace discreto, y como pollino de onagro nace el hombre. Si tú dispusieras tu corazón y extendieras a El sus manos;" si alejaras de tus manos la maldad y no dieras acogida en tu tienda a la iniquidad, alzarías ciertamente tu rostro sin tacha, te sentirías seguro y no temerías. Te olvidarías entonces de las penas, o, si de ellas te acordaras, sería como de agua que pasó. Y más radiosa que el mediodía surgiría tu existencia, y la oscuridad sería como la mañana, y vivirías confiado de lo que te esperaba, y, sintiéndote protegido, te acostarías tranquilo. Reposarías sin que nadie te inquietase, y muchos adularían tu rostro. Pero los ojos de los malvados se consumirán, faltándoles el refugio, y su esperanza será el último suspiro. Respondió Job, diciendo: Cierto que sois vosotros la humanidad toda i, y con vosotros va a morir todo el saber. También tengo, como vosotros, algún seso, y no cedo ante vosotros. Esas cosas, ¿quién las ignora? Ludibrio para su amigo soy yo, que clamo a Dios para que me oiga. ¡Objeto de mofa es el justo y el íntegro! ¡Desprecio al desgraciado! Así piensa el dichoso,¡Una zancadilla para aquel cuyos pies están para resbalar! Paz gozan las tiendas de los devastadores, y están seguros los que provocan a Dios, como si todo lo hubiera puesto Dios en su mano. Pregunta a las bestias, y te instruirán; a las aves del cielo, y te lo comunicarán;" a los reptiles de la tierra, y te enseñarán, y te lo harán saber los peces del mar. ¿Quién no ve en todo esto que es la mano de Yahvé quien lo hace, de cuya mano depende el alma de todos los vivientes y el espíritu de todos los hombres? ¿No distingue el oído las palabras, como el paladar gusta la comida? En los ancianos está el saber y en la longevidad la sensatez. Pero en El están la sabiduría y el poder; suyo es el consejo, suya la prudencia." Lo que Él destruye no puede reconstruirse; al que El aprisiona nadie le liberta." Si retiene las aguas, todo se seca; si las da suelta, devastan la tierra." En El están la fuerza y la sabiduría, de El son el engañado y el 'engañador;" El hace andar descalzos a los consejeros, y a los jueces los hace necios;" desciñe la cadena de los reyes y les ata una cuerda a su cintura;" hace andar descalzos a los sacerdotes y abate a los poderosos;" quita el habla a los sinceros y priva a los ancianos del discernimiento;" arroja sobre los nobles el desprecio y suelta el cinturón de los fuertes;" despoja a las profundidades de sus tinieblas y saca a luz la sombra;" eleva a las naciones y las arruina, dilata a los pueblos y los suprime;" quita el sentido a los gobernantes del país i y los hace errar en un desierto sin caminos;" caminan a tientas en las tinieblas sin luz, y hace que como beodos vacilen. Ciertamente todo esto lo han visto mis ojos, lo ha oído mi oído y lo entendió. Lo que vosotros sabéis lo sé yo también, no soy menos que vosotros. Pero yo quisiera hablar al Omnipotente y venir a cuentas con Dios;" pues vosotros sois inventores de falacias, sois médicos que nada curáis. ¡Quién diera que al menos callarais por completo; sería para vosotros contado como acto de sabiduría!" Oíd, pues, os ruego, mi querella, atended a las razones de mi defensa. ¿Queréis, para justificar a Dios, usar de falsedad, defenderle con mentiras? ¿Queréis mostraros como parciales suyos, ser los abogados de su causa? Sería bueno que Ellos sondease. ¿Queréis poder engañarle como se engaña a un hombre? El ciertamente os reprendería con severidad, si secretamente pretendéis aparecer como parciales suyos. Su majestad, ¿no os aterrará, no os llenará de espanto? Vuestros apotegmas son verdades de polvo, vuestras réplicas son respuestas de barro. Callad y dejadme que hable yo, y venga sobre mí lo que viniere! ¡Yo tomo mi carne en mis dientes y coloco mi vida en las palmas de mis manos! Aunque El me matara, no me dolería, con tal de defender ante El mi conducta, Y esto me servirá de salvación, pues el impío no se atrevería a comparecer en su presencia5. ¡Oíd atentamente mis palabras, prestad oído a mi razonamiento! He aquí que he preparado mi proceso, consciente de que he de tener razón. ¿Quién pretende litigar conmigo? Porque si, resignado, callara, moriría. Sólo dos cosas no hagas conmigo, y entonces no me esconderé de tu presencia. Aleja de mí tu mano y no me espante tu terror. Después convoca (al debate), y yo responderé, o hablaré yo y tú me replicarás. ¿Cuántos son mis delitos y pecados? Dame a conocer mi transgresión y mi ofensa. ¿Por qué esconderme tu rostro y tenerme por enemigo tuyo? ¿A una hoja que arrebata el viento infundes terror y a una paja seca persigues, dictando contra mí sentencias de amargura e imputándome las faltas de mi mocedad? Pones en el cepo mis pies, acechas todos mis pasos, señalas las huellas de mis pies. Me deshago como leño carcomido, como vestido que roe la polilla. El hombre, nacido de mujer, corto de días y harto de inquietudes, brota como una flor y se marchita, huye como sombra sin pararse. ¿Y sobre un tal abres tus ojos y le citas a juicio contigo? ¿Quién podrá sacar pureza de lo impuro? Nadie” Si sus días están determinados, si es conocido de ti el número de sus meses, si fijaste su límite, que no ha de traspasar, aparta de él tu mirada y déjale hasta que como mercenario cumpla su jornada. Porque para el árbol hay esperanza: cortado, puede retoñar, sin que cesen sus renuevos;" aunque haya envejecido su raíz en la tierra y haya muerto en el suelo su tronco, al olor del agua rebrota y echa follaje como planta nueva. Pero el hombre, en muriendo, queda inerte, y expirando, ¿dónde está? Se agotarán las aguas en el mar, secaráse un río y se consumirá;" pero el hombre, una vez que se acuesta, no se levantará jamás. Hasta la consumación de los cielos no se despertará, no surgirá de su sueño. ¡Quién me diera que me escondieses en el “seol” y allí me ocultaras hasta que se aplacara tu ira, fijando un término para volver a acordarte de mí! Si, muerto, el hombre reviviera, esperaría que pasara el tiempo de mi milicia hasta que llegara la hora del relevo. Llamaríasme entonces, y yo te respondería, y te mostrarías propicio a la obra de tus manos. Y, en vez de contar, como ahora, mis pasos, no espiarías más mis pecados. Sellarías como en un saco mi transgresión y borrarías mi iniquidad. Pero ¡ay! que el monte se desmorona, y se remueve de su lugar la roca, y el agua corroe las piedras, y se lleva la inundación los terrones, y por modo semejante destruyes la esperanza del hombre. Tú le asaltas, y se va para siempre; cambia su rostro, y lo despachas." Tengan honores sus hijos, él no lo sabe; sean despreciados, él no lo advierte;" sólo él siente los dolores de su carne, sólo sobre sí llora su alma. Entonces replicó Elifaz de Teman, diciendo: ¿Es de sabios responder con vanos razonamientos y llenar su vientre de viento solano, arguyendo con palabras vanas y con razones inconsistentes? Pero es más: tú destruyes la piedad y socavas la meditación ante Dios. Pues tu falta inspira a tu boca, y adoptas el lenguaje de los astutos. Es tu boca, no soy yo, quien te condena; son tus labios los que atestiguan contra ti." ¿Eres tú por ventura el primer nacido? ¿Has sido concebido antes que las colinas? ¿Has oído las confidencias de Dios, y acaparas para ti la sabiduría? ¿Qué sabes tú que nosotros no sepamos? ¿Qué entiendes tú que no entendamos nosotros? También hay entre nosotros ancianos encanecidos de más edad aún que tu padre. ¿Tienes en poco los consuelos de Dios y las blandas palabras que te dirigimos? ¿Cómo te arrastra tu corazón y por qué centellean tus ojos? Pues vuelvese contra Dios, y salen de tu boca injurias contra EL ¿Qué es el hombre para creerse puro, para decirse justo el nacido de mujer? Si ni en sus santos se confía ni los cielos son bastante puros a sus ojos, ¡cuánto menos un ser abominable y corrompido, el hombre, que se bebe como agua la impiedad! Voy a explicarte, escúchame, y voy a contarte lo que vi, lo que enseñaron los sabios, lo que no ocultaron (recibido) de sus padres, aquellos a quienes sólo fue dada la tierra, sin que pasara el extranjero por medio de ellos. Todos los días sufre tormento el perverso, y están contados los años reservados al tirano. Suenan a sus oídos gritos de espanto, en tiempo de paz se ve asaltado por el devastador. No confía escapar de las tinieblas, y (se considera) destinado a la espada. Es dado en pasto a los buitres9, sabe que su ruina es inminente. El día tenebroso le aterra, la ansiedad y la angustia le acometen como rey pronto al asalto, porque extendió su mano contra Dios, y se hizo fuerte contra el Omnipotente, y corrió contra El con erguida cerviz, protegido por sus espesos escudos. Porque tenía su rostro * abotagado de gordura, y de grosura sus lomos;" y habitaba ciudades derribadas, casas deshabitadas, destinadas al montón de ruinas. No se enriquecerá ni se mantendrá su opulencia, ni su sombra se extenderá sobre la tierra. No escapará a las tinieblas; sus renuevos los desecará la llama, y su flor será arrebatada por el viento." No se fíe de su tallo elevado, pues sabemos que es vanidad;" antes de tiempo se marchitarán sus sarmientos, y su ramaje no reverdecerá. Dejará caer, como la viña, su agraz, y, como el olivo, dejará caer sus flores. Pues la casta de los impíos es estéril, y el fuego devora las tiendas del soborno. Concibe maldad y engendra desventura, y nutre en su seno el desengaño. Respondió Job, diciendo: ¡He oído ya muchos discursos semejantes! ¡Funestos consoladores sois todos vosotros! ¿Tendrán término los vanos discursos, o qué es lo que a responder así te incita? También podría yo hablar con vosotros, si vosotros estuvierais en mi lugar. Podría hilvanar palabras a costa vuestra y mover mi cabeza sobre vosotros. Os alentaría con mi boca y daría rienda suelta a mis labios. Si hablo, no se calma mi dolor; si callo, ¡qué se va a apartar de mí!" Ciertamente ahora la malquerencia me ha extenuado, toda su banda se apodera de mí Se levanta contra mí como testigo de cargo y depone contra mí con calumnias. Su furor desgarra y me persigue, rechinando contra mí sus dientes. Mi adversario aguza sus ojos contra mi. Abren su boca contra mí, abofetean con afrenta mis mejillas, todos a una se apretujan contra mí. Dios me entrega a los impíos, me arroja en manos de los perversos. Estaba yo tranquilo, y El me sacudió, me tomo por el cuello y me estrelló. Púsome por blanco suyo. Cércanme sus proyectiles, me traspasa mis ríñones sin piedad, derrama por tierra mi hiél. Abre en mí brecha sobre brecha y corre contra mí como un guerrero. He cosido un saco sobre mi piel, he revuelto mi frente en la ceniza;" está mi rostro enrojecido por el llanto, y sobre mis párpados hay un velo sombrío, aunque no hubo violencia en mis manos y fue pura mi oración. No cubras, ¡oh tierra! mi sangre, y no haya lugar para mi clamor. Ahora, pues, en los cielos está mi testigo, y allá arriba está mi fiador. Mi clamor ha llegado hasta Dios4, las lágrimas de mis ojos corren ante El. ¡Oh si hubiera arbitro entre Dios y el hombre, como lo hay entre el hombre y su prójimo! Pues están contados los años que me restan, y es sin vuelta el camino por do voy. Mi espíritu se extingue, mis días se acaban, sólo me queda el sepulcro. ¿No soy objeto de mofa, y mis ojos no pasan entre amarguras la noche? Depositada, pues, mi fianza junto a ti, ¿quién entonces habría de tocar mi mano? Has cerrado su mente al conocimiento1, pero no dejarás que prevalezcan. ¡Invita uno a sus amigos a la presa, mientras desfallecen los ojos de sus hijos! Me ha hecho la fábula de las gentes, soy como aquel a quien se le escupe en la cara. Mis ojos se consumen de tristeza, y mis miembros se desvanecen como la sombra. Y pásmanse de ello los rectos, y los inocentes se indignan contra el perverso;" pero el justo persevera en su camino,y el que tiene las manos limpias redobla su energía. Mas vosotros todos volved y llegaos, que no hallaré un sabio entre vosotros. Pasaron mis días, se desvanecieron mis proyectos, los deseos de mi corazón. La noche me la convierten en día, y de las tinieblas (prometen) próxima luz. ¿Qué puedo yo esperar? El sepulcro será mi morada, en las tinieblas he extendido mi lecho. A la fosa grité: “¡Tú eres mi padre!” Y a los gusanos: “¡Mi madre y mis hermanos!” ¿Dónde está mi esperanza? Y mi dicha, ¿quién la divisa? ¿Van a bajar a mi lado al sepulcro? ¿Nos vamos a hundir juntos en el polvo? Replicó Bildad, suhita, diciendo: ¿Hasta cuándo pondréis trabas a las palabras? Reflexionad, y después hablaremos. ¿Por qué nos tomas como bestias, pasamos a tus ojos por estúpidos? Tú, que en tu furor te desgarras a ti mismo, ¿acaso por ti será abandonada la tierra y se trasladarán las rocas de su lugar? Sí, se apagará la luz de los perversos, no brillará su ardiente llama. La luz se apagará en su tienda, y su lámpara se extinguirá encima de él. Se recortan sus pasos vigorosos, y su propio consejo le hará tropezar;" pues ha sido arrojado por sus pies a la red, y caminará sobre una trampa;" un lazo le atará los tobillos y le aprisionará el cepo;" oculta está en la tierra su cuerda, y su trampa sobre el sendero. De todas partes le asaltarán terrores, le seguirán, pisando los talones. Su opulencia se tornará en hambre, y la desgracia está presta a su lado. La enfermedad roerá su piel, y devorará sus miembros el primogénito de la muerte. Será arrancado de su tienda, en la que se sentía seguro, i y tú puedes conducirle al rey de los terrores. Podrás habitar en su tienda, ya no suya; se esparcirá azufre sobre su morada." Secaránse sus raíces por debajo, se marchitará por arriba su ramaje. Desaparecerá de la tierra su recuerdo, y no tendrá ya nombre sobre la faz del desierto;" se le empujará de la luz a las tinieblas, y se le expulsará del mundo;" no tendrá familia ni parentela en su pueblo, ni sobreviviente en sus moradas. De su destino se asombrarán los occidentales y se horrorizarán los orientales. ¡Esta es la suerte del malvado, y éste el lugar del que no reconoce a Dios! Respondió Job, diciendo: ¿Hasta cuándo afligiréis mi alma y me majaréis con vanos discursos? Ya me habéis afrentado diez veces, y me maltratáis sin avergonzaros. Aun siendo verdad que yo haya errado, sobre mí recaería mi yerro. ¿Es bien cierto que os insolentáis contra mí y que me reprocháis mi oprobio? Sabed, pues, que es Dios quien me ha oprimido y me ha envuelto en sus redes. Si grito: “¡Violencia!” no obtengo respuesta; aunque clame, no hay equidad." Ha vallado mi camino y no puedo pasar, y sobre mis senderos ha puesto tinieblas. Me ha despojado de mi gloria y arrancó de mi cabeza la corona. Me ha demolido en derredor, y perezco, y descuajó como árbol mi esperanza. Encendióse contra mí su cólera y me contó entre sus enemigos. A una llegaron sus milicias, se atrincheraron contra mí en su camino y han acampado en torno de mi tienda. Alejáronse de mí mis hermanos, y mis conocidos se me han hecho extraños. Desaparecieron mis allegados, me han olvidado mis familiares. Los huéspedes de mi casa y mis criados me consideran como extraño; soy a sus ojos un forastero." Llamo a mi siervo, y no me responde, y tengo que suplicarle con mi boca. Hízose mi aliento repugnante a mi mujer, y yo soy fétido a los hijos de mis entrañas, i Hasta los niños me desdeñan, y murmuran contra mí cuando intento levantarme. Me han aborrecido todos mis confidentes, los más caros amigos se vuelven contra mí. Pégaiise a mi piel y a mi carne mis huesos, y apenas si conservo la piel junto a mis dientes. ¡Apiadaos, apiadaos de mí siquiera vosotros, mis amigos, porque me ha herido la mano de Dios! ¿Por qué, como Dios, me perseguís vosotros también, y no os hartáis de mis carnes? ¡Quién me diera que se escribiesen mis palabras y se consignaran en un libro, que con punzón de hierro y de plomo se esculpiesen para siempre en la roca! Porque yo sé que mi Redentor vive, y al fin se erguirá como fiador sobre el polvo;" y detrás de mi piel yo me mantendré erguido, y desde mi carne yo veré a Dios. ¡Al cual yo le veré, veránle mis ojos, y no otros! ¡Se consumen mis ríñones en mi interior! Si decís: “¿Cómo le perseguiremos y qué pretexto encontraremos para acusarle?” temed por vosotros mismos ante la espada, cuando la cólera se inflamará contra las faltas, para que sepáis que hay un juicio. Replicó Sofar de Naamat, diciendo: Por esto me hacen responder mis pensamientos, a causa de la impaciencia que siento en mí. ?? he oído una reprensión afrentosa para mí, y un soplo salido de mi inteligencia me hace responder: ¿No sabes ya de siempre, desde que el hombre fue puesto sobre la tierra, que es breve la exultación del malvado y dura un instante la alegría de los perversos? Si hasta el cielo subiere su arrogancia y tocare en las nubes su cabeza, cual un fantasma desaparece para siempre; y los que le vieron dirán: “¿Dónde está?” Volará como un sueño, y no le hallarán; huirá como visión nocturna." Los ojos que le vieron no le verán más, su morada no le percibirá ya más. Sus hijos indemnizarán a los pobres, sus propias manos restituirán su riqueza. Sus huesos, llenos aún de juvenil vigor, yacerán con él en el polvo. Aunque la maldad fuera dulce a su boca y la ocultara bajo su lengua, aunque la conservara y no la soltara, reteniéndola en su paladar, su comida en sus entrañas se corrompería, siendo como hiél de áspides en su interior. Devoró riquezas, pero las vomitará, de su vientre se las sacará Dios. Chupa veneno de áspides, y la lengua de víbora le matará. No verá los arroyos de aceite reciente, los torrentes de miel y leche cuajada. Devolverá su ganancia sin tragarla, ni gozará del fruto de su comercio, pues oprimió y desamparó a los pobres, robando casas que no construyó;" puesto que no conoció hartura en su vientre, no salvará lo que tanto codició. Nadie escapaba a su voracidad; por eso su bienestar no será durable." En el colmo de la abundancia, todo le es poco; le alcanzarán desventuras de toda suerte5." Cuando está para henchir su vientre, mandará Dios contra él el ardor de su cólera, haciendo llover contra su carne sus proyectiles7. Si escapa al arma de hierro, lo traspasará el arco de bronce, y un dardo sale de su espalda, cual rayo de sus entrañas, llevando terrores sobre él. Toda suerte de tinieblas le están reservadas; le devorará un fuego no encendido (por hombre), que consumirá lo que reste en su tienda." Los cielos revelarán su impiedad, y la tierra contra él se alzará. Una inundación arrastrará su casa: (aguas) derramadas en el día de su furor. Esta es la suerte que al perverso (reserva) Dios, y ésta es la dote que Dios le adjudica. Respondió Job, diciendo: ¡Escuchad atentamente mis palabras, dadme siquiera este consuelo! Tolerad que hable, y después que haya hablado, burlaos. ¿Es de un hombre de quien yo me quejo? ¿Por qué no habré de impacientarme? Volveos hacia mí y asombraos, poniendo la mano sobre la boca. Yo, al acordarme, me horrorizo, y mis carnes sienten escalofríos. ¿Cómo es que viven los impíos, I envejecen y se acrecienta su fortuna? Su prole persiste con ellos a su presencia, y tienen ante sus ojos a sus retoños. Sus casas son paz, no hay en ellas temor y no (cae) sobre ellos la vara de Dios. Sus toros fecundan y no retroceden, y sus vacas paren y no abortan. Sueltan a sus pequeños cual rebaño, y sus niños saltan contentos. Cantan al son de adufes y cítaras y se divierten al son de la flauta. Acaban sus días placenteramente, y en un momento bajan al “seol”. Y eso que decían a Dios: “Apártate de nosotros, no queremos saber de tus caminos. ¿Qué es el Omnipotente para que le sirvamos, y qué provecho sacamos de rogarle?” ¿No está en manos de ellos su ventura? y el consejo de los malvados, ¿no está lejos de El? Pero ¿cuántas veces se apaga la lámpara de los perversos, y viene sobre ellos su desventura, y les reparte suertes en su furor? ¿Son como paja (arrastrada) por el viento y como tamo que se lleva el torbellino? ¿Reserva Dios el castigo para sus hijos? Déle a él su merecido para que aprenda;" que vean sus propios ojos su ruina y beba el furor del Omnipotente. Pues ¿qué le importa a él de su casa después de él, cuando fuere cortado el número de sus meses? ¿Se pueden dar lecciones de ciencia a Dios, a El, que juzga a los más elevados? Muere éste en su plena integridad, cuando todo florecía y estaba en seguro, cuando estaban sus lomos cubiertos de grosura8 y bien regada la medula de sus huesos. Muere aquél en medio de la amargura de su alma, sin haber gozado de bien alguno. Juntos yacerán en el polvo y a uno y a otro los recubren los gusanos. Sí, yo conozco vuestros pensamientos y las maquinaciones que sobre mí forjáis. Pues vosotros decís: “¿Dónde está la casa del noble y dónde la tienda en la que moraban los impíos? ¿No se lo habéis preguntado a los caminantes y no habéis reconocido sus señales? Que en el día del infortunio es preservado el malo y es sustraído en el día de la ira. ¿Quién le echa en cara su conducta? ¿Quién le da su merecido por sus obras? Y cuando es llevado al cementerio, vela sobre su túmulo: ¡dulces le son los terrones del torrente! y todo el mundo marcha tras él, (yendo) delante de él gente sin número. ¿A qué, pues, me dais tan vanos consuelos, si de vuestras respuestas no queda más que falacia? Repuso Elifaz de Teman, y dijo: ¿Acaso puede ser útil a Dios el hombre? Más bien, a sí mismo aprovecha la sensatez. ¿Tiene algún interés el Omnipotente en que tú seas justo? ¿Gana algo en que sean íntegros tus caminos? ¿Será por tu piedad por lo que El te corrige y entra en juicio contigo? ¿No es más bien por tu gran malicia y por tus faltas sin número? Pues exigías sin razón prenda a tus hermanos, despojabas de sus ropas a los harapientos, no dabas de beber al sediento, y al hambriento le negabas el pan. Y de quien tiene mano fuerte, suya es la tierra; y el favorito se instala en ella." Despedías a las viudas con las manos vacías y quebrantabas los brazos de los huérfanos. Por eso te rodean los lazos y te sorprende de improviso el terror;" y la luz se ha oscurecido y no ves, y te inundan aguas desbordadas. ¿No está Dios en lo alto de los cielos? Mira la cúspide de las estrellas, ¡qué altas están! Y tú dijiste: “¿Qué sabe Dios? ¿Puede juzgar a través de las nubes? Las nubes le cubren como velo, y no ve; se pasea por la bóveda de los cielos.” ¿Quieres guardar el antiguo sendero por donde caminaron los hombres inicuos, que fueron arrebatados antes de tiempo, y un río inundó sus cimientos? Los que decían a Dios: “Apártate de nosotros. ¿Qué puede hacernos el Omnipotente?” Y El llenaba su casa de riquezas, pero el consejo de los impíos estaba lejos de El. Viéronlo los justos y se alegraron, y los inocentes se rieron de ellos. “¿No ha sido aniquilada su fortuna, y sus residuos devorados por el fuego?” Reconcilíate, pues, con El y haz la paz, y de ello te vendrá bien. Recibe la ley de su boca, pon sus preceptos en tu corazón. Si, humillándote, te vuelves al Omnipotente n y alejas de tu tienda la iniquidad, tendrás el oro como polvo, y como chinarros del torrente el Ofir;" será el Omnipotente tu tesoro, y plata a montones para ti. Pues hallarás en el Omnipotente tus delicias, alzarás tu rostro hacia Dios. Le invocarás y te escuchará, y tú cumplirás tus votos. Decidirás una cosa y te saldrá bien, y sobre tus caminos brillará la luz. Pues El humilla la altivez (de los soberbios), pero salva al que baja los ojos. Será libertado el inocente, y tú serás libertado por la pureza, de tus manos. Pero Job respondió, diciendo: Cierto que son hoy acerbas mis quejas; su mano es más pesada que mis gemidos." ¡Quién me diera saber dónde hallarlo y llegar hasta su morada! Expondría ante El mi causa, tendría la boca llena de recriminaciones. Conocería las palabras que me respondiera y comprendería lo que me dijese. ¿Contendería conmigo alegando su gran poder? Seguro que no. Me atendería. Entonces el justo podría disputar con El2, y me libraría para siempre de mi Juez. Si voy al oriente, no está allí; si a occidente, no lo distingo," Si le busco al norte, no lo hallo; si vuelvo al mediodía, no lo veo." Pues que El conoce mi camino, que me pruebe al crisol: saldré como el oro. su paso se adaptó siempre mi pie, guardando su camino sin apartarme. No me desvié del mandato de sus labios, oculté en mi seno las palabras de su boca. Pero, cuando El decide una cosa, ¿quién podrá disuadirle? Lo que quiere, eso hace. Porque El cumplirá su decreto, ¡como tantos otros de El! Por eso me estremezco ante El; si reflexiono, tengo pavor de El." Dios ha debilitado mi corazón, i y el Omnipotente me aterra. Pues no he perecido ante las tinieblas, ni la oscuridad ha cubierto mi rostro. ¿Por qué el Omnipotente no señala los tiempos, y los que le reconocen no ven sus días? Los impíos retrasan los lindes, roban los ganados con su pastor;" se llevan el asno del huérfano y toman en prenda el buey de la viuda;" los pobres se apartan del camino, y se esconden al mismo tiempo los humildes campesinos. Como onagros en el desierto salen a su trabajo, en búsqueda de la presa. La estepa les (proporciona) pan para sus niños. Durante la noche recolectan los campos y vendimian la viña del malvado. Pasan las noches desnudos, sin ropa, sin abrigo contra el frío. Se mojan con los aguaceros de los montes, sin más asilo que las rocas. Arrancan de los pechos al huérfano y toman en prenda al pequeñuelo del pobre;" van desnudos, sin vestidos, y, hambrientos, acarrean las gavillas. Entre dos muelas exprimen el aceite, y, sedientos, pisan las uvas. Desde la ciudad, los moribundos se lamentan7; clama socorro el alma de los vejados, y Dios no atiende a estos clamores." Forman parte de los rebeldes a la luz: no han conocido los caminos y no se volvieron por sus senderos. Al amanecer se levanta el asesino para matar al desvalido y al necesitado. De noche anda el salteador. Espía la oscuridad el ojo del adúltero, diciendo: “Nadie me verá,” y se pone un velo a su rostro. En las tinieblas perforan las casas, de día se ocultan, sin conocer la luz. Para ellos el alba es la sombra, el clarear del día les aterra. Huye rápido sobre la superficie de las aguas; maldita es su posesión sobre la tierra; no se vuelve a pisar el fruto de su viña." La sequía y el calor llevan las aguas de la nieve, y el “Seol” al pecador. Le olvida el seno materno, le chupan los gusanos; ni se menciona su nombre. ¡Y, como árbol, es arrancada la injusticia!" Maltrataba a la estéril sin hijos y no trataba bien a la viuda. Pero el que sujeta con su fuerza a los poderosos se levanta y le quita la confianza en la vida. Le permite apoyarse con seguridad, pero sus ojos están sobre sus caminos. Están en auge un poco de tiempo, pero desaparecen, se inclinan como hierba que se recoge, y se mustian como cabezas de espiga. Si no es así, ¿quién me desmentirá y reducirá mis discursos a la nada? Y replicó Bildad de Suaj, diciendo: Suyos son el poder y la majestad, y establece la paz en sus alturas. ¿Tienen número sus tropas? ¿Sobre quién no surge su emboscada? ¿Cómo, pues, justificarse el hombre ante El? ¿Cómo ser puro el nacido de mujer? La luna misma no brilla, ni son bastante puras las estrellas a sus ojos. ¡Cuánto menos el hombre, un gusano; el hijo del hombre, un gusanillo!" Respondió Job, diciendo: ¡Qué ayuda das al desvalido, qué socorro al brazo desmayado! ¡Qué bien has aconsejado al ignorante y qué profundo saber has manifestado! ¿A quién Vías manifestado las palabras? Qué espíritu ha salido de tu boca? Hasta los manes tiemblan debajo de las aguas y sus habitantes. El “seol” está desnudo ante El, y sin velos el “abad-dón.” El tendió el septentrión sobre el vacío, El, colgó la tierra sobre la nada. Encierra las aguas en las nubes, y las nubes no se rasgan bajo ellas. El vela la faz de su trono, extendiendo su nube sobre él. Trazó sobre los mares un círculo, hasta los confines entre la luz y las tinieblas. Las columnas del cielo se tambalean y se estremecen a una amenaza suya. El que con pujanza hiende los mares y con su inteligencia hirió a Rahab. A su soplo brillan los cielos; su mano traspasó a la serpiente huidiza..." Y esto es sólo la orla de sus obras, ¡Cuan poca cosa hemos oído de El! Y el trueno de su poder, ¿quién lo podrá entender? Tomó de nuevo Job la palabra y en forma de sentencia dijo: ¡Vive Dios, que me rehusa justicia y el Omnipotente, que me ha colmado de amargura, que, mientras en mí quede un soplo de vida y el hálito de Dios aliente en mis narices, jamás mis labios proferirán falsedad, ni mi lengua musitará una mentira! Lejos de mí daros la razón; hasta que expire no dejaré que me arranquen mi inocencia." Me aferraré a mi justicia y no la negaré; no me arguye mi conciencia por uno de mis días." Que mi enemigo tenga la suerte del impío, y mi adversario la del injusto! ¿En qué podrá esperar el malvado cuando muera, cuando Dios le reclame su vida? ¿Escuchará Dios sus gritos cuando le llegue la angustia? ¿Podrá complacerse en el Omnipotente, podrá jamás invocar a Dios? Os mostraré la mano de Dios; no os celaré los designios del Omnipotente." Si vosotros mismos lo habéis observado, ¿por qué, pues, perderos en vanas ilusiones? He aquí la suerte que Dios reserva al hombre culpable, la porción que del Omnipotente reciben los violentos: si tiene muchos hijos, destíñanse a la espada; su prole no se hartará de pan." A sus supervivientes los enterrará la mortandad; sus viudas no los llorarán." Aunque acumule la plata como polvo, aunque amontone como el lodo los vestidos, los prepara él, pero los vestirá el justo, y su plata la heredará el inocente. Edificó su casa como un nido, como cabana de guarda. Se acuesta rico, pero será por última vez; en un abrir de ojos ya no existe." Terrores le asaltan en pleno día, de noche le arrebata un torbellino. Le arrebata el viento solano y se lo lleva, y le arranca de su lugar. Se le echa encima sin piedad, tratando de huir de la mano (que le hiere). Batirán palmas contra él y le silbarán desde su propio lugar. Tiene la plata sus veneros, y el oro lugar en que se acrisola. Se extrae el hierro del suelo, y de la roca fundida sale el cobre• Se pone fin a las tinieblas, se escudriña hasta el límite extremo la piedra oscura y sombría. Se perforan galerías olvidadas del pie; se suspenden y balancean lejos de los hombres." La tierra que produce el pan está debajo trastornada como fuego;" sus rocas son la morada del zafiro, y sus terrones contienen oro. Por caminos desconocidos por las aves de presa, impenetrables al ojo del buitre, no pisados por las fieras, inaccesibles al leopardo. Mete su mano en el pedernal y subvierte los montes de raíz. Abre Nilos en las rocas y descubren sus ojos todo cuanto hay de precioso. Explora las filtraciones de los ríos y saca a luz los tesoros. Pero la sabiduría, ¿dónde hallarla? ¿Dónde está el lugar del entendimiento? No conoce el hombre su senda, ni se halla en la tierra de los vivientes. El abismo dice: “No está en mí,” y el mar: “Dentro de mí no se halla.” No se cambia por oro macizo, ni se pesa plata para comprarla. No se pone en balanza con el oro de Ofir, ni con la cornalina preciosa o el zafiro. No se compara al oro ni al cristal, ni se cambia por vasos de oro fino. No cuentan a su lado corales ni cristales; vale más que las perlas." No puede comparársele al topacio de Etiopía, no entra en balanza ni con el oro más puro. ¿De dónde, pues, viene la sabiduría y dónde hallar la inteligencia? Se oculta a los ojos de todos los vivientes, y aun a las aves del cielo está vedada. El “abaddón” y la muerte dicen: Sólo de oídas nos ha llegado su fama. Dios es el que conoce sus caminos, El sabe su morada. Porque con su mirada abarca los confines de la tierra y ve cuanto hay bajo la bóveda del cielo. Cuando dio peso al viento y dispuso las aguas con medida, cuando dio la ley a la lluvia y camino al fragor del trueno, entonces la vio y la evaluó, la fundó y la conoció a fondo;" y dijo al hombre: “El temor de Dios, ésa es la sabiduría; apartarse del mal, ésa es la inteligencia.” Y volvió Job a hablar en sentencias, diciendo: ¡Quién me diera (volver) a los meses de antaño, a los días en que Dios me protegía! Cuando resplandecía su lámpara sobre mi cabeza y a su luz marchaba en las tinieblas. A lo que fui en mis días otoñales, cuando Dios protegía mi tienda;" cuando el Omnipotente era conmigo y me rodeaban mis niños;" cuando lavaba en leche mis pies y me daba la piedra arroyos de aceite;" cuando salía a la puerta alta de la ciudad y en la plaza se alzaba mi silla. Los jóvenes, al verme, se escondían, y los viejos se alzaban en pie;" los príncipes contenían las palabras y ponían su palma en la boca, y enmudecía la voz de los caudillos y se pegaba su lengua al paladar. El oído que me oía me llamaba feliz, y los ojos que me veían se declaraban en mi favor;" porque libraba al pobre que clamaba y al huérfano que no tenía valedor. La bendición del desgraciado llegaba a mí, y el corazón de la viuda se llenaba de gozo. Vestíame de justicia, y ella me rodeaba como vestido, me era mi derecho por manto y turbante. Yo era ojos para el ciego, era para el cojo pies, era el padre de los pobres, y examinaba la causa del desconocido;" quebrantaba las muelas del injusto, y de sus dientes le arrancaba la presa. Decíame yo: “Moriré viejo, multiplicaré cual la arena los días;" mis raíces tendrán acceso a las aguas, y caerá de noche sobre mis ramas el rocío. Renovaráse conmigo mi gloria, y mi arco se fortalecerá en mis manos.” Para escucharme esperaban, y callaban hasta oír mi opinión. Nadie replicaba a mis palabras; y sobre ellos gota a gota (caía) mi palabra." Me esperaban como se espera la lluvia, y abrían su boca como al agua tardía. Si les sonreía, no osaban creerlo, y no desperdiciaban la luz de mi rostro. Yo les escogía su camino y me sentaba en cabeza, y moraba entre ellos como rey entre sus huestes, y se dejaban llevar a donde yo los conducía. Y ahora ríense de mí los más mozos que yo, a cuyos padres hubiera desdeñado yo de contar i entre los perros de mi ganado. Aun la fuerza de sus manos, ¿de qué podía “servirme? Su vigor había perecido enteramente. Extenuados por la miseria y por el hambre, roían las raíces de la estepa; el desierto y el yermo eran su nodriza." Recogían bledo entre la maleza, alimentándose de raíces de retama. Expulsados de la sociedad, perseguidos a gritos como a ladrones, habitaban en lo escarpado de los torrentes, en cuevas y entre rocas, rugiendo entre la maleza y reuniéndose entre la enramada. Gente innoble, pueblo sin nombre, arrojados del país. Y ahora a éstos les sirvo de canción y soy objeto de burla! Abominan de mí, me esquivan y no se retraen de escupirme a la cara. El que ha soltado su cuerda me maltrata, y el que de su rostro ha rechazado el freno. A mi derecha se alza el populacho, me lanza piedras como proyectiles, y preparan contra mí sus caminos perniciosos, Destruyen mis sendas para mi desgracia, cooperan a mi infortunio, sin que nadie me ayude contra ellos. Irrumpen como por ancha brecha, se revuelven debajo de las ruinas. Se han vuelto contra mí terrores; persiguen, como viento, mi dignidad, y como nube pasó mi ventura." Y ahora se derrama sobre mí mi alma y me agarran días de aflicción;" de noche mis huesos son taladrados y no descansan mis venas. Con gran fuerza agarra mi vestido, me ciñe como la orla de mi túnica. Me ha arrojado al fango, y he venido a ser como el polvo y la ceniza, ¡Clamo a ti, y tú no me respondes;permanezco en pie, y no me haces caso!" Te has vuelto cruel para mi y con todo el vigor de tu mano me persigues;" me alzas en alto y me haces cabalgar sobre el viento, y una tormenta me deshace en agua. Bien sé que me llevas a la muerte, a la casa de reunión de todos los vivientes. Sin embargo, yo no alcé la mano contra el pobre cuando en su infortunio gritaba hacia mí. ¿No lloraba yo con el afligido? ¿No se llenaba mi alma de tristeza por el pobre? Y cuando esperaba el bien, sobrevino el mal; cuando esperaba la luz, vino la oscuridad." Mis entrañas se agitan * sin descanso, han venido sobre mí días de aflicción. Ando en torrno enlutado, sin consuelo8, y me levanto en la asamblea para gritar. ¡He venido a ser hermano de los chacales y compañero de los avestruces! Mi piel se ha ennegrecido sobre mí, y mis huesos queman por la fiebre. Has e trocado en duelo mi cítara, y mi flauta en voz de plañideras. Había yo hecho pacto con mis ojos de no prestar atención a la virgen. Pero ¿cuál es la porción de Dios (reservada) desde arriba y la heredad del Omnipotente desde las alturas? ¿No es la desgracia para el inicuo, y el infortunio para los obradores de iniquidad? ¿No está El mirando mis caminos y contando todos mis pasos? ¿He caminado fraudulentamente o corrieron mis pies tras el engaño? ¡Péseme Dios en balanza justa, y Dios reconocerá mi integridad! Si se apartaban mis pasos de tus sendas y tras mis ojos se fue mi corazón, o si se pegó algo a mis manos, ¡siembre yo y cómalo otro, y sean desarraigados mis retoños! Si mi corazón se dejó seducir por mujer y estuve al acecho a la puerta de mi prójimo, ¡muela para otro mi mujer y sea entregada a brazos ajenos!, pues maldad grande es ésta, es un gran crimen, fuego que devora hasta el “abaddón” y consumiría toda mi hacienda. Si desdeñé el derecho de mi siervo y el de mi sierva cuando se querellaron contra mí, ¿qué haría cuando se alzara Dios para juzgar? Cuando me pidiera cuentas, ¿qué respondería? El que me hizo a mí en el materno seno, ¿no lo hizo también a él?¿No fue él mismo el que nos formó en el vientre? Si negué a los pobres lo que deseaban y dejé desfallecer los ojos de la viuda, si comí solo mi bocado, sin dar de comer de él al huérfano, antes bien, desde mi infancia le criaba como un padre y desde el seno materno le guiaba;" si vi al miserable sin vestido y al pobre sin ropas, y si no me bendijeron sus carnes y no se calentaron con el vellón de mis corderos;" si alcé mi mano contra el huérfano, por ver en la puerta mi apoyo, ¡despréndase mi espalda de su nuca y arranqúese del hombro mi brazo! Pues el terror de Dios me invadía8, y no podía resistir a su majestad. ¿Puse en el oro mi confianza y dije al oro fino: “Tú eres mi seguridad”? ¿me gocé en mis muchos bienes y en que mi mano mucho atesoraba? Mirando al sol cuando brilla9 o a la luna al caminar resplandeciente, ¿fue seducido secretamente mi corazón, y les lancé con la mano el beso de mi boca, que es también criminal delito, pues habría negado al Dios de lo alto? ¿Me alegré del infortunio de mi enemigo y me gocé en que le sobreviniera la desgracia? Pues no di mi lengua al pecado ni conjuré al “Seol” contra su alma. ¿No decían las gentes de mi tienda: “Quién habrá que no se haya saciado de su carne”? No pasaba la noche fuera el extranjero, pues abría mis puertas al viandante. ¿Encubrí como hombre mi pecado, ocultando en mi seno mi maldad? Porque habría temido de la muchedumbre, me habría aterrado el desprecio de las familias y, callado, no saldría a la puerta. ¡Quién me diera que se me escuchase! ¡Ahí va mi firma! ¡Respóndame el Todopoderoso! ¡Ahí está el libelo de acusación escrito por mi adversario! Ciertamente lo llevaré sobre mis hombros, me lo ceñiré como corona, le daré a conocer el número de mis pasos y me acercaré a él como un príncipe. Si clamó la tierra contra mí, si a una lloraban sus surcos, si comí su hacienda sin pagarla, si he hecho exhalar el alma de su dueño, ¡názcanme cardos en vez de trigo, y cizaña en vez de cebada! (Se terminaron las palabras de Job.) Dejaron aquellos tres hombres de replicar a Job, pues se declaraba inocente a sus ojos;" pero Elihú, hijo de Barakel, buzita, de la familia de Ram, se encendió en cólera contra Job porque se declaraba justo ante Dios. También contra los tres amigos ardió su cólera, porque no hallaban qué responder a Job, y, a pesar de eso, le condenaban. Había esperado Elihú mientras hablaban con Job, porque ellos eran más entrados en días que él;" mas al ver Elihú que no había respuesta en la boca de los tres hombres, se encendió su cólera. Replicó, pues, Elihú, hijo de Barakel el buzita, y dijo: Yo soy joven, y vosotros ancianos; por eso temía y sentía miedo a exponeros mi pensamiento." Me decía: “Hablarán los días, y los muchos años darán a conocer la sabiduría”;" pero ésta es en el hombre una inspiración, y es el soplo del Omnipotente el que enseña. No son los ancianos los sabios, ni los viejos los que comprenden lo que es justo. Por eso me atrevo a decir: Oídme y daré yo también mi parecer. He aquí que he estado esperando vuestros discursos y escuchando vuestras razones; mientras buscabais palabras," en vosotros ponía mi atención. Pero he aquí que nadie puede convencer a Job, no hay entre vosotros quien responda a sus dichos. Para que no digáis: “Hemos hallado sabiduría; es Dios, no el hombre, quien nos adoctrina.” El no me ha dirigido sus palabras4 ni voy a responderle con vuestros argumentos. Están desconcertados, no responden ya, les faltan las palabras. Comenzaré yo, pues, ya que no hablan ellos, pues se están ahí sin responder. Replicaré yo también por mi parte, también yo expondré mi parecer. Pues me siento lleno de palabras y me insta el espíritu que hay dentro de mí. He aquí que mi interior está como vino sin escape, que hace reventar los odres nuevos. Hablaré, pues, para desahogarme y abriré mis labios para responder. No haré acepción de personas ni adularé a nadie, porque yo no sé adular, y me soportará por un poco mi Hacedor. Oye, pues, ¡oh Job! mis palabras y apresta el oído a todos mis discursos: He aquí que yo abro la boca, mi lengua articula palabras en mi paladar. Mi recto corazón dicta palabras sabias, y mis labios hablarán claramente. El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Todopoderoso me da vida. Respóndeme, si puedes. ¡Disponte ante mí y mantente firme! También yo soy lo que tú ante Dios; también yo fui formado del barro." Mira, nada tienes que temer de mí! ni mi mano pesará sobre ti. Ciertamente has dicho a mis oídos, y escuché el sonido de las palabras: “Puro soy, sin pecado; limpio estoy; no hay culpa en mí." Mas El inventa pretextos contra mí y me toma por enemigo suyo. Pone mis pies en el cepo y espía todas mis sendas.” Mira, en esto no tienes razón. Yo te respondo que Dios es más grande que el hombre. ¿A qué querellarte con El porque no responde a todas tus palabras? Pues habla una vez, y dos no lo repite. En sueños, en visión nocturna, cuando desciende sobre los hombres el sopor, mientras duermen en el lecho, entonces abre el oído de los hombres y les aterra con apariciones para retraerles del mal y apartar al hombre del orgullo;" para librar su alma del sepulcro, y su vida de atravesar el canal. Le corrige con dolores en su lecho y con el continuo temblor de sus huesos;" su vida tiene asco del pan, y su alma del manjar más exquisito, y se consume su carne hasta desaparecer, y se trasparentan los huesos, que no se veían. Está su alma próxima al sepulcro, su vida junto a los muertos. Pero si para él hay un ángel, un intérprete de entre mil, que haga ver al hombre su deber, tenga piedad de él y le diga: “Líbralo de descender a la fosa; yo hallé el rescate (de su vida).” Reverdecerá su carne más que en su juventud8, volverá a los días de su adolescencia. Suplicará a Dios, y éste se complacerá en él, y verá su rostro con júbilo, y volverá al hombre su justicia. El entonces repetirá y dirá a los hombres: “Había pecado y torcido el derecho, pero El no me ha tratado conforme a mi falta. Ha liberado mi alma de pasar por el canal, y mi vida ve la luz.” Mira, todo esto lo hace Dios dos y tres veces con el hombre para retraer su alma de la tumba, para alumbrarle con la luz de los vivientes. Atiende, Job; escúchame; calla mientras hablo yo." si tienes que replicar, respóndeme; habla, que yo deseo que te justifiques." Si no, haz por escucharme; calla, y te enseñaré sabiduría." Prosiguió Elihú hablando así: Oíd, sabios, mis palabras; prestadme, hombres doctos, vuestro oído," pues el oído discierne las palabras, como prueba los manjares el paladar. Examinemos por nosotros lo que es justo, conozcamos entre nosotros lo que es bueno. Puesto que Job dice: “Yo soy justo, pero Dios me niega mi derecho, y contra mi derecho El miente1; mi llaga es incurable, aunque yo no tengo pecado.” ¿Qué hombre hay como Job, que bebe la burla como agua, y se va en compañía de los obradores de maldad, y camina con los hombres perversos? Puesto que ha dicho: “No aprovecha al hombre estar a bien con Dios.” -- omitido por paráfrasis -- Por eso, oídme, cuerdos varones: ¡Lejos de Dios la maldad, y del Omnipotente la injusticia! Pues retribuye al hombre según sus obras, y según su conducta le trata. No, cierto, Dios no obra mal, y el Todopoderoso no tuerce el derecho. ¿Quién le confió la tierra y quién le ha en-4 cargado del universo entero? Si El volviera a sí su soplo y retrajera a sí su aliento, expiraría a una toda carne y el hombre volvería al polvo. Si entiendes, oye esto y apresta el oído al son de mis palabras. ¿Podrá gobernar un enemigo del derecho? ¿Y quieres tú condenar al justo supremo, al que puede decir al rey: “¡Malvado!” y a los nobles: “¡Perversos!”? ¿Al que no adula a los príncipes ni prefiere el rico al pobre, porque todos son hechura suya? Mueren de improviso y pasan, en medio de la noche se insurrecciona el pueblo y depone al poderoso sin esfuerzo, pues sus ojos (están fijos) sobre los caminos del hombre y contempla todos sus pasos. No hay oscuridad ni sombra donde puedan esconderse los malhechores. Porque El no impone al hombre un plazo para presentarse al tribunal de Dios. Quebranta a los grandes sin andar en averiguaciones y pone a otros en su lugar. Conocedor de sus acciones, los derriba en una noche y quedan aplastados. Los abofetea como a perversos en un lugar en que los ven. Porque se apartaron de seguirle y no entendieron todos sus caminos, hasta hacer llegar a El el grito del desvalido, haciéndole oír el clamor de los pobres. Si El cesa de obrar, ¿quién le excitará? Si esconde el rostro, ¿quién le verá? Pues El vigila sobre los pueblos y los hombres para que no reine el hombre perverso, que constituye un lazo para el pueblo. Si alguno dice a Dios: “He sido seducido; no haré el mal;" si he pecado, adoctríname; si he hecho el mal, no volveré a hacerlo más.” ¿Es que El ha de retribuir según tu parecer? Ya que has despreciado (mi juicio), ya que eres tú quien eliges y no yo, di tú lo que sepas. Hablen los hombres sensatos y escúchenme los varones sabios: No habló Job cuerdamente, y sus palabras están fuera de razón. Pero Job será examinado hasta el final por las respuestas de hombre inicuo, pues a su pecado añade la rebelión, bate palmas entre nosotros y multiplica sus dichos contra Dios. Tomó Elihú la palabra y dijo: ¿Te parece juicioso decir: “Tengo razón contra Dios”? pues dices: “¿De qué me sirve, qué ventaja he tenido por no haber pecado?” Voy a responderte, y a tus amigos contigo. Contempla el cielo y mira; considera las nubes; son más altas que tú." Si pecas tú, ¿qué le haces? Si se multiplican tus pecados, ¿qué (mal) le causas? Y con ser justo, ¿qué le das o qué recibe El de tu mano? A un hombre como tú (afecta) tu maldad, y a un hijo de hombre tu justicia. Gritan por las muchas opresiones, claman (oprimidos) por el brazo de los grandes;" pero nadie dice: “¿Dónde está el Dios que nos hizo, que da en la noche cantares de júbilo, que nos instruye más que a las bestias de la tierra y nos hace más sabios que las aves del cielo?” Entonces, aunque griten, El no responde, a causa del orgullo de los malvados. Es inútil ciertamente: Dios no oye, y el Todopoderoso no lo percibe. Menos todavía cuando tú dices que no lo ves, que el proceso está delante de El y que tú esperas, y ahora (al afirmar) que no es su ira la que castiga y que no conoce bien la transgresión2. Job, pues, abre vanamente su boca y multiplica insensatamente las palabras. Y prosiguió Elihú diciendo: Espérame un poco y te enseñaré; todavía hay más razones en favor de Dios." Sacaré de lejos mi saber y vindicaré la justicia de mi Hacedor. Cierto, no son falaces mis razones, te habla un perfecto conocedor. Mira, Dios es poderoso y no desprecia al puro de corazón. No deja vivir al impío y hace justicia al desvalido. No quita al justo su derecho. Puso a los reyes sobre el trono3 y los hace sentar para siempre. Pero se engrieron. Entonces son aprisionados con grilletes y cogidos con lazos de miseria. Después les revela sus obras y transgresiones por haberse insolentado. Y se revela a sus oídos, amonestándoles y diciéndoles que se aparten del mal. Si le oyen y se le someten, terminarán felizmente sus días, y sus años dichosamente. Pero, si no le oyen, pasarán por el canal y expirarán insensatamente. Los de corazón protervo, que guardan rencor y no claman a Dios cuando los encadena, morirán en plena juventud, y su vida (acabará) entre los infames. Salva al pobre por su pobreza y con la tribulación abre sus oídos. También a ti te apartará de las fauces de la angustia, a lugar holgado, sin estrecheces, en vez de ésta; a mesa llena de suculentos manjares." Pero tú estás lleno del juicio del malvado; el juicio y la justicia te tienen agarrado7." Cuida de que no te seduzca la riqueza y no te haga desviar la cuantía del rescate. ¿Puede acaso sacarte de la angustia tu clamor8 y todos tus vigorosos esfuerzos? No anheles, pues, la noche para que suban los pueblos en vez de ellos. Guárdate de volverte hacia la iniquidad, pues por ésta has sido probado por la aflicción. Mira, Dios es sublime en su poder. ¿Qué maestro puede comparársele? ¿Quién le ha impuesto su conducta? ¿Quién le ha dicho: “Has cometido injusticia?” Acuérdate que debes ensalzar su obra, de tantos hombres celebrada. Todos los hombres la contemplan y todos la miran de lejos. Mira, Dios es grande, y no lo sabemos; el número de sus años es insondable." El atrae las gotas de agua y diluye la lluvia en vapores que destilan las nubes, vertiéndola sobre el hombre a raudales. ¿Quién será capaz de conocer las extensiones de las nubes, los fragores de su pabellón? He aquí que ha desplegado su vapor y ha cubierto las profundidades del mar, pues por ellas alimenta a los pueblos y da de comer abundantemente. Toma el rayo en sus manos y le ordena dar en el blanco;" el trueno le anuncia, y el ganado siente la amenaza de la tormenta. Esto hace palpitar mi corazón y le hace saltar fuera de su sitio. Oíd, oíd el estrépito de su voz, el estampido que sale de su boca. Se extiende por todos los ámbitos del cielo y llega su fulgor hasta los confines de la tierra. Y después de él resuena el trueno; brama con voz majestuosa, y nada puede retener el rayo cuando se oye su voz." Truena Dios portentosamente con su voz; hace cosas grandes, que no comprendemos." Pues dice a la nieve: “¡Cae a tierra!”; y a las lluvias copiosas: “Abundad”2 ." Sobre todo hombre pone un sello para que todos reconozcan que es obra de El. Las fieras se meten en su cubil y se quedan en sus guaridas. Del austro viene el huracán, viene del septentrión el frío. Al soplo de Dios se forma el hielo y se solidifica la extensión de las aguas. El carga de rayos las nubes, y difunde la nube su fulgor, que va todo en torno según sus designios para hacer cuanto El les ordena sobre la superficie del orbe terráqueo, ya para castigar los pueblos de la tierra, ya para mostrar piedad le hace alcanzar su fin. ¡Presta oídos a esto, Job, y detente a considerar las maravillas de Dios! ¿Sabes tú los designios de Dios sobre ellas? ¿Sabes por qué hace brillar el relámpago en sus nubes? ¿Conoces los balanceos de las nubes, los prodigios del que todo lo sabe? Tú, cuyos vestidos están cálidos cuando el viento solano abochorna la tierra, ¿extenderás tú con El las nubes sólidas como espejo de metal fundido? Enséñanos lo que hemos de decirle, pues nosotros no dispondremos de más argumentos a causa de las tinieblas. ¿Quién irá a darle cuenta si hablare yo? Cuando un hombre habla, ¿acaso está informado? Ahora no puede verse la luz, que está oscurecida por las nubes; de pronto pasa el viento y las barre;" viene del septentrión áureo resplandor, y se reviste Dios de terrible majestad. Al Omnipotente no le alcanzamos; grande es su poder y su juicio; es mucha su justicia; no oprime a nadie." Por eso han de temerle los hombres, y no mira El al que se cree sabio. Y respondió Yahvé a Job de en medio del torbellino, diciendo: ¿Quién es este que empaña mi providencia con insensatos discursos? Cíñete, pues, como varón tus lomos. Voy a preguntarte para que me instruyas. ¿Dónde estabas al fundar yo la tierra? Indícamelo, si tanto sabes. ¿Quién determinó, si lo sabes, sus dimensiones? ¿Quién tendió sobre ella la regla? ¿Sobre qué descansan sus cimientos o quién asentó su piedra angular entre las aclamaciones de los astros matutinos y los aplausos de todos los hijos de Dios? ¿Quién cerró con puertas el mar cuando, impetuoso, salía del seno, dándole yo las nubes por mantillas, y los densos nublados por pañales;" dándole yo la ley y poniéndole puertas y cerrojos, diciéndole: “Hasta aquí llegarás y no pasarás, ahí se romperá la soberbia de tus olas?” ¿Acaso has mandado tú en tu vida a la mañana y has enseñado su lugar a la aurora para que ocupe los extremos de la tierra y eche fuera a los malhechores, modelándose entonces la tierra como el barro bajo el sello y apareciendo vestida, privando a los malvados de su luz y rompiendo el * brazo de los soberbios? ¿Has llegado tú hasta las fuentes del mar; I te has paseado por las profundidades del abismo?" ¿Se te han abierto las puertas de la muerte? ¿Has visto las puertas de la región tenebrosa? ¿Abarcas la inmensidad de la tierra? Dilo, si sabes todo esto. ¿Cuál es el camino para las moradas de la luz? y de las tinieblas, ¿cuál es su sitio para conducirlas a sus dominios y enseñarles los senderos de su casa? ¡Seguro lo sabrás, pues ya habías nacido y era ya grande el número de tus días! ¿Has ido a los escondrijos de la nieve? ¿Has visto los almacenes de granizo, que guardo yo para los tiempos de la angustia, para el día de la guerra y de la batalla? ¿Cuál es el camino por donde se difunde la niebla, por donde se echa sobre la tierra el viento solano? ¿Quién abre el camino a la inundación, y la senda al rayo tonante, para hacer llover sobre tierra inhabitada, sobre desierto en que no hay hombres;" para empapar las áridas llanuras y hacer brotar la verde hierba? ¿Tiene padre la lluvia? ¿Quién engendra las gotas de rocío? ¿De qué seno sale el hielo? y la escarcha del cielo, ¿quién la engendra? Se endurecen las aguas como piedra y se congela la superficie del abismo. ¿Has atado tú los lazos de las Pléyades o puedes soltar las ataduras del Orion? ¿Eres tú el que a su tiempo hace salir las constelaciones y quien guía a la Osa con sus hijos? ¿Has enseñado tú a los cielos su ley y determinado su influjo sobre la tierra? ¿Alzas tu voz hasta las nubes para que te cubran de copiosas aguas? ¿Mandas tú a los relámpagos, y van ellos, diciéndote: Henos aquí? ¿Quién puso sabiduría en el ibis, y al gallo quién le dio inteligencia? ¿Quién puede contar las nubes con sabiduría, y quién derrama los odres de los cielos cuando se hace una masa el polvo y se pegan unos a otros los terrones? ¿Eres tú quien proporcionas su presa a la leona y sacias el apetito de los leoncillos cuando están agazapados en sus cubiles o se ponen en acecho en la espesura? ¿Quién prepara su alimento al cuervo cuando sus polluelos gritan a Dios y andan errantes por falta de comida? ¿Sabes tú el tiempo en que paren las gamuzas? ¿Asististe al parto de las ciervas? ¿Contaste los meses de su preñez o conoces el tiempo de su parto? Se encorvan, echan su cría y depositan sus carnadas. Se hacen grandes sus crías, crecen en el desierto, salen y no vuelven más a ellas. ¿Quién da libertad al asno salvaje? ¿Quién rompe las ataduras al onagro, al que por casa di el desierto, y por guarida las estériles estepas? Se ríe del estrépito de la ciudad y no oye los gritos del arriero;" vaga por los montes al pasto, se va tras de toda hierba verde. ¿Consentirá el búfalo en servirte y en pasar la noche a tu pesebre? ¿Podrás atarle el yugo con tus coyundas y hacerle rastrillar los surcos detrás de ti? ¿Contarás con él por su gran fuerza y le encomendarás tus labores? ¿Le fiarás la recogida de tu grano y el amontonamiento de tus mieses? Agítase bulliciosa el ala del avestruz, pero ¿es acaso pluma piadosa y voladora? Pues abandona sus huevos a la tierra y los deja que se calienten sobre el suelo, olvidando que un pie puede pisotearlos, puede aplastarlos un animal salvaje. Es cruel con sus hijos, como si no fueran suyos, y no se cuida de que sea vana su fatiga, porque le negó Dios la sabiduría y no le dio parte en la inteligencia;" pero al tiempo de levantarse se ríe del caballo y del jinete. ¿Das tú al caballo la fuerza, revistes su cuello de ondulantes crines? ¿Le enseñas tú a saltar como la langosta, a resoplar fiera y terriblemente? Piafa en el valle y alégrase briosamente, sale al encuentro de las armas, ríese del miedo, no se empavorece, no retrocede ante la espada;" cruje sobre él la aljaba, la llama de la lanza y la saeta;" con estrépito y resoplido sorbe la tierra, no se contiene al sonido del clarín;" cuando resuena la trompeta, dice: “¡Ea!”; y huele de lejos la batalla,el clamor de los jinetes y el tumulto." ¿Se alza el azor por tu inteligencia4, tendiendo sus alas hacia el mediodía? ¿Se remonta por orden tuya el águila y hace su nido en las alturas? Habita en las rocas y allí pasa la noche, en la cresta de las rocas, en lo más abrupto, Acecha desde allí la presa, que de muy lejos descubren sus ojos;" sorbetean la sangre sus polluelos, y donde hubiere cadáveres, allí está ella. sorbetean la sangre sus polluelos, y donde hubiere cadáveres, allí está ella. [ (Job 39:31) (1) Y apostrofó Yahvé a Job, diciendo: ] sorbetean la sangre sus polluelos, y donde hubiere cadáveres, allí está ella. [ (Job 39:31) (1) Y apostrofó Yahvé a Job, diciendo: ] [ (Job 39:32) (2) ¿Querrá el censor contender todavía con el Omnipotente? El que pretende enmendar la plana a Dios, responda. ] sorbetean la sangre sus polluelos, y donde hubiere cadáveres, allí está ella. [ (Job 39:31) (1) Y apostrofó Yahvé a Job, diciendo: ] [ (Job 39:32) (2) ¿Querrá el censor contender todavía con el Omnipotente? El que pretende enmendar la plana a Dios, responda. ] [ (Job 39:33) (3) y Job respondió a Yahvé, diciendo: ] sorbetean la sangre sus polluelos, y donde hubiere cadáveres, allí está ella. [ (Job 39:31) (1) Y apostrofó Yahvé a Job, diciendo: ] [ (Job 39:32) (2) ¿Querrá el censor contender todavía con el Omnipotente? El que pretende enmendar la plana a Dios, responda. ] [ (Job 39:33) (3) y Job respondió a Yahvé, diciendo: ] [ (Job 39:34) (4) He hablado a la ligera. ¿Qué te voy a responder? Pondré mano a mi boca. ] sorbetean la sangre sus polluelos, y donde hubiere cadáveres, allí está ella. [ (Job 39:31) (1) Y apostrofó Yahvé a Job, diciendo: ] [ (Job 39:32) (2) ¿Querrá el censor contender todavía con el Omnipotente? El que pretende enmendar la plana a Dios, responda. ] [ (Job 39:33) (3) y Job respondió a Yahvé, diciendo: ] [ (Job 39:34) (4) He hablado a la ligera. ¿Qué te voy a responder? Pondré mano a mi boca. ] [ (Job 39:35) (5) Una vez hablé; no responderé más; dos veces, y no añadiré (palabra)." ] (6) Replicó Yahvé a Job desde el torbellino, diciendo: (7) Cíñete, cual varón, tus lomos; yo te preguntaré, enséñame tú." (8) ¿Aún pretendes menoscabar mi juicio? ¿Me condenarás a mí para justificarte tú? (9) ¿Tienes tú brazos como los de Dios y puedes tronar con voz semejante a la suya? (10) Adórnate, pues, de gloria y majestad, revístete de magnificencia y esplendor. (11) Distribuye a torrentes tu ira y humilla al “soberbio sólo con mirarle. (12) Mira al orgulloso y abátele, y aplasta a los malvados en su sitio, (13) Ocúltalos a una en el polvo, encarcela a sus personas en la prisión, (14) y y? entonces también te alabaré, porque tu diestra te dio la salvación. (15) He ahí al hipopótamo, creado por mí, como lo fuiste tú,! que se apacienta de hierba como el buey. (16) Mírale: su fuerza está en sus lomos, y su vigor en los músculos de su vientre. (17) Endereza su cola como un cedro; los nervios de sus muslos se entrelazan;" (18) Sus huesos son como tubos de bronce; sus costillas son como palancas de hierro." (19) Es la obra maestra de Dios; a él le entregó la espada su Hacedor." (20) Los montes le ofrecen su tributo, mientras retozan allí todas las bestias del campo. (21) Echase debajo de los lotos, en los escondrijos y cañaverales del pantano;" (22) los arbustos le dan sombra, le rodean las mimbreras del torrente, (23) Crezca el río: él no se espanta, está seguro, aunque le llegue un Jordán al hocico. (24) ¿Le capturarán a sus ojos? ¿Taladrará nadie con el anillo su nariz? (25) ¿Puedes tú agarrar con anzuelo al cocodrilo y atarle una cuerda a la lengua? (26) ¿Le meterás un junco por la nariz y atravesarás con el anillo sus mandíbulas? (27) ¿Te dirigirá ruegos suplicantes o te lisonjeará con palabras? (28) ¿Hará pacto contigo? ¿Lo tomarás a tu servicio? (29) ¿Jugarás con él como con un pájaro, le atarás para juguete de tus niñas? (29) ¿Jugarás con él como con un pájaro, le atarás para juguete de tus niñas? [ (Job 40:25) (30) ¿Traficarán con él los (pescadores) asociados, se lo repartirán los mercaderes? ] (29) ¿Jugarás con él como con un pájaro, le atarás para juguete de tus niñas? [ (Job 40:25) (30) ¿Traficarán con él los (pescadores) asociados, se lo repartirán los mercaderes? ] [ (Job 40:26) (31) ¿Llenarás de flechas su piel y le hundirás el arpón en la cabeza? ] (29) ¿Jugarás con él como con un pájaro, le atarás para juguete de tus niñas? [ (Job 40:25) (30) ¿Traficarán con él los (pescadores) asociados, se lo repartirán los mercaderes? ] [ (Job 40:26) (31) ¿Llenarás de flechas su piel y le hundirás el arpón en la cabeza? ] [ (Job 40:27) (32) Ponle encima la mano; te quedará recuerdo de la riña y no volverás." ] (29) ¿Jugarás con él como con un pájaro, le atarás para juguete de tus niñas? [ (Job 40:25) (30) ¿Traficarán con él los (pescadores) asociados, se lo repartirán los mercaderes? ] [ (Job 40:26) (31) ¿Llenarás de flechas su piel y le hundirás el arpón en la cabeza? ] [ (Job 40:27) (32) Ponle encima la mano; te quedará recuerdo de la riña y no volverás." ] [ (Job 40:28) (1) He aquí que su esperanza queda frustrada: a su sola vista quedará aterrado. ] (2) Nadie se atreve a despertarle, ni puede siquiera estar a pie firme delante de él. (3) ¿Quién jamás le asaltó y quedó salvo? No lo hay debajo del cielo. (4) No callaré (la forma de) sus miembros; declararé su fuerza incomparable." (5) ¿Quién ha descubierto la parte anterior de su vestido, quién penetró en el reverso de su coraza? (6) ¿Quién abrió las puertas de su boca? El círculo de sus dientes infunde terror. (7) Su dorso está armado de láminas, de escudos, compactas y cerradas como un guijarro4;" (8) únese una a la otra sin quedar resquicio, y un soplo no entra por ellas;" (9) están pegadas una con otra; bien trabadas, no pueden separarse, i" (10) Sus estornudos son llamaradas, sus ojos son como los párpados de la aurora;" (11) de su boca salen llamas, se escapan centellas de fuego;" (12) sale de sus narices humo, como de olla al fuego, hirviente;" (13) su aliento enciende los carbones, saltan llamas de su boca;" (14) en su cuello está su -fuerza, y ante él tiemblan de horror. (15) Las papadas de su carne son duras, apretadas, no se mueven. (16) Su corazón es duro como el pedernal, duro como la piedra inferior de la muela. (17) De su majestad temen las olas, las ondas del mar se retiran5;" (18) la espada que le toca no se fija, ni la lanza, ni el dardo, ni el venablo;" (19) para él el hierro es como paja, y el bronce, cual madera carcomida. (20) El hijo del arco no le hace huir, las piedras de la honda son para él estopas;" (21) la maza le es como paja, y se burla del vibrar del venablo. (22) Debajo lleva agudos tejos, que arrastra como un trillo sobre el cieno. (23) Hace hervir el abismo como olla y espumar como vasija de ungüentos. (24) Deja en pos de sí brillante su camino, cual si fuera el abismo una cana cabellera. (25) ¡No hay en la tierra semejante a él, hecho para no tener miedo! (26) Mira a todo lo altivo, ¡es el rey de todos los feroces! -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- Respondió Job diciendo: Sé que lo puedes todo y que no hay nada que te cohiba. (¿Quién es este que empaña la Providencia sin saber?) Por eso proferí lo que no sabía, cosas admirables para mí, que no conocía. (Escucha, pues, y yo hablaré, yo te preguntaré y me adoctrinarás.) Sólo de oídas te conocía; mas ahora te han visto mis ojos." ¡Por eso me retracto y hago penitencia sobre polvo y ceniza! Después de haber hablado Yahvé a Job estas palabras, dijo Yahvé a Elifaz, temanita: Se ha encendido mi ira contra ti y contra tus dos compañeros, porque no hablasteis de mí rectamente, como mi siervo Job. Así, pues, tomad siete becerros y siete carneros e id a mi siervo Job y ofreced por vosotros sacrificios; y Job, mi siervo, rogará por vosotros, y en atención a él no os haré mal, pues no hablasteis de mí rectamente, como mi siervo Job." Vinieron, pues, Elifaz, temanita; Bildad, suhita, y Sofar, namatita, e hicieron lo que les mandara Yahvé, y Yahvé atendió a los ruegos de Job." Yahvé restableció a Job en su estado, después de haber rogado él por sus amigos, y acrecentó Yahvé hasta el duplo todo cuanto antes poseyera. Vinieron a él todos sus hermanos y hermanas y todos sus conocidos de antaño, y comieron con él en su casa, se condolieron y le consolaron por todo el mal que sobre él hiciera venir Yahvé, y le regalaron cada uno una moneda y un anillo de oro. Yahvé bendijo las postrimerías de Job más que sus principios, y llegó a poseer Job catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas. Tuvo catorce hijos y tres hijas;" a la primera le puso por nombre Yeminá (Palomita); a la segunda, Quesiah (Casia), y a la tercera, Queren-Happuj (Cuerno de afeites)." No había en toda aquella tierra mujeres más hermosas que las hijas de Job, y su padre les dio herencia entre sus hermanos. Vivió Job después de esto ciento cuarenta años, y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos hasta la cuarta generación, y murió Job anciano y colmado de días. Bienaventurado el varón que no anda en consejo de impíos, ni en las sendas de los pecadores se detiene, ni se sienta en tertulia de mofadores. Antes bien, tiene en la Ley de Yahvé su complacencia y en ella medita día y noche. Será como árbol plantado a la vera del arroyo, que a su tiempo da su fruto, cuyas hojas no se marchitan. Cuanto emprenda tendrá buen suceso. No así los impíos, sino que son como paja que arrebata el viento. Por eso no prevalecerán los impíos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos. Pues conoce Yahvé el camino de los justos, pero la senda de los pecadores acaba mal. ¿Por qué se amotinan las gentes y trazan los pueblos planes vanos? Se reúnen los reyes de la tierra, y a una se confabulan los príncipes contra Yahvé y contra su Ungido. ¡Rompamos sus coyundas, arrojemos de nosotros sus ataduras! El que mora en los cielos se ríe, el Señor se burla de ellos. A su tiempo les hablará en su ira y los consternará en su furor. Yo he constituido mi rey sobre Sión, mi monte santo. Voy a promulgar un decreto de Yahvé. El me ha dicho: “Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. Pídeme, y haré de las gentes tu heredad, te daré en posesión los confines de la tierra. Los regirás con cetro de hierro y los romperás como vasija de alfarero.” Ahora, pues, ¡oh reyes! obrad prudentemente; dejaos persuadir, rectores todos de la tierra." Servid a Yahvé con temor, rendidle homenaje con temblor. No se aire y caigáis en la ruina, pues se inflama de pronto su ira. ¡Venturosos los que a él se confían! Salmo de David al huir de Absalón, su hijo. ¡Oh Yahvé, cómo se han multiplicado mis enemigos! Muchos son los que se alzan contra mí. Muchos son los que de mi vida dicen: “¡No tiene ya en Dios salvación!” Selah. Pero tú, ¡oh Yahvé! eres escudo en torno mío, mi gloria, el que me hace erguir la cabeza. Clamaba con mi voz a Yahvé, y El me respondió de su monte santo. Selah. Yo me acostaba y yo me dormía, y despertaba, porque Yahvé me defendía. No temo a los muchos millares del pueblo que en derredor mío acampan contra mí. Álzate, ¡oh Yahvé! Sálvame, ¡Dios mío! Tú hieres en la mejilla a todos mis enemigos, tú rompes los dientes a los impíos. Álzate, ¡oh Yahvé! Sálvame, ¡Dios mío! Tú hieres en la mejilla a todos mis enemigos, tú rompes los dientes a los impíos. [ (Psalms 3:9) Tuya es, ¡oh Yahvé! la victoria. Venga sobre tu pueblo tu bendición. Selah. ] Al maestro de coro. Con instrumentos de cuerda. Salmo. De David. Cuando yo grito, respóndeme, ¡Dios de mi, justicia! I En la apretura tú me diste holgura. Séme propicio y oye mi súplica. ¿Hasta cuándo, hidalgos, (convertís) mi gloria en ignominia? ¿Por qué amáis la vanidad y buscáis la mentira? Selah. Pues sabed que Dios distingue al que le es grato, que me oye Yahvé cuando le invoco. Temblad y no pequéis. Meditad en vuestros corazones, en vuestros lechos guardad silencio. Sacrificad sacrificios de justicia y confiad en Yahvé. Son muchos los que dicen: “¿Quién nos hará ver la dicha? Alza sobre nosotros, ¡oh Yahvé!, la lumbre de tu rostro. Diste a mi corazón más alegría que cuando abundan el trigo y el mosto. Diste a mi corazón más alegría que cuando abundan el trigo y el mosto. [ (Psalms 4:9) En paz me duermo luego en cuanto me acuesto, porque tú solo, ¡oh Yahvé! me haces reposar confiadamente.” ] Al maestro de coro. A la flauta. Salmo de David. Apresta el oído a mis palabras, ¡oh Yahvé! atiende mis suspiros. Atiende a las voces de mi súplica, Rey mío y Dios mío. Porque a ti suplico, ¡oh Yahvé! De mañana tú escuchas mi voz; temprano me pongo ante ti y espero." Pues no eres tú Dios que se agrade del impío, ni será tu huésped el perverso. No pueden los insensatos estar ante tus ojos; odias a todos los obradores de iniquidad." Das a la perdición al mentiroso; al sanguinario, al fraudulento, los abomina Dios." Mas yo, fiado en la muchedumbre de tu piedad, entro en tu morada y me prosterno ante tu santo templo, en tu temor, Guíame, ¡oh Yahvé! en tu justicia, a causa de mis enemigos, y allana tus caminos ante mí. Pues no hay en su boca sinceridad; su interior no es más que malicia; un sepulcro abierto es su garganta, halagan con sus lenguas." Condénalos, ¡oh Yahvé! que fracasen en sus maquinaciones. Por sus muchos crímenes recházalos, ya que se rebelan contra ti. Y se alegrarán cuantos en ti confían, exultarán por siempre. Tú los protegerás y en ti jubilarán los que aman tu nombre. Y se alegrarán cuantos en ti confían, exultarán por siempre. Tú los protegerás y en ti jubilarán los que aman tu nombre. [ (Psalms 5:13) Pues al justo, ¡oh Yahvé! tú le bendices y le rodeas de tu benevolencia como un escudo. ] Al maestro de coro. A la cuerda. Sobre la octava. Salmo de David. ¡Oh Yahvé! no me castigues en tu ira, no me aflijas en tu indignación. Ten piedad de mí, ¡oh Yahvé! pues estoy desfallecido. Sáname, Yahvé, pues tiemblan mis huesos. Está mi alma conturbada sobremanera. Pero tú, Yahvé, ¿hasta cuándo? Vuélvete, ¡oh Yahvé! y libra mi alma; sálvame en tu piedad." Pues en la muerte no se hace memoria de ti, y en el “seol,” ¿quién te alabará? Consumido estoy a fuerza de gemir, todas las noches inundo mi lecho y con mis lágrimas riego mi estrado. Están consumidos mis ojos por la tristeza, envejecieron en medio de todos mis adversarios. Apartaos de mí todos los obradores de la maldad, pues ha oído Yahvé la voz de mis llantos. Ha escuchado Yahvé mis oraciones, ha acogido mi deprecación. Ha escuchado Yahvé mis oraciones, ha acogido mi deprecación. [ (Psalms 6:11) Se avergonzarán y serán vehementemente conturbados todos mis enemigos. Se volverán atrás confundidos súbitamente. ] Endecha de David, que cantó a Yahvé cuando lo de Cus, benjaminita. Yahvé, mi Dios, a ti me acojo, sálvame de cuantos me persiguen, líbrame;" no sea que como león desgarre alguno mi alma, arrebate y no haya quien (la) libre. Yahvé, mi Dios, si hice yo esto, si hay injusticia en mis manos, si pagué con mal al que estaba en paz conmigo, si aun al enemigo le despojé sin razón, persiga el enemigo mi alma, alcáncela y échela por tierra y haga habitar mi gloria en el polvo. Álzate, Yahvé, en tu ira, yérguete contra la rabia de mis enemigos y despierta en mi favor, pues has decretado el juicio, Rodéate del consejo de las naciones y siéntate en alto sobre él. Es Yahvé quien juzga a los pueblos. Defiende, Yahvé, mi causa según la justicia y según la inocencia que hay en mí. Acabe de una vez la malicia del impío, y confirma al justo, tú que escudriñas los corazones y los ríñones, Dios justo. Mi escudo es Dios, que salva a los rectos de corazón. Dios es justo Juez; cada día los amenaza con su ira." Si no se convierten, afila su espada, tiende su arco y apunta;" apareja los instrumentos de muerte, hace encendidas sus saetas. El que concibió maldad, se preñó de iniquidad y pare el fraude. El que cava y ahonda la cisterna, caerá en la hoya que él mismo hizo. Recaerá sobre su cabeza su malicia, y su crimen sobre su mollera. Recaerá sobre su cabeza su malicia, y su crimen sobre su mollera. [ (Psalms 7:18) Yo alabaré a Yahvé por su justicia y cantaré el nombre del Señor. ] Al maestro del coro. A la “getea.” Salmo de David, Yahvé, Señor nuestro, ¡cuan magnífico es tu nombre en toda la tierra! ¡Tú, cuya majestad es celebrada sobre los cielos! Por la boca de los niños y de los que maman has dado argumento contra tus adversarios, i para reducir al silencio al enemigo y al rebelde. Cuando contemplo los cielos, obra de tus manos; la luna y las estrellas, que tú has establecido..." ¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, y el hijo del hombre para que de él te cuides? Y lo has hecho poco menor que Dios, le has coronado de gloria y honor. Le diste el señorío sobre las obras de tus manos, todo lo has puesto debajo de sus pies. Las ovejas, los bueyes, todo juntamente, y todas las bestias del campo;" las aves del cielo, los peces del mar, todo cuanto corre por los senderos del mar. las aves del cielo, los peces del mar, todo cuanto corre por los senderos del mar. [ (Psalms 8:10) Yahvé, Señor nuestro, ¡cuan magnífico es tu nombre en toda la tierra! ] Al maestro del coro. Al “Mutlaben.” Salmo de David. Alef. Yo te alabaré, Yahvé, con todo mi corazón y cantaré todas tus maravillas. Yo me alegraré y exultaré en ti y cantaré salmos a tu nombre, ¡oh Altísimo! Bet. Por haber retrocedido mis enemigos, por haber caído y perecido ante tu faz, por haber tú defendido mi causa y mi derecho, sentándote en tu trono (como) justo juez. Guímel. Reprimiste a las gentes, hiciste perecer al impío, borrando para siempre jamás su nombre. Los enemigos han sido destruidos; son perpetuas ruinas; destruíste las ciudades; pereció la memoria de ellos." He. Asiéntase Yahvé para siempre, estableciendo su trono para juzgar, para juzgar el orbe en justicia, para gobernar los pueblos con equidad. Wau. Y será Yahvé un refugio para los oprimidos, un asilo en los tiempos de angustia. Y se confiarán en El cuantos conocen su nombre, pues no abandonas, Yahvé, a los que te buscan. ?ain. Cantad a Yahvé, que mora en Sión; anunciad a los pueblos sus proezas." Porque — como vengador de sangre — se acordó de ellos y no se olvidó de los clamores de los oprimidos. Jet. Yahvé tuvo piedad de mí y ha visto mi miseria9; El me ha elevado de las puertas de la muerte." Para cantar todas sus alabanzas en las puertas de la hija de Sión y regocijarme por tu salvador auxilio. Tet. Cayeron las gentes en la hoya que ellos mismos excavaron, enredáronse sus pies en la red que ocultamente tendieron. Mostróse Yahvé; dio su juicio, quedó preso el impío en la obra de sus manos. Higayon. Selah." Yod. ¡Que se vuelvan los impíos al “seol,” todas las gentes que se olvidan de Dios Kaf. Que no ha de ser dado el indigente a perpetuo olvido, no ha de ser por siempre fallida la esperanza de los pobres. Qof. Álzate, ¡oh Yahvé! no prevalezca el hombre; sean juzgadas ante ti todas las gentes." Qof. Álzate, ¡oh Yahvé! no prevalezca el hombre; sean juzgadas ante ti todas las gentes." [ (Psalms 9:21) Arroja, ¡oh Yahvé! sobre ellos el terror: sepan las gentes que son hombres. ] Lam. ¿Por qué, ¡oh Yahvé! te mantienes tan alejado y te escondes al tiempo de la angustia? Por la soberbia del impío son consumidos los infelices, sorprendidos en las intrigas que ellos tienden. Mem. Pues se gloría el malvado en la ambición de su alma, y el avaro se felicita, con desprecio de Yahvé. Nun. Y (dice) el impío en su fatuidad: “¡No atiende, no hay Dios!” Estas son sus cavilaciones. Sus caminos en todo tiempo son asegurados; tus juicios son demasiado altos para él. A cuantos se le oponen, los aparta de un soplo." Y se dice en su corazón: “¡No me moveré de generación en generación!” El que no está sujeto al mal, maldice. Pe. Su boca está llena de fraude y de violencia, bajo su lengua está la malicia y la perversidad. Siéntase al acecho en las aldeas, en los lugares ocultos asesina al inocente, sus ojos espían al desgraciado. Ayin. Se pone al acecho como el león en la madriguera, se pone al acecho para apoderarse del miserable; arrebata al indigente, arrastrándolo a su red." Sade. Le espía y se arroja sobre él, y cae el infeliz en su poder. Y dice en su corazón: “No se acuerda Dios; ha escondido su rostro, no ve nada.” Qof. ¡Álzate, Señor Dios! ¡Alza tu mano! ¡No te olvides de los desvalidos! ¿Cómo puede el impío despreciar a Dios, y dice en su corazón: “El no se preocupa”? Resh. Tú lo ves, porque miras las penas y los trabajos para retribuir con tu mano. A ti se te confía el miserable, tú eres el auxilio del huérfano. Sin. Quebranta el brazo del impío y del malvado; buscarás su impiedad; no la encontrarás." Es Yahvé Rey por los siglos eternos; las gentes han sido borradas de su tierra." Tau. Tú, ¡oh Yahvé! oyes los gritos de los humildes, fortaleces su corazón, les das oídos;" para hacer justicia al huérfano y al oprimido, para que no vuelva a aterrorizar el hombre de la tierra. Al maestro del coro. De David. Yo confío en Yahvé. ¿Cómo, pues, decís a mi alma: “Vuela al monte (como) pájaro? Pues he aquí que entesan los impíos (su) arco, ajustan a la cuerda sus saetas, para tirar en las tinieblas sobre los de recto corazón. Si los fundamentos se destruyen, ¿qué podrá hacer el justo?” Está Yahvé en su santo palacio, tiene Yahvé en los cielos su trono; sus ojos contemplan (la tierra habitada), sus párpados escudriñan a los hijos de los hombres." Yahvé prueba al justo y al impío, y su alma aborrece al que ama la violencia. Lloverá sobre los impíos carbones encendidos, fuego y azufre, y huracanado torbellino será la parte de su cáliz. Porque justo es Yahvé y ama lo justo, y los rectos contemplarán su faz. Al maestro del coro. A la octava. Salmo de David. Salva tú, ¡oh Yahvé! porque no hay piadosos, ya no hay fieles entre los hijos de los hombres. Engaña cada uno a su prójimo, hablan con labios fraudulentos y con doblado corazón. Extermine Yahvé todo labio fraudulento, toda lengua jactanciosa;" a los que dicen: “Con nuestra lengua dominaremos; nuestros labios son con nosotros: ¿quién es nuestro amo?” Por la opresión de los pobres, por los gemidos de los menesterosos, ahora mismo voy a levantarme, dice Yahvé, y les daré la salvación por la que suspiran. Las palabras de Yahvé son palabras limpias, son plata depurada en el crisol, siete veces purgada de tierra. Tú, Yahvé, nos guardarás, tú nos protegerás para siempre de esta generación. Tú, Yahvé, nos guardarás, tú nos protegerás para siempre de esta generación. [ (Psalms 12:9) Paséanse en torno los impíos, prevalecen insolentes sobre los hijos de los hombres. ] Al maestro del coro. Salmo de David. ¿Hasta cuándo, por fin, te olvidarás, Yahvé, de mí? ¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro? ¿Hasta cuándo tendré yo preocupaciones en mi alma y pesares diariamente en mi corazón? ¿Hasta cuándo mis enemigos prevalecerán sobre mí? ¡Mírame, respóndeme, Yahvé, Dios mío! Alumbra mis ojos, no me duerma en la muerte. Que no pueda decir mi enemigo: “Le vencí.” Mis enemigos se regocijarían si yo cayese. Pero yo espero en tu piedad. Mi corazón se alegrará en tu salvación; cantaré a Yahvé, que me colmó de bienes." Al maestro del coro. De David. Dice en su corazón el necio: “No hay Dios.” Se han corrompido, hicieron cosas abominables, no hay quien haga el bien. Se inclina Yahvé desde los cielos hacia los hijos de los hombres para ver si hay algún cuerdo que busque a Dios. Todos se han descarriado y a una se han corrompido; no hay quien haga el bien; no hay ni uno solo." ¿No saben todos los obradores de iniquidad que comen mi pueblo como el pan, que no invocan a Yahvé? Temblarán con temor grande, pues Yahvé está con la generación justa. Queréis frustrar los consejos del desvalido, pero Yahvé es su refugio. ¿Quién otorgará desde Sión la salvación a Israel? Al hacer retornar Yahvé a su pueblo, se alegrará Jacob, se gozará Israel. Salmo de David, Yahvé, ¿quién es el que puede ser huésped de tu tabernáculo, quién podrá residir en tu monte santo? El que anda en integridad y obra la justicia, el que en su corazón habla verdad, el que con su lengua no detrae, el que no hace mal a su compañero ni a su prójimo infiere injuria. El que menosprecia con sus ojos al reprobo, pero honra a los temerosos de Yahvé; el que, jurando en daño suyo, no se retracta;" el que no da a usura su dinero y no admite cohecho para condenar al inocente. Al que tal hace, nadie jamás le hará vacilar. Miletam. De David. Guárdame, Yahvé, pues a ti me acojo. Yo dije a Yahvé: “Mi Señor eres tú, no hay dicha para mí fuera de ti”. Cuanto a los santos que están en la tierra, “son mis príncipes en los que tengo mi complacencia”. Multiplican sus dolores los que siguen a otros dioses; no derramaré yo sus libaciones de sangre y no pondré sus nombres en mis labios." Yahvé es la parte de mi heredad y mi cáliz; tú eres quien me garantiza mi lote." Cayeron para mí las cuerdas en parajes amenos, y es mi heredad muy agradable para mí. Bendeciré a Yahvé, que es quien me aconseja; aun de noche me reprenden mis ríñones." Tengo siempre a Yahvé ante mí; porque está a mi diestra, no me moveré." Por eso se alegra mi corazón y jubila mi lengua, y aun mi carne descansa segura, pues no abandonarás mi alma al “seol” ni permitirás que tu fiel vea la fosa. Tú me enseñarás el sendero de la vida, la hartura de alegría ante ti, las delicias a tu diestra para siempre. Plegaria. De David. Oye, Yahvé, lo justo; atiende a mi grito suplicante; presta oído a mi plegaria, (proveniente) no de labios dolosos." Que mi juicio salga de tu presencia y vean tus ojos lo que es recto. Tú has sondeado mi corazón, lo visitaste de noche, me has pasado por el crisol, sin encontrar en mí malicia. Mi boca no ha cometido transgresión. Respecto a las acciones humanas, conforme a las palabras de tus labios, yo me he guardado de procedimientos de violencia. Afirma mis pies en tus senderos, paira que mis pasos no titubeen. Yo clamo a ti, pues tú me responderás, ¡oh Dios! Inclina hacia mí tu oído, escucha mis palabras. Haz ostentación de tu magnífica piedad, tú que salvas a los que a tu diestra se acogen de los adversarios. Guárdame como la niña de tus ojos, escóndeme bajo la sombra de tus alas ante los malos, que pretenden oprimirme; ante mis enemigos, que furiosos me rodean." Cierran su duro corazón y hablan jactanciosamente con su boca. Ya me cercan sus pasos, clavan sus ojos para echar (me) por tierra. Parecen leones ávidos de desgarrar, cachorros de león que acechan en la madriguera. Álzate, Yahvé; vete a su encuentro; derríbalos; con tu espada salva mi alma del impío," de los mortales, por tu mano, Yahvé; de los mortales que tienen el mundo por lote en esta vida. Que tu tesoro llene su vientre, que se sacien los hijos y dejen el sobrante a sus pequeñuelos." Yo en justicia contemplaré tu faz, y me saciaré, al despertar, de tu imagen. Para el maestro del coro. Del siervo de Yahvé, David, que dirigió a Yahvé las palabras de este cántico cuando le hubo librado Yahvé de las manos de todos sus enemigos y de la mano de Saúl. Dijo, pues: Yo te amo, Yahvé, fortaleza mía. Yahvé es mi roca, mi ciudadela, mi libertador, mi Dios, mi roca, a quien me acojo; mi escudo, mi fuerza salvadora, mi asilo." Alabándole, invoco a Yahvé, y de mis enemigos seré salvo. Ya me rodeaban las olas de la muerte l0 y me aterrorizaban los torrentes de “belial”;" me aprisionaban las ataduras del seol, me habían sorprendido las redes de la muerte. Y en mi angustia invoqué a Yahvé y lancé hacia mi Dios el ynto. El oyó mi voz desde su palacio, y mi clamor llegó a sus oídos. Conmovióse y tembló la tierra, vacilaron los fundamentos de los montes, se estremecieron ante Yahvé airado. Subía cíe sus narices humo, y de su boca fuego abrasador, carbones por El encendidos. Abajó los cielos y descendió, negra nube tenía bajo sus pies. Subió sobre los querubes y voló; voló sobre las alas de los vientos." Hizo de las tinieblas un velo, formando en torno * a sí su tienda: calígine acuosa, densas nubes. Ante el resplandor de su faz, las nubes se deshicieron: granizo y centellas de fuego. Tronó Yahvé desde los cielos, el Altísimo hizo sonar su voz. Lanzóles sus saetas y los desbarató, fulminó rayos y los consternó. Y aparecieron arroyos de aguas, y quedaron al descubierto los fundamentos del orbe ante la ira increpadora de Yahvé, ante el soplo del huracán de su furor. Y extendió desde lo alto su mano, y me cogió, me sacó de la muchedumbre de las aguas. Me arrancó de mi poderoso enemigo, de los que me aborrecían y eran más fuertes que yo. Querían asaltarme en día para mí fatal, pero fue Yahvé mi fortaleza y me sacó a lugar holgado, salvándome, porque se agradó en mí. Me ha remunerado Yahvé según mi justicia, conforme a la pureza de mis manos me ha pagado. Porque yo he guardado los caminos de Yahvé, y no me había impíamente apartado de mi Dios, pues tenía ante mí todos sus juicios y no apartaba de mí sus estatutos, sino que con El fui íntegro y me guardé de la iniquidad. Y me retribuyó Yahvé conforme a mi justicia y según la limpieza de mis manos a sus ojos. Con el piadoso muéstrase piadoso, íntegro con el íntegro, sincero con el sincero, y sagaz con el perverso astuto. Pues tú salvas al humilde y humillas los ojos altaneros. Pues tú haces lucir mi lámpara, joh Yahvé! tú, mi Dios, que iluminas mis tinieblas. Gracias a ti puedo embestir a un tropel (de enemigos); y con mi Dios traspaso la muralla." Irreprochable es el camino de Dios, acrisolada es la palabra de Yahvé. Porque ¿qué Dios hay fuera de Yahvé? ¿Qué roca fuera de nuestro Dios? Es el Dios que me ciñó de vigor e hizo irreprochable mi camino;" que me igualó mis pies a los del ciervo y me ha reafirmado sobre las alturas;" que adiestró mis manos para la batalla y mis brazos para entesar el arco de bronce. Tú me entregaste tu salvador escudo, tu diestra me fortaleció y tu solicitud me engrandeció. Me hacías correr a largos pasos, sin que se cansaran mis rodillas. Perseguía a mis enemigos, y los alcanzaba, y no volvía sin haberlos desbaratado. Los machacaba sin que pudieran resurgir; caían bajo mis pies." Me ceñiste de fortaleza para la guerra, sometiste a los que se alzaban contra mí. Obligaste a mis enemigos a darme la espalda, a los que me odian los exterminaste. Vociferaban, pero nadie los libraba; (clamaban) a Yahvé, pero no los oía," y los dispersaba cual polvo cara al viento, y cual lodo de las plazas los hollaba. Me libraste de las sediciones del pueblo y me pusiste a la cabeza de las gentes; pueblos que tío conocí, me servían." Al oír hablar me obedecían. Los extraños me lisonjeaban. Los extranjeros palidecían y salían temblorosos de sus fuertes. ¡Viva Yahvé y bendita sea mi Roca, sea ensalzado Dios, mi Salvador! E1 Dios que me otorga la venganza y me somete los pueblos. E1 que me libra de mis enemigos, el que me hace superar a los que se alzan contra mí, el que me libra del hombre violento. Por eso te alabaré, ¡oh Yahvé! entre las gentes, y cantaré salmos en tu honor. Por eso te alabaré, ¡oh Yahvé! entre las gentes, y cantaré salmos en tu honor. [ (Psalms 18:51) El que da grandes victorias a su rey, el que hace misericordia a su ungido, a David, y a su descendencia por siempre. ] Al maestro del coro. Salmo de David. Los cielos pregonan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. El día transmite el mensaje al día, y la noche a la noche pasa la noticia. No son discursos ni palabras cuya voz deje de oírse. Su pregón sale por toda la tierra, y sus palabras llegan hasta los confines del orbe. Puso en ellos una tienda para el sol, el cual, semejante al esposo que sale de su tálamo, se lanza alegre, como valiente, a recorrer su camino. Sale de un extremo de los cielos, y su curso llega hasta sus confines, y nada se oculta a su calor. La Ley de Yahvé es perfecta: restaura el alma; el testimonio de Yahvé es fiel: hace sabio al simple." Los preceptos de Yahvé son rectos: alegran el corazón; los mandatos de Yahvé son limpios: esclarecen los ojos." El temor de Yahvé es puro: permanece por siempre; los juicios de Yahvé son verdad: del todo justos." Son más estimables que el oro acrisolado, más dulces que la miel, que el jugo de los panales. También tu siervo es iluminado por ellos, y en guardarlos halla gran provecho. ¿Quién será capaz de conocer los deslices? Limpíame de los que se me ocultan. Retrae también a tu siervo de los movimientos de soberbia, no se adueñen de mí; entonces seré irreprochable y purificado del gran pecado." Retrae también a tu siervo de los movimientos de soberbia, no se adueñen de mí; entonces seré irreprochable y purificado del gran pecado." [ (Psalms 19:15) Séante gratas las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón. ¡Yahvé, mi Roca y mi Redentor! ] Al maestro del coro. Salmo de David. ¡Óigate Yahvé en el día de la angustia, protéjate el nombre del Dios de Jacob! Envíete su auxilio desde su santuario, sosténgate desde Sión! ¡Acuérdese de todas tus oblaciones y encuentre suculento tu holocausto! Selah. ¡Que El te otorgue según tu corazón y cumpla todos tus designios! ¡Que podamos cantar tu victoria, y en el nombre de nuestro Dios enarbolemos la bandera! ¡Que Yahvé cumpla todas tus demandas! Ahora sé que otorga Yahvé la victoria a su ungido, que le responde desde su santo cielo con las proezas salvadoras de su diestra. Estos en carros, aquéllos en caballos, pero nosotros nos acordamos del nombre de Yahvé, nuestro Dios. Ellos vacilaron y cayeron, pero nosotros nos alzamos y resistimos. Ellos vacilaron y cayeron, pero nosotros nos alzamos y resistimos. [ (Psalms 20:10) Salvad al rey, ¡oh Yahvé! ¡Respóndenos en el día que te invocamos! ] Al maestro del coro. Salmo de David. En tu poder, ¡oh Yahvé! se goza el rey. ¡Cuan jubiloso está de tu socorro! Le diste cuanto su corazón deseaba, no le negaste la petición de sus labios. Seldh. Más bien te adelantaste con faustas bendiciones y pusiste en su cabeza la diadema de oro puro. Te pidió vida, y se la diste: días que se prolongan para siempre jamás. Por tu protección es grande su gloria, le has revestido de esplendor y magnificencia. Tú le otorgas bendiciones para siempre y le colmas de alegría ante tu faz. Porque en Yahvé confía el rey, y por el favor del Altísimo permanecerá inconmovible. ¡Que tu mano alcance a todos tus enemigos y que tu diestra sorprenda a cuantos te aborrecen! Tú los pondrás como en un horno de fuego en el día de tu faz: Yahvé los consumirá en su ira, el fuego los abrasará. Borrarás de la tierra su progenie, su descendencia de entre los hijos de los hombres, Si algo malo trazan contra ti, si maquinan engaños, no prevalecerán. Les harás volver el dorso, tendiendo contra su rostro las cuerdas de tu arco. Les harás volver el dorso, tendiendo contra su rostro las cuerdas de tu arco. [ (Psalms 21:14) ¡Ensálzate, Yahvé, en tu fortaleza! ¡Cantemos y celebremos tus proezas! ] Al maestro del coro. Sobre la cierva de la aurora. Salmo de David. ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? Lejos estás de mi socorro, de las palabras de mi gemido. ¡Dios mío! Clamo de día, y no me respondes; de noche, y tú no me atiendes." Con todo, tú eres el Santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres; confiaron, y tú los libraste." A ti clamaron, y fueron liberados; en ti confiaron, y no fueron confundidos." Pero yo soy un gusano, no un hombre; el oprobio de los hombres y el desecho del pueblo." Búrlanse de mí cuantos me ven, abren los labios y mueven la cabeza. “Se encomendó a Yahvé — dicen —; líbrele, sálvele El, pues dice que le es grato.” Y en verdad tú eres el que me sacaste del vientre, el que me inspirabas confianza desde los pechos de mi madre. Desde el útero fui entregado a ti, desde el vientre de mi madre tú eres mi Dios. No estés alejado de mí, que estoy angustiado; acércate, pues nadie viene en mi ayuda." Rodéanme toros en gran número, cércanme novillos de Basan. Abren sus bocas contra mí cual león rapaz y rugiente. Me derramo como agua; todos mis huesos están dislocados. Mi corazón es como cera, que se derrite dentro de mis entrañas." Seco está como un tejón mi paladar, mi lengua está pegada a las fauces, y me han echado al polvo de la muerte. Me rodean como perros, me cerca una turba de malvados; han taladrado mis manos y mis pies" y puedo contar todos mis huesos. Ellos me miran y contemplan. Se han repartido mis vestidos y echan suertes sobre mi túnica. Tú, pues, Yahvé, no estés lejos, fuerza mía; ¡apresúrate a venir en mi auxilio!" Libra mi alma de la espada, y mi vida de la garra de los perros. Sálvame de la boca del león y de los cuernos de los toros salvajes mi pobre (vida). Yo anunciaré tu nombre a mis hermanos y te alabare en medio de la asamblea. Los que teméis a Yahvé, ¡alabadle! ] Descendencia toda de Jacob, ¡glorificadle! ¡Temblad delante de El toda la progenie de Israel! Porque no desdeñó ni despreció la miseria del desgraciado ni apartó de él su rostro, antes oyó al que imploraba su socorro. Contigo será mi alabanza en la gran asamblea, cumpliré mis votos delante de los que le temen. Comerán los pobres, y se saciarán, y alabarán a Yahvé los que le buscan: “¡Viva vuestro corazón siempre!” Se acordarán y se convertirán a Yahvé todos los confines de la tierra, y se postrarán delante de El todas las familias de las gentes, Porque de Yahvé es el reino, y El dominará a las gentes. Comerán y se prosternarán ante El todos los grandes de la tierra; se curvarán los que al polvo descienden. Mi alma vivirá para El." Mi posteridad le servirá, hablará del Señor a las generaciones venideras. Mi posteridad le servirá, hablará del Señor a las generaciones venideras. [ (Psalms 22:32) ? precliearán su justicia al pueblo que ha de nacer, por haberlo hecho Yahvé. ] Salmo de David. Es Yahvé mi pastor; nada me falta." Me hace recostar en verdes pastos y me lleva a frescas aguas. Recrea mi alma, me guía por las rectas sendas por amor de su nombre. Aunque haya de pasar por un valle tenebroso, no temo mal alguno, porque tú estás conmigo. Tu clava y tu cayado son mis consuelos. Tú dispones ante mí una mesa enfrente de mis enemigos. Derramas el óleo sobre mi cabeza, y mi cáliz rebosa. Sólo bondad y benevolencia me acompañan todos los días de mi vida; y moraré en la casa de Yahvé por dilatados días." Salmo de David. De Yahvé es la tierra y cuanto la llena, el orbe de la tierra y cuantos la habitan. Pues El es quien la fundó sobre los mares y sobre los ríos la estableció. ¿Quién subirá al monte de Yahvé? ¿Quién se mantendrá erecto en su santo lugar? El de limpias manos y de puro corazón, el que no alzó su alma a cosas vanas y no juró con mentira. Ese alcanzará de Yahvé bendición, y justicia de Dios, su Salvador. Esa es la raza de los que le buscan, de los que buscan la faz del Dios de Jacob. Selah. Alzad, ¡oh puertas! vuestros dinteles; levantaos, jetemos portales! para que entre el Rey de la gloria." ¿Quién es ese Rey de la gloría? Es Yahvé, el Fuerte, el Héroe; Yahvé el Héroe del combate." Alzad, ¡oh puertas! vuestros dinteles; levantaos, ¡eternos portales! para que entre el Rey de la gloria." ¿Quién es este Rey de la gloria? Es Yahvé, el Dios de los ejércitos. ¡Ese es el Rey de la gloria! Selah. De David. Alef. A ti elevo mi alma, Yahvé, mi Dios. Bet. En ti confío, no sea confundido, no se gocen de mí mis enemigos. Guímel. No; quien espera en ti, no es confundido; serán confundidos los que en balde faltan a la fidelidad." Dalet. Muéstrame, Yahvé, tus caminos, adiéstrame en tus sendas. He. Guíame en tu verdad y enséñame, porque tú eres mi Dios, mi Salvador, y en ti espero todos los días. Zain. Acuérdate, ¡oh Yahvé! de tus misericordias y de tus gracias, pues son desde antiguo. Jet. No te acuerdes de los pecados de mi mocedad y de mis transgresiones. Acuérdate de mí conforme a tu benevolencia y según tu bondad, ¡oh Yahvé! Tet. Bueno y recto es Yahvé; por eso señala a los errados el camino." Yod. Y guía a los humildes por la justicia y adoctrina a los pobres en sus sendas. Caf. Todas las sendas de Yahvé son benevolencia y verdad para los que guardan su alianza y sus mandamientos. Lámed. Por amor de tu nombre, oh Yahvé! perdona mis ofensas, por grandes que sean. Mem. ¿Quién es el hombre temeroso de Dios? El le enseñará el camino que ha de elegir. Nun. Su alma morará en el bienestar, y su descendencia heredará la tierra. Sámec. Los secretos de Yahvé son para los que le temen, que les dará a conocer su alianza. Ayin. Mis ojos siempre están en Yahvé, porque es quien saca mis pies de la red. Pe. Vuélvete a mí y ten de mi piedad, que estoy solo y afligido. Tsade. Ensancha mi angustiado corazón y sácame de mis estrechuras. Qof. Mira mi miseria y mi pena y perdona todos mis pecados. Res. Mira cuan numerosos son mis enemigos. Me odian con odio violento. Sin. Guarda mi vida y sálvame, no tenga que confundirme de haberme acogido a ti. Tau. Protéjanme la integridad y la rectitud, pues que en ti espero, Yahvé. Redime, ¡oh Dios! a Israel de todas sus tribulaciones. De David. Hazme justicia, Yahvé, porque yo he andado en integridad y he confiado en Yahvé sin vacilar. Ponme a prueba, ¡oh Yahvé! y examíname, acrisola mis ríñones y mi corazón. Porque tengo ante mis ojos tu benevolencia y ando en tu verdad. No me siento con hombres falsos ni me acompaño de los fingidos. Aborrezco el consorcio de los malignos, y con impíos no me siento. Yo lavaré mis manos en la inocencia y andaré en derredor de tu altar, ¡oh Yahvé! haciendo resonar cantos de alabanza y pregonando todos tus prodigios. ¡Oh Yahvé! yo amo la morada de tu casa, el lugar en que se asienta tu gloria. No juntes con los pecadores mi alma, ni mi vida con los sanguinarios, en cuyas manos hay crímenes, cuyas diestras están llenas de sobornos, Yo, por el contrario, marcharé en mi integridad; rescátame, Yahvé! y séme propicio." Ya están mis pies en tierra firme. Bendeciré en la asamblea a Yahvé. De David. Yahvé es mi luz y mi salvación: ¿a quién temer? Yahvé es el baluarte de mi vida: ¿ante quién temblar? Cuando los malignos me asaltan para devorar mis carnes, son ellos, mis adversarios y enemigos, los que vacilan y caen. Aunque acampe contra mí un ejército, no temerá mi corazón. Aunque se alzare en guerra contra mí, aun entonces estaré tranquilo. Una cosa pido a Yahvé, ésa procuro: habitar en la casa de Yahvé todos los días de mi vida, para contemplar el encanto de Yahvé y visitar su santuario. Pues El me pondrá en seguro en su tienda el día de la desventura, me tendrá a cubierto en su pabellón, me pondrá en alto sobre su roca. Y ahora mi cabeza se alza sobre mis enemigos, que me cercan, y ofreceré en su tienda sacrificios de júbilo, cantando y salmodiando a Yahvé. Oye, Yahvé, el clamor con que te invoco, ten piedad de mí y escúchame. De ti mi corazón ha dicho: “Busca su faz”; y yo, Yahvé, tu rostro buscaré." No me escondas tu rostro, no rechaces con ira a tu siervo,. Sé. mi socorro, no me rechaces, no rne abandones, ¡oh Dios, mi Salvador! Aunque me abandonaran mi padre y mi madre, Yahvé me acogerá. Muéstrame, joh Yahvé! tus caminos, guíame por la recta senda a causa de mis enemigos. No me entregues a la rabia de mis adversarios, pues se alzan contra mí falsos testigos respirando violencia. ¡Ay! ¡Si no creyera que he de contemplar la bondad de Yahvé en la tierra de los vivientes!. Espera en Yahvé, esfuérzate; ten gran valor y espera en Yahvé." De David. A ti clamo, ¡oh Yahvé! mi roca. No te desentiendas de mí *, no sea que, haciéndote el mudo respecto de mí, me asemeje a los que bajan a la fosa. Oye la voz de mis súplicas cuando clamo a ti y elevo mis manos a tu santo recinto. No me arrebates juntamente con los malvados, con los obradores de iniquidad, los que hablan paz a su prójimo, mientras está su corazón lleno de maldad. Retribuyelos conforme a sus obras, conforme a la malicia de sus acciones; págales conforme a la obra de sus manos, dales su merecido." Porque no atienden a las obras de Yahvé, a la obra de sus manos. Los derribará y no los reedificará. ¡Bendito sea Yahvé, porque ha escuchado la voz de mis súplicas! Yahvé es mi fortaleza y mi escudo; en El confió mi corazón y fui socorrido; y mi corazón salta de gozo, y le alabaré con mis cánticos." Es Yahvé la fortaleza de su pueblo, es el salvador escudo de su ungido. ¡Salva a tu pueblo y bendice tu heredad, sé su pastor y levántalos por siempre! De David, Dad a Yahvé, hijos de Dios, dad a Yahvé la gloria y el poder. Dad a Yahvé la gloria (debida) a su nombre, postraos ante Yahvé con sacros ornamentos. ¡La voz de Yahvé sobre las aguas! Truena el Dios de la gloria: Yahvé sobre la inmensidad de las aguas. La voz de Yahvé (resuena) con fuerza; la voz de Yahvé (retumba) con majestad." La voz de Yahvé rompe los cedros, troncha Yahvé los cedros del Líbano, y hace saltar al Líbano como un ternero, y al Sarión como cría de búfalo. La voz de Yahvé hace estallar llamas de fuego;" la voz de Yahvé sacude el desierto, hace temblar Yahvé el desierto de Cades. La voz de Yahvé retuerce las encinas, despoja las selvas. Y en su templo todo dice: “¡Gloria!” Siéntase Yahvé sobre aguas diluviales, siéntase como Rey eterno. Yahvé dará fortaleza a su pueblo, Yahvé bendecirá a su pueblo con la paz. Canto para la consagración del templo. Salmo de David. Quiero ensalzarte, ¡oh Yahvé! porque me has puesto en salvo y no has alegrado a mis enemigos por causa mía. Yahvé, mi Dios, clamé a ti, y tú me curaste. ¡Oh Yahvé! has sacado mi alma del seol, me has hecho revivir de entre los que bajan a la fosa. Cantad a Yahvé vosotros, sus piadosos, y ensalzad su santo recuerdo. Porque un instante dura su cólera, y su benevolencia es de por vida. Alberga la tarde llantos, mas a la mañana está la exultación. Yo dije en mi prosperidad: “No seré jamás conmovido.” Tú, ¡oh Yahvé! por tu benevolencia me asegurabas honor y fortaleza, Apenas escondiste tu rostro, fui conturbado. A ti clamé, ¡oh Yahvé! y a Yahvé pedí piedad. ¿Qué provecho hay en mi sangre, en que yo descienda a la fosa? ¿Te alabará el polvo? ¿Cantará tu fidelidad? Escúchame, Yahvé, y ten piedad de mí. Vino Yahvé en mi socorro. Mudaste mi lamentación en júbilo, desataste mi saco y me ceñiste de exultación. Mudaste mi lamentación en júbilo, desataste mi saco y me ceñiste de exultación. [ (Psalms 30:13) Por eso cantaré tu gloria y no callaré, y te alabaré, Yahvé, Dios mío, por la eternidad. ] Al director del coro. Salmo de David. En ti, ¡oh Yahvé! confío; i no sea yo nunca confundido, líbrame en tu justicia." Inclina a mí tus oídos, apresúrate a librarme; sé para mí roca inexpugnable, ciudadela para mi salvación." Pues tú eres mi roca, mi ciudadela; por mor de tu nombre tú me guiarás y conducirás." Me sacarás de la red que me han tendido, porque tú eres mi fortaleza, En tus manos encomiendo mi espíritu. Tú me has rescatado, Yahvé, Dios fiel. Tú aborreces a los servidores de los vanos ídolos ll, pero yo a Yahvé me confío. Me alegraré y me gozaré en tu piedad, pues has visto mi aflicción y has considerado las aflicciones de mi alma. No me entregaste en manos del enemigo, afirmaste mis pies en la anchura. Ten piedad de mí, ¡oh Yahvé! porque estoy angustiado. La tristeza consume mis ojos, mi alma y mis entrañas. Pues mi vida se consume en el dolor, y mis años en gemidos. Mi vigor enflaquece por la aflicción, y mis huesos se consumen. Soy el oprobio de todos mis opresores, objeto de terror para mis vecinos y de espanto para cuantos me conocen. Los que me ven en la calle, huyen de mí. Como muerto he sido olvidado en los corazones, soy como una vasija de desecho. Pues he oído el murmurar de muchos, espanto en derredor, cuando a una se confabulaban contra mí y tramaban arrebatarme la vida. Pero yo a ti me confío, oh Yahvé! yo digo: Tú eres mi Dios. En tus manos están mis destinos. Líbrame de las manos de mis enemigos y de mis perseguidores. Haz resplandecer tu faz sobre tu siervo y sálvame en tu piedad. Yahvé, que no sea yo confundido, pues te invoco. Confundidos sean los malvados, y mudos (bajen) al seol. Que callen los labios mentirosos, que, soberbios y despectivos, dicen insolencias contra el justo. Qué grande es tu bondad, oh Yahvé!, que guardas para los que te temen, que muestras a los que a ti se acogen delante de los hijos de los hombres. Tú los guardas, al amparo de tu rostro, de las altanerías de los hombres, y como en una tienda los pones a cubierto de las lenguas pendencieras. ¡Bendito sea Yahvé, que en mí hace admirable su piedad como en ciudad fortificada! Pero yo dije en mi turbación: “He sido arrojado de ante tus ojos,” Pero tú has oído mi voz suplicante cuando a ti clamé, Amad a Dios vosotros, todos sus piadosos; a los fieles guarda Yahvé, y paga con creces a los soberbios." Amad a Dios vosotros, todos sus piadosos; a los fieles guarda Yahvé, y paga con creces a los soberbios." [ (Psalms 31:25) Esforzaos y fortaleced vuestro corazón todos cuantos esperáis en Yahvé. ] De David. Maskil. Bienaventurado a quien le ha sido perdonada su transgresión, a quien le ha sido remitido su pecado. Bienaventurado aquel a quien no imputa Yahvé su iniquidad y en cuyo espíritu no hay falsedad. Mientras callé, consumíanse mis huesos, gimiendo durante todo el día. Pues día y noche tu mano pesaba sobre mí, y tornóse mi vigor en sequedades del estío. Selah. Te confesé mi pecado y no oculté mi iniquidad. Dije: “Confesaré a Yahvé mi pecado,” y tú perdonaste la culpa de mi pecado. Sdáh. Por eso te invocarán todos los piadosos al tiempo propicio, y la inundación de las copiosas aguas no llegará a ellos, Tú eres mi asilo; de la angustia me guardas, de cantos de liberación me rodeas, Seldh ll." Yo te enseñaré y te instruiré en el camino que debes seguir; seré tu consejero y estarán mis ojos sobre ti." No seas sin entendimiento, como el caballo y el mulo: con la brida y el freno hay que sujetar su ímpetu; de lo contrario, no se acercan a ti” Muchos son los dolores del impío, pero la piedad cercará al que se confía a Yahvé. ¡Alegraos en Yahvé y regocijaos, justos! Saltad de gozo todos los rectos de corazón. Aclamad, justos, a Yahvé; bien está a los rectos la alabanza," Alabad a Yahvé con la cítara, ensalzadle con el arpa de diez cuerdas. Cantadle un cántico nuevo y tañed bien con júbilo la lira. Porque es recta la palabra de Yahvé, y toda su obra conforme a verdad. El ama la justicia y el derecho, y de la bondad de Yahvé está llena la tierra. Por la palabra de Yahvé fueron hechos los cielos, y todo su ejército por el aliento de su boca. El reúne como en odre las aguas del mar y hace estanques de los abismos. Tema a Yahvé toda la tierra, témanla todos los habitantes del universo, porque dijo El, y fue hecho; mandó, y así fue." Frustra Yahvé el consejo de las gentes y anula las maquinaciones de los pueblos. El consejo de Yahvé permanece para siempre; los designios de su corazón, de generación en generación." Venturoso el pueblo cuyo Dios es Yahvé, el pueblo que El se eligió por heredad. Mira Yahvé desde los cielos, contempla a todos los hijos de los hombres. Desde la morada en que se asienta observa todos los habitantes de la tierra. El ha plasmado todos los corazones y conoce a fondo todas sus obras. No es la muchedumbre de los ejércitos lo que salva al rey, ni se libra el guerrero por su mucha fuerza. Vano es para la victoria el caballo, pues con todo su vigor no libra. He aquí que los ojos de Yahvé están sobre los que le temen, sobre los que esperan en su piedad, para salvar sus almas de la muerte, para hacerlos vivir en (tiempo de) hambre. Nuestra alma espera en Yahvé; El es nuestro auxilio y nuestro escudo." Pues en El se regocija nuestro corazón, en su santo nombre está nuestra confianza. Sea, Yahvé, sobre nosotros tu piedad, como esperamos en ti. De David, cuando se fingió loco ante Abimelec, que le echó de sí, pudiendo así escapar. Alef. Yo bendeciré a Yahvé en todo tiempo; su alabanza estará siempre en mi boca." Bet. En Yahvé se gloriará mi alma; lo oirán los humildes, y se alegrarán." Guímel. ¡Engrandeced conmigo a Yahvé, ensalcemos a una su nombre! Ddlet. Yo he buscado a Yahvé, y El me ha respondido, librándome de todos mis terrores. He. Volveos todos a El y seréis iluminados, y vuestros rostros no serán confundidos. Zain. Clamó este pobre, y Yahvé escuchó y le salvó de todas sus angustias. Jet. Acampa el ángel de Yahvé en derredor de los que le temen y los salva. Tet. Gustad y ved cuan bueno es Yahvé. Bienaventurado el varón que a El se acoge. Yod. Temed a Yahvé vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen. Kaf. Empobrecen los ricos y pasan hambre, pero a los que buscan a Yahvé no les falta bien alguno. Seldh. Lamed. Venid, hijos, y oídme, y os enseñaré el temor de Yahvé. Mem. ¿Quién es el hombre que ama la vida y desea ver días felices? Nun. Preserva del mal tu lengua, tus labios de palabras mentirosas. Sámec. Aléjate del mal y haz el bien, busca y persigue la paz. Ayin. Los ojos de Yahvé están sobre los justos, y sus oídos, atentos a sus clamores. Pe. La faz de Yahvé contra los que hacen el mal, para borrar de la tierra su memoria. Sade. Clamaron (los justos), y Yahvé los oyó y los libró de todas sus angustias. Qpf. Yahvé está próximo a los contritos de corazón y salva a los de espíritu abatido. Resh. Muchas son las calamidades del justo, pero de todas ellas le libra Yahvé. Shin. Toma a su cuidado todos sus huesos, y ni uno solo de ellos será roto. Tau. La malicia matará al impío, y los que aborrecen al justo expiarán. Tau. La malicia matará al impío, y los que aborrecen al justo expiarán. [ (Psalms 34:23) Yahvé redime el alma de sus siervos, y no expiarán cuantos a El se acogen. ] De David. Contiende, ¡oh Yahvé! con mis contrincantes, combate a los que luchan contra mí. Empuña el escudo y la adarga y álzate en ayuda mía. Enristra la lanza y cierra al encuentro de mis enemigos; di a mi alma: “Yo soy tu salvación.” Sean confundidos y avergonzados los que buscan mi vida. Retrocedan, cubiertos de ignominia, los que maquinan el mal. Sean como paja al viento; persígalos el ángel de Yahvé." Sea su camino tiniebla y resbaladero, y el ángel de Yahvé los acose. Porque sin causa me tendieron la red, sin motivo cavaron una fosa a mi alma. Sorpréndalos inesperadamente la ruina, y sean capturados en la red que tendieron, y caigan en la fosa que cavaron. Y mi alma se alegrará en Yahvé y se gozará en su salvación. Todos mis huesos dirán: ¿Quién semejante a ti, ¡oh Yahvé! que libras al desvalido del poderoso, al pobre y al afligido de quien le despoja? Alzáronse testigos violentos para demandarme lo que no sabía. Pagáronme mal por bien para abatir mi alma. Yo, empero, cuando ellos estuvieron enfermos, me vestí de saco, afligiendo con el ayuno mi alma, y repetía en mi pecho las plegarias. Me porté (con ellos) como con un amigo, como con un hermano; como si llevase luto por mi madre, (andaba) sombrío y encorvado." Pero ellos se alegraban de mi vacilación y se confabulaban y reunían contra mí, hiriéndome sin yo saberlo, gritando sin descanso. Se burlan de mí, haciendo mofa. y rechinan contra mí sus dientes. ¿Hasta cuándo, ¡oh Señor! estarás de espectador? Libra mi alma de los que rugen, mi única de los cachorros de león. Te alabaré en medio de la gran asamblea, te ensalzaré en medio de un pueblo poderoso. No se alegren de mí mis falsarios enemigos, no se guiñen el ojo los que sin motivo me aborrecen. Pues tú tienes palabras de paz, y contra los mansos de la tierra traman palabras fraudulentas. Abren contra mí sus bocas, diciendo: “¡Ah, ah! Lo vieron nuestros ojos.” ¿No lo ves, Yahvé? ¡No calles! ¡Señor mío, no te alejes de mí! ¡Despierta y álzate en favor de mi derecho, Dios mío y Señor mío, (sal) en mi defensa! Júzgame según tu justicia, Yahvé, Señor mío, y no se alegren de mí. Que no puedan decir en su corazón: “¡Eah! (Este era) nuestro deseo.” Que no digan: “¡Lo hemos devorado!” Sean juntamente confundidos y avergonzados cuantos se gozan de mi mal. Sean cubiertos de vergüenza y confusión los que se muestran arrogantes contra mí. Exulten y alégrense los que aman mi justicia, y digan siempre: “¡Ensalzado sea Yahvé, que se deleita en la paz de su siervo!” Exulten y alégrense los que aman mi justicia, y digan siempre: “¡Ensalzado sea Yahvé, que se deleita en la paz de su siervo!” [ (Psalms 35:29) Y mi lengua proclamará tu justicia, todo el día tu alabanza. ] Al maestro del coro. De David, siervo de Yahvé. Oráculo de malicia tiene el impío en lo íntimo de su corazón; no hay ante sus ojos temor de Dios." Pues lisonjéase a sus propios ojos demasiado para descubrir y odiar su pecado2. Las palabras de su boca son falsedad y fraude; ha renunciado a ser cuerdo y a obrar bien." En su lecho maquina iniquidad, emprende caminos no buenos, no rechaza el mal. ¡Oh Yahvé! tu piedad (se levanta) hasta los cielos, tu fidelidad hasta las nubes. Tu justicia es como los montes de Dios, tus juicios son un inmenso abismo. Hombres y bestias tú socorres, ¡oh Yahvé! ¡Cuan preciosa es, oh Dios, tu piedad Los hijos de los hombres a la sombra de tus alas se acogen. Sácianse de la abundancia de tu casa y los abrevas en el torrente de tus delicias;" porque en ti está la fuente de la vida, en tu luz vemos la luz. Extiende tu piedad a los que te conocen y tu justicia a los rectos de corazón. No me pise el pie del soberbio ni me eche fuera la mano del impío. No me pise el pie del soberbio ni me eche fuera la mano del impío. [ (Psalms 36:13) Allí han caído los obradores de iniquidad, están postrados, sin poder levantarse. ] De David. Alef. No te impacientes por los malvados, no envidies a los que hacen el mal, porque, como el heno, presto se mustiarán, y cual la hierba verde se agostarán. Bet. Tú confía en Yahvé y obra el bien; habita en la tierra y apaciéntate de seguridad." Haz de Yahvé tus delicias, y te dará lo que tu corazón desea. Guímel. Encomienda a Yahvé tus caminos, confía en El, y El obrará. Y hará salir como la luz tu justicia, y tu derecho como el mediodía. Ddlet. Aquiétate en Yahvé y espera en El; no te impacientes por la prosperidad de sus caminos, de los que obran la iniquidad." He. Depon el enojo y deja la cólera. No te excites, que a mal sólo conduce. Porque los malvados serán exterminados, pero los que esperan en Yahvé poseerán la tierra. Wau. Aún un poco, y el impío ya no será; le buscarás en su lugar, y no estará." Los afligidos poseerán la tierra y gozarán de gran paz. Zain. Maquina el impío contra el justo y rechina sus dientes contra él. El Señor se ríe de él, porque ve que viene su día. Jet. Desenvainaron los malvados su espada, entesaron su arco para abatir al pobre y al miserable, para asesinar a los de camino recto. Su espada penetrará en su corazón, y se quebrantarán sus arcos. Tet. Mejor le es al justo lo poco que la gran opulencia de los impíos, Porque los brazos de los impíos serán rotos, mientras que Yahvé sostiene a los justos. Yod. Conoce Yahvé los días de los íntegros, y su posesión será por siempre. No serán confundidos al tiempo malo, y en los días de hambre serán saciados. Kaf. Pues los impíos perecerán, y los enemigos de Yahvé, como la lozanía de los prados, se marchitarán, se desvanecerán como el humo. Lamed. Pide prestado el impío y no puede pagar, el justo se compadece y da. Pues los benditos de Yahvé heredarán la tierra, mientras que sus malditos serán exterminados. Mem. Por Yahvé se afirman los pasos del varón cuyo camino le place. Si cayere, no permanecerá postrado, porque Yahvé le sostiene su mano. Nun. Mozo fui y ya soy viejo, y no vi abandonado al justo, ni a su prole mendigar el pan. Todos los días se compadece y presta, y es bendecida su posteridad. Samec. Apártate del mal y haz el bien, y habitarás por siempie. Porque ama Yahvé el juicio y no desampara a sus piadosos. Ayin, Serán guardados para siempre. La progenie de los impíos será extirpada. Los justos poseerán la tierra y morarán en ella por siempre. Pe. La boca del justo medita sabiduría, y su lengua proclama el derecho. La ley de su Dios está en su corazón, sus pasos no vacilan. Sade. El malvado espía al justo y busca cómo darle muerte. Yahvé no le abandonará a su mano y no permitirá que sea condenado en el juicio. Qpf• Confía en Yahvé y guarda sus caminos, y El te ensalzará para que poseas la tierra, y verás la exterminación de los impíos. Resh. He visto al impío prepotente y extenderse como cedro del Líbano;" y he pasado, y ya no era; le busqué, y no le hallé." Sin. Guarda la integridad y practica el derecho, pues hay porvenir para el hombre pacífico. Pero los impíos a una serán exterminados, y la posteridad de los malvados será extirpada. Tau. De Yahvé viene la salvación de los justos, es su refugio al tiempo de la angustia. Yahvé los socorre y los libra; del impío los libra y los salva, porque se acogen a El." Salmo de David. Para la memoria. No me reprendas, Yahvé, en tu furor, ni me corrijas en tu ira. Pues tus saetas han penetrado en mí y pesa sobre mi tu mano. Nada hay sano en mi carne a causa de tu ira; nada íntegro en mis huesos a causa de mis pecados." Pues mis iniquidades pasan sobre mi cabeza, pesan sobre mí como pesada carga. Mis llagas son fétidas y purulentas a causa de mi locura. Estoy encorvado y en gran manera abatido, en luto camino todo el día. Pues mis lomos están llenos de ardores y no hay en mi carne parte sana. Estoy desfallecido y sobremanera acabado y doy rugidos por la conmoción de mi corazón. Señor, ante ti están todos mis deseos y no se te ocultan mis gemidos. Mi corazón palpita, me abandona mi fuerza, y hasta la luz de mis ojos no está conmigo. Mis amigos y mis compañeros se estacionan lejos de mis llagas, mis allegados se mantienen lejos. Tiéndenme lazos los que buscan mi vida, y los que buscan mi mal dicen desventuras; todo el día están maquinando engaños." Pero yo, como sordo, no oigo, y soy como mudo, que no abre la boca. Soy como hombre que no oye, y en cuya boca no hay respuesta. Porque es en ti, Yahvé, en quien confío, y Tú, Señor, Dios mío, serás quien responde. Porque digo: “Qué no se gocen de mi (mal) ni se engrían contra mí cuando resbale mi pie.” Pues yo estoy para caer, y mi dolor está constantemente ante mí. Porque confieso mi culpa y estoy acongojado por mi pecado. Y mis enemigos vivientes son poderosos, y se multiplican los que injustamente me odian. Y los que vuelven mal por bien me hostigan por seguir el bien. ¡No me abandones, oh Yahvé; Dios mío, no estés alejado de mí!" ¡No me abandones, oh Yahvé; Dios mío, no estés alejado de mí!" [ (Psalms 38:23) ¡Corre en mi auxilio, Señor mío, mi salvación! ] Al maestro de coro. De Iditún. Salmo de David. Yo me dije: Velaré sobre mi conducta para no pecar con mi lengua; pondré freno a mi boca mientras tenga al impío frente a mí." Quedé silencioso, mudo; del bien me abstuve, pero mi dolor se exacerbaba." Me ardía el corazón en mi interior, se encendía el fuego en mi meditación y prorrumpí con mi lengua. Dame a conocer, ¡oh Yahvé! mi fin y cuál sea la medida de mis días; que sepa cuan caduco soy." Has reducido a un palmo mis días, y mi existencia delante de ti es la nada; no dura más que un soplo todo hombre." Pasa el hombre como una sombra, por un soplo solo se afana; amontona sin saber para quién." Y ahora, ¿qué puedo esperar, Señor? Mi esperanza está en ti. Líbrame de todas mis iniquidades, no me hagas objeto de escarnio de los insensatos. Enmudezco, no abro mi boca, porque tú eres el que obras. Desvía de mí tu azote; el rigor de tu mano me consume." Tú corriges al hombre castigando la iniquidad, y consumes, como la polilla, lo que le es más querido. Cierto que todo hombre es un soplo. Seldh. Oye, ¡oh Yahvé! mi plegaria; da oídos a mis clamores; no seas insensible a mis lágrimas." Oye, ¡oh Yahvé! mi plegaria; da oídos a mis clamores; no seas insensible a mis lágrimas." [ (Psalms 39:14) Porque yo no soy más que un extranjero para ti, un advenedizo, como todos mis padres. Aparta de mí tu mirada (airada), para que yo respire antes de que me vaya y ya no sea. ] Al maestro del coro. Salmo de David. Confiadamente esperé en Yahvé, y El se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. Y me sacó de una horrible hoya, de fangosa charca. Y afirmó mis pies sobre roca y afianzó mis pasos. Puso en mi boca un cántico nuevo, una alabanza a nuestro Dios. Que lo vean muchos y teman y confíen en Yahvé. Bienaventurado el varón que en Yahvé puso su confianza y no se vuelve a los soberbios ni mentirosos apóstatas. Tú, ¡oh Yahvé! Dios mío, has multiplicado tus maravillas y tus designios en favor nuestro. Nadie hay semejante a ti. Yo quisiera anunciarlas, hablar de ellas, pero sobrepasan todo número. No te complaces tú en el sacrificio y la ofrenda; me has dado oído abierto; no pides ni holocausto ni sacrificio expiatorio." Entonces dije: “¡He aquí que vengo!” En el rollo del libro me está prescrito hacer tu complacencia; Dios mío, (ello) me es grato, y tu Ley está en medio de mis entrañas." He proclamado la justicia en la gran asamblea, he aquí que no he cerrado mis labios; Yahvé, tú lo sabes." No he tenido encerrada tu justicia en mi corazón, he anunciado tu fidelidad y tu salvación; no he ocultado tu piedad y tu fidelidad a la numerosa asamblea." No apartes de mí, ¡oh Yahvé! tu misericordia; i tu piedad y tu fidelidad me guardarán por siempre." Porque me rodean males sin número, se me echan encima mis iniquidades, y no puedo levantar la vista. Superan en número a los cabellos de mi cabeza, y me falla el corazón. Agrádate en librarme, ¡oh Yahvé; corre, ¡oh Yahvé! en mi ayuda." Sean confundidos y avergonzados a una los que buscan mi vida para perderla. Vuelvan las espaldas, llenos de vergüenza, los que en mi mal se solazan. Estremézcanse de ignominia los que me gritan: ¡Ea, ea! Salten de gozo y alégrense en ti todos los que te buscan, digan siempre: “¡Ensalzado sea Yahvé!” Los que aman tu salvación. Salten de gozo y alégrense en ti todos los que te buscan, digan siempre: “¡Ensalzado sea Yahvé!” Los que aman tu salvación. [ (Psalms 40:18) Cuanto a mí, pobre y menesteroso, mi Señor cuidará de mí. Tú eres mi socorro y mi libertador. ¡Dios mío, no tardes! ] Al maestro del coro. Salmo de David. Bienaventurado el que se preocupa por el necesitado y el desvalido ; en el día malo le librará Yahvé." Le guardará Yahvé y le dará vida. Será dichoso sobre la tierra y no lo entregará a la animosidad de sus enemigos. Le sostendrá Yahvé en el lecho del dolor; le aliviará sobre su lecho en su enfermedad." Yo digo: ¡Oh Yahvé, ten piedad de mí! ¡Sana mi alma, porque pequé contra ti! Mis enemigos hablan hostilmente contra mí: “¿Cuándo se morirá y perecerá su nombre?” Si vienen a verme, hablan mentirosamente; su corazón rezuma maldad, y, saliendo fuera, se desahogan en palabras." Reunidos los que me odian, murmuran contra mí y maquinan el mal contra mí: ”Un mal infernal se ceba en él; se acostó para no volver a levantarse.” Aun el que tenía paz conmigo, aquel en quien me confiaba y comía mi pan, alzó contra mí su calcañal. Pero tú, ¡oh Yahvé! ten piedad de mí; haz que me levante, y entonces les daré su merecido." En esto conoceré que te complaces en mí, en que no triunfe mi enemigo sobre mí;" y tú me mantendrás incólume y me guardarás por siempre en tu presencia. y tú me mantendrás incólume y me guardarás por siempre en tu presencia. [ (Psalms 41:14) ¡Bendito sea Yahvé, Dios de Israel, por los siglos de los siglos! Amén. Amén. ] Al maestro del coro. MaskiL (Salmo) de los hijos de Coré. Como anhela la cierva las corrientes de las aguas, así te anhela mi alma, ¡oh Dios! Mi alma está sedienta de Dios, del Dios vivo: ¿Cuándo iré y veré la faz de Dios? Mis lágrimas son día y noche mi pan cuando me dicen cada día: “¿Dónde está tu Dios?” Lo recuerdo, y mi alma se expansiona, pues atravesaba yo por medio de los nobles hacia la casa de Dios entre los gritos de alegría y alabanza en festiva algazara. ¿Por qué te abates, alma mía? ¿Por qué te turbas contra mí? Espera en Dios, que aún le alabaré; es la salvación de mi faz y mi Dios." Abatida está mi alma. Por eso me acuerdo de ti desde la tierra del Jordán, desde las cumbres del Hermón y del monte Misar. Un remolino llama a otro remolino con el rumor de tus cascadas, todas tus ondas y tus olas pasan sobre mi. De día dispensa Yahvé su gracia, y de noche me acompaña su cántico, una oración al Dios de mi vida. Digo a Dios: ¡oh Roca mía! ¿Por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué he de andar en luto bajo la opresión del enemigo? Mientras quebrantan mis huesos, mis opresores se burlan de mí, diciéndome continuamente: “¿Dónde está tu Dios?” Mientras quebrantan mis huesos, mis opresores se burlan de mí, diciéndome continuamente: “¿Dónde está tu Dios?” [ (Psalms 42:12) ¿Por qué te abates, alma mía? ¿Por qué te turbas contra mí? Espera en Dios, que aún le alabaré. El es la salvación de mi rostro, y mi Dios. ] júzgame, ¡oh Dios! y defiende mi causa; líbrame-de esta gente sin piedad, del hombre pérfido y malvado." Pues que eres tú mi refugio, ¿por qué me rechazas? ¿Por qué he de andar en luto bajo la opresión del enemigo? Manda tu luz y verdad; ellas me guiarán i y me llevarán a tu monte santo, a tus tabernáculos." ¡Oh si pudiera acercarme al altar de Dios, al Dios de mi alegría, y cantarle a la cítara, oh Dios, Dios mío! ¿Por qué te abates, alma mía? ¿Por qué te turbas contra mí? Espera en Dios, que aún le alabaré. ¡El es la salvación de mi rostro y mi Dios! Al maestro del coro. Maskil. De los hijos de Coré. Con nuestro oído, ¡oh Dios! hemos oído; nos contaron nuestros padres la obra que tú hiciste en sus días, en los tiempos antiguos." Tú con tu mano desposeíste a las gentes y los plantaste a ellos. Afligiste a los pueblos y los arrojaste. Pues no se apoderaron de la tierra por su espada, ni les dio su brazo la victoria, sino tu diestra, tu brazo, la luz de tu rostro, porque te complaciste en ellos. Tú, ¡oh Dios! eres mi Rey, tú das victorias a Jacob. Por ti batiremos a nuestros enemigos, en tu nombre pisotearemos a nuestros adversarios. Pues no confío en mi arco, ni mi espada me dará la victoria. Pues eres tú el que nos salvas de nuestros opresores y el que confundes a cuantos nos odian. Nosotros nos gloriaremos en Yahvé todos los días y alabaremos por siempre tu nombre. Selah. Pero ahora nos has rechazado y nos has hecho caer en la ignominia, no sales ya con nuestros ejércitos. Nos has hecho volver la espalda ante el opresor, y los que nos aborrecían nos han expoliado. Nos has entregado como ovejas destinadas al matadero y nos has dispersado entre las gentes. Has vendido de balde a tu pueblo, y no ganaste mucho con su venta. Nos has hecho el oprobio de nuestros vecinos, el ludibrio y la mofa de cuantos nos rodean. Nos has hecho la fábula de las gentes: meneo de cabeza entre los pueblos. Mi ignominia está todo el día delante de mí; cubre mi rostro la vergüenza" ante los gritos de insulto y de blasfemia, ante el enemigo ávido de venganza. Todo esto ha venido sin haberte olvidado ni haber roto tu alianza. No se ha vuelto atrás nuestro corazón, ni se salieron de tu camino nuestros pasos Pues tú nos aplastaste en lugar de chacales y nos cubriste de sombras de muerte. Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios, si hubiéramos tendido nuestras palmas a dioses extraños, ¿no habría de saberlo Dios, que conoce los secretos del corazón? Antes por tu causa somos degollados cada día y somos considerados como ovejas para el matadero. ¡Despierta! ¿Por qué estás dormido, Señor? ¡Desperézate! ¡No nos abandones para siempre! ¿Por qué escondes tu rostro, olvidándote de nuestra miseria y opresión? Pues está nuestra alma postrada en el polvo, y nuestro vientre pegado a la tierra. Pues está nuestra alma postrada en el polvo, y nuestro vientre pegado a la tierra. [ (Psalms 44:27) ¡Levántate y ayúdanos! ¡Rescátanos por tu piedad! ] Al maestro del coro. A los lirios. Maskil. De los hijos de Coré. Canto de amor. Bulle en mi corazón un bello discurso: al rey dedico mi poema. Es mi lengua como cálamo de veloz escriba. Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; en tus labios la gracia se ha derramado; por eso te bendijo Dios para siempre." Cíñete tu espada sobre el muslo, ¡oh héroe! tus galas y preseas. Y marcha, cabalga por la verdad y la justicia; enséñete tu diestra portentosas hazañas." Agudas son tus saetas; ante ti caerán los pueblos; desfallecen los corazones de los enemigos del rey." Tu trono subsistirá por siempre jamás, cetro de equidad es el cetro de tu reino. Amas la justicia y aborreces la iniquidad; por eso Yahvé, tu Dios, te ha ungido con el óleo de la alegría más que a tus compañeros." Mirra, áloe, casia, (exhalan) tus vestidos; desde los palacios de marfil los instrumentos de cuerda te alegran." Hijas de reyes vienen a tu encuentro, y a tu diestra está la reina con oro de Ofir. Oye, hija, y mira; inclina tu oído: olvida tu pueblo y la casa de tu padre." Prendado está el rey de tu hermosura; pues que él es tu señor, póstrate ante él." La hija de Tiro viene con dones, los ricos del pueblo te halagarán. Toda radiante de gloria entra la hija del rey; su vestido está tejido de oro." Entre brocados es llevada al rey. Detrás de ella, las vírgenes, sus compañeras, son introducidas a ti. Con alegría y algazara son conducidas, entran en el palacio del rey. A tus padres sucederán tus hijos, los constituirás por príncipes de toda la tierra. A tus padres sucederán tus hijos, los constituirás por príncipes de toda la tierra. [ (Psalms 45:18) Yo quisiera recordar tu nombre de generación en generación.Por eso los pueblos te ala barán por siempre jamás. ] Al maestro del coro. De los hijos de Coré. Para voces altas. Cántico. Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, una ayuda muy asequible en las tribulaciones. Por eso no hemos de temer aunque tiemble la tierra, aunque se conmuevan los montes en el seno del mar, y se agiten y espumen sus olas, y retiemblen los montes a su empuje. Seláh. (Yahvé de los ejércitos está con nosotros, el Dios de Jacob es nuestra Roca). Un río con sus brazos alegra la ciudad de Dios, el santuario donde mora el Altísimo. En medio de ella está Dios: no será conmovida. Dios la socorrerá desde el clarear de la mañana, Túrbanse las naciones, vacilan los reinos; dio su voz, se derrite la tierra." Yahvé de los ejércitos está con nosotros, el Dios de Jacob es nuestra ciudadela. Seláh. Venid y ved las proezas de Yahvé, los prodigios que obró sobre la tierra. El es quien hace cesar la guerra hasta los confines de la tierra. El rompe el arco, troncha la lanza y hace arder los escudos en el fuego. ”Cesad y reconoced que yo soy Dios, excelso entre las gentes, exaltado en la tierra.” ”Cesad y reconoced que yo soy Dios, excelso entre las gentes, exaltado en la tierra.” [ (Psalms 46:12) Yahvé de los ejércitos está con nosotros, el Dios de Jacob es nuestra ciudadela. Seláh. ] Al maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo. ¡Oh pueblos todos! batid palmas, aclamad a Dios con voces jubilosas, Porque es Yahvé el Altísimo, el terrible, el gran Rey sobre toda la tierra. El nos someterá a los pueblos y pondrá las naciones bajo nuestros pies, El nos ha elegido como su heredad, el orgullo de Jacob, a quien El amó. Seláh. Se eleva Dios entre aclamaciones, Yahvé (se alza) al son de las trompetas, ¡Cantad a Dios, cantadle! ¡Cantad a nuestro Rey, cantadle! Porque es el Rey de toda la tierra, cantad a Dios con maestría. Reina Dios sobre las gentes, se sienta Dios en su santo trono. Reina Dios sobre las gentes, se sienta Dios en su santo trono. [ (Psalms 47:10) Los príncipes de los pueblos se han reunido con el pueblo del Dios de Abraham; pues de Dios son los grandes de la tierra, ensalzado sobremanera." ] Cántico. Salmo de los hijos de Coré. Grande es Yahvé y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios, su monte santo. Bello promontorio, alegría de toda la tierra, el monte de Sión, en los confines del aquilón, es la ciudad del gran Rey. Dios en sus alcázares se dio a conocer como ciudadela. Pues he aquí que los reyes se habían aliado, y unidos avanzaban. En cuanto la vieron, quedaron espantados, y, aterrados, se dieron a la fuga. Apoderóse de ellos el terror, una angustia como de mujer en parto;" como viento solano, que destroza las naves de Tarsis. Como lo habíamos oído, así lo hemos visto en la ciudad de Yahvé de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios. Dios la hará subsistir por siempre. Selah. Considerarnos, ¡oh Dios! tu piedad en medio de tu templo. Como tu nombre, ¡oh Dios! así tu alabanza llega hasta los confines de la tierra; tu diestra está llena de justicia." Alégrese el monte de Sión, salten de júbilo las hijas de Judá por tus juicios. Dad vueltas a Sión, girad en torno; contad sus torres." Poned atención a sus murallas; considerad sus alcázares, para poder contarlo a las generaciones venideras." Poned atención a sus murallas; considerad sus alcázares, para poder contarlo a las generaciones venideras." [ (Psalms 48:15) Porque éste es Dios, nuestro Dios por siempre jamás; El es quien nos guía. Al muth." ] Al maestro de coro. Salmo de los hijos de Coré. ¡Oíd esto, pueblos todos! ¡Prestad oído todos los moradores del orbe: plebeyos y nobles, ricos y pobres juntamente! Mi boca va a proferir (sentencias) sabias, y la meditación de mi corazón, (palabras) sensatas. Tenderé mis oídos al proverbio, y al arpa expondré mi enigma. ¿Por qué he de temer los días de desventura, cuando la iniquidad de los que pisan mis talones me cerca, los que confían en su opulencia y se glorían de la abundancia de sus riquezas? Nadie puede rescatar al hombre de la muerte, nadie puede dar a Dios su rescate;" pues muy caro es el precio de rescate de la vida, y ha de renunciar por siempre a continuar viviendo indefinidamente sin ver la fosa Pues verá cómo los sabios mueren, desaparecen juntamente el necio y el exulto y dejan a otros sus haciendas. Las tumbas son sus casas para siempre, sus moradas de generación en generación, aunque dieron sus nombres a las tierras. Pero el hombre no perdura en su esplendor, es semejante a las bestias, que perecen. Tal es el camino de los que confían en sí mismos, y el fin de los que se complacen en su boca. Selah. Como rebaño son echados al “seol,” la muerte los pastorea, los justos los dominan. A la mañana, su figura se desvanece en el “seol,” lejos de su morada. Pero Dios rescatará mi alma de las manos del “seol,” pues me tomará. Seláh. No temas, pues, cuando un hombre se enriquece y se acrecienta la gloria de su casa. Porque a su muerte nada se llevará consigo, ni le seguirá su gloria. Aunque se haya halagado durante su vida: “Te alabarán porque te trataste bien”, tendrá que irse a la morada de sus padres para no ver jamás la luz. tendrá que irse a la morada de sus padres para no ver jamás la luz. [ (Psalms 49:21) El hombre en esplendor no perdura, y se asemeja a las bestias, que perecen. ] Salmo de Asaf. El Dios de dioses, Yahvé, habla, convoca a la tierra desde el levante al poniente. Desde Sión, dechado de hermosura, Dios se mostró esplendoroso. Viene nuestro Dios, y no en silencio; le precede un fuego devorador, en su derredor cruje furiosa tempestad," Convoca desde arriba a los cielos y a la tierra para juzgar a su pueblo: “¡Reunid a mis piadosos, que sellaron con un sacrificio mi alianza!” Que los cielos promulguen su justicia, porque es Dios el que juzga. ¡Oye, pueblo mío, que te hablo yo; que testimonio contra ti, oh Israel! Yo soy Elohim, tu Dios." No te reprendo por tus sacrificios ni por tus holocaustos, que están siempre ante mí. No tomaré becerros de tu casa, n1 Machos cabríos de tus apriscos;" porque mías son todas las bestias de la selva y los miles de de los montes. Yo conozco todas las aves de los cielos, y todo lo que en el campo se mueve me pertenece. Si tuviera hambre, no te lo diría a ti, porque mío es el mundo y cuanto lo llena. ¿Como yo acaso la carne de los toros? ¿Bebo acaso la sangre de los cabritos? Ofrece a Dios sacrificios de alabanza y cumple tus votos al Altísimo. E invócame en el día de la angustia; yo te libraré y tú me glorificarás." Pero al impío di cele Dios: ¿Quién eres tú para enumerar mis mandamientos y tomar en tu boca mi alianza, tú que aborreces la disciplina y echas a la espalda mis palabras? Si ves a un ladrón, corres con él, y tienes tu parte con el adúltero. -- omitido por paráfrasis -- Abandonas tu boca al mal, y tu lengua urde el engaño. Sentado hablas contra tu hermano, y contra el hijo de tu madre esparces la calumnia. Esto haces, y ¿voy a callarme? ¿Creíste que era yo como tú? Yo quisiera corregirte, poniendo esto ante tus ojos. Entended, pues, los que os olvidáis de Dios, no sea que os destroce, sin que haya quien os libre. El que me ofrece sacrificios de alabanza me glorifica; y a quien sigue el camino, le mostraré la salvación de Dios." Al maestro del coro. Salmo de David. Cuando fue a él el profeta Natán después que pecó con Betsabé. Apiádate de mí, ¡oh Dios! según tu benignidad. Por vuestra gran misericordia borra mi iniquidad7. Lávame enteramente de mi iniquidad y limpíame de mi pecado. Pues reconozco mi transgresión, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti sólo he pecado, he hecho lo malo a tus ojos, para que seas reconocido justo en tu sentencia y seas irreprochable en tu juicio. He aquí que en maldad fui formado y en pecado me concibió mi madre. Puesto que amas la verdad en lo íntimo, ¡instruyeme en el secreto de la sabiduría! ¡Rocíame con hisopo, y seré puro; lávame, y seré más blanco que la nieve!" ¡Hazme escuchar el gozo y la alegría, y saltarán de gozo los huesos que trituraste! ¡Aparta tu faz de mis pecados y borra todas mis iniquidades! Crea en mí, ¡oh Dios! un corazón puro y renueva dentro de mí un espíritu recto. No me arrojes de tu presencia y no quites de mí tu santo espíritu. Devuélveme el gozo de tu salvación, sosténgame un espíritu generoso. Yo enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti. Líbrame de la sangre, Elohirn, Dios de mi salvación, y cantará mi lengua tu justicia. Abre tú, Señor, mis labios, y cantará mi boca tus alabanzas. Porque no es sacrificio lo que tú quieres; si te ofreciera un holocausto, no lo aceptarías." Mi sacrificio, ¡oh Dios! es un espíritu contrito. Un corazón contrito y humillado, ¡oh Dios! no lo desprecias. Mi sacrificio, ¡oh Dios! es un espíritu contrito. Un corazón contrito y humillado, ¡oh Dios! no lo desprecias. [ (Psalms 51:20) Sé benévolo en tu complacencia hacia Sión y edifica los muros de Jerusalén. ] Mi sacrificio, ¡oh Dios! es un espíritu contrito. Un corazón contrito y humillado, ¡oh Dios! no lo desprecias. [ (Psalms 51:20) Sé benévolo en tu complacencia hacia Sión y edifica los muros de Jerusalén. ] [ (Psalms 51:21) Entonces te agradarás de los sacrificios legales, de los holocaustos y oblaciones; entonces ofrecerán becerros sobre tu altar." ] Al maestro del coro. Maskil. De David. Cuando Doeg, idumeo, fue a informar a Saúl, diciendo: David ha ido a casa de Abimelec. ¿Por qué te glorías en tu maldad, héroe de iniquidad? Todo el día tu lengua maquina injusticias, como afilada navaja, artífice de engaños. ¡Amas el mal más que el bien, la mentira más que la justicia;" estimas toda palabra perniciosa, lengua falaz! También Dios te destruirá para siempre; te abatirá y te arrancará de la tienda, te desarraigará de la tierra de los vivos." Verán esto los justos y temerán, y se reirán de él: “He ahí al hombre que no ha puesto a Dios por fortaleza suya, confiando en sus muchas riquezas, haciéndose fuerte en su maldad.” Selah. “He ahí al hombre que no ha puesto a Dios por fortaleza suya, confiando en sus muchas riquezas, haciéndose fuerte en su maldad.” Selah. [ (Psalms 52:10) Mas yo, como olivo verde, (moraré) en la casa de Dios, confiando en la piedad de Dios por siempre jamás. Yo te alabaré (Dios) siempre por lo que has hecho, y esperaré en tu nombre, porque es bueno en la presencia de tus piadosos. ] Al maestro del coro. A la flauta. Maskil. De David. Dice en su corazón el necio: “No hay Dios.” Se han corrompido, hicieron cosas abominables, no hay quien haga el bien. Se inclina Dios desde los cielos hacia los hijos de los hombres í para ver si hay algún cuerdo que busque a Dios. Todos se han descarriado y a una se han corrompido, no hay quien haga el bien; no hay ni uno solo." ¿No saben todos los obradores de iniquidad que comen mi pueblo como comen el pan, que no invocan a Dios? Tiemblan de miedo donde no hay que temer, porque Dios esparcirá los huesos del que te asedia; y tú los cubrirás de ignominia, porque Dios los rechazó." Tiemblan de miedo donde no hay que temer, porque Dios esparcirá los huesos del que te asedia; y tú los cubrirás de ignominia, porque Dios los rechazó." [ (Psalms 53:7) ¿Quién otorgará desde Sión la salvación de Israel? Al hacer retornar Dios a su pueblo, se alegrará Jacob, se gozará Israel. ] Al maestro del coro. A las cuerdas. Maskil. De David. Cuando vinieron los de Zif a decir a Saúl: “¿Es que David no está escondido entre nosotros?” Sálvame, ¡oh Dios! por tu nombre, por tu poder hazme justicia. Oye, ¡oh Dios! mi oración, da oídos a las palabras de mi boca. Porque los soberbios se han levantado contra mí y violentos buscan mi vida. No ponen a Dios ante ellos. Seláh. He aquí que Dios viene en mi ayuda; es el Señor el sostén de mi vida." Vuelve el mal contra mis adversarios. ¡Por tu fidelidad, extermínalos! Vuelve el mal contra mis adversarios. ¡Por tu fidelidad, extermínalos! [ (Psalms 54:8) Gustoso yo te ofreceré sacrificios; alabaré tu nombre, ¡oh Yahvé! porque es bueno." ] Vuelve el mal contra mis adversarios. ¡Por tu fidelidad, extermínalos! [ (Psalms 54:8) Gustoso yo te ofreceré sacrificios; alabaré tu nombre, ¡oh Yahvé! porque es bueno." ] [ (Psalms 54:9) Me libra de toda angustia, y mis ojos han visto a mis enemigos (humillados). ] Al maestro del coro. A las cuerdas. Maskil. De David. Da oídos, ¡oh Dios! a mi oración, no te escondas a mi súplica. Atiende y respóndeme. Estoy abatido en mi tristeza y conturbado. Estoy aturdido por los gritos del enemigo, ante la opresión del malvado, pues me echan encima el infortunio y me persiguen con furor. Me tiembla el corazón dentro del pecho, asáltanme terrores de muerte. Me invade el temblor y el terror, me envuelve el espanto. Y yo digo: ¡Quién me diera alas como de paloma, y volaría y descansaría! ¡Ciertamente huiría lejos y moraría en el desierto! Seláh. ¡Apresuraríame a salvarme del viento impetuoso y de la tempestad! Confunde, Señor, divide sus lenguas, porque veo en la ciudad la violencia y la discordia. Día y noche giran en torno a sus murallas, y en medio de ella la iniquidad y la maldad. Dentro de ella la insidia; de sus plazas no se apartan la mentira y el fraude." Que no es un enemigo quien me afrenta, pues lo soportaría. No es uno de los que me aborrecen el que se insolenta contra mí; me ocultaría de él." Pero eres tú, un hombre como yo, mi familiar y mi conocido, con quien gustaba de secretas confidencias; íbamos juntos entre la turba a la casa de Dios." Los sorprenderá la muerte, descenderán vivos al seol, porque no hay sino maldad en sus moradas, dentro de ellos. Yo, empero, invocaré a Dios, y Yahvé me salvará. A la tarde, a la mañana, al mediodía, yo me quejo y conturbo, y El oirá mi voz. Rescatará mi alma en paz de los que me acosan, pues son muchos contra mí. Dios oirá y los humillará, El que está sentado desde la eternidad. Selah. Porque ellos no se enmiendan y no temen a Dios. Tiende sus manos contra los que con él están en paz, viola su pacto. Es blanda su boca más que la manteca, pero lleva la guerra en su corazón. Son sus palabras más untuosas que el aceite, pero son espadas desenvainadas, Encomienda a Yahvé tu destino, y El te sostendrá, pues no permitirá jamás que el justo vacile. Encomienda a Yahvé tu destino, y El te sostendrá, pues no permitirá jamás que el justo vacile. [ (Psalms 55:24) Pero tú, ¡oh Dios! los harás descender a la fosa de la corrupción. Hombres sanguinarios y dolosos, no llegarán a la mitad de sus días, mas yo confiaré en ti. ] Al maestro del coro. Sobre “la paloma muda de las lejanías.” De David, Miktam: cuando los filisteos le prendieron en Gat3. Apiádate de mí, ¡oh Dios! porque me persiguen los hombres, me oprimen y combaten constantemente. Sin cesar me persiguen mis enemigos, pues son muchos los que me combaten. Oh Altísimo Cuando yo temo4, en ti confío. Con el favor de Dios celebraré su promesa, en Dios me confío y nada temo, ¿Qué podrá hacer un hombre contra mí? Todo el día abominan mis palabras, contra mí sus maquinaciones van al mal. Se conjuran, están al acecho, espían mis pasos, como esperando (acabar con) mi vida. Pésalos, ¡oh Dios! en la medida de su iniquidad, tú que abates a los pueblos en tu cólera. Tú que tienes cuenta de mi vida errante, pon mis lágrimas en tu redoma. ¿No están (escritas) en tu libro? Entonces volverán la espalda mis enemigos, en el día en que te invoque; así sabré que Dios está en mi favor." Con (el favor) de Dios celebraré su promesa, con la ayuda de Yahvé alabaré su palabra. En Dios me confío y nada temo. ¿Qué podrá hacer un hombre contra mí? Yo te debo, ¡oh Dios! mis ofrendas votivas, te ofreceré ofrendas de alabanza, Yo te debo, ¡oh Dios! mis ofrendas votivas, te ofreceré ofrendas de alabanza, [ (Psalms 56:14) Porque libraste mi vida de la muerte, y mis pies de la caída, para que pueda andar en la presencia de Dios, en la luz de los vivientes. ] Al maestro del canto. Sobre “No destruyas.” Miktam. De David, cuando huyó delante de Saúl en la caverna. Ten piedad de mí, ¡oh Dios! ten piedad de mí, porque a ti he confiado mi alma y me ampararé a la sombra de tus alas mientras pasa la desgracia. Yo invocaré al Dios Altísimo, al Dios que me favorece. El mandará de los cielos y me salvará, y confundirá a los que me acosan. Seláh. Mandará Dios su gracia y verdad. Mi alma está en medio de leones, yazgo entre hombres encendidos (en furor), cuyos dientes son lanzas y saetas, cuya lengua es tajante espada Álzate, joh Dios! allá en lo alto de los cielos y haz esplender sobre toda la tierra tu gloria. Tendieron una red a mis pies para que sucumbiera; cavaron ante mí una fosa; fueron ellos los que cayeron en ella. Seláh." Pronto está mi corazón, ¡oh Dios! está mi corazón dispuesto a cantar y entonar salmos. ¡Despierta, gloria mía; despierta, salterio y cítara, y despertaré a la aurora!" Te alabaré entre los pueblos, ¡oh Señor! te cantaré salmos entre las naciones. Porque sobrepasa a los cielos tu benignidad, y a las nubes tu fidelidad. Porque sobrepasa a los cielos tu benignidad, y a las nubes tu fidelidad. [ (Psalms 57:12) Álzate, ¡oh Dios! en lo alto de los cielos; haz esplender en toda la tierra tu gloria." ] Al maestro del coro. Sobre: “No destruyas.” Miktam. De David. ¿Hacéis justicia en verdad, oh jueces? ¿Juzgáis rectamente a los hijos de los hombres? Más bien a sabiendas obráis la iniquidad; vuestras manos hacen que en la tierra domine la violencia." los impíos se han desviado desde el seno (materno); los mentirosos se han extraviado desde el vientre." Tienen veneno como de serpientes, cual áspid sordo, que cierra su oído para no oír la voz de los encantadores, del encantador hábil en encantaciones. Quiébrales, ¡oh Dios! los dientes en la boca; rompe, ¡oh Yahvé! las quijadas de estos leoncillos." Desaparezcan como agua que se va, que se marchiten como musgo que se pisa;" sean como el caracol, que se deslíe caminando; como aborto de mujer, que no ve el sol." Antes que vuestras calderas sientan el fuego de las espinas, verdes o secas, lléveselas el torbellino. Se alegrará el justo al ver el castigo, bañará sus pies en la sangre del impío. Se alegrará el justo al ver el castigo, bañará sus pies en la sangre del impío. [ (Psalms 58:12) Y dirá cada uno: “¡Hay premio para el justo, hay un Dios que hace justicia sobre la tierra!” ] Al maestro del coro. Sobre “No destruyas.” Miktam. De David cuando mandó Saúl vigilar la casa para matarle. ¡Líbrame de mis enemigos, Dios mío! ¡Protégeme contra los que se alzan contra mí! ¡Líbrame de los que obran iniquidad, sálvame de los hombres sanguinarios! Porque he aquí que ponen asechanzas a mi vida y se conjuran contra mí los poderosos;" sin crimen ni pecado de parte mía, ¡oh Yahvé! sin culpa (mía) corren y se preparan. ¡Despierta, ven a mi encuentro y mira! Porque Tú, ¡oh Yahvé de los ejércitos! eres Dios de Israel. Despierta para castigar a todas las gentes, no tengas piedad de los que obran pérfidamente. Seldh. Vuelven por la tarde ladrando como perros y dan vueltas en torno a la ciudad. He aquí que están borbotando a boca llena, y en sus labios tienen espadas: “¿Quién oye?” Pero tú, ¡oh Yahvé! te ríes de ellos, haces burla de todas las gentes. A ti recurro, fortaleza mía, porque, tú, Dios, eres mi refugio. La merced de mi Dios me precederá; Dios me hará ver a mis enemigos (humillados)." No los mates, para que mi pueblo no olvide; hazlos andar vagabundos por tu poder y abátelos, ¡oh Señor, escudo nuestro!" Cada palabra de sus labios es un pecado en su boca. Pero quedarán presos en su arrogancia y en las maldiciones y mentiras que profieren. Acábalos en tu furor, acábalos y dejen de ser, y sepan que hay un Dios que domina en Jacob hasta los confines de la tierra. Seláh. Vuelven por la tarde, ladrando como perros, y dan vueltas en torno a la ciudad. Andan errantes aquí y allá en busca de comida; si no se sacian, aullan." Mas yo cantaré tu poder y de mañana alabaré tu benevolencia, porque fuiste mi refugio y mi amparo en el día de la angustia. Mas yo cantaré tu poder y de mañana alabaré tu benevolencia, porque fuiste mi refugio y mi amparo en el día de la angustia. [ (Psalms 59:18) A ti, fortaleza mía, te cantaré salmos, porque eres, ¡oh Dios! mi refugio. Dios mío, todo benevolencia para mí. ] Al maestro del coro. Sobre “los lirios del testimonio.” Miktam de David. Para ser aprendido. Cuando venció a Aram Naharayim y a Aram de Soba, y se volvió Joab, y derrotó en el Valle de la Sal a doce mil edomitas. Tú, ¡oh Dios! nos rechazaste y nos destrozaste. Te airaste. ¡Restituyenos! Hiciste temblar nuestra tierra y la quebraste. Sana sus quiebras, porque vacila. Hiciste ver a tu pueblo cosas duras, nos diste a beber el vino del vértigo;" has dado una señal a los que te temen para que se recojan ante el arco. Para que sean liberados tus dilectos, sálvanos con tu diestra y óyenos. Dijo Dios por su santidad: “Yo exultaré a Siquem y mediré el valle de Sucot. Mío es Galaad y mío es Manases, y Efraím es el yelmo de mi cabeza; Judá, mi cetro." Moab es la bacía para lavarme; sobre Edom arrojaré mi calzado, y sobre Filistea cantaré yo victoria.” ¿Quién me conducirá a la ciudad fortificada? ¿Quién me llevará a Edom? ¿No serás tú, oh Dios! que nos has rechazado, tú que no sales con nuestros ejércitos? ¿No serás tú, oh Dios! que nos has rechazado, tú que no sales con nuestros ejércitos? [ (Psalms 60:13) Danos tu auxilio contra el enemigo, pues vano es el auxilio del hombre. ] ¿No serás tú, oh Dios! que nos has rechazado, tú que no sales con nuestros ejércitos? [ (Psalms 60:13) Danos tu auxilio contra el enemigo, pues vano es el auxilio del hombre. ] [ (Psalms 60:14) Con Dios haremos proezas, y El aplastará a nuestros enemigos. ] Al maestro del coro. Sobre las cuerdas. Salmo de David. Oye, ¡oh Dios! mi clamor, atiende a mi oración. Desde el cabo de la tierra clamo a ti cuando se angustia mi corazón. Elévame sobre la roca y dame el reposo, pues tú eres mi refugio, la torre fortificada frente al enemigo. Sea yo tu huésped por siempre en tu tabernáculo, me acogeré al amparo de tus alas. Selah. Pues tú, ¡oh Dios! has escuchado mis votos y me diste la heredad de los que temen tu nombre. Añade días a los días del rey, y sus años (duren) de generación en generación. Siéntese siempre a la presencia de Dios y guárdenle la benevolencia y la fidelidad. Siéntese siempre a la presencia de Dios y guárdenle la benevolencia y la fidelidad. [ (Psalms 61:9) Así podré cantar siempre tu nombre, cumpliendo mis votos cada día. ] Al maestro el coro. Sobre Yedutún. Salmo de David. Sólo en Dios se aquieta mi alma, pues de El (viene) mi salvación. El sólo es mi roca y mi salvación, mi ciudadela: no vacilaré jamás. ¿Hasta cuándo habéis de ensañaros contra un hombre, golpeando todos en brecha como contra pared inclinada, como contra muro ruinoso? Sólo buscan derribarle; se deleitan con la mentira; bendicen con su boca, y en su corazón maldicen. Seldh." Sólo en Dios aquiétate, alma mía, porque de El (viene) lo que espero. El solo es mi roca y mi salvación, mi ciudadela: no vacilaré. En Dios está mi salvación y mi gloria; Dios es mi fuerte roca y mi asilo." Confía en El, ¡oh pueblo! en todo tiempo. Derramad ante El vuestros corazones, porque Dios es nuestro asilo. Como un soplo son los hijos del vulgo, una mentira los de abolengo. Puestos en balanza suben, juntos pesan menos que un soplo. No confiéis en la violencia, ni en la rapiña os gloriéis. Si abundan las riquezas, no apeguéis vuestro corazón. Una vez habló Dios, y estas dos cosas le oí: que sólo en Dios está el poder. Una vez habló Dios, y estas dos cosas le oí: que sólo en Dios está el poder. [ (Psalms 62:13) Y en ti, Señor, está la piedad, pues das a cada uno segun sus obras. ] Salmo de David. Cuando estaba en el desierto de Judá. Elohim, tú eres mi Dios; a ti te busco solícito; sedienta de ti está mi alma; mi carne languidece en pos de ti como tierra árida, sedienta, sin aguas." ¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Porque es tu piedad mejor que la vida. Te alabarán mis labios. Así te bendeciré toda mi vida, y en tu nombre alzaré mis manos. Como de medula y de grosura se saciará mi alma, y mi boca te cantará con labios jubilosos. Aun en mi lecho me acuerdo de ti; en ti medito en las vigilias," pues tú eres mi auxilio, y salto de gozo a la sombra de tus alas. Mi alma está apegada a ti, y tu diestra me sostiene. Pero los que buscan perder mi alma irán a las profundidades de la tierra. Serán dados a la espada, serán pasto de chacales. Serán dados a la espada, serán pasto de chacales. [ (Psalms 63:12) Y el rey se gozará en Dios, se gloriarán los que juran en El, pues la boca de los mentirosos se cerrará. ] Al maestro del coro. Salmo de David. Oye, ¡oh Dios! la voz de mis quejas, defiende mi vida del terrible enemigo;" protégeme de la conjuración de los malvados, de la conspiración de los obradores de iniquidad, que afilan como espada su lengua y lanzan como flechas amargas palabras, para tirar en secreto contra el inocente y asaetearle de improviso sin temor. Obstínanse en sus malvados designios, se conciertan para tender ocultamente lazos, diciendo: “¿Quién los verá y escrutará nuestros secretos?” Los escruta el que conoce el interior del hombre, el corazón profundo. Pero disparará Dios contra ellos una saeta, y de improviso serán heridos. Su lengua se volverá contra ellos, y cuantos los vean moverán su cabeza, y temerán todos los hombres, y proclamarán la obra de Dios, y comprenderán su modo de obrar;" y temerán todos los hombres, y proclamarán la obra de Dios, y comprenderán su modo de obrar;" [ (Psalms 64:11) y el justo se regocijará en Yahvé, y en El confiará, y se felicitarán todos los rectos de corazón. ] Al maestro del coro. Salmo de David. Cántico. A ti, ¡oh Dios! se te debe la alabanza en Sión, y a ti el cumplimiento de los votos;" a ti, que escuchas las plegarias, a ti recurren todos los hombres. Prevalecen sobre nosotros las obras de iniquidad, y nuestras transgresiones tú las perdonas. ¡Bienaventurado aquel a quien eliges para estar cerca de ti, habitando en tus atrios! Nos saciaremos de los bienes de tu casa, de la santidad de tu templo. Tú nos respondes fielmente con portentos, ¡oh Dios de nuestra salvación, esperanza de todos los confines de la tierra y de las islas lejanas! Con tu fuerza afirmas los montes, ceñido de tu poder;" aplacas el furor de los mares, y el estrépito de las olas, y el tumulto de los pueblos. Temen tus prodigios los habitantes de los confines, y haces exultar las salidas de la mañana y de la tarde. Tú visitas la tierra y la colmas, en mil maneras la enriqueces. Con grandes ríos y abundantes aguas preparas sus trigos. Pues así lo dispones: regando sus surcos, allanando sus terrones, temperándola con la lluvia y bendiciendo sus gérmenes. Coronas la añada con toda suerte de bienes, y tus sendas destilan abundancia. Chorrean los pastizales del desierto, y los collados se ciñen de alegría. Chorrean los pastizales del desierto, y los collados se ciñen de alegría. [ (Psalms 65:14) Vístense las praderías de rebaños de ovejas, y los valles se cubren de mieses, se lanzan gritos de júbilo y se canta. ] Al maestro del coro. Cántico. ¡Aclamad a Dios la tierra toda Salmodiad la gloria de su nombre, dadle la gloria de alabanza. Decid a Dios: ¡Cuan admirables son tus obras! Por la grandeza de tu poder te lisonjearán tus enemigos. Póstrese toda la tierra ante ti y entone salmos a tu nombre. Seláh. Venid y ved las maravillas de Dios, admirables gestas en favor de los hijos del hombrel0: El transformó el mar en tierra seca, atravesaron el río a pie enjuto. Alegrémonos de ello. El con su poder domina por la eternidad; sus ojos observan a las gentes, a los rebeldes, para que no se levanten contra El. Seláh." Bendecid, ¡oh pueblos! a nuestro Dios; haced oír la voz de sus alabanzas." El ha conservado en vida nuestra alma, no ha dejado que vacilaran nuestros pies. Pues tú, ¡oh Dios! nos has probado, nos has probado como se prueba la plata;" Nos hiciste caer en la red, pusiste grave peso sobre nuestros lomos. Hiciste cabalgar hombres sobre nuestras cabezas. Pasamos por el fuego y por el agua, pero nos sacaste a refrigerio. Entraré en tu casa con holocaustos, te cumpliré mis votos, los que pronunciaron mis labios y profirió mi boca en mi angustia, Te ofreceré en holocausto víctimas pingües con perfume de carneros; te sacrificaré bueyes y machos cabrios, Selah." Vosotros todos cuantos teméis a Dios, venid y escuchad, y os contaré cuanto ha hecho por mí. Le invocaré con mi boca, le cantaré himnos con mi lengua. Si hubiera tenido iniquidad en mi corazón, no me hubiera escuchado el Señor. Pero me oyó Dios y atendió a la voz de mi plegaria. ¡Bendito sea Dios, que no desechó mi oración ni me negó su piedad! Al maestro del coro. A las cuerdas. Salmo. Cántico Apiádese Dios de nosotros y bendíganos, haga resplandecer su faz sobre nosotros. Selah. Para que se conozcan en la tierra tus caminos y tu salvación entre todas las gentes. Alábente, ¡oh Dios! los pueblos, celébrente los pueblos todos. Alégrense las naciones y salten de gozo, porque tú gobiernas a los pueblos con equidad y riges a las naciones de la tierra. Selah. Alábenle, ioh Dios! los pueblos, celébrente los pueblos todos. Dio la tierra sus frutos. Que EIohim, nuestro Dios, nos bendiga. Dio la tierra sus frutos. Que EIohim, nuestro Dios, nos bendiga. [ (Psalms 67:8) Bendíganos Dios, y témanle todos los confines de la tierra. ] Al maestro del coro. Salmo de David. Cántico. ¡Alzase Dios! Se dispersan sus enemigos y huyen a su vista los que le odian. Se desvanecen como se desvanece el humo; como al fuego se funde la cera, perecen los impíos ante la presencia de Dios." ¡Alégrense, por el contrario, los justos y exulten, salten de de júbilo en presencia de Dios! Cantad a Dios, ensalzad su nombre, allanad el camino al que viene cabalgando por el desierto: Yahvé es su nombre; exultad ante El." El padre de los huérfanos, el defensor de las viudas, es Dios en su santo tabernáculo. Dios, que da casa a los desamparados, que pone al libertad a los cautivos. Sólo los rebeldes se quedarán al seco. ¡Oh Dios! Cuando tú salías a la cabeza de tu pueblo, cuando avanzabas por el desierto, Selah, tembló la tierra, y los cielos se derritieron; tembló el Sinaí ante Dios, el Dios de Israel." Tú hacías llover, ¡oh Dios! una lluvia generosa sobre tu heredad, y cuando ésta desfallecía, tú la sostenías. Tu familia habitó en ella; tú preparaste, ¡oh Dios! tus bienes a los menesterosos." Da su voz cíe mando el Señor: vienen en tropel los Cortadores cíe buenas nuevas: “Huyen los reyes de los ejércitos, huyen; aun la mujer casera participa en el botín.” Y mientras vosotros reposáis entre los oviles, las alas de la paloma se han cubierto de plata, y sus plumas, de oro brillante. Al dispersar el Omnipotente por ella a los reyes, cayó la nieve sobre el Selmón. Monte de Dios es el monte de Basan; montaña rica en cumbres la montaña de Basan." ¿Por qué miráis con envidia, montes encumbrados, al monte que eligió Dios para morada suya, en el que por siempre habitará Yahvé? Los carros de Dios son millares de millares; viene entre ellos Yahvé del Sinaí a su santuario." Subiste a lo alto, apresando cautivos, recibiendo hombres como presentes, aun a los rebeldes contra la morada de Yahvé Dios. Bendito sea todos los días el Señor; El lleva nuestra carga, es el Dios de nuestra salvación. Selah." Dios es Dios nuestro para salvar, y a Yahvé, nuestro Señor, pertenecen las salidas de la muerte, pues Dios rompe la cabeza a sus enemigos y el cráneo cabelludo al que persiste en su maldad. Dijo el Señor: “Haré volver de Basan, yo haré volver de las profundidades del mar, para que puedas lavar tus pies en la sangre, y que la lengua de tus perros tenga parte en los enemigos.” Aparece tu cortejo, ¡oh Dios! el cortejo de mi Dios, cíe mi Rey, en el santuario. Preceden los cantores, detrás los músicos, en medio las vírgenes con címbalos. Bendecid a Dios en las asambleas, al Señor de la fuente de Israel. Allí está Benjamín, el más joven, a la cabeza; allí los príncipes de Judá en muchedumbre, allí los príncipes de Zabulón y los de Neftalí." Manda, oh Dios! conforme a tu poder; confirma, ¡oh Dios! lo que has hecho por nosotros." Por tu templo en Jerusalén, te ofrecerán dones los reyes. Espanta a las fieras del cañaveral, la manada de los toros con los novillos de los pueblos; prostérnense con barras de plata; dispersa a los pueblos que se deleitan en la guerra." Vendrán príncipes de Egipto, y Etiopía se apresurará a presentar sus manos a Dios. Reinos de la tierra, cantad a Dios, entonad salmos al Señor. Selah. Al que cabalga sobre los cielos eternos, al que hace oír su voz, su voz potente. Dad a Dios el poder; su majestad está sobre Israel, y su poder sobre las nubes." Dad a Dios el poder; su majestad está sobre Israel, y su poder sobre las nubes." [ (Psalms 68:36) Eres terrible, ¡oh Dios! en tu santuario. Es el Dios de Israel, el que da a su pueblo poder y fuerza. ¡Bendito sea Dios. ] Al maestro del coro. Sobre los “lirios.” De David. Sálvame, ¡oh Dios! porque las aguas han entrado hasta el alma. Húndeme en profundo cieno, donde no puedo hacer pie; me sumerjo en aguas profundas, y me arrastra la corriente." Cansado estoy de clamar, se abrasa mi garganta y desfallecen mis ojos en espera de mi Dios. Son más que los cabellos de mi cabeza los que sin causa me aborrecen; más fuertes que mis huesos los que injustamente me combaten, y tengo que pagar lo que nunca robé." Tú, ¡oh Dios! conoces mi estulticia y no se te ocultan mis pecados. No sean confundidos por mi causa los que en ti esperan, ¡oh Señor Yahvé de los ejércitos! No sean por mí contundidos los que a ti te buscan, ¡oh Dios de Israel! Pues por ti sufro afrentas y cubre mi rostro la vergüenza, He venido a ser extraño para mis hermanos, y extranjero para los hijos de mi madre. Porque me consume el celo de tu casa; los denuestos de los que te vituperan caen sobre mí." Cuando lloro y ayuno, toman pretexto para insultarme. Por vestido me cubro de saco, y he venido a ser fábula para ellos. Cuchichean contra mí los que se sientan en las puertas; soy la cantilena de los bebedores de licores." Yo por eso oro a ti, ¡oh Yahvé! i en tiempo oportuno, joh Dios! Por tu inmensa piedad, escúchame, por la verdad de tu salvación. Sácame del lodo para que no me sumerja, y sea librado de los que me aborrecen y de lo profundo de las aguas. No me anegue el ímpetu de las aguas, no me trague la hondura, no cierre el pozo su boca sobre mí. Óyeme, Yahvé, que es benigna tu piedad; mírame según la muchedumbre de tus misericordias." No escondas de tu siervo tu rostro, porque estoy en angustia: apresúrate a oírme. Acércate a mi alma y redímela; líbrame por causa de mis enemigos." Tú conoces el oprobio, el vituperio, la afrenta que se me hace; todos mis opresores los tienes a tu vista." El oprobio me destroza el corazón y desfallezco; esperé que alguien se compadeciese, y no hubo nadie; alguien que me consolase, y no lo hallé." Diéronme a comer veneno, y en mi sed me dieron a beber vinagre. Sea para ellos su mesa lazo, y tropiezo para sus amigos. Oscurézcanse sus ojos y no vean, y que sus lomos vacilen siempre, Derrama sobre ellos tu ira; alcáncelos el furor de tu cólera;" asoladas sean sus moradas, y no haya quien habite sus tiendas. Porque persiguieron al que tú habías herido y acrecentaron el dolor del que tú llagaste. Añade esta iniquidad a sus iniquidades, y no tengan parte en tu justicia. Que sean borrados del libro de la vida y no sean inscritos con los justos. En verdad que estoy afligido y dolorido; sosténgame, ¡oh Dios! tu ayuda," y cantaré cánticos al nombre de Dios y le ensalzaré con alabanzas. Más gratas a Dios que un becerro, más que un toro de cuernos y uñas. Lo verán los afligidos y se alegrarán, y que viva vuestro corazón, los que buscáis a Dios. Porque oye Yahvé a los indigentes y no desdeña a sus cautivos. Alábenle los cielos y la tierra, los mares y cuanto en ellos se mueve, pues salvará Dios a Sión y reedificará las ciudades de Judá, y habitarán allí y la poseerán. pues salvará Dios a Sión y reedificará las ciudades de Judá, y habitarán allí y la poseerán. [ (Psalms 69:37) Y la heredará la descendencia de tus siervos, y morarán en ella los que aman su nombre. ] Al maestro del coro. De David. Para memoria. Ven, ¡oh Dios! a librarme; apresúrate, ¡oh Yahvé! a socorrerme." Sean confundidos y avergonzados los que buscan mi vida, puestos en huida y cubiertos de ignominia los que se alegran de mi mal. Vuelvan avergonzados la espalda los que gritan: ¡Ea! ¡Ea! Alégrense y regocíjense en ti cuantos te buscan, y sin cesar repitan: “Sea Dios engrandecido,” los que aman tu salvación. Alégrense y regocíjense en ti cuantos te buscan, y sin cesar repitan: “Sea Dios engrandecido,” los que aman tu salvación. [ (Psalms 70:6) Yo soy un pobre menesteroso. Apresúrate, ¡oh Dios! a prestarme auxilio; tú eres mi ayuda y mi libertador; ¡oh Yahvé! no tardes." ] A ti, Yahvé, me acojo; no sea jamás confundido." en tu justicia líbrame y sálvame, inclina a mí tus oídos y sálvame. Sé para mí roca de refugio donde pueda ampararme. Tú has resuelto mi salvación, porque eres mi baluarte y mi fortaleza. Sálvame, Dios mío, de las manos del malvado, de las manos del perverso y del violento. Porque tú, ¡oh Señor! eres mi esperanza, mi confianza desde mi juventud. Sobre ti me apoyé desde el seno, desde las entrañas de mi madre tú fuiste mi apoyo; yo siempre te alabaré." He sido para muchos objeto de asombro, pero tú fuiste mi poderoso asilo. Llénese mi boca de tus alabanzas, de tu gloria continuamente. No me rechaces en el tiempo de la vejez; cuando se debiliten mis fuerzas, no me abandones," Porque hablan contra mí mis enemigos, y los que me espían se conjuran entre sí, diciendo: “Dios le ha dejado; perseguidle y cegedle, que no habrá quien le libre.” ¡Oh Dios! no te alejes de mí; acude presto, ¡Dios mío! en mi socorro." Sean confundidos y exterminados mis enemigos; cúbranse de vergüenza y de ignominia los que buscan mi mal." Yo siempre esperaré, y a tus alabanzas añadiré nuevas alabanzas. Proclamará mi boca tu justicia, todos los días tu salvación, porque no conozco (su) número. Entraré en las proezas del Señor; recordaré, ¡oh Yahvé! sólo tu justicia." Tú, ¡oh Dios, me adoctrinaste desde mi juventud, y hasta ahora he pregonado tus prodigios. No me abandones, pues, ¡oh Dios! en la vejez y en la canicie: f hasta que anuncie tu poderío a esta generación y tus proezas a la venidera, y tu justicia, ¡oh Dios! tan excelsa, porque tú haces grandes cosas. ¿Quién, ¡oh Dios! como tú? Tú me has hecho probar muchas angustias y calamidades, pero de nuevo me darás vida y de nuevo me harás subir de los abismos de la tierra. Acrecienta mi magnificencia y vuelve a consolarme, y yo alabaré, ¡Dios mío! al sonido del arpa, tu fidelidad; te salmodiaré a la cítara, ¡oh Santo de Israel!" Te cantarán mis labios entonando salmos, y mi alma,-por ti rescatada. Mi lengua ensalzará tu justicia todo el día por haber confundido y avergonzado a los que buscan mi mal. De Salomón. Otorga, ¡oh Dios! al rey tu juicio, y tu justicia al hijo del rey, para que juzgue a tu pueblo con justicia, y a tus oprimidos con equidad. Aporten los montes la paz para el pueblo, y los collados la justicia. Haga justicia a los oprimidos del pueblo, salve a los hijos del menesteroso y quebrante a los opresores. Que dure tanto como el sol y (permanezca) ante la luna de generación en generación. Que descienda como la lluvia sobre el césped, como aguaceros que riegan la tierra. Florezca en sus días la justicia y haya mucha paz mientras dure la luna, Que domine de mar a mar, del río hasta los confines de la tierra6. Ante El se inclinarán los habitantes del desierto7 y sus enemigos morderán el polvo. Los reyes de Tarsis y de las islas le ofrecerán sus dones, y los soberanos de Sheba y de Sabá le pagarán tributo. Postraránse ante él todos los reyes y le servirán todos los pueblos. Porque salvará al indigente que implora y al pobre que no tiene quien le ayude. Tendrá piedad del débil y del menesteroso y salvará las almas de los pobres. Rescatará sus almas de la opresión y de la violencia, y será preciosa su sangre a los ojos de él. Que viva, pues, y désele oro de Sheba; que se ore por él continuamente y que se le bendiga todo el día." Habrá abundancia de trigo en el país; en las cimas de los montes ondularán las mieses como (árboles del) Líbano y florecerán en las ciudades como la hierba de la tierra” Será su nombre bendito por siempre; durará mientras dure el sol, i y se bendecirán en él todas las familias de la tierra, y todas las naciones le aclamarán bienaventurado." Sea bendito el nombre de Yahvé, Dios de Israel, el único que hace maravillas. Y bendito sea por siempre su glorioso nombre, y llénese de su gloria toda la tierra. Amén. Amén. Aquí acaban las preces de David, hijo de Jesé. Salmo de Asaf. Ciertamente Dios es bueno para el hombre recto, para los limpios de corazón! Estaban a punto de deslizarse mis pies, por nada resbalaban mis pasos, pues tuve envidia de los insensatos viendo la paz de los impíos. Pues no hay para ellos tormentos; están sanos y rollizos." No tienen parte en las humanas aflicciones y no son atribulados como los otros hombres. Por eso la soberbia los ciñe como collar, y los cubre la violencia como vestido. Sus ojos se les saltan de puro gordos y dejan traslucir los antojos del corazón. Motejan y hablan malignamente, y altaneramente declaran sus propósitos perversos. Ponen su boca en el cielo, y su lengua se agita por la tierra. Por eso el pueblo se vuelve tras ellos, y e sorben ? boca, llena esas aguas, Y dicen: “¿Lo sabe acaso Dios, lo conoce el Altísimo?” Helos ahí: son impíos, pero tranquilos constantemente aumentan la fortuna. En vano, pues, he conservado limpio mi corazón y he lavado mis manos en la inocencia;" y fui flagelado de continuo y castigado cada mañana. Pero si dijere: “Hablaré como ellos,” renegaría de la generación de tus hijos. Púseme a pensar para entender esto, pues era cosa ardua a mis ojos;" hasta que penetré en el misterio de Dios y puse atención a sus postrimerías. Ciertamente los pones tú en resbaladero y los precipitas en la ruina. ¡Cómo en un punto son asolados! Acaban, y son consumidos por el espanto. Son como sueño del que se despierta; y tú, Señor, cuando despertares, despreciarás su apariencia." Cuando se exacerbaba mi corazón y sentía un aguijón en mis riñones, es porque era un necio y no sabía nada; era para ti como un bruto animal." Pero yo estaré siempre a tu lado, pues tú me has tomado de la diestra. Me gobiernas con tu consejo y al fin me acogerás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos? Fuera de ti, en nada me complazco sobre la tierra. Desfallece mi carne y mi corazón; la roca de mi corazón y mi porción es Dios por siempre." Porque los que se alejan de ti perecerán; arruinas a cuantos te son infieles." Pero mi bien es estar apegado a Dios, tener en el Señor Yahvé refugio para poder anunciar todas tus obras (en las puertas de la hija de Sión). Maskil de Asaf. ¿Por qué, ¡oh Dios! nos has rechazado para siempre? ¿Por qué arde tu furor contra las ovejas de tu redil Acuérdate de tu comunidad, que desde antiguo adquiriste, la que redimiste como tribu de tu heredad; del monte Sión, en que pusiste tu morada." Dirige tus pisadas hacia estas ruinas sin fin. El enemigo lo ha saqueado todo en el santuario. Rugían tus enemigos en el lugar de tu asamblea y pusieron allí por trofeos sus enseñas. Parecían como gente que alza el hacha en medio de tupido bosque. Y hasta las esculturas a una destruyeron con hachas y martillos. Prendieron fuego a tu santuario y echaron a tierra y profanaron la morada de tu nombre. Decían en sus corazones: “Destruyámoslos de un golpe.” Han quemado todos los lugares de asamblea de Dios en el país. Ya no vemos señales prodigiosas a favor nuestro; ya no hay ningún profeta, ni nadie entre nosotros que sepa hasta cuándo." ¿Hasta cuándo, ¡oh Dios! insultará el opresor y sin cesar blasfemará tu nombre el enemigo? ¿Por qué retraes tu mano y retienes tu diestra en el seno? Pues Dios es ya de antiguo mi rey, el que obra salvaciones en la tierra. Con tu poder dividiste el mar y rompiste en las aguas las cabezas de los monstruos. Tú aplastaste la cabeza del Leviatán y le diste en pasto a las fieras del desierto. Tú hiciste brotar fuentes y torrentes y secaste ríos caudalosos. Tuyo es el día, tuya es la noche; tú estableciste la luna y el sol." Tú marcaste los límites a la tierra; tú fijaste el verano y el invierno." Acuérdate de esto: el enemigo blasfema de Yahvé, y un pueblo insensato ultraja tu nombre. No entregues a las fieras el alma de tu tortolilla, no tengas por tanto tiempo en olvido a tus afligidos. Mira a tu alianza, pues está la desdichada tierra llena de violencias. Que no se vea confuso el afligido, y el pobre y el menesteroso alaben tu nombre. Álzate, ¡oh Dios! y defiende tu causa. Acuérdate de los ultrajes que continuamente te hace el insensato. No olvides los gritos de tus enemigos, el tumulto siempre creciente de los que se alzan contra ti. Al maestro de coro• Al tasjet. Salmo de Asaf. Cántico2. Dárnoste gracias, ¡oh Dios! dárnoste gracias; invocamos tu nombre y narramos tus proezas." ”Cuando me tome el tiempo (oportuno), juzgaré justamente. Aunque la tierra vacile con todos sus habitantes, yo afirmaría sus columnas. Selah. Yo dije a los arrogantes: No os ensoberbezcáis, y a los impíos: No irgáis vuestra cabeza. No levantéis en alto vuestras frentes, no habléis con erguida cerviz.” Ciertamente, ni de oriente ni de occidente, ni del desierto ni de las montañas (vendrá la salvación). Pues Dios es quien juzga, y a unos humilla y ensalza a otros. Pues tiene Yahvé en su mano el cáliz del espumoso vino lleno de mixtura, y lo derrama sobre unos y otros8; beberán hasta las heces, beberán todos los impíos de la tierra." Mientras que yo siempre cantaré y entonaré salmos al Dios de Jacob. Mientras que yo siempre cantaré y entonaré salmos al Dios de Jacob. [ (Psalms 75:11) Yo quebrantaré toda la fuerza de los impíos, y se acrecentará el poder de los justos. ] Al maestro del coro. A las cuerdas. Salmo de Asaf. Cántico. Dios se da a conocer en Judá, grande es su nombre en Israel. Tiene en Salem su tabernáculo, su morada en Sión. Allí rompe los rayos del arco, el escudo, la espada y todo aparato bélico. Eras resplandeciente y majestuoso más que los montes eternos. Los fuertes de corazón fueron despojados, durmieron su sueño, y no encontraron los hombres de guerra sus manos. A tu amenaza, Dios de Jacob, quedaron pasmados carros y caballos. Eres terrible, y ¿quién puede mantenerse ante ti frente a la violencia de tu cólera? Desde los cielos, tú haces oír la sentencia, y la tierra se estremece y calla. Cuando se levanta Dios para juzgar, para salvar a todos los oprimidos de la tierra. Seldh. Aun el furor del hombre redunda en tu alabanza, y de los salvados de la cólera te ceñirás. Haced votos a Yahvé, vuestro Dios, y cumplidlos; cuantos están en derredor traigan dones al Terrible," Haced votos a Yahvé, vuestro Dios, y cumplidlos; cuantos están en derredor traigan dones al Terrible," [ (Psalms 76:13) pues él abate el coraje de los príncipes y es terrible a los reyes de la tierra. ] Al maestro del coro. Para Iditún. Salmo de Asaf2. Yo alzo mi voz a Dios y clamo, alzo mi voz a Dios y El me escucha. En el día de mi tribulación yo busqué al Señor, y se alzaban a El mis manos sin descanso por la noche. Me acuerdo de Dios y gimo; medito, y languidece mi espíritu. Selah." Tú mantienes abiertos los párpados de mis ojos, y me siento turbado y sin palabras. Pienso en los días antiguos, recuerdo los años lejanos. Medito por la noche en mi corazón, reflexiono e inquiero en mi espíritu: “¿Acaso el Señor (nos) rechazará por los siglos y no volverá a sernos de nuevo favorable? ¿Cesó para siempre su piedad? ¿Se acabó lo que prometió para generaciones y generaciones? ¿Se ha olvidado Dios de hacer clemencia? ¿Cerró airado su misericordia?” Selah. Me digo: “Mi dolor es éste: que se ha mudado la diestra del Altísimo.” Me acuerdo de las obras portentosas de Yahvé, recuerdo tus antiguas maravillas. Medito en todas tus obras y reflexiono sobre tus hazañas. ¡Oh Dios! santos son tus caminos. ¿Qué dios es grande como nuestro Dios? Tú eres el Dios que obras prodigios; tú mostraste tu poder entre los pueblos;" con tu brazo rescataste a tu pueblo: a los hijos de Jacob y de José. Viéronte las aguas, ¡oh Dios! viéronte las aguas y se turbaron, y temblaron los mismos abismos. Arrojaron las nubes las aguas, y dieron los nublados su voz, y tus saetas se dispararon. Estalló tu trueno en el torbellino, alumbraron los relámpagos el orbe, y, sacudida, tembló la tierra. Fue el mar tu camino, y tu senda la inmensidad de las aguas, sin que tus huellas fuesen conocidas. Fue el mar tu camino, y tu senda la inmensidad de las aguas, sin que tus huellas fuesen conocidas. [ (Psalms 77:21) Condujiste como grey a tu pueblo por mano de Moisés y de Aarón. ] MaskiL De Asaf5. Atiende, pueblo mío, a mi enseñanza, dad vuestros oídos a las palabras de mi boca. Abriré en sentencias mi boca, evocaré los arcanos del pasado: lo que hemos oído y sabemos, lo que nos contaron nuestros padres, No lo encubriremos a sus hijos, contando a las generaciones posteriores las glorias de Yahvé y su poderío y los nuestros padres enseñar a sus hijos, -- omitido por paráfrasis -- para que las conociese la generación venidera, y los hijos que habían de nacer se las contasen a sus propios hijos;" para que éstos pusieran en Dios su confianza, y no olvidasen las gestas de Dios, y guardasen sus mandatos, y no se hiciesen como sus padres, gente contumaz y rebelde, generación de corazón inconstante y de espíritu infiel a su Dios. Los hijos de Efraím, muy diestros arqueros, volvieron la espalda el día del combate. No guardaron la alianza de Dios y rehusaron seguir su ley. Dieron al olvido sus gestas y las maravillas que les hizo ver. Ante sus padres habría obrado portentos en la tierra de Egipto, en el campo cíe Tanis. Hendió el mar para darles paso, y paró las aguas corno si les pusiera un dique. Los guiaba de día en la nube, y durante toda la noche con resplandor de fuego. Hendió las rocas en el desierto y les dio a beber copiosas aguas9. Hizo salir arroyos de la piedra, hizo correr las aguas como ríos. Y, con todo, volvieron a pecar contra El y a rebelarse contra el Altísimo en el desierto. Tentaron a Dios en su corazón y pidieron comida a su gusto. Hablaron contra Dios, diciendo: “¿Podrá Dios preparar mesa en el desierto?” Hirió la peña, y brotaron las aguas y fluyeron torrentes. “Pero ¿podrá también darnos pan y preparar en el desierto carne a su pueblo?” Oyólo Yahvé y se indignó, y fuego se encendió contra Jacob y subió la ira contra Israel. Porque no creían en Dios y no confiaban en su salvación. Dio orden a las nubes en lo alto, abrió las puertas del cielo. Y llovió sobre ellos el maná para que comieran, dándoles trigo de los cielos. Comió el hombre pan de fuertes, y les dio comida hasta la saciedad. Hizo soplar en el cielo el viento solano, y con su poder hizo venir el austro, y llover como polvo sobre ellos la carne, como arenas del mar aves aladas. Hízolas caer dentro del campamento y en derredor de las tiendas de éste. Y comieron y se hartaron del todo, y así les dio lo que ansiaban. Pero apenas habían acabado de saciar su avidez y aún tenían en su boca la comida, cuando montó en cólera Dios contra ellos, e hirió de muerte a los robustos y abatió a la flor de Israel. Con todo, volvieron a pecar y no dieron crédito a sus maravillas. Y consumió en un soplo sus días, y sus años con súbitos terrores. Cuando los hería de muerte, le buscaban, se convertían y se apresuraban hacia Dios, acordándose que era Dios su roca, y el Altísimo su redentor. Y le halagaban con su boca, pero con su lengua le mentían, y su corazón no era constante hacia El, ni eran fieles a su alianza. Pero es misericordioso y perdonaba la iniquidad, y no los exterminó, refrenando muchas veces su ira para que no se desfogara su cólera. Se acordó de que eran carne, un soplo que pasa y no vuelve. ¡Cuántas veces le provocaron en el desierto y le contristaron en la soledad! Volvieron a tentar a Dios y enojaron al Santo de Israel. No se acordaban de su mano ni del día en que los redimió de la opresión, ni de cómo obró en Egipto sus prodigios, y sus portentos en la región de Tanis, mudando sus ríos en sangre para que no pudieran beber de sus canales;" mandando contra ellos tábanos que los devorasen y ranas que los infestasen;" dando sus cosechas al pulgón, y los frutos de sus fatigas a la langosta;" devastando con el granizo sus viñas, y sus sicómoros con la piedra;" dando al pedrisco sus ganados, y al rayo sus rebaños. Derramó sobre ellos el ardor de su cólera, la ira, el furor, la angustia, como un tropel de malignos espíritus. Dio vía libre a su enojo; ni substrajo sus almas a la muerte, y abandonó sus vidas a la peste," e hirió a todos los primogénitos de Egipto, a las primicias viriles en las tiendas de Cam. En cambio, sacó a su pueblo como un rebaño y los condujo como grey por el desierto, guiándolos seguros y sin temor, mientras cubría el mar a sus enemigos. Los llevó hasta su santa frontera, al monte este que su diestra conquistó. Arrojó ante ellos a las naciones, y, dividiendo en lotes su heredad, hizo habitar en las tiendas de aquéllos a las tribus de Israel. Pero tentaron e irritaron al Dios Altísimo y no guardaron sus mandatos. Se extraviaron y fueron infieles como sus padres, y se volvieron como arco engañoso. Le irritaron con sus altos y le provocaron con sus esculturas. Lo oyó Dios y se indignó, tomando gran aversión a Israel. Y abandonó el tabernáculo de Silo, la tienda de su morada entre los hombres. Entregó a la cautividad su fuerza, y su magnificencia a las manos del opresor. Entregó su pueblo a la espada y se enfureció contra su heredad. Devoró el fuego a sus jóvenes, y sus vírgenes no tuvieron canto nupcial. Sus sacerdotes cayeron bajo la espada, sin que los lloraran sus viudas. Mas despertóse entonces el Señor corno quien duerme, corno el valiente dominado por el vino, e hirió a sus opresores por la espalda, cubriéndoles de eterna ignominia. Y tomó aversión a la tienda de José, y no eligió a la tribu de Efraím, sino que escogió a la tribu de Judá, el monte de Sión, monte de su predilección. Edificó su santuario alto como los cielos y (firme) como la tierra, que cimentó por los siglos. ? eligió a David, su siervo, y le tomó de las majadas de las ovejas;" de tras de las ovejas de cría le tomó para que apacentase a Jacob, su pueblo; a Israel, su heredad." Y él con corazón íntegro los apacentó, y las condujo con la prudencia de sus manos. Salmo de Asaf. ¡Oh Dios! han entrado las gentes en tu heredad, han profanado tu santo recinto y han reducido a Jerusalén a un montón de escombros. Dieron los cadáveres de tus siervos por pasto a las aves del cielo, y la carne de tus piadosos a las fieras de la tierra. Derramaron como agua su sangre en los alrededores de Jerusalén, sin que hubiese quien les diera sepultura. Somos el escarnio de nuestros vecinos, la irrisión y el ludibrio de los que nos rodean. ¿Hasta cuándo, ¡oh Yahvé! habrás de estar airado para siempre? ¿Arderá como fuego tu celo? Derrama tu ira sobre las gentes que no te conocen, sobre los reinos que no invocan tu nombre;" porque han devorado a Jacob, han asolado sus moradas. No recuerdes para nuestro mal las iniquidades de antaño; apresúrate y sálgannos al encuentro tus misericordias, que estamos abatidos sobremanera." Socórrenos, ¡oh Dios, Salvador nuestro! por la gloria de tu nombre, líbranos y perdona nuestros pecados por tu nombre. ¿Por qué van a decir las gentes: “Dónde está su Dios”? Sea notoria a las gentes y a nuestros ojos la venganza de la sangre derramada de tus siervos. Llegue a tu presencia el gemido de los cautivos; conforme a la grandeza de tu brazo, conserva a los condenados a muerte." Haz recaer sobre nuestros vecinos el séptuplo en su seno, la afrenta con que te escarnecieron, ¡oh Señor! Pero nosotros, tu pueblo, grey de tu pastizal, te alabaremos eternamente y narraremos tus alabanzas de generación en generación. Al maestro del coro. Sobre “los lirios del testimonio.” Salmo de Asaf. ¡Oh Pastor de Israel! apresta el oído. Tú que conduces a José como un rebaño, que te sientas sobre los querubines, muéstrate esplendoroso ante Efraím, Benjamín y Manases. Despierta tu poder, ven y sálvanos. ¡Oh Dios! restaúranos, haz esplender tu rostro, y seremos salvos. ¡Oh Yahvé, Dios de los ejércitos! ¿Hasta cuándo estarás enojado contra la oración de tu pueblo? Les das a comer pan de lágrimas, les haces beber lágrimas en abundancia;" nos has hecho objeto de contienda para nuestros vecinos, y nuestros enemigos se burlan de nosotros. Dios de los ejércitos, restaúranos; haz esplender tu rostro y seremos salvos." Tú arrancaste de Egipto una vid, arrojaste a las gentes y la trasplantaste. Le pusiste en derredor una albarrada, y extendió sus raíces y llenó la tierra. Cubriéronse los montes de su sombra, y sus sarmientos llegaron a ser como los cedros de Dios;" extendió sus ramas hasta el mar, y hasta el río sus retoños. ¿Por qué has derribado su albarrada y la vendimian los que pasan por el camino? La devastan los jabalíes del monte y pastan en ella las bestias del campo. ¡Dios de los ejércitos! vuélvete ya, mira desde los cielos y contempla y visita esta viña. Esta viña que ha plantado tu diestra, el renuevo que tú hiciste fuerte. Los que la abrasan por el fuego y la asolan perezcan por el enojo de tu faz. Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, sobre el hijo de hombre a quien para ti corroboraste;" y no nos apartaremos más de ti; nos darás la vida e invocaremos tu nombre." y no nos apartaremos más de ti; nos darás la vida e invocaremos tu nombre." [ (Psalms 80:20) Yahvé, Dios de los ejércitos, restaúranos; haz esplender tu faz sobre nosotros, y seremos salvos." ] Al maestro del coro. Sobre “la gotea”. De Asaf. Saltad de júbilo en honor de Dios, nuestra fuerza; aclamad al Dios de Jacob." Entonad un cántico, tocad los címbalos, la dulce cítara y el arpa. Haced resonar en el novilunio la trompeta, en el plenilunio, en nuestra fiesta. Porque ésta es la Ley de Israel, el precepto del Dios de Jacob;" un testimonio impuesto a José cuando salió de la tierra de Egipto. Oí un lenguaje que no conocía: “Te he quitado la carga de sobre el hombro; tus manos cesaron de cargar con los cestos." Me gritaste en la tribulación y te liberé, y te respondí oculto entre los truenos, te probé en las aguas de Meribá. Oye, pueblo mío, que quiero amonestarte. ¡Oh Israel, si tú me escucharas! No haya en ti dios ajeno, no adores a ningún dios extranjero. Yo soy Yahvé, tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto; ensancha tu boca, y yo la llenaré." Pero no oyó mi pueblo mi voz, no me obedeció. Y lo abandoné a su obstinado corazón que siguieran sus consejos. ¡Oh si mi pueblo me oyera y marchara Israel por mis caminos! presto humillaría yo a sus enemigos y volvería mi mano contra sus opresores. Le adularían los que aborrecen a Dios, y su tiempo habría pasado para siempre;" Le adularían los que aborrecen a Dios, y su tiempo habría pasado para siempre;" [ (Psalms 81:17) los mantendría de la flor del trigo y de miel (salida) de la roca los saciaría. ] Salmo de Asaf. Está Dios en el consejo divino8, en medio de los dioses juzga: ”¿Hasta cuándo juzgaréis falsamente, haciendo con los impíos acepción de personas?” Selah. Haced justicia al débil y al huérfano; tratad justamente al desvalido y al menesteroso;" librad al débil y al pobre, sacadlo de las garras del impío. Pero no saben ni entienden, andan en tinieblas; vacilan todos los cimientos de la tierra." Yo dije: “Sois dioses, todos vosotros sois hijos del Altísimo;" pero moriréis como hombres, caeréis como cualquiera de los príncipes.” Levántate, ¡oh Dios! juzga la tierra, pues dominas sobre todas las gentes. Cántico. Salmo de Asaf4. No permanezcas silencioso, ¡oh Dios! no enmudezcas, no te aquietes, ¡oh Dios! Mira que bravean tus enemigos y yerguen la cabeza los que te aborrecen. Tienden asechanzas a tu pueblo y se conjuran contra tus protegidos. Dicen: “Venid y borrémoslos de entre las naciones; no haya más memoria del nombre de Israel.” Pues todos a una se han confabulado, se han ligado estrechamente contra ti: las tiendas de Edom y los ismaelitas, Moab y los agarenos, Gebal, Amón y Amalee, los filisteos con los habitantes de Tiro. También se ha unido a ellos Asur, dando su brazo a los hijos de Lot. Seláh. Hazles como hiciste a Madián, a Sisara, a Yabín en el to -rrente Cisón, que fueron exterminados en Endor y vinieron a ser estiércol de la tierra. Trata a éstos y a sus jefes como a Oreb y a Zeb, corno a Zebaj y a Salmaná y a todos sus príncipes, que dijeron: “¡Apoderémonos de las moradas de Dios!” Trátalos, Dios mío, como a hoja arrastrada por el torbellino, como a pajuela llevada por el viento;" como abrasa el fuego la selva y como quema la llama los montes, persigúelos así con tu tormenta, atérralos con tu huracán. Cubre su rostro de ignominia y busquen tu nombre, ¡oh Yahvé! Sean para siempre confundidos y aterrados, sean llenos de vergüenza y perezcan, Sean para siempre confundidos y aterrados, sean llenos de vergüenza y perezcan, [ (Psalms 83:19) y reconozcan que tu nombre es Yahvé y que sólo eres el Altísimo sobre toda la tierra. ] Al maestro del coro. Sobre la “getea.” Salmo de los hijos de Coré. ¡Cuan amables son tus moradas, oh Yahvé de los ejércitos! Mi alma ha suspirado hasta desfallecer por los atrios de Yahvé, mi corazón y mi carne saltan de júbilo por el Dios vivo. Halla una casa el pájaro, y la golondrina donde poner sus polluelos; cerca de tus altares, ¡oh Yahvé de los ejércitos, Rey mío y Dios mío!" Bienaventurados los que moran en tu casa y continuamente te alaban. Seldh. Bienaventurado el hombre que tiene en ti su fortaleza y anhela tus senderos;" aun pasando por el valle de las balsameras, lo convertirán en fuente, como cubierto de las bendiciones de la lluvia otoñal;" y marcharán cada vez más animosos para ver al Dios de los dioses en Sión. Oye mi oración, ¡oh Yahvé de los ejércitos! apresta el oído, ¡oh Dios de Jacob! Selah. Escudo nuestro, Dios, mira y contempla el rostro de tu ungido;" porque más que mil vale un día en tus atrios, y prefiero estar en el umbral de la casa de mi Dios a morar en las tiendas del impío. Porque sol y escudo es Yahvé, Dios, y da Yahvé la gracia y la gloria y no niega los bienes a los que caminan en integridad. Porque sol y escudo es Yahvé, Dios, y da Yahvé la gracia y la gloria y no niega los bienes a los que caminan en integridad. [ (Psalms 84:13) ¡Oh Yahvé de los ejércitos! ¡Bienaventurado el hombre que en ti confía! ] Al maestro de coro. Salmo de los hijos de Corél. Has sido complaciente con tu tierra, ¡oh Yahvé! Has hecho volver a los cautivos de Jacob. Has perdonado la iniquidad de tu pueblo y has ocultado todos sus pecados. Has apartado todo tu furor y has alejado el ardor de tu cólera. Vuélvete a nosotros, Dios de nuestra salvación, y haz cesar tu resentimiento contra nosotros. ¿Vas a estar irritado siempre contra nosotros y vas a prolongar tu cólera de generación en generación? ¿No vas a devolvernos la vida para que tu pueblo pueda gozarse en ti? Haznos ver, ¡oh Yahvé! tu piedad y danos tu ayuda salvadora. Yo escucho lo que dice Dios, Yahvé; que sus palabras son paz para su pueblo y para sus piadosos y para cuantos se vuelven a El de corazón3." Sí, su salvación está cercana de los que le temen, para habitar la gloria en nuestra tierra. Se han encontrado la piedad y la fidelidad, se han dado el abrazo la justicia y la paz;" brota de la tierra la fidelidad y mira la justicia desde los cielos. Yahvé mismo otorgará el bien, y nuestra tierra dará sus frutos. Yahvé mismo otorgará el bien, y nuestra tierra dará sus frutos. [ (Psalms 85:14) Va delante de su faz la justicia, y la paz seguirá sus pasos. ] Oración. De David. Inclina, Yahvé, tus oídos y óyeme, porque estoy afligido y soy un menesteroso. Guarda mi alma, pues que soy tu devoto; salva, mi Dios, a tu siervo, que en ti confía." Ten piedad de mí, ¡oh Yahvé! pues te invoco todo el día. Alegra el alma de tu siervo, porque a ti, ¡Señor! alzo mi alma. Pues tú eres, Señor, indulgente y bueno y de gran piedad para los que te invocan. Escucha, ¡oh Yahvé! mi oración y atiende a la voz de mi plegaria. En el día de mi angustia te llamo, porque me has de escuchar. No hay, Señor, en los dioses semejante a ti, y nada hay que iguale tus obras. Todas las gentes que tú hiciste, vengan, Señor, a postrarse ante ti y honren tu nombre. Pues que tú eres grande y obras maravillas, tú eres el solo Dios. Enséñame, ¡oh Dios! tus caminos, para que ande yo en tu fidelidad y mi corazón únicamente tema tu nombre. Yo te alabaré, Señor, Dios mío, con todo mi corazón, y glorificaré tu nombre por siempre. Pues tu piedad ha sido grande para mí por haber liberado mi alma del fondo del averno. ¡Oh Dios! gentes soberbias se alzan contra mí, una banda de violentos buscan mi alma, y no te prestan ninguna atención9. Pero tú, Señor, eres Dios clemente y compasivo, magnánimo y de gran piedad y fidelidad. Vuélvete hacia mí y ten piedad de mí; fortalece a tu siervo y salva al hijo de tu esclava." Haz conmigo un signo de bondad, y, viéndolo, confúndanse los que me odian; pues tú eres Yahvé, que me socorres y me consuelas." De los hijos de Coré. Salmo-cántico. Fundación suya sobre los santos montes. Ama Yahvé las puertas de Sión más que todas las moradas de Jacob. Muy gloriosas cosas se han dicho de ti, ciudad de Dios. Selah. Contaré a Rahab y a Babilonia entre los que me conocen; he aquí a la Filistea y a Tiro juntamente con Etiopía. ¡Estos allí nacieron!" Y Sión dirá: “Este y el otro han nacido en ella4, y es el Altísimo el que la sostiene.” Inscribirá Yahvé en el libro de los pueblos: “Este nació allí.” Selah. Y cantarán saltando de júbilo: “En ti están mis fuentes todas.” Al maestro del coro. Cántico de los hijos de Coré. Sobre la “enfermedad.” Para la “aflicción.” Maskil. De Ernán ezraíta. ¡Oh Yahvé, Dios mi Salvador! Grito de día y gimo de noche ante ti. Llegue mi oración a tu presencia, inclina tu oído a mi clamor. Pues harta de males está mi alma, y mi vida al borde del sepulcro. Ya me cuentan entre los que bajan a la fosa; soy ya hombre sin fuerzas." Abandonado entre los muertos, como los traspasados que yacen en el sepulcro, de quienes ya no te acuerdas, y que fueron arrancados a tus manos. Hasme puesto en lo profundo de la hoya, í entre las tinieblas, las sombras abismales. Pesa tu ira sobre mí y has desencadenado contra mí todos tus furores. Has alejado de mí a mis conocidos, me has hecho para ellos abominable; estoy encerrado y no tengo salida." Mis ojos languidecen por la aflicción; te invoco, ¡oh Yahvé! todo el día, y tiendo mis manos hacia ti." ¿Harás tú ya prodigio alguno para los muertos? ¿Se levantarán las sombras para alabarte? ¿Contará alguno en el sepulcro tu piedad y en el averno tu fidelidad?. ¿Será conocido prodigio alguno tuyo en las tinieblas, ni tu justicia en la tierra del olvido? A ti clamo, pues, ¡oh Yahvé! y mis plegarias van a ti desde la mañana. ¿Por qué, ¡oh Yahvé! me rechazas y me escondes tu rostro? Soy un mísero afligido y lánguido desde mi mocedad, soportando tus terrores hasta desfallecer. Derrámanse sobre mí tus furores y me aniquilan tus espantos. Todo el día me rodean como aguas, y todas a una me envuelven. Todo el día me rodean como aguas, y todas a una me envuelven. [ (Psalms 88:19) Has alejado de mí amigos y compañeros, y son mis parientes las tinieblas. ] Maskil. De Etán ezraíta. Cantaré siempre lats piedades cíe Yahvé y daré a conocer por mi boca de generación en generación tu fidelidad. Porque dijiste: “La piedad es eterna.” Cimentaste en los cielos tu fidelidad. “He hecho alianza con mi elegido, he jurado a David, mi siervo: Afirmaré por siempre tu prole y estableceré tu trono por generaciones.” Seláh. Los cielos cantan tus maravillas, ¡oh Yahvé I, y tu fideli-dad en la asamblea de los santos. ¿Quién sobre las nubes comparable a Yahvé, quién semejante a Yahvé entre los hijos de Dios? Terrible es Dios en el consejo de los santos, grande y formidable sobre todos los que le rodean. Yahvé, Dios de los ejércitos, ¿quién como tú? Eres poderoso, oh Yahvé! ceñido de tu fidelidad. Tú dominas la soberbia del mar; cuando se embravecen sus olas, tú las contienes." Tú hollaste a Rahab como a un traspasado, y con la fuerza de tu brazo dispersaste a tus enemigos. Tuyos son los cielos, tuya la tierra; el orbe y cuanto lo llena tú lo formaste," Tú creaste el aquilón y el austro; el Tabor y el Hermón saltan (al oír) tu nombre." Tú tienes un brazo lleno de vigor; fuerte es tu mano, y excelsa tu diestra." La justicia y el juicio son el sostén de tu trono, y la piedad y la verdad tus heraldos, Bienaventurado el pueblo que sabe exclamar: andará, ¡oh Yahvé! a la luz de tu faz. Se alegrarán cada día en tu nombre y se enorgullecerán en tu justicia. Porque tú eres el esplendor de nuestra fuerza, y por tu benevolencia se acrecienta nuestro poderío. Pues de Yahvé es nuestro escudo, y nuestro rey del Santo de Israel. Tú en otro tiempo hablaste en visión a tus piadosos, y dijiste: “He dado mi ayuda a un valiente, he exaltado a un elegido del pueblo;" he hallado a David, mi siervo; le he ungido con mi óleo consagrado," al que mi mano sostendrá constantemente y mi brazo fortalecerá. No le sorprenderá enemigo ni le abatirá el inicuo. Exterminará ante él a sus opresores y quebrantará a los que le aborrecen. Serán con él mi fidelidad y mi piedad, y en mi nombre se alzara su poder. Pondré su mano en el mar, y su diestra en los ríos. El me invocará, diciendo: “Tú eres mi padre, mi Dios y la Roca de mi salvación.” Y yo le haré mi primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra. Yo guardaré con él eternamente mi piedad, y mi alianza con él será fiel. Haré subsistir por siempre su descendencia, ( y su trono como los días del cielo. Si traspasan sus hijos mi Ley y no caminan según mis juicios, si violan mis preceptos y no guardan mis mandamientos, castigaré con la vara sus transgresiones y con azotes sus iniquidades. Pero no apartaré de él mi piedad ni faltaré a mi fidelidad. No quebrantaré mi alianza y no retractaré cuanto ha salido de mis labios. Una cosa he jurado por mi santidad, no engañaré a David. Su descendencia durará eternamente, y su trono (permanecerá) ante mí cuanto el sol, y como la luna subsistirá eternamente, y será testigo fiel en la nube.” Pero, con todo, has rechazado, despreciado, y te has irritado contra tu ungido. Has roto la alianza con tu siervo, has profanado, (echando) a tierra, su diadema. Has abierto brechas en todas las murallas, has reducido a escombros sus fortalezas. Cuantos pasan por el camino la saquean; es el oprobio de sus vecinos." Has robustecido la diestra de sus opresores, has alegrado a todos sus adversarios. Has embotado el filo de su espada y no le has socorrido en el combate. Has hecho desvanecer su brillo, echando por tierra su trono. Has acortado los días de su juventud y le has cubierto de oprobio. ¿Hasta cuándo, Yahvé, estarás siempre escondido y arderá tu ira como fuego? Acuérdate de cuan breve es la vida y de cuan para poco hiciste a todos los hijos de los hombres. ¿Quién es el hombre que viva y no haya de ver la muerte? ¿Quién puede librar su alma del poder del “seol”? ¿Dónde están tus antiguas piedades, ¡oh Señor! las que por tu fidelidad juraste a David? Acuérdate, Señor, del oprobio de tus siervos y de cómo llevo yo en mi seno las afrentas de los pueblos, las que arrojan tus enemigos, oh Yahvé! sobre los pasos de tu ungido. las que arrojan tus enemigos, oh Yahvé! sobre los pasos de tu ungido. [ (Psalms 89:53) Bendito sea Yahvé por siempre. Amén. Amén. ] Oración de Moisés, varón de Dios. Señor, tú has sido refugio para nosotros de generación en generación. Antes de ser engendrados los montes y de ser formada la tierra y el orbe eres tú, ¡oh Dios! desde la eternidad y para siempre. Haces volver al hombre al polvo, diciendo: “Volved, hijos de Adán!” Porque mil años son a tus ojos como el día de ayer, que pasó; como una vigilia de la noche." Los arrebatas; son como un sueño mañanero, como hierba que se marchita:" a la mañana florece y crece, a la tarde se corta y se seca. Pues nos consume tu ira y nos conturba tu indignación. Has puesto nuestras iniquidades frente a ti, nuestros (pecados) secretos a la luz de tu faz, Pues todos nuestros días transcurren bajo tu ira, y acaban nuestros años como un suspiro. La duración de nuestros años es de setenta, y óchenla en los más robustos; pero en su mayor parte no son más que penas y vaciedad, porque pasan veloces, y volamos." ¿Quién conoce el poder de tu cólera y tu indignación en lo que debes ser temido? Enséñanos, pues, a contar nuestros días para que lleguemos a tener un corazón sabio. Vuélvete, ¡oh Yahvé! ¿hasta cuándo?., y ten compasión de tus siervos. Sacíanos, desde la mañana, de tu gracia, para que exultemos y nos alegremos todos los días. Alégranos por tantos días que nos humillaste, por tantos años como probamos la desgracia. Que tu obra sea vista de tus siervos, y tu magnificencia (brille) sobre sus hijos. Sea sobre nosotros la suavidad de Yahvé, nuestro Dios, y confirma la obra de nuestras manos a nuestro favor. Sí, afianza la labor de nuestras manos. El que habita al amparo del Altísimo y mora a la sombra del Todopoderoso, diga a Dios: “Tú eres mi refugio y mi ciudadela, mi Dios, en quien confío.” Pues El te librará de la red del cazador y de la peste extermin adora;" te cubrirá con sus plumas, hallarás seguro bajo sus alas, y su fidelidad te será escudo y adarga. No tendrás que temer los espantos nocturnos, ni las saetas que vuelan de día, ni la pestilencia que vaga en las tinieblas, ni la mortandad que devasta en pleno día. Caerán a tu lado mil, y a tu derecha diez mil; a ti no te tocará." Con tus mismos ojos mirarás, y verás el castigo de los impíos. Teniendo a Yahvé por refugio tuyo, al Altísimo por tu asilo, no te llegará la calamidad ni NC acercará la plaga a tu tienda. Pues te encomendará a sus ángeles para que te guarden en todos tus caminos, y ellos te levantarán en sus palmas para que tus pies no tropiecen en las piedras;" pisarás sobre áspides y víboras y hollarás al leoncillo y al dragón. “Porque se adhirió a mí, yo le libertaré; yo le defenderé, porque conoce mi nombre." Me invocará él, y yo le responderé; estaré con él en la tribulación, le libertaré y le glorificaré." Le saciaré de días y le haré ver mi salvación.” Salmo. Cántico. Para el día del sábado. Bueno es alabar a Yahvé y cantar a tu nombre, ¡oh Altísimo! publicar de mañana tu piedad y de noche tu fidelidad, al salterio decacordio y a la lira, con las melodías del arpa. Pues me has alegrado, ¡oh Yahvé! con tus hechos, y me gozo en las obras de tus manos. ¡Qué magníficas son tus obras, oh Yahvé! ¡Cuan profundos son tus pensamientos! No conoce esto el hombre necio, no entiende esto el insipiente. Si germinan los impíos como la hierba y florecen todos los obradores de iniquidad, es para ser destruidos por siempre jamás. Pero tú eres excelso por la eternidad, ¡oh Yahvé! Pues he aquí que tus enemigos, ¡oh Yahvé! perecerán, y serán dispersados todos los que obran el mal. Pero exaltarás mi cuerno como el del búfalo y me ungirás de fresco óleo, y mis ojos contemplarán a mis enemigos8, y mis oídos oirán a los malvados que se alzan contra mí. Florecerá el justo como la palmera, crecerá como el cedro del Líbano. Plantado en la casa de Yahvé, florecerá en los atrios de nuestro Dios. Fructificarán aun en la senectud, y estarán llenos de savia y verdor Fructificarán aun en la senectud, y estarán llenos de savia y verdor [ (Psalms 92:16) para anunciar cuan recto es Yahvé, mi Roca, en el que no hay iniquidad. ] Reina Yahvé, se vistió de majestad, vistióse de poder Yahvé y se ciñó; cimentó el orbe: no se conmoverá." Firme tu trono desde el principio, desde la eternidad eres tú. Alzan los ríos, ¡oh Yahvé! elevan los ríos su voz, alzan los ríos su estrépito. Más que los bramidos de las aguas tumultuosas, más que los furores del mar es magnífico Yahvé en la alturas. Tus testimonios son verídicos en grado sumo; conviene a tu casa la santidad, ¡oh Yahvé! por el transcurso de los días." ¡Dios de las venganzas, Yahvé; Dios de las venganzas, muéstrate!" Álzate, Juez de la tierra; da a los soberbios su merecido." ¿Hasta cuándo los impíos, ¡oh Yahvé! hasta cuándo los impíos triunfarán, hablarán proterva y jactanciosamente y discursearán con arrogancia todos los obradores de iniquidad? Aplastan, Yahvé, a tu pueblo, oprimen a tu heredad. Asesinan a la viuda y al peregrino, y a los huérfanos dan muerte. Y se dicen: “No ve Yahvé, no entiende el Dios de Jacob.” Entended, necios del pueblo; vosotros, fatuos, ¿cuándo seréis cuerdos?" El que hizo el oído, ¿no va a oír?; y el que formó el ojo, ¿no va a ver?" El que instruye a las gentes, ¿no va a reprender? El que enseña al hombre la sabiduría... Conoce Yahvé los pensamientos de los hombres (y sabe) cuan vanos son. Bienaventurado el hombre a quien tú educas, ¡oh Yahvé! al que instruyes por tu ley, para que esté tranquilo en los días aciagos, en tanto que se cava para el impío la fosa. Pues no abandona Yahvé a su pueblo, no desampara su heredad, sino que devolverá la justicia al juicio, y en pos de ella (irán) los rectos de corazón. ¿Quién se levantará por mí contra los malvados? ¿Quién estará conmigo contra los obradores de iniquidad? Si Yahvé no me hubiera ayudado, por poco habitaría ya mi alma en la morada del silencio. Apenas decía yo: “Vacilan mis pies,” tu piedad, ¡oh Yahvé! me sostenía. Y en las muchas angustias de mi corazón, alegraban mi alma tus consuelos. ¿Puede ser acaso. aliado tuyo el tribunal de malvados que forja la iniquidad bajo pretexto de ley? Conspiran contra el alma del justo y condenan la sangre inocente. Pero Yahvé es para mí una ciudadela, y mi Dios es la Roca de mi salvación. El arrojará sobre ellos su misma perversidad, y con su misma malicia los aniquilará; los hará perecer Yahvé, nuestro Dios." ¡Venid, cantemos jubilosamente a Yahvé! Cantemos golosos a la Roca de nuestra salvación! Lleguémonos a El con alabanzas, aclamémosle con salmos. Porque Dios grande es Yahvé, Rey grande sobre todos los dioses, que tiene en sus manos las profundidades de la tierra y suyas son también las cumbres de los montes. Suyo es el mar, pues El lo hizo; suya la tierra, formada por sus manos." Venid, póstremenos en presencia de El, doblemos nuestra rodilla ante Yahvé, nuestro Hacedor. Porque El es nuestro Dios, y nosotros el pueblo que El apacienta y el rebaño que El guía. Si pudierais hoy oír su voz: “No endurezcáis vuestro corazón como en Meribá, como el día de Masa en el desierto, donde me tentaron vuestros padres, me probaron a pesar de haber visto mis obras. Cuarenta años anduve desabrido de aquella generación, y tuve que decirme: Este es un pueblo de extraviado corazón, que desconoce mis caminos. Por eso les juré en mi ira que no entrarían en mi reposo.” Cantad a Yahvé un cántico nuevo, cantad a Yahvé la tierra toda. Cantad a Yahvé y bendecid su nombre, anunciad de día en día su salvación. Contad su gloria entre las gentes, en todos los pueblos sus maravillas. Porque grande es Yahvé y digno de toda alabanza, terrible sobre todos los dioses, pues todos los dioses de los pueblos son vanos ídolos; pero Yahvé hizo los cielos." Delante de El la majestad y la magnificencia, en su santuario la fortaleza y el esplendor. Dad a Yahvé, oh familias de los pueblos! dad a Yahvé la gloria y el poderío. Dad a Yahvé la gloria de su nombre, tomad ofrendas y venid a sus atrios. Inclinaos ante Yahvé con ornamentos santos. ¡Tema ante El toda la tierra! Decid entre las gentes: “¡Reina Yahvé!” Pues El afirmó el orbe, y no se conmueve. Juzga con equidad a los pueblos. Alégrense los cielos, regocíjese la tierra, truene el mar y cuanto en él se contiene. Salte de júbilo el campo y cuanto hay en él, y exulten todos los árboles de la selva ante la presencia de Yahvé, que viene, porque viene a juzgar la tierra” Regirá el orbe con justicia, y a los pueblos con equidad. Yahvé reina! Gócese la tierra, alégrense las muchas islas. Hay en torno de El nube y calígine; la justicia y el juicio son la base de su trono." Precédele fuego, que abrasa en derredor a todos sus adversarios;" sus rayos alumbran el mundo; tiembla la tierra al verle." Derrítense como cera los montes ante Yahvé, ante el Señor de toda la tierra. Anuncian los cielos su justicia, y todos los pueblos ven su gloria. Quedan confundidos todos los adoradores de los simulacros, los que se glorían de sus ídolos. Se postran ante El todos los dioses. Oyó Sión y se alegró; regocijáronse las hijas de Judá por tus juicios, ¡oh Yahvé!" Porque tú eres, Yahvé, el Altísimo sobre toda la tierra, inmensamente ensalzado sobre todos los dioses. Aborreced el mal los que amáis a Yahvé, que El guarda las almas de los piadosos, librándolos de la mano de los impíos. Ya alumbra la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón. Alegraos en Yahvé, ¡oh justos! y alabad su santo recuerdo. Salmo. Cantad a Yahvé un cántico nuevo, porque El ha hecho maravillas; han vencido su diestra y su santo brazo." Ha manifestado Yahvé su salvación y ha revelado su justicia a los ojos de las gentes. Se ha acordado de su benignidad y de su fidelidad a la casa de Israel; todos los confines de la tierra vieron la victoria de nuestro Dios." Saltad de júbilo ante Yahvé toda la tierra, haced resonar los gritos, las ovaciones y los salmos. Cantad a Yahvé con la cítara, con el arpa y con voces de cantos. Con las trompetas y sones de bocina, saltad de júbilo ante el rey Yahvé. Resuene el mar y cuanto él contiene, el mundo y todos sus habitantes. Batan palmas los ríos, regocíjense a su vez los montes delante de Yahvé, que viene a juzgar la tierra, y juzgará el mundo con justicia y a los pueblos con equidad. ¡Yahvé reina! ¡Tiemblen los pueblos! Se asienta entre los querubines; la tierra vacila." Grande es Dios en Sión y excelso sobre todos los pueblos. Que alaben tu nombre, grande y temible: es el Santo. Y tú eres el Rey poderoso que ama la justicia: tú estableciste la rectitud y el derecho, tú hiciste en Jacob justicia. Ensalzad a Yahvé, nuestro Dios, y postraos ante el escabel de sus pies: ¡es el Santo! Moisés y Aarón (fueron) entre sus sacerdotes, y Samuel con los que invocan su nombre; invocaban a Yahvé, y El los respondía." Les hablaba en columna de nube, y guardaban sus testimonios y la Ley que les dio. ¡Oh Yahvé, Dios nuestro Tú los escuchabas, y fuiste para ellos un Dios indulgente, aunque castigaste sus pecados. Ensalzad a Yahvé, nuestro Dios, y postraos ante su monte santo, porque Santo es Yahvé, nuestro Dios. Salmo de acción de gracias. Aclamad a Yahvé la tierra toda, Servid a Yahvé con júbilo, venid gozosos a su presencia. Sabed que Yahvé es Dios, que El nos hizo, y suyos somos: su pueblo y la grey de su pastizal. Entrad por sus puertas dándole gracias, en sus atrios alabándole; dadle gracias y bendecid su nombre." Porque bueno es Yahvé; es eterna su piedad, y perpetua por todas las generaciones su fidelidad." Salmo de David. Quiero cantar tu piedad y justicia; a ti, ¡oh Yahvé! voy a entonar salmos." Quiero entender el camino de los íntegros. ¿Cuándo vendrás a mí? Andaré yo en integridad de corazón en mi casa. No pondré ante mis ojos cosa vil *; aborrezco el proceder de los apóstatas, no se me pegará." Lejos de mí estará el corazón perverso; no conozco al malvado." Reduciré al silencio al que en secreto detrae a su prójimo; no toleraré al de altivos ojos y corazón soberbio." Pondré mis ojos en los fieles de la tierra para hacerlos morar conmigo. Los que andan por el camino de la rectitud serán mis ministros. No habitará en mi casa el que comete fraude; el que habla mentirosamente no permanecerá ante mí." De mañana haré perecer a todos los impíos de la tierra, y exterminaré de la ciudad de Yahvé a todos los obradores de iniquidad. Plegaria de un afligido que desfallece y se lamenta ante Yahvé. Escucha, ¡oh Yahvé! mi oración y llegue a ti mi clamor. No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia; inclina tus oídos a mí: cuando te invoco, apresúrate a oírme." Pues se desvanecen como humo mis días y se tuestan mis huesos como en horno. Marchitado como hierba se deseca mi corazón, pues me olvido de comer mi pan. Por la voz de mi gemido se pegan mis huesos a la piel. Me asemejo al pelícano del desierto; soy como buho entre las ruinas." Me desvelo y sollozo como pájaro solitario sobre el tejado. Todo el día se burlan de mí mis enemigos, se enfurecen contra mí y me execran. Como el pan como si fuera ceniza, y mi bebida se mezcla con lágrimas. Por tu indignación y tu ira, porque me cogiste y me lanzaste, mis días son como sombra que se inclina, y me seco como hierba. Pero tú, Yahvé, te sientas en tu trono por siempre, y tu memoria permanece por generaciones y generaciones. Tú te alzarás y tendrás misericordia de Sión, porque tiempo es ya de que le seas propicio, pues ha llegado el plazo. Porque aman tus siervos sus piedras y se compadecen de sus ruinas. Entonces temerán las gentes el nombre de Yahvé, y todos los reyes de la tierra tu gloria, Cuando reedifique Yahvé a Sión, cuando aparezca en su gloria y, volviéndose a la oración de los despojados, no desprecie su plegaria, esto se escribirá para la generación posterior, y un pueblo nuevo alabará a Yahvé. Pues se ha inclinado desde su excelsa santa morada, mirando Yahvé desde los cielos a la tierra para escuchar el gemido de los cautivos y librar a los destinados a la muerte, para que sea anunciado en Sión el nombre de Yahvé y sus alabanzas en Jerusalén, cuando se congreguen juntos los pueblos y los reinos para servir a Yahvé. En el camino quebrantó mis fuerzas, abrevió mis días. Yo digo: “Dios mío, no me lleves en la mitad de mis días, tú cuyos años son generaciones y generaciones. En tiempos antiguos fundaste la tierra, y obra de tus manos son los cielos;" pero éstos perecerán y tú permanecerás, mientras todos se gastan como un vestido. Los mudas como un vestido, y se cambian. Pero tú siempre eres el mismo, y tus años no tienen fin. Pero tú siempre eres el mismo, y tus años no tienen fin. [ (Psalms 102:29) Habitarán los hijos de tus siervos allí y permanecerá ante ti su posteridad. ] De David. ¡Bendice, alma mía, a Yahvé, y bendiga todo mi ser su santo nombre! ¡Bendice, alma mía, a Yahvé y no olvides ninguno de sus favores El perdona todas tus faltas y sana todas tus dolencias;" El rescata tu vida del sepulcro y te corona de piedad y de misericordia;" El sacia de bienes tus deseos, renueva tu juventud como la del águila. Hace Yahvé justicia, y juicio a todos los oprimidos. Dio a conocer a Moisés sus caminos, y sus proezas a los hijos de Israel. Es Yahvé misericordioso y benigno, tardo a la ira y muy benevolente. No está siempre acusando ni guarda rencor eternamente. No nos trata a la medida de nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras iniquidades. Sino que cuanto sobre la tierra se alzan los cielos, tanto prevalece su piedad sobre los que le temen;" cuan lejos está el oriente del occidente, tanto aleja de nosotros nuestras culpas;" cuan benigno es un padre para sus hijos, tan compasivo es Dios para con los que le temen;" pues El conoce de qué hemos sido hechos, se acuerda de que no somos más que polvo. Los días del hombre son como la hierba; como flor del campo así florece," pero sopla sobre ella el viento, y ya no es más; ni se sabe siquiera su lugar." Pero la piedad de Yahvé es eterna para los que le temen, y su justicia para los hijos de los hijos, para los que guardan su alianza y recuerdan sus mandamientos para ponerlos por obra. Ha establecido Yahvé en los cielos su trono, y su reino domina todo (el universo). Bendecid a Yahvé vosotros, sus ángeles, que sois poderosos y cumplís sus órdenes, prontos a la voz de su palabra. Bendecid a Yahvé vosotros, todas sus milicias, que le servís haciendo su voluntad. Bendecid a Yahvé todas sus obras en cualquier lugar de su imperio. ¡Bendice, alma mía, a Yahvé! ¡Bendice, alma mía, a Yahvé! Yahvé, Dios mío! tú eres grande; estás revestido de majestad y esplendor," envuelto de luz como de un manto; despliegas los cielos como una tienda;" edificas sobre las aguas tus moradas superiores. Haces de las nubes tu carro, avanzando sobre las alas del viento. Tienes por mensajeros a los vientos, y por ministros llamas de fuego. Has establecido la tierra sobre sus bases, para que nunca después vacilara. La cubriste del océano abismal como de un vestido, y las aguas se detuvieron sobre los montes. A tu amenaza huyeron, al fragor de tu trueno huyeron asustados, y se alzaron los montes y se abajaron los valles hasta el lugar que les habías señalado. Pu-sísteles un límite, que no traspasarán, no volverán a cubrir la tierra. Tú haces brotar en los valles los manantiales, que corren luego entre los montes. Ellos abrevan a todos los del campo y en ellos matan su sed los onagros, Junto a ellos se posan las aves del cielo, que cantan en la fronda. De tus altas moradas riegas los montes, y del fruto de tus obras se sacia la tierra. Hace nacer la hierba para las bestias, y las plantas para el servicio del hombre, para sacar de la tierra el pan;" y el vino, que alegra el corazón del hombre, y el aceite, que hace lucir sus rostros, y el pan, que sustenta el corazón del hombre. Se sacian los árboles de Yahvé, los cedros del Líbano que plantó, en los cuales anidan los pájaros; f y los cipreses, domicilio de las cigüeñas;" los altos montes para las gamuzas, los riscos para madriguera del damán. Tú has hecho la luna para medir los tiempos; el sol conoce (la hora de) su ocaso." Tú extiendes las tinieblas, y es de noche, y en ella corretean todas las bestias del bosque. Rugen los leoncillos por la presa, pidiendo a Dios así su alimento. Sale el sol, y se retiran y se acurrucan en sus cuevas. Sale el hombre a sus labores, a sus haciendas hasta la tarde. ¡Cuántas son tus obras, oh Yahvé! ¡Todas las hiciste con sabiduría! Está llena la tierra de tu riqueza: éste es el mar, grande, inmenso; allí reptiles sin número, pequeños y grandes," Allí las naves se pasean, y ese Leviatán que hiciste para juguete tuyo. Todos ellos esperan de ti que les des alimento a su tiempo. Tú se lo das y ellos lo toman; abres tu mano y se sacian de bien." Si tú escondes tu rostro, se conturban; si les quitas el espíritu, expiran y vuelven al polvo." Si mandas tu espíritu, se recrían, y así renuevas la faz de la tierra. Sea eterna la gloria de Yahvé y Yahvé gócese en sus obras. Mira la tierra, y tiembla; toca los montes, y humean." Yo cantaré a Yahvé mientras viva; entonaré salmos a mi Dios mientras subsista." Séale grato mi hablar, y yo me gozaré en Yahvé. ¡Desaparezcan de la tierra los pecadores y dejen de ser los impíos! Bendice, alma mía, a Yahvé. Aleluya. Alabad a Yahvé, invocad su nombre, dad a conocer entre los pueblos sus proezas. Cantadle y entonadle salmos, referid todas sus maravillas, Gloriaos en su santo nombre, alégrese el corazón de los que buscan a Yahvé. Buscad a Yahvé y su poder, buscad siempre su rostro. Recordad las maravillas que ha obrado, sus prodigios y las sentencias de su boca. Vosotros, descendencia de Abraham, su siervo; hijos de Jacob, su elegido." El es Yahvé, nuestro Dios, y sus juicios (prevalecen) en toda la tierra. Se acordó siempre de su alianza y de la promesa decretada por mil generaciones;" el pacto hecho con Abraham, y su juramento a Isaac;" y confirmó a Jacob como ley firme, y a Israel como alianza eterna diciendo: “Yo te daré la tierra de Canaán como lote de vuestra heredad.” Aunque eran pocos en número, casi como nada, y extranjeros en ella, pasaron de una a otra nación y de un reino a otro pueblo. No dejó que nadie los oprimiera, y castigó por ellos a reyes: “No toquéis a mis ungidos, no hagáis mal a mis profetas.” Llamó al hambre sobre aquella tierra, hizo que faltara todo mantenimiento y mandó delante de ellos a un varón, a José, vendido como esclavo. Fueron puestos en el cepo sus pies, y fue encadenado con hierros;" hasta que se realizó su presagio y le acreditó la palabra de Yahvé. Mandó el rey que lo soltasen; el dominador de pueblos le dejó en libertad;" y le hizo señor de su casa y soberano de todas sus posesiones, para instruir a su agrado a los príncipes y enseñar sabiduría a los ancianos. Y vino Israel a Egipto, habitó Jacob en la tierra de Cam;" y multiplicó grandemente su pueblo e hizo que fuesen más fuertes que sus opresoras. Cambió su corazón para que odiaran a su pueblo y para vejar dolosamente a sus siervos. Mandó a Moisés, su siervo, y a Aarón, su elegido. E hizo por medio de ellos sus prodigios y sus portentos en la tierra de Cam. Mandó a las tinieblas, y se hizo oscuro; pero se rebelaban contra sus órdenes;" convirtió en sangre sus aguas, y mató sus peces. Hormigueó de ranas su tierra, hasta en las cámaras de sus reyes. Mandó, y vinieron los tábanos y los mosquitos a todas sus regiones. Les dio granizo en vez de lluvia, y llamas de fuego sobre su tierra. Y abatió sus viñas y sus higuerales, destrozando los árboles de su territorio. Mandó, y vino la langosta y el pulgón en gran número, que royeron toda la hierba de su país y devoraron los frutos del campo. E hirió a todos los primogénitos en su tierra, las primicias de su vigor viril. Y sacólos con plata y oro, y no había entre sus tribus ningún rezagado. Alegróse Egipto de su partida, porque se había apoderado de ellos su terror. Les tendió como cubierta una nube, y un fuego para alumbrarlos en la noche. A su petición hizo venir las codornices, y los sació de pan del cielo. Hendió la roca y brotaron las aguas, que corrieron como un río por el desierto. Porque se acordó de su santa promesa y de Abraham, su siervo. Así sacó a su pueblo en alegría y a sus elegidos llenos de gozo. Y les asignó las tierras de las gentes, y se posesionaron de las haciendas de los pueblos, para que guardaran sus preceptos y observaran sus leyes. Aleluya. ¡Aleluya! Alabad a Yahvé porque es bueno, porque es eterna su piedad. ¿Quién podrá contar las gestas de Yahvé y pregonar todos sus loores? Bienaventurados los que observan el derecho, los que obran justicia en todo tiempo. Acuérdate de mí, ¡oh Yahvé! en tu benevolencia hacia tu pueblo; visítame con tu auxilio" para que vea la dicha de tus elegidos, y me alegre en el gozo de tu gente, y me gloríe con tu heredad. Hemos pecado como nuestros padres; hemos sido malos y perversos." Nuestros padres en Egipto no entendieron tus maravillas, no recordaron tus muchos favores y se rebelaron contra el Altísimo en el mar Rojo. Pero los salvó por mor de su nombre, para hacer muestra de su poder. Increpó al mar Rojo, y quedó seco, y los hizo andar por los abismos como por el desierto;" los salvó de las manos del que los aborrecía, y los redimió del poder del enemigo. Y las aguas sumergieron a sus opresores, no escapando ni uno solo. Entonces dieron fe a sus palabras y cantaron sus alabanzas. Pero bien pronto se olvidaron de sus obras, no confiaron en sus designios. Dejáronse llevar de su concupiscencia en el desierto y tentaron a Dios en la soledad. Y les dio lo que pedían, pero mandó la consunción a sus almas6. Envidiaron a Moisés en el campamento y a Aarón, el santo de Yahvé. Y se abrió la tierra y se tragó a Datan, y cubrió a los secuaces de Abirón. Y el fuego devoró a su banda; las llamas consumieron a los impíos." Se hicieron un becerro en Horeb y adoraron a un simulacro fundido, y trocaron su gloria por la imagen de un buey que come hierba. Se olvidaron de Dios, su Salvador, que tan grandes cosas había hecho en Egipto, maravillas en la tierra de Cam, cosas terribles junto al mar Rojo. Y ya hubiera decretado exterminarlos si Moisés, su elegido, rio se hubiese puesto en la brecha ante El para desviar su indignación del exterminio. Despreciaron una tierra deleitosa, no tuvieron confianza en sus palabras. Y murmuraron en sus tiendas y no escucharon la voz de Yahvé. Por eso alzó su mano contra ellos, para postra ríos en el desierto y dispersar a su descendencia entre las gentes y diseminarlos por la tierra. Y se adhirieron a Baal-fegor y comieron los sacrificios de los muertos. Y le provocaron a ira con sus obras; y se difundió entre ellos una mortandad." Levantóse Finés e hizo justicia, y la plaga cesó. Y le fue contado esto a justicia, de generación en generación para siempre. Le irritaron también a propósito de las aguas de Meribá, y le sobrevino mal a Moisés por culpa de ellos, porque exacerbaron su espíritu y habló temerariamente con sus labios. No exterminaron a los pueblos, como se lo había mandado Yahvé;" antes se mezclaron con las gentes y adoptaron sus costumbres. Y sirvieron a sus ídolos, que fueron para ellos un lazo. Sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios;" derramaron sangre inocente: la sangre de sus hijos y de sus hijas, sacrificándolos a los ídolos de Canaán, y quedó la tierra contaminada por su sangre. Se contaminaron por sus obras y se prostituyeron con sus acciones. Y se encendió la ira de Yahvé contra su pueblo, y abominó de su heredad. Y los entregó en manos de las gentes, quedando sometidos a los que los odiaban. Y fueron vejados por sus enemigos y doblegados bajo su mano. Muchas veces los libraba, pero ellos le exasperaban con sus veleidades, y eran humillados por sus iniquidades. Mas él vio sus tribulaciones y oyó sus lamentos. Y se acordó de su alianza con ellos, y por su mucha bondad se apiadó de ellos. Y les hizo objeto de sus misericordias en presencia de cuantos los tenían en cautiverio. ¡Sálvame, Yahvé, Dios nuestro, y reúnenos de entre las gentes, para celebrar tu santo nombre y gloriarnos en tus alabanzas! Bendito sea Yahvé, Dios de Israel, de eternidades en eternidades, y diga todo el pueblo: ¡Amén! ¡Aleluya! ¡Alabad a Yahvé, porque es bueno, porque es eterna su piedad! Digan así los rescatados de Yahvé, los que El redimió de manos del opresor y los que reunió de entre las tierras: del oriente y del occidente, del aquilón y del austro. Andaban errantes por el desierto solitario, sin hallar camino para ciudad habitada. Hambrientos y sedientos, desfallecían en ellos sus almas. Y clamaron a Yahvé en su angustia, y los libró de sus apreturas. Y los llevó por camino derecho, para que llegaran a la ciudad habitada. ¡Alaben a Dios por su piedad, por las maravillas hechas en favor de los hijos de los hombres! Porque sació al famélico, y al hambriento le llenó de sus bienes. Estaban sentados en tinieblas y sombras de muerte, cautivos en la miseria y en los hierros, porque se habían rebelado contra los mandamientos de Dios, despreciando los consejos del Altísimo. Su corazón estaba abatido por el infortunio, y sucumbían sin tener quien los socorriese;" y clamaron a Yahvé en su angustia, y los salvó de sus apreturas. Y los sacó de las tinieblas y de las sombras de muerte, rompiendo sus cadenas. Rindan homenaje a Yahvé por su piedad y por los maravillosos favores que hizo a los hijos de los hombres: por haber roto puertas de bronce y haber desmenuzado barras de hierro. Dolientes por su conducta pecaminosa y enfermos por sus maldades, toda comida les producía náuseas, estando ya a las puertas de la muerte. Y clamaron a Yahvé en su angustia, y los libró de sus apreturas. Mandó su palabra, y los sanó y los sacó de la perdición . Den gracias a Dios por su piedad y por los maravillosos favores que hace a los hijos de los hombres. Y ofrézcanle sacrificios de alabanza y, llenos de júbilo, publiquen sus obras. Los que surcan el mar en las naves para hacer su negocio en la inmensidad de las aguas, también éstos vieron las obras de Yahvé y sus maravillas en el piélago. El mandó surgir un viento huracanado, y levantó las olas. Subían hasta los cielos y bajaban hasta los abismos. El alma de ellos se derretía por el mal. Rodaban y vacilaban como ebrios, y toda su pericia se desvanecía. Y clamaron a Yahvé en su angustia, y los libró de sus apreturas. Tornó el huracán en céfiro, y las olas se calmaron. Alegráronse porque se habían encalmado, y los guió al deseado puerto. Den gracias a Dios por su piedad y por los maravillosos favores que hace a los hijos de los hombres. Y ensálcenle en la asamblea del pueblo y glorifíquenlo en el consejo de los ancianos. El torna en desierto los ríos; las fuentes de aguas, en tierra árida;" hace de la tierra fértil un salobral por la maldad de sus habitantes” Torna el páramo en laguna, y la tierra seca en manantiales de aguas. Hace habitar allí a los hambrientos y funda allí ciudad de morada;" siembran campos y plantan viñas, que dan frutos abundantes. Los bendice y se multiplican sobremanera, y sus ganados no disminuyen. Y si vienen a ser pocos y oprimidos por el golpe del infortunio y de las fatigas, El, que puede arrojar el oprobio sobre los príncipes y los hace errar por el desierto sin camino, levanta al pobre de la miseria y multiplica como rebaños sus familias. Lo ven los rectos y se regocijan, y todos los malvados tienen que cerrar la boca. ¿Quién es sabio y guarde estas cosas y comprenda los favores de Yahvé? Cántico. Salmo de David. Pronto está rni corazón, ¡oh Dios! Quiero cantar y entonar salmos. Despierta, gloria mía; despertad, salterio y cítara, y despertaré a la aurora." Quiero alabarte entre los pueblos, ¡oh Yahvé! y cantarte salmos entre las naciones. Pues es más grande que los cielos tu misericordia y (llega) hasta las nubes tu fidelidad. Álzate sobre los cielos, ¡oh Dios! y resplandezca en toda la tierra tu gloria, para que sean libertados tus amados. Danos el auxilio de tu diestra y óyenos. Habló Dios por su santidad: “Yo triunfaré, dividiré a Siquem y mediré el valle de Sucot. Mío es Galaad, mío Manases; Efraím es el yelmo de mi cabeza, Judá mi cetro." Moab la bacía para lavarme; sobre Edom pondré mi calzado, por la Filistea daré gritos de triunfo.” ¿Quién me guiará a la ciudad fortificada, quién me llevará hasta la Idumea? ¿No eres por ventura tú, ¡oh Dios! que nos has rechazado, y no sales ya, ¡oh Dios! con nuestros ejércitos? Danos tu auxilio contra el enemigo, porque vana es la salud que viene del hombre. Danos tu auxilio contra el enemigo, porque vana es la salud que viene del hombre. [ (Psalms 108:14) Con Dios haremos proezas; El quebrantará a nuestros enemigos." ] Al maestro del coro. Salmo de David. Dios, alabanza mía, no calles, porque la boca del impío y del doloso se abre contra mí. Me hablan con lengua engañosa. Rodéanme de palabras de odio y me combaten sin causa En pago de mi amor me acusaban, y yo no hago más que orar. Me vuelven mal por bien, y odio por amor. Suscita contra él al malvado y esté a su diestra el acusador. Cuando se le juzgue, salga condenado, y por pecado sea tenida su plegaria. Sean pocos sus días y otro ocupe su empleo. Sean huérfanos sus hijos, y su mujer viuda. Vaguen errantes sus hijos y mendiguen, sean arrojados de sus (casas) arruinadas. Enrede el acreedor cuanto tiene y róbenle extraños (el fruto de) su trabajo. No tenga nadie que le favorezca ni quien tenga compasión de sus huérfanos;" sea dada su posteridad al exterminio, bórrese su nombre en una generación. ¡Venga en memoria ante Yahvé la culpa de sus padres y no sea borrado el pecado de su madre Estén siempre presentes a Yahvé, y extirpe de la tierra la memoria de ellos. Porque no se acordó de hacer misericordia, sino que persiguió al mísero y al desvalido, y al de atribulado corazón para llevarle a la muerte. Amó la maldición, venga sobre él; no quiso la bendición, aléjese de él." Vista la maldición cual un vestido, penetre como agua en sus entrañas y como aceite en sus huesos. Sea para él como vestido que le envuelva y como cinto que siempre le ciña. Tal sea la recompensa de Yahvé para los que me acusan y para los que hablan malamente contra mi alma. Pero tú, Yahvé, mi Señor, obra en mi favor por tu nombre, líbrame según la bondad de tu misericordia;" pues yo soy un mísero desvalido, y mi corazón está herido en mi interior. Me voy como sombra que declina, soy sacudido como la langosta. Mis rodillas se debilitan por el ayuno, y mi carne, enflaquecida, desfallece. Soy el oprobio de ellos; me miran y mueven la cabeza." ¡Ven en mi socorro, Yahvé, Dios mío; sálvame en tu piedad!" Conozcan que en esto está tu mano, que eres tú, Yahvé, quien lo ha hecho. Maldicen ellos, pero tú bendices; ellos se yerguen, pero serán confundidos, y tu siervo se alegrará." Se vestirán de ignominia los que me acusan y se cubrirán de vergüenza como con un manto. Yo alabaré grandemente a Yahvé con mi boca y le loaré en medio de la muchedumbre;" porque se pone a la derecha del pobre, para salvarle de los que le juzgan su alma. Salmo de David. Oráculo de Yahvé a mi Señor: “Siéntate a mi diestra en tanto que pongo a tus enemigos por escabel de tus pies.” Extenderá Yahvé desde Sión tu poderoso cetro6: “Domina en medio de tus enemigos.” Tu pueblo (se ofrecerá) espontáneamente en el día de tu poder; sobre los montes sagrados será para ti como rocío del seno de la aurora tu juventud.” Ha jurado Yahvé y no se arrepentirá: “Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.” El Señor estará a tu diestra, quebrantando reyes el día de su ira. Juzgará a las gentes, llenando (la región) de cadáveres; aplastará la cabeza sobre la vasta tierra." En el camino beberá del torrente, y por eso erguirá la cabeza. ¡Aleluya! Alef Quiero alabar a Yahvé de todo corazón Bet en compañía de los rectos y en la asamblea. Guímel Grandes son las obras de Yahvé, Dalet dignas de investigarse para los que en ellas se deleitan. He Su obra es esplendor y magnificencia, Wau y su justicia permanece para siempre. Zain Hizo memorables sus maravillas; Jet Yahvé es clemente y compasivo." Tet Dio de comer a los que le temen, Yod acordándose siempre de su alianza. Kaf Mostró a su pueblo el poderío de sus obras, Lamed dándoles la heredad de las gentes. Mem Verdad y justicia son las obras de sus manos; Nun son verídicos todos sus preceptos;" Sdmec establecidos para siempre, eternamente, Ayin instituidos en verdad y rectitud. Pe Envió la redención a su pueblo, Sade ratificó eternamente su alianza. Qof Su nombre es santo y terrible. Res El principio de la sabiduría es el temor de Yahvé. Sin Son de buen juicio los que (la) practican. Tan Su alabanza permanece por siempre. ¡Aleluya! Alef Bienaventurado el varón que teme a Yahvé Bet y se deleita en gran manera en sus mandamientos Guímel Su descendencia será poderosa sobre la tierra, Dalet y la generación de los justos será bendecida. He Habrá en su casa hacienda y riquezas, Wau y su justicia permanecerá por siempre. Zain En las tinieblas resplandece como luz para los rectos; Jet es clemente, compasivo y justo." Tet Le va bien al varón que tiene piedad y presta, Yod y lleva sus negocios conforme a derecho. Kaf Pues nunca titubeará; Lamed el justo será para eterna memoria." Mem No temerá la mala nueva; Nun su corazón estará firme, confiado en Yahvé." Samec Constante será su corazón impávido, Ayin en tanto que verá a sus enemigos (vencidos). Pe Es generoso y distribuye a los pobres; Sade su justicia permanece para siempre. Qp/Su poder se exaltará gloriosamente." Res Verá (esto) el impío y se irritará; Sin rechinará sus dientes y se consumirá. Tau Los deseos del impío se frustrarán." ¡Aleluya! Alabad, siervos de Yahvé, alabad el nombre de Yahvé. Sea bendito el nombre de Yahvé desde ahora y por siempre. Desde el levante del sol hasta su ocaso sea ensalzado el nombre de Yahvé. Excelso sobre todas las gentes es Yahvé; su gloria es más alta que los cielos." ¿Quién semejante a nuestro Dios, que tan alto se sienta y se abaja para mirar en el cielo y en la tierra;" que levanta del polvo al desvalido y alza del estiércol al pobre para hacerle sentar entre los príncipes, entre los nobles de su pueblo;" que hace habitar en casa a la estéril (como) madre gozosa de (numerosos) hijos? ¡Aleluya! Al salir Israel de Egipto, la casa de José de un pueblo bárbaro, hizo de Judá su santuario, y de Israel su imperio. Viole el mar, y huyó; el Jordán se echó para atrás;" dieron saltos los montes como carneros, y los collados como corderos. ¿Qué tienes, ¡oh mar! que huyes; tú, Jordán, que te echas atrás?" Vosotros, montes, que retozáis como carneros, y vosotros, collados, como corderos. Ante la faz del Señor tiembla, ¡oh tierra! ante la faz del Dios de Jacob;" que cambia la roca en lago de aguas, y del sílex saca fuentes de aguas. No a nosotros, Yahvé, no a nosotros, sino a tu nombre has de dar gloria, por tu piedad y tu fidelidad. ¿Por qué han de decir las gentes: “Dónde está su Dios”? Está nuestro Dios en los cielos, y puede hacer cuanto quiere. Sus ídolos son plata y oro, obra de la mano de los hombres;" tienen boca, y no hablan; ojos, y no ven;" orejas, y no oyen; narices, y no huelen;" sus manos no palpan, sus pies no andan; no sale de su garganta un murmullo." Semejantes a ellos serán los que los hacen y todos los que en ellos confían. Casa de Israel, confía en Yahvé: El es su ayuda y su escudo. Casa de Aarón, confía en Yahvé; El es su ayuda y su escudo." Los temerosos de Yahvé confiad en Yahvé; El es su ayuda y su escudo." Acuérdate, Yahvé, de nosotros y bendícenos: bendice a la casa de Israel, bendice a la casa de Aarón;" bendice a los que temen a Yahvé, a los pequeños y a los grandes. Acrézcaos Yahvé a vosotros, a vosotros y a vuestros hijos, Benditos seáis de Yahvé, que hizo el cielo y la tierra. Los cielos son cielos para Yahvé; la tierra se la dio a los hijos de los hombres." No son los muertos los que alabarán a Yahvé, ni cuantos bajaron a (la región del) silencio. pero nosotros alabaremos a Yahvé desde ahora y para siempre. ¡Aleluya! Le amo, porque oye Yahvé la voz de mis súplicas, porque inclinó a mí sus oídos en el día en que le invoqué. Prendido me habían los lazos de la muerte, me habían sorprendido las ansiedades del “seol”; yo había encontrado la angustia y la tristeza" E invoqué el nombre de Yahvé: “¡Libra, oh Yahvé, a mi alma!” Yahvé es compasivo y justo, y nuestro Dios es misericordioso. Guarda, Yahvé, a los sencillos; estaba yo debilitado y me salvó." Vuelve, alma mía, a tu quietud, porque Yahvé te ha retribuido. Pues libró mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la vacilación. Andaré en presencia de Yahvé en la tierra de los vivientes. Lleno estaba de confianza, aun cuando decía: “Estoy en demasía afligido.” Habíame dicho en mi abatimiento: “Todos los hombres son engañosos.” ¿Qué podré yo dar a Yahvé por todos los beneficios que me ha hecho? Levantaré el cáliz de la salvación e invocaré el nombre de Yahvé;" cumpliré los votos que he hecho a Yahvé en la presencia de todo su pueblo. Es cosa preciosa a los ojos de Yahvé la muerte de sus piadosos. Oh Yahvé! Siervo tuyo soy, siervo tuyo e hijo de una esclava tuya. Tú rompiste mis cadenas. Te ofreceré sacrificio de alabanza e invocaré el nombre de Yahvé. Cumpliré mis votos hechos a Yahvé, en la presencia de todo su pueblo, en los atrios de la casa de Yahvé, en medio de ti, Jerusalén. ¡Aleluya! Alabad a Yahvé las gentes todas, alabadle todos los pueblos;" por que poderosamente (se ha manifestado) sobre nosotros su piedad y la verdad de Yahvé (permanece) para siempre. ¡Aleluya! Alabad a Yahvé, porque es bueno, porque es eterna su piedad. Diga la casa de Israel: porque es eterna su piedad. Diga la casa de Aarón: que es eterna su piedad. Digan los temerosos de Yahvé: que es eterna su piedad. En la angustia invoqué a Yahvé, y me escuchó, poniéndome en salvo. Está por mí Yahvé: ¿Qué puedo temer? ¿Qué podrá hacerme el hombre? Está Yahvé por mí como socorro mío; contemplaré (despectivamente) a los que me odian." Mejor es confiar en Yahvé que confiar en los hombres;" mejor acogerse a Yahvé que fiar en los príncipes. Todas las gentes me cercaban, y en nombre de Yahvé las he descuartizado. Me rodeaban, me cercaban, y en nombre de Yahvé las trituraba. Me rodeaban como (enjambre de) abejas, quemaban como fuego las espinas, pero en nombre de Yahvé las trituraba. Fui fuertemente empujado para que cayera, pero fue Yahvé mi auxilio. Yahvé es mi fortaleza y a El le canto salmos; fue para, mí la salvación." Voces de júbilo y de victoria (resuenan) en las tiendas de los justos; la diestra de Yahvé ha hecho proezas;" la diestra de Yahvé ha sido ensalzada; la diestra de Yahvé ha hecho proezas." No moriré, sino que viviré para poder narrar las gestas de Yahvé. Castigóme rigurosamente Yahvé, pero no me entregó a la muerte. Abridme las puertas de la justicia, y entraré por ellas para alabar a Yahvé. Esta es la puerta de Yahvé: entran por ella los justos. Te alabo porque me oíste y fuiste para mí la salvación. La piedra que rechazaron los constructores ha sido puesta por cabecera angular. Obra de Yahvé es ésta, y es admirable a nuestros ojos. Este es el día que hizo Yahvé. ¡Alegrémonos y jubilemos en El! ¡Oh Yahvé, sálvanos! ¡Oh Yahvé, haznos prosperar! ¡Bendito quien viene en el nombre de Yahvé! Nosotros os bendecimos desde la casa de Yahvé. Yahvé es Dios; El nos ilumina. Ordenad la procesión con frondas, (trayéndolas) hasta los cuernos del altar." Tú eres mi Dios, yo te alabaré; mi Dios, yo te ensalzaré." Alabad a Yahvé, porque es bueno, porque es eterna su piedad. Alef- Bienaventurados los de conducta íntegra, los que caminan en la ley de Yahvé. Bienaventurados los que guardan sus testimonios y con todo su corazón le buscan. Los que no cometieron iniquidad alguna y marchan por sus caminos. Tú has promulgado tus preceptos para que sean guardados con diligencia. ¡Ojalá sean firmes mis caminos en la guarda de tus preceptos! Entonces no seré confundido, cuando atienda a todos tus mandatos. Te alabaré con rectitud de corazón, instruido en tus justos juicios. Guardaré tus mandamientos; no me abandones del todo." Bet- ¿Cómo mantendrá el joven la limpieza de su camino? Guardando tu palabra. Yo te he buscado con todo mi corazón; no permitas que me aparte de tus preceptos." He escondido en mi corazón tu oráculo para no pecar contra ti. ¡Bendito seas, oh Yahvé! Enséñame tus preceptos. Con mis labios he pregonado todos los decretos de tu boca. Me he alegrado por el camino de tus testimonios más que por todas las riquezas. Quiero meditar tus preceptos, prestar atención a tus sendas. Me deleitaré en tus estatutos, no olvidaré tu palabra. Guímel- Concede a tu siervo vivir y que guarde tus preceptos. Abre mis ojos para que contemple las maravillas de tu ley. Soy peregrino en la tierra, no me encubras tus mandamientos. Languidece mi alma, deseando en todo tiempo tus decisiones. Tú increpas a los soberbios, y son malditos cuantos se desvían de tus mandamientos. Aparta de mí el oprobio y el desprecio, pues he guardado tus testimonios. Aunque se sienten príncipes hablando contra mí, tu siervo meditará tus estatutos. Sí, tus testimonios son mis delicias, mis consejeros tus estatutos. Dálet- Pegada al polvo está mi alma: conserva mi vida según tu palabra. Te expuse mis andanzas, y me escuchaste; ¡enséñame tus estatutos!" Haz que entienda los caminos de tus mandamientos y pueda meditar sobre tus maravillas. Se derrite mi alma de pesadumbre; levántame tú según tu palabra." Aparta de mí el camino de la mentira y otórgame la gracia de tu ley. Elegí la senda de la verdad y no olvidé tus juicios. Estoy adherido a tus testimonios; ¡oh Yahvé! no permitas que sea confundido." Correré por el camino de tus mandamientos, pues tú ensancharás mi corazón. He- Instruyeme, ¡oh Yahvé! en el camino de tus mandatos, para que los guarde hasta el fin. Dame entendimiento para que guarde tu ley. y la guarde de todo corazón. Haz que vaya por la senda de tus mandamientos, pues en ella me complazco. Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia. Haz que pasen sin ver la vanidad mis ojos, dame la vida con tu palabra. Manten para con tu siervo tu oráculo, que (prometiste) a los que te temen. Aparta de mí el oprobio que temo, pues tus juicios son para bien. Mira que he anhelado tus preceptos; guarda mi vida en tu justicia." Wau- Venga, pues, sobre mí tu piedad, ¡oh Yahvé! tu salvación según tu palabra, para que pueda responder a los que me increpan que he esperado en tu palabra. No quites jamás de mi boca las palabras de verdad, pues esperé en tus juicios. Que guarde constantemente tu ley por siempre jamás. Que marche con holgura, porque he buscado tus preceptos. De tus testimonios hablaré ante los reyes, no me avergonzaré. Me deleitaré en tus mandamientos, que es lo que amo. Alzaré mis manos a tus mandatos y meditaré en tus decretos. Zain-. Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me hiciste esperar. Este es mi consuelo en mi aflicción: que tu palabra me da la vida. Los orgullosos mucho se han burlado de mí, pero no me he apartado de tu ley. Me acuerdo de tus juicios de tiempo antiguo, ¡oh Yahvé! y me consuelo. Se apodera de mí la indignación porque los impíos abandonan tu ley. Fueron mis cantos tus estatutos en la casa de mi peregrinación. De noche me acuerdo de tu nombre, ¡oh Yahvé! y guardo tu ley. Esta ha sido mi suerte: guardar tus preceptos. Jet-. Mi porción es Yahvé; he resuelto guardar tu palabra." De todo corazón te imploro que me seas propicio según tu práculo. He considerado mis caminos, y vuelvo mis pies a tus testimonios. Me apresuro y no me retraso en guardar tus mandamientos. Las ligaduras de los impíos me estrecharon, pero yo no me olvidé de tu ley. Me levanto a medía noche para alabarte por tus justos juicios. Compañero soy de cuantos te temen y guardan tus preceptos. La tierra está llena, ¡oh Yahvé! de tu piedad; enséñame tus estatutos." Tet-. Obraste benignamente con tu siervo, ¡oh Yahvé! según tu palabra. Enséñame el buen sentido y la ciencia, pues creo en tus mandamientos. Antes de ser afligido andaba descarriado, pero ahora guardo tu oráculo. Tú eres bueno y bienhechor: enséñame tus estatutos. Traman engaños contra mí los soberbios, pero yo guardo con todo corazón tus preceptos. Craso está como sebo su corazón, pero yo tengo en tu ley mis delicias. Bien me ha estado ser humillado para aprender tus estatutos. Mejor me es la ley de tu boca que miles (de monedas) de oro y de plata. Yod-. Tus manos me hicieron y me formaron; dame entendimiento para aprender tus mandamientos." Los que te temen, me ven y se alegran porque he esperado en tu palabra. Conozco, ¡oh Yahvé! que son justos tus juicios, y que con razón me afligiste. Sírvame tu piedad de consuelo, según tu oráculo a tu siervo. Venga a mí tu misericordia y reviviré, porque tu ley es mi delicia. Confundidos sean los soberbios, que sin razón me afligen; pero yo meditaré en tus mandamientos." Vuelvan a mí los que te temen, y los que conocen tus testimonios. Sea íntegro mi corazón en tus estatutos para no ser confundido. Kaf-. Desfallece mi alma (ansiosa) de tu salvación, confío en tu palabra* Consúmense mis ojos por tu oráculo, diciendo: “¿Cuándo me consolarás?” Porque estoy como odre puesto al humo, pero no olvido tus estatutos. ¿Cuántos serán los días de tu siervo? ¿Cuándo harás justicia con los que me persiguen? Cavaron los soberbios hoyas para mí, los que no son según tu ley. Todos tus mandamientos son verdad, sin causa me persiguen. ¡Socórreme! Casi me han echado por tierra, pero yo no he abandonado tus preceptos. Vivifícame según tu piedad para guardar el testimonio de tu boca. Lamed-. Tu palabra, ¡oh Yahvé! es eterna, es estable como los cielos. Es por generaciones y generaciones tu fidelidad; formaste la tierra, y perdura." Por tu ordenación aún subsisten hasta hoy, pues todas las cosas están a tu servicio. Si tu ley no fuera mi delicia, ya habría perecido en mi aflicción. No me olvidaré jamás de tus preceptos, pues con ellos me has dado la vida. Tuyo soy, ¡sálvame! pues busco tus preceptos. Me acechan los impíos para perderme, pero yo pongo mi atención a tus testimonios. A todo lo perfecto veo un límite, pero tus mandamientos son amplios sobremanera. Mem-. ¡Cuánto amo tu ley! En ella medito todo el día. Tus mandamientos me hacen más sabio que a mis enemigos, porque siempre están conmigo. Me hacen más prudente que cuantos me enseñan, pues tus testimonios constituyen mi meditación. Soy más entendido que los ancianos, porque guardo tus preceptos. Retraje mis pies de todo mal camino para guardar tu palabra. No me he apartado de tus juicios, porque me has instruido. ¡Cuan dulces son a mi paladar tus oráculos, más que la miel para mi boca! De tus preceptos saco inteligencia; por eso detesto toda falsa senda." Nun-. Su palabra es para mis pies una lámpara, la luz de mi sendero. He jurado, y quiero cumplirlo, guardar tus juicios justos. Estoy sobremanera afligido: joh Yahvé! vivifícame según tu palabra. Acepta complacido, ¡oh Yahvé! las ofrendas voluntarias de mi boca y enséñame tus juicios. Mi alma está en mis palmas; pero no he dado al olvido tu ley." Me pusieron los impíos una trampa, pero no me desvié de tus preceptos. Son mi heredad para siempre tus testimonios, pues constituyen el gozo de mi corazón. Inclino mi corazón a cumplir tus estatutos por siempre jamás. Sámec-. Detesto la doblez de corazón y amo tu ley. Tú eres mi defensa y mi broquel, y espero en tu palabra. Apartaos de mí los malvados, que quiero guardar los mandamientos de mi Dios. Sostenme según tu oráculo y viviré, y no me avergüences en mi esperanza. Susténtame para que sea salvo, y me deleitaré siempre en tus estatutos. Tú desprecias a cuantos se apartan de tus preceptos, porque sus designios son engañosos. Escorias son para ti todos los impíos de la tierra; por eso yo amo tus testimonios." Se estremece mi carne por temor a ti, y temo tus juicios. Ayin Practico el juicio y la justicia; no me abandones a mis opresores." Responde por tu siervo para bien; no me opriman los soberbios." Consúmense mis ojos por tu salvación y por el edicto de tu justicia. Haz con tu siervo según tu piedad, y enséñame tus estatutos. Siervo tuyo soy; dame entendimiento para conocer tus testimonios." Tiempo es de obrar por Yahvé, pues han violado tu ley. Por eso yo amo tus mandamientos más que el oro, que el oro purísimo. He procedido rectamente conforme a tus preceptos y he odiado todo camino falso. Pe-. Son admirables tus testimonios; por eso los guarda mi alma." La explicación de tus palabras ilumina y da inteligencia a los sencillos. Abro mi boca y suspiro, pues anhelo tus mandamientos. Vuélvete a mí y séme propicio, como haces con los que aman tu nombre. Afirma mis pasos con tu oráculo y no dejes que me domine iniquidad alguna. Rescátame de la opresión de los hombres para que pueda guardar tus preceptos. Haz resplandecer tu faz sobie tu siervo y enséñame tus estatutos. Arroyos de agua caen de mis ojos porque no guardan tu ley. Sade-. Justo eres, ¡oh Yahvé! y rectos tus juicios. Has impuesto justamente tus testimonios y con suma fidelidad Mi celo me consume, porque dan al olvido tus palabras mis enemigos. Acendrado del todo es tu oráculo, y tu siervo lo ama. Pequeño y despreciable soy, pero no olvido tus preceptos. Tu justicia es eterna y tu ley es verdad. La angustia y la opresión han hecho presa sobre mí pero tus mandamientos son mis delicias. Justos son por la eternidad tus testimonios; haz que los entienda y viva." Qpf-. Clamo con todo mi corazón; escúchame, ¡oh Yahvé! quiero guardar tus estatutos." Clamo a ti, sálvame para que guarde tus testimonios. Me adelanto al alba para implorar auxilio y espero en tu palabra. Se anticipan a las vigilias mis ojos para meditar tu oráculo. Oye mi voz según tu piedad, ¡oh Yahvé! y haz que viva conforme a tus juicios. Acercáronse los que malignamente (me) persiguen, los que se alejaron de tu ley. Pero cercano estás tú, ¡oh Yahvé! y todos tus mandamientos son verdad. Mucho ha que entendí que tus mandamientos los estableciste para la eternidad. Res-. Ve mi aflicción y líbrame, pues que no he olvidado tu ley. Defiende mi causa y protégeme; según tu oráculo, dame vida." Lejos está de los impíos la salvación, porque no buscan tus estatutos. Muchas son, ¡oh Yahvé! tus misericordias: haz que viva según tus juicios. Muchos son mis perseguidores y adversarios, pero no me aparté de tus testimonios. Veo a los traidores y me dan fastidio, porque no guardan tu palabra. Mira que amo tus preceptos. ¡Oh Yahvé! dame vida según tu piedad. La suma de tu palabra es la verdad, y eternos son todos tus equitativos juicios. Sin-. Persiguiéronme sin causa los príncipes, pero mi corazón temía tus palabras. Tan contento estoy con tu oráculo como quien halla abundante botín. Odio y abomino la falsedad y amo tu ley. Siete veces te alabo en el día por tus justos juicios. Mucha paz tienen los que aman tu ley; no hay para ellos tropiezo." He esperado, Yahvé, en tu salvación y he cumplido tus mandamientos. Ha guardado mi alma tus testimonios, y los amo sobremanera. Guardo tus preceptos y tus testimonios, porque todos mis caminos están ante ti. Tau-. Acerqúese mi grito a tu presencia, ¡oh Yahvé! y, según tu palabra, dame inteligencia. Llegue mi deprecación ante tu faz, y, conforme a tu oráculo, sálvame. Mis labios musitarán alabanzas porque me enseñas tus estatutos. Cantará mi lengua tu oráculo, porque justos son todos tus mandamientos. Sea conmigo tu mano para ayudarme, pues he elegido tus preceptos. Anhelo tu salvación, ¡oh Yahvé! pues tu ley es mi deleite. Viva mi alma para alabarte, y denme ayuda tus juicios. Si errare como oveja perdida, busca a tu siervo, pues no me he olvidado de tus mandamientos. Cántico gradual. En la angustia clamé a Yahvé, y El me respondió. Libra, Yahvé, mi alma del labio mendaz, de la lengua fraudulenta. ¿Qué se te dará y qué se te añadirá, oh lengua dolosa? Saetas agudas de un fuerte con carbones de retama. ¡Ay de mí, peregrino en Mesej, que habito en las tiendas de Cedar! Mucho lleva morando mi alma con los que odian la paz. Yo soy todo paz, pero, así que les hablo, se disponen a la guerra. Cántico gradual. Alzo mis ojos a los montes, de donde me ha de venir mi socorro. Mi protección (ha de venir) dé Yahvé, el Hacedor de los cielos y la tierra. No consentirá que resbalen tus pies; no dormirá tu custodio." He aquí que no dormirá, no dormitará el que guarda a Israel. Yahvé es tu custodio; Yahvé es tu sombra a tu mano derecha." De día no te molestará el sol, ni de noche la luna. Yahvé te guardará de todo mal; guardará tu alma;" guardará tus salidas y tus entradas desde ahora y por siempre. Cántico gradual. De David5. Alégreme cuando me dijeron: “Vamos a la casa de Yahvé.” Estuvieron nuestros pies en tus puertas, ¡oh Jerusalén! Jerusalén, edificada como ciudad, bien unida y compacta;" adonde suben las tribus, las tribus de Yahvé, según la norma (dada) a Israel para celebrar el nombre de Yahvé. Allí se alzan los tronos del juicio, los tronos de la casa de David. ¡Rogad por la paz de Jerusalén! ¡Vivan en paz los que te aman! ¡Reine la seguridad dentro de tus muros, la tranquilidad en tus torres Por mor de mis hermanos y compañeros diré: “¡La paz contigo!” Por mor de la casa de Yahvé, nuestro Dios, te deseo todo bien. Cántico gradual. A ti alzo yo mis ojos, a ti que habitas en los cielos. Como (están atentos) los ojos del siervo a las manos de su señor, como los ojos de la esclava a la mano de su señora, así (se alzan) nuestros ojos a Yahvé, nuestro Dios, para que se compadezca de nosotros. Senos propicio, Yahvé; senos propicio, porque estamos del todo hartos de menosprecios." Muy harta está nuestra alma del escarnio de los pudientes y del desprecio de los soberbios. Cántico gradual. De David. A no haber estado Yahvé por nosotros, diga Israel. A no haber estado Yahvé por nosotros cuando se alzaron contra nosotros los hombres, vivos nos habrían tragado entonces, cuando ardía su ira contra nosotros. Ya entonces nos habrían sumergido las aguas, hubiera pasado sobre nuestra alma un torrente;" ya habrían pasado sobre nosotros las impetuosas aguas, Bendito sea Yahvé, que no nos dio por presa de sus dientes. Escapó nuestra alma como avecilla del lazo del cazador; rompióse el lazo y fuimos librados." Nuestro auxilio está en el nombre de Yahvé, que hizo los cielos y la tierra. Cántico gradual. Los que confían en Yahvé son como el monte de Sión, que es inconmovible y está asentado para siempre. Está Jerusalén rodeada de montes, y así circunda Yahvé a su pueblo desde ahora y por siempre. De cierto no permanecerá el cetro de los impíos sobre el lote de los justos, para que no tiendan los justos sus manos a la iniquidad. Colma, ¡oh Yahvé! de bienes a los buenos, a los rectos de corazón. Mas a los que van por sendas tortuosas, remuévalos Yahvé juntamente con los impíos. ¡Paz sobre Israel! Cántico gradual. Cuando Yahvé hizo volver a los cautivos de Sión, estábamos como quien sueña. Llenóse entonces de risa nuestra boca y de exultación nuestra lengua. Decían entonces las gentes: “¡Magníficamente ha obrado con éstos Yahvé!” Realmente ha estado con nosotros magnífico Yahvé, nos sentimos gozosos. Restaura, Yahvé, nuestra suerte, como a los torrentes del Negueb. Los que con llanto siembran, en júbilo cosechan, Van y andan llorando los que llevan y esparcen la semilla, pero vendrán alegres trayendo sus gavillas. Cántico gradual. De Salomón. Si Yahvé no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. Si no guarda Yahvé la ciudad, en vano vigilan sus centinelas. Vano os será madrugar, acostaros tarde y que comáis el pan del dolor, pues lo da a sus amados aunque duerman. Don de Yahvé son los hijos; es merced (suya) el fruto del vientre." Lo que las saetas en la mano del guerrero, eso son los hijos de los años mozos. ¡Dichoso el que llenó de ellos su aljaba! No serán confundidos cuando hayan de litigar en la puerta con sus adversarios. Cántico gradual2. Bienaventurado todo el que teme a Yahvé y anda por sus caminos. Porque comerás del trabajo de tus manos, serás feliz y bienaventurado. Tu mujer será como fructífera parra en el interior de tu casa. Tus hijos, como renuevos de olivo en derredor de tu mesa. Así ciertamente será bendecido el varón que teme a Yahvé. Bendígate Yahvé desde Sión y veas próspera a Jerusalén todos los días de tu vida. Y veas los hijos de tus hijos: la paz sobre Israel. Cántico gradual. “Mucho me han atribulado desde mi juventud”; diga Israel:" ”Mucho me han atribulado desde mi adolescencia, pero no prevalecieron contra mí.” Aradores araron sobre mis espaldas, trazando largos surcos. Pero es justo Yahvé, y rompió las coyundas de los impíos. Sean confundidos y vuélvanse atrás todos los que aborrecen a Sión. Sean como la hierba de los tejados, que se seca antes de granar;" de la que no llena su mano el segador, ni su regazo el que recoge las gavillas, ni dicen de ella los transeúntes: “La bendición de Yahvé sobre vosotros; os bendecimos en el nombre de Yahvé.” Cántico gradual. De lo profundo te invoco, ¡oh Yahvé! Oye, Señor, mi voz; estén atentos tus oídos a la voz 'de mi súplica." Si guardas, Yahvé, los delitos, ¿quién, ¡oh Señor! podrá subsistir? Pero eres indulgente4 para que seas temido. Yo espero en Yahvé, mi alma espera en su palabra. (Ansia) mi alma al Señor más que los centinelas por la aurora. Más que los centinelas por la aurora espera Israel a Yahvé, porque con Yahvé está la piedad y en El está abundante redención. El, pues, redimirá a Israel de todas sus iniquidades. Cántico gradual. De David. No se ensoberbece, ¡oh Yahvé! mi corazón, ni son altaneros mis ojos; no corro detrás de grandezas ni tras de cosas demasiado altas para mí." Antes he reprimido y acallado mi alma como niño destetado de su madre, como niño destetado está mi alma. Espera, Israel, en Yahvé desde ahora y por siempre. Cántico gradual. Acuérdate, ¡oh Yahvé! de David y de todos sus afanes. Cómo juró a Yahvé e hizo voto al Fuerte de Jacob: “No entraré en la tienda de mi casa ni subiré al lecho de mi descanso;" no daré a mis ojos el sueño ni reposo a mis párpados mientras no halle un lugar para Yahvé y una morada para el Poderoso de Jacob.” He aquí lo que hemos oído en Efrata, lo que hemos hallado en los campos de Yaar: “Vamos a su morada, prosternémonos ante el escabel de sus pies.” Levántate, Yahvé, y ven a tu morada, tú y el arca de tu majestad. Vístanse tus sacerdotes de justicia y exulten tus piadosos. Por amor de David, tu siervo, no rechaces la faz de tu ungido. Juró Yahvé a David una verdad que no retractará: “Del fruto de tus entrañas pondré sobre tu trono.” Si guardan tus hijos mi alianza y mis preceptos que yo les enseñaré, también sus hijos por siempre se sentarán sobre tu trono. Pues eligió Yahvé a Sión, le plugo para morada suya: ”Esta será para siempre mi mansión; aquí habitaré porque me plugo," Bendeciré largamente sus provisiones y saciaré de pan a sus pobres. Revestiré de salvación a sus sacerdotes, y sus piadosos se alegrarán jubilosos. Allí haré germinar un cuerno a David y prepararé una lámpara a mi ungido. A sus enemigos los vestiré de ignominia, y brillará sobre él mi diadema.” Cántico gradual. De David l. Ved cuan bueno y deleitoso es convivir juntos los hermanos. Es cual exquisito ungüento sobre la cabeza que desciende hasta la barba, la barba cíe Aarón, y baja hasta la orla de sus vestidos. Como el rocío del Hermón, que desciende sobre los montes de Sión, pues allí envía Yahvé la bendición, la vida eterna. Cántico gradual. ¡Ea! Bendecid a Yahvé vosotros todos los siervos de Yahvé, los que de noche permanecéis en la casa de Yahvé. Alzad vuestras manos al santuario y bendecid a Yahvé. Desde Sión bendígate Yahvé, Hacedor de cielos y tierra. Aleluya! Alabad el nombre de Yahvé, alabadlo, siervos de Yahvé;" los que estáis en la casa de Yahvé, en los atrios de la casa de nuestro Dios. Alabad a Yahvé, porque es bueno; cantad salmos a su nombre, porque es complaciente." Porque eligió para sí Yahvé a Jacob, a Israel por posesión suya. Ciertamente sé que Yahvé es grande, que nuestro Señor está por encima de todos los dioses. Yahvé hace cuanto quiere en los cielos y en la tierra, en el mar y en todos los abismos. Hace subir las nubes desde los confines de la tierra, hace los relámpagos para la lluvia, saca al viento de sus escondrijos. E hirió a los primogénitos de Egipto, lo mismo hombres que ganados. Mandó portentos y señales en medio de ti, Egipto; sobre el faraón y todos sus subditos." El hirió a numerosas gentes y mató a poderosos reyes. ? Seón, rey de los amorreos, y a Og, rey de Basan, y a todos los reyes de Canaán;" y dio sus tierras en heredad, en heredad a Israel, su siervo. ¡Oh Yahvé! Tu nombre es eterno. Yahvé, tu recuerdo es de generación en generación. Porque hace justicia Yahvé a su pueblo y se muestra propicio a sus siervos. Los simulacros de las gentes son oro y plata, obra de las manos de los hombres. Tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven." Tienen orejas, y no oyen; no hay aliento en su boca." Semejantes a ellos sean los que los hacen y cuantos en ellos confían. Casa de Israel, bendecid a Yahvé; casa de Aarón, bendecid a Yahvé." Casa de Levi, bendecid a Yahvé; los que teméis a Yahvé, bendecid a Yahvé." Bendito sea Yahvé desde Sión, el que habita en Jerusalén. Aleluya! Alabad a Yahvé, porque es bueno, porque eterna es su piedad. Alabad al Dios de los dioses, porque eterna es su piedad. Alabad al Señor de los señores, porque eterna es su piedad. Al que es único en hacer portentos, porque eterna es su piedad. Al que hizo sabiamente los cielos, porque eterna es su piedad. Al que afirmó la tierra sobre las aguas, porque eterna es su piedad. Al que hizo los grandes luminares, porque eterna es su piedad;" el sol para dominar de día, porque eterna es su piedad;" la luna y las estrellas, para dominar de noche, porque es eterna su piedad. Al que hirió a los primogénitos de Egipto, porque es eterna su piedad. Y sacó a Israel de en medio de ellos, porque es eterna su piedad. Con mano fuerte y brazo tendido, porque eterna es su piedad. Al que dividió en partes el mar Rojo, porque es eterna su piedad. E hizo atravesar a Israel por medio de él, porque es eterna su piedad. Y sumergió al faraón y a su ejército en el mar Rojo, porque eterna es su piedad. Al que condujo a su pueblo por el desierto, porque eterna es su piedad. Que hirió a grandes reyes, porque eterna es su piedad. Y mató a reyes poderosos, porque eterna es su piedad: a Seón, rey de los amorreos, porque es eterna su piedad;" y a Og, rey de Basan, porque es eterna su piedad;" cuyas tierras dio en heredad, porque es eterna su piedad, en heredad a Israel, porque es eterna su piedad;" que en nuestra humillación se acordó de nosotros, porque es eterna su piedad;" y nos libró de nuestros opresores, porque es eterna su piedad. Que da pan a toda carne, porque eterna es su piedad. Alabad al Dios del cielo, porque es eterna su piedad. Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos y llorábamos acordándonos de Sión. De los sauces que hay en medio de ella, colgábamos nuestras cítaras. Allí los que nos tenían cautivos nos pedían canciones; los que nos habían llevado atados, alegría: “Cantadnos algunos de los cantos de Sión.” ¿Cómo habíamos de cantar las canciones de Yahvé en tierra extranjera? Si yo me olvidara de ti, Jerusalén, olvidada sea mi diestra. Pegúese mi lengua al paladar si no me acordara de ti, i si no pusiera a Jerusalén por encima de mi alegría. Recuerda, ¡oh Yahvé! a los hijos de Edom el día de Jerusalén, los que decían: “¡Arrasad, arrasad hasta los cimientos!” Hija de Babel, la devastadora, dichoso el que te diere el pago que a nosotros nos diste. ¡Bienaventurado quien agarrare y estrellare contra la roca a tus pequeñuelos! David. Quiero alabarte (¡oh Yahvé!) con todo mi corazón (porque escuchaste las palabras de mi boca). Te cantaré salmos ante los dioses3. Me prosternaré ante tu santo templo y cantaré tu nombre por tu piedad y tu verdad, pues has magnificado sobre todas las cosas tu nombre y tu palabra. Cuando te invoqué, me oíste, y dilataste la fuerza en mi alma, Te alabarán, ¡oh Yahvé! todos los reyes de la tierra cuando oigan las palabras de tu boca. Cantarán en los caminos de Yahvé: “¡Grande es ciertamente la gloria de Yahvé” Porque excelso es Yahvé y atiende al humilde, pero al altivo le conoce desde lejos. Cuando camino en medio de la angustia, me vivificas, extiendes tu mano contra la ira de mis enemigos, y tu diestra me salva. Perfeccione Yahvé en mi favor (su obra). Eterna es, ¡oh Yahvé! tu piedad. ¡No abandones la obra de tus manos! Al maestro del coro. Salmo de David. ¡Oh Yahvé! tú me has examinado y me conoces, tú conoces cuándo me siento y cuándo me levanto, y de lejos entiendes mi pensamiento. Disciernes cuándo camino y cuándo descanso, te son familiares todas mis sendas. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y ya tú, Yahvé, lo sabes todo. Me envuelves por detrás y por delante y pones sobre mí tu mano. Sobremanera admirable es para mí esta ciencia, demasiado sublime para poder (comprenderla). ¿Dónde podría alejarme de tu espíritu? ¿Adonde huir de tu faz? Si subiere a los cielos, allí estás tú; si bajare al “seol,” allí estás presente." Si tomara las alas de la aurora y quisiera habitar al extremo del mar, también allí me cogería tu mano y me tendría tu diestra. Si dijere: “Ciertamente las tinieblas me envuelven y sea la noche luz en torno mío,” tampoco las tinieblas son oscuras para ti, y la noche luciría como el día, pues las tinieblas son como la luz (para ti). Porque tú formaste mis entrañas, tú me tejiste en el seno de mi madre, Te alabaré por el maravilloso modo en que me hiciste. ¡Admirables son tus obras! Del todo conoces mi alma. Mis huesos no te eran ocultos cuando fui modelado en secreto y bordado en las profundidades de la tierra. Ya vieron tus ojos mis obras, siendo escritas todas en tu libro. Estaban mis días determinados cuando aún no existía ninguno de ellos. ¡Cuan difíciles son (de entender) tus pensamientos, oh Dios! ¡Qué ingente el número de ellos! Si quisiera contarlos, son más que las arenas; si llegara al fin, aún sería contigo." ¡Oh Dios! si exterminaras a los impíos, si alejaras de mí a los hombres sanguinarios, que insidiosamente se rebelan contra mí, y pérfidamente se engríen tus adversarios. ¿Cómo no odiar, ¡oh Yahvé! a los que te odian? ¿Cómo no aborrecer a los que se levantan contra ti? Los detesto con odio implacable y los tengo por enemigos míos. Escudríñame y conoce mis inquietudes, y mira si mi camino es torcido, y condúceme por las sendas de la eternidad. Al maestro del coro. Salmo de David. Líbrame, ¡oh Yahvé! del hombre malo, presérvame de los hombres violentos, de los que maquinan el mal en el corazón y todo el día excitan contiendas. Afilan su lengua como serpientes, tienen bajo sus labios el veneno del áspid. Seldh. Guárdame, Yahvé, de las manos del impío; protégeme de los hombres violentos, que maquinan tropiezos a mis pasos." Los soberbios, que me ponen ocultos lazos, tienden las ledes a la vera del camino y ponen cepos para mí. Seldh. Pero yo digo a Yahvé: “Tú eres mi Dios.” Escucha, ¡oh Yahvé! la voz de mis súplicas. Yahvé, Señor, mi fuerza salvadora, tú cubres mi cabeza en el día del combate. No accedas, Yahvé, a las ansias del impío; no permitas que se logren sus dolosos designios." Alzan su cabeza los que me cercan, la malicia de sus labios los aplaste. Lluevan sobre ellos brasas encendidas, caigan en el abismo para no levantarse jamás. El hombre lenguaraz no permanecerá sobre la tierra; el hombre violento será presa del infortunio, que le derribará." Pero yo sé que Yahvé saldrá en defensa del desvalido, a la defensa del pobre. Pero yo sé que Yahvé saldrá en defensa del desvalido, a la defensa del pobre. [ (Psalms 140:14) Ciertamente los justos alabarán tu nombre, y los rectos habitarán en tu presencia. ] Salmo de David. ¡Oh Yahvé! a ti clamo, apresúrate a socorrerme, oye la voz del que te invoca. Séate mi oración como incienso en tu presencia, y el alzar a ti mis manos como oblación verpertina. Pon, Yahvé, guardia a mi boca, centinelas a la puerta de mis labios, No dejes que se incline al mal mi corazón, a hacer impías maldades; con los hombres que cometen iniquidad no tenga yo parte en sus suntuosos banquetes." Que me castigue el justo es un favor; que me reprenda es óleo sobre mi cabeza, que mi cabeza no rechaza Incesantemente oraré por sus calamidades." Fueron precipitados sus jueces desde el borde de la roca, y oyeron mis palabras, que eran blandas. Como se hiende y ara la tierra, están esparcidos nuestros huesos a la boca del “seol.” Pero mis ojos (se vuelven) a ti, Yahvé; a ti me acojo, no me rechaces." Guárdame del lazo que me tienden, de los armadijos de los malhechores. Caerán los impíos en sus mismas redes, mientras que yo paso (incólume). Maskil. De David cuando estaba en la caverna. Plegaría1. Clamo con mi voz a Yahvé, a Yahvé imploro piedad con mi voz. Derramo ante El mi querella, expongo ante El mi angustia. Mientras en mí languidece mi espíritu, tú conoces mis sendas y que en el camino por donde voy me han escondido una trampa. Si miro a la derecha, veo que no hay quien me conozca. No hay para mí escape, no hay quien se preocupe de mi alma. A ti clamo, ¡oh Yahvé! Digo: Tú eres mi refugio, mi porción en la tierra de los vivientes. Atiende a mi clamor, porque estoy abatido sobremanera. Líbrame de los que me persiguen, pues prevalecen sobre mí. Atiende a mi clamor, porque estoy abatido sobremanera. Líbrame de los que me persiguen, pues prevalecen sobre mí. [ (Psalms 142:8) Saca mi alma de la cárcel para que pueda alabar tu nombre. Me rodearán los justos en corona cuando te hayas mostrado propicio a mí. ] Salmo. De David. Oye, Yahvé, mi oración y presta oído a mi súplica según tu fidelidad, óyeme en tu justicia. No entres en juicio con tu siervo, pues ante ti no se justifica ningún viviente. Pues persigue el enemigo a mi alma; ya ha postrado en tierra mi vida, me ha hecho habitar en las tinieblas como a los muertos de mucho ha." Languidece en mí el espíritu, y mi corazón se estremece dentro de mí. Me acuerdo de los tiempos antiguos; medito en todas tus obras; reflexiono en la obra de tus manos." Extiendo a ti mis manos, y mi alma está como tierra sedienta de ti. Selah. Apresúrate a oírme, ¡oh Yahvé! que desfallece mi espíritu. No me ocultes tu rostro, pues sería semejante a los caídos en la fosa. De mañana hazme sentir tu favor, pues en ti confío. Dame a conocer el camino por donde ir, porque a ti alzo mi alma. Líbrame de mis enemigos, ¡oh Yahvé! pues a ti recurro. Enséñame a hacer tu voluntad, [pues eres mi Dios. Tu espíritu es bueno: lléveme por tierra recta. Por tu nombre, ¡oh Yahvé! preserva mi vida en tu justicia, saca de la angustia mi alma, y por tu piedad extermina a mis enemigos, haz perecer a todos los que afligen mi alma, pues yo soy tu siervo. De David. Bendito sea Yahvé, mi Roca, que adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la batalla. Es mi fuerza y mi ciudadela, mi fortaleza y mi libertador, mi escudo; en El confío. El me somete los pueblos." ¡Oh Yahvé! ¿Qué es el hombre para que de él te cuides? ¿Qué el -hijo del hombre para que pienses en él? Es el hombre semejante a un soplo; sus días son como sombra que pasa." ¡Oh Yahvél Abaja tus cielos y desciende; toca los montes y humearán." Haz brillar tus rayos y dispérsalos; lanza tus saetas y contúrbalos." Tiende tus manos desde lo alto y líbrame de la muchedumbre de las aguas, de mano de los alienígenas, cuya boca habla dolosamente y cuya diestra es diestra de perfidia. Quiero, ¡oh Dios! cantarte un cántico nuevo, entonarte un salmo con el arpa de diez cuerdas. A ti que das la victoria a los reyes, que libraste a David, tu siervo. De la espada maligna líbrame, y sálvame de la mano de los alienígenas, cuya boca habla dolosamente y cuya diestra es diestra de perfidia. Que sean nuestros hijos como plantas, que crecen en su juventud, y nuestras hijas como pilares, esculpidos como los de un templo. Estén llenos nuestros graneros, rebosantes de frutos a granel; sean nuestras ovejas mil veces fecundas, multiplicadas a millares sobre nuestros campos." Vengan cargados (de mieses) nuestros bueyes. No haya brecha en las murallas, ni destierro, ni clamores en nuestras plazas. ¡Bienaventurado el pueblo que tiene esto! ¡Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Yahvé! Alabanza. De David. Alef: Quiero ensalzarte, Dios mío, Rey, y bendecir tu nombre por los siglos. Bet: Quiero bendecirte todo el día y alabar tu nombre por siempre jamás. Guímel: Es grande Yahvé y digno de toda alabanza; su grandeza es inescrutable." Dalet: Una generación pondera a otra tus gestas y anuncia tu poder. He: Hablan de la magnificencia de la gloria de tu majestad y predican tus maravillas. Wau: Cuentan el poder de tus prodigios y narran tus grandezas. Zain: Hacen memoria de tus inmensas bondades y exultan por tu justicia. Tet: Clemente y misericordioso es Yahvé, tardo a la ira y de gran piedad. Tet: Es benigno Yahvé para con todos; y su misericordia sobre todas obras." Yod: Alábente, Yahvé, todas tus obras y bendígante tus devotos. Kaf: Proclamen la gloria de tu reino y declaren tu poder. Lamed: Para dar a conocer a los hombres tus gestas y la gloria magnifícente de tu reino. Mem: Tu reino es reino de todos los siglos, y tu señorío de generación en generación. (Nun: Es fiel Yahvé en todas sus palabras, y piadoso en todas sus obras.) Samec: Sostiene Yahvé a los que caen, levanta a todos los encorvados. Ayin: Todos los ojos se dirigen expectantes a ti, y tú les das su alimento a su tiempo. Pe: Abres tu mano y sacias a todo viviente a placer. Sade: Es justo Yahvé en todos sus caminos y piadoso en todas sus obras. Qof: Está Yahvé cerca de cuantos le invocan, de todos los que le invocan de veras. Res: Satisface los deseos de los que le temen, oye sus clamores y los salva. Sin: Guarda Yahvé a cuantos le aman y extermina a los impíos. Tau: Proclame mi boca las alabanzas de Yahvé, y bendiga toda carne su santo nombre por los siglos para siempre. ¡Aleluya! Alaba, alma mía, a Yahvé. Alabe yo a a Yahvé en mi vida, cante salmos a mi Dios mientras exista. No confiéis en los príncipes, en los hijos del hombre, que no salvan. Sale su espíritu y torna a la tierra, y en ese día perecen todos sus designios. Bienaventurado aquel cuyo auxilio es el Dios de Jacob, cuya esperanza es Yahvé, su Dios. Hacedor de cielos y tierra, del mar y cuanto en ellos hay, que guarda fidelidad eternamente. Hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. Yahvé libra a los presos. Yahvé abre los ojos a los ciegos; Yahvé yergue a los encorvados; Yahvé ama a los justos." Yahvé guarda a los peregrinos, sustenta al huérfano y a la viuda, pero trastorna las sendas de los impíos. Reina Yahvé por la eternidad, tu Dios, ¡oh Sión! de generación en generación. ¡Aleluya! Alabad a Yahvé, porque es bueno; cantad salmos a nuestro Dios, porque es complaciente, es digno de alabanza." Reedifica Yahvé a Jerusalén y reúne a los dispersos de Israel. El sana a los de quebrantado corazón y venda sus heridas. El cuenta el número de las estrellas y llama a cada una por su nombre. Grande es nuestro Señor y poderoso, y su inteligencia es inenarrable. Sostiene Yahvé a los afligidos y humilla a los impíos hasta tierra. Cantad a Yahvé y alabadle, entonad salmos a nuestro Dios con la cítara. El es el que cubre el cielo de nubes, el que prepara la lluvia para la tierra, el que hace que broten hierba los montes (y heno para el servicio de los hombres)8 , el que da al ganado su pasto, y a los polluelos del cuervo que claman. No se agrada de la fortaleza del caballo, no se complace en las piernas de los hombres. Se complace Yahvé en los que le temen, en los que a su piedad se confían. Glorifica, Jerusalén, a Yahvé; alaba, Sión, a tu Dios." Por haber reforzado las cerraduras de tus puertas y haber bendecido en tu interior a tus hijos. El asentó la paz en tus fronteras, te sació de la flor del trigo. El envía sus órdenes a la tierra, y su palabra corre velozmente. El da la nieve como lana y esparce como ceniza la escarcha. Lanza su hielo como mendrugos, ante su frío se congelan las aguas. Manda su palabra y las derrite, hace soplar viento y manan aguas, El promulgó su ley a Jacob, sus estatutos y decretos a Israel. No hizo tal a gente alguna ni manifestó sus juicios. ¡Aleluya! ¡Aleluya! Alabad a Yahvé desde los cielos, alabadle en las alturas. Alabadle vosotros sus ángeles todos, alabadle vosotros todos sus ejércitos. Alabadle, sol y luna; alabadle, todas las lucientes estrellas." Alabadle, cielos de los cielos, y las aguas de sobre los cielos. Alaben el nombre de Yahvé, porque a su orden fueron creados, e hizo que perduren por los siglos; pusoles estatutos que no traspasarán." Alabad a Yahvé desde la tierra los cetáceos y todos los abismos;" el fuego, el granizo, la nieve, la niebla, el viento tempestuoso, que ejecuta sus mandatos;" los montes y todos los collados; los árboles frutales y los cedros todos;" las fieras y todos los ganados; los reptiles y las aladas aves;" los reyes de la tierra y los pueblos todos, los príncipes y todos los jueces de la tierra, los mancebos y las doncellas, los ancianos y los niños, alaben el nombre de Yahvé, porque sólo su nombre es sublime; su magnificencia sobrepasa a los cielos y la tierra." El ha elevado el poder de su pueblo. Alábenle todos sus devotos, los hijos de Israel, el pueblo que está allegado a El. ¡Aleluya! Aleluya! Cantad a Yahvé un cántico nuevo, alabadle en la asamblea de los piadosos. Alégrese Israel en su Hacedor, exulten por su rey los hijos de Sión. Alaben su nombre con danzas, entonen salmos con tímpanos y cítaras. Porque se complace Yahvé en su pueblo, y de salvación adorna a los humildes. Regocíjense los piadosos por su gloria, exulten jubilosos en sus lechos. con vítores a Dios en sus gargantas y en sus manos la espada de dos filos para tomar venganza de las gentes y castigar a los pueblos, para aprisionar con grillos a sus reyes y encadenar con hierros a sus príncipes, ejecutando en ellos el juicio escrito. Gloria es ésta para todos sus devotos. ¡Aleluya! ¡Aleluya! Alabad a Dios en su santuario, alabadle en su majestuoso firmamento. Alabadle por sus hazañas, alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza. Alabadle al son de las trompetas, alabadle con el salterio y la cítara. Alabadle con tímpanos y danzas, alabadle con las cuerdas y la flauta. Alabadle con címbalos sonoros, alabadle con címbalos resonantes. Todo cuanto respira alabe a Yahvé. ¡Aleluya! Proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel, para aprender sabiduría e instrucción, para entender sensatos dichos, para alcanzar instrucción y discreción, justicia, f equidad y rectitud;" para dar prudencia a los inexpertos, perspicacia y circunspección a los jóvenes. Oyéndolos el sabio crecerá en doctrina y el entendido adquirirá destreza para entender las sentencias y los dichos agudos, las palabras de los sabios y sus enigmas. El principio de la sabiduría es el temor de Yahvé; son necios quienes desprecian la sabiduría y la disciplina." Escucha, hijo mío, las amonestaciones de tu padre y no desdeñes las enseñanzas de tu madre, pues serán corona de gloria en tu cabeza y collar en tu cuello. Hijo mío, si los malos prentenden seducirte, no consientas. Si te dicen: “Ven con nosotros, pongamos asechanzas a la vida ajena, tendamos a placer lazos contra el justo, traguémoslos vivos, como el “seol”; enteros, como los que bajan al sepulcro;" tendremos toda suerte de riquezas, henchiremos nuestras casas de despojos;" tendrás tu parte como todos nosotros, no habrá más que una bolsa para todos.” No te vayas con ellos, hijo mío; ten tus pies muy lejos de sus sendas," porque corren sus pies al mal y se apresuran a derramar sangre. Pues en vano se tiende la red a los ojos de las aves aladas. Con ello acechan a la propia vida y traman su propio daño. Ahí lleva siempre la rapacidad; es un vicio que acaba por matar al que lo tiene." La sabiduría está clamando fuera, alza su voz en las plazas. Clama encima de los muros, en las entradas de las puertas, en la ciudad, y va diciendo: ¿Hasta cuándo, simples, amaréis la simpleza, y, petulantes, os complaceréis en la petulancia, y aborreceréis, necios, la disciplina? Volveos a mis requerimientos: Yo derramaré sobre vosotros mi espíritu y os daré a saber mis palabras. Pues os he llamado, y no habéis escuchado; tendí mis brazos, y nadie se dio por entendido;" antes desechasteis todos mis consejos y no accedisteis a mis requerimientos;" también yo me reiré de vuestra ruina y me burlaré cuando venga sobre vosotros el terror. Cuando sobrevenga como huracán el terror, y como torbellino os sorprenda la ruina; cuando sobrevenga la adversidad y la angustia," entonces me llamarán, y yo no responderé; me buscarán, pero no me hallarán," por haber despreciado la sabiduría y no haber seguido el temor de Yahvé, y no haberse agradado de mis consejos y haber menospreciado mis requerimientos. Comerán el fruto de sus obras y se hartarán de sus consejos. Porque ese desvío llevará a los simples a la muerte, y la prosperidad de los necios los perderá. Pero quien me escuche vivirá tranquilo, seguro y sin temor de mal. Hijo mío, si recibes mis palabras y guardas dentro de ti mis mandamientos, dando atento oído a la sabiduría e inclinando tu corazón a la prudencia;" si invocas a la inteligencia y a voces llamas a la prudencia;" si la buscas como se busca la plata, cual si excavaras un tesoro, entonces tendrás el temor de Yahvé y hallarás el conocimiento de Dios. Porque Yahvé da la sabiduría y de su boca derrama ciencia e inteligencia. Da salud a los justos y se hace escudo de los que proceden rectamente. Defiende el camino de la rectitud y protege las sendas de sus fieles. Entenderás entonces justicia y probidad, rectitud; en suma, buen camino." Cuando entre en tu corazón la sabiduría y sea dulce a tu alma la ciencia, te guardará la reflexión y te preservará la inteligencia. Para librarte de los caminos de los malos, de los hombres de perversos razonamientos, que, dejado todo buen camino, van por sendas tenebrosas, se gozan en hacer el mal y se huelgan en la perversidad del vicio, siguen caminos tortuosos y se extravían en sus andanzas. Te preservará de la mujer ajena, de la extraña que halaga con sus palabras, que deja al compañero de su mocedad y se olvida de la alianza jurada por su Dios. Su casa lleva a la muerte, y sus caminos a la región de las sombras. Cuantos en ella entran no vuelven más, ni toman las veredas de la vida. Así seguirás la recta senda e irás por el camino de los justos;" pues los justos habitarán la tierra y los rectos permanecerán en ella;" mas los impíos serán arrancados de la tierra y los prevaricadores serán desarraigados. Hijo mío, no te olvides de mis enseñanzas, conserva mis preceptos en tu corazón, porque te darán vida larga, largos días de vida y prosperidad. Que no te abandonen jamás la bondad y la fidelidad; átatelas al cuello, escríbelas en tu corazón," y hallarás favor y buena opinión ante Dios y ante los hombres. Confía en Yahvé de todo corazón y no te apoyes en tu prudencia. En todos tus caminos piensa en El, y El allanará todas tus sendas. No te tengas por sabio, teme a Dios y evita el mal;" que será sanidad para tu carne y refrigerio para tus huesos. Honra a Dios de tu hacienda, de las primicias de todos tus frutos, y estarán llenos tus graneros y rebosará de mosto tu lagar” No desdeñes, hijo mío, las lecciones de tu Dios; no te enoje que te corrija," porque al que Dios ama le corrige, y aflige al hijo que le es más caro. Bienaventurado el que alcanza la sabiduría y aquel que alcanza inteligencia, porque es su adquisición mejor que la de la plata y de más provecho que el oro. Es más preciosa que las perlas y no hay tesoro que la iguale. Lleva en su diestra la longevidad y en su siniestra la riqueza y los honores, “De su boca brota la justicia y lleva en la lengua la ley y la misericordia” (LXX). Sus caminos son caminos deleitosos y son paz todas sus sendas. Es árbol de vida para quien la consigue; quien la abraza es bienaventurado." Con la sabiduría fundó Yahvé la tierra, con la inteligencia consolidó los cielos. Con su ciencia hizo brotar las fuentes y por ella los cíelos destilan el rocío. Hijo mío, no la pierdas nunca de vista, guarda siempre la prudencia y el consejo, que serán vida para tu alma y gracia para tu cuello. Entonces irás confiado tu camino y no tropezará tu pie. Guando te acostares, no sentirás temor; te acostarás y dormirás dulce sueño." No tendrás temor de repentinos pavores ni de la ruina de los impíos cuando venga. Porque Yahvé será tu confianza y preservará tu pie de quedar preso. No niegues un beneficio al que lo necesita, siempre que en tu poder esté el hacérselo. No le digas al prójimo: “Vete y vuelve, mañana te lo daré,” si lo tienes a mano. No trames mal alguno contra tu prójimo mientras él confía en ti, No pleitees con nadie sin Tazón si no te ha hecho agravio. No envidies al injusto ni sigas sus caminos, porque el perverso es abominado de Yahvé, que sólo tiene sus intimidades con el justo. En la casa del injusto está la maldición de Yahvé, que bendice la morada del justo. Escarnece a los escarnecedores y da su gracia a los humildes. Da honra a los sabios y reserva la infamia para los necios. Oíd, hijos míos, la doctrina de un padre, y atended bien para aprender prudencia, porque la doctrina que os enseño es buena; no desdeñéis, pues, mis enseñanzas." También yo fui hijo para mi padre, unigénito bajo la mirada de mi madre. Y él me enseñaba diciéndome: Pon atención a mis palabras, pon por obra mis mandatos y vivirás. Sabiduría ante todo, adquiere la inteligencia; no la olvides, no te apartes de los dichos de mi boca." No la abandones, y te guardará; ámala, y ella te custodiará." Al precio de todas las riquezas adquiere la sabiduría, al precio de cuanto posees adquiere la inteligencia. Tenia en gran estima, y ella te ensalzará y te honrará si tú la abrazas. Pondrá en tu cabeza corona de gracia, te ceñirá espléndida diadema. Oye, hijo mío, y recibe mis palabras, y se multiplicarán los años de tu vida. Que te enseño el camino de la sabiduría y te encamino por el recto sendero. Así, cuando anduvieres, no se enredarán tus pasos, y aun corriendo no tropezarás. Retén firmemente la disciplina, no la dejes; guárdala, mira que es tu vida." No te metas por las sendas del impío, no vayas por el camino de los malos. Esquívale, no pases por él, tente apartado de él, pasa de lejos. Esos no duermen tranquilos si no han hecho el mal; huye de ellos el sueño si no han hecho alguna ruina." Comen el pan de la maldad y beben el vino de la violencia. Mas la senda de los justos es como luz de aurora, que va en aumento hasta ser pleno día. Al contrario, el camino del impío es la tiniebla y no ven dónde tropiezan. Hijo mío, atiende a mis palabras, inclina tu oído a mis razones. No se aparten nunca de tus ojos, guárdalas dentro de tu corazón;" que son vida para quien las acoge y sanidad para su carne, Guarda tu corazón con toda cautela, porque es manantial de vida. Lejos de ti toda falsía de la boca, y aparta de ti toda iniquidad de los labios. Mira siempre de frente con tus ojos, vayan tus párpados derechos ante ti. Mira bien dónde pones el pie y sean rectos todos tus caminos. No te desvíes a la derecha ni a la izquierda y aparta del mal todos tus pasos. No te desvíes a la derecha ni a la izquierda y aparta del mal todos tus pasos. [ (Proverbs 4:28) “Pues el Señor conoce los caminos que están a la derecha; mas los que están a la izquierda son perversos." ] No te desvíes a la derecha ni a la izquierda y aparta del mal todos tus pasos. [ (Proverbs 4:28) “Pues el Señor conoce los caminos que están a la derecha; mas los que están a la izquierda son perversos." ] [ (Proverbs 4:29) El mismo dirigirá tu carrera y guiará tus caminos en la paz” (LXX). ] Hijo mío, atiende a la sabiduría, da oídos a la inteligencia, para guardar el consejo y mantener en tus labios la ciencia” Miel destilan los labios de la mujer extraña, y es su boca más suave que el aceite. Pero su fin es más amargo que el ajenjo, punzante como espada de dos filos. Van sus pies derechos a la muerte, llevan sus pasos al sepulcro. No va por el camino de la vida, va errando por el camino sin saber adonde. Óyeme, pues, hijo mío, y no te apartes de las razones de mi boca. Tente siempre lejos de su camino y no te acerques a la puerta de su casa, para no dar tu honor a los extraños, y tus años a un cruel;" para que no disfruten extraños de tu hacienda y vayan tus trabajos a casa de otro, y al fin tengas que llorar cuando veas consumidos tu carne y tu cuerpo, y hayas de exclamar: Ay de mí, que odié la disciplina y no di oídos a los que me adoctrinaban! No escuché la voz de los que me educaban y no di oídos a los que me enseñaban. Por poco no he llegado al extremo de mis males en medio del consejo de la asamblea. Bebe el agua de tu cisterna, los raudales de tu pozo. ¿Quieres derramar fuera tus fuentes, por las plazas las aguas de tu río? Tenias para ti solo, no para que contigo las beban los extraños” Bendita tu fuente, y gózate en la compañera de tu mocedad, cierva carísima y graciosa gacela; embriáguente siempre sus amores y recréente siempre sus caricias." ¿Para qué andar loco, hijo mío, tras la extraña y abrazar en tu seno a una extranjera? Los caminos del hombre están a los ojos de Yahvé, El ve todos sus pasos. El impío queda preso en su propia iniquidad y cogido en el lazo de su culpa. Morirá por falta de disciplina, y su gran necedad le perderá. Hijo mío, si saliste fiador por tu prójimo, si has estrechado la mano del extraño, si te has ligado con tu palabra y te has dejado coger por tu boca, haz esto, hijo mío, para librarte, ya que has caído en manos de tu prójimo: ve sin tardanza y asegúrate de tu amigo;" no des sueño a tus ojos, no des reposo a tus párpados. Ponte a salvo como de la mano del cazador el corzo, como el pájaro del lazo del pajarero. Ve, ¡oh perezoso! a la hormiga, mira sus caminos y hazte sabio. No tiene capitán, ni inspector, ni señor, y se prepara en el verano su alimento, reúne su comida al tiempo de la mies. “O ve a la abeja y aprende cómo trabaja y produce rica labor, que reyes y vasallos buscan para sí y todos apetecen. Y siendo como es pequeña y flaca, es por su sabiduría tenida en mucha estima” (LXX). ¿Hasta cuándo, perezoso, dormirás, cuándo despertarás de tu sueño? Un poco dormitar, un poco adormecerse, un poco mano sobre mano descansando, y sobreviene como correo la miseria y como ladrón la indigencia. El hombre malo, el hombre inútil, que camina con la mentira en su boca, hace guiños con los ojos, refriega los pies, habla con los dedos;" tiene el corazón lleno de maldad y siembra siempre la discordia. Por eso vendrá sobre él de improviso la ruina y será quebrantado súbitamente y sin remedio. Seis cosas aborrece Yahvé, y aun siete aborrece su alma: ojos altaneros, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, corazón que trama iniquidades, pies que corren presurosos al mal, testigo falso que difunde calumnias y enciende rencores entre hermanos. Guarda, hijo mío, los mandatos de tu padre y no des de lado las enseñanzas de tu madre. Ten siempre ligado a ellos tu corazón, enlázalos a tu cuello. Te seguirán de guía en tu camino, velarán por ti cuando durmieres, y cuando despiertes te hablarán;" porque antorcha es el mandato, y luz la disciplina, y camino de vida la corrección del que te enseña. para guardarte de la mala mujer, de los halagos de la mujer ajena. No codicies su hermosura en tu corazón, no te dejes seducir por sus miradas;" porque, si la prostituta busca un pedazo de pan, la casada va a la caza de una vida preciosa. ¿Puede alguno llevar fuego en su regazo sin quemarse los vestidos? ¿Quién andará sobre brasas sin que se le abrasen los pies? Así el que se acerca a la mujer ajena: no saldrá inmune quien la toca. ¿No es tenido en poco el ladrón cuando roba para saciar su hambre, si la tiene? Y si es cogido, tendrá que pagar el séptuplo de toda la hacienda de su casa. Pero el adúltero es un mentecato; sólo quien quiere arrumarse a sí mismo hace tal cosa." Se hallará con palos e ignominia, y su afrenta no se borrará nunca;" porque los celos del marido le ponen furioso y no perdona el día de la venganza. No se contentará con una indemnización y no aceptará dones, por grandes que sean. Hijo mío, atiende a mis palabras y pon dentro de ti mis enseñanzas. Guarda mis preceptos y vivirás; sea mí ley como la niña de tus ojos." Átatelos al dedo, escríbelos en la tabla de tu corazón. Di a la sabiduría: “Tú eres mi hermana,” y llama a la inteligencia tu pariente, para que te preserven de la mujer ajena, de la extraña de lúbricas palabras. Estaba yo un día en mi casa a la ventana, mirando a través de las celosías, y vi entre los simples un joven, entre los mancebos un falto de juicio, que pasaba por la calle junto a la esquina e iba camino de su casa. Era el atardecer, cuando ya oscurecía, al hacerse de noche, en la tiniebla. Y he aquí que le sale al encuentro una mujer con atavío de ramera y astuto corazón. Era parlanchína y procaz, y sus pies no sabían estarse en casa;" ahora en la calle, ahora en la plaza, acechando por todas las esquinas. Cogióle y le abrazó y le dijo con toda desvergüenza: ”Tenía que ofrecer un sacrificio y hoy he cumplido ya mis votos;" por eso te he salido al encuentro, iba en busca tuya y ahora te hallo. He ataviado mi lecho con tapices, con telas de hilo recamado de Egipto;" he perfumado mi cama con mirra, áloe y cinamomo. Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana, hartémonos de caricias;" pues mi marido no está en casa, ha salido para un largo viaje. Se ha llevado la bolsa y no volverá hasta el plenilunio.” Con la suavidad de sus palabras le rindió y con sus halagos le sedujo;" y se fue tras ella entontecido como buey que se lleva al matadero, como ciervo cogido en el lazo hasta que una flecha le atraviesa el flanco, o como el pájaro que se precipita en la red sin saber que le va en ella la vida. Óyeme, pues, hijo mío, y atiende a las palabras de mi boca. No dejes ir tu corazón por sus caminos, no yerres por sus sendas;" porque a muchos ha hecho caer traspasados y son muchos los muertos por ella. Su casa es el camino del sepulcro, que baja a las profundidades de la muerte. ¿No está ahí clamando la sabiduría y dando voces la inteligencia? En la cima de las alturas, junto a los caminos, en los cruces de las veredas se para;" en las puertas, en las entradas de la ciudad, en los umbrales de las casas da voces: A vosotros, mortales, clamo, y me dirijo a todos los hombres. Entended, ¡oh simples! la cordura, y vosotros, necios, entrad en la discreción. Escuchad, que voy a deciros nobles palabras, y abriré mi boca a sentencias de rectitud. Sí; mi boca dice la verdad, pues aborrezco los labios inicuos." Todos mis dichos son conformes a la justicia; nada hay en ellos de tortuoso y perverso." Todos son rectos para la persona inteligente y razonables para el que tiene la sabiduría. Recibid mi enseñanza mejor que la plata, y la ciencia mejor que el oro fino;" pues la sabiduría vale más que las piedras preciosas, y cuanto hay de codiciable no puede comparársele. Yo, la sabiduría, tengo conmigo la discreción, poseo la ciencia y la cordura. [Temer a Dios es aborrecer el mal.] La soberbia, la arrogancia, el mal camino, la boca perversa, la detesto. Mío es el consejo y la habilidad; mía la inteligencia, mía la fuerza." Por mí reinan los reyes y los jueces administran la justicia. Por mí mandan los príncipes y gobiernan los soberanos de la tierra. Amo a los que me aman, y el que me busca me hallará. Llevo conmigo el bienestar y la honra, sólidas riquezas y justicia. Mi fruto es mejor que el oro puro; mi ganancia, mejor que la plata acrisolada." Voy por las sendas de la justicia, por los senderos de la equidad, para procurar ricos bienes a los que me aman y henchir sus tesoros. Yahvé me engendró, primicias de sus actos, con anterioridad a sus obras, desde siempre. Desde la eternidad fui constituida; desde los orígenes, antes que la tierra fuese." Antes que los abismos fui engendrada yo; antes que fuesen las fuentes de abundantes aguas." Antes que los montes fuesen cimentados, antes que los collados fui yo concebida;" antes que hiciese la tierra, ni los campos, ni el polvo primero de la tierra. Cuando fundó los cielos, allí estaba yo; cuando puso una bóveda sobre la faz del abismo," cuando daba consistencia al cielo en lo alto, cuando daba fuerza a las fuentes del abismo;" cuando fijó sus términos al mar para que las aguas no traspasasen sus linderos; cuando echó los cimientos de la tierra," estaba yo con El como arquitecto, siendo siempre su delicia, solazándome ante El en todo tiempo, recreándome en el orbe de la tierra, siendo mis delicias los hijos de los hombres, Oídme, pues, hijos míos; bienaventurado el que sigue mis caminos." Atended al consejo y sed sabios y no lo menospreciéis. Bienaventurado quien me escucha, y vela a mi puerta cada día, y es asiduo en el umbral de mis entradas. Porque el que me halla a mí halla la vida y alcanzará el favor de Yahvé. Y al contrario, el que me pierde, a sí mismo se daña, y el que me odia, ama la muerte. La sabiduría se ha edificado su casa, labró sus siete columnas. Mató sus víctimas, mezcló su vino y aderezó la mesa. Mandó sus doncellas a invitar desde lo alto de la ciudad: “El que es simple venga acá; al que no tiene sentido hablo." Venid y comed mi pan y bebed el vino que he mezclado. Dejaos de simplezas y viviréis, y andad por la senda de la inteligencia.” El que corrige al petulante se acarrea afrenta, y el que te reprende al impío ultraje. No reprendas al petulante, que aborrecerá; reprende al sabio y te lo agradecerá." Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su saber." El principio de la sabiduría es el temor de Yahvé; conocer al santo, eso es inteligencia." Pues por mí se aumentarán tus días y se te añadirán años de vida. Si eres sabio, para ti lo serás; si eres petulante, tú lo pagarás." Señora necedad es alborotadora, es ignorante, no sabe nada” Se sienta a la puerta de su casa o en una silla, en lo más alto de la ciudad. Para invitar a los que pasan, a los que siguen recto su camino. “El que es simple venga acá,” y al que no tiene sentido dice: “Son dulces las aguas hurtadas, y el pan de tapadillo el más sabroso.” Y no se dan cuenta de que allí está la muerte y que sus invitados van al profundo del averno. El hijo sabio es la gloria de su padre; el hijo necio, la tristeza de su madre." No aprovechan las riquezas mal adquiridas, mas la justicia salva de la muerte. Yahvé no dejará hambrear al justo, pero dejará insaciados los apetitos del malvado. La mano perezosa empobrece; la diligente enriquece." El que en estío recoge es hombre inteligente; el que duerme al tiempo de la siega se deshonra," Bendiciones sobre la cabeza del justo; pero la lengua del impío encubre violencias." La memoria del justo será bendecida; el nombre del impío será maldito." El hombre sensato acepta el mandamiento, pero el lenguaraz lo resiste. El que anda en rectitud va seguro; el que va por sendas tortuosas va a la ruina." El que guiña los ojos acarrea malaventura; el que reprende con franqueza origina la paz." Fuente de vida es la boca del justo, pero la boca del malvado encubre la violencia. El odio enciende las contiendas, mientras que el amor encubre las faltas. En los labios del prudente se halla la sabiduría; para las espaldas del insensato es la vara." El sabio esconde su ciencia; la boca del necio anuncia la ruina," La hacienda del rico es su fortaleza; la indigencia del pobre es su desaliento." La ganancia del justo es para la vida; la del impío, en vicios se le va." Va por senda de vida el que acepta la corrección; el que no la acepta va por camino falso." El de ojos mendaces encubre el odio; el que esparce la difamación es un necio." En el mucho charlar no falta el pecado; el que refrena sus labios es sabio." Plata acrisolada es la boca del justo; el corazón del impío no vale nada." Los labios del justo guían a muchos; el necio muere por falta de conocimiento." La bendición de Dios es lo que enriquece; nuestro afán no le añade nada." Hacer el mal es para el necio cosa de juego, y lo es para el sensato ser sabio. Sobre el impío vendrá lo que él se teme, mas el justo verá colmados sus deseos. Como pasa el huracán deja de ser el impío, mas el justo permanece para siempre. Como el vinagre a los dientes y el humo a los ojos, así es el haragán para quien le manda. El temor de Yahvé alarga la vida, mas los años del impío serán abreviados. Se cumplirá la esperanza del justo, pero se desvanecerá la del impío. El camino de Yahvé es la fortaleza del perfecto, pero es el terror de los malhechores. El justo no vacilará jamás, pero el impío no durará sobre la tierra. En la boca del justo florece la sabiduría, pero la lengua del impío será cortada. Los labios del justo están llenos de gracia; la boca del impío, de perversidad." La balanza falsa es abominable a Dios, mas la pesa cabal le agrada. Detrás de la soberbia viene la deshonra, con la modestia va la sabiduría. La integridad guía al hombre recto; la propia malicia es la ruina del pérfido." De nada sirven las riquezas el día de la ira, pero la justicia libra de la muerte. La justicia del justo le allana el camino; el malvado cae por su misma malicia." La justicia del justo le salva; los fraudulentos son cogidos en sus propios pecados." A la muerte del impío perece su esperanza, y la confianza del malvado queda burlada. El justo es librado de la tribulación, pero el impío entra en ella en lugar de él. El impío con su boca arruina al prójimo; los justos con su sabiduría se salvan." La prosperidad del justo alegra la ciudad, y cuando perecen los impíos hace fiesta. La bendición del justo engrandece la ciudad; la boca del impío la abate." El insensato desprecia al prójimo, pero el prudente se calla. El chismoso descubre los secretos; el hombre fiel lo encubre todo." Donde no hay gobierno va el pueblo a la ruina; en la abundancia del consejo está la salvación." Andará en ansiedad el que sale fiador de otro; el que rehuye la fianza vivirá tranquilo." La mujer prudente es gloria de su marido; trono de deshonra es la mujer que aborrece la justicia. Los perezosos carecen de bienes, pero los laboriosos adquieren riquezas." El misericordioso se hace bien a sí mismo; el de corazón duro a sí mismo se perjudica." El impío hace ganancias vanas; el que siembra justicia de verdad gana," El que sigue la justicia va a la vida; el que va tras el mal corre a la muerte." Los de corazón malo son abominables a Yahvé; los de perfectos caminos le son gratos." Más pronto o más tarde, no quedará impune el malvado, pero la prole del justo escapará. Anillo de oro en jeta de puerco es la mujer bella, pero sin seso. El deseo del justo es sólo el bien, pero el impío no puede esperar más que ira. Hay quien derrama y siempre tiene más; otro que ahorra más de lo justo y empobrece." El benéfico se sacia, y quien largamente da, largamente tendrá. Al que acapara el trigo le maldice el pueblo, sobre la cabeza del que lo vende caen bendiciones. El que hace el bien, bienes se atrae; al que busca el mal le vendrá el mal." El que en sus riquezas confía, caerá; los justos reverdecerán como follaje." El que perturba su casa recogerá viento, y el necio será siervo del sensato. El fruto del justo es árbol de vida; las almas de los perversos son arrebatadas antes de tiempo." Si el justo tiene en la tierra su paga, ¡cuánto más el impío y el pecador! El que ama la corrección ama la sabiduría, el que odia la corrección es un necio. El bueno alcanza el favor de Yahvé, que condena al de mala vida. No se afirma el hombre por la impiedad; la raíz del justo no será arrancada." La mujer fuerte es la corona del marido, la mala es carcoma de sus huesos. Los pensamientos del justo son rectitud; los consejos del impío, fraude." Las palabras del impío son para acechar la sangre; la boca del justo la salva." Son trastornados los impíos y dejan de ser, pero la casa del justo queda en pie. Cada uno es alabado según su sabiduría, pero el de perverso corazón es menospreciado. Mejor está el hombre oscuro que tiene qué comer que el presuntuoso que carece de pan. El justo provee a las necesidades de sus bestias, pero el corazón del impío es despiadado. El que labra su campo tendrá pan a saciedad, pero el que se va tras los vagabundos es un insensato. El deseo del impío es una red de males, la raíz del justo es fructífera. El malvado se enreda en pecados de lengua, el justo se libra de ellos. De los frutos de su boca se sacia el hombre, y según él trata, así será tratado. Al necio le parece derecho su camino, mas el que escucha el consejo es sabio. El necio luego al punto descubre su cólera, el sensato sabe disimular su afrenta. El que habla verdad declara lo justo, pero el testigo falso lo disfraza. Hay quien al hablar da tantas estocadas como palabras, pero la lengua del sabio cura las heridas. El labio veraz mantiene siempre la palabra; la lengua mentirosa, sólo por un momento." El corazón del que maquina el mal es fraudulento, alegre el corazón de los buenos consejos. Sobre el justo no vendrá la adversidad, mas para los impíos todo serán males. Los labios mentirosos los aborrece Yahvé; se agrada de los que proceden sinceramente." El cuerdo encubre su sabiduría; el corazón del necio pregona su necedad." La mano laboriosa señorea; la perezosa se hace tributaria." La angustia del corazón deprime al hombre, y una palabra buena le conforta. El justo aventaja a su prójimo; el camino del impío le lleva a la ruina." El indolente no asa su pieza, pero el diligente tiene copiosa abundancia. En el camino de la justicia está la vida; el camino tortuoso lleva a la muerte." El hijo sabio ama la corrección, pero el petulante no escucha la reprensión. Del fruto de su rectitud gozará el hombre, pero las almas de los malvados perecerán prematuramente. El que guarda su boca guarda su vida; el que mucho abre los labios busca su ruina." Desea el haragán, pero no logra nada, mas el alma del diligente se saciará. Odia el justo toda palabra mentirosa, pero el impío se deshonra y cubre de vergüenza. La justicia conserva íntegro al hombre; el pecado subvierte al pecador." Hay quien se las da de rico y no tiene nada, y quien, teniendo mucho, se hace el pobre” El rico con sus riquezas puede rescatar la vida, pero el pobre no tiene con qué rescatarse. La luz del justo brilla espléndidamente, pero la luz del impío se extinguirá. La soberbia sólo ocasiona contiendas, pero es sabio quien toma consejo. Riqueza hecha de prisa, se va; el que poco a poco allega, crece." Esperanza que se dilata aflige el corazón; deseo satisfecho es árbol de vida." El que menosprecia el mandato perecerá por ello; el que lo respeta tendrá su recompensa." La enseñanza del sabio es fuente de vida para huir los lazos de la muerte. La cortesía concilia la gracia; los modos de los soberbios son ásperos." El cuerdo todo lo hace con conocimiento; el necio va derramando su necedad." Un mal consejero precipita en la desgracia; el mensajero fiel es remedio saludable." Miseria y vergüenza para el que desdeña la corrección, más el que la guarda será honrado. El deseo cumplido es deleite del alma, pero apartarse del mal es abominación para el necio. Ve con los sabios y te harás sabio; al que a necios se allega le alcanzará la desdicha." Al pecador le persigue la desventura, pero el justo será bien retribuido. El hombre de bien será heredado por los hijos de sus hijos; la hacienda del pecador está reservada para el justo." Lo que rotura el pobre da pan en abundancia, mas por la impiedad se disipa la hacienda. Odia a su hijo el que da paz a la vara; el que le ama se apresura a corregirle." El justo tiene pan a saciedad, pero el vientre del impío hambreará. La mujer prudente edifica la casa; la necia, con sus manos la destruye." El que anda en rectitud teme a Yahvé; el que va por sendas tortuosas le desprecia." En la boca del necio está la vara de la soberbia, mas los labios del sabio son su guarda. Sin bueyes, el granero está vacío; por la fuerza del buey hay pan en abundancia." El testigo fiel no miente; el testigo falso profiere mentiras." Busca el petulante la sabiduría, pero nada; mas para el prudente es fácil alcanzarla," Apártate del necio, pues no hallarás labios de ciencia. La ciencia del cuerdo está en conocer su camino; al necio le engaña su necedad." El necio desprecia el pecado; entre los justos habita la benevolencia." El corazón conoce sus amarguras, pero en sus alegrías no tiene parte el extraño. La casa del malvado será asolada; la tienda del justo florecerá." Hay caminos que nos parecen derechos, pero acaban al fin en la muerte. Aun en la risa hay aflicción de corazón, y a la alegría sucede la congoja. El insensato tendrá el fruto de sus obras, y de él gozará también el hombre bueno. El simple todo lo cree; el prudente pone atención a sus respuestas." El sabio es cauto y se aparta del mal; el necio se deja llevar de él fácilmente." El que presto se enoja hará locuras, pero el hombre reflexivo no se impacienta. Los simples tienen por herencia la necedad, mientras que el sabio se corona de sabiduría. Los malos se inclinarán delante de los buenos, y los impíos ante la puerta del justo. Aun a los parientes es odioso el pobre, pero el rico tiene muchos amigos. El que desprecia a su prójimo peca; bienaventurado el que tiene misericordia de los pobres." ¿No yerra el que maquina el mal? y el que obra el bien, (no tendrá) misericordia y fidelidad? En toda labor hay fruto, pero la charlatanería empobrece. La cordura del sabio es su corona; la necedad es el collar de los necios." Salva las vidas el testigo veraz, pero el que profiere mentiras es un asesino. El temor de Yahvé es la confianza del fuerte, y sus hijos en él hallarán refugio. El temor de Yahvé es fuente de vida, que aleja de los lazos de la muerte. El pueblo numeroso es el orgullo del rey; en la falta del pueblo está la ruina del príncipe." Es tardo a la ira el prudente; el pronto a la ira hará muchas locuras." Corazón apacible es vida del cuerpo, y la envidia es la caries de los huesos. El que maltrata al pobre, injuria a su Hacedor; el que tiene piedad del pobre le honra," El impío es arrastrado en su maldad; el justo hallará refugio en su inocencia." En el corazón del cuerdo reposa la sabiduría, que se hace sentir aun entre necios. La justicia engrandece a las naciones; el pecado es la decadencia de los pueblos." Al ministro inteligente da el rey su favor; al inepto, su desprecio." Una respuesta blanda calma la ira; una palabra áspera enciende la cólera." La lengua del sabio hace estimable la doctrina; la boca del necio no dice más que sandeces." Los ojos de Yahvé están en todas partes, observando a los malos y a los buenos. La lengua blanda es árbol de vida; la áspera hiere el corazón." El insensato desprecia la corrección paterna; obra prudentemente el que la atiende," En la casa del justo reina la abundancia; en las rentas del impío, la turbación." Los labios del sabio derraman sabiduría; no así el corazón del necio." Yahvé abomina el sacrificio del impío y se agrada en la oración del justo. Aborrece Yahvé el camino del impío, pero ama al que sigue la justicia. Molesta la corrección al que va por mal camino, pero el que aborrece la corrección morirá. Están delante de Yahvé el “seol” y el averno, cuánto más los corazones de los hombres! El pe-Bulante no quiere que le corrijan; por eso no va con los sabios." Corazón alegre hace buena cara, pero la pena del corazón abate el alma. El corazón prudente busca la sabiduría, pero la boca del necio se complace en la necedad. Los días del pobre todos son tristes, pero la alegría del corazón es un perenne banquete. Mejor es poco en el temor de Yahvé que muchos tesoros en la turbación. Mejor comer legumbres donde hay amor que comer buey cebado donde hay odio. El iracundo promueve contiendas; el que tarde se enoja aplaca las rencillas." El camino del perezoso es seto de espinas; el sendero de los rectos es llano." El hijo sabio es la gloria de su padre; el necio, la vergüenza de su madre." Al falto de sentido le agrada la necedad, pero el hombre prudente endereza sus caminos. Frústranse los planes donde no hay consejo, pero se logran por el consejo de muchos. Gusta saber qué responder, y la palabra dicha a tiempo, ¡cuánto bien hace! El inteligente va hacia arriba por el camino de la vida, para apartarse del sepulcro abajo. Asóla Yahvé la casa del soberbio y afirma los linderos de la viuda. Son abominables a Yahvé los pensamientos del malo y le son gratas las palabras limpias. Perturba su casa el codicioso, pero el que aborrece las dádivas vivirá. El corazón del justo medita la respuesta, pero la boca del impío echa fuera su maldad. Lejos de los impíos está Yahvé, mas oye la oración del justo. Rostro radiante alegra corazones, y una buena nueva conforta los huesos. Oreja que escucha la corrección saludable tendrá su puesto entre los sabios. El que tiene en poco la corrección menosprecia su alma; el que la escucha adquiere entendimiento." El temor de Yahvé es enseñanza de sabiduría, y a la honra precede la sumisión. Del hombre es preparar la mente, pero es Yahvé quien da la respuesta de la lengua. Al hombre le parecen buenos todos sus caminos, pero es Yahvé quien pesa las almas. Encomienda a Yahvé todos tus afanes, y se te lograrán tus pensamientos. Todo lo ha hecho Yahvé para sus fines, aun al impío para el día malo, Aborrece Yahvé al de altivo corazón; pronto o tarde, no quedará sin castigo." Con misericordia y verdad se repara el pecado, con el temor de Yahvé se aparta el hombre del mal. Cuando los caminos del hombre son gratos a Yahvé, aun a los enemigos se concilia. Mejor es poco en justicia que muchas rentas en injusticia. Traza el corazón del hombre sus caminos, pero es Yahvé quien dirige sus pasos. Un oráculo son los labios del rey; en el juicio no se equivoca su boca." Peso justo y balanza justa son de Yahvé, y obra suya son las pesas de la bolsa Abominable es que los reyes hagan impiedad, pues por la justicia se afirman los tronos. Agradan al rey los labios veraces, y ama al que habla rectamente. La cólera del rey es heraldo de la muerte; el hombre sabio lo apacigua." En la alegría del rostro del rey está la vida; su favor es como nube preñada de lluvia primaveral." Mejor adquirir sabiduría que adquirir oro; tener inteligencia vale más que tener plata." El camino derecho es apartarse del mal; guarda su alma el que guarda su camino." La soberbia es heraldo de la ruina, y la altivez de corazón, de la caída. Mejor es humillar el corazón con los humildes que partir con los soberbios los despojos. El que pone atención a la palabra hallará el bien, y quien confía en Yahvé es bienaventurado. El sabio de corazón es tenido por sensato, y la blandura de los labios hace eficaz la doctrina. Fuente de vida es la sabiduría para quien la tiene, y es castigo del necio la necedad. El corazón del sabio hace disertar su boca y con sus labios avalora su doctrina. Panal de miel son sus suaves sentencias; dulzura del alma y medicina de los huesos." Hay caminos que al hombre le parecen derechos, pero a su fin son caminos de muerte. El que trabaja, para sí trabaja, pues su boca le estimula. El impío se cava la fosa, y hay en sus labios como llama de fuego. El perverso excita contiendas, y el chismoso aparta a los amigos. El hombre malo lisonjea a su prójimo y le lleva por caminos no buenos. El que hace guiños con los ojos, maquina engaños, y el que aprieta los labios ha hecho ya el mal. Gloriosa corona es la canicie; es por el camino de la justicia como se obtiene." Mejor que el fuerte es el paciente, y el que sabe dominarse vale más que el que expugna una ciudad. En el seno se echan las suertes, pero es Yahvé quien da la decisión. Mejor es un pedazo de pan seco en paz que la casa llena de carne de víctimas y de contiendas. El siervo inteligente se impondrá al hijo deshonroso y heredará con sus hermanos. El crisol para la plata, la hornaza para el oro, mas los corazones los prueba Yahvé. El malo escucha al maledicente, y el mentiroso da oídos a la lengua mordaz. El que insulta al pobre insulta a su Hacedor, y el que se goza del mal ajeno no quedará impune. Corona del anciano son los hijos y los nietos, y los hijos honra de los padres. No está bien al necio la grandilocuencia; cuánto menos al príncipe la mentira." Piedra de encanto es el presente a los ojos de quien lo posee; adondequiera que se vuelva, cree tener buen éxito." El que quiere amistad encubre las faltas; el que las descubre se enajena el amigo." Más efecto le hace al sensato un reproche que cien azotes al necio. El malvado no busca más que la rebeldía, mas recibirá un cruel mensaje. Mejor es dar con una osa a quien han arrebatado la cría, que con un necio en el frenesí de su necedad. El que devuelve mal por bien no verá alejarse la desventura de su casa. Comenzar la pendencia es dar suelta a las aguas; deja la porfía antes que se encrespe." Quien absuelve al reo y quien condena al inocente, ambos son abominables a Yahvé. ¿De qué sirve el oro en manos del necio? Pudiera comprar la sabiduría, pero no tiene juicio” El amigo ama en todo tiempo; es un hermano en el día de la desventura” Es necio el que estrecha la mano empeñándose por otro. Ama el delito quien ama las riñas; el de boca arrogante busca su ruina." El de perverso corazón no hallará bien, y la lengua mendaz incurrirá en el mal. El que engendra a un necio, para su mal le engendra; el padre del necio no gozará de alegría." Corazón alegre hace buen cuerpo; la tristeza seca los huesos." El inicuo acepta dádivas para torcer el derecho. El cuerdo tiene ante los ojos la sabiduría; los ojos del necio se van hasta los confines de la tierra." El hijo necio es el tormento de su padre y la amargura de la que le engendró. No está bien multar al que tiene la razón, pero menos aún castigar a gente honrada contra justicia. Es parco en palabras quien tiene la sabiduría, y el hombre sensato es de sangre fría. Aun el necio, si calla, pasará por sabio, y por prudente si cierra los labios. Busca pretextos el que quiere separarse, por todos los medios busca la ruptura. Al necio no le agrada la prudencia, sino sólo propalar sus necedades. Con la impiedad viene la deshonra; con la deshonra, la vergüenza." Aguas profundas son las palabras del hombre; arroyo surtidor la fuente de la sabiduría." No está bien tener acepción del rostro del impío para perjudicar al justo en la sentencia. Los labios del necio mueven contiendas, y su boca llama los azotes. La boca del sabio es su ruina, y sus labios lazo para su vida. Las palabras del chismoso parecen dulces, y llegan hasta lo más hondo de las entrañas. El que es negligente en su labor es hermano del derrochador. Torre fuerte es el nombre de Yahvé; a ella se acogerá el justo y estará seguro." La riqueza es para el rico fuerte ciudadela; le parece una alta muralla." Antes de la caída se exalta el corazón del hombre, y a la gloria precede la humillación. El que antes de haber escuchado responde, es tenido por fatuo para•oprobio suyo. El ánimo del hombre le sostiene en su aflicción; pero ¿quién sostendrá el ánimo abatido?" El corazón del sensato adquiere sabiduría, y la oreja del sabio busca la enseñanza. Las dádivas abren camino al hombre y le dan entrada a los grandes. Parece tener razón el que primero expone su causa, pero viene su adversario y le descubre. La suerte pone fin a los pleitos y decide entre los grandes. Hermano ofendido es como una ciudad fuerte, y sus litigios son cerrojos de fortaleza. Cada uno llena el vientre de los frutos de su boca, y se saca del fruto de sus labios. La muerte y la vida están en poder de la lengua; cual sea el uso que de ella hagas, tal será el fruto." El que halla una buena mujer, halla un tesoro, ha recibido un gran favor de Yahvé. El pobre habla suplicante; el rico responde duramente." Hay amigos que sólo son para hacer compañía, pero los hay más afectos que un hermano. Mejor es el pobre que anda en sencillez de corazón que el de labios perversos y fatuo. Ya el carecer de reflexión no es cosa buena, pero el que además es precipitado en el obrar la yerra. La necedad del hombre tuerce sus caminos, y luego le echa la culpa a Yahvé. La riqueza allega muchos amigos, pero al pobre sus amigos lo abandonan. Testigo falso no quedará sin castigo, y el que esparce la mentira no escapará. Al dadivoso le hacen muchos la rueda; todos son amigos del que da." Al pobre aun sus hermanos le aborrecen, ¡cuánto más le dejarán los amigos! El que cultiva demasiadas amistades, lo pagará, como el que corre tras lo que no está a su alcance. El que adquiere inteligencia se hace bien a sí mismo; el que guarda el entendimiento hablará bien." El que en falso atestigua no quedará impune, y el que esparce la mentira perecerá. No están bien al necio los deleites; cuánto menos a un esclavo mandar a príncipes!" La cordura del hombre detiene su cólera, y es honroso disimular una ofensa. Rugido de león es la ira del rey; su favor, como rocío sobre la hierba." El hijo necio es el tormento de su padre, y gotera continua la mujer quisquillosa. Casa y hacienda herencia son de los padres, pero una mujer prudente es don de Yahvé. La pereza trae el sueño, y el haragán hambreará. El que guarda el precepto, a sí mismo se guarda; el que menosprecia sus caminos morirá." A Yahvé presta el que da al pobre; El le dará su recompensa." Castiga a tu hijo, porque siempre hay esperanza; pero no te excites hasta destruirle." El que mucho se aira pagará la pena, y más aún si muestra desprecio. Escucha el consejo y acoge la corrección, para hacerte así sabio en lo futuro. Muchos proyectos hay en la mente del hombre, pero es el consejo de Yahvé el que permanece. La misericordia es al hombre provechosa, y mejor es ser pobre que mentiroso. El temor de Yahvé lleva a la vida; el que de El está lleno no será visitado por la desventura." Mete el perezoso su mano en el plato, ni para llevársela a la boca la sacará. Castiga al petulante, y se hará cuerdo el inexperto; reprende al sensato, y ganará en saber." El que maltrata a su padre y ahuyenta a su madre es un hijo infame y deshonroso. Deja de escuchar la corrección, y te desviarás de los dictámenes de la prudencia. El testigo falso se burla de la justicia; la boca del impío se traga la iniquidad." Los castigos son para los petulantes, y los azotes para las espaldas de los necios. El vino es petulante, y los licores, alborotadores; el que por ellos va haciendo eses no hará cosa buena," Rugido de cachorro de león es la ira del rey; el que la provoca peca contra su vida," Es honor para el hombre esquivar las contiendas, el insensato se mete en ellas. El perezoso no ara en invierno; va luego en busca de la cosecha, y nada halla." Aguas profundas son los pensamientos del hombre, pero el cuerdo sabe sacarlas fuera. Muchos son los que a porfía se dan por amigos, pero ¿quién hallará el amigo fiel? El justo anda por caminos derechos; bienaventurados sus hijos después de él." El rey sentado en su tribunal, con su mirar disipa el mal. ¿Quién puede decir: He limpiado mi corazón, estoy limpio de pecado? Peso falso y falsa medida son abominables a Yahvé. Aun el niño da a conocer por sus acciones si su obra será luego recta y justa. El oído que oye y el ojo que ve, son ambos obra de Yahvé. No ames el sueño, por que no te empobrezcas; abre el ojo y tendrás pan en abundancia." “Malo, malo,” dice el que compra; mas en apartándose se alaba." Hay oro, hay piedras preciosas; los labios del sabio son vaso precioso." Quítale la ropa al que salió fiador por un extraño; retén la prenda del que a extraños fió." Es sabroso al hombre el pan mal adquirido, pero después se halla la boca llena de cascajo. Asegura tus designios con el consejo, y haz la guerra con mucha reflexión. El chismoso no guarda los secretos; no te entremetas con el suelto de lengua." El que maldice a su padre o a su madre verá extinguirse su lámpara en oscuridad tenebrosa. Lo pronto y aprisa adquirido no será bendecido. No digas: “Devolveré mal por mal”; confía en Yahvé, que El te salvará." Peso falso es abominable a Yahvé, y falsa balanza no está bien. De Yahvé son los pasos del hombre. ¿Qué puede saber el hombre de sus propios destinos? Lazo es al hombre decir luego: “Consagrado,” para andar después pesquisando sobre el voto. El rey sabio disipa a los impíos y hace tornar sobre ellos la rueda” Candela de Yahvé es el espíritu del hombre que escudriña los escondrijos de las entrañas. Bondad y fidelidad guardan al rey, y la justicia sostiene los tronos. La fortaleza es la gloria de los jóvenes; el ornamento de los ancianos, la canicie." Las señales del azote son medicina contra el mal, y sus llagas llegan a lo más íntimo del corazón. Arroyo de agua es el corazón del rey en mano de Yahvé, que El dirige a donde le place. Al hombre siempre le parecen buenos sus caminos, pero es Yahvé quien pesa los corazones. Haz justicia y juicio; que eso es más grato a Yahvé que el sacrificio." Ojos altivos, corazón soberbio, la lámpara de los impíos, son pecado. Los designios del diligente prosperan, más para el precipitado todo son pérdidas. Allegar tesoros con lengua mentirosa es una desatentada vanidad y lazo mortal, La rapiña del impío será su destrucción por no haber querido hacer justicia. El camino del perverso es tortuoso y desviado, pero el del justo es derecho. Mejor es vivir en un rincón del desván que en cómoda casa con mujer quisquillosa. El alma del impío desea hacer el mal, no perdona ni a su amigo. Por el castigo del petulante aprende el inexperto; el sabio de la corrección saca ciencia." El justo ve la caída del impío y cómo son trastornados por la desventura. El que cierra sus oídos al clamor del pobre, tampoco cuando él clame hallará respuesta. El presente en secreto aplaca el furor, y el don en el seno la fuerza. Alegra al justo que se haga justicia, pero al malhechor le aterra. El que se aparta del camino de la sabiduría vendrá a parar en la compañía de los muertos. Vendrá a parar en la miseria el que ama los deleites, y el que ama el vino y los perfumes no se enriquecerá. El rescate del justo es el impío; el de los rectos, el prevaricador." Mejor es vivir en un desierto que con mujer rencillosa e iracunda. Codiciable y pingüe tesoro hay en la casa del justo, pero el necio lo disipa. El que hace justicia y misericordia hallará vida y honor. El sabio expugna la ciudad fuerte y destruye la fuerza en que se apoya. El que guarda su boca y su lengua se preserva de la angustia. Insolente es el nombre del soberbio y presuntuoso, que obra con orgullo excesivo. Los deseos matan al haragán, porque sus manos no quieren trabajar. Hay quien está siempre codiciando, pero el justo da con largueza. Abominable es el sacrificio del impío, sobre todo si lo ofrece con mala intención. El testigo falso perecerá; el hombre que dice verdad mantiene su palabra." El impío hace cara dura, pero el justo conoce su camino. No hay sabiduría, no hay cordura, no hay consejo contra Yahvé. Apréstese el caballo para el día del combate, pero la victoria es de Yahvé. Más que las riquezas vale el buen nombre; más que la plata y el oro, la buena estima." El rico y el pobre se encuentran, pero al uno y al otro los hizo Yahvé. El cuerdo ve el peligro y se esconde, pero el necio sigue adelante y la paga. Riquezas, honra y vida son premio de la humildad y del temor de Yahvé. Espinas y lazos hay en el camino del impío; el que guarda su alma se aleja de él." Instruye al niño en su camino, que aun de viejo no se apartará de él. El rico señorea sobre el pobre, y el que toma prestado es siervo del que le presta. El que siembra iniquidad cosecha desventura, y todos sus afanes son vanos. El hombre generoso es bendecido, porque da al pobre, de su pan. Arroja al petulante y se acabará la contienda, y cesará el pleito y la afrenta. Ama Yahvé a los de puro corazón, y agrada al rey la gracia en el decir. Los ojos de Yahvé protegen al justo y trastornan los planes del perverso. Dice el perezoso: “Fuera hay un león que me mataría en medio del camino.” Sima profunda es la boca de la extraña; aquel que es odioso a Yahvé cae en ella." La necedad se esconde en el corazón del niño; la vara de la corrección le hace salir de él." Oprimir al pobre es para provecho suyo; dar al rico es tirarlo." Da oído y escucha las palabras del sabio y aplica tu corazón a la enseñanza. Pues te será dulce conservarla en tu pecho y tenerla pronta en tus labios. Para que pongas en Yahvé tu confianza te señalo hoy tus caminos. ¿No te he escrito treinta (sentencias), en que se encuentran consejos inteligentes, palabras sinceras para enseñarte verdad, para que sepas responder a quien te pregunte? No robes al pobre porque es pobre, ni quebrantes en las puertas al desvalido, porque Yahvé defenderá su causa y despojará a los que le despojan. No te acompañes del iracundo ni te vayas con el colérico, para que no aprendas sus maneras y no pongas lazos a tu vida. No seas de los que dan la mano y salen fiadores de un deudor;" pues, si no tienes con qué pagar, te quitarán de debajo de ti la cama. No traslades los linderos antiguos que pusieron tus padres. ¿Has visto a uno solícito en sus cosas? Pues ante los reyes estará, no quedará entre gente oscura. Cuando te sientes a la mesa de un señor, mira bien a quién tienes delante;" y pon un cuchillo a tu garganta si sientes mucho apetito. No codicies sus manjares delicados, porque es pan engañoso. No te empeñes en hacerte rico; pon coto a tu ambición." Pones en ello tus ojos y desaparece luego, pues toma luego el vuelo y, como águila, se remonta al cielo. No comas con el avaro ni codicies sus manjares. Porque él no piensa más que en sí. “Come, bebe,” te dirá, pero su corazón no está contigo. Y vomitarás el bocado que comiste, y habrás perdido tus blandas palabras. No hables a oídos del necio, que despreciará tus sensatas razones. No traslades los antiguos linderos ni te metas en la heredad de los huérfanos, porque su defensor es fuerte, que sentenciará por ellos contra ti. Aplica tu corazón a la enseñanza, y tus oídos a las palabras de los sabios. No ahorres a tu hijo la corrección, que porque le castigues con la vara no morirá;" hiriéndole con la vara, librarás su alma del sepulcro. Hijo mío, si eres sabio, se alegrará mi corazón;" y se alegrarán mis entrañas si tus labios hablan cosas rectas. No envidies a los pecadores, antes persevera siempre en el temor de Yahvé;" porque ciertamente tendrás un porvenir, no verás defraudada tu esperanza. Óyeme, hijo mío, y sé sabio, y endereza tu corazón por buen camino. No te vayas con los bebedores de vino ni con los comedores de carne. Porque el bebedor y el comilón empobrecerán, y el sueño hará vestir andrajos. Escucha a tu padre, al que te engendró, y cuando envejeciere tu madre no la desprecies. Compra verdad y no la vendas, sabiduría, instrucción e inteligencia. Mucho se alegrará el padre del justo, y el que engendró a un sabio se gozará en él. Alégrense, pues, tu padre y tu madre y gócese la que te engendró. Dame, hijo mío, tu corazón y pon tus ojos en mis caminos. Sima profunda es la ramera, y pozo estrecho la extraña. También ella, como el ladrón, está al acecho. y multiplica entre los hombres los prevaricadores. ¿A quién los ayes, a quién los lamentos? ¿A quién las contiendas, a quién las quejas? ¿A quién los palos por nada? ¿A quién los ojos hinchados? A quien se para mucho ante el vino, a los que se van en busca de la mixtura. No mires mucho al vino cuando rojea y cuando espuma en el vaso; éntrase suavemente," pero al fin muerde como sierpe y pica como áspid. Y tus ojos verán cosas extrañas y hablarás sin concierto. Te parecerá estar acostado en medio del mar y estar durmiendo en la copa de un árbol. (Dirás:) “Me han pegado, y no me ha dolido; me han pisoteado, y no lo he sentido. Cuando me despierte, volveré a buscarlo.” No tengas envidia del malvado ni desees ponerte en su lugar, porque su corazón maquina la ruina, y sus labios no hablan más que para dañar. Con la sabiduría se edifica la casa y con la prudencia se afirma;" con la ciencia se hinchan sus cámaras de todo lo más preciado y deleitoso. Hace más el sabio que el valiente, el hombre de ciencia más que el fuerte;" porque con estratagemas se hace la guerra, y la victoria está en la muchedumbre de los consejeros. Demasiado sublime es para el necio la sabiduría; no abrirá su boca en las puertas." El que maquina el mal será llamado hombre de malos pensamientos. El pensamiento del necio es el pecado, y es abominable a los hombres el petulante. Si eres flojo en el tiempo bueno, ¿qué fuerza tendrás en el día de la desventura? Libra al que es llevado a la muerte; al que está en peligro de muerte sálvale." Que si luego dijeres: “No lo sabía,” ¿no lo sabrá el que pesa los corazones? Bien lo sabe el que vela por tu vida, y dará a cada uno según su merecido. Come miel, hijo mío, que es buena, y el panal es muy dulce al paladar. Así es, sábelo, la sabiduría para tu alma; si la adquieres, tendrás buen porvenir, y tu esperanza no quedará incumplida." No aceches, ¡oh impío! la morada del justo, no saquees su casa;" pues el justo, si siete veces cae, siete se levanta; pero el impío sucumbirá en la desventura." No te goces en la ruina de tu enemigo, no se alegre tu corazón al verle sucumbir;" no lo vea Dios y le desagrade y aparte de sobre él su ira. No te entrometas con los perversos, no tengas envidia del impío;" porque el impío no tendrá buen fin, y la lámpara del malvado será apagada. Teme, hijo mío, a Yahvé y al rey y no te unas a los veleidosos, porque de improviso viene sobre ellos la perdición, y el disfavor de entrambos, ¿quién lo conoce? También éstas son sentencias de los sabios. No está bien tener acepción de personas en el juicio. Al que dice al culpable: “Tú tienes la razón,” le detesta el pueblo y le maldicen las gentes;" pero al que rectamente juzga, todo le va bien, y sobre él desciende fausta bendición. Da un beso en los labios quien da una buena respuesta. Dispon tu obra de fuera y prepáratela en el campo; luego la meterás en casa." No testifiques de ligero contra el prójimo; ¿quieres, acaso, engañar con tus labios?" No digas: “Como me ha tratado a mí, le trataré yo a él y le daré lo que se merece.” Pasé junto al campo del perezoso y junto a la viña del insensato, y todo eran cardos y ortigas, que habían cubierto su superficie; y su cerca de piedra estaba destruida." A su vista me puse a reflexionar; aquello fue para mí una lección." Un poco dormir, un poco cabecear; otro poco mano sobre mano descansando." Y sobreviene como correo la miseria, y como ladrón la indigencia. También éstas son sentencias de Salomón el rey, coleccionadas por los varones de Ezequías, rey de Judá. Gloria de Dios es encubrir las cosas, y honra del rey escudriñarlas. Como la altura del cielo y la profundidad de la tierra, así es insondable el corazón del rey. Despoja de escorias a la plata, y el platero podrá hacer su obra. Aparta al inicuo del lado del rey, y con la justicia se afirmará su trono. No te alabes en la presencia del rey y no te sientes en la silla de los grandes. Pues mejor es que te digan “Sube acá” que tener que ceder tu puesto a otro más grande. Lo que han visto tus ojos, no lo hagas en seguida objeto de litigio; pues ¿qué harás luego, cuando venga tu adversario y te ponga en evidencia?" Defiende tu pleito contra tu adversario, pero no descubras el secreto de otro, a fin de que no pueda infamarte quien te escucha, sin que tenga remedio tu deshonra. Fruto de oro en plato de plata es la palabra dicha a tiempo. Zarcillo de oro y collar de plata es un sabio amonestador para el oído dócil. Frío de nieve en el calor de la siega es el mensajero fiel para quien le manda, I que refresca el ánimo de su señor. Nube y viento sin lluvia es el hombre que se jacta de vana liberalidad. Con longanimidad se aplaca el príncipe, y la lengua suave ablanda los huesos. Si encuentras miel, come lo suficiente; no te hartes y tengas que vomitarla." Pon rara vez tu pie en la casa del vecino, no se harte de ti y te aborrezca. Maza, espada y aguda saeta es el hombre que testifica en falso contra su prójimo. Como diente quebrado y pie que resbala es la confianza en el impío en el tiempo de la angustia (y como el que se quita la ropa en día de frío). Echar vinagre sobre el natrón es cantar canciones al corazón afligido. (Como la polilla en el vestido o la carcoma en la madera, así la tristeza hace daño al corazón.) Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber;" pues así echas ascuas sobre su cabeza, y Yahvé te lo pagará. El viento norte ahuyenta la lluvia; rostro airado, la lengua detractora." Mejor es estar en un rincón del desván que con mujer rencillosa en casa espaciosa. Agua fresca en la boca del sediento es la buena nueva que viene de lejanas tierras. Fuente turbia y manantial infecto es el justo que cede ante el impío. No hace bien comer demasiada miel y no es honroso buscar la propia gloria. Ciudad desmantelada y sin murallas es el que no tiene dominio de sí mismo. Como nieve en el verano y lluvia en la siega, así conviene al necio la honra. Como pájaro vago y como golondrina que vuela es la imprecación sin motivo, no se cumple. Para el caballo el látigo, la cabezada para el asno” la vara para las espaldas del necio. No respondas al necio según su necedad, para no hacerte como él. Responde al necio como merece su necedad, para que no se tenga por sabio. Sus pies se corta y daños sufre el que envía un mensaje por mano de un necio. Como cojean las piernas del cojo, así el proverbio en la boca del necio. Como quien liga la piedra en la honda, así es el que hace honor al necio. Como rama de espino en mano de un borracho, así es el proverbio en la boca del necio. Como saeta que hiere a cualquiera que pasa, así al que asalaria al necio y al borracho. Como perro que vuelve a su vómito es el necio que repite sus necedades. ¿Has visto a uno que se cree sabio? Más puedes esperar del necio que de él. Dice el perezoso: “En el camino hay una fiera, un león en la plaza.” Las puertas giran en sus quicios, y el perezoso en su lecho. El perezoso mete la mano en el seno y se cansa aun para llevársela a la boca. El perezoso se cree sabio más que siete que sepan responder. Coger a un perro por las orejas es entrometerte en un pleito que no te importa. Como el loco que lanza llamas y saetas mortíferas, tal es el hombre que daña a su amigo y dice después: “Lo hice por broma.” Por falta de leña se apaga el fuego, y donde no hay chismoso cesa la contienda. Como el carbón a las brasas y la leña al fuego, así es el chismoso para encender contiendas. Las palabras del chismoso son bocado suave, que baja hasta el fondo de las entrañas. Baño de plata sobre vasija de barro son los labios lisonjeros y corazón malvado. El que aborrece se enmascara con los labios, pero dentro lleva la traición. Cuando te habla amigablemente, no le creas, porque lleva siete abominaciones dentro del corazón. Con doblez esconde su rencor, pero su malicia será descubierta en la asamblea. El que cava la fosa cae dentro de ella, y al que rueda vina piedra se le viene encima. La lengua mentirosa produce muchos males y la boca lisonjera hace resbalar. No te jactes del día de mañana, pues no sabes lo que dará de sí. Que te alabe el extraño, no tu boca; el ajeno, no tus labios." Pesada es la piedra, pesada la arena, pero la ira del necio es más pesada que ambas cosas. Cruel es la ira, furiosa la cólera, pero ¿quién podrá parar ante la envidia? Mejor es una abierta reprensión que un amor encubierto. Leales son las heridas hechas por quien ama, pero los besos del que aborrece son engañosos. El harto pisotea la miel, pero al hambriento le es dulce lo amargo. Como pajarillo fuera de su nido es el hombre fuera de su patria. El perfume y el incienso alegran el corazón, y el consejo y la ciencia son la delicia del alma. No dejes al amigo, ni al amigo de tu padre, y no tendrás que ir a casa de tu hermano en el día de la desventura. Mejor es vecino cercano que hermano lejano. Sé sabio, hijo mío, y compláceme, para que pueda yo responder a quien me moteja. El prudente ve el peligro y se esconde, el simple sigue adelante y la paga. Cógele el vestido por haber salido fiador de otro y retén la prenda a quien fió a un extraño. Al que saluda a voces al vecino de madrugada, por maldición se le cuenta. Gotera incesante en día de lluvia y mujer rencillosa, allá se van;" quien quiere contenerla pretende parar el viento o coger aceite con su diestra. El hierro, con el hierro se aguza, y el hombre aguza a su prójimo. El que guarda la higuera comerá su fruto y el que atiende a su señor recibirá de él honores. Como se parece un agua a otra agua, así el corazón de un hombre al de otro. El “seol” y el averno no se llenan nunca; así el ojo del hombre no se sacia jamás." Como el cristal para la plata y la hornaza para el oro, así es para el hombre la boca del que le alaba. Aunque majes al necio en el mortero con el pilón de machacar el trigo, no le sacarás de su necedad. Cuida bien de tu grey y pon atención a tus rebaños, pues no dura siempre la riqueza, ni la corona va de generación en generación. Sale el heno, aparece la verdura, siéganse las hierbas de los montes;" y los corderos te proporcionan vestidos, y los cabritos el precio de un campo, las cabras leche abundante para tu comida, para el mantenimiento de tu casa y para el sustento de tus criados. Huye el malvado sin que nadie le persiga, mas el justo va seguro como cachorro de león. Por los delitos de una tierra son muchos sus gobernantes, pero con uno inteligente y prudente dura largo tiempo. El perverso que oprime a los pobres es un torbellino huracanado, que no da pan. Los que abandonan la ley alaban al impío; los que la guardan le hacen la guerra." Los malvados no conocen la justicia, pero el que busca a Yahvé lo sabe todo. Mejor es el pobre que anda en integridad que el rico de perversos caminos. El que guarda la ley es hijo prudente; el que se acompaña de glotones es vergüenza de su padre." El que con usura y crecido interés aumenta sus caudales, para el que se apiada de los pobres lo allega. Es abominable la oración de aquel que se aparta de la ley. El que extravía a los rectos de la buena senda caerá en su propia sima, pero los perfectos heredarán el bien. El rico es sabio a sus propios ojos, pero el pobre inteligente sabe sondearle. Cuando prevalecen los justos, hay gran gloria; pero cuando se alzan los impíos se esconden los hombres." El que oculta sus pecados no prosperará; el que los confiesa y se enmienda alcanzará misericordia." Bienaventurado el hombre que persevera en el temor, pero el de duro corazón caerá en la desventura. León rugiente y oso hambriento es un mal príncipe a la cabeza de su pueblo. Un príncipe insensato multiplica las extorsiones, pero el que aborrece la rapiña alarga la vida. El hombre que derrama sangre corre al sepulcro sin que nadie le socorra. El que anda en integridad será salvo; el que va por senderos tortuosos, en alguno caerá." El que labra la tierra tendrá pan abundante; el que se va con los ociosos se hartará de pobreza." El hombre fiel será muy bendecido; el que de prisa se enriquece no lo hará sin culpa." No es bueno tener acepción de personas, y por un pedazo de pan se peca. El malo se apresurará a hacerse rico, y no ve que le vendrá la pobreza. El que reprende hallará después mayor gracia que aquel que lisonjea con la lengua. El que roba a su padre o a su madre y dice que no es falta, es digno compañero de bandidos. El hombre codicioso suscita litigios, el que en Dios confía se sacia. El que en sí mismo confía es un necio, el queanda en sabiduría será salvo. El que da al pobre no tendrá pobreza, el que aparta de él sus ojos tendrá muchas maldiciones. Cuando están en auge los impíos, se esconde el hombre; mas, cuando son destruidos, se multiplican los justos." El que reprendido endurece su cerviz, de repente será quebrantado sin remedio. Bajo el gobierno de los justos está contento el pueblo; cuando mandan los impíos, el pueblo suspira." El que ama la sabiduría alegra a su padre; el que frecuenta rameras pierde su hacienda." El rey con la justicia mantiene el Estado, pero el venal lo lleva a la ruina. El que adula a su prójimo tiende un lazo a los pies de éste. Bajo los pies del malvado hay una trampa, pero el justo canta alegremente. El justo reconoce el derecho de los humildes, pero al impío no se le da nada de él. Los petulantes sublevan la ciudad; los sabios calman la ira." Si un sabio disputa con un necio, que se enoje, que se ría, no tendrá reposo. Los hombres sanguinarios odian al justo, pero a los justos no les da cuidado. El necio desfoga toda su ira, pero el sabio acaba por calmarla. El príncipe que da oídos a la mentira, tendrá ministros todos malos. El pobre y el usurero se encuentran; es Yahvé quien hace brillar los ojos de entrambos." El rey que hace justicia a los humildes hace firme su trono para siempre. La vara y el castigo dan sabiduría; el muchacho consentido es la vergüenza de su madre." Con el crecer de los malos crece la iniquidad, pero los justos verán su caída. Corrige a tu hijo y te dará contento, y hará las delicias de tu alma. Sin profecía el pueblo va desenfrenado; pero el que guarda la ley, dichoso él." No con solas palabras se corrige el esclavo, porque entiende bien, pero de obedecer, nada. ¿Has visto un hombre precipitado en el hablar? Más esperanza que en él hay en el necio. El que acaricia a su siervo desde su infancia, al fin tendrá que arrepentirse. JE1 iracundo levanta contiendas, y el furioso muchas veces peca. La soberbia trae al hombre la humillación, pero el de humilde corazón es ensalzado. El encubridor del ladrón a sí mismo se odia, oye el conjuro y no lo denuncia. El temor del hombre es un lazo, pero el que teme a Yahvé está seguro. Muchos son los que buscan el favor del príncipe, pero el juicio de cada cual viene de Yahvé. El inicuo es horror para el justo, y horror para el malvado es el que obra rectamente. Dichos de Agur, hijo de Jaqué, de Masa, Dijo aquel varón: Mucho me he fatigado, ¡oh Dios! mucho me he fatigado, ¡oh Dios! y he perdido la esperanza. Porque soy un ignorante y menos que hombre, y no tengo inteligencia de hombre. Pero Dios me enseñó, y conocí la ciencia del Santo. ¿Quién subió a los cielos y bajó? ¿Quién encerró los vientos en su puño? ¿Quién ató las aguas en su manto? ¿Quién fijó los confines a la tierra? ¿Cómo se llama? ¿Y cómo se llama su hijo? ¿Lo sabes tú? Toda palabra de Dios es acrisolada, es el escudo de quien en El confía. No añadas nada a sus eloquios, por que no te reprenda y seas hallado mentiroso. Dos cosas te pido, no me las niegues antes de que muera. Tenme lejos de la mentira y del engaño y no me des ni pobreza ni riquezas. Dame aquello de que he menester. No sea que, harto, te desprecie y diga: “¿Quién es Yahvé?” O que, necesitado, robe y blasfeme del nombre de mi Dios. No calumnies al siervo ante su amo, no sea que te maldiga y hayas de sufrir el castigo. Hay quien maldice a su padre y no bendice a su madre. Hay quien se cree limpio y no ha limpiado su inmundicia. Hay quien mira con altanería y cuyos párpados son altivos. Hay gentes cuyos dientes son espadas, y cuchillos sus molares, para devorar a los pobres de la tierra y raer de entre los hombres a los menesterosos. Dos hijos tiene la sanguijuela: Dame, dame. Tres cosas hay que no se hartan y cuatro que nunca dicen: “Basta.” El “seol,” la matriz estéril, la tierra que no se harta de agua, y el fuego que nunca dice: “Basta.” Al que escarnece a su padre y pisotea el respeto de su madre, cuervos del valle le saquen los ojos y devórenle aguiluchos. Tres cosas me resultan maravillosas, y una cuarta que no llego a entender: el camino del águila en los aires, el rastro de la serpiente sobre la roca, el camino de la nave en medio del mar, y el rastro del hombre en la doncella. Este es el obrar de la mujer adúltera: después de haber comido se limpia la boca y dice: “Nada de mal he hecho.” Tres cosas hay que sublevan a la tierra y una cuarta que no puede sufrirse: siervo que llegue a dominar, necio que se ve harto de pan, desdeñada que llegue a encontrar marido y esclava que hereda a su señora. Cuatro cosas hay pequeñas en la tierra que son, sin embargo, más sabias que los sabios: la hormiga, pueblo nada fuerte, pero que se prepara su provisión en el verano;" el damán, pueblo nada esforzado, que se hace su cubil en las rocas;" la langosta, que no tiene rey, y, sin embargo, avanza en escuadrones;" el lagarto, que se toma con la mano, y, sin embargo, habita en los palacios de los reyes. Tres cosas hay de buen andar y aun cuatro que muy bien se pasean: el león, el más fuerte de todos los , que no retrocede ante nadie;" el gallo, que marcha arrogante entre sus gallinas; el macho cabrío, que va delante de su manada, y el rey, que va a la cabeza de su ejército." Si te alabaste sin darte cuenta o a sabiendas, mano a la boca;" que batiendo la leche se hace la manteca, y oprimiendo la nariz se saca sangre, y oprimiendo la ira se excita la riña. Sentencias de Lemuel, rey de Masa; sentencias que le enseñó su madre:" ¿Qué, hijo mío, qué te diré, Lemuel, mi primogénito? ¿Qué, hijo de mis entrañas? ¿Qué, hijo de mis votos? No des a las mujeres tu vigor, ni tus caminos a las que destruyen a los reyes. No está bien, ¡oh Lemuel! a los reyes, no está bien a los reyes beber vino, ni a quienes gobiernan el deseo de los licores. Si no, bebe y se olvida de las leyes y pervierte el derecho de los afligidos. El licor dadlo a los miserables, y el vino a los afligidos;" que bebiendo olviden su miseria y no se acuerden más de sus trabajos. Abre tu boca por el mudo y defiende al desvalido;" abre tu boca a la sentencia justa y haz justicia al pobre y al miserable. Alef. La mujer fuerte, ¿quién la hallará? Vale mucho más que las perlas. Beth. En ella confía el corazón de su marido y no tiene nunca falta de nada. Guímel. Le proporciona siempre el bien, nunca el mal, todo el tiempo de su vida. Dalet. Ella se procura lana y lino y hace las labores con sus manos. He. Es como nave de mercader, que desde lejos trae su pan. Vau. Se levanta cuando aún es de noche, y prepara a su familia la comida y la tarea de sus criados, Zain. Ve un campo y lo compra, y con el fruto de sus manos planta una viña. Jet. Se ciñe de fortaleza y esfuerza sus brazos. Tet. Ve alegre que su negocio va bien, y ni de noche apaga su lámpara. Yod. Coge la rueca en sus manos y hace bailar el huso. Caf. Tiende su mano al miserable y alarga la mano al menesteroso. Lamed. No teme su familia el frío de la nieve, porque todos en casa tienen vestidos dobles. Mem. Ella se hace cobertores, y sus vestidos son de lana y púrpura. Nun. Celebrado es en las puertas su marido cuando se sienta entre los ancianos del lugar. Sámec. Hace una hermosa tela y la vende, y vende al mercader un ceñidor. Ayin. Se reviste de fortaleza y gracia, y sonríe al porvenir. Pe. La sabiduría abre su boca y en su lengua está la ley de bondad. Tsade. Vigila a toda su familia, y no come su pan de balde. Qof. Alzanse sus hijos y la aclaman bienaventurada, y su marido la ensalza. Res. “Muchas hijas han hecho proezas, pero tú a todas sobrepasas.” Sin. Engañosa es la gracia, fugaz la belleza; la mujer que teme a Dios, ésa es de alabar." Tau. Dadle los frutos del trabajo de sus manos, y alábenla sus hechos en las puertas. Razones del Cohelet, hijo de David, rey de Jerusalén. Vanidad de vanidades, dijo el Cohelet; vanidad de vanidades; todo es vanidad." ¿Qué provecho obtiene el hombre de todo por cuanto se afana debajo del sol? Pasa una generación y viene otra, pero la tierra es siempre la misma. Sale el sol, se pone el sol y se apresura a llegar al lugar de donde vuelve a nacer. Tira el viento al mediodía, gira al norte, va siempre dando vueltas y retorna a sus giros. Los ríos van todos al mar, y la mar no se llena; al lugar de donde ellos vinieron tornan de nuevo para volver a correr." Todas las cosas trabajan más que cuanto el hombre puede ponderar; no se sacia el ojo de ver ni se harta el oído de oír." Lo que fue, eso será; lo que ya se hizo, eso es lo que se hará; no se hace nada nuevo bajo el sol." Si de algo se dice: “Mira, esto es nuevo,” aun eso fue ya en los siglos anteriores a nosotros. No hay memoria de los antiguos, ni de los que vendrán después habrá memoria en los que serán después. Yo, el Cohelet, he sido rey de Israel, en Jerusalén, y apliqué mi mente a hacer con sabiduría investigaciones y pesquisas sobre todo cuanto hay bajo los cielos. Es una dura labor dada por Dios a los hijos de los hombres, para que en ella se ocupen. Miré todo cuanto se hace debajo del sol, y vi que todo era vanidad y apacentarse de viento. Lo torcido no puede enderezarse, y lo que falta no se puede contar. Y dije para mí: Heme aquí engrandecido y crecido en sabiduría, más que cuantos antes de mí fueron en Jerusalén, y hay en mi mente mucha ciencia y sabiduría. Di, pues, mi mente a conocer la sabiduría y la ciencia y a entender la locura y los desvarios, y vi que también esto es apacentarse de viento, pues donde hay mucha ciencia hay mucha molestia, y creciendo el saber crece el dolor. Dije en mi corazón: “Ea, probemos la alegría, a gozar los placeres.” Pero también esto es vanidad. Dije de la risa: “Es locura,” y de la alegría: “¿De qué sirve?” Me propuse regalar mi carne con el vino, mientras daba mi mente a la sabiduría, y me di a la locura, hasta llegar a saber qué fuese para el hombre lo mejor de cuanto acá abajo se hace durante los contados días de su vida. Emprendí grandes obras, me construí palacios, me planté viñas, me hice huertos y jardines y planté en ellos toda suerte de árboles frutales. Me hice estanques de agua para regar de ellos el bosque donde los árboles crecían. Compré siervos y siervas y tuve muchos nacidos en mi casa; tuve muchos ganados, vacas y ovejas, más que cuantos antes de mí hubo en Jerusalén." Amontoné plata y oro, tesoros de reyes y provincias. Híceme con cantores y cantoras, y cuanto es deleite del hombre, princesas sin número. Fui grande más que cuantos me precedieron en Jerusalén, pero mi sabiduría permaneció conmigo. De cuanto mis ojos me pedían, nada les negué, no privé a mi corazón de gozo alguno; mi corazón gozaba de toda mi labor, siendo éste el premio de mis afanes." Entonces miré cuanto habían hecho mis manos y todos los afanes que al hacerlo tuve, y vi que todo era vanidad y persecución del viento y que no hay provecho alguno debajo del sol. Me volví a considerar la sabiduría, la estulticia, la necedad, corno quien desanda el camino anteriormente recorrido. Y vi que la sabiduría sobrepasa a la ignorancia cuanto la luz a las, tinieblas. El sabio tiene los ojos en la frente, mas el necio anda en tinieblas. Vi también que una es la suerte de ambos. Y dije en mi corazón: “También yo tendré la suerte del necio; ¿por qué, pues, hacerme sabio, qué provecho sacaré de ello?” Y vi que también esto es vanidad," porque del sabio, como del necio, no se hará eterna memoria, sino que todo, pasado algún tiempo, pronto se olvida. Muere, pues, el sabio igual que el necio. Por eso aborrecí la vida, al ver que cuanto debajo del sol se hace es vanidad y persecución del viento. Y aborrecí todo cuanto había hecho bajo el sol, porque todo tendré que dejarlo a quien vendrá después de mí. ¿Y quién sabe si ése será sabio o será necio? Y, con tocio, dispondrá de todo mi trabajo, de lo que me costó estudio y fatiga debajo del sol. También esto es vanidad. Y desesperé en mi corazón de todo el trabajo que he hecho debajo del sol, porque quien trabajó con conocimiento, con pericia y buen suceso, tiene después que dejárselo todo a quien nada hizo en ello; también esto es vanidad y mal grande." Pues ¿qué le queda al hombre de todo su afanarse y fatigarse con que debajo del sol se afanó? Todos sus días son dolor, y todo su trabajar fatiga, y ni aun de noche descansa su corazón. También esto es vanidad. No hay para el hombre cosa mejor que comer y beber y gozar de su trabajo, y vi que esto es don de Dios. Porque ¿quién puede comer y beber sino gracias a El? Pues al que le es grato le da sabiduría, ciencia y gozo; pero al pecador le da el trabajo de allegar y amontonar para dejárselo después a quien Dios quiera. También esto es vanidad y persecución del viento." Todo tiene su tiempo, y cuanto nace debajo del sol su hora. Hay tiempo de nacer y tiempo de morir, tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado;" tiempo de herir y tiempo de curar, tiempo de destruir y tiempo de edificar;" tiempo de llorar y tiempo de reír, tiempo de lamentarse y tiempo de danzar;" tiempo de esparcir las piedras y tiempo de amontonarlas, tiempo de abrazarse y tiempo de separarse;" tiempo de ganar y tiempo de perder, tiempo de guardar y tiempo de tirar;" tiempo de rasgar y tiempo de coser, tiempo de callar y tiempo de hablar;" tiempo de amar y tiempo de aborrecer, tiempo de guerra y tiempo de paz. ¿Qué provecho saca el que se afana de aquello que hace? Yo he mirado el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que en él se ocupen. Todo lo hace El apropiado a su tiempo, y ha puesto además en el alma la idea de perduración, sin que pueda el hombre descubrir la obra de Dios desde el principio hasta el fin. Conocí que no hay para él otro bien que gozarse y procurarse el bienestar en su vida, pues el que uno coma, beba y se goce de su trabajo, don es de Dios. Conocí que cuanto hace Dios es permanente, y nada se le puede añadir, nada quitar, y hace así Dios que se le tema. Lo que es, eso fue ya, y lo que fue, eso será, y Dios vuelve a traer lo que ya pasó. Otra cosa he visto debajo del sol: que en el puesto de la justicia está la injusticia, y en el lugar del derecho la iniquidad. Por eso me dije: Dios juzgará al justo y al injusto, porque hay un tiempo destinado para todo y para toda obra. Díjeme también acerca del hombre: Dios quiere hacerles ver y conocer que de sí son como las bestias, porque una misma es la suerte de los hijos de los hombres y la suerte de las bestias, y la muerte del uno es la muerte de las otras, y no hay más que un hálito para todos, y no tiene el hombre ventaja sobre la bestia, pues todo es vanidad. Unos y otras van al mismo lugar; todos han salido del mismo polvo, y al polvo vuelven todos." ¿Quién sabe si el hálito del nombre sube arriba, y el de la bestia baja abajo, a la tierra? Y vi que no hay para el hombre nada mejor que gozar de su trabajo, pues ésa es su parte; ¿quién le dará a conocer lo que ha de venir después de él?" Tórneme y vi las violencias que se hacen debajo del sol, y las lágrimas de los oprimidos, sin tener quién los consuele, y la fuerza en mano de los opresores, tener sin aquéllos consolador. Y proclamé dichosos a los muertos que se fueron, más dichosos que los vivos que. viven todavía, y más dichosos aún a los que nunca vivieron y no vieron lo malo que debajo del sol se hace. Vi también que todo trabajo y cuanto de bueno se hace mueve la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y apacentarse de viento. El necio se cruza de manos y se come su carne. Más vale una sola mano llena en reposo que las dos llenas en trabajo y en vanos afanes. Volvíme de nuevo y vi otra vanidad debajo del sol: un hombre solo que no tiene sucesor, que no tiene hijo ni hermano y-no cesa nunca de trabajar ni se hartan sus ojos de riquezas. ¿Para quién trabajo yo y me someto a privaciones? También esto es vanidad y duro trabajo. Más valen dos que uno solo, porque logran mejor fruto de su trabajo. Si cayeren, se levantan el uno al otro; pero ¡ay del solo, que, si cae, no tiene quién le levante" También, si duermen dos juntos, uno a otro se calientan; pero el solo, ¿cómo podrá calentarse?" Si uno es agredido, serán dos a defenderse, y la cuerda de tres hilos no es fácil de romper. Más vale mozo pobre y sabio que rey viejo y necio, que no sabe escuchar los consejos. Aquél aun de la cárcel podrá salir para subir al trono, aunque en su reino haya nacido pobre. Vi que todos los que andan y viven debajo del sol se iban con él, con el mozo que le quitó su puesto. -- -- [ (Ecclesiastes 4:17) Pon atención a tus pasos al acercarte a la casa de Dios; llegarse dócilmente vale más que el sacrificio de los insensatos, que no saben hacer más que el mal." ] No seas precipitado en tus palabras y que tu corazón no se apresure a proferir una palabra delante de Dios, que en los cielos está Dios, y tú en la tierra; sean, pues, pocas tus palabras." Porque de la muchedumbre de las ocupaciones nacen los sueños, y de la muchedumbre de las palabras los despropósitos. Si haces un voto a Dios, no tardes en cumplirlo, que no hallan favor los negligentes; lo que prometes cúmplelo." Mejor es no prometer que dejar de cumplir lo prometido. No consientas que tu boca te haga culpable, y no digas luego ante el sacerdote que fue inadvertencia, pues se irritaría Dios contra tu palabra y destruiría las obras de tus manos;" pues de la muchedumbre de los cuidados nacen los sueños, y de la muchedumbre de las palabras los despropósitos. Teme, pues, a Dios. Si ves en la región la opresión del pobre y la violación de la justicia y del derecho, no te sorprendas, porque por encima del grande hay otro más grande que vigila, y por encima de ambos otro mayor. El fruto del campo es para todos, y aun el rey es para el campo. El que ama el dinero no se ve harto de él y el que ama los tesoros no saca de ellos provecho alguno; también esto es vanidad." Con la mucha hacienda, muchos son los que la comen; y ¿qué saca de ella el amo más que verla con sus ojos?" Dulce es el sueño del trabajador, coma poco, coma mucho; pero la hartura no deja dormir al rico." Hay un trabajoso afán que he visto debajo del sol: riquezas guardadas para el mal de su dueño. Piérdense esas riquezas en un mal negocio, y a los hijos que engendra no les queda nada en la mano. Como desnudo salió del seno de su madre, desnudo se tornará, yéndose como vino, y nada podrá tomar de sus fatigas para llevárselo consigo. También esto es un triste mal, que, como vino, así haya de volverse y nada pueda llevarse en la mano de cuanto trabajó;" y sobre esto, comer todos los días de su vida en tinieblas, en afán, dolor y miseria. He aquí lo que he hallado de bien: que es bueno comer, beber y disfrutar en medio de tantos afanes con que se afana el hombre debajo del sol los contados días que Dios le concede, pues ésa es su parte;" y el haber recibido de Dios riquezas y hacienda y facultad de gozar de ellas, alegrándose con su parte en medio de sus afanes, es también don de Dios;" no tendrá mucho en qué pensar en los días de su vida, porque Dios le llenó de alegría el corazón. -- omitido por paráfrasis -- Hay un mal que yo vi debajo del sol y que pesa muy gravemente sobre el hombre. Uno a quien Dios dio riquezas, hacienda y honra, y a quien nada le falta de cuanto su deseo puede desear, pero a quien Dios no le deja gozar de todo eso, sino que lo gozan los extraños. Esto es vanidad y mal trabajo. Aunque tenga cien hijos y viva muchos años, si no se hartó su alma del bien y ni siquiera halla sepultura, digo que mejor que él es el abortivo, que si en vano vino y oscuramente se va y cubren su nombre las tinieblas, y ni vio el sol ni supo nada, todavía más quietud goza que aquél, y aunque dos veces mil años viviese sin gustar el bien, ¿no irían todos esos años por el mismo camino? Todo el trabajo del hombre es para su boca, y nunca se harta su alma. ¿Cuál es la ventaja del sabio sobre el necio? ¿Cuál la del pobre que sabe ir su camino? Mejor es tener que perderse en deseos, y también esto es vanidad y persecución del viento. El que es, ya tiene nombre, y ya se sabe que es un hombre y que no puede contender con quien es más fuerte que él. Cierto, muchas palabras aumentan la vanidad; pero ¿qué provecho hay en eso para el hombre" y quién sabe lo que es mejor para él en los días de la vida de su vanidad, que pasa como sombra? ¿Quién dará a saber al hombre lo que después de él sucederá debajo del sol? Mejor es el buen nombre que el oloroso ungüento, y mejor el día de la muerte que el del nacimiento. Mejor es ir a casa en luto que ir a casa en fiesta, porque aquél es el fin de todo hombre, y el que vive reflexiona. Mejor es la tristeza que la risa, porque la tristeza del rostro es buena para el corazón. El corazón del sabio está en la casa en luto, el corazón del necio está en la casa en placer. Mejor es oír el reproche de un sabio que escuchar las cantilenas de los necios, porque cual el chisporrotear del fuego bajo la caldera, tal es el aplauso de los necios. Y también esto es vanidad. Porque la opresión puede hacer enloquecer al sabio, y las dádivas corrompen el corazón. Mejor es el fin de una cosa que su principio, y mejor es el de ánimo calmo que el irascible. No te apresures a enojarte, porque la ira es propia de necios. Nunca digas: ¿Por qué los tiempos pasados fueron mejores? porque nunca preguntarás esto sabiamente. Buena es la ciencia con hacienda, y es una ventaja para los que ven el sol. Porque escudo es la ciencia y escudo es la riqueza, pero excede la sabiduría que da la vida al que la tiene. Contempla la obra de Dios, porque ¿quién podrá enderezar lo que El torció? En el día del bien goza del bien, y en el día del mal reflexiona que lo uno y lo otro lo ha dispuesto Dios, de modo que el hombre nada sepa de lo por venir. De todo he visto en mis fugaces días: justo que muere en toda su justicia e impío que con todas sus iniquidades campa largo tiempo. No quieras ser demasiado justo ni demasiado sabio, ¿para qué quieres destruirte? No hagas mucho mal ni seas insensato: ¿por qué has de querer morir antes de tiempo? Bien te estará esto sin dejar aquello, que el que teme a Dios saldrá con todo. La sabiduría da al sabio una fuerza superior a la de diez potentes que gobiernan la ciudad. Cierto, no hay justo en la tierra que haga sólo el bien y no peque. Tampoco prestes atención a todo cuanto se dice, para que no tengas que oír a tu siervo decir mal de ti. Sabes muy bien que muchas veces también tú hablaste mal de otros. Todo esto he querido buscar en la sabiduría, y dije: Quiero hacerme sabio; pero la sabiduría está lejos de mí." Lejos se queda lo que estaba lejos, y profundo lo profundo. ¿Quién lo alcanzará? He aplicado mi corazón a buscar e inquirir la sabiduría y la ciencia, y he hallado que la maldad es una insensatez, y la insensatez una locura. Y hallé que es la mujer más amarga que la muerte y lazo para el corazón, y sus manos atadura. El que agrada a Dios escapará de ella, mas el pecador en ella se quedará preso. Esto hallé, dice el Cohelet, pesando las cosas una por una para hallar la razón. Lo que busca mi alma y todavía no ha encontrado: “Entre mil hallé un hombre, mas mujer entre todas ni una hallé.” Lo que hallé fue sólo esto: que Dios hizo recto al hombre, mas ellos se buscaron muchas perversiones. ¿Quién como el sabio? ¿Quién como el que sabe explicar las cosas? La sabiduría del hombre ilumina su rostro y quita aspereza a su semblante. Guarda el mandato del rey a causa del juramento hecho a Dios. No te apresures a alejarte de su presencia ni persistas en cosas que le desagraden, porque puede hacer cuanto quiere. Pues la palabra del rey es eficaz, ¿y quién podrá decirle: Qué es lo que haces? El que guarda los mandamientos no tendrá mal, y la mente sabia conoce el tiempo y el juicio;" que para toda cosa hay tiempo y juicio y es mucho el mal que pesa sobre el hombre;" porque no sabe lo que vendrá después, ¿y quién podrá decirle cuanto ha de suceder? No tiene el hombre poder sobre el espíritu para detenerlo ni tiene poder sobre el día de la muerte; no hay armas para tal guerra, ni podrá la iniquidad salvar al reo que la comete." Esto he visto poniendo atención a cuanto sucede bajo el sol, en tiempos en que el hombre domina sobre el hombre para su rnaL Vi a impíos recordados, mientras que los que habían hecho el bien se iban del lugar santo y eran olvidados en la ciudad; también esto es vanidad." Porque no se ejecuta prontamente la sentencia contra el mal, por ello el corazón de los hijos de los hombres se llena de deseos de hacer el mal;" que hace el pecador cien veces el mal y pervive; con todo, yo sé que los que temen a Dios tendrán el bien, los que temen ante su presencia," mientras que el impío no tendrá bien ni prolongará sus días, que serán como sombras por no temer a Dios. Sin embargo, tal vanidad se da sobre la tierra, que son tratados justos como conviene a los malvados, y malvados como conviene a los justos. Y me digo que también esto es vanidad. Por eso alabo la alegría, que el hombre no tiene bien bajo el sol sino comer, beber y alegrarse, y esto es lo que le queda de sus trabajos en los días de vida que le da Dios bajo el sol. Di, pues, mi corazón a conocer la sabiduría y a examinar el trabajo que se hace sobre la tierra, porque hay quien ni de día ni de noche ve cerrarse sus ojos por el sueño. Examiné también la obra de Dios, que no puede el hombre conocer cuanto se hace bajo el sol, y, por mucho que se fatigue, nada llega a descubrir; y aun cuando dijere el sabio que sabe, nada llega a saber." Poniendo en mi corazón todo esto, vi bien que el justo y el sabio y sus obras están en las manos de Dios, y ni siquiera sabe el hombre si es objeto de amor o de odio; todo está encubierto ante él." Todo a todos sucede de la misma manera; una misma es la suerte que corren el justo y el impío, el bueno y el malo, el puro y el impuro, el que sacrifica y el que no ofrece sacrificios; como el hombre de bien, el malhechor; como el que jura, el que aborrece el juramento." Este mal hay en todo cuanto existe bajo el sol: que sea una misma la suerte de todos y que el corazón de los hijos de los hombres esté lleno de mal y de enloquecimiento durante la vida, y luego la muerte. ¿Y quién es exceptuado? Mientras uno vive hay esperanza, que mejor es perro vivo que león muerto;" pues los vivos saben que han de morir, mas el muerto nada sabe y ya no espera recompensa, habiéndose perdido ya su memoria. Amor, odio, envidia, para ellos ya todo se acabó; no toman ya parte alguna en lo que sucede bajo el sol." Ve, come alegremente tu pan y bebe tu vino con alegre corazón, pues que se agrada Dios en tus buenas obras. Vístete en todo tiempo de blancas vestiduras y no falte el ungüento sobre tu cabeza. Goza de la vida con tu amada compañera todos los días de la fugaz vida que Dios te da bajo el sol, porque ésa es tu parte en esta vida entre los trabajos que padeces debajo del sol. Cuanto tu mano pueda hacer, hazlo alegremente, porque no hay en el sepulcro, adonde vas, ni obra, ni razón, ni ciencia, ni sabiduría. De nuevo observé, y vi debajo del sol que no es de los ágiles el correr, ni de los valientes el vencer, ni aun de los sabios el pan, ni de los entendidos la riqueza, ni aun de los cuerdos el favor, sino que el tiempo y el acaso en todo se entremezclan. Y ni aun su hora conoce el hombre; como pez que es cogido en una mala red y como pájaro que se enreda en el lazo, así se enredan los hijos de los hombres en el mal tiempo cuando de improviso los coge." Otra cosa he visto debajo del sol que fue para mí una gran lección: haber una ciudad pequeña con poca gente dentro, contra la cual vino un gran rey y la asedió, levantando contra ella grandes fortificaciones;" y haber un hombrecillo, pobre, pero sabio, que con su sabiduría salvó la ciudad. Y, sin embargo, de aquel hombre pobre nadie se acordaba. Entonces me dije: Más vale la sabiduría que la fuerza; pero la sabiduría del pobre es despreciada y sus palabras no son escuchadas." Las palabras del sabio, proferidas con calma, se hacen oír mejor que los gritos del que manda a necios. Más vale la sabiduría que las armas de guerra, y un yerro destruya mucho bien. Una mosca muerta en él estropea el ungüento del perfumista, y un poco de locura puede pesar más que la sabiduría y la honra. Dirige el sabio su mente a la derecha, y a la izquierda el necio. Por cualquier camino que el necio vaya, es siempre necio, y todos dicen: “Es un loco.” Cuando un poderoso se enfurezca contra ti, no repliques, porque la mansedumbre impide grandes males. Un mal que he visto debajo del sol es el mal que nace del soberano. Es puesto el inepto en muchos puestos elevados, y los aptos se sientan abajo. He visto al siervo a caballo y a los príncipes andar a pie como siervos. El que cava una fosa, dentro de ella cae, y el que deshace una pared es mordido de la sierpe. El que rueda una piedra se hace mal con ella y el que parte la leña corre peligro de herirse con ella. Si el filo se embota y no se aguza, hay que poner más esfuerzo; pero la sabiduría da el remedio." Si muerde una serpiente no encantada, de nada valen los conjuros. Las palabras de la boca del sabio son graciosas; pero al necio sus labios le causan la ruina." El comienzo de su hablar es necedad, y su fin es loco desvarío. El necio se deshace en palabras, No sabe el hombre lo que será, y lo que sucederá nadie se lo dará a saber. El trabajo al necio le fatiga, pues no sabe ni por dónde ir a la ciudad. ¡Ay de ti, tierra, que tienes por rey a un niño y cuyos gobernantes banquetean de mañana! ¡Dichosa tú, tierra, que tienes por rey un hombre noble y cuyos gobernantes comen a su debido tiempo para refección, mas no para beber Por la negligencia se cae la techumbre y por la pereza, se dan goteras en la casa. Se hacen para alegrarse los banquetes, y el vino alegra la vida, y el dinero sirve para todo. No digas mal del rey ni aun con el pensamiento, ni digas mal del rico ni en tu alcoba; porque los pájaros llevan la noticia y un alado hará saber tus palabras." Echa tu pan a las aguas, que después de mucho tiempo lo hallarás. Da de lo tuyo a siete y aun a ocho, que no sabes el mal que podrá venir sobre la tierra. Las nubes se llenan de agua y la derraman sobre la tierra, y si el árbol cae al mediodía o al norte, donde cae allí permanece. El que al viento mira no sembrará, y el que mira a las nubes no segará. Como no sabes por qué camino el espíritu entra en los huesos en el seno maternal, así no conoces la obra de Dios, que es quien todo lo hace. Siembra bien de mañana tu simiente, y a la tarde no dejes reposar tu mano; que no sabes qué es mejor, si esto o aquello, o si ambas cosas son igualmente buenas." Dulce es la vida y agradable a los ojos el ver el sol. Mas si el hombre viviere muchos años y en todos ellos gozase de alegría, piense en los días de tinieblas, que serán muchos, y que cuanto sucede es vanidad. Alégrate, mozo, en tu mocedad, y alégrese tu corazón en los días de tu juventud; sigue los impulsos de tu corazón y los atractivos de tus ojos, pero ten presente que de todo esto te pedirá cuenta Dios." Echa la tristeza fuera de tu corazón y tente lejos del dolor, porque mocedad y juventud son vanidad. En los días de la juventud acuérdate de tu Hacedor, antes de que vengan los días malos y lleguen los años en que dirás: No tengo ya contento;" antes de que se oscurezca el sol, la luna y las estrellas, y vengan las nubes después de la lluvia;" cuando temblarán los guardianes de la casa y se encorvarán los fuertes, y cesarán de trabajar las muelas porque son pocas, y se oscurecerán los que miran por las ventanas, y se cerrarán las puertas de fuera, y se debilitará el ruido del molino, y cesará la voz del ave y debilitarán la suya todas las hijas del canto;" y habrá temores en lo alto y tropezones en el camino, y florecerá el almendro, y se pondrá pesada la langosta, y se caerá la alcaparra, porque se va el hombre a su eterna morada y andan las plañideras en torno a la plaza;" antes que se rompa el cordón de plata y se quiebre el platillo de oro, y se haga pedazos el cántaro junto a la fuente, y se caiga al fondo del pozo la polea, y se torne el polvo a la tierra que antes era, y retorne a Dios el espíritu que El dio. Vanidad de vanidades, dijo el Cohelet, y todo vanidad. Vanidad de vanidades, dijo el sabio, y todo vanidad. El Cohelet, además de ser sabio, enseñó al pueblo la sabiduría. Estudió, investigó y compuso muchas sentencias. Procuró el Cohelet decir cosas agradables y escribir rectamente palabras de verdad. Las palabras del sabio son como aguijones y como clavos hincados de que cuelgan provisiones, y todas son dadas por un solo pastor. No busques, hijo mío, más de esto, que el componer libros es cosa sin fin y el demasiado estudio fatiga al hombre. El resumen del discurso, después de oírlo todo, es éste: Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque eso es el hombre todo, Porque Dios ha de juzgarlo todo, aun lo oculto, y toda acción, sea buena o mala. Cantar de los Cantares, de Salomón, ¡Béseme con besos de su boca! Son tus amores más deliciosos que el vino; son tus ungüentos agradables al olfato. Es tu nombre un perfume que se difunde; por eso te aman las doncellas." Coro. ¡Arrástranos tras de ti, corramos! Introdúcenos, rey, en tus cámaras<, y nos gozaremos y regocijaremos contigo, y celebraremos tus amores más que el vino. ¡Con razón eres amado! Soy morena, pero hermosa, hijas de Jerusalén, como las tiendas de Cedar, como los pabellones de Salomón. No miréis que soy morena: es que me ha quemado el sol. Los hijos de mi madre, airados contra mí, me pusieron a guardar viñas; no era mi viña la que guardaba." Dime tú, amado de mi alma: ¿Dónde pastoreas, dónde sesteas al mediodía? no venga yo a extraviarme tras de los rebaños de tus compañeros. Coro. Si no lo sabes, ¡oh la más hermosa de las mujeres! sigue las huellas del rebaño y apacienta tus cabritos cabe las majadas de los pastores. Esposo. Al tiro de los carros del faraón te comparo, amada mía. Cuan hermosas están tus mejillas entre las guedejas, tu cuello con los collares! Te haremos pendientes de oro, con sartas de plata. Esposa. Mientras reposa el rey en su lecho, exhala mi nardo su aroma. Es mi amado para mí bolsita de mirra, que descansa entre mis pechos. Es mi amado para mí racimito de alheña de las viñas de Engadí. Esposo. ¡Qué hermosa eres, amada mía! ¡Qué hermosa eres! Tus ojos son palomas. Esposa.¡Qué hermoso eres, amado mío! ¡Qué agraciado! ¡Nuestro pabellón verdeguea ya! Esposo. Las vigas de nuestra casa son de cedro; nuestros artesonados, de ciprés." Esposa-. Yo soy el narciso de Sarón, un lirio de los valles. Esposo. Como lirio entre los cardos es mi amada entre las doncellas. Esposa. a Como manzano entre los árboles silvestres es mi amado entre los mancebos. A su sombra anhelo sentarme, y su fruto es dulce a mi paladar. Esposa. Me ha introducido en la sala del festín, y la bandera que contra mí alzó es (bandera de) amor. Confortadme con pasas, reanimadme con manzanas, que desfallezco de amor. Está su izquierda bajo mi cabeza y su diestra me abraza. Esposo. Os conjuro, hijas de Jerusalén, por las gacelas y ciervos del campo, que no despeitéis ni inquietéis a la amada hasta que ella quiera. ¡La voz de mi amado! Vedle que llega saltando por los montes, triscando por los collados. Es mi amado como la gacela o el cervatillo. Vedle que está ya detrás de nuestros muros, atisbando por las ventanas, espiando por entre las celosías. Mi amado ha tomado la palabra y dice: Esposo. “¡Levántate ya, amada mía, hermosa mía, y ven! Que ya se ha pasado el invierno y han cesado las lluvias. Ya se muestran en la tierra los brotes floridos, ya ha llegado el tiempo de la poda y se deja oír en nuestra tierra el arrullo de la tórtola. Ya ha echado la higuera sus brotes, ya las viñas en flor esparcen su aroma. ¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven! Paloma mía, (que anidas) en las hendiduras de las en las grietas de las peñas escarpadas, [rocas, dame a ver tu rostro, hazme oír tu voz. Que tu voz es dulce y encantador tu rostro. ¡Cazadnos las raposas, las raposillas que destrozan las viñas, nuestras viñas en flor! Esposa. Mi amado es para mí, y yo para él. Pastorea entre azucenas. Antes de que refresque el día y huyan las sombras, vuelve, amado mío, semejante a la gacela o al cervatillo por los montes de Beter. Esposa. En mi lecho, por la noche, busqué al amado de mi alma, busquéle, y no lo hallé. Me levanté y di vueltas por la ciudad, por las calles y las plazas, buscando al amado de mi alma. Busquéle y no le hallé. Encontráronme los centinelas que hacen la ronda en la ciudad: ¿Habéis visto al amado de mi alma? En cuanto los había traspasado, hallé al amado de mi alma, Le así para no soltarlo hasta introducirlo en la casa de mi madre, en la alcoba de la que me engendró. Esposo. Os conjuro, hijas de Jerusalén, por las gacelas y los ciervos, que no despertéis ni inquietéis a mi amada hasta que a ella le plazca. ¿Qué es aquello que sube del desierto corno columna de humo, como un vapor de mirra e incienso y de todos los perfumes exquisitos? Ved: la litera de Salomón; sesenta valientes le dan escolta de entre los héroes de Israel." Todos esgrimen la espada, todos son diestros para el combate. Todos llevan la espada ceñida, para hacer frente a los temores nocturnos. Hízose el rey Salomón una cámara de maderas del Líbano. Hizo de plata sus columnas, de oro su baldaquino, su asiento de púrpura, recamado, (obra) dilecta de las hijas de Jerusalén. Salid, hijas de Sión, a ver al rey Salomón con la diadema de que le coronó su madre el día de sus desposorios, el día de la alegría de su corazón. Esposo. ¡Qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa eres! Son palomas tus ojos a través de tu velo. Son tus cabellos rebañito de cabras que ondulantes van por los montes de Galaad. Son tus dientes cual rebaño de ovejas de esquila que suben del lavadero, todas con sus crías mellizas, sin que haya entre ellas estériles. Cintillo de grana son tus labios, y tu hablar es agradable* Son tus mejillas mitades de granada a través de tu velo. Es tu cuello cual la torre de David, adornada de trofeos, de la que penden mil escudos, todos escudos de valientes. Tus dos pechos son dos mellizos de gacela, que triscan entre azucenas. Antes de que refresque el día y huyan las sombras, iréme al monte de la mirra, ' al collado del incienso. Eres del todo hermosa, amada mía; no hay tacha en ti." Esposo. Ven del Líbano, esposa; ven del Líbano, haz tu entrada. Avanza desde la cumbre del Amana, de las cimas del Sanir y del Hermón, de las guaridas de los leones, de las montañas de los leopardos” Prendiste mi corazón, hermana, esposa; (prendiste) mi corazón en una de tus miradas, en una de las perlas de tu collar." ¡Qué encantadores son tus amores, hermana mía, esposa! ¡Qué deliciosos son tus amores, más que el vino! Y el aroma de tus perfumes es mejor que el de todos los bálsamos. Miel virgen destilan tus labios, esposa; miel y leche hay bajo tu lengua; y el perfume de tus vestidos es como aroma de incienso." Eres jardín cercado, hermana mía, esposa; eres jardín cercado, fuente sellada." Tu plantel es un vergel de granados, de frutales los más exquisitos, de cipreses y de nardos, de nardos y azafrán, de canela y cinamomo, de todos los árboles aromáticos, de mirra y de áloe y de todos los más selectos balsámicos. Eres fuente de jardín, pozo de aguas vivas, que fluyen del Líbano. Esposa. Levántate, cierzo; ven, austro. Oread mi jardín, que exhale sus aromas. Venga a su huerto mi amado a comer de sus frutos exquisitos." Esposo. Voy a mi jardín, hermana mía, esposa, a tomar de mi mirra y de mi bálsamo, a comer mi panal y mi miel, a beber de mi vino y de mi leche. Comed, colegas míos, y bebed, y embriagaos, amigos míos. Esposa. Yo duermo, pero mi corazón vela. Es la voz del amado que llama: Esposo. ¡Ábreme, hermana mía, amada mía, paloma mía, inmaculada mía! Que está mi cabeza cubierta de rocío y mis cabellos de la escarcha de la noche. Esposa. -1 Ya me he quitado la túnica. ¿Cómo volver a vestirme? Ya me he lavado los pies. ¿Cómo volver a ensuciarlos? Mi amado metió su mano por el agujero (de la llave) y mis entrañas se estremecieron por él. Me levanté para abrir a mi amado* Mis manos destilaron mirra, y mis dedos mirra exquisita, en el pestillo de la cerradura. Abrí a mi amado, pero mi amado, desvaneciéndose, había desaparecido. Mi alma salió por su palabra. Le busqué, mas no le hallé. Le llamé, mas no me respondió. Encontráronme los centinelas que rondan la ciudad, me golpearon, me hirieron. Me quitaron mi velo los centinelas de las murallas. Esposa. Os conjuro, hijas de Jerusalén, que, si encontráis a mi amado, le digáis que desfallezco de amor” Coro. ¿En qué se distingue tu amado, oh la más hermosa de las mujeres? ¿En qué se distingue tu amado, tú que así nos conjuras? Esposa. Mi amado es fresco y colorado, se distingue entre millares. Su cabeza es oro puro, sus rizos son racimos de dátiles, negros como el cuervo. Sus ojos son palomas posadas al borde de las aguas, que se han bañado en leche y descansan a la orilla del arroyo. Sus mejillas son jardín de balsameras, teso de plantas aromáticas; sus labios son dos lirios que destilan exquisita mirra." Sus manos son anillos de oro guarnecidos de piedras de Tarsis. Su vientre es una masa de marfil cuajada de zafiros. Sus piernas son columnas de alabastro asentadas sobre basas de oro puro. Su aspecto es como el Líbano, gallardo como el cedro. Su garganta es todo suavidad, todo él un encanto. Ese es mi amado, ése es mi amigo, hijas de Jerusalén. Coro. ¿Adonde fue tu amado, oh tú, la más hermosa de las mujeres? ¿Qué dirección ha tomado tu amado, para ir contigo en busca de él? Esposa. Bajó mi amado a su jardín, a los macizos de las balsameras, para apacentar (su rebaño) en los vergeles y coger azucenas. Yo soy para mi amado, y mi amado para mí, el que pastorea entre azucenas. Esposo. Eres, amada mía, hermosa como Tirsa, encantadora como Jerusalén, (terrible como escuadrón ordenado en batalla). Aparta ya de mí tus ojos, que me fascinan. Es tu cabellera rebañito de cabras que ondulan por las pendientes de Galaad. Tus dientes, cual rebaño de ovejas de esquila, que suben del lavadero, todas con crías gemelas, sin que en ellas haya estéril. Son mitades de granada tus mejillas a través de tu velo. Sesenta son las reinas, ochenta las concubinas, y las doncellas son sin número. Pero es única mi paloma, mi inmaculada; es la única hija de su madre, la predilecta de quien la engendró. Viéronla las doncellas y la aclamaron, y las reinas y concubinas la loaron." Coro. ¿Quién es esta que se levanta como la aurora, hermosa cual la luna, resplandeciente como el sol, terrible como escuadrones ordenados? Esposo. Bajé a la nozaleda para ver corno verdea el valle, a ver si brota ya la viña y si florecen los granados. Sin saber cómo, vime sentado en los carros de mi noble pueblo. -- omitido por paráfrasis -- Coro. ¡Torna, torna, Sulamita; torna, torna, que te contemplemos! Esposo. ¿Qué queréis contemplar en la Sulamita, danzando a doble coro?" Coro. ¡Qué bellos son tus pies con las sandalias, hija de príncipe! El contorno de tus caderas es una joya, obra de manos de orfebre. Tu ombligo es un ánfora en que no falta el vino; tu vientre, acervo de trigo rodeado de azucenas." Tus senos, dos cervatillos, mellizos de gacela. Tu cuello, torre de marfil; tus ojos, dos piscinas de Hesebóii, junto a la puerta de Bat-Rabin. Tu nariz, como la torre del Líbano, que mira hacia Damasco." Tu cabeza, como el Carmelo; la cabellera de tu cabeza es como púrpura real, entretejida en trenzas. Esposo." ¡Qué hermosa eres, qué encantadora, qué amada, hija deliciosa! Esbelto es tu talle como la palmera, y son tus senos sus racimos. Yo me dije: Voy a subir a la palmera, a coger sus racimos; sean tus pechos racimos para mí. El perfume de tu aliento es como el de las manzanas." Tu palabra es vino generoso a mi paladar, que se desliza suavemente entre labios y dientes. Esposa. Yo soy para mi amado, y a mí tienden sus anhelos. Ven, amado mío, y salgamos al campo, haremos noche en las aldeas;" madrugaremos para ir a las viñas; veremos si brota ya la vid, si se entreabren las flores, si florecen los granados, y allí te daré mis amores." madrugaremos para ir a las viñas; veremos si brota ya la vid, si se entreabren las flores, si florecen los granados, y allí te daré mis amores." [ (Song of Solomon 7:14) Ya dan su aroma las mandragoras, y a nuestras puertas están los frutos exquisitos; los nuevos y los añejos, que guardo, amado mío, para ti." ] Esposa. ¡Quién me diese que fueses hermano mío, amamantado a los pechos de mi madre, para que al encontrarte en la calle pudiera besarte sin que me despreciaran. Yo te llevaría y te introduciría en la casa de mi madre, (en la alcoba de la que) me engendró, y te daría a beber del vino adobado y del mosto de granados. Esposa. Su izquierda descansa bajo mi cabeza y su diestra me abraza. Esposo. Os conjuro, hijas de Jerusalén, (por las gacelas y ciervas), que no despertéis ni inquietéis a mi amada hasta que a ella le plazca. Coro. ¿Quién es esta que sube del desierto apoyada sobre su amado? Esposo. Yo te desperté debajo del manzano, allí donde te concibió tu madre, donde te concibió la que te engendró. Esposa. Ponme como un sello sobre tu corazón, ponme en tu brazo como sello. Que es fuerte el amor como la muerte y son como el “seol” duros los celos. Son sus dardos saetas encendidas, son llamas de Yahvé. No pueden aguas copiosas extinguirlo ni arrastrarlo los ríos. Si uno diera por el amor toda la hacienda de su casa, sería sobremanera despreciado. Nuestra hermana es pequeñita, no tiene pechos todavía. ¿Qué haremos a nuestra hermana cuando un día se trate de ella? Si ella es un muro, edificaremos sobre ella almenas de plata; si puerta, le haremos batientes de cedro." Sí, muro soy, y torres son mis pechos. He venido a ser a sus ojos como quien halla la paz. Una viña tenía Salomón en Baal-Hamón; la entregó a sus guardas, que habían de traerle por su fruto mil siclos de plata." Mi viña la tengo ante mis ojos. Para ti, Salomón, los mil (siclos), y doscientos para los que guardan su fruto. ¡Oh tú, que habitas en jardines, los compañeros atienden a tu voz: hazme oírla! Huye, amado mío, semejante a la gacela o al cervatillo por los montes de las balsameras. Visión que Isaías, hijo de Amos, tuvo acerca de Judá y de Jerusalén en tiempos de Ozías, Joatam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá. ¡Oíd, cielos! Apresta el oído, tierra! Que habla Yahvé: Yo he criado hijos y los he engrandecido, pero ellos se han rebelado contra mí. Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento. ¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de iniquidad, raza malvada, hijos desnaturalizados! Se han apartado de Yahvé, han renegado del Santo de Israel, le han vuelto la espalda. ¿A qué castigaros todavía, si aún os vais a rebelar? Toda la cabeza está enferma; el corazón todo, lánguido." Desde la planta de los pies hasta la cabeza no hay en él nada sano. Heridas, hinchazones, llagas pútridas, ni curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite. Vuestra tierra está devastada; vuestras ciudades, pasto de las llamas. A vuestros ojos los extranjeros devoran vuestra tierra, asolada como en la destrucción de Sodoma." Ha quedado Sión como cabaña en un viñedo, como choza en un melonar, como ciudad sitiada. Si Yahvé no nos hubiera dejado un resto, seríamos como Sodoma, nos asemejaríamos a Gomorra. Oíd la palabra de Yahvé, príncipes de Sodoma; aprestad el oído a la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra." ¿A mí qué, dice Yahvé, toda la muchedumbre de vuestros sacrificios? Harto estoy de holocaustos de carneros, del sebo de vuestros bueyes cebados. No quiero sangre de toros, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién pide eso a vosotros, cuando venís a presentaros ante mí, hollando mis atrios? No me traigáis más esas vanas ofrendas. El incienso me es abominable; neomenias, sábados, convocaciones festivas, las fiestas con crimen me son insoportables." Detesto vuestros novilunios, y vuestras convocatorias me son pesadas; estoy cansado de soportarlas." Cuando alzáis vuestras manos, yo aparto mis ojos de vosotros; cuando multiplicáis las plegarias, no escucho. Vuestras manos están llenas de sangre." Lavaos, limpiaos, quitad de ante mis ojos la iniquidad de vuestras acciones. Dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien, buscad lo justo, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid y entendámonos, dice Yahvé. Aunque vuestros pecados fueran como la grana, quedarán blancos como la nieve. Aunque fuesen rojos como la púrpura, vendrían a ser como la lana. Si vosotros queréis, si sois dóciles, comeréis los bienes de la tierra. Si no queréis y os rebeláis, seréis devorados por la espada. Lo dice la boca de Yahvé. ¿Cómo te has prostituido, Sión, ciudad fiel, llena de justicia? Antes moraba en ella la equidad, y ahora los asesinos. Tu plata se ha tornado escoria, tu vino generoso se ha aguado, tus príncipes son prevaricadores y compañeros de bandidos* Todos aman el soborno y van tras los presentes. No hacen justicia al huérfano, y la causa de la viuda no tiene acceso a ellos. Por eso proclama el Señor, Yahvé de los ejércitos, el Fuerte de Israel: ¡Ay! voy a vengarme de mis adversarios y a tomar revancha de mis enemigos. Y volverá mi mano contra ti, y purificaré en la hornaza tus escorias, y separaré todas tus partículas de plomo. Y te restituiré tus jueces como eran antes, y tus consejeros como al principio, y después serás llamada ciudad de justicia, ciudad fiel. Sión será redimida por la rectitud, y sus convertidos en justicia. -- omitido por paráfrasis -- Los impíos, los pecadores, todos a una serán quebrantad dos; los desertores de Yahvé serán aniquilados." Entonces os avergonzaréis de los árboles que tanto estimabais y seréis llenos de confusión ante los jardines que os elegisteis, pues seréis como terebinto despojado de su follaje, y como jardín que carece de agua. Y el robusto será como estopa, y su obra como chispa, y arderán ambos juntamente, y no habrá quien lo apague. Lo que vio Isaías, hijo de Amos, acerca de Judá y Jerusalén: Y sucederá a lo postrero de los tiempos que el monte de la casa de Yahvé será consolidado por cabeza de los montes, y será ensalzado sobre los collados, y se apresurarán a él todas las gentes, y vendrán muchedumbres de pueblos, diciendo: Venid y subamos al monte de Yahvé, a la casa del Dios de Jacob, y El nos enseñará sus caminos, e iremos por sus sendas, porque de Sión ha salido la Ley, y de Jerusalén la Palabra de Yahvé. El juzgará a las gentes, y dictará sus amonestaciones a numerosos pueblos, que de sus espadas harán rejas de arado, y de sus lanzas, hoces. No alzarán la espada gente contra gente, ni se ejercitarán para la guerra. Venid, ¡oh casa de Jacob! y caminemos a la luz de Yahvé. Ciertamente has rechazado a tu pueblo, a la casa de Jacob, por estar llena de adivinos y hechiceros, como los filisteos, y haber pactado con los extranjeros. Su tierra está llena de plata y oro, sus tesoros no tienen fin, llena de caballos y carros sin fin. Está su tierra llena de ídolos; se prosternan ante la obra de sus manos, ante lo que sus dedos fabricaron." Todo hombre será derribado, todo mortal humillado, no los perdonarás. Meteos en los escondrijos de las peñas, escondeos en el polvo, ante la presencia aterradora de Yahvé, ante el fulgor de su majestad (cuando venga a castigar la tierra). Las altivas frentes de los hombres serán abatidas y será humillada la soberbia humana, y sólo Yahvé será exaltado aquel día. Porque llegará el día de Yahvé de los ejércitos sobre todos los altivos y engreídos, sobre todo lo que se yergue, para humillarlo;" sobre todos los altos y erguidos cedros del Líbano, sobre las robustas encinas de Basan, sobre todos los montes altos y sobre todos los altos collados, sobre las altas torres y sobre toda muralla fortificada, sobre todas las naves de Tarsis y sobre todos los monumentos preciosos, y será abatida la altivez del hombre, y la soberbia humana humillada, y sólo Yahvé será exaltado aquel día, y desaparecerán todos los ídolos. Meteos en los escondrijos de las rocas, escondeos en el polvo, ante la presencia aterradora de Yahvé, ante el fulgor de su majestad, cuando venga a castigar la tierra. Aquel día arrojará el hombre, entre topos y murciélagos, sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que se hizo para adorarlos, para meterse en las hendiduras de las rocas y en las anfractuosidades de las peñas, ante la presencia aterradora de Yahvé y el fulgor de su majestad, cuando surja a castigar la tierra. Retiraos del hombre, cuya vida es un soplo. ¿Qué estima podéis hacer de él? Porque he aquí que el Señor Yahvé de los ejércitos quitará a Jerusalén y a Judá todo apoyo y sostén, el sostén de pan y el sostén de agua, el guerrero, el hombre de armas, el juez, el profeta, el adivino y el anciano, el jefe de cincuenta, el grande y el consejero, el mago y el hechicero. Y les dará mozos por príncipes, y reinará sobre ellos el capricho, y las gentes se revolverán los unos contra los otros, cada uno contra su compañero, y el mozo se alzará contra el anciano, y el villano contra el noble. Y se echarán unos sobre otros, diciendo en la casa de su padre: “Tú tienes un manto, ven y sé nuestro jefe, y toma en tus manos esta ruina.” Y el otro en aquel día les responderá: “No quiero ser médico, y en mi casa no hay ni pan ni vestido; no quiero ser jefe del pueblo.” Sí, Jerusalén está al borde de la ruina, porque sus palabras y sus obras todas son contra Yahvé, para irritar los ojos de su majestad. Sus frentes dan testimonio contra ellos, pues llevan, como Sodoma, sus pecados a la vista, no los disimulan. Ay de ellos, que se acarrean su propia ruina! Bienaventurado el justo, porque habrá bien, comerá el fruto de sus obras Ay del impío, porque habrá mal, recibirá el pago de las obras de sus manos Mi pueblo está oprimido por caprichosos, y se han apoderado de él exactores. Pueblo mío, los que te guían te descarrían, han torcido el camino por el que ibas. Yahvé está en pie para acusar, se alza para juzgar a los pueblos. Yahvé vendrá a juicio contra los ancianos y los jefes de su pueblo, porque habéis devorado la viña, y los despojos del pobre llenan vuestras casas, porque habéis aplastado a mi pueblo y habéis machacado el rostro de los pobres, dice el Señor, Yahvé de los ejércitos. Dice Yahvé: Ya que tan engreídas son las hijas de Sión, y caminan con la cabeza erguida, mirando con desvergüenza, pisando como si bailaran y haciendo sonar las ajorcas de sus pies, el Señor afeitará la cabeza de las hijas de Sión y decalvará Yahvé sus frentes. Aquel día quitará el Señor sus atavíos, ajorcas, redecillas y lunetas, collares, pendientes, brazaletes, cofias, cadenillas, cinturones, pomos de olor y amuletos, anillos, arillos, vestidos preciosos, túnicas, mantos, bolsitos, espejos y velos, tiaras y mantillas. Y en vez de perfumes, habrá hediondez, y en vez de cintura, un cordel, y en vez de trenzas, calvicie, y en vez de vestido suntuoso, saco, y en vez de hermosura, vergüenza. Y tus hombres caerán a la espada, y tus héroes en la batalla. Sus puertas gemirán y se lamentarán. En aquel día, siete mujeres echarán mano a un hombre, diciendo: “Comeremos de nuestro pan, nos vestiremos con nuestras ropas, pero que podamos llevar tu nombre, quita nuestro oprobio.” En aquel día será el renuevo de Yahvé gloria y ornato, y el fruto de la tierra, grandeza y honra de los que de Israel quedaren. Y los restos de Sión, los supervivientes de Jerusalén, serán llamados santos, y todos los hombres inscritos entre los vivos de Jerusalén, cuando lave el Señor la inmundicia de las hijas de Sión limpie en Jerusalén las manchas de sangre, al viento, al viento de la devastación. Y Yahvé creará sobre todo el lugar del monte de Sión, y sobre sus asambleas, una nube humeante de día y un resplandor de fuego y llama durante la noche, pues sobre toda gloria habrá un dosel. Y una tienda como sombra de día, contra el calor, y como refugio y abrigo contra el turbión y el aguacero. Voy a cantar a mi amado el canto de mi amigo a su viña: Tenía mi amado una viña en un fértil recuesto. La cavó, la descantó y la plantó de vides selectas. Edificó en medio de ella una torre, e hizo en ella un lagar, esperando que le daría uvas, pero le dio agrazones, Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad entre mí y mi viña. “¿Qué más podía yo hacer por mi viña que no lo hiciera? ¿Cómo, esperando que diese uvas, dio agrazones?” Voy, pues, a deciros ahora lo que haré de mi viña: Destruiré su albarrada, y será ramoneada. Derribaré su cerca y será hollada. Quedará desierta, no será podada ni cavada; crecerán en ella los cardos y las zarzas, y aún mandaré a las nubes que no lluevan sobre ella." Pues bien, la viña de Yahvé de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son su amado plantío. Esperaba de ellos juicio, pero sólo hubo sangre vertida; justicia, y hete aquí gritería." Ay de los que añaden casas a casas, de los que juntan campos y campos, hasta acabar el término, siendo los únicos propietarios en medio de la tierra! A mis oídos ha llegado, de parte de Yahvé de los ejércitos, que las muchas casas serán asoladas, las grandes y magníficas quedarán sin moradores, y diez yugadas de viña producirán un “bath,” y un “jómer” de simiente sólo dará un “efah.” Ay de los que se levantan con el alba para seguir la embriaguez, y se quedan por la noche hasta que el vino los caldea En cuyos banquetes hay arpas, cítaras, panderos, flautas, vino, y no reparan en las obras de Yahvé ni ven las obras de sus manos. Por eso mi pueblo será llevado cautivo, sin que se dé cuenta, y sus grandes serán consumidos por el hambre, y su vulgo se secará de sed. Por eso el “seol” ensanchará su seno y abrirá su boca sin medida, y allá bajará su nobleza y su plebe, su bullicio y alegría;" y el hombre será humillado, y abatidos los varones, y bajados los ojos altivos, y Yahvé de los ejércitos exaltado en el juicio, y el Dios santo santificado en la justicia. Corderos pacerán allí como en su pastizal y cabritos devorarán las destruidas posesiones de los ricos. ¡Ay de los que se arrastran el pecado con cuerdas de falsedad y corno (con) coyundas de carro! Ay de los que dicen: Que venga pronto, que se dé prisa su obra, para que la veamos; que venga, que llegue, acabe su plan el Santo de Israel, y sepámoslo nosotros!" Ay de los que al mal llaman bien, y al bien mal; que de la luz hacen tinieblas, y de las tinieblas luz; y dan lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo" Ay de los que son sabios a sus ojos y son prudentes delante de sí mismos Ay de los que son valientes para beber vino, y fuertes para mezclar licores;" de los que por cohecho dan por justo lo impío, y quitan al justo su justicia Por eso, como la lengua de fuego devora el rastrojo y como se consume en la llama la hierba seca, su raíz se tornará podredumbre, y su flor será arrebatada como el polvo. Porque han rechazado la Ley de Yahvé de los ejércitos y han despreciado la palabra del Santo de Israel. Por eso se ha encendido la cólera de Yahvé contra su pueblo, y ha tendido contra él su mano, y le ha herido, y tiemblan los montes, y yacen los cadáveres en medio de los caminos como estiércol. Mas con todo esto no se ha aplacado su cólera, y su mano queda tendida. Alzará pendón a gente lejana y llamará silbando a los del cabo de la tierra, que vendrán pronto y velozmente. No hay entre ellos cansado ni vacilante, ni dormido ni somnoliento. No se quitan de sus lomos el cinturón, ni se desatan la correa de sus zapatos. Sus flechas son agudas, y tensos sus arcos. Los cascos de sus caballos son de pedernal, y las ruedas de sus carros un torbellino. Su bramido es de león; ruge como cachorro de león, gruñe y arrebata la presa y se la lleva, sin que nadie pueda quitársela." Habrá aquel día un bramar contra ellos, como bramido del mar; mirarán a la tierra, y no habrá sino tiniebla y tribulación; se oscurecerá la luz en los cielos." El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre su trono alto y sublime, y sus haldas henchían el templo. Había ante El serafines, que cada uno tenía seis alas: con dos se cubrían el rostro y con dos se cubrían los pies, y con las otras dos volaban, y los unos y los otros se gritaban y se respondían: Santo, Santo, Santo, Yahvé de los ejércitos! Está la tierra llena de su gloria. A estas voces temblaron las puertas en sus quicios, y la casa se llenó de humo. Yo me dije: “¡Ay de mí, perdido soy, porque, siendo un hombre de impuros labios, que habita en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey, Yahvé de los ejércitos!” Pero uno de los serafines voló hacia mí, teniendo en sus manos un carbón encendido, que con las tenazas tomó del altar, y, tocando con él mi boca, dijo: “Mira, esto ha tocado tus labios; tu culpa ha sido quitada, y borrado tu pecado.” Y oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré y quién irá de nuestra parte? Y yo le dije: Heme aquí, envíame a mí. Y El me dijo: Ve y di a ese pueblo: Oíd, y no entendáis;" ved, y no conozcáis. Endurece el corazón de ese pueblo, tapa sus oídos, cierra sus ojos. Que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni entienda su corazón, y no sea curado de nuevo. Y yo le dije: ¿Hasta cuándo, Señor? y respondió: Hasta que las ciudades queden asoladas, sin habitantes, y las casas sin moradores, y la tierra de labor hecha un desierto. Hasta que Yahvé arroje lejos a los hombres y sea grande la desolación en la tierra. Si quedare un décimo, será también para el fuego, como la encina o el terebinto, cuyo tronco se abate. Y sucedió en tiempo de Acaz, hijo de Joram, hijo de Ozías, rey de Judá, que Rasín, rey de Siria, y Pecaj, hijo de Romelía, rey de Israel, subieron contra Jerusalén para combatirla, pero no pudieron tomarla. Y tuvo noticia la casa de David de que Siria y Efraím se habían confederado, y tembló su corazón y el corazón del pueblo, como tiemblan los árboles del bosque a impulsos del viento. Entonces dijo Yahvé a Isaías: Sal luego al encuentro de Acaz, tú y tu hijo Sear-Yasub, al cabo del acueducto de la piscina Superior, camino del campo del Batanero, y dile: Mira bien no te inquietes, no ternas nada y ten firme corazón ante esos dos tizones humeantes, ante el furor de Rasín el sirio y del hijo de Romelía. Ya que Siria ha resuelto tu ruina con Efraím y el hijo de Romelía, diciendo: Subamos contra Judá, apoderémonos de él, enseñoreémonos de él y démosle por rey al hijo de Tablee. He aquí lo que dice el Señor Yahvé: Eso no se logrará, no será así, porque la cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco, Rasín, y la cabeza de Efraím es Samaría, y la cabeza de Samaría el hijo de Romelía. Vosotros, si no tenéis fe, no permaneceréis. Y dijo Isaías a Acaz: Pide a Yahvé, tu Dios, una señal en las profundidades del “seol” o arriba en lo alto. Y contestó Acaz: No le pediré, no quiero tentar a Yahvé. Entonces dijo Isaías: Oye, pues, casa de David: ¿Os es poco todavía molestar a los hombres, que molestáis también a mi Dios? El Señor mismo os dará por eso la señal: He aquí que la virgen grávida da a luz, y le llama Emmanuel. Y se alimentará de leche y miel, hasta que sepa desechar lo malo y elegir lo bueno. Pues antes que el niño sepa desechar lo malo y elegir lo bueno, la tierra por la cual ternes de esos dos reyes, será devastada. Y hará venir Yahvé sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre días cuales nunca vinieron desde que Efraím se separó de Judá. Y en esos días silbará Yahvé a los mosquitos que están en los cabos de los ríos de Egipto y a la abeja que está en la tierra de Asiría, y vendrán y se abatirán en masa sobre valles y torrentes, y sobre los huecos de las rocas, y sobre los zarzales, y sobre los matorrales todos. En esos días afeitará el Señor con navaja alquilada del lado de allá del río, y rasurará las cabezas, los pelos del cuerpo, y raerá la barba. En aquel día tendrá uno una vaca y dos ovejas, comerá mantequilla, por la gran cantidad de leche que darán, pues de mantequilla y miel se alimentarán todos los que quedaren en la tierra. En aquel día, el lugar donde había mil vides por valor de mil ciclos de plata se cubrirá de cardos y de zarzas. Y se entrará allá con arco y saetas, pues toda la tierra será espinas y cardos. Y a los montes que se cavaban y escardaban no se irá ya, por temor de las espinas y los cardos. Quedarán para pasto de bueyes ! y para ser pisoteados por el ganado. Díjome Yahvé: Torna una tabla grande y escribe en ella con estilo de hombre: A Maher-salal-jas-baz. Y tómame dos testigos fieles, Urías el sacerdote y Zacarías, hijo de Jaberequías. Acerquéme a la profetisa, que concibió y parió un hijo, y Yahvé me dijo: Llámale Maher-salal-jas-baz, porque antes que el niño sepa decir “padre mío, madre mía,” las riquezas de Damasco y el botín de Samaría serán llevados ante el rey de Asiría. Y me habló de nuevo Yahvé y me dijo: Por haber despreciado este pueblo las aguas de Siloé, que corren mansamente, y haber temblado ante Rasín y el hijo de Romelía, va a traer contra él el Señor aguas de un río caudaloso e impetuoso, al rey de Asiría y toda su magnificencia, y subirá sobre todos sus diques, y se desbordará por todas sus riberas, y, llegando hasta Judá, la inundará y cubrirá, llegándole hasta el cuello. Y, desplegadas sus alas, cubrirá la plenitud de tu tierra, ¡oh Emmanuel! Aprended, pueblos, que seréis quebrantados6; apresta del oído todos vosotros, los de lejanas tierras. Armaos, que vais a ser quebrantados; apercibios, que seréis quebrantados." Trazad planes, que serán deshechos; haced proyectos, que no se lograrán, porque está Dios con nosotros7." Así me ha hablado Yahvé mientras se apoderaba de mí su mano y me advertía que no siguiese el camino de este pueblo. Me dijo: No llaméis conjuración a lo que este pueblo llama conjuración. No tengáis miedo ni temor de lo que él teme. A Yahvé de los ejércitos habéis de santificar, de El habéis de temer, de El tened miedo. El será piedra de escándalo y piedra de tropiezo para las dos casas de Israel, lazo y red para los habitantes de Jerusalén. Y muchos de ellos tropezarán, caerán y serán quebrantados, y se enredarán en el lazo y serán tomados. Guardaré el testimonio, sellaré esta enseñanza para mis discípulos. Y esperaré en Yahvé, que oculta su rostro a la casa de Jacob; en El esperaré." Henos aquí a mí y a mis dos hijos, que me dio Yahvé como señales y presagios en Israel, de parte de Yahvé de los ejércitos, que mora en el monte de Sión. Y todavía os dirán sin embargo: Consultad a los evocadores y a los adivinos, que murmuran y susurran: ¿No debe un pueblo consultar a sus dioses y a sus muertos sobre la suerte de los vivos? Por la ley y el testimonio. Si no hablan según esta palabra, no hay aurora para ellos. Tribulación y hambre invadirán la tierra, y, enfurecidos por el hambre, maldecirán a su rey y a su Dios. Alzarán sus ojos arriba, luego mirarán a la tierra, pero sólo habrá angustia y tinieblas, oscuridad y tribulación; mas se pasará la noche," Alzarán sus ojos arriba, luego mirarán a la tierra, pero sólo habrá angustia y tinieblas, oscuridad y tribulación; mas se pasará la noche," [ (Isaiah 8:23) y ya no habrá tinieblas para el pueblo que andaba en angustia. ] Como al principio cubrió de oprobio a la tierra de Zabulón y de Neftalí, a lo último llenará de gloria el camino del mar y la otra ribera del Jordán, la Galilea de los gentiles. El pueblo que andaba en tinieblas, vio una luz grande. Sobre los que habitan en la tierra de sombras de muerte resplandeció una brillante luz. Multiplicaste la alegría, has hecho grande el júbilo, y se gozan ante ti, como se gozan los que recogen la mies, como se alegran los que reparten la presa. Rompiste el yugo que pesaba sobre ellos, el dogal que oprimía su cuello, la vara del exactor como en el día de Madián, y han sido echados al fuego y devorados por las llamas las botas jactanciosas del guerrero y el manto manchado en sangre. Porque nos ha nacido un niño, nos ha sido dado un hijo que tiene sobre los hombros la soberanía, y que se llamará maravilloso consejero, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la paz, para dilatar el imperio y para una paz ilimitada sobre el trono de David y de su reino, para afirmarlo y consolidarlo en el derecho y en la justicia desde ahora para siempre jamás. El celo de Yahvé de los ejércitos hará esto. Una palabra ha enviado el Señor contra Jacob, y ha caído en Israel. Y llegará a conocimiento de todo el pueblo, de Efraím y de los habitantes de Samaría. Los que en la soberbia y orgullo de su corazón se decían: Han caído los ladrillos, pero edificaremos con sillares; han sido cortados los sicómoros, pero en su lugar pondremos cedros." Yahvé fortalecerá contra ellos a sus adversarios e incitará a sus enemigos, la Siria al este y los filisteos al oeste, que a boca llena devorarán a Israel. Ni con todo esto se aplacará su ira, antes seguirá todavía su mano extendida. Pero el pueblo no se ha vuelto al que le hería, no ha buscado a Yahvé de los ejércitos. Y Yahvé cortará de Israel la cabeza y la cola, la palma y el junco en un mismo día. Los ancianos, los magnates: he ahí a la cabeza; el profeta, doctor de mentiras: he ahí la cola." Porque los que guían al pueblo se descarrían, y los guiados van perdidos. Por eso el Señor no se complace en sus mancebos, ni tiene piedad de sus huérfanos y sus viudas. Porque todos son impíos y malvados, y toda boca dice despropósitos. Ni con esto se aplaca su ira, antes seguirá tendida su mano. Porque la iniquidad se ha encendido como fuego, que devora cardos y zarzas y consume la maleza del bosque, subiendo el humo en remolinos. Por el furor de Yahvé de los ejércitos se abrasará la tierra y el pueblo será presa del fuego. Despedazan a derecha, y se quedan con hambre; devoran a izquierda, y no se sacian. Cada cual devora la carne de su prójimo" y nadie se apiada de su hermano. Manases contra Efraím, Efraím contra Manases, y ambos a dos contra Judá. y nadie se apiada de su hermano. Manases contra Efraím, Efraím contra Manases, y ambos a dos contra Judá. [ (Isaiah 9:22) Ni con todo esto se aplaca su ira, antes seguirá todavía tendida su mano. ] Ay de los que dan leyes inicuas y de los escribas que escriben prescripciones tiránicas para apartar del tribunal a los pobres y conculcar el derecho de los desvalidos de mi pueblo, para despojar a las viudas y robar a los huérfanos ¿Qué haréis el día de la visitación, del huracán que viene de lejos? ¿A quién os acogeréis para que os proteja? ¿Qué será de vuestros tesoros? De no ir curvados entre los cautivos, habrán caído entre los muertos. Ni con todo esto se aplacará la ira de Yahvé, antes seguirá todavía tendida su mano. ¡Ay de ti, Asur, vara de mi cólera! el bastón de mi furor está en sus manos. Yo le mandé contra una gente impía, le envié contra el pueblo objeto de mi furor, para que saquease e hiciera de él su botín y le pisase como se pisa el polvo de las calles. Pero él no tuvo los mismos designios, no eran éstos los pensamientos de su corazón. Su deseo era desarraigar, exterminar pueblos en gran número. Porque él dice: Reyes son todos mis príncipes. ¿No ha sido ésta la suerte de Calno, la de Carquemis; la de Jamat no ha sido la de Arpad; y la de Samaría la misma de Damasco?" Así se apoderó mi mano de reinos de ídolos, más en número que los de Jerusalén y Samaría. ¿No podré hacer con Jerusalén y sus ídolos lo que hice con Samaría y los suyos? Pero sucederá que, cuando el Señor haya realizado toda su obra sobre el monte de Sión y de Jerusalén, castigará el Señor al rey de Asiría por el orgullo de su corazón y la altivez de sus ojos. El se dice: Con la fuerza de mi brazo he hecho esto, con mi sabiduría y mi prudencia, y borré las fronteras de los pueblos, y saqueé sus tesoros, y, todopoderoso, derribé a los que se sentaban en sus tronos. Mi mano ha tomado la riqueza de los pueblos como se toma un nido; como quien se apodera de huevos abandonados, me he apoderado yo de la tierra toda. Y nadie sacudió las alas, ni abrió el pico, ni dio un chillido." ¿Se ensoberbece el hacha contra el que la maneja, la sierra contra el que la mueve? Como si la vara dirigiera al que la levanta, corno si el bastón levantara al que no es madera. Mas, por eso, el Señor Yahvé de los ejércitos herirá de flaqueza a ese cuerpo tan robusto. Y debajo de su gloria encenderá un fuego, como fuego de incendio. Y la luz de Israel se convertirá en fuego, y su Santo en llama, para quemar y devorar en un solo día sus cardos y sus espinas, Y la hermosura de su bosque y de su vergel quedará del todo destruida, y será como el consumirse de un enfermo. Y los árboles que de su selva queden serán tan pocos, que un niño podrá contarlos. En aquel día, el resto de Israel y los sobrevivientes de la casa de Jacob no se apoyarán ya sobre el que los hirió, sino que se apoyarán con fidelidad en Yahvé, el Santo de Israel. Volverá un resto, un resto de Jacob, al Dios fuerte. Porque, aunque fuera tu pueblo Israel corno las arenas del mar, sólo un resto volverá. Decretada está la destrucción, que acarreará la justicia. Y este decreto de destrucción lo ejecutará Yahvé de los ejércitos en toda la tierra. Por eso dice el Señor Yahvé de los ejércitos: Pueblo mío, que habitas en Sión, no ternas que Asur te hiera con la vara y alce contra ti su bastón como Egipto. Dentro de poco tiempo, dentro de muy poco, mi cólera llegará al fin, y mi furor los destruirá. Yahvé de los ejércitos levantará contra ellos el azote, como cuando hirió a Madián en la roca de Joreb, y el mar con su báculo, como lo levantó un día en Egipto, y en ese día quitará su peso de sobre tus espaldas, y su yugo de sobre tu cuello. Ya avanza del lado de Rimón, ha llegado a Ayot, pasa por Magrón y deja en Micmas su impedimento. Han pasado el desfiladero, y durante la noche han acampado en Guebá; Rama está temblando, Gabaá de Saúl está en fuga;" lanza gritos la hija de Galim, escucha Lais, respóndele Anatot, Madmena huye, los habitantes de Gabim han escapado. Hoy todavía hace alto en Nob, y alza su mano contra el monte de la hija de Sión, contra el monte de Jerusalén. He aquí que Yahvé de los ejércitos desgajará con fuerza las ramas; i las cimeras serán cortadas, y las altas abatidas." La madera del bosque será cortada a hierro, y echados a tierra los cedros del Líbano. Y brotará un retoño del tronco de José y retoñará de sus raíces un vástago. Sobre el que reposará el espíritu de Yahvé, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de entendimiento y de temor de Yahvé. Y su respirar será en el temor de Yahvé 1 . No juzgará por vista de ojos ni argüirá por oídas de oídos, sino que juzgará en justicia al pobre y en equidad a los humildes de la tierra. Y herirá al tirano con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios matará al impío. La justicia será el cinturón de sus lomos, y la fidelidad el ceñidor de su cintura. Habitará el lobo con el cordero, y el leopardo se acostará con el cabrito, y comerán juntos el becerro y el león, y un niño pequeño los pastoreará. La vaca pacerá con la osa, y las crías de ambas se echarán juntas, y el león, como el buey, comerá paja. El niño de teta jugará junto a la hura del áspid, y el recién destetado meterá la mano en la caverna del basilisco. No habrá ya más daño ni destrucción en todo mi monte santo, porque estará llena la tierra del conocimiento de Yahvé, como Herían las aguas el mar. En aquel día, el renuevo de la raíz de Jesé se alzará como estandarte para los pueblos, y le buscarán las gentes, y será gloriosa su morada. En aquel día de nuevo la mano del Señor redimirá al resto del pueblo, a lo que reste de Asur y de Egipto, de Patros, de Cus, de Elam, de Senaar, de Jamat y de las islas del mar. Alzará su estandarte en las naciones, y reunirá a los dispersos de Israel, y juntará a los dispersos de Judá de los cuatro confines de la tierra. Y cesará la envidia de Efraím, y serán destruidos los enemigos de Judá, y Judá no será más enemigo de Efraím. Y se alzarán contra la costa de los filisteos a occidente, y juntos saquearán a los hijos de oriente; Edom y Moab les servirán, y los hijos de Ammón les estarán sujetos." Y secará Yahvé la lengua del mar de Egipto, y levantará su mano sobre el río con el terror de su soplo, y herirá sus siete brazos, que podrán pasarse a seco. Y abrirá camino a los restos de su pueblo, a los que quedarán de Asur, como los abrió para Israel el día de su salida de Egipto. Y aquel día dirás: Yo te alabo, Yahvé, porque te irritaste contra mí, pero se aplacó tu cólera, y me has consolado. Este es el Dios de mi salvación, en él confío y nada temo, porque mi fuerza y mi canto es Yahvé. El ha sido para mí la salud. Sacaréis con alegría el agua de las fuentes de la salud, y diréis aquel día: Alabad a Yahvé, cantad a su nombre, pregonad sus obras en medio de los pueblos, proclamad que su nombre es sublime. Cantad a Yahvé, que hace cosas grandes; que lo sepa la tierra toda." Exulta, jubila, moradora de Sión, porque grande es en medio de vosotros el Santo de Israel. Oráculo sobre Babilonia, que vio Isaías, hijo de Amos: Alzad bandera sobre lo alto de un monte desnudo, gritadles, hacedles señas con las manos para que entren por las puertas de los príncipes. Yo mando a mi ejército consagrado para la guerra, y llamo a mis valientes para ejecutar mi ira, a los que triunfan para mi gloria. Murmullo de muchedumbres en los montes, ruido de muchas gentes, de reinos, de gentes reunidas. Yahvé de los ejércitos revista al ejército que va a combatir. Viene de tierra lejana, de los confines de los cielos, Yahvé con los instrumentos de su furor para asolar la tierra toda. Lamentaos, que se acerca el “día de Yahvé,” que vendrá corno azote del Todopoderoso, y desfallecerán todos los brazos y se helarán todos los corazones de los hombres;" se llenarán de terror y de angustia, y de dolor se retorcerán como parturienta. Se mirarán con estupor unos a otros y se encenderán en llama sus rostros. Ved que se acerca el día de Yahvé, y cruel, con cólera y furor ardiente, para hacer de la tierra un desierto y exterminar a los pecadores. Las estrellas del cielo y sus luceros no darán su luz; el sol se esconderá en naciendo, y la luna no hará brillar su luz." Yo castigaré al mundo por sus crímenes, y a los malvados por sus iniquidades. Yo haré cesar la insolencia de los soberbios y abatiré la altivez de los opresores. Yo haré que sean los hombres más escasos que el oro fino, más que el oro de Ofir. Yo haré estremecer a los cielos, y temblará la tierra en su lugar ante la indignación de Yahvé de los ejércitos, el día del furor de su ira. Entonces, como cierva asustadiza, como ovejas sin pastor, se irá cada uno a su pueblo, huirá cada uno a su tierra. Cuantos fueren habidos serán degollados, cuantos fueren tomados caerán a la espada. Sus hijos serán estrellados a sus ojos, sus casas incendiadas, sus mujeres violadas. Yo despertaré contra ellos a los medos, que no se cuidan de la plata, que no codician el oro. Y los arcos aplastarán a los mancebos, y no harán gracia al fruto del vientre ni tendrán sus ojos piedad de los niños. Entonces Babilonia, la flor de los reinos, ornamento de la soberbia de los caldeos, será como Sodoma y Gomorra, que Dios destruyó. No volverá jamás a ser habitada, ni poblada en los siglos venideros. No alzará allí el árabe su tienda, ni se apacentarán allí los ganados. Morarán allí las fieras, y los buhos llenarán sus casas. Habitarán allí los avestruces, y harán allí los sátiros sus danzas. En sus palacios aullarán los chacales, y los lobos en sus casas de recreo. Está para llegar su tiempo, no se alargarán mucho sus días. Porque Yahvé se apiadará de Jacob, todavía escogerá a Israel, y los hará descansar en su tierra; a ellos se unirán los extranjeros, se unirán a la casa de Jacob." Los tomarán los pueblos y los llevarán a su lugar,y la casa de Israel los tendrá en heredad, como siervos y siervas, en la tierra de Yahvé, Cautivarán a los que los habían cautivado y dominarán a sus opresores. Y sucederá que el día en que Yahvé te dará el reposo de tus fatigas, de tus penas y de la dura servidumbre a que estuviste sometido, -- Rompió Yahvé la vara de los impíos, el cetro de los tiranos. El que castigaba los pueblos con furor, sin cansarse de fustigar; el que en su cólera subyugaba las naciones bajo un yugo sin piedad." Toda la tierra está en paz, toda en reposo, exulta de alegría. Hasta los cipreses se alegraron de ti, los cedros del Líbano. Desde que yaces, no sube contra nosotros el leñador. El “seol” se conmueve en sus profundidades a causa tuya, para ir al encuentro de tu llegada, y por ti despiertan las sombras, todos los grandes de la tierra; haces levantar de sus tronos a todos los reyes de las naciones." Y todos a voces te dicen: ¿También tú te debilitaste como nosotros y has venido a ser semejante a nosotros? Ha bajado al “seol” tu gloria al son de tus arpas; bajo ti se extienden los gusanos, y gusanos son tu cobertura." ¿Cómo caíste del cielo, lucero brillante, hijo de la aurora, echado por tierra el dominador de las naciones? Y tú decías en tu corazón: Subiré a los cielos; en lo alto, sobre las estrellas del cielo, elevaré mi trono, y me asentaré en el monte de la asamblea, en las profundidades del aquilón." Subiré sobre las cumbres de las nubes y seré igual al Altísimo. Pues bien, al “seol” has bajado, a las profundidades del abismo. Los que te ven te contemplan, sobre ti piensan: ¿Es éste el que hacía temblar la tierra, el que trastornaba los reinos, el que hacía del mundo un desierto, devastaba las ciudades y no liberaba a sus cautivos? Todos los reyes de las naciones reposan con honor, cada uno en su morada;" pero tú has sido arrojado de tu sepulcro como rama abominable; revestido de asesinados, los muertos por la espada, con lo que descienden a sepulcros de piedra; como cadáver pisoteado," no tendrás con ellos sepultura, porque arruinaste tu tierra, asesinaste a tu pueblo. No se hablará jamás de la raza de los impíos. Preparad un matadero para los hijos por la iniquidad de sus padres, no se levanten para conquistar la tierra y llenar el mundo de ruinas. Yo me alzaré contra ellos, dice Yahvé de los ejércitos. Yo aniquilaré de Babilonia su nombre y sus restos, su raza y su germen, dice Yahvé de los ejércitos. Yo la haré hura de erizos, fangosa charca, y la barreré con la escoba de la destrucción, dice Yahvé de los ejércitos. Yahvé de los ejércitos lo ha jurado, diciendo: Sí, lo que yo he decidido llegará, lo que yo he resuelto se cumplirá: destruiré al asirio en mi tierra, y le hollaré en mis montes, y les quitaré de encima su yugo, y arrojarán su carga de sobre sus espaldas. He ahí la resolución tomada contra toda la tierra, he ahí la mano tendida contra todos los pueblos, Porque Yahvé de los ejércitos lo ha decidido, ¿quién se le opondrá? Tendida está su mano, ¿quién la apartará? El año de la muerte del rey Acaz se dio este oráculo: No te alegres tú, Filistea toda, por haberse roto la vara que te hería, porque de la raza de la serpiente nacerá un basilisco, y su fruto será un dragón volador. Los pobres se apacentarán en mis pastos y los indigentes reposarán seguros. Yo haré morir de hambre a tu posteridad y destruiré lo que de ti queda. Gime, ¡oh puerta! grita, ¡oh ciudad! cae desfallecida, Filistea toda, porque viene del aquilón una humareda y ninguno se separa de sus batallones;" y ¿qué responderá a los mensajeros del gentil? Yahvé fundó a Sión, y a ella se acogerán los desvalidos del pueblo. Oráculo sobre Moab: Ved, asolada de noche, Ar-Moab está en ruinas; I asolada de noche, está en ruinas Quir-Moab." La hija de Dibón ha subido l a los altos para llorar, y Moab se lamenta por Nebo y por Madaba. Todas las cabezas están rasuradas; todas las barbas, afeitadas," Salen por las calles vestidos de saco, por los terrados, por las plazas. Todos dan alaridos, se deshacen en llanto. Hesebón y Eleale lanzan gritos, cuyos ecos se oyen hasta Jahas. Por eso Moab siente desfallecer sus ríñones, y su alma desmaya. Salen gritos del corazón de Moab, sus huidos llegan a Segor y a Eglat-Selisiya; ciertamente suben llorando la cuesta de Luhit, en verdad por el camino de Joronaím van dando gritos de angustia;" se han secado las aguas de Timrim, pues se ha secado el heno, se ha marchitado la hierba, no hay verdor. Por eso llevan sus ahorros y sus provisiones al otro lado del torrente de los Sauces. Pues el clamor rodea las fronteras de Moab, los lamentos llegan hasta Eglaím, y hasta Beer-Elim llegan sus alaridos, porque las aguas de Dimón están llenas de sangre, y todavía mandaré sobre Dimón nuevos (males), leones para los escapados de Moab y para los sobrevivientes de la tierra. Enviad la hija del señor de la tierra1 desde la Roca del desierto al monte de la hija de Sión, y sucederá que como ave fugitiva, como nidada dispersa, serán las hijas de Moab por los vados del Arnón. Resuelve, decide, haz a tu sombra como de noche en pleno mediodía, oculta a los desterrados, no descubras al fugitivo. Hospédense en ti los desterrados de Moab, sé para ellos cobijo ante el devastador, hasta que acabe el opresor, cese el devastador y sea consumado fuera del país el pisoteador. Y el trono se afirmará por la clemencia, y se sentará sobre él en fidelidad, en la tienda de David, un juez que buscará el derecho y será pronto a la justicia. Hemos oído del orgullo de Moab, orgulloso en extremo; su arrogancia, su orgullo, su insolencia, su vana palabrería," Por eso laméntese Moab por Moab, sean todos lamentos, suspiren profundamente conmovidos por las tortas de uvas pasas de Quir-Jareset, porque las viñas de Hesebón están marchitas. Los señores de las naciones han pisoteado la viña de Sibma. Sus ramas se extendían hasta Jazer, sus sarmientos iban a perderse en el desierto, se expandían y pasaban el mar. Por eso uno mis llantos a los llantos de Jazer por la viña de Sibma, y os riego con mis lágrimas, Hesebón y Eleale, sobre cuyos frutos y cosechas caía el grito del lagarero. Ha desaparecido el gozo y la alegría del vergel, ya no hay cantos ni gritos de júbilo en las viñas, ya no se pisa el vino en los lagares, ya cesó el canto del lagarero. Por eso mis entrañas vibran como un arpa por Moab, y mi corazón por Quir-Jareset. Y sucederá que, cuando Moab se presente y se esfuerce sobre los lugares altos y entre en su santuario para orar, no podrá. -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- Oráculo sobre Damasco: Ved a Damasco borrada del número de las ciudades, no es más que un montón de ruinas. Sus ciudades, abandonadas para siempre1, serán para los ganados; se tumbarán y no habrá quien los despierte." Cesará de Efraím la fortaleza, y de Damasco el reino, y del resto de Aram será lo que de la gloria de los hijos de Israel, dice Yahvé de los ejércitos. Será en aquel tiempo atenuada la gloria de Jacob, y enflaquecerá la grasa de su carne, y será corno cuando el segador recoge la mies y su brazo siega las espigas, y será como cuando se espiga en el valle de Refaím. Queda un rebusco como después de cosechada la aceituna, dos o tres olivas en la punta de la copa, cuatro o cinco en las ramas del árbol, dice Yahvé, Dios de Israel. Aquel día se volverá el hombre hacia su Hacedor, sus ojos mirarán al Santo de Israel. Y no se volverá a los altares, obras de sus manos; no mirarán a lo que hicieron sus dedos, a las “asneras” ni a los cipos del sol." Aquel día serán tus ciudades fuertes abandonadas como las ciudades de los amorreos y jeveos que dejaron ante los hijos de Israel, y habrá desolación. Porque te olvidaste del Dios de tu salud y no te acordaste de la roca de tu fuerza. Por esto plantaste los jardines de Adonis y los sembraste de pámpanos extranjeros;" el día mismo que los plantaste, lo cercaste, y en la mañana hiciste florecer a tu semilla; se desvaneció la cosecha en el día de la angustia, y el dolor es irremediable." ¡Ay! estruendo de muchos pueblos; braman como el bramido del mar; estrépito de naciones, como el estrépito de aguas copiosísimas;" y le increpa, y huye lejos, aventado como el tamo de las montañas ante el viento, como el remolino de polvo por el huracán. A la hora de la tarde será el espanto y antes de la mañana habrá desaparecido. Esta será la suerte de los que nos despojan, la suerte de los que nos saquean. Ay de la tierra del zumbido de alas detrás de los ríos de Cus, la que envía mensajeros por el mar en naves de juncos sobre las aguas Id, veloces mensajeros, al pueblo de elevada talla y piel brillante, a la nación temible y lejana, a la nación fuerte y pisoteadura, cuya tierra está surcada de ríos. Todos vosotros, los moradores del mundo, los habitantes de la tierra, cuando sobre el monte se alce la bandera, mirad; cuando oigáis sonar la trompeta, escuchad." Porque he aquí lo que ha dicho Yahvé: Yo miro tranquilo desde mi morada, como calienta sereno un sol brillante, como nube de rocío en el calor de la siega. Porque antes de la vendimia, cuando se ha terminado la floración y la flor se convierte en maduros racimos, cortará los sarmientos con la podadera, y aun quitará y arrancará las cepas;" serán abandonados todos a los buitres de los montes y a las bestias del país; allí pasarán los buitres el verano, y las bestias del país el invierno." En aquel tiempo traerán ofrendas a Yahvé de los ejércitos, del pueblo de alta talla y piel brillante, del pueblo temible lejano, de la nación fuerte y pisoteadora, cuya tierra está surcada de ríos, a la morada del nombre de Yahvé, al monte de Sión. Oráculo sobre Egipto: Ved cómo Yahvé, montado sobre ligera nube, llega a Egipto; ante El tiemblan todos los ídolos de Egipto, y el corazón de Egipto se derrite en su interior." “Armaré a Egipto contra Egipto, y lucharán hermanos contra hermanos, amigos contra amigos, ciudad contra ciudad, reino contra reino. Y el espíritu de Egipto será vaciado en su interior, y desbarataré sus consejos, y preguntarán a los ídolos y a los hechiceros, a los evocadores y adivinos. Y entregaré a Egipto en manos de duro dueño, y un rey fuerte se adueñará de ellos, dice el Señor, Yahvé de los ejércitos.” Las aguas del mar se agotarán, y el río se consumirá, se secará, y apestarán los canales, bajarán y se secarán los ríos de Egipto8; juncos y cañas se mustiarán." Las praderas sobre el Nilo, a las riberas del Nilo, cuanto el Nilo hace brotar, se secará, se disipará y dejará de ser. Y gemirán los pescadores, y se lamentarán cuantos echan en el Nilo el anzuelo, y cuantos extienden la red en las aguas languidecerán. Y se avergonzarán los que trabajan en lino; peinadoras y tejedores palidecerán." Sus tejedores serán oprimidos,9 y todos los obreros apesadumbrados. Los príncipes de Zoán son del todo locos; los sabios consejeros del faraón son de necio consejo. ¿Corno decís al faraón: Somos hijos de sabios, hijos de antiguos reyes?" ¿Dónde están, pues, tus sabios? Infórmente y dente a saber lo que Yahvé de los ejércitos ha determinado sobre Egipto. Los príncipes de Zoán son del todo locos, los príncipes de Menfis van errados, los jefes de sus tribus engañan a Egipto. Yahvé ha derramado en su interior un espíritu de vértigo, y descarrían a Egipto en cuanto hacen, como se tambalea un borracho al vomitar. Y no habrá para Egipto obra alguna, háganlo cabeza y cola, palmera y junco. Aquel día serán los egipcios como mujeres, se aterrarán y temblarán ante la mano agitada de Yahvé de los ejércitos, que hace blandir sobre ellos. Y será la tierra de Judá motivo de espanto para Egipto; quienquiera que la oiga nombrar, temblará ante los designios de Yahvé de los ejércitos que decidió sobre él." En aquel día habrá en tierra de Egipto cinco ciudades que hablarán la lengua de Canaán y jurarán por Yahvé de los ejércitos, y de ellas una se llamará la Ciudad del Sol. Aquel día habrá en medio de la tierra de Egipto altar para Yahvé,y en sus fronteras estelas de Yahvé. Esto será para Yahvé de los ejércitos señal y testimonio en la tierra de Egipto, y cuando llamen a Yahvé en sus tribulaciones, Yahvé les mandará un salvador, que luchará y los salvará. Yahvé hará que los egipcios le conozcan, y Egipto conocerá aquel día a Yahvé, y le ofrecerán sacrificios y oblaciones, y harán votos a Yahvé, y los cumplirán. Y Yahvé castigará a Egipto hiriendo y sanando, y se convertirán a Yahvé, que se dejará mover a compasión y lo curará. Aquel día habrá un camino de Egipto a Asiría, y Asiría irá a Egipto, y Egipto a Asiría, y Egipto juntamente con Asiría servirán a Yahvé. Aquel día Israel será tercero con Egipto y Asiría, como bendición en medio de la tierra. Bendición de Yahvé de los ejércitos, que dice: Bendito mi pueblo de Egipto, y Asiría, obra de mis manos, e Israel, mi heredad. El año en que el Tartán vino a Azoto mandado por Sargón, rey de Asiría, y combatió Azoto y la tomó, en aquel tiempo habló Yahvé por Isaías, hijo de Amos, diciendo: Ve, quítate de tus lomos el saco y descálzate los pies, Hízolo así Isaías, andando desnudo y descalzo, y dijo Yahvé: Como anduvo Isaías, mi siervo, desnudo y descalzo tres años, señal y pronóstico sobre Egipto y Etiopía, así llevará el rey de Asiría a los cautivos de Egipto y a los desterrados de Etiopía, mozos y viejos, desnudos y descalzos, al aire las nalgas, la desnudez de Egipto. Y los que contaban con Etiopía y se enorgullecían de Egipto, quedarán consternados y confusos, y los moradores de esta tierra dirán: Mirad a los que eran nuestra esperanza, a los que pensábamos acogernos para que nos sirvieran de refugio y protección contra el rey de Asiría. ¿Cómo escaparemos nosotros ? Oráculo sobre el desierto del mar. Como huracán del Negeb desencadenado, viene del desierto, de la tierra espantosa. Me ha sido mostrada una dura visión: saqueadores saqueando, aseladores asolando, Sube Elam, asedia Media. Yo hago cesar todo gemido. Por eso mis ríñones se han llenado de espasmo; soy presa de dolores como de parturienta; y aturdido, ya no oigo; espantado, ya no veo." Pasmóse mi corazón, el terror me invadió; la hora del crepúsculo, por mí deseada, se trocó para mí en espanto." Han puesto la mesa, han tendido el mantel, se come, se bebe. ¡Arriba, príncipes, a engrasar el escudo! Porque así me ha dicho el Señor: Ve, pon un atalaya que comunique lo que vea, y si ve un tropel de caballos, de dos en dos, tiros de asnos, tiros de camellos, que mire atentamente, muy atentamente, y que grite: “Ya veo.”4 Así estoy yo, Señor, en atalaya, sin cesar todo el día, y me quedo en mi puesto toda la noche. Y he aquí que llegan tropeles de gente, tiros de caballos, y comenzaron a hablar, diciendo: ¡Cayó, Babilonia ha caído, y todas las estatuas de sus dioses yacen por tierra destrozadas! ¡Oh mi (pueblo) trillado e hijo mío de la era! lo que he oído de parte de Yahvé de los ejércitos, del Dios de Israel, yo te lo he hecho saber. Oráculo sobre Edom. Danrne voces desde Seir: Centinela, ¿qué hora es de la noche? Centinela, ¿qué hora es de la noche? El centinela dice: Viene la mañana y también la noche. Preguntad si queréis, volved a venir. Oráculo sobre Arabia. Pasad la noche en el bosque, en la estepa, caravanas de Dedán. Al encuentro de los sedientes traed agua; habitantes de la tierra de Tema, con su pan id al encuentro de los fugitivos." Porque van huyendo de la espada, de la espada desenvainada, ante los tensos arcos y ante la violencia de la batalla. Porque así me ha dicho Yahvé: Dentro de un año, como año de jornalero, se acabará toda la gloria de Cedar, y el resto del número de arcos de los valientes hijos de Cedar será reducido, porque Yahvé, Dios de Israel, ha hablado. Oráculo sobre el valle de la Visión. ¿Qué tienes para subirte así, toda, a los terrados, ciudad turbulenta, llena de tumulto, ciudad alegre? Tus heridos no son heridos a la espada y no han muerto en el combate. Tus caudillos huyeron todos a la vez, han sido apresados sin arco; y todos tus valientes han sido tomados en masa, huían lejos." Por eso os digo: Apartad la mirada de mí; lloraré amargamente; no os esforcéis en consolarmepor la devastación de la hija de mi pueblo." Porque es día de alboroto, de conculcación y de consternación de parte del Señor, Yahvé de los ejércitos. En el valle de la Visión, derrumbamiento de murallas, e1 griterío en la montaña3. Y Elam ha tomado la aljaba, Aram ha montado a caballo, Quir ha desenfundado el escudo. Tus valles mejores están llenos de carros, 1o acampan los jinetes junto a la puerta. Y descubrirá el velo de Judá, y miraréis aquel día al arsenal de la casa del bosque, y veréis que las brechas de la ciudad de David son numerosas, y recogeréis las aguas del estanque inferior. Contaréis las casas de Jerusalén, y derribaréis las casas para fortalecer las murallas. haréis depósito entre los dos muros para las aguas de la piscina vieja, pero no miraréis al que ha hecho esto, no veréis al que de mucho ha las preparó. El Señor, Yahvé de los ejércitos, os invita en ese día a llorar, a gemir, a rasurar la cabeza, a ceñir el saco. Mas he aquí que hay júbilo y alegría, matanza de bueyes y de ovejas, comida de carne y bebida de vino. “¡Comamos y bebamos, que mañana moriremos!” Pero se ha revelado Yahvé de los ejércitos a mis oídos: Ciertamente no será perdonado este pecado hasta que muráis. Así dice el Señor, Yahvé de los ejércitos: Anda y ve a ese cortesano, a Sobna, el superintendente de palacio: ¿Qué tienes tú aquí o a quién tienes tú aquí para labrarte aquí un sepulcro? Se está labrando su sepulcro en la altura, se talla una morada en la roca. -- omitido por paráfrasis -- He aquí que Yahvé te lanzará con ímpetu varonil, te echará a rodar, ¡oh gran señor! como una bola; con ímpetu te lanzará como una bola sobre la vasta tierra. Allí morirás y allí serán tus carros gloriosos, ¡oh vergüenza de la casa de tu señor!" Te depondré de tu cargo y te arrancaré de tu lugar. Y aquel día llamaré yo a mi siervo Eliaquim, hijo de Helicías, y le revestiré de tu túnica y le ceñiré de tu cinturón, y pondré en sus manos tu poder. Y él será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. Y pondré sobre su hombro la llave de la casa de David; y abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá." Y le hincaré como clavo en lugar seguro, y será trono glorioso de la casa de su padre. Y le colgarán toda la gloria de la casa de su padre, los vástagos y descendientes, todos los utensilios pequeños, desde las copas hasta los odres, Aquel día, dice Yahvé de los ejércitos, el clavo que estuvo hincado en lugar seguro será arrancado y caerá, y se romperá el peso que de él pendía, pues así lo dice Yahvé. -- omitido por paráfrasis -- Oráculo sobre Tiro. Gemid, naves de Tarsis; vuestro puerto está destruido; a la vuelta de la tierra de Quittim les dieron la noticia;" los habitantes de la costa del mar han enmudecido; el mercader de Sidón que atraviesa los mares," cuyas mensajeros van sobre la muchedumbre de las aguas, cuya ganancia eran la simiente de Sijor, la cosecha del Nilo, y se convirtió en el emporio de los pueblos, Avergüénzate, Sidón, pues el mar habla, la fortaleza del mar, el baluarte del mar, dice: No he concebido y no he parido, no he criado muchachos ni he educado doncellas. Cuando Egipto sepa la noticia, temblarán al conocer la nueva de Tiro. Pasad a Tarsis, lamentaos, moradores de la costa. ¿Es ésta vuestra ciudad alegre, la de antiguo origen, que iba por sus pies a lejanas regiones para morar en ellas? ¿Quién decretó tal cosa contra Tiro la coronada, cuyos mercaderes eran príncipes, cuyos negociantes eran grandes de la tierra? Yahvé de los ejércitos lo decretó para profanar el orgullo de toda gloria, para humillar a todos los grandes de la tierra. Pasa a tu tierra, como el Nilo, hija de Tarsis; ya no hay ceñidor." Yahvé tendió su mano sobre el mar e hizo temblar a los reinos; Yahvé ordenó la destrucción de las fortalezas de Canaán." Y dijo: No te volverás a regocijar, violada doncella, hija de Sidón. Levántate y vete a la tierra de Quittim, que ni aún allí habrá reposo para ti. He aquí la tierra de los caldeos; tal pueblo no existía; Asur lo fundó para los del desierto; alzaron sus torres, arrasaron sus palacios, han reducido a ruinas." Gemid, naves de Tarsis, que vuestro puerto ha dejado de existir. Y sucederá aquel día que Tiro será olvidada setenta años, los años de la vida de un rey, y al cabo de setenta años le ocurrirá a Tiro como dice el canto de la ramera: “Toma la cítara, y recorre la ciudad, ramera olvidada; toca lo mejor que puedas, multiplica las canciones, a ver si se acuerdan de ti.” Y sucederá que al cabo de setenta años visitará Yahvé a Tiro, y volverá a su salario, y se prostituirá a todos los reinos del mundo sobre la faz de la tierra, pero su ganancia y su salario serán consagrados a Yahvé; no serán guardados ni atesorados, sino que serán para los que habitan ante Yahvé, para nutrirlos hasta la saciedad y vestirlos con esplendor." He aquí que Yahvé devasta la tierra, la asola y trastorna su faz, dispersando a sus habitantes. Y será del pueblo como del sacerdote, del siervo como de su amo, de la criada como de su señora, del que compra como del que vende, del que presta como del que toma prestado, del acreedor como del deudor. La tierra será totalmente devastada y entregada al pillaje, porque Yahvé ha pronunciado esta palabra. La tierra está en duelo, marchita; el orbe languidece y se marchita, la clase alta del pueblo se debilita." La tierra está profanada bajo sus moradores, que traspasaron la ley, falsearon el derecho, rompieron la alianza eterna. Por eso la maldición devora la tierra, y son culpables sus moradores. Por eso arderán los moradores de la tierra y quedarán pocos hombres. Está en duelo el mosto, y la vid languidece, y suspiran todos los alegres de corazón. Ha cesado la alegría de los tambores, se acabó el regocijo de los exultantes, ha cesado el júbilo de la cítara. Ya no beben el vino entre cantares, y las bebidas son amargas al que las bebe. Ha sido quebrantada la ciudad de la confusión4, cerradas todas las casas, sin que nadie entre en ellas. Gritería por el vino en las calles, se oscureció toda alegría, desterróse de la tierra el júbilo. La desolación ha quedado en la ciudad, y la puerta, abatida, en ruinas. Porque así será en la tierra, en medio de los pueblos, como cuando se sacude el olivo, como cuando se hace el rebusco una vez concluida la recolección. Aquéllos alzan sus voces, lanzan gritos de alegría, desde el mar cantan la majestad de Yahvé. Por eso en el oriente glorifican a Yahvé en las costas del mar, el nombre de Yahvé, Dios de Israel. Desde los confines de la tierra oímos cantar: ¡Gloria al justo! Pero yo digo: ¡Desgraciado de mí, desgraciado de mí, ay de mí! Los pérfidos han obrado pérfidamente, los pérfidos han obrado pérfidamente. Terror, hoya, red sobre ti, habitante de la tierra. Y sucederá que el que huya de la voz de pánico caerá en la hoya, y el que salga del medio de la hoya se enredará en la red, porque ábrense las cataratas en lo alto y tiemblan los fundamentos de la tierra. La tierra se rompe con estrépito, la tierra retiembla, se conmueve. La tierra vacila como un ebrio, es sacudida como una choza. Pesan sobre ella sus pecados, y caerá para no volver a levantarse. Y será en aquel día que visitará Yahvé la milicia de los cielos en la altura, y abajo a los reyes de la tierra, Y serán encerrados presos en la mazmorra, encarcelados en la prisión, y después de muchos días serán visitados. Y la luna se sonrojará, y avergonzaráse el sol, porque Yahvé de los ejércitos reinará en el monte de Sión y en Jerusalén y (resplandecerá) su gloria ante sus ancianos. Yahvé, tú eres mi Dios; yo te ensalzaré y alabaré tu nombre, porque has cumplido maravillas, designios de mucho ha en fidelidad y verdad." Porque hiciste de la ciudad un montón de piedras, de la ciudad fuerte una ruina. Ya la ciudadela de los extranjeros no es ciudad, y no será jamás reedificada. Por eso te glorificará un pueblo fuerte y te temerá la ciudad de las naciones poderosas. Porque fuiste tú un refugio para el humilde, refugio para el pobre en su angustia, cobijo contra la tempestad, sombra contra el calor, pues el aliento de los tiranos es como una borrasca de invierno 1 . Cómo calor sobre tierra seca, apaciguarás el tumulto de los extranjeros2; como el calor a la sombra de una nube, el cántico de los tiranos se extingue." Y preparará Yahvé de los ejércitos a todos los pueblos sobre este monte un festín de suculentos manjares; un festín de vinos generosos, de manjares grasos y tiernos, de vinos generosos clarificados," y sobre este monte hará desaparecer el velo que oculta a todos los pueblos, la cortina que cubre a todas las naciones. Y destruirá la muerte para siempre, y enjugará el Señor las lágrimas de todos los rostros, y alejará el oprobio de su pueblo, lejos de toda la tierra, porque Yahvé ha hablado. Y se dirá en aquel día: He aquí a nuestro Dios, hemos esperado en El que nos salvará. Ahí está Yahvé, a quien esperábamos; gócemenos y alegrémonos en su salvación." Porque la mano de Yahvé descansará sobre este monte, pero Moab será pisoteado debajo de El, como se pisotea la paja en el muladar. ? tenderá sus manos en su interior, como las tiende el nadador para nadar; pero Yahvé abatirá su soberbia y los esfuerzos de sus manos." Y la fortaleza elevada de tus murallas ha abatido, ha hecho caer y derribado hasta el polvo. En aquel día cantarán este cántico en la tierra de Judá: Tenemos una ciudad fuerte; por muro y antemuro nos da El la salvación," Abrid las puertas, que entre un pueblo justo, que se mantiene fiel. Su firme ánimo conservará la paz, porque en ti pone su confianza. Confiad siempre en Yahvé, pues Yahvé es la roca eterna. El destruyó a los que habitan en las alturas, derribó la ciudad soberbia. La derribó hasta la tierra, la arrojó al polvo, y es hollada por pies, por los pies de los pobres y los pasos de los humildes. La senda de los justos es recta, i derecho el camino que tú abres al justo. Nosotros ciertamente te esperamos en la senda de tus juicios, ¡oh Yahvé! Tu nombre, tu memoria es el anhelo del alma. Deséate mi alma por la noche, y mi espíritu te busca dentro de mí, pues cuando (aparezcan) sobre la tierra tus juicios, aprenderán justicia los habitantes del orbe. Si al impío se le hace gracia, no aprende la justicia, y en la tierra de lo recto hace el mal y no ve la majestad de Dios. Alzada está tu mano, ¡oh Yahvé! no la ven; verán, confundidos, tu celo por el pueblo, y el fuego de tus enemigos los devorará." Depáranos la paz, ¡oh Yahvé! pues cuanto hacemos eres tú quien para nosotros lo hace. Yahvé, Dios nuestro, otros señores, que no tú, se enseñorearon de nosotros; sólo por ti celebramos tu nombre," Los muertos no revivirán, no se levantarán las sombras, porque los visitaste y destruíste y borraste todo recuerdo de ellos. Multiplicaste al pueblo, ¡oh Yahvé! multiplicaste a tu nación, te has glorificado, ensanchaste todos los confines de la tierra. En la angustia, ¡oh Yahvé! te han visitado, han derramado plegarias cuando tú los castigabas. Como la mujer encinta, cuando llega el parto, se retuerce y grita en sus dolores, así estábamos nosotros ante ti, Yahvé. Concebimos, nos retorcimos como si pariésemos viento, no dimos salvación a la tierra ni nacieron habitantes del orbe. Revivirán tus muertos, mis cadáveres se levantarán; despertad y cantad los que yacéis en el polvo, porque rocío de luces es tu rocío, y la tierra parirá sombras." Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos y cierra tus puertas tras de ti, ocúltate por un poco, mientras pasa la cólera. Porque he aquí que Yahvé va a salir de su lugar para castigar la iniquidad de los moradores de la tierra, y la tierra descubrirá su sangre, no encubrirá más sus asesinados. Aquel día castigará Yahvé con su espada pesada, grande y poderosa, al leviatán serpiente huidiza; al leviatán serpiente tortuosa, y matará al monstruo que está en el mar." En aquel día se dirá: Cantad a la viña deliciosa; yo, Yahvé, la guardo," yo la riego a cada momento para que no falte su follaje, yo la guardo día y noche sin enojo. ¡Quién me diera espinas y abrojos en batalla! Marcharía contra ellos y los quemaría juntamente, a no ser que se pongan bajo mi protección y hagan la paz conmigo, hagan conmigo la paz. Días vendrán en que Jacob echará raíces, e Israel echará flores y retoños y llenará la faz del mundo con su fruto. ¿Le hirió (Yahvé) como hirió a los que le herían? ¿Le mató como mató a los que le mataban? Expulsándole le ha combatido, echándole con su soplo impetuoso en día de viento solano. Por eso, con esto se expió el crimen de Jacob, y éste es todo el fruto del alejamiento de su pecado: que ponga todas las piedras del altar como piedras calizas dispersadas, de modo que no se levanten “asneras” y estelas solares. Pues la ciudad fuerte quedó solitaria, morada desamparada y abandonada como el desierto. Allí se apacienta el becerro, allí se echa y allí ramonea. Cuando sus ramas están secas, se rompen, vienen las mujeres y les prenden fuego, pues es un pueblo sin conocimiento; por eso el que lo hizo no tuvo piedad de él, el que lo formó no se compadeció de él." Y sucederá aquel día: sacudirá Yahvé espigas desde el río hasta el torrente de Egipto, y vosotros seréis recogidos uno a uno, hijos de Israel. Y acontecerá aquel día: se tocará la gran trompeta, y vendrán los perdidos en la tierra de Asur y los dispersos en la tierra de Egipto, y se prosternarán ante Yahvé en el monte santo de Jerusalén. Ay de la corona soberbia, de los ebrios de Efraím y de la flor marchita de su esplendoroso ornato, que (se alza) sobre la cima del fértil valle, de los que se atracan de vino. He aquí que el Señor dispone de un fuerte y poderoso, como turbonada de granizo, como huracán devastador, como chaparrón impetuoso de aguas torrenciales, que derriba a tierra con violencia. Será hollada con los pies en la corona soberbia de los ebrios de Efraím, y la flor marchita de su esplendoroso ornato, que (se alza) sobre la cima del fértil valle, será como breva tempranera que se adelanta a la cosecha, que, en viéndola, apenas se la tiene en la mano, se la traga. En aquel día Yahvé de los ejércitos será corona de gloria y diadema de hermosura para las reliquias de su pueblo, espíritu de juicio para el que se sienta en juicio, y de valentía para los que rechazan la batalla hasta la puerta. Y también ellos se tambalean por el vino y vacilan por los licores. Sacerdotes y profetas se tambalean por los licores, se ahogan en vino, titubean por los licores, vacilan por las bebidas fuertes, se tambalean en la visión, tropiezan en los juicios. Porque todas las mesas están llenas de vómitos e inmundicias, no hay lugar para más. ¿A quién va a enseñar ciencia y a quién hará entender los oráculos? ¿A los recién destetados, a los arrancados de los pechos? Porque: “Tsaw latsaw,” “tsaw latsaw,” “qaw laqaw,” “qaw laqaw,” “zer sham,” “zer sham” Pues por balbucientes de labios y con lengua extranjera hablará a este pueblo. Aquel que les dijo: Este es el reposo, dad reposo al fatigado, y éste es el descanso; pero no quisieron escuchar," y será para ellos palabra de Yahvé: “Tsaw latsaw,” “tsaw latsaw,” “qaw laqaw,” “qaw laqaw,” “zer sham,” “zer sham,” para que anden y caigan de espaldas y sean quebrantados, tomados en el lazo y aprisionados. Oíd, pues, burlones, la palabra de Yahvé; dominadores de este pueblo que está en Jerusalén." Porque dijisteis: Hemos hecho pacto con la muerte, nos hemos concertado con el “seol”; el azote desencadenado pasará sin llegar a nosotros, porque nos hemos hecho de la mentira abrigo, de la perfidia refugio." Por eso dice el Señor Yahvé: He aquí que he puesto en Sión por fundamento una piedra, piedra probada, piedra angular, de precio, sólidamente asentada; el que en ella se apoye no titubeará." Y del derecho haré regla, y de la justicia haré nivel. Y la granizada echará abajo el abrigo de la mentira, y las aguas torrenciales inundarán el refugio. Vuestro pacto con la muerte será roto, y vuestra convención con el “seol” no subsistirá; cuando el azote desencadenado pase, os aplastará;" siempre que pase, os tomará y pasará todas las mañanas, de día y de noche, y su espantoso terror os servirá de lección. Porque la cama será corta para estirarse, y la manta demasiado estrecha para envolverse. Porque se alzará Yahvé como en el monte de Perasim, y rugirá la cólera como en el valle de Gabaón, para realizar su obra, obra extraordinaria; para hacer su obra, obra inaudita." Y ahora no os burléis, no sea que se aprieten vuestras ataduras, pues decretada está la ruina sobre toda la tierra. Yo se lo he oído al Señor, Yahvé de los ejércitos. Atended y oíd mi voz, prestad atención y oíd mi palabra: ¿Acaso está el labrador arando todo el día para sembrar, abriendo y rastrillando su tierra? Después de allanar la superficie, ¿no siembra la neguilla o esparce el comino, o echa el trigo en líneas o la cebada en su sitio y la avena en sus lindes? Su Dios le instruye y le enseña cómo ha de hacer. Pues no se trilla la neguilla con el trillo ni se hace pasar sobre el comino la rueda de la carreta, sino que la neguilla se bate con el palo, y el comino se bate con la vara. Y el trigo, ¿se muele acaso? No, es pisado sin cesar, se hace pasar sobre él la rueda de su carro, pero no se muele. También esto proviene de Yahvé de los ejércitos, cuyo consejo es admirable y cuya sabiduría es grande. ¡Ay de Ariel, Ariel, ciudad donde acampó David! Añadid a un año otro año, sigan las fiestas su giro. Yo oprimiré a Ariel, y habrá llantos y gemidos, y será para mí como un Ariel. Y acamparé en círculo contra ti, te cercaré de trincheras y alzaré baluartes contra ti, y, humillada, desde la tierra hablarás, y desde el polvo surgirá tu palabra. Y sucederá que de la tierra saldrá tu voz como la de un fantasma, y del polvo tu palabra como un murmullo. Y será la muchedumbre de tus enemigos como fino polvo; la turba de tus tiranos, como paja que vuela, y vendrá esto de repente, en un momento." Serás visitada de parte de Yahvé de los ejércitos con truenos, estruendo y gran ruido, con huracán, tempestad y llama de fuego devorador. Y será como un sueño, como visión nocturna, la muchedumbre de naciones que combaten a Ariel, que le atacan y embisten su fortaleza y la estrechan de cerca. como el hambriento sueña que come, y despierta y está vacía su alma; como sueña que bebe el sediento, y se despierta desfallecido, y su alma sedienta, lo mismo sucederá a la muchedumbre de todas las naciones que pelean contra el monte de Sión." Espantaos, asombraos, ofuscaos y cegaos; embriagaos, pero no de vino; bamboleaos, pero no por los licores." Porque derramó Yahvé sobre vosotros un espíritu de letargo, y cierran vuestros ojos los profetas y velan vuestras cabezas los videntes. Y toda revelación es para vosotros como palabras de libro sellado que se da a leer a quien sabe leer, diciéndole: “Lee, por favor, esto,” y responde: “No puedo, el libro está sellado.” O se da el libro a quien no sabe leer, diciéndole: “Lee, por favor,” y responde: “No sé leer.” Y el Señor dice: Pues este pueblo se me acerca sólo de palabra y me honra sólo con los labios, mientras que su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es sino un mandamiento humano aprendido. Por eso he aquí que voy a hacer nuevamente con este pueblo extraordinarios prodigios, y la sabiduría de sus sabios perecerá, y la sagacidad de sus prudentes se eclipsará. ¡Ay de los que buscan lo profundo para encubrir sus designios! ¡Ay de los que se esconden de Yahvé, queriendo encubrir sus pensamientos y para sus obras buscan las tinieblas! y dicen: ¿Quién nos ve? ¿Quién nos conoce? ¡Qué perversidad la vuestra! ¿Es que ha de considerarse como arcilla el alfarero, de suerte que diga la obra a su hacedor: No me has hecho tú, y la vasija al alfarero: No entiende? ¿Es que en breve tiempo el Líbano no se convertirá en vergel, y el vergel será tenido por bosque? Y los sordos oirán aquel día las palabras del libro, y los ciegos verán sin oscuridad y sin tinieblas. Y los humildes volverán a tener alegría en Yahvé, y los pobres entre los hombres se gozarán en el Santo de Israel. Porque se acabaron los tiranos, se terminaron los mofadores y fueron aniquilados los que se iban tras la iniquidad, los que por una palabra culpaban a un hombre ponían asechanzas al que juzga en la puerta y daban de lado al justo por nada. por eso el que redimió a Abraham, Yahvé, dice a la casa de Jacob: Ahora no será confundido Jacob, ya no palidecerá su rostro. Pues cuando vea a sus hijos, la obra de mis manos, en medio de él, santificarán mi nombre, y pregonarán santo al Santo de Jacob, y temerán al Dios de Israel. Y los de alma descarriada aprenderán la sabiduría, y los murmuradores aprenderán la doctrina. ¡Ay de los hijos rebeldes, dice Yahvé, que toman consejo, pero no de mí; que derraman libaciones, pero no según mi espíritu, añadiendo pecados a pecados!" Toman el camino para bajar a Egipto sin haber consultado a mi boca, para refugiarse al amparo del faraón, para abrigarse a la sombra de Egipto. Pero el amparo del faraón será vuestra vergüenza, y el abrigo a la sombra de Egipto será vuestra confusión, pues cuando estén sus príncipes en Zoán y lleguen sus embajadores a Janes, todos quedarán burlados por el pueblo, que de nada les servirá, ni podrá socorrerlos ni ayudarlos, mas será su vergüenza y su ignominia. Oráculo de las bestias del Negueb a través de una tierra de angustia y de tribulación, de donde salen el león y la leona, la víbora y el dragón volador. Llevan a lomo de asnos sus riquezas, y sobre la giba de los camellos sus tesoros, para un pueblo que de nada sirve. Porque el socorro de Egipto no es más que vanidad y nada; por eso le llamo: Rahab que está tranquilo." Ve, pues, y escribe en una tableta ante ellos, y consígnalo en un libro, para que sea en los tiempos venideros perpetuo y eterno testimonio. Porque éste es un pueblo rebelde, hijos fementidos que no quieren escuchar la ley de Yahvé. Que dicen a los videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis cosas rectas; decidnos cosas halagüeñas, profetizadnos mentiras," apartaos del camino, quitaos del sendero, dejad de poner a nuestra vista el Santo de Israel. Por eso así dice el Santo de Israel: Ya que rechazáis esta palabra y confiáis en iniquidades y falsedades y en ellas os apoyáis, por eso será para vosotros esta iniquidad como grieta que va a caerse, joroba en alto muro, cuyo derrumbamiento llega de repente, en un instante, y se rompe como sin piedad se rompe una vasija de alfarero, hasta no quedar siquiera un tejón para sacar fuego del hogar o para sacar agua de la cisterna. Porque así dice el Señor, Yahvé, el Santo de Israel: En la conversión y la quietud está vuestra salvación, y la quietud y la confianza serán vuestra fuerza;" pero no habéis querido, y habéis dicho: No, huiremos en caballos (por eso huiréis), y sobre ligeros (corceles) cabalgaremos. Por eso correrán veloces vuestros perseguidores. (Huirán) mil ante la amenaza de uno solo. Huiréis amenazados por cinco, hasta quedar como un mástil sobre la cumbre de un monte y como una bandera sobre una colina. Por eso os está esperando Yahvé para haceros gracia, y se levanta para tener misericordia de vosotros, porque es Yahvé Dios justo, y bienaventurados cuantos en El esperan. Porque, pueblo de Sión, habitantes de Jerusalén, ya no llorarás más. Te hará gracia a la voz de tu clamor; al oírte te responderá." Y el Señor os dará a comer el pan de la angustia y el agua de congoja. Ya no se ocultarán tus maestros, sino que con tus ojos los verás, y oirás con tus oídos una palabra detrás de ti diciendo: Ese es el camino; anda por él cuando vayáis por la derecha o por la izquierda." Tendréis entonces como inmundicia la plata que cubre vuestros ídolos y el oro que decora vuestras imágenes, y las tiraréis como cosa inmunda, diciendo: ¡Fuera! Entonces te dará El la lluvia para la simiente que siembras en la tierra, y el pan que la tierra produzca será suculento y nutritivo. Entonces pacerán tus ganados en pastos pingües, y los bueyes y los asnos que labran la tierra comerán forraje salado, aventado y bieldado. Entonces, en todo monte alto y en todo collado elevado, habrá arroyos y corrientes de aguas al tiempo de la gran matanza, de la caída de las torres. Y será entonces la luz de la luna como la luz del sol, y la luz del sol siete veces (mayor), como la luz de siete días, el día en que Yahvé vendará la herida de su pueblo y sanará la llaga de sus azotes. He aquí el nombre de Yahvé, que viene de lejos, Arde su cólera y es pesado el humo que sube; sus labios están llenos de furor, su lengua es como luego devorador." Su aliento es como torrente desbordado, que sube hasta el cuello para cribar a las naciones en la criba de la destrucción y poner bozal de engaño a las mandíbulas de los pueblos. Entonces vosotros cantaréis como en noche en que se santifica una fiesta, tendréis alegre el corazón, como quien marcha al son de la flauta, para ir al monte de Yahvé, a la Roca de Israel. Y hará oír Yahvé su voz majestuosa, y mostrará el descenso de su brazo, en el ardor de su ira, en medio de un fuego devorador, en tempestad, en aguacero y en granizo. A la voz de Yahvé temblará Asur y será herido con el palo. Y sucederá que cada golpe de palo correctivo que Yahvé descargue sobre él, se (dará) al son de tambores y arpas, y en luchas agitadas les combatirá. Está desde hace mucho tiempo preparado un “tofet,” está también destinado al rey. Honda y ancha es la hoguera, fuego y leña hay en abundancia, que el soplo de Yahvé va a encender como torrente de azufre. Ay de los que bajan a Egipto en busca de socorro, y confían en los caballos, y en la multitud de carros ponen su esperanza, y en la fuerza de los jinetes! Pero no miran al Santo de Israel y no buscan a Yahvé. Pero también El es diestro en traer males y no retira su palabra. Y se levantará contra la casa de los malvados, contra el socorro de los que obran la iniquidad. El egipcio es un hombre, no es un dios, y sus caballos son carne, no son espíritu. Y en tendiendo Yahvé su mano, caerá el protector y caerá el protegido, ambos juntamente perecerán. Porque así me ha dicho Yahvé: Como león que ruge o como cachorro de león sobre su presa, contra el cual se reúne toda la turba de pastores, pero no se acobarda de sus gritos ni se turba ante el ruido de ellos, así Yahvé de los ejércitos descenderá a la lucha en el monte de Sión, en su collado. Como aves que levantan el vuelo protegerá Yahvé de los ejércitos a Jerusalén; protegiendo salvará, perdonando dejará escapar." Volveos, hijos de Israel, a aquel de quien tan profundamente os habéis separado. Porque, en aquel día, cada cual tirará sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que vosotros os hicisteis con vuestras manos pecadoras. Asur caerá a la espada, que no es espada de hombre, y espada de uno que no es hombre le devorará. Huirá ante la espada, y sus jóvenes (guerreros) serán cautivados, y de terror desaparecerá su roca, y sus príncipes, espantados, abandonarán la bandera. Así dice Yahvé, que tiene su fuego en Sión, y su horno en Jerusalén. He aquí que reinará un rey en justicia y gobernarán príncipes en juicio. Cada uno será como abrigo contra el viento, corno refugio contra la tempestad, como corriente de agua en tierra sedienta, como sombra de una gran roca en tierra desértica. No se ofuscarán los ojos de los que ven, y estarán atentos los oídos de los que oyen. Y el corazón de los precipitados entenderá sabiamente, y la lengua de los tartamudos hablará claro y expedito. No se llamará ya noble al loco, ni magnánimo al bellaco. Porque el insensato dice insensateces, y su corazón maquina la maldad: comete iniquidades, hablando erróneamente de Yahvé; deja vacía el alma del hambriento y quita al sediento la bebida." Las armas del malvado son perniciosas: traza planes malignos para perder al desvalido con palabras mentirosas, aunque sea justa la causa del pobre, mientras que el noble tiene nobles designios, y en sus nobles designios persevera. Mujeres descuidadas, levantaos, oíd mi voz; mujeres confiadas, prestad oído a mi palabra." Dentro de un año habréis de temblar, ¡oh confiadas! porque se habrá acabado la vendimia, la cosecha no vendrá. Temblad, descuidadas; estremeceos, confiadas; despojaos, desnudaos, ceñios los lomos." Se dan golpes de pecho, (llorando) por los hermosos campos y las fértiles viñas. En la tierra de mi pueblo crecen los cardos y las espinas, y aun en las casas de placer de la ciudad alegre. Porque los palacios están desiertos, abandonada la ciudad ruidosa; el Ofel y la torre de guardia para siempre convertidas en cuevas, lugar de delicia para los asnos salvajes y de pasto para los ganados." Hasta que sea derramado sobre nosotros espíritu de lo alto, y el desierto se trueque en vergel, y el vergel sea tenido por selva, y el derecho more en el desierto, y la justicia en el vergel. La paz será obra de la justicia; y el fruto de la justicia, el reposo y la seguridad para siempre. Mi pueblo habitará en mansión de paz, en moradas seguras, en asilo de reposo, y la selva caerá a los golpes del granizo, y la ciudad será del todo abatida. Venturosos los que sembráis a orillas de todas las aguas y soltáis el pie del buey y del asno. ¡Ay de ti, devastador que no has sido devastado, saqueador que no has sido saqueado! Cuando acabes de devastar, serás tú devastado; cuando acabes de saquear, serás tú saqueado." Ten, ¡oh Yahvé! piedad de nosotros; en ti esperarnos. Sé tú nuestro brazo cada mañana, nuestra salvación en tiempo de angustia." A la voz del estruendo huyen los pueblos; cuando te alzas tú, las naciones se dispersan." Se recoge el botín (como) cuando se recogen las langostas, y se precipitan sobre él como se precipita la langosta. Excelso es Yahvé, porque mora en la altura y llena a Sión de derecho y de justicia. La seguridad de tus tiempos será tesoro de salvación, de sabiduría y de ciencia; el temor de Yahvé será su tesoro." Ved: los de Ariel lanzan gritos fuera3, los mensajeros de paz lloran amargamente. Los caminos están desiertos, dejaron de pasar los caminantes. Ha roto la alianza, ha aborrecido las ciudades, no hace cuenta de nadie. La tierra está en luto, mustia; el Líbano, confuso, desfallecido. Sarón es un desierto, el Basan y el Carmelo han perdido su follaje." Ahora voy a levantarme, dice Yahvé; ahora surgiré y me alzaré. Concebiréis heno y pariréis paja, y vuestro soplo será fuego, que os devorará." -- omitido por paráfrasis -- Los pueblos serán reducidos a ceniza, como zarzas cortadas y consumidas por el fuego. Vosotros, los que habitáis lejos, oíd lo que he hecho, y los que estáis cerca conoced mi poder. Los pecadores en Sión se espantan, el temblor ha sobrecogido a los impíos. ¿Quién de nosotros podrá morar en el fuego devorador? ¿Quién habitará en los eternos ardores? El que camina en justicia y habla rectitud, el que rechaza ganancias, frutos de violencias; el que sacude sus manos para no tomar soborno, el que cierra sus oídos para no oír (proposiciones) sanguinarias y se tapa sus ojos para no ver el mal," ése habitará en las alturas y tendrá su refugio en firmes rocas; se le dará pan, y tendrá el agua asegurada." Tus ojos verán al rey en su belleza, y verán la tierra que se extiende hasta muy lejos. Tu corazón meditará sobre (los días) de terror: ¿Dónde está el que contaba? ¿Dónde el que pesaba? ¿Dónde el que contaba las torres? A esa gente insolente no verás más, a ese pueblo de lengua oscura que no se entiende, de lengua tartamudeante, que no se comprende. Mira a Sión, la ciudad de nuestras festividades; verán tus ojos a Jerusalén, morada de quietud, tienda que no emigra, cuyas estacas no serán arrancadas i ni rota cuerda alguna," sino que allí está Yahvé, magnífico para nosotros, lugar de ríos y Nilos anchurosos, por donde no irán barcas de remos ni pasará ningún majestuoso navio. Porque Yahvé es nuestro Juez, Yahvé es nuestro Jefe, Yahvé es nuestro Rey, El nos salva. Tus cuerdas se aflojaron, ya no sostienen el mástil, ya despliegan la bandera. Entonces la presa que se repartirá será muy grande; hasta los cojos tomarán parte en el saqueo." Entonces la presa que se repartirá será muy grande; hasta los cojos tomarán parte en el saqueo." [ (Isaiah 33:25) Y ningún habitante dirá: Estoy enfermo, el pueblo que mora en ella obtendrá el perdón de los pecados. ] Acercaos, pueblos, y oíd; prestad atención, naciones; oiga la tierra y cuantos la llenan, el mundo y cuanto en él se produce." Porque está irritado Yahvé contra todas las naciones, airado contra todo el ejército de ellas. Los destina al exterminio, los entrega a la matanza, y sus muertos quedarán abandonados, exhalarán sus cadáveres un olor fétido, y se derretirán los montes por la sangre de ellos. La milicia de los cielos se disuelve, se enrollan los cielos como se enrolla un libro, y todo su ejército caerácomo caen las hojas de la vid, como caen las hojas de la higuera. Porque mi espada se empapó en los cielos, he aquí que va a descender sobre Edom, sobre el pueblo que he destinado al exterminio, al juicio. La espada de Yahvé está llena de sangre, está encebada en grasa, en sangre de corderos y machos cabríos, en grasa de los ríñones de los carneros, porque hace Yahvé un sacrificio en Bosra y una gran matanza en la tierra de Edom. Y caerán con ellos los búfalos, y los novillos con los toros. Su tierra está borracha de sangre, y su polvo engordado con grasa. Porque es para Yahvé un día de venganza, un año de desquite para la causa de Sión. Y sus torrentes se convertirán en pez, y su polvo en azufre, y será su tierra como pez que arde día y noche;" nunca se extinguirá, subirá su humo perpetuamente. Será asolada de generación en generación, y nadie pasará más por ella. Se adueñarán de ella el pelícano y el mochuelo, la habitarán la lechuza y el cuervo, y echará Yahvé sobre ella las cuerdas de la confusión y la plomada de la desolación;" y habitarán en ella los sátiros, y todos sus nobles dejarán de existir6. Allí ya no habrá reino, y desaparecerán todos sus príncipes. Y en sus palacios crecerán las zarzas, en sus fortalezas las ortigas y los cardos, y serán morada de chacales y refugio de avestruces. Perros y gatos salvajes se reunirán allí, y se juntarán allí los sátiros. También allí Lilit descansará y hallará su lugar de reposo. Allí hará su nido la serpiente y pondrá, incubará y sacará sus huevos; allí se reunirán también los buitres y se encontrarán unos con otros." Buscad en el libro de Yahvé y leed: No faltará ninguno de ellos, porque lo ha mandado la boca de Yahvé, y su soplo los ha reunido. El mismo ha echado a suertes entre ellos, y su mano la ha repartido con la cuerda de medir; la poseerán por siempre y la habitarán de generación en generación." Exultará el desierto y la tierra árida, se regocijará la estepa como un narciso, Florecerá y exultará y dará cantos de triunfo; le será dada la gloria del Líbano, la magnificencia del Carmelo y del Sarón; ellos verán la gloria de Yahvé y la magnificencia de nuestro Dios." Fortaleced las manos desfallecidas y afianzad las rodillas vacilantes. Decid a los apocados de corazón: ¡Valor! No temáis, he ahí nuestro Dios. Viene la venganza, viene la retribución de Dios, viene El mismo, y os salvará, Entonces se abrirán los ojos de los ciegos, se abrirán los oídos de los sordos. Entonces saltará el rengocomo un ciervo, y la lengua de los mudos cantará gozosa. Porque brotarán aguas en el desierto, y torrentes en la estepa. Y la tierra abrasada se convertirá en estanque, y el suelo árido en fuentes. Lo que fue morada y cubil de chacales, se cubrirá de cañas y juncos. Y habrá allí una calzada y camino, que se llamará la vía santa; nada impuro pasará por ella. El mismo guiará al caminante, y los simples no se descarriarán." No habrá allí leones, ni fiera alguna subirá. Por ella marcharán los redimidos y volverán los rescatados de Yahvé. Vendrán a Sión con gritos de júbilo, y alegría eterna será sobre sus cabezas. Gozo y alegría alcanzarán, y huirán la tristeza y los llantos. Y sucedió que el año catorce del rey Ezequías, Senaquerib, rey de Asiría, subió contra todas las ciudades fuertes de Judá y se apoderó de ellas. Y envió el rey de Asiría a Rabsaces, con imponentes fuerzas, de Laquis a Jerusalén, al rey Ezequías. Tomó aquél posición cerca del acueducto de la piscina Superior, en el camino del campo del Batanero. Entonces Eliaquim, hijo de Helcías, prefecto de palacio, fue con Sobna, secretario, y Joás, hijo de Asaf, canciller, a Rabeases. Y les dijo Rabsaces: Decid, pues, a Ezequías: Así habla el rey grande, el rey de Asiría: ¿De dónde te viene esa tu confianza? ¿Crees que una palabra de los labios sirve de consejo y de fuerza para la guerra? Ahora bien, ¿en quién pones tu confianza para rebelarte contra mí? He aquí que confías en el apoyo de esa caña quebrada, en Egipto, que penetra y horada la mano de todo el que se apoya en él; tal es el faraón, rey de Egipto, para todos cuantos en él confían." Pero si me decís: Es en Yahvé, nuestro Dios, en quien ponemos nuestra confianza, ¿no ha sido el mismo Ezequías quien ha hecho desaparecer los altos lugares y los altares, diciendo a Judá y a Jerusalén: Sólo en este altar adoraréis? Haz, pues, una apuesta con mi señor, rey de Asiría; yo te daré dos mil caballos si tú eres capaz de aportar otros tantos jinetes sobre ellos." Y ¿cómo vas a hacer volver la cara a uno solo de los menores servidores de mi señor? Pero tú confías en Egipto a causa de los carros y jinetes. Y ahora, ¿acaso he subido yo sin intervención de Yahvé contra esta tierra para devastarla? Yahvé me ha dicho: Sube contra esta tierra y devástala. Entonces Eliaquim, Sobna y Joás dijeron a Rabsaces: Habla, por favor, a tus siervos en arameo, pues lo entendemos; no nos hables en judío a oídos del pueblo que hay en las murallas." Rabsaces respondió: ¿Acaso a tu señor y a ti me ha mandado mi señor dirigir estas palabras? ¿No son más bien para la gente sentada en las murallas, que con vosotros habrán de comerse sus excrementos y beberse sus orines? Avanzó Rabsaces y gritó fuertemente en lengua judía: Oíd las palabras del rey grande, del rey de Asiría. Así dice el rey: Que no os engañe Ezequías, porque no os puede salvar, y que no os haga Ezequías confiar en Yahvé, diciendo: Yahvé nos librará, no será entregada esta ciudad en manos del rey de Asiría. No escuchéis a Ezequías, porque así habla el rey de Asiría: Haced paces conmigo1 y salid a mí, y cada cual comerá el fruto de su viña y de su higuera y beberá el agua de su cisterna, hasta que venga yo a llevaros a una tierra como la vuestra, tierra de trigo y de vino, tierra de pan y de viñas. Que no os embauque Ezequías, diciendo: Yahvé nos librará. ¿Acaso los dioses de los pueblos libraron cada uno a su tierra de las manos del rey de Asiría? ¿Dónde están los dioses de Jamat y de Arpad? ¿Dónde los dioses de Sefarvaim? ¿Dónde los dioses de Samaría? ¿Libraron a Samaría de mis manos? ¿Cuál de los dioses de todas estas tierras es el que salvó a sus países de mi mano, para que Yahvé pueda librar de mis manos a Jerusalén? Y ellos se callaron y no respondieron palabra, porque el rey había dado esta orden: No les respondáis. Eliqauim, hijo de Helcías, prefecto de palacio; Sobna, secretario, y Joás, hijo de Asaf, canciller, fueron, rasgadas sus vestiduras, a Ezequías y le refirieron las palabras de Rabsaces." Y aconteció que, al oír el rey Ezequías esto, rasgó sus vestiduras, vistióse de saco y entró en el templo de Yahvé, y envió a Eliaquim, prefecto de palacio; a Sobna, secretario, y a los más ancianos de los sacerdotes, vestidos de saco, a Isaías, hijo de Amos, profeta," y le dijeron: Así dice Ezequías: El día de hoy es día de angustia, de castigo y de oprobio, porque los hijos han llegado al cuello del útero, pero no hay fuerza para dar a luz. Quizá Yahvé, tu Dios, oiga las palabras de Rabsaces, mandado por el rey de Asiría, su señor, para insultar al Dios vivo, y castigue por las palabras que oyó Yahvé, tu Dios. Elévale una súplica por este resto que aún subsiste. Los servidores del rey Ezequías fueron a Isaías, y les dijo Isaías: Así hablaréis a vuestro señor: Así habla Yahvé: No te asusten las palabras que acabas de oír, con las cuales los lacayos del rey de Asiría me han ultrajado. He aquí que yo le voy a infundir un espíritu tal, que, en recibiendo cierta noticia, se volverá a su tierra, y le haré caer al filo de la espada en su propia tierra. Volvióse Rabsaces y halló al rey asediando a Libna, pues supo que se había retirado de Laquis, Y oyó una noticia acerca de Tirhaqa, rey de Etiopía, en la que decían: Ha salido a luchar contra ti, y al oírla envió mensajeros a Ezequías, diciendo: Así habréis de hablar a Ezequías, rey de Judá: Que no te engañe tu Dios, en quien confías, diciendo: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiría. He aquí que tú has oído lo que hicieron los reyes de Asiría a todos los países, exterminándolos, y ¿ahora vas a salvarte tú? ¿Acaso les salvaron los dioses de las naciones que exterminaron mis padres, a Gosán y a Jarran, a Resef y a los hijos de Edén, que están en Telasar? ¿Dónde están el rey de Jamat, el rey de Arpad y el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Hiwah? Ezequías recibió la carta de manos de los mensajeros, y, luego de leerla, subió al templo de Yahvé, y, desplegándola ante Yahvé, le dirigió esta plegaria: ¡Oh Yahvé, Dios de Israel, que te sientas entre los querubines! Tú eres el solo Dios de todos los reinos de la tierra. Tú has hecho los cielos y la tierra. Inclina tus oídos, ¡oh Yahvé! y oye. Abre, ¡oh Yahvé! tus ojos y mira. Oye todas las palabras que me dirige Senaquerib para escarnecer al Dios vivo. Es verdad que los reyes de Asiría han devastado todos los pueblos y sus tierras;" que arrojaron al fuego a sus dioses, que no eran dioses, sino obra de la mano de los hombres, leños y piedra, y los destruyeron. Ahora, Yahvé, Dios nuestro, líbranos de sus manos, y aprendan todos los reinos de la tierra que tú eres el Dios único. Entonces Isaías, hijo de Amos, mandó a decir a Ezequías: Así dice Yahvé, Dios de Israel: Por la plegaria que tú me has dirigido a causa de Senaquerib, rey de Asiría, he aquí la sentencia que Yahvé pronuncia contra él Te desprecia, se burla de ti, virgen, hija de Sión; tras de ti menea la cabeza, hija de Jerusalén." ¿A quién has ultrajado y escarnecido? ¿Contra quién has alzado la voz y alzado en alto tus ojos? ¡Contra el Santo de Israel! Por medio de tus esclavos le has ultrajado, y has dicho: Con mis numerosos carros he subido a la cresta de las montañas, a las cumbres del Líbano, y he cortado los sublimes cedros, sus escogidos cipreses. He llegado a sus más extremadas cimas, al bosque de su vergel. He alumbrado y bebido aguas extranjeras y he secado con la planta de mis pies todos los canales de Egipto. ¿No has oído? Mucho tiempo ha que yo lo he realizado, desde tiempos antiguos lo he trazado, y ahora lo he hecho venir. Tú habrás de convertir en montones de ruinas las ciudades fuertes, cuyos habitantes estarán sin fuerza, espantados y confusos. Serían como la hierba de los campos, verdura tierna; serían como el musgo de los tejados y como grano marchitos." Yo sé cuándo te levantas y cuándo te sientas, cuándo entras y cuándo sales; tu furor contra mí," por cuanto tu enfurecimiento contra mí y tu insolencia han llegado a mis oídos; pondré mi aro en tu nariz y mi freno en tus labios, y haré que te vuelvas por el camino por donde viniste." He aquí la señal para ti: este año se comerá el producto de los granos caídos; al segundo año, lo que brote sin sembrar, y en el tercer año sembraréis y cosecharéis, plantaréis viñas y comeréis su fruto." Lo que quedare a salvo de la casa de Judá, echará raíces por debajo y producirá fruto en lo alto. Porque saldrá de Jerusalén un resto, y sobrevivientes del monte de Sión; el celo de Yahvé de los ejércitos hará esto." Por eso así dice Yahvé sobre el rey de Asiría: No entrará él a esta ciudad, ni arrojará allí flecha, ni se adelantará hacia ella con escudo, ni la rodeará de trincheras. Por el camino que vino hacia ella se tornará; no entrará en esta ciudad, dice Yahvé." Y yo protegeré a esta ciudad para salvarla por amor de mí y de mi siervo David. Y salió el ángel de Yahvé e hirió en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil hombres, y a la mañana, al despertar, he aquí que todos eran cadáveres. Y Senaquerib, rey de Asiría, levantó el campo y se tornó, quedándose en Nínive;" y sucedió que, mientras oraba en el templo de Nesroc, su dios, sus hijos Adramelec y Sareser le mataron a espada y huyeron a tierra de Ararat. Y le sucedió en el reino su hijo Asaradón. En aquellos días enfermó Ezequías de enfermedad mortal, y el profeta Isaías, hijo de Amos, fue a verle, y le dijo: Así dice Yahvé: Dispon de tu casa, porque vas a morir, no curarás. Ezequías volvió su rostro cara a la pared, dirigiendo a Yahvé esta plegaria: ¡Ay Yahvé! acuérdate, te suplico, de que he andado delante de ti con fidelidad e íntegro corazón y que he hecho lo que era bueno a tus ojos. Y se puso a sollozar Ezequías con gran llanto. Y fue palabra de Yahvé a Isaías, diciéndole: Vete y di a Ezequías: Así habla Yahvé, el Dios de tu padre David: He oído tu oración y he visto tus lágrimas. He aquí que voy a añadir a tus días quince años más. Y de la mano del rey de Asiría yo te libraré a ti y a esta ciudad, y yo protegeré a esta ciudad. Y ésta será la señal para ti de parte de Yahvé de que cumplirá Yahvé esta palabra que he dicho: He aquí que haré retroceder la sombra diez grados, los grados que el sol ha descendido en el cuadrante de Acaz. Y retrocedió el sol diez grados que había descendido. Cántico de Ezequías, rey de Judá, cuando enfermó y curó de su enfermedad: Yo dije: En la tranquilidad de mis días, voy a caminar hacia las puertas del “seol,” privado del resto de mis años. Y dije: Ya no veré más a Yahvé en la tierra de los vivientes ni contemplaré más al hombre entre los moradores del mundo;" -- omitido por paráfrasis -- mi morada es arrancada, arrebatada de mí, como tienda de pastores. Como un tejedor ha enrollado mi vida y la separa de su trama. Día y noche me consumes, grito hasta la mañana, pues como león quebranta todos mis huesos. Día y noche me consumes, chillo como golondrina, gimo como paloma. Mis ojos se consumen mirando a lo alto. ¡Oh Yahvé! estoy angustiado; sal fiador por mí." ¿Qué voy a decir yo? Ya me ha dicho El, y ha hecho; caminaré lentamente todos mis años en la amargura de mi alma." Señor, sobre ellos viven, y a todos, entre ellos, la vida de mi espíritu. Tú me curas y me haces vivir. He aquí que en paz se me ha tornado la amargura y has preservado mi alma del hoyo de la corrupción, porque has echado a tu espalda todos mis pecados. Pues no te alaba el “seol,” ni te celebra la muerte, ni los que descienden a la fosa esperan en tu fidelidad. Los vivos, los vivos te alaban como yo hoy; el padre da a conocer a los hijos tu fidelidad." Yahvé, (apresúrate) a salvarme, y pulsaremos nuestras arpas todos los días de nuestra vida en la casa de Yahvé. Y dijo Isaías: Tomen una torta de higos y friccionen sobre la úlcera, y curará. Y dijo Ezequías: ¿Cuál es la señal de que subiré al templo de Yahvé? En aquel tiempo envió Merodacbaladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, un mensaje y un presente a Ezequías, pues había tenido noticias de su enfermedad y su restablecimiento. Y Ezequías se alegró de ello, y les enseñó su casa del tesorot la plata, el oro, los perfumes y ungüentos preciosos, su arsenal y todo cuanto había en sus almacenes. No hubo nada, ni en el palacio ni en sus dependencias, que no les mostrara Ezequías. Y el profeta Isaías fue a ver a Ezequías y le preguntó: ¿Qué han dicho esos hombres y de dónde vienen a ti? Respondió Ezequías: Han venido de lejos a verme, de Babilonia. ¿Y qué es lo que de tu casa han visto? preguntó. Y Ezequías respondió: Han visto cuanto en mi palacio hay; no ha quedado nada de cuanto hay en mis almacenes que no les haya enseñado." Entonces dijo Isaías a Ezequías: Oye la palabra de Yahvé de los ejércitos: He aquí que vendrán días en que todo cuanto hay en este palacio y cuanto atesoraron tus padres hasta el día de hoy será llevado a Babilonia. Y tus hijos, engendrados por ti, serán llevados y tomados como eunucos para el palacio del rey de Babilonia. Y Ezequías dijo a Isaías: Buena es la palabra de Yahvé que me anuncias, porque, manifestó él, habrá paz y seguridad en mis días. Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios;" hablad al corazón de Jerusalén y gritadle que se cumplió su servidumbre, que está pagada su culpa, que ha recibido de manos de Yahvé el doble por todos sus pecados. Una voz grita: Abrid camino a Yahvé en el desierto, enderezad en la estepa una calzada a vuestro Dios. Que se alcen todos los valles y se rebajen todos los montes y collados; que se allanen las cuestas y se nivelen los declives." Porque va a mostrarse la gloria de Yahvé, y a una la verá toda carne, porque ha hablado la boca de Yahvé. Una voz dice: Grita. Y yo respondo: ¿Qué he de gritar? Toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo, Sécase la hierba, marchítase la flor cuando pasa sobre ellos el soplo de Yahvé. Ciertamente hierba es el pueblo3. Sécase la hierba, marchítase la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre. Sube a un alto monte, mensajera de buenas nuevas de Sión; alza con fuerza, tu voz, mensajera de buenas nuevas de Jerusalén. Álzala, no temas; di a las ciudades de Judá: He aquí a vuestro Dios." He aquí al Señor, Yahvé de los ejércitos, que viene con fortaleza, y su brazo dominará a favor suyo; he aquí que El viene con su salario y va delante de El su paga." El apacentará su rebaño como pastor, El le reunirá con su brazo, El llevará en su seno a los corderos y cuidará a las paridas. ¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano, y apalpó los cielos, y determinó en un tercio todo el polvo de la tierra, pesó en la romana las montañas, o en la balanza los collados? ¿Quién ha determinado el espíritu de Yahvé, quién fue su consejero y le instruyó? ¿Con quién deliberó para recibir instrucciones, que le enseñase el camino de la justicia, le adoctrinara en la ciencia y le diera a conocer el camino del entendimiento? He aquí que las naciones son como gotas de agua en el caldero y son reputadas como polvillo en la balanza, y levantan las islas como el polvillo el viento. El Líbano no basta para combustible, ni sus para el holocausto. Todos los pueblos son delante de El como nada, son reputados por El como nada y vanidad. ¿A quién, pues, compararéis a Dios y a qué imagen haréis que se le asemeje? El ídolo es fundido por el artífice, el orfebre la reviste de oro y le adorna con cadenillas de plata. El que es pobre para la ofrenda8, escoge madera incorruptible y busca un buen artífice para erigir un ídolo que no se tambalea. ¿No lo sabéis? ¿No lo habéis oído? ¿No os lo han revelado desde el principio? ¿No lo habéis entendido desde la fundación de la tierra? Está El sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos habitantes son como langostas. El tiene los cielos como un toldo y los despliega como una tienda de morada. El torna en nada a los príncipes, y en vanidad a los jueces de la tierra. Apenas plantados, apenas sembrados, apenas ha echado su tronco raíces en la tierra, sopla sobre ellos y se secan, y como pajuela los arrastra el huracán. ¿A quién me asemejaréis, de forma que se me iguale, dice el Santo? Alzada en lo alto vuestros ojos y mirada: ¿Quién los creó? El que saca numerado su ejército, y todos los llama por su nombre, y por la gran fuerza y enorme potencia ninguno falta. ¿Por qué dices tú, Jacob; hablas tú, Israel: Mi camino está oculto a Yahvé, y mi derecho se escapa a mi Dios?" ¿No sabes tú, no has oído, que Yahvé es Dios eterno, creador de los confines de la tierra? No se fatiga ni se cansa, insondable es su inteligencia. El da vigor al fatigado y multiplica las fuerzas del débil. Y se cansan los jóvenes y se fatigan, y los jóvenes llegan a flaquear;" pero los que confían en Yahvé renuevan las fuerzas, echan alas como de águila, corren sin cansarse y caminan sin fatigarse. Enmudeced, islas, ante mí, y renueven los pueblos su fuerza, acérquense y hablen, entremos en juicio. ¿Quién ha suscitado desde el levante a aquel a quien la justicia le sale al encuentro a su paso?¿ (Quién) entrega ante él las naciones y abate los reyes? Su espada los reduce a polvo, y sus arcos los dispersa como brizna de paja. Los persigue, pasa en pazpor senda en que sus pies no habían entrado. ¿Quién lo ha hecho y realizado? El que desde el principio llamó a las generaciones. Yo, Yahvé, soy el primero y seré en los últimos tiempos. Las islas le ven y tiemblan, y se espantan los confines de la tierra. Se acercan y juntos vienen (al juicio)3 . Uno a otro se ayudan, uno a otro se dicen: Animo. El escultor anima al orfebre; el que pule con el martillo, al que golpea el yunque, diciendo: Bien está esta soldadura. Y la afirma con clavos para que no se mueva." Pero tú, Israel, eres mi siervo. Yo te elegí, Jacob, progenie de Abraham, mi amigo. Yo te traje de los confines de la tierra y te llamé de las regiones lejanas, diciéndote: Tú eres mi siervo. Yo te elegí y no te he rechazado. No temas, que yo estoy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios. Yo te fortaleceré y vendré en tu ayuda, y con la diestra victoriosa te sostendré." Confundidos serán y cubiertos de ignominia todos los que se irritan contra ti. Serán reducidos a nada, aniquilados, los que contienden contigo. Buscarás y no hallarás a los que te atacan; serán reducidos a nada los que te combaten." Porque yo, Yahvé, tu Dios, fortaleceré tu diestra, y yo te digo: No temas, yo voy en tu ayuda. No temas, gusanillo de Jacob, coquito de Israel. Yo te ayudo, dice Yahvé, y tu redentor es el Santo de Israel. He aquí que te pongo como agudo rastrillo, nuevo y armado de dientes. Trillarás y pulverizarás los montes y desharás en menuda paja los collados. I Los bieldarás, y el viento los levantará, y el huracán los dispersará. Y te regocijarás en Yahvé, y en el Santo de Israel te gloriarás. Los pobres, los menesterosos, buscan el agua y no la hallan; su lengua está seca por la sed, pero yo, Yahvé, los oiré; yo, Dios de Israel, no los abandonaré." Yo haré brotar manantiales en las alturas peladas, y fuentes en medio de los valles. Tornaré el desierto en estanque, y la tierra seca en corrientes de aguas. Yo plantaré en el desierto cedros y acacias, mirtos y olivos. Yo plantaré en la estepa cipreses, olmos y alerces juntamente. Para que todos vean y comprendan y todos consideren y entiendan que es la mano de Yahvé la que ha hecho esto, y el Santo de Israel el que lo ha creado. Presentad vuestro alegato, dice Yahvé; presentad vuestras pruebas, dice el Rey de Jacob:" Que se acerquen y anuncien lo que está por venir. Que manifiesten las cosas pasadas, para que las tengamos en cuenta y conozcamos el fin de ellas, o hacednos oír las cosas venideras. Anunciadnos lo por venir, para que sepamos que sois dioses. Veamos: haced bien o haced mal, para que nos admiremos y lo veamos de una vez. He aquí que no sois nada, y vuestra obra nada. Abominable es quien os elige. Yo le he suscitado del septentrión, y ya llega, el que invoca mi nombre del lado de levante, y pisa los príncipes como se pisa el polvo, y como el alfarero pisa la arcilla. ¿Quién antes lo anunció para que le conociéramos de antemano, para que pudiéramos decir: Justo? Nadie le anunció, nadie lo ha hecho oír, nadie os oyó una palabra. Yo el primero lo anuncié a Sión y di a Jerusalén un mensajero de buena nueva, Miro, y no hay nadie; no hay entre ellos ningún consejero,para que yo les preguntara y me respondieran algo." He aquí que todos son nada, y su obra es nada, y sus ídolos, viento y vacuidad. He aquí a mi Siervo, a quien sostengo yo; mi elegido, en quien se complace mi alma. He puesto mi espíritu sobre él; él dará el derecho a las naciones." No gritará, no hablará recio ni hará oír su voz en las plazas. No romperá la caña cascada ni apagará la mecha que se extingue. Expondrá fielmente el derecho, sin cansarse ni desmayar, hasta que establezca el derecho en la tierra; las islas están esperando su ley." Así dice Dios, Yahvé, que creó los cielos y los tendió,el que extendió la tierra y sus brotes,el que da al pueblo que (está) sobre ella el aliento, y el soplo a los que por ella andan. Yo, Yahvé, te he llamado en la justicia y te he tomado de la mano. Yo te he formado y te he puesto por alianza del pueblo y para luz de las gentes, para abrir los ojos de los ciegos, para sacar de la cárcel a los presos, del calabozo a los que moran en las tinieblas. Yo soy Yahvé, tal es mi nombre; no doy mi gloria a ningún otro ni a los ídolos mi alabanza." He aquí que las cosas antiguas han llegado, y anuncio otras nuevas; antes de que germinen las voy a hacer oír." Cantad a Yahvé un cántico nuevo, su alabanza desde los confines de la tierra. Estremézcase el mar y cuanto en él se contiene, las islas con sus habitantes. Alcen su voz el desierto y sus ciudades y las aldeas que habita Cedar. Lancen gritos de júbilo los habitantes de Sela y den gritos de alegría en lo alto de los montes. Que den gloria a Yahvé, que expresen su alabanza en las islas. Yahvé saldrá como un héroe, como guerrero se excita en su ardor. Lanzará gritos y alaridos y se portará como un héroe contra sus enemigos. Mucho tiempo callé, estuve en silencio, me contuve; como mujer en parto gemiré, suspiraré y jadearé a la vez." Devastaré montes y collados y agostaré todo su verdor; convertiré en islas las corrientes de las aguas y secaré los lagos." Llevaré a los ciegos por un camino ignorado, los conduciré por senderos desconocidos. Ante ellos tornaré en luz las tinieblas, y en llano lo escarpado. Estas cosas haré yo y los dejaré. Retrocederán cubiertos de ignominia los que confían en los ídolos, los que dicen a las imágenes fundidas: Vosotros sois nuestros dioses. ¡Oíd, sordos; mirad, ciegos, y ved!" ¿Quién es ciego sino mi Siervo? ¿Quién sordo como el mensajero que yo envío? ¿Quién es ciego como mi familiar, y ciego como el siervo de Yahvé? Muchas cosas has visto sin poner en ellas atención; abiertos tenías los oídos, pero no oíste." Habíase complacido Yahvé en su justicia, en hacer grande y magnífica la ley, y he ahí a este pueblo saqueado y hollado, puesto en cepos, encerrado en mazmorras; destinado al pillaje, sin que nadie los libre; despojados, sin que nadie diga: Restituid," ¿Quién de vosotros dará oído a estas cosas, quién atento las escuchará para lo por venir? ¿Quién entregó Jacob a los saqueadores, Israel a los despojadores? ¿No fue Yahvé contra quien hemos pecado, cuyos caminos no quisimos seguir, cuya ley no obedecimos? Y El derramó el fuego de su ira con los furores de la guerra, que se encendieron en torno a él, pero no comprendió; le quemaron, mas no hizo caso." Ahora, pues, así dice Yahvé, que te creó, Jacob; que te formó, Israel: No temas, porque yo te he rescatado, yo te llamé por tu nombre y tú me perteneces." Porque, si atraviesas las aguas, yo seré contigo; si por ríos, no te anegarás. Si pasas por el fuego, no te quemarás; las llamas no te consumirán." Porque yo soy Yahvé, tu Dios, Santo de Israel, tu Salvador; yo doy a Egipto por rescate tuyo, doy por ti a Etiopía y Seba." Porque eres a mis ojos de muy gran estima, de gran precio y te amo, y entrego por ti hombres y pueblos a cambio de tu vida. No temas, porque yo soy contigo; yo traeré tu descendencia desde oriente y te reuniré desde occidente." Diré al septentrión: Entrega, y al mediodía: No retengas. Trae a mis hijos desde lejos, y a mis hijas desde los confines de la tierra, a todos cuantos llevan mi nombre, que yo los creé, formé e hice para mi gloria. Que salga el pueblo ciego, aunque tiene ojos; los sordos, aunque tienen oídos." Los pueblos se han reunido a una y se congregaron las naciones. ¿Quién de entre ellos anuncia esto y nos hace oír cosas antiguas? Que presenten sus pruebas para justificarse, y, oyéndolas, se diga: Verdad. Vosotros sois mis pruebas, dice Yahvé; mi siervo, a quien yo elegí para que aprendáis y me creáis y comprendáis que soy yo. Antes de mí no fue formado dios alguno, y ninguno habrá después de mí." Yo, yo soy Yahvé, y fuera de mí no hay salvador. Soy yo el que he anunciado, he salvado y he hecho oír, y no hay otro entre vosotros; vosotros sois mis testigos, dice Yahvé." Yo soy Dios (desde la eternidad), y también desde ahora lo soy. Nadie puede librar de mis manos; lo que hago, ¿quién lo volverá?" Así habla Yahvé, vuestro redentor, el Santo de Israel: Por vosotros envié yo a Babilonia, y rompí los cerrojos de vuestra cárcel. y los caldeos sobre las naves de su jolgorio. Yo soy Yahvé, vuestro Santo; el creador de Israel, vuestro rey." Así habla Yahvé, el que abre caminos en el mar y senderos en la muchedumbre de las aguas;" el que hace salir carros y caballos, a los ejércitos y los fuertes guerreros; se echan a tierra juntamente, sin que se levanten,extinguidos como mecha que se apaga." No os acordéis de las cosas anteriores ni prestéis atención a las cosas antiguas, pues he aquí que voy hacer una obra nueva, que ya está germinando; ¿no la conocéis? Ciertamente voy a poner un camino en el desierto, y ríos en la estepa," y me glorificarán las bestias del campo, los chacales y los avestruces, porque di agua en el desierto, y torrentes en la estepa, para abrevar a mi pueblo, a mi elegido, al pueblo que hice para mí, que cantará mis loores. Pero tú, Jacob, no me invocaste, ni te has fatigado por mí, Israel. No me ofreciste ovejas en holocausto, no me honraste con tus sacrificios; yo no te he abrumado con ofrendas ni te importuné con el incienso." No me compraste caña aromática con plata ni me saciaste con la grosura de tus sacrificios, sino que me atormentaste con tus pecados y me apenaste con tus iniquidades, Soy yo, soy yo quien por amor de mí borro tus pecados y no me acuerdo más de tus rebeldías. Hazme recordar, entremos juntos en juicio, habla tú para justificarte. Pecó tu primer padre, y tus mediadores faltaron contra mí, y tus príncipes profanaron mi santuario, y entregué a Jacob al anatema, y a Israel al oprobio. Pero ahora escucha, Jacob, mi siervo; Israel, a quien elegí yo." Así habla Yahvé, que te ha hecho, y en el seno materno te formó, y te socorre: No temas, siervo mío, Jacob, y “Yeshurum,” a quien yo elegí, porque yo derramaré aguas sobre el (suelo) sediento, y arroyos sobre la (tierra) seca, y efundiré mi espíritu sobre tu simiente, y mi bendición sobre tus retoños, y germinarán como la hierba entre agua, como álamos junto a las corrientes de aguas. Este dirá: Yo soy de Yahvé; aquél tomará el nombre de Jacob, y el otro escribirá en su mano: De Yahvé, y será apellidado con el nombre de Israel." Así habla Yahvé, el rey de Israel, su redentor, Yahvé de los ejércitos: Yo soy el primero y el último y no hay otro Dios fuera de mí. ¿Quién como yo? Que venga y grite, que anuncie y se compare conmigo. ¿Quién desde antiguo hizo oír lo por venir? Que nos anuncien lo que ha de suceder, No os atemoricéis, no temáis. ¿No lo anuncié yo antes ya, y lo predije tomándoos por testigos? ¿Acaso hay Dios fuera de mí? No hay Roca, yo no la conozco. Todos los forjadores de ídolos son nada, y sus favoritos no sirven de nada, y son testigos ellos mismos, no ven nada, no saben nada para vergüenza suya. ¿Quién forja un dios, quién funde un ídolo para no servir de nada? He aquí que todos sus devotos serán confundidos; los que los hacen son hombres. Que se junten, que vengan todos; temblarán cubiertos de vergüenza." Un herrero aguza el cincel, forja en la fragua su obra, hace la imagen a golpe de martillo y la forja con su robusto brazo; incluso tiene hambre y está sin fuerzas; no bebe agua, está desfallecido." Quien trabaja en madera tira la cuerda de medir, lo marca con el lápiz, lo ejecuta con los cinceles, lo marca con el compás. Hace así como una semejanza de hombre, para que habite en una casa. de un hombre bello. Córtanse cedros, se toma un roble o una encina, se deja crecer fuerte entre los árboles del bosque; se planta un pino, que la lluvia hace crecer," y sirven al hombre para el fuego; toma de ellos para calentarse, enciende para cocer el pan. Además hace con ellos dioses, ante los cuales se prosterna; hace estatuas, que adora." Ha quemado el fuego la mitad, sobre sus brasas asa carne, y se sacia comiendo el asado. Caliéntase luego diciendo: ¡Ea! me caliento, veo la lumbre, Con el resto se hace un dios, un ídolo, que adora prosternándose ante él, y a quien suplica diciendo: Sálvame, porque tú eres mi dios. No saben, no entienden, porque están cerrados sus ojos y no ven, están cerrados sus corazones y no entienden. No reflexionan, no tienen conocimiento ni inteligencia para decir: He quemado la mitad al fuego, sobre sus brasas he cocido el pan, he asado la carne y me la he comido; lo que con el resto haga será una abominación; me prosternaré ante un tronco de madera." Se alimenta de ceniza, un corazón engañado le extravía, y no salva su alma, diciéndose: ¿No es mentira lo que tengo en mi diestra? Ten en la memoria estas cosas, Jacob e Israel, porque tú eres mi siervo; yo te he formado, tú eres mi siervo, Israel; no te olvidaré." Yo he borrado como nube tus culpas, como niebla tus pecados. Vuelve a mí, que yo te he rescatado. Cantad, cielos, porque Yahvé lo ha hecho; resonad, profundidades de la tierra; saltad de júbilo las montañas, cantad todos, árboles de la selva, porque Yahvé ha rescatado a Jacob y en Israel se glorifica." Así dice Yahvé, tu redentor, el que en el seno te formó: Yo soy Yahvé, el que lo ha hecho todo, el que solo despliega los cielos y afirma la tierra. ¿Quién conmigo? El que deshace las señales de los embusteros y a los adivinos enloquece; el que obliga a los sabios a retroceder y envuelve en locura su sabiduría," pero mantiene la palabra de sus siervos y cumple los designios de sus mensajeros; el que dice a Jerusalén: Serás habitada, y a las ciudades de Judá: Seréis reedificadas; yo levantaré sus ruinas;" aquel que dice al abismo: ¡Sécate! y deseca sus corrientes;" el que dice a Ciro: Tú eres mi pastor, y él hará lo que yo quiera; y dice a Jerusalén: ¡Serás reedificada! y al templo: ¡Serás fundado de nuevo!" Así dice Yahvé a su ungido, Ciro, a quien tomé de la diestra para derribar ante él las naciones, y yo desceñiré las cinturas de los reyes, para abrir ante él las puertas y para que no se cierren las entradas. Yo iré delante de ti y allanaré los ribazos. Yo romperé las puertas de bronce y arrancaré los cerrojos de hierro. Yo te entregaré los tesoros escondidos y las riquezas de los escondrijos, para que sepas que yo soy Yahvé, el Dios de Israel, que te llamó por tu nombre. Por amor de mi siervo Jacob, por amor de Israel, mi elegido, te he llamado por tu nombre, te he dado un nombre glorioso, aunque tú no me conocías. Soy yo, Yahvé, no es ningún otro; fuera de mí no hay Dios. Yo te he ceñido, aunque no me conocías," para que sepan desde el levante del sol y desde el poniente que no hay ninguno fuera de mí. Yo soy Yahvé, no hay ningún otro; el que formó la luz y creó las tinieblas, el que da la paz y crea la desdicha. Yo soy, Yahvé, quien hace todo esto." Gotead, cielos, desde arriba, y que las nubes destilen la justicia. Abrase la tierra y produzca el fruto de la salvación, y germine a la vez la justicia. Yo, Yahvé, lo he creado. ¡Ay del que contiende con su Hacedor! Es el tiesto de los tiestos de la tierra. ¿Dice acaso el barro al alfarero: Qué es lo que haces? Y su obra: ¿No tienes manos? ¡Ay del que al padre dice: ¿Por qué engendraste? y a la mujer: ¿Por qué me pariste? Así dice Yahvé, el Santo de Israel y su hacedor: ¿Me vais a interrogar sobre el futuro, sobre mis hijos? sobre la obra de mis manos, ¿me vais a dar órdenes? Yo hice la tierra y creé sobre ella al hombre; mis manos desplegaron los cielos y yo mando a todos u ejército." Y yo le suscité para justicia y allané todos sus caminos. El reedificará mi ciudad y libertará a mis desterrados, no por precio ni por dones, dice Yahvé de los ejércitos. Así habla Yahvé: La labor de Egipto, y la ganancia de Etiopía, y los sobeos, hombres de elevada estatura, pasarán a ti y serán tuyos, y te seguirán, y te servirán esposados, y se postrarán ante ti, y suplicantes te dirán: Sólo tú tienes un Dios, no hay ningún otro; los dioses no existen ya." En verdad que tienes contigo un Dios escondido, el Dios de Israel, Salvador. Cubiertos de confusión y de ignominia están todos a una, se van avergonzados los forjadores de ídolos. Israel es salvado por Yahvé con salvación eterna; no seréis avergonzados ni confundidos por toda la eternidad." Porque así habla Yahvé, el que creó los cielos, el Dios que formó la tierra, la hizo y la afirmó. No la creó para yermo, la formó para que fuese habitada. Soy yo Yahvé, y ningún otro. No he hablado yo en secreto, en un oscuro rincón de la tierra. No he dicho yo a la progenie de Jacob: Buscadme en vano. Soy yo Yahvé, que hablo justicia y proclamo lo recto. Reunios, venid, acercaos juntamente los sobrevivientes de las naciones. No tienen entendimiento los que llevan ídolos de madera y ruegan a un dios incapaz de salvar, Hablad y exponed, consultaos unos a otros: ¿Quién ha hecho oír esto desde antiguo y lo anunció desde entonces? ¿No soy yo Yahvé, y no hay más que yo? No hay Dios justo ni salvador fuera de mí. Volveos a mí y seréis salvos, confines todos de la tierra. Porque yo soy Dios, y no hay otro. Por mí he jurado, salió la justicia de mi boca, una palabra irrevocable. Porque doblaráse ante mí toda rodilla y jurará toda lengua, diciendo: Ciertamente en Yahvé tengo justicia y fuerza, a El vendrán cubiertos de ignominia todos los inflamados contra El. En Yahvé será justificada y glorificada toda la progenie de Israel. Postrado Bel, abatido Nebo, sus simulacros son puestos sobre y bestias de carga; las cosas que llevabais han sido un peso, una carga para el fatigado (animal)." Están encorvados, doblegados a la vez; no pudieron salvar la carga, y ellos mismos van al cautiverio." Oídme, casa de Jacob, y todo el resto de la casa de Israel, que habéis sido cargados (sobre mí) desde el vientre, llevados desde el seno. Yo mismo hasta la vejez y hasta la canicie (os) portaré. Como ya hice, (os) llevaré, (os) portaré y os preservaré. ¿A quién queréis compararme, y equipararme, y asemejarme, de forma que fuésemos iguales? Aquéllos sacan oro de la bolsa, pesan la plata en la balanza, pagan al orfebre y hacen un dios, se postran y le adoran, le cargan a hombros, le llevan, le ponen en un lugar, y allí se está, no se mueve de su sitio. Claman a él, pero no responde, no les libra de sus tribulaciones. Acordados de esto y entendedlo4, reflexionada de nuevo, transgresores. Recordad los tiempos pasados desde antiguo, porque yo soy Dios, y no hay más Dios fuera de mí. Yo anuncio desde el principio lo último, y de antemano lo que no se ha hecho. Yo digo: Mis designios subsistirán, y cumplo toda mi voluntad. Yo llamo del levante al ave de presa, de lejana tierra al hombre de mi consejo5. Como lo he dicho, así lo llevaré a cabo; corno lo he planeado, así lo realizaré." Oídme, hombres de duro corazón, que estáis lejos de la justicia. Yo haré que se os acerque mí justicia; ya no está lejos, y no tardará mi salvación. Yo pondré en Sión la salud, y mi gloria en Israel." Desciende y siéntate en el polvo, virgen hija de Babilonia. No más trono, siéntate en la tierra, hija de los caldeos. Ya no te llamarán más la delicada y tierna. Toma la muela y ve a moler la harina; quítate el velo, pon haldas en cinta, descubre tus pantorrillas y pasa los ríos." Descubierta será tu desnudez y se verán tus vergüenzas. Yo tomaré venganza implacable, dice nuestro redentor; Yahvé de los ejércitos es su nombre, el Santo de Israel." Siéntate en silencio, súmete en tinieblas, ¡hija de los caldeos! Ya nunca más te llamarán soberana de los reinos. Estaba yo airado contra mi pueblo, y dejé profanar mi heredad y la entregué en tus manos. Tú no tuviste piedad e hiciste pesar tu yugo sobre los ancianos. Tú decías: Yo seré siempre, por siempre señora, y no reflexionaste, no pensaste en tu fin. Escucha, pues, esto, voluptuosa, que te sientas tan segura, que dices en tu corazón: Yo, y nadie más que yo; no enviudaré ni conoceré la orfandad." Ambas cosas te vendrán de repente, en un mismo día: la orfandad y la viudez en toda su plenitud vendrán sobre ti a pesar de tus numerosos agüeros y de tus poderosos encantamientos. Tú estabas fiada en tu maldad, y decías: No me ve nadie. Tu sabiduría y tu ciencia te engañaron, y decías en tu corazón: Yo y no más que yo. Pero va a caer sobre ti un mal que no sabrás conjurar, y caerá sobre ti una ruina que no podrás borrar; vendrá de repente sobre ti una devastación, sin que lo sepas." Acude, pues, con tus encantamientos, con tus muchas hechicerías, con que te fatigas desde la niñez; quizá puedan servirte, quizá puedan hacerte terrible." Estás cansada de tanto consultar. Que se presenten, pues; que te salven los que dividen los cielos, y observan las estrellas, y hacen la cuenta de los meses, de lo que ha de venir sobre ti." Helos aquí como briznas de paja que ha consumido el fuego; no podrán salvar sus vidas del poder de las llamas; brasas, pero no para calentarse a ellas, ni hoguera para sentarse ante ella." Eso serán para ti aquellos por quienes te afanaste, tus mercaderes desde tu juventud. Cada cual vagará por su camino, y no habrá quien te salve. Oíd esto, casa de Jacob, los que llevan el nombre de Israel, los salidos de las entrañas de Judá, los que juran por el nombre de Yahvé y celebran el Dios de Israel, pero sin verdad y sin justicia, porque llevan el nombre de la ciudad santa y se apoyan en el Dios de Israel, cuyo nombre es Yahvé de los ejércitos. Lo que ha pasado, ya ha tiempo lo predije, de mi boca salió. Yo lo hice oír, y de improviso obré, y todo se ha cumplido. Porque sabía que eres duro y es tu cerviz una barra de hierro, que tienes una frente de bronce. Yo te predije esto hace tiempo, antes de que sucediera te lo di a saber, para que no dijeras: Lo ha hecho mi ídolo; mi estatua, mi simulacro lo mandó." Ya lo has oído, míralo todo ello, y ahora vosotros, ¿no lo anunciaréis? 6 Yo te he hecho oír cosas nuevas desde ahora, cosas ocultas que no conocías. Ahora han sido creadas y no hace tiempo, antes de hoy no las habías oído, para que no dijeras: Ya lo sabía yo. No lo habías oído ni lo conocías, ni desde antiguo se había abierto tu oído6. Porque sabía que eres pérfido, y tu nombre es rebelde desde el seno materno. Yo por mi nombre difiero mi ira, y por amor de mi gloria me contengo frente a ti, para no exterminarte. He aquí que te probé al fuego, y no había plata; te he pasado por la hornaza de la aflicción." Es por mí, por amor de mí lo hago, porque ¿cómo (mi nombre) sería profanado?, y mi gloria a nadie se la doy. yeme, Jacob, e Israel, a quien he llamado; soy yo, yo el primero, y aun también el postrero." Mi mano cimentó la tierra, mi diestra desplegó los cielos, y los llamé y luego aparecieron. Reunios todos y oíd: ¿Quién de entre ellos anunció estas cosas? Aquel a quien ama Yahvé, cumplirá su voluntad contra Babilonia y contra la raza de los caldeos. Yo, yo he hablado, yo le he llamado, yo le guío y hago prosperar sus caminos. Acercaos a mí y oíd esto: Desde el principio no os he hablado en secreto; cuando las cosas se hacían, allí estaba yo. Y ahora Yahvé me ha enviado con su espíritu." Así habla Yahvé, tu redentor, el Santo de Israel: Yo soy Yahvé, tu Dios, que para utilidad tuya te enseña y te pone en el camino que has de seguir. ¡Ahí, si hubieses atendido a mis mandamientos, tu paz sería como un río, y tu justicia como las olas del mar. Y sería como arena tu simiente, y los frutos de tus entrañas como sus granos, y no sería extirpado ni exterminado tu nombre delante de mí. Salid de Babilonia, huid de entre los caldeos, con gritos de exultación anunciad, proclamad esto, publicadlo hasta los confines de la tierra; decid: Rescató Yahvé a su siervo Jacob." No tendrán sed en el desierto por el cual los guía; hará que broten para ellos aguas de la roca, abrirá la peña y brotarán las aguas." Pero no hay paz para los malvados, dice Yahvé. Oídme, islas; atended, pueblos lejanos: Yahvé me llamó desde el seno materno, desde las entrañas de mi madre me llamó por mi nombre." Y puso mi boca como cortante espada, me ha guardado a la sombra de su mano, hizo de mí aguda saeta y me guardó en su aljaba. El me ha dicho: Tú eres mi siervo, en ti seré glorificado. Yo me dije: Por demás he trabajado, en vano y por nada consumí mis fuerzas; pero mi causa está en manos de Yahvé, mi recompensa en mi Dios." Y ahora dice Yahvé, el que desde el seno materno me formó para siervo suyo, para devolverle a Jacob, para congregarle a Israel, pues soy honrado a los ojos de Yahvé, y mi Dios es mi fuerza. Dijo: Ligera cosa es para mí que seas tú mi siervo, para restablecer las tribus de Jacob y reconducir a los salvados de Israel. Yo te he puesto para luz de las gentes, para llevar mi salvación hasta los confines de la tierra. Así dice Yahvé, el Redentor de Israel, su Santo, al menospreciado de alma, abominado de las gentes, al esclavizado por los soberanos: Reyes verán y se levantarán, príncipes se prosternarán a causa de Yahvé, que es fiel; el Santo de Israel, que te ha elegido." Así habla Yahvé: Al tiempo de la gracia te escucharé, el día de la salvación vendré en tu ayuda y te formaré y te pondré por alianza de mi pueblo, para restablecer al país, para repartir las heredades devastadas. Para decir a los presos: Salid, y a los que moran en tinieblas: Venid a la luz. En todos los caminos serán apacentados y en todas las alturas peladas tendrán sus pastos. No padecerán hambre ni sed, ni les afligirá el viento solano ni el sol, porque los guiará el que de ellos se ha compadecido, y los llevará a manantiales de agua. Yo transformaré todos los montes en caminos, y se levantarán mis calzadas. He aquí que vienen ellos de lejos, éstos del septentrión y del mar, aquéllos de la tierra de Sinim. Exultad, cielos, y salta de gozo, tierra; que los montes prorrumpan en júbilo, porque ha consolado Yahvé a su pueblo, ha tenido compasión de sus afligidos." Sión decía: Yahvé me ha abandonado, y mi Señor se ha olvidado de mí. ¿Puede acaso una mujer olvidarse de su mamoncillo, no compadecerse del hijo de sus entrañas? Aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidaría. He aquí que te tengo grabada sobre las palmas de las manos, y tus muros están siempre delante de mí. Vienen aprisa tus reconstructores8, y tus aseladores y destructores se van de ti. Levanta en torno tus ojos y mira, todos se reunieron para venir a ti. Por mi vida, dice Yahvé, que te revestirás de ellos como de ornamento, y te ceñirás de ellos como novia, Porque tus ruinas y devastaciones y tu país asolado serán estrechos para los moradores, y se alejarán los que te devoraban. Aún dirán a tus oídos los hijos de tu orfandad: El lugar es demasiado estrecho para mí,hazme sitio para que habite en ella. Y tú dirás en tu corazón: ¿Quién me ha parido éstos? Yo no tenía hijos y era estéril. A éstos, ¿quién los ha criado? Yo había quedado sola; ¿de dónde vienen éstos?" Así habla el Señor, Yahvé: He aquí que tenderé mi mano a las gentes y alzaré mi bandera a las naciones, y traerán en el seno a tus hijos, y en hombros a tus hijas. Reyes serán tus ayos, y sus princesas tus nodrizas; postrados ante ti, rostro a tierra, lamerán el polvo de tus pies. Y sabrás que yo soy Yahvé y que los que en mí confían no serán confundidos." -- Porque así habla Yahvé: Si aun al guerrero se le quitaran los cautivos, si el botín del poderoso le fuera arrebatado, con tus adversarios lucharé y salvaré a tus hijos. Y a tus opresores haré comer su propia carne, y se embriagarán de su sangre como de mosto, y reconocerá toda carne que yo soy Yahvé, tu salvador y tu redentor, el Fuerte de Jacob. Así dice Yahvé: ¿Dónde está el libelo de repudio de vuestra madre, por el cual la he repudiado yo? ¿O cuál es aquel de mis acreedores a quien os haya vendido yo? He aquí que por vuestros crímenes fuisteis vendidos, y por vuestros pecados fue repudiada vuestra madre. ¿Por qué, cuando yo venía, no hallaba a nadie, y, cuando llamaba, nadie me respondía? ¿Habráse acortado mi mano para redimir o no tendré ya fuerza para librar? He aquí que con mi amenaza seco el mar y torno en desierto los ríos, hasta pudrirse sus peces por falta de agua y morir de sed sus vivientes. Yo revisto los cielos de negrura y los cubro como de saco. El Señor, Yahvé, me ha dado lengua de discípulo para saber sostener con palabras al cansado. Cada mañana despierta mis oídos para que oiga como discípulo;" el Señor, Yahvé, me ha abierto los oídos, y yo no me resisto, no me echo atrás. He dado mis espaldas a los que me herían, y mis mejillas a los que me arrancaban la barba. Y no escondí mi rostro ante las injurias y los esputos. Pero el Señor, Yahvé, me socorre, y por eso no fui confundido, por eso hice mi rostro como de pedernal,sabiendo que no sería confundido. Cerca está mi Justificador; ¿quién contenderá conmigo? Comparezcamos juntos; ¿quién es mi demandante? Que se acerque a mí." He aquí que el Señor, Yahvé, me asiste; ¿quién me condenará? He aquí que todos ellos se gastarán como un vestido, la polilla los consumirá." ¿Quién de vosotros terne a Yahvé, escucha la voz de su Siervo? El que ande en tinieblas, privado de resplandor, que confíe en el nombre de Yahvé y se apoye en su Dios. He aquí que todos vosotros encendéis fuego, encendéis saetas8; caminad a la luz de vuestro fuego y entre las saetas que habéis encendido. Por mi mano os sucederá esto, en tormento yaceréis." Oídme vosotros los que seguís la justicia, los que buscáis a Yahvé. Considerad la roca de que habéis sido tallados y la cantera de que habéis sido sacados1. Mirad a Abraham, vuestro padre, y a Sara, que os dio a luz. Porque sólo a él le llamé yo, le bendije y le multipliqué. Porque Yahvé se apiadará de Sión, se compadecerá de todas su ruinas, y tornará su desierto en vergel, y su estepa en paraíso de Yahvé, donde habrá gozo y alegría, alabanza y rumor de cánticos. Atended, pueblos, a mi voz; prestadme oído, naciones. Que de mí vendrá la doctrina, y mi derecho para luz de los pueblos." Mi justicia se acerca, ya sale mi salvación, y mi brazo hará justicia a los pueblos. A mí me esperarán las islas y en mi brazo confiarán. Alzad vuestros ojos al cielo y mirad abajo hacia la tierra. Porque se disiparán los cielos como humo, y se consumirá como un vestido la tierra, y morirán como las moscas sus habitantes5, pero mi salvación durará por la eternidad, y mi justicia no tendrá fin. Oídme vosotros los que conocéis justicia; tú, pueblo en cuyo corazón está mi ley. No temáis las afrentas de los hombres, no os asusten sus ultrajes." Porque como a una vestidura los comerá el gusano, como a lana los roerá la polilla. Pero mi justicia durará por la eternidad, y mi salvación de generación en generación. Despierta, despierta, revístete de fortaleza, brazo de Yahvé. Despierta, como los tiempos anteriores, en las generaciones antiguas. ¿No eres tú quien destrozaste a Rahab y atravesaste al dragón? ¿No eres tú quien secaste el mar, las aguas del gran abismo, y tornaste las profundidades del mar en camino para que pasasen los redimidos? Volverán los rescatados de Yahvé y vendrán a Sión con júbilo, y una alegría eterna sobre sus cabezas; se apoderará de ellos el gozo y la alegría, huirán penas y gemidos." Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para temer a un hombre mortal, a un hijo de hombre, que perece como el heno, olvidándote de Yahvé, tu Hacedor, que desplegó los cielos y fundó la tierra, para estar temiendo continuamente todo el día ante el furor del opresor cuando se dispone a destruirte? Y ¿dónde está la cólera del opresor? Bien pronto será liberado el cautivo, y no morirá en la fosa, no le faltará el pan. Yo soy Yahvé, tu Dios, que levanto el mar, haciendo embravecer sus olas, y cuyo nombre es Yahvé de los ejércitos. Yo pondré en tu boca mi palabra y te esconderé a la sombra de mi mano, al desplegar los cielos y fundar la tierra y al decir a Sión: Tú eres mi pueblo. Despierta, despierta, levántate, Jerusalén, tú que has bebido de la mano de Yahvé el cáliz de su ira, tú que has bebido hasta las heces el cáliz que aturde. No hubo nadie que la guiara de todos los hijos que ella parió. Ninguno la sostuvo con su mano de cuantos hijos crió. Vinieron a tu encuentro dos males, ¿quién se duele de ti? Ruina y azote, hambre y espada, ¿quién se compadece de ti? Tus hijos yacen desfallecidos en las encrucijadas de los caminos, como antílopes cazados a lazo, ebrios de la ira de Yahvé, de los furores de tu Dios. Por eso oye, pues, malaventurada, ebria, pero no de vino. Así habla tu Señor, Yahvé, tu Dios, que aboga por su pueblo: He aquí que tomaré de tu mano la copa embriagadora, el cáliz de mi ira, y no lo beberás ya más. Y lo pondré en la mano de los opresores, que te decían: Encórvate para que pasemos por encima, poniendo como suelo tu dorso, como camino para los que pasan. Levántate, levántate, revístete de tu fortaleza, ¡oh Sión! viste tus bellas vestiduras, Jerusalén, ciudad santa, que ya no volverá a entrar en ti incircunciso ni inmundo. Sacúdete el polvo, levántate, Jerusalén cautiva1; desata las ligaduras de tu cuello, ¡cautiva hija de Sión!" Porque así dice Yahvé: De balde fuisteis vendidos y sin precio seréis rescatados. Pues así habla el Señor, Yahvé: A Egipto bajó mi pueblo en otro tiempo para habitar allí como peregrino, y Asur lo oprimió sin razón. Y ahora ¿qué hago yo aquí, dice Yahvé, puesto que ha sido tomado gratis mi pueblo? Sus dominadores aullan, y continuamente, dice Yahvé, es blasfemado mi nombre. Por eso mi pueblo conocerá mi nombre el día que yo diga: Heme aquí. ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la salvación, diciendo a Sión: Reina tu Dios! Escucha Tus atalayadores alzan la voz, y todos a una cantan jubilosos, porque ven con sus ojos el retorno de Yahvé a Sión. Exultad jubilosamente a una, ruinas de Jerusalén, porque se ha apiadado Yahvé de su pueblo, ha rescatado a Jerusalén. Yahvé ha desnudado su santo brazo a los ojos de todos los pueblos, y verán todos los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios. Retiraos, retiraos, salid de allí, no toquéis nada inmundo. Salid de en medio de ella, purificaos los que lleváis los utensilios de Yahvé. Pero no salgáis a la desbandada, no partáis como fugitivos, porque va Yahvé a vuestro frente, y vuestra retaguardia es el Dios de Israel. He aquí que mi Siervo prosperará, será elevado, ensalzado y puesto muy alto. Como de él se pasmaron muchos, tan desfigurado estaba su aspecto, que no parecía ser de hombre, así se admirarán muchos pueblos, y los reyes cerrarán ante él su boca, porque vieron lo que no se les había contado y comprendieron lo que no habían oído. ¿Quién creerá lo que hemos oído?l ¿A quién fue revelado el brazo de Yahvé? Sube ante él como un retoño, como raíz de tierra árida. No hay en él parecer, no hay hermosura para que le miremos, ni apariencia para que en él nos complazcamos. Despreciado y abandonado de los hombres, varón de dolores y familiarizado con el sufrimiento, y como uno ante el cual se oculta el rostro, menospreciado sin que le tengamos en cuenta. Pero fue él ciertamente quien soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores, mientras que nosotros le tuvimos por castigado, herido por Dios y abatido. Fue traspasado por nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados. El castigo de nuestra paz fue sobre él, y en sus llagas hemos sido curados, Todos nosotros andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su camino, y Yahvé cargó sobre él la iniquidad de todos nosotros. Maltratado, mas él se sometió, no abrió la boca, como cordero llevado al matadero, como oveja muda ante los trasquiladores. Fue arrebatado por un juicio inicuo, sin que nadie defendiera su causa, pues fue arrancado de la tierra de los vivientes y herido de muerte por el crimen de su pueblo. Dispuesta estaba entre los impíos su sepultura, y fue en la muerte igualado a los malhechores, a pesar de no haber cometido maldad ni haber mentira en su boca. Quiso Yahvé quebrantarle con padecimientos. Ofreciendo su vida en sacrificio por el pecado, verá descendencia que prolongará sus días, y el deseo de Yahvé prosperará en sus manos. Por la fatiga de su alma verá y se saciará de su conocimiento. El Justo, mi Siervo, justificará a muchos y cargará con las iniquidades de ellos. Por eso yo le daré por parte suya muchedumbres, y dividirá la presa con los poderosos por haberse entregado a la muerte y haber sido contado entre los pecadores, llevando sobre sí los pecados de muchos e intercediendo por los pecadores. Regocíjate, estéril, que no has parido; entona un grito de alegría y exulta, tú que no has estado de parto. Porque los hijos de la abandonada son más numerosos que los hijos de la casada, dice Yahvé." Ensancha el espacio de tu tienda, extiende las lonas de tus moradas, no te cohibas, alarga tus cuerdas y refuerza tus estacas, porque te extenderás a derecha e izquierda, y tu descendencia poseerá las naciones y poblará las ciudades desiertas. Nada temas, que no serás confundida; no te avergüences, que no serás afrentada. Porque te olvidarás de la vergüenza de tu juventud y no volverás a recordar el oprobio de tu viudez." Porque tu marido es tu Hacedor; Yahvé de los ejércitos es su nombre, y tu Redentor es el Santo de Israel, que es el Dios del mundo todo." Como mujer abandonada y desolada de espíritu, te ha llamado Yahvé. Y la esposa déla juventud, ¿podrá ser repudiada? dice tu Dios. Por un breve momento te abandoné, pero con gran misericordia te recojo. En un rapto de cólera oculté de ti un instante mi rostro, pero con amor eterno me apiadé de ti, dice Yahvé, tu Redentor. Me sucede como en los días de Noé, cuando juré que las aguas de Noé no inundarían más la tierra. Así juro yo no enojarme contra ti ni amenazarte. Que se retiren los montes, que tiemblen los collados, no se apartará de ti mi amor, ni mi alianza de paz vacilará, dice el que se apiada de ti, Yahvé. ¡Pobrecita, azotada por la tempestad, sin consuelo! He aquí que voy a poner tus piedras de jaspe, y tus cimientos de zafiro. Te haré almenas de rubí y puertas de carbunclo, y toda tu cerca de piedras preciosas. Y todos tus hijos serán adoctrinados por Yahvé, y grande será la paz de tus hijos. Serás fundada sobre la justicia, estarás lejos de opresión, pues no habrás de temer, y del terror, pues no se te acercará. Si te atacare alguno, no será de parte mía, y quien te ataque caerá ante ti. He aquí que yo he hecho al herrero, que sopla el fuego de las brasas y forja armas según su oficio; también he hecho yo al destructor para aniquilar." Toda arma forjada contra ti no prosperará, y a toda lengua que contra ti se alce en juicio, condenarás. Tal es la heredad de los servidores de Yahvé y la justicia que de mí les vendrá, oráculo de Yahvé. ¡Oh vosotros los sedientos, venid a las aguas, aun los que no tenéis dinero! Venid, comprad y comed; venid, comprad sin dinero, sin pagar, vino y leche." ¿A qué gastar vuestro dinero no en pan, y vuestro trabajo no en hartura? Escuchadme y comeréis lo bueno y os deleitaréis con manjares suculentos. Dadme oídos y venid a mí, escuchadme y vivirá vuestra alma, y haré con vosotros un pacto sempiterno, el de las firmes misericordias de David. De él he hecho un testimonio para las gentes, un jefe y maestro de los pueblos, He aquí que llamarás a pueblos que te son desconocidos, y pueblos que no te conocen correrán a ti i por Yahvé, tu Dios; por el Santo de Israel, que te glorifica." Buscad a Yahvé, mientras pueda ser hallado; llamadlo en tanto que está cerca." Deje el impío sus caminos, y el malvado sus pensamientos, y vuélvase a Yahvé, que tendrá de él misericordia; a nuestro Dios, que es rico en perdones." Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni mis caminos son vuestros caminos, dice Yahvé. Cuanto son los cielos más altos que la tierra, tanto están mis caminos por encima de los vuestros, y por encima de los vuestros mis pensamientos, Como baja la lluvia y la nieve de los cielos y vuelven allá sin haber empapado y fecundado la tierra y haberla hecho germinar, dando la simiente para sembrar y el pan para comer, así la boca que sale de mi boca no vuelve a mí vacía, sino que hace lo que yo quiero y cumple su misión. Sí, partiréis con regocijo y seréis conducidos en paz. Montes y collados prorrumpirán en gritos de júbilo ante vosotros, y todos los árboles del campo batirán palmas. En vez de los espinos crecerá el ciprés; en vez de las ortigas, el mirto. Y servirá esto de renombre a Yahvé, de señal eterna, imperecedera." Así dice Yahvé: Guardad el derecho, practicad la justicia, que pronto va a venir mi salvación y a revelarse mi justicia. Bienaventurado el varón que esto hiciere, y el hijo del hombre que a ello se asiere, y que guarde el sábado sin profanarlo y guarde sus manos de toda obra mala. Que no diga el extranjero allegado a Yahvé: “Ciertamente me va a excluir Yahvé de su pueblo,” Que no diga el eunuco: “Yo soy un árbol seco.” Porque así dice Yahvé a los eunucos que guardan mis sábados, y eligen lo que me es grato, y se adhieren firmemente a mi pacto: Yo les daré en mi casa, dentro de mis muros, poder y nombre mejor que hijos e hijas. Yo les daré un nombre eterno, que no se borrará, Y a los extranjeros allegados a Yahvé, para servirle y amar su nombre, para ser sus servidores, a todo el que guarda el sábado sin profanarlo y se adhiere firmemente a mi pacto, yo les llevaré a mi monte santo, y los recrearé en mi casa de oración. Sus holocaustos y sus sacrificios serán gratos en mi altar, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos. Oráculo del Señor, Yahvé, que reúne los dispersos de Israel: A los reunidos yo allegaré otros. Todas las bestias del campo, venid a córner; todas las fieras de la selva." Mis guardianes son ciegos todos8, no entienden nada. Todos son perros mudos, que no pueden ladrar; soñadores, se acuestan, son amigos de dormir." Son perros voraces, insaciables; son pastores que no entienden, siguen cada uno su camino, cada cual busca su interés." Venid, voy en busca de vino, y nos embriagaremos de licores, y mañana será como hoy, día grande, muy grande. El justo perece, y no hay quien pare mientes; desaparecen los piadosos, y no hay quien entienda que el justo es arrebatado ante el mal" para entrar en la paz. Descansan en sus lechos los que siguen su camino recto. Acercaos, pues, vosotros, hijos de la bruja, generación de la adúltera y de la prostituta. ¿De quién os burláis, a quien hacéis muecas y sacáis la lengua? ¿No sois vosotros hijos de pecado, raza de mentira? Encendidos de concupiscencia bajo el terebinto y bajo todo árbol frondoso, sacrificando niños en el lecho de los torrentes, en los huecos de las peñas? Los lisos chinarros del torrente serán tu parte: he ahí tu porción. A ellos hiciste tus libaciones y elevaste ofrendas. ¿Me voy a consolar con eso ? Sobre un monte alto, bien alto, pusiste tu cama; también subiste allí para sacrificar." Detrás de la puerta y el umbral pusiste tu distintivo, pues, lejos de mí, te descubriste y subiste a tu lecho, lo ensanchaste y te prostituíste con aquellos cuyo comercio deseaste, compartiendo su lecho. Contemplaste la estela7, corriendo a Moloc con ungüentos, multiplicando tus unciones, enviando lejos tus embajadores, haciéndolos descender hasta el seol. Por el largo viaje te fatigaste; no dijiste: Renuncio. Hallaste el vigor de tu mano; por eso no enfermaste." ¿De quién temes, que te asustas, para renegar de mí, para no acordarte de mí ni hacerme caso? ¿No me he callado y he cerrado los ojos, y tú no me temiste? Pues ahora voy a pregonar tu justicia y tus obras, que de nada te servirán. Grita, que te salven tus ídolos. A todos los llevará el viento, un soplo los arrebatará. Pero el que en mí confía heredará la tierra y poseerá mi monte santo. Y se dirá: Abrid, abrid camino, allanadlo, quitad los tropiezos del camino de mi pueblo;" porque así dice el Altísimo, cuya morada es eterna y cuyo nombre es santo: Yo habito en un lugar elevado y santo, pero también con el contrito y humillado, para hacer revivir el espíritu de los humillados y reanimar los corazones contritos. Pues yo no quiero estar siempre contendiendo, ni quiero estar siempre enojado, porque sucumbiría ante mí todo espíritu y las almas que yo he creado. Por la iniquidad de su avaricia yo me irrité, y ocultándome, le castigué sañudo, y, rebelde, marchó por los caminos de su corazón. Sus caminos los he visto yo, pero yo le sanaré, le conduciré y le consolaré a él y a sus afligidos, haciendo que sus labios prorrumpan en acción de gracias: Paz, paz al que está lejos y al que está cerca, dice Yahvé; yo le curaré." Pero los impíos son como un mar proceloso, que no puede aquietarse y cuyas olas remueven cieno y lodo. No hay paz, dice Yahvé, para los impíos. Clama a voz en cuello sin cesar, alza tu voz como trompeta y echa en cara a mi pueblo sus iniquidades, y a la casa de Jacob sus pecados. Día tras día me buscan y quieren saber mis caminos, como si fueran un pueblo que ama la justicia, sin apartarse del derecho de su Dios. Me piden leyes justas, y se complacen en acercarse a Dios. ¿A qué ayunar, si tú no lo ves? ¿A qué humillar nuestras almas, si no te das por entendido? Sí, pero en el día de ayuno os vais tras vuestros negocios y oprimís a todos vuestros servidores. Ayunáis para mejor reñir y disputar y para herir inicuamente con el puño. No ayunéis como lo hacéis ahora, si queréis que en lo alto se oiga vuestra voz. ¿Es acaso así el ayuno que yo escogí, el día en que el hombre se mortifica? ¿Encorvar la cabeza como un junco y acostarse con saco y ceniza? ¿A eso llamáis ayuno y día agradable a Yahvé? ¿Sabéis qué ayuno quiero yo? dice el Señor Yahvé: Romper las ataduras de iniquidad, deshacer los haces opresores dejar libres a los oprimidos y quebrantar todo yugo;" partir tu pan con el hambriento, albergar al pobre sin abrigo, vestir al desnudo y no volver tu rostro ante tu hermano3. Entonces brotará tu luz como la aurora4, y pronto germinará tu curación5 e irá delante de ti tu justicia, y detrás la gloria de Yahvé. Entonces llamarás y Yahvé te oirá; le invocarás, y El dirá: Heme aquí. Cuando quites de ti el yugo, el gesto amenazador y el hablar altanero8;" cuando des de tu pan al hambriento y sacies el alma indigente, brillará tu luz en la oscuridad, y tus tinieblas serán cual mediodía. Yahvé será siempre tu pastor, y en el desierto hartará tu alma y dará vigor a tus huesos,Serás como huerto regado, como fuente de aguas que no se agotan;" y serán edificadas por ti las antiguas ruinas, y alzarás los cimientos de generaciones y generaciones, y te llamarán reparador de brechas y restaurador de sendas para habitar. Cuando te abstengas de pisotear el sábado y de ocuparte en tus negocios en mi día santo, y llames al sábado delicioso, y venerable al (día) santo de Yahvé, y le honres no haciendo tus viajes, ni arreglando tu negocio ni hablando de él, entonces te gozarás en Yahvé, y te haré remontar sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la herencia de Jacob, tu padre, pues la boca de Yahvé ha hablado. He aquí que se ha acortado la mano de Yahvé para salvar ni se ha hecho duro su oído para oír, sino que vuestras iniquidades han hecho una separación entre vosotros y vuestro Dios; vuestros pecados hacen que El oculte su rostro para no oíros;" porque vuestras manos están manchadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad; vuestros labios hablan mentira y vuestra lengua susurra impiedad." No hay quien clame por la justicia, nadie que juzgue con verdad. Confían en vanidades y hablan falsedades, conciben fatigas y paren desventuras. Incuban huevos de áspides y tejen telas de araña, y el que come de sus huevos muere; si se los rompe, sale un basilisco." Sus telas no sirven para vestir, ni con sus obras puede uno arroparse; sus obras son obras de iniquidad, y en sus manos hay obra de violencia." Corren tras el mal sus pies y se dan prisa a derramar sangre inocente. Sus pensamientos son pensamientos de iniquidad, y a su paso dejan el estrago y la ruina. No conocen el camino de la paz, no hay en sus sendas justicia; sus veredas son tortuosas; quien por ellas va no conoce la paz." Por eso se alejó de nosotros el juicio, por eso no nos alcanza la justicia. Esperamos luz, y he ahí tinieblas; resplandor, y caminamos en la oscuridad." Vamos palpando, como ciegos, la pared, y andamos a tientas, como quien no tiene ojos. Tropezamos en pleno día como en el crepúsculo; habitamos en tinieblas, como muertos." Gruñimos todos como osos y gemimos como palomas. Esperamos el juicio, pero nada; la salvación, pero está lejos de nosotros." Porque son ante ti numerosas nuestras iniquidades, y nuestros pecados dan testimonio contra nosotros. Con nosotros están nuestros crímenes, y conocemos nuestras iniquidades: rebelarse y renegar de Yahvé, alejarse de nuestro Dios, hablar perfidia e insurrección, concebir y meditar en el corazón palabras de mentira;" y se ha alejado el derecho, y se ausentó la justicia, y tropezó la buena fe en las plazas, y no halla lugar la rectitud. La fidelidad ha sido desterrada, y el que evita el mal es expoliado. Violo Yahvé, y no plugo a sus ojos que no existiese justicia. Y vio que no había ningún hombre, y le asombró que no hubiera intercesor. Entonces salvóle su brazo y vino en su ayuda su justicia. Y se revistió de la justicia como de coraza, y puso en su cabeza el casco de la salvación, y se vistió de vestiduras de venganza, y se cubrió de celo como de manto. Como son las obras, así es su retribución; ira contra sus enemigos, represalia contra sus adversarios. A las islas dará la paga." Y temerán desde el poniente el nombre de Yahvé, y desde el nacimiento del sol su gloria, porque vendrá como torrente impetuoso, empujado por el soplo de Yahvé. Mas para Sión vendrá como redentor, y para los convertidos del pecado en Jacob, dice Yahvé. En cuanto a mí, he aquí mi alianza con ellos, dice Yahvé: El espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras, que yo pongo en tu boca, no faltarán de tu boca ni de la de tu descendencia, ni de la boca de los hijos de tus hijos, dice Yahvé desde ahora para siempre. Levántate y resplandece, pues ha llegado tu luz, y la gloria de Yahvé alborea sobre ti, pues he aquí que está cubierta de tinieblas la tierra y de oscuridad los pueblos. Sobre ti viene la aurora de Yahvé y en ti se manifiesta su gloria. Las gentes andarán en tu luz, y los reyes a la claridad de tu aurora. Alza en torno tus ojos y mira: Todos se reúnen y vienen a ti, llegan de lejos tus hijos, y tus hijas son traídas a ancas. Entonces mirarás y resplandecerás, palpitará y se ensanchará tu corazón, pues vendrán a ti los tesoros del mar, llegarán a ti las riquezas de los pueblos. Te cubrirán muchedumbres de camellos, de dromedarios de Madián y de Efa. Todos vienen de Saba, trayendo oro e incienso, pregonando las glorias de Yahvé. En ti se reunirán los ganados de Cedar; los carneros de Nabayot estarán a tu servicio. Subirán como (víctimas) gratas sobre mi altar, y yo glorificaré la casa de mi gloria." ¿Quiénes son aquellos que vuelan como nube, como palomas a su palomar? Sí, se reúnen las naves para mí con los navíos de Tarsis a la cabeza, para traer de lejos a tus hijos con su oro y su plata, para el nombre de Yahvé, tu Dios; para el Santo de Israel, que te glorifica." Extranjeros reedificarán tus muros, y sus reyes estarán a tu servicio, pues si en mi ira te herí, en mi clemencia he tenido piedad de ti. Tus puertas estarán siempre abiertas, no se cerrarán ni de día ni de noche, para traerte los bienes de las gentes, con sus jefes por guías al frente, porque las naciones y reinos que no te sirvan a ti perecerán y las gentes serán totalmente exterminadas. Vendrá a ti la gloria del Líbano, los cipreses, los olmos y los alerces juntamente, para embellecer mi santuario, y voy a honrar el lugar de mis pies. A ti vendrán humillados los hijos de tus tiranos, y se postrarán a tus pies cuantos te infamaron. Y te llamarán la ciudad de Yahvé, la Sión del Santo de Israel. De abandonada que eras, odiada y sin viandantes, te haré eterno prodigio, delicia de los siglos. Mamarás la leche de las gentes, los pechos de los reyes, y sabrás que yo, Yahvé, soy tu Salvador, tu Redentor, el Fuerte de Jacob. En vez de cobre traeré en ti oro; en vez de hierro, plata; bronce en vez de madera, y hierro en vez de piedras. Te daré por magistrado la paz, y por soberano la justicia." No se hablará ya más de violencia en tu tierra, de saqueo y de ruina en tu territorio. Tus muros los llamarás “salud,” y a tus puertas “alabanza.” Ya no será el sol tu lumbrera de día, ni te alumbrará el resplandor de la luna, sino que Yahvé será tu eterna lumbrera, y tu Dios será tu esplendor. Tu sol no se pondrá jamás, ni menguará tu luna, porque será Yahvé tu eterna luz; acabáronse los días de tu luto." Tu pueblo será un pueblo de justos, poseerá la tierra para siempre, renuevos del plantío de Yahvé, obra de mis manos para resplandecer . Del más pequeño saldrá un millar, y del menor, una nación poderosa. Yo, Yahvé, a su tiempo lo aceleraré. El espíritu del Señor, Yahvé, está sobre mí, pues Yahvé me ha ungido, me ha enviado para predicar la buena nueva a los abatidos y sanar a los de quebrantado corazón, para anunciar la libertad de los cautivos y la liberación a los encarcelados. Para publicar el año de gracia de Yahvé y un día de venganza de nuestro Dios, para consolar a todos los tristes y dar a los afligidos de Sión, en vez de ceniza, una corona; el óleo del gozo en vez del luto, alabanza en vez de espíritu abatido. Se les llamará terebintos de justicia, plantación de Yahvé para (su gloria)." Ellos reedificarán las ruinas antiguas y levantarán los asolamientos del pasado. Restaurarán las ciudades asoladas, los escombros de muchas generaciones. Habrá extranjeros para apacentar tus ganados, y extraños serán tus labradores y viñadores. Y vosotros seréis llamados sacerdotes de Yahvé y nombrados ministros de nuestro Dios. Comeréis lo exquisito de las naciones y os adornaréis de su magnificencia. Porque tuvieron el doble en cuanto a vergüenza y fue su parte el oprobio y la confusión, recibirán el doble también sobre la tierra y gozarán de eterna alegría. Porque yo, Yahvé, soy amante del derecho y aborrezco el rapaz latrocinio. Por eso les daré fielmente su recompensa y haré con ellos una alianza eterna. Su descendencia será conocida en los pueblos, y su posteridad en medio de las gentes. Y quien los viere reconocerá que son la progenie bendita de Yahvé. Altamente me gozaré en Yahvé, y mi alma saltará de júbilo en mi Dios, porque me vistió de vestiduras de salvación y me envolvió en manto de justicia, como esposo que se ciñe la frente con diadema, y como esposa que se adorna con sus joyas. Porque, como produce la tierra sus gérmenes y como hace brotar el huerto sus semillas, así el Señor, Yahvé, hará brotar la justicia y la alabanza ante todas las gentes. Por amor de Sión yo no callaré, y por Jerusalén no pararé hasta que resplandezca su justicia como luz esplendente, y su salvación como antorcha encendida;" y verán las naciones tu justicia, y todos los reyes tu gloria, y se te dará un nombre nuevo que la boca de Yahvé determinará;" serás en la mano de Yahvé corona de gloria, real diadema en la palma de tu Dios. No te llamarán más ya la “Desamparada,” ni se llamará más tu tierra “Desolada,” sino que te llamarán a ti “Mi complacencia en ella,” y a tu tierra “Desposada,” porque en ti se complacerá Yahvé, y tu tierra tendrá esposo. Como mancebo que se desposa con una doncella, así el que te edificará se desposará contigo. Y como la esposa hace las delicias del esposo, así harás tú las delicias de tu Dios. Sobre tus murallas, ¡oh Jerusalén! he puesto centinelas, que no callarán ni de día ni de noche. Vosotros, los que hacéis que se acuerde Yahvé, no os calléis, y no le deis treguahasta que restablezca y ponga a Jerusalén por alabanza en la tierra, Juró Yahvé por su diestra y por su brazo poderoso: No daré más tu trigo para comida de tus enemigos, ni los extraños beberán tu mosto, por el que te afanaste. Porque los que hagan la recolección la comerán y alabarán a Yahvé,y los que hagan la vendimia beberán en los atrios de mi santuario. Franquead, franquead las puertas, allanad el camino del pueblo, terraplenad, terraplenad la calzada, alzad bandera sobre los pueblos. He aquí que Yahvé proclama a todos los confines de la tierra: Decid a la hija de Sión: He aquí que llega tu salvación, viene con su recompensa y le precede su retribución. Les llamarán pueblo santo, los rescatados de Yahvé, y a ti te llamarán la “Deseada,” la “ciudad” no desamparada. ¿Quién es aquel que avanza de Edom, rojos los vestidos, de Bosra; aquel tan magnífico en su vestido, avanzando en la plenitud de su fuerza? Yo soy el que habla en justicia, el poderoso para salvar." ¿Cómo está, pues, rojo tu vestido, y tus ropas como las del que pisa en el lagar? He pisado en el lagar yo solo, y no había conmigo nadie de las gentes. Los he pisado en mi furor y los he hollado en mi ira, y su jugo ha salpicado mis vestiduras y he manchado todas mis ropas. Porque estaba en mi corazón el día de la venganza, y llegaba el año de mis redimidos. Miré, y no había quien ayudara; me maravillé de que no hubiera quien (me) apoyase," y salvóme mi brazo, y me sostuvo mi furor, y aplasté a los pueblos en mi ira y los embriagué en mi furor, derramando en la tierra su jugo. Cantaré las misericordias de Yahvé, las alabanzas de Yahvé, todo lo que ha hecho con nosotros, lleno de bondad para la casa de Israel; lo que ha hecho por nosotros en su misericordia y conforme a la muchedumbre de sus gracias." Dijo: Ciertamente son mi pueblo, son hijos que no engañarán. Y fue su Salvador en todas sus angustias. No fue un mensajero, un ángel; su faz misma los salvó; en su amor y clemencia, El mismo los rescató, y los soportó y sostuvo todos los días de la antigüedad." Pero ellos se rebelaron y contristaron su santo espíritu, y se les cambió en enemigo y combatió contra ellos. Entonces su pueblo se acordó de los días antiguos de Moisés. ¿Dónde está el que los sacó del mar, el pastor de su rebaño? ¿Dónde el que puso en medio de él su santo espíritu? ¿El que hizo marchar a la diestra de Moisés su brazo glorioso; el que delante de ellos hendió las aguas, haciéndose así un renombre eterno;" el que los condujo por los abismos como a caballo por el desierto, sin que tropezaran? Como a la bestia que desciende al valle, el espíritu de Yahvé los hizo reposar. Así condujiste tú a tu pueblo para forjarte un renombre glorioso. Mira desde los cielos y ve desde tu morada santa y gloriosa. ¿Dónde está tu celo y tu fortaleza, la emoción de tus entrañas? ¿y tus misericordias hacia mí se han contenido? Porque tú eres nuestro padre, pues Abraham no nos conoce ni Israel nos reconoce, pero tú eres, ¡oh Yahvé! nuestro Padre, y “Redentor nuestro” es tu nombre desde la eternidad. ¿Por qué, ¡oh Yahvé! nos dejas errar fuera de tus caminos y endureces nuestro corazón contra tu temor? Vuélvete por amor de tus siervos, de las tribus de tu heredad. ¿Por qué han ultrajado los impíos tu Santo, nuestros enemigos han hollado tu santuario? Somos desde mucho ha como aquellos sobre los que no dominas, sobre los que no es invocado tu nombre. (19) ¡Oh si rasgaras los cielos y bajaras, de suerte que los montes se estremecieran ante ti, (1) como fuego abrasador que quema la leña seca, como fuego que hace hervir el agua! Para dar a conocer a tus enemigos tu nombre y hacer temblar a los pueblos gentiles ante ti (2) al hacer tus inesperados prodigios. (Descendiste y ante ti se tambalearon las montañas) (3) de que no se oyó jamás. Ni oyeron oídos, ni ojos vieron Dios, fuera de ti, que (así) obrara con los que en él confían. (4) Tú te adelantas a los que obran justicia y se acuerdan de tus caminos. He aquí que te irritaste, pues hemos pecado, por nuestra infidelidad y nuestra defección. (5) Todos nosotros fuimos impuros, y toda nuestra justicia es como vestido inmundo, y nos marchitamos como hojas todos nosotros, y nuestras iniquidades como viento nos arrastran. (6) Y nadie invoca tu nombre ni despierta para unirse a ti. Porque has ocultado tu rostro de nosotros y nos has entregado a nuestras iniquidades. (7) Mas ahora, ¡oh Yahvé! tú eres nuestro Padre; nosotros somos la arcilla, y tú nuestro alfarero, todos somos obra de tus manos." (8) ¡Oh Yahvé! no te irrites demasiado, no estés siempre acordándote de la iniquidad. Ve, mira que todos nosotros somos tu pueblo. (9) Tus ciudades santas están hechas un desierto, Sión es una estepa, Jerusalén un lugar asolado. (10) Nuestro santo y magnífico templo, donde te alababan nuestros padres, ha sido presa del fuego. Todas nuestras cosas queridas están en ruinas. (11) Y ante todo esto, ¿vas a contenerte, ¡oh Yahvé! vas a callarte para humillarnos del todo? Déjeme consultar por los que no me interrogaban, déjeme hallar por los que no me buscaban. Yo decía: Heme aquí, heme aquí, a gente que no invocaba mi nombre. Todo el día tendía yo mis manos a un pueblo rebelde, que iba por caminos malos, en pos de sus pensamientos. Un pueblo que me provocaba a ira descaradamente y sin cesar, sacrificando en los huertos y quemando incienso sobre ladrillos;" que va a sentarse en los sepulcros y pasa la noche en lugares secretos; que come carne de puerco, y en cuyas ollas hay manjares inmundos;" que dice: Quédate aquí, no te llegues a mí, que te santificaría. Es como humo en mis narices, fuego encendido todo el día. He aquí que está escrito delante de mí, y no callaré sin darles su paga y retribuirles con medida colmada. Vuestras iniquidades y las iniquidades de vuestros padres, dice Yahvé, que quemaron incienso en los montes y me ultrajaron en los collados. Yo les mediré en el seno el salario de sus obras pasadas. Así dice Yahvé: Como cuando hay jugo en un racimose dice: No lo eches a perder, que hay en él bendición, así haré yo por amor de mis siervos: no los destruiré del todo, sino que sacaré de Jacob una progenie, y de Judá un heredero de mis montes, y los habitarán mis elegidos y morarán allí mis siervos. Y será Sarón prado para los carneros, y el valle de Acor dehesa para los bueyes del pueblo que me ha buscado. Pero vosotros, los que dejáis a Yahvé y olvidáis mi santo monte, los que aderezáis mesa para Gad y llenáis la copa para Meni, os destinaré a la espada, y todos sucumbiréis a la matanza, porque, cuando os llamaba, no me respondisteis, y cuando os hablaba no me escuchasteis; hacíais lo que es malo a mis ojos y elegíais lo que me desagradaba." Por eso dice el Señor, Yahvé: He aquí que mis siervos comerán, y vosotros tendréis hambre. Mis siervos beberán, y vosotros tendréis sed. Mis siervos cantarán, gozarán, y vosotros seréis confundidos. Mis siervos cantarán, lleno de júbilo el corazón; pero vosotros gemiréis con el corazón dolorido y aullaréis con el espíritu quebrantado." Dejaréis vuestro nombre como maldición para mis elegidos: “El Señor, Yahvé, te mate,” y a sus siervos les dará otro nombre. Todo el que en la tierra quiera bendecirse, se bendecirá en el Dios fiel. Todo el que en la tierra jurare, jurará por el nombre del Dios fiel, pues las angustias pasadas se darán al olvido y estarán ocultas a mis ojos. Porque he aquí que voy a crear unos cielos nuevos y una tierra nueva, y ya no se recordará lo pasado ni vendrá más a la mente. Sino que se gozarán en gozo y alegría eterna de lo que voy a crear yo, porque he aquí que voy a crear para Jerusalén alegría, y para su pueblo gozo. Y será Jerusalén mi alegría, y mi pueblo mi gozo, y no se oirán más en ella llantos ni clamores. No habrá allí niño de pocos días, ni viejo que no cumpla los suyos, pues el más joven morirá a los cien años, y no llegar a los cien años será tenido por maldición. Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán su fruto. No edificarán para que habite otro, no plantarán para que coma otro. Porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis elegidos consumirán la obra de sus manos. No se afanarán en vano ni parirán para una muerte prematura, pues serán la progenie bendita de Yahvé, ellos y sus descendientes. Y sucederá que antes que ellos llamen, responderé yo; todavía no habrán acabado de hablar, y ya les habré escuchado." El lobo y el cordero pacerán juntos; el león, como el buey, comerá paja, y la serpiente comerá polvo. No se hará mal ni corrupción en todo mi monte santo, dice Yahvé." Así dice Yahvé: El cielo es mi trono, y la tierra el escabel de mis pies. ¿Qué casa podrías edificarme? ¿En qué lugar moraría yo? Todo eso, mis manos lo hicieron; todo esto es mío, dice Yahvé. Y a éste es al que yo miro: I al humilde y abatido de espíritu, al que tiembla ante mi palabra." Hay quien sacrifica un buey y mata un hombre, quien inmola un cordero y desnuca un perro, quien presenta en ofrenda sangre de puerco, quien quema incienso y se postra ante un ídolo. Así como ellos eligen sus caminos y en sus abominaciones se complace su alma, así yo me complaceré en sus calamidades, y traeré sobre ellos lo que se temen. Porque llamé, y nadie me respondió; hablé, y nadie me escuchó. Hicieron lo que era malo a mis ojos y escogieron lo que a mí desagradaba." Oíd la palabra de Yahvé vosotros los que teméis su palabra: Han dicho vuestros hermanos, los que os aborrecen y os niegan por causa de mi nombre: “¡Que haga Yahvé muestra de su gloria, para que veamos vuestro contento!” Pero han de ser confundidos. Voces, alborotos de la ciudad, voces que salen del templo. Es la voz de Yahvé, que da a sus enemigos el pago merecido. Antes de ponerse de parto ha parido; antes de que la sobrevinieran los dolores dio a luz un varón." ¿Quién oyó cosa semejante? ¿Quién vio nunca tal? ¿Es dado a luz un país en un día? ¿Una nación nace toda de una vez ? Pues apenas ha sentido los dolores, ya Sión ha parido a sus hijos. ¿Voy yo a abrir el seno materno para que no haya alumbramiento? dice Yahvé. ¿Voy yo, el que hace parir, a cerrarlo? dice tu Dios. Alegraos con Jerusalén y regocijaos con ella todos los que la amáis. Llenaos con ella de alegría los que con ella hicisteis duelo. Para mamar hasta saciaros del pecho de sus consolaciones, para mamar en delicia de los pechos de su gloria. Porque así dice Yahvé: He aquí que voy a derramar sobre ella la paz como río y la gloria de las naciones como torrente desbordado. Y sus niños de pecho serán llevados a la cadera y acariciados sobre las rodillas. Como cuando a uno le consuela su madre, así yo os consolaré a vosotros, y en Jerusalén seréis consolados. Y vosotros lo veréis, y latirá de gozo vuestro corazón, y vuestros huesos reverdecerán como la hierba. La mano de Yahvé se dará a conocer a sus siervos, y (su) furor a sus enemigos. Porque he aquí que llega Yahvé en fuego, y es su carro un torbellino, para tornar su ira en incendio, y sus amenazas en llamas de fuego. Porque va Yahvé a juzgar por el fuego, y por la espada a toda carne, y caerán muchos a los golpes de Yahvé. Los que se santifican y purifican para ir a los jardines tras uno que está en medio, que comen carne de puerco y manjares abominables y ratas, juntamente perecerán, dice Yahvé. Yo conozco sus obras y sus pensamientos. Y vendré para reunir a todos los pueblos y lenguas, que vendrán para ver mi gloria. Yo les daré una señal, y mandaré sobrevivientes de ellos a Tarsis, a las naciones de Put9, de Lud, de Mosoc, de Ros, de Tubal y de Yaván, de las islas lejanas, que no han oído nunca mi nombre y no han visto mi gloria, y pregonarán mi gloria entre las naciones. Y de todas las naciones traerán a vuestros hermanos ofrendas a Yahvé en caballos, en carros, en literas, en mulos y en dromedarios, a mi monte santo, a Jerusalén, dice Yahvé, como traen los hijos de Israel la oblación en vasos puros al templo de Yahvé. Y también yo elegiré de entre ellos sacerdotes y levitas, dice Yahvé. Porque así como los cielos nuevos y la tierra nueva que yo voy a crear subsistirán ante mí, dice Yahvé, así subsistirá vuestra progenie y vuestro nombre, y de novilunio en novilunio, de sábado en sábado, toda carne vendrá a prosternarse ante mí, dice Yahvé, y al salir verán los cadáveres de los que se rebelaron contra mí, cuyo gusano nunca morirá y cuyo fuego no se apagará, y serán horror a toda carne. Palabras de Jeremías, hijo de Helcías, del linaje de los sacerdotes que habitaban en Aiatot, tierra de Benjamín, a quien llegó la palabra de Yahvé en los días de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, en el año decimotercero de su reinado, y después en tiempo de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, hasta la deportación de Jerusalén en el mes quinto. Llegóme la palabra de Yahvé, que decía: Antes que te formara en el vientre te conocí, antes de que tú salieses del seno materno te consagré y te designé para profeta de pueblos. Y dije: ¡Ah Señor, Yahvé! He aquí que no sé hablar, pues soy un niño. Y me dijo Yahvé: No digas: Soy un niño, pues irás a donde te envíe yo y dirás lo que yo te mande. No tengas temor ante ellos, que yo estaré contigo para salvarte, dice Yahvé. Tendió Yahvé su mano, y, tocando mi boca, me dijo: He aquí que pongo en tu boca mis palabras. Mira que te constituyo hoy sobre naciones y reinos para arrancar y destruir, para arruinar y asolar, para edificar y plantar. Y me llegó palabra de Yahvé, que me decía: ¿Qué ves, Jeremías? Yo le contesté: Veo una vara de almendro. Y me dijo: Bien ves, Jeremías; pues yo velaré sobre mis palabras para cumplirlas." De nuevo me llegó la palabra de Yahvé, que decía: ¿Qué ves, Jeremías? Yo contesté: Veo una olla hirviendo y de cara al septentrión. Y me dijo Yahvé: Del septentrión se desencadenará el mal sobre todos los moradores de la tierra;" pues he aquí que voy a convocar a todos los reinos del septentrión, dice Yahvé, para que vengan y extiendan cada uno su trono a la entrada de las puertas de Jerusalén, y sobre todos sus muros, y sobre todas las ciudades de Judá. Y pronunciaré contra ellos mis sentencias por todas sus maldades, pues me abandonaron para incensar a dioses extraños y adorar la obra de sus manos. Tú, pues, ciñe tus lomos, yérguete y diles todo cuanto yo te mandare. No tiembles ante ellos, no sea que yo te haga temblar ante ellos. Y he aquí que te pongo desde hoy como ciudad fortificada, como férrea columna y muro de bronce, frente a la tierra toda, para los reyes de Judá y sus príncipes, los sacerdotes y el pueblo del país. Y te combatirán, pero no te podrán, porque yo estaré contigo para salvarte, dice Yahvé. Vínome la palabra de Yahvé, diciéndome: Anda y clama a los oídos de Jerusalén: Así habla Yahvé: Me acuerdo en favor tuyo del afecto de tu adolescencia, del amor de tus desposorios, de tu seguirme en el desierto, tierra donde no se siembra, (Era) Israel lo santo de Yahvé, la primicia de sus frutos. Quien de ella comía, pecaba , y caía sobre él la desgracia, oráculo de Yahvé. Oíd la palabra de Yahvé, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel. Así dice Yahvé: ¿Qué injusticia hallaron en mí vuestros padres para alejarse de mí e irse en pos de la vanidad de los ídolos, para hacerse vanos? Y no dijeron: ¿Dónde está Yahvé, el que nos subió de la tierra de Egipto, el que nos condujo a través del desierto, tierra de estepas y de barrancos, tierra árida y tenebrosa, tierra por donde no transita nadie y donde nadie habita? Yo os introduje en tierra fértil para que comierais sus frutos y sus bienes, y en cuanto en ella entrasteis, contaminasteis mi tierra e hicisteis abominable mi heredad. Tampoco los sacerdotes preguntaron: ¿Dónde está Yahvé? los depositarios de la Ley me desconocieron y los pastores se insurreccionaron contra mí. También los profetas se hicieron profetas de Baal y se fueron tras de los que nada valen. Por eso todavía he de entrar en juicio con vosotros, oráculo de Yahvé, y con los hijos de vuestros hijos contenderé. Pasad, pues, hasta las islas de Kittim y ved, mandad a Ce-dar e informaos bien, a ver si jamás sucedió cosa como ésta. ¿Hubo jamás pueblo alguno que cambiase de dios, con no ser dioses ésos? Pues mi pueblo ha cambiado su gloria por lo que nada vale. Pasmaos, cielos, de esto y horrorizaos, estupefactos, sobremanera, oráculo de Yahvé. Pues un doble mal ha cometido mi pueblo: dejarme a mí, la fuente de aguas vivas, para excavarse cisternas agrietadas, incapaces de retener el agua. ¿Es por ventura Israel un siervo, un siervo nacido en casa? ¿Cómo, pues, ha venido a ser presa? Cachorros de león rugieron sobre él, dieron su rugido. Han hecho de su tierra un desierto, han quemado y despoblado sus ciudades. Hasta los habitantes de Menfis y de Tafnis te quebrantaron la coronilla. ¿Todo esto no lo ha traído sobre ti el haberte apartado de Yahvé, tu Dios? Y ahora ¿qué es lo que buscas camino de Egipto? ¿Beber las aguas del Sijor? ¿Y qué es lo que buscas camino de Asiría? ¿Beber las aguas del río? Sírvante de castigo tus perversidades, y de escarmiento tus apostasías. Reconoce y advierte cuan malo y amargo es apartarte de Yahvé, tu Dios, y no poseer mi temor, oráculo del Señor, Yahvé de los ejércitos. Porque desde antiguo quebrantaste tu yugo, rompiste tus coyundas y dijiste: No serviré; pues sobre todo collado alto y bajo todo árbol frondoso te acostaste y prostituíste." Y yo te planté de vid generosa, toda ella de legítimos plantones. ¿Cómo, pues, te me has convertido en sarmientos degenerados de vid ajena?. Pues aunque te laves con nitro, por mucha lejía que emplees, permanecerá marcada tu iniquidad ante mí, oráculo del Señor, Yahvé. ¿Cómo dices: No estoy manchada, no me he ido en pos de los baales? Repara en tu conducta en el valle, reconoce lo que hiciste, camella joven, ligera, titubeante en sus caminos. Asna salvaje, habituada al desierto, en el ardor de su pasión olfatea el viento; su celo, ¿quién lo reducirá? El que la busque no tendrá que fatigarse, la hallará en su mes (de celos)." Evita que tus pies estén descalzos, que tus fauces estén sedientas. Pero tú dices: Es en vano, no; pues amo los extranjeros y tras ellos me voy." Corno queda confundido el ladrón al ser sorprendido, así será confundida la casa de Israel. Ellos, sus reyes, sus príncipes, sus sacerdotes y sus profetas, que dicen a un leño: “Tú eres mi padre,” y a una piedra: “Tú me engendraste.” Pues vuelven hacia mí la espalda, y no su rostro, pero al tiempo de su desgracia dicen: Álzate y sálvanos, ¿Dónde están tus dioses que te hiciste? ¡Que se alcen ellos si pueden salvarte al tiempo de tu desventura! Pues tantos son tus dioses cuantas tus ciudades, ¡oh Judá! y cuantas son las calles de Jerusalén, tantos son los altares a Baal. ¿Por qué pretendéis litigar conmigo? Todos os habéis rebelado contra mí,oráculo de Yahvé. En vano os he castigado; vuestros hijos no aceptaron la corrección, La espada ha devorado a vuestros profetas como león devastador." Oíd los de esta generación la palabra de Yahvé: ¿Por ventura soy yo para Israel un desierto o una tierra tenebrosa ? ¿Por qué dice mi pueblo: Somos libres, no iremos más en pos de ti? ¿Se olvida por ventura la doncella de sus galas, y de su ceñidor la esposa? Pues mi pueblo se ha olvidado de mí ya desde días sin cuento. ¡Qué bien amañas tus caminos para buscar el amor! También a las maldades avezaste tus caminos. Hasta en tus palmas de la mano se descubre sangre de vidas de pobres inocentes, no de sorprendidos en conatos de robo. Y dices: “Soy inocente, su cólera se ha apartado ya de mí.” Heme aquí para juzgarte por decir: “No he pecado.” ¿Cómo te apresuras sobremanera a cambiar tus caminos? También de Egipto serás avergonzada, como lo fuiste de Asiría. También de ahí saldrás con las manos en la cabeza, porque Yahvé ha rechazado aquellos en quien confías, y no tendrás éxito con ellos. Si un hombre despide a su mujer y ella se aparta de él, si viniere a ser de otro hombre, ¿volverá aquél a ella de nuevo? ¿No será del todo profanada esta mujer? Tú, pues, que con tantos amantes fornicaste, ¿podrás volver a mí? Oráculo de Yahvé. Alza tus ojos hacia los collados y mira dónde no has sido profanada. Junto a los caminos te asentabas en acecho a ellos, como el árabe en el desierto. Contaminaste la tierra con tus fornicaciones y perversidades. Y fueron retenidos los aguaceros y no hubo lluvia de primavera. Y tú tenías frente de prostituta, no querías avergonzarte. ¿Por ventura no me invocas desde ahora: “Padre mío, tú eres el esposo de mi juventud”? ¿Va a durar por siempre su cólera? ¿La mantendrá hasta el fin? Mas, mientras (esto) dices, sigues cometiendo las maldades que puedes. Y me dijo el Señor en tiempo del rey Josías: ¿Has visto lo que ha hecho Israel? Se fue por todo monte alto, y bajo todo árbol frondoso para fornicar allí. Yo dije: Después de haber hecho todas estas cosas, vuelve a mí. Pero no se volvió. Vio esto su pérfida hermana Judá. Vio que por todo cuanto había adulterado la rebelde Israel habíala despedido y dado el libelo de repudio, pero no temió la pérfida Judá, su hermana, sino que fue y fornicó ella también. Y sucedió que, por la ligereza de su prostitución, contaminó la tierra y adulteró con la piedra y con el leño;" y tampoco con todo esto su pérfida hermana Judá se volvió a mí de corazón, sino mentidamente, oráculo de Yahvé. ? me dijo Yahvé: La apóstata Israel se ha justificado al lado de la pérfida Judá. Anda y grita estas palabras hacia el septentrión y di: Vuélvete, apóstata Israel, oráculo de Yahvé; no apartaré mi rostro de vosotros, porque soy misericordioso, oráculo de Yahvé; no es eterna mi cólera." Reconoce, pues, tu maldad, pues contra Yahvé, tu Dios, has pecado, dispersando tus caminos hacia los extraños, bajo todo árbol frondoso, y desoyendo mi voz, oráculo de Yahvé. Volved, hijos rebeldes, oráculo de Yahvé, porque yo soy vuestro dueño, y os tomaré uno de una ciudad y dos de una familia, y os introduciré de nuevo en Sión. Yo os daré pastores según mi corazón, que os apacentarán sabiamente. Y sucederá que, cuando os multipliquéis y fructifiquéis sobre la tierra, en aquellos días — oráculo de Yahvé — no dirán ya: “Ah, el arca de la alianza de Yahvé!” No se acordarán ya de ella, se les irá de la memoria, ni la echarán de menos ni harán otra. En aquel tiempo será llamada Jerusalén trono de Yahvé, y se congregarán en torno a ella todas las gentes en el nombre de Yahvé, a Jerusalén, y no seguirá más la obstinación de su corazón malo. En aquellos días vendrán juntamente la casa de Judá y la casa de Israel, juntos vendrán de la tierra del septentrión a la tierra que da en heredad a vuestros padres. Y yo me pregunté: ¿Cómo voy a contarte entre los hijos y darte una tierra deliciosa, la heredad más preciosa entre las naciones? Y me contestaba: Me llamarás “mi padre” y no te separarás de mí. Sin embargo, como la mujer infiel a su marido, así has sido tú infiel a mí, casa de Israel, oráculo de Yahvé. Una voz se deja oír sobre las peladas alturas, llantos y súplicas de los hijos de Israel por haber pervertido su camino y haberse olvidado de Yahvé, su Dios. Convertios, hijos rebeldes, y sanaré vuestras rebeldías. Henos aquí, venimos a ti, pues tú eres Yahvé, nuestro Dios. Ciertamente sólo mentira (nos ha venido) de los altos, ruido de los montes. Verdaderamente en Yahvé, nuestro Dios, está la salvación de Israel. La vergüenza (de los ídolos) ha devorado el trabajo de nuestros padres desde nuestra juventud: sus rebaños, sus vacadas, sus hijos y sus hijas. ¡Yacemos en nuestro oprobio y nos cubre nuestra vergüenza! Porque hemos pecado contra Yahvé, nuestro Dios, nosotros y nuestros padres desde nuestra juventud y hasta el día de hoy, y hemos desoído la palabra de Yahvé, nuestro Dios. Si te conviertes, Israel — oráculo de Yahvé — , volverás a mí. Si quitas de delante de mí tus abominaciones, no andarás errante. Si juras por la vida de Yahvé con verdad, con derecho y con justicia, serán en ti bendecidos los pueblos y en ti se gloriarán. Pues así dice Yahvé a los hombres de Judá y de Jerusalén: Roturaos un erial y no sembréis en cardizales. Circuncidaos para Yahvé y quitad los prepucios de vuestros corazones, varones de Judá y habitantes de Jerusalén. No sea que salga como fuego mi ira y se encienda, sin que haya quien lo apague, por la maldad de vuestras obras. Anunciad en Judá y proclamad en Jerusalén, clamad y tocad las trompetas por la tierra, gritad con toda fuerza y decidí ¡Congregaos y vayamos a las ciudades amuralladas! Levantad bandera hacia Sión, salvaos, no os detengáis, porque voy a hacer venir la desgracia del septentrión, una gran catástrofe. El león ha subido de su espesura, el devastador de pueblos está en marcha, ha salido de su lugar para devastar tu tierra y asolar tus ciudades hasta no dejar en ellas morador. Vestios, pues, de saco, llorad y lamentaos, porque no se ha apartado de nosotros la ira encendida de Yahvé. Y sucederá en aquel día — oráculo de Yahvé — que desfallecerá el corazón del rey y el de los magnates, se consternarán los sacerdotes, se pasmarán los profetas y exclamarán: ¡Ah Señor, Yahvé! Ciertamente has engañado a este pueblo y a Jerusalén, diciendo: “Tendréis paz,” y la espada ha llegado hasta el alma. En aquel tiempo se dirá a este pueblo y a Jerusalén: Un viento cálido sopla de las dunas del desierto sobre los caminos de la hija de mi pueblo; viento no de limpia ni de abaleo;" un viento impetuoso me llega. Ahora voy también yo a pronunciar castigos contra ellos. He aquí que sube como denso nublado; sus carros son como el torbellino; sus caballos, más veloces que las águilas. ¡Ay de nosotros! ¡Estamos perdidos!" Limpia de maldades tu corazón, Jerusalén, para que puedas ser salva. ¿Hasta cuándo se albergarán en tu interior tus perversos pensamientos? ¡Se anuncia una voz desde Dan y se hace oír la desventura desde el monte de Efraím! Recordadlo a las naciones, proclamadlo en Jerusalén: Vienen los asaltantes de lejanas tierras, lanzan sus gritos contra las ciudades de Judá, la rodean como guardias rurales por haberse rebelado ella contra mí, oráculo de Yahvé. Esto es lo que te han traído tu conducta y tus acciones. He aquí que tu maldad es amarga, pues hiere tu corazón. Ay mis entrañas, ay mis entrañas! ¡Desfallezco! ¡Paredes de mi corazón! ¡Mi corazón se agita! ¡No puedo callarme! Ya oigo el sonido de la trompeta, el estrépito de la batalla. Ya se anuncia desastre sobre desastre, pues toda la tierra ha sido devastada. De repente invadieron mis tiendas, en un instante mis tentorios. ¿Hasta cuándo he de ver banderas y oír el sonar de los clarines? Porque mi pueblo está loco, me ha desconocido. Son hijos necios y no son inteligentes: sabios para el mal, ignorantes para el bien. Miré a la tierra, y he aquí que era vacío y confusión; y a los cielos, y no había luz." Miré los montes, y he aquí que temblaban, todos los collados se conmovían, Miré, y no se veía un hombre, y las aves del cielo habían huido todas. Miré, y he aquí que el vergel era un desierto, y todas sus ciudades eran ruinas ante Yahvé, ante el furor de su cólera. Pues así dice Yahvé: Toda la tierra será un desierto, pero no consumaré la destrucción. Llorará la tierra y se entenebrecerán los cielos arriba, porque yo lo anuncié, y no me arrepentiré; yo lo he resuelto, y no desistiré de ello." Al vocerío de la caballería y de los saeteros, todas las ciudades emprenden la huida, penetraron en las selvas y escalaron las rocas; todas las ciudades fueron abandonadas, sin que en ellas quedara un morador." Y tú la desolada, ¿qué harás? Si te vistes de púrpura, te adornas con joyas de oro, te rasgas los ojos con los afeites, en vano te acicalarás: tus amantes te desprecian, buscan tu vida. Ciertamente oigo gritos como de mujer en parto, angustias como de primeriza. Es la voz de la hija de Sión, que gime y extiende sus manos. ¡Ay de mí! pues desfallece mi alma ante los asesinos. Recorred las calles de Jerusalén, ved e informaos; buscad por sus plazas a ver si halláis un varón, uno solo, que obre justicia, que busque fidelidad, y le perdonaré." Pero cuando dicen: ¡Viva Yahvé! juran en falso. ¿No es la fidelidad, ¡oh Yahvé! lo que buscan tus ojos? Los has castigado, no se han dolido; los destruíste, pero rehusaron aceptar la corrección; tienen la cara más dura que una piedra, no quieren convertirse." Yo me decía: Sólo la gente baja es insensata y desconoce los caminos de Yahvé, el derecho de su Dios. Voy a dirigirme a los grandes, y les hablaré, porque éstos conocerán los caminos de Yahvé, el derecho de su Dios, pero todos a una han quebrado el yugo, han roto las coyundas. Por eso los herirá el león en la selva, los devastará el lobo del desierto, y el tigre rondará sus ciudades. Cuantos salgan de ellos serán despedazados, porque se han multiplicado sus crímenes y se aumentaron sus apoetasías. ¿Cómo podré perdonarte? Tus hijos se han apartado de mí y juran por aquello que no es dios. Yo los harté, y se dieron a adulterar y se fueron en tropel a la casa de la prostituta. Sementales bien gordos y lascivos, relinchan ante la mujer de su prójimo. ¿No habré de pedirles cuenta de todo esto? Oráculo de Yahvé. De un pueblo como éste, ¿no habré yo de tomar venganza? Escalad sus bancales y arrasadlos, sin destruirlos totalmente; arrancad sus sarmientos, pues no son de Yahvé." Porque se ha rebelado contra mí la casa de Israel y la casa de Judá, oráculo de Yahvé. Renegaron de Yahvé, y dijeron: No es El, ni vendrá sobre nosotros ningún mal, no veremos guerra ni hambre. Los profetas son puro flato y no han tenido oráculo de Yahvé. Así les resultaron a ellos. Por eso así habla Yahvé, Dios de los ejércitos: Porque habéis dicho todo esto, mis palabras serán en tu boca fuego, y este pueblo, cual montón de leña, que los abrasará. Contra vosotros voy a traer un pueblo, de lejos un pueblo, ¡oh casa de Israel! — oráculo de Yahvé — ; un pueblo fuerte, un pueblo de antiguo abolengo, un pueblo cuya lengua desconoces, del que no comprenderás lo que hable." Su aljaba es como sepulcro abierto; todos ellos valerosos," y devorará tus cosechas y tu pan, a tus hijos y a tus hijas. Devorará tus rebaños y tus vacadas, tus viñas y tus higueras; demolerá tus ciudades muradas, en las que confías." Pero tampoco en aquellos días — oráculo de Yahvé — os consumiré del todo. Y cuando te pregunten: ¿Por qué ha hecho Yahvé, nuestro Dios, todo esto con nosotros? les dirás: Como os apartasteis de mí y servísteis a dioses extraños en vuestra propia tierra, así habréis de estar sometidos a los extranjeros en tierra no vuestra. Predicad esto en la casa de Jacob, pregonadlo en Judá, diciendo: Oíd esto, pueblo necio e insensato, que tiene ojos y no ve, tiene oídos y no oye. ¿No me temeréis a mí? — oráculo de Yahvé — . ¿No temblaréis ante mí, que de arenas he hecho muro para el mar, barrera perpetua que no podrá traspasar; que, aunque se conmueva, no lo logrará, y, aunque se embravezcan sus olas, no podrá atravesarla?" Pero este pueblo tiene un corazón rebelde y contumaz; se apartaron y desertaron" y no se dijeron en su corazón: Temamos a Yahvé, nuestro Dios, que da las lluvias tempranas y las tardías a su tiempo, semanas fijas para la siega guarda para nosotros. Vuestras maldades han trastornado todo esto, vuestros pecados os han robado el bienestar. Hay en mi pueblo malvados que acechan como cazadores en emboscada y tienden sus redes para cazar hombres. Como se llena de pájaros la jaula, así está llena su casa de rapiñas. Así se han engrandecido, así se han enriquecido, así engordaron y se pusieron lustrosos, y traspasaron mis palabras malvadamente; no juzgaron el derecho del huérfano, y prosperan; no hacen justicia a la causa de los pobres." ¿No habré de pedirles yo cuenta de esto? — oráculo de Yahvé — . De un pueblo como éste, ¿no habré yo de tomar venganza? Una cosa horrenda y abominable ha acontecido en la tierra: los profetas profetizaron mentira, los enseñan por su propia cuenta, y mi pueblo gustaba de esto. ¿Qué cosas, pues, habrán de acontecer al fin? ¡Huid, hijos de Benjamín, de en medio de Jerusalén! Tocad las trompetas en Tecua y alzad bandera sobre Bet-Akerem, porque es del septentrión de donde amenaza el infortunio y la gran ruina. ¿Es que ha venido a ser semejante a un prado delicioso la hija de Sión? Acuden a ella pastores con sus rebaños, clavan en derredor suyo las tiendas, cada uno apacienta su porción2. Moved guerra contra ella. ¡Arriba, la asaltaremos al mediodía! ¡Ay de nosotros, que ya cae el día, que ya se tienden las sombras de la noche! ¡Arriba, vamos a asaltarla por la noche, asolemos sus palacios! Porque así dice Yahvé de los ejércitos: Cortad sus árboles y haced de ellos empalizadas contra Jerusalén; es la ciudad castigada. Dentro de ella todo es injusticia." Como mana el agua en los pozos, así mana en ella la iniquidad; no se oye en ella sino injusticia y violencia; a mi vista hay siempre dolencias y heridas." Déjate amonestar, Jerusalén, no sea que mi alma se aparte de ti y te convierta en desierto, en tierra inhabitada. Así dice Yahvé de los ejércitos: Haz cuidadoso rebusco, como en las viñas, de los restos de Israel; vuelve tu mano, como vendimiador, entre los sarmientos," ¿A quién hablaré? ¿A quién amonestaré que me oiga? He aquí que tienen oídos incircuncisos, no pueden oír nada, La palabra de Yahvé es para ellos objeto de escarnio, no gustan de ella. Yo estoy lleno de la cólera de Yahvé, estoy cansado de contenerla Derrámala sobre los niños de la calle y sobre los jóvenes congregados a un tiempo. Porque serán tomados marido y mujer, viejos y adultos. Sus casas pasarán a manos de extraños, los campos y también las mujeres, pues extenderé mi mano sobre los moradores de la tierra, oráculo de Yahvé. Porque, desde el pequeño al grande, todos están ávidos de rapiña; desde el profeta al sacerdote, todos cometen fraude." Pretenden curar la desgracia de mi pueblo como cosa leve, diciendo: ¡Paz, paz! cuando no hay paz. Serán confundidos por haber obrado abominablemente. Y no se avergüenzan. Por eso caerán entre los que caigan. Al tiempo de la cuenta resbalarán, oráculo de Yahvé. Así dice Yahvé: Haced alto en los camino y ved, preguntad por las sendas antiguas: ¿Es ésta la senda buena? Pues seguidla y hallaréis reposo para vuestras almas. Pero dijeron: “No la seguiremos.” Yo os había dado atalayadores: Atención a la voz de la trompeta! Pero ellos dijeron: ¡No queremos oírla! Por eso oíd, pueblos; entiende, congregación, lo que les acaecerá." Oye tú, tierra: He aquí que yo traeré una desventura sobre este pueblo; éste es el fruto de sus malos designios, porque no atendieron a mis palabras y despreciaron mi ley." ¿A mí qué el incienso de Sabá y las cañas aromáticas de tierras lejanas? Vuestros holocaustos no me son gratos, vuestros sacrificios no me deleitan. Por eso así dice Yahvé: He aquí que yo pondré tropiezos a este pueblo, y en ellos tropezarán padres e hijos; vecinos y prójimos perecerán juntamente." Así dice Yahvé: Mira, viene de la tierra del septentrión un pueblo, una gran nación surge de los confines de la tierra. Empuña el arco y el venablo, es cruel y despiadado; su estrépito es como el del mar enfurecido, y cabalga sobre caballos; está aparejado como hombre de guerra contra ti, hija de Sión." Ya oímos su noticia; desfallecieron nuestros brazos, nos oprime la angustia, dolores como mujer de parto." No salgáis al campo, no andéis por los caminos, porque la espada del enemigo, el terror, nos rodea. Vístete de saco, hija de mi pueblo; revuélcate en la ceniza. Llora como se llora por el primogénito, llora amargamente, porque de repente vendrá sobre nosotros el invasor." Te he puesto por explorador de mi pueblo, cual fortaleza, para conocer y examinar su conducta. Todos son sumamente rebeldes, andan sembrando calumnias, son bronce y hierro, todos ellos son corrompidos. Se infla el fuelle, por el fuego es consumido el plomo. En vano fundió el orífice, pues las escorias no se desprendieron. Serán llamados plata de desecho, porque Yahvé los ha desechado. Palabra de Yahvé que llegó a Jeremías, diciéndole: Ponte a la puerta del templo y pronuncia estas palabras y di: Oíd la palabra de Yahvé todos los de Judá que entráis por estas puertas para adorar a Yahvé. Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y yo moraré con vosotros en este lugar. No pongáis vuestra confianza en palabras engañosas, diciendo: ¡Oh el templo de Yahvé, el templo de Yahvé! ¡Éste es el templo de Yahvé! Pues si mejoráis vuestros caminos y acciones, si hacéis justicia entre unos y otros, si no oprimís al peregrino, al huérfano y a la viuda; si no vertéis en este lugar sangre inocente, si no os vais tras de dioses extraños para vuestro mal," entonces yo permaneceré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres por los siglos de los siglos. He aquí que confiabais en palabras engañosas, que de nada sirven. Pues ¿qué? ¡Robar, matar, adulterar, perjurar, quemar incienso a Baal e irse tras dioses ajenos que no conocíais, y venir luego a mi presencia en esta casa, en que se invoca mi nombre, diciendo: Ya estamos salvos, para luego hacer todas estas abominaciones! ¿Es acaso a vuestros ojos esta casa, donde se invoca mi nombre, una cueva de bandidos? Mirad, también yo lo veo, oráculo de Yahvé. Id, pues, a mi lugar de Silo, donde al principio establecí mi nombre, y ved lo que hice con él por las impiedades de mi pueblo Israel. Pues ahora, por haber hecho estas cosas — oráculo de Yahvé — y porque os amonesté a tiempo repetidas veces y no me escuchasteis, os llamé y no respondisteis, haré de esta casa en que se invoca mi nombre, en que confiáis vosotros, y de este lugar que di a vosotros y a vuestros padres, lo que hice de Silo;" y os arrojaré de mi presencia, como arrojé a vuestros hermanos, a toda la progenie de Éfraím. Y tú no me ruegues por este pueblo ni eleves por ellos clamor y súplica, no me porfíes, porque no te oiré. Porque ¿no ves lo que ellos hacen en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén? Los hijos recogen la leña, los padres prenden el fuego, y las mujeres amasan la harina para hacer tortas a la reina del cielo y libar a los dioses extraños para ofenderme. Pero ¿me ofenden a mí, oráculo de Yahvé? ¿No es más bien a ellos, para su vergüenza? Por tanto, así dice el Señor Yahvé: He aquí que mi ira y furor se derramarán sobre este lugar, sobre hombres y , sobre arboledas y campos y sobre los frutos de la tierra, y arderán y no se extinguirán. Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Añadid vuestros holocaustos a los sacrificios y comed la carne. Cuando yo saqué de Egipto a vuestros padres, no fue de holocaustos y sacrificios de lo que les hablé y ordené, sino que les di este mandato: Oíd mi voz y seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y seguid los caminos que yo os mando, y os irá bien. Pero ellos no (me) escucharon, no (me) dieron oídos, y siguieron sus consejos en la dureza de su mal corazón, y se pusieron detrás, no delante de mí. Desde el día que vuestros padres salieron de Egipto hasta hoy, os he enviado a mis siervos, los profetas, día tras día sin cesar, pero no me escucharon, no me prestaron oído, y endurecieron su cerviz y obraron peor que sus padres. Dirás todo esto, y no escucharán; los llamarás, y no te reprenderán." Diles, pues: Es una nación que no oye la voz de Yahvé, su Dios; que no acepta corrección; ha perecido la fidelidad y ha desaparecido de su boca." Córtate tu larga cabellera y tírala, y entona por las desoladas alturas una lamentación, pues ha echado Yahvé de sí y repudiado a la generación que provocó su ira. Pues hicieron los hijos de Judá la maldad ante mis ojos, oráculo de Yahvé. Han instalado sus abominaciones en la casa en que se invoca mi nombre, profanándola. Y edificaron los altos de Tofet, que está en el valle de Ben-Hinom para quemar allí sus hijos y sus hijas, cosa que ni yo les mandé ni pasó siquiera por mi pensamiento. Por eso he aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que no se le llamará más Tofet y valle de Ben-Hinom, sino valle de la mortandad, y se enterrará en Tofet por falta de lugar, y los cadáveres de este pueblo serán pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra, sin que haya quien las espante. Y haré que deje de oírse en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén el son de los cantos de alegría y de regocijo, los cantos del esposo y de la esposa, porque no habrá más que desolación en esta tierra. En aquel tiempo — oráculo de Yahvé — sacarán de sus sepulcros los huesos de los reyes de Judá, los de sus príncipes y sacerdotes, los de los profetas y los de los habitantes de Jerusalén, y los esparcirán al sol, a la luna y a toda la milicia celestial, que ellos amaron, y a la que sirvieron, tras de la cual se fueron, y que consultaron y adoraron; nadie los recogerá ni sepultará; serán como estiércol sobre la superficie de la tierra." Cuantos restos de esta mala generación sobrevivan preferirán la muerte a la vida en todos los lugares a que los arrojé, oráculo de Yahvé de los ejércitos. Y les dirás: Así dice Yahvé: ¿Por ventura quien cae no hace por levantarse? ¿Quién se desvía no vuelve? ¿Por qué, pues, la rebeldía de este pueblo, Jerusalén i, y su aversión? Se ha aferrado a la mentira y rehusa convertirse. Yo estoy atento y escucho; no hay quien hable rectamente, nadie que se arrepienta de su maldad, diciendo: ¿Qué es lo que he hecho? Todos corren desenfrenadamente su carrera, como caballo lanzado impetuosamente a la batalla," La cigüeña en el cielo conoce su estación; la tórtola, la golondrina y la grulla guardan los tiempos de sus migraciones, pero mi pueblo no conoce el derecho de Yahvé!" ¿Cómo os decís: Somos sabios y la Ley de Yahvé está con nosotros? Ciertamente la convirtieron en mentira las mentirosas plumas de los escribas. Han sido confundidos los sabios, avergonzados, cogidos. He aquí que desecharon la palabra de Yahvé; ¿qué sabiduría les queda?" Por eso daré sus mujeres a extraños, sus campos a otros propietarios, porque, desde el pequeño al grande, todos se llenaron de rapiñas; desde el profeta al sacerdote, todos se dieron al fraude," y curaban las llagas de mi pueblo a la ligera, diciendo: “Paz, paz,” cuando no había paz. Serán confundidos, porque hicieron abominaciones y no se avergonzaron, río conocen siquiera la vergüenza; por eso caerán con los caídos, al tiempo de la cuenta tropezarán, dice Yahvé." Los aniquilaré — oráculo de Yahvé — ; no quedará racimo en la viña ni higo en la higuera, y se marchitarán las hojas, y les daré (gentes) que los trasladen." ¿Por qué nos estamos sentados? Reunios, vayamos a las ciudades amuralladas y perezcamos allí, pues Yahvé, nuestro Dios, nos va a aniquilar, nos ha dado a beber agua de adormideras por haber pecado contra EL ¡Esperábamos la paz, y no ha habido bien alguno; el tiempo de curación, y he aquí el pavor!" Ya se oye desde Dan el relinchar de los caballos, Al estruendo de los relinchos de sus corceles, tiembla la tierra toda. Ya vienen a devorar la tierra y cuanto hay en ella, la ciudad y cuantos la habitan. Pues he aquí que voy a enviar contra vosotros serpientes, víboras, contra las que no hay conjuro posible, y os morderán, oráculo de Yahvé. Mi mal es sin remedio, mi corazón desfallece. He aquí el grito de angustia de la hija de mi pueblo desde lejana tierra. ¿No estaba por ventura en Sión Yahvé? ¿No estaba en ella su rey? ¿Por qué, pues, provocaron mi ira con sus ídolos, con dioses extraños? Pasó la siega, se concluyó el otoño, y no hemos sido salvados. Estoy quebrantado por el quebranto de la hija de mi pueblo, estoy cubierto de luto, se ha apoderado de mí el espanto. ¿Por ventura no había bálsamo en Galaad ni había médicos allí? ¿Cómo, pues, no surgió la curación de la hija de mi pueblo? ¿Por ventura no había bálsamo en Galaad ni había médicos allí? ¿Cómo, pues, no surgió la curación de la hija de mi pueblo? [ (Jeremiah 8:23) ¡Quién me diera que mi cabeza se hiciera agua, y mis ojos fuentes de lágrimas, para llorar día y noche las llagas de la hija de mi pueblo! ] (2) ¡Ojalá tuviera en el desierto un albergue de caminantes! Y dejaría a mi pueblo y me iría lejos de ellos, pues todos son adúlteros, gavilla de ladrones. (3) Tensan su lengua como un arco; la mentira y no la fidelidad predominan en la tierra, Pues caminan de iniquidad en iniquidad, y a mí no me conocen — oráculo de Yahvé — ." (4) Guárdese cada uno de su prójimo y nadie confíe en su hermano, pues todos los hermanos engañan siempre, todos los amigos calumnian. (5) Cada uno se burla de su prójimo, no habla verdad. Se han avezado sus lenguas a mentir, se han cansado de obrar mal. (6) Fraude sobre fraude, engaño sobre engaño, rehusan conocerme, oráculo de Yahvé. (7) Por eso así dice Yahvé de los ejércitos: He aquí que los fundiré en el crisol y los probaré, ¿pues que otra cosa voy hacer ante la hija de mi pueblo ? (8) Sus lenguas son saetas mortíferas, las palabras de su boca son dolo. “Paz,” dicen a su prójimo, y tienden la insidia en su corazón. (9) ¿No habré de pediros cuentas de todo esto? oráculo de Yahvé. ¿De un pueblo como éste no he de tomar yo venganza? (10) Llorad y gemid sobre los montes, lamentaos por los pastizales del desierto, porque están desolados, no hay quien pase por ellos ni se oye el balar de los rebaños. Desde las aves del cielo hasta las bestias, todos huyeron y se fueron. (11) y de Jerusalén haré un montón de ruinas, cubil de chacales; y de las ciudades de Judá, desolación, donde no habitará nadie." (12) ¿Quién será el hombre sabio que entienda esto, al cual pueda dirigirse la palabra de la boca de Yahvé, i y haga saber la causa por que pereció la tierra, que ha sido asolada como desierto, sin que nadie pase (por ella)? (13) Y dijo Yahvé: Porque han abandonado la ley que les di y no han escuchado mi voz ni procedieron según ella, (14) sino que, según la pertinacia de su corazón, se fueron tras los baales, como les enseñaron sus padres. (15) Por eso, así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que daré de comer a este pueblo ajenjo, y le daré a beber agua de adormilares, (16) y los dispersaré por entre las gentes que no conocieron ni ellos ni sus padres, y haré que los persiga la espada hasta consumirlos. (17) Así dice Yahvé de los ejércitos: Atended, llamad a las plañideras, que vengan; enviad por las hábiles y vengan," (18) que se apresuren y eleven sobre nosotros lamentaciones,y descienda de nuestros ojos el llanto, y manen agua nuestros párpados, (19) porque de Sión se oyen voces y lamentos. Cómo hemos sido destruidos y avergonzados sobremanera! Porque nos echan de la tierra, nos arrojan de nuestras moradas. (20) Porque oíd, mujeres, la palabra de Yahvé, y perciban vuestros oídos la palabra de su boca, para que enseñéis a vuestras hijas a lamentarse y enseñen unas a otras endechas, (21) Pues la muerte ha subido por nuestras ventanas y penetró en nuestras moradas, acabó con los niños en las calles, con los mancebos en las plazas. (22) Habla así: Oráculo de Yahvé: Los cadáveres de los hombres yacen como estiércol sobre el campo, como queda tras el segador el manojo, sin haber quien lo recoja. (23) Así dice Yahvé: Que no se gloríe el sabio en su sabiduría, que no se gloríe el fuerte de su fortaleza, que no se gloríe el rico de su riqueza. (24) El que se gloríe, gloríese en esto: en ser inteligente y conocerme a mí, pues yo soy Yahvé, que hago misericordia, derecho y justicia sobre la tierra, pues en esto es en lo que yo me complazco, oráculo de Yahvé. (25) He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que yo pediré cuenta a todos, circuncisos e incircuncisos. (26) A Egipto, a Judá, a Edom, a los hijos de Ammón, a Moab, a los que se rapan las sienes y habitan el desierto, pues todos estos pueblos son incircuncisos; pero todo Israel es incircunciso de corazón." -- omitido por paráfrasis -- Oíd, casa de Israel, lo que os dice Yahvé. Así dice Yahvé: No os acostumbréis a los caminos de las gentes, no temáis los signos celestes,pues son los gentiles los que temen de ellos, pues los estatutos de esos pueblos son vanidad; leños cortados en el bosque, obra de las manos del artífice con la azuela," se decoran con plata y oro, y los sujetan a martillazos con clavos para que no se muevan. Son como espantajos de melonar, y no hablan; I hay que llevarlos, porque no andan; no les tengáis miedo, pues no pueden haceros mal, ni tampoco bien." No hay semejante a ti, oh Yahvé! tú eres grande, y grande y poderoso es tu nombre. ¿Quién no te temerá, Rey de las naciones? Pues a ti se te debe el temor, y no hay entre todos los sabios y en todos sus reinos nadie como tú. Todos a uno son estúpidos y necios, doctrina de vanidades, (son) un leño3;" plata laminada venida de Tarsis, oro de Ofir4, obra de escultor y de orfebre, vestida de púrpura y jacinto; obra de diestros (artífices) son ellos." Pero Yahvé es verdadero Dios, el Dios vivo y Rey eterno. Si El se aira, tiembla la tierra, y todas las naciones son impotentes ante su cólera. Así, pues, habéis de decirles: Dioses que no han hecho ni los cielos ni la tierra, desaparecerán de la tierra y de debajo de los cielos. El con su poder ha hecho la tierra, con su sabiduría cimentó el orbe y con su inteligencia tendió los cielos. A su voz se congregan las aguas en el cielo; El hace subir las nubes desde los confines de la tierra, convierte los rayos en lluvia y saca los vientos de sus escondrijos." Embrutecióse el hombre sin conocimiento; todo orífice se avergüenza de su ídolo, porque es mentira su estatua fundida i y no hay aliento en ellos," son nada, obra ridícula. En el tiempo de su castigo perecerán. No es ésta la herencia de Jacob, pues El es el Hacedor de todo, e Israel es su tribu hereditaria; su nombre es Yahvé de los ejércitos." Recoge de la tierra tu hato, moradora de la ciudad asediada, pues así dice Yahvé: He aquí que voy a lanzar a los habitantes del país esta vez para ponerlos en angustia y que me encuentren. Ay de mí por mi quebranto! ¡Doloroso es mi golpe! Pero yo digo: Ciertamente es mi dolencia, debo soportarlo. Mi tienda está devastada, y todas mis cuerdas rotas; mis hijos me han abandonado, no existen ya; hay quien despliegue mi tienda y levante mis lonas." Pues fueron unos insensatos los pastores, y no buscaron a Yahvé; por eso no prosperaron, y todos sus rebaños han sido dispersados," He aquí que llega el rumor de una noticia, viene gran alboroto de la tierra del septentrión para reducir las ciudades de Judá a desolación, a guarida de chacales. Bien sé, Yahvé, que no está en mano del hombre trazarse su camino, no es dueño el hombre de caminar ni de dirigir sus pasos. Corrígeme, Yahvé, pero conforme a juicio, no con ira, no sea que me aniquiles. Derrama tu furor sobre las gentes que te desconocen y sobre los pueblos que no invocan tu nombre, que han devorado a Jacob, le han consumido y han devastado su morada. Palabra que dirigió Yahvé a Jeremías, diciendo: Oíd las palabras de esta alianza y comunicádselas a los varones de Judá y a los moradores de Jerusalén. Decidles: Así habla Yahvé, Dios de Israel: Maldito el varón que desoiga las palabras de esta alianza, que ordené a vuestros padres al tiempo de sacarlos de la tierra de Egipto, del horno de hierro, diciendo: Oíd mi voz y obrad según todo lo que os mando, y seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios, para que yo mantenga el juramento que hice a vuestros padres de darles una tierra que mana leche y miel, como (es) el día de hoy. Yo respondí diciendo: Así sea, ¡oh Yahvé! Y me dijo Yahvé: Anuncia todas estas palabras en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, diciendo: Escuchad las palabras de esta alianza y cumplidlas, pues con insistencia he amonestado a vuestros padres desde el día que os hice subir de la tierra de Egipto hasta hoy, y con toda diligencia les amonesté, diciendo: Escuchad mi voz. Pero ellos no me escucharon, no me dieron oídos, y se fueron todos en pos de la dureza de su perverso corazón, e hice venir sobre ellos todas las palabras de esta alianza que les mandé cumplir y cumplieron. Y me dijo Yahvé: Se han confabulado los varones de Judá y los moradores de Jerusalén. Han vuelto a las iniquidades de sus primeros padres, que rehusaron oír mis palabras, y se han ido tras dioses ajenos para servirles. La casa de Israel y la de Judá han roto el pacto que hice con sus padres, Por eso dice Yahvé: He aquí que traeré sobre ellos males de que no podrán librarse, y clamarán a mí, y no les oiré;" e irán las ciudades de Judá y los habitantes de Jerusalén y clamarán a los dioses a quienes ellos sacrifican, y no los salvarán en el tiempo de su tribulación. Porque cuantas son tus ciudades, tantos son tus dioses, Judá, y cuantas son las calles de Jerusalén, tantos fueron los altares alzados a la “ignominia,” altares para quemar incienso a Baal. Y tú no me supliques por este pueblo y no eleves por ellos clamor ni oración, porque no oiré cuando ellos clamen a mí al tiempo de su aflicción. ¿Qué tiene que hacer mi amado en mi casa, mientras comete iniquidades? ¿Es que los sacrificios y las carnes santificadas apartarán de ti tu maldad, de que te alegrabas? “Olivo verde y hermoso, de magníficos frutos,” te había puesto Yahvé por nombre. Con gran estrépito, prendió fuego en él y se quemaron sus ramas. Y Yahvé de los ejércitos, que te plantó, ha decretado la desgracia contra ti por los crímenes de la casa de Israel y de la casa de Judá, que han cometido para irritarme, ofreciendo incienso a Baal. Yahvé me lo ha dado a conocer y yo lo he entendido. Entonces me hiciste ver sus acciones. Estaba como manso cordero que sin saberlo era llevado a degollar, pues habían tramado contra mí una conjura, (diciendo): Destruyamos el árbol con su vigor y extirpémoslo de la tierra de los vivos, y no se hará más memoria de su nombre. Mas ¡oh Yahvé de los ejércitos, juez justo, que escudriñas los ríñones y el corazón! que vea yo en ellos tu venganza, pues a ti te he confiado yo mi causa. Por eso, así dice Yahvé contra los hombres de Anatot, que buscan tu vida, diciendo: No profetices en nombre de Yahvé si no quieres morir a nuestras manos. Por eso así dice Yahvé de los ejércitos: He aquí que les voy a pedir cuentas. Los jóvenes morirán al filo de la espada; sus hijos y sus hijas morirán de hambre." Y no quedará superviviente entre ellos, porque yo traeré la desdicha sobre los hombres de Anatot en el año de su castigo. Justo eres tú, Yahvé, para que yo pueda contender contigo; pero voy a proponerte algunas demandas: ¿Por qué es próspero el camino de los impíos y son afortunados todos los perdidos?" Tú los plantas y echan raíces, crecen y fructifican. Te tienen a ti en la boca, pero está muy lejos de ti su corazón ! Y tú, Señor, me conoces; tú me ves; tú has probado mi corazón en lo referente a ti. Sepáralos como rebaño destinado a la matanza, conságralos para el día de la mortandad." ¿Hasta cuándo estará la tierra en duelo, se secarán las hierbas del campo? Por la maldad de los que habitan en ella, perecieron bestias y aves, pues dijeron: “Dios no verá nuestro fin.” Si corriendo con los de a pie te has fatigado, ¿cómo competirás con los caballos? Y si en tierra de paz no te sientes seguro, ¿qué harás en los boscajes del Jordán? Pues incluso tus hermanos, los de la casa de tu padre, esos mismos te son aún traidores y a espaldas tuyas gritan,No te fíes de ellos cuando te dicen bellas palabras. He desamparado mi casa, he abandonado mi heredad, he entregado lo que amaba mi alma en manos de sus enemigos. Fue mi heredad para mí como león en la selva; lanzó contra mí sus rugidos; por eso la aborrecí." ¿Ha venido a ser mi heredad abigarrada ave de rapiña, para que las aves rapaces ronden en torno suyo? Venid, juntaos, fieras todas del campo, venid a devorarla. Muchos pastores han entrado a saco en mi viña y pisotearon mi heredad, han convertido mi deleitosa posesión en desolado desierto. Hicieron de ella una desolación, y está ante mí triste y asolada; toda la tierra es desolación por no haber quien recapacite en su corazón." -- omitido por paráfrasis -- Por todas las colinas peladas del desierto irrumpieron los devastadores, pues la espada de Yahvé devora de un extremo al otro de la tierra, sin dar paz a ser viviente. Sembraron trigo y han recogido cardos, se fatigaron trabajando sin provecho, quedaron confusos de su cosecha por la cólera encendida de Yahvé. Así dice Yahvé acerca de mis malos vecinos, que asaltan la heredad que yo di en herencia a mi pueblo, Israel: He aquí que yo los arrancaré de sus tierras y arrancaré a la casa de Judá de en medio de ellos, y sucederá que, después de haberlos arrancado, volveré a tener misericordia de ellos y los haré volver cada uno a su propiedad, cada uno a su tierra;" y cuando hayan aprendido los caminos de mi pueblo y juren en mi nombre: “¡Viva Yahvé!” como ellos enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal, serán establecidos en medio de mi pueblo. Pero, si no escucharen, arrancaré esa nación de raíz, y perecerán, oráculo de Yahvé. Así me habló Yahvé: Ve y cómprate una faja de lino y póntela sobre tus lomos y no la metas en el agua. ? adquirí la faja, como me mandó Yahvé, y me la puse sobre los lomos;" y me habló Yahvé por segunda vez, diciendo: Toma la faja que adquiriste, que está sobre tus lomos; levántate y vete al Ferat y escóndela en una hendidura de la piedra." Fui, pues, y la escondí junto al Ferat, según me mandó Yahvé. Y al cabo de muchos días me dijo Yahvé: Levántate y ve al Ferat y recoge de allí la faja que te mandé esconder allí. Fui, pues, al Ferat, y busqué y tomé la faja del lugar en el que la había escondido, pero he aquí que estaba podrida la faja, no servía para nada. Y me habló Yahvé, diciendo: Así dice Yahvé: Asi haré yo que se pudra la soberbia de Judá y el orgullo de Jerusalén. Este pueblo malvado, que rehusa escuchar mis palabras y en la depravación de su corazón se va tras dioses ajenos para servirlos y adorarlos, será como esta faja, que no sirve para nada. Pues como se adhiere la faja a los lomos del hombre, así hice yo que se adhiriese a mí toda la casa de Israel y toda la casa de Judá, oráculo de Yahvé, para que ellos fuesen mi pueblo, mi renombre, mi alabanza y mi ornato; pero ellos no me escucharon." Y les dirás esta palabra: Así dice Yahvé, Dios de Israel: Las tinajas se llenan de vino. Y te dirán: ¿Acaso no sabemos muy bien que las tinajas se llenan de vino? Pero tú les dirás: Así dice Yahvé: He aquí que voy a llenar de embriaguez a todos los habitantes de esta tierra, a los reyes que se sientan en el trono de David, a los sacerdotes, a los profetas y a todos los moradores de Jerusalén, y los quebraré chocando unos contra otros, padres contra hijos a la vez, oráculo de Yahvé. No tendré compasión, ni clemencia, ni misericordia para no destruirlos. Escuchad, dadme oídos, no os envanezcáis, que es Yahvé el que ha hablado. Dad gloria a Yahvé, vuestro Dios, antes que se haga oscuro y antes que tropiecen vuestros pies por los montes en tinieblas y, en vez de la luz que esperáis, os dé sombras de muerte y densas tinieblas. Si no escucháis, mi alma llorará en secreto vuestra soberbia, y mis ojos derramarán abundantes lágrimas, porque ha sido hecho cautivo el rebaño de Yahvé. Di al rey y a la reina: Humillaos, sentaos (en el suelo), porque está para caer de vuestras cabezas la corona de vuestra magnificencia. Las ciudades del sur están cercadas y no hay quien las abra. Toda Judá es deportada, en deportación completa. Alza tus ojos y mira, Jerusalén, a los que vienen del septentrión. ¿Dónde está la grey que te fue dada, tu espléndido rebaño? ¿Qué dirás cuando te castiguen, pues tú los avezaste a ti, tus amantes como dominadores? ¿No te sobrecogerán dolores como de mujer en parto? Y si te preguntas en tu corazón: ¿Por qué me suceden estas cosas? Por la muchedumbre de tus maldades han levantado tus faldas y maltrataron tus talones. ¿Mudará por ventura su tez el etíope, o el tigre su rayada piel? Así, ¿podréis vosotros obrar el bien, tan avezados (como estáis) al mal? Yo los dispersaré como paja que vuela al viento del desierto. Tal es tu parte, tu porción asignada de mi parte, oráculo de Yahvé, por haberme olvidado y haber puesto tu confianza en la mentira. También yo descubriré tus velos en tu parte anterior y se verán tus vergüenzas: tus adulterios y tus gritos de lujuria, tus execrables fornicaciones. Sobre los collados del campo he visto tus torpezas. ¡Ay de ti, Jerusalén, que no te limpias! ¿Hasta cuándo aún? Llegó la palabra de Yahvé a Jeremías a propósito de la sequía: Judá está de duelo y sus puertas languidecen, se inclinan hacia tierra, y se alza el grito de Jerusalén. Sus magnates mandaron a los subordinados por agua; fueron éstos a los pozos, no hallaron agua y se volvieron con sus cántaros vacíos. Están avergonzados, confundidos, con las cabezas cubiertas," pues el suelo está consternado porque no hay lluvia en la tierra. Los labradores están avergonzados, se cubren sus cabezas. Aun las ciervas en el campo paren y abandonan (la cría) por falta de pastos. Los asnos salvajes se paran sobre las colinas peladas, aspirando el aire como chacales, con los ojos consumidos, por falta de hierba. Aunque nuestras maldades clamen contra nosotros, obra, Yahvé, por la gloria de tu nombre. Porque muchas son nuestras rebeldías. Hemos pecado contra ti. ¡Oh esperanza de Israel, oh Yahvé, su salvador en el tiempo de la angustia! ¿Por qué has de ser como peregrino en el país, como viajero que se para para pernoctar? ¿Por qué has de ser como hombre azorado, como guerrero incapaz de salvar? Pues tú, Yahvé, (habitas) en medio de nosotros, y tu nombre es invocado sobre nosotros, No nos desampares. Esto habla Yahvé de este pueblo: Gustan de andar errantes de un lado para otro, no se contienen sus pies. Pero Yahvé no se complace en ellos; ahora se acordará de sus maldades y les pedirá cuenta de sus pecados," Y me dijo Yahvé: No ruegues por este pueblo para su bien. Aunque ayunaren, no escucharé sus clamores, y aunque ofrezcan holocaustos y oblaciones, no los aceptaré, sino que los consumiré con la espada, con el hambre y con la peste. Y yo dije: ¡Ah, Señor, Yahvé! He aquí que los profetas les dicen: No veréis la espada ni tendréis hambre, pues paz auténtica os daré en este lugar. -- omitido por paráfrasis -- Pero Yahvé me dijo: Mentidamente los profetas profetizan en mi nombre; yo no los he enviado, no les he mandado, no les he hablado. Falsas visiones, agüeros, vanidades y engaños de su corazón es lo que os profetizan." Por eso dice Yahvé contra los profetas que profetizan en mi nombre, sin haberles yo enviado, diciendo: “No habrá en esta tierra espada ni hambre.” A la espada y por hambre perecerán esos profetas. Y el pueblo a quien ellos profetizaron será arrojado a las calles de Jerusalén por el hambre y la espada, y no habrá quien les dé sepultura, ellos, sus mujeres, sus hijos y sus hijas, y haré caer sobre ellos su maldad. Y les dirás esta palabra: Derraman mis ojos lágrimas noche y día sin cesar, pues la virgen hija de mi pueblo ha sido quebrantada con gran quebranto, herida de gravísima plaga. Si salgo al campo, he aquí muertos por la espada; si entro en la ciudad, sufrimientos por el hambre, pues hasta los profetas y sacerdotes andan errantes por un país que no conocen." ¿Acaso has desechado del todo a Judá? ¿Ha detestado tu alma a Sión? ¿Por qué nos heriste sin que hubiera curación? Esperábamos paz, y no hay bonanza, y al tiempo del alivio sólo hay turbación. Reconocemos, ¡oh Yahvé! nuestra maldad y la de nuestros padres, pues hemos pecado contra ti. Por tu nombre no nos rechaces, no dejes profanar el trono de tu gloria. Acuérdate, no rompas tu alianza con nosotros. ¿Hay entre los ídolos de las gentes quien pueda hacer llover? ¿O pueden los cielos dar la lluvia? ¿No eres tú, Yahvé, Dios nuestro? En ti esperamos, porque has hecho todo esto. Y Yahvé me dijo: Aunque se me pusieran delante Moisés y Samuel, no se volvería mi alma a este pueblo. Quítalos de mi presencia, que se vayan. Y si te preguntan: ¿Adonde hemos de ir? les responderás: Así dice Yahvé: El que a la muerte, a la muerte; el que a la espada, a la espada; el que al hambre, al hambre; el que al cautiverio, al cautiverio." Yo les daré por regidores cuatro deudos! oráculo de Yahvé: la espada para matar, los perros para arrastrarlos, las aves del cielo y las fieras del campo para devorarlos y consumirlos. Y los haré el terror de todos los reinos de la tierra a causa de Manases, hijo de Ezequías, rey de Judá, por cuanto hizo en Jerusalén. ¿Quién, pues, va a compadecerse de ti, oh Jerusalén? ¿Quién se dolerá de ti? ¿Quién se saldrá del camino para preguntar por ti y saludarte? Tú me dejaste a mí — oráculo de Yahvé — , me volviste la espalda, y yo voy a extender contra ti mi mano y aniquilarte; estoy cansado de sentir compasión." Y los aventaré con el bieldo a las puertas de la tierra; dejaré sin hijos, destruido a mi pueblo, que no se vuelve de sus caminos." Serán más numerosas sus viudas que las arenas del mar. Lanzaré contra las madres de los jóvenes un devastador en pleno día. Haré que caiga sobre ella de repente el terror y el espanto. Ajóse la madre de siete (hijos), ajóse la que dio a luz a siete; su alma desfalleció; púsose para ella el sol cuando aún era de día, quedó confusa y avergonzada. Sus restos los entregaré a la espada en presencia de sus enemigos, oráculo de Yahvé." ¡Ay de mí, madre mía, pues me engendraste, soy objeto de querella y de contienda para toda la tierra! A nadie presté, nadie me prestó, y, sin embargo, todos me maldicen. ¿En verdad, Joh Yahvé! soy culpable? En el tiempo del infortunio y de la angustia, ¿no te rogaba por el bien de los que me odian? ¿Se puede romper el hierro, el hierro del norte y el bronce? Tus bienes y tus tesoros yo entregaré al pillaje y sin precio, por todos tus pecados y sobre todo tu territorio. Yo te haré esclavo de tus enemigos en tierra que no conoces, porque se ha encendido el fuego de mi cólera y arderá contra vosotros. Tú lo sabes, Yahvé: Acuérdate de mí y mira por mí, y véngame de mis perseguidores. No contengas tu ira. Mira que por ti soporto oprobios de parte de los que desprecian tus palabras. Consúmelos. Eran para mí tus palabras el gozo y la alegría de mi corazón, porque yo llevo tu nombre, ¡oh Yahvé, Dios de los ejércitos ! Nunca me senté entre los que se divertían para gozarme (con ellos). Por tu mano me sentí solitario, pues me habías llenado de tu ira. ¿Por qué ha de ser perpetuo mi dolor, y mi herida, desahuciada, rehusa ser curada? ¿Vas a ser tú para mí como (torrente) falaz, cuyas aguas no son seguras? Por eso así dice Yahvé: Si tú vuelves, yo te volveré y permanecerás ante mí. Si tú sabes distinguir lo precioso de lo vil, seguirás siendo mi boca. Ellos se volverán a ti, no serás tú quien te vuelvas a ellos, y te constituiré para este pueblo como muro inexpugnable de bronce. Combatirá contra ti, pero no podrán contigo, porque yo estaré contigo para salvarte y liberarte, oráculo de Yahvé. Y te libraré de la mano de los malvados y te rescataré de la garra de los violentos. Llegóme la palabra de Yahvé, diciéndome: No has de tomar mujer y no tendrás hijos ni hijas en este lugar. Porque así dice Yahvé de los hijos y de las hijas nacidas en esta tierra, de las madres que los parieron y de los padres que los engendraron en esta tierra: Morirán de epidemias, y nadie los llorará ni sepultará; servirán de estiércol sobre la haz de la tierra, serán devorados por la espada y por el hambre, y sus cadáveres serán pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra." Así, pues, dice Yahvé: No vayas a casa de duelo, ni vayas a plañir, ni te lamentes por ellos, pues he retirado de este pueblo mi paz — oráculo de Yahvé — , la benignidad y la misericordia, y morirán grandes y pequeños en esta tierra; no se les sepultará ni se los llorará, ni nadie se hará incisiones ni se rasurará por ellos;" y nadie les partirá el pan del duelo para consolar a uno por el muerto, ni se le dará a nadie la copa para consolarle por la muerte del padre o de la madre. No entres tampoco en casa donde haya banquete para sentarte a comer y beber con ellos, pues así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: He aquí que voy a hacer cesar en este lugar, a vuestros ojos y en vuestros días, el canto del gozo y de la alegría y el canto del esposo y de la esposa. Y sucederá que, cuando anuncies a este pueblo todas esas cosas y te digan: ¿Por qué nos anuncia Yahvé todos esos grandes males? ¿Cuáles son nuestras maldades y cuáles los pecados que hemos cometido contra Yahvé, nuestro Dios? les responderás: Porque vuestros padres me abandonaron — oráculo de Yahvé — para irse tras de los dioses ajenos, para servirles y adorarlos, dejándome a mí y no guardando mi ley;" pero vosotros habéis obrado peor que vuestros padres, pues he aquí que se va cada uno tras la dureza de su mal corazón, sin escucharme a mí. Pero os arrojaré de esta tierra a un país que no conocéis ni conocieron vuestros padres, y allí serviréis día y noche a dioses extraños, pues no concederé gracia. Por eso he aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que no se dirá ya: “Vive Yahvé, que sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto,” sino: “Vive Yahvé, que sacó a los hijos de Israel de la tierra del aquilón y de todos los países adonde los había expulsado.” Y los haré volver a su tierra, que había dado a sus padres. He aquí que voy a mandar muchos pescadores — oráculo de Yahvé — , que los pescarán, y después muchos cazadores, que los cazarán por los montes todos, por todos los collados y por las cavernas de las rocas, porque mis ojos están sobre todos sus caminos, no se esconden de mi rostro, y sus maldades no están ocultas a mis ojos. Les pagaré al doble sus iniquidades y pecados, por haber profanado mi tierra con la carroña de sus ídolos y haber llenado de abominaciones mi heredad. ¡Yahvé, mi fuerza y mi fortaleza, mi refugio en el día de la tribulación! A ti vendrán los pueblos desde los confines de la tierra y dirán: Sólo mentira fue la herencia de nuestros padres, vanidad sin provecho alguno. Si es el hombre el que se hace los dioses, entonces no son dioses. Por eso he aquí que les voy a dar a conocer, esta vez les voy a mostrar la fuerza de mi brazo, y sabrán que mi nombre es Yahvé. El pecado de Judá está escrito con estilete de hierro, a punta de diamante se ha grabado en la tabla de su corazón y en los cuernos de sus altares, cuando se acuerdan sus hijos, de sus altares, sus “aseras” junto a los árboles verdes y las elevadas colinas, los montes del llano. Tus riquezas, todos tus tesoros, los daré al pillaje, tus lugares altos, por los pecados cometidos en todo tu territorio. Te obligaré a abandonar tu heredad *, que te había dado, y te haré servir a tus enemigos en tierra para ti desconocida, pues habéis encendido el fuego de mi ira, que arderá por siempre. Así dice Yahvé: Maldito el hombre que en el hombre pone su confianza, y de la carne hace su apoyo, y aleja de Yahvé su corazón. Será como desnudo arbusto en la estepa, que, aunque le venga algún bien, no lo siente, y vive en las arideces del desierto, en tierra salitrosa e inhabitable. Bienaventurado el varón que confía en Yahvé y en El pone su confianza. Será como árbol plantado a la vera de las aguas, que echa sus raíces hacia la corriente y no teme la venida del calor, conserva su follaje verde, en año de sequía no se inquieta y no deja de dar fruto. Tortuoso es el corazón sobre todo y perverso. ¿Quién puede conocerle? Yo, Yahvé, que penetro los corazones y pruebo los ríñones, para retribuir a cada uno según sus caminos, según el fruto de sus obras. Perdiz que empolla huevos que no ha puesto es el que injustamente allega riquezas; a la mitad de sus días tendrá que dejarlas, y en sus postrimerías será un necio." -- omitido por paráfrasis -- Trono de gloria, excelso desde el principio, es el lugar de nuestro santuario. Yahvé es la esperanza de Israel; todos los que te abandonan serán confundidos. Los que te dejan en el país se cubrirán de vergüenza , porque dejaron la fuente de aguas vivas, a Yahvé." Sáname, ¡oh Yahvé! y seré sanado; sálvame, y seré salvo, pues tú eres mi gloria." He aquí que ellos me dicen: “¿Dónde está la palabra de Yahvé? ¡Que se cumpla!” Pero yo no he ido tras ti a incitarte al mal, ni he deseado el día de la calamidad; tú lo sabes. Lo que ha salido de mis labios, ante tu presencia está." No me hagas temblar. Tú eres mi refugio en el día de la desventura. Sean confundidos mis perseguidores, no yo. Sean ellos los que tiemblen, no yo. Haz venir sobre ellos el día de la desgracia, quebrántalos con doble quebranto. Así me dijo Yahvé: Ve a ponerte junto a la puerta de los Hijos del pueblo, por la que entran y salen los reyes de Judá, y ante todas las puertas de Jerusalén, y diles: Oíd la palabra de Yahvé vosotros, reyes de Judá, y todo Judá, y todos los habitantes de Jerusalén que entráis por estas puertas. Así dice Yahvé: Guardaos, por vuestra vida, de llevar cargas en día de sábado y de introducirlas por las puertas de Jerusalén. No saquéis tampoco cargas de vuestras casas en día de sábado ni hagáis labor alguna, mas santificad el día del sábado, como se lo mandé a vuestros padres. Ellos, sin embargo, no me oyeron, no me dieron oídos, sino que endurecieron su cerviz, sin obedecerme y sin corregirse. Si en verdad me escucháis vosotros, oráculo de Yahvé, y dejáis de introducir cargas por las puertas de esta ciudad en día de sábado, y santificáis el día del sábado, no haciendo en él labor alguna, entrarán por las puertas de esta ciudad los reyes (y príncipes) que se sientan sobre el trono de David, montados en sus carros y caballos, ellos, sus príncipes, los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén, y esta ciudad estará siempre habitada. Y de las ciudades de Judá y de los contornos de Jerusalén, de la tierra de Benjamín, del llano, de la montaña y del mediodía, vendrán con holocaustos, víctimas, oblaciones, incienso, y traerán ofrendas de acción de gracias a la casa de Yahvé. Pero, si no me escucháis en lo de santificar el sábado y en lo de no llevar cargas e introducirlas por las puertas de Jerusalén en día de sábado, entonces encenderé yo en sus puertas fuego, que devorará los palacios de Jerusalén y no se apagará” Palabra que de Yahvé llegó a Jeremías, diciendo: Levántate y baja a la casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Bajé, pues, a la casa del alfarero, y he aquí que éste estaba trabajando a la rueda. Cuando se estropeaba entre las manos la vasija que estaba haciendol, tornaba a hacer otra vasija, según cumpliera hacerlo a los ojos del alfarero. Y me vino la palabra de Yahvé, diciendo: ¿Acaso no puedo yo hacer de vosotros, casa de Israel, como hace el alfarero? — oráculo de Yahvé — . Como está el barro en la mano de alfarero, así estáis vosotros en mi mano, casa de Israel. De pronto decido yo arrancar, destruir y hacer perecer a un pueblo y a un reino;" pero si este pueblo se convierte de las maldades por las que yo me había pronunciado contra él, también yo me arrepiento del mal que había determinado hacerle. Igualmente resuelvo yo de pronto edificar y plantar a un pueblo o un reino;" pero, si obra el mal a mis ojos y no escucha mi voz, me arrepiento del bien que había determinado hacerle. Di, pues, ahora a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: Así habla Yahvé: He aquí que estoy trazando males y formando planes contra vosotros. Conviértase, pues, cada uno de sus malos caminos, y mejoradlos y mejorad vuestras obras. Pero ellos dicen: ¡Es en vano! pues seguiremos nuestros designios, y cada cual obraremos según la dureza de nuestro perverso corazón. Por eso así dice Yahvé: Preguntad a las naciones. ¿Quién oyó cosas semejantes? Un horrible crimen ha cometido la virgen de Israel. ¿Por ventura desaparece de la roca del campo la nieve del Líbano o se agotan las aguas frescas que corren de los montes? Pues mi pueblo se ha olvidado de mí, ha ofrecido incienso a la vanidad. Van de tropiezo en tropiezo por sus caminos, los senderos antiguos, siguiendo sendas extraviadas, camino no trillado, para hacer de su tierra una desolación, objeto de eterna burla. Todos los que pasen por ella se asombrarán y moverán la cabeza. Como viento solano los dispersaré ante los enemigos. La espalda les mostraré, no el rostro, el día de su infortunio. Ellos dijeron: “Venid, tomemos asechanzas contra Jeremías, pues no ha de desaparecer la ley del sacerdote, el consejo del sabio y la palabra del profeta. Venid, vamos a herirle con la lengua, y no demos oídos a ninguna de sus palabras.” Atiéndeme, ¡oh Yahvé! y oye la voz de mis adversarios. ¿Se paga por ventura mal por bien? \ Pues me cavan una hoya. Acuérdate cómo me presenté ante ti para hablar en favor suyo, para apartar de ellos tu indignación. Da, pues, sus hijos al hambre y entrégalos al poder de la espada. Quédense sus mujeres sin hijos y viudas, y mueran sus maridos de peste, y sus mancebos traspasados por la espada en la guerra. Salgan gritos de sus casas cuando de repente hagas venir sobre ellos el salteador, pues han cavado una hoya donde capturarme, y tendieron a mis pies lazos ocultos. Pero tú, ¡oh Yahvé! conoces sus maquinaciones de muerte contra mí. No les perdones por su iniquidad, no borres su pecado de ante tus ojos; caigan ante ti; en el día de tu ira obra sobre ellos." Así dice Yahvé: Ve y cómprate una orza de barro y lleva contigo algunos de los ancianos del pueblo y de los sacerdotes, y sal al valle de Ben-Hinnom, delante de la puerta de la Alfarería, y pronuncia allí las palabras que yo te diré. Dirás, pues: Oíd la palabra de Yahvé, reyes de Judá y habitantes de Jerusalén. Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que traeré sobre este lugar males que a cuantos los oigan les retiñirán los oídos, por haberme dejado a mí y haber enajenado este lugar, ofreciendo incienso en él a dioses ajenos, que no conocían ni ellos, ni sus padres, ni los reyes de Judá, llenando este lugar de sangre de inocentes, y edificando los altos lugares a Baal, para quemar sus propios hijos como holocausto a Baal, lo que yo no había mandado ni me había venido a la mente. Por eso, he aquí que vendrán días — oráculo de Yahvé — en que no se llamará ya a este lugar “Tofet” y “Valle de Ben-Hinnom,” sino “Valle de la mortandad.” En este lugar frustraré yo los designios de Judá y de Jerusalén, y los haré caer a espada ante el enemigo y a mano de cuantos buscan sus vidas, y daré sus cadáveres en pasto a las aves del cielo y a las fieras de la tierra. Y haré de esta ciudad la desolación y la burla, de modo que cuantos pasen por ella se asombren y silben irónicamente sobre todas sus heridas. Y les haré comer la carne de sus hijos y de sus hijas, y se comerán unos a otros en las angustias y apreturas con que les estrecharán sus enemigos, que buscan sus vidas. Y romperás la orza a la vista de los que te acompañan, y les dirás: Así dice Yahvé de los ejércitos: Así romperé yo a este pueblo y a esta ciudad, como se rompe un cacharro de alfarero, sin que pueda volver a componerse. Así haré yo con este lugar y con sus habitantes — oráculo de Yahvé — , con virtiendo a esta ciudad en un “Tofet”. Las casas de Jerusalén y las de los reyes de Judá quedarán inmundas como el lugar del “Tofet,” todas las casas en cuyos terrados quemaron incienso a toda la milicia celeste y libaron a dioses extraños. Y se volvió Jeremías del “Tofet,” donde le había enviado Yahvé para que profetizara, y se detuvo en el atrio del templo, y dijo a todo el pueblo: Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que traeré contra esta ciudad y contra todas las ciudades que de ella dependen todos los males con que les he amenazado, porque han endurecido su cerviz y por no haber escuchado mis palabras, Y Pasjur, sacerdote, hijo de Immer, que era inspector jefe de la casa de Yahvé, oyó a Jeremías vaticinando estas cosas, e hizo azotar a Jeremías, profeta, y ponerle en el cepo que hay en la puerta superior de Benjamín, junto a la casa de Yahvé. Y cuando a la mañana siguiente sacó Pasjur a Jeremías del cepo, le dijo éste: No te llama Yahvé “Pasjur,” sino “Magor-misabib.” Pues así dice Yahvé: He aquí que te traeré el terror a ti y a todos tus amigos. Y caerán a la espada de sus enemigos a tus propios ojos, y entregaré a todo Judá en manos del rey de Babilonia, adonde los llevará cautivos y los hará morir a espada. Y daré todos los bienes de esta ciudad, todas sus ganancias, todas sus preciosidades y todos los tesoros de los reyes de Judá en mano de sus enemigos, que los saquearán y se apoderarán de ellos y se los llevarán a Babilonia. Y tú, Pasjur, con todos cuantos habitan en tu casa, iréis a la cautividad a Babilonia, y allí moriréis y seréis sepultados tú y todos tus amigos, a quienes profetizaste mentiras. Tú me sedujiste, ¡oh Yahvé! y yo me dejé seducir. Tú eras el más fuerte, y fui vencido. Ahora soy todo el día la irrisión, la burla de todo el mundo. Pues siempre que hablo tengo que gritar, tengo que clamar: “¡Ruina y devastación!” Y todo el día la palabra de Yahvé es oprobio y vergüenza para mí. Y aunque me dije: “No me acordaré de él, no volveré a hablar en su nombre,” es dentro de mí como fuego abrasador, encerrado dentro de mis huesos, y me he fatigado por soportarlo, pero no puedo. Pues he oído calumnias de muchos: “¡Terror por doquier!” “Delatadle, delatémosle”8 . Todos mis amigos9 acechan mi traspié: “¡Quizá se deje seducir! y podamos con él, ¡y nos vengaremos de él!” Pero Yahvé está conmigo como fuerte guerrero; por eso mis perseguidores tropezarán y no triunfarán, serán enteramente confundidos, porque no prosperaron, con perpetua ignominia, que nunca se olvidará." Mas, ¡oh Yahvé de los ejércitos! tú que pruebas al justo y penetras los ríñones y el corazón, que vea yo tu venganza contra ellos, pues a ti te he encomendado mi causa. Cantad a Yahvé, alabad a Yahvé, pues libra el alma del pobre de la mano de los malvados. Maldito el día en que nací; el día en que mi madre me parió no sea bendito." Maldito el hombre que alegre anunció a mi padre: “Te ha nacido un hijo varón,” llenándole de gozo. Sea ese hombre como las ciudades que Yahvé destruyó sin compasión, donde por la mañana se oyen gritos, y al mediodía alaridos. ¿Por qué no me mató en el seno materno, y hubiera sido mi madre mi sepulcro, y yo preñez eterna de sus entrañas? ¿Por qué salí del seno materno para no ver sino trabajo y dolor y acabar mis días en la afrenta ? Palabra de Yahvé que llegó a Jeremías cuando el rey Sedecías le envió a Pasjur, hijo de Malaquías, y a Sofonías, sacerdote, hijo de Maasías, para que le dijeran: Consulta a Yahvé acerca de nosotros, pues Nabucodonosor, el rey de Babilonia, nos hace la guerra. Quizá haga Yahvé con nosotros según todos sus prodigios, y (aquél) tenga que retirarse de nosotros. Y Jeremías les respondió: “Así diréis a Sedecías: Esto es lo que dice Yahvé, Dios de Israel: He aquí que yo haré volver las armas que lleváis en vuestras manos, con las cuales peleáis contra el rey de Babilonia y los caldeos, que os asedian fuera de las murallas, y las reuniré en medio de esta ciudad. Y yo, yo mismo lucharé contra vosotros con mano extendida, con poderoso brazo, con ira, cólera e indignación grandes. Y heriré a los moradores de esta ciudad, hombres y , y morirán de una gran peste. Y después de esto — oráculo de Yahvé — , a Sedecías, rey de Judá, y a sus servidores y al pueblo, a cuantos en esta ciudad se salven de la peste, de la espada y del hambre, los pondré en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de sus enemigos y en manos de los que buscan su vida, que los pasarán a filo de espada sin compasión, sin piedad, sin misericordia. Y a ese pueblo le dirás: Así habla Yahvé: Mirad, os doy a elegir entre el camino de la vida y de la muerte. Los que se queden dentro de esta ciudad, morirán por la espada, por el hambre y por la peste. Los que se salgan y se entreguen a los caldeos que os cercan, vivirán, y tendrán por botín la vida salva. Porque he puesto mi rostro sobre esta ciudad para mal, no para bien — oráculo de Yahvé — , y la haré caer en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que la dará al fuego.” Y a la casa del rey de Judá (d1): Oíd la palabra de Yahvé, casa de David: Así dice Yahvé: Haced de mañana justicia, librad al expoliado de la mano del opresor, no sea que brote como fuego mi ira y se encienda, y no haya quien la apague, por la maldad de vuestras obras. He aquí que a ti me dirijo, morada del valle, roca de la llanura — oráculo de Yahvé — . A vosotros que decís: ¿Quién descenderá sobre nosotros y quién penetrará en nuestras guaridas? Yo os daré la paga según el fruto de vuestras obras — oráculo de Yahvé — , y prenderé fuego a su bosque y devorará todos sus alrededores. Así dice Yahvé: Baja a la casa del rey de Judá y pronuncia allí estas palabras: Dirás, pues: Oye la palabra de Yahvé, rey de Judá, que te sientas en el trono de David, tú, tus servidores y tu pueblo, los que entráis por estas puertas. Así dice Yahvé: Haced derecho y justicia, librad al expoliado de la mano del opresor y no vejéis al extranjero, al huérfano y a la viuda; no hagáis violencia y no derraméis en este lugar sangre inocente." Si fielmente cumplís estos mandatos, entrarán por las puertas de esta casa reyes que se sienten en el trono de David, montados en carros y caballos, ellos, sus servidores y su pueblo. Pero, si no oís estas palabras, por mí mismo lo juro, oráculo de Yahvé, que este palacio se trocará en ruinas. Pues así dice Yahvé del palacio del rey de Judá: Eres para mí como (el monte) de Galaad, (como la) cumbre del Líbano. Ciertamente te haré un desierto, ciudad inhabitada. Yo consagraré contra ti devastadores, cada uno con sus armas, y talarán tus cedros más selectos y los arrojarán al fuego. Y pasarán muchas gentes ante esta ciudad, y se dirán unos a otros: “¿Por qué ha tratado así Yahvé a esta gran ciudad?” y dirán: “Porque abandonaron la alianza de Yahvé, su Dios, y adoraron dioses ajenos y les sirvieron.” No lloréis por el muerto ni hagáis duelo por él. Llorad amargamente por el que se va, porque no volverá más ni verá la tierra en que nació. Porque así dice Yahvé de Sellum, hijo de Josías, rey de Judá, que sucedió a su padre, Josías, y que salió de este lugar: No volverá ya más;" morirá en el lugar a que ha sido llevado cautivo y no volverá a ver más esta tierra. ¡Ay del que edifica su casa sin justicia, sus salones altos sin derecho, haciendo trabajar a su prójimo de balde, sin darle el salario de su trabajo! El que dice: Voy a hacerme una casa espaciosa, con amplias salas, de rasgadas ventanas, con artesonados de cedro, pintados de rojo. ¿Reinas, acaso, para rivalizar en obras de cedro? ¿No comía y bebía tu padre y hacía derecho y justicia, y todo le iba bien? Hacía justicia al pobre y al desvalido, y todo le iba bien. ¿No es esto conocerme? oráculo de Yahvé. Pero tú no tienes ojos ni corazón más que para buscar tu interés, para derramar sangre inocente, para oprimir y hacer violencia. Por eso así dice Yahvé de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá: No le lamentarán: ¡Ay hermano! ¡Ay hermana! No le plañirán: ¡Ay Señor! ¡Ay majestad! Sepultura de asno será la suya, arrastrado y tirado fuera de las puertas de Jerusalén. Sube al Líbano y grita, y sobre Basan alza tu voz, y clama desde Abarim, pues todos tus amantes han sido destruidos. Te hablé en tiempo de tu prosperidad, y tú dijiste: No escucharé. Este ha sido tu proceder desde tu mocedad: no escuchaste mi voz. A todos tus pastores, el viento los apacentará, y tus amantes serán llevados cautivos. Entonces te avergonzarás y sonrojarás por todas tus maldades. Tú, que te asientas en el Líbano y anidas en los cedros, ¡cómo gemirás cuando te sobrevengan dolores, torturas como de parto! Por mi vida — oráculo de Yahvé — que, si fuera Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá, el anillo de mi mano derecha, de allí lo arrancaría. Yo te entregaré en manos de los que buscan tu vida, en manos de aquellos a quienes temes, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia; en manos de los caldeos;" y te arrojaré a ti y a la madre que te engendró a tierra extraña en que no nacisteis, y allí moriréis. Pero a esta tierra que con toda su alma querrán volver, no volverán. ¿Es, pues, este hombre, Jeconías, un utensilio despreciable y quebrado, un vaso que a nadie agrada? ¿Por qué han sido rechazados él y su progenie, y arrojados a tierra a ellos desconocida? ¡Tierra, tierra, tierra! oye la palabra de Yahvé. Así dice Yahvé: Inscribid a ese hombre: “Sin hijos, varón que no prosperará en sus días,” pues no logrará de su estirpe un varón que se siente en el trono de David y reine sobre Judá. ¡Ay de los pastores que hacen perecer y destrozan el rebaño de mi pastizal! Oráculo de Yahvé. Por eso así dice Yahvé, Dios de Israel, de los pastores que apacientan a mi pueblo: Vosotros habéis dispersado mi grey, la habéis descarriado y no habéis cuidado de ella. He aquí que voy a visitaros por la maldad de vuestras obras — oráculo de Yahvé. Yo mismo reuniré los restos de mi rebaño de todas las tierras en que los he dispersado, y los volveré a sus prados, y fructificarán y se multiplicarán. Y suscitaré sobre ellos pastores que los apacienten, y ya no habrán de temer más ni angustiarse ni afligirse — oráculo de Yahvé . He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que yo suscitaré a David un vástago justo, y reinará como rey prudentemente, y hará derecho y justicia en la tierra. -- Por eso he aquí que vendrán días — oráculo de Yahvé — en que no se dirá ya: “Vive Yahvé, que subió de la tierra de Egipto a los hijos de Israel,” sino más bien: “Vive Yahvé, que sacó y trajo al linaje de la casa de Israel de la tierra del aquilón y de todos los países a que los arrojó, y los hizo habitar en su propia tierra.” A los profetas: Se me parte mi corazón dentro de mí, se estremecen todos mis huesos, estoy como un hombre ebrio y cual varón dominado por el vino ante Yahvé y sus santas palabras, pues la tierra está llena de adúlteros; a causa de la maldición, la tierra está en duelo; se han secado los oasis del desierto; corren tras la maldad, y su fuerza es la injusticia." Pues aun los profetas mismos y los sacerdotes son unos impíos; hasta en mi casa he hallado sus perversidades, oráculo de Yahvé." Por eso sus caminos se les van a tornar resbaladeros en medio de tinieblas. Serán empujados y caerán, pues voy a hacer venir sobre ellos males el año en que serán visitados, oráculo de Yahvé. En los profetas de Samaría vi yo la insensatez: profetizaban en nombre de Baal y descarriaron a mi pueblo, Israel. Pero en los profetas de Jerusalén he visto algo horrendo: adulterio y andar tras la mentira, y fortalecen las manos de los perversos para que nadie se convierta de sus maldades. Todos ellos han venido a serme como Sodoma, y sus habitantes como Gomorra. Por eso así dice Yahvé de los ejércitos acerca de los profetas: He aquí que les daré a comer ajenjo y les daré a beber agua envenenada, porque de los profetas de Jerusalén ha salido la corrupción para todo el país. Así dice Yahvé de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas: os engañan; lo que os dicen son visiones de su imaginación, no procede de la boca de Yahvé." Dicen a los que se burlan de la palabra de Yahvé: “Paz, tendréis paz,” y a todos los que siguen la obstinación de su corazón les dicen: No vendrá sobre vosotros ningún mal. Mas ¿quién asistió al consejo de Yahvé, vio y oyó su palabra? ¿Quién ha prestado atención a su palabra y le oyó? He aquí que se desencadena el torbellino de la ira de Yahvé y una tormenta furiosa descarga sobre la cabeza de los impíos. No retrocederá la ira de Yahvé hasta que ejecute y cumpla los designios de su corazón. Yo no enviaba a los profetas, y ellos corrían; no les hablaba, y ellos profetizaban." Si han asistido a mi consejo, que hagan oír mis palabras a mi pueblo y lo conviertan de su mal camino y de sus perversas obras. ¿Soy yo por ventura Dios sólo de cerca? — oráculo de Yahvé —. ¿No lo soy también de lejos? Por mucho que uno se oculte en escondrijos, ¿no le veré yo? — oráculo de Yahvé — . ¿No lleno yo los cielos y la tierra? — oráculo de Yahvé. Yo he oído lo que decían los profetas que en mi nombre profetizaban mentiras y decían: “He tenido un sueño, he tenido un sueño.” ¿Hasta cuándo ha de haber en el corazón de los profetas vaticinios falsos, profetizando los engaños de su corazón? Pretenden que mi pueblo olvide mi nombre con sus sueños, que unos a otros se van contando, como se olvidaron sus padres de mi nombre por BaaL El profeta que tiene un sueño, que lo cuente como sueño, y el que tenga mi palabra, que pregone mi palabra fielmente. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano? — oráculo de Yahvé —. ¿No es mi palabra como el fuego — oráculo de Yahvé — y cual martillo que tritura la roca? Por eso heme aquí contra los profetas — oráculo de Yahvé — que se roban unos a otros mis palabras. He aquí que estoy contra los profetas — oráculo de Yahvé — que gastan sus lenguas pronunciando: “Oráculo.” Contra los profetas que sueñan mentiras — oráculo de Yahvé — , y, contándolas, descarrían a mi pueblo con sus mentiras y sus jactancias, siendo así que yo no los he enviado, no les he dado misión alguna, y no han sido de provecho a este pueblo — oráculo de Yahvé. Y cuando te pregunte este pueblo, o un profeta, o un sacerdote, diciendo: ¿Cuál es la carga (oráculo) de Yahvé? les responderás: Vosotros sois la carga de Yahvé, y yo os arrojaré, oráculo de Yahvé. -- omitido por paráfrasis -- Y al profeta, al sacerdote, al pueblo que diga: “Carga de Yahvé,” yo le pediré cuenta a él y a su casa. Así habéis de deciros unos a otros, compañeros y hermanos: ¿Qué ha respondido Yahvé? ¿Qué ha dicho Yahvé? No se mentará ya la “carga de Yahvé,” porque para cada cual la “carga” será su propia palabra, pues habéis pervertido la palabra del Dios vivo, Yahvé de los ejércitos, nuestro Dios. Así dirás al profeta: ¿Qué te ha respondido Yahvé? ¿Qué ha dicho Yahvé? Y si decís: “Carga de Yahvé,” entonces así dice Yahvé: Porque habéis dicho esa palabra: “Carga de Yahvé,” habiéndoos yo enviado a decir: No digáis “carga de Yahvé,” por eso he aquí que yo os levantaré y os arrojaré de mi presencia a vosotros y a la ciudad que a vosotros y a vuestros padres di, y os entregaré a eterno oprobio, a eterna vergüenza, que jamás será olvidada. Mostróme Yahvé dos cestos de higos delante del templo de Yahvé. Fue después de haber llevado cautivos Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Jeconías, hijo de Joaquín, rey de Judá; a los príncipes de Judá y a los herreros y carpinteros de Jerusalén, a Babilonia." Uno de los cestos tenía higos muy buenos, como brevas, pero el otro tenía higos muy malos, tan malos que de malos no podían comerse. Me dijo Yahvé: ¿Qué es lo que ves, Jeremías? Yo le respondí: Higos. Los buenos son muy buenos; pero los malos, tan malos que de malos no pueden comerse." Y me fue dirigida palabra de Yahvé: Así dice Yahvé, Dios de Israel: Como a esos higos buenos, así miraré a los cautivos de Judá, que para su bien he arrojado de este lugar a la tierra de los caldeos. Pondré sobre ellos mis ojos para bien, y los haré volver a esta tierra, los edificaré y no los destruiré, los plantaré y no los arrancaré, y les daré un corazón para que reconozcan que yo soy Yahvé, y ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, pues se convertirán a mí de todo corazón. Y de los higos malos, que de malos no pueden comerse, de éstos dice Yahvé: Así haré yo de Sedecías, rey de Judá, y de sus grandes y del resto de Jerusalén que quedaron en esta tierra, y de los que habitan en el país de Egipto. Los haré objeto de terror y desventura para todos los reinos de la tierra, el oprobio, el proverbio, la irrisión y la maldición en todos los lugares adonde los arrojaré, y mandaré contra ellos la espada, el hambre y la peste, hasta que desaparezcan de la tierra que les di a ellos y a sus padres. Palabra de Yahvé que acerca del pueblo todo de Judá llegó a Jeremías el año cuarto de Joaquim, rey de Judá, es decir, al año primero de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y que pronunció el profeta Jeremías a todo el pueblo de Judá y a todos los habitantes de Jerusalén, diciendo: Desde el año trece de Josías, hijo de Ammón, rey de Judá, hasta el día de hoy, veintitrés años ya, he recibido la palabra de Yahvé, y os la he predicado pronto y reiteradamente, y no habéis escuchado. Os envió Yahvé todos sus siervos los profetas una y otra vez, y tampoco escuchasteis, no les disteis oídos cuando decía: Convertios de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras, y habitaréis la tierra que Yahvé os dio a vosotros y a vuestros padres por eternidad de eternidades. No os vayáis tras de los dioses ajenos para servirles y adorarlos. No provoquéis mi cólera con las obras de vuestras manos, y no vendrá el mal sobre vosotros. Pero no me escuchasteis — oráculo de Yahvé — , provocándome con las obras de vuestras manos para vuestro mal. Por eso, así dice Yahvé de los ejércitos: Porque no habéis escuchado mis palabras, he aquí que convocaré todas las tribus del aquilón — oráculo de Yahvé — , a Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, y los haré venir contra esta tierra, y contra sus habitantes, y contra todas las naciones que la rodean, y los destruiré y los convertiré en desolación, objeto de burla y en ruinas eternas. Haré desaparecer de ellos los cantos de alegría, las voces de gozo, el canto del esposo y el canto de la esposa, el ruido de la muela y el resplandor de las antorchas. Y toda esta tierra será ruina y desolación, y servirán las gentes estas al rey de Babilonia setenta años. Y al cabo de setenta años, yo pediré cuentas al rey de Babilonia y a la nación aquella — oráculo de Yahvé — de sus maldades, y a la tierra de los caldeos, y la convertiré en eterna desolación. Y haré venir sobre aquella tierra todo lo que anuncié, todo lo que está escrito en este libro, lo que profetizó Jeremías contra todos los pueblos. Porque también ellos serán sojuzgados por otros pueblos grandes y por reyes poderosos, y yo les retribuiré según su merecido, según las obras. Porque así me dijo Yahvé, Dios de Israel: Toma de mi mano esta copa de espumoso vino y házselo beber a todos los pueblos a los que yo te he enviado. Que beban, que se tambaleen, que enloquezcan ante la espada que yo arrojaré en medio de ellos. Y tomé la copa de la mano de Yahvé y la di a beber a todas las naciones a las que me envió Yahvé: a Jerusalén y a todas las ciudades de Judá, a sus reyes, a sus príncipes, para hacer de ellos ruina, desolación, burla y maldición, como es hoy. Al faraón, rey de Egipto; a sus servidores y a sus príncipes y a todo su pueblo;" a todos los advenedizos, a todos los reyes de la tierra de Us y a todos los reyes de la tierra de los filisteos: a Ascalón, a Gaza, a Ecrón y al resto de Asdod;" a Edom, a Moab y a los hijos de Amón;" a todos los reyes de Tiro, a todos los reyes de Sidón y a los reyes de las islas que están pasado el mar;" a Dedán, a Tema, a Buz, a todos los que se rapan las sienes;" a todos los reyes de Arabia y a todos los monarcas de occidente que habitan en el desierto;" a todos los reyes de Zimrí, a todos los reyes de Elam y a todos los reyes de Media;" a todos los reyes del norte, próximos y lejanos, y a todos los reinos de la tierra que habitan la superficie del suelo; y el rey de Sesac beberá después de ellos." Y les dirás: Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Bebed, embriagaos, vomitad y caed para no levantaros ante la espada que yo echaré entre vosotros. Y si rehusaren tomar de tu mano la copa y beber de ella, les dirás: Así dice Yahvé de los ejércitos: Tendréis que beber, porque si yo, al desatar el mal, he comenzado por la ciudad en que se invoca mi nombre, ¿ibais a quedar vosotros impunes? No quedaréis, pues que llamaré a la espada contra todos los moradores de la tierra — oráculo de Yahvé de los ejércitos. Y tú les profetizarás todas estas palabras, diciéndoles: Ruge Yahvé desde lo alto, desde su santa morada lanza su voz, ruge fuertemente contra su pradería, lanza el grito de los lagareros contra todos los moradores de la tierra. Llega su estrépito hasta los confines de la tierra, porque juzgará Yahvé a las gentes, y será este juicio contra toda carne; los malvados los entregó al filo de la espada, oráculo de Yahvé." Así dice Yahvé de los ejércitos: He aquí que el mal pasará de nación en nación; un fortísimo huracán se desencadenará desde los extremos de la tierra," y habrá heridos de Yahvé en ese día del uno al otro cabo de la tierra. No serán llorados, no serán recogidos ni sepultados; quedarán como estiércol sobre la faz de la tierra." Ululad, pastores, y clamad, y encenizaos, mayorales de la grey, porque ha llegado el día de vuestra matanza y caeréis como carneros selectos. No habrá posibilidad de huir para los pastores, ni salvación para los mayorales de la grey. Gritos de espanto de los pastores, clamores de los mayorales de la grey, porque ha devastado Yahvé sus pastizales. Han enmudecido las pacíficas praderas ante el furor de la ira de Yahvé. Ha abandonado como león joven su guarida, pues ha sido devastada su tierra ante la espada destructora, ante el furor de su ira. Al principio del reinado de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, llegó a Jeremías esta palabra de Yahvé: Así dice Yahvé: Ve a ponerte en el atrio de la casa de Yahvé y habla (a las gentes de) todas las ciudades de Judá, que vienen a prosternarse en la casa de Yahvé, todas las palabras que yo te he ordenado decirles, sin omitir nada. Tal vez te escuchen y se conviertan cada uno de su mal camino, y me arrepienta yo del mal que por sus malas obras había determinado hacerles. Diles: Así dice Yahvé: Si no me escucháis, caminando según la ley que os he dado, y escuchando las palabras de mis siervos los profetas, que yo os he enviado desde muy temprano y repetidamente y que habéis desoído, yo haré de esta casa lo que hice de Silo, y de esta ciudad haré la maldición de todos los pueblos de la tierra. Y los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron a Jeremías decir estas palabras en la casa de Yahvé. Y cuando acabó Jeremías de hablar todo lo que Yahvé le ordenara al pueblo, los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo le prendieron, diciendo: ¡Vas a morir! ¿Por qué profetizas en nombre de Yahvé, diciendo: Como Silo será esta casa, y esta ciudad quedará asolada y sin moradores? Y se reunió en torno a Jeremías todo el pueblo que había en la casa de Yahvé. Y oyendo estas cosas los magistrados de Judá, subieron del palacio del rey a la casa de Yahvé y se pusieron a la entrada de la puerta nueva del templo. Y los sacerdotes y profetas hablaron a los magistrados de Judá y a todo el pueblo, diciendo: Reo es de muerte este hombre por haber profetizado contra esta ciudad lo que vosotros mismos habéis oído. y dijo Jeremías a los magistrados y a todo el pueblo: Yahvé me ha mandado profetizar contra esta casa y contra esta ciudad todo lo que habéis oído. Ahora bien, enmendad vuestros caminos y vuestras obras y escuchad la voz de Yahvé, vuestro Dios, y se arrepentirá Yahvé del mal que había determinado haceros. En cuanto a mí, en vuestras manos estoy; haced conmigo lo que os parezca bueno y recto." Pero sabed bien que, si me matáis, será sangre inocente que echaréis sobre vosotros, sobre esta ciudad y sobre sus habitantes, porque en verdad he sido enviado a vosotros por Yahvé para deciros todo esto. Y dijeron los magistrados y todo el pueblo a los sacerdotes y los profetas: No es reo de muerte este hombre por hablarnos en nombre de Yahvé, nuestro Dios. Y, alzándose algunos de los ancianos de la tierra, dijeron a todo el pueblo allí congregado: Miqueas de Morasti profetizó en tiempo de Ezequías, rey de Judá, y habló a todo el pueblo de Judá: Así dice Yahvé de los ejércitos: Sión será arada como campo de labor, Jerusalén será un montón de ruinas, y el monte del templo será una selva. ¿Le hicieron acaso matar Ezequías, rey de Judá, y todo (el pueblo de) Judá? ¿No temieron más bien a Yahvé y le aplacaron, y se arrepintió Yahvé del mal que había pronunciado contra ellos? ¿Vamos a echar nosotros sobre nuestra alma un crimen tan grande? Y hubo también un hombre de los que profetizaban en nombre de Yahvé, Urías, hijo de Semaya, de Quiriat-Yearim, que profetizó contra esta ciudad y esta tierra lo mismo que Jeremías. Al oír el rey Joaquim, sus guardias y sus ministros lo que decía, quiso el rey matarle, y, oyéndolo Urías, temió y huyó a Egipto;" pero el rey Joaquim envió a Egipto emisarios, a Elnatán, hijo de Agbor, y a otros que le acompañaron a Egipto, y, sacando a Urías de Egipto, le condujeron al rey Joaquim, que le hizo matar a espada, arrojando su cadáver a la fosa común. En favor de Jeremías intervenía Ajicam, hijo de Safan, para evitar que fuese entregado en manos del pueblo para matarle. A principios del reinado de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, llególe a Jeremías de parte de Yahvé esta palabra, diciendo: Así dice Yahvé: Hazte unas coyundas y un yugo y póntelas al cuello, y manda a decir al rey de Edom, al rey de Moab, al rey de los hijos de Amón, al rey de Tiro y al rey de Sidón, por los embajadores que han venido a tratar con Sedecías, rey de Judá, a Jerusalén que digan a sus señores: Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Esto habéis de decir a vuestros señores: Yo, con mi gran poder y la fuerza de mi brazo, he hecho la tierra, al hombre y a los que hay sobre la haz de la tierra, y la doy a quien quiero. Ahora he dado todas estas tierras en poder de mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia, y aun las bestias del campo las he puesto a su servicio, y habrán de estarle sometidas todas las naciones a él, a su hijo y al hijo de su hijo, hasta que venga el tiempo también para su tierra y la sojuzguen pueblos poderosos y reyes grandes. Al pueblo y al reino que no quiera someterse a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y no dé su cuello al yugo del rey de Babilonia, le visitaré yo con espada, hambre y peste — oráculo de Yahvé — hasta someterlo a su poder. No escuchéis, pues, a vuestros profetas, a vuestros adivinos, a vuestros soñadores, a vuestros agoreros y a vuestros encantadores, que os dicen: No os veréis sometidos al rey de Babilonia. Porque es mentira lo que os profetizan para que seáis alejados de vuestra tierra y yo os disperse y perezcáis, Al pueblo que dé su cuello al yugo del rey de Babilonia y se le someta, le dejaré en su tierra — oráculo de Yahvé — y la cultivará y habitará en ella. -- omitido por paráfrasis -- Y a Sedecías, rey de Judá, le hablé de todo esto, diciéndole: Dad vuestro cuello al yugo del rey de Babilonia, someteos a él, a su pueblo, y viviréis. ¿Para qué morir tú y tu pueblo de espada, hambre y peste, como dijo Yahvé respecto del pueblo que no se someta al rey de Babilonia? Y no escuchéis a los profetas que os dicen: “No os veréis sometidos al rey de Babilonia,” pues lo que os profetizan es mentira. Porque no los he enviado yo — oráculo de Yahvé — , aunque ellos mentirosamente profetizan en mi nombre, y serán causa de que yo os disperse y perezcáis vosotros y los profetas que os profetizan. Y a los sacerdotes y a todo este pueblo les hablé, diciendo: Así dice Yahvé: No escuchéis lo que os profetizan vuestros profetas, diciendo: “He aquí que los vasos de la casa de Yahvé van a ser devueltos de Babilonia ahora en seguida,” porque os profetizan mentira. No los escuchéis, someteos al rey de Babilonia y viviréis. ¿Por qué esta ciudad ha de venir a ser un desierto? Y si en verdad son profetas, si tienen palabra de Yahvé, que intercedan ante Yahvé de los ejércitos para que los vasos que todavía quedan en el templo y en el palacio del rey de Judá y en Jerusalén no sean llevados también a Babilonia. Porque así dice Yahvé de los ejércitos acerca de las columnas, del mar de bronce, de los basamentos y de los demás utensilios que todavía quedan en esta ciudad y no han sido llevados por Nabucodonosor a Babilonia al llevar cautivos de Jerusalén a Babilonia a Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá, y a todos los notables de Judá y de Jerusalén. Pues así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel, de los utensilios que aún quedan en la casa de Yahvé y en el palacio del rey de Judá y en Jerusalén: A Babilonia serán llevados, y allí estarán hasta el día en que los visite — oráculo de Yahvé — y los haré traer y restituir a este lugar. Y sucedió en aquel mismo año, al comienzo del reinado de Sedecías, rey de Judá, en el año cuarto, en el quinto mes, que Ananías, hijo de Azur, profeta de Gabaón, me dijo en la casa de Yahvé delante de los sacerdotes y de todo el pueblo: Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: He roto el yugo del rey de Babilonia. Al cabo de dos años haré volver a este lugar todos los utensilios de la casa de Yahvé que de este lugar se llevó Nabucodonosor, rey de Babilonia, transportándolos a Babilonia;" y a Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá, y todos los cautivos de Judá llevados a Babilonia, los haré retornar a este lugar — oráculo de Yahvé — , porque quebraré el yugo del rey de Babilonia. Y dijo Jeremías, profeta, al profeta Ananías, delante de los sacerdotes y de todo el pueblo que estaban en la casa de Yahvé: Así sea, hágalo Yahvé; que mantenga Yahvé tu palabra que has vaticinado, haciendo volver a este lugar de Babilonia los utensilios de la casa de Yahvé y a todos los cautivos." Pero oye lo que delante de todo el pueblo voy a decirte: Los profetas que desde antiguo antes de mí y antes de ti fueron, profetizaron a numerosos países y a grandes reinos la guerra, la desventura y la peste. El profeta que profetiza paz, por el cumplimiento de su profecía habrá de ser tenido por profeta, enviado en verdad por Yahvé. Tomó entonces el profeta Ananías el yugo del cuello de Jeremías, profeta, y lo rompió, diciendo delante de todo el pueblo: Esto dice Yahvé: “Así romperé yo dentro de dos años el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, de sobre el cuello de todos los pueblos.” Y el profeta Jeremías se fue su camino. Después que Ananías, profeta, había roto el yugo de sobre el cuello del profeta Jeremías, tuvo éste palabra de Yahvé, diciendo: “Ve y dile a Ananías: Así dice Yahvé: Has roto un yugo de madera. En su lugar yo haré un yugo de hierro, pues así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Yugo de hierro pondré yo sobre la cerviz de todos estos pueblos, para que estén sometidos a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y le servirán; aun los mismos del campo se los he dado a él." Y dijo el profeta Jeremías a Ananías, profeta: Escucha, pues, Ananías: No te ha enviado a ti Yahvé, y tú estás dando a este pueblo falsas esperanzas;" por eso así dice Yahvé: He aquí que voy a quitarte de sobre la haz de la tierra; este mismo año morirás por haber predicado la rebelión contra Yahvé." Y murió el profeta Ananías en ese mismo año, en el séptimo mes. Estas son las palabras de la carta que desde Jerusalén envió Jeremías profeta al resto de los ancianos de la cautividad, a los sacerdotes, a los profetas y a todo el pueblo que de Jerusalén había llevado Nabucodonosor a Babilonia, después de haber salido Jeconías, el rey, la reina, los eunucos, los notables de Judá y de Jerusalén, los herreros y los carpinteros, (llevada) por mano de Elasa, hijo de Safan, y de Gamarías, hijo de Helcías, a quienes mandó Sedecías, rey de Judá, a Babilonia a Nabucodonosor, rey de Babilonia. Decía: Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel, a todos los cautivos que yo he desterrado de Jerusalén a Babilonia: Construid casas y habitadlas, plantad huertos y comed sus frutos. Tomad mujeres y engendrad hijos e hijas. Dad mujeres a vuestros hijos, y maridos a vuestras hijas, y tengan hijos e hijas; multiplicaos allí en vez de disminuir." Procurad la prosperidad de la ciudad adonde os he deportado y rogad por ella a Yahvé, pues su prosperidad será vuestra prosperidad. Porque así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: No os dejéis engañar por vuestros profetas que habitan entre vosotros y por vuestros adivinos. No escuchéis su sueño. Porque mienten cuando os profetizan en mi nombre. Yo no los he enviado. Oráculo de Yahvé. Pues así dice Yahvé: Cuando se cumplan los setenta años de Babilonia, os visitaré y mantendré para con vosotros mi palabra venturosa de volveros a este lugar. Pues yo conozco mis designios para con vosotros — oráculo de Yahvé — , designios de paz y no de desventura, de daros un porvenir y una esperanza. Me llamaréis y vendréis a suplicarme, y yo os escucharé; me buscaréis y me hallaréis." Me buscaréis y me hallaréis si me buscareis de todo corazón. Y me dejaré hallar de vosotros — oráculo de Yahvé — ; yo haré volver a vuestros desterrados, y os reuniré de entre todos los pueblos y de todos los lugares a que os arrojé — oráculo de Yahvé — y os haré volver a este lugar de que os eché." Como vosotros decís: Yahvé nos ha suscitado profetas en Babilonia, pues así dice Yahvé del rey que se sienta en el trono de David y de todo el pueblo que mora en esta ciudad, vuestros hermanos, que no salieron con vosotros al destierro. Así dice Yahvé de los ejércitos: He aquí que yo mandaré contra ellos la espada, el hambre y la peste; los tornaré en higos que de malos no pueden comerse," y los perseguiré con la espada, el hambre y la peste, y los haré objeto de terror para todos los reinos de la tierra, maldición, espanto, ludibrio y oprobio entre todos los pueblos a los que los arrojaré, por no haber escuchado mis palabras — oráculo de Yahvé — , que muy pronto y reiteradamente les anuncié por mis siervos los profetas, a quienes yo envié y no los escucharon — oráculo de Yahvé. Vosotros, pues, todos los cautivos que yo he llevado de Jerusalén a Babilonia, oíd la palabra de Yahvé: Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel, a Acab, hijo de Qolayah, y a Sedecías, hijo de Masayah, que mentirosamente os profetizan en mi nombre: He aquí que yo les entregaré en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que los ajusticiará a vuestros ojos, y quedará de ellos, entre los cautivos de Judá que están en Babilonia, la maldición: “¡Haga contigo Yahvé como con Sedecías y Acab, a quienes asó al fuego el rey de Babilonia!” Por haber hecho iniquidades en Israel, haber adulterado con las mujeres de sus prójimos y haber hablado mentirosamente en mi nombre, sin que yo les mandara. Yo lo sé y lo atestiguo. Oráculo de Yahvé. Y a Semeyas el Nejlamita dile: Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Por cuanto tú has mandado en tu nombre cartas a todo el pueblo de Jerusalén, y a Sofonías, hijo de Masayah, sacerdote, y a todos los sacerdotes, diciéndoles: Yahvé te ha hecho sacerdote en lugar del sacerdote Yoyadah, para que, como prefecto, vigiles en el templo de Yahvé a todo demente que quiera hacer el profeta y lo hagas encadenar y poner en el cepo. Ahora, pues, ¿por qué no has reprendido a Jeremías el de Anatot, que anda profetizando entre vosotros? Pues hasta nos ha enviado un mensaje a nosotros a Babilonia, diciendo: “Eso será largo. Construid casas y habitadlas, plantad huertos y comed sus frutos.” Y el sacerdote Sofonías leyó a Jeremías profeta esta carta, y Yahvé habló a Jeremías, dicién-dole: Manda a decir a todos los cautivos: Esto dice Yahvé sobre Semeyas el Nejlamita: Por haberos profetizado Semeyas sin que yo le haya enviado, y haberos hecho concebir falsas esperanzas, por eso dice Yahvé: He aquí que yo castigaré a Semeyas el Nejlamita y a su descendencia. No tendrá descendencia que habite en medio de este pueblo y vea el bien que yo haré a mi pueblo — oráculo de Yahvé — , por haber predicado la rebeldía contra Yahvé. Llegó a Jeremías palabra de Yahvé, diciendo: Así dice Yahvé, Dios de Israel: Escribe en un libro todo cuanto yo te he dicho, porque he aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que haré volver los desterrados de mi pueblo, Israel y Judá, y los haré tornar a la tierra que di a sus padres, y la poseerán. Estas son las palabras que ha pronunciado Yahvé sobre Israel y Judá. Pues así dice Yahvé: Oímos gritos de terror, de espanto, no de paz. Preguntad y ved: ¿Es que paren los varones? ¿Por qué, pues, veo a todos los varones con las manos en los lomos como en parto, demudados y amarillos todos sus rostros? ¡Ay! ¡Es el día grande! No hay nada igual a él. Tiempo de angustia para Jacob, pero de él le vendrá la salvación. Y sucederá que en ese día — oráculo de Yahvé de los ejércitos — quebraré el yugo de sobre su cuello y romperé sus coyundas, y no serán más siervos de extranjeros, sino que servirán a Yahvé, su Dios, y a David, su rey, que yo los suscitaré. Y tú, siervo mío Jacob, no temas, oráculo de Yahvé; no tiembles, Israel, porque voy a liberarte de la tierra lejana, y a tu descendencia de la tierra de cautividad. Jacob tornará y vivirá tranquilo y seguro, sin que nadie le perturbe." Porque yo estoy contigo — oráculo de Yahvé — para salvarte; yo llevaré a la ruina a todos los pueblos entre los que te dispersé, pero a ti no te arruinaré, sino que te castigaré con moderación, no te dejaré impune." Así, pues, dice Yahvé: Es incurable tu herida, tu llaga sin remedio. No hay para tu úlcera remedio, no tienes curación Todos tus amadores te han olvidado, no preguntan por ti, pues yo te herí como hiere un enemigo, con cruel castigo, por tus grandes maldades, por la magnitud de tus pecados. ¿A qué gritas por tu herida? Es incurable tu mal. Por tus grandes maldades, por la magnitud de tus pecados, te he tratado así. Pero todos los que te devoraron serán devorados, tus enemigos irán todos al destierro. Tus saqueadores serán saqueados, y tus expoliadores serán expoliados. Ciertamente te restituiré a la salud, pues voy a sanar tus heridas — oráculo de Yahvé — , porque te llamaron la “desterrada,” Sión, de quien nadie se cuida. Así dice Yahvé: He aquí que voy a restablecer los tabernáculos de Jacob, y me compadeceré de sus tiendas, y se reedificará la ciudad sobre su teso de ruinas, y el palacio se asentará en su debido lugar. Y saldrán de ellos cantos de alabanza y voces de los que se alegran, y los multiplicaré, y no serán disminuidos; los engrandeceré, y no serán empequeñecidos." Y serán sus hijos como en el pasado, y su congregación estará firme ante mí, y castigaré a todos sus opresores. Y su jefe saldrá de ella misma, de en medio de ella saldrá su soberano, y yo le haré acercarse y se allegará a mí, pues ¿quién, si no, intentaría acercarse a mí? Oráculo de Yahvé. Y vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios. He aquí que el huracán de la ira divina se desencadena y una tempestad se desata y descargará sobre la cabeza de los malvados. No volverá atrás la cólera de Yahvé hasta ejecutar y cumplir los designios de su corazón. Vosotros los conoceréis al fin de los tiempos. En aquel tiempo — oráculo de Yahvé — seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellos serán mi pueblo. Así dice Yahvé: Halló gracia en el desierto el pueblo escapado de la espada; se fue a su reposo Israel." Desde lejos se le hizo ver Yahvé. Con amor eterno te amé, por eso te he mantenido favor. De nuevo te edificaré y serás edificada, virgen de Israel. Todavía volverás a adornarte con tus tímpanos y saldrás en alegres danzas. Todavía plantarás viñas en las alturas de Samaría, y los que las planten las gozarán. Porque vienen días en que los atalayas clamarán en el monte de Efraím: ¡Levantaos y subamos a Sión, a Yahvé, nuestro Dios! Pues así dice Yahvé: Exultad por Jacob con alegría, gritad loores a la primera de las naciones, publicad, alabad y exclamad: Yahvé ha salvado a su pueblo, a los restos de Israel. He aquí que los voy a hacer venir de la tierra del aquilón, y los reuniré de los extremos de la tierra, entre ellos al ciego y al rengo, a la embarazada y a la recién parida juntamente, Qué gran comunidad la que vuelve! Salieron entre llantos, y los guiaré con consolaciones; yo los guiaré a las corrientes de las aguas, por caminos llanos para que no tropiecen, pues yo soy el Padre de Israel, y Efraím es mi primogénito." Oíd, naciones, la palabra de Yahvé, dadla a conocer a las lejanas islas, y decid: El que dispersó a Israel lo congrega y lo protege como el pastor a su rebaño. Pues Yahvé ha redimido a Jacob, le rescató de mano más fuerte que él. Vienen dando gritos de júbilo por las alturas de Sión, afluyendo para gozar de los bienes de Yahvé: el trigo, el vino, el aceite, los corderos y los terneros; y será su alma como jardín regado, y no volverán a languidecer." Entonces la virgen danzará alegre en el corro, jóvenes y viejos, todos juntos; trocaré en júbilo su tristeza, los consolaré y convertiré su pena en alegría." Saciaré a los sacerdotes de la grosura de las víctimas, y se hartará mi pueblo de mis bienes, oráculo de Yahvé. Así dice Yahvé: Una voz se oye en Rama, un lamento, amargo llanto. Es Raquel que llora a sus hijos y rehusa consolarse por sus hijos, pues ya no existen. Así dice Yahvé: Cese tu voz de gemir, tus ojos de llorar, porque hay compensación a tus penas. Hay aún esperanza para tu porvenir, oráculo de Yahvé. Volverán tus hijos a su territorio. Oigo a Efraím lamentarse: “Tú me has castigado y yo recibí la reprensión como novillo indómito. Conviérteme y yo me convertiré, pues tú eres Yahvé, mi Dios.” Porque después de mi defección me he arrepentido; luego que entré en mí, heríme el muslo. Estoy confuso y avergonzado, pues llevo sobre mí el oprobio de mi mocedad." ¿No es Efraím mi hijo predilecto, mi niño mimado? Pue cuantas veces trato de amenazarle, me acuerdo de él; por eso se conmueven mis entrañas por él, y tengo que tener piedad de él, oráculo de Yahvé." Ponte hitos, alza jalones, pon toda atención en la calzada, el camino que antes recorriste. Vuelve, virgen de Israel, retorna a estas tus ciudades. ¿Hasta cuándo has de andar titubeando, hija descarriada? Pues hará Dios una cosa nueva en la tierra: la hembra rodeará al varón. Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Todavía se dirán estas palabras en la tierra de Judá y sus ciudadades cuando yo haga volver a sus cautivos: “Bendígate Yahvé, sede de justicia, monte de santidad. Pues habitarán en ella Judá y todas sus ciudades juntamente, los agricultores y los pastores de rebaños. Porque yo saciaré a toda alma desfallecida y hartaré a toda alma languideciente. Por esto, al despertar y ver, me fue dulce mi sueño. He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que yo sembraré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombres y de simiente de , y sucederá que lo mismo que velé sobre ellos para arrancar y destruir, para arruinar y devastar, así velaré sobre ellos para edificar y plantar, oráculo de Yahvé. En esos días no se dirá más: “Los padres comieron agraces y los hijos sufrieron la dentera,” sino que cada uno morirá por su propia iniquidad. Quien coma el agraz, ése sufrirá la dentera. He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que yo haré alianza con la casa de Israel y la casa de Judá, no como la alianza que hice con sus padres cuando, tornándolos de la mano, los saqué de la tierra de Egipto, pues ellos quebrantaron mi alianza y yo los rechacé — oráculo de Yahvé — . Porque ésta será la alianza que yo haré con la casa de Israel después de aquellos días, oráculo de Yahvé: Yo pondré mi ley en su interior y la escribiré en su corazón, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. No tendrán que enseñarse unos a otros ni los hermanos entre sí, diciendo: “Conoced a Yahvé,” sino que todos me conocerán, desde los pequeños a los grandes, oráculo de Yahvé, porque les perdonaré sus maldades y no me acordaré más de sus pecados. Así dice Yahvé: Yo he puesto al sol para que luzca de día, las leyes a la luna y a las estrellas para que luzcan de noche; el que conturba el mar y hace bramar sus olas tiene por nombre Yahvé de los ejércitos." Si dejaran de regir estas leyes ante mí — oráculo de Yahvé — , también cesará la descendencia de Israel de ser ante mí una nación por siempre, Así dice Yahvé: Si pueden medirse arriba los cielos y descubrirse por abajo los fundamentos de la tierra, entonces repudiaré yo a toda la descendencia de Israel por lo que han hecho, oráculo de Yahvé. He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que será edificada para Yahvé la ciudad desde la torre de Jananeel hasta la puerta del Ángulo, y saldrá derecho el cordel de medir hasta la colina de Gareb, y dando vuelta después hacia Goa, todo el valle de los cadáveres y de la ceniza y todos los campos hasta el torrente de Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los Caballos, hacia oriente, serán consagrados a Yahvé, y no serán ya jamás destruidos y devastados. Palabra que fue dirigida a Jeremías de parte de Yahvé el año décimo de Sedéelas, rey de Judá, que fue el año dieciocho de Nabucodonosor. Entonces el ejército del rey de Babilonia cercaba a Jerusalén, y el profeta Jeremías estaba encerrado en el atrio de la guardia del palacio del rey de Judá, pues Sedecías, el rey de Judá, le había encarcelado, diciéndole: ¿Por qué profetizas asegurando que Yahvé dice que entregará la ciudad en manos del rey de Babilonia, que la tomará, y Sedéelas, rey de Judá, no escapará a las manos de los caldeos, sino que será entregado en manos del rey de Babilonia y hablará con él boca a boca, y sus ojos verán sus ojos, y llevará a Sedéelas a Babilonia, y allí estará hasta que le visite — oráculo de Yahvé — , y aunque hagáis la guerra a los caldeos, no tendréis éxito ? Y afirmó Jeremías: Se me ha dirigido la palabra de Yahvé, diciendo: He aquí que Janameel, hijo de Sellum, tu tío, vendrá a decirte: Cómprame el campo que tengo en Anatot, pues a ti te corresponde adquirirlo por razón de rescate. Vino, pues, a mí Janameel, el hijo de mi tío, según lo que me había dicho Yahvé, al atrio de la guardia, y me dijo: Cómprame el campo de Anatot, en tierra de Benjamín, pues te corresponde su posesión por razón de rescate. Entendí, pues, que era palabra de Yahvé, y compré el campo a Janameel, mi primo de Anatot, pagándole diecisiete siclos de plata. Hice el contrato por escrito, lo sellé, tomé testigos y pesé la plata en la balanza, y recibí el contrato de venta sellado y el acta de las estipulaciones abierta, y se lo entregaré todo a Baruc, hijo de Nerías, hijo de Masías, en presencia de Janameel, mi primo, y de los testigos que habían firmado el contrato y de todos los judíos que se hallaban en el atrio de la guardia. Y delante de todos di a Baruc esta orden: Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Toma esos documentos, ese contrato de venta, el sellado y el abierto, y mételos en un recipiente de barro cocido para que puedan conservarse largo tiempo. Porque así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Todavía se comprarán en esta tierra campos y viñas. Después de haber entregado el contrato de venta a Baruc, hijo de Nerías, dirigí a Yahvé esta oración: ¡Ah Señor, Yahvé ! Tú has hecho los cielos y la tierra con tu gran poder y tu brazo extendido. ¡Nada es difícil a ti! Tú eres el que haces gracia a millares y quien retribuye la culpa de los padres sobre el seno de los hijos después de ellos, el Dios grande, el fuerte, cuyo nombre es Yahvé de los ejércitos, grande en el consejo, poderoso en la obra, cuyos ojos están abiertos para ver los caminos de los hijos de los hombres y dar a cada uno según su camino y según el fruto de sus obras;" el que hizo maravillas y portentos en la tierra de Egipto hasta el día de hoy en Israel y en los (otros) hombres, y te has hecho un nombre, como lo es en el día de hoy, y sacaste a Israel, tu pueblo, de la tierra de Egipto, en medio de maravillas y portentos, con mano fuerte y brazo tendido y en medio de gran pavor, y les diste esta tierra que prometiste dar a sus padres, tierra que mana leche y miel, y, entrados en ella, la poseyeron, pero ellos escucharon tu voz ni anduvieron en tu ley, y no hicieron lo que mandaste hacer, y has llamado contra ellos esta desventura. He aquí que ya tocan a la ciudad los terraplenes para tomarla, y la ciudad será presa de los caldeos, que la combaten con la espada, el hambre y la peste, y como tú anunciaste, así ha sucedido, bien lo ves tú. Y ahora, cuando la ciudad va a caer en manos de los caldeos, me dices, ¡oh Yahvé!: “Compra el campo y toma testigos.” Y fue palabra de Yahvé a Jeremías, diciendo: Mira, yo soy Yahvé, Dios de toda carne. ¿Hay algo difícil para mí? Por eso así dice Yahvé: He aquí que entregaré esta ciudad en manos de los caldeos y en manos de Nabucodoiiosor, rey de Babilonia, que la tomará, y vendrán los caldeos, que atacan esta ciudad, y la pegarán fuego y la quemarán; quemarán las casas en cuyos terrados quemaban incienso a Baal y ofrecían libaciones a los dioses extraños para irritarme," pues lo mismo los hijos de Israel que los hijos de Judá no hacen más que el mal a mis ojos desde su juventud, pues los hijos de Israel no hacen más que irritarme con las obras de sus manos, oráculo de Yahvé. Objeto de ira y de furor ha sido siempre para mí esta ciudad desde el día en que fue edificada hasta hoy para que la haga desaparecer delante de mí, por el mal que los hijos de Israel y los hijos de Judá han hecho para irritarme, ellos, sus reyes y sus príncipes, sus sacerdotes, sus profetas, las gentes de Judá y los habitantes de Jerusalén. Me han vuelto la espalda en vez de darme la cara; yo los he amonestado desde muy temprano y sin cesar, pero ellos no han querido oír ni recibir la corrección." Han puesto sus abominaciones hasta en la casa en que se invoca mi nombre, profanándola. Han edificado los lugares altos de Baal que se hallan en el valle de Ben-Hinnom, para pasar (por el fuego) a sus hijos y a sus hijas en honor de Moloc, cosa que yo nunca les maridé ni nunca me propuse. ¡Cometer abominaciones semejantes y hacerse Judá reo de tal crimen! Por eso dice ahora Yahvé, Dios de Israel, de esta ciudad de la que vosotros decís: Ha sido entregada en manos del rey de Babilonia por la espada, por el hambre y por la peste. He aquí que los reuniré de todos los países en que los dispersé en mi cólera, en mi indignación y en mi furor, y los haré volver a este lugar para que en él habiten seguros. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios. Yo les daré un solo corazón, un solo camino, para que siempre me teman y siempre les vaya bien, a ellos y a sus hijos después de ellos. Y haré con ellos una alianza eterna de no dejar de hacerles bien, y pondré mi temor en su corazón para que no se aparten de mí, y me gozaré en ellos al hacerles bien, y los plantaré firmemente en esta tierra con todo mi corazón y toda mi alma. Porque así dice Yahvé: Como he traído sobre este pueblo todos estos grandes males, así traeré sobre ellos todo este bien que digo de ellos, y habrá todavía poseedores de esta tierra, que vosotros decís desierta, por rio quedar en ella hombre ni bestia y haber sido entregada en manos de los caldeos. Se comprarán campos, dando por ellos el precio en plata; se harán contratos escritos, se sellarán y se aducirán testigos en tierra de Benjamín, en las ciudades de Judá, en las de la montaña, y en las del llano, y en las del mediodía, porque yo haré volver a sus desterrados, oráculo de Yahvé." Fue dirigida la palabra de Yahvé a Jeremías por segunda vez mientras estaba preso en el atrio de la guardia, diciéndole: Así dice Yahvé, el que ha hecho la tierra y la ha formado y afirmado; Yahvé es su nombre." Llámame y yo te responderé, y te comunicaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces, pues así dice Yahvé, Dios de Israel, de las casas de esta ciudad y de los palacios de los reyes de Judá, destruidos para servir de baluartes para resistir a los caldeos, llenándose con los cadáveres de los hombres que yo herí en mi furor y en mi indignación, ocultando mi rostro a esta ciudad por todas sus maldades. He aquí que yo les restituiré la salud, los sanaré y les descubriré abundancia de paz y de verdad;" yo haré volver a los cautivos de Judá y a los de Israel y los reconstruiré como al principio, y los limpiaré de todas las iniquidades que contra mí cometieron, y les perdonaré todas las culpas y todas sus rebeliones contra mí, y será para mi renombre, alegría, alabanza y magnificencia entre todos los pueblos de la tierra, que oirán todo el bien que yo les haré y temblarán y se turbarán de tanto bien y de tanta paz como yo les daré. Así dice Yahvé: Todavía en estos lugares de que vosotros decís: Son un desierto sin hombres y sin bestias; en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, sin habitantes, sin bestias," se oirán voces de júbilo y voces de alegría, los cantos del esposo y los cantos de la esposa, voces que cantarán: “Alabad a Yahvé de los ejércitos, porque es bueno, porque es eterna su misericordia,” y de los que llevan al templo sus oblaciones, porque yo haré volver a los desterrados de esta tierra como estaban antes, oráculo de Yahvé. Así dice Yahvé de los ejércitos: Todavía habrá en estos lugares desiertos, sin hombres ni bestias, y en todas sus ciudades, majadas, donde los pastores apriscarán a sus rebaños;" en las ciudades de la montaña, en las del llano y en las del mediodía, en la tierra de Benjamín y en torno a Jerusalén, y en las ciudades de Jerusalén, todavía pasará el ganado bajo la mano del que lo cuenta, oráculo de Yahvé. He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que yo cumpliré la buena palabra que yo he pronunciado sobre la casa de Israel y sobre la casa de Judá. En esos días y en ese tiempo, yo suscitaré a David un renuevo de justicia que hará derecho y justicia sobre la tierra. En esos días será salvado Judá, y Jerusalén habitará confiadamente, y se llamará “Yahvé, justicia nuestra.” Porque así dice Yahvé: No faltará a David un varón que se siente sobre el trono de la casa de Israel. Y a los sacerdotes levitas no les faltará tampoco varón a mi servicio que ofrezca holocausto y queme la ofrenda y sacrifique todos los días. Y recibió Jeremías palabra de Yahvé, diciendo: Así dice Yahvé: Si rompéis mi pacto con el día y mi pacto con la noche, para que no sea día y noche a su debido tiempo, entonces se romperá mi pacto con David, mi siervo, para que no tenga hijo que reine sobre su trono, y mi pacto con los levitas sacerdotes, mis ministros. Como no pueden contarse las milicias celestes ni las arenas del mar, así multiplicaré yo la descendencia de David, mi siervo, y a los levitas, mis ministros. Y recibió Jeremías palabra de Yahvé, diciendo: ¿No ves lo que dicen estas gentes?: “Las dos familias que eligió Yahvé, las dos las ha repudiado,” y desprecian a mi pueblo por no ser ya a sus ojos una nación. Así dice Yahvé: Si no he hecho yo pacto con el día y con la noche, ni he dado leyes a los cielos y a la tierra, entonces repudiaré yo a la descendencia de Jacob y de David, mi siervo, prohibiendo tomar de su progenie jefes para la raza de Abraham, de Isaac, de Jacob, pues yo haré volver a mis cautivos, tendré piedad de ellos. Palabra de Yahvé que recibió Jeremías mientras Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército y todos los reinos de la tierra sometidos a su dominación y todos sus pueblos, atacaba a Jerusalén y a todas sus ciudades. Así dice Yahvé, Dios de Israel: Ve a Sedecías, rey de Judá, y dile: Así dice Yahvé: He aquí que voy a entregar esta ciudad en manos del rey de Babilonia, que le pegará fuego, y tú no escaparás de sus manos, sino que serás hecho prisionero y le serás entregado, y verás con tus ojos al rey de Babilonia, y te hablará boca a boca, y serás llevado a Babilonia. Oye, pues, ¡oh Sedecías, rey de Judá! lo que dice Yahvé: Esto es lo que te dice a ti: No morirás a la espada, morirás en paz, y como se quemaron perfumes (en los funerales de) tus padres, los reyes que te han precedido, así se quemarán también en los tuyos, y se te harán lamentaciones: ¡Ay señor! pues yo soy quien lo digo, oráculo de Yahvé. El profeta dijo todo esto a Sedecías, rey de Judá, en Jerusalén, mientras el ejército del rey de Babilonia estaba atacando a Jerusalén y a las otras ciudades de Judá que no se habían rendido, a Lakis y Azeqah, pues sólo ellas habían quedado entre las ciudades amuralladas de Judá. Palabra de Yahvé que recibió Jeremías después de haber hecho el rey Sedecías un convenio con todo el pueblo de Jerusalén de que se publicara la manumisión, dejando cada uno libres a sus esclavos y esclavas hebreos, hombres y mujeres, a fin de que no fuera retenido como esclavo ningún judío o judía por un hermano suyo. Todos los magnates y todo el pueblo, que habían aceptado este convenio, consintieron en libertar cada uno a sus esclavos y esclavas y no retenerlos en la esclavitud; consintieron y los libertaron;" pero se arrepintieron luego, y reclamaron los esclavos y esclavas que habían liberado y los obligaron de nuevo a ser esclavos y esclavas. Recibió, pues, Jeremías palabra de Yahvé, diciendo: Así dice Yahvé, Dios de Israel: Yo hice con vuestros padres un pacto al tiempo que los saqué de Egipto, de la casa de la esclavitud, diciéndoles: al fin del año séptimo, cada uno dará libertad al hermano hebreo que se le haya vendido; te servirá durante seis años, pero luego le liberarás; pero vuestros padres no me obedecieron, no me dieron oídos." Vosotros hoy os habéis convertido y habéis hecho bien a mis ojos, proclamando la sumisión de vuestros hermanos, y habéis hecho ese pacto en mi presencia, en la casa en que se invoca mi nombre;" luego os habéis vuelto atrás, habéis profanado mi nombre, habéis vuelto a retraer cada uno a sus siervos y siervas que habíais liberado, reduciéndolos de nuevo a la servidumbre y haciéndolos vuestros esclavos y esclavas. Por eso, así dice Yahvé: Vosotros no me habéis escuchado, proclamando cada uno la manumisión de su hermano y de su prójimo; he aquí que yo os proclamo la manumisión — oráculo de Yahvé — para la espada, para la peste y para el hambre, y haré de vosotros objeto de terror para todos los reinos de la tierra," y haré de los que han quebrantado mi pacto y no han guardado las palabras de la alianza que ante mí sellaron como el becerro que partieron en dos mitades, entre cuyos trozos pasaron. Los grandes de Judá, los grandes de Jerusalén, los eunucos, los sacerdotes y todo el pueblo de esta tierra pasarán por entre las partes del becerro, y los entregaré en manos de sus enemigos, en las manos de los que buscan sus vidas, y sus cadáveres serán pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra;" y a Sedecías, rey de Judá, y a sus príncipes, los entregaré en manos de sus enemigos, en manos de los que de muerte los persiguen, en manos del rey de Babilonia, que de vosotros se ha retirado. He aquí que les daré orden — oráculo de Yahvé — y los haré volver a esta ciudad, y la combatirán y la tomarán y la incendiarán, y haré de las ciudades de Judá un desierto, y no habrá quien las habite. Palabra que Jeremías recibió de Yahvé en tiempo de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá: Anda y vete a casa de los recabitas. Habíales y tráelos a la casa de Yahvé, a una de las cámaras, y dales a beber vino. Yo tomé a Jazanías, hijo de Jeremías, hijo de Jabasinías; a sus hermanos y a todos sus hijos y a toda la familia de los recabitas," y los introduje en el templo, en la cámara de los hijos de Janán, hijo de Jegdelías, hombre de Dios, que está junto a la cámara de los príncipes, debajo de la de Mahasías, hijo de Sallum, el guardia del vestíbulo. Y puse ente los recabitas jarras y copas llenas de vino, diciéndoles: “Bebed vino.” Pero ellos me contestaron: No bebemos vino, pues Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, nos mandó: No bebáis vino jamás, ni vosotros ni vuestros hijos, ni construyáis casas, ni hagáis siembras, ni plantéis ni poseáis viñas, sino que habitaréis en tiendas todo el tiempo de vuestra vida, para que viváis muchos días sobre la tierra en la que sois peregrinos. Nosotros hemos obedecido a la voz de Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, en cuanto nos mandó no beber vino en los días de nuestra vida, ni nosotros, ni nuestras mujeres, ni nuestros hijos, ni nuestras hijas, y no edificar casas, y no tenemos viñas ni campos de sembradura, sino que habitamos en tiendas, como lo mandó Jonadab, nuestro padre. Pero cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió a nuestra tierra, nos dijimos: Vamos a refugiarnos en Jerusalén para escapar al ejército de los caldeos y al ejército de Aram, y venimos a habitar en Jerusalén. Y dirigió Yahvé la palabra a Jeremías, diciendo: Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Ve y di a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: ¿No aprenderéis a obedecer mis palabras? Oráculo de Yahvé. Las palabras de Jonadab, hijo de Recab, son obedecidas: mandó a sus hijos no beber vino, y no lo han bebido hasta hoy, cumpliendo el mandato de su padre, y yo os he hablado tantas y tantas veces, y no me habéis obedecido. Os he enviado una y otra vez a mis siervos los profetas para deciros: Convertios de vuestros malos caminos, enmendad vuestras obras y no os vayáis tras de los dioses ajenos para darles culto, y habitaréis la tierra que os he dado a vosotros y a vuestros padres; pero no me habéis dado oídos, no me habéis obedecido." Los recabitas han obedecido a lo que les mandó su padre, pero este pueblo no me ha obedecido a mí. Por eso, así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Yo haré venir sobre Judá y sobre todos los habitantes de Jerusalén todos los males con que los he amenazado, pues les he hablado, y no me han oído; los he llamado, y no me han respondido." Pero al clan de los recabitas les dijo Jeremías: Por haber obedecido al mandato de Jonadab, vuestro padre, cumpliendo cuanto os mandó, por eso así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: No dejará de haber siempre ante mi presencia un varón de la estirpe de Jonadab, hijo de Recab, que me sirva. El año quinto de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, recibió Jeremías palabra de Yahvé, diciéndole: Toma un volumen y escribe en él todo cuanto yo te he dicho contra Jerusalén, y contra Judá, y contra todas las naciones desde el día en que te hablé en tiempo de Josías hasta hoy, a ver si, oyendo la casa de Judá todos los males que yo pienso traer sobre ella, se convierte cada uno de sus malos caminos, y yo les perdonaré sus iniquidades y pecados. Llamó, pues, Jeremías a Baruc, hijo de Nerías, y escribió éste en un volumen, dictándole Jeremías, todas las palabras que Yahvé le había dicho. Y le dijo Jeremías a Baruc: Yo estoy impedido de poder ir a la casa de Yahvé;" vete, pues, tú y en el libro que a mi dictado has escrito lee las palabras de Yahvé, oyendo el pueblo en el templo en un día de ayuno y oyendo todos los que vienen de todo Judá y de sus ciudades, a ver si acaso sus oraciones llegan a la presencia de Yahvé y se convierte cada uno de sus malos caminos, porque grande es el furor y la indignación con que amenaza Yahvé a este pueblo. Hizo, pues, Baruc, hijo de Nerías, lo que había mandado Jeremías, profeta, y leyó en el libro las palabras de Yahvé en la casa de Yahvé. Sucedió, pues, el año quinto de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno, que se promulgó un ayuno a todo el pueblo de Jerusalén y a todos cuantos venían a Jerusalén de las ciudades de Judá, y leyó Baruc el libro de los sermones de Jeremías en el templo, en la cámara de Gamarías, hijo de Safan, escriba, en el vestíbulo superior, a la entrada de la Puerta Nueva del templo, oyendo todo el pueblo. Y habiendo oído Miqueas, hijo de Gamarías, hijo de Safan, las palabras de Yahvé del libro, bajó al palacio del rey, a la cámara del escriba, donde se hallaban todos los grandes: Elisama, escriba; Dalaías, hijo de Semeía, y Elnatán, hijo de Ajabor, y Gamarías, hijo de Safan, y Sedecías, hijo cíe Ananías, y todos los dignatarios," y les comunicó Miqueas todo lo que había oído leer a Baruc del volumen ante el pueblo. Mandaron, pues, todos los magnates a Judí, hijo de Natanías, hijo de Selemías, hijo de Cusí, para decir a Baruc: Ven y trae el volumen que has leído al pueblo. Tomó, pues, Baruc el volumen y vino con él a ellos, que le dijeron: Siéntate y léenos eso a nosotros, y se lo leyó Baruc. Cuando oyeron, pues, todo aquello, mostráronse unos a otros atónitos, y dijeron a Baruc: Tenemos que comunicar esto al rey, y le dijeron: Indícanos cómo has escrito tú esto. Baruc les dijo: El me dictaba todas estas palabras de su propia boca, y yo lo escribía con tinta en el libro. Y dijeron los magnates a Baruc: Ve y escóndete, y que se esconda también Jeremías, sin que sepa nadie dónde estáis. Ellos se fueron al rey, al atrio, dejando el volumen en la cámara de Elisama, escriba, y dijeron al rey lo que pasaba. Mandó el rey a Judí que llevara el volumen, y éste lo tomó de la cámara de Elisama y lo leyó en presencia del rey y en presencia de todos los dignatarios que estaban junto a él. Estaba el rey en las habitaciones de invierno; era el noveno mes, y tenía delante de sí un brasero encendido," y, según iba leyendo Judí tres o cuatro columnas, lo iba rasgando (el rey) con el cuchillo del escriba, y lo arrojaba al fuego del brasero, hasta que lo quemó todo. No temieron ni rasgaron sus vestiduras ni el rey ni sus cortesanos que oyeron todas aquellas palabras. Sin embargo, Elnatán, Dalaías y Gamarías rogaron al rey que no quemara el volumen; pero éste no les oyó," y mandó el rey a Jeremiel, hijo de Amelec, y a Sarayas, hijo de Ezriel, y a Selemías, hijo de Abdeel, que apresaran a Baruc, escriba, y a Jeremías, profeta; pero Yahvé los ocultó." Después que el rey quemó el volumen de los sermones de Jeremías que había escrito Baruc al dictado de aquél, recibió Jeremías palabra de Yahvé, que le dijo: Toma un nuevo volumen y escribe en él todos los sermones anteriores que había en el primero, que quemó Joaquim, rey de Judá, y a Joaquim, rey de Judá, le dirás: Así dice Yahvé: Tú has quemado aquel volumen, diciendo: ¿Por qué has escrito esto anunciando que vendrá el rey de Babilonia y devastará esta tierra, no dejando en ella hombre ni jumento? Pues así dice Yahvé contra Joaquim, rey de Judá: No tendrá descendiente que le suceda en el trono de David, y su cadáver será arrojado al calor del día y al frío de la noche, y le pediré cuenta a él y a su descendencia y a sus siervos de sus iniquidades, y traeré sobre ellos, y sobre los habitantes de Jerusalén, y sobre los hombres de Judá, todos los males que les he anunciado y ellos no han querido oír. Tomó, pues, Jeremías otro volumen y se lo dio a Baruc, hijo de Nerías, escriba, el cual escribió de boca de Jeremías todos los sermones que quemó Joaquim, rey de Judá, y se añadieron todavía otros muchos como aquéllos. Reinó Sedecías, hijo de Josías, en lugar de Jeconías, hijo de Joaquim. Fue Nabucodonosor, rey de Babilonia, quien le hizo rey de la tierra de Judá. Y no obedecieron él, sus siervos y el pueblo de la tierra a las palabras que había hablado Yahvé por medio de Jeremías, profeta, y envió el rey Sedecías a Jucal, hijo de Selemías, y a Sofoías, hijo de Mahasías, sacerdote, a Jeremías, profeta, diciéndole: Ruega por nosotros a Yahvé, nuestro Dios. Y Jeremías andaba libremente entre el pueblo, pues todavía no le habían encarcelado. Salió entonces de Egipto el ejército del faraón, y, al saber la nueva, los caldeos que asediaban a Jerusalén se retiraron de allí. Y recibió Jeremías, profeta, palabra de Yahvé, diciéndole: Así dice Yahvé, Dios de Israel: Decid al rey de Judá que os ha mandado a preguntarme: He aquí que el ejército del faraón que ha venido en socorro vuestro se tendrá que volver a su tierra de Egipto, y volverán los caldeos a combatir esta ciudad, y la tomarán e incendiarán. Así dice Yahvé: No os engañéis a vosotros mismos, diciéndoos: “Se irán los caldeos de nosotros,” porque no se irán. Pero, aunque destrozarais a todo el ejército caldeo que lucha contra vosotros y no quedasen de él más que algunos heridos, éstos saldrían de sus tiendas y pegarían fuego a esta ciudad. Cuando se había retirado de Jerusalén el ejército caldeo por la venida del ejército del faraón, salía Jeremías de Jerusalén para ir a tierra de Benjamín a hacer una partición en medio del pueblo;" pero, al llegar a la puerta de Benjamín, el jefe de la guardia, llamado Jerías, hijo de Selamías, hijo de Ananías, apresó a Jeremías, diciendo: ¡Tú vas a pasarte a los caldeos! Jeremías respondió: Mentira, no voy a pasarme a los caldeos. Pero no escuchó Jerías a Jeremías, y, arrestándole, le condujo a los jefes, que, airados contra Jeremías, le hicieron azotar y encerrar en la cárcel que había en la casa de Jonatán, escriba, de la cual habían hecho prisión. Y entró Jeremías y fue metido en una cisterna abovedada, y estuvo allí mucho tiempo. Mandó a buscarle el rey Sedéelas, y le preguntó en secreto en el palacio: ¿Hay palabra de Yahvé? Sí, la hay, contestó Jeremías: Serás entregado en manos del rey de Babilonia. Y dijo Jeremías al rey Sedecías: ¿Qué pecado he cometido yo contra tí, contra tus cortesanos y contra tu pueblo, para que me hayáis metido en la cárcel? Dónde están ahora vuestros profetas, que os profetizaban diciendo: No vendrá el rey de Babilonia contra vosotros y contra esta tierra? Óyeme, pues; ¡oh rey, mi señor! te lo ruego; acoge mi súplica y no me vuelvas a la prisión de la casa de Jonatán, escriba, porque moriré allí." Mandó, pues, el rey Sedecías que fuese llevado al vestíbulo de la guardia y se le diese cada día una torta de pan de la calle de los Horneros, mientras no faltase del todo el pan en la ciudad. Así quedó Jeremías en el vestíbulo de la guardia. Oyeron Safatías, hijo de Matan; Guedelías, hijo de Pasjur; Jucal, hijo de Selemías, y Pasjur, hijo de Melquías, que Jeremías decía delante de todo el pueblo:" Así dice Yahvé: Todos cuantos se queden en esta ciudad morirán de espada, de hambre y de peste; el que huya a los caldeos vivirá y tendrá la vida por botín." Así dice Yahvé: Con toda certeza, esta ciudad caerá en manos del ejército del rey de Babilonia, que la tomará. Y dijeron los magnates al rey: Hay que matar a ese hombre, porque con eso hace flaquear las manos de los guerreros que quedan en la ciudad, y las de todo el pueblo, diciéndoles cosas tales. Este hombre no busca la paz de este pueblo, sino su mal. Díjoles el rey Sedecías: En vuestras manos está, pues no puede el rey nada contra vosotros. Prendieron, pues, a Jeremías y le metieron en la cisterna de Melquías, hijo del rey, que está en el vestíbulo de la cárcel, bajándole con cuerdas a la cisterna, en la que no había agua, aunque sí lodo, y quedó Jeremías metido en el lodo. Oyó Abdemelec, etíope, eunuco de la casa real, que habían metido a Jeremías en la cisterna. El rey estaba entonces en la puerta de Benjamín. Salió Abdemelec del palacio, y fue a decir al rey: Rey, mi señor, han hecho mal esos hombres tratando así a Jeremías, profeta, metiéndole en la cisterna para que muera allí de hambre, pues no hay ya pan en la ciudad. Mandó el rey a Abdemelec el etíope, diciéndole: Toma contigo tres hombres y saca de la cisterna a Jeremías antes de que muera. Tomando, pues, consigo Abdemelec a los hombres, se dirigió al ropero del palacio, y tomó de allí unos cuantos vestidos usados y ropas viejas, que con cuerdas se hizo llegar a Jeremías en la cisterna. Y dijo Abdemelec el etíope a Jeremías: Ponte estos trapos y ropas viejas debajo de los sobacos, sobre las cuerdas. Hízolo así Jeremías, y sacaron con las cuerdas a Jeremías de la cisterna, y quedó Jeremías en el vestíbulo de la cárcel. El rey Sedéelas mandó buscar a Jeremías y le hizo llevar junto a la tercera entrada del templo, y allí le dijo: Voy a preguntarte una cosa. No me ocultes nada. Dijo Jeremías a Sedecías: Si te la digo, me harás matar; y si te doy un consejo, no lo seguirás." Hizo, pues, en secreto Sedecías a Jeremías este juramento: Vive Yahvé, que no ha dado la vida a nosotros, que no te daré la muerte y que no te entregaré a esos que buscan tu vida. Dijo entonces Jeremías a Sedecías: Así dice Yahvé de los ejércitos: Si sales y vas a entregarte a los jefes del rey de Babilonia, salvarás tu vida, y esta ciudad no será dada a las llamas, te salvarás tú y tu familia;" pero, si no sales a entregarte a los jefes del rey de Babilonia, caerá esta ciudad en manos de los caldeos, que la incendiarán, y tú no te escaparás de sus manos. Y dijo el rey Sedecías a Jeremías: Temo que me entreguen a los judíos que se han pasado a los caldeos, y aquéllos me escarnezcan. Contestóle Jeremías: No te entregarán. Oye lo que te digo de parte de Yahvé, y te saldrá bien y vivirás. Y si no quieres salir, mira lo que me ha mostrado Yahvé: Todas las mujeres que han quedado en el palacio serán llevadas a los jefes del rey de Babilonia, y he aquí que dirán: “¡Te han engañado y te han vencido tus amigos, han hundido en el lodo tus pies, te volvieron la espalda!” Y todas las mujeres y tus hijos serán llevados a los caldeos, y tú no escaparás a sus manos, sino que serás entregado al rey de Babilonia, y esta ciudad será incendiada. Dijo, pues, el rey Sedecías a Jeremías: Que nadie sepa nada de esto, y no morirás. Si saben los magnates que he hablado contigo y vienen a decirte: Cuéntanos lo que has dicho al rey, no nos ocultes nada; si no, te mataremos, y dinos lo que el rey te ha dicho," les responderás: He suplicado al rey que no me haga volver a la casa de Jonatán, pues moriría allí. Vinieron, en efecto, los magnates a Jeremías y le preguntaron; y él les dijo lo que el rey había mandado decir, y le dejaron, pues nada se había sabido." Quedó Jeremías en el vestíbulo de la guardia hasta el día en que fue tomada Jerusalén. Y sucedió que fue tomada Jerusalén. El año noveno de Sedecías, rey de Judá, en el décimo mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército a Jerusalén y la sitió, y el año undécimo de Sedecías, el cuarto mes, se abrió la brecha, y penetraron en la ciudad los jefes del rey de Babilonia y ocuparon la puerta del medio: Nergalsareser, Samgar-Nebo, Sarsakim, “rabsaris”; Nergalsareser, “rabmag,” y todos los otros jefes del rey de Babilonia." Al verlos Sedecías, rey de Judá, y todos sus hombres de guerra, huyeron, saliendo de noche de la ciudad por el camino del jardín real, por la puerta de entre los dos muros, y se dirigieron hacia el Araba. El ejército de los caldeos los persiguió, y alcanzó a Sedecías en las estepas de Jericó, llevándole preso a Nabucodonosor, rey de Babilonia, que estaba en Ribla, en la tierra de Jamat. El rey de Babilonia pronunció contra él su sentencia. Hizo matar en Ribla a los hijos de Sedecías, a la vista de éste; dio muerte a los nobles de Judá," e hizo sacar los ojos a Sedecías y le cargó de cadenas para llevarlo a Babilonia. Los caldeos prendieron fuego al palacio real y a las otras casas y arrasaron las murallas de Jerusalén. El resto de los habitantes que había quedado en la ciudad, los huidos que se habían pasado a los caldeos y todo el resto del pueblo, los deportó a Babilonia Nabuzardán, jefe de la guardia. A los pobres del pueblo, que no tenían nada, los dejó Nabuzardán, jefe de la guardia, en la tierra de Judá, y les dio viñas y campos de labor. Nabucodonosor, rey de Babilonia, había dado orden a Nabuzardán, jefe de su guardia, respecto de Jeremías, diciéndole: Préndele y mira por él y no le hagas mal alguno, sino que haz con él según te diga. Y Nabuzardán, jefe de la guardia, y Nabusezbán, “rabsaris”; Negalsareser, “rabmag,” y todos los otros jefes del rey de Babilonia," mandaron sacar a Jeremías del vestíbulo de la guardia y se lo encomendaron a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan, para que le llevase a su casa, y quedó habitando en medio del pueblo. Jeremías había recibido palabra de Yahvé, mientras estaba preso en el vestíbulo de la guardia, diciéndole: Ve y di a Abdemelec el etíope: Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Yo cumpliré mis palabras sobre esta ciudad, para su mal, no para su bien; esto sucederá a tus propios ojos en ese día." Entonces yo te libraré — oráculo de Yahvé — y no serás entregado en manos de los hombres a quienes temes. Yo te salvaré y no caerás a la espada, y será salva tu vida, porque confiaste en mí. Oráculo de Yahvé. Palabra de Yahvé que recibió Jeremías después que Nabuzardán, jefe de la guardia, le dejó ir de Rama, donde le halló cargado de cadenas en medio de los cautivos de Jerusalén y de Judá que iban deportados a Babilonia. El jefe de la guardia real dijo a Jeremías: Yahvé, tu Dios, había amenazado con males este lugar, y los ha traído sobre él, como lo anunció, porque habéis pecado contra Yahvé y no habéis escuchado su voz; por eso os ha sucedido esto." Y ahora he aquí que te quito hoy las cadenas de tus manos; si quieres venir conmigo a Babilonia, ven, que yo miraré por ti; pero, si te desagrada venir conmigo a Babilonia, déjalo; tienes la tierra toda a tu disposición. Ve a donde mejor te parezca." Y como aún no se decidiera a volver, vuélvete (le dijo) a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan, a quien ha hecho el rey de Babilonia gobernador de las ciudades de Judá, y habita con él en medio del pueblo, o vete a donde tú mejor quieras. Diole también el jefe de la guardia provisiones, le hizo regalos y le despidió. Vino, pues, Jeremías a Godolías, hijo de Ajicam, que residía en Misfa, y habitó con él en medio del pueblo que había quedado en la tierra. Guando todos los jefes de tropas que se habían dispersado por la campiña supieron, ellos y sus hombres, que el rey de Babilonia había hecho gobernador de la tierra a Godolías, hijo de Ajicam, encomendándole los hombres, las mujeres y niños y los pobres de la tierra que no habían sido deportados a Babilonia, vinieron a Godolías, en Misfa, Ismael, hijo de Natanías; Yojanán y Jonatán, hijos de Carcaj; Serayas, hijo de Tanjumet; los hijos de Efay, de Netofa, y Jezonías, hijo del Mahakatí, ellos y sus hombres," y los conjuró Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan, a ellos y a sus compañeros: “No temáis servir a los caldeos; habitad en la tierra, servid al rey de Babilonia, y os reportará bien." Yo me quedo en Misfa para representar al país ante los caldeos que vengan a nosotros, pero vosotros haced la vendimia, recoged las mieses y el aceite y guardadlos en vuestros recipientes, y quedaos en las ciudades que habitáis,” También todos los judíos que estaban en Moab, entre los hijos de Amón, en Idumea y en todas las otras regiones, al oír que el rey de Babilonia había dejado un resto de Judá y que les había dado por gobernador a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan, volvieron de todas las regiones en que se habían dispersado, y vinieron a la tierra de Judá, a Godolías, en Misfa, y recogieron vino y mieses en gran abundancia. Pero vinieron a Godolías, en Misfa, Yojanán, hijo de Careaj, y todos los jefes del ejército que se habían dispersado por la campiña, y le dijeron: “¿Sabes que Baalís, rey de los hijos de Arrimón, ha mandado a Ismael, hijo de Natanías, para darte muerte?” No lo creyó Godolías, hijo de Ajicam. y Yojanán, hijo de Careaj, llevó aparte a Godolías y le dijo: “Yo iré y mataré a Ismael, hijo de Natanías, sin que nadie lo sepa; no te mate él a ti y se dispersen todos los judíos que se han reunido en torno tuyo y perezcan los restos de Judá.” Y le contestó Godolías, hijo de Ajicam: “No hagas eso, pues lo que dices de Ismael es falso.” Y sucedió que el séptimo mes vino Ismael, hijo de Natanías, hijo de Elisama, de sangre real, de los magnates de la corte, con otros diez a Godolías, hijo de Ajicam, en Misfa, y comieron juntos en Misfa. Y se levantó Ismael, hijo de Natanías, y con él los diez que le acompañaban, y mataron a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan, al que había puesto de gobernador de la tierra el rey de Babilonia, y mataron también a todos los judíos que le acompañaban en Misfa, y a los caldeos que se encontraban allí. Al segundo día de haber muerto Godolías, sin que nadie lo supiera todavía, vinieron unos hombres de Siquem, de Silo y de Samaría, ochenta en número, rasurada la barba, rasgadas las vestiduras e incisas las carnes, que traían en sus manos oblaciones e incienso para ofrecerlos en el templo de Yahvé. Salióles al encuentro Ismael, hijo de Natanías, de Misfa. Iban llorando, y, al llegar a ellos, les dijo: Venid a ver a Godolías, hijo de Ajicam. Cuando estuvieron en medio de la ciudad, los mató Ismael con los que le acompañaban, arrojándolos a la cisterna. Hubo entre ellos diez que dijeron a Ismael: No nos mates, que tenemos en el campo gran cantidad de trigo y de cebada, de aceite y de miel. Dejólos y no los mató con los demás. La cisterna en que arrojó Ismael todos los cadáveres de los hombres a quienes mató es una gran cisterna que hizo construir el rey Asa cuando se defendía de Baasa, rey de Israel. Esta es la que llenó de cadáveres Ismael, hijo de Natanías. Llevó cautivo Ismael a todo el resto del pueblo que se hallaba en Misfa, a las hijas del rey y a todo el pueblo que en Misfa había quedado, al cual había dado Nabuzardán, jefe de la guardia real, por gobernador a Godolías, hijo de Ajicam. Ismael, hijo de Natanías, se los llevó cautivos hacia la tierra de los hijos de Amón. Yojanáii, hijo de Qareaj, y los jefes de tropas que con él estaban, supieron todo el mal que había hecho Ismael, hijo de Natanías, y, tomando todos sus hombres, salieron en persecución de Ismael, hijo de Natanías, y le alcanzaron cerca del gran estanque de Gabaón. Todo el pueblo que estaba con Ismael se alegró al ver a Yojanán, hijo de Qareaj, y los jefes de tropas que le acompañaban, y todo el pueblo que Ismael llevaba a Misfa dio la vuelta y se fue con Yojanán, hijo de Qareaj. Ismael, hijo de Natanías, con otros ocho, huyó delante de Yojanán, y se refugió entre los hijos de Amón. Tomaron, pues, Yojanán, hijo de Qareaj, y todos los jefes de tropas que le acompañaban, a todo el resto del pueblo que Ismael, hijo de Natanías, había llevado de Misfa después de haber matado a Godolías, hijo de Ajicam; hombres y mujeres, niños y eunucos que había traído de Gabaón," y se volvieron, deteniéndose en los apriscos de Kimham, cerca de Belén, para desde allí dirigirse a Egipto, huyendo de los caldeos, a quienes temían por haber matado Ismael, hijo de Natanías, a Godolías, hijo de Ajicam, puesto por el rey de Babilonia como gobernador del país. Todos los jefes de las tropas, Yojanán, hijo de Qareaj; Jezonías, hijo de Osaías 1 , y todo el pueblo, chicos y grandes, se acercaron a Jeremías" y le dijeron: Acepta nuestro ruego y pide por nosotros a Yahvé, tu Dios; por todos estos restos, pues de muchos hemos quedado pocos, como tú ves." Que Yahvé, tu Dios, nos dé a conocer el camino que debemos seguir y lo que hemos de hacer. El profeta Jeremías les dijo: Os oigo, y pediré por vosotros a Yahvé, vuestro Dios, según vuestros deseos. Todo cuanto me responda Yahvé os lo comunicaré, sin ocultaros nada. Y ellos dijeron a Jeremías: Sea Yahvé contra nosotros testigo verdadero y fiel si no hiciéramos en todo según la palabra que Yahvé, tu Dios, te mande para nosotros. Bueno o malo, seguiremos el mandato de Yahvé, a quien te enviaremos para que nos suceda bien, obedeciendo a la voz de Yahvé, nuestro Dios. Pasados diez días, recibió Jeremías palabra de Yahvé;" y llamó a Yojanán, hijo de Qareaj, y a todos los jefes de tropas que con él estaban, y a todo el pueblo, chicos y grandes, y les dijo: Así dice Yahvé, Dios de Israel, a quien me habéis mandado para presentarle vuestros ruegos: “Si os quedáis tranquilos en esta tierra, yo os edificaré y no os destruiré, os plantaré y no os arrancaré, pues me pesa ya del mal que os he hecho, No os dé miedo el rey de Babilonia, a quien teméis; no temáis de él — oráculo de Yahvé — , pues yo estoy con vosotros para salvaros y libraros de sus manos." Os otorgaré misericordia y se apiadará de vosotros y os dejará en vuestra tierra. Pero si decís: No queremos seguir en esta tierra, y no escucháis la voz de Yahvé, vuestro Dios, diciendo: Nos iremos a la tierra de Egipto, donde no veremos ya la guerra ni oiremos el sonido de la trompeta y no habrá falta de pan, allí habitaremos, entonces, resto de Judá, escuchad la palabra de Yahvé: Así dice Yahvé de los ejércitos: Si volvéis vuestros ojos a Egipto para iros allá y habitar en él, la espada que teméis os alcanzará sobre la tierra de Egipto; el hambre que receláis os sobrevendrá en Egipto y os hará morir allí." Y todos cuantos vuelvan el rostro hacia Egipto para ir a habitar allí, morirán de espada, de hambre y de peste; ni uno solo escapará ni se librará del mal que yo haré venir sobre ellos," porque así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Lo mismo que ha estallado mi cólera y mi furor contra los habitantes de Jerusalén, así estallará mi furor contra vosotros si os vais a Egipto, y seréis objeto de execración, de horror, de maldición y de oprobio, y no veréis más esta tierra. He aquí la palabra de Yahvé para vosotros, resto de Judá: No vayáis a Egipto. Sabed que yo os lo advierto hoy solemnemente. Ciertamente os engañáis a vosotros mismos. Me habéis mandado a Yahvé, nuestro Dios, diciendo: Intercede por nosotros cerca de Yahvé, nuestro Dios. Todo lo que diga Yahvé, nuestro Dios, comunícanoslo, y nosotros lo haremos. Yo os lo hago saber hoy, y vosotros no escucháis la voz de Yahvé, nuestro Dios, lo que me ha encargado deciros. Sabed, pues, que certísimamente moriréis de espada, de hambre y de peste en el lugar adonde queréis iros a habitar. Sucedió, pues, que, cuando Jeremías acabó de hablar a todo el pueblo las palabras de Yahvé, su Dios, todo cuanto Yahvé, su Dios, le había encargado decirles, Azarías, hijo de Mahasías; Yojanán, hijo de Qareaj, y todos los hombres soberbios, dijeron a Jeremías: Es mentira lo que dices, no te ha enviado Yahvé, nuestro Dios, para decirnos: No vayáis a habitar en Egipto." Es Baruc, hijo de Nerías, que te incita contra nosotros para entregarnos a los caldeos, para que nos den muerte o nos deporten a Babilonia. De este modo, Yojanán, hijo de Qareaj; todos los jefes y todo el pueblo, desoyeron la orden de Yahvé de quedarse en la tierra de Judá." Y Yojanán, hijo de Qareaj, y todos los jefes de tropas tomaron a los restos de Judá que habían vuelto de las regiones todas en que se habían dispersado para habitar en la tierra de Judá, los hombres, las mujeres, los niños, las hijas del rey y todos cuantos Nabuzar-dán, jefe de la guardia real, había dejado con Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan, y a Jeremías profeta, y a Baruc, hijo de Nerías, y entraron en Egipto, desoyendo la voz de Yahvé, y llegaron a Tafnes. Y recibió Jeremías palabra de Yahvé en Tafnes, diciéndole: Toma con tu mano unas piedras grandes y mételas en un mortero en el empedrado, junto a la entrada de la casa del faraón en Tafnes, en presencia de los judíos. Y diles: Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Yo mandaré a buscar a Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, que asentará su trono sobre estas piedras que acabo de colocar y extenderá sobre ellas su tapiz. Vendrá y batirá la tierra de Egipto: los que a la muerte, a la muerte; los que al cautiverio, al cautiverio; los que a la espada, a la espada." Y pegará fuego a los templos de los dioses de Egipto, y los abrasará, y los conducirá cautivos, y despiojará la tierra de Egipto como despioja el pastor su zamarra, y saldrá de allí en paz. Y romperá los obeliscos del templo del Sol en Egipto, y quemará los templos de los dioses de Egipto. Palabra que fue dirigida a Jeremías respecto de todos los judíos que habitaban en tierra de Egipto, en Migdol, Tafnes, Menfis y en la región de Pairos. Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Vosotros habéis visto todos los males que yo he traído sobre Jerusalén y sobre todas las ciudades de Judá, desiertas hoy, sin que nadie las habite, por las iniquidades que cometieron, provocando mi ira y yéndose a ofrecer incienso a los dioses ajenos, que no conocían ni ellos ni sus padres. Yo os mandé repetidamente a mis siervos los profetas, diciéndos: No hagáis esas abominaciones que detesto. Y no obedecieron ni dieron oídos, convirtiéndose de sus maldades y dejando de ofrecer incienso a los dioses ajenos. Y estalló mi cólera y se encendió mi furor sobre las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, convertidas en desierto y devastación, como hoy están• Ahora, pues, así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: ¿Por qué cometéis contra vosotros mismos ese gran mal de hacer que perezcan hombres y mujeres, niños , de en medio de Judá, sin que quede resto alguno de vosotros, provocándome con las obras de vuestras manos, ofreciendo incienso a los dioses ajenos en la tierra de Egipto, que habéis venido a habitar, y desaparezcáis y seáis maldición y oprobio de todas las gentes de la tierra? ¿Habéis, por ventura, olvidado las iniquidades de vuestros padres, de los reyes de Judá, de vuestros magnates, las vuestras y las de vuestras mujeres, las cometidas en la tierra de Judá y en las calles de Jerusalén? No se han arrepentido todavía hoy. No han tenido temor ni han seguido mis preceptos, los que os di a vosotros y a vuestros padres. Por tanto, así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Yo volveré a vosotros mi rostro para mal y exterminaré a todo Judá, y tomaré a los restos de Judá que volvieron su rostro a Egipto para venir a habitar en él, y perecerán todos en tierra de Egipto, caerán por la espada, morirán de hambre desde el más pequeño hasta el más grande, morirán de espada y de hambre, y serán execración, asombro, maldición y oprobio. Yo ajustaré cuentas a los que habitan en tierra de Egipto, como las ajusté a los de Jerusalén, por la espada, por el hambre y por la peste. No habrá fugitivos ni supervivientes de los restos de Judá venidos a habitar en Egipto que vuelvan a la tierra de Judá, objeto de las ansias de su alma, a la que querrían volver para habitar, si no es algún fugitivo. Entonces todos los hombres, sabedores de que sus mujeres ofrecían incienso a los dioses ajenos, y todas las mujeres, reunidos en gran asamblea, y todos los del pueblo que habitaban en Egipto, en la región de Pairos, respondieron a Jeremías: No te escucharemos en lo que nos dices en nombre de Yahvé, sino que persistiremos en hacer todo cuanto nos venga en boca, quemando incienso a la reina del cielo y ofreciendo libaciones, como antes hemos hecho e hicieron nuestros padres, nuestros reyes y nuestros magnates en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, viéndonos entonces hartos de pan y felices, sin experimentar la desdicha, mientras que, desde que dejamos de quemar incienso a la reina del cielo y ofrecerle libaciones, carecemos de todo y nos consume la espada y el hambre. Y si nosotros quemamos incienso a la reina del cielo y le ofrecemos libaciones, ¿es acaso sin nuestros maridos como hacemos las tortas para ofrecerlas a su imagen y hacerle las libaciones? Y dijo Jeremías a todo el pueblo, a los hombres y a las mujeres, a todos los que así le habían respondido: ¡Qué! El incienso que en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén quemasteis vosotros, vuestros magnates y todo el pueblo, vuestros padres y vuestros reyes, ¿no lo ha recordado Yahvé y no lo ha tenido presente? No podía ya soportar Yahvé la malicia de vuestras perversidades y vuestras abominaciones, y por eso vuestra tierra ha sido convertida en un desierto inhabitado, hecha horror y maldición como está hoy. Por haber quemado incienso a los ídolos, pecando contra Yahvé, sin oír su voz ni seguir su ley, sus preceptos y sus amonestaciones, por eso han venido sobre vosotros todos esos males que hoy padecéis. Dijo, pues, Jeremías a todo el pueblo y a todas las mujeres: Oíd la palabra de Yahvé todos los de Judá que habitáis en la tierra de Egipto: Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel. Vosotros y vuestras mujeres lo decís con vuestra boca y lo haréis con vuestras manos; decís: Cumpliremos los votos que hemos hecho de quemar incienso a la reina del cielo y ofrecerle libaciones. Ciertamente los cumpliréis, ciertamente los pondréis por obra." Oíd, pues, la palabra de Yahvé los de Judá que habitáis en Egipto: Yo juro por mi gran nombre — oráculo de Yahvé — que no será ya más pronunciado mi nombre por boca de ningún hombre de Judá, diciendo: ¡Viva el Señor, Yahvé, en toda la tierra de Egipto! Yo velaré sobre ellos para mal, no para bien, y todos los varones de Judá que habitan en tierra de Egipto serán consumidos por la espada y por el hambre hasta que perezcan del todo, y los que escapen a la espada volverán de la tierra de Egipto a la tierra dé Judá, muy pocos en número, y los restos de Judá que han entrado en tierra de Egipto sabrán qué palabra es la que se cumpie, si la mía o la suya. Y he aquí la señal — oráculo de Yahvé — de que yo os pediré cuentas en este lugar y de que se realizará mi palabra contra vosotros para vuestro mal. Así dice Yahvé: Yo entregaré al faraón Hofra, rey de Egipto, en manos de sus enemigos, en manos de los que buscan su vida, como entregué a Sedecías, rey de Judá, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su enemigo, que buscaba su vida. Palabra que dijo Jeremías, profeta, a Baruc, hijo de Nerías, cuando escribía estas cosas al dictado de Jeremías, el cuarto año de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá. Así dice Yahvé, Dios de Israel, a ti Baruc: Tú dices: ¡Ay mísero de mí, que Yahvé no hace más que añadir dolor a mi dolor! ¡Me canso de gemir, y no hallo reposo! Así dice Yahvé: Dile esto: He aquí que lo que yo había edificado lo destruyo, lo que había plantado lo arranco, y esto en todo el país. Y tú pides para ti grandes cosas. No las pidas, pues mientras yo hago venir males sobre toda carne, te dejo a ti salva la vida dondequiera que vas. Palabra de Yahvé a Jeremías contra las gentes. Acerca de Egipto: Contra el ejército del faraón Necao, rey de Egipto, que estaba en Carquemis, junto al río Eufrates, al que derrotó Nabucodonosor, rey de Babilonia, el cuarto año de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá. Preparad escudo y broquel, avanzad hacia el combate, aparejad los caballos. A montar, caballeros; formad, el casco en la cabeza; bruñid las lanzas, ceñid la loriga." ¿Qué veo? Están consternados, vuelven la espalda. Batidos los más valientes, han huido por completo, sin volverse. Terror por doquier, oráculo de Yahvé. No escapará el más veloz, no escapará el más aguerrido. Al norte, a orillas del Eufrates, resbalaron y cayeron. ¿Quién es ese que sube como el Nilo, cuyas aguas rugen como torrentes? Es Egipto, que sube como el Nilo, cuyas aguas rugen como torrentes, que dice: Subiré e inundaré la tierra, devastaré las ciudades con sus moradores. ¡Adelante la caballería, avancen furiosos los carros, salgan los héroes! ¡Etíopes y libios, el escudo al brazo; lidios, los que tensan el arco!" Ese día es el día del Señor, Yahvé de los ejércitos, día de venganza contra sus enemigos. La espada devorará, se hartará, se embriagará de su sangre. Día de sacrificio al Señor, Yahvé de los ejércitos, en tierras del norte, junto al río Eufrates, ¡Sube a Galaad en busca de bálsamo, virgen hija de Egipto ! En vano multiplicarás los remedios, no hay cura para ti. Oyeron las gentes tu ignominia, y tus alaridos llenaron la tierra. Tropezó el héroe con el héroe, y ambos juntamente cayeron. Palabra que dijo Yahvé a Jeremías, profeta, sobre la venida de Nabucodonosor, rey de Babilonia, para batir al país de Egipto: Anunciadlo en Egipto, pregonadlo en Migdol, proclamadlo en Menfis y en Tafnes, decid: ¡Arriba! ¡Preparaos ! porque la espada va a devorar en tu alrededor. ¿Cómo ha huido Apis, tu toro? No ha aguantado, porque Yahvé lo derribó. Muchos han tropezado y aun han caído; dícense unos a otros: ¡Arriba! volvámonos a nuestros pueblos, a la tierra en que nacimos, ante la espada destructora." Llamad al faraón, rey de Egipto, “Ruido a destiempo”. Vivo yo, dice el rey;" Yahvé de los ejércitos es su nombre. Como el Tabor entre los montes y el Carmelo junto al mar vendrá. Lía el hato del cautiverio, moradora hija de Egipto, pues Menfis se convertirá en un desierto, devastada, sin habitantes. Es Egipto una herniosa novilla; del norte ha venido el tábano a picarla," Sus mercenarios en medio de ella eran como novillos cebados, pero también ellos volvieron la espalda, huyeron todos y no resistieron cuando les llegó el día de su infortunio, el día de su cuenta. Su voz es como (silbido de) serpiente que anda, pues vienen con gran poderío, llegan a ella con hachas, como leñadores de la selva. Talan su bosque, oráculo de Yahvé, porque es impenetrable, pues son más numerosos que la langosta; nadie puede contarlos." Ha sido confundida la hija de Egipto, entregada en manos del pueblo del norte. Dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Yo voy a castigar a Amón de Tebas y al faraón y a los que en él confían. Y los entregaré en manos de los que buscan su vida, en manos de Nabucodonosor, rey de Babel, y en manos de sus subditos, y después de esto (Egipto) volverá a ser habitado como antes, palabra de Yahvé. Pero tú, siervo mío, Jacob, no temas; no desmayes, Israel. He aquí que yo te salvaré de tierra lejana, y libraré a tu descendencia del país del destierro, y volverá Jacob y descansará seguro y sin temor." No temas, no, siervo mío, Jacob, palabra de Yahvé, que yo estoy contigo y destruiré a todas las naciones en que te he dispersado, pero a ti no te exterminaré, sino que te castigaré conforme a juicio y no te dejaré impune. Palabra que dirigió Yahvé a Jeremías sobre los filisteos antes que el faraón tornara Gaza. Así dice Yahvé: He aquí que las aguas suben del norte, son como torrente desbordado, inundan la tierra en toda su amplitud, la ciudad y sus moradores. Lanzan gritos los hombres, y se lamentan todos los habitantes de la tierra al estrépito de los cascos de sus caballos, al estruendo de los carros, al retumbar de sus ruedas. Los padres no cuidan de sus hijos, se les debilitan los brazos. Es que llega el día, el día de la ruina de los filisteos, de arrancar a Tiro y a Sidón cuantos auxiliares le quedan. Es Yahvé, que va a destruir a los filisteos, a los restos de la isla de Caftor;" Gaza ha sido rasurada, Ascalón ha enmudecido; resto de los Anaqim4, ¿hasta cuándo te harás incisiones?" ¡Ay espada de Yahvé! ¿Hasta cuándo no tendrás reposo? ¡Vuelve a tu vaina, descansa y reposa! ¿Cómo va a cesar, si es Yahvé quien la manda? Contra Ascalón y la costa del mar ha sido dirigida. Sobre Moab. Así habla Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: ¡Ay de Nebo! Está devastada. Confundida y conquistada está Quiriatayim, confundida y derruida la ciudadela. ¡No existe ya la gloria de Moab! ¡En Hesebón se trama su mal! “¡Ea! ¡Borrémosla de entre los pueblos!” ¡También tú, Madmen, sucumbirás! ¡Tras ti caminará la espada! Gritos se oyen de Joronáyim, devastación, ruina inmensa. Moab está quebrantada, los alaridos se oyen hasta Segor4. Por la subida de Lujit se sube con llanto, por la bajada de Joronáyim se oyen gritos de angustia. Huid, salvaos, sed como el onagro en el desierto. Por haber puesto tu confianza en tus obras y tus tesoros, también tú serás tomada. Saldrá Gamos para el destierro, y con él sus sacerdotes y sus magnates. Entrará el devastador en todas las ciudades, ninguna se salvará, El valle será arrasado; el llano, devastado. ¡Yahvé lo ha dicho!" Dad alas a Moab para que emprenda el vuelo. Sus ciudades se convertirán en desierto, sin que haya quien las habite. ¡Maldito el que ejecute negligentemente la obra de Yahvé, y maldito quien retraiga la espada de la sangre! Tranquilo estuvo Moab desde su adolescencia, reposado sobre sus heces; no había sido trasegado de tinaja en tinaja, llevado al destierro. Por eso conservó su gusto y no se disipó su aroma." Por eso ahora vienen días, dice Yahvé, en que yo le mandaré trasegadores que le trasegarán, que vaciarán sus tinajas y las romperán. Y se avergonzará Moab de Gamos como la casa de Israel se avergonzó de Betel, su confianza. ¿Cómo decíais: Somos valientes, hombres fuertes para la lucha? El devastador de Moab sube contra tus ciudades, la flor de su juventud baja para la matanza. Oráculo del Rey, Yahvé de los ejércitos es su nombre. Ya se acerca la ruina de Moab, y su mal corre velozmente. Lloradle todos sus vecinos; todos los que por la fama le conocéis, decid: ¿Cómo ha sido roto el cetro poderoso, el báculo glorioso?" Desciende de tu magnificencia y siéntate en el cieno, moradora hija de Dibón, que ya sube contra ti el devastador de Moab, que arrasará tus fortalezas. ¡Sal al camino y atalaya, habitante de Aroer! pregunta a los huidos, a los que se han salvado; diles: “¿Qué pasó?” Avergonzado está Moab, ha sido derrotado. Clamad, gritad. Anunciadlo en el Arnón: ¡Moab está devastado! Ha venido el juicio sobre el país de la meseta, sobre Jolón, sobre Yahasa, y sobre Mefaat, y sobre Dibón, sobre Nebo, sobre Bet-Diblataim, sobre Quiriat-Yearim, sobre Bat-Gamul, sobre Bet-Mehón, sobre Queriot y sobre Bosra, y sobre todas las ciudades de la tierra de Moab, cercanas y lejanas. El cuerno de Moab ha sido abatido, roto ha sido su brazo, oráculo de Yahvé. Emborrachadle, pues se alzó contra Yahvé. Y Moab se revolcará en su vómito, convirtiéndose en objeto de burla. ¿No te burlabas de Israel? ¿Ha sido acaso sorprendido entre ladrones para que al hablar de él muevas la cabeza ? Abandonad las ciudades y habitad en las rocas, habitantes de Moab, y sed como la paloma que anida al borde de los precipicios. Hemos oído de la soberbia de Moab, jactanciosa sobremanera de su orgullo, su altanería, su arrogancia, de la altivez de su corazón. Yo conozco su jactancia — oráculo de Yahvé — , sus vanas bravatas, sus fútiles obras. Por eso me lamento por Moab, y clamo por Moab todo, y gimo por las gentes de Quir-Jeres;" más que por Yaser, lloro por ti, viña de Sibma. Tus sarmientos atravesaron el mar y se extendían hasta Yaser. Sobre tu cosecha y tu vendimia ha caído el devastador. Huyeron el regocijo y la alegría de los vergeles y campiña de Moab. Yo he vaciado el vino de tus tinajas; no pisará ya más el lagarero. La canción ya no es canción." Los alaridos de Hesebón llegan hasta Elalé, hasta Yahsa lanzan su voz, desde Soar hasta Joronáyim, hasta Eglat-Selisiya, pues también las aguas de Nimrim se convierten en desolación. Yo haré desaparecer de Moab — oráculo deYahvé — al que sube al lugar alto a ofrecer incienso a sus dioses. Por eso mi corazón suspira como una flauta por Moab, por las gentes de Quir-Jeres, por la pérdida de cuantos bienes habían adquirido. Toda cabeza ha sido rapada, toda barba rasurada; sobre todas las manos hay incisiones, y sobre los lomos sacos." Sobre todos los terrados de Moab y en sus plazas no hay más que llantos, porque he roto a Moab como se rompe un cacharro enojoso, oráculo de Yahvé. ¡Cómo ha sido quebrantado! ¡Lamentaos! ¡Cómo volvió Moab las espaldas vergonzosamente! Se convertirá en objeto de burla y de espanto para cuantos le rodean. Pues así habla Yahvé: He aquí que viene volando como el águila y extiende sobre Moab sus alas. Las ciudades han sido tornadas, asaltadas sus fortalezas, y entonces el corazón de los guerreros de Moab será aquel día como el corazón de mujer en parto. Y dejará Moab de ser una nación por haberse alzado contra Yahvé. Terror, hoya y red contra ti, moradora de Moab, oráculo de Yahvé. El que escape al terror, caerá en la hoya; el que se libre de la hoya, será cogido en la red. Yo haré venir todo esto contra Moab el año de su castigo, oráculo de Yahvé." Se detienen a la sombra de Jesebón, extenuados por la fuga; pues fuego sale de Jesebón, y llamas de en medio de Sijón, y devora las sienes de Moab, la coronilla de los tumultuosos." ¡Ay de ti, Moab! Perdido estás, pueblo de Gamos. Tus hijos han sido tomados cautivos, y tus hijas en cautiverio. Pero al fin de los días yo haré volver a los cautivos de Moab, oráculo de Yahvé. Hasta aquí el juicio de Moab. Sobre los hijos de Amón. Así habla Yahvé: ¿Por ventura no tiene hijos Israel? ¿No tiene heredero? ¿Por qué, pues, Milcom ha heredado a Gad, y su pueblo ocupa sus ciudades? Por eso he aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que yo haré oír contra Rabat, de los hijos de Anión, el grito de guerra: quedará convertido en montón de ruinas, y sus hijas serán quemadas. Y heredará Israel a sus herederos — oráculo de Yahvé. ¡Grita Jesebón Ha sido devastada Hai. Gritad, hijas de Rabat; ceñios cilicios y llorad, porque Milcom será llevado cautivo juntamente con sus sacerdotes y magnates." ¿Por qué te glorías de los valles, de tu valle fértil, oh hija rebelde? Confiada en tus tesoros (decías): ¿Quién vendrá contra mí? He aquí que yo traeré sobre ti el terror, oráculo del Señor, Yahvé de los ejércitos, y os dispersaréis cada uno de su lado, y no habrá quien reúna a los huidos. Y después de esto yo haré volver la cautividad de los hijos de Amón, oráculo de Yahvé. Así dice Yahvé de los ejércitos: ¿No hay sabiduría en Teman? ¿Ha desaparecido el consejo de los inteligentes? ¿Se ha desvanecido su sabiduría? Huid, volved las espaldas, buscad refugios profundos, habitantes de Dedán, porque voy a traer la ruina de Esaú, el tiempo de su castigo. Cuando vengan sobre ti los viñadores, no dejarán rebusco. Cuando de noche te asalten los ladrones, saquearán a su gusto. Soy yo quien despoja a Esaú, yo descubriré sus escondites, no podrá ocultarse. Su descendencia será destruida; sus hermanos y sus vecinos dejarán de ser. ¡Deja a tus huérfanos, que yo los criaré; que cuenten conmigo tus viudas!" -- omitido por paráfrasis -- Porque así dice Yahvé: He aquí que los que no hubieran debido beber el cáliz, han tenido que beberlo, y ¿vas a quedar tú impune? No quedarás, no, lo beberás. Porque he jurado por mí mismo, oráculo de Yahvé, que desolación, objeto de oprobio y de maldición será Bosra, y sus ciudades ruinas por siempre. he recibido de Yahvé una noticia, ha sido enviado un heraldo por los pueblos: Reunios y marchad contra él, alzaos para la guerra. Porque he aquí que te he hecho pequeño entre los pueblos, desprecio de los hombres. Te ha engañado la altanería de tu corazón, tú que habitas en los huecos de las rocas y escalas las crestas de los montes. Aunque pongas tan alto como el águila tu nido, de allí te haré bajar — oráculo de Yahvé — . Edom vendrá a ser objeto de horror; el viandante se quedará estupefacto, y contemplará sus ruinas silbando burlonameiite." Destruido como Sodoma y Gomorra, con sus ciudades vecinas, dice Yahvé. No habrá quien la habite, ni hijo de hombre que en ella more. He aquí que como un león subirá desde los boscajes del Jordán a los pastos siempre verdes. En un momento los arrojaré de ellos y estableceré sobre ella a quien me plazca; pues ¿quién como yo? ¿Quién me pedirá cuentas? ¿Quién es pastor que me hará frente?" Oíd, pues, los designios de Yahvé contra Edom, los planes que traza contra Teman: En verdad que serán conducidos por lo más ruin del rebaño, y a su vista se espantarán los pastizales. Temblará la tierra al fragor de su ruina, y se oirán sus alaridos en el mar Rojo. He aquí que como águila subirá y volará, y extenderá sus alas sobre Bosra, y el corazón de los guerreros de Edom será entonces como el corazón de mujer en parto. Sobre Damasco. Jamat y Arpad están cubiertas de vergüenza, les ha llegado una mala nueva, se conturbaron y se agitan como el mar, y no hallan descanso. Damasco, acobardado, se dispone a la fuga, es presa del terror, siente angustias y terrores como de parturienta. ¡Ha sido abandonada la ciudad gloriosa, la ciudad de la alegría! Por eso caerá en sus plazas su juventud, y todos sus hombres de guerra perecerán en aquel día, oráculo de Yahvé de los ejércitos. Yo pegaré fuego a los muros de Damasco y consumirá los palacios de Ben-Hadad. Contra Cedar y los reinos de Jasor, que batió Nabucodo-sor, rey de Babilonia. Así dice Yahve Levantaos, subid contra Cedar y devastad a los hijos de Oriente. Apodérense de sus tiendas y de sus ganados, de sus pabellones y de todos sus utensilios, apropíense de sus camellos, gritando: “¡Terror por doquier!” Huid, escapad a toda prisa, buscad profundos refugios, habitantes de Jasor, oráculo de Yahve. Porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, ha trazado contra vosotros sus designios y está maquinando contra vosotros un plan. Alzaos, marchad contra una gente tranquila, que mora confiada — oráculo de Yahve — , que no tiene puertas ni cerrojosy habita aislada. Serán vuestro botín sus camellos, y vuestra presa la multitud de sus ganados. Yo dispersaré a todos los vientos a esas sienes rapadas, y de todos los confines haré venir la ruina — oráculo de Yahve — . y se convertirá Jasor en guarida de chacales, por siempre desierta. No morará en ella nadie ni la habitará hijo de hombre. Palabra de Yahve a Jeremías, profeta, acerca de Elam, que le fue dirigida al comienzo del reinado de Sedecías, rey de Judá. Así dice Yahve de los ejércitos: He aquí que yo romperé el arco de Elam, el fundamento de su fuerza. Yo desencadenaré contra Elam los cuatro vientos, de los cuatro confines del cielo. A todos estos vientos los dispersaré, y no habrá nación adonde no lleguen los fugitivos de Elam. Yo haré temblar a Elam ante sus enemigos, ante los que buscan su vida. Yo haré venir sobre ellos el mal, el furor de mi cólera — oráculo de Yahve — . Yo mandaré en su persecución la espada, hasta destruirlos. Yo pondré mi trono sobre Elam y haré perecer al rey y a sus grandes, oráculo de Yahve. Pero al fin de los días haré volver a los cautivos de Elam, oráculo de Yahve. Palabras que dirigió Yahvé a Jeremías, profeta, acerca de Babilonia y de la tierra de los caldeos: Anunciadlo a las gentes, pregonadlo, alzad bandera, publicadlo, no lo calléis, decid: “Babilonia ha sido tornada, avergonzado Bel, vencido está Marduk, confundidos sus ídolos, abatidos sus dioses, Pues del septentrión avanza contra ella un pueblo que hará de su tierra soledad, en que no habitará nadie; hombres y ganados huyeron, desaparecieron." Entonces, en aquellos días, vendrán los hijos de Israel, y con ellos los hijos de Judá. Seguirán su camino llorando y buscarán a Yahvé, su Dios. Preguntarán por el camino de Sión, vuelto hacia ella su rostro: “¡Venid y liguémonos con Yahvé con pacto eterno, que no se olvide jamás!” Rebaño descarriado ha venido a ser mi pueblo. Sus pastores le extraviaron y le hicieron vagar por los montes. Anduvieron de monte en collado, se olvidaron del aprisco. Cuantos los hallaron los devoraban, y se decían sus enemigos: “No hay delito en ello, porque han pecado contra Yahvé, sede de la justicia y esperanza de sus padres, Yahvé.” Huid de en medio de Babilonia, de la tierra de los caldeos salid. Sed como machos cabríos a la cabeza del ganado, porque he aquí que voy a suscitar y lanzar contra Babel un conglomerado de grandes naciones procedentes del norte, que se aprestarán contra ella, y desde allí será conquistada. Sus saetas, como de guerreros adiestrados, no volverán de vacío. Y será dada Caldea al pillaje, y se hartarán todos sus despojadores, oráculo de Yahvé. Aunque os alegréis y os regocijéis,' despojadores de mi heredad; aunque saltéis como novilla sobre la hierba y relinchéis como sementales," grande será la confusión de vuestra madre, la vergüenza de la que os engendró. Será la última de las naciones, desierto, aridez y estepa. La ira de Yahvé la dejará deshabitada, la convertirá en soledad; cuantos pasen por Babel se espantarán, y silbarán por todas las magullaciones." Aprestaos contra Babel en sus contornos cuantos tendéis el arco. Combatidla, no escatiméis las saetas, porque pecó contra Yahvé. Lanzad gritos contra ella alrededor; entrega su mano, caen sus pilares, han sido arrasados sus muros. Es la venganza de Yahvé. Véngaos de ella, haced con ella como ella hizo." Exterminad de Babel al sembrador, al que empuña la hoz en tiempo de siega: Ante la espada devastadora, cada uno se volverá a su pueblo, cada uno huirá a su tierra. Israel es una oveja dispersa; leones la dispersaron. Primero la devoró el rey de Asiría; luego Nabucodonosor, rey de Babilonia, le quebró los huesos." Por eso así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que castigaré al rey de Babel y a su tierra, como castigué al rey de Asiría. Y haré volver a Israel a sus pastizales, y se apacentará en el Carmelo y en Basan, se saciará en el monte de Efraím y de Galaad. Entonces, en aquellos días — oráculo de Yahvé — ”e buscará la iniquidad de Israel, y no se hallará; los pecados de Judá, y no se encontrarán, porque yo seré propicio a los que queden." Sube contra la tierra de Meratáyini y contra los habitantes de Pecod. ¡Mata a espada y extermínalos, oráculo de Yahvé, y haz cuanto yo te he mandado! Estruendo de guerra en la tierra, inmensa ruina. ¿Cómo ha sido roto en pedazos el martillo de toda la tierra? ¿Cómo ha venido a ser Babel horror entre las gentes? Soy yo quien te ha tendido la red, y has quedado presa, ¡oh Babel! sin que te dieses cuenta. Estás tomada, has sido apresada, porque provocaste a Yahvé. Yahvé abrió sus arsenales, ha sacado las armas de su cólera, porque tenía un quehacer el Señor, Yahvé de los ejércitos, en la tierra de los caldeos. Venid desde los últimos confines contra ella, abrid sus graneros, (haced de ella montones como de gavillas y destruid, que no quede nada. Matad todos sus toros, que vayan al matadero. ¡Ay de ellos! les llegó su día, el tiempo de su castigo. Rumor de tumulto de los fugitivos, de los que escapan de la tierra de Babel, anunciando en Sión la venganza de Yahvé, nuestro Dios; la venganza de su templo." Convocad contra Babel a los arqueros, a cuantos entesan el arco; cercadla, que no escape nadie; retribuidla según sus obras, haced con ella como ella hizo, pues se irguió contra Yahvé, contra el Santo de Israel." Por eso caerán sus jóvenes en sus plazas, y todos sus hombres de guerra perecerán aquel día. Heme aquí contra ti, insolente, oráculo del Señor, Dios de los ejércitos. Ha llegado tu día, el día de tu castigo. Vacila la insolente, caerá, y nadie podrá levantarla. Yo pegaré fuego a sus ciudades, que consumirá todos sus alrededores. Así dice Yahvé de los ejércitos: Los hijos de Israel viven en la opresión, y con ellos los hijos de Judá. Cuantos los hicieron esclavos, los retienen, y rehusan soltarlos. Pero su redentor es fuerte; su nombre es Yahvé de los ejércitos. El sabrá defender su causa, para dar reposo a la tierra y confusión a los habitantes de Babilonia." ¡Espada contra los caldeos — oráculo de Yahvé — y contra los moradores de Babel, contra sus grandes y contra sus sabios! ¡Espada contra sus mentirosos adivinos, que serán tenidos por necios! ¡Espada contra sus hombres de guerra, que se llenarán de pavor! ¡Espada contra sus caballos, y contra sus carros, y contra todas sus tropas auxiliares, que están en medio de ella, que se harán como mujeres! ¡Espada contra sus tesoros, que serán saqueados! ¡Espada contra sus aguas, que se secarán! Porque es tierra de ídolos y se glorían por sus espantajos. Por eso se convertirá en cubil de fieras y chacales, en morada de avestruces. Y no será más habitada, ni poblada por siglos. Como destruyó Yahvé a Sodoma, a Gomorra y a las ciudades vecinas, no habitará hombre en ella, ni morará en ella hijo de hombre. Ya viene del norte un pueblo, una nación grande; muchos reyes se alzan de los confines de la tierra." Empuñan el arco y el venablo, son crueles y sin piedad. Su estrépito es como el mugido del mar; montan caballos, vienen con todos los pertrechos de guerra contra ti, hija de Babel." El rey de Babel ha recibido la noticia, se le han caído los brazos, es presa de la angustia y de dolores, como de mujer en parto. Vedlos, se lanzan como leones que suben de los boscajes del Jordán a los pastos siempre verdes. En un momento los hago partir y establezco allí a quien me place. ¿Pues quién como yo? ¿Quién me pedirá cuentas? ¿Quién es el pastor que podrá oponérseme? Oíd, pues, los designios de Yahvé contra Babel, sus planes contra Caldea. Irán conducidos por lo más ruin del rebaño, y a su vista los pastizales se asombrarán. Al rumor de la conquista de Babel temblará la tierra; sus ecos repercutirán en las naciones." Así dice Yahvé: He aquí que voy a suscitar contra Babel y contra los habitantes de Leb-Qamay un espíritu exterminador, y mandaré contra Babel bieldadores que la bielden, que harán evacuar su tierra, y vendrán de todas partes contra ella el día de su desventura. No deje, pues, el arquero su arco de la mano ni se desciña la malla. No perdonéis a su juventud, exterminad todo su ejército. Que caigan muertos en la tierra de Caldea, traspasados en sus plazas. No son ya Israel ni Judá viudas de su Dios, Yahvé de los ejércitos. Porque su tierra está llena de crímenes ante el Santo de Israel. Huid de Babel; salve cada uno su vida, no perezcáis por su iniquidad. Es el tiempo de la venganza de Yahvé, va a darle según su merecido." Era Babel como copa de oro en manos de Yahvé, sirvió para embriagar a toda la tierra. Las naciones bebieron de su vino; por eso enloquecieron." De repente Babel ha caído y se ha roto; gemid por ella. Id en busca del bálsamo para su herida, a ver si sana." Hemos querido curar a Babilonia, pero no se ha curado; dejémosla, vamonos cada uno a nuestra tierra, porque sube su maldad hasta los cielos y se eleva hasta las nubes." Yahvé ha hecho justicia a nuestra causa; venid, anunciemos en Sión) la obra de Yahvé, nuestro Dios." ¡Afilad las saetas, llenad las aljabas! Yahvé ha excitado el espíritu de los reyes de Media. Tiene contra Babel un proyecto: destruirla. Es la venganza de Yahvé, la venganza de su templo. Alzad las banderas sobre los muros de Babel, esforzad la guardia, preparad emboscadas. Porque Yahvé hará, como lo pensó, todo cuanto ha dicho contra los habitantes de Babel. Tú que moras junto a aguas abundantes, rica de tesoros, ha llegado tu fin, el término de tu destino. Por sí mismo lo juró Yahvé de los ejércitos: te inundaré de hombres como de langostas, y lanzarán contra ti gritos de triunfo. El con su poder ha hecho la tierra, con su sabiduría cimentó el orbe y con su inteligencia tendió los cielos. A su voz se congregan las aguas en el cielo. El hace subir las nubes desde los confines de la tierra, hace brillar el rayo entre la lluvia y saca los vientos de sus escondrijos. Embrutecióse el hombre sin conocimiento, los orífices se cubrieron de ignominia por sus ídolos, pues no funden sino vanidades, que no tienen vida. Son cosa vana, ridicula; el día de la cuenta perecerán." No es ésta la herencia de Jacob, que El es el Hacedor de todo, e Israel es la tribu de su heredad; su nombre es Yahvé de los ejércitos." Tú me fuiste martillo y maza de guerra; contigo aplasté pueblos, contigo quebranté reinos," contigo derribé caballo y caballero, contigo aplasté al carro y al conductor, contigo aplasté hombres y mujeres, contigo aplasté viejos y niños, contigo aplasté mozos y doncellas, contigo aplasté al pastor y a su rebaño, contigo aplasté al labrador y a su yunta, contigo aplasté gobernantes y jueces. Pero yo devolveré a Babel y a todos los habitantes de Caldea todo el mal que a vuestros ojos hicieron ellos a Sión, oráculo de Yahvé. Heme aquí contra ti, ¡monte de destrucción — oráculo de Yahvé — que destruyó la tierra! Yo extenderé mi mano sobre ti y te haré rodar desde lo alto de las rocas, y haré de ti mi horno encendido. No se sacará más de ti una piedra angular, ni una piedra de cimiento,Serás perpetua ruina, oráculo de Yahvé. Alzad bandera en la tierra, tocad las trompetas en las naciones, santificad (para la guerra) contra ella las gentes, convocad contra ella los reinos de Ararat, de Minni y Askenaz. Instituid contra ella oficiales, lanzad contra ella los caballos 1 como langostas hirsutas. Santificad (para la guerra) contra ella a las naciones, a los reyes de Media, a sus jefes, a todos sus sátrapas y a toda la tierra de su jusrisdicción. La tierra tiembla y se estremece, porque va a cumplirse el designio de Yahvé contra Babel, para hacer de la tierra de Babel un desierto inhabitable. Los guerreros de Babel han cesado de combatir, permanecen en las fortalezas. Han perdido su valor, se han vuelto mujeres. Corren los correos uno al encuentro del otro, y unos mensajeros al encuentro de otros mensajeros, para anunciar al rey de Babel que su ciudad ha sido tomada del uno al otro extremo. Los vados, ocupados; las defensas, ardiendo, y los hombres de guerra, abatidos." Porque así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: La hija de Babel es como una era al tiempo de ser apisonada; bien pronto le llegará a ella el tiempo de la recolección." El rey de Babilonia, Nabucodonosor, me devoró, me consumió, me dejó como vasija vacía, me tragó como dragón, y llenó su vientre de mis bocados más suculentos. Sean sobre Babel mi violencia (sufrida) y mis carnes, dice la moradora de Sión, y mi sangre sobre los habitantes de Caldea, dice Jerusalén. Por eso dice Yahvé: He aquí que yo tomaré por mi cuenta tu causa; yo te vengaré, yo secaré su mar y cegaré sus manantiales," y se convertirá Babel en un montón de ruinas, en guarida de chacales, objeto de horror y de sarcasmo, sin habitantes. Todos a una rugen como leones, gruñen como cachorros de leona. En su fiebre, yo les prepararé la bebida, los embriagaré para que se adormilen y duerman el sueño eterno, del que no despertarán, oráculo de Yahvé. Yo los llevaré al degüello como corderos, como carneros y chivos. ¿Cómo ha sido tomada “Sheshak”? ¿Cómo ha sido conquistada la gloria de toda la tierra? ¿Cómo ha venido a ser Babel objeto de horror entre las naciones? Ha subido el mar contra Babel, la ha sumergido bajo el cúmulo de sus olas. Sus ciudades se han convertido en desolación: tierra árida y desierta, que nadie habitará ni por la que pasará hijo de hombre. Yo me ensañaré contra Bel en Babilonia, yo le haré vomitar por la boca cuanto engulló; ya no concurrirán más a él las gentes; caerán también las murallas de Babel." Sal de ella, pueblo mío; salve cada cual su vida ante el furor de la cólera de Yahvé." No se turbe vuestro corazón ni temáis por el rumor que se ha oído en la tierra, pues un año correrá un rumor, y el otro otro; habrá violencia en la tierra, un tirano contra otro tirano." Por eso vienen días en que yo me ensañaré contra los ídolos de Babel, y toda su tierra se cubrirá de vergüenza, y todos sus muertos yacerán sobre ella. Cielos y tierra y cuanto hay en ella se alegrarán por Babilonia, pues del norte vendrán contra ella los devastadores, oráculo de Yahvé. Por los muertos de Israel caerá Babel, como por Babel cayeron los muertos de toda la tierra. Los que hayáis escapado de la espada, partid, no os detengáis. Desde lejos acordaos de Yahvé, y que vuelva Jerusalén a vuestra memoria. Estamos llenos de vergüenza, hemos sido ultrajados; ¡nuestro rostro se cubre de confusión, pues entraron extranjeros en el santuario de la casa de Yahvé." Por eso vienen días — oráculo de Yahvé — en que yo visitaré a sus ídolos, y por toda ¿u tierra se oirá el gemir de los heridos. Aunque se alzase Babel hasta el cielo e hiciera inaccesibles por los altos sus baluartes, vendrán contra ella devastadores de mi parte, oráculo de Yahvé. Oynse los alaridos de Babel, ruina grande en la tierra de los caldeos. Porque devasta Yahvé a Babel y pone fin a su gran jactancia, y braman sus olas como aguas desbordadas, retumban con estruendo, porque ha venido contra Babel el devastador. Son apresados sus guerreros, rotos sus arcos, porque es Yahvé Dios de retribuciones y les da según su merecido. Y emborracharé a sus grandes, a sus sabios, a sus jefes, a sus magistrados, a sus guerreros, y dormirán un sueño eterno, del que no despertarán, oráculo del Rey, cuyo nombre es Yahvé de los ejércitos. Así dice Yahvé de los ejércitos: La ancha muralla de Babel será enteramente arrasada; sus altas puertas, quemadas, Trabajaron en vano los pueblos, y las naciones para el fuego se han cansado." Misión que encomendó Jeremías, profeta, a Saraya, hijo de Nerías, hijo de Masías, al ir éste a Babilonia con el rey Sedecías el cuarto año de su reinado. Saraya era entonces gran intendente. Escribió Jeremías en un volumen todo el mal que había de venir contra Babilonia, cuanto había escrito sobre Babilonia. Y dijo Jeremías a Saraya: Cuando llegues a Babilonia, lee en voz alta todo esto, y dirás: Yahvé, tú has hablado de destruir este lugar, sin que haya ni hombre ni ganado que lo habite, hecho perpetua soledad. Cuando hayas acabado de leerlo, le atarás una piedra y lo arrojarás en medio del Eufrates, diciendo: Así se hundirá Babilonia, sin alzarse ya más del estrago y de la destrucción que yo traeré sobre ella. Hasta aquí las palabras de Jeremías. A la edad de veintiún años comenzó a reinar Sedecías, y reinó once años en Jerusalén. Su madre fue Jamital, hija de Jeremías, de Libna. Hizo mal a los ojos de Yahvé, como lo había hecho Joaquim, encendiendo la cólera de Yahvé contra Jerusalén y contra Judá, hasta hacer que los arrojase de su presencia. Sedecías se rebeló contra el rey de Babilonia. Y sucedió que el año nono de su reinado, el décimo mes, el diez del mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército contra Jerusalén, la cercó, levantó fortificaciones contra ella en derredor, y estuvo sitiada la ciudad hasta el año undécimo del rey Sedecías. El mes cuarto, el nueve del mes, se apoderó el hambre de la ciudad, y no había en ella nada que comer. Abrieron brecha en los muros, y todos los hombres de guerra huyeron, saliendo de la ciudad de noche, por el camino de la puerta entre ambos muros, que está junto a los jardines reales, mientras los caldeos rodeaban la ciudad. Tomaron el camino que conduce al Araba. El ejército caldeo persiguió al rey, dándole alcance en los llanos de Jericó, y todas sus tropas le abandonaron y se dispersaron. Apresaron al rey y le llevaron ante el rey de Babilonia, en Ribla, en la tierra de Jamat, donde le juzgó. El rey de Babel hizo degollar a los hijos de Sedecías a la vista de éste, e igualmente a los grandes de Judá, en Ribla. A Sedecías le hizo sacar los ojos y le cargó de cadenas de bronce para conducirle a Babilonia, donde le tuvo encarcelado hasta el día de su muerte. El quinto mes, el día diez del mes, el año decimonono de Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino Nabuzardán, jefe de la guardia real, ministro del rey de Babilonia, a Jerusalén, y puso fuego al templo, y al palacio del rey, y a todas las casas de Jerusalén, quemando principalmente todas las casas grandes, y el ejército de los caldeos que estaba con el jefe de la guardia arrasó toda la muralla que rodeaba a Jerusalén. El resto del pueblo que había quedado en la ciudad, los prófugos que se habían pasado al rey de Babilonia y el resto de los artesanos los llevó Nabuzardán, jefe de la guardia, dejando sólo los pobres de la tierra, viñadores y labradores. Rompieron también las columnas de bronce que había en el templo de Yahvé, las basas y el mar de bronce del templo, y se llevaron todo el bronce a Babilonia. Se apoderaron los caldeos de las palas, los cuchillos, las copas, las cucharas y todos los utensilios del culto. Igualmente tomó el jefe de la guardia los pilones, los braseros, las copas, las calderas, los candelabros, las cucharas y los platos; todo cuanto era de oro, por oro; lo de plata, por plata;" las dos columnas, el mar de bronce y los doce toros de bronce y las basas que había hecho el rey Salomón para el templo, de un peso incalculable. Las columnas eran de dieciocho codos de altura; rodeábalas un cordón de doce codos y tenían cuatro dedos de grueso, pues eran huecas por dentro." Tenía cada columna su capitel de bronce, de cinco codos de alto; todo en torno de los capiteles había un entretejido con granadas, todo de bronce. Lo mismo la otra columna." Eran noventa y seis las granadas, pendientes, ciento entre todas, sobre el entretejido en derredor. Y se llevó el jefe de la guardia a Saraya, sumo sacerdote, y a Sofonías, el segundo, y a los tres prefectos del vestíbulo. De la ciudad llevó a un eunuco intendente de las gentes de guerra, a siete de los consejeros íntimos del rey, que estaban en la ciudad; el secretario del jefe del ejército, encargado de la recluta, y sesenta más del pueblo, que se hallaban en la ciudad." Y los llevó Nabuzardán, jefe de la guardia, ante el rey de Babilonia, en Ribla. Y el rey de Babilonia los hizo matar en Ribla, en tierra de Jamat, y Judá fue deportado de su tierra. Estos son los que deportó Nabucodonosor: El año séptimo de su reinado, tres mil veintitrés judíos;" el año dieciocho, ochocientas treinta y dos almas;" el año veintitrés de Nabucodonosor deportó Nabuzardán, jefe de la guardia, setecientas cuarenta y cinco almas; entre todos, pues, cuatro mil seiscientas almas." y sucedió que en el año treinta y siete de la deportación de Joaquim, rey de Judá, en el duodécimo mes, el día veinticinco de él, Evil-Merodac, rey de Babilonia, el año del comienzo de su reinado, hizo gracia a Joaquín, rey de Judá, y le sacó de la prisión. Le habló benévolamente y puso su silla sobre las de los otros reyes que estaban con él en Babilonia. Dejó sus vestidos de preso, y comió ya siempre a la mesa del rey por todos los días de su vida. Todo cuanto necesitaba para su mantenimiento se lo dio día por día hasta el de su muerte. Alef. — ¡Cómo se sienta en soledad la ciudad populosa, es como viuda la grande entre las naciones; la señora de provincias ha sido hecha tributaria!" Beth. — Llora copiosamente en la noche y corre el llanto por sus mejillas; no tiene quien le consuele entre todos sus amantes; le fallaron todos sus amigos y se volvieron enemigos." Guímel. — Emigró Judá a causa de la aflicción y de la gran servidumbre; está sentada entre las gentes sin hallar reposo; todos sus perseguidores le dieron alcance y la estrecharon." Dálet. — Los caminos de Sión están en luto por haber quien venga a las solemnidades. Todas sus puertas están desoladas, sus sacerdotes gimiendo, sus vírgenes escuálidas, y ella llena de amargura. He. — Prevalecieron sus enemigos y prosperaron los que la aborrecían, pues la afligió Yahvé por la muchedumbre de sus rebeldías; sus niños fueron a la cautividad delante del enemigo." Wau. — Ha desaparecido de la hija de Sión toda su gloria; sus príncipes han venido a ser como ciervos que no hallan pastos, y huyeron sin fuerzas ante el perseguidor." Zain. — Acordóse Jerusalén, en los días de su aflicción y de su vivir errante, de todos los bienes que de antiguo tuvo. Cuando cayó su pueblo en manos del enemigo, sin que nadie le ayudase, miráronla sus enemigos y se burlaron de su perdición. Jet. — Muchos son los pecados de Jerusalén; por eso fue objeto de aversión; cuantos antes la honraron la desprecian viendo su desnudez, y ella misma suspira y vuelve su rostro." Tet. — Su inmundicia manchaba sus vestiduras, y no se cuidaba de su fin, y cayó de modo sorprendente, sin que nadie la consolara. Mira, ¡oh Yahvé! mi aflicción, mira la arrogancia del enemigo. Yod. — Echó mano el enemigo de todos sus tesoros, vio penetrar en su santuario a las gentes, a quienes prohibiste penetraran en tu congregación. Kaf. — Todo su pueblo va suspirando en busca de pan; han dado cuanto tenían de precioso para mantener la vida. Mira, oh Yahvé! y contempla cuan abatida estoy." Lamed. — ¡Oh vosotros cuantos pasáis por el camino! mirad y ved si hay dolor comparable a mi dolor, al dolor con que yo soy atormentada. Afligióme Yahvé el día de su ardiente cólera. Mem. — Mandó desde lo alto un fuego que consume mis huesos, tendió a mis pies una red, y me hizo caer hacia atrás y me arrojó en la desolación, consumida todo el día. Nun. — El yugo de mis iniquidades pesa sobre mí entretejidas por su mano. Su yugo es sobre mi cuello y ha quebrantado mis fuerzas. Me entregó Yahvé en sus manos, no puedo levantarme. Sámec. — Rechazó a todos mis guerreros en medio de mí, convocó contra mí una asamblea para quebrantar a mis mancebos. Como en lagar ha pisado Yahvé a la virgen hija de Judá. Ayin. — Por eso lloro, y manan lágrimas mis ojos, y se alejó de mí todo consuelo que aliviase mi alma; mis hijos están desolados al triunfar el enemigo." Pe. — Tiende Sión sus manos, pero nadie la consuela. Dio Yahvé contra Jacob órdenes a los enemigos que la rodeaban, y Jerusalén fue para ellos objeto de abominación. Sade. — Justo es Yahvé, pues yo fui rebelde a sus mandatos. Oíd, pueblos todos, y contemplad mi dolor: mis doncellas y mis mancebos han ido al cautiverio. Qof. — Llamé a voces a mis amigos, pero me engañaron.Mis sacerdotes y mis ancianos perecieron en la ciudad,buscando comida con qué sostener sus vidas. Res. — Mira, ¡oh Yahvé! mi angustia. Mis entrañas rugen, mi corazón se revuelve dentro de mí por haber sido muy rebelde. Fuera hizo estragos la espada, dentro la mortandad. Sin. — Oyen mis gemidos, y nadie me consuela; todos mis enemigos han sabido mi desgracia, y se alegran de lo que has hecho. ¡Haz venir el anunciado día, y que sean como yo!" Tau. — ¡Que se ponga a tus ojos toda su maldad, y trátalos como me has tratado por mis rebeldías, porque son muchos mis suspiros y está muy dolorido mi corazón! Alef. — Cómo oscureció en su ira el Señor a la hija de Sión! Precipitó del cielo a la tierra la magnificencia de Israel y no se acordó del escabel de sus pies el día de su ira. Bet. — Destruyó el Señor sin piedad todos los pastizales de Jacob1 derribó en su furor las fortalezas de la hija de Judá, echólas por tierra, y humilló a su rey y a sus príncipes. GuímeL — Abatió en el furor de su ira toda la potencia de Israel, retiró su diestra frente al enemigo, y encendió en Jacob ardorosas llamas, que de todos lados le devoran. Dálet. — Tendió su arco cual enemigo, afirmó hostilmente su diestra, destruyó cuanto era agradable a la vista, derramó como fuego su ira sobre la tienda de la hija de Sión. He. — Ha obrado el Señor como enemigo, ha devorado a Israel; destruyó todos sus palacios, derribó sus fortalezas, y llenó a la hija de Judá de llantos y de gemidos." Wau. — Derribó su tienda como cabana de viña, destruyó su santuario. Yahvé ha hecho cesar en Sión las festividades y los sábados, y, en el ardor de su cólera, rechazó al rey y al sacerdote. Zain. — Repudió el Señor su altar, menospreció su santuario y entregó a manos del enemigo los muros de sus palacios. Resonaron los gritos en la casa de Yahvé como en día de fiesta. Jet. — Resolvió Yahvé destruir los muros de la hija de Sión, echó cuerdas, y no retiró su mano destructora, sumergiendo en el luto antemurales y muros, que a la vez se han debilitado. Tet. — Sus puertas han sido echadas a tierra; destruyó, quebrantó sus cerrojos; su rey y sus príncipes están entre las gentes, no hay ley, y tampoco sus profetas reciben de Yahvé visión." Yod. — Los ancianos de la hija de Sión se sientan en tierra mudos, cubierta de polvo la cabeza, vestidos de saco, y las vírgenes de Jerusalén inclinan a tierra sus cabezas. Kaf. — Mis ojos están consumidos por las lágrimas, mis entrañas hierven, derrámase en tierra mi hígado ante el desastre de la hija de mi pueblo, al ver desfallecer a los niños, aun los de pecho, en las calles de la ciudad. Lamed. — Dicen a sus madres: ¿Dónde hay pan y vino? al caer desfallecidos en las plazas de la ciudad, dando el alma en el regazo de sus madres. Mem. — ¿A quién te compararé y asemejaré, hija de Jerusalén? ¿A quién te igualaría yo para consolarte, virgen hija de Sión? Tu quebranto es grande como el mar. ¿Quién podrá curarte? Nun. — Tus profetas te anunciaron visiones vanas y mentirosas, no pusieron al desnudo tus iniquidades para hacer cambiar tu suerte, sino que te anunciaron oráculos vanos y falaces. Sámec. — Cuantos pasan por el camino baten palmas por mí, silban y menean, burlones, su cabeza contra la hija de Jerusalén: ¿Es ésta la ciudad que decían del todo hermosa, la delicia de toda la tierra? Pe. — Todos tus enemigos abren su boca contra ti, silban y dentellean, diciendo: ¡La hemos devorado! Es el día que esperábannos, lo hemos alcanzado, lo hemos visto. Ayin. — Ha realizado Yahvé en ti lo que había decretado, ha cumplido la palabra que de antiguo dio: ha destruido sin piedad, te ha hecho el gozo de tus enemigos, ha robustecido a los que te aborrecían. Sade. — Clama al Señor desde tu corazón, ¡virgen hija de Sión! derrama lágrimas a torrentes día y noche, no te des reposo, no descansen la niñas de tus ojos. Qof. — Levántate y gime de noche, al comienzo de las vigilias; derrama como agua tu corazón en la presencia del Señor, alza a El las palmas por las vidas de tus pequeñuelos." Res. — Mira, ¡oh Yahvé! y considera a quién has tratado así. ¿Habrán de comer las madres su fruto, a los niños que amamantan? ¿Habrán de ser muertos en el santuario del Señor sacerdotes y profetas? Sin. — Niños y viejos yacen por tierra en las calles. Mis doncellas y mis mancebos cayeron al filo de la espada. Has matado en el día de tu ira, has degollado sin piedad. Tau. — Convocaste como a solemnidad al terror en torno a mí, y no hubo en el día de la cólera de Yahvé evadido ni fugitivo. Aquellos que yo crié y mantuve, los acabó el enemigo. Alef. — Yo soy el varón que ha visto la miseria bajo el látigo de su furor. Alef. — Llevóme y me metió en tinieblas sin luz alguna. Alef. — Todo el día vuelve y revuelve su mano contra mí. Bet. — Ha consumido mi carne y mi piel, ha quebrantado mis huesos. Bet. — Ha levantado contra mí un muro, me ha cercado de veneno y de dolor. Bet. — Me hace habitar en tinieblas, como los ya de mucho tiempo muertos. Guímel. — Me cercó por todos los lados, sin dejarme salida; me puso pesadas cadenas." Guímel. — Y aunque clamo y voceo, no se hace accesible a mi oración. Guímel. — Cerró mis caminos con sillares de piedra, torció todos mis senderos. Dálet. — Fue para mí como oso en acecho, como león en escondrijo. Dálet. — Me ha complicado mis caminos y me despedazó, me ha asolado por completo. Dálet. — Tendió su arco y me puso por blanco de sus saetas. He. — Clavó en mis lomos las flechas de su aljaba. He. — Soy el escarnio de los pueblos todos, su cantinela de todo el día. He. — Me hartó de amarguras, me embriagó de ajenjo. Wau. — Rompióme los dientes con un casquijo, cubrióme de ceniza. Wau. — Fue privada mi alma de paz, ya no gozo de bien alguno. Wau. — Y me he dicho: se acabó mi porvenir, y mi esperanza de parte de Yahvé. Zain. — El recuerdo de mi miseria y abandono es ajenjo y veneno. Zain. — Cuando me acuerdo, se abate mi alma dentro de mí. Zain. — Quiero traer a la memoria lo que pueda darme esperanza. Jet. — No se ha agotado la misericordia de Yahvé, no ha llegado al límite su compasión. Jet. — Se renuevan todas las mañanas. Grande es tu fidelidad. Jet. — Mi porción es Yahvé, dice mi alma; por eso quiero esperar en El." Tet. — Bueno es Yahvé para los que en El esperan, para el alma que le busca. Tet. — Bueno es esperar callando el socorro de Yahvé. Tet. — Bueno es al hombre soportar el yugo desde su mocedad. Yod. — Sentarse en soledad y en silencio, porque es Yahvé quien lo dispone. Yod. — Poner su boca en el polvo y no perder toda esperanza. Yod. — Dar la mejilla al que le hiere, hartarse de oprobios. Kaf. — Porque el Señor no desecha para siempre. Kaf. — Sino que, después de afligir, se compadece según su gran misericordia. Kaf. — Porque no aflige por gusto, ni de grado acongoja a los hijos de los hombres. Lamed. — Aplastar con los pies a los cautivos todos de la tierra. Lamed. — Violar la justicia de un hombre a los ojos del Altísimo. Lamed. — Hacer entuerto a uno en su pleito, ¿no ha de verlo el Señor? Mem. — ¿Quién podrá decir una cosa sin que la disponga el Señor? Mem. — ¿No proceden de la boca del Altísimo los males y los bienes? Mem. — ¿Por qué, pues, ha de lamentarse el viviente, el hombre, de su pecado? Nun. — Escudriñemos nuestros caminos y examinémoslos, y convirtámonos a Yahvé. Nun. — Alcemos nuestro corazón y nuestras manos a Dios, que está en los cielos. Nun. — Hemos pecado, hemos sido rebeldes, y no nos perdonaste. Sámec. — Desencadenaste tu ira y nos perseguiste, mataste sin piedad. Sámec. — Te has cubierto de una nube para que no llegue a ti la plegaria. Sámec. — Y nos hiciste oprobio y escarnio en medio de los pueblos. Ayin. — Abren contra nosotros su boca todos cuantos nos odian. Ayin. — Nuestra parte es el terror y la fosa, el exterminio y la ruina. Ayin. — Corren de mis ojos ríos de agua por la ruina de la hija de mi pueblo. Pe. — Mis ojos derraman lágrimas sin descanso y sin cesar, Pe. — hasta que Yahvé mire y vea desde lo alto de los cielos. Pe. — Mis ojos contristan mi alma por todas las hijas de mi ciudad. Sade. — Me dieron caza como a un ave los que sin causa me aborrecen. Sade. — Han hundido mi vida en una fosa, arrojando piedras sobre mí. Sade. — Subieron las aguas por encima de mi cabeza, y me dije: “Muerto soy.” Qof. — Invoqué tu nombre, ¡oh Yahvé! desde lo hondo de la fosa, Qof. — y oíste mi voz: “No cierres tus oídos a mis suspiros.” Qof. — Cuando te invoqué, te acercaste y dijiste: “No temas.” Res. — Tú, Señor, defendiste la causa de mi alma, has rescatado mi vida. Res. — Tú ves, Yahvé, mi opresión; ¡hazme justicia!" Res. — Tú ves todos sus rencores, todas sus maquinaciones contra mí. Sin. — Tú, ¡oh Yahvé! has oído sus ultrajes, todas sus tramas contra mí, Sin. — las palabras de mis enemigos y los proyectos que para mí trazan todo el día. Sin. — Tú ves cuándo se sientan, cuándo se levantan y cómo soy objeto de su satírica cantinela. Tau. — Tú les darás, ¡oh Yahvé! su merecido según las obras de sus manos. Tau. — Tú les darás la ceguera de corazón, tu maldición contra ellos. Tau. — Tú los perseguirás en tu ira y los exterminarás de debajo de los cielos, ¡oh Yahvé! Alef. — ¡Cómo se ennegreció el oro, cómo el oro fino ha degenerado! Están las piedras sagradas esparcidas por los rincones de todas las calles. Bet. — Los hijos de Sión, preciados y estimados como oro puro, ¡cómo son tenidos por vasijas de barro, obras de las manos del alfarero! Guímel. — Aun los chacales dan la teta y amamantan a sus crías. Pero la hija de mi pueblo se ha hecho tan cruel como los avestruces del desierto. Dálet. — La lengua de los niños de teta se ha pegado de sed al paladar. Los pequeñuelos piden pan, y no hay quien se lo parta. He. — Los que se nutrían de manjares delicados perecen por las calles. Los que se criaron vistiendo púrpura se abrazan a los estercoleros. Wau. — Mayor ha sido la culpa de la hija de mi pueblo que la de la misma Sodoma, que fue destruida en un instante, sin que nadie pusiera en ella la mano. Zain. — Eran sus nazareos más resplandecientes que la nieve, más blancos que la leche, más rubicundos sus huesos que el coral, y un zafiro era su cuerpo. Jet. — Y están más negros que la negrura; no hay quien los conozca por las calles. Está su piel pegada a los huesos, seca como un leño." Tet. — Los muertos a espada fueron más dichosos que los caídos de hambre, que se consumen famélicos, faltos de los frutos de la tierra. Yod. — Manos de tiernas mujeres cocieron a sus hijos, sirviéronles de alimento en el quebranto de la hija de mi pueblo. Kaf. — Apuró Yahvé su saña, derramó su abrasada ira y encendió un fuego en Sión que ha consumido sus cimientos. Lamed. — Nunca creyeron los reyes de la tierra, ni cuantos habitan en el mundo, que entraría el enemigo y adversario por las puertas de Jerusalén. Mem. — Por los pecados de sus profetas, por las iniquidades de sus sacerdotes, que derramaban en ella sangre de justos. Nun. — Erraban como ciegos por las calles manchados de sangre; no podían tocarse sus vestiduras." Sámec. — ¡Apartaos! ¡Un inmundo! les gritaban. ¡Apartaos, apartaos! ¡No toquéis! Cuando huyeron y anduvieron errantes, decíase entre las naciones: ¡No pueden quedarse! Ayin. — Yahvé mismo los dispersó y no volverá a ellos su mirada. No hubo respeto para el sacerdote, ni piedad para el anciano. Pe. — Se consumían aun nuestros ojos esperando nuestra ayuda. Iban esperanzadas nuestras miradas hacia un pueblo que no pudo librarnos. Sade. — Espiaban nuestros pasos para impedirnos pasar por nuestras calles. Nuestro fin se acercaba, se cumplían nuestros días y ciertamente llegó nuestro fin. Qof. — Eran nuestros enemigos más veloces que las águilas del cielo, y nos perseguían por los montes y nos ponían celadas en el desierto. Res. — El que era el aliento de nuestra boca, el ungido de fue capturado en su trampa, Yahvé, aquel de quien decíamos: A su sombra viviremos entre las naciones. Sin. — ¡Alégrate y tripudia, hija de Edom, que habitas la tierra de Us! También a ti te llegará el cáliz, y te emborracharás y quedarás desnuda, Tau. — Hija de Sión, tu iniquidad está expiada; ya no volverá (Yahvé) a arrojarte al cautiverio. Hija de Edom, El castigará tu iniquidad y pondrá al desnudo tus pecados." Acuérdate, joh Yahvé! de lo que nos ha sobrevenido; mira y contempla nuestro oprobio." Nuestra heredad ha pasado a manos extrañas, nuestras casas a poder de desconocidos. Somos como huérfanos, sin padre, y nuestras madres son como viudas. Bebemos de nuestra agua a precio de dinero y tenemos que comprar nuestra leña. Somos perseguidos, llevamos yugo sobre la cerviz, estamos agotados, no hay para nosotros descanso. Tendimos la mano a Egipto y a Asiría para saciarnos de pan. Pecaron nuestros padres, y ya no existen; mas nosotros cargamos con sus iniquidades*" Esclavos señorean sobre nosotros, sin que haya quien nos libre de sus manos. Con riesgo de nuestra vida vamos en busca de nuestro pan, afrontando la espada del desierto. Nuestra piel abrasa como un horno por la fiebre del hambre. Violaron a las mujeres en Sión, a las vírgenes en las ciudades de Judá. Colgaron de las manos a los príncipes y no respetaron la cara de los ancianos. Los mancebos han sido puestos a la muela, y los niños se tambalean bajo la carga de leña. Ya no van los ancianos a la puerta, ya no cantan los jóvenes. Huyó de nuestros corazones la alegría, nuestras danzas se han tornado en luto. Cayó de nuestra cabeza la corona. ¡Ay de nosotros, que hemos pecado! Por eso se angustia nuestro corazón, se nublan nuestros ojos, porque el monte de Sión está asolado y por él se pasean las raposas. Mas tú, ¡oh Yahvé! reinas por siempre, y tu trono permanece por generaciones y generaciones. ¿Por qué nos has de olvidar para siempre, nos has de abandonar por largo tiempo ? Conviértenos a ti, ¡oh Yahvé! y nos convertiremos. Danos todavía días como los antiguos. ¿Por qué nos has rechazado enteramente, te has irritado contra nosotros hasta el extremo? Y sucedió que en el año treinta, en el mes cuarto, a cinco del mes, estando yo en medio de los cautivos, junto al río Kebar, se abrieron los cielos, y contemplé visiones de parte de Dios. En el cinco del mes, en el año quinto de la deportación del rey Joaquín, fue palabra de Yahvé a Ezequiel, hijo de Buzí, sacerdote, en tierra de los caldeos, junto al río Kebar, y fue allí sobre él la mano de Yahvé. Miré, y he aquí que venía del septentrión un viento impetuoso, una nube densa, y en torno a la cual resplandecía un remolino de fuego, que en medio brillaba como bronce en ignición. En el centro de ella había semejanza de cuatro seres vivientes, cuyo aspecto era éste: tenían semejanza de hombre, pero cada uno tenía cuatro aspectos, y cada uno cuatro alas. Sus pies eran rectos, y la planta de sus pies era como la planta del toro. Brillaban como bronce en ignición. Por debajo dé las alas, a los cuatro lados, salían brazos de hombre, todos cuatro tenían el mismo semblante y las mismas alas, que se tocaban las del uno con las del otro. Al moverse no se volvían para atrás, sino que cada uno iba cara adelante. Su semblante era éste: de hombre y de león a la derecha los cuatro, de toro a la izquierda los cuatro y de águila los cuatro. Sus alas estaban desplegadas hacia lo alto; dos se tocaban las del uno con las del otro, y dos de cada uno cubrían su cuerpo." Todos marchaban de frente, a donde les impelía el espíritu, sin volverse para atrás. Había entre los vivientes (fuego) como de brasas, encendidas como antorchas, que discurrían por entre ellos, centelleaban y salían rayos. Los vivientes iban y venían como el relámpago. Y, mirando a los vivientes, descubrí junto a cada uno de ellos una rueda que tocaba la tierra. Las ruedas parecían de turquesa, eran todas iguales, y cada una dispuesta como si hubiese una rueda dentro de otra rueda. Cuando avanzaban marchaban hacia los cuatro lados, y no se volvían al caminar. Mirando, vi que sus llantas estaban todo en derredor llenas de ojos. Al ir los vivientes, giraban junto a ellos las ruedas, y al levantarse los vivientes sobre la tierra, se levantaban las ruedas. Hacia donde los impelía el espíritu a marchar, marchaban, y las ruedas se alzaban a la vez con ellos, porque tenían las ruedas espíritu de vida. Guando iban ellos, iban las ruedas; cuando ellos se paraban, se paraban ellas, y cuando se alzaban de la tierra, se alzaban, porque había en las ruedas espíritu de vida." Sobre las cabezas de los vivientes había una semejanza de firmamento, como de portentoso cristal, tendido por encima de sus cabezas, y por debajo del firmamento estaban extendidas sus alas, que se tocaban dos a dos, la una con la del otro, mientras que las otras dos de cada uno cubrían su cuerpo. Oía el ruido de las alas como ruido de río caudaloso, como voz del Omnipotente, cuando marchaban, como estruendo de campamento; cuando se detenían, plegaban las alas." Y una voz hendió el firmamento que estaba sobre sus cabezas. Al pararse ellos plegaron sus alas. Sobre el firmamento que estaba sobre sus cabezas había una piedra de apariencia de zafiro a modo de trono, y sobre la semejanza del trono, en lo alto, una figura semejante a un hombre que se erguía sobre él. Y de lo que de él aparecía, de cintura arriba, era como el fulgor de un metal resplandeciente, y de cintura abajo, como el resplandor del fuego, y todo en derredor suyo resplandecía. El esplendor que le rodeaba todo en torno era como el arco iris que aparece en las nubes en día de lluvia. Esta era la apariencia de la imagen de la gloria de Yahvé. A tal vista caí rostro a tierra, pero oí la voz de uno que hablaba. Y me dijo: Hijo de hombre, ponte en pie, que voy a hablarte. Y en habiéndome entró dentro de mí el espíritu, que me puso en pie, y escuché al que me hablaba. Me dijo: Hijo de hombre, yo te mando a los hijos de Israel, al pueblo rebelde, que se ha rebelado contra mí; ellos y sus padres pecaron contra mí hasta el día de hoy." Son gente de cara dura y de corazón empedernido esos a quienes te mando. Diles: Así dice el Señor, Yahvé: Acaso te escuchen. Y si no te escucharen, pues son gente rebelde, al menos conocerán que hay entre ellos profeta. Tú, hijo de hombre, no los temas ni tengas miedo a sus palabras, aunque te sean cardos y zarzas y habites en medio de escorpiones. No temas sus palabras, no tengas miedo de su cara, porque son gente rebelde. Diles lo que yo te diga, óigante o no te oigan, porque son muy rebeldes. Tú, hijo de hombre, escucha lo que yo te digo, no seas tú también rebelde, como la casa rebelde/Abre la boca y come lo que te presento. Miré y vi que se tendía hacia mí una mano que tenía un rollo. Lo desenvolvió ante mí, y vi que estaba escrito por delante y por detrás, y lo que en él estaba escrito eran lamentaciones, elegías y guayes. -- omitido por paráfrasis -- Y me dijo: Hijo de hombre, come eso que tienes delante, come ese rollo, y habla luego a la casa de Israel. Yo abrí la boca e hizome él comer el rollo, diciendo: Hijo de hombre, llena tu vientre e hinche tus entrañas de este rollo que te presento. Yo lo comí y me supo a mieles. Luego me dijo: Hijo de hombre, ve, llégate a la casa de Israel y habíales mis palabras. Mira que no eres enviado a un pueblo de habla abstrusa, sino a la casa de Israel. No es a pueblos remotos, cuyas palabras no entiendes. Ah! Si a éstos te enviara, seguramente te escucharían. La casa de Israel, por el contrario, no querrá oírte, porque no quieren oírme a mí, porque toda la casa de Israel tiene frente altanera y corazón contumaz. Pero yo te doy un rostro tan firme como el de ellos, y una frente dura cuanto las frentes suyas, tan dura como el diamante, más que el pedernal. No los temas ni te atemorices ante ellos, porque son casa rebelde.” Díjome también: Hijo de hombre, todas las palabras que yo te digo recógelas en tu corazón y dales atento oído, y ve luego y llégate a los deportados, a los hijos de tu pueblo, y habíales diciéndoles: Así dice el Señor, Yahvé, óigante o no te oigan. Entonces me arrebató el espíritu, y oí tras de mí un estruendo de fuerte terremoto al elevarse la gloria de Yahvé en su lugar, y oí el rumor de las alas de los cuatro vivientes, que daban la una contra la otra, y el ruido de las ruedas, ruido de gran terremoto. Entonces me alzó el espíritu y me arrebató. Yo andaba amargado y malhumorado en mi alma, pero fue sobre mí la mano de Yahvé, que me confortó. Llegué así a los deportados de Tel-Abib, que habitaban en la ribera del río Kebar, a la región donde moraban, y estuve entre ellos atónito durante siete días. -- omitido por paráfrasis -- Al cabo de los siete días me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, yo te he dado por atalaya a la casa de Israel. Tú oirás las palabras de mi boca y de mi parte los amonestarás. Si yo digo al malvado: “¡Vas a morir!” y tú no le amonestares y no le hablares para retraer al malvado de sus perversos caminos para que viva él, el malvado morirá en su iniquidad, pero te demandaré a ti su sangre. Mas si, habiendo tú amonestado al malvado, no se convierte él de su maldad y de sus perversos caminos, él morirá en su iniquidad, pero tú habrás salvado tu alma. Y si se apartare el justo de su justicia, cometiendo maldad, y pusiere yo una trampa delante de él, él morirá. Por no haberle tú amonestado, morirá en su pecado, y no se recordarán las obras buenas que hubiere hecho, pero yo te demandaré a ti su sangre. Pero, si tú amonestaste al justo para que no pecara y dejare de pecar, vivirá él, porque fue amonestado, y tú habrás salvado tu alma. Fue aquí de nuevo sobre mí la mano de Yahvé, que me dijo: Levántate, vete al campo y allí te hablaré. Levánteme y salí al campo, y vi que estaba allí la gloria de Yahvé, como la gloria que había visto en la ribera del Kebar, y caí rostro a tierra, pero entró en mí el espíritu y me puso en pie, y me habló Yahvé, diciéndome: Ve y enciérrate en tu casa. Tú, hijo de hombre, verás que echan cuerdas sobre ti y te atan con ellas, y ya no podrás salir a ellos. Y haré que se te pegue la lengua al paladar, y quedarás mudo, y ya no serás para ellos un censor, porque es casa rebelde;" mas, cuando yo te hable, abriré tu boca, y entonces les dirás: Así habla el Señor, Yahvé; el que oiga, que oiga, y el que no quiera oír, no oiga, porque es casa rebelde." Tú, hijo de hombre, toma una tableta de arcilla y póntela delante” Traza en la tableta el plano de una ciudad, Jerusalén. Pon contra ella cerco, alza contra ella torres, haz vallado, asienta campamento delante de ella y pon contra ella arietes en derredor. Toma luego una plancha de hierro y ponía como muro de hierro entre ti y la ciudad, y dirige a ella tus miradas. El cerco será estrecho, y lo estrecharás cada vez más. Es señal para la casa de Israel. Échate después sobre tu lado izquierdo y pon sobre él las maldades de la casa de Israel. Tantos días como sobre él yazcas, expiarás en ti la iniquidad suya. Los años de su expiación te los computo a ti por días: ciento noventa días expiarás las iniquidades de la casa de Israel. Acabados éstos, te echarás del lado derecho para expiar a su vez las iniquidades de la casa de Judá por cuarenta días, computándote cada día por un año. Dirigirás tus miradas contra el muro de Jerusalén, tendiendo el brazo y profetizando contra ella. Yo te ataré con cuerdas para que no puedas volverte de un lado al otro mientras no se cumplan los días de tu atadura. Toma también trigo, cebada, habas, lentejas, mijo, avena, y ponió en una misma vasija, y haz de ellos tu alimento durante los días que estés echado de este o del otro lado. Lo que para comer tomes será de veinte siclos de peso por día, que es lo que comerás de un día al otro. También el agua la beberás medida, un sexto de “hin,” que te servirá de bebida de un día a otro. Comerás pan de cebada, que cocerás en rescoldo de excrementos humanos y a la vista de esas gentes. Y me dijo Yahvé: Así comerán los hijos de Israel su pan inmundo en medio de las gentes a las cuales les arrojaré. ¡Ah Señor! exclamé yo: mi alma no se ha contaminado nunca; desde mi adolescencia hasta hoy no comí mortecino ni despedazado, y jamás entró en mi boca carne inmunda." El me respondió: Mira, te concedo que, en vez de estiércol humano, tomes estiércol de bueyes para cocer con él tu pan. Y añadió: Hijo de hombre, yo voy a quebrantar en Jerusalén el sustento del pan; comerán el pan por peso y con angustia y beberán el agua tasada y con turbación," para que, faltándoles el pan y el agua, desfallezcan los unos con los otros y se consuman en su iniquidad. Hijo de hombre, toma una espada afilada y empléala como navaja de barbero para raerte cabellos y barba. Toma luego una balanza justa y reparte el pelo. Un tercio lo quemarás al fuego en medio de la ciudad, mientras se cumplen los días del asedio; otro tercio lo herirás con la espada en derredor de ella,y el otro tercio lo esparcirás al viento y yo lo perseguiré con la espada desnuda." Toma también de ellos unos pocos, contados, y átalos a la orla de tu manto. Toma otros pocos y los echas en medio del fuego, que se quemen. De ahí saldrá el fuego para toda la casa de Israel. Así dice el Señor, Yahvé: Esta es Jerusalén. Yo la había puesto en medio de las gentes y de las tierras que están en derredor suyo. Ella se rebeló contra mis mandatos, malvada, más que las gentes, y contra mis leyes, más que las tierras que están en torno suyo, despreciando mis mandamientos y mis leyes y no andando por ellos. Por tanto, así dice Yahvé: Por ser más rebelde que las gentes que os rodean, y no haber seguido mis mandamientos, y no haber obrado según mis leyes, y hasta ni siquiera no haber hecho según las costumbres de las gentes que están en torno vuestro, por eso así dice el Señor, Yahvé: Heme aquí contra ti a mi vez para hacer justicia en ti, a la vista de las gentes, y haré en ti lo que no hice jamás, y como jamás volveré a hacer por todas sus abominaciones. Por eso dentro de ti se comerán los padres a sus hijos, y los hijos se comerán a sus padres; cumpliré en ti mis juicios, y lo que de ti reste, lo esparciré a todos los vientos." Por mi vida, dice el Señor, Yahvé, ya que tú has profanado mi santuario con todas tus fornicaciones, yo también te abatiré a ti, sin que perdone mi ojo, sin misericordia. Una tercera parte de ti morirá dentro, de pestilencia y de hambre; otra tercera parte caerá en derredor tuyo a la espada, y la otra tercera parte la esparciré a todos los vientos, e iré tras ella con la espada desenvainada." Cumpliré mi furor y saciaré en ellos mi ira, y tomaré satisfacción, y sabrán que yo, Yahvé, he hablado en mi indignación cuando desfogue en ellos mi furor. Te tornaré en desierto y en oprobio de las gentes que están en derredor tuyo, a los ojos de todos, y serás el oprobio y el escarnio, el espanto y el escarmiento de las gentes que están en derredor de ti, cuando en medio de ti haga justicia con furor o indignación, con terrible ira. Yo, Yahvé, lo he dicho. Cuando dispare yo contra ellos las perniciosas saetas del hambre, que los llevarán a la destrucción, que lanzaré yo para destruirlos, y acreciente vuestra hambre y os quite todo sustento de pan, cuando lance contra vosotros el hambre y las bestias feroces que te dejarán sin hijos, y pasen por tus calles la pestilencia y el estrago, y haga caer sobre ti la espada. Yo, Yahvé, he hablado.” Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, vuelve el rostro a los montes de Israel y profetiza contra ellos. Di: Oíd, montes de Israel, la palabra del Señor, Yahvé. Así dice el Señor, Yahvé, a los montes, a los collados, a los torrentes, a los valles: Voy a traer contra vosotros la espada y destruiré todos vuestros altos. Vuestros altares serán devastados, y destrozados vuestros cipos solares, y haré caer vuestros muertos ante vuestros ídolos. Yo pondré los cadáveres de los hijos de Israel delante de sus ídolos y dispersaré vuestros huesos en derredor de vuestros altares. Dondequiera que habitéis serán arruinadas vuestras ciudades y devastados vuestros altos. Vuestros altares serán arruinados, y abandonados vuestros ídolos, destrozados, desaparecerán. Serán rotos vuestros cipos al sol y aniquiladas vuestras obras. Caerán en medio de vosotros los muertos y sabréis que yo soy Yahvé. Mas dejaré de vosotros entre las gentes unos restos que escaparán a la espada cuando sean dispersados por las tierras. Vuestros dispersos se acordarán de mí en las naciones en que estarán en cautiverio, porque yo quebrantaré su corazón fornicario, que se apartó de mí, y sus ojos, que fornicaron tras los ídolos. Y tendrán horror de sí mismos por las iniquidades que cometieron y por todas sus fornicaciones. Sabrán entonces que yo soy Yahvé. No en vano había dicho que había de escarmentarlos. Bate las manos y huella con tu pie, diciendo: ¡Ay! Después de tantas horribles abominaciones, caerá la casa de Israel a espada, de hambre y de peste. El que está lejos morirá de peste, el que está cerca caerá a la espada, y el que quedare y esté asediado morirá de hambre. Desfogaré mi ira, y reconoceréis que yo soy Yahvé cuando yazcan sus muertos junto a sus ídolos, en derredor de sus altares, en todo alto collado y en la cima de todos los montes, bajo todo árbol frondoso y bajo toda encina copuda; allí donde ofrecían perfumes de grato aroma a todos los ídolos," yo tenderé contra ellos mi mano y tornaré la tierra desolada y solitaria desde el desierto a Ribla, dondequiera que habiten, y sabrán que yo soy Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Mira, hijo de hombre, así habla Yahvé: Es el fin para la tierra de Israel, viene el fin sobre los cuatro confines de la tierra. Llega para ti el fin, y desencadenaré mi ira contra ti y te pagaré según tus obras; echaré sobre ti todas tus abominaciones." No se apiadará de ti mi ojo, no tendré compasión, echaré tus obras sobre ti, y en tu seno tus abominaciones, y sabréis que yo soy Yahvé. Porque así dice el Señor, Yahvé: Desdicha tras desdicha viene, llega el fin, está amenazándote el fin, ya está ahí. Ya te llega el fin, habitante de la tierra; ya viene el tiempo, ya llega el día del alboroto, pero no de alegría, en los montes." Ahora en seguida voy a derramar sobre ti mi ira y satisfaré en ti mi furor, juzgándote según tus obras y echando sobre ti todas tus fornicaciones. No se apiadará mi ojo, no tendré compasión, sino que echaré sobre ti tus obras, y pondré en tu seno tus abominaciones, y sabrás que yo, Yahvé, os hiero. He ahí el día, ya viene, ya llega tu suerte, ya ha brotado la opresión, ha florecido la injusticia La violencia se ha levantado como cetro de impiedad; nada quedará de ellos ni de su orgullo, nada de su estrépito, nada de su esplendor." Llega el tiempo, viene el día en que no se alegre el que compra ni se entristezca el que vende, que sobre todos vendrá la ira. Quien venda no recobrará lo vendido por más que viva, porque la visión sobre todos ellos no se revocará, y por las impiedades ninguno vivirá. Tocan las trompetas, todo está presto, pero nadie va al combate, porque se desencadena mi ira sobre su muchedumbre. Fuera, la espada; dentro, la peste y el hambre; quien está en el campo morirá a la espada; quien esté dentro de la ciudad será devorado por el hambre y por la peste." Quien de ellos escape huirá a los montes, y gemirán todos como gime la paloma, cada uno por su propia iniquidad. Todas las manos están debilitadas, y todas las rodillas flaquean. Cíñense de saco y cúbrense de terror; en todos los rostros se ve la confusión, y todas las cabezas están rapadas." Tiran en las calles su plata, y su oro se les torna en estiércol; no los salvará su plata ni su oro el día de la ira de Yahvé. No saciarán su hambre y no llenarán su vientre con ellos, pues les fueron incentivo para el pecado." Estaban muy orgullosos de sus brillantes joyas, y con ellas fabricaron sus abominables simulacros, sus ídolos. Por eso se los convertirá en estiércol, y los daré al saqueo de manos extranjeras y en botín a los impíos de la tierra, para que lo contaminen. Apartaré de ellos mi rostro, y será profanado mi tesoro; entrarán en él los invasores y lo profanarán." Fabrícate cadenas, porque está la tierra Üena de sangre, y la ciudad llena de violencias. Traeré gentes perversas para que se apoderen de sus casas, y pondré fin al orgullo de los poderosos, y serán profanados sus santuarios. Viene el terror, pedirán paz, y no habrá paz. Vendrá angustia sobre angustia, y el anuncio de una seguirá al de otra. Faltará la visión a sus profetas; los sacerdotes desconocerán la Ley, y los ancianos el consejo." El rey se enlutará, y los príncipes estarán desolados, y temblarán las manos de toda la tierra. Yo los trataré según sus caminos y los juzgaré según su merecido, y sabrán que yo soy Yahvé. El año sexto, el día cinco del sexto mes, me hallaba yo en mi casa, y estaban delante de mí los ancianos de Judá, y allí se posó sobre mí la mano del Señor, Yahvé. Miré y vi una figura con la apariencia de hombre1. De lo que aparecía, de cintura arriba era fuego, y de cintura abajo era como un esplendor luminoso, como bronce brillante. Tendió una a modo de mano y me tomó por los pelos de la cabeza. El espíritu me levantó entre la tierra y el cielo, y en visión divina me llevó a Jerusalén, a la entrada de la puerta del atrio interior, del lado del septentrión, donde estaba puesto el ídolo que provoca el celo. Y allí estaba la gloria del Dios de Israel, semejante a la de la visión que tuve en el campo. Y me dijo: Hijo de hombre, alza tus ojos hacia el lado del septentrión. Y alzando mis ojos al lado del septentrión, vi al norte de la puerta el altar del ídolo del celo, a la entrada misma. Y me dijo: Hijo de hombre, ¿ves lo que hacen éstos? ¿Ves las grandes abominaciones que la casa de Israel hace aquí mismo para alejarme de mi santuario? Pero date la vuelta, y verás abominaciones todavía más grandes. Y me llevó a la entrada del atrio, y, mirando, vi un agujero en la pared. Y me dijo: Hijo de hombre, horada la pared. Horadé la pared, y apareció una puerta. Entra, me dijo, y mira las pésimas abominaciones que éstos hacen. Entré, miré y vi toda suerte de imágenes de reptiles y bestias abominables y todos los ídolos de la casa de Israel pintados en la pared en derredor. Y setenta hombres de los ancianos de la casa de Israel, entre ellos Jezonías, hijo de Safan, estaban en pie ante ellos, cada uno con su incensario en la mano, de los que subía una nube de incienso. Y me dijo: Hijo de hombre, ¿has visto lo que hacen los ancianos de Israel en secreto, cada uno en su cámara, llena de imágenes? Pues se dicen: Yahvé no nos ve, se ha alejado de la tierra. Y me dijo: Pues verás abominaciones todavía mayores que éstos hacen. Me condujo a la entrada de la puerta de la casa de Yahvé, del lado norte, y estaban allí dos mujeres sentadas, llorando a Tammuz, y me dijo: ¿Has visto, hijo de hombre? Pues todavía verás abominaciones mucho más grandes que ésta. Y me llevó al atrio interior de la casa de Yahvé, y allí, a la misma entrada del santuario de Yahvé, entre el vestíbulo y el altar, había unos veinticinco hombres de espaldas al santuario de Yahvé y cara al oriente, que hacia el oriente se postraban. Y me dijo: Hijo de hombre, ¿has visto? ¿Será cosa ligera para la casa de Judá hacer las abominaciones que en este lugar se hacen, que han llenado la tierra de violencias para irritarme? ¡Hasta se llevan el ramo a las narices! Pues también yo obraré con furor, no se apiadará mi ojo y no tendré compasión, y cuando griten a mis oídos en voz alta, los escucharé. Y clamó en mis oídos con fuerte voz: ¡Acercaos los que habéis de castigar la ciudad! Y llegaron seis hombres por el camino de la puerta superior del lado del septentrión, cada uno con su instrumento destructor en la mano. Había en medio de ellos un hombre vestido de lino, que traía a la cintura un tintero de escriba, y, entrados, fueron a ponerse junto al altar de bronce. La gloria del Dios de Israel se alzó de sobre el querubín sobre el que estaba, hacia el umbral de la casa, y, llamando al hombre vestido de lino que llevaba el tintero de escriba, le dijo: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y pon por señal una “tau” en la frente de los que se duelen de todas las abominaciones que en. medio de ella se cometen. Y a los otros les dijo: Pasad en pos de él por la ciudad y herid. No perdone vuestro ojo ni tengáis compasión: viejos, mancebos y doncellas, niños y mujeres, matad hasta exterminarlos, pero no os lleguéis a ninguno de los que llevan la “tau.” Comenzad por el santuario. Comenzaron, pues, por los ancianos que estaban delante del templo. Y les dijo: Profanad también el santuario, henchid de muertos los atrios. Salid, pues. Salieron, y se pusieron a matar por la ciudad. Mientras ellos herían, quédeme solo, y, postrándome rostro a tierra, grité: ¡Oh Señor, Yahvé! ¿vas a exterminar cuanto queda de la casa de Israel, arrojando tu furor sobre Jerusalén? Y me dijo: La iniquidad de la casa de Israel y de Judá es muy grande. La tierra está llena de sangre; la ciudad, llena de injusticia, pues se han dicho: Yahvé se ha alejado de la tierra y no ve nada." Así, pues, haré yo: no perdonará mi ojo, no tendré compasión, haré recaer sus obras sobre sus cabezas. Y el hombre vestido de lino, con tintero de escriba a la cintura, vino a hacer relación: He hecho lo que mandaste. Y miré, y vi encima del firmamento que estaba sobre las cabezas de los querubines una como piedra de zafiro que aparecía sobre ellos como una semejanza de trono, y habló Yahvé al hombre vestido de lino y le dijo: Ve por entre las ruedas de debajo de los querubines, y llena tus manos de las brasas encendidas que hay entre los querubines y échalas sobre la ciudad, y él fue a vista mía. Los querubines se habían parado al lado derecho de la casa cuando el hombre fue, y una nube había llenado el atrio interior. La gloria de Yahvé se alzó sobre el querubín al umbral de la casa, y ésta se llenó de la nube, y el atrio se llenó del esplendor de la gloria de Yahvé, y el rumor de las alas de los querubines se oía hasta el atrio exterior, semejante a la voz de Dios omnipotente cuando habla. Y como dio la orden al hombre vestido de lino, “toma del fuego de entre las ruedas de en medio de los querubines,” entró él y paróse entre las ruedas, y uno de los querubines tendió la mano al fuego que entre ellos había, y tomó de él y lo puso en las palmas del que estaba vestido de lino, que lo tomó y salió. Mostróse entonces en los querubines una forma de mano de hombre bajo sus alas. Miré y vi cuatro ruedas junto a los querubines, una rueda al lado de uno y otra al lado de otro querubín. A la vista parecían las ruedas como de turquesa, y en cuanto a su forma, las cuatro eran iguales, como rueda dentro de rueda. Cuando se movían, iban a sus cuatro lados, y no se volvían atrás al marchar. Todo el cuerpo de los querubines, dorso, manos y alas, y las ruedas, estaban todo en derredor llenos de ojos, y todos cuatro tenían cada uno su rueda. A las ruedas, como yo lo oí, las llamaban torbellino. Cada uno tenía cuatro aspectos: el primero, de toro; el segundo, de hombre; el tercero, de león, y el cuarto, de águila." Levantáronse los querubines. Eran los mismos seres vivientes que había visto junto al río Kebar. Al moverse los querubines, se movían las ruedas a su lado, y cuando los querubines alzaban las alas para levantarse de tierra, las ruedas a su vez no se apartaban de su lado;" cuando aquéllos se paraban, se paraban éstas, y cuando se alzaban aquéllos, se alzaban éstas con ellos, pues había en ellas espíritu de vida. La gloria de Yahvé se quitó de sobre el umbral de la casa y se puso sobre los querubines, y los querubines tendieron las alas y se alzaron de tierra a vista mía, y con ellos se alzaron las ruedas. Paráronse a la entrada de la puerta oriental de la casa de Yahvé, y la gloria del Dios de Israel estaba arriba sobre ellos. Eran los mismos seres que había visto bajo el Dios de Israel junto al río Kebar, y supe que se llamaban querubines. Cada uno tenía cuatro aspectos, y cada uno cuatro alas, y una semejanza de mano de hombre bajo las alas. La semejanza de sus rostros era la de los que vi junto al río Kebar. Cada uno iba de frente a sí. Me elevó el espíritu y me llevó a la puerta oriental de la casa de Yahvé, la que mira a levante, y vi que había a la puerta veinticinco hombres, entre los cuales Jezanías, hijo de Azur, y Peltías, hijo de Banayas, jefes del pueblo. Y Yahvé me dijo: Hijo de hombre, éstos son los que maquinan perversidades, y dan en la ciudad perversos consejos, y dicen: ¿No se han reconstruido bien pronto las casas de la ciudad? Ella será la olla, nosotros la carne. Por tanto, profetiza contra ellos, profetiza, hijo de hombre. Y vino sobre mí el espíritu de Yahvé, y me dijo: Di: Así habla Yahvé: Vosotros habéis dicho eso, casa de Israel, y yo sé muy bien lo que pensáis. Habéis multiplicado los muertos en esta ciudad, habéis llenado sus calles de cadáveres. Por tanto, así dice Yahvé: Vuestros muertos, los que habéis dejado tendidos en medio de ella, ésos son la carne, y ella es la olla; pero yo os sacaré de ella." Vosotros tenéis miedo a la espada, y yo haré venir la espada sobre vosotros, dice el Señor, Yahvé. Yo os sacaré de en medio de ella y os entregaré en manos de los extranjeros, y haré justicia en vosotros. Pereceréis a la espada; en los términos de Israel os juzgaré, y sabréis que yo soy Yahvé." No será ella para vosotros la olla, ni seréis vosotros en ella la carne; en los términos de Israel os juzgaré," y sabréis que yo soy Yahvé, cuyos mandamientos no habéis seguido, cuyas leyes no habéis practicado, sino que habéis obrado siguiendo las costumbres de las gentes que os rodean. Apenas había profetizado, cayó muerto Peltías, hijo de Banayas, y yo me eché rostro a tierra y grité con todas mis fuerzas: ¡Ah Señor! ¿vas a acabar del todo con lo que queda de Israel? Me fue dirigida palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, tus hermanos, los de tu parentela, la casa de Israel toda entera, son aquellos a los que dicen los habitantes de Jerusalén: Alejaos de Yahvé, tenemos la tierra en posesión4. Diles, por tanto: Así habla el Señor, Yahvé: Los he alejado entre las gentes, los he dispersado en tierras extranjeras, pero yo seré para ellos santuario por el poco tiempo que estarán en las tierras a que han emigrado. Diles, pues: Así habla el Señor, Yahvé: Yo os recogeré de entre las gentes, y os reuniré de entre las tierras a que habéis sido dispersados, y os daré la tierra de Israel. Y entrarán en ella y quitarán de ella todos sus ídolos y todas sus abominaciones” Y les daré otro corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo, quitaré de su cuerpo su corazón de piedra y les daré un corazón de carne, para que sigan mis mandamientos, y observen y practiquen mis leyes, y sean mi pueblo y sea yo su Dios. Pero a los que se complacen en sus ídolos, en sus abominaciones, yo les echaré sus obras sobre la cabeza, dice el Señor, Yahvé. Los querubines desplegaron sus alas y les siguieron las ruedas, y la gloria del Dios de Israel estaba sobre ellos, y la gloria de Yahvé se alzó de en medio de la ciudad y se posó sobre el monte que está al oriente de la ciudad. Me tomó el espíritu y me llevó a Caldea entre los cautivos en visión de espíritu de Dios, y desapareció la visión que había tenido. Yo dije a los cautivos todo lo que Yahvé me había mostrado. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, habitas en medio de gente rebelde, que tiene ojos para ver, y no ven; oídos para oír, y no oyen, porque son gente rebelde." Tú, hijo de hombre, dispon tus trebejos de emigración y sal de día a la vista de ellos. Parte a presencia suya del lugar en que estás para otro lugar, a ver si reconocen que son gente rebelde. Saca tus trebejos como trebejos de camino, de día, a sus ojos, y parte por la tarde a presencia de ellos, como parten los desterrados. A sus ojos horada la pared, y sal por ella, llevando a sus ojos tus trebejos, y te los echas al hombro, y sales al oscurecer, cubierto el rostro y sin mirar a la tierra, pues quiero que seas pronóstico para la casa de Israel. Yo hice lo que se me mandaba, y salí de día con mis trebejos, como trebejos de emigración; horadé con mis manos la pared, y los saqué al oscurecer, y me los eché al hombro a presencia suya." Por la mañana me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, ¿no te ha dicho la casa de Israel, csia casa de rebeldes: Qué es lo que haces? Pues diles: Así habla el Señor, Yahvé: Este oráculo es para el príncipe que está en Jerusalén y para toda la casa de Israel que allí se halla. Diles: Yo soy para vosotros una señal; lo que yo hago, eso harán ellos; irán al destierro, al cautiverio." El príncipe que entre ellos está se echará al hombro su bagaje en la oscuridad y partirá. Se horadará la muralla para que salga y se cubrirá el rostro para no ver la tierra. Yo le tenderé mis redes, y será apresado en mis mallas, y le llevarán a Babilonia, a la tierra de los caldeos, pero no la verá, y allí morirá. Y a cuantos estén a su lado para servirle, a cuantos le acompañen, los esparciré a todos los vientos y desenvainaré en pos de ellos mi espada. Y sabrán que yo soy Yahvé cuando los disemine entre las gentes y los derrame sobre la tierra. Pero haré que de ellos quede un corto numero arrancados a la espada, el hambre y la pestilencia, para que cuenten todas sus abominaciones entre las gentes a las que llegaren, y sepan que yo soy Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, come tu pan con temor y bebe tu agua con anhelo y angustia, y di al pueblo de la tierra: Así habla el Señor, Yahvé, de los moradores de Jerusalén y de la tierra de Israel: Comerán su pan con temor, y con espanto beberán su agua, porque su tierra será despojada de todo por la maldad de cuantos la habitan. Y serán asoladas las ciudades que habitan, y sabrán que yo soy Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, ¿qué refrán es ese que corre por la tierra de Israel, diciendo: Pasan los días, y no se cumple la visión? Diles, por tanto: Así habla el Señor, Yahvé: Yo haré que desaparezca ese refrán, y no lo repetirán en Israel. Diles, por lo contrario: Ya se acerca el día y se cumplirá la visión. No habrá ya más en adelante visiones engañosas ni adivinaciones lisonjeras en la casa de Israel. Porque yo, Yahvé, digo: Se cumplirá la palabra que pronuncié y no se dilatará. Antes en vuestros días, ¡oh casa de rebeldes! diré mi palabra y la cumpliré. Oráculo del Señor, Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, mira cómo dice la casa de Israel: Las visiones que éste ve no son para pronto, profetiza para muy lejanos días. Diles, por tanto: Así habla el Señor, Yahvé: No se dilatará ya más. Se cumplirá toda palabra que yo hable, dice el Señor, Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, profetiza contra los profetas de Israel, profetiza, y di a esos que profetizan a capricho suyo: Oíd la palabra de Yahvé. Así dice el Señor, Yahvé: ¡Ay de los profetas insensatos que andan en su propio capricho, sin haber visto nada! Fueron, Israel, tus profetas como zorras entre ruinas. No habéis subido a las brechas, no habéis amurallado la casa de Israel para que resistiera en el combate en el día de Yahvé. Vieron vanidad y adivinación mentirosa. Dicen: “Ha dicho Yahvé,” y no los envió Yahvé, y hacen esperar que se cumplirán sus palabras. ¿No habéis visto visiones vanas? ¿No habéis anunciado adivinaciones mentirosas, diciendo: “Ha dicho Yahvé,” no habiéndolo dicho yo? Por tanto, así dice el Señor, Yahvé: Por haber hablado vosotros vanidad y haber visto mentiras, aquí estoy yo contra vosotros, dice el Señor, Yahvé. Y será mi mano contra los profetas que ven vanidad y adivinan mentira. No formarán en la asamblea de mi pueblo, ni serán inscritos en el libro de la casa de Israel, ni volverán a la tierra de Israel, y sabréis que yo soy el Señor, Yahvé. Por tanto, por haber engañado a mi pueblo, diciendo: “Paz,” no habiendo paz, y porque, mientras mi pueblo alzaba una pared, ellos la jarreaban con barro, di a esos jarreadores con barro que se caerá, que vendrán aguaceros, y mandaré granizadas que la derribarán y viento impetuoso que la deshará. Y cuando caiga la pared, no os dirán: ¿Dónde está la argamasa con que la cubristeis? Y, por tanto, así dice el Señor, Yahvé: Yo, en mi furor, desencadenaré la tempestad, y vendrá en mi ira un aguacero impetuoso, y caerá furioso el granizo para destruir. Y derribaré la pared que vosotros revocasteis, la echaré a tierra, y quedarán al descubierto sus cimientos. Jerusalén caerá, y vosotros pereceréis en medio de sus escombros y sabréis que yo soy Yahvé. Yo saciaré mi furor contra la pared y contra los que la revocaron de argamasa, y se dirá: Ya no hay pared, y se acabaron los que la revocaban, los profetas de Israel que profetizan a Jerusalén y tienen para ella visiones de paz, no habiendo paz, dice el Señor, Yahvé. Y tú, hijo de hombre, pon tus ojos en las hijas de tu pueblo que profetizan a capricho suyo, y profetiza contra ellas. Di: Así habla el Señor, Yahvé: ¡Ay de las que se hacen cintajos para todas las articulaciones de las manos, y lazos sobre la cabeza de toda talla para cazar las almas! ¿Creéis que cazando las almas de mi pueblo mantendréis las vuestras? Vosotras, por dos puñados de cebada o dos pedazos de pan, me deshonráis ante mi pueblo, predicando la muerte de quien no ha de morir, y prometiendo la vida a quien no vivirá, y engañando así a mí pueblo, que se cree las mentiras. Por tanto, así dice el Señor, Yahvé: Heme aquí contra esos vuestros cintajos con que cazáis las almas; yo los arrancaré de vuestros brazos y dejaré volar libres a las almas que con ellos cazáis." Yo arrancaré también vuestros lazos y libraré de vuestras manos a mi pueblo. No os servirán ya más de red en vuestras manos, y sabréis que yo soy Yahvé. Por haber entristecido con vuestras mentiras el corazón del justo, cuando yo no quería entristecerle, y haber confortado las manos del impío para que no se volviese de su mal camino y viviese, ya no tendréis más vanas visiones ni pronunciaréis más oráculos. Libraré cíe vuestras manos a mi pueblo y sabréis que yo soy Yahvé. Vinieron a mí algunos de los ancianos de Israel y se sentaron delante de mí, y me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, estas gentes llevan sus ídolos dentro de su corazón y miran con sus ojos el escándalo de su iniquidad. ¿Voy a dejarme consultar por ellos? Habíales, por tanto, y diles: Así habla el Señor, Yahvé: A todos los de la casa de Israel que, llevando sus ídolos en su corazón y mirando con sus ojos el escándalo de su iniquidad, vinieron al profeta, les responderé yo mismo, Yahvé, hablándoles de la muchedumbre de sus ídolos, para agarrar a la casa de Israel por su propio corazón, ya que por sus ídolos se aparta de mí. Di, por tanto, a la casa de Israel: Así habla el Señor, Yahvé: Convertios y apartaos de vuestros ídolos y apartad la vista de vuestras abominaciones, porque a quienquiera de la casa de Israel que de mí se apartare para poner en su corazón sus ídolos y sus ojos en el escándalo de su iniquidad, y viniera al profeta para preguntarle, le responderé yo, Yahvé, por mí mismo, y pondré mi rostro contra él, y le haré portento y fábula, y le arrancaré de mi pueblo de Israel, y sabréis que yo soy Yahvé;" y si el profeta se deja seducir y dice alguna cosa, seré yo, Yahvé, quien le habré seducido, y tenderé sobre él mi mano, y le exterminaré de en medio de mi pueblo, Israel. Y llevarán sobre sí su maldad; según la maldad de quien pregunta, así será la maldad de quien responde." Para que no yerre más la casa de Israel lejos de mí ni se contamine con todas sus abominaciones, y sean mi pueblo y yo sea su Dios, dice el Señor, Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, cuando, por haberse rebelado pérfidamente contra mí la tierra, tienda yo mi brazo contra ella, y la quebrante el sustento del pan, y mande sobre ella el hambre, y extermine en ella hombres y , aunque hubieran estado en ella estos tres varones, Noé, Daniel y Job, ellos por su justicia salvarían su vida, dice el Señor Yahvé. Y si invadiera esa tierra con bestias feroces para que la desolaran, sin que nadie por miedo a las fieras la atravesara, si hubieran estado en ella esos tres varones, por mi vida, dice Yahvé, no hubieran salvado a sus hijos ni a sus hijas; ellos solos habrían escapado, y la tierra habría sido desolada." Y si mando contra ella la espada y digo: Espada, recorre la tierra y extermina hombres y , aunque en medio de ella estuvieran aquellos tres varones, por mi vida, dice Yahvé, que no salvarían a sus hijos y a sus hijas; ellos solos se librarían." O si mandare sobre esa tierra la peste contra ella, derramando mi ira contra él con sangre, para exterminar hombres y bestias, aunque en medio de ella estuvieran Noé, Daniel y Job, por mi vida, dice Yahvé, no salvarían un hijo ni una hija; por su propia justicia escaparían ellos y salvarían la propia vida." Pues así dice el Señor, Yahvé: ¡Cuánto más cuando desencadene yo contra Jerusalén esos cuatro azotes juntamente: la espada, el hambre, las bestias feroces y la peste, para exterminar en ella hombres y Y, sin embargo, quedarán en ella algunos restos, hijos e hijas, que escaparán y saldrán fuera y vendrán con vosotros, y veréis su conducta y sus obras, y comprenderéis el mal que yo voy a hacer a Jerusalén y todo lo que voy a hacer contra ella. Lo comprenderéis cuando veáis su conducta y sus obras, y reconoceréis que no sin razón hago yo cuanto hago, dice el Señor, Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, ¿qué tiene más el palo de la viña que otro palo? ¿Qué es el sarmiento entre todas las maderas de la selva? ¿Sacarán de él madera para hacer obra alguna? ¿Harán de él estacas para colgar cualquier cosa? Echase al fuego para que se consuma; sus dos extremos son consumidos y arde también el medio, ¿servirá para algún trabajo?" Si cuando estaba entero no servía para hacer de él obra alguna, ¡cuánto menos servirá cuando el fuego lo ha consumido, después que fue presa del fuego! Por tanto, así dice el Señor, Yahvé: Como es el palo de la vid entre las maderas de la selva, leña que yo echo al fuego para que se consuma, así echaré a él a los habitantes de Jerusalén. Volveré contra ellos mi rostro, escaparon del fuego, y el fuego los devorará, y sabéis que yo soy Yahvé cuando volviere contra ellos mi rostro. Y tornaré la tierra en desierto, por cuanto prevaricaron, dice el Señor, Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, echa en cara a Jerusalén sus abominaciones, y di: Esto dice el Señor, Yahvé, a Jerusalén: Eres por tu tierra y por tu origen una cananea; tu padre, un amorreo; tu madre, una jetea;" a tu nacimiento, el día que naciste, nadie te cortó el ombligo; no fuiste lavada en el agua para limpiarte, no fuiste frotada con sal ni fajada;" nadie hubo que pusiera en ti sus ojos para hacerte algo de esto, compadecido de ti, sino que con horror fuiste tirada al campo el día que naciste. Pasé yo cerca de ti y te vi sucia en tu sangre, y, estando tú en tu sangre, te dije: ¡Vive! Te hice crecer a decenas de millares, como la hierba del campo. Creciste y te hiciste grande, y llegaste a la flor de la juventud; te crecieron los pechos y te salió el pelo, pero estabas desnuda y llena de vergüenza." Pasé yo junto a ti y te miré. Era tu tiempo el tiempo del amor, y tendí sobre ti mi manto, cubrí tu desnudez, me ligué a ti con juramento e hice alianza contigo, dice el Señor, Yahvé, y fuiste mía. Te lavé con agua, te quité de encima la sangre, te ungí con óleo, te vestí de recamado, te calcé piel de tejón, te ceñí de lino fino y te cubrí de seda. Te atavié con joyas, puse pulseras en tus brazos y collares en tu cuello, arillo en tus narices, zarcillos en tus orejas y espléndida diadema en tu cabeza. Estabas adornada de oro y plata, vestida de lino y seda en recamado; comías flor de harina de trigo, miel y aceite; te hiciste cada vez más hermosa y llegaste hasta reinar." Extendióse entre las gentes la fama de tu hermosura, porque era acabada la hermosura que yo puse en ti, dice el Señor-Yahvé. Pero te envaneciste de tu hermosura y de tu nombradía y te diste al vicio, ofreciendo tu desnudez a cuantos pasaban, entregándote a ellos. Tomaste tus vestidos y te hiciste altos coloreados para prostituirte en ellos. Tomaste las espléndidas joyas que te había dado, mi plata y mi oro, y te hiciste simulacros de hombres, fornicando con ellos. Tomaste las telas recamadas y los cubriste con ellas, y les ofreciste mi óleo y mis aromas. También el pan que yo te diera, la flor de harina de trigo y el aceite y la miel con que te mantenía, se los ofreciste en ofrenda de suave olor. Eso hiciste, dice el Señor, Yahvé. Y, a más de esto, tomaste a tus hijos y a tus hijas, los que habías engendrado para mí, y se los sacrificaste para que les sirvieran de comida. Te parecían poco tus prostituciones, y sacrificaste a mis hijos, haciéndolos pasar por el fuego. Y al cometer todas estas tus fornicaciones y prostituciones, no te acordaste del tiempo de tu mocedad, cuando estabas desnuda en tu vergüenza y te revolvías en tu sangre;" antes al contrario, después de tantas maldades, hay de ti! dice Yahvé, te hiciste en cada plaza un lupanar y en cada calle un prostíbulo, mancillando tu hermosura, entregándote a cuantos pasaban y multiplicando tus prostituciones. Te prostituíste a los hijos de Egipto, tus vecinos de gordos cuerpos, multiplicando tus fornicaciones para irritarme. Por eso tendí yo a ti mi mano, y te quité parte de la dote, y te entregué al capricho de tus enemigas, las hijas de los filisteos, que te aborrecen y se avergüenzan de tu desenfreno. No harta todavía, te prostituíste también a los hijos de Asiría, fornicaste con ellos, sin hartarte todavía. Multiplicaste tus prostituciones desde la tierra de Canaán hasta Caldea, y ni con todo esto te saciaste. ¿Cómo sanar tu corazón, dice el Señor, Yahvé, cuando has hecho todo esto, como desvergonzada ramera dueña de sí, haciéndote prostíbulos en todas las encrucijadas y lupanares en todas las plazas? Y ni siquiera eres comparable a las rameras que reciben el precio de su prostitución. Tú eres la adúltera que, en vez de su marido, acoge a los extraños. A la meretriz se le paga su merced, pero tú hacías las mercedes a tus amantes y les hacías regalos para que de todas partes entrasen a ti para tus fornicaciones. Ha sucedido contigo en tus fornicaciones lo contrario de las otras rameras, pues no te buscaban, y, pagando tú en vez de recibir paga, fuiste al contrario de las otras. Por tanto, oye, ¡oh ramera! la palabra de Yahvé: Así dice el Señor, Yahvé: Por haber descubierto tus vergüenzas y haber mostrado tu desnudez a tus amantes en tus fornicaciones y a todos los abominables ídolos, y por la sangre de tus hijos que les ofreciste, por eso reuniré yo a todos tus amantes y a cuantos recibiste placentera, y, además de los que amaste, traeré también a los que aborreciste, y los juntaré contra ti en derredor, y les descubriré tus vergüenzas, y contemplarán todas tus torpezas. Te juzgaré como se juzga a la adúltera y a la vertedora de sangre, y te haré sangrienta víctima del furor y del celo. Te entregaré a sus manos, y ellos desharán tu lecho y derribarán tus prostíbulos, te desnudarán de tus vestidos y te arrebatarán todos los ornamentos de tu hermosura y te dejarán desnuda, en cueros. Y harán venir contra ti a las muchedumbres, y te lapidarán con piedras, y te atravesarán con la espada, y pegarán fuego a tus casas, y harán en ti justicia a ojos de muchas mujeres, y haré que ceses de fornicar, y no harás ya más regalos. Saciaré en ti mi ira y se apartará de ti mi celo. Por cuanto no te acordaste de los días de tu mocedad y me provocaste a ira con todas esas cosas, por eso yo también echaré tus caminos sobre tu cabeza, dice el Señor, Yahvé, y cumpliré mis designios contra todas tus abominaciones. Mira que no habrá proverbista que no te aplique este proverbio: “Cual la madre, tal la hija.” Sí, eres hija de madre que aborreció a su marido y a sus hijos. Y eres también hermana de tus hermanas, que aborrecieron a sus maridos y a sus hijos. Vuestra madre fue una jetea, y vuestro padre un amorreo. Tu hermana mayor es Samaría, con sus hijas, que habita a la izquierda tuya, y tu hermana menor es Sodoma, con sus hijas, que habita a tu derecha. Y ni aun seguiste sólo sus caminos, ni imitaste sólo sus abominaciones; como si esto fuera muy poco para ti, te corrompiste más que ellas en todas tus sendas." Por mi vida, dice el Señor, Yahvé, que tu hermana Sodoma, con sus hijas, no hizo lo que tú con tus hijas hiciste. Mira cuál fue la iniquidad de Sodoma, tu hermana: Tuvo gran soberbia, hartura de pan y gran ociosidad ella y sus hijas. No dio la mano al pobre, al desvalido;" se ensoberbecieron e hicieron lo que a mis ojos es abominable, y cuando lo vi, las quité de en medio. Samaría no pecó ni la mitad de lo que tú has pecado. Tú multiplicaste tus fornicaciones mucho más que ellas, hasta el punto de hacer justas a tus hermanas con todas las abominaciones que has cometido. Lleva, pues, sobre ti tu vituperio, tú que has abogado por la causa de tus hermanas con las abominaciones que más que a ellas te han hecho abominable, viniendo a ser justas ellas comparadas contigo. Sé confundida y soporta tu vituperio también tú, pues que has venido a justificar a tus hermanas. Pero yo mudaré la suerte suya, la suerte de Sodoma y de sus hijas, la suerte de Samaría y de sus hijas, y con la de ellas mudaré también la tuya, para que soportes tu confusión y tu vituperio por todo cuanto hiciste y les sirvas a ellas de consuelo. Tu hermana Sodoma con sus hijas volverán a su anterior estado; volverán también a él Samaría con sus hijas, y tú también y tus hijas volveréis a vuestro estado primero." Ni el nombre siquiera de tu hermana Sodoma se oía en tu boca al tiempo de tu orgullo, antes de que fuera descubierta tu perversidad. Así también eres tú oprobio para las hijas de Aram y para las hijas de los filisteos que te rodean, que dondequiera te desprecian. Lleva sobre ti tu perversidad y tus abominaciones, dice Yahvé. Porque así habla el Señor, Yahvé: Voy a hacer yo contigo lo que conmigo hiciste tú, menospreciando el juramento y rompiendo el pacto. No obstante, yo me acordaré de la alianza que contigo hice al tiempo de tu mocedad y confirmaré contigo una alianza eterna. Y tú te acordarás de tus obras y te avergonzarás cuando recibas a tus hermanas mayores y menores, que yo te daré por hijas, mas no ya por el pacto hecho contigo. Yo renovaré mi alianza contigo, y sabrás que yo soy Yahvé, para que te acuerdes y sientas vergüenza y nunca más, de vergüenza, te atrevas a abrir la boca, cuando te habré perdonado cuanto hiciste, dice el Señor, Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, propon un enigma y compon una parábola sobre la casa de Israel. Di: Así habla el Señor, Yahvé: La gran águila de grandes alas y de largas plumas, toda cubierta de espléndido plumaje de colores varios, vino al Líbano y tomó el cogollo del cedro, arrancó el principal de sus renuevos y lo llevó a tierra de mercaderes, y lo puso en una ciudad de comerciantes. Escogió luego un sembrado de la tierra y !o puso en campo selecto para la plantación. Lo puso cerca de aguas abundantes, lo plantó como un sauce 1 . Echó brotes y se hizo una vid frondosa, pero de poca altura, para que dirigiese hacia el águila sus ramas y le estuvieran sometidas sus raíces. Hízose vid, y echó sarmientos y extendió sus ramas. Pero había otra gran águila de grandes alas y espeso plumaje, y la vid dirigió hacia ésta sus raíces y tendió hacia ella sus sarmientos desde el bancal en que la otra la plantó para que estuviera bien regada. Había sido plantada en tierra buena y cerca de abundantes aguas para que echase ramas y llevase frutos y se hiciese una vid vigorosa. Di: Así habla el Señor, Yahvé: ¿Prosperará? El águila primera, ¿no arrancará sus raíces, no las despojará, dejándolas que se seque y sequen todas las hojas que echó? Sin gran esfuerzo, sin necesidad de mucha gente la arrancará de raíz. Había sido plantada, ¿prosperará? ¿No se secará del todo apenas la toque el viento solano? En los bancales donde brotó se secará. Y me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Anda, di a la casa rebelde: ¿No habéis entendido lo que esto significa? Di: El rey de Babilonia vino a Jerusalén, cogió al rey y a sus príncipes y los deportó, llevándoselos consigo a Babilonia. Tornó a uno de la real estirpe e hizo con él un pacto, tomándole juramento. Llevóse a los poderosos de la tierra, para que el reino fuese modesto y se rebelase, y guardase y mantuviese el pacto hecho con él. Pero se rebeló y mandó embajadores a Egipto para que le diese caballos y mucha gente. ¿Prosperará? ¿Escapará el que tales cosas hizo? Rompió el pacto, ¿escapará? Por mi vida, dice el Señor, Yahvé, que en la tierra de quien le habían puesto en el trono, cuyo juramento menospreció y cuya alianza rompió, allí morirá, en Babilonia. Y el faraón no le socorrerá con gran ejército y muchas fuerzas en la lucha cuando se levanten terraplenes y se construyan torres para destrucción de muchas vidas. Menospreció el juramento, rompió el pacto, dio su mano, y luego hizo cosas tales; no escapará." Por tanto, así habla el Señor, Yahvé: Por mi vida que yo echaré sobre su cabeza mi juramento, que él menospreció, y mi pacto, que él rompió, y le tenderé mi red y quedará preso en mi lazo. Le deportaré a Babilonia y allí le juzgaré por la infidelidad cometida contra mí. Todos los fugitivos de sus tropas caerán a la espada, y los que quedan serán dispersados a todos los vientos, y sabréis que yo, Yahvé, he hablado. Así dice el Señor, Yahvé: También yo tomaré del cogollo del cedro elevado, y del principal de sus renuevos cortaré un tallo y lo plantaré sobre el monte alto y sublime, en el monte alto de Israel lo plantaré, y echará ramas y dará fruto, y se convertirá en magnífico cedro, y se acogerán a él las aves de toda pluma, que habitarán a la sombra de sus ramas, y conocerán todos los árboles de la selva que yo soy Yahvé, que humillé al árbol sublime y levanté al árbol bajo, sequé el árbol verde e hice reverdecer el árbol seco. Yo, Yahvé, he hablado y yo lo cumpliré. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: ¿Qué andáis repitiendo este proverbio en la tierra de Israel y decís: “Los padres comieron las agraces, y los dientes de los hijos sufren la dentera”? Por mi vida, dice Yahvé, que nunca más diréis este refrán en Israel. Mías son las almas todas; lo mismo la del padre que la del hijo, mías son, y el alma que peca , ésa perecerá." El que sea justo y haga juicio y justicia, no banquetee por los montes, y no alce los ojos a los ídolos de la casa de Israel, no deshonre a la mujer de su prójimo y no se llegue a la menstruada, y no oprima a nadie y devuelva al deudor su prenda, no robe y dé pan al hambriento y vestido al desnudo, no dé a logro ni reciba a usura, retraiga su mano del mal y haga juicio de verdad entre hombre y hombre, camine en mis mandatos y guarde mis leyes, obrando rectamente, ése es justo, vivirá, dice Yahvé. Pero, si engendró un hijo violento, vertedor de sangre o que haga una de esas otras cosas, y, no imitando a sus padres, coma por los montes, manche a la mujer de su prójimo, oprima al pobre y al desvalido, robe, no devuelva la prenda, alce los ojos a los ídolos y haga abominaciones, dé a logro y reciba a usura, ¿vivirá éste? No vivirá. Hizo todas esas abominaciones, de cierto morirá. Recaerá su sangre sobre él. Pero, si éste engendró un hijo que, viendo todos los pecados de su padre, no los imita, ni come por los montes, ni alza sus ojos a los ídolos de Israel, ni mancha a la mujer de su prójimo, ni oprime a nadie, ni retiene la prenda, ni roba, da su pan al hambriento y viste al desnudo, contiene su mano de la iniquidad, no recibe usura ni interés y cumple mis preceptos, éste no morirá por la iniquidad de su padre, vivirá. Su padre, que agravió y despojó a su hermano y no obró el bien en medio de su pueblo, éste morirá por su iniquidad. Y si dijereis: ¿Por qué no ha de pagar el hijo la iniquidad del padre? Pues porque el hijo hizo juicio y justicia y guardó mis mandamientos y los puso por obra, y de cierto vivirá. El alma que pecare, ésa morirá; el hijo no llevará sobre sí la iniquidad del padre, ni el padre la del hijo; la justicia del justo será sobre él, y sobre él será la iniquidad del malvado." Y si el malvado se retrae de su maldad, y guarda todos mis mandamientos, y hace lo que es recto y justo, vivirá y no morirá. Todos los pecados que cometió no le serán recordados, y en la justicia que obró vivirá. ¿Quiero yo acaso la muerte del impío, dice el Señor, Yahvé, y no más bien que se convierta de su mal camino y viva? Pero, si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad conforme a todas las abominaciones que hace el impío, ¿va a vivir? Todas las justicias que hizo no le serán recordadas; por sus rebeliones con que se rebeló, por sus pecados que cometió, por ellos morirá" Y si dijereis: No es recto el camino del Señor, escucha, casa de Israel. ¿Que no es derecho mi camino? ¿No son más bien los vuestros los torcidos ? Si el justo se aparta de su justicia para obrar la maldad y por eso muere, muere por la iniquidad que cometió. Y si el malvado se aparta de su iniquidad que cometió y hace lo que es recto y justo, hará vivir su propia alma. Abrió los ojos y se apartó de los pecados cometidos, y vivirá y no morirá. Y dice la casa de Israel: ¿No son derechos los caminos del Señor? ¿Que no son derechos mis caminos, casa de Israel? ¿No son más bien los vuestros los torcidos? Yo, pues, os juzgaré a cada uno según sus caminos, ¡oh casa de Israel! dice Yahvé. Volveos y convertios de vuestros pecados, y así no serán la causa de vuestra ruina. Arrojad de sobre vosotros todas las iniquidades que cometéis, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué habéis de querer morir, casa de Israel? Que no quiero yo la muerte del que muere. Convertios y vivid. Canta una elegía sobre los príncipes de Israel, y di: ¿Qué fue tu madre? Una leona entre leones, agazapada en medio de leoncillos, crió sus cachorros. Levantó a uno de sus cachorros, que llegó a ser león joven, y aprendió a tomar la presa y a devorar hombres. Dieron voces contra él las gentes, y le apresaron en sus trampas, y con anillos le llevaron a la tierra de Egipto. Y viendo ella, después de esperar mucho tiempo, que se desvanecía su esperanza, tomó a otro de sus cachorros y le convirtió en león adulto. Andaba entre leones, y vino también a ser león joven, y aprendió a arrebatar la presa y a devorar hombres. Rugiendo en su altanería, devastó ciudades, y se desvaneció el país y cuanto había a la voz de su rugido. Dieron sobre él las gentes de las regiones del contorno, tendieron redes contra él 1 y le cazaron en su fosa. Encerráronle en una jaula con anillos y le llevaron al rey de Babilonia, para que no se oyesen más sus rugidos en los montes de Israel. Tu madre fue como una vid plantada cerca de las aguas, vigorosa de fruto y de follaje por la abundancia de las aguas. Echó robustos sarmientos, propios para cetros de soberanos. Su tronco se alzaba por entre las nubes, vistoso por su altura y por sus numerosos sarmientos. Pero fue arrancada con furor y echada a tierra, y el viento solano la agostó, quemó sus frutos. Secáronse sus robustos sarmientos, el fuego los devoró. Y ahora está plantada en el desierto, en tierra sedienta y árida. Y ha salido de uno de sus sarmientos un fuego que ha consumido su fruto, y no queda en ella rama alguna fuerte, ni un solo cetro de dominio. Elegía es ésta, y de elegía servirá. El año séptimo, el quinto mes, el día diez del mes, vinieron algunos de los ancianos de Israel a consultar a Yahvé y se sentaron delante de mí, y me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, habla a los ancianos de Israel y diles: Así dice el Señor, Yahvé: Vosotros venís a consultarme. Por mi vida que yo os responderé, dice el Señor, Yahvé. ¿Quieres juzgar a éstos, hijo de hombre? ¿Quieres juzgarlos? Hazles saber las abominaciones de sus padres. Diles: Así habla el Señor, Yahvé: El día en que yo elegí a Israel, y alcé mi mano jurando a la posteridad de Jacob, y me mostré a ellos en la tierra de Egipto, y alcé mi mano, diciendo: Yo, Yahvé, soy vuestro Dios, aquel día alcé mi mano jurando sacarlos de la tierra de Egipto y llevarlos a la tierra que yo les había destinado, que mana leche y miel y es la más hermosa de las tierras. Y os dije: Quite cada uno de sus ojos los ídolos y no os contaminéis con los ídolos de Egipto. Yo, Yahvé, soy vuestro Dios. Pero ellos se rebelaron contra mí y no quisieron darme oídos, ni quitaron de sus ojos las abominaciones, ni abandonaron los ídolos de Egipto, y dije que derramaría sobre ellos mi ira y desfogaría mi enojo sobre ellos en la tierra de Egipto. Mas por la gloria de mi nombre, para que no fuese infamado a los ojos de las gentes en medio de las cuales estaba, a cuya vista me había dado a conocer como quien los había de sacar de la tierra de Egipto, los saqué de la tierra de Egipto y los conduje por el desierto, les di mis mandamientos y mis derechos, y les hice saber que son la vida para quien los cumple. Diles también mis sábados, para que fuesen señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Yahvé, que los santificó. Pero rebelóse contra mí la casa de Israel en el desierto; no anduvieron en mis preceptos y rechazaron mis derechos, que son la vida para quien los cumple, y profanaron mis sábados. Entonces dije que volcaría sobre ellos mi furor y, en mi ira, los exterminaría en el desierto." Pero retraje mi mano por el honor de mi nombre, para que no fuese profanado a los ojos de las gentes a cuya vista les había sacado. Alcé mi mano en el desierto, jurándoles no llevarlos a la tierra que les había dado, que mana leche y miel, la más hermosa entre todas las tierras, porque habían despreciado mis derechos, y no habían seguido mis decretos, y habían profanado mis sábados, yéndose su corazón tras los ídolos. Con todo, mis ojos los miraron piadosamente para no destruirlos, y no los exterminé en el desierto. Pero dije en el desierto a sus hijos: No sigáis las costumbres de vuestros padres, no sigáis sus caminos ni os contaminéis con sus ídolos;" yo soy Yahvé, vuestro Dios; andad en mis ordenaciones, guardad mis derechos y ponedlos por obra," santificad mis sábados y sean señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy Yahvé, vuestro Dios. Pero los hijos se rebelaron contra mí, no anduvieron en mis ordenaciones ni guardaron mis derechos, poniéndolos por obra, los que son la vida para el que los cumple; profanaron mis sábados, y dije entonces que derramaría sobre ellos mi ira para satisfacer en ellos mi enojo en el desierto." Mas retraje mi mano por el honor de mi nombre, para que no se infamase a los ojos de las gentes a cuya vista los saqué. También alcé mi mano en el desierto, jurándoles que los esparciría entre las gentes y los aventaría por las tierras, porque no pusieron por obra mis derechos y desecharon mis ordenaciones, y profanaron mis sábados, y se les fueron los ojos tras los ídolos de sus padres. Por eso les di yo también a ellos ordenaciones no buenas y decretos que no son de vida, y los contaminé en sus ofrendas cuando pasaban a sus hijos por el fuego, a todo primogénito, para desolarlos y hacerles saber que yo soy Yahvé. Por tanto, hijo de hombre, habla a la casa de Israel y diles: Así habla el Señor, Yahvé: Hasta esta injuria me hicieron vuestros padres, entre las infidelidades que cometieron contra mí. Yo los conduje a la tierra que, alzando mi mano, había jurado darles, y ellos, mirando a todo alto collado y a todo árbol frondoso, sacrificaron allí sus víctimas y presentaron sus irritantes ofrendas, y pusieron suaves aromas, y derramaron sus libaciones. Yo les dije: ¿Qué es ese alto, el “Bamah, adonde vosotros vais? Y “Bamah” se llama hasta hoy. Di, pues, a la casa de Israel: Así habla el Señor, Yahvé: ¡Qué! Os contamináis vosotros a la manera de vuestros padres, fornicáis con sus ídolos, y, ofreciendo vuestras ofrendas y pasando a vuestros hijos por el fuego, os contamináis con vuestros ídolos hasta el día de hoy, y ¿me voy a dejar consultar por vosotros, casa de Israel? Por mi vida, dice Yahvé, que no me dejaré consultar por vosotros. Y no será lo que vosotros pensáis, porque vosotros os decís: Seremos como las gentes, como las naciones de la tierra, sirviendo al leño y a la piedra. ¡Por mi vida, dice el Señor, Yahvé, que con puño fuerte, con brazo tendido y en efusión de ira he de reinar sobre vosotros! Os he de sacar de en medio de las gentes y os recogeré de en medio de las tierras a que con puño fuerte, con brazo tendido y en efusión de ira os desparramé, y os llevaré al desierto de los pueblos, y allí, cara a cara, litigaré con vosotros;" como litigué con vuestros padres en el desierto de la tierra de Egipto, así litigaré con vosotros, dice el Señor, Yahvé. Y os haré pasar bajo el cayado y os conduciré con los ligamentos de la alianza. Separaré de vosotros a los rebeldes, a los que se apartaron de mí, y los sacaré de la tierra en que moran, y no entrarán en la tierra de Israel, y sabréis que yo soy Yahvé. -- omitido por paráfrasis -- Y vosotros, los de la casa de Israel — así dice el Señor, Yahvé — , andad cada uno tras sus ídolos y servidles. Pero, ¡ah! ya me daréis oídos luego, y dejaréis de profanar mi santo nombre con vuestras ofrendas y vuestros ídolos. Pues en mi santo monte, en el alto monte de Israel, dice el Señor, Yahvé, allí me servirá toda la casa de Israel, toda ella en la tierra, y allí me complaceré en ellos y demandaré vuestras ofrendas y las primicias de vuestros dones con todo lo que me consagréis. Me agradaré de vosotros como de un suave aroma cuando os saque de en medio de las gentes y os reúna de las tierras a que fuisteis dispersados, y me santificaré en vosotros a los ojos de las gentes y sabréis que yo soy Yahvé cuando os conduzca a la tierra de Israel, a la tierra que, alzando la mano, juré dar a vuestros padres. Allí os vendrán a la memoria vuestras obras y todos los pecados con que os contaminasteis, y sentiréis vergüenza de vosotros mismos por las maldades que cometisteis. Entonces sabréis que yo soy Yahvé, cuando haga con vosotros conforme al honor de mi nombre, no según vuestros malos caminos ni según vuestras perversas obras, casa de Israel, dice el Señor, Yahvé. Y fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, vuélvete de cara hacia el sur y derrama la palabra sobre el mediodía. Profetiza contra el bosque del campo del Negueb, y di al bosque del Negueb: Oye la palabra de Yahvé: Así dice el Señor, Yahvé: Voy a encender en ti un fuego que devorará todos los árboles, los verdes y los secos. No se apagarán las abrasadoras llamas hasta no quemar todo rastro del mediodía al septentrión, y verá toda carne que yo soy Yahvé, quien lo encendió. No se apagará. Dije yo: ¡Oh Señor, Yahvé! Mira que éstos me dicen: ¿No es éste un trovador de parábolas? Y me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, vuélvete de cara a Jerusalén y derrama tu palabra sobre sus santuarios. Profetiza contra la tierra de Israel y di a la tierra de Israel: Así dice el Señor, Yahvé: Heme aquí contra ti; voy a desenvainar mi espada y a exterminar en ti al justo y al impío," pues para eso saldrá mi espada de la vaina contra toda carne, desde el mediodía hasta el septentrión, y sabrá toda carne que yo soy Yahvé, que he desenvainado mi espada y no volverá a la vaina, y tú, hijo de hombre, gime con quebranto de ríñones y amargura, gime a la vista suya. Y cuando te digan: ¿Por qué gimes? diles: Por una noticia que, cuando llegue, se derretirá todo corazón, desmayarán todas las manos, todas las almas se consternarán y todas las rodillas se disolverán como agua. Ya viene, ya se cumple, dice el Señor, Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, profetiza y di: Así habla el Señor, Yahvé: Di: ¡La espada! ¡La espada! Está afilada y bruñida. Afilada para degollar, bruñida para fulgurar como el rayo. La he hecho bruñir para blandiría, hícela afilar y bruñir para ponerla en manos de un degollador. Grita y gime, hijo de hombre, porque viene sobre mi pueblo, sobre todos los príncipes de Israel. Caen a la espada juntamente con mi pueblo. ¡Hiere, pues, tus muslos! Porque es una prueba, y ¿qué si el cetro menospreciador no existe? oráculo del Señor, Yahvé. Tú, pues, hijo de hombre, profetiza batiendo una palma contra otra. Se duplicará la espada, se triplicará; es la espada de la matanza, la espada de la gran matanza que los amenaza." Para que se encojan los corazones i y se multiplique el estrago, sobre todas sus puertas he puesto el espanto de la espada. ¡Ah! ¡Bruñida para fulgurar, afilada para degollar! Taja a derecha, raja a izquierda, adondequiera que te vuelvas. Y también batiré yo palmas, y desfogaré mi ira. Yo, Yahvé, he hablado. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Tú, hijo de hombre, traza dos caminos para la espada del rey de Babilonia, que salgan ambos de la misma tierra, y pon una señal al comienzo de cada camino que indique la ciudad adonde va. Traza un camino por donde vaya la espada a Rabat de los hijos de Amón, y otro por donde vaya a Judá, a la ciudad fuerte de Jerusalén. Porque el rey de Babilonia se ha parado en el cruce de donde parten los dos caminos para consultar, augurando por el lanzamiento de las flechas, por la pregunta a los “terafim,” por el examen de las entrañas. El augurio ha señalado la derecha, Jerusalén, para dar la orden de ataque, lanzar los gritos de guerra, alzar arietes contra sus puertas, levantar terraplén y hacer vallado. Para ellos, éstos son presagios vanos, pues ha habido juramentos solemnes; pero él se acuerda de su iniquidad, y serán cogidos en el lazo." Por tanto, así dice el Señor, Yahvé: Por haber traído a la memoria vuestra iniquidad, poniendo al descubierto vuestras traiciones y vuestros pecados en todas vuestras acciones, puesto que os jactáis, seréis entregados a su mano. Y tú, infame, impío, príncipe de Israel, llegó tu día, el término del tiempo de la iniquidad. Así dice Yahvé: ¡Fuera tiara! ¡Fuera corona! Eso no será más. Será ensalzado lo humilde y humillado lo alto. ¡Ruina, ruina! ¡A ruina las reduciré! y no serán más mientras no venga aquel a quien de derecho pertenecen, y a él se las daré. ¡Ruina, ruina! ¡A ruina las reduciré! y no serán más mientras no venga aquel a quien de derecho pertenecen, y a él se las daré. [ (Ezekiel 21:33) Y tú, hijo de hombre, profetiza y di: Así habla el Señor, Yahvé, de los hijos de Arnón y de su oprobio. Di, pues: ¡La espada! Desenvainada está la espada para degollar, bruñida para consumir, para fulgurar, ] ¡Ruina, ruina! ¡A ruina las reduciré! y no serán más mientras no venga aquel a quien de derecho pertenecen, y a él se las daré. [ (Ezekiel 21:33) Y tú, hijo de hombre, profetiza y di: Así habla el Señor, Yahvé, de los hijos de Arnón y de su oprobio. Di, pues: ¡La espada! Desenvainada está la espada para degollar, bruñida para consumir, para fulgurar, ] [ (Ezekiel 21:34) para hacerla caer sobre el cuello de los más inmundos de los impíos, mientras te profetizan vanidad y te adivinan mentiras. Llegó su día en el tiempo de la consumación de la iniquidad. ] ¡Ruina, ruina! ¡A ruina las reduciré! y no serán más mientras no venga aquel a quien de derecho pertenecen, y a él se las daré. [ (Ezekiel 21:33) Y tú, hijo de hombre, profetiza y di: Así habla el Señor, Yahvé, de los hijos de Arnón y de su oprobio. Di, pues: ¡La espada! Desenvainada está la espada para degollar, bruñida para consumir, para fulgurar, ] [ (Ezekiel 21:34) para hacerla caer sobre el cuello de los más inmundos de los impíos, mientras te profetizan vanidad y te adivinan mentiras. Llegó su día en el tiempo de la consumación de la iniquidad. ] [ (Ezekiel 21:35) ¿La volveré a la vaina? Yo te juzgaré en la tierra donde te criaste, en la tierra donde has vivido. ] ¡Ruina, ruina! ¡A ruina las reduciré! y no serán más mientras no venga aquel a quien de derecho pertenecen, y a él se las daré. [ (Ezekiel 21:33) Y tú, hijo de hombre, profetiza y di: Así habla el Señor, Yahvé, de los hijos de Arnón y de su oprobio. Di, pues: ¡La espada! Desenvainada está la espada para degollar, bruñida para consumir, para fulgurar, ] [ (Ezekiel 21:34) para hacerla caer sobre el cuello de los más inmundos de los impíos, mientras te profetizan vanidad y te adivinan mentiras. Llegó su día en el tiempo de la consumación de la iniquidad. ] [ (Ezekiel 21:35) ¿La volveré a la vaina? Yo te juzgaré en la tierra donde te criaste, en la tierra donde has vivido. ] [ (Ezekiel 21:36) Derramaré sobre ti mi furor, soplaré contra ti el fuego de mi ira, y te entregaré en manos de hombres despiadados, artífices de la destrucción. ] ¡Ruina, ruina! ¡A ruina las reduciré! y no serán más mientras no venga aquel a quien de derecho pertenecen, y a él se las daré. [ (Ezekiel 21:33) Y tú, hijo de hombre, profetiza y di: Así habla el Señor, Yahvé, de los hijos de Arnón y de su oprobio. Di, pues: ¡La espada! Desenvainada está la espada para degollar, bruñida para consumir, para fulgurar, ] [ (Ezekiel 21:34) para hacerla caer sobre el cuello de los más inmundos de los impíos, mientras te profetizan vanidad y te adivinan mentiras. Llegó su día en el tiempo de la consumación de la iniquidad. ] [ (Ezekiel 21:35) ¿La volveré a la vaina? Yo te juzgaré en la tierra donde te criaste, en la tierra donde has vivido. ] [ (Ezekiel 21:36) Derramaré sobre ti mi furor, soplaré contra ti el fuego de mi ira, y te entregaré en manos de hombres despiadados, artífices de la destrucción. ] [ (Ezekiel 21:37) Serás pasto del fuego, se empapará la tierra de tu sangre y se perderá tu memoria, porque yo, Yahvé, lo digo. ] Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Y tú, hijo de hombre, ¿no juzgarás a la ciudad sanguinaria, echándola en cara todas sus abominaciones? Di, pues: Así habla el Señor, Yahvé: ¡Ay de la ciudad derramadora de sangre en medio de sí! Para que llegue su hora y para su ruina se ha hecho ídolos, contaminándose. Por haberte hecho culpable de la sangre que has derramado y haberte contaminado con los ídolos que hiciste, has apresurado tu día, has llegado al término de tus años. Por eso te haré yo oprobio de las gentes, ludibrio de la tierra toda. Cercanos y lejanos se burlarán de ti, famosa por tus abominaciones, grande por la corrupción. He aquí que los príncipes de Israel, cada uno en la medida de su poder, se ocupan en derramar sangre. En ti desprecian al padre y oprimen al huérfano y a la viuda. Menosprecias mis santuarios y profanas mis sábados. Hay en ti calumniadores para derramar sangre, quienes comen por los montes, quienes en medio de ti hacen torpezas. En ti se descubre la desnudez del padre y se hace violencia a la mujer durante el menstruo. Todos adulteran con la mujer de su prójimo, contaminan incestuosamente a la nuera y fuerzan a la hermana, a la hija de su padre. Hay en ti quien recibe dones para derramar sangre; exiges usura e intereses, despojas con violencia al prójimo, y a mí me olvidas, dice el Señor, Yahvé." He aquí que yo he batido mis palmas por tu avaricia y por la sangre que hay en medio de ti. ¿Resistirá tu corazón, tendrán fuerzas tus manos en los días en que me ocuparé de ti? Yo, Yahvé, he hablado, y lo haré. Yo te esparciré entre las gentes y te aventaré por las tierras, y haré desaparecer tu inmundicia de en medio de ti, y serás a tus ojos ignominia entre las gentes, y sabrás que yo soy Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha tornado en escoria; todos son en el crisol cobre, estaño, hierro, plomo, plata, escorias." Por tanto, así habla el Señor, Yahvé: Por cuanto vosotros os habéis vuelto escorias, yo os reuniré en medio de Jerusalén. Como quien reúne en la hornaza plata, bronce, hierro, plomo y estaño, y sopla al fuego para fundirlos, así os reuniré yo en mi furor y en mi ira, y os echaré en la hornaza para fundiros. Yo os reuniré y soplaré contra vosotros el fuego de mi furor, y seréis fundidos en medio de Jerusalén. Como se funde la plata en el crisol, así seréis vosotros fundidos en medio de él, y sabréis que yo soy Yahvé, que derramo mi furor sobre vosotros. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, diles: Eres una tierra no bañada desde lo alto, no rociada por la lluvia en el día de la cólera. Dentro de ella se conjuran los príncipes; como ruge el león y despedaza la presa, así devoran ellos las almas, se apoderan de los tesoros y riquezas y multiplican en medio de ella las viudas." Sus sacerdotes han violado mi Ley y han profanado mis cosas santas; no hacen diferencia entre lo santo y lo profano, ni enseñan a distinguir entre lo puro y lo inmundo; cierran los ojos a las violaciones de mis sábados, y yo soy profanado en medio de ellos;" sus príncipes son como lobos, que despedazan la presa, derramando sangre, destruyendo las almas, para dar pábulo a su avaricia. Sus profetas revocan con barro, contemplando visiones vanas y prediciendo mentiras, y dicen: “Así habla el Señor, Yahvé,” sin que Yahvé haya hablado. Y el pueblo de la tierra oprime, roba, hace violencia al desvalido y al menesteroso, y al extranjero le veja contra derecho. También de entre ellos busqué yo quien levantase muro y se pusiese en la brecha frente a mí en favor de la tierra, para que yo no la devastase, y no la hallé. Por tanto, derramaré sobre ellos mi ira y los consumiré con el fuego de mi furor, y les echaré sobre la cabeza sus obras, dice el Señor, Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Había dos mujeres hijas de la misma madre. Se prostituyeron en Egipto al tiempo de la mocedad; allí fueron estrujados sus pechos y manoseado su seno virginal." Llamábanse Oholá, la mayor, su hermana Oholibá. Fueron mías y parieron hijos e hijas. Oholá es Samaría; Oholibá, Jerusalén." Oholá me fue infiel y se enloqueció por sus amantes, sus vecinos los asirios. Iban vestidos de púrpura, eran jefes y oficiales, todos jóvenes codiciables y que montaban caballos. Se prostituyó a ellos, la flor de los hijos de Asiría, y se contaminó con todos los ídolos de aquellos de quienes se enamoró. Tampoco dejó sus prostituciones con Egipto, porque eran los que se habían acostado con ella en su mocedad y habían manoseado sus senos virginales y derramado sobre ella sus impurezas. Yo, por eso, la entregué en manos de sus amantes, en manos de los hijos de Asiría, de quienes estaba enamorada. Ellos descubrieron sus vergüenzas, le arrebataron sus hijos y sus hijas, y a ella le hicieron perecer a la espada. Vino a ser famosa entre las mujeres por la justicia que en ella se hizo. Viendo esto Oholibá, su hermana, fue más estragada que ella en su pasión, y sus prostituciones sobrepasaron a las de su hermana. Encendióse en amor por los hijos de Asiría, jefes y oficiales, nobles vestidos magníficamente, caballeros en sus caballos, jóvenes todos y codiciables. Yo vi que se habían contaminado, que ambas habían seguido el mismo camino. Pero ésta fue más lejos en sus fornicaciones; vio hombres pintados en la pared, figuras de caldeos trazadas con minio," ceñidos sus lomos de sus cinturones, y tiaras de varios colores a la cabeza, todos con apariencia de jefes, figuras de hijos de Babilonia, de Caldea, su patria. Y en viéndolos se encendió en amor por ellos, y mandó embajadores a Caldea, y entraron a ella los hijos de Babilonia, al lecho de sus amores, y la mancharon con sus inmundicias, y ella se contaminó con ellos hasta hartar su deseo. Hizo patentes sus fornicaciones y descubrió su ignominia, y yo me asqueé de ella, como me había asqueado de su hermana. Mas todavía acrecentó sus fornicaciones, trayendo a su memoria los días de su mocedad, cuando había fornicado en la tierra de Egipto. Y ardió en lujuria por aquellos lujuriosos, que tienen carne de burro y flujo de garañones y renovaste las fornicaciones de tu mocedad, cuando los egipcios estrujaban tus pechos y manoseaban tu seno juvenil. Por eso, Oholibá, así dice el Señor, Yahvé: Yo suscitaré contra ti a tus amantes, aquellos de que hartaste tus deseos, y los haré venir contra ti en derredor. Los hijos de Babilonia y todos los caldeos, los de Peqod, los de Soa, los de Qoa, y con ellos todos los hijos de Asiría, mozos guapos, jefes y capitanes todos, nobles y notables, todos a caballo. Y vendrán contra ti con estrépito de carros y ruedas, con escudos, paveses y capacetes; se ordenarán en batalla de todas partes contra ti. Yo les he entregado a ellos tu juicio y te juzgarán según sus leyes." Desencadenaré mi celo contra ti, y te tratarán con furor. Te cortarán la nariz y las orejas, y tu prole caerá a la espada. Llevaránse a todos tus hijos y tus hijas, y tu progenie será consumida por el fuego. Te desnudarán de tus vestidos y te arrebatarán todos los ornamentos de tu hermosura. Yo haré que cese la lujuria y tus prostituciones con Egipto, y no alces ya más los ojos a ellos, y no te acuerdes más de Egipto. Porque así dice el Señor, Yahvé: Te entrego en las manos de aquellos a quienes llegaste a aborrecer, de quienes se hartaren tus deseos. Y te tratarán con odio, se apoderarán de todo el fruto de tu trabajo y te dejarán desnuda y en cueros, y se descubrirán las vergüenzas de tus prostituciones. Tu lujuria y tus fornicaciones son causa de todo esto. Por haber fornicado con las gentes y haberte contaminado con los ídolos. Has seguido los caminos de tu hermana, y pondré en tus manos el cáliz suyo. Así habla el Señor, Yahvé: Beberás el cáliz de tu hermana, hondo y ancho,de gran capacidad. Te llenarás de embriaguez y de tristeza; es el cáliz de horror y desolación, el cáliz de tu hermana Samaría." Lo beberás hasta las heces, lo morderás y romperás con los dientes, y con sus fragmentos te rasgarás el seno, porque yo he hablado, dice el Señor, Yahvé. Puesto que me dejaste y echaste a tus espaldas, también yo echaré sobre ti tu lujuria y tus prostituciones. Díjome Yahvé: Hijo de hombre, ¿no juzgarás tú a Oholá y a Oholibá? ¿No les echarás en cara sus abominaciones? Dié-ronse al adulterio y mancharon de sangre sus manos. Adulteraron con sus ídolos, y aun los hijos que me parieron los pasaron por el fuego para que les sirviesen a ellos de comida. Hasta eso hicieron, contaminando también mi santuario y profanando mis sábados, pues, luego de sacrificar sus hijos a sus ídolos, entraban el mismo día en mi santuario, contaminándolo. Eso hicieron con mi casa. Y aun han hecho venir de lejos hombres a los que enviaron mensajeros, y al venir ellos te lavaste, te pintaste los ojos y te ataviaste con tus joyas, y, echada en suntuoso estrado, te pusiste a la mesa que aderezaste para ellos, poniendo en ella mis perfumes y mi óleo entre el rumor clamoroso de los cantos, a causa de la multitud de hombres venidos del desierto, los cuales ponían manillas en sus manos y coronas en sus cabezas. Y dije de la envejecida en adulterios: Ahora se consumarán los adulterios de ella. Pues venían ellos como quien viene a la ramera, así vinieron a Oholá y a Oholibá, las depravadas. Pero hombres rectos te juzgarán según la ley de las adúlteras y las sanguinarias, porque adúlteras son, manchadas de sangre están sus manos. Pues así dice el Señor, Yahvé: Trae turbas contra ellas, y sean entregadas' al maltrato y a la rapiña, y las turbas las apedrearán y las acuchillarán, matarán a sus hijos y a sus hijas y prenderán fuego a sus casas. Y haré cesar en la tierra la depravación, y escarmentarán las mujeres y no imitarán vuestras torpezas. Y harán recaer sobre vosotras vuestras obscenidades, y pagaréis los pecados de vuestra sidolatrías, y sabréis que yo soy Yahvé. El año nono, el mes décimo, el día décimo del mes, me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, consigna por escrito la fecha de este día. En este día, el rey de Babilonia se ha echado sobre Jerusalén. Compon una parábola para la casa rebelde, y diles: Así habla el Señor, Yahvé: Arrima la olla, arrímala, y echa también agua;" echa en ella trozos, todos los trozos selectos, la pierna y la espalda; llénala, de lo mejor de los huesos." Toma lo mejor del rebaño, 1 pon debajo la leña, que hierva a borbotones, que se cuezan hasta los huesos. Porque así dice el Señor, Yahvé: ¡Ay de la ciudad sanguinaria! ¡Ay de la caldera herrumbrosa cuya herrumbre no ha sido quitada! Vacíala trozo a trozo, sin echar suerte sobre ella. Porque tiene dentro la sangre suya, la ha derramado sobre piedra lisa, no la derramó sobre la tierra para que la cubriese el polvo. Para provocar la ira y traer la venganza, coloqué su sangre sobre una piedra lisa, sin que pueda cubrirse. Por lo cual dice el Señor, Yahvé: ¡Ay de la ciudad sanguinaria! También yo aumentaré la hoguera. Acumula leña, atiza el fuego, cuece la carne y condimenta la mezcla; que se quemen los huesos, que se cueza la carne." Déjala vacía sobre las brasas, que se ponga al rojo y se caliente el cobre, y se funda dentro de ella su suciedad, y se consuma su herrumbre. En vano me fatigué 1 ; no desapareció su herrumbre ni con fuego." Es execrable tu suciedad; yo he querido limpiarte, pero no te limpiaste. No quedarás purificada de tu suciedad hasta que no derrame yo mi fuego sobre ti." Yo, Yahvé, he hablado: vendré, lo haré, no me volveré atrás, no tendré piedad, no me arrepentiré. Según tus caminos y tus obras así serás juzgada, dice el Señor, Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, voy a quitarte de repente la delicia de tus ojos, pero no te lamentes ni llores, no derrames una lágrima. Suspira en silencio, sin llevar luto por el muerto; ponte el turbante en la cabeza y calza tus pies, no te cubras la barba ni comas el pan del duelo7." Yo había estado hablando al pueblo por la mañana, y a la tarde murió mi mujer. A la mañana siguiente hice lo que me había mandado, y la gente me decía: ¿No nos explicarás lo que significa lo que haces? Yo les respondía: Yahvé me ha hablado, diciendo: Di a la casa de Israel: Así habla el Señor, Yahvé: Mirad, voy a profanar mi santuario, gloria de vuestra fuerza, delicia de vuestros ojos y anhelo de vuestra alma; vuestros hijos y vuestras hijas caerán a la espada," y entonces haréis vosotros lo que ahora hago yo: no os cubriréis la barba ni comeréis el pan de duelo, llevaréis en vuestra cabeza los turbantes y calzaréis vuestros pies, no os lamentaréis ni lloraréis, sino que os consumiréis en vuestra iniquidad y gemiréis unos con otros. Ezequiel será para vosotros una señal; cuando esto llegue, haréis vosotros lo que él hace ahora, y sabréis que yo soy Yahvé." Y tú, hijo de hombre, el día que yo les arrebatare a ellos su fortaleza, el orgullo de su gloria, la delicia de sus ojos, el anhelo de sus almas” sus hijos y sus hijas vendrá a ti un huido para darte la noticia, y aquel día se abrirá tu boca a la llegada del fugitivo y hablarás, no estarás mudo, y serás señal para ellos, y sabrán que yo soy Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, tiende tu vista hacia Amón y profetiza contra él. Di a los hijos de Amón: Oíd la palabra del Señor, Yahvé. Así habla el Señor, Yahvé: Pues que tú dijiste “Bien” cuando era profanado mi santuario y la tierra de Israel era asolada y llevada la casa de Judá al cautiverio, por eso yo te entregaré en poder de los hijos del Oriente, que pondrán en ti su campamento y alzarán en ti sus tiendas, y comerán tus cosechas y beberán tu leche. Y haré de Rabbá pastizal de camellos, y de las ciudades de Amón, rediles de ovejas. Y sabréis que yo soy Yahvé. Porque así habla el Señor, Yahvé: Pues que batiste palmas y pateaste con los pies, y te regocijaste en el alma con desprecio para la tierra de Israel, por eso heme aquí, tenderé mi mano contra ti, y te daré en presa a las gentes, y te extirparé de entre los pueblos de la tierra, y te haré desaparecer del número de ellos. Te exterminaré y sabrás que yo soy Yahvé. Así dice Yahvé: Puesto que Moab ha dicho: He aquí que la casa de Judá es entre los pueblos uno de tantos, por eso yo abriré el flanco de Moab desde las ciudades fronterizas, gloria de la región, Bet-Yesimot, Maal-Meón y Quiryatayim. Doy su tierra a los hijos del oriente para que no sean contados más entre los pueblos. También haré justicia en Moab. -- omitido por paráfrasis -- Así dice el Señor, Yahvé: Por el comportamiento de Edom, que tomó venganza de la casa de Judá y se manchó sobremanera vengándose de ellos, por eso, así dice el Señor, Yahvé: También yo tenderé mi mano sobre Edom, y exterminaré hombres y bestias, y lo reduciré a ruinas; desde Teman hasta Dedán caerán a la espada." Y pondré la venganza contra Edom en manos de mi pueblo Israel, que tratará a Edom conforme al furor de mi ira, y sabrán que yo soy Yahvé y que es mía la venganza. Así dice el Señor, Yahvé. Así habla el Señor, Yahvé: Por haber obrado vengativamente los filisteos y haberse vengado con odio en el alma, exterminando con odio secular, por eso dice el Señor, Yahvé: Yo tenderé mi mano contra los filisteos y exterminaré a los cereteos. Haré perecer hasta los restos de los habitantes de la orilla del mar. Haré con ellos grandes venganzas, con furor los castigaré, y sabrán que yo soy Yahvé cuando haga en ellos mi venganza. El año undécimo, el día primero del mes, me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, por haber dicho Tiro de Jerusalén: ¡Bien! Ha sido rota la puerta de los pueblos, vendrán a mí, yo me llenaré, y ella está desierta! Por eso así dice el Señor, Yahvé: Heme aquí contra ti, ¡oh Tiro! Yo haré subir contra ti pueblos numerosos, como hace subir el mar sus olas” y destruirán las murallas de Tiro y abatirán sus torres. Y barreré de ella hasta el polvo y haré de ella una desnuda roca, Será en medio del mar tendedero de redes, porque yo he hablado, oráculo de Yahvé; será presa de las gentes," y sus hijas, las que están en el campo, serán pasadas a cuchillo, y sabrán que yo soy Yahvé. Porque así habla el Señor, Yahvé: He aquí que yo enviaré desde el septentrión, contra Tiro, a Nabucodonosor, rey de Babilonia, rey de reyes, con carros, caballos y jinetes, y gran muchedumbre de pueblo. Pasará al filo de la espada a tus hijas del campo, pondrá contra ti cerco, levantará baluartes y alzará, escudos. Pondrá contra ti arietes, derrumbará tus murallas, y con sus ingenios echará por el suelo tus torres. La polvareda que levantarán sus caballos te cubrirá, y al estrépito de sus caballeros, sus carros y sus ruedas retemblarán tus muros cuando entre él por tus puertas como se entra en ciudad conquistada. Con los cascos de sus caballos hollará todas tus calles, y pasará a tu pueblo al filo de la espada, y caerán a tierra tus estelas colosales. Darán al saqueo todas tus riquezas, al pillaje todas tus mercancías. Demolerán tus murallas y derribarán tus magníficos palacios; hasta las piedras, las maderas y el escombro lo arrojarán al mar." Haré cesar el estrépito de tus cantares, no se oirá más el sonido de las cítaras. Te tornaré en desnuda roca, apta para tender en ella las redes, y no serás jamás reconstruida, porque yo, Yahvé, he hablado, oráculo del Señor, Yahvé. Así ha hablado el Señor, Yahvé, de Tiro: Al fragor de tu caída, al gritar de tus heridos, a las matanzas que en ti harán, temblarán las islas. Todos los príncipes del mar bajarán de sus tronos, se despojarán de sus mantos y de sus recamadas vestiduras, se vestirán de espantos y se sentarán en tierra” TemBlarán a cada momento y estarán consternados ante ti. Cantarán una elegía y te dirán: ¿Cómo has perecido tú, habitada por los del mar, la ciudad tan celebrada, tan poderosa en el mar, ella y sus moradores, los que infundían el terror a todo el continente? Ahora estremeceránse las islas el día de tu caída, se espantarán de tu fin las islas del mar. Pues así dice el Señor, Yahvé: Cuando yo te torne en ciudad desierta, como las ciudades deshabitadas; cuando haga yo subir el abismo contra ti y te cubra la inmensidad de las aguas," te haré bajar con los que cayeron en la fosa, con los pueblos de otros tiempos, y te pondré en las profundidades de la tierra, en las eternas soledades, junto a los que bajaron a la fosa, y no serás habitada jamás, y daré tu gloria a la tierra de los vivientes. Te reduciré a la nada, no serás ya más. Te buscarán, y nunca más te hallarán, dice el Señor, Yahvé. Fuerne dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Tú, hijo de hombre, compón a Tiro una elegía. Di a Tiro: ¡Oh tú la que te asientas a la entrada del mar, la que comercias con los pueblos de numerosas islas! Así habla el Señor, Yahvé: Tiro, tú te decías: Yo soy (un navío) de perfecta hermosura1. En el corazón de los mares están tus confines; los que te edificaron te hicieron perfectamente hermosa;" de cipreses de Sanir hicieron tus quillas; de cedros de Líbano tus mástiles;" tus remos, de encinas de Basan; tus bancos, incrustado de marfil, traído de las islas de Kittim." De lino recamado de Egipto eran tus velas para servir de enseña; de jacinto y púrpura de las islas de Elisa tus toldos." Los habitantes de Sidón y de Arvad eran tus remeros, y los más expertos entre ti, ¡oh Tiro! tus pilotos. Ancianos de Guebal, con sus más hábiles obreros, calafateaban tus junturas. Todas las naves del mar, con sus navegantes, estaban dentro de ti para cambiar tus mercancías. De Paras, de Lud y de Put eran los soldados de tu ejército, tus hombres de guerra. Suspendían en medio de ti escudos y yelmos, dándote esplendor. Hijos de Arvad y de Jelec guarnecían tus murallas, y los Gammadim tus torres; todos en torno, en tus murallas colgaban sus escudos, coronando tu belleza." Los de Tarsis traficaban contigo en gran abundancia de productos de toda suerte: en plata, hierro, estaño y plomo te pagaban tus mercancías. Ja van, Túbal y Mesec comerciaban también contigo y cambiaban tus mercaderías por esclavos y objetos de bronce. Los de la casa de Togorma pagaban sus mercancías con caballos de tiro, corceles y mulos. Los hijos de Dedán traficaban contigo; el comercio de numerosas islas estaba en tus manos, y te pagaban con colmillos de marfil y con ébano." Edom cambiaba contigo sus muchos productos, y te pagaba con malaquita, púrpura, recamados, lino, coral y rubíes. Contigo comerciaban Judá y la tierra de Israel, y te daban como precio el trigo de Minnit, perfumes, miel, aceite y bálsamo. Traficaba contigo Damasco, pagándote con sus muchos productos y sus bienes de toda suerte, vino de Jelbón y lana de Sajar. Los de Vedan y Yaván de Uzal te pagaban con hierro elaborado, casia y caña aromática. Dedán traficaba contigo en sillas de cuero para monturas. La Arabia y los príncipes de Cedar eran tus proveedores y comerciaban con corderos, carneros y machos cabríos. Los mercaderes de Sebá y de Regma comerciaban contigo, cambiaban tus mercancías por los más exquisitos aromas, piedras preciosas y oro. Jarán, Canne y Edén, Asiría y Kilmad traficaban contigo. Negociaban contigo en muchas cosas, vestidos preciosos, mantos de jacinto recamado, tapices tejidos en varios colores, fuertes y retorcidas cuerdas. Las naves de Tarsis eran las caravanas que traían tus mercancías. Así llegaste a ser opulenta y muy rica en el corazón de los mares. Pero en las grandes aguas, adonde te conducían tus remeros, el viento solano te precipitará al seno del mar. Tus riquezas, tus mercancías, tu tráfico, tus marineros, pilotos y calafates, los mercaderes de tu tráfico, todos los guerreros que en ti hay, con toda la muchedumbre que te llena, caerán en el corazón del mar el día de tu ruina. Al estrépito de los gritos de tus marineros temblarán las costas. Bajarán de tus naves cuantos manejan el remo, y todos, marineros y pilotos del mar, se quedarán en tierra. Alzarán a ti sus clamores y darán amargos gritos, echarán polvo sobre sus cabezas y se revolcarán en la tierra. Se raerán por ti los cabellos en torno y se vestirán de saco; te llorarán en la amargura de su alma con acerba aflicción;" te lamentarán con elegías, y dirán de ti: ¿Quién había que fuera como Tiro, ahora silenciosa en medio del mar? Con las mercancías que tú sacabas de los mares, tú saciabas a numerosos pueblos; con la muchedumbre de tus riquezas y de tu comercio enriquecías a los reyes de la tierra," y yaces ahora sepultada en el mar, en lo profundo de las aguas, y contigo cayeron tu tráfico y toda la gran muchedumbre. Quedáronse atónitos sobre ti i los habitantes de las islas, y los reyes de ellas están temblando de espanto, demudado el rostro. Los mercaderes de los pueblos silban contra ti; has venido a ser objeto de espanto, ya no serás más por los siglos." Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Así habla el Señor, Yahvé: Por cuanto se ensoberbeció tu corazón y dijiste: “Soy un dios, habito en la morada de Dios, en el corazón de los mares,” y siendo tú un hombre, no un dios, igualaste tu corazón al corazón de Dios, y creyéndote más sabio que Daniel; que ningún secreto se te ocultaba;" que con tu sabiduría y tu prudencia creaste tu poderío y acumulaste el oro y la plata en tus tesoros, y con tu gran sabiduría y tu comercio acrecentaste tu poder y en tu potencia se ensoberbeció tu corazón, Por eso así dice el Señor, Yahvé: Pues que hiciste tu corazón igual al corazón de Dios, yo traeré contra ti a extranjeros, a los más feroces de los pueblos, que desenvainarán la espada contra la belleza de tu sabiduría y profanarán tu esplendor. Te harán bajar a la huesa, y morirás con la muerte de los que mueren en medio de los mares. ¿Dirás ya ante tu matador: Yo soy un dios? Hombre eres, no eres dios en las manos de tu matador. Morirás la muerte de los incircuncisos, a manos de extranjeros, porque he hablado yo, dice el Señor, Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, canta una elegía al príncipe de Tiro y dile: Así habla el Señor, Yahvé: Eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría y acabado en belleza. Habitabas en el Edén, en el jardín de Dios, vestido de todas las preciosidades:” el rubí, el topacio, el diamente, el crisólito, el ónice, el berilo, el zafiro, el carbunclo, la esmeralda y el oro te cubrían; llenaste tus tesoros y tus almacenes. El día en que fuiste creado," te pusiste junto al querube, colocado en el monte santo de Dios, y andabas en medio de piedras de fuego. Fuiste perfecto en tus caminos desde que fuiste creado hasta el día en que fue hallada en ti la iniquidad. Por la muchedumbre de tus contrataciones se llenaron tus estancias de rapiñas, y pecaste, y te arrojé del monte santo y te eché de en medio de las piedras de fuego, ¡oh querube protector! Ensoberciese tu corazón de tu hermosura y se corrompió tu sabiduría por tu esplendor; por tierra te he derribado, ante los reyes te he colocado, y te entregué en espectáculo a los reyes" por la muchedumbre de tus iniquidades; en la injusticia de tu comercio, profanaste tus santuarios, y yo haré salir de en medio de tí un fuego devorador y te reduciré a cenizas sobre la tierra a los ojos de cuantos te miran." Todos cuantos de entre los pueblos te conocían se asombrarán de ti. Serás el espanto de todos y dejarás de existir para siempre. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, vuélvete de cara a Sidón y profetiza contra ella. Di: Así habla el Señor, Yahvé: Heme aquí contra ti, Sidón. Yo seré glorificado en medio de ti, y sabrán que yo soy Yahvé 1 cuando la juzgue y yo me santifique en ella. Mandaré contra ella la peste y sangre en sus calles, y yacerán heridos de muerte en medio de ella por la espada, que les rodeará por doquier, y sabrán que yo soy Yahvé. Y no será ya para la casa de Israel un aguijón punzante, un espino desgarrador en medio de cuantos la rodean y la aborrecen, y sabrán que yo soy Yahvé. Así dice el Señor, Yahvé: Cuando reúna yo a la casa de Israel de en medio de todos los pueblos en que se dispersó, yo me glorificaré ante las gentes, y habitarán en la tierra que di a mi siervo Jacob;" habitarán en ella seguros, y construirán en ella casas y plantarán viñas; habitarán en seguridad cuando haga yo justicia en todos aquellos que en torno a ella le aborrecen, y sabrán que yo, Yahvé, soy su Dios." El año décimo, el décimo mes, a doce del mes, fue me dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia el faraón, rey de Egipto, y profetiza contra él y contra Egipto entero;" habla y di: Así dice el Señor, Yahvé: Heme aquí contra ti, ¡oh faraón! rey de Egipto. Cocodrilo gigantesco echado en medio de tus ríos, te dijiste: Míos son los ríos, yo mismo los he excavado. Yo pondré un aro en tus quijadas, y pegaré los peces de tus ríos a tus escamas, y te sacaré de en medio de tus ríos con los peces de tus ríos adheridos a tus escamas, y te arrojaré al desierto a ti y a todos los peces de tus ríos, y caerás en la superficie del campo; no serás recogido ni sepultado, y te daré en pasto a las fieras de la tierra y a las aves del cielo." Y todos los habitantes de Egipto sabrán que yo soy Yahvé, por haber sido báculo de caña para la casa de Israel, que te quebraste cuando te tomaron con la mano, traspasando su costado. Y cuando en ti se apoyaron te quebraste, deslomándolos enteramente. Por eso así dice el Señor, Yahvé: Yo haré venir la espada sobre ti y exterminaré hombres y bestias, y la tierra de Egipto se tornará soledad y desierto, y sabrán que yo soy Yahvé. Por haber dicho: Míos son los ríos, yo los he excavado, por eso heme aquí contra ti y contra tus ríos, y yo haré de Egipto desierto y soledad desde Migdol hasta Siene, hasta las fronteras de Etiopía. No pasará por él pie de hombre, ni pie de animal pasará por allí, y quedará por cuarenta años deshabitado. Yo haré de Egipto tierra desierta entre las desiertas, y serán sus ciudades entre las ciudades desiertas durante cuarenta años, y diseminaré a los egipcios entre las naciones y los dispersaré por las tierras. Así dice el Señor, Yahvé: Al cabo de cuarenta años reuniré a Egipto entre los pueblos a que le había dispersado, y mudaré la suerte de Egipto, y le llevaré a la tierra de Patros, a la tierra de sus orígenes, y allí formará un modesto reino;" será el más humilde de los reinos y no volverá a lanzarse sobre las naciones. Le disminuiré para que no pueda enseñorearse de las gentes. No será ya este reino para Israel apoyo de confianza, sugestión de iniquidad, a la cual se vuelva, y sabrán que yo soy Yahvé. El año veintisiete, el primer mes, en el primer día del mes, me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, el rey Nabucodonosor, rey de Babilonia, ha hecho prestar a su ejército un largo servicio contra Tiro. Encalveciéronse todas las cabezas, todos los hombres quedaron molidos, y no hubo ni para él ni para su ejército paga de Tiro por el servicio prestado contra ella. Por tanto, así dice el Señor, Yahvé: Doy a Nabucodonosor, rey de Babilonia, la tierra de Egipto; él tomará sus riquezas y tomará sus despojos. Pillará su botín, y ésta será la paga para su ejército." En pago del servicio prestado contra Tiro, yo le doy Egipto, porque fue para mí para quien trabajaron, dice el Señor, Yahvé. En ese día yo haré nacer un cuerno a la casa de Israel. Y abriré en medio de ellos tu boca, y sabrán que yo soy Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, profetiza y di: Así habla el Señor, Yahvé: Vocifera: ¡Desdichado día! porque se acerca el día de Yahvé, día tenebroso; llega la hora de las gentes." Vendrá la espada sobre Egipto, y la angustia sobre Etiopía, cuando caigan los muertos de Egipto y sean apresadas sus riquezas l y destruidos sus cimientos. Los de Etiopía, los de Put, de Lud, toda suerte de pueblos, las gentes de Cub y los hijos de los países aliados caerán con ellos a la espada. Así dice Yahvé: Caerán los apoyos de Egipto, se desvanecerá la altivez de su poderío. Desde Migdol hasta Siene caerán a la espada, dice el Señor, Yahvé. Quedará desolado entre las tierras desoladas, y sus ciudades entre las ciudades en ruina. Se sabrá entonces que yo soy Yahvé, cuando pegue fuego a Egipto y quebrante todos sus apoyos. Aquel día partirán mensajeros en navios de mi parte, que irán a esparcir el terror en la confiada Etiopía, y serán presa de la angustia cuando venga a Egipto su día. Así dice el Señor, Yahvé: Haré cesar el tumultuar de Egipto por mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia. El y sus gentes, los más violentos entre los pueblos, serán llevados a devastar la tierra, y desenvainarán su espada contra Egipto, y llenarán de muertos su tierra, y secaré sus ríos, venderé esa tierra a gentes feroces y devastaré su tierra y cuanto en ella hay por mano de extranjeros; yo, Yahvé, lo digo." Así dice el Señor, Yahvé: Haré desaparecer los falsos dioses de Menfis, y no se alzará ya príncipe alguno en la tierra de Egipto. Echaré el terror sobre la tierra de Egipto, devastaré a Patros, pegaré fuego a Tanis, haré justicia en Tebas, derramaré mi ira sobre Sin, el baluarte de Egipto, y exterminaré a la muchedumbre de Tebas. Pondré fuego a Egipto, Sin se dolerá sobremanera, se abrirá brecha en Tebas, y Menfis será presa de enemigos diurnos. Las juventudes de Heliópolis y de Bubastis caerán a la espada, y sus mujeres irán al cautiverio. En Tafnes se oscurecerá el día, cuando destroce los cetros de Egipto y aniquile el orgullo de su fuerza. Quedará envuelto en tinieblas, y sus hijas serán llevadas cautivas. Haré justicia en Egipto, y sabrá que yo soy Yahvé. El año undécimo, el primer mes, el día siete del mes, me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, yo he roto el brazo del faraón, rey de Egipto, y no le ha sido vendado, ni fajado, ni entablillado para soldar la rotura y que pueda manejar la espada. Por tanto, así dice el Señor, Yahvé: Heme aquí contra el faraón, rey de Egipto. Yo le romperé los dos brazos, el sano y el quebrado, y haré que la espada se le caiga de la mano, y diseminaré a los egipcios entre las gentes y los aventaré por las tierras, y fortaleceré los brazos del rey de Babilonia y pondré mi espada en su mano, pero quebraré los brazos del faraón, que delante de aquél gemirá con gemidos de muerte. Fortaleceré los brazos del rey de Babilonia, y se caerán los brazos del faraón, y sabrán que yo soy Yahvé, cuando ponga mi espada en mano del rey de Babilonia y la esgrima él contra la tierra de Egipto. Esparciré a los egipcios entre las gentes y los aventaré por las tierras, y sabrán que yo soy Yahvé. El año undécimo, el tercer mes, el primero del mes, fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, di al faraón, rey de Egipto, y a su multitud: ¿A quién te igualaste en tu grandeza? He aquí que Asur era un cedro del Líbano de bello ramaje, frondoso y de sublime estatura, que mecía su copa entre las nubes. Las aguas le hicieron crecer, el abismo le encumbró; hizo correr ríos en torno al lugar en que estaba plantado, y mandaba sus acequias a todos los árboles del campo." Por eso se encumbró sobre todos los árboles del campo y se multiplicaron sus ramas, y su fronda se extendió por la abundancia de aguas. Anidaban en sus ramas todas las aves del cielo, y parían bajo su copa todas las bestias del campo, y eran muchos los pueblos que habitaban a su sombra. Era hermoso por su grandeza, por la extensión de sus ramas, por tener sus raíces metidas en abundantes aguas. No le sobrepujaban los cedros del jardín de Dios, no se le asemejaban en la fronda los cipreses, no eran los plátanos comparables en su fronda, ningún árbol del jardín de Dios le igualaba en hermosura. Yo le había hecho hermoso y frondoso, y todos los árboles del Edén que había en el jardín de Dios le miraban con envidia. Por eso, así dice el Señor, Yahvé: Ya que por ser encumbrado en altura, alzando su cima hasta las nubes, se embriagó su corazón de la propia alteza, le he dado yo en las manos de un fuerte de las gentes, que le tratará según su maldad; le he desechado por su impiedad." Extranjeros, los más feroces de los pueblos, le abatieron; cayeron sus ramas por los montes y por todos los valles, quedó destrozada su fronda por todas las pendientes de la tierra, y, esquivando su sombra, todos los pueblos de la tierra le abandonaron." Posáronse sobre sus restos todas las aves del cielo, y en sus ramas hicieron sus yacijas todas las bestias del campo, para que no se exalten todos los árboles de junto a las aguas, y no lancen su cima hasta las nubes, y no confíen en su altura cuantos son regados por las aguas, porque todos están destinados a morir, a ir a la morada subterránea entre los hijos de los hombres que bajan a la fosa. Así dice el Señor, Yahvé: El día en que bajó al “seol” enluté el abismo, retuve el curso de los ríos y se estancaron las aguas caudalosas; entristecí al Líbano por él y se secaron todos los árboles del campo." Con fragor de su ruina hice temblar a las gentes. Cuando le hice bajar al “Seol” entre aquellos que bajan a la fosa, se consolaron en la morada subterránea todos los árboles del Edén, y los más hermosos y selectos del Líbano, todos regados por las aguas. También bajaron ellos al “Seol” junto a los muertos a la espada, los que fueron su brazo y se acogieron a su sombra en medio de las gentes. ¿A quién te asemejas tú por gloria y por grandeza entre los árboles del Edén? Pues también serás llevado con los árboles del Edén a la morada subterránea. Yacerás entre los incircuncisos, con los traspasados por la espada. Eso será del faraón y de toda su gente, dice el Señor, Yahvé. El año duodécimo, el duodécimo del mes, el día primero del mes, me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, canta una elegía al faraón, rey de Egipto, y di: Eras como el león de las gentes, eras como el cocodrilo de los mares i; con tus narices hacías hervir las aguas y las enturbiabas con tus patas, y hollabas sus canales." Así dice el Señor, Yahvé: Yo te tenderé la red con una turba de pueblos que te subirán en mi esparavel, y te echaré en tierra seca, y te dejaré en medio del campo. Haré venir sobre ti todas las aves del cielo y saciaré de ti a todas las bestias de la tierra. Esparciré tus carnes por los montes y llenaré de tu carroña los valles. Regaré con tu sangre la tierra sobre los montes y de ella se llenarán los torrentes. Al apagar tu luz, velaré los cielos y oscureceré las estrellas. Cubriré de nubes el sol, y la luna no resplandecerá. Todos los astros que brillan en los cielos los vestiré de luto por ti, y cubriré de tinieblas la tierra, dice el Señor, Yahvé. Y llenaré de horror el corazón de muchos pueblos cuando lleve al cautiverio a los tuyos, a tierras que no conocen. Dejaré por ti atónitos a muchos pueblos y a sus reyes, que temerán por ti cuando yo blanda mi espada ante ellos el día de tu ruina. Porque así dice el Señor, Yahvé: La espada del rey de Babilonia te alcanzará. Yo haré caer a tu multitud con la espada de los valientes, todos ellos los más violentos de los pueblos, que destruirán la soberbia de Egipto, y todas sus muchedumbres quedarán deshechas. Y haré perecer todos tus ganados de sobre las muchas aguas, que no enturbiará ya más pie de hombre ni pezuña de bestia. Entonces haré que se limpien sus aguas y que se deslicen sus canales como aceite, dice el Señor, Yahvé. Cuando tornare en desierto la tierra en Egipto y asolare cuanto la llena, cuando hiriere a cuantos la habitan, entonces sabrán que yo soy Yahvé. Esta es la elegía que cantarán: la cantarán las hijas de las gentes, la cantarán sobre Egipto y sobre toda su muchedumbre, dice el Señor, Yahvé. El año duodécimo, el quince del mes, fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, compone un canto lúgubre a la muchedumbre de Egipto. Precipítale a él y a las hijas de las gentes fuertes a las profundidades de la tierra, con los que bajan a la fosa. ¿Conque nos sobrepasabas por belleza? Baja, baja a la fosa y yace entre los incircuncisos. Cae en medio de los muertos a la espada, que la espada ya ha sido entregada; traedlo con toda su pompa7." En el “seol” se dirigirán a él los valientes, diciéndole a él y a sus auxiliares: Han bajado a la fosa y yacen entre los incircuncisos, entre los muertos a la espada. Allí está Asur con todos sus ejércitos, cuyos sepulcros están en torno de él. Están sepultados en lo profundo de la fosa, rodeándole en torno, todos traspasados por la espada, los que sembraron el terror en la tierra de los vivos. Allí está Elam con todas sus mesnadas en torno de su sepulcro; todos los muertos a la espada cayeron, y bajaron incircuncisos a lo profundo de la fosa. Los que esparcieron el terror en la tierra de los vivos, trajeron su ignominia a lo profundo de la fosa." En medio de los muertos pusieron su lecho para él y sus muchedumbres. Sus sepulcros lo rodean, todos incircuncisos, muertos a la espada. Sembraron el espanto en la tierra de los vivos, pero vinieron con su ignominia a unirse con los que bajaron al “seol” y yacen en medio de los muertos. Allí Mesec y Túbal, con todos sus ejércitos, cuyos sepulcros le rodean; todos incircuncisos, muertos a la espada, los que aterrorizaban a la tierra de los vivos." No yacen con los héroes los caídos de antiguo, que descendieron a la morada de los muertos con sus armas de guerra, la espada bajo sus cabezas y el escudo sobre sus huesos, con haber sido el terror de los guerreros en la tierra de los vivos. También tú serás quebrantado entre los incircuncisos y yacerás con los muertos a la espada. Allí está Edom, sus reyes y sus príncipes todos, que, a pesar de su valor, yacen entre los muertos a la espada y duermen con los incircuncisos, con los que bajaron a la fosa. Allí están todos los príncipes del septentrión y todos los sidonios, que con su ignominia descendieron a los muertos a pesar del terror que inspiraba su valor. Incircuncisos se acostaron con los muertos a la espada, y comparten su ignominia con los que bajan a la fosa. El faraón los verá y se consolará de su muchedumbre, de los suyos muertos a la espada y de todo su ejército, dice el Señor, Yahvé. Porque yo sembraré mi terror en la tierra de los vivos, y se acostarán en medio de los incircuncisos, con los muertos a la espada, el faraón y toda su muchedumbre, dice el Señor, Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, habla a los hijos de tu pueblo y diles: Si hiciera yo venir la espada sobre una tierra, y la gente de la tierra toma un hombre de su territorio y lo pone de atalaya, y éste, viendo venir la espada sobre la tierra, toca la bocina para dar al pueblo la alarma, si el que oye el sonido de la bocina no se apercibe y, llegando la espada, le hiere, su sangre será sobre su cabeza. Oyó el sonido de la trompeta y no se apercibió; su sangre será sobre él; si se hubiese apercibido, habría salvado su vida," Mas, si el atalaya, por el contrario, viendo llegar la espada, no toca la trompeta para que la gente se aperciba, y, llegando la espada, hiere a alguno de ellos, éste quedará preso en su propia culpa, pero yo demandaré su sangre al atalaya. Pues tú, hijo de hombre, te he constituido por atalaya de la casa de Israel. Cuando oigas de mi boca la palabra, apercíbelos de parte mía. Si yo digo al impío: “¡Vas a morir!” si tú no hablas al impío para apercibirle de su mal camino, el impío morirá por su culpa, pero de su sangre te pediré yo cuenta a ti. Pero, si tú apercibiste al impío de su camino para que se apartase de él, y él no se apartó, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu alma. Di, ¡oh hijo de hombre! a la casa de Israel: Vosotros decís: “Llevamos sobre nosotros nuestros pecados y nuestras rebeliones, y por eso nos vamos consumiendo; ¿cómo vamos a vivir?” Diles: Por mi vida, dice el Señor, Yahvé, que yo no me gozo en la muerte del impío, sino en que se retraiga de su camino y viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos. ¿Por qué os empeñáis en morir, casa de Israel? Hijo de hombre, di también a los hijos de tu pueblo: La justicia del justo no le salvará el día en que pecare, y la impiedad del impío no le será estorbo el día en que se convierta de su iniquidad, como no vivirá el justo por su justicia el día que pecare. Diciendo yo al justo: “De cierto vivirás,” si él, fiado en su justicia, comete maldad, no serán traídas a la memoria todas sus justicias, sino que por la iniquidad que cometió morirá. Y diciendo yo al impío: “De cierto morirás,” si él se convirtiere de su pecado e hiciere juicio y justicia, si devolviere la prenda, restituyere lo robado y caminare por los mandatos de la vida, no haciendo iniquidad, ciertamente vivirá, no morirá. No se recordará ninguno de los pecados que cometió; hizo juicio y justicia, y de cierto vivirá." Y dirán los hijos de tu pueblo: No es recta la vía del Señor. ¡Las suyas sí que no son rectas Si el justo se aparta de su justicia y hace iniquidad, morirá por ésta;" y si el impío se aparta de su iniquidad y hace juicio y justicia, por eso vivirá. Y decís: “¡No es recta la vía del Señor!” Yo os juzgaré, ¡oh casa de Israel! a cada uno conforme a sus caminos. El año duodécimo de nuestro cautiverio, el mes décimo, a cinco del mes, vino a mí un escapado de Jerusalén, diciendo: “La ciudad ha sido tomada.” La tarde anterior, antes que llegase el fugitivo, había sido sobre mí la mano de Yahvé, que abrió mi boca a la llegada del fugitivo, a la mañana; abrióse mi boca, y en lo sucesivo ya no estuve mudo." Y me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, los que en la tierra de Israel moran, en aquellas ruinas andan diciendo: Abraham era él solo, y poseyó la tierra; pues nosotros somos muchos, poseeremos la tierra." Diles, pues; así habla el Señor, Yahvé: Vosotros banqueteáis por los montes, alzáis los ojos a vuestros ídolos, derramáis la sangre, y ¿vais a poseer la tierra?" Vosotros os apoyáis sobre vuestras espadas, hacéis abominaciones, y cada cual contamina a la mujer de su prójimo, y ¿vais a poseer la tierra? Diles: Esto dice el Señor, Yahvé: Por mi vida que los que moran entre las ruinas perecerán a la espada, y los que están en campo abierto los daré en pasto a las fieras, y los que se esconden en las rocas y en las cuevas morirán de peste. Y desolaré la tierra hasta destruir su soberbia y su fortaleza, y los montes de Israel serán asolados, sin que haya quien por ellos pase, y sabrán que yo soy Yahvé cuando convierta la tierra en un desierto por todas las abominaciones que han cometido. Y tú, hijo de hombre, mira que los hijos de tu pueblo se burlan de ti junto a las paredes y a las puertas de sus casas, y hablan los unos con los otros, cada uno a su prójimo, diciendo: Ea, vamos a oír qué palabra sale de Yahvé! Y vienen a ti como en las asambleas del pueblo, y se sientan delante de ti los de mi pueblo para escuchar tus palabras, pero luego no las ponen por obra, y, mientras halagan con su boca, se va su corazón tras su avaricia. Eres para ellos como una canción de amor (cantada) con hermosa voz y agradable instrumento; oyen tus palabras, pero de ponerlas por obra, nada." Mas, cuando ello viniere, y viene ya, sabrán que hubo entre ellos un profeta. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel. Profetiza diciéndoles: Así habla el Señor, Yahvé: Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! Los pastores ¿no son para apacentar el rebaño? Pero vosotros coméis la leche, os vestís de su lana, matáis las cebadas, no apacentáis a las ovejas. No confortasteis a las flacas, curasteis a las enfermas, no vendasteis a las heridas, no redujisteis a las descarriadas, no buscasteis a las perdidas, sino que las dominabais con violencia y con dureza. Y así andan perdidas mis ovejas por falta de pastor, siendo presa de todas las fieras del campo. Andan errantes por montes y collados, derramadas por toda la haz de la tierra, sin que haya quien las busque y las congregue. Oíd, pues, pastores de Israel, la palabra de Yahvé: Por mi vida, dice Yahvé, que, pues mi rebaño ha sido depredado y han sido presa mis ovejas de todas las fieras del campo por falta de pastor, pues no iban mis pastores en pos de mi rebaño, sino que lo abandonaron, apacentándose a sí mismos, no a mi grey;" oíd, por tanto, ¡oh pastores! la palabra de Yahvé: Así habla el Señor, Yahvé: Heme aquí contra los pastores para requerir de su mano mis ovejas. No les dejaré ya rebaño que apacienten, no serán más pastores que a sí mismos se apacienten. Les arrancaré de su boca mis ovejas, no serán ya más pasto suyo. Porque así dice el Señor, Yahvé: Yo mismo iré a buscar a mis ovejas y las reuniré. Como recuenta el pastor a sus ovejas el día en que la tormenta dispersa la grey, así recontaré yo mis ovejas, y las pondré en salvo en todos los lugares en que fueron dispersadas el día del nublado y de la tiniebla, y las retraeré de en medio de las gentes, y las reuniré en todas las tierras, y las llevaré a su tierra, y las apacentaré sobre los montes de Israel, en los valles y en todas las regiones del país. Las apacentaré en pastos pingües y tendrán su ovil en las altas cimas de Israel. Allí tendrán cómoda majada y pingües pastos en los montes de Israel. Yo mismo apacentaré a mis ovejas y yo mismo las llevaré a la majada, dice el Señor, Yahvé. Buscaré la oveja perdida, traeré la extraviada, vendaré la perniquebrada y curaré la enferma, y guardaré las gordas y robustas, apacentaré con justicia. Y tú, rebaño mío, así dice el Señor, Yahvé: Yo mismo juzgaré entre oveja y oveja y entre carneros y machos cabríos. ¿No os bastaba a vosotros apacentaros en lo mejor de los pastos, que pisoteabais además con vuestras pezuñas el resto del pasto? ¿Beber el agua clara y no enturbiar con vuestras pisadas la que queda? ¿Mis ovejas van a tener que comer lo que vosotros hollasteis con los pies, y beber lo que con ellos enturbiasteis? Por eso así dice el Señor, Yahvé: Yo juzgaré entre la oveja gorda y la flaca. Y como empujáis con el flanco y las espaldas y acorneáis con los cuernos a las débiles, hasta que las echáis y las hacéis descarriar, yo protegeré a mis ovejas para que no se descarríen, y yo juzgaré entre oveja y oveja. Suscitaré para ellas un pastor único, que las apacentará. Mi siervo David, él las apacentará, él será su pastor. Yo, Yahvé, seré su Dios, y mi siervo David será príncipe en medio de ellas. Yo, Yahvé, lo he dicho. Haré con ellas alianza de paz, haré desaparecer de la tierra las fieras, y andarán tranquilas por el desierto y se reposarán en la selva. Haré de ellas y de los alrededores de mi collado una bendición. Mandaré a su tiempo las lluvias, lluvias de bendición. Darán sus frutos los árboles del campo, y la tierra los suyos. Habitarán en su tierra en seguridad, y sabrán que yo soy Yahvé cuando rompa las coyundas de su yugo y las arranque de las manos de los que las esclavizaron. No serán ya más presa de las gentes, las devorarán las fieras del campo, sino que habitarán en seguridad, sin que nadie las espante. Les suscitaré una prole de renombre; no los consumirá ya más el hambre ni serán más el escarnio de las gentes." Conocerán entonces que yo, Yahvé, soy su Dios, y que ellos, la casa de Israel, son mi pueblo, dice el Señor, Yahvé. Rebaño mío, vosotros sois las ovejas de mi grey, y yo soy vuestro Dios, dice el Señor, Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia el monte Seir y profetiza contra él. Dile: Así habla el Señor, Yahvé: Heme aquí contra ti, ¡oh monte Seir! También sobre ti tenderé mi mano, y te tornaré en desierto, reduciendo a ruinas tus ciudades. Serás asolado y sabrás que yo soy Yahvé. Porque en tu secular enemiga contra Israel pasaste a sus hijos a la espada el día fatal de la desventura, cuando llegó a su término la iniquidad. Por mi vida, dice el Señor, Yahvé, por haber pecado contra la sangre, la sangre te perseguirá, y haré del monte Seir desierto y soledad, sin que haya quien por él vaya ni venga, y henchiré de muertos tus colinas; en tus montes y en tus valles, en el lecho de todos tus torrentes, yacerán los muertos a la espada." Te reduciré a eterna soledad; no serán ya habitadas tus ciudades, y sabrás que yo soy Yahvé," pues que te dijiste: Míos serán ambos pueblos y ambas tierras, nosotros los poseeremos, aunque allí esté Yahvé. Por mi vida, dice el Señor, Yahvé, que te trataré conforme a tu ira y al furor con que en tu odio los trataste. Y sabrás que yo soy Yahvé cuando te juzgue. He oído todas las injurias que proferiste contra los montes de Israel, diciendo: “¡Destruidos! Nos los dan para que los devoremos” Y os insolentasteis de boca contra mí, y multiplicasteis, oyéndolas yo, vuestras palabras contra mí. Así dice el Señor, Yahvé: Alegrándose la tierra toda, a ti te tornaré en desierto. Como te gozaste en la desolación de la heredad de la casa de Israel, asimismo haré yo contigo; os tornaréis en desierto, ¡oh montes de Seir! y con vosotros Idumea toda entera, y se sabrá que yo soy Yahvé." Y ahora, hijo de hombre, profetiza a los montes de Israel y di: Oíd, montes de Israel, la palabra de Yahvé: Así habla el Señor, Yahvé: Pues que el enemigo dijo de vosotros: ¡Ea! Son ruinas perpetuas, se nos dan en posesión a nosotros. Habla y di: Así habla el Señor, Yahvé: Por eso, porque os asolaron y tragaron de todas las partes, dándoos por heredad a las gentes y haciéndoos objeto de habladurías y de escarnios, por eso, ¡oh montes de Israel! oíd la palabra de Yahvé: Así dice el Señor, Yahvé, a los montes y a los collados, a los lechos de los torrentes y a los valles, a las ruinas desoladas y a las ciudades desiertas que fueron la presa y el sarcasmo de los que de los pueblos circunvecinos quedaban. Por eso, así habla el Señor, Yahvé: Sí, en mi celo y en mi furor hablé contra los escapados de los pueblos, y contra Idumea toda entera, que se apropiaron mi tierra con corazón alegre y el desprecio en el alma para despoblarla y depredarla. Por eso, profetiza a la tierra de Israel, y di a los montes y a los collados, a los lechos de los torrentes y a los valles: Así habla el Señor, Yahvé: Heme aquí, en mi celo y en mi furor lo digo: Ya que habéis soportado el escarnio de las gentes, así habla el Señor, Yahvé: Alzo mi mano y juro que las gentes que os rodean soportarán vuestro escarnio, y vosotros, montes de Israel, germinaréis, daréis ramas y frutos a mi pueblo Israel, que va a volver. Porque heme aquí, a vosotros me acerco, a vosotros me vuelvo. Todavía seréis labrados y sembrados, multiplicaré en vosotros a los hombres, la casa de Israel toda entera, y serán repobladas las ciudades y reconstruidas las ruinas. Multiplicaré en vosotros a los hombres, y se multiplicarán los ganados, y estaréis poblados como antiguamente, y más todavía que al principio, y sabréis que yo soy Yahvé. Haré volver a vosotros a los hombres, mi pueblo Israel, que os poseerá, y les seréis en heredad, y no volveréis a devorarlos. Así dice Yahvé: Pues que andan diciendo de ti: Eres una devoradora de hombres y has privado a tu nación de tus hijos, no devorarás ya más a los hombres, ni a tu nación privarás de hijos, dice el Señor, Yahvé, y nunca más te haré oír los insultos de las gentes, ni tendrás que oír los escarnios de los pueblos, y no quedarán los tuyos privados de hijos, dice el Señor, Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, cuando moró en su tierra la casa de Israel, la contaminaron con sus malas obras y sus pecados. Su obrar ante mí fue como de inmundicia de menstruada. Por eso descargué yo mi ira sobre ellos, por la sangre que derramaban en la tierra y por los ídolos con que la contaminaron. Y los he dispersado entre las gentes y han sido esparcidos por todas las tierras, juzgándolos conforme a sus caminos y a sus obras, y, llegados a las gentes a donde fueron, éstas profanaron mi santo nombre, diciendo de ellos: “Estos son el pueblo de Yahvé, han sido echados de su tierra.” Pero he tenido lástima de ellos al ver mi santo nombre profanado, por causa de la casa de Israel, entre las gentes a las que han sido llevados. Di, pues, a la casa de Israel: Así habla el Señor, Yahvé: No lo hago por vosotros, casa de Israel, sino más bien por el honor de mi nombre, profanado por causa vuestra entre las gentes a que habéis ido. Yo santificaré mi nombre grande, profanado entre las gentes a causa de vosotros en medio de ellas, y sabrán las gentes que yo soy Yahvé, dice el Señor, Yahvé, cuando yo me santificare en vosotros a sus ojos. Yo os tomaré de entre las gentes, y os reuniré de todas las tierras, y os conduciré a vuestra tierra. Y os aspergeré con aguas puras y os purificaré de todas vuestras impurezas, de todas vuestras idolatrías. Os daré un corazón nuevo y pondré en vosotros un espíritu nuevo; os arrancaré ese corazón de piedra y os daré un corazón de carne." Pondré dentro de vosotros mi espíritu y os haré ir por mis mandamientos y observar mis preceptos y ponerlos por obra. Entonces habitaréis la tierra que yo di a vuestros padres, y seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios. Os libraré de todas vuestras impurezas, y llamaré al trigo y lo multiplicaré, y no tendréis hambre. Multiplicaré los frutos de los árboles y el de los campos, para que nunca más os escarnezcan las gentes porque padezcáis hambre. Vosotros, por vuestra parte, os acordaréis de vuestros malos caminos, de vuestras obras, que no fueron buenas, y sentiréis vergüenza de vosotros mismos por vuestras iniquidades y vuestras abominaciones. No lo hago por vosotros, dice el Señor, Yahvé; sabedlo, confundios y avergonzaos de vuestras obras, ¡oh casa de Israel!" Así habla el Señor, Yahvé: El día en que os habré purificado de todas vuestras iniquidades, repoblaré las ciudades y reconstruiré las ruinas. La tierra desolada en que el caminante no ve más que desolación, volverá a ser labrada, y se dirá: Aquella tierra inculta se ha convertido en jardín de Edén; las ciudades arruinadas, asoladas y desiertas están fortificadas y pobladas," y los pueblos que en torno vuestro han sido dejados, sabrán que yo, Yahvé, he edificado vuestras derribadas ruinas y he repoblado de árboles la tierra devastada. Yo, Yahvé, lo he dicho y lo haré. Así dice el Señor, Yahvé: Aun a esto más me dejaré inducir a realizar por la casa de Israel: Multiplicaré los hombres como se multiplican los rebaños;" a modo de ovejas consagradas, de ovejas de Jerusalén, en sus solemnidades, así serán las ciudades arruinadas, llenas de rebaños humanos, y sabrán que yo soy Yahvé. Fue sobre mí la mano de Yahvé, y llevóme Yahvé fuera y me puso en medio de un campo que estaba lleno de huesos. Hízome pasar por cerca de ellos todo en derredor, y vi que eran sobremanera numerosos sobre la haz del campo y enteramente secos. Y me dijo: Hijo de hombre, ¿revivirán estos huesos? Y yo respondí: Señor, Yahvé, tú lo sabes. Y él me dijo: Hijo de hombre, profetiza sobre estos huesos y diles: Huesos secos, oíd la palabra de Yahvé. Así dice el Señor, Yahvé, a estos huesos: Voy a hacer entrar en vosotros el espíritu y viviréis, y pondré sobre vosotros nervios, y os cubriré de carne, y extenderé sobre vosotros piel, y os infundiré espíritu, y viviréis y sabréis que yo soy Yahvé. Entonces profeticé yo como me mandaba, y a mi profetizar se oyó un ruido, y hubo un agitarse y un acercarse huesos a huesos. Miré y vi que vinieron nervios sobre ellos, y creció la carne y los cubrió la piel, pero no había en ellos espíritu. Díjome entonces: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así habla el Señor, Yahvé: Ven, ¡oh espíritu! ven de los cuatro vientos y sopla sobre estos huesos muertos, y vivirán. Profeticé yo como se me mandaba, y entró en ellos el espíritu, y revivieron y se pusieron en pie, un ejército grande en extremo. Díjome entonces: Hijo de hombre, esos huesos son la entera casa de Israel. Andan diciendo: Se han secado nuestros huesos, ha fallado nuestra esperanza, estamos perdidos. Por eso profetiza y diles: Así habla el Señor, Yahvé: Yo abriré vuestros sepulcros y os sacaré de vuestras sepulturas, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de Israel, y sabréis que yo soy Yahvé cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío, y ponga en vosotros mi espíritu y viváis, y os dé reposo en vuestra tierra, y sabréis que yo soy Yahvé, lo dije y lo hice, oráculo de Yahvé. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, toma un palo y escribe en él: “Judá y los hijos de Israel que le están unidos.” Toma luego otro y escribe en él: “José, el báculo de Efraím y de toda la casa de Israel que le está unida.” Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y uno solo hagan en tu mano. Y cuando te pregunten los hijos de Israel: ¿No nos enseñarás qué es eso? Diles: Así habla el Señor, Yahvé: He aquí que yo tomaré el báculo de José, que está en manos de Efraím y de las tribus de Israel que le están unidas, y lo pondré sobre el báculo de Judá, haciendo un solo báculo, y será uno solo en mi mano. Que estén a sus ojos los palos en que escribas, y diles: Así dice el Señor, Yahvé: He aquí que yo tomaré a los hijos de Israel de entre las gentes a que han ido, juntándolos de todas las partes, y los traeré a su tierra. Y haré de ellos en la tierra, en los montes de Israel, un solo pueblo, y todos tendrán un solo rey; nunca más serán dos naciones, nunca más estarán divididos en dos reinos," nunca más se contaminarán con sus ídolos; los libraré de todas las rebeliones con que pecaron y los purificaré, y serán mi pueblo, y yo seré su Dios." Mi siervo David será su rey, y tendrán todos un solo pastor, y caminarán por las sendas de mis mandamientos, y guardarán mis preceptos, poniéndolos por obra. Y habitarán la tierra que yo di a mi siervo Jacob, en que habitaron vuestros padres. Ellos la habitarán y los hijos de sus hijos por los siglos de los siglos, y por los siglos será su príncipe David, mi siervo. Estableceré con ellos un pacto de paz que será pacto eterno; los asentaré, los acrecentaré y pondré mi santuario en medio de ellos por los siglos." Pondré en medio de ellos mi morada, y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y sabrán las gentes que yo, Yahvé, santifico a Israel, cuando esté mi santuario en medio de ellos por los siglos. Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: Hijo de hombre, vuelve tu rostro a Gog, de la tierra de Magog, príncipe soberano de Mesec, de Túbal, y profetiza contra él, y di: Así habla el Señor, Yahvé: Heme aquí contra ti, príncipe soberano de Mesec y Túbal;" yo te atraeré y pondré freno en tus mandíbulas, y te sacaré a ti y a todos tus ejércitos, caballos y jinetes, de todo en todo equipados; muy gran muchedumbre con rodelas y escudos, todos con espada." Paras, Etiopía y Put los acompañan, todos con escudo y yelmo. Gomer y todas sus mesnadas, la casa de Togorma, los extremos confines septentrionales y todas sus hordas, pueblos innumerables, contigo. Prepárate, apréstate tú y toda la innumerable muchedumbre reunida en torno tuyo: sé su jefe. De aquí a muchos días te será dada la orden. Al cabo de años vendrás a la tierra salvada de la espada, recogida de entre muchos pueblos, sobre los montes de Israel, que habían sido reducidos a eternas ruinas. Ha sido sacada de entre las gentes y habita confiadamente. Tú la invadirás, llegando allí como un torbellino; como tormenta que envolverá la tierra serás tú, con todos tus ejércitos y los innumerables pueblos que están contigo." Así dice el Señor, Yahvé: En aquellos días se alzarán en tu corazón los pensamientos y concebirás malvados designios, Tú dirás: Voy a subir contra una tierra indefensa, iré contra gentes tranquilas que habitan confiadamente, todas sin murallas, sin puertas ni cerrojos, a robar, a saquear, a poner tus manos sobre ruinas repobladas, sobre un pueblo reunido de entre las gentes, que tiene ganados y propiedades y habita en el ombligo de la tierra. Sebá y Dedán y los mercaderes de Tarsis y todos sus jóvenes leones te dirán: ¿Vienes en busca de botín? ¿Has reunido toda esa muchedumbre para saquear, en busca de plata y de oro, para robar ganados y riquezas, para hacer gran botín? Por tanto, profetiza, hijo de hombre, y di a Gog: Así habla el Señor, Yahvé: En aquel tiempo, cuando mi pueblo Israel habite confiadamente, ¿te pondrás en camino? Y vendrás desde tus moradas, desde las extremas regiones del septentrión, tú, y contigo numerosos pueblos, todos a caballo, una inmensa muchedumbre, un ejército poderoso, que avanzará contra mi pueblo, Israel, como nublado que va a cubrir la tierra. Al cabo de los días yo te haré marchar contra mi tierra, para que me conozcan los pueblos, cuando a sus ojos en ti, oh Gog! seré santificado. Así habla el Señor, Yahvé: ¿No eres tú aquel de quien hablé yo en tiempos pasados por medio de mis siervos los profetas de Israel, que desde años profetizaron que yo te traería contra ellos? En aquel día, cuando marche Gog contra la tierra de Israel, dice el Señor, Yahvé, subirá la ira a mis narices, y en mi celo, en el incendio de mi furor, juro que habrá aquel día gran temblor en la tierra de Israel. Y temblarán ante mí los peces del mar y las aves del cielo, los del campo y todos los reptiles que se arrastran por la tierra, y los hombres que hay en la tierra. Y los montes se desmoronarán, y caerán las rocas, y todos los muros se vendrán al suelo. Y llamaré contra él la espada por todos sus montes, dice el Señor, Yahvé, y la espada de cada uno será contra su hermano. Y haré justicia en él con peste y con sangre y lloveré contra él y contra los numerosos pueblos que le acompañan lluvia torrencial piedras de granizo, fuego y azufre, y me magnificaré y haré muestra de mi santidad, y me daré a conocer a pueblos numerosos, que sabrán que yo soy Yahvé. Tú, pues, hijo de hombre, profetiza contra Gog y di: Así habla el Señor, Yahvé: Heme aquí contra ti, ¡oh Gog! príncipe soberano de Mesec y Túbal;" yo te atraeré, yo te guiaré y te haré subir de los confines del septentrión y te llevaré a los montes de Israel, y romperé en tu mano izquierda el arco y haré caer de tu diestra las saetas. Caerás en los montes de Israel con todos los ejércitos y todos los pueblos que contigo estén. Te destino para pasto de aves rapaces de todo plumaje, de las fieras del campo. Serás abatido sobre la haz del campo, porque lo digo yo, dice el Señor, Yahvé. Y encenderé en Ma-gog un fuego y en las islas que habitan confiadamente, y sabrán que yo soy Yahvé. Haré notorio mi santo nombre en medio de mi pueblo Israel, no dejaré más que sea profanado mi santo nombre, y sabrán las gentes que yo soy Yahvé, el Santo de Israel. Y llegarán estas cosas, vendrán, diré el Señor, Yahvé: Es el día de que he hablado yo. Y saldrán fuera los habitantes de las ciudades de Israel, y darán al fuego y quemarán armas, escudos y paveses, arcos y flechas, mazas y lanzas, y harán lumbre con ellas por siete años. No tendrán que traer leña del campo ni cortarla en los montes; harán el fuego con las armas, y expoliarán a sus expoliadores, y depredarán a sus depredadores, dice el Señor, Yahvé." Aquel día daré yo a Gog un lugar de sepultura en Israel: el valle de los Abarim, al oriente del mar; allí será sepultado Gog con todas sus muchedumbres, y se llamará el valle de Amón-Gog." Le dará sepultura la casa de Israel, para purificar la tierra, y estará sepultándolos durante siete meses. Los sepultará todo el pueblo de la tierra, y quedará famoso para ellos el día en que yo seré glorificado, dice el Señor, Yahvé. Designarán hombres que vayan por la tierra continuamente reconociéndola, para dar sepultura a los invasores, enterrando a los que quedan sobre la haz de la tierra; la recorrerán buscando por espacio de siete meses," y cuando al recorrerla vean osamentas humanas, tendrán alzada junto a ellas una señal, hasta que los enterradores las sepulten en el valle de Amón-Gog. Así purificarán la tierra. Y tú, hijo de hombre, así habla el Señor, Yahvé: Di a las aves de toda especie y a todas las bestias del campo: Reunios y venid. Juntaos de todas partes para comer las víctimas que yo inmolo para vosotras, sacrificio inmenso, sobre los montes de Israel. Comeréis las carnes y beberéis la sangre, comeréis carne de héroes, beberéis sangre de príncipes de la tierra; carneros, corderos, machos cabríos y toros gordos como los de Basan." Comeréis gordura hasta saciaros, beberéis sangre hasta embriagaros de las víctimas que para vosotras inmolaré. Os saturaréis a mi mesa de caballos y jinetes, de héroes y guerreros de toda suerte, dice el Señor, Yahvé. Haré ante las gentes muestra de mi gloria, y todas verán las justicias que yo hago y los castigos con que hiere mi mano. La casa de Israel sabrá para adelante que yo soy Yahvé, su Dios. Y las gentes conocerán que por sus iniquidades fue llevada la casa de Israel al cautiverio, porque se había rebelado contra mí, y yo escondí de ella mi rostro y la entregué en manos de sus enemigos, para que todos juntos cayesen a la espada, tratándolos según sus inmundicias y sus transgresiones y escondiendo de ellos mi rostro. Por tanto, dice el Señor, Yahvé: Ahora voy a hacer volver la cautividad de Jacob, y tendré misericordia de la casa de Israel, velando por mi santo nombre. Y ellos olvidarán los oprobios sufridos y sus rebeldías contra mí, cuando habiten seguros en su suelo, sin que nadie los perturbe;" cuando los saque de entre las gentes y los reúna de las tierras de sus enemigos y me santifique a los ojos de las gentes: sabrán que yo soy Yahvé, su Dios, lo mismo cuando los llevé al cautiverio entre las gentes que cuando los reuní en su tierra. No dejaré allí ni uno solo, ni les esconderé mi rostro, porque habré derramado mi espíritu sobre la casa de Israel, dice el Señor, Yahvé. El año veinticinco de nuestro cautiverio, al comienzo del año, el diez del mes, el año catorce de la toma de la ciudad, aquel día mismo fue sobre mí la mano de Yahvé, que me condujo, en visión divina, a la tierra de Israel y me puso sobre un montón altísimo, sobre el cual había al mediodía como una edificación de ciudad. Llevóme allá, y un varón de aspecto como de bronce bruñido, que tenía en su mano una cuerda de lino y una caña de medir, estaba en pie a la puerta. Díjome aquel varón: Hijo de hombre, mira con tus ojos y atiende con tus oídos, y pon tu atención a lo que yo te vaya mostrando, pues para que te lo haga ver has sido traído, y para que se lo cuentes todo a la casa de Israel. Mira, pues, ahí la muralla exterior que rodea la casa por todas partes. La caña de medir que aquel varón tenía en la mano era de seis codos de un codo y un palmo. Midió con ella el espesor del muro, y era de una caña, y su altura era de una caña. Vino luego a la puerta que mira hacia el oriente, subió sus siete gradas y midió su umbral, de una caña de ancho. Las cámaras tenían cada una caña de largo y una caña de ancho, y había entre cámara y cámara cinco codos, y el umbral de la puerta por dentro, junto al vestíbulo, de una caña. Midió el vestíbulo de la puerta, de ocho codos, y sus pilastras, de dos codos; el vestíbulo de la puerta estaba de la parte de dentro." Tenía la puerta oriental tres cámaras de un lado y tres del otro, todas de la misma medida, y de una misma medida también, a una y otra parte, las pilastras. Midió la anchura del vano de la puerta, de diez codos, y la longitud del portal, de trece codos. Había delante de las cámaras una barrera, de un lado y de otro, de un codo, y cada cámara tenía seis codos de un lado y seis del otro. Midió la puerta desde el techo de una cámara hasta el techo de la de enfrente, veinticinco codos de anchura, puerta contra puerta. E hizo las pilastras de sesenta codos, y en las pilastras comenzaba el atrio que rodeaba la puerta todo alrededor. Y desde la delantera de la puerta de entrada hasta la puerta interior, cincuenta codos. La puerta tenía todo en derredor ventanas aspilleradas, que hacia el exterior se estrechaban, y estaban en las cámaras y en sus pilastras, y lo mismo había también ventanas que daban al interior del atrio en derredor, y en cada una de las pilastras había palmas. Llevóme luego al atrio exterior, en el cual había cámaras y estaba solado todo en derredor, treinta cámaras había en derredor del atrio. El solado a los lados de las puertas correspondía a la anchura de ellas mismas, el solado inferior. Midió la anchura entre la puerta de la fachada inferior hasta el frontispicio del atrio interior por fuera, cien codos hacia oriente y norte. Midió el ancho y el largo de la puerta que está al norte, al atrio exterior;" sus cámaras, tres a un lado, tres al otro; las pilastras y el vestíbulo eran de las mismas dimensiones que las de la puerta primera, cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho." Sus ventanas, su vestíbulo, sus palmas, tenían las mismas dimensiones que las de la puerta que da al oriente. Se subía a ella por siete gradas, y delante de ella estaba el atrio. Frente por frente de este pórtico septentrional había en el atrio interior una puerta como la oriental. Midió la distancia entre puerta y puerta: cien codos. Llevóme después al lado del mediodía, donde estaba la puerta que da al mediodía, y, medidas las pilastras y el vestíbulo, tuvieron las mismas dimensiones que las otras. Había en torno de ella y del vestíbulo ventanas iguales a las otras, cincuenta codos de largo y veinticinco codos de ancho. Las gradas de subida a la puerta eran siete, y delante de ellas estaba el vestíbulo. Había a cada lado palmas en las pilastras. Había también puerta hacia el mediodía en el atrio interior, y entre puerta y puerta midió cien codos. Llevóme por la puerta del mediodía al atrio interior, y midió la puerta del mediodía, y tenía las mismas dimensiones;" sus cámaras, sus pilastras y el vestíbulo, de las mismas dimensiones. La puerta y su vestíbulo tenían ventanas en derredor y cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho. -- omitido por paráfrasis -- El vestíbulo daba al atrio exterior; en sus pilastras había palmas, y las gradas de subida eran ocho." Llevóme luego al atrio interior por el camino de oriente, y midió la puerta, de las acostumbradas dimensiones. Las cámaras, las pilastras y el vestíbulo, de las mismas dimensiones, con ventanas en ellas, y en el vestíbulo, cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho. Su vestíbulo daba al atrio exterior; en las pilastras, a uno y otro lado, había palmas, y las gradas de subida eran ocho." Llevóme luego a la puerta del septentrión, y midió, hallando las dimensiones de las otras para cámaras, pilastras y vestíbulos, y en torno las ventanas, cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho. Sus vestíbulos daban al atrio exterior, y había en ellos pilastras con palmas, a uno y otro lado, y las gradas de subida eran ocho. Había también allí una cámara que se abría hacia las pilastras de las puertas; era donde habían de lavarse los holocaustos." En el vestíbulo de la puerta había a cada lado dos mesas, en las que se había de degollar el holocausto para el sacrificio por el pecado y por el delito. En el lado exterior, al norte de quien subía por la entrada de la puerta, había otras dos mesas, y otras dos al otro lado, cerca del vestíbulo de la puerta. Había, pues, a cada lado de la puerta cuatro mesas de una parte y cuatro de otra, ocho mesas, en las que se hacía la inmolación. Había, además, otras cuatro mesas para los holocaustos, de piedra tallada, codo y medio de largas, codo y medio de anchas y un codo de altas, sobre las cuales se ponían los instrumentos con que se inmolaban los holocaustos y los otros sacrificios. Tenían las mesas en derredor un reborde alto de un palmo, y sobre ellas se ponía la carne de las víctimas. Fuera de la puerta interior, en el atrio interior, había dos cámaras, una al lado de la puerta del norte, y que se abría hacia el mediodía; otra al lado de la puerta del mediodía, que se abría hacia el norte." Y me dijo: Esta cámara que se abre hacia el mediodía es para los sacerdotes que hacen la guardia del templo, y la que mira al norte es la de los sacerdotes que hacen la guardia del altar. Son los hijos de Sadoc, que entre los hijos de Leví se acercan a Yahvé para servirle. Midió el atrio, cien codos de ancho y cien codos de largo, cuadrado, y en él, delante de la casa, estaba el altar. Llevóme al vestíbulo de la casa, midió cada una de las pilastras, cinco codos el de una parte, cinco codos el de la otra. La puerta tenía catorce codos de ancha, y los lados de la puerta eran tres codos de un lado y tres de otro. Tenía el vestíbulo veinte codos de largo y doce codos de ancho, y se subía a él por diez gradas. Había junto a las pilastras columnas, una a un lado y otra al otro. Me introdujo en el templo, midió las pilastras, ancho seis codos de un lado y seis codos del otro; tal era la anchura de las pilastras." El vano de la puerta era de diez codos, y los lados de la puerta, cinco codos a una parte y cinco codos a la otra. Midió también el largo, y eran cuarenta codos, y el ancho eran veinte codos. Pasó luego al interior y midió cada pilar de la puerta, dos codos, y la puerta misma, seis codos, y la anchura de la entrada, siete codos. Midió también el largo, y eran veinte codos, y el ancho sobre el frente del templo, veinte codos, y me dijo: Este es el santísimo. Midió luego el grueso del muro de la casa, seis codos, y la anchura del edificio lateral, cuatro codos, todo en torno de la casa. Las cámaras laterales estaban sobrepuestas unas a otras, treinta en cada uno de los pisos. Había retallos en el muro de la casa en derredor, para que en ellos se apoyasen las vigas de las cámaras sin entrar en el muro. Había mayor anchura en las cámaras hacia arriba de piso en piso, porque el corredor de la casa iba creciendo todo alrededor; por esto la anchura de la casa era mayor hacia arriba. Del piso inferior se podía subir al de en medio y de éste al superior." Vi que la casa todo en torno estaba sobre una elevación. Los cimientos de las cámaras laterales eran de una caña entera, seis codos hacia el ángulo. La anchura del muro exterior del edificio lateral era de cinco codos, igual al espacio de las cámaras de dentro. De las cámaras a la casa había una anchura de veinte codos en derredor de la casa. Las puertas de las cámaras, una del lado del norte y otra del lado del mediodía, daban a un espacio vacío que rodeaba toda la casa, cinco codos de ancho. Una construcción separada que había frente del espacio vacío, al lado de occidente, tenía setenta codos de ancho. El muro del edificio tenía cinco codos de grueso todo en derredor, y su largo era de noventa codos. Luego midió la casa: largo, cien codos; el espacio vacío, las edificaciones y los muros, cien codos de largo;" la anchura de la delantera de la casa con espacio vacío a oriente, cien codos. Midió la longitud de la edificación frente al espacio separado, hacia atrás, y los portales de uno y otro lado, cien codos. El templo interior y los vestíbulos del atrio, el umbral, las ventanas aspilleradas, los portales todo en torno; los tres pisos estaban cubiertos de madera. Desde el suelo hasta las ventanas — las cuales estaban cubiertas — ," hasta encima de las puertas, en el interior de la casa y en el exterior, hasta las paredes de lo interior y del exterior, estaban cubiertas de relieves, representando querubines y palmas. Había una palma entre querubín y querubím, y cada querubín tenía dos aspectos, aspecto de hombre hacia una palma y aspecto de león hacia la otra, y así todo en torno de la casa. Desde el suelo hasta la altura de las puertas había querubines y palmas esculpidos por todos los muros de la casa. Los pilares del templo eran cuadrangulares, y enfrente del santísimo había una cosa que parecía un altar de madera, tres codos de alto, dos de largo y dos de ancho, y tenía sus cuernos, sus pies y sus costados de madera. Y me dijo: Es la mesa que está delante de Yahvé. Había dos puertas, la del santo y la del santísimo. Cada puerta tenía dos hojas que se plegaban en dos partes, dos partes para una hoja y dos para la otra. En las puertas había grabados querubines y palmas, como en las paredes, y en la fachada del atrio exterior había un portal de madera, y había ventanas aspilleradas y palmas a cada lado de las paredes laterales del vestíbulo, en las cámaras laterales de la casa y en los cornisamentos. Sacóme al atrio exterior, al lado del septentrión, y me llevó al departamento que está frente al espacio cercado y a la construcción que mira al norte. Era de un frente de cien codos de largo al lado norte, y tenia cincuenta codos de ancho, dando (al espacio vacío) de veinte codos del atrio interior y al enlosado del atrio exterior, terraza contra terraza en tres pisos. Delante de las cámaras había un corredor de diez codos de ancho y cien codos de largo; sus puertas daban al norte." Las cámaras superiores, como las terrazas, quitaban espacio; eran más estrechas que las inferiores y las intermedias del edificio," pues los pisos eran tres, pero sin columnas, como las columnas de los atrios. Por eso las superiores eran más estrechas que las de abajo y las de en medio. El muro exterior de fuera, delante de las cámaras, que daba al atrio exterior, frente a las cámaras, tenía cincuenta codos de largo, pues el largo de las cámaras del lado del atrio exterior era de cincuenta codos; pero del lado del templo, de cien codos." Más abajo de las cámaras había una entrada que daba a oriente, para el que venía del atrio exterior. Del lado del mediodía, frente al espacio vacío y delante del edificio había cámaras;" delante de ellas, un corredor, como el de las cámaras que dan al norte; su largo y su ancho eran los mismos, y también iguales las salidas y toda su disposición. Como las puertas de las primeras" eran las puertas de las cámaras que daban al mediodía, y había unas puertas al comienzo del corredor, en el muro correspondiente para quien venía del oriente. Díjome: Las cámaras del norte y las cámaras del mediodía que dan al espacio cercado son las cámaras del santuario, donde los sacerdotes que se acercan a Yahvé comerán las cosas santísimas, es decir, las oblaciones y las víctimas por el pecado y por el delito, pues este lugar es santo. Cuando los sacerdotes entraren, no saldrán del lugar santo al atrio exterior, sino que dejarán allí las vestiduras con que ministran, pues son santas, y, vestidos de otras, se acercarán así a lo destinado al pueblo. Cuando hubo acabado de medir la fábrica interior, sacóme fuera por la puerta que da al oriente y midió el perímetro. Midió el lado de oriente con la caña de medir, quinientos codos de la caña de medir; se volvió," y midió el lado del norte, quinientos codos de la caña de medir. Midió el lado del mediodía, quinientos codos de la caña de medir. Se volvió al lado de occidente, y midió quinientos codos de la caña de medir. Midió el muro de cintura a los cuatro vientos; tenía quinientos codos de largo y quinientos codos de ancho, y separaban lo santo de lo profano." Llevóme luego a la puerta que da al oriente, y vi la gloria del Dios de Israel venir del oriente. Se oía un estrépito como el estrépito de caudalosas aguas, y la tierra resplandecía del resplandor de la gloria. El aspecto de lo que veía era como lo que vi cuando vino Yahvé a destruir la ciudad, y en todos los aspectos como los de la visión que vi cerca del río Kebar. Caí rostro a tierra, mientras la gloria de Yahvé penetró en la casa por la puerta de la fachada que da al oriente. El espíritu me levantó y me llevó al atrio exterior, y vi la gloria de Yahvé llenar la casa, y oí que alguno me hablaba desde dentro de la casa, mientras el varón aquel estaba en pie junto a mí y me decía: Hijo de hombre, éste es el lugar de mi trono, el escabel de las plantas de mis pies, donde habitaré para siempre en medio de los hijos de Israel. La casa de Israel no profanará ya más mi santo nombre, ni ella ni sus reyes, con sus fornicaciones ni con los cadáveres de sus reyes, con sus lugares altos;" pusieron su umbral junto a mi umbral, y sus postes junto a mis postes, y pared sólo por medio, contaminaron mi santo nombre con las abominaciones que cometieron. Por eso, en mi furor los consumí. Pero ahora arrojarán lejos de mí sus fornicaciones y los cadáveres de sus reyes, y habitaré en medio de ellos para siempre. Y tú, hijo de hombre, describe a la casa de Israel este templo. Si se avergüenzan de lo que han hecho, muéstrales la traza y el diseño de esta casa, sus salidas y sus entradas y toda su disposición, sus ritos y sus leyes, y ponia por escrito ante sus ojos, para que guarden todos sus ritos y sus reglas y los pongan por obra. Esta es la ley de la casa: sobre la cumbre del monte, todo en derredor, su término será santísimo. Esta es la ley del templo. He aquí las medidas del altar en codos de codo y palmo: el canal, de un codo de alto y un codo de ancho, y el reborde que lleva en torno, un palmo. Tal es el zócalo del altar. Desde el canal sobre el suelo al plano inferior, dos codos, y la anchura de su vuelo, un codo. Del plano inferior al plano superior, cuatro codos, y la anchura, de un codo. El “ariel” tenía cuatro codos, y de él emergían cuatro cuernos. El “ariel” tenía doce codos de ancho y doce codos de largo, formando un cuadrado perfecto. La basa tenía catorce codos de largo y catorce de ancho a los cuatro lados, y en torno de ella había una cornisa de medio codo, y el canal de un codo todo en derredor, y sus gradas estaban al lado oriental. Díjome: Hijo de hombre, así habla el Señor, Yahvé: Estas son las leyes del altar para cuando sea construido para ofrecer en él holocaustos y derramar la sangre de ellos. A los sacerdotes, levitas de la posteridad de Sadoc, que serán los que a mí se han de acercar para servirme, dice el Señor, Yahvé, les darás un novillo para el sacrificio por el pecado. Tomarás de su sangre y untarás con ella los cuatro cuernos, y los cuatro ángulos del cuadro, y el borde todo en torno. Así harás la expiación y la propiciación del altar. Tomarás luego el novillo del sacrificio por el pecado, que quemarás en el lugar de la casa designado fuera del santuario. Al día siguiente ofrecerás por el pecado un macho cabrío sin defecto y expiarás el altar, como lo hiciste con el novillo. Cumplido que hayas el rito expiatorio, ofrecerás un novillo sin defecto y un carnero de la grey sin defecto. Los ofrecerás a Yahvé; los sacerdotes ofrecerán sobre ellos la sal, y los ofrecerán a Yahvé como holocausto." Por siete días sacrificarás por el pecado un macho cabrío por día; ofrecerás además un novillo y un carnero de la grey sin defecto." Por siete días se hará la propiciación del altar, se purificará y se consagrará. Pasados estos días, del día octavo en adelante, los sacerdotes ofrecerán en el altar vuestros holocaustos y vuestros sacrificios pacíficos, y yo os seré propicio, dice el Señor, Yahvé. Llevóme luego de nuevo a la puerta de fuera del santuario que daba al oriente, pero la puerta estaba cerrada, y me dijo Yahvé: Esta puerta ha de estar cerrada; no se abrirá ni entrará por ella hombre alguno, porque ha entrado por ella Yahvé, Dios de Israel; por tanto, ha de quedar cerrada." Por lo que hace al príncipe, podrá sentarse en ella para comer el pan en la presencia de Yahvé; entrará por el vestíbulo de la puerta y por el mismo saldrá." Llevóme hacia la puerta del norte por delante de la casa, y miré y vi que la gloria de Yahvé llenaba la casa de Yahvé, y me postré rostro a tierra. Yahvé me dijo: Hijo de hombre, pon atención, mira con tus ojos y oye con tus oídos todo lo que voy a hablar contigo sobre todas las ordenaciones de la casa de Yahvé y todas sus leyes; pon atención a todas las entradas de la casa y a todas las salidas del santuario," y di a los rebeldes, a la casa de Israel: Así dice el Señor, Yahvé: Basta ya de abominaciones, ¡oh casa de Israel! de traer extranjeros, incircuncisos de corazón y de carne, para que entren en mi santuario, contaminen mi casa, mientras vosotros me ofrecéis mi pan, el sebo y la sangre, quebrantando así mi alianza con todas vuestras abominaciones y no guardando lo establecido acerca de mis cosas santas, antes imponiéndolos como ministros de mi culto en mi santuario en lugar vuestro. Así dice el Señor, Yahvé: Ningún extranjero, incircunciso de corazón y de carne, de cuantos están en medio de Israel, entrará en mi santuario. Los levitas, que se apartaron de mí cuando Israel se alejó de mí, yéndose tras sus ídolos, llevarán su iniquidad. Servirán en mi santuario de guardias de las puertas de la casa y de servidores de la casa misma, degollarán los holocaustos y las víctimas del pueblo y estarán ante él para servirle. Por haber servido a sus ídolos y haber sido para la casa de Israel tropiezo de iniquidad, alzo mi mano, dice el Señor, Yahvé, y juro que llevarán sobre sí su iniquidad, que no se acercarán a mí para servirme en las funciones sacerdotales y para tocar mis cosas santas ni las santísimas, sino que llevarán sobre sí la vergüenza y la pena de las abominaciones que cometieron. Los dejo reducidos a hacer solamente la guardia de la casa y el servicio en lo que en ella haya de hacerse. Los sacerdotes levitas hijos de Sadoc, que guardaron el ordenamiento de mi santuario cuando se apartaron de mí los hijos de Israel, serán mis allegados para ministrar ante mí y ofrecerme la grosura y la sangre, dice el Señor, Yahvé. Esos entrarán en mi santuario y se llegarán a mi mesa, guardando mi ordenamiento. Cuando entren por las puertas del atrio interior, se vestirán de vestiduras de lino; no llevarán sobre sí lana cuando oficien en las puertas del atrio interior y dentro del templo." Llevarán tiaras de lino sobre sus cabezas, y calzones de lino a sus lomos, y no se ceñirán para no sudar. Pero, cuando hayan de salir al atrio exterior, al pueblo, se quitarán las vestiduras con que se hace el servicio y, dejándolas en las cámaras del santuario, se vestirán otro vestido para no santificar al pueblo con sus vestiduras. No se raparán la cabeza ni dejarán crecer sus cabellos, motilando sus cabezas. Ningún sacerdote beberá vino cuando haya de entrar en el atrio interior. No tomarán por mujer ni viuda ni repudiada, sino virgen de la casa de Israel o viuda de sacerdote. Enseñarán a mi pueblo a distinguir entre lo santo y lo profano y a discernir entre lo puro y lo impuro. Juzgarán los pleitos conforme a mis leyes, y guardarán mis leyes y mis preceptos en cuanto a todas mis solemnidades, y santificarán mis sábados. No entrarán a muerto alguno para no contaminarse; sólo por el padre o la madre, el hijo o la hija, el hermano o la hermana que no haya tenido marido, se contaminarán." Después de su purificación contarán siete días, y el día en que entren en el santuario, en el atrio interior, para oficiar en el santuario, ofrecerán su expiación, dice el Señor, Yahvé. En cuanto a su heredad, seré yo; no les daréis posesión en Israel, pues su posesión seré yo." Se alimentarán de las ofrendas, de los sacrificios por el pecado y por el delito, y será para ellos cuanto en Israel sea dado al anatema. Las primicias de todos los primeros frutos de toda suerte, de cuanto ofreciereis, serán para los sacerdotes, y daréis también a los sacerdotes las primicias de vuestras masas, para que en vuestras casas repose la bendición. No comerán mortecino alguno ni desgarrado, sea ave o bestia. Cuando distribuyáis por suerte la tierra para poseerla, reservaréis una porción a Yahvé, que le consagraréis en la tierra, de veinticinco mil codos de largo y veinte mil de ancho *, que en todo su término en derredor será santa. De ella será para el santuario un cuadro de quinientos por quinientos codos, que tendrá en torno un espacio libre de cincuenta codos. De esa extensión la medirás, de un largo de veinticinco mil codos y un ancho de diez mil, y en ella quedará el santuario, el santísimo. Esta porción santa de la tierra será para los sacerdotes, que se acercan a ministrar a Yahvé y servirá para sus casas y como lugar santo para el santuario. Asimismo, veinticinco mil de largo y diez mil de ancho para los levitas que hacen el servicio de la casa, y en ella tendrán ciudad de habitación. Para propiedad de la ciudad destinaréis cinco mil codos de ancho y veinticinco mil de largo, paralelamente a la porción santa reservada, que pertenecerá a la casa de Israel. El príncipe tendrá su parte, lindando de ambos lados con la parte del santuario y la parte de la ciudad del lado occidental hacia occidente, y del lado oriental hacia el oriente, y de una longitud igual a una de las partes, desde la frontera occidental a la oriental. Esta será su propiedad, su posesión en Israel, y así mis príncipes no oprimirán nunca más a mi pueblo y dejarán la tierra a la casa de Israel por sus tribus. Así dice el Señor, Yahvé: ¡Basta, príncipes de Israel! Dejad la violencia y la rapiña” Haced juicio y justicia, no haya de parte vuestra exacciones sobre mi pueblo, dice el Señor, Yahvé. Sean justas vuestras balanzas, justo vuestro “efá,” justo vuestro “bat.” El “efá” y el “bat” sean de la misma medida, de suerte que el “bat” contenga un décimo del “jómer,” y una décima parte del “jómer” el “efá.” Uno y otro corresponderán al “jómer.” El “siclo,” veinte “güeras.” Los cinco siclos habrán de ser cinco; los diez, diez, y cincuenta siclos la “mina.” La ofrenda que reservaréis será ésta: un sexto de “efá” por “jómer” de trigo, y un sexto de “efá” por “jómer” de cebada. Y la ley para el aceite, para el “bat” de aceite, ésta: la décima parte de un “bat” por “kor.” Diez “batos” son el “jómer”, pues diez “batos” hacen un “kor.” De las reses, una por manada de doscientas de los pastos regados de Israel, para el sacrificio pacífico y para el expiatorio, dice el Señor, Yahvé. Todo el pueblo de la tierra hará esta oblación al príncipe de Israel, y cuenta del príncipe será dar el holocausto, la ofrenda y la libación en las fiestas, en los novilunios, en los sábados y en todas las solemnidades de la casa de Israel, y él ofrecerá el sacrificio expiatorio, la ofrenda, el holocausto y el sacrificio eucarístico para expiar la casa de Israel. Así dice el Señor, Yahvé: El día primero del primer mes tomarás un novillo sin defecto y harás la expiación del santuario. El sacerdote tomará de la sangre de la víctima expiatoria y la pondrá sobre los postes de la casa, y sobre los cuatro ángulos de la basa del altar, y sobre los postes de las puertas del atrio interior. Y así harás también el día siete del mes para los que pecan por ignorancia o por error, y así purificaréis la casa. El día catorce del primer mes tendréis la Pascua. La fiesta durará siete días, y se comerá durante ellos pan ácimo. Ese día ofrecerá el príncipe por sí y por todo el pueblo de la tierra un novillo en sacrificio expiatorio, y durante los siete días de la fiesta ofrecerán en holocausto a Yahvé siete novillos y siete carneros sin defecto, cada uno de los siete días, y un macho cabrío en sacrificio expiatorio cada día. Añadirá la ofrenda de un “efá” por toro, un “efá” por carnero y un “hin” de aceite por “efá.” El día quince del séptimo mes, en la solemnidad, ofrecerá durante siete días los mismos sacrificios expiatorios y la misma ofrenda con su aceite. Así dice el Señor, Yahvé: La puerta del atrio interior del lado de oriente estará cerrada los seis días de trabajo, pero se abrirá el día del sábado y en los novilunios. El príncipe entrará por el vestíbulo de la puerta exterior y se estará junto a las jambas de la puerta; los sacerdotes ofrecerán sus holocaustos y sus sacrificios eucarísticos, y él se prosternará en el umbral de la puerta; luego saldrá, y la puerta no se cerrará antes de la tarde." El pueblo de la tierra se prosternará ante Yahvé a la entrada de esta puerta los sábados y los novilunios. El holocausto que el príncipe ofrecerá a Yahvé los sábados será de seis corderos sin defecto y un carnero sin mácula, y su ofrenda de un “efá” por el carnero y de lo que él quiera por los corderos, con un “hin” de aceite por “efá.” En los novilunios ofrecerá un novillo sin defecto, seis corderos y un carnero sin defecto, y su ofrenda será de un “efá” por el novillo, un “efá” por el carnero y lo que él pueda por los corderos, y un “hin” de aceite por “efá.” Cuando el príncipe entre, entrará por el vestíbulo de la puerta, y por el mismo camino saldrá. Pero, cuando el pueblo de la tierra se presente ante Yahvé en las solemnidades, el que entre por la puerta del norte para prosternarse, saldrá por la puerta del mediodía, y el que entre por la puerta del mediodía saldrá por la puerta del norte; no se saldrá por la puerta por donde se entró, sino que se saldrá por la opuesta." El príncipe entrará con ellos cuando entren y saldrá con ellos cuando salgan. En las fiestas y en las solemnidades, la ofrenda será de un “efá” por el novillo, un “efá” por el carnero y lo que pueda por los corderos, con un “hin” de aceite por “efá.” Si el príncipe ofreciere a Yahvé un holocausto voluntario o un sacrificio eucarístico voluntario, se le abrirá la puerta del lado de oriente y ofrecerá su holocausto y su sacrificio eucarístico, lo mismo que en los sábados, y luego saldrá, y cuando haya salido se cerrará la puerta. Ofrecerás cada día en holocausto a Yahvé un cordero primal sin defecto, todas las mañanas, y todas las mañanas añadirás la ofrenda: un sexto de “efá” y un tercio de “hin” de aceite para amasar la harina. Esta es la ofrenda a Yahvé, ley perpetua para siempre. Se ofrecerá todas las mañanas el cordero y la ofrenda con el aceite como holocausto perpetuo. Así dice el Señor, Yahvé: Si el príncipe hiciera a uno de sus hijos un don tornado de su heredad, el don pertenecerá al hijo y será propiedad suya como heredad. Pero si el don tornado de su heredad lo hace a uno de sus servidores, le pertenecerá a éste hasta el año de remisión; luego volverá al príncipe, y su heredad será de sus hijos." No podrá tomar el príncipe nada de las heredades del pueblo, despojándolos de su posesión. De lo suyo heredará a sus hijos, para que mi pueblo no salga de la heredad de cada uno. Metióme luego por la entrada que está al lado de la puerta, en las cámaras santas destinadas a los sacerdotes, hacia el norte, y vi que había un lugar en el fondo del lado de occidente, y me dijo: Ese es el lugar donde los sacerdotes harán cocer la carne de los sacrificios por el delito y por el pecado y donde se cocerán las ofrendas para no llevarlas al atrio exterior, santificando al pueblo. Llevóme luego al atrio exterior, y me hizo pasar por los cuatro ángulos del atrio, y vi que a cada ángulo del atrio había un patio de cuarenta codos de largo y treinta de ancho, todos cuatro de las mismas medidas en cada uno de los cuatro ángulos, y en todos ellos había en torno una pared y abajo fogones alrededor de las paredes, y me dijo: Estas son las cocinas donde los servidores de la casa cocerán el sacrificio del pueblo. Llevóme luego otra vez a la entrada del templo, y vi que debajo del templo, al oriente, brotaban aguas, pues la fachada del templo estaba al oriente, y las aguas descendían debajo del lado derecho del templo, del mediodía del altar. Me llevó por el camino de la puerta septentrional y me hizo dar la vuelta por fuera hasta el exterior de la puerta oriental, y vi que las aguas salían del lado derecho. Al salir hacia oriente llevaba aquel varón en la mano un corderillo, y midió mil codos, y me hizo atravesar las aguas; llegaban hasta los tobillos." Midió otros mil, y me hizo atravesar las aguas; llegaban hasta las rodillas. Midió otros mil, y me hizo atravesar las aguas; llegaban hasta la cintura." Midió otros mil, y era ya un río, que me era imposible atravesar, porque las aguas habían crecido y tenían que pasarse a nado; era un torrente que no podía atravesar." Díjome: ¿Has visto, hijo de hombre? Luego me hizo volver siguiendo la orilla del río. Y entonces vi que en una y otra parte había en la ribera muchos árboles, y me dijo: Hijo de hombre, estas aguas van a la región oriental, bajan al Araba y desembocan en el mar, en aquellas aguas pútridas, y éstas se sanearán. Y todos los vivientes que nadan en las aguas, por dondequiera que entre este río, vivirán, y el pescado será allí abundantísimo, porque, al llegar estas aguas, las del mar se sanearán y los peces tendrán vida hasta donde llegue el río. Junto a sus orillas estarán los pescadores, y desde Engadi hasta En-Eglayim será un tendedero de redes, y por sus variadas especies será el pescado tan numeroso como los del mar Grande. Sus charcas y sus lagunas no se sanearán, serán dejadas para salinas. En las riberas del río, al uno y al otro lado, se alzarán árboles frutales de toda especie, cuyas hojas no caerán y cuyo fruto no faltará. Todos los meses madurarán sus frutos, por salir sus aguas del santuario, y serán comestibles, y sus hojas, medicinales. Así dice el Señor, Yahvé: Estas son las fronteras de la tierra que distribuiréis a las doce tribus de Israel; a José una parte doble." Cada uno de vosotros tendrá su parte igual que la de los otros, de lo que yo, alzando mi mano, juré dar a vuestros padres, y ésta será la tierra de vuestra heredad. Estas, pues, serán las fronteras: del lado del norte, desde el mar Grande, camino de Jetlón, hasta llegar a Sedad, Jamat Berota, Sibraim, entre la frontera de Damasco y la frontera de Jamat; Jaser-Enón, en la frontera de Haurán." Así la frontera correrá desde el mar hasta Jaser-Enón, dejando al norte el territorio de Damasco al lado de la frontera de Jamat. Esta es la frontera septentrional. Del lado de oriente, la frontera entre Haurán, Damasco, Galaad y la tierra de Israel será el Jordán; mediréis desde el confín hasta el mar Oriental hasta Tamar. Esta es la frontera oriental." Del lado del sur, al mediodía, desde Tamar hasta las aguas de Meribat-Qades, en la dirección del torrente hasta el mar Grande. Esta es la frontera meridional, la del mediodía. Del lado de occidente, la frontera será el mar Grande hasta frente a Jamat. Esta es la frontera occidental. Partiréis esta tierra entre vosotros, según las tribus de Israel, y echaréis suertes sobre ella para heredad vuestra y de los extranjeros que entre vosotros peregrinan y entre vosotros han engendrado hijos, pues los tendréis como naturales entre los hijos de Israel, y entrarán en suerte con vosotros para heredarse entre las tribus de Israel. En la tribu en que peregrinare el extranjero, en ella le daréis su heredad, dice el Señor, Yahvé. Estos son los nombres de las tribus, partiendo de la frontera septentrional, a lo largo del camino de Jetlón, que lleva a Ja-mat, hasta Jaser-Enón, dejando al norte la frontera de Damasco, a lo largo de Jamat: Dan, una parte. Junto a Dan, desde el lado de oriente hasta la orilla del mar, Aser, una parte. Junto a Aser, desde el lado de oriente hasta la orilla del mar, Neftalí, una parte. Junto a Neftalí, desde el lado de oriente hasta el mar, Manases, una parte. Junto a Manases, desde el lado de oriente hasta el mar, Efraím, una parte. Junto a Efraím, desde el lado de oriente hasta la orilla del mar, Rubén, una parte. Junto a Rubén, desde el lado de oriente hasta la ribera del mar, Judá, una parte. Junto a Judá, desde el lado de oriente hasta la orilla del mar, estará la porción que reservaréis de veinticinco mil codos de ancho, y larga cuanto cada una de las partes de oriente a occidente, y en medio de ella estará el santuario. La porción que reservaréis para Yahvé tendrá veinticinco mil codos de largo y diez mil de ancho. Esta porción pertenecerá a los sacerdotes y será santa, veinticinco mil codos por el norte, diez mil codos de anchura al occidente, diez mil de anchura al oriente y veinticinco mil de longitud por el mediodía, y en medio de ella estará el santuario de Yahvé. Pertenecerá a los sacerdotes consagrados, a los hijos de Sadoc, que hicieron el servicio en mi santuario y no se descarriaron, como se descarriaron los levitas cuando se descarriaron los hijos de Israel. Les pertenecerá como porción santísima reservada de la porción de tierra que se reserva, al lado de la de los levitas. Los levitas tendrán, paralelamente al límite de los sacerdotes, veinticinco mil codos de largo y diez mil de ancho, veinticinco mil en toda la longitud y diez mil en la anchura. No podrán vender ni permutar nada ni exportar las primicias de la tierra, porque están consagradas a Yahvé. Los cinco mil codos restantes, en la anchura de los veinticinco mil, serán profanos, para la ciudad, para las casas y los alrededores; la ciudad estará en medio." Estas serán sus medidas: a la parte del norte, cuatro mil quinientos codos, y cuatro mil quinientos codos a la parte del mediodía; a la parte de oriente, cuatro mil quinientos codos, y cuatro mil quinientos codos a la parte de occidente." El contorno de la ciudad será: al norte, de doscientos cincuenta codos, y de doscientos cincuenta al mediodía; al oriente, de doscientos cincuenta codos, y de doscientos cincuenta al occidente." Lo que queda de longitud delante de la porción santa, diez mil codos al oriente y diez mil al occidente, los que quedan, serán para que de su producto se mantengan los que trabajan para la ciudad. La labrarán los operarios de la ciudad, tomados de entre todo Israel. La parte reservada tendrá en conjunto veinticinco mil codos por veinticinco mil, y para propiedad de la ciudad tomaréis la cuarta parte de la porción consagrada. De lo que queda a ambos lados de la porción santa y de la propiedad de la ciudad, a lo largo de los veinticinco mil codos de la porción santa hasta el oriente, y a occidente a lo largo de los veinticuatro mil codos hacia la frontera occidental, paralelamente a las partes, será para el príncipe. Eso será lo del príncipe; así, la porción santa y el santuario estarán en el medio." De este modo, la parte del príncipe será la comprendida desde la porción de los levitas y la porción de la ciudad, entre el límite de Judá y el límite de Benjamín. He aquí las otras tribus: Desde el oriente hasta la orilla del mar, Benjamín, una parte. Al lado de Benjamín, desde oriente a la orilla del mar, Simeón, una parte. Al lado de Simeón, desde oriente hasta el mar, Isacar, una parte. Al lado de Isacar, desde oriente hasta el mar, Zabulón, una parte. A1 lado de Zabulón, desde oriente hasta el mar, Gad, una parte. Al lado de Gad, al lado meridional, hacia el mediodía, correrá la frontera desde Tamar hasta las aguas de Meribat-Qades, a lo largo del torrente hasta el mar Grande. Tal es la tierra que partiréis en heredad a las tribus de Israel, y tales sus partes, dice el Señor, Yahvé. Estas serán las salidas de la ciudad: al lado del norte medirá cuatro mil quinientos codos. Las puertas de la ciudad tendrán los nombres de las tribus de Israel. Tendrá al norte tres puertas: una la puerta de Rubén, otra la puerta de Judá, y la otra la puerta de Leví. Al lado oriental, cuatro mil quinientos codos y tres puertas: una la puerta de José, otra la puerta de Benjamín y otra la puerta de Dan. Del lado del mediodía medirá cuatro mil quinientos codos y tendrá tres puertas: la puerta de Simeón, una; la puerta de Isacar, una; la puerta de Zabulón, una." Del lado de occidente, cuatro mil quinientos codos y tres puertas: la puerta de Gad, una; la puerta de Aser, una; la puerta de Neftalí, una." El perímetro, dieciocho mil codos, y el nombre de la ciudad será desde aquel día “Yahvé allí.” El año tercero del reinado de Joaquim, rey de Judá, Nabucodonosor, rey de Babilonia, fue contra Jerusalén y la asedió. Y entregó el Señor en sus manos a Joaquim, rey de Judá, y parte de los vasos de la casa de Dios, y los trajo a la tierra de Sanaar, a la casa de su dios, y metió los vasos en la casa del tesoro de su dios. Dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real y del de sus nobles, cuatro mozos en los que no hubiera tacha, de buen parecer, de talento, instruidos en toda suerte de sabiduría, dotados intelectualmente y educados, capaces de servir en el palacio del rey, y a quienes se les instruyese en las letras y la lengua de los caldeos. Asignóles el rey para cada día una porción de los manjares de su mesa, del vino que él bebía, y mandó que los criasen durante tres años, al cabo de los cuales entrasen a servir al rey. Fueron de ellos, de entre los hijos de Judá, Daniel, Ananías, Misael y Azarías, a los cuales el jefe de los eunucos puso por nombre: a Daniel, Baltasar; a Ananías, Sidraj; a Misael, Misaj, y a Azarías, Abed-Nego." Se propuso Daniel en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey ni con el vino que él bebía, y rogó al jefe de los eunucos que no le obligara a contaminarse. Hizo Dios que hallase Daniel gracia y favor ante el jefe de los eunucos;" y el jefe de los eunucos dijo a Daniel: Tengo miedo de mi señor el rey, que ha determinado lo que habéis de comer y beber, porque, si viere vuestros rostros más macilentos que los de los mozos de vuestra edad, condenaréis mi cabeza ante el rey. Dijo entonces Daniel al cortesano a quien el jefe de los eunucos había puesto para velar sobre Daniel, Ananías, Misael y Azarías: Prueba, te ruego, a tus siervos por diez días, y que nos den a comer legumbres y agua a beber, y compara luego nuestros rostros con los de los mozos que comen los manjares del rey, y haz después con tus siervos según veas. Concedióles lo que le pedían y los probó por diez días, al cabo de los cuales tenían mejor aspecto y estaban más metidos en carnes que los mozos que comían los manjares del rey. El cortesano se llevaba sus manjares y su vino y les daba legumbres. Otorgó Dios a los cuatro mancebos sabiduría y entendimiento en todas las letras y ciencias, y Daniel interpretaba toda visión o sueño. Pasados los días al cabo de los cuales había mandado el rey que se los llevasen, el jefe de los eunucos se los presentó a Nabucodonosor. El rey habló con ellos, y entre todos los mozos no había ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azarías, y fueron puestos al servicio del rey. En cuantas cosas de sabiduría y entendimiento el rey les preguntó, hallólos diez veces superiores a todos los magos y astrólogos que había en su reino. Así estuvo Daniel hasta el año primero del rey Ciro. El año doce del reinado de Nabucodonosor tuvo éste un sueño y turbóse en su espíritu, sin que pudiera dormir. Hizo llamar el rey a magos y astrólogos, encantadores y caldeos, para que explicasen al rey su sueño. Vinieron, pues, y se presentaron ante el rey. El rey les dijo: He tenido un sueño y estoy agitado, porque sé ya cuál fue. Entonces hablaron los caldeos al rey en lengua aramea: Vivas para siempre, oh rey! Di a tus siervos el sueño y te daremos su interpretación. Respondió el rey diciendo a los caldeos: Palabra segura de mi parte, si no me mostráis el sueño y su interpretación, seréis descuartizados, y vuestras casas convertidas en muladares, mientras que, si me decís el sueño y su interpretación, recibiréis de mí dones y mercedes y mucha honra; decidme, pues, el sueño y su interpretación." Respondiéronle diciendo por segunda vez: Diga el rey el sueño a sus siervos y le daremos su interpretación. El rey respondió diciendo: Veo claro que ponéis dilaciones, porque veis que la cosa se me ha ido. Si no me decís el sueño, caerá sobre todos vosotros la misma sentencia. De cierto que pretendéis prepararos para decirme falsedades y mentiras mientras pasa el tiempo. Decid, pues, el sueño y conoceré que sois capaces de darme su interpretación. Los caldeos respondieron al rey, diciéndole: No hay hombre sobre la tierra que pueda decir lo que el rey pretende; jamás tampoco rey alguno, por grande y poderoso que fuese, exigió cosa semejante de mago, astrólogo o caldeo." Lo que pide el rey es imposible, y no hay nadie que al rey pueda decírselo, a no ser los dioses, que no moran entre los hombres. El rey, con ira y gran furor, mandó matar a todos los sabios de Babilonia. Publicóse la orden, y ya iban a ser llevados a la muerte los sabios, y buscaban también a Daniel y a sus compañeros para matarlos. Habló entonces Daniel avisada y prudentemente a Arioj, capitán de la guardia del rey, que había salido para matar a los sabios de Babilonia. Habló y dijo a Arioj, capitán del rey: ¿Por qué esta orden del rey tan rigurosa? Entonces explicó Arioj la cosa a Daniel, y Daniel, entrando al rey, le pidió que le diese tiempo y daría al rey la declaración. Fue luego Daniel a su casa y comunicó el asunto a Ananías, Misael y Azarías, sus compañeros, instándoles a pedir al Dios de los cielos que les revelase aquel misterio para que no hiciese perecer a Daniel y a sus compañeros con el resto de los sabios de Babilonia. Entonces el misterio fue revelado a Daniel en visión nocturna, por lo cual Daniel bendijo al Dios de los cielos, diciendo: Bendito sea el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suya es la sabiduría y la fuerza. El es quien ordena los tiempos y las circunstancias, depone reyes y los entroniza, da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos. El revela lo profundo y lo oculto, conoce lo que está en tinieblas, y con El mora la luz. A ti, Dios de mis padres, te confieso y te alabo, que me has dado sabiduría y fortaleza, y me has dado a conocer lo que te hemos pedido, y nos has revelado el secreto del rey. Después de esto fue Daniel a Arioj, a quien había mandado el rey matar a los sabios de Babilonia, y le dijo así: No extermines a los sabios de Babilonia; llévame a la presencia del rey, que yo le daré la explicación." Llevó entonces Arioj prestamente a Daniel a la presencia del rey, y díjole así: He hallado a uno de los deportados de Judá que dará al rey la explicación. Respondió el rey, diciendo a Daniel, a quien llamaban Baltasar: ¿Podrás tú declarar el sueño que vi y su interpretación? Daniel respondió delante del rey diciendo: Lo que pide el rey es un misterio que ni sabios, ni astrólogos, ni magos, ni adivinos son capaces de descubrir al rey; pero hay en los cielos un Dios que revela lo secreto y que ha dado a conocer al rey Nabucodono-sor lo que sucederá en el correr de los tiempos." He aquí tu sueño y la visión que has tenido en el lecho. En tu lecho, ¡oh rey! te vinieron pensamientos de lo que vendrá después de este tiempo, y el que revela los secretos te dio a conocer lo que sucederá. Si este misterio me ha sido revelado, no es porque haya en mí una sabiduría superior a la de todos los vivientes, sino para que yo dé a conocer al rey la explicación y llegues a conocer los pensamientos de tu corazón. Tú, ¡oh rey! mirabas y estabas viendo una gran estatua. Era muy grande la estatua y de un brillo extraordinario. Estaba en pie ante ti, y su aspecto era terrible. La cabeza de la estatua era de oro puro; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus caderas, de bronce;" sus piernas, de hierro, y sus pies, parte de hierro y parte de barro. Tú estuviste mirando, hasta que una piedra desprendida, no lanzada por mano, hirió a la estatua en los pies de hierro y de barro, destrozándola. Entonces el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro se desmenuzaron juntamente y fueron como tamo de las eras en verano; se los llevó el viento, sin que de ellos quedara traza alguna, mientras que la piedra que había herido a la estatua se hizo una gran montaña, que llenó toda la tierra." He aquí el sueño. Daremos también al rey su interpretación. Tú, ¡oh rey! eres rey de reyes, porque el Dios de los cielos te ha dado el imperio, el poder, la fuerza y la gloria. El ha puesto en tus manos a los hijos de los hombres, dondequiera que habitasen; a las bestias de los campos, a las aves del cielo, y te ha dado el dominio de todo; tú eres la cabeza, de oro." Después de ti surgirá otro reino menor que el tuyo, y luego un tercero, que será de bronce y dominará sobre toda la tierra. Habrá un cuarto reino, fuerte como el hierro; como todo lo rompe y destroza el hierro, así él romperá todo, igual que el hierro, que todo lo hace pedazos." Lo que viste de los pies y los dedos, parte de barro de alfarero, parte de hierro, es que este reino será dividido, pero tendrá en sí algo de la fortaleza del hierro, aunque viste el hierro mezclado con el barro. Y el ser los dedos parte de hierro, parte de barro, es que este reino será en parte fuerte y en parte frágil. Viste el hierro mezclado con barro porque se mezclarán por alianzas humanas, pero no se pegarán unos con otros, como no se pegan el hierro y el barro. En tiempo de esos reyes, el Dios de los cielos suscitará un reino que no será destruido jamás y que no pasará a poder de otro pueblo; destruirá y desmenuzará a todos esos reinos, mas él permanecerá por siempre." Eso es lo que significa la piedra que viste desprenderse del monte sin ayuda de mano, que desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El Dios grande ha dado a conocer al rey lo que ha de suceder después. El sueño es verdadero, y cierta su interpretación. Entonces el rey Nabucodonosor cayó sobre su rostro y se prosternó ante Daniel, y mandó que le dieran ofrendas y perfumes. Dirigió el rey la palabra a Daniel y dijo: En verdad que vuestro Dios es el Dios de los dioses y el Señor de los reyes y que revela los secretos, pues tú has podido descubrir este misterio. En seguida el rey engrandeció a Daniel, y le hizo muchos y grandes dones, y le constituyó gobernador de la provincia de Babilonia, y le hizo jefe supremo de todos los sabios de ésta. Daniel rogó al rey que diese la intendencia de la provincia a Sidraj, Misaj y Abed-Nego. Pero Daniel permaneció en la corte del rey. Hizo el rey Nabucodonosor una estatua de oro, alta de sesenta codos y seis codos de ancha. Alzóla en el llano de Dura, de la provincia de Babilonia, y mandó el rey reunir a todos los sátrapas, prefectos, bajaes, oidores, tesoreros, magistrados, jueces y a todos los gobernadores de las provincias para que viniesen a la dedicación de la estatua que había alzado el rey Nabucodonosor. Reuniéronse, pues, los jefes, prefectos, bajaes, oidores, tesoreros, magistrados, jueces y todos los gobernadores de las provincias para la dedicación de la estatua alzada por el rey Nabucodonosor, y se pusieron ante la estatua que Nabucodonosor había alzado. Un pregonero clamaba en voz alta: Ved lo que se os ordena, pueblos, naciones y hombres de toda lengua. En cuanto oigáis el sonido de las trompetas, las cítaras, las arpas, los salterios, las gaitas y toda suerte de instrumentos, adorad, postrados, la estatua de oro que ha alzado el rey Nabucodonosor. Todo aquel que no adore, postrándose al instante, será echado en un horno encendido. Por tanto, los pueblos todos, al oír el sonido de las trompetas, las arpas, los salterios, las gaitas e instrumentos músicos de toda suerte, todos los pueblos, naciones y hombres de toda lengua se prosternarán y adorarán la estatua de oro alzada por el rey Nabucodonosor. Con ocasión de esto vinieron algunos caldeos y denunciaron a los judíos. Hablaron al rey Nabucodonosor, diciendo: Vivas para siempre, ¡oh rey! Tú, ¡oh rey! has dado una ley por la cual todo hombre, al oír el son de las trompetas, las cítaras, las arpas, los salterios, las gaitas y toda suerte de instrumentos músicos, ha de adorar postrado la estatua de oro, y que quien no se postre y adore, será arrojado a un horno encendido. Pues hay unos hombres, judíos, a quienes has encomendado tú la dirección de los negocios de la provincia de Babilonia, Sidraj, Misaj y Abed-Nego, que, sin tenerte en cuenta para nada, ¡oh rey! no sirven a tus dioses y no adoran la estatua que has alzado. Irritado y furioso entonces Nabucodonosor, dio orden de que trajeran a Sidraj, Misaj y Abed-Nego. Traídos éstos a la presencia del rey, Nabucodonosor les habló diciendo: ¿De verdad, Sidraj, Misaj y Abed-Nego, no servís a mis dioses y no adoráis la estatua de oro que yo he alzado? Ahora, pues, aprestaos, y, en oyendo el sonido de las trompetas, las cítaras, las arpas, los salterios, las gaitas y toda suerte de instrumentos músicos, postraos y adorad la estatua que yo he hecho, y si no la adoráis, al instante seréis arrojados a un horno encendido. ¿Y quién será el Dios que os libre de mis manos? Sidraj, Misaj y Abed-Nego respondieron al rey diciendo: Nabucodo-nosor, no tienes por qué esperar más nuestra respuesta en esto, pues nuestro Dios, al que servimos, puede librarnos del horno encendido y nos librará de tu mano. Y si no quisiere, sabe, ¡oh rey! que no adoraremos a tus dioses ni nos postraremos ante la estatua que has alzado. Lleno entonces de ira Nabucodonosor, demudado el rostro contra Sidraj, Misaj y Abed-Nego, habló, mandando que se encendiese el horno siete veces otro tanto de lo que encenderse solía, y mandó a hombres muy robustos de su ejército que atasen a Sidraj, Misac y Abed-Nego y los echasen al horno de fuego ardiente. Entonces estos varones, atados con sus mantos, sus túnicas, sus turbantes y sus vestiduras, fueron arrojados en medio del horno ardiente. Y como la orden del rey era apremiante y había mandado encender el horno tanto, las llamas abrasaron a los que habían echado en él a Sidraj, Misaj y Abed-Nego. Y los tres varones cayeron atados en medio del horno encendido. Se paseaban en medio de las llamas, alabando a Dios y bendiciendo al Señor. Azarías, puesto en pie, abriendo sus labios en medio del fuego, oró de esta manera y dijo: Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres. Digno de alabanza y glorioso es tu nombre, porque eres justo en cuanto has hecho con nosotros, y todas tus obras son verdad, y rectos tus caminos, y justos todos tus juicios. Y has juzgado con justicia en todos tus juicios,en todo lo que has traído sobre nosotros y sobre la ciudad santa, la de nuestros padres, Jerusalén, pues con juicio justo has traído todos estos males a causa de nuestros pecados. Porque hemos pecado y cometido iniquidad, apartándonos de ti, y en todo hemos delinquido, y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:82) Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:82) Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:83) Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:82) Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:83) Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. ] [ (Daniel 3:84) Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:82) Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:83) Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. ] [ (Daniel 3:84) Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:85) Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:82) Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:83) Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. ] [ (Daniel 3:84) Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:85) Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:86) Bendecid, espíritus y almas de los justos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:82) Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:83) Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. ] [ (Daniel 3:84) Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:85) Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:86) Bendecid, espíritus y almas de los justos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:87) Bendecid, santos y humildes de corazón, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:82) Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:83) Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. ] [ (Daniel 3:84) Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:85) Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:86) Bendecid, espíritus y almas de los justos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:87) Bendecid, santos y humildes de corazón, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:88) Bendecid, Ananías, Azarías y Misael, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos, porque nos sacó del infierno, y del poder de la muerte nos salvó, y de en medio del horno encendido nos libró, salvándonos de en medio del fuego. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:82) Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:83) Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. ] [ (Daniel 3:84) Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:85) Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:86) Bendecid, espíritus y almas de los justos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:87) Bendecid, santos y humildes de corazón, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:88) Bendecid, Ananías, Azarías y Misael, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos, porque nos sacó del infierno, y del poder de la muerte nos salvó, y de en medio del horno encendido nos libró, salvándonos de en medio del fuego. ] [ (Daniel 3:89) Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:82) Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:83) Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. ] [ (Daniel 3:84) Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:85) Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:86) Bendecid, espíritus y almas de los justos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:87) Bendecid, santos y humildes de corazón, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:88) Bendecid, Ananías, Azarías y Misael, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos, porque nos sacó del infierno, y del poder de la muerte nos salvó, y de en medio del horno encendido nos libró, salvándonos de en medio del fuego. ] [ (Daniel 3:89) Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:90) Bendecid todos los piadosos al Señor, Dios de los dioses, cantadle y dadle gracias, porque es eterna su misericordia. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:82) Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:83) Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. ] [ (Daniel 3:84) Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:85) Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:86) Bendecid, espíritus y almas de los justos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:87) Bendecid, santos y humildes de corazón, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:88) Bendecid, Ananías, Azarías y Misael, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos, porque nos sacó del infierno, y del poder de la muerte nos salvó, y de en medio del horno encendido nos libró, salvándonos de en medio del fuego. ] [ (Daniel 3:89) Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:90) Bendecid todos los piadosos al Señor, Dios de los dioses, cantadle y dadle gracias, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:91) (24) Espantado entonces el rey Nabucodonosor, se levantó precipitadamente y, dirigiéndose a sus consejeros, les dijo: ¿No hemos arrojado al fuego tres hombres? Ellos le respondieron: Cierto, ¡oh rey! ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:82) Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:83) Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. ] [ (Daniel 3:84) Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:85) Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:86) Bendecid, espíritus y almas de los justos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:87) Bendecid, santos y humildes de corazón, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:88) Bendecid, Ananías, Azarías y Misael, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos, porque nos sacó del infierno, y del poder de la muerte nos salvó, y de en medio del horno encendido nos libró, salvándonos de en medio del fuego. ] [ (Daniel 3:89) Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:90) Bendecid todos los piadosos al Señor, Dios de los dioses, cantadle y dadle gracias, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:91) (24) Espantado entonces el rey Nabucodonosor, se levantó precipitadamente y, dirigiéndose a sus consejeros, les dijo: ¿No hemos arrojado al fuego tres hombres? Ellos le respondieron: Cierto, ¡oh rey! ] [ (Daniel 3:92) (25) y el rey repuso: Pues bien, yo veo allí cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin daño alguno, y el cuarto de ellos parece un hijo de dioses. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:82) Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:83) Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. ] [ (Daniel 3:84) Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:85) Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:86) Bendecid, espíritus y almas de los justos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:87) Bendecid, santos y humildes de corazón, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:88) Bendecid, Ananías, Azarías y Misael, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos, porque nos sacó del infierno, y del poder de la muerte nos salvó, y de en medio del horno encendido nos libró, salvándonos de en medio del fuego. ] [ (Daniel 3:89) Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:90) Bendecid todos los piadosos al Señor, Dios de los dioses, cantadle y dadle gracias, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:91) (24) Espantado entonces el rey Nabucodonosor, se levantó precipitadamente y, dirigiéndose a sus consejeros, les dijo: ¿No hemos arrojado al fuego tres hombres? Ellos le respondieron: Cierto, ¡oh rey! ] [ (Daniel 3:92) (25) y el rey repuso: Pues bien, yo veo allí cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin daño alguno, y el cuarto de ellos parece un hijo de dioses. ] [ (Daniel 3:93) (26) Acercóse entonces Nabucodonosor a la entrada del horno encendido y, hablando, dijo: Sidraj, Misaj y Abed-Nego, siervos del Dios supremo, salid y venid. Entonces salieron de en medio del fuego Sidraj, Misaj y Abed-Nego, ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:82) Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:83) Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. ] [ (Daniel 3:84) Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:85) Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:86) Bendecid, espíritus y almas de los justos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:87) Bendecid, santos y humildes de corazón, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:88) Bendecid, Ananías, Azarías y Misael, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos, porque nos sacó del infierno, y del poder de la muerte nos salvó, y de en medio del horno encendido nos libró, salvándonos de en medio del fuego. ] [ (Daniel 3:89) Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:90) Bendecid todos los piadosos al Señor, Dios de los dioses, cantadle y dadle gracias, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:91) (24) Espantado entonces el rey Nabucodonosor, se levantó precipitadamente y, dirigiéndose a sus consejeros, les dijo: ¿No hemos arrojado al fuego tres hombres? Ellos le respondieron: Cierto, ¡oh rey! ] [ (Daniel 3:92) (25) y el rey repuso: Pues bien, yo veo allí cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin daño alguno, y el cuarto de ellos parece un hijo de dioses. ] [ (Daniel 3:93) (26) Acercóse entonces Nabucodonosor a la entrada del horno encendido y, hablando, dijo: Sidraj, Misaj y Abed-Nego, siervos del Dios supremo, salid y venid. Entonces salieron de en medio del fuego Sidraj, Misaj y Abed-Nego, ] [ (Daniel 3:94) (27) y juntándose los jefes, los prefectos, los bajaes y los consejeros del reino, vieron que el fuego no había tenido poder alguno sobre los cuerpos de aquellos varones, y ni siquiera se habían quemado los cabellos de sus cabezas, y sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olían a chamuscadas. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:82) Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:83) Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. ] [ (Daniel 3:84) Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:85) Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:86) Bendecid, espíritus y almas de los justos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:87) Bendecid, santos y humildes de corazón, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:88) Bendecid, Ananías, Azarías y Misael, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos, porque nos sacó del infierno, y del poder de la muerte nos salvó, y de en medio del horno encendido nos libró, salvándonos de en medio del fuego. ] [ (Daniel 3:89) Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:90) Bendecid todos los piadosos al Señor, Dios de los dioses, cantadle y dadle gracias, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:91) (24) Espantado entonces el rey Nabucodonosor, se levantó precipitadamente y, dirigiéndose a sus consejeros, les dijo: ¿No hemos arrojado al fuego tres hombres? Ellos le respondieron: Cierto, ¡oh rey! ] [ (Daniel 3:92) (25) y el rey repuso: Pues bien, yo veo allí cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin daño alguno, y el cuarto de ellos parece un hijo de dioses. ] [ (Daniel 3:93) (26) Acercóse entonces Nabucodonosor a la entrada del horno encendido y, hablando, dijo: Sidraj, Misaj y Abed-Nego, siervos del Dios supremo, salid y venid. Entonces salieron de en medio del fuego Sidraj, Misaj y Abed-Nego, ] [ (Daniel 3:94) (27) y juntándose los jefes, los prefectos, los bajaes y los consejeros del reino, vieron que el fuego no había tenido poder alguno sobre los cuerpos de aquellos varones, y ni siquiera se habían quemado los cabellos de sus cabezas, y sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olían a chamuscadas. ] [ (Daniel 3:95) (28) Tomó entonces la palabra Nabucodonosor, y dijo: Bendito sea el Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego, que ha mandado su ángel y ha librado a sus siervos, que confiaron en él y no cumplieron la orden del rey y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a dios alguno fuera de su Dios. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:82) Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:83) Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. ] [ (Daniel 3:84) Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:85) Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:86) Bendecid, espíritus y almas de los justos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:87) Bendecid, santos y humildes de corazón, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:88) Bendecid, Ananías, Azarías y Misael, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos, porque nos sacó del infierno, y del poder de la muerte nos salvó, y de en medio del horno encendido nos libró, salvándonos de en medio del fuego. ] [ (Daniel 3:89) Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:90) Bendecid todos los piadosos al Señor, Dios de los dioses, cantadle y dadle gracias, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:91) (24) Espantado entonces el rey Nabucodonosor, se levantó precipitadamente y, dirigiéndose a sus consejeros, les dijo: ¿No hemos arrojado al fuego tres hombres? Ellos le respondieron: Cierto, ¡oh rey! ] [ (Daniel 3:92) (25) y el rey repuso: Pues bien, yo veo allí cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin daño alguno, y el cuarto de ellos parece un hijo de dioses. ] [ (Daniel 3:93) (26) Acercóse entonces Nabucodonosor a la entrada del horno encendido y, hablando, dijo: Sidraj, Misaj y Abed-Nego, siervos del Dios supremo, salid y venid. Entonces salieron de en medio del fuego Sidraj, Misaj y Abed-Nego, ] [ (Daniel 3:94) (27) y juntándose los jefes, los prefectos, los bajaes y los consejeros del reino, vieron que el fuego no había tenido poder alguno sobre los cuerpos de aquellos varones, y ni siquiera se habían quemado los cabellos de sus cabezas, y sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olían a chamuscadas. ] [ (Daniel 3:95) (28) Tomó entonces la palabra Nabucodonosor, y dijo: Bendito sea el Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego, que ha mandado su ángel y ha librado a sus siervos, que confiaron en él y no cumplieron la orden del rey y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a dios alguno fuera de su Dios. ] [ (Daniel 3:96) (29) He aquí ahora lo que dispongo: Todo hombre, cualquiera que sea el pueblo, la nación o la lengua a que pertenezca, que hable mal del Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego, será descuartizado, y su casa convertida en muladar, porque no hay Dios alguno que como El pueda librar. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:82) Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:83) Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. ] [ (Daniel 3:84) Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:85) Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:86) Bendecid, espíritus y almas de los justos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:87) Bendecid, santos y humildes de corazón, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:88) Bendecid, Ananías, Azarías y Misael, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos, porque nos sacó del infierno, y del poder de la muerte nos salvó, y de en medio del horno encendido nos libró, salvándonos de en medio del fuego. ] [ (Daniel 3:89) Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:90) Bendecid todos los piadosos al Señor, Dios de los dioses, cantadle y dadle gracias, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:91) (24) Espantado entonces el rey Nabucodonosor, se levantó precipitadamente y, dirigiéndose a sus consejeros, les dijo: ¿No hemos arrojado al fuego tres hombres? Ellos le respondieron: Cierto, ¡oh rey! ] [ (Daniel 3:92) (25) y el rey repuso: Pues bien, yo veo allí cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin daño alguno, y el cuarto de ellos parece un hijo de dioses. ] [ (Daniel 3:93) (26) Acercóse entonces Nabucodonosor a la entrada del horno encendido y, hablando, dijo: Sidraj, Misaj y Abed-Nego, siervos del Dios supremo, salid y venid. Entonces salieron de en medio del fuego Sidraj, Misaj y Abed-Nego, ] [ (Daniel 3:94) (27) y juntándose los jefes, los prefectos, los bajaes y los consejeros del reino, vieron que el fuego no había tenido poder alguno sobre los cuerpos de aquellos varones, y ni siquiera se habían quemado los cabellos de sus cabezas, y sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olían a chamuscadas. ] [ (Daniel 3:95) (28) Tomó entonces la palabra Nabucodonosor, y dijo: Bendito sea el Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego, que ha mandado su ángel y ha librado a sus siervos, que confiaron en él y no cumplieron la orden del rey y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a dios alguno fuera de su Dios. ] [ (Daniel 3:96) (29) He aquí ahora lo que dispongo: Todo hombre, cualquiera que sea el pueblo, la nación o la lengua a que pertenezca, que hable mal del Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego, será descuartizado, y su casa convertida en muladar, porque no hay Dios alguno que como El pueda librar. ] [ (Daniel 3:97) (30) Luego el rey engrandeció a Sidraj, Misaj y Abed-Nego en la provincia de Babilonia. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:82) Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:83) Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. ] [ (Daniel 3:84) Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:85) Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:86) Bendecid, espíritus y almas de los justos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:87) Bendecid, santos y humildes de corazón, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:88) Bendecid, Ananías, Azarías y Misael, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos, porque nos sacó del infierno, y del poder de la muerte nos salvó, y de en medio del horno encendido nos libró, salvándonos de en medio del fuego. ] [ (Daniel 3:89) Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:90) Bendecid todos los piadosos al Señor, Dios de los dioses, cantadle y dadle gracias, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:91) (24) Espantado entonces el rey Nabucodonosor, se levantó precipitadamente y, dirigiéndose a sus consejeros, les dijo: ¿No hemos arrojado al fuego tres hombres? Ellos le respondieron: Cierto, ¡oh rey! ] [ (Daniel 3:92) (25) y el rey repuso: Pues bien, yo veo allí cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin daño alguno, y el cuarto de ellos parece un hijo de dioses. ] [ (Daniel 3:93) (26) Acercóse entonces Nabucodonosor a la entrada del horno encendido y, hablando, dijo: Sidraj, Misaj y Abed-Nego, siervos del Dios supremo, salid y venid. Entonces salieron de en medio del fuego Sidraj, Misaj y Abed-Nego, ] [ (Daniel 3:94) (27) y juntándose los jefes, los prefectos, los bajaes y los consejeros del reino, vieron que el fuego no había tenido poder alguno sobre los cuerpos de aquellos varones, y ni siquiera se habían quemado los cabellos de sus cabezas, y sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olían a chamuscadas. ] [ (Daniel 3:95) (28) Tomó entonces la palabra Nabucodonosor, y dijo: Bendito sea el Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego, que ha mandado su ángel y ha librado a sus siervos, que confiaron en él y no cumplieron la orden del rey y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a dios alguno fuera de su Dios. ] [ (Daniel 3:96) (29) He aquí ahora lo que dispongo: Todo hombre, cualquiera que sea el pueblo, la nación o la lengua a que pertenezca, que hable mal del Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego, será descuartizado, y su casa convertida en muladar, porque no hay Dios alguno que como El pueda librar. ] [ (Daniel 3:97) (30) Luego el rey engrandeció a Sidraj, Misaj y Abed-Nego en la provincia de Babilonia. ] [ (Daniel 3:98) (31) Nabucodonosor, rey, a todos los pueblos, naciones y hombres de toda lengua que habitan en toda la tierra: Paz abundante. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:82) Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:83) Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. ] [ (Daniel 3:84) Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:85) Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:86) Bendecid, espíritus y almas de los justos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:87) Bendecid, santos y humildes de corazón, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:88) Bendecid, Ananías, Azarías y Misael, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos, porque nos sacó del infierno, y del poder de la muerte nos salvó, y de en medio del horno encendido nos libró, salvándonos de en medio del fuego. ] [ (Daniel 3:89) Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:90) Bendecid todos los piadosos al Señor, Dios de los dioses, cantadle y dadle gracias, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:91) (24) Espantado entonces el rey Nabucodonosor, se levantó precipitadamente y, dirigiéndose a sus consejeros, les dijo: ¿No hemos arrojado al fuego tres hombres? Ellos le respondieron: Cierto, ¡oh rey! ] [ (Daniel 3:92) (25) y el rey repuso: Pues bien, yo veo allí cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin daño alguno, y el cuarto de ellos parece un hijo de dioses. ] [ (Daniel 3:93) (26) Acercóse entonces Nabucodonosor a la entrada del horno encendido y, hablando, dijo: Sidraj, Misaj y Abed-Nego, siervos del Dios supremo, salid y venid. Entonces salieron de en medio del fuego Sidraj, Misaj y Abed-Nego, ] [ (Daniel 3:94) (27) y juntándose los jefes, los prefectos, los bajaes y los consejeros del reino, vieron que el fuego no había tenido poder alguno sobre los cuerpos de aquellos varones, y ni siquiera se habían quemado los cabellos de sus cabezas, y sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olían a chamuscadas. ] [ (Daniel 3:95) (28) Tomó entonces la palabra Nabucodonosor, y dijo: Bendito sea el Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego, que ha mandado su ángel y ha librado a sus siervos, que confiaron en él y no cumplieron la orden del rey y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a dios alguno fuera de su Dios. ] [ (Daniel 3:96) (29) He aquí ahora lo que dispongo: Todo hombre, cualquiera que sea el pueblo, la nación o la lengua a que pertenezca, que hable mal del Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego, será descuartizado, y su casa convertida en muladar, porque no hay Dios alguno que como El pueda librar. ] [ (Daniel 3:97) (30) Luego el rey engrandeció a Sidraj, Misaj y Abed-Nego en la provincia de Babilonia. ] [ (Daniel 3:98) (31) Nabucodonosor, rey, a todos los pueblos, naciones y hombres de toda lengua que habitan en toda la tierra: Paz abundante. ] [ (Daniel 3:99) (32) Me ha parecido bien daros a conocer las señales y prodigios que el Dios supremo ha hecho conmigo. ] y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, [ (Daniel 3:31) y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. ] [ (Daniel 3:32) Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, ] [ (Daniel 3:33) y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. ] [ (Daniel 3:34) Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, ] [ (Daniel 3:35) no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, ] [ (Daniel 3:36) a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. ] [ (Daniel 3:37) Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. ] [ (Daniel 3:38) Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, ] [ (Daniel 3:39) ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. ] [ (Daniel 3:40) Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. ] [ (Daniel 3:41) Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. ] [ (Daniel 3:42) No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. ] [ (Daniel 3:43) Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre;" ] [ (Daniel 3:44) queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. ] [ (Daniel 3:45) Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra. ] [ (Daniel 3:46) Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, ] [ (Daniel 3:47) hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, ] [ (Daniel 3:48) y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno;" ] [ (Daniel 3:49) pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, ] [ (Daniel 3:50) y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia. ] [ (Daniel 3:51) Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: ] [ (Daniel 3:52) Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:53) Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i ] [ (Daniel 3:54) Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. ] [ (Daniel 3:55) Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. ] [ (Daniel 3:56) Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. ] [ (Daniel 3:57) Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:58) Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:59) Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:60) Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos." ] [ (Daniel 3:61) Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:64) Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:65) Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:66) Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:67) Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:68) Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:69) Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:70) Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:71) Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:74) Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. ] [ (Daniel 3:75) Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos;" ] [ (Daniel 3:76) Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:77) Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:78) Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:79) Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:80) Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:81) Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:82) Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:83) Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. ] [ (Daniel 3:84) Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:85) Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:86) Bendecid, espíritus y almas de los justos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:87) Bendecid, santos y humildes de corazón, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. ] [ (Daniel 3:88) Bendecid, Ananías, Azarías y Misael, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos, porque nos sacó del infierno, y del poder de la muerte nos salvó, y de en medio del horno encendido nos libró, salvándonos de en medio del fuego. ] [ (Daniel 3:89) Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:90) Bendecid todos los piadosos al Señor, Dios de los dioses, cantadle y dadle gracias, porque es eterna su misericordia. ] [ (Daniel 3:91) (24) Espantado entonces el rey Nabucodonosor, se levantó precipitadamente y, dirigiéndose a sus consejeros, les dijo: ¿No hemos arrojado al fuego tres hombres? Ellos le respondieron: Cierto, ¡oh rey! ] [ (Daniel 3:92) (25) y el rey repuso: Pues bien, yo veo allí cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin daño alguno, y el cuarto de ellos parece un hijo de dioses. ] [ (Daniel 3:93) (26) Acercóse entonces Nabucodonosor a la entrada del horno encendido y, hablando, dijo: Sidraj, Misaj y Abed-Nego, siervos del Dios supremo, salid y venid. Entonces salieron de en medio del fuego Sidraj, Misaj y Abed-Nego, ] [ (Daniel 3:94) (27) y juntándose los jefes, los prefectos, los bajaes y los consejeros del reino, vieron que el fuego no había tenido poder alguno sobre los cuerpos de aquellos varones, y ni siquiera se habían quemado los cabellos de sus cabezas, y sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olían a chamuscadas. ] [ (Daniel 3:95) (28) Tomó entonces la palabra Nabucodonosor, y dijo: Bendito sea el Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego, que ha mandado su ángel y ha librado a sus siervos, que confiaron en él y no cumplieron la orden del rey y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a dios alguno fuera de su Dios. ] [ (Daniel 3:96) (29) He aquí ahora lo que dispongo: Todo hombre, cualquiera que sea el pueblo, la nación o la lengua a que pertenezca, que hable mal del Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego, será descuartizado, y su casa convertida en muladar, porque no hay Dios alguno que como El pueda librar. ] [ (Daniel 3:97) (30) Luego el rey engrandeció a Sidraj, Misaj y Abed-Nego en la provincia de Babilonia. ] [ (Daniel 3:98) (31) Nabucodonosor, rey, a todos los pueblos, naciones y hombres de toda lengua que habitan en toda la tierra: Paz abundante. ] [ (Daniel 3:99) (32) Me ha parecido bien daros a conocer las señales y prodigios que el Dios supremo ha hecho conmigo. ] [ (Daniel 3:100) (33) ¡Cuan grandes han sido sus señales 1 Cuán potentes sus prodigios! Su reino es reino eterno, y su dominación perdurará de generación en generación. ] Yo, Nabucodonosor, vivía tranquilo en mi casa, feliz en mi palacio, y tuve un sueño que me espantó, y los pensamientos que me perseguían en mi lecho y las visiones de mi espíritu me llenaron de turbación. Hice que vinieran ante mí todos los sabios de Babilonia para que me diesen la interpretación del sueño. Vinieron, pues, los magos, los astrólogos, los caldeos y los adivinos, y les expuse el sueño; pero nunca pudieron darme la interpretación," hasta que vino ante mí Daniel, cuyo nombre es Baltasar, del nombre de mi dios, y en el cual reside el espíritu de los dioses santos. Expliquéle mi sueño, dicíéndo-dole: Baltasar, tú, jefe de los magos, que tienes en ti, yo lo sé, el espíritu de los dioses santos y a quien ningún misterio se oculta, dame la explicación de las visiones que en sueño he tenido. He aquí las visiones de mi espíritu mientras estaba en mi lecho. Miraba yo y vi en medio de la tierra un árbol alto sobremanera. El árbol había crecido y se había hecho muy fuerte, y su cima tocaba en los cielos, y se le veía desde los confines de toda la tierra. Era de hermosa copa y de abundantes frutos, y había en él mantenimiento para todos. Las bestias del campo se resguardaban a su sombra, y en sus ramas anidaban las aves del cielo, y todos los vivientes se alimentaban de él. En las visiones de mi espíritu en mi lecho vi que bajaba del cielo uno de esos que velan y son santos, y, gritando fuertemente, dijo: Abatid el árbol y cortad sus ramas, sacudid su follaje y diseminad los frutos, que huyan de debajo de él las bestias y las aves del cielo de sus ramas;" pero dejad en la tierra el tronco con sus raíces y atadle con cadenas de hierro y de bronce, y quédese así entre las hierbas del campo, que le empape el rocío y tenga por parte suya, como las bestias, la hierba de la tierra. Quítese su corazón de hombre y désele un corazón de bestia, y pasen sobre él siete tiempos. Esta sentencia es decreto de los vigiles, es resolución de los santos, para que sepan los vivientes que el Altísimo es dueño del reino de los hombres y lo da a quien le place, y puede poner sobre él ai más bajo de los hombres. Este es el sueño que tuve yo, el rey Nabucodonosor. Tú, Baltasar, da la interpretación, ya que ninguno de los sabios de mi reino ha podido dármela, tú puedes darla, porque tienes en ti el espíritu de los dioses santos. Entonces Daniel, llamado Baltasar, se quedó por algún tiempo estupefacto y turbado por sus pensamientos. Díjole el rey: Baltasar, que no te turbe el sueño y su interpretación. Y Baltasar respondió: Mi señor, que el sueño sea para tus enemigos, y la interpretación para tus adversarios. El árbol que viste que se había hecho grande y fuerte, y que con su cima tocaba los cielos y que se veía desde toda la tierra, de hermosa copa y de tan abundante fruto que había en él alimento para todos, y bajo el cual se resguardaban las bestias del campo y en cuyas ramas anidaban las aves del cielo, eres tú, ¡oh rey! que has venido a ser grande y fuerte, y cuya grandeza se ha acrecentado y ha llegado hasta los cielos, y cuya dominación se extiende hasta los confines de la tierra. Vio el rey bajar de los cielos a uno de esos que velan y son santos, y decir: Abatid el árbol y destruidle, pero dejar en la tierra el tronco con las raíces y atadle con cadenas de hierro y de bronce entre la hierba del campo; que le empape el rocío del cielo y tenga su parte con las bestias del campo hasta que sobre él pasen siete tiempos." He aquí, ¡oh rey! la interpretación y el decreto del Altísimo, que se cumplirá en mi señor, el rey. Te arrojarán de en medio de los hombres y morarás entre las bestias del campo, y te darán a comer hierba como a los bueyes, te empapará el rocío del cielo y pasarán sobre ti siete tiempos hasta que sepas que el Altísimo es el dueño del reino de los hombres y se lo da a quien le place. Lo de dejar el tronco donde se hallan las raíces, significa que tu reino te quedará cuando reconozcas que el cielo es quien domina. Por tanto, ¡oh rey! sírvete aceptar mi consejo: redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades con misericordia a los pobres, y quizá se prolongará tu dicha. Todo esto tuvo cumplimiento en Nabucodonosor, rey. Al cabo de doce meses, mientras se paseaba en su palacio de Babilonia, se puso a hablar, y dijo: ¿No es ésta Babilonia la grande, que yo, por el poder de mi fuerza y la gloria de mi magnificencia, he edificado para residencia real? Todavía estaba la palabra en su boca, cuando bajó del cielo una voz: Sabe, ¡oh rey Nabucodonosor! que te va a ser quitado el reino. Te arrojarán de en medio de los hombres, morarás con las bestias del campo y te darán a comer hierba como a los bueyes, y pasarán sobre ti siete tiempos hasta que sepas que el Altísimo es dueño del reino de los hombres y se lo da a quien le place. Al momento se cumplió en Nabucodonosor la palabra: fue arrojado de en medio de los hombres y comió hierba como los bueyes, y su cuerpo se empapó del rocío del cielo, hasta que llegaron a crecerle los cabellos como plumas de águila, y las uñas como las de las aves de rapiña. Al cabo del tiempo señalado, yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo y recobré la razón. Yo bendigo al Altísimo, alabo y glorifico al que domina con eterno dominio y cuyo reino perdura de generación en generación. A sus ojos, todos los habitantes de la tierra son nada, y con el ejército de los cielos y con los habitantes de la tierra hace según su voluntad, sin que nadie pueda resistir a su mano y decirle: ¿Qué es lo que haces? Recobré “ entonces la razón y me fueron devueltas la gloria de mi reino, mi. magnificencia y mi grandeza, y rne llamaron mis consejeros y mis grandes, y fui restablecido en mi reino, y todavía se acrecentó mi poderío;" y ahora yo, Nabucodonosor, ensalzo y glorifico al Rey del cielo, cuyas obras todas son verdad, cuyos caminos son todos justos y que puede humillar a los que andan en soberbia. El rey Baltasar dio un gran banquete a mil de sus príncipes, y con ellos se dio a beber vino. Excitado por el vino, mandó Baltasar que le llevasen los vasos de oro y plata que Nabucodonosor, su padre, había tomado del templo de Jerusalén, y que se sirviesen de ellos para beber el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas. Le trajeron, pues, los vasos de oro que habían sido arrebatados al templo de Dios de Jerusalén, y con ellos bebieron el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas. Bebían el vino y alababan a sus dioses de oro y de plata, de hierro y de bronce, de madera y de piedra. En aquellos momentos aparecieron los dedos de una mano de hombre que escribían delante del candelero, en el revoco de la pared del palacio real, viendo el rey el extremo de la mano que escribía. Mudó entonces el rey el color, y sus pensamientos le turbaron, se relajaron los músculos de sus lomos, y sus rodillas daban una contra otra. Gritó el rey con una voz muy fuerte que llamasen a los magos, caldeos y adivinos, y habiéndoles, dijo: El que descifre esta escritura y me la interprete será vestido de púrpura, llevará collar de oro al cuello y será el tercero en el gobierno del reino. Entraron todos los sabios del rey, pero ninguno pudo descifrar la escritura ni dar al rey su interpretación. Turbóse sobremanera el rey Baltasar, mudó de color y se consternaron sus príncipes. La reina, llevada del clamoreo del rey y de los príncipes, entró en la sala del banquete y, tomando la palabra, dijo: Vive por siempre, ¡oh rey! que no te turben tus pensamientos ni se demude tu rostro, que hay en tu reino un hombre que tiene en sí el espíritu de los santos dioses, y ya en los tiempos de tu padre, el rey, fue hallada en él una sabiduría semejante a la sabiduría de los dioses, y el rey Nabucodonosor, tu padre, ¡oh rey! le hizo jefe de magos, astrólogos, caldeos y adivinos, porque se halló en Daniel, llamado Baltasar por el rey, un espíritu superior de ciencia e inteligencia, la facultad de interpretar los sueños, de explicar los enigmas, de resolver las dudas. Llama, pues, a Daniel y él te dará la interpretación. Fue, pues, introducido Daniel a la presencia del rey, y tomando el rey la palabra, dijo a Daniel: ¿Eres tú Daniel, de los hijos de Judá, a quien el rey, mi padre, trajo de Jerusalén? Me han dicho de ti que tienes el espíritu de los dioses y que hay en ti luz, entendimiento y gran sabiduría. Ahora acaban de traerme sabios y astrólogos para leer esta escritura y darme su interpretación, pero ninguno ha podido explicarme la cosa. He oído de ti que puedes resolver las dudas y aclarar las oscuridades. Si me lees esa escritura y me das su interpretación, llevarás al cuello collar de oro y serás el tercero en el reino” Respondió entonces Daniel, diciendo al rey: Sean para ti tus dones, ¡oh rey! y haz a otro tus mercedes. Yo leeré al rey lo escrito y le daré la interpretación. El Dios Altísimo, ¡oh rey! dio a Nabucodonosor, tu padre, el reino, la grandeza, la gloria y la magnificencia. Por la grandeza que le dio, temblaban ante él y le temían todos los pueblos, naciones y lenguas. Mataba a quien quería, y a quien quería daba la vida; engrandecía a quien quería, y a quien quería le humillaba." Mas, cuando su corazón se ensoberbeció y su espíritu se endureció altivo, fue depuesto del trono de su reino y despojado de su gloria. Fue arrojado de entre los hijos de los hombres, se hizo semejante a las bestias y moró con los asnos salvajes. Diéronle a comer hierba como a los bueyes y se empapó su cuerpo del rocío del cielo, hasta que conoció que el Altísimo es dueño del reino de los hombres y pone sobre él a quien le place. Y tú, Baltasar, hijo suyo, sabiendo esto, no has humillado tu corazón. Te has alzado contra el Señor de los cielos, han traído ante ti los vasos de su casa y os habéis servido de ellos para beber vino tú y tus grandes, tus mujeres y tus concubinas; has alabado a dioses de plata y oro, de bronce y de hierro, de madera y de piedra, que ni ven ni entienden, y no has dado gloria al Dios que tiene en sus manos tu vida y es el dueño de todos los caminos." Por eso ha mandado El esa mano que ha trazado esa escritura. La escritura es: “Mené, mené, teqel, ufarsin”;" y ésta es su interpretación: “mené,” ha contado Dios tu reino y le ha puesto fin;" “teqel,” has sido pesado en la balanza y hallado falto de peso;" “ufarsin,” ha sido roto tu reino y dado a los medos y persas. Mandó entonces Baltasar vestirle de púrpura, y poner a su cuello el collar de oro, y pregonar de él que era el tercero en el reino. Aquella misma noche fue muerto Baltasar, rey de los caldeos, y Darío, rey de Media, se apoderó del reino a los sesenta y dos años. (2) Resolvió Darío constituir en su reino ciento veinte sátrapas que lo gobernasen, (3) y sobre ellos tres presidentes, de los cuales uno fue Daniel, a quien diesen cuenta los sátrapas para que no fuese perjudicado el rey. (4) Era Daniel superior a sátrapas y presidentes, porque había en él más espíritu, y el rey pensó en ponerle sobre todo el reino. (5) Entonces, presidentes y sátrapas buscaron ocasión de acusar a Daniel en lo tocante a la administración del reino, mas no hallaron ninguna cosa por qué denunciarle, pues era fiel y no se veía en él falta ni negligencia. (6) Dijeron entonces aquellos hombres: No hallaremos en Daniel cosa de qué acusarle si no es por la ley de su Dios. (7) Vinieron, pues, presidentes y sátrapas a la presencia del rey y le dijeron así: ¡Vive por siempre, rey Darío! (8) Todos los príncipes de tu reino, presidentes, sátrapas, magistrados y jueces han acordado en un consejo que se promulgue y confirme un real edicto mandando que cualquiera que en el espacio de treinta días hiciera petición alguna a dios u hombre fuera de ti, ¡oh rey! sea arrojado en el foso de los leones. (9) Confirma, pues, ¡oh rey! el edicto y fírmalo para que no pueda ser revocado, conforme a la irrevocable ley de Media y de Persia. (10) Firmó, pues, el rey Darío el edicto y la prohibición. (11) Cuando supo Daniel que había sido firmado el edicto, entróse en su casa, y, abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia la ciudad de Jerusalén, hincábase de rodillas tres veces al día y oraba, confesando a su Dios, como solía hacerlo antes. (12) Entonces apresuráronse a venir aquellos hombres y hallaron a Daniel orando y rogando a su Dios. (13) Llegáronse luego al rey y le hablaron acerca del real edicto: ¿No has firmado tú un decreto mandando que cualquiera que en el espacio de treinta días hiciese petición a dios u hombre, sino a ti, ¡oh rey! sea arrojado al foso de los leones? Respondió el rey, diciendo: Así es según la ley de Media y de Persia, que no puede revocarse. (14) Entonces respondieron ellos diciendo al rey: Pues Daniel, de los hijos de la cautividad de los judíos, no teniendo cuenta de ti, ¡oh rey! ni del edicto firmado, tres veces al día hace oración. (15) Al rey, cuando esto oyó, pesóle sobremanera, y se propuso salvar a Daniel, y hasta la puesta del sol estuvo haciendo esfuerzos para librarle. (16) Pero aquellos hombres se reunieron ante el rey y le dijeron: Has de saber, ¡oh rey! que es la ley de Media y de Persia que edicto u ordenanza que el rey firma es irrevocable. (17) Mandó entonces el rey que trajeran a Daniel y le arrojaran al foso de los leones. Y, hablando el rey a Daniel, le dijo: Quiera salvarte tu Dios, a quien perseverante sirves. (18) Trajeron una piedra, que pusieron sobre la boca del foso de los leones, y la selló el rey con su anillo y con los anillos de sus grandes para que en nada pudiera mudarse la suerte de Daniel. (19) Fuese luego el rey a su palacio, y se acostó ayuno; no se tocaron ante él instrumentos de música y huyó de sus ojos el sueño." (20) Levantóse, pues, muy de mañana y se fue apresuradamente al foso, (21) y acercándose al foso de los leones, llamó con tristes voces a Daniel, y, hablando el rey a Daniel, decía: Daniel, siervo del Dios vivo, el Dios tuyo, a quien perseverante sirves, ¿ha podido librarte de los leones? (22) Entonces dijo Daniel al rey: ¡Vive por siempre, oh rey! (23) Mi Dios ha enviado a su ángel, que ha cerrado la boca de los leones para que no me hiciesen mal, porque delante de El ha sido hallada en mí justicia, y aun contra ti, ¡oh rey! nada he hecho de malo. (24) Púsose entonces muy contento el rey, y mandó que sacasen del foso a Daniel. Este fue sacado del foso, y no hallaron en él herida alguna, porque había tenido confianza en su Dios. (25) Mandó el rey que los hombres que habían acusado a Daniel fueran traídos y arrojados al foso de los leones, ellos, sus hijos y sus mujeres, y antes de que llegasen al fondo del foso, los leones los agarraron y quebrantaron todos sus huesos. (26) Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la tierra: “Paz abundante. (27) Mando que en toda la extensión de mi reino teman todos y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel, porque El es el Dios vivo, y eternamente subsiste su reino, porque no será jamás destruido, y su dominación perdurará hasta el fin. (28) El libra y salva y obra señales y portentos en los cielos y en la tierra. El ha librado a Daniel del poder de los leones.” (29) Daniel prosperó durante el reinado de Darío y durante el reinado de Ciro el persa. El año primero de Baltasar, rey de Babilonia, tuvo Daniel un sueño, y vio visiones de su espíritu mientras estaba en su lecho. En seguida escribió el sueño. Yo miraba durante mi visión nocturna, y vi irrumpir en el mar Grande los cuatro vientos del cielo y salir del mar cuatro bestias, diferentes una de otra. La primera bestia era como león con alas de águila. Yo estuve mirando hasta que le fueron arrancadas las alas y fue levantado de la tierra, poniéndose sobre los pies a modo de hombre, y le fue dado corazón de hombre. Y he aquí que una segunda bestia, semejante a un oso, y que tenía en su boca entre los dientes tres costillas, se estaba a un lado, y le dijeron: Levántate a comer mucha carne. Seguí mirando después de esto, y he aquí otra tercera, semejante a un leopardo, con cuatro alas de pájaro sobre su dorso y con cuatro cabezas, y le fue dado el dominio. Seguía yo mirando en la visión nocturna, y vi la cuarta bestia, terrible, espantosa, sobremanera fuerte, con grandes dientes de hierro. Devoraba y trituraba, y las sobras las machacaba con los pies. Era muy diferente de todas las bestias anteriores y tenía diez cuernos. Estando yo contemplando los cuernos, vi que salía de entre ellos otro cuerno pequeño, y le fueron arrancados tres de los primeros, y este otro tenía ojos como de hombre y una boca que hablaba con gran arrogancia. Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un anciano de muchos días, cuyas vestiduras eran blancas como la nieve, y los cabellos de su cabeza como lana blanca. Su trono llameaba como llamas de fuego, y las ruedas eran fuego ardiente. Un río de fuego procedíay salía de delante de él, y le servían millares de millares y le asistían millones de millones; el tribunal tomó asiento, y fueron abiertos los libros." Yo seguía mirando a la bestia a causa de las grandes arrogancias que hablaba su cuerno, y la estuve mirando hasta que la mataron, y su cuerpo fue destrozado y arrojado al fuego para que se quemase. A las otras bestias se les había quitado el dominio, pero les había sido prolongada la vida por cierto tiempo. Seguía yo mirando en la visión nocturna, y vi venir sobre las nubes del cielo a un como Hijo de Hombre, que se llegó al anciano de muchos días y fue presentado ante éste, Fuele dado el señorío, la gloria y el imperio, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron, y su dominio es dominio eterno, que no acabará, y su imperio, imperio que nunca desaparecerá. Túrbeme sobremanera yo, Daniel, en mi cuerpo, y las visiones de mi mente me desasosegaron. Llegúeme a uno de los asistentes y le rogué que me dijera la verdad acerca de todo esto. Hablóme él y me declaró la interpretación. Esas grandes bestias, las cuatro, son cuatro reyes que se alzarán en la tierra. Después recibirán el reino los santos del Altísimo y lo retendrán por siglos, por los siglos de los siglos. Sentí entonces el deseo de informarme más exactamente acerca de la cuarta bestia, tan diferente de todas las otras, sobremanera espantosa, de dientes de hierro y garras de bronce, que devoraba y trituraba y hollaba las sobras con sus pies, así como también acerca de los diez cuernos que tenía en la cabeza y de aquel otro que le había salido, y ante el cual se le habían caído tres, y que tenía ojos y boca que decía grandes arrogancias, y parecía más grande que todos los otros. Vi yo que este cuerno hacía guerra a los santos y los vencía, hasta que vino el anciano de muchos días y se hizo justicia a los santos del Altísimo, y llegó el tiempo en que los santos se apoderaron del reino. Díjome así: La cuarta bestia es un cuarto reino sobre la tierra, que se distinguirá de todos los otros reinos y devorará la tierra toda y la triturará. Los diez cuernos son diez reyes que en aquel reino se alzarán, y tras ellos se alzará otro que diferirá de los primeros y derribará a tres de estos reyes. Hablará palabras arrogantes contra el Altísimo, y quebrantará a los santos del Altísimo, y pretenderá mudar los tiempos y la Ley. Aquéllos serán entregados a su poder por un tiempo, tiempos y medio tiempo. Pero se sentará el tribunal y le arrebatarán el dominio, hasta destruirle y arruinarle del todo, dándole el reino, el dominio y la majestad de todos los reinos de debajo del cielo al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino será eterno, y le servirán y obedecerán todos los señoríos. Aquí acabó la plática. Yo, Daniel, anduve sobremanera turbado por mis pensamientos, demudado el color, y guardé todo esto en mi corazón. El año tercero del reinado de Baltasar, yo, Daniel, tuve una visión, a más de la que había tenido anteriormente, y, estando en la visión, me pareció hallarme en Susa, la capital, en la provincia de Elam, y estar durante la visión cerca del río Ulai. Alcé los ojos y miré, y vi un carnero que estaba delante del río. Tenía dos cuernos, y aunque ambos eran altos, el uno era más alto que el otro, habiendo crecido más después del otro. Vi al carnero acornear a poniente, a norte y mediodía, sin que bestia alguna pudiera resistirle y sin que nadie pudiera librarse de él. Hacía cuanto quería y se engrandeció. Pero en esto vino un macho cabrío sin tocar la tierra con sus pies y con un cuerno entre los ojos. Llegó al carnero de los dos cuernos que había visto delante del río, y corrió contra él con la furia de su fortaleza. Vi que le acometía, rompiéndole ambos cuernos, sin que el carnero tuviera fuerza para resistirle, y, echándole por tierra, le pisoteó, sin que nadie pudiera librar al carnero. El macho cabrío llegó a ser muy potente; pero, cuando lo fue, se le rompió el gran cuerno, y en su lugar le salieron cuatro cuernos, uno a cada uno de los vientos del cielo." Del uno de ellos salió un cuerno pequeño, que creció mucho hacia el mediodía y el oriente y hacia la tierra gloriosa, engrandecióse hasta llegar al ejército de los cielos, y echó a tierra estrellas y las holló. Aun contra el príncipe del ejército se irguió, y le quitó el sacrificio perpetuo y destruyó su santuario. Convocó impíamente ejércitos contra el sacrificio perpetuo, echó por tierra la verdad, hizo con buen éxito lo que quiso. Entonces oí hablar a uno de los santos, respondiendo a otro santo que le preguntaba: ¿Hasta cuándo va a durar esta visión de la supresión del sacrificio perpetuo de la asoladora prevaricación y déla profanación del santuario? Entonces dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas. Luego será purificado el gran santuario. Mientras yo, Daniel, contemplaba la visión y buscaba la inteligencia, púsose ante mí un como hombre, y oí una voz de hombre que de en medio del Ulai gritaba y decía: Gabriel, explícale a éste la visión. Vino éste luego cerca de donde estaba yo, y al acercarse me sobrecogí y caí sobre mi rostro. El me dijo: Atiende, hijo de hombre, que la visión es del fin de los tiempos. Al hablarme caí entontecido sobre el rostro, pero él me tocó y me hizo estar en pie, y me dijo: Voy a enseñarte lo que sucederá al fin del tiempo de la ira, pues tendrá fin ese tiempo. El carnero de dos cuernos que has visto son los reyes de Media y de Persia;" el macho cabrío es el rey de Grecia, y el gran cuerno de entre sus ojos es el rey primero;" el romperse y salir en su lugar otros cuernos, cuatro reyes que se alzarán en la nación, mas no de tanta fuerza como aquél. Al final de su dominación, cuando se completen las prevaricaciones, levantaráse un rey imprudente e intrigante;" su poder crecerá, no por su propia fuerza, y producirá grandes ruinas y tendrá éxitos, y destruirá a poderosos y al pueblo de los santos. Por sus prosperidades y por el éxito de sus intrigas, se llenará de arrogancia su corazón, y hará perecer a muchos que vivían apaciblemente, y se levantará contra el príncipe de los príncipes, pero será destruido sin que intervenga mano alguna. La visión de las tardes y mañanas es verdadera; guárdala en tu corazón, porque es para mucho tiempo." Yo, Daniel, quedé quebrantado y estuve enfermo algunos días, y cuando convalecí, me ocupé en asuntos del rey. Estaba asombrado de la visión, pero nadie la supo. El año primero de Darío, hijo de Asuero, de la nación de los medos, que vino a ser rey del reino de los caldeos, el año primero de su reinado, yo, Daniel, estaba estudiando en los libros el número de los setenta años que había de cumplirse sobre las ruinas de Jerusalén, conforme al número de años que dijo Yahvé a Jeremías, profeta. Volví mi rostro al Señor, Dios, buscándole en oración y plegaria, en ayuno, saco y ceniza, y oré a Yahvé, mi Dios, y le hice esta confesión: Señor, Dios grande y temible, que guardas la alianza y la misericordia con los que te aman y cumplen tus mandamientos: Hemos pecado, hemos obrado la iniquidad, hemos sido perversos y rebeldes, nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus juicios, no hemos hecho caso a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes y a todo el pueblo de la tierra. Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la vergüenza en el rostro, que llevan hoy todos los hombres de Judá, los moradores de Jerusalén, todos los de Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras a que los arrojaste por las rebeliones con que contra ti se rebelaron. ¡Oh Yahvé! nuestra es la vergüenza en el rostro de nuestros reyes, de nuestros príncipes, de nuestros padres, porque contra ti pecamos. Pero es de Yahvé, nuestro Dios, el tener misericordia y el perdonar, aunque nos hayamos rebelado contra El. No obedecimos a la voz de Yahvé, nuestro Dios, andando en sus leyes, que por mano de sus profetas puso delante de nosotros, y todo Israel traspasó tu Ley, alejándose para no oír tu voz. Por eso vino sobre nosotros la maldición y el juramento escrito en la Ley de Moisés, siervo de Dios, por haber pecado contra El. El ha cumplido su palabra, la que dijo de nosotros y de los jefes que nos gobiernan, trayendo sobre nosotros males tan grandes como no los hubo nunca debajo del cielo, cual fue el hecho en Jerusalén. Vino todo este mal sobre nosotros como está escrito en la Ley de Moisés, y no hemos implorado a Yahvé, nuestro Dios, con virtiéndonos de nuestras iniquidades y reconociendo tu verdad. Por eso veló Yahvé sobre este mal y lo trajo sobre nosotros, porque justo es Yahvé, nuestro Dios, en todas cuantas obras hace, pues no obedecimos a su voz. Ahora, pues, Señor Dios nuestro, que sacaste a tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa y te hiciste nombre cual lo tienes hoy, hemos pecado santo, pues por nuestros pecados y las iniquidades de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de cuantos nos rodean. -- omitido por paráfrasis -- Oye, pues, Dios nuestro, la oración de tu siervo, oye sus plegarias, y por amor de ti, Señor, haz brillar tu faz sobre tu santuario devastado. Oye, Dios mío, y escucha. Abre los ojos y mira nuestras ruinas, mira la ciudad sobre la que se invoca tu nombre, pues no por nuestras justicias te presentamos nuestras súplicas, sino por tus grandes misericordias. ¡Escucha, Señor! ¡Señor, perdona! ¡Atiende, Señor, y obra; no tardes, por amor de ti, Dios mío, ya que es invocado tu nombre sobre tu ciudad y sobre tu pueblo!" Todavía estaba yo hablando, rogando, confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo, Israel, y presentando mis súplicas a Yahvé, mi Dios, por el monte santo de mi Dios;" todavía estaba hablando en mi oración, y aquel varón, Gabriel, a quien antes vi en la visión, volando rápidamente, se llegó a mí, como a la hora del sacrificio de la tarde. Vino y, hablando conmigo, me dijo: Daniel, vengo ahora para hacerte entender. Cuando comenzaste tu plegaria, fue dada la orden, y vengo para dártela a conocer, porque eres el predilecto. Oye, pues, la palabra y entiende la visión: Setenta semanas están prefijadas sobre tu pueblo y sobre tu ciudad santa para poner fin a la prevaricación y cancelar el pecado, para expiar la iniquidad y traer la justicia eterna, para sellar la visión y la profecía y ungir el santo de los santos. Sabe, pues, y entiende que desde la salida del oráculo sobre el retorno y edificación de Jerusalén hasta un ungido príncipe habrá siete semanas, y en sesenta y dos semanas se reedificarán plaza y foso en la angustia de los tiempos. Después de las sesenta y dos semanas será muerto un ungido, sin que tenga culpa. Y destruirá la ciudad y el santuario el pueblo de un príncipe que ha de venir, y su fin será en una inundación, y hasta el fin de la guerra están decretadas desolaciones. Y afianzará la alianza para muchos durante una semana, y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la oblación y habrá en el santuario una abominación desoladora hasta que la ruina decretada venga sobre el devastador. El año tercero de Ciro, rey de Persia, fue hecha a Daniel, llamado Baltasar, una revelación. Esta revelación es verdadera y anuncia una gran calamidad. Puso atención a la palabra y tuvo la inteligencia de la visión. Por aquellos días, yo, Daniel, estuve en duelo tres semanas. No comí manjar delicado ni entró carne ni vino en mi boca, ni me ungí, hasta que no pasaron las tres semanas. El día veinticuatro del primer mes hallábame a las orillas del gran río Tigris. Alcé los ojos y miré, viendo a un varón vestido de lino y con un cinturón de oro puro. Su cuerpo era como de crisólito; su rostro resplandecía como el relámpago; sus ojos eran como brasas de fuego; sus brazos y sus pies parecían de bronce bruñido, y el sonido de su voz era como rumor de muchedumbre." Yo solo, Daniel, vi la visión; los que conmigo estaban no vieron nada, pero se sobrecogieron de terror y huyeron a esconderse." Quédeme yo solo, y vi esta gran visión. No quedaron en mí fuerzas; se demudó el color de mi rostro, quedé desencajado y perdí todo mi vigor." Oí el sonido de sus palabras, y, en oyendo el sonido de sus palabras, caí aturdido rostro a tierra. Pero me tocó una mano, sacudiendo mis rodillas y mis manos, y me dijo: Daniel, varón predilecto, está atento a las palabras que voy a decirte, y ponte en pie en el lugar en que estás, pues he sido enviado a ti. Una vez que me habló, púseme en pie temblando. Díjome: Nada temas, Daniel, pues desde el primer día en que diste tu corazón a entender y a humillarte en presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras, y por ellas he venido yo a ti;" pero el príncipe del reino de Persia se me opuso veintiún días; mas Miguel, uno de los príncipes supremos, vino en mi ayuda, y yo prevalecí allí sobre los reyes de Persia." Vengo ahora para darte a conocer lo que sucederá a tu pueblo en los tiempos venideros, pues a estos tiempos se refiere la visión. Mientras me decía estas palabras, estaba yo con los ojos puestos en tierra y mudo, cuando he aquí que uno que parecía un hijo de hombre tocó mis labios; abrí la boca y hablé, diciendo al que delante de mí estaba: Mi señor, la visión me ha llenado de espanto y he perdido todo vigor." ¿Cómo va a poder el siervo de mi señor hablar a mi señor? Me faltan las fuerzas y no tengo aliento. Entonces el que parecía hijo de hombre, me tocó de nuevo y me confortó. Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." El me dijo: ¿Sabes para qué he venido yo a ti? Porque tengo que volverme luego a luchar con el príncipe de Persia, y, saliendo yo, vendrá el príncipe de Grecia. Pero yo te daré a conocer lo que está escrito en el libro de la verdad. Nadie me ayuda contra ellos, si no es Miguel, vuestro príncipe. El año primero de Darío el medo, yo estuve allá para animarle y sostenerle. Y ahora voy a darte a saber la verdad: Habrá todavía tres reyes en Persia, y el cuarto acumulará más riquezas que los otros; cuando por sus riquezas sea poderoso, se levantará contra el reino de Grecia." Pero se alzará un rey valeroso que dominará con gran poder y hará cuanto quiera. Y cuando esté en la altura, se romperá su reino y será dividido hacia los cuatro vientos; no será de sus descendientes ni ya tan poderoso como fue, pues será dividido y pasará a otros distintos de ellos." El rey del mediodía vendrá, se hará fuerte, pero uno de sus jefes será más fuerte que él y dominará, siendo potente su dominación. Al cabo de algunos años se aliarán, y la hija del rey del mediodía vendrá al rey del norte para restablecer la concordia, pero no conservará ella la fuerza de su brazo ni permanecerá él en su brazo; ella será entregada, y con ella los que la trajeron, con su padre y con el que entonces había sido su sostén." Un retoño de sus raíces se alzará en su lugar y vendrá con ejército y entrará en las plazas fuertes del rey del norte; dispondrá de ellas y se hará poderoso." Aun a sus dioses, sus imágenes fundidas y sus objetos preciosos de plata y oro los cogerá y se los llevará a Egipto. Estará luego algunos años alejado del rey del norte, y éste marchará contra el rey del mediodía y se volverá a su tierra. Su hijo saldrá a campaña y reunirá una muy fuerte muchedumbre de tropas, avanzará y se derramará como un torrente; se desbordará, pero se volverá, y llevará las hostilidades hasta la Fortaleza," El rey del mediodía se enfurecerá, y, saliendo, atacará al rey del norte, levantará una gran muchedumbre, y las tropas del rey del norte serán puestas en sus manos. Esta muchedumbre se ensoberbecerá, y el corazón del rey se hinchará, derribará a muchos millares, pero no triunfará, porque el rey del norte volverá con una muchedumbre más numerosa que la primera, y al cabo de algún tiempo marchará con un gran ejército y muchos aprestos. Entonces se alzarán muchos contra el rey * del mediodía, y hombres violentos de su pueblo se rebelarán para cumplir la visión y sucumbirán. El rey del norte avanzará y alzará baluartes y se apoderará de ciudades fuertes. Los ejércitos del mediodía no resistirán, faltos de fuerza para resistir. El que avanza contra él hará lo que quiera y nadie podrá resistirle, y se quedará en lo mejor de la tierra, exterminando cuanto caiga en su mano. Querrá adueñarse de todo el reino del mediodía, y le dará su hija por mujer con la intención de llevarle a la ruina; pero no sucederá esto, la cosa no le saldrá como quería." Volverá sus ojos del lado de las islas y tomará muchas, pero un jefe pondrá fin al oprobio que sobre ellas quiso echar, y el oprobio recaerá sobre él. Acogeráse luego a las fortalezas de su tierra, pero se tambaleará y caerá y no se le hallará. El que le sucederá mandará al ornamento del reino un exactor, pero en pocos días será quebrantado, y no por ira ni por guerra. Un hombre despreciable ocupará su puesto, sin estar investido de la dignidad real. Aparecerá de improviso y se apoderará del reino por la intriga. Las tropas, que se derramarán como un torrente, quedarán sumergidas ante él y aniquiladas, así como también un príncipe de la alianza. Después de haberse concertado con él, usará de engaños, se pondrá en marcha y con poca gente vencerá. Entrará de improviso en los lugares más fértiles de la provincia y hará lo que no hicieron sus padres ni los padres de sus padres. Repartirá el botín, los despojos y las riquezas, y traerá designios contra las fortalezas; todo esto durante algún tiempo." Al frente de un gran ejército empleará su fuerza y su ardor contra el rey del mediodía. El rey del mediodía se empeñará en la guerra con un ejército poderoso y muy numeroso, pero no le resistirá, porque le harán traición. Los que comen su pan le quebrantarán y su ejército será destruido, cayendo muchos muertos. Los dos reyes meditarán en su corazón hacerse mal, y, sentados a la misma mesa, hablarán falazmente, mas no les servirá de nada, porque llegará el fin al tiempo señalado. Volverá a su tierra con grandes riquezas y será en su corazón hostil a la alianza santa, y obrará contra ella; luego se volverá a su tierra." Al tiempo determinado marchará de nuevo contra el mediodía, pero esta última vez no sucederán las cosas como en la primera;" vendrán contra él naves de Italia, y descorazonado, retrocederá. Luego, furioso contra la alianza santa, no se quedará inactivo, y volverá a concertarse con los que abandonaron la alianza santa. A su orden se presentarán tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y harán cesar el sacrificio perpetuo, y alzarán la abominación desoladora. Seducirá con sus halagos a los traidores a la alianza santa, pero el pueblo que conoce a Dios obrará con firmeza, y los sabios entre ellos instruirán a la muchedumbre. Caerán de entre ellos por un tiempo a la espada, al fuego, al cautiverio y al pillaje, y, mientras sucumben, tendrán poco socorro, y muchos se unirán a ellos hipócritamente. Sucumbirán también algunos de los sabios para que sean depurados, purificados y blanqueados, hasta que llegue el fin, que no llegará sino al tiempo determinado. El rey hará lo que quiera, y se gloriará por encima de todos los dioses, y del Dios de los dioses dirá cosas increíbles. Prosperará hasta que llegue la ira a su consumación, porque lo que está decretado se cumplirá. No respetará ni aun al dios de sus padres ni a la delicia de las mujeres; no respetará dios alguno, porque se glorificará a sí mismo por encima de todos." Honrará en su lugar al dios de las fortalezas, dios que no conocieron sus padres; le honrará con oro y plata, con piedras preciosas y cosas de gran valor." A ese dios extraño dedicará las plazas fuertes, y colmará de honores a los que le reconozcan, y los hará dominar sobre muchos, distribuyéndoles tierras en merced. Al fin de los tiempos, el rey del mediodía chocará con el del norte, y el rey del norte caerá sobre él como una tempestad, con carros y jinetes y numerosas naves; avanzará por las tierras, se derramará como un torrente y se desbordará." Entrarán en la tierra gloriosa y sucumbirán muchos, pero Edom, Moab y los príncipes de los hijos de Amón se librarán de sus manos. Extenderá su mano sobre muchas tierras, y no escapará la de Egipto;" se adueñará de tesoros de oro y plata y de todas las preciosidades de Egipto; libios y etíopes le seguirán." Pero nuevas venidas del oriente y del norte le asustarán, y partirá muy enfurecido, con ánimo de exterminar a muchos. Alzará la tienda de su palacio entre los mares y el monte glorioso y santo. Mas luego llegará su fin sin que nadie pueda socorrerle. Entonces se alzaré. Miguel, el gran príncipe, el defensor de los hijos de tu pueblo, y será un tiempo de angustia, tal como no lo hubo desde que existen las naciones hasta ese día. Entonces se salvarán los que de tu pueblo estén escritos en el libro. Las muchedumbres de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la eterna vida, otros para eterna vergüenza y confusión. Los sabios brillarán con el esplendor del firmamento, y los que enseñaron la justicia a la muchedumbre resplandecerán por siempre, eternamente, como las estrellas. Tú, Daniel, ten en secreto estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos lo leerán y acrecentarán su conocimiento. Yo, Daniel, miré y vi a dos hombres que estaban en pie, el uno al lado de acá del río, el otro del lado de allá, y uno de ellos dijo al varón vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo será el fin y sucederán esas maravillas? Y oí al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, que, alzando al cielo su derecha y su izquierda, juró por el que eternamente vive que eso será dentro de un tiempo, de tiempos y de la mitad de un tiempo, y que todo esto se cumplirá cuando la fuerza del pueblo de los santos estuviera enteramente quebrantada. Yo vi, pero, no entendiendo, pregunté: Mi señor, ¿cuál será el fin de estas cosas? Y él respondió: Anda, Daniel, que esas cosas están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. Muchos serán purificados, emblanquecidos y depurados; los impíos seguirán el mal, y ninguno de los malvados entenderá, pero los que tienen entendimiento comprenderán," Después del tiempo de la cesación del sacrificio perpetuo y del alzar de la abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días. Bienaventurado el que espere y llegue a mil trescientos treinta y cinco días. Y tú camina a tu fin y descansarás, y al fin de los días te levantarás para recibir la heredad. [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:46) que con voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:46) que con voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. ] [ (Daniel 13:47) Y todo el pueblo se volvió a él, diciéndole: ¿Qué significan esas palabras que has proferido? ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:46) que con voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. ] [ (Daniel 13:47) Y todo el pueblo se volvió a él, diciéndole: ¿Qué significan esas palabras que has proferido? ] [ (Daniel 13:48) Y él, puesto en medio de ellos, dijo: ¿Tan insensatos sois, hijos de Israel, que, sin inquirir ni poner.en claro la verdad, condenáis a esa hija de Israel? ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:46) que con voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. ] [ (Daniel 13:47) Y todo el pueblo se volvió a él, diciéndole: ¿Qué significan esas palabras que has proferido? ] [ (Daniel 13:48) Y él, puesto en medio de ellos, dijo: ¿Tan insensatos sois, hijos de Israel, que, sin inquirir ni poner.en claro la verdad, condenáis a esa hija de Israel? ] [ (Daniel 13:49) Volved al tribunal, porque éstos han testificado falsamente contra ella. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:46) que con voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. ] [ (Daniel 13:47) Y todo el pueblo se volvió a él, diciéndole: ¿Qué significan esas palabras que has proferido? ] [ (Daniel 13:48) Y él, puesto en medio de ellos, dijo: ¿Tan insensatos sois, hijos de Israel, que, sin inquirir ni poner.en claro la verdad, condenáis a esa hija de Israel? ] [ (Daniel 13:49) Volved al tribunal, porque éstos han testificado falsamente contra ella. ] [ (Daniel 13:50) Y todo el pueblo a gran prisa se volvió. Los ancianos le dijeron: Ven, siéntate en medio de nosotros y decláranoslo, porque el Señor te ha dado el don de la ancianidad. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:46) que con voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. ] [ (Daniel 13:47) Y todo el pueblo se volvió a él, diciéndole: ¿Qué significan esas palabras que has proferido? ] [ (Daniel 13:48) Y él, puesto en medio de ellos, dijo: ¿Tan insensatos sois, hijos de Israel, que, sin inquirir ni poner.en claro la verdad, condenáis a esa hija de Israel? ] [ (Daniel 13:49) Volved al tribunal, porque éstos han testificado falsamente contra ella. ] [ (Daniel 13:50) Y todo el pueblo a gran prisa se volvió. Los ancianos le dijeron: Ven, siéntate en medio de nosotros y decláranoslo, porque el Señor te ha dado el don de la ancianidad. ] [ (Daniel 13:51) Díjoles Daniel: Separadlos lejos uno de otro, que voy a interrogarlos. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:46) que con voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. ] [ (Daniel 13:47) Y todo el pueblo se volvió a él, diciéndole: ¿Qué significan esas palabras que has proferido? ] [ (Daniel 13:48) Y él, puesto en medio de ellos, dijo: ¿Tan insensatos sois, hijos de Israel, que, sin inquirir ni poner.en claro la verdad, condenáis a esa hija de Israel? ] [ (Daniel 13:49) Volved al tribunal, porque éstos han testificado falsamente contra ella. ] [ (Daniel 13:50) Y todo el pueblo a gran prisa se volvió. Los ancianos le dijeron: Ven, siéntate en medio de nosotros y decláranoslo, porque el Señor te ha dado el don de la ancianidad. ] [ (Daniel 13:51) Díjoles Daniel: Separadlos lejos uno de otro, que voy a interrogarlos. ] [ (Daniel 13:52) Así que los hubieron separado uno de otro, llamó a uno de ellos y le dijo: Viejo envejecido en la maldad, ahora vienen sobre ti las maldades que tantas veces hiciste, ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:46) que con voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. ] [ (Daniel 13:47) Y todo el pueblo se volvió a él, diciéndole: ¿Qué significan esas palabras que has proferido? ] [ (Daniel 13:48) Y él, puesto en medio de ellos, dijo: ¿Tan insensatos sois, hijos de Israel, que, sin inquirir ni poner.en claro la verdad, condenáis a esa hija de Israel? ] [ (Daniel 13:49) Volved al tribunal, porque éstos han testificado falsamente contra ella. ] [ (Daniel 13:50) Y todo el pueblo a gran prisa se volvió. Los ancianos le dijeron: Ven, siéntate en medio de nosotros y decláranoslo, porque el Señor te ha dado el don de la ancianidad. ] [ (Daniel 13:51) Díjoles Daniel: Separadlos lejos uno de otro, que voy a interrogarlos. ] [ (Daniel 13:52) Así que los hubieron separado uno de otro, llamó a uno de ellos y le dijo: Viejo envejecido en la maldad, ahora vienen sobre ti las maldades que tantas veces hiciste, ] [ (Daniel 13:53) juzgando injustamente, condenando a los inocentes y absolviendo a los culpables, cuando Dios dice: No matarás al inocente y al justo. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:46) que con voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. ] [ (Daniel 13:47) Y todo el pueblo se volvió a él, diciéndole: ¿Qué significan esas palabras que has proferido? ] [ (Daniel 13:48) Y él, puesto en medio de ellos, dijo: ¿Tan insensatos sois, hijos de Israel, que, sin inquirir ni poner.en claro la verdad, condenáis a esa hija de Israel? ] [ (Daniel 13:49) Volved al tribunal, porque éstos han testificado falsamente contra ella. ] [ (Daniel 13:50) Y todo el pueblo a gran prisa se volvió. Los ancianos le dijeron: Ven, siéntate en medio de nosotros y decláranoslo, porque el Señor te ha dado el don de la ancianidad. ] [ (Daniel 13:51) Díjoles Daniel: Separadlos lejos uno de otro, que voy a interrogarlos. ] [ (Daniel 13:52) Así que los hubieron separado uno de otro, llamó a uno de ellos y le dijo: Viejo envejecido en la maldad, ahora vienen sobre ti las maldades que tantas veces hiciste, ] [ (Daniel 13:53) juzgando injustamente, condenando a los inocentes y absolviendo a los culpables, cuando Dios dice: No matarás al inocente y al justo. ] [ (Daniel 13:54) Dinos, si viste a ésta, ¿bajo qué árboles los viste acariciarse? El contestó: Bajo un lentisco. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:46) que con voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. ] [ (Daniel 13:47) Y todo el pueblo se volvió a él, diciéndole: ¿Qué significan esas palabras que has proferido? ] [ (Daniel 13:48) Y él, puesto en medio de ellos, dijo: ¿Tan insensatos sois, hijos de Israel, que, sin inquirir ni poner.en claro la verdad, condenáis a esa hija de Israel? ] [ (Daniel 13:49) Volved al tribunal, porque éstos han testificado falsamente contra ella. ] [ (Daniel 13:50) Y todo el pueblo a gran prisa se volvió. Los ancianos le dijeron: Ven, siéntate en medio de nosotros y decláranoslo, porque el Señor te ha dado el don de la ancianidad. ] [ (Daniel 13:51) Díjoles Daniel: Separadlos lejos uno de otro, que voy a interrogarlos. ] [ (Daniel 13:52) Así que los hubieron separado uno de otro, llamó a uno de ellos y le dijo: Viejo envejecido en la maldad, ahora vienen sobre ti las maldades que tantas veces hiciste, ] [ (Daniel 13:53) juzgando injustamente, condenando a los inocentes y absolviendo a los culpables, cuando Dios dice: No matarás al inocente y al justo. ] [ (Daniel 13:54) Dinos, si viste a ésta, ¿bajo qué árboles los viste acariciarse? El contestó: Bajo un lentisco. ] [ (Daniel 13:55) Replicó Daniel: Muy bien, has mentido contra tu propia cabeza, pues ya el ángel de Dios ha recibido la orden de partirte por medio. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:46) que con voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. ] [ (Daniel 13:47) Y todo el pueblo se volvió a él, diciéndole: ¿Qué significan esas palabras que has proferido? ] [ (Daniel 13:48) Y él, puesto en medio de ellos, dijo: ¿Tan insensatos sois, hijos de Israel, que, sin inquirir ni poner.en claro la verdad, condenáis a esa hija de Israel? ] [ (Daniel 13:49) Volved al tribunal, porque éstos han testificado falsamente contra ella. ] [ (Daniel 13:50) Y todo el pueblo a gran prisa se volvió. Los ancianos le dijeron: Ven, siéntate en medio de nosotros y decláranoslo, porque el Señor te ha dado el don de la ancianidad. ] [ (Daniel 13:51) Díjoles Daniel: Separadlos lejos uno de otro, que voy a interrogarlos. ] [ (Daniel 13:52) Así que los hubieron separado uno de otro, llamó a uno de ellos y le dijo: Viejo envejecido en la maldad, ahora vienen sobre ti las maldades que tantas veces hiciste, ] [ (Daniel 13:53) juzgando injustamente, condenando a los inocentes y absolviendo a los culpables, cuando Dios dice: No matarás al inocente y al justo. ] [ (Daniel 13:54) Dinos, si viste a ésta, ¿bajo qué árboles los viste acariciarse? El contestó: Bajo un lentisco. ] [ (Daniel 13:55) Replicó Daniel: Muy bien, has mentido contra tu propia cabeza, pues ya el ángel de Dios ha recibido la orden de partirte por medio. ] [ (Daniel 13:56) Y haciéndole retirar, mandó traer al otro y le dijo: Raza de Canaán y no de Judá, la belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:46) que con voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. ] [ (Daniel 13:47) Y todo el pueblo se volvió a él, diciéndole: ¿Qué significan esas palabras que has proferido? ] [ (Daniel 13:48) Y él, puesto en medio de ellos, dijo: ¿Tan insensatos sois, hijos de Israel, que, sin inquirir ni poner.en claro la verdad, condenáis a esa hija de Israel? ] [ (Daniel 13:49) Volved al tribunal, porque éstos han testificado falsamente contra ella. ] [ (Daniel 13:50) Y todo el pueblo a gran prisa se volvió. Los ancianos le dijeron: Ven, siéntate en medio de nosotros y decláranoslo, porque el Señor te ha dado el don de la ancianidad. ] [ (Daniel 13:51) Díjoles Daniel: Separadlos lejos uno de otro, que voy a interrogarlos. ] [ (Daniel 13:52) Así que los hubieron separado uno de otro, llamó a uno de ellos y le dijo: Viejo envejecido en la maldad, ahora vienen sobre ti las maldades que tantas veces hiciste, ] [ (Daniel 13:53) juzgando injustamente, condenando a los inocentes y absolviendo a los culpables, cuando Dios dice: No matarás al inocente y al justo. ] [ (Daniel 13:54) Dinos, si viste a ésta, ¿bajo qué árboles los viste acariciarse? El contestó: Bajo un lentisco. ] [ (Daniel 13:55) Replicó Daniel: Muy bien, has mentido contra tu propia cabeza, pues ya el ángel de Dios ha recibido la orden de partirte por medio. ] [ (Daniel 13:56) Y haciéndole retirar, mandó traer al otro y le dijo: Raza de Canaán y no de Judá, la belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. ] [ (Daniel 13:57) Así hacíais a las hijas de Israel, y ellas de miedo se os rendían; pero esta hija de Judá no consintió en vuestra iniquidad." ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:46) que con voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. ] [ (Daniel 13:47) Y todo el pueblo se volvió a él, diciéndole: ¿Qué significan esas palabras que has proferido? ] [ (Daniel 13:48) Y él, puesto en medio de ellos, dijo: ¿Tan insensatos sois, hijos de Israel, que, sin inquirir ni poner.en claro la verdad, condenáis a esa hija de Israel? ] [ (Daniel 13:49) Volved al tribunal, porque éstos han testificado falsamente contra ella. ] [ (Daniel 13:50) Y todo el pueblo a gran prisa se volvió. Los ancianos le dijeron: Ven, siéntate en medio de nosotros y decláranoslo, porque el Señor te ha dado el don de la ancianidad. ] [ (Daniel 13:51) Díjoles Daniel: Separadlos lejos uno de otro, que voy a interrogarlos. ] [ (Daniel 13:52) Así que los hubieron separado uno de otro, llamó a uno de ellos y le dijo: Viejo envejecido en la maldad, ahora vienen sobre ti las maldades que tantas veces hiciste, ] [ (Daniel 13:53) juzgando injustamente, condenando a los inocentes y absolviendo a los culpables, cuando Dios dice: No matarás al inocente y al justo. ] [ (Daniel 13:54) Dinos, si viste a ésta, ¿bajo qué árboles los viste acariciarse? El contestó: Bajo un lentisco. ] [ (Daniel 13:55) Replicó Daniel: Muy bien, has mentido contra tu propia cabeza, pues ya el ángel de Dios ha recibido la orden de partirte por medio. ] [ (Daniel 13:56) Y haciéndole retirar, mandó traer al otro y le dijo: Raza de Canaán y no de Judá, la belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. ] [ (Daniel 13:57) Así hacíais a las hijas de Israel, y ellas de miedo se os rendían; pero esta hija de Judá no consintió en vuestra iniquidad." ] [ (Daniel 13:58) Ahora, pues, ¿bajo qué árbol los habéis sorprendido acariciándose mutuamente? Contestó él: Bajo una encina. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:46) que con voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. ] [ (Daniel 13:47) Y todo el pueblo se volvió a él, diciéndole: ¿Qué significan esas palabras que has proferido? ] [ (Daniel 13:48) Y él, puesto en medio de ellos, dijo: ¿Tan insensatos sois, hijos de Israel, que, sin inquirir ni poner.en claro la verdad, condenáis a esa hija de Israel? ] [ (Daniel 13:49) Volved al tribunal, porque éstos han testificado falsamente contra ella. ] [ (Daniel 13:50) Y todo el pueblo a gran prisa se volvió. Los ancianos le dijeron: Ven, siéntate en medio de nosotros y decláranoslo, porque el Señor te ha dado el don de la ancianidad. ] [ (Daniel 13:51) Díjoles Daniel: Separadlos lejos uno de otro, que voy a interrogarlos. ] [ (Daniel 13:52) Así que los hubieron separado uno de otro, llamó a uno de ellos y le dijo: Viejo envejecido en la maldad, ahora vienen sobre ti las maldades que tantas veces hiciste, ] [ (Daniel 13:53) juzgando injustamente, condenando a los inocentes y absolviendo a los culpables, cuando Dios dice: No matarás al inocente y al justo. ] [ (Daniel 13:54) Dinos, si viste a ésta, ¿bajo qué árboles los viste acariciarse? El contestó: Bajo un lentisco. ] [ (Daniel 13:55) Replicó Daniel: Muy bien, has mentido contra tu propia cabeza, pues ya el ángel de Dios ha recibido la orden de partirte por medio. ] [ (Daniel 13:56) Y haciéndole retirar, mandó traer al otro y le dijo: Raza de Canaán y no de Judá, la belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. ] [ (Daniel 13:57) Así hacíais a las hijas de Israel, y ellas de miedo se os rendían; pero esta hija de Judá no consintió en vuestra iniquidad." ] [ (Daniel 13:58) Ahora, pues, ¿bajo qué árbol los habéis sorprendido acariciándose mutuamente? Contestó él: Bajo una encina. ] [ (Daniel 13:59) Díjole Daniel: Muy bien, has mentido tú también contra tu cabeza, pues el ángel de Dios tiene pronta ya la espada para rajarte por medio, para aniquilaros. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:46) que con voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. ] [ (Daniel 13:47) Y todo el pueblo se volvió a él, diciéndole: ¿Qué significan esas palabras que has proferido? ] [ (Daniel 13:48) Y él, puesto en medio de ellos, dijo: ¿Tan insensatos sois, hijos de Israel, que, sin inquirir ni poner.en claro la verdad, condenáis a esa hija de Israel? ] [ (Daniel 13:49) Volved al tribunal, porque éstos han testificado falsamente contra ella. ] [ (Daniel 13:50) Y todo el pueblo a gran prisa se volvió. Los ancianos le dijeron: Ven, siéntate en medio de nosotros y decláranoslo, porque el Señor te ha dado el don de la ancianidad. ] [ (Daniel 13:51) Díjoles Daniel: Separadlos lejos uno de otro, que voy a interrogarlos. ] [ (Daniel 13:52) Así que los hubieron separado uno de otro, llamó a uno de ellos y le dijo: Viejo envejecido en la maldad, ahora vienen sobre ti las maldades que tantas veces hiciste, ] [ (Daniel 13:53) juzgando injustamente, condenando a los inocentes y absolviendo a los culpables, cuando Dios dice: No matarás al inocente y al justo. ] [ (Daniel 13:54) Dinos, si viste a ésta, ¿bajo qué árboles los viste acariciarse? El contestó: Bajo un lentisco. ] [ (Daniel 13:55) Replicó Daniel: Muy bien, has mentido contra tu propia cabeza, pues ya el ángel de Dios ha recibido la orden de partirte por medio. ] [ (Daniel 13:56) Y haciéndole retirar, mandó traer al otro y le dijo: Raza de Canaán y no de Judá, la belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. ] [ (Daniel 13:57) Así hacíais a las hijas de Israel, y ellas de miedo se os rendían; pero esta hija de Judá no consintió en vuestra iniquidad." ] [ (Daniel 13:58) Ahora, pues, ¿bajo qué árbol los habéis sorprendido acariciándose mutuamente? Contestó él: Bajo una encina. ] [ (Daniel 13:59) Díjole Daniel: Muy bien, has mentido tú también contra tu cabeza, pues el ángel de Dios tiene pronta ya la espada para rajarte por medio, para aniquilaros. ] [ (Daniel 13:60) Y toda la asamblea levantó la voz bendiciendo a Dios, que salva a los que en El esperan. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:46) que con voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. ] [ (Daniel 13:47) Y todo el pueblo se volvió a él, diciéndole: ¿Qué significan esas palabras que has proferido? ] [ (Daniel 13:48) Y él, puesto en medio de ellos, dijo: ¿Tan insensatos sois, hijos de Israel, que, sin inquirir ni poner.en claro la verdad, condenáis a esa hija de Israel? ] [ (Daniel 13:49) Volved al tribunal, porque éstos han testificado falsamente contra ella. ] [ (Daniel 13:50) Y todo el pueblo a gran prisa se volvió. Los ancianos le dijeron: Ven, siéntate en medio de nosotros y decláranoslo, porque el Señor te ha dado el don de la ancianidad. ] [ (Daniel 13:51) Díjoles Daniel: Separadlos lejos uno de otro, que voy a interrogarlos. ] [ (Daniel 13:52) Así que los hubieron separado uno de otro, llamó a uno de ellos y le dijo: Viejo envejecido en la maldad, ahora vienen sobre ti las maldades que tantas veces hiciste, ] [ (Daniel 13:53) juzgando injustamente, condenando a los inocentes y absolviendo a los culpables, cuando Dios dice: No matarás al inocente y al justo. ] [ (Daniel 13:54) Dinos, si viste a ésta, ¿bajo qué árboles los viste acariciarse? El contestó: Bajo un lentisco. ] [ (Daniel 13:55) Replicó Daniel: Muy bien, has mentido contra tu propia cabeza, pues ya el ángel de Dios ha recibido la orden de partirte por medio. ] [ (Daniel 13:56) Y haciéndole retirar, mandó traer al otro y le dijo: Raza de Canaán y no de Judá, la belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. ] [ (Daniel 13:57) Así hacíais a las hijas de Israel, y ellas de miedo se os rendían; pero esta hija de Judá no consintió en vuestra iniquidad." ] [ (Daniel 13:58) Ahora, pues, ¿bajo qué árbol los habéis sorprendido acariciándose mutuamente? Contestó él: Bajo una encina. ] [ (Daniel 13:59) Díjole Daniel: Muy bien, has mentido tú también contra tu cabeza, pues el ángel de Dios tiene pronta ya la espada para rajarte por medio, para aniquilaros. ] [ (Daniel 13:60) Y toda la asamblea levantó la voz bendiciendo a Dios, que salva a los que en El esperan. ] [ (Daniel 13:61) Y se lanzaron contra los dos viejos, a quienes Daniel había convencido por su propia declaración de haber falsamente testificado. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:46) que con voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. ] [ (Daniel 13:47) Y todo el pueblo se volvió a él, diciéndole: ¿Qué significan esas palabras que has proferido? ] [ (Daniel 13:48) Y él, puesto en medio de ellos, dijo: ¿Tan insensatos sois, hijos de Israel, que, sin inquirir ni poner.en claro la verdad, condenáis a esa hija de Israel? ] [ (Daniel 13:49) Volved al tribunal, porque éstos han testificado falsamente contra ella. ] [ (Daniel 13:50) Y todo el pueblo a gran prisa se volvió. Los ancianos le dijeron: Ven, siéntate en medio de nosotros y decláranoslo, porque el Señor te ha dado el don de la ancianidad. ] [ (Daniel 13:51) Díjoles Daniel: Separadlos lejos uno de otro, que voy a interrogarlos. ] [ (Daniel 13:52) Así que los hubieron separado uno de otro, llamó a uno de ellos y le dijo: Viejo envejecido en la maldad, ahora vienen sobre ti las maldades que tantas veces hiciste, ] [ (Daniel 13:53) juzgando injustamente, condenando a los inocentes y absolviendo a los culpables, cuando Dios dice: No matarás al inocente y al justo. ] [ (Daniel 13:54) Dinos, si viste a ésta, ¿bajo qué árboles los viste acariciarse? El contestó: Bajo un lentisco. ] [ (Daniel 13:55) Replicó Daniel: Muy bien, has mentido contra tu propia cabeza, pues ya el ángel de Dios ha recibido la orden de partirte por medio. ] [ (Daniel 13:56) Y haciéndole retirar, mandó traer al otro y le dijo: Raza de Canaán y no de Judá, la belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. ] [ (Daniel 13:57) Así hacíais a las hijas de Israel, y ellas de miedo se os rendían; pero esta hija de Judá no consintió en vuestra iniquidad." ] [ (Daniel 13:58) Ahora, pues, ¿bajo qué árbol los habéis sorprendido acariciándose mutuamente? Contestó él: Bajo una encina. ] [ (Daniel 13:59) Díjole Daniel: Muy bien, has mentido tú también contra tu cabeza, pues el ángel de Dios tiene pronta ya la espada para rajarte por medio, para aniquilaros. ] [ (Daniel 13:60) Y toda la asamblea levantó la voz bendiciendo a Dios, que salva a los que en El esperan. ] [ (Daniel 13:61) Y se lanzaron contra los dos viejos, a quienes Daniel había convencido por su propia declaración de haber falsamente testificado. ] [ (Daniel 13:62) Y, según la Ley de Moisés, les hicieron como ellos mismos habían maquinado contra su prójimo. Diéronles muerte, y se salvó en aquel día la sangre inocente. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:46) que con voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. ] [ (Daniel 13:47) Y todo el pueblo se volvió a él, diciéndole: ¿Qué significan esas palabras que has proferido? ] [ (Daniel 13:48) Y él, puesto en medio de ellos, dijo: ¿Tan insensatos sois, hijos de Israel, que, sin inquirir ni poner.en claro la verdad, condenáis a esa hija de Israel? ] [ (Daniel 13:49) Volved al tribunal, porque éstos han testificado falsamente contra ella. ] [ (Daniel 13:50) Y todo el pueblo a gran prisa se volvió. Los ancianos le dijeron: Ven, siéntate en medio de nosotros y decláranoslo, porque el Señor te ha dado el don de la ancianidad. ] [ (Daniel 13:51) Díjoles Daniel: Separadlos lejos uno de otro, que voy a interrogarlos. ] [ (Daniel 13:52) Así que los hubieron separado uno de otro, llamó a uno de ellos y le dijo: Viejo envejecido en la maldad, ahora vienen sobre ti las maldades que tantas veces hiciste, ] [ (Daniel 13:53) juzgando injustamente, condenando a los inocentes y absolviendo a los culpables, cuando Dios dice: No matarás al inocente y al justo. ] [ (Daniel 13:54) Dinos, si viste a ésta, ¿bajo qué árboles los viste acariciarse? El contestó: Bajo un lentisco. ] [ (Daniel 13:55) Replicó Daniel: Muy bien, has mentido contra tu propia cabeza, pues ya el ángel de Dios ha recibido la orden de partirte por medio. ] [ (Daniel 13:56) Y haciéndole retirar, mandó traer al otro y le dijo: Raza de Canaán y no de Judá, la belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. ] [ (Daniel 13:57) Así hacíais a las hijas de Israel, y ellas de miedo se os rendían; pero esta hija de Judá no consintió en vuestra iniquidad." ] [ (Daniel 13:58) Ahora, pues, ¿bajo qué árbol los habéis sorprendido acariciándose mutuamente? Contestó él: Bajo una encina. ] [ (Daniel 13:59) Díjole Daniel: Muy bien, has mentido tú también contra tu cabeza, pues el ángel de Dios tiene pronta ya la espada para rajarte por medio, para aniquilaros. ] [ (Daniel 13:60) Y toda la asamblea levantó la voz bendiciendo a Dios, que salva a los que en El esperan. ] [ (Daniel 13:61) Y se lanzaron contra los dos viejos, a quienes Daniel había convencido por su propia declaración de haber falsamente testificado. ] [ (Daniel 13:62) Y, según la Ley de Moisés, les hicieron como ellos mismos habían maquinado contra su prójimo. Diéronles muerte, y se salvó en aquel día la sangre inocente. ] [ (Daniel 13:63) Helcías y su mujer alabaron a Dios por la salvación de su hija, y con ellos Joaquín, su marido, y todos sus parientes, porque no fue hallada en ella torpeza. ] [ (Daniel 13:1) Moraba en Babilonia un varón cuyo nombre era Joaquín. ] [ (Daniel 13:2) Había tomado por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, muy hermosa y temerosa de Dios, ] [ (Daniel 13:3) pues sus padres, que eran justos, la habían educado según la ley de Moisés. ] [ (Daniel 13:4) Era Joaquín muy rico y tenía contiguo a su casa un jardín. Concurrían a su casa los judíos por ser él el más ilustre de todos. ] [ (Daniel 13:5) Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos, de los que dijo el Señor: Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos constituidos en jueces, que parecían gobernar al pueblo. ] [ (Daniel 13:6) Frecuentaban éstos la casa de Joaquín, y a ellos venían cuantos tenían algún pleito. ] [ (Daniel 13:7) Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba y se paseaba Susana en el jardín de su marido, ] [ (Daniel 13:8) y, viéndola cada día los dos ancianos entrar y pasearse, sintieron pasión por ella. ] [ (Daniel 13:9) Y, pervertido su juicio, desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios. ] [ (Daniel 13:10) Ambos estaban heridos de amor por Susana, pero no se lo habían comunicado entre sí, ] [ (Daniel 13:11) porque sentían vergüenza de confesarse uno a otro su pasión y el deseo que tenían de unirse a ella, ] [ (Daniel 13:12) y a porfía buscaban cada día ocasión de verla. ] [ (Daniel 13:13) Dijéronse, pues, el uno al otro: Vamos a casa, que ya es la hora de comer. Y, saliendo, se separaron el uno del otro. ] [ (Daniel 13:14) Pero, dando la vuelta, vinieron al mismo sitio. Preguntándose la causa, se declararon su pasión, y en común espiaron el momento de poder hallarla sola. ] [ (Daniel 13:15) Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor. ] [ (Daniel 13:16) Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban. ] [ (Daniel 13:17) Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme. ] [ (Daniel 13:18) Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron por la puerta lateral para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos. ] [ (Daniel 13:19) En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella, ] [ (Daniel 13:20) diciéndole: Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;" ] [ (Daniel 13:21) de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas. ] [ (Daniel 13:22) Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos. ] [ (Daniel 13:23) Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor. ] [ (Daniel 13:24) Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella. ] [ (Daniel 13:25) Corrió uno de los dos a abrir las puertas del jardín. ] [ (Daniel 13:26) Apenas oyeron los gritos los que estaban en casa, se precipitaron a entrar por la puerta lateral para ver lo que pasaba, ] [ (Daniel 13:27) y luego los ancianos se explicaron, quedando los siervos grandemente confundidos, porque jamás semejante cosa se había dicho de Susana. ] [ (Daniel 13:28) Al día siguiente todo el pueblo concurrió a la casa de su marido, Joaquín, y vinieron asimismo los dos ancianos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, a quien pretendían hacer morir. Ante el pueblo dijeron: ] [ (Daniel 13:29) Enviad por Susana, hija de Helcías y mujer de Joaquín. Y la mandaron llamar. ] [ (Daniel 13:30) Llegó Susana, y con ella sus padres, hijos y todos sus parientes. ] [ (Daniel 13:31) Era Susana muy delicada y hermosa de aspecto. ] [ (Daniel 13:32) Iba cubierta, y aquellos malvados mandaron que se descubriese para saciarse de su hermosura. ] [ (Daniel 13:33) Lloraban entretanto los suyos y todos cuantos la veían. ] [ (Daniel 13:34) Levantáronse los dos ancianos en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana, ] [ (Daniel 13:35) que, llorando, miraba al cielo, lleno su corazón de confianza en el Señor. ] [ (Daniel 13:36) Los ancianos dijeron: Mientras nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas y, cerrando la puerta, despidió a las dos doncellas. ] [ (Daniel 13:37) En seguida se acercó un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella. ] [ (Daniel 13:38) Y hallándonos nosotros en un ángulo del jardín, vimos la maldad y corrimos a ellos, y los vimos que estaban pecando, ] [ (Daniel 13:39) pero no pudimos detener al joven, por ser más fuerte que nosotros, y abriendo las puertas, se escapó. ] [ (Daniel 13:40) Pero sorprendimos a ésta, y preguntándola quién fuese el joven, no quiso decírnoslo. De esto damos nosotros testimonio. ] [ (Daniel 13:41) Y la asamblea, como se trataba de ancianos del pueblo y, por añadidura, jueces, los creyó y la condenaron a muerte. ] [ (Daniel 13:42) Levantó entonces Susana la voz y dijo: “¡Dios eterno, conocedor de todo lo oculto, que ves las cosas todas antes que sucedan ! ] [ (Daniel 13:43) Tu sabes que han declarado falsamente contra mí. Tú sabes que muero sin haber hecho nada de cuanto éstos han inventado inicuamente contra mí.” ] [ (Daniel 13:44) Oyó el Señor su voz, ] [ (Daniel 13:45) y mientras era llevada a la muerte, despertó Dios el espíritu santo de un jovencito llamado Daniel, ] [ (Daniel 13:46) que con voz fuerte gritó:Yo soy inocente de esta sangre. ] [ (Daniel 13:47) Y todo el pueblo se volvió a él, diciéndole: ¿Qué significan esas palabras que has proferido? ] [ (Daniel 13:48) Y él, puesto en medio de ellos, dijo: ¿Tan insensatos sois, hijos de Israel, que, sin inquirir ni poner.en claro la verdad, condenáis a esa hija de Israel? ] [ (Daniel 13:49) Volved al tribunal, porque éstos han testificado falsamente contra ella. ] [ (Daniel 13:50) Y todo el pueblo a gran prisa se volvió. Los ancianos le dijeron: Ven, siéntate en medio de nosotros y decláranoslo, porque el Señor te ha dado el don de la ancianidad. ] [ (Daniel 13:51) Díjoles Daniel: Separadlos lejos uno de otro, que voy a interrogarlos. ] [ (Daniel 13:52) Así que los hubieron separado uno de otro, llamó a uno de ellos y le dijo: Viejo envejecido en la maldad, ahora vienen sobre ti las maldades que tantas veces hiciste, ] [ (Daniel 13:53) juzgando injustamente, condenando a los inocentes y absolviendo a los culpables, cuando Dios dice: No matarás al inocente y al justo. ] [ (Daniel 13:54) Dinos, si viste a ésta, ¿bajo qué árboles los viste acariciarse? El contestó: Bajo un lentisco. ] [ (Daniel 13:55) Replicó Daniel: Muy bien, has mentido contra tu propia cabeza, pues ya el ángel de Dios ha recibido la orden de partirte por medio. ] [ (Daniel 13:56) Y haciéndole retirar, mandó traer al otro y le dijo: Raza de Canaán y no de Judá, la belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. ] [ (Daniel 13:57) Así hacíais a las hijas de Israel, y ellas de miedo se os rendían; pero esta hija de Judá no consintió en vuestra iniquidad." ] [ (Daniel 13:58) Ahora, pues, ¿bajo qué árbol los habéis sorprendido acariciándose mutuamente? Contestó él: Bajo una encina. ] [ (Daniel 13:59) Díjole Daniel: Muy bien, has mentido tú también contra tu cabeza, pues el ángel de Dios tiene pronta ya la espada para rajarte por medio, para aniquilaros. ] [ (Daniel 13:60) Y toda la asamblea levantó la voz bendiciendo a Dios, que salva a los que en El esperan. ] [ (Daniel 13:61) Y se lanzaron contra los dos viejos, a quienes Daniel había convencido por su propia declaración de haber falsamente testificado. ] [ (Daniel 13:62) Y, según la Ley de Moisés, les hicieron como ellos mismos habían maquinado contra su prójimo. Diéronles muerte, y se salvó en aquel día la sangre inocente. ] [ (Daniel 13:63) Helcías y su mujer alabaron a Dios por la salvación de su hija, y con ellos Joaquín, su marido, y todos sus parientes, porque no fue hallada en ella torpeza. ] [ (Daniel 13:64) Y desde aquel día en adelante, Daniel se hizo famoso en su pueblo. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] [ (Daniel 14:25) A lo que Daniel contestó: Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] [ (Daniel 14:25) A lo que Daniel contestó: Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. ] [ (Daniel 14:26) Si tú, rey, me lo permites, yo mataré a este dragón sin espada ni palo. Respondióle el rey: En tu poder está. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] [ (Daniel 14:25) A lo que Daniel contestó: Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. ] [ (Daniel 14:26) Si tú, rey, me lo permites, yo mataré a este dragón sin espada ni palo. Respondióle el rey: En tu poder está. ] [ (Daniel 14:27) Y tomando Daniel pez, grasa y pelos, lo hirvió todo junto, e hizo unas bolas, que luego dio al dragón, el cual las comió, reventando con ellas. Y dijo: Mirad lo que venerabais. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] [ (Daniel 14:25) A lo que Daniel contestó: Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. ] [ (Daniel 14:26) Si tú, rey, me lo permites, yo mataré a este dragón sin espada ni palo. Respondióle el rey: En tu poder está. ] [ (Daniel 14:27) Y tomando Daniel pez, grasa y pelos, lo hirvió todo junto, e hizo unas bolas, que luego dio al dragón, el cual las comió, reventando con ellas. Y dijo: Mirad lo que venerabais. ] [ (Daniel 14:28) Cuando esto oyeron los babilonios, se irritaron sobremanera y se amotinaron contra el rey, diciendo: El rey se ha hecho judío. Ha derribado a Bel, ha matado al dragón y ha degollado a sus sacerdotes. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] [ (Daniel 14:25) A lo que Daniel contestó: Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. ] [ (Daniel 14:26) Si tú, rey, me lo permites, yo mataré a este dragón sin espada ni palo. Respondióle el rey: En tu poder está. ] [ (Daniel 14:27) Y tomando Daniel pez, grasa y pelos, lo hirvió todo junto, e hizo unas bolas, que luego dio al dragón, el cual las comió, reventando con ellas. Y dijo: Mirad lo que venerabais. ] [ (Daniel 14:28) Cuando esto oyeron los babilonios, se irritaron sobremanera y se amotinaron contra el rey, diciendo: El rey se ha hecho judío. Ha derribado a Bel, ha matado al dragón y ha degollado a sus sacerdotes. ] [ (Daniel 14:29) Y llegándose al rey, le dijeron: Entréganos a Daniel; si no, te mataremos a ti y a tu casa." ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] [ (Daniel 14:25) A lo que Daniel contestó: Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. ] [ (Daniel 14:26) Si tú, rey, me lo permites, yo mataré a este dragón sin espada ni palo. Respondióle el rey: En tu poder está. ] [ (Daniel 14:27) Y tomando Daniel pez, grasa y pelos, lo hirvió todo junto, e hizo unas bolas, que luego dio al dragón, el cual las comió, reventando con ellas. Y dijo: Mirad lo que venerabais. ] [ (Daniel 14:28) Cuando esto oyeron los babilonios, se irritaron sobremanera y se amotinaron contra el rey, diciendo: El rey se ha hecho judío. Ha derribado a Bel, ha matado al dragón y ha degollado a sus sacerdotes. ] [ (Daniel 14:29) Y llegándose al rey, le dijeron: Entréganos a Daniel; si no, te mataremos a ti y a tu casa." ] [ (Daniel 14:30) Y viéndose el rey muy acosado, les entregó a Daniel a la fuerza, ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] [ (Daniel 14:25) A lo que Daniel contestó: Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. ] [ (Daniel 14:26) Si tú, rey, me lo permites, yo mataré a este dragón sin espada ni palo. Respondióle el rey: En tu poder está. ] [ (Daniel 14:27) Y tomando Daniel pez, grasa y pelos, lo hirvió todo junto, e hizo unas bolas, que luego dio al dragón, el cual las comió, reventando con ellas. Y dijo: Mirad lo que venerabais. ] [ (Daniel 14:28) Cuando esto oyeron los babilonios, se irritaron sobremanera y se amotinaron contra el rey, diciendo: El rey se ha hecho judío. Ha derribado a Bel, ha matado al dragón y ha degollado a sus sacerdotes. ] [ (Daniel 14:29) Y llegándose al rey, le dijeron: Entréganos a Daniel; si no, te mataremos a ti y a tu casa." ] [ (Daniel 14:30) Y viéndose el rey muy acosado, les entregó a Daniel a la fuerza, ] [ (Daniel 14:31) y le arrojaron al foso de los leones. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] [ (Daniel 14:25) A lo que Daniel contestó: Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. ] [ (Daniel 14:26) Si tú, rey, me lo permites, yo mataré a este dragón sin espada ni palo. Respondióle el rey: En tu poder está. ] [ (Daniel 14:27) Y tomando Daniel pez, grasa y pelos, lo hirvió todo junto, e hizo unas bolas, que luego dio al dragón, el cual las comió, reventando con ellas. Y dijo: Mirad lo que venerabais. ] [ (Daniel 14:28) Cuando esto oyeron los babilonios, se irritaron sobremanera y se amotinaron contra el rey, diciendo: El rey se ha hecho judío. Ha derribado a Bel, ha matado al dragón y ha degollado a sus sacerdotes. ] [ (Daniel 14:29) Y llegándose al rey, le dijeron: Entréganos a Daniel; si no, te mataremos a ti y a tu casa." ] [ (Daniel 14:30) Y viéndose el rey muy acosado, les entregó a Daniel a la fuerza, ] [ (Daniel 14:31) y le arrojaron al foso de los leones. ] [ (Daniel 14:32) Había allí siete leones y allí estuvo Daniel siete días. Daban a los leones cada día dos cuerpos humanos y dos ovejas. Pero durante aquellos días no les dieron nada para que devorasen a Daniel. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] [ (Daniel 14:25) A lo que Daniel contestó: Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. ] [ (Daniel 14:26) Si tú, rey, me lo permites, yo mataré a este dragón sin espada ni palo. Respondióle el rey: En tu poder está. ] [ (Daniel 14:27) Y tomando Daniel pez, grasa y pelos, lo hirvió todo junto, e hizo unas bolas, que luego dio al dragón, el cual las comió, reventando con ellas. Y dijo: Mirad lo que venerabais. ] [ (Daniel 14:28) Cuando esto oyeron los babilonios, se irritaron sobremanera y se amotinaron contra el rey, diciendo: El rey se ha hecho judío. Ha derribado a Bel, ha matado al dragón y ha degollado a sus sacerdotes. ] [ (Daniel 14:29) Y llegándose al rey, le dijeron: Entréganos a Daniel; si no, te mataremos a ti y a tu casa." ] [ (Daniel 14:30) Y viéndose el rey muy acosado, les entregó a Daniel a la fuerza, ] [ (Daniel 14:31) y le arrojaron al foso de los leones. ] [ (Daniel 14:32) Había allí siete leones y allí estuvo Daniel siete días. Daban a los leones cada día dos cuerpos humanos y dos ovejas. Pero durante aquellos días no les dieron nada para que devorasen a Daniel. ] [ (Daniel 14:33) Vivía entonces en Judá el profeta Habacuc, el cual, cocida la comida y mojado el pan en la cazuela, se iba al campo para llevarlo a los segadores. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] [ (Daniel 14:25) A lo que Daniel contestó: Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. ] [ (Daniel 14:26) Si tú, rey, me lo permites, yo mataré a este dragón sin espada ni palo. Respondióle el rey: En tu poder está. ] [ (Daniel 14:27) Y tomando Daniel pez, grasa y pelos, lo hirvió todo junto, e hizo unas bolas, que luego dio al dragón, el cual las comió, reventando con ellas. Y dijo: Mirad lo que venerabais. ] [ (Daniel 14:28) Cuando esto oyeron los babilonios, se irritaron sobremanera y se amotinaron contra el rey, diciendo: El rey se ha hecho judío. Ha derribado a Bel, ha matado al dragón y ha degollado a sus sacerdotes. ] [ (Daniel 14:29) Y llegándose al rey, le dijeron: Entréganos a Daniel; si no, te mataremos a ti y a tu casa." ] [ (Daniel 14:30) Y viéndose el rey muy acosado, les entregó a Daniel a la fuerza, ] [ (Daniel 14:31) y le arrojaron al foso de los leones. ] [ (Daniel 14:32) Había allí siete leones y allí estuvo Daniel siete días. Daban a los leones cada día dos cuerpos humanos y dos ovejas. Pero durante aquellos días no les dieron nada para que devorasen a Daniel. ] [ (Daniel 14:33) Vivía entonces en Judá el profeta Habacuc, el cual, cocida la comida y mojado el pan en la cazuela, se iba al campo para llevarlo a los segadores. ] [ (Daniel 14:34) Pero el ángel del Señor dijo a Habacuc: Lleva la comida que tienes preparada a Daniel, que está en Babilonia en el foso de los leones. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] [ (Daniel 14:25) A lo que Daniel contestó: Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. ] [ (Daniel 14:26) Si tú, rey, me lo permites, yo mataré a este dragón sin espada ni palo. Respondióle el rey: En tu poder está. ] [ (Daniel 14:27) Y tomando Daniel pez, grasa y pelos, lo hirvió todo junto, e hizo unas bolas, que luego dio al dragón, el cual las comió, reventando con ellas. Y dijo: Mirad lo que venerabais. ] [ (Daniel 14:28) Cuando esto oyeron los babilonios, se irritaron sobremanera y se amotinaron contra el rey, diciendo: El rey se ha hecho judío. Ha derribado a Bel, ha matado al dragón y ha degollado a sus sacerdotes. ] [ (Daniel 14:29) Y llegándose al rey, le dijeron: Entréganos a Daniel; si no, te mataremos a ti y a tu casa." ] [ (Daniel 14:30) Y viéndose el rey muy acosado, les entregó a Daniel a la fuerza, ] [ (Daniel 14:31) y le arrojaron al foso de los leones. ] [ (Daniel 14:32) Había allí siete leones y allí estuvo Daniel siete días. Daban a los leones cada día dos cuerpos humanos y dos ovejas. Pero durante aquellos días no les dieron nada para que devorasen a Daniel. ] [ (Daniel 14:33) Vivía entonces en Judá el profeta Habacuc, el cual, cocida la comida y mojado el pan en la cazuela, se iba al campo para llevarlo a los segadores. ] [ (Daniel 14:34) Pero el ángel del Señor dijo a Habacuc: Lleva la comida que tienes preparada a Daniel, que está en Babilonia en el foso de los leones. ] [ (Daniel 14:35) Y contestó Habacuc: Señor, nunca he visto a Babilonia y no sé qué es el foso de los leones. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] [ (Daniel 14:25) A lo que Daniel contestó: Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. ] [ (Daniel 14:26) Si tú, rey, me lo permites, yo mataré a este dragón sin espada ni palo. Respondióle el rey: En tu poder está. ] [ (Daniel 14:27) Y tomando Daniel pez, grasa y pelos, lo hirvió todo junto, e hizo unas bolas, que luego dio al dragón, el cual las comió, reventando con ellas. Y dijo: Mirad lo que venerabais. ] [ (Daniel 14:28) Cuando esto oyeron los babilonios, se irritaron sobremanera y se amotinaron contra el rey, diciendo: El rey se ha hecho judío. Ha derribado a Bel, ha matado al dragón y ha degollado a sus sacerdotes. ] [ (Daniel 14:29) Y llegándose al rey, le dijeron: Entréganos a Daniel; si no, te mataremos a ti y a tu casa." ] [ (Daniel 14:30) Y viéndose el rey muy acosado, les entregó a Daniel a la fuerza, ] [ (Daniel 14:31) y le arrojaron al foso de los leones. ] [ (Daniel 14:32) Había allí siete leones y allí estuvo Daniel siete días. Daban a los leones cada día dos cuerpos humanos y dos ovejas. Pero durante aquellos días no les dieron nada para que devorasen a Daniel. ] [ (Daniel 14:33) Vivía entonces en Judá el profeta Habacuc, el cual, cocida la comida y mojado el pan en la cazuela, se iba al campo para llevarlo a los segadores. ] [ (Daniel 14:34) Pero el ángel del Señor dijo a Habacuc: Lleva la comida que tienes preparada a Daniel, que está en Babilonia en el foso de los leones. ] [ (Daniel 14:35) Y contestó Habacuc: Señor, nunca he visto a Babilonia y no sé qué es el foso de los leones. ] [ (Daniel 14:36) Y tomándole el ángel del Señor por la coronilla, por los cabellos de su cabeza, le llevó a Babilonia, encima del foso, con la velocidad del espíritu. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] [ (Daniel 14:25) A lo que Daniel contestó: Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. ] [ (Daniel 14:26) Si tú, rey, me lo permites, yo mataré a este dragón sin espada ni palo. Respondióle el rey: En tu poder está. ] [ (Daniel 14:27) Y tomando Daniel pez, grasa y pelos, lo hirvió todo junto, e hizo unas bolas, que luego dio al dragón, el cual las comió, reventando con ellas. Y dijo: Mirad lo que venerabais. ] [ (Daniel 14:28) Cuando esto oyeron los babilonios, se irritaron sobremanera y se amotinaron contra el rey, diciendo: El rey se ha hecho judío. Ha derribado a Bel, ha matado al dragón y ha degollado a sus sacerdotes. ] [ (Daniel 14:29) Y llegándose al rey, le dijeron: Entréganos a Daniel; si no, te mataremos a ti y a tu casa." ] [ (Daniel 14:30) Y viéndose el rey muy acosado, les entregó a Daniel a la fuerza, ] [ (Daniel 14:31) y le arrojaron al foso de los leones. ] [ (Daniel 14:32) Había allí siete leones y allí estuvo Daniel siete días. Daban a los leones cada día dos cuerpos humanos y dos ovejas. Pero durante aquellos días no les dieron nada para que devorasen a Daniel. ] [ (Daniel 14:33) Vivía entonces en Judá el profeta Habacuc, el cual, cocida la comida y mojado el pan en la cazuela, se iba al campo para llevarlo a los segadores. ] [ (Daniel 14:34) Pero el ángel del Señor dijo a Habacuc: Lleva la comida que tienes preparada a Daniel, que está en Babilonia en el foso de los leones. ] [ (Daniel 14:35) Y contestó Habacuc: Señor, nunca he visto a Babilonia y no sé qué es el foso de los leones. ] [ (Daniel 14:36) Y tomándole el ángel del Señor por la coronilla, por los cabellos de su cabeza, le llevó a Babilonia, encima del foso, con la velocidad del espíritu. ] [ (Daniel 14:37) Y gritó Habacuc: ¡Daniel,.Paniel! toma la comida que Dios te envía. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] [ (Daniel 14:25) A lo que Daniel contestó: Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. ] [ (Daniel 14:26) Si tú, rey, me lo permites, yo mataré a este dragón sin espada ni palo. Respondióle el rey: En tu poder está. ] [ (Daniel 14:27) Y tomando Daniel pez, grasa y pelos, lo hirvió todo junto, e hizo unas bolas, que luego dio al dragón, el cual las comió, reventando con ellas. Y dijo: Mirad lo que venerabais. ] [ (Daniel 14:28) Cuando esto oyeron los babilonios, se irritaron sobremanera y se amotinaron contra el rey, diciendo: El rey se ha hecho judío. Ha derribado a Bel, ha matado al dragón y ha degollado a sus sacerdotes. ] [ (Daniel 14:29) Y llegándose al rey, le dijeron: Entréganos a Daniel; si no, te mataremos a ti y a tu casa." ] [ (Daniel 14:30) Y viéndose el rey muy acosado, les entregó a Daniel a la fuerza, ] [ (Daniel 14:31) y le arrojaron al foso de los leones. ] [ (Daniel 14:32) Había allí siete leones y allí estuvo Daniel siete días. Daban a los leones cada día dos cuerpos humanos y dos ovejas. Pero durante aquellos días no les dieron nada para que devorasen a Daniel. ] [ (Daniel 14:33) Vivía entonces en Judá el profeta Habacuc, el cual, cocida la comida y mojado el pan en la cazuela, se iba al campo para llevarlo a los segadores. ] [ (Daniel 14:34) Pero el ángel del Señor dijo a Habacuc: Lleva la comida que tienes preparada a Daniel, que está en Babilonia en el foso de los leones. ] [ (Daniel 14:35) Y contestó Habacuc: Señor, nunca he visto a Babilonia y no sé qué es el foso de los leones. ] [ (Daniel 14:36) Y tomándole el ángel del Señor por la coronilla, por los cabellos de su cabeza, le llevó a Babilonia, encima del foso, con la velocidad del espíritu. ] [ (Daniel 14:37) Y gritó Habacuc: ¡Daniel,.Paniel! toma la comida que Dios te envía. ] [ (Daniel 14:38) Y contestó Daniel: En verdad, ¡oh Dios! te has acordado de mí, pues no abandonas a los que te aman. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] [ (Daniel 14:25) A lo que Daniel contestó: Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. ] [ (Daniel 14:26) Si tú, rey, me lo permites, yo mataré a este dragón sin espada ni palo. Respondióle el rey: En tu poder está. ] [ (Daniel 14:27) Y tomando Daniel pez, grasa y pelos, lo hirvió todo junto, e hizo unas bolas, que luego dio al dragón, el cual las comió, reventando con ellas. Y dijo: Mirad lo que venerabais. ] [ (Daniel 14:28) Cuando esto oyeron los babilonios, se irritaron sobremanera y se amotinaron contra el rey, diciendo: El rey se ha hecho judío. Ha derribado a Bel, ha matado al dragón y ha degollado a sus sacerdotes. ] [ (Daniel 14:29) Y llegándose al rey, le dijeron: Entréganos a Daniel; si no, te mataremos a ti y a tu casa." ] [ (Daniel 14:30) Y viéndose el rey muy acosado, les entregó a Daniel a la fuerza, ] [ (Daniel 14:31) y le arrojaron al foso de los leones. ] [ (Daniel 14:32) Había allí siete leones y allí estuvo Daniel siete días. Daban a los leones cada día dos cuerpos humanos y dos ovejas. Pero durante aquellos días no les dieron nada para que devorasen a Daniel. ] [ (Daniel 14:33) Vivía entonces en Judá el profeta Habacuc, el cual, cocida la comida y mojado el pan en la cazuela, se iba al campo para llevarlo a los segadores. ] [ (Daniel 14:34) Pero el ángel del Señor dijo a Habacuc: Lleva la comida que tienes preparada a Daniel, que está en Babilonia en el foso de los leones. ] [ (Daniel 14:35) Y contestó Habacuc: Señor, nunca he visto a Babilonia y no sé qué es el foso de los leones. ] [ (Daniel 14:36) Y tomándole el ángel del Señor por la coronilla, por los cabellos de su cabeza, le llevó a Babilonia, encima del foso, con la velocidad del espíritu. ] [ (Daniel 14:37) Y gritó Habacuc: ¡Daniel,.Paniel! toma la comida que Dios te envía. ] [ (Daniel 14:38) Y contestó Daniel: En verdad, ¡oh Dios! te has acordado de mí, pues no abandonas a los que te aman. ] [ (Daniel 14:39) Y levantándose, comió, y al instante el ángel de Dios restituyó a Habacuc a su lugar. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] [ (Daniel 14:25) A lo que Daniel contestó: Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. ] [ (Daniel 14:26) Si tú, rey, me lo permites, yo mataré a este dragón sin espada ni palo. Respondióle el rey: En tu poder está. ] [ (Daniel 14:27) Y tomando Daniel pez, grasa y pelos, lo hirvió todo junto, e hizo unas bolas, que luego dio al dragón, el cual las comió, reventando con ellas. Y dijo: Mirad lo que venerabais. ] [ (Daniel 14:28) Cuando esto oyeron los babilonios, se irritaron sobremanera y se amotinaron contra el rey, diciendo: El rey se ha hecho judío. Ha derribado a Bel, ha matado al dragón y ha degollado a sus sacerdotes. ] [ (Daniel 14:29) Y llegándose al rey, le dijeron: Entréganos a Daniel; si no, te mataremos a ti y a tu casa." ] [ (Daniel 14:30) Y viéndose el rey muy acosado, les entregó a Daniel a la fuerza, ] [ (Daniel 14:31) y le arrojaron al foso de los leones. ] [ (Daniel 14:32) Había allí siete leones y allí estuvo Daniel siete días. Daban a los leones cada día dos cuerpos humanos y dos ovejas. Pero durante aquellos días no les dieron nada para que devorasen a Daniel. ] [ (Daniel 14:33) Vivía entonces en Judá el profeta Habacuc, el cual, cocida la comida y mojado el pan en la cazuela, se iba al campo para llevarlo a los segadores. ] [ (Daniel 14:34) Pero el ángel del Señor dijo a Habacuc: Lleva la comida que tienes preparada a Daniel, que está en Babilonia en el foso de los leones. ] [ (Daniel 14:35) Y contestó Habacuc: Señor, nunca he visto a Babilonia y no sé qué es el foso de los leones. ] [ (Daniel 14:36) Y tomándole el ángel del Señor por la coronilla, por los cabellos de su cabeza, le llevó a Babilonia, encima del foso, con la velocidad del espíritu. ] [ (Daniel 14:37) Y gritó Habacuc: ¡Daniel,.Paniel! toma la comida que Dios te envía. ] [ (Daniel 14:38) Y contestó Daniel: En verdad, ¡oh Dios! te has acordado de mí, pues no abandonas a los que te aman. ] [ (Daniel 14:39) Y levantándose, comió, y al instante el ángel de Dios restituyó a Habacuc a su lugar. ] [ (Daniel 14:40) Al día siguiente vino el rey a llorar a Daniel, y, llegando al foso, miró y vio a Daniel sentado. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] [ (Daniel 14:25) A lo que Daniel contestó: Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. ] [ (Daniel 14:26) Si tú, rey, me lo permites, yo mataré a este dragón sin espada ni palo. Respondióle el rey: En tu poder está. ] [ (Daniel 14:27) Y tomando Daniel pez, grasa y pelos, lo hirvió todo junto, e hizo unas bolas, que luego dio al dragón, el cual las comió, reventando con ellas. Y dijo: Mirad lo que venerabais. ] [ (Daniel 14:28) Cuando esto oyeron los babilonios, se irritaron sobremanera y se amotinaron contra el rey, diciendo: El rey se ha hecho judío. Ha derribado a Bel, ha matado al dragón y ha degollado a sus sacerdotes. ] [ (Daniel 14:29) Y llegándose al rey, le dijeron: Entréganos a Daniel; si no, te mataremos a ti y a tu casa." ] [ (Daniel 14:30) Y viéndose el rey muy acosado, les entregó a Daniel a la fuerza, ] [ (Daniel 14:31) y le arrojaron al foso de los leones. ] [ (Daniel 14:32) Había allí siete leones y allí estuvo Daniel siete días. Daban a los leones cada día dos cuerpos humanos y dos ovejas. Pero durante aquellos días no les dieron nada para que devorasen a Daniel. ] [ (Daniel 14:33) Vivía entonces en Judá el profeta Habacuc, el cual, cocida la comida y mojado el pan en la cazuela, se iba al campo para llevarlo a los segadores. ] [ (Daniel 14:34) Pero el ángel del Señor dijo a Habacuc: Lleva la comida que tienes preparada a Daniel, que está en Babilonia en el foso de los leones. ] [ (Daniel 14:35) Y contestó Habacuc: Señor, nunca he visto a Babilonia y no sé qué es el foso de los leones. ] [ (Daniel 14:36) Y tomándole el ángel del Señor por la coronilla, por los cabellos de su cabeza, le llevó a Babilonia, encima del foso, con la velocidad del espíritu. ] [ (Daniel 14:37) Y gritó Habacuc: ¡Daniel,.Paniel! toma la comida que Dios te envía. ] [ (Daniel 14:38) Y contestó Daniel: En verdad, ¡oh Dios! te has acordado de mí, pues no abandonas a los que te aman. ] [ (Daniel 14:39) Y levantándose, comió, y al instante el ángel de Dios restituyó a Habacuc a su lugar. ] [ (Daniel 14:40) Al día siguiente vino el rey a llorar a Daniel, y, llegando al foso, miró y vio a Daniel sentado. ] [ (Daniel 14:41) Entonces, levantando la voz, dijo: ¡Grande eres, Señor, Dios de Daniel, y no hay otro fuera de ti! ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] [ (Daniel 14:25) A lo que Daniel contestó: Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. ] [ (Daniel 14:26) Si tú, rey, me lo permites, yo mataré a este dragón sin espada ni palo. Respondióle el rey: En tu poder está. ] [ (Daniel 14:27) Y tomando Daniel pez, grasa y pelos, lo hirvió todo junto, e hizo unas bolas, que luego dio al dragón, el cual las comió, reventando con ellas. Y dijo: Mirad lo que venerabais. ] [ (Daniel 14:28) Cuando esto oyeron los babilonios, se irritaron sobremanera y se amotinaron contra el rey, diciendo: El rey se ha hecho judío. Ha derribado a Bel, ha matado al dragón y ha degollado a sus sacerdotes. ] [ (Daniel 14:29) Y llegándose al rey, le dijeron: Entréganos a Daniel; si no, te mataremos a ti y a tu casa." ] [ (Daniel 14:30) Y viéndose el rey muy acosado, les entregó a Daniel a la fuerza, ] [ (Daniel 14:31) y le arrojaron al foso de los leones. ] [ (Daniel 14:32) Había allí siete leones y allí estuvo Daniel siete días. Daban a los leones cada día dos cuerpos humanos y dos ovejas. Pero durante aquellos días no les dieron nada para que devorasen a Daniel. ] [ (Daniel 14:33) Vivía entonces en Judá el profeta Habacuc, el cual, cocida la comida y mojado el pan en la cazuela, se iba al campo para llevarlo a los segadores. ] [ (Daniel 14:34) Pero el ángel del Señor dijo a Habacuc: Lleva la comida que tienes preparada a Daniel, que está en Babilonia en el foso de los leones. ] [ (Daniel 14:35) Y contestó Habacuc: Señor, nunca he visto a Babilonia y no sé qué es el foso de los leones. ] [ (Daniel 14:36) Y tomándole el ángel del Señor por la coronilla, por los cabellos de su cabeza, le llevó a Babilonia, encima del foso, con la velocidad del espíritu. ] [ (Daniel 14:37) Y gritó Habacuc: ¡Daniel,.Paniel! toma la comida que Dios te envía. ] [ (Daniel 14:38) Y contestó Daniel: En verdad, ¡oh Dios! te has acordado de mí, pues no abandonas a los que te aman. ] [ (Daniel 14:39) Y levantándose, comió, y al instante el ángel de Dios restituyó a Habacuc a su lugar. ] [ (Daniel 14:40) Al día siguiente vino el rey a llorar a Daniel, y, llegando al foso, miró y vio a Daniel sentado. ] [ (Daniel 14:41) Entonces, levantando la voz, dijo: ¡Grande eres, Señor, Dios de Daniel, y no hay otro fuera de ti! ] [ (Daniel 14:42) Y le sacó del foso y arrojó en él a los causantes de su condena, que al instante en su presencia fueron devorados. ] Luego me dijo: ¡Nada temas, varón predilecto; sea contigo la paz! ¡Animo, valor! Y, en habiéndome, recobré mis fuerzas, y dije: Hable mi señor, pues me has fortalecido." [ (Daniel 14:1) Reunióse Astiages con sus padres, sucediéndole en el reino Ciro el persa. ] [ (Daniel 14:2) Era Daniel uno de los comensales del rey y el más honrado de todos sus amigos. ] [ (Daniel 14:3) Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel, que cotidianamente consumía doce altabas de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. ] [ (Daniel 14:4) El rey le veneraba e iba cada día a adorarle, pero Daniel adoraba a su Dios. Díjole el rey: ¿Por qué no adoras a Bel? ] [ (Daniel 14:5) A lo que Daniel respondió: Porque yo no adoro ídolos hechos por manos de hombres, sino al Dios vivo, Hacedor del cielo y de la tierra y soberano de toda carne. ] [ (Daniel 14:6) El rey le replicó: ¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves cuánto come y bebe cada día? ] [ (Daniel 14:7) Le contestó Daniel, riendo: No se deje engañar el rey; éste, que por dentro sólo es barro y por fuera sólo bronce, no ha comido jamás." ] [ (Daniel 14:8) Encolerizado el rey, llamó a los sacerdotes y les dijo: Si no me decís quién consume todas estas provisiones, moriréis;" ] [ (Daniel 14:9) pero, si me hacéis ver que es Bel quien las consume, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel. Contestó Daniel al rey: Hágase según tu palabra. ] [ (Daniel 14:10) Setenta eran los sacerdotes de Bel, fuera de sus mujeres e hijos. Vino el rey con Daniel al templo de Bel, ] [ (Daniel 14:11) y le dijeron los sacerdotes: Nosotros saldremos fuera, y tú, rey, pondrás los alimentos y el vino mezclados y -cerrarás la puerta y la sellarás con tu anillo, ] [ (Daniel 14:12) y si al venir por la mañana no hallamos que los alimentos han sido consumidos por Bel, moriremos; en caso contrario, Daniel nos habrá calumniado." ] [ (Daniel 14:13) Estaban ellos muy confiados, porque debajo de la mesa habían hecho una entrada secreta, por la cual se introducían siempre para consumir las provisiones. ] [ (Daniel 14:14) Pero así que salieron ellos y el rey colocó las provisiones, ordenó Daniel a sus siervos que trajeran ceniza, y en presencia del rey solo, la extendieron por todo el pavimento del templo. Después salieron y cerraron las puertas; luego de sellarlas con el sello real, se retiraron." ] [ (Daniel 14:15) Por la noche vinieron, como de costumbre, los sacerdotes con sus mujeres e hijos y comieron y bebieron todas las provisiones. ] [ (Daniel 14:16) Madrugó el rey muy de mañana, y Daniel con él, ] [ (Daniel 14:17) y dijo el rey: Daniel, ¿están intactos los sellos? Daniel contestó: Intactos, rey. ] [ (Daniel 14:18) Abrió luego las puertas y miró el rey a la mesa, y dijo en alta voz: Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno. ] [ (Daniel 14:19) Se sonrió Daniel, y deteniendo al rey para que no entrase dentro, le dijo: Mira el pavimento y ve de quién son estas pisadas. ] [ (Daniel 14:20) Respondió el rey: Veo pisadas de hombres, de mujeres y de niños. E irritado el rey, ] [ (Daniel 14:21) hizo prender a los sacerdotes, a sus mujeres e hijos, que le mostraron la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que se colocaba sobre la mesa, ] [ (Daniel 14:22) y los mandó matar. Después entregó Bel a Daniel, que lo destruyó, así como su templo. ] [ (Daniel 14:23) Había también un gran dragón, muy venerado de los babilonios. ] [ (Daniel 14:24) Dijo el rey a Daniel: ¡No dirás de éste que es hecho de bronce! Mira que está vivo y come y bebe; de éste no podrás decir que no es dios vivo. Adórale, pues." ] [ (Daniel 14:25) A lo que Daniel contestó: Al Señor, mi Dios, adoraré, porque El solo es Dios vivo. ] [ (Daniel 14:26) Si tú, rey, me lo permites, yo mataré a este dragón sin espada ni palo. Respondióle el rey: En tu poder está. ] [ (Daniel 14:27) Y tomando Daniel pez, grasa y pelos, lo hirvió todo junto, e hizo unas bolas, que luego dio al dragón, el cual las comió, reventando con ellas. Y dijo: Mirad lo que venerabais. ] [ (Daniel 14:28) Cuando esto oyeron los babilonios, se irritaron sobremanera y se amotinaron contra el rey, diciendo: El rey se ha hecho judío. Ha derribado a Bel, ha matado al dragón y ha degollado a sus sacerdotes. ] [ (Daniel 14:29) Y llegándose al rey, le dijeron: Entréganos a Daniel; si no, te mataremos a ti y a tu casa." ] [ (Daniel 14:30) Y viéndose el rey muy acosado, les entregó a Daniel a la fuerza, ] [ (Daniel 14:31) y le arrojaron al foso de los leones. ] [ (Daniel 14:32) Había allí siete leones y allí estuvo Daniel siete días. Daban a los leones cada día dos cuerpos humanos y dos ovejas. Pero durante aquellos días no les dieron nada para que devorasen a Daniel. ] [ (Daniel 14:33) Vivía entonces en Judá el profeta Habacuc, el cual, cocida la comida y mojado el pan en la cazuela, se iba al campo para llevarlo a los segadores. ] [ (Daniel 14:34) Pero el ángel del Señor dijo a Habacuc: Lleva la comida que tienes preparada a Daniel, que está en Babilonia en el foso de los leones. ] [ (Daniel 14:35) Y contestó Habacuc: Señor, nunca he visto a Babilonia y no sé qué es el foso de los leones. ] [ (Daniel 14:36) Y tomándole el ángel del Señor por la coronilla, por los cabellos de su cabeza, le llevó a Babilonia, encima del foso, con la velocidad del espíritu. ] [ (Daniel 14:37) Y gritó Habacuc: ¡Daniel,.Paniel! toma la comida que Dios te envía. ] [ (Daniel 14:38) Y contestó Daniel: En verdad, ¡oh Dios! te has acordado de mí, pues no abandonas a los que te aman. ] [ (Daniel 14:39) Y levantándose, comió, y al instante el ángel de Dios restituyó a Habacuc a su lugar. ] [ (Daniel 14:40) Al día siguiente vino el rey a llorar a Daniel, y, llegando al foso, miró y vio a Daniel sentado. ] [ (Daniel 14:41) Entonces, levantando la voz, dijo: ¡Grande eres, Señor, Dios de Daniel, y no hay otro fuera de ti! ] [ (Daniel 14:42) Y le sacó del foso y arrojó en él a los causantes de su condena, que al instante en su presencia fueron devorados. ] [ (Daniel 14:43) Entonces el rey dijo: Teman todos los moradores de la tierra al Dios de Daniel, porque es el verdadero salvador, que hace milagros y maravillas en la tierra y ha librado a Daniel del foso de los leones. ] Palabra de Yahvé dirigida a Oseas, hijo de Beeri, en tiempos de Ozías, Joatán, Acaz y Exequias, reyes de Judá, y en tiempos de Jeroboam, hijo de Joás, rey de Israel. Comienzo del hablar de Yahvé en Oseas: Dijo Yahvé a Oseas: Ve y toma por mujer a una prostituta y engendra hijos de prostitución, pues que se prostituye la tierra apartándose de Yahvé. Fue, pues, y tomó por mujer a Gomer, hija de Diblayim, que concibió y le parió un hijo, y le dijo Yahvé: Ponle por nombre Jezrael, porque de aquí a poco visitaré yo las matanzas de Jezrael sobre la casa de Jehú y pondré fin al reino de la casa de Israel. Aquel día romperé yo el arco de Israel en el valle de Jezrael. Concibió ella de nuevo y parió una hija, y Yahvé dijo a * Oseas: Dale el nombre de “Lo-Rujamá,” porque ya no me compadeceré de la casa de Israel, no la perdonaré jamás. Pero tendré misericordia de la casa de Judá, y los salvaré por Yahvé, Dios; no los salvaré con arco, ni con espada, ni con guerra, ni con caballos, ni con jinetes." Luego de destetar a “Lo-Rujamá,” volvió a concebir y parió un hijo, y dijo Yahvé: Llámalo “Lo-Ammí,” porque vosotros no sois mi pueblo, y yo no soy vuestro Dios. (1) Y será la muchedumbre de los hijos de Israel como las arenas del mar, que son sin medida y sin número, y en el lugar mismo en que se les dijo: “Vosotros no sois mi pueblo,” se dirá de ellos: “Los hijos del Dios vivo,” (2) Los hijos de Judá y los hijos de Israel se juntarán en uno y se darán un jefe único y se desbordarán de la tierra, pues será grande el día de Jezrael. (2) Los hijos de Judá y los hijos de Israel se juntarán en uno y se darán un jefe único y se desbordarán de la tierra, pues será grande el día de Jezrael. [ (Hosea 1:12) (3) Decid, pues, a vuestro hermano “Ammí” y a vuestra hermana “Rujamá.” ] -- omitido por paráfrasis -- (4) Protestad de vuestra madre, porque ni ella es mi mujer ni yo soy su marido. Que deje de su rostro sus fornicaciones y de entre sus pechos sus prostituciones, (5) no sea que yo la despoje, y, desnuda, la ponga como el día en que nació, y la convierta en desierto, en tierra árida, y la haga morir de sed. (6) Y no tendré piedad de sus hijos, porque son hijos de prostitución. (7) Su madre se prostituyó; la que los concibió se deshonró y dijo: Me iré tras de mis amantes, que ellos me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mi bebida. (8) Por eso voy yo a cercar sus caminos con zarzas y a alzar un muro para que no pueda ya hallar sus sendas." (9) Irá en seguimiento de sus amantes, pero no los alcanzará; los buscará, mas no los hallará, y se dirá: Voy a volverme con mi primer marido, pues mejor me iba entonces que me va ahora." (10) No ha querido reconocer que era yo quien le daba el trigo, el mosto y el aceite, y la plata que yo pródigamente le di, igual que el oro, se lo consagró a Baal. (11) Por eso voy a recobrar mi trigo a su tiempo y mi mosto a su sazón, y me tomaré mi lana y mi lino, que habían de cubrir su desnudez, (12) y voy a descubrir sus vergüenzas a los ojos de sus amantes. Nadie la librará de mi mano. (13) Haré cesar todas sus alegrías, sus fiestas, sus novilunios, sus sábados y todas sus solemnidades. (l4) Talaré sus viñas y sus higuerales, de los que decía: Es el salario que mis amantes me dan. La reduciré a un matorral y la devorarán las bestias del campo. (15) La castigaré por los días en que incensaba a los baales y, adornándose con sus anillos y sus collares, se iba con sus amantes y me olvidaba a mí, dice Yahvé. (16) Así, la atraeré y le llevaré al desierto y le hablaré al corazón, (17) y fuera ya de allí, yo le daré sus viñas y el valle de Acor como puerta de esperanza, y allí cantará como cantaba los días de su juventud, como en los días en que subió de la tierra de Egipto” (18) Entonces, dice Yahvé, me llamará”!shí,” no me llamará “Baalí.” (19) Quitará de su boca los nombres de los baales, para que rio vuelva nunca a mencionarlos por su nombre. (20) En aquel día haré en favor de ellos concierto con las bestias del campo, con las aves del cielo y con los reptiles de la tierra, y quebraré en la tierra arco, espada y guerra, y haré que reposen seguros. (21) Seré tu Esposo para siempre y te desposaré conmigo en justicia, en juicio, en misericordias y piedades, (22) y yo seré tu Esposo en fidelidad, y tú reconocerás a Yahvé. (23) En aquel día yo seré propicio, dice Yahvé, a los cielos, y los cielos serán propicios a la tierra, (24) la tierra, propicia al trigo, al mosto y al aceite, y éstos, propicios a Jezrael. (25) Yo sembraré en la tierra para mí, y me compadeceré de “Lo-Rujamá (25) Yo sembraré en la tierra para mí, y me compadeceré de “Lo-Rujamá [ (Hosea 2:24) y diré a “Lo-Ammí”: “Tú eres mi pueblo”; y él me responderá: “Tú, mi Dios.” ] Díjome Yahvé: Ve otra vez y ama a una mujer amante de otro y adúltera; ámala como ama Yahvé a los hijos de Israel, a pesar de que se van tras otros dioses y se deleitan con las tortas de pasas." La compré por quince siclos de plata, un “jómer” de cebada y un “letej” de vino. Díjele: Has de estarte reservada para mí mucho tiempo, no te prostituyas, no te entregues a hombre alguno; también yo me reservaré para ti," porque mucho tiempo han de estar los hijos de Israel sin rey, sin jefe, sin sacrificio y sin cipos, y sin “efod” y sin “terafim.” Luego volverán los hijos de Israel y buscarán a Yahvé, su Dios, y a David, su rey, y se apresurarán a venir temerosos a Yahvé y a su bondad al fin de los días. Oíd la palabra de Yahvé, hijos de Israel, que va a querellarse Yahvé contra los habitantes del país, porque no existe ni fidelidad, ni amor, ni conocimiento de Dios en el país. Perjuran, mienten, asesinan, roban, adulteran, oprimen, y las sangres se suceden a las sangres. Por eso está en luto el país y desfallecen cuantos en él moran; aun las bestias salvajes y las aves del cielo y hasta los peces del mar perecen." Pero nadie protesta, nadie reprende. También contra vosotros me querello, oh sacerdotes! Tropezarás en pleno día, y contigo tropezará también el profeta de noche, y tú haces perecer a tu pueblo2. Perece mi pueblo por falta de conocimiento; 1 por haber rechazado tú el conocimiento, te rechazaré yo a ti de mi sacerdocio; por haber olvidado tú la ley de tu Dios, yo me olvidaré también de tus hijos." Cuantos son ellos, tantos fueron sus pecados contra mi; trocaron su gloria por la ignominia." Se alimentan de los pecados de mi pueblo y codician sus iniquidades. Y lo que del pueblo será, eso será también del sacerdote. Yo los castigaré según sus caminos y los retribuiré según sus obras. -- omitido por paráfrasis -- Comerán y no se saciarán, fornicarán y no se multiplicarán, porque se obstinaron en abandonar a Yahvé. Fornicación, vino y mosto quitan el juicio. Mi pueblo pregunta al leño, y su bastón le hace revelaciones, porque el espíritu de fornicación le ha descarriado y fornicaron, alejándose de su Dios. Ofrecen sacrificios en las cimas de los montes, y en los collados queman incienso bajo la encina, bajo los álamos, bajo los terebintos de grata sombra, Por eso se prostituyen vuestras hijas y adulteran vuestras nueras, y no castigaré las fornicaciones de vuestras hijas ni los adulterios de vuestras nueras, porque ellos mismos se van aparte con rameras y con las hieródulas ofrecen sacrificios, y el pueblo, por no entender, perecerá. Si tú, Israel, te prostituyes, que al menos no se haga culpable Judá. No vayáis a Guilgal, no subáis a Bet-Aven y no juréis (diciendo): ¡Vive Yahvé! Porque, como novilla cerril, es cerril Israel; por eso en adelante los apacentará Yahvé como a oveja en lugar amplio." Efraím se ha adherido a los ídolos; déjale." Su vino se les ha subido (a la cabeza), se han dado a la fornicación; a la gloria de Yahvé han preferido la ignominia." Arrebataráles el viento en sus alas y se avergonzarán de sus sacrificios. Oíd esto, sacerdotes. Escucha, ¡casa de Israel! Presta oído, ¡casa del rey! ¡que es contra vosotros la sentencia, pues habéis venido a ser un lazo para Mispá y una red tendida en el Tabor. Los perseguidores llevaron la perversidad al extremo! pero yo los castigaré a todos ellos. Yo conozco a Efraím, e Israel no se me oculta. Pues ahora te has prostituido, Efraím; se ha contaminado Israel." No dirigen sus obras a volver hacia Dios, porque un espíritu de fornicación hay en su interior y desconocen a Yahvé. La arrogancia le sale a Israel a la cara, pero tropezarán Israel y Efraím en su iniquidad, y con ellos tropezará también Judá. Con sus ovejas y sus vacadas irán en busca de Yahvé, pero no le hallarán, porque Yahvé se ha retirado de ellos. Han hecho traición a Yahvé, engendrando hijos extraños. Ahora un conquistador los devorará con sus campos. ¡Tocad la bocina en Guibá! ¡Tocad la trompeta en Rama ! ¡Sonad alarma en Bet-Aven! ¡Benjamín está aterrado! Efraím será campo de devastación el día del castigo; en las tribus de Israel anunció cosas ciertas." Los príncipes de Judá se han hecho como los que mudan los linderos; sobre ellos derramaré mi ira como agua." Efraím está oprimido, conculcado el derecho, porque se esfuerza en seguir la regla. Yo seré, pues, como polilla para Efraím y como carcoma para la casa de Judá. Efraím ve su debilidad, y ve Judá su llaga. Y Efraím se vuelve a Asiría, y mandó embajadores al rey grande, pero no podrá curaros ni sanar la llaga, Porque yo seré como león para Efraím y como cachorro de león para la casa de Judá. Yo, yo mismo cogeré la presa y me iré; yo la arrebataré, y nadie la salvará." Me iré, mas volveré a mi lugar hasta que hayan expiado su pecado y busquen mi rostro. En su angustia ya me buscarán. En su angustia me buscarán (diciendo): Venid y volvamos a Yahvé; El desgarró, El nos curará, El hirió, El nos vendará." El nos dará vida en dos días y al tercero nos levantará y viviremos ante EL Reconozcamos y apresurémonos a conocer a Yahvé. Como aurora está aparejada su aparición; vendrá como lluvia impetuosa, como lluvia primaveral que riega la tierra." ¿Qué voy a hacerte a ti, Efraím? ¿Qué voy a hacerte a ti, Judá? Vuestra piedad es como lluvia mañanera, como rocío matinal, pasajero. Por eso yo los he tajado por medio de los profetas, los he matado por las palabras de mi boca, y mis juicios han brotado como la luz. Pues prefiero la misericordia al sacrificio, y el conocimiento de Dios al holocausto. Pero ellos, como hombres, violaron la alianza2, obraron pérfidamente contra mí. ¡Galaad, ciudad de malhechores, de sangrientas huellas;" tú, cuya fuerza son los bandidos, si asesinaras a esa banda de sacerdotes a lo largo del camino de Siquem, porque obran criminalmente! Espantoso es lo que he visto en la casa de Israel. Allí se prostituye Efraím, allí se contamina Israel. Pero en ti, ¡oh Judá! injertaré yo una rama cuando haga volver la cautividad de mi pueblo. Cuando yo quería sanar a Israel, se ha revelado la iniquidad de Efraírn y la perversidad de Samaría; obra fraudulentamente; entra el ladrón dentro, y fuera hace sus correrías el bandido." No reflexionan en su corazón que yo tengo presente su maldad; ahora sus obras les rodean y están patentes ante mí." Regocijan al rey con sus malicias, y con sus mentiras a los príncipes, mientras que todos respiraban furor, como horno a punto de abrasar la hornada. Cesa el hornero de enrojar mientras se amasa y fermenta lo amasado. Ya el día mismo de “nuestro rey” comienzan los príncipes a encenderse por el vino, mezclados en compañía de bandidos. Pues como horno ardieron sus corazones en intrigas; su furor ha descansado durante la noche, pero a la mañana como llama de fuego." Todos se encendieron como horno y devoraron a sus jueces. Todos sus reyes sucumbieron, pero nadie de entre ellos clamó a mí. Efraím se aceita de las gentes, es como torta a que no se dio vuelta. Los extraños devoran su sustancia, sin que él se dé cuenta; ya tiene canas, y no se ha apercibido." A Israel le sale a la cara su arrogancia, y no se vuelven a Yahvé, su Dios, y, con todo esto, no le han buscado. Efraím se ha tornado en paloma estúpida, sin juicio; acuden a Egipto, se dirigen a Asiría." Tan pronto como vayan, yo les tiendo mi red y los haré caer en ella como aves del cielo, Yo los castigaré según lo decretado contra sus maldades. ¡Ay de ellos por haberse apartado de mí! ¡Ruina sobre ellos por haberse rebelado contra mí! Yo los salvaba y ellos me mentían. No me invocan de corazón, sino que ululan sobre sus almohadillas; por el grano y por el mosto se hacen incisiones. Son rebeldes contra mí." Yo los eduqué y fortalecí sus brazos, pero maquinaban contra mí. Se vuelven hacia los que de nada sirven; se han convertido en arco engañoso. Sus príncipes caerán a la espada por sus insolentes bravatas; es decir, serán la irrisión en la tierra de Egipto." ¡Emboca la trompeta! Como buitre se abate sobre la casa de Israel por haber quebrantado mi alianza y haber prevaricado contra mi ley. Clamarán a mí: “¡Dios mío!” Pero te conocemos, Israel. Israel ha rechazado el bien, y el enemigo le perseguirá. Se dieron reyes, pero no elegidos por mí; constituyeron príncipes sin yo saberlo; de su oro y su plata se hicieron ídolos, mas para su perdición." Yo rechazo tu becerro, Samaría; mi furor se ha encendido contra ellos. ¿Hasta cuándo no lograrán purificarse?" Porque de Israel son, son obra de artífice, no son de Dios, y será llevado cautivo el día de Yahvé l el becerro de Samaría. Pues siembran vientos, recogerán tempestades. La espiga no dará fruto ni formará harina,y si algunas la dieren,las devorará el extranjero. Devorado será Israel; ahora ha sido considerado entre las naciones como vaso del que no se hace aprecio." Por ellos subieron a Asiría. El onagro busca estar solo, Efraím se entregó a los amantes. Aunque sean entregados a las naciones, al presente los guardo reunidos, para que sufran algún tiempo la carga del rey y de los príncipes. Efraím ha multiplicado sus altares para pecar; sólo para pecar le han servido." Escribí para él las palabras de mi Ley, pero las tienen por palabras de extranjeros. ¡Aman los sacrificios, que sacrifiquen! ¡ (Aman) la carne, que la coman! Yahvé no se agrada de ellos. Ahora se acordará de sus iniquidades y castigará sus pecados. Volverán a Egipto. Israel se olvidó de su Hacedor y construyó palacios; Judá multiplicó sus ciudades fuertes, pero yo daré sus ciudades al fuego, que devorará sus palacios." No te goces, Israel; no te regocijes corno las gentes, porque has fornicado fuera de tu Dios. Fuiste en busca del salario sobre toda era de trigo." Pero la era y el lagar los desconocerán ! y el mosto les defraudará. No quedarán en la tierra de Yahvé, sino que Efraím volverá a Egipto, y en Asiría comerán manjares inmundos. No harán más a Yahvé libaciones de vino ni le presentarán sus sacrificios, su pan será pan de duelo; cuantos lo coman se contaminarán, porque su pan será para ellos mismos, no entrará en la casa de Yahvé." ¿Qué haréis en el día de la asamblea, en el día de la fiesta de Yahvé? Porque he aquí que se han marchado de la (tierra) devastada, y Egipto los reunirá. Menfis los sepultará. Sus preciosidades de plata las heredarán las ortigas; los cardos (heredarán) sus tiendas." Llegaron los días del castigo, llegaron los días de la paga. Clama Israel: “El profeta es un insensato, presa de delirio el hombre del espíritu.” A la enormidad de tu iniquidad se añade la enormidad de la persecución. El profeta centinela de Efraím, en unión con su Dios, (halla) en todos sus caminos el lazo del cazador y la persecución en la casa de su Dios. Profundamente se corrompieron, como en los días de Guibá. El se acordará de su iniquidad y castigará sus pecados. Como uvas en el desierto hallé yo a Israel, como brevas en la higuera en su principio contemplé a vuestros padres, los cuales, llegados a Baal-Peor, se consagraron a la infamia y se hicieron abominables como lo que amaron. Se volará como pájaro la gloria de Efraím, y no habrá ya ni parto, ni maternidad, ni embarazo. Si crían hijos, los despojaré de ellos, privándolos de hombres, y jay de ellos cuando yo me aleje de ellos! Efraím, yo lo he visto, ha hecho de sus hijos presa de caza, y Efraím sacará sus hijos para el asesino. Dales, ¡oh Yahvé! ¿Qué les has de dar? Dales entrañas estériles y senos enjutos. Toda su perversidad está en Guilgal; allí los aborrecí. Por la perversidad de sus obras los arrojé de mi casa; no volveré a amarlos. Todos sus príncipes son rebeldes." Efraím está herido; su raíz está seca, no dará fruto; aunque parieren, haré morir a los tesoros de su seno." Los rechazará mi Dios por no haberle escuchado e irán errantes entre las gentes. Israel es una viña frondosa que da fruto proporcionado; pero a medida de la abundancia de su fruto hizo multiplicar sus altares, y a la medida de la riqueza de su tierra, hizo ricos a sus cipos." Su corazón es mendaz, y ahora pagarán las culpas; él quebrantará sus altares y demolerá sus cipos." Que si dice ahora: “No tengo rey, porque no hemos temido a Yahvé, y el rey, ¿qué haría por nosotros?” Pronuncian discursos, juran en falso, contraen alianzas, pero el juicio (condenatorio) germinará como planta venenosa en los surcos del campo. Los moradores de Samaría están llenos de temor por el becerro de Bet-Aven; su pueblo está en duelo, y sus sacerdotes se lamentan por él, por su gloria, que ha emigrado lejos de él." Hasta él mismo será llevado a Asiría como presente para el gran rey; Efraím cosechará la vergüenza, e Israel se cubrirá de deshonor por sus consejos." Se acabó Samaría. Su rey es como espuma sobre la superficie de las aguas. Destruidos serán los altos de la impiedad, el pecado de Israel. Las zarzas y los abrojos treparán sobre sus altares. Dirán a los montes: “¡Cubridnos!” y a los collados: “¡Caed sobre nosotros!” Has pecado, Israel, desde los días de Guibá. Allí permanecieron: ¿No les va a alcanzar la guerra en Guibá a los hijos de la iniquidad? Yo iré a castigarlos; los pueblos se reunirán contra ellos por un común compromiso a causa de su doble crimen." Efraím es una novilla domesticada, que gusta de trillar; pero yo domaré con el yugo el vigor de su cerviz; yo unciré a Efraím; Judá tirará del arado, Jacob tendrá que rastrillar." Sembrad en justicia, cosechad en misericordia, roturad vuestro barbecho, pues es tiempo de buscar a Yahvé hasta que venga y os enseñe la justicia. Habéis cultivado la impiedad, habéis cosechado iniquidad y habéis comido fruto de mentira. Porque confiaste en tus carros, en la muchedumbre de tus guerreros, se alzará alboroto en tu pueblo, y todas tus fortalezas serán destruidas, como destruyó Salmáii a Bet-Arbelen el día del combate, cuando fue estrellada la madre con sus hijos. Así haré de vosotros, casa de Israel, por vuestra perversa maldad. Al alba será totalmente arruinado el rey de Israel. Cuando Israel era niño, yo le amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más se les llama, más se alejan. Ofrecen sacrificios a los baales e incienso a los ídolos. Yo enseñé a andar a Efraím, lo levanté en mis brazos, pero no reconoció mis desvelos por curarle. Los atraí con ligaduras humanas, con lazos de amor. Fui para ellos como quien alza una criatura contra su mejilla, y me bajaba hasta ella para darle de comer Pero se volverá a Egipto, y Asiría será su rey, porque rehusó convertirse. Se cebará en sus ciudades la espada, exterminará a sus hijos y los consumirá por sus consejos. Los de mi pueblo serán colgados junto a sus moradas, ante los que suben a sus ciudades, y no habrá quien los levante. ¿Cómo te he de entregar, Efraím? ¿Cómo he de darte, Israel? ¿Cómo voy a reducirte a lo de Admá? ¿Cómo voy a ponerte como a Seboím? Mi corazón se ha vuelto contra mí, a una se han conmovido mis entrañas. No llevaré a efecto el ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraím, porque yo soy Dios y no un hombre, soy santo en medio de ti y no me complazco en destruir. Irán en pos de Yahvé, que rugirá como león, porque rugirá El y se precipitarán sus hijos desde el occidente, y acudirán presurosos desde Egipto como pájaros, y de Asiría como palomas, y los haré habitar en sus casas — oráculo de Yahvé — . -- omitido por paráfrasis -- Efraím me envuelve en la mentira, y la casa de Israel en el fraude. Y Judá es un testigo traidor a Dios, pero fiel a las hieródulas. (1) Efraím se apacienta de viento y persigue al viento solano, cada día multiplica la falsedad y la frivolidad; hace alianza con Asiría y lleva el aceite a Egipto." (2) Yahvé se querella contra Efraím, y tratará a Jacob según lo que merece y le retribuirá según sus obras. (3) En el seno suplantó a su hermano y en su vigor luchó con Dios. (4) Luchó con el ángel y le venció, lloró y suplicó gracia. En Bet-El le halló, y allí habló con nosotros. (5) Y Yahvé es el Dios de los ejércitos, Yahvé es su nombre. (6) Tú a tu Dios retornarás. Guarda la piedad y la justicia y pon siempre en Dios tu esperanza. (7) Mercader en cuya mano hay balanza engañosa, amigo de hacer violencia. (8) Efraím dice: Me he enriquecido, he encontrado riquezas; en todas mis ganancias no se hallará culpa que haya cometido." (9) Pues yo soy Yahvé, tu Dios, desde la tierra de Egipto; aún te haré habitar en las tiendas 1 como en los días de asamblea." (10) Y yo hablé por los profetas, yo multipliqué la visión y por los profetas propuse parábolas. (11) Si Galaad es vanidad, ciertamente son nada; sacrifican sus bueyes en Guilgal; majanos de piedra serán sus altares sobre los surcos del campo." (12) Jacob huyó a la tierra de Aram, y sirvió Israel por una mujer, y por una mujer apacentó ganados. (13) Yahvé sacó a Israel de Egipto por mano de un profeta, y por un profeta fue guardado. (13) Yahvé sacó a Israel de Egipto por mano de un profeta, y por un profeta fue guardado. [ (Hosea 12:15) (14) Efraim ha provocado la ira amargamente. Su Señor le imputará las sangres vertidas por él y le devolverá los ultrajes que le ha hecho. ] Cuando Efraím hablaba, era el terror; se levantó en Israel, pero se hizo culpable con Baal y murió " Y ahora continúan pecando; de su plata se hacen obras fundidas, ídolos de su invención, obra de artífices todo ello. Y a ellos dirigen la palabra, ofrecen sacrificios. ¡Hombres dando besos a los becerros!" Por eso serán como nube mañanera, como pasajero rocío matinal, como paja arrebatada por el viento t y como humo de la chimenea. Pero yo soy Yahvé, tu Dios, desde la tierra de Egipto, y no has de reconocer a dios alguno sino a mí; fuera de mí no hay salvador." Yo te conocí en el desierto, en la tierra abrasada. Se hartaron en sus pastos, y, hartos, se ensoberbecieron, y por eso me olvidaron. Yo seré, pues, para ellos como león; como pantera en el camino acecharé." Me echaré sobre ellos como osa privada de sus crías, desgarraré como cachorro sus corazones, los devoraré allí como león; las fieras del campo los harán pedazos." Te traigo la ruina, ¡oh Israel! y ¿quién podrá socorrerte? ¿Dónde está, pues, tu rey, para salvarte en todas tus ciudades? ¿Dónde tus jueces, de quienes decías: “Dame rey y príncipes”? Yo te doy un rey en mi furor, y en mi ira te los quito. La iniquidad de Efraím está agavillada, su pecado está reservado. Vendrán sobre él dolores de parto, pejro será (el parto de) un hijo necio, que no sabrá ponerse al tiempo oportuno a la abertura del seno. ¿Los rescataré del poder del “seol”? ¿Los redimiré de la muerte? ¿Dónde están, oh muerte! tus epidemias? ¿Dónde tu peste, oh “seol”? La compasión se oculta a mis ojos. Ciertamente es fecundo entre sus hermanos, pero vendrá el solano; el viento de Yah-vé subirá del desierto. y secará su fuente, y agotará sus manantiales; él saqueará el tesoro y todos los objetos preciosos." -- omitido por paráfrasis -- Viene sobre Samaría el castigo porque se rebeló contra su Dios. Caerán a la espada sus párvulos, serán estrellados, y sus mujeres encinta serán hendidas. Vuelve, Israel, vuelve a Yahvé, tu Dios, pues has caído por tus iniquidades. Buscad palabras y retornad a Yahvé, diciendo: Perdona toda iniquidad y acepta lo bueno, y pagaremos con el fruto de nuestros rediles1. No nos salvará Asiría. No montaremos “a caballo, nunca llamaremos más “dioses nuestros” a las obras de nuestras manos, pues en ti halla compasión el huérfano. Yo curaré su rebeldía y los amaré generosamente, pues se ha apartado de ellos mi cólera. Yo seré como rocío para Israel, que florecerá como lirio y extenderá sus raíces como el álamo2. Crecerán sus ramas, y será su floración como la del olivo, y su aroma como la del incienso. Volverán a habitar bajo su sombra, creciendo como el trigo, pujando como la vid, y su fama será como la del vino del Líbano. ¿Qué tendrá que ver ya Efraím con los ídolos? Yo, que le afligí, le haré dichoso. Por mí, que soy como ciprés, siempre verde, recogerá él sus frutos. ¿Qué tendrá que ver ya Efraím con los ídolos? Yo, que le afligí, le haré dichoso. Por mí, que soy como ciprés, siempre verde, recogerá él sus frutos. [ (Hosea 14:10) ¿Quién es sabio para entender estas cosas, prudente para conocerlas? Pues son del todo rectos los caminos de Yahvé, por ellos van los justos, pero los malvados resbalarán en ellos. ] Palabra de Yahvé dirigida a Joel, hijo de Petuel: Oíd esto, ¡oh ancianos! Prestad oído todos los habitantes del país. ¿Sucedió esto en vuestros días o en los días de vuestros padres? Contádselo a vuestros hijos, y vuestros hijos a los suyos, y sus hijos a la generación venidera. Lo que dejó el “gazam,” lo devoró el “arbé”; lo que dejó el “arbé,” lo devoró el “yeleq”; lo que dejó el “yeleq,” lo devoró el “jasil.” ¡Despertaos, borrachos, y llorad! Gemid, bebedores todos de vino por el mosto, pues se os ha quitado el vino de la boca. Ha invadido mi tierra un pueblo fuerte e innumerable. Sus dientes son dientes de león; sus mandíbulas, de leona." Ha devastado mi viña, ha hendido mis higueras, las descortezó y derribó, dejando blancos sus sarmientos. Laméntate como virgen ceñida de saco por el prometido de su juventud. Han cesado la ofrenda y la libación en la casa de Yahvé. Los sacerdotes, los ministros de Yahvé, están en duelo. Los campos, devastados; la tierra, en luto, porque el trigo ha sido destruido, el mosto se ha secado, se ha agotado el aceite." Confundios, labradores; lamentaos, viñadores, por el trigo y la cebada, pues se ha perdido la cosecha del campo." La viña se ha secado, la higuera está enferma; el granado, como la palmera y el manzano y todos los árboles del campo, están secos. La alegría (ha huido), avergonzada, de entre los hombres." ¡Ceñios y lamentaos, sacerdotes; llorad, ministros del altar! ¡Venid, pasad la noche cubiertos de saco, ministros de mi Dios! Porque las ofrendas y libaciones han desaparecido de la casa de vuestro Dios." Promulgad ayuno santo, pregonad asamblea, congregad a los ancianos y a todos los habitantes del país en la casa de Yahvé, vuestro Dios, y clamad a Yahvé. ¡Ay aquel día, pues el día de Yahvé está próximo! Vendrá como asolación del Todopoderoso. ¿No ha desaparecido de nuestros ojos el mantenimiento, y de la casa de nuestro Dios la alegría y el júbilo? La simiente se pudre debajo de los terrones; los graneros están devastados;los alfolíes, destruidos, porque ha faltado el trigo." ¡Cómo mugen las bestias! Los hatos de reses vacunas andan errantes por no tener pastos, perecen los rebaños. ¡Oh Yahvé! a ti clamo, porque el fuego ha devorado los pastizales del desierto y las llamas han abrasado todos los árboles del campo. Las fieras del campo se vuelven a ti también ávidas, porque se han secado las corrientes de aguas, y el fuego ha devorado los prados del desierto. ¡Tocad la trompeta en Sión! ¡Dad en mi monte santo la voz de alarma! Tiemblen los habitantes todos de la tierra, que viene el día de Yahvé. 1 Ya está cerca. Día de tinieblas y de oscuridad, día de nublados y de densa niebla. Se extiende sobre los montes como la aurora ! un pueblo numeroso y robusto; i semejante a él no ha existido desde los siglos, ni después de él volverá a existir por generaciones de generaciones." Delante de él va el fuego consumiendo, y detrás la llama abrasa. Delante de él es la tierra como el paraíso de Edén, detrás queda convertida en desolado desierto; ante él no hay quien escape." Parecen caballos, y corren cual jinetes. Como ruido de carros sobre las cimas de los montes, como crepitar de las ardientes llamas que devoran la paja, como pueblo robusto en orden de batalla. Ante él las gentes se llenan de zozobra, todos los rostros se demudan. Corren como valientes, asaltan los muros como hombres de guerra, marchan cada uno por su senda y no confunden sus caminos. Ni aprieta ninguno a su vecino; va cada uno por su calzada, y aun atravesando por entre las armas se precipitan sin romperse." Asaltan la ciudad, corren por las murallas, escalan las casas y entran por las ventanas como ladrones. Ante ellos tiembla la tierra, se conmueven los cielos, se oscurecen el sol y la luna, y las estrellas extinguen su brillo. Yahvé hace sonar su voz ante su ejército. Su campamento es inmenso, pues es fuerte el ejecutor de sus palabras. Grande es el día de Yahvé, sobremanera terrible; ¿quién podrá, pues, soportarlo?" Por eso, pues, ahora dice aún Yahvé: Convertios a mí de todo corazón en ayuno, en llanto y en gemidos, Rasgad vuestros corazones, no vuestras vestiduras, y convertios a Yahvé, vuestro Dios, que es clemente y misericordioso, tardo a la ira y rico en benignidad, y se arrepiente en castigar). ¿Quién sabe si se volverá y se apiadará, y dejará tras sí bendición, ofrenda y libación para Yahvé, vuestro Dios? Tocad la trompeta en Sión, promulgad ayuno, convocad asamblea. Reunid al pueblo, promulgad santa congregación, convocad a los ancianos, reunid a los niños, aun a los niños de pecho. Que deje el esposo su cámara, y su tálamo la esposa. Entre el pórtico y el altar oren los sacerdotes, ministros de Yahvé, y digan: Perdona, ¡oh Yahvé! a tu pueblo y no des al oprobio tu heredad para que se enseñoreen de ella las gentes. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: “Dónde está su Dios”? Entonces Yahvé, encendido en celo por su tierra, perdonó a su pueblo, y respondió a su pueblo, diciendo: Os mando el trigo, el mosto y el aceite, y os saciaréis de ello, y no os expondré ya más al oprobio de las gentes. Y alejaré de vosotros al norteño y le echaré a tierra desierta y árida, poniendo sus vanguardias hacia el mar oriental, y su retaguardia hacia el mar occidental; y subirá su hedor y exhalará hediondez, pues ha hecho Yahvé grandes cosas." No ternas, suelo; alégrate y gózate, porque son muy grandes cosas las que Yahvé va a cumplir." No temáis, del campo, que reverdecerán los pastizales del desierto, y darán fruto los árboles, y la higuera y la vid riqueza. Alegraos y gózaos, hijos de Sión, en Yahvé, vuestro Dios, que os dará la lluvia a su tiempo y hará descender sobre vosotros la lluvia otoñal y primaveral como al principio. Y rebosarán de trigo las eras, y de mosto y aceite los lagares. Y os compensaré de los años en que lo comieron (todo) el “arbé,” el “yéleq,” el “jasil” y el “gazam,” mi gran ejército, que mandé contra vosotros. Y comeréis hasta la saciedad y alabaréis el nombre de Yahvé, vuestro Dios, que hizo con vosotros maravillas, y jamás será confundido mi pueblo. Sabréis que en medio de Israal estoy yo y que yo soy Yahvé, vuestro Dios, y no hay otro; y jamás será mi pueblo confundido." (31) Después de esto derramaré mi espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, y vuestros ancianos tendrán sueños, y vuestros mozos verán visiones. (2) Aun sobre los siervos y las siervas) derramaré mi espíritu en aquellos días, (3) y haré prodigios en el cielo, y en la tierra sangre y fuego y columnas de humo. (4) Y el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y terrible de Yahvé. (5) Y todo el que invocare el nombre de Yahvé será salvo, porque en el monte de Sión y en Jerusa-lén estará el resto de los salvados, como lo ha dicho Yahvé, y lo mismo será de los escapados, llamados por Yahvé. Pues he aquí que en aquellos días, cuando haga yo volver la cautividad de Judá y de Jerusalén, reuniré a todas las gentes y las haré bajar al valle de Josafat, y litigaré en juicio con ellos a propósito de mi pueblo y de mi heredad, que ellos dispersaron entre las naciones, repartiéndose mi porción, echando suertes sobre mi pueblo, dando un mozo por una prostituta, y una doncella por vino que se bebían. Y vosotros también, ¿qué sois para mí, Tiro y Sidón, y todos los términos de la Filistea? ¿Es que queréis vengaros de mí? Si vosotros queréis vengaros de mí, al punto haréis retornar sobre vuestras cabezas vuestra venganza. Vosotros, que os apropiasteis mi plata y mi oro y metisteis mis preciosidades en vuestros palacios;" que vendisteis los hijos de Judá y los de Jerusalén a los hijos de los griegos para que los llevasen lejos de sus territorios;" he aquí que yo los alzaré del lugar para donde los vendisteis, y haré recaer vuestra acción sobre vuestras cabezas, y venderé vuestros hijos y vuestras hijas a los hijos de Judá, para que ellos los vendan a los sábeos, nación apartada, oráculo de Yahvé. ¡Pregonad esto entre las gentes, proclamad la guerra santa, despertad a los valientes, acerqúense y suban todos los hombres de guerra! ¡Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces! Diga el flaco: ¡Yo soy valiente! Precipitaos y venid todas las gentes de en derredor y congregaos. Haz bajar allá, ¡oh Yahvé! a tus valientes. Que se alcen y suban las gentes al valle de Josafat, porque allí me sentaré yo a juzgar a todas las gentes de en derredor. Meted la hoz, que está ya madura la mies. Venid, pisad, que está lleno el lagar y se desbordan las cubas,porque es mucha su maldad. Muchedumbres, muchedumbres en el valle del juicio, porque se acerca el día de Yahvé en el valle del juicio. El sol y la luna se oscurecen y las estrellas pierden su brillo. Ruge Yahvé desde Sión y hace oír su voz desde Jerusa-lén; los cielos y la tierra se conmueven, pero Yahvé será un refugio para su pueblo y una fortaleza para los hijos de Israel” Y sabréis que yo soy Yahvé, vuestro Dios, moradores de mi monte santo, y santa será Jerusalén y no pasarán por ella los extraños. Y sucederá en aquel día que los montes destilarán mosto, y leche los collados; correrán las aguas por todas las torrenteras de Judá y brotará de la casa de Yahvé una fuente que regará el valle de Sitim." Egipto se trocará en desolación, y Edom se convertirá en asolado desierto, por el cruel trato a los hijos de Judá, derramando en su tierra sangre inocente. Pero Judá será por siempre habitado, y Jerusalén por generaciones y generaciones. Yo vengaré su sangre, no la dejaré impune, y Yahvé morará en Sión. Palabras de Amos, de los pastores de Tecoa, de la visión que tuvo sobre Israel en los días de Ozías, rey de Judá, y en los días de Jeroboam, hijo de Joás, rey de Israel, dos años antes del terremoto. Dijo: Yahvé rugirá desde Sión, y desde Jerusalén emitirá su voz, y estarán en duelo los pastizales de los pastores y secaráse la cima del Carmelo. Así dice Yahvé: Por tres crímenes de Damasco y aun por cuatro no revocaré yo (mi fallo). Por haber triturado con trillos de hierro a Galaad, yo pondré fuego a la casa de Hazael, que consumirá los palacios de Ben-Hadad. Yo quebrantaré las barras de Damasco y exterminaré a cuantos habitan en Biqat-Awen y a quien empuña el cetro de Bet-Eden, y el pueblo de Aram será deportado a Quir,dice Yahvé. Así habla Yahvé: Por tres crímenes de Gaza y por cuatro no revocaré (mi fallo). Por haber deportado muchedumbres enteras de cautivos para entregárselos a Edom, yo pondré fuego a los muros de Gaza, que devorará sus palacios, y exterminaré a cuantos habitan en Asdod y quien empuña el cetro en Ascalón. Volveré mi mano contra Ecrón, y perecerán las reliquias de los filisteos, dice el Señor, Yahvé. Así habla Yahvé: Por tres pecados de Tiro y por cuatro no revocaré yo (mi fallo). Por haber entregado a Edom muchedumbres enteras de cautivos, sin acordarse de la alianza fraternal, yo pondré fuego a los muros de Tiro, que devorará sus palacios. Así habla Yahvé: Por tres pecados de Edom y por cuatro no revocaré yo (mi fallo). Por haber perseguido a la espada a su hermano, ahogando la piedad, durando siempre su cólera, y obstinándose hasta el fin en su rabia, yo pondré fuego en Teman, que devorará los palacios de Bosra. Así habla Yahvé: Por tres crímenes de los hijos de Amón y por cuatro no revocaré (mi fallo). Por haber abierto en canal a las encinta de Galaad para extender su territorio, yo encenderé fuego en los muros de Rabbá, que devorará sus edificios entre clamores el día del combate, en medio de la tempestad el día de la tormenta, y su rey irá al cautiverio, y con él sus príncipes todos juntos, dice Yahvé. Así habla Yahvé: Por tres pecados de Moab y por cuatro no revocaré yo (mi fallo). Por haber quemado los huesos del rey de Edom hasta calcinarlos, yo pondré fuego en Moab, que devorará los palacios de Queriyot, y Moab hallará la muerte en medio del estruendo, entre los clamores y los sonidos de la trompeta, y extirparé de él a su juez, y con él haré morir a todos los príncipes, dice Yahvé. Así habla Yahvé: Por tres pecados de Judá y por cuatro no revocaré yo (mi decisión). Por haber menospreciado la Ley de Yahvé y no haber guardado sus mandamientos, descarriándose por las mentiras tras las cuales se fueron sus padres, yo pondré fuego a Judá, que devorará los palacios de Jerusalén. Así habla Yahvé: Por tres pecados de Israel y por cuatrono revocaré yo (mi fallo), por haber vendido al justo por dinero, y al pobre por un par de sandalias. Aplastan sobre el polvo de la tierra la cabeza de los pobres, y estorban el camino de los humildes, y van padre e hijo a la doncella, profanando mi santo nombre. Sobre ropas tomadas en prenda se echan junto a un altar cualquiera, y beben el vino de los multados en la casa de su dios. Yo exterminé ante ellos a los amorreos,altos como cedros y fuertes como encinas; destruí su fruto arriba, y abajo sus raíces." Yo os saqué de la tierra de Egipto y durante cuarenta años os conduje por el desierto para que ocuparais las tierras de los amorreos. Yo suscité profetas de entre vuestros hijos, y nazarees entre vuestros mancebos, ¿no es así, hijos de Israel? dice Yahvé. Pero vosotros hicisteis beber vino a los nazareos, y a los profetas mandasteis, diciendo: No profeticéis. He aquí que haré crujir (el suelo) bajo vuestros pies, como lo hace crujir el carro sobrecargado de gavillas, y el ágil será incapaz de huir, y al fuerte no le servirá de nada su fuerza, y el valiente no escapará con vida;" el arquero no resistirá, el de ágiles pies no escapará, el jinete no se salvará, y el de más esforzado corazón entre los valientes huirá desnudo aquel día, dice Yahvé. Oíd esta palabra que Yahvé ha pronunciado sobre vosotros, hijos de Israel; sobre todas las familias que hice subir de la tierra de Egipto, diciendo:" Sólo a vosotros conocí yo de entre todas las estirpes de la tierra; por eso he de hacer justicia de todas vuestras iniquidades." ¿Podrán caminar dos juntos sin estar de acuerdo? ¿Rugirá el león en el bosque no habiendo presa? ¿Dejará oír su rugido el leoncillo en su cubil sin haber despojos? ¿Se dejará caer el ave sobre la red en tierra si no hubiere lazo? ¿Se levantará del suelo la red sin haber cazado nada? ¿Tocarán la trompeta en la ciudad sin que se alarme el pueblo? ¿Habrá en la ciudad calamidad cuyo autor no sea Yahvé? Porque no hace nada el Señor, Yahvé, sin revelar su designio a sus siervos los profetas. Rugiendo el león, ¿quién no temerá? Hablando el Señor, Yahvé, ¿quién no profetizará? Echad pregón en los palacios de Asdod y en los palacios de Egipto, diciendo: Reunios en los montes de Samaría para ver los grandes desórdenes que hay en ella y las violencías de su interior. No saben obrar rectamente, dice Yahvé, atesorando en sus palacios rapiñas y despojos. Por eso así dice el Señor, Yahvé: Rodeará la tierra el enemigo, que robará tus fuerzas y saqueará tus palacios. Así dice Yahvé: Como rescata el pastor de las fauces del león un par de patas o la punta de una oreja, así escaparán los hijos de Israel. Vosotros, los que estáis sentados en Ascalón en el ángulo de un diván, o en Damasco sobre un lecho, escuchad y dad testimonio contra la casa de Jacob, dice Yahvé, Dios de los ejércitos. Porque el día que haga yo justicia sobre Israel por sus crímenes, haré justicia de los altares de Bet-El y serán derribados los cuernos del altar y caerán a tierra. Y derribaré las casas de invierno sobre las casas de verano, y serán destruidos los palacios de marfil, y desaparecerán muchas casas, oráculo de Yahvé. Oíd esto, vacas de Basan, que moráis en la montaña de Samaría, las que oprimís a los débiles, maltratáis a los pobres y decís a vuestros señores: ¡Traed que bebamos! Yahvé, el Señor, ha jurado por su santidad que vendrán días sobre vosotros en que os levantarán con bicheros, y a vuestros descendientes con arpones, y saldréis por las brechas cada una frente a sí, y seréis arrojadas hacia el Hermón, oráculo de Yahvé. Id a Betel a prevaricar, a Guilgal a multiplicar vuestras prevaricaciones. Ofreced vuestros sacrificios matinales y cada tres días vuestros diezmos. Pregonad el sacrificio de alabanza. Proclamad las ofrendas voluntarias, pregonadlas, pues que así lo queréis, hijos de Israel, oráculo de Yahvé. Pero yo os he hecho estar a diente limpio en vuestras ciudades, y a falta de pan en todos vuestros lugares, y no os habéis vuelto a mí, oráculo de Yahvé. También os negué la lluvia desde tres meses antes de la siega; hice llover en una ciudad y no hice llover en otra, llovió en una parte y en otra no llovió y se secó." Venían dos o tres ciudades a otra para beber el agua, sin poder saciarse, y, con todo, no os convertisteis a mí, oráculo de Yahvé. Os herí con añublo y con tizón, devasté vuestras huertas y vuestras viñas, la langosta devoró vuestras higueras y vuestros olivos, pero no os convertisteis a mí, oráculo de Yahvé. Os castigué con plagas a modo de las de Egipto, maté a vuestros mancebos a la espada, di al cautiverio a vuestros caballeas, y en mi furor abrasé con el fuego vuestros campos, pero no os convertisteis a mí, oráculo de Yahvé. Os trastorné como cuando Dios trastornó a Sodoma y Gomora; fuisteis como tizón sacado del fuego, pero no os convertisteis a mí, oráculo de Yahvé." Por tanto, mira lo que voy a hacerte, Israel; mira lo que te haré. Apréstate a comparecer ante tu Dios, Israel," el que formó los montes y creó los vientos y pone al desnudo ante el hombre los pensamientos de éste; el que del alba hace tinieblas y marcha por las alturas de la tierra; Yahvé, Dios de los ejércitos, es su nombre." Escuchad esta palabra: Es la lamentación que entono sobre vosotros, casa de Israel: Cayó la virgen de Israel, no podrá ya levantarse; yace en tierra abandonada, no hay quien la levante." Porque así dice el Señor, Yahvé: La ciudad que salía en campaña con mil (guerreros), se quedará con ciento; la que salía con cien, se quedará con diez en la casa de Israel." Así, pues, dice Yahvé a la casa de Israel: ¡Buscadme y viviréis! No busquéis a Betel, ni vayáis a Guilgal, ni paséis a Bersabé, porque Guilgal será llevada al cautiverio y Betel será destruida. Buscad a Yahvé y vivid, no sea que abrase la casa de José con fuego devorador, sin que tenga Betel quien lo apague. Tornan el juicio en ajenjo y echan por tierra la justicia. El hizo las Pléyades y el Orion, El torna las tinieblas en aurora y del día hace noche oscura, llama las aguas del mary las derrama sobre la haz de la tierra. Yahvé es su nombre. El desencadena la ruina sobre la fortaleza y trae la destrucción sobre la ciudadela. En las puertas detestan al censor y aborrecen al que habla rectamente. Pues, porque pisoteáis al pobre y le exigís la carga del trigo, las casas que de piedras talladas os habéis construido no las habitaréis; de las deleitosas viñas que habéis plantado no beberéis el vino." Porque yo sé que son muchas vuestras prevaricaciones y cuan grandes son vuestros pecados, opresores del justo, que aceptáis soborno y en las puertas hacéis perder al pobre su causa. Por eso el hombre prudente ahora tiene que callarse, porque son malos tiempos. Buscad el bien y no el mal, para que viváis, y así Yahvé, Dios de los ejércitos, será con vosotros, como afirmáis. Aborreced el mal y amad el bien y haced justicia en las puertas; quizá Yahvé, Dios de los ejércitos, tenga piedad del resto de José." Por tanto, así dice Yahvé, Dios de los ejércitos, el Señor: Habrá llanto en todas las plazas,y en todas las calles clamarán: ¡Ay, ay! y convocarán al labrador a duelo y a la lamentación en las filas de las plañideras, Y habrá llanto en todas las viñas cuando pase yo por medio de vosotros, dice Yahvé. Ay de aquellos que desean el día de Yahvé ¿De qué os servirá el día de Yahvé? Será día de tinieblas, no de luz. Es como quien, huyendo del león, diera con el oso; como quien, al entrar en casa y poner su mano sobre la pared, fuera mordido por la serpiente." ¿No es tinieblas el día de Yahvé y no luz, oscuridad sin resplandor? Yo odio y aborrezco vuestras solemnidades y no me complazco en vuestras congregaciones. Si me ofrecéis holocaustos y me presentáis vuestros dones, no me complaceré en ellos ni pondré mis ojos en los pacíficos de vuestras cebadas víctimas. Aleja de mí el ruido de tus cantos, que no escucharé el sonar de tus cítaras. Como agua impetuosa se precipitará el juicio; como torrente que no se seca, la justicia." ¿Me ofrecisteis sacrificios y oblaciones en el desierto en cuarenta años, casa de Israel? Mas llevaréis a “Sikkut,” vuestro rey, y a “Kewan,” vuestros ídolos, la estrella de vuestro dios que os habéis fabricado. Y os deportaré más allá de Damasco, dice Yahvé, cuyo nombre es Dios de los ejércitos. Ay de los descuidados en Sión! Ay de los confiados en Samaría ! Atended a las más antiguas de las naciones e id a ellas, casa de Israel. Pasad a Calne y ved; id desde allí a Jamat la grande, bajad a Gat de los filisteos. ¿Son mejores que estos reinos o su territorio es más vasto que vuestro territorio?" Pretendéis lejano el día de la calamidad, agarrándoos al presente de un reposo pernicioso. Ved cómo se tienden en marfileños divanes, e, indolentes, se tumban en sus lechos. Comen corderos del rebaño y terneros sacados del establo. Bailan al son de la cítara e inventan — como David — instrumentos músicos. Beben vino en copas y se ungen con el más exquisito óleo, y no sienten preocupación alguna por la ruina de José. Por eso irán ahora al cautiverio a la cabeza de los deportados, y cesará el clamoreo de los disolutos. Por su vida ha jurado el Señor, Yahvé; lo afirma Yahvé, el Señor de los ejércitos: Yo abomino la soberbia de Jacob, detesto sus palacios, y entregaré la ciudad con todo cuanto encierra." Y sucederá que, si de una casa quedaren diez hombres, morirán también. Y quedará un corto número de escapados para llevarse de la casa los huesos, y el uno dirá al otro que está en el fondo de la casa: ¿Queda alguno más contigo? responderá: Ninguno. El otro le dirá: ¡Calla, que no ha de mentarse el nombre de Yahvé! (11) Porque he aquí que va a dar Yahvé la orden; en las casas grandes abrirá brechas, y grietas en las pequeñas." (12) ¿Galopan los caballos por las rocas? ¿Se ara el mar con bueyes? Pues vosotros hacéis del juicio veneno, y del fruto de la justicia, ajenjo. (13) Os envanecéis por lo de Lodebar, y decís: ¿No hemos tomado con nuestra fuerza Qarnayim? (13) Os envanecéis por lo de Lodebar, y decís: ¿No hemos tomado con nuestra fuerza Qarnayim? [ (Amos 6:15) (14) Pero he aquí que voy a suscitar contra vosotros, ¡oh casa de Israel! dice Yahvé, Dios de los ejércitos, un pueblo que os oprimirá desde la entrada de Jamat hasta el torrente del Araba. ] El Señor, Yahvé, me dio a ver esto: he aquí que criaba langostas al tiempo que comenzaba a crecer la hierba primaveral, y que venía después de la corte del rey, e iban a acabar de devorar el verdor de la tierra. Yo dije: ¡Oh Señor, Yahvé, ten piedad! ¿Cómo va a sostenerse Jacob, siendo tan pequeño? Y Yahvé se compadeció por esto, y dijo: No será así. Hízome ver también esto Yahvé, el Señor; y he aquí que Yahvé se aprestaba a castigar con fuego i, que había de devorar el gran abismo e iba a consumir la heredad." Yo dije: ¡Oh Señor, Yahvé! ¡Detente, por favor! ¿Cómo va a sostenerse Jacob siendo tan pequeño ? Yahvé se compadeció por esto y dijo: Tampoco será esto. También me dio a ver esto: Estaba Yahvé cerca de un muro y en su mano tenía la plomada. Yahvé me preguntó: ¿Qué es lo que ves, Amos? Yo respondí: Una plomada. Y dijo el Señor: He aquí que yo pongo la plomada en medio de mi pueblo, Israel. Ya no le perdonaré más tiempo. Los altos de Isaac serán devastados, y destruidos los santuarios de Israel. Me alzaré con la espada contra la casa de Jeroboam. Amasias, sacerdote de Betel, mandó a decir a Jeroboam: Amos está conspirando contra ti en medio de la casa de Israel. La tierra no puede ya soportar sus palabras. Pues Amos va diciendo: Jeroboam morirá a la espada, e Israel irá al cautiverio, lejos de su tierra. Amasias dijo a Amos: Vidente, ve y escapa a la tierra de Judá y come allí tu pan, haciendo el profeta. Pero guárdate de volver a profetizar contra Betel; mira que éste es un santuario del rey y una casa real." Amos respondió a Amasias, diciendo: Yo no soy profeta ni hijo de profeta, sino que soy boyero y cultivador de sicómoros. Yahvé me tomó detrás del ganado y me dijo: Ve a profetizar a mi pueblo, Israel. Escucha, pues, ahora la palabra de Yahvé: Tú me dices: No profetices contra Israel ni hagas predicciones contra la casa de Isaac Por eso así dice Yahvé: Tu mujer será deshonrada en la ciudad, tus hijos caerán a la espada, tu tierra será repartida a cordel, tú morirás en una tierra contaminada, e Israel irá al cautiverio lejos de su tierra. El Señor, Yahvé, me dio a ver esto: He aquí que había un cestillo de fruta madura, y me dijo: ¿Qué es lo que ves, Amos? Yo le respondí: Un cestillo de fruta madura. Yahvé me dijo: Ha llegado el fin a mi pueblo, Israel. No le perdonaré ya más tiempo. En aquel día se trocarán en lamentaciones los cantos del templo — oráculo del Señor, Yahvé — ; serán muchos los cadáveres, que serán arrojados en silencio en cualquier lugar." Escuchad esto los que aplastáis al pobre y aniquiláis a los desgraciados del país, diciendo: ¿Cuándo pasará el novilunio para que vendamos el trigo, y el sábado para que abramos los graneros, achicaremos el “efá,” y agrandaremos el siclo, y falsearemos fraudulentamente las balanzas, compraremos por dinero a los débiles, y a los pobres por un par de sandalias, y venderemos hasta las ahechaduras del trigo? Yahvé ha jurado por el orgullo de Jacob: ¡No olvidaré jamás vuestras obras! ¿No ha de estremecerse por esto la tierra? En duelo quedarán cuantos la habitan. Alzaráse toda ella como el Nilo, temblará y se abajará como el río de Egipto. Aquel día, dice el Señor, Yahvé, haré que se ponga el sol al mediodía, y en pleno día tenderé tinieblas sobre la tierra. Tornaré en duelo vuestras solemnidades y en elegías vuestros cantos; haré que todos cubran de saco sus ríñones y se rapen las cabezas. Será duelo como el duelo por unigénito, y su remate será un día amargo." Vienen días, dice Yahvé, en que mandaré yo sobre la tierra hambre, no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la palabra de Yahvé, y andarán errantes de mar a mar y de norte al oriente en busca de la palabra de Yahvé, y no la hallarán. Aquel día las hermosas doncellas y los mancebos desfallecerán de sed. Los que juran por el pecado de Samaría y dicen: “Vive tu Dios, ¡oh Dan!” y “Vive tu protector, ¡oh Bersabé!” sucumbirán para no levantarse jamás. Vi al Señor junto al altar, y dijo: Rompe los capiteles, que se estremezcan los umbrales, y abátelos sobre las cabezas de todos ellos, y a los que queden los mataré a espada. Nadie se salvará huyendo, nadie podrá escapar. Aunque se oculten en el “seol,” de allí los tomará mi mano; aunque subiesen hasta los cielos, de allí los haría bajar." Aunque se escondieran en la cumbre del Carmelo, allí los buscaría y los tomaría; aunque se ocultaran a mis ojos en el fondo del mar, allí mandaría a la serpiente para que los mordiera." Y aunque marcharen en cautiverio ante sus enemigos, daría a la espada la orden de asesinarlos; y tendré puestos mis ojos sobre ellos para mal, no para bien." El Señor, Yahvé de los ejércitos, toca la tierra, y ésta se disuelve, y hacen duelo cuantos en ella habitan; se levanta toda entera como el Nilo y mengua como el río de Egipto." El edificó en los cielos su morada y asentó sobre la tierra su bóveda. El llama las aguas del mar y las derrama sobre la haz de la tierra; Yahvé es su nombre." Hijos de Israel, ¿no sois para mí como hijos de etíopes? ¿No hice yo subir a Israel de la tierra de Egipto, y a los filisteos de Caftor, y a los árameos de Quir? He aquí que los ojos del Señor, Yahvé, están puestos sobre el reino pecador y los exterminaré de la haz de la tierra. Pero no destruiré del todo la casa de Jacob, oráculo de Yahvé. Pues he aquí que yo daré orden y zarandearé a Israel entre todas las gentes como se zarandea (la arena) en la criba; ni una chinita caerá en tierra." A la espada perecerán todos los pecadores de mi pueblo, los cuales dicen: “No se acercará ni nos sorprenderá la desdicha.” Aquel día levantaré el tugurio caído de David, repararé sus brechas y alzaré sus ruinas y le reedificaré como en los días antiguos, para que conquisten los restos de Edom y los de todas las naciones sobre las cuales sea invocado mi nombre, dice Yahvé, que cumplirá todo esto, He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que sin interrupción seguirá al que ara el que siega, el que vendimia al que siembra. Los montes destilarán mosto, y se derretirán todos los collados. Yo haré retornar a los cautivos de mi pueblo, Israel; reedificarán las ciudades devastadas y las habitarán, plantarán viñas y beberán su vino, harán huertos y comerán sus frutos." Los plantaré en su tierra y no serán ya más arrancados de la tierra que yo les he dado, dice Yahvé, tu Dios. Visión de Abdías: Así dice de Edom el Señor, Yahvé: Hemos oído de parte de Yahvé un rumor, y un heraldo ha sido enviado a las gentes: ¡Arriba! ¡Alcémonos en guerra contra él! He aquí que te he hecho pequeño entre las gentes, eras sobremanera despreciable. El orgullo de tu corazón te ha engañado. Quien habita en las cavernas de las rocas y cuya morada son las alturas, se dice a sí mismo: ¿Quién me hará bajar a tierra ? Pues aunque te subas tanto como el águila y pongas en las estrellas tu nido, yo te derribaré — oráculo de Yahvé —. Si vinieran a ti de noche ladrones, ¿no se llevarían lo que necesitaran? Si vinieran vendimiadores a vendimiarte, ¿no dejarían rebusco? ¿Cómo has sido saqueado! ¡Cómo está Esaú de hollado y de rebuscados sus escondrijos! Hasta la frontera todos tus aliados te arrojaron. Te cercaron, te derrotaron tus amigos. I Tus asociados pusieron trampas debajo de ti. No hay en él cordura. ¿No haré yo aquel día — oráculo de Yahvé — desaparecer de Edom los sabios, y del monte de Esaú la prudencia? Tus guerreros, ¡oh Teman! se sobrecogerán de terror para que todo varón sea exterminado de las montañas de Esaú. Por la mortandad, por la violencia infligida contra tu hermano Jacob, te cubrirá la vergüenza y serás extirpado para siempre. El día en que, estando tú presente, el día en que los extranjeros saqueaban sus riquezas y los extraños penetraban por sus puertas y echaban suertes sobre Jerusalén, fuiste también tú uno de tantos. No contemples el día de tu hermano, el día de su desastre. No te goces de los hijos de Judá el día de su perdición. No profieras arrogancias con tu boca el día de la tribulación. No entres por las puertas de mi pueblo el día de su ruina ni te estés contemplando su desgracia el día de su desastre. No tiendas las manos sobre sus riquezas el día de su ruina. No te pongas en la encrucijada para exterminar a los fugitivos. No entregues sus evadidos el día de la tribulación. Porque se acerca el día de Yahvé para todos los pueblos. Como hiciste, así te harán a ti; tu merecido caerá sobre tu cabeza." Como bebisteis vosotros (mi copa), los de mi monte santo, así beberán siempre todas las gentes. Beberán y sorberán, y serán como si no hubieran sido. Pero en el monte de Sión habrá una porción salvada, y será santa, y la casa de Jacob despojará a los que la despojaron. La casa de Jacob será el fuego, la casa de José será la llama y la casa de Esaú será la paja. La encenderán aquéllos y los devorarán, y no quedará superviviente de la casa de Esaú, porque Yahvé ha hablado. Ocuparán los del Negueb la montaña de Esaú, y los de la “Sefela” (el país de los filisteos, y ocuparán la campiña de Efraím y el campo deSamaría; y los de Benjamín, a Galaad;" y los cautivos de este ejército de los hijos de Israel ocuparán (el país) de los cananeos hasta Sarepta, y los cautivos de Jerusalén que están en Sefarad ocuparán las ciudades del mediodía, Subirán salvadores al monte de Sión para juzgar la montaña de Esaú, y a Yahvé pertenece el imperio! Llegó a Jonas, hijo de Amitay, palabra de Yahvé, diciendo: Levántate y ve a Ninive, la ciudad grande, y predica contra ella, pues su maldad ha subido ante mí. Levantóse Jonas para huir lejos de Yahvé a Tarsis, bajó a Jope y halló un barco que estaba para ir a Tarsis. Pagó el pasaje y entró en él para irse con ellos a Tarsis, lejos de Yahvé. Yahvé levantó en el mar un violento huracán, y fue tal la tormenta en el mar, que creyeron se rompería la nave. Llenos de miedo, los marineros invocaban cada uno a su dios, y echaron al mar lo que llevaban en la nave para aligerarla de ello. Jonas, que había bajado al fondo de la nave, se había acostado y dormía profundamente. Llegóse a él el patrón del barco y le dijo: ¿Qué estás ahí tú durmiendo? Levántate y clama a tu Dios. Quizá se cuidará de nosotros y no pereceremos. Dijéronse unos a otros: Vamos a echar suertes a ver por quién nos viene este mal. Echaron suertes, y la suerte cayó en Jonas. Entonces le dijeron: A ver, ¿de dónde vienes, cuál es tu tierra y de qué pueblo eres? El les respondió: Yo soy hebreo y sirvo a Yahvé, Dios de los cielos, que hizo los mares y la tierra. Aquellos hombres se atemorizaron sobremanera, y le dijeron: ¿Por qué has hecho esto? Pues sabían que iba huyendo de Yahvé, porque él se lo había declarado. Dijéronle: ¿Qué vamos a hacer contigo para que el mar se nos aquiete? Porque el mar iba embraveciéndose cada vez más. El les respondió: Agarradme y echadme al mar, y el mar se os aquietará, pues bien sé yo que esta gran tormenta os ha sobrevenido por mí. Aquellos hombres hicieron por volver la nave a tierra, mas no pudieron, pues el mar cada vez más se embravecía. Entonces clamaron a Yahvé, diciendo: ¡Oh Yahvé! Que no perezcamos nosotros por la vida de este hombre y no nos imputes sangre inocente, pues tú, ¡oh Yahvé! has hecho como te plugo. Y agarrando a Jonas, le echaron al mar, y el mar se aquietó en su furia. Temieron aquellos hombres a Yahvé y le ofrecieron sacrificios y le hicieron votos. Yahvé había dispuesto un pez muy grande para que tragase a Jonas, y Jonas estuvo en el vientre del pez por tres días y tres noches. Desde el vientre del pez dirigió Jonas su plegaría a Yahvé, su Dios, diciendo: Clamé a Yahvé en mi angustia y El me oyó. Desde el seno del “Seol” clamé, y tú escuchaste mi voz. Echásteme a lo profundo, al seno de los mares; envolviéronme las corrientes; todas tus olas y tus ondas pasaron sobre mí." Y dije: Arrojado soy de delante de tus ojos. ¿Cómo volveré a contemplar tu santo templo ? Las aguas me estrecharon hasta el alma, el abismo me envolvió, las algas se enredaron a mi cabeza. Había bajado ya a las bocas del hades, la región cuyos cerrojos (se echaron) sobre mí para siempre; pero tú, Yahvé, mi Dios, salvaste mi vida del sepulcro." Cuando desfallecía mi ánima, me acordé de Yahvé, y mi súplica llegó a ti, a tu santo templo. Los servidores de fútiles vanidades abandonan su benevolencia. Pero yo te ofreceré víctimas acompañadas de alabanzas, te cumpliré mis votos. De Yahvé es la salvación, Pero yo te ofreceré víctimas acompañadas de alabanzas, te cumpliré mis votos. De Yahvé es la salvación, [ (Jonah 2:11) Dio Yahvé orden al pez, y éste vomitó a Jonas en la playa. ] Llegó por segunda vez la palabra a Jonas, diciendo: Levántate y ve a Nínive, la ciudad grande, y pregona en ella lo que yo te diré. Levantóse Jonas y fuese a Nínive, según la orden de Yahvé. Era Nínive una ciudad grande sobremanera, de tres días de andadura. Comenzó Jonas a penetrar en la ciudad camino de un día, y pregonaba diciendo: De aquí a cuarenta días, Nínive será destruida. Las gentes de Nínive creyeron a Dios, y pregonaron ayuno y se vistieron de saco desde el más grande al más pequeño. Llegó la noticia al rey de Nínive, y, levantándose de su trono, se desnudó de sus vestiduras, se vistió de saco y se sentó sobre el polvo, e hizo pregonar en Nínive una orden del rey y de sus príncipes, diciendo: Hombres y , bueyes y ovejas, no probarán bocado, no comerán nada ni beberán agua. Cúbranse de saco hombres y y clamen a Dios fuertemente, y conviértase cada uno de su mal camino y de la violencia de sus manos. ¡Quién sabe si se apiadará Dios y se volverá del furor de su ira y no pereceremos! Vio Dios lo que hicieron, convirtiéndose de su mal camino, y arrepintiéndose del mal que les dijo había de hacerles, no lo hizo. Apesadumbróse sobremanera Jonas, se enojó y oró a Yahvé, diciendo: ¡Cómo, Yahvé! ¿no es esto lo que me decía yo estando en mi tierra? Por eso, precaviéndome, quise huir a Tarsis, pues sabía que eres Dios clemente y misericordioso, tardo a la ira, de gran piedad, y que te arrepientes de hacer el mal. Ahora, pues, Yahvé, quítame la vida, porque mejor me es la muerte que la vida. Díjole Yahvé: ¿Te parece que haces bien con enojarte así? Salióse Jonas de la ciudad y se sentó al lado oriental de ésta, y, haciendo un chozo, metióse en él, a la sombra, hasta ver lo que era de la ciudad. Dispuso Yahvé, Dios, un ricino, que creció hasta por encima de Jonas, y haciendo sombra sobre su cabeza, le defendía del calor. Jonas se alegró mucho por el ricino, pero dispuso Dios un gusano que a la mañana siguiente atacó al ricino, y éste se secó. Al salir el sol mandó Dios un recio viento solano, y el sol hirió en la cabeza a Joñas, que, angustiado, se deseaba la muerte, diciendo: ¡Mejor sería para mí morir que vivir! Entonces dijo Yahvé a Jonas: ¿Te parece bien enojarte por el ricino? Y él respondió: Sí; me parece bien enojarme hasta la muerte." Yahvé le dijo: Tú tienes lástima del ricino, en el cual no trabajaste por hacerle crecer, que en el espacio de una noche nació y en el de otra noche pereció, ¿y no voy a tener yo piedad de Nínive, la gran ciudad, donde hay más de ciento veinte mil hombres que no distinguen su mano derecha de la izquierda, y, además, numerosos ? Palabra de Yahvé, que fue dirigida a Miqueas, de Morasti, en los días de Jotán, Acaz y Ezequías, reyes de Judá, lo que vio sobre Samaría y sobre Jerusalén: ¡Escuchad, pueblos todos! ¡Atiende tu tierra y cuanto en ella se contiene! Que el Señor, Yahvé, va a litigar con vosotros; el Señor, desde su santo templo." Pues he aquí que Yahvé va a salir de su lugar, va a descender para caminar sobre las cumbres de la tierra, y bajo él se fundirán los montes y se hendirán los valles, como al fuego se derrite la cera, como aguas que se precipitan por un despeñadero. Todo por la prevaricación de Jacob, todo por los pecados de la casa de Israel. ¿Cuál es la prevaricación de Jacob? ¿Acaso no es Samaría? ¿Y cuáles los excelsos de Judá? ¿Acaso no es Jerusalén? Pues yo convertiré a Samaría en majano campestre, en plantaciones de viñas, y arrojaré sus piedras en el valle, y pondré al desnudo sus cimientos. Y todas sus esculturas serán abatidas, y todos sus salarios serán abrasados por el fuego, todos sus ídolos serán arruinados, porque son mercedes de prostitución, y en salario de prostitución se convertirán. Por eso yo gimo y me lamento, y voy descalzo y desnudo, y aúllo como chacal, y gimo como avestruz. Porque su desastre es irremediable y ha invadido a Judá, llegando hasta la puerta de mi pueblo, hasta Jerusalén. No vayáis a pregonarlo en Gat ni a llorarlo en Acco. Revolveos en el polvo en Bet-le-Afrá. Os han traicionado los de Safir, las ciudades de la vergüenza. No salieron a campaña los habitantes de Saanán; la casa vecina os traicionó, os negó su apoyo." Los habitantes de Marot esperan sacar bien, porque ha descendido de Yahvé el mal a las puertas de Jerusalén. Uncid al carro los corceles, habitantes de Lakis. Es el comienzo del castigo para la hija de Sión, pues en ti se han hallado las prevaricaciones de Israel. Por eso habrás de aportar la dote de Moreset-Gat; las casas de Akzib serán un engaño para los reyes de Israel." Aún os traeré un poseedor, moradores de Maresá, y la gloria de Israel emigrará a Elam. Motílate y ráete por los hijos queridos, ensancha tu calvicie como la del buitre, porque fueron deportados lejos de ti. Ay de los que en sus lechos maquinan la iniquidad para ejecutarla al amanecer, porque tienen en sus manos el poder! Codician campos, y los roban; casas, y se apoderan de ellas; y hacen violencia al dueño y a su casa, al hombre y a su heredad." Por tanto, así dice Yahvé: He aquí que yo estoy maquinando contra esta estirpe un mal del que no podréis librar vuestros cuellos, y no andaréis ya erguidos, porque es el tiempo de la desventura. En aquel día se compondrá una sátira sobre vosotros y se cantará una elegía, diciendo: “Hemos sido destruidos por completo. ¡Se ha mudado la suerte de mi pueblo! ¡Cómo arrebata para no devolver y reparte nuestros campos! Ya no tendrás quien por suertes distribuya lotes en la comunidad de Yahvé. ¡No vaticinéis! ¡No vaticinen respecto de esto! ¡El oprobio no (nos) alcanzará! No se dice la casa de Jacob: “¿Se ha acortado la paciencia de Yahvé? ¿Dónde están sus obras?” ¿Mis palabras no están plenas de bondad para los que caminan en rectitud? Pero vosotros ayudáis al enemigo contra mi pueblo. Delante de Salmanasar arrebatáis el botín de guerra a los que confiados van su camino. Arrojáis a las mujeres de mi pueblo de su querido hogar y arrebatáis para siempre de sus hijos mi gloria. Levantaos y echad a andar, que no es tiempo de holganza. Por su inmundicia será atormentado con horrible tormento. No profetiza falsamente el hombre inspirado. Yo te profetizo el vino y la bebida embriagadora de que rebosa este pueblo. Yo te reuniré, Jacob, todo entero; yo reuniré los restos de Israel, yo los congregaré corno ovejas en el aprisco, corno rebaño en medio del pastizal, y, llenos de espanto, huirán ante el desastre." Irá delante de ellos el que rompe la marcha; irrumpirán y traspasarán la puerta y saldrán por ella, y delante de ellos marchará su rey, y a su cabeza Yahvé." Yo digo: Oíd, caudillos de Jacob y jueces de la casa de Israel: ¿No os toca a vosotros conocer el derecho? Aborrecedores del bien y amadores del mal, arrancan la piel de sobre ellos y la carne de sobre sus huesos, y luego de haberse comido la carne de mi pueblo y de haberle arrancado la piel, y haberle roto los huesos, y haberle descuartizado como carne para la olla o carne para el caldero, entonces clamarán a Yahvé, pero no les oirá, pues les ocultará su rostro en aquel tiempo porque obraron perversamente. Así habla Yahvé contra los profetas que descarrían a mi pueblo, que muerden con sus dientes mientras claman: “Paz,”y al que no les pone algo en la boca, le declaran la guerra santa. Por eso la visión se os hará noche, y la adivinación tinieblas, y se pondrá para los profetas el sol, y el día se les oscurecerá. Los videntes serán avergonzados, y confundidos los adivinos, y se cubrirán todos la barba, pues Dios no dará ya respuesta. Yo, empero, estoy lleno de la fuerza del espíritu de Yahvé y de juicio y fortaleza para denunciar a Jacob sus prevaricaciones y a Israel sus pecados. Oíd, pues, cabezas de la casa de Jacob y jueces de la casa de Israel, que aborrecéis el derecho y torcéis todo lo recto;" que edificáis a Sión con sangre y a Jerusalén con iniquidad, Sus cabezas sentencian por cohecho, sus sacerdotes enseñan por salario, sus profetas adivinan por dinero y se apoyan sobre Yahvé, diciendo: “¿No está entre nosotros Yahvé? ¡No nos sobrevendrá la desventura!” Por eso, por vosotros será Sión arada como un campo, y Jerusalén se convertirá en ruinas, y el monte del templo será un breñal. Y sucederá al fin de los días que el monte de la casa de Yahvé se asentará a la cabeza de los montes, se elevará sobre los collados, y los pueblos correrán a él, y vendrán numerosas naciones, diciendo: Venid, subamos al monte de Yahvé, a la casa del Dios de Jacob, que nos enseñe sus caminos para que marchemos por sus sendas, pues de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra de Yahvé. Y juzgará a muchos pueblos y ejercerá la justicia hasta muy lejos con poderosas naciones, que de sus espadas harán azadas, y de sus lanzas hoces; no alzará espada gente contra gente ni se adiestrarán ya para la guerra." Sentaráse cada uno bajo su parra y bajo su higuera, y nadie los aterrorizará, porque lo dice la boca de Yahvé de los ejércitos. Porque todos los pueblos marchan cada uno en el nombre de sus dioses, pero nosotros marcharemos siempre en el nombre de Yahvé, nuestro Dios por siempre jamás. En aquel día — dice Yahvé — yo recogeré a la coja y traeré a la descarriada, a la que yo castigué;" y de la coja yo haré un resto y de la descarriada haré un pueblo poderoso, y Yahvé reinará sobre ellos en el monte de Sión desde ahora para siempre. Y tú, torre del rebaño, colina de la hija de Sión, volverá a ti tu antiguo poderío y la realeza que es propia de la hija de Sión. ¿Por qué, pues, tantos clamores? ¿No hay rey en ti o te falta tu consejero, que te dueles como mujer en parto? Duélete y gime, hija de Sión, como mujer en parto, porque vas a salir ahora de la ciudad y morarás en los campos, y llegarás hasta Babilonia, pero allí serás librada, allí te redimirá Yahvé del poder de tus enemigos. Ahora se han juntado contra ti muchas gentes y dicen:Que sea profa” nada y logren verlo nuestros ojos en Sión. Pero no conocen los pensamientos de Yahvé, no penetran sus designios. El los ha juntado cual gavillas en la era. Álzate y trilla, hija de Sión, que haré yo tu cuerno cuerno de hierro, y tus pezuñas, pezuñas de bronce, y aplastarás a muchos pueblos, y consagrarás a Yahvé sus despojos, y sus riquezas al Señor de toda la tierra. (14) Ahora rodéate de muros, Bet-Gader. Nos cercan, hieren con la clava las mandíbulas las tribus de Israel (1) Pero tú, Belén de Efratá, pequeño entre los clanes de Judá, de ti me saldrá quien señoreará en Israel, cuyos orígenes serán de antiguo, de días de muy remota antigüedad. (2) Por eso los entregará hasta el tiempo en que la que ha de parir parirá,y el resto de sus hermanos volverá a los hijos de Israel. (3) Y se afirmará y apacentará con la fortaleza de Yahvé y con la majestad del nombre de Yahvé, su Dios, y morarán tranquilamente, porque entonces será grande hasta los confines de la tierra. (4) Y así será la paz: cuando invada Asur nuestra tierra para hollar nuestros palacios, suscitaremos contra él siete pastores y ocho príncipes, (5) y regirán la tierra de Asur con la espada, la tierra de Nemrod con la espada desnuda. El nos librará de Asur cuando venga contra nuestra tierra para hollar nuestras fronteras. (6) Y el resto de Jacob será en medio de numerosos pueblos como rocío de Yahvé, como lluvia sobre la hierba, que no tiene que esperar de nadie ni necesita nada de los hijos de los hombres. (7) Será el resto de Jacob entre las naciones, en medio de numerosos pueblos, como león en medio de las “bestias de la selva, como cachorro de león en medio de rebaño de ovejas, que pasa, pisa y desgarra (la presa), sin que haya quien (se la) arranque. (8) Se alzará tu mano sobre tus enemigos, y todos tus contrarios serán exterminados. (9) Y sucederá en aquel día — oráculo de Yahvé — que quitaré de en medio de ti tus caballos, y destruiré tus carros, (10) y abatiré las ciudades de tu tierra, y arrasaré todas tus fortalezas. (11) Y te quitaré de las manos tus hechicerías y no habrá más agüeros en ti. (12) Y destruiré tus esculturas y tus cipos de en medio de ti, y nunca más te prosternarás ante la obra de tus manos. (13) Y arrancaré de en medio de ti tus “asneras,” y destruiré tus ciudades, (14) y haré con ira y furor venganza en las gentes que no quisieron escuchar. Oíd, pues, lo que dice Yahvé: ¡Levántate, queréllate contra los montes y que oigan tu voz los collados! ¡Oíd, montes, la querella de Yahvé; prestad oído, cimientos de la tierra! Porque tiene Yahvé querella con su pueblo y va a altercar con Israel." ¿Qué te he hecho yo, pueblo mío? ¿En qué te he molestado? ¡Respóndeme! Porque yo fui quien te hizo subir de la tierra de Egipto, te redimí de la casa de la servidumbre y mandé a tu frente a Moisés, Aarón y María. Acuérdate, pueblo mío, de qué pedí a Balac, rey de Moab, y qué le respondió Balaam, hijo de Beor, desde Sitim hasta Guilgal, para que reconozcas las justicias de Yahvé. ¿Con qué me presentaré yo ante Yahvé y me postraré ante el Dios de lo alto? ¿Vendré a El con holocaustos, con becerros primales? ¿Se agradará Yahvé de los miles de carneros y de las miríadas de arroyos de aceite? ¿Daré mis primogénitos por mis prevaricaciones, y el fruto de mis entrañas por los pecados de mi alma? ¡Oh hombre! bien te ha sido declarado lo que es bueno y lo que de ti pide Yahvé: hacer justicia, amar el bien y caminar en la presencia de tu Dios. La voz de Yahvé interpela a la ciudad (sabiduría es temer tu nombre): Oye, tribu; oye, asamblea de la ciudad:" ¿Voy a perder de vista la casa del impío, los tesoros de iniquidad y el detestable “efá” escaso ? ¿Voy a perdonar a pesar de las balanzas falsas y de las bolsas de pesas fraudulentas? Por haberse llenado sus ricachos de violencias y haber hablado falsamente a sus habitantes, llevando en su boca una lengua mendaz, por eso me he puesto yo también a herirte y a devastarte a causa de tus pecados. Comerás y no te saciarás, y el hambre te roerá las entrañas; apartarás, pero no lo librarás, y lo que librares, yo lo daré a la espada." Sembrarás y no cosecharás; pisarás la aceituna, pero no te ungirás con su óleo; el mosto, pero no beberás su vino," Has guardado los mandatos de Ómrí y todas las obras de la casa de Acab, y has andado según sus consejos para que yo te entregue a la devastación y dé tus habitantes al escarnio. Llevaréis, pues, sobre vosotros el oprobio de mi pueblo. ¡Ay de mí, que he venido a ser corno quien hace la recolección en otoño, como quien hace rebusco tras la vendimia No hay un racimo para comer, anhelando mi alma los primeros frutos. Han desaparecido de la tierra los piadosos, no hay ninguno recto entre los hombres; todos acechan la sangre, unos a otros se tienden la red." Las manos están prontas a hacer diestramente el mal: El príncipe reclama, el juez (sentencia) por cohecho, y el grande sentencia a su capricho, y han pisado a los buenos como a rama de zarza que sale derecha del seto. Es el día anunciado por tus atalayas, viene tu castigo, llega ahora su confusión. No os fiéis del compañero ni confiéis en el amigo; de la que se acuesta en tu seno guarda las confidencias de tu boca." Porque el hijo afrenta al padre, la hija se alza contra la madre, la nuera contra la suegra, y los enemigos son sus mismos domésticos. Mas yo dirigiré mis miradas a Yahvé y esperaré en el Dios de mi salvación, y me escuchará mi Dios. ¡No te regocijes de mí, enemiga mía! pues si caí, me levantaré, y si moro en tinieblas, Yahvé será mi luz. Habré de soportar la ira de Yahvé, porque pequé contra El, hasta que juzgue mi causa y me haga justicia. Lo verá mi enemiga, se cubrirá de vergüenza, ella que me decía: ¿Dónde está Yahvé, tu Dios? Mis ojos lo habrán de ver. Ahora será pisoteada como el fango de las calles. Es el día de la reconstrucción de tus muros! ¡Es el día en que se alejarán tus fronteras! En ese día se llegará a ti desde Asiría a Egipto, y desde Egipto hasta el río, del uno al otro mar, del uno al otro monte, y la tierra será devastada a causa de sus habitantes, por sus obras. Apacienta con tu cayado a tu pueblo, el rebaño de tu heredad, que habita aislado en la selva,en medio del Carmelo; que se apacientan en Basan y Galaad como en tiempos pasados." Como en los días de tu éxodo de Egipto, le haré ver prodigios. Lo verán las gentes y se avergonzarán de toda su prepotencia; pondrán la mano sobre su boca y ensordecerán sus oídos." Lamerán el polvo como la serpiente; como los reptiles de la tierra,saldrán espantados de sus escondrijos, y despavoridos, se volverán a Yahvé, nuestro Dios, y se sobrecogerán de temor ante ti." ¿Qué Dios hay como tú, que perdonas la maldad y pasas por alto el pecado del resto de tu heredad? No persiste por siempre en su enojo, porque gusta de la piedad. Volverá a compadecerse de nosotros, conculcará nuestras iniquidades y arrojará a lo hondo del mar nuestros pecados. Serás fiel a Jacob y propicio a Abraham, como a nuestros padres juraste desde tiempos antiguos. Oráculo sobre Nínive. Libro de la visión de Nahum de Elqosh: Yahvé es un Dios celoso y vengador, es vengador Yahvé y pronto a la ira; Yahvé se venga de sus enemigos y es inflexible para sus adversarios." Yahvé es paciente y grande en poderío y no deja a nadie impune. Marcha en el torbellino y en la tempestad, y las nubes son el polvo de sus pies. Amenaza a los mares y los seca y agota los ríos todos. El Basan y el Carmelo desfallecen y se marchita el verdor del Líbano. Tiemblan los montes ante El y se disuelven los collados. Se agita la tierra ante El, el orbe y cuantos lo habitan. ¿Quién podrá permanecer ante su ira? ¿Quién arrostrará el ardor de su cólera? Su furor se difunde como fuego y ante El se quebrantan las rocas. Es bueno Yahvé como protección en el día de la angustia, y conoce a los que a El se acogen. Cuando sobreviene la inundación, aniquila a los que se dirigen contra El1 y a sus enemigos los lanza a las tinieblas. ¿Qué maquináis contra Yahvé? El va a producir completo estrago, no se levantará dos veces la opresión. Pues aunque sean corno zarzas enmarañadas y están embebidos en su embriaguez, serán devorados enteramente como paja seca. De ti salió quien maquinó contra Yahvé, quien trazó malvados designios. Así dice Yahvé: Aunque estén completos y sean tan numerosos, serán cortados, perecerán. Yo te he humillado y no volveré a humillarte. Y ahora voy a quebrantar su yugo de sobre ti, yo voy a romper tus cadenas. Yahvé ha decretado contra ti: No quedará ni memoria de tu nombre. Yo extirparé de la casa de tus dioses las imágenes esculpidas y los ídolos fundidos y haré de tu sepultura una ignominia. ¡He aquí sobre los montes los pies del mensajero de albricias, del que anuncia la paz! Celebra, ¡oh Judá! tus festividades, cumple tus votos, que no volverá a pasar sobre ti Belial, que ha sido enteramente destruido. (2) Sube un destructor frente a ti; guarda la plaza fuerte, escruta el camino, cíñete los lomos, concentra tu poder." (3) Pues Yahvé restablecerá la viña de Jacob ! restaurará la gloria de Israel, por cuanto la habían devastado los saqueadores que destruyeron sus cepas, (4) El escudo de sus guerreros está teñido de rojo, sus soldados visten púrpura, sus carros son como hachas encendidas; al atacar, sus caballos son un torbellino a través de los campos." (5) Sus carros ruedan con estruendo por las plazas, brillan como antorchas y se lanzan como el relámpago. (6) Sus príncipes se aperciben, van tropezando en su marcha, corren a los muros, preparan las defensas. (7) Se abren las puertas de los ríos, el palacio está sumido en el terror, (8) la reina es desnudada y sacada a luz, sus servidoras lloran y gimen como palomas y se dan golpes de pecho. (9) Nínive parece un estanque de aguas, pero de aguas que se van. ¡Alto! Pero ninguno vuelve. (10) ¡Saquead la plata, saquead el oro! No tienen fin Jos tesoros, es una riqueza inmensa de todo género de preciosidades. (11) ¡Saqueo, pillaje, devastación, corazones llenos de espanto, rodillas temblorosas, estremecimiento de ríñones, rostros demudados! (12) ¿Dónde está el cubil de leones, la que era guarida de cachorros de león, adonde el león llevaba sus cachorros y donde nadie podía perturbarlos? (13) Arrebataba el león lo necesario para sus cachorros, estrangulaba para sus leonasy llenaba la caverna de presas, y su cubil de despojos. (14) Heme aquí contra ti, dice Yahvé de los ejércitos. Yo convertiré en humo tus carros; la espada devorará a tus cachorros; raeré de la tierra tus rapiñas. Ya no se oirá más la voz de tus embajadores." ¡Ay de la ciudad sanguinaria, toda llena de mentira y de violencia y de inexhaustas rapiñas! ¡Restallido de látigo, estruendoso rodar de ruedas, galopar de caballos y rebotar de carros, jinetes enhiestos, espadas relampagueantes, lanzas fulgurantes! Muchedumbre de heridos, montones de cadáveres, cadáveres sin fin, por doquier se tropieza con ellos. Por las numerosas fornicaciones de la ramera, de encantadores atractivos, maestra en brujerías, que con sus fornicaciones seducía a las naciones y con sus hechicerías engañaba a los pueblos. Heme aquí contra ti, dice Yahvé de los ejércitos; yo alzaré tus faldas hasta tu cara, descubriendo a las gentes tu desnudez y mostrando a los reinos tus vergüenzas." Arrojaré sobre ti tus inmundicias, te cubriré de ignominia y te daré en espectáculo. Y sucederá que cuantos te vean se apartarán de ti, diciendo: ¡Ha sido destruida Nínive! ¿Quién se compadecerá de ella? ¿Dónde buscaré consoladores? ¿Eres tú mejor que No-Amón, la que se asentaba entre ríos, la rodeada de aguas, cuyo baluarte era el mar y cuyas murallas eran las aguas? Su fuerza eran Etiopía y Egipto, no tenía fin; Put y Libia eran sus mercenarios," y, con todo, se fue prisionera al desierto, y sus niños fueron estrellados en las encrucijadas de todas sus calles, y sus nobles fueron echados a suertes, y sus grandes fueron cargados de cadenas. También tú serás embriagada, serás objeto de escarnio; también tú irás en busca de un refugio contra el enemigo." Todas tus plazas fuertes son higueras con brevas, que al sacudirse caen en la boca de quien las come. He aquí que tu pueblo es en medio de ti (como) mujeres. Las puertas de tu país se abren de par en par al enemigo; el fuego devora las barras de tus puertas." Abastécete de agua para el asedio,fortifica tus plazas, pisa el barro, amasa la arcilla y coge el molde de los ladrillos. Allí te devorará el fuego, allí te exterminará la espada, te devorará como te devora la langosta. Multiplícate como la langosta, amontónate como el salta-monte. Multiplicaste tus mercaderes más que las estrellas del cielo; la langosta se deslarva y se va." Tus dignatarios *son como saltamontes,y tus escribas como enjambre de langostas', que en día de frío se amontonan sobre el vallado, sale el sol y levantan el vuelo, sin que pueda conocerse el lugar adonde se fueron. Tus pastores, ¡oh rey de Asur! están dormidos; tus grandes, tumbados; tu pueblo está disperso por los montes, sin que haya quien le congregue." Tu ruina no tiene remedio, tu herida es incurable. Cuantos oigan hablar de ti batirán palmas por tu causa, porque ¿sobre quién no descargó sin tregua tu maldad? Oráculo que vio Habacuc profeta: ¿Hasta cuándo, ¡oh Yahvé! suplicaré sin que me oigas; clamaré a ti: ¡Violencia! sin que envíes tu salvación?" ¿Por qué me haces ver la iniquidad, y soportas la vista de la aflicción,y la opresión y la violencia se hallan ante mí, y surgen la querella y la discordia? Por eso se embota la ley, y el derecho no resplandece, pues el impío asedia al justo;por ello el derecho se tuerce." Mirad a las naciones y ved, y quedaréis sobrecogidos y estupefactos, pues está para cumplirse en vuestros días una obra que, si os la contaran, no la creeríais. Pues he aquí que voy a suscitar a los caldeos, pueblo feroz y arrebatado, que marchará por las anchuras de la tierra para conquistar moradas ajenas. Es espantoso y terrible; su derecho y su elación sólo de él emanan." Sus caballos son más ligeros que el tigre, más voraces que lobos nocturnos. Sus jinetes avanzan con insolencia, sus caballos vienen de lejos, volando como el águila que se precipita para devorar. Todos llegan para entregarse a la violencia. Sus rostros ardientes son (como viento) solano y amontonan cautivos como arena. Se burla de los reyes, se mofa de los príncipes, se ríe de todas las plazas fuertes; alza un terraplén y las toma;" luego el huracán muda de dirección y pasa. Es un criminal que hace de la fuerza su dios. ¿No eres tú desde antiguo Yahvé, mi Dios, mi Santo, tú que no puedes morir?5 Tú, Yahvé,no dejarás perecer al estableciste para la justicia y lo fundaste como roca para castigar. Muy limpio eres tú de ojos para contemplar el mal, y no puedes soportar (la vista) de la miseria. ¿Por qué, pues, miras a los pérfidos y callas, mientras el impío devora al que es más justo que él, como si hicieras a los hombres semejantes a los peces del mar o a los reptiles de la tierra, que no tienen dueño? El lo pesca todo con sus anzuelos, lo apresa en sus mallas, lo recoge en sus redes, y por ello se alegra y regocija. Por eso ofrece sacrificios a sus mallas, y ofrendas humeantes a sus redes,pues por ellas acrecienta su provisión y es pingüe su comida;" y vacía sin tregua su red, (asesinando sin piedad a los pueblos. Yo me estaré de pie en mi puesto de guardia, en pie permaneceré sobre la fortaleza, y me mantendré alerta a ver qué me dice y qué responde a mi querella. Yahvé me respondió diciendo: Escribe la visión y grábala en tabletas, de modo que pueda leerse de corrido. Porque la visión es para tiempo fijado, y ciertamente ha de realizarse sin falta; espérala, que ciertamente llegará, no faltará." He aquí que sucumbe el que no tiene alma recta, mas el justo por su fidelidad vivirá. ¡Ciertamente la riqueza es pérfida, (como) el hombre insolente que no se aquieta, que ensancha su alma como el “seol,” y es insaciable como la muerte, y se apodera de todas las naciones, y amontona en torno a sí a todos los pueblos! ¿No habrán de alzar todos éstos contra él proverbios, burlas y sátiras, diciendo: ¡Ay del que amontona lo que no es suyo (¿Hasta cuándo será?) y acrecienta sobre él deudas! ¿No se alzarán de repente tus acreedores, no se levantarán tus exactores, y serás presa de ellos? Porque has despojado a muchas gentes, todos los pueblos que quedan te despojarán a ti por la sangre humana derramada y la violencia hecha al país, a la ciudad y cuantos en ella habitan. ¡Ay del que codicioso enriquece injustamente su casa y quiere poner muy alto su nido para escapar al infortunio! Has tramado lo que es vergonzoso para tu casa, asolaste a muchos pueblos, y tu alma ha pecado, porque chilla en el muro la piedra y la responde en el enmaderado la viga. ¡Ay del que edifica con sangre la ciudad y la cimenta sobre la iniquidad! ¿No es de Yahvé de los ejércitos que los pueblos trabajan para el fuego y las gentes se fatigan por la vanidad ? Llenaráse la tierra del conocimiento de la gloria de Yahvé como las aguas llenan el mar. ¡Ay del que da a beber a su prójimo y derrama su veneno hasta embriagarlo para contemplar sus desnudeces! ¡Estás saciado de ignominia en vez de honra! ¡Bebe a tu vez y tambaléate! A ti se te dará el cáliz de la diestra de Yahvé, y en vez de gloria, vergüenza. Porque la violencia hecha al Líbano te cubrirá, y la destrucción de los te será causa de terror por la sangre humana derramada y la violencia hecha al país, a la ciudad y a cuantos en ella habitan. ¿De qué sirve la escultura que su autor esculpió, de qué la imagen fundida y el oráculo mendaz, para que el que la hizo ponga la confianza en ella, por haberse fabricado ídolos mudos? ¡Ay del que dice al leño: “¡Despierta!” y a la piedra: “¡Levántate!” Esos no enseñan sino a enmudecer8. He aquí que están cubiertos de oro y de plata, pero no hay en ellos el menor hálito de vida. Yahvé mora en su santo recinto. Calla ante él, ¡oh tierra toda! Plegaria de Habacuc, profeta, en el tono de “shiguinot.” Yo, ¡oh Yahvé! oí tu renombre y he temido, ¡oh Yahvé! tus obras. Dales existencia en el transcurso de los años, manifiéstalas en medio de los tiempos. En la ira acuérdate de la misericordia. Llega Dios de Teman, y el Santo del monte Farán. (Selah), u majestad cubre los cielos, y la tierra se llena de su gloria. Su resplandor es como la luz; de sus manos salen como cuernos, con que vela su poder." Delante de El va la mortandad, y a su zaga va el azote. Si se detiene, hace temblar la tierra, y si mira, se conmueven las naciones. Los montes eternos se resquebrajan, se abajan los eternos collados, sus antiguos caminos. Llenas de terror veo las tiendas de Kusán, ( tiemblan los campamentos de Madián. ¿Acaso, Yahvé, se enciende tu ira contra los ríos o es contra los mares tu furorcuando subes sobre tus caballos, sobre tus carros de victoria? Pones al desnudo tu arco y llenas de saetas tu aljaba. (Selah.) Hiendes con torrentes la tierra. A tu vista tiemblan las montañas, irrumpen diluvios de aguas, alza su voz el abismo del mar, hacia la altura sus manos eleva. El sol y la luna se quedan en su morada ante la luz de tus saetas,ante el resplandor de tu lanza fulgurante. En tu ira huellas la tierra, en tu furor trillas los pueblos. Sales a campaña para salvar a tu pueblo, para libertar a tu ungido. Abates la cúspide de la casa del impío, desnudando sus cimientos hasta la roca. (Selah.) Atraviesas con tus lanzas las cabezas de sus guerreros, que irrumpen para desbaratarme, exultan como quien devora al desvalido en secreto. Te sumerges en la mar con tus caballos, i en el hervidero de las grandes aguas. Y lo oí y se estremecieron mis entrañas; al estruendo temblaron mis labios, se reblandecieron mis huesos, y mis pasos se hicieron vacilantes. Tranquilo espero el día de la aflicción, que vendrá sobre el pueblo que nos oprime," Que no dé sus yemas la higuera ni sus frutos la vid, falte la cosecha del olivo y no den mantenimiento los campos. Desaparezcan las ovejas del redil y no haya bueyes en los establos;" yo me alegraré en Yahvé y me gozaré en el Dios de mi salvación. Yahvé, mi Señor, es mi fortaleza, que me da pies como de ciervo y me hace correr por las alturas. Al maestro de canto. A las cuerdas. Palabra de Yahvé dirigida a Sofonías, hijo de Cusí, hijo de Guedalías, hijo de Amarías, hijo de Exequias, en los días de Josías, hijo de Amón, rey de Judá: Yo haré perecer totalmente cvianto hay sobre la haz de la tierra, oráculo de Yahvé. Haré perecer hombres y , aniquilaré las aves del cielo y los peces del mar. Yo haré tropezar a los impíos y exterminaré a los hombres de sobre la haz de la tierra, oráculo de Yahvé. Yo tenderé mi mano sobre Judá y sobre todos los moradores de Jerusalén y exterminaré de este lugar los restos de Baal y el nombre mismo de los arúspices entre los sacerdotes, y a los que en los terrados se postran ante la milicia de los cielos,y a los que, postrándose ante Yahvé, juran por Milcom, y a los que se apartan de Yahvé y no le buscan ni se acuerdan de EL. ¡Silencio en la presencia del Señor, Yahvé! Porque se acerca el día de Yahvé. Porque ha preparado Yahvé un sacrificio y ha santificado a sus invitados, Sucederá en el día del banquete de Yahvé que yo visitaré a los príncipes y a los hijos del rey y a todos los que visten con vestiduras extranjeras. Visitaré en aquel día a los que corretean por el umbral e hinchen las casas de sus señores de rapiñas y de fraudes. Y en aquel día, dice Yahvé, se alzaré, gran gritería desde la puerta de los Peces,y gran clamor desde la Ciudad Nueva, y gran estruendo desde las colinas. Lamentaos, moradores de la Muela, porque todo el pueblo de mercaderes ha sido destruido, han sido exterminados todos los que traían cargas de plata. Y sucederá en aquel tiempo que escudriñaré a Jerusalén con linternas y visitaré a los que se sientan sobre sus heces, diciéndose en su corazón: “No hace Yahvé ni bien ni mal.” Su opulencia será dada al pillaje, y sus casas asoladas. Levantarán casas, y no las habitarán; plantarán viñas, y no beberán su vino." Se acerca el gran día de Yahvé, viene presuroso;el estruendo del día de Yahvé es horrible, hasta los fuertes dan gritos amargos." Día de ira es aquél, día de angustia y de congoja, día de ruina y de asolamiento, día de tinieblas y oscuridad, día de sombras y densos nublados, día de trompeta y alarma en las ciudades fuertes y en las altas torres. Aterraré a los hombres, que andarán como ciegos; por haber pecado contra Yahvé, su sangre será derramada como se derrama el polvo, y tirados sus cadáveres como estiércol." Ni su oro ni su plata podrán librarlos i en el día de la ira de Yahvé, pues toda la tierra será consumida en el fuego de su furor, pues consumará la ruina, la pérdida repentina de todos los moradores de la tierra. Ajustaos a la regla y disciplinaos, pueblo rebelde, antes que la cólera os pulverice como tamo,antes que caiga sobre vosotros el ardor de la ira de Yahvé, antes que llegue sobre vosotros el día de la ira de Yahvé. Buscad a Yahvé los humildes de la tierra, que practicáis su ley; buscad la justicia, buscad la mansedumbre; quizá quedaréis al abrigo de la ira de Yahvé." Pues Gaza será abandonada y Ascalón asolada, Azoto saqueada en pleno día y Acarón extirpada. ¡Ay de los habitantes de la costa del mar, del pueblo de los cereteos! La palabra de Yahvé se alza contra vosotros: Canaán, tierra de filisteos, yo te destruiré hasta no dejar en ti habitante, y serás convertida en pastizales de pastores y en rediles de ovejas. Y será el litoral (marítimo) para el resto de la casa de Judá, allí apacentará. Dormirán por la noche en las casas de Ascalón, porque los visitará Yahvé, su Dios, y los restaurará. He oído los ultrajes de Moab y los denuestos de los hijos de Amón, que afrentaron a mi pueblo y se engrandecieron con su territorio. Por eso, por mi vida, dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel, que Moab será como Sodoma, y los hijos de Amón como Gomorra, ortigales, minas de sal y desolación eterna. El resto de mi pueblo los saqueará, y los sobrevivientes de mi pueblo los heredarán. Este será el pago de su soberbia por haber ultrajado a mi pueblo y haberse insolentado contra el pueblo de Yahvé de los ejércitos. Yahvé será terrible contra ellos y destruirá a todos los dioses de la tierra, y todos, cada uno desde su lugar, y todos los de las islas de las gentes le adorarán. También vosotros, etíopes, seréis abatidos por la espada, Y tenderá su mano hacia el aquilón, y destruirá a Asur, y hará de Nínive un campo de devastación, árido como desierto. En medio de él dormirán los rebaños y todos los de los pantanos; el pelícano y el erizo pernoctarán en sus capiteles. En los huecos canta el buho, en los atrios el cuervo; los artesonados de cedro han sido arrancados." Hela aquí la ciudad exultante, que habitaba confiada, la que se decía en su corazón: “¡Yo y nadie más que yo!” ¡Cómo ha sido devastada, hecha una guarida de fieras! Cuantos pasen cerca de ellas silbarán y moverán sus manos. ¡Ay de la rebelde, de la contaminada, de la ciudad opresora ! No quiso escuchar, no se dejó enseñar, no quiso acercarse a su Dios. Sus príncipes son en medio de ella rugientes leones; sus jueces, lobos nocturnos, que no dejan nada que roer para la mañana." Sus profetas son fanfarrones y pérfidos, sus sacerdotes profanan las cosas santas y violan la Ley. Yahvé es justo en medio de ella, no hace El iniquidad; todas las mañanas establece su juicio a la luz, no falta nunca y no hay en El iniquidad." Yo he exterminado a las naciones, he asolado sus torres y devastado sus caminos, sin que haya quien pase por ellos, y sus ciudades fueron saqueadas y no queda en ellas morador. Me dije: De cierto me temerás y aceptarás la corrección, y no se borrarán de sus ojos todos los castigos que le envié; pero se han apresurado a pervertir sus obras," Por eso, dice Yahvé, esperadme para el día en que me levantaré como testigo. Porque es mi propósito reunir a las gentes y juntar a los reinos para derramar sobre ellos mi ira, porque la tierra toda será consumida por el ardor de mi cólera. Entonces devolveré yo a los pueblos labios limpios para invocar todos el nombre de Yahvé y servirle con un solo hombro. Desde más allá de los ríos de Etiopía, mis adoradores, mis dispersos, me traerán mis ofrendas. En aquel día no te avergonzarás por las acciones con que prevaricaste contra mí, porque quitaré de en medio de ti a tus fanfarrones jactanciosos, y no volverás a engreírte por mi monte santo. Dejaré en medio de ti como resto un pueblo humilde y modesto, que esperará en el nombre de Yahvé. El resto de Israel no hará iniquidad, no dirá mentira ni tendrá en su boca lengua mendaz, y se apacentarán y reposarán sin que haya nadie que los espante. ¡Exulta, hija de Sión! ¡Da voces jubilosas, Israel! ¡Regocíjate con todo el corazón, hija de Jerusalén! Que Yahvé ha revocado los decretos dados contra ti y ha rechazado a tu enemigo. El rey de Israel, Yahvé, está en medio de ti.No verás ya más el infortunio. Aquel día se dirá a Jerusalén: No temas, Sión. No desmayen tus manos, que está en medio de ti Yahvé como poderoso Salvador;se goza en ti con alegría, te renovará en su amor, exultará sobre ti con júbilo" como en los días de fiesta. Yo haré perecer a los que te han abatido, se han convertido en afrentosa carga. He aquí que en aquel tiempo arruinaré a todos tus opresores, y salvaré a la renga, y recogeré a la descarriada,y las haré objeto de alabanzas, y su confusión la haré gloria de la tierra toda. En aquel tiempo os traeré,y entonces os congregaré y os haré objeto de gloria y alabanza entre todos los pueblos de la tierra, cuando yo haga volver ante vuestros ojos a vuestros cautivos, dice Yahvé. En el año segundo del rey Darío, el mes sexto, el día primero, fue la palabra de Yahvé, por mano de Ageo, profeta, a Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, y a Josué, hijo de Jeosadac, sumo sacerdote, diciendo: Así habla Yahvé de los ejércitos: Este pueblo dice: No ha venido aún el tiempo de reedificar la casa de Yahvé. Fue, pues, la palabra de Yahvé por mano del profeta Ageo, diciendo: ¿Ha venido para vosotros el tiempo de morar en casas artesonadas, mientras está en ruinas esta casa? Pues así dice Yahvé de los ejércitos: Pensad bien en vuestra conducta. Sembráis mucho y encerráis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no os hartáis; os vestís, y no os calentáis, y el que anda a jornal echa su salario en bolso roto." Así dice Yahvé: Pensad bien en vuestra conducta. Subid al monte y traed maderas y reconstruir la casa, y yo hallaré en ella mi gozo y mi gloria, dice Yahvé. Esperabais mucho, y habéis hallado poco; almacenabais, y yo he soplado en ello. ¿Por qué? dice Yahvé de los ejércitos. Por estar mi casa en ruinas, mientras que todos os apresurabais a haceros la vuestra." Por eso retuvieron los cielos sobre vosotros el rocío y no dio sus frutos la tierra, y llamé la sequía sobre la tierra, y sobre los montes, y sobre el trigo, y sobre el vino, y sobre el aceite, y sobre cuanto produce la tierra, y sobre los hombres y sobre las bestias, y sobre todo trabajo de vuestras manos. Oyó Zorobabel, hijo de Sealtiel, y Josué, hijo de Jeosadac, sumo sacerdote, y todo el pueblo la voz de Yahvé, su Dios, y las palabras de Ageo profeta, conforme a la misión que Yahvé, su Dios, le había encomendado para ellos, y temió el pueblo ante Yahvé. Entonces Ageo, el enviado de Yahvé, habló por mandato de Yahvé al pueblo, diciendo: Yo soy con vosotros, dice Yahvé. Y despertó Yahvé el espíritu de Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué, hijo de Jeosadac, sumo sacerdote, y el espíritu de todo el pueblo, y vinieron y se pusieron a la obra de la casa de Yahvé de los ejércitos, su Dios, (15) el día veinticuatro del mes sexto del segundo año del rey Darío. -- omitido por paráfrasis -- (1) El séptimo, a los veintiuno, fue palabra de Yahvé por mano del profeta Ageo, diciendo: (2) Habla ahora a Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, y a Josué, hijo de Jeosadac, sumo sacerdote, y al resto del pueblo, y diles: (3) ¿Quién queda de vosotros que viera esta casa en su primera gloria y cual la veis ahora? ¿No es verdad a vuestros ojos como nada? (4) ¡Pues anímate, Zorobabel, dice Yahvé; anímate tú también, Josué, hijo de Jeosadac, sumo sacerdote, y cobra ánimo, pueblo todo de la tierra, dice Yahvé, y a la obra! porque soy yo con vosotros, dice Yahvé de los ejércitos." (5) Conforme a la alianza que con vosotros hice a vuestra salida de Egipto, estará en medio de vosotros mi espíritu, no temáis. (6) Porque así dice Yahvé de los ejércitos: De aquí a poco haré aún temblar los cielos y la tierra, los mares y lo seco, (7) y haré temblar a las gentes todas, y vendrán las preciosidades de todas las gentes, y henchiré de gloria esta casa, dice Yahvé de los ejércitos. (8) Mía es la plata, mío es el oro, dice Yahvé de los ejércitos. (9) La gloria de esta postrera casa será más grande que la de la primera, dice Yahvé de los ejércitos, y en este lugar daré yo la paz, dice Yahvé de los ejércitos. (10) A veinticinco del noveno mes del año segundo de Darío fue la palabra de Yahvé por mano del profeta Ageo, diciendo: (11) Así dice Yahvé de los ejércitos: Pregunta esto a los sacerdotes: (12) Si uno lleva en las haldas de su vestido carnes consagradas y con sus haldas toca pan, manjares cocidos, vino, aceite o un alimento cualquiera, ¿quedará esto santificado? Los sacerdotes respondieron diciendo: No. (13) Y dijo Ageo: Y si un inmundo por un cadáver tocare alguna cosa de éstas, ¿serían inmundas? Y respondieron los sacerdotes diciendo: Inmundas serían. (14) Y replicó Ageo, diciendo: Pues así era este pueblo y esta gente delante de mí, dice Yahvé, y así toda la obra de sus manos y cuanto ofrecían era inmundo. (15) Poned, pues, vuestra atención ahora desde este día en adelante; antes del día en que pusierais una piedra sobre otra en el templo de Yahvé," (16) ¿qué os pasaba? Venían al montón de veinte, y había diez; venían al lagar para sacar cincuenta, y había veinte." (17) Os hería con tizón, añublo y con granizo toda obra de vuestras manos, mas no os volvíais a mí, dice Yahvé. (18) Poned vuestra atención desde este día en adelante, desde el veinticuatro del noveno en adelante, desde que ha sido cimentado el templo de Yahvé. (19) ¿No está aún la simiente en los graneros? ¡Todavía la vid, la higuera, el granado y el olivo no han dado fruto! Desde este día daré yo bendición. (20) Fue por segunda vez la palabra de Yahvé a Ageo, a los veinticuatro del mismo mes, diciendo: (21) Habla a Zorobabel, gobernador de Judá, y dile: Yo conmoveré los cielos y la tierra, (22) y trastornaré los tronos de los reinos, y destruiré la fuerza del reino de las gentes, y volcaré el carro y a los que en él suben, y se vendrán abajo los caballos y los que en ellos cabalgan, los unos por la espada de los otros. (22) y trastornaré los tronos de los reinos, y destruiré la fuerza del reino de las gentes, y volcaré el carro y a los que en él suben, y se vendrán abajo los caballos y los que en ellos cabalgan, los unos por la espada de los otros. [ (Haggai 2:24) (23) Aquel día, dice Yahvé de los ejércitos, te tomaré a ti, Zorobabel, hijo de Sealtiel, mi siervo, dice Yahvé, y te haré como anillo de sello, porque yo te he elegido, dice Yahvé de los ejércitos. ] El octavo mes del año segundo de Darío llegó la palabra de Yahvé a Zacarías, hijo de Baraquías, hijo de Iddo, el profeta, diciendo: Yahvé se irritó fuertemente contra vuestros padres. Diles, pues: Así dice Yahvé de los ejércitos: Volveos a mí, dice Yahvé de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, dice Yahvé de los ejércitos. No seáis como vuestros padres, a quienes vocearon los primeros profetas, diciendo: Así dice Yahvé de los ejércitos: ¡Convertios de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras! Pero ellos no atendieron, no me escucharon, dice Yahvé de los ejércitos. Vuestros padres, ¿dónde están? Y los profetas, ¿viven siempre? Pero mis palabras y mis mandatos, lo que mandé yo a mis siervos los profetas, ¿no alcanzó acaso a vuestros padres? Por eso se convirtieron y se dijeron: Ha hecho Yahvé de los ejércitos con nosotros tal como, según nuestros caminos, decretó tratarnos. A veinticuatro del mes undécimo, que es el mes de Sebat, del año segundo de Darío, fue la palabra de Yahvé a Zacarías, profeta, hijo de Baraquías, hijo de Iddo, diciendo: Vi de noche a un varón que cabalgaba en un caballo rojo y estaba entre los montes en el valle; detrás de él había caballos rojos, alazanes y blancos." Yo entonces pregunté: ¿Qué son éstos, mi señor? Y el ángel que me hablaba me dijo: Voy a darte a saber quiénes son éstos;" pero el que estaba entre los montes tomó la palabra y dijo: Estos son los que Yahvé ha mandado a recorrer la tierra. Luego hablaron ellos al ángel de Yahvé que estaba entre los montes y le dijeron: Hemos recorrido la tierra, y toda está quieta y tranquila. Y habló el ángel de Yahvé, diciendo: ¡Oh Yahvé de los ejércitos! ¿hasta cuándo no vas a tener piedad de Jerusalén y de las ciudades de Judá, contra las que estás irritado desde hace setenta años? Y Yahvé dirigió al ángel que conmigo hablaba palabras amables, palabras consoladoras. El ángel que hablaba conmigo me dijo: Clama diciendo: Así dice Yahvé de los ejércitos: Siento gran amor hacia Jerusalén y hacia Sión, y estoy muy airado contra las naciones que ahora están tranquilas, porque yo estaba un poco airado, pero ellas agravaron el mal. Por tanto, así dice Yahvé: Yo me he vuelto misericordioso hacia Jerusalén, y mi casa será allí reedificada, dice Yahvé de los ejércitos, y sobre Jerusalén se tenderá el cordel. Clama también diciendo: Así dice Yahvé de los ejércitos: Aún rebosarán mis ciudades de abundancia de bienes, y Yahvé consolará a Sión y elegirá a Jerusalén. (1) Luego alcé mis ojos y miré, y vi cuatro cuernos, (2) y pregunté al ángel que hablaba conmigo: Y éstos, ¿qué son? El me respondió: Estos son los cuernos que dispersaron a Judá. (3) Mostróme luego Yahvé cuatro artesanos, (4) y yo pregunté: ¿Qué van a hacer éstos? Me respondió, diciendo: Aquéllos son los cuernos que dispersaron a Judá de modo tal, que no pudo ya levantar cabeza, y éstos vienen para rodear a aquéllos y destruir los cuernos de las gentes que alzaron el cuerno sobre la tierra de Judá para dispersarla. (5) Alcé de nuevo los ojos, miré, y vi a un varón que tenía en la mano un cordel de medir, (6) y le pregunté: ¿Adonde vas? El me respondió: A medir a Jerusalén para ver cuánta es su anchura y cuánta su longitud. (7) Apareció el ángel que hablaba conmigo, y vi que venía a su encuentro otro ángel, (8) que le dijo: ¡Corre! Di a ese joven: Sin murallas será habitada Jerusalén; tal será en ella la muchedumbre de hombres y ." (9) Y yo seré para ella, dice Yahvé, muro de fuego en derredor, y seré su gloria en medio de ella. (10) ¡Hala, hala! Huid de la tierra del aquilón, oráculo de Yahvé, pues a los cuatro vientos del cielo os aventaré, oráculo de Yahvé. (11) ¡Hala, Sión! ¡Ponte a salvo, tú que habitas en Babel! (12) Porque así dice Yahvé de los ejércitos: Después de la aflicción me ha enviado a las gentes que os despojaron, porque el que os toca a vosotros toca a la niña de mis ojos2. (13) Porque he aquí que yo agito mi mano contra ellos, y serán presa de quienes fueron sus esclavos, y sabréis que Yahvé de los ejércitos me ha enviado. (14) Jubila y regocíjate, hija de Sión, porque llegaré y habitaré en medio de ti, oráculo de Yahvé. (15) Aquel día se unirán a Yahvé muchas gentes, que serán mi pueblo, y yo habitaré en medio de ti, y sabrás que Yahvé de los ejércitos me ha enviado a ti. (16) Yahvé poseerá a Judá, su heredad, en la tierra santa, y será Jerusalén su elegida. (17) Calle toda carne ante Yahvé, que se ha despertado de su santa morada. Y me hizo ver a Josué, el sumo sacerdote, que estaba en pie delante del ángel de Yahvé y tenia a su diestra a Satán para acusarle. Y (el ángel de) Yahvé dijo a Satán: ¡Que Yahvé te reprima, oh Satán, que Yahvé te reprima, pues El ha elegido a Jerusalén! ¿No es por ventura ése un tizón que acaba de ser arrebatado a la hoguera? Porque estaba Josué vestido de vestiduras inmundas, y así en pie delante del ángel. Este mandó, hablando a los que estaban delante de él: Quitadle las vestiduras inmundas y vestidle las vestiduras de ceremonia, y poned sobre su cabeza una tiara pura. Ellos pusieron la tiara sobre su cabeza y le vistieron de las vestiduras de ceremonia, y el ángel de Yahvé, puesto en pie, le dijo: Mira, he quitado de ti tu iniquidad y te he vestido de las vestiduras de ceremonia. El ángel de Yahvé conjuró a Josué, diciendo: Así habla “ Yahvé de los ejércitos: Si andas por mis caminos y eres fiel a mi ministerio, administrarás también mi casa y guardarás mis atrios, y yo te daré puesto entre estos que están aquí. Escucha, pues, Josué, sumo sacerdote, tú y tus compañeros que se sientan delante de ti, pues son varones de presagio. He aquí que yo hago venir a mi siervo “Germen.” Pues he ahí la piedra que yo he puesto ante Josué; sobre esta única piedra hay siete ojos, y labraré yo mismo su escultura, dice Yahvé de los ejércitos, y aquel mismo día quitaré de la tierra la iniquidad." Aquel día, dice Yahvé de los ejércitos, convidaréis cada uno a su vecino bajo la parra y bajo la higuera. El ángel que hablaba conmigo vino y me despertó como a hombre que despierta de su sueño, y me dijo: ¿Qué ves? Yo le respondí: Miro y veo un candelabro todo de oro, con un vaso encima y sus siete lámparas, y siete tubos desde las lámparas al vaso que está encima, y a su lado dos ramos de olivo, el uno a la derecha del vaso y el otro a la izquierda. Y proseguí diciendo al ángel que hablaba conmigo: ¿Qué es esto, mi señor? El entonces me habló, respondiendo: ¿No sabes lo que es eso? Yo le dije: No, mi señor. Entonces él me habló, diciendo: He aquí la palabra de Yahvé a Zorobabel. Dice: No con ejército, no con fuerza, sino por mi espíritu, dice Yahvé de los ejércitos. ¿Qué eres tú, montaña grande? Allánate ante Zorobabel. El pondrá la piedra de remate en medio de aclamaciones: ¡Qué hermosa es, qué hermosa es! Y me llegó la palabra de Yahvé, diciendo: Las manos de Zorobabel cimentaron esta casa, y sus manos la acabarán, y sabrás que Yahvé de los ejércitos me ha enviado a vosotros. Porque los que han despreciado el día de las cosas modestas, verán gozosos en la mano de Zorobabel la piedra reservad. Esos siete son los ojos de Yahvé, que observan la tierra en toda su redondez. Yo proseguí, diciendo: Y esos dos olivos a derecha e izquierda del candelabro, ¿qué son? Y tomando por segunda vez la palabra, pregunté: ¿Qué son esos dos ramos de olivos que están cerca de los tubos por donde baja el aceite? El me respondió, diciendo: ¿No sabes lo que son ésos? Yo respondí: No, mi señor. El me dijo: Son los dos hijos del óleo que están delante del Señor de toda la tierra. Yo alcé de nuevo mis ojos y vi en visión un rollo volando. Preguntóme él: ¿Qué ves? Respondí: Veo un rollo de veinte codos de largo y diez de ancho que vuela. El entonces me dijo: Esto es la maldición que sale sobre la haz de la tierra, porque, conforme a ella, todo ladrón será arrojado de aquí; conforme a ella, todo perjuro será arrojado de aquí." Yo la he desencadenado, dice Yahvé de los ejércitos, y caerá sobre la casa del ladrón y sobre la casa del que en falso jura por mi nombre, y permanecerá en medio de su casa hasta consumir maderas y piedras. Apareció el ángel que hablaba conmigo, y me dijo: Alza tus ojos y mira lo que aparece. Yo dije: ¿Qué es? Y él me respondió: Es un “efá” que aparece, y añadió: Es su iniquidad en toda su tierra. Y vi que se alzaba una tapadera de plomo, y en medio del “efá” estaba sentada una mujer. El me dijo: Ahí tienes a la iniquidad, y la echó en medio del “efá” y tapó su boca con la tapadera de plomo. Yo alcé los ojos y vi aparecer dos mujeres. Soplaba el viento en sus alas, que eran como alas de cigüeña, y alzaron el “efá” entre la tierra y el cielo. Yo dije al ángel que hablaba conmigo: ¿Adonde llevan el “efá”? n El me respondió: A hacerle casa en la tierra de Senaar para prepararla y colocarla allí sobre su asiento2. De nuevo alcé los ojos, y mirando una visión, vi cuatro carros que salían de entre dos montes; los dos montes eran de bronce." El primer carro tenía caballos rojos; el segundo, caballos negros;" el tercer carro, caballos blancos, y el cuarto, caballos bayos, todos muy veloces. Entonces, hablando al ángel que conmigo hablaba, dije: Y éstos, ¿qué son, mi señor? El ángel respondió, diciendo: Esos son los cuatro vientos del cielo, que vienen a presentarse al señor de toda la tierra. El de los caballos negros va al norte; el de los blancos, al occidente *, y el de los bayos, al mediodía." Piafaron, pues, los corceles, queriendo partir para recorrer la tierra, y él dijo: Id, recorred la tierra. Me llamó y me habló, diciendo: Los que van hacia el norte han calmado mi alma en la tierra del aquilón. Llegóme la palabra de Yahvé, diciendo: Toma de los cautivos repatriados, de Jarim, de Tobías y de Jedaya, y vete luego a casa de Josías, hijo de Sefanías. Toma de ellos plata y oro y haz una corona y ponía en la caheza de Josué, hijo de Jeosadac, sumo sacerdote, y dile: Así habla Yahvé de los ejércitos, diciendo: He aquí que el varón cuyo nombre es “Germen,” y del cual se producirá germinación, edificará el templo de Yahvé, se revestirá de majestad, se sentará y dominará en su trono, y el sacerdote se sentará en su solio, y habrá entre ambos consejo de paz. La corona servirá a Jarim, Tobías y Jedaya de memoria en el templo de Yahvé. Hombres de muy lejos vendrán a trabajar en la construcción del templo de Yahvé, y sabréis que Yahvé de los ejércitos me ha enviado a vosotros. Sucederá esto si escucháis la voz de Yahvé, vuestro Dios. Sucedió que el año cuarto del rey Darío llegó la palabra de Yahvé a Zacarías, el día cuarto del noveno mes, que es el mes de Casleu. Y envió Bet-El Sareser a Reguem-Melek con sus hombres para implorar el favor de Yahvé y hablar con los sacerdotes de la casa de Yahvé de los ejércitos y con los profetas, diciéndoles: ¿He de afligirme yo el quinto mes y guardar la abstinencia como de tantos años lo he hecho? Y llegó palabra de Yahvé de los ejércitos, diciendo: Habla a todo el pueblo de la tierra y a todos los sacerdotes, diciendo: Cuando hace setenta años ayunasteis el quinto y el séptimo mes, ¿ayunasteis para mí? Cuando coméis y bebéis, ¿no coméis y bebéis para vosotros? ¿No son ésas las palabras que proclamó Yahvé por medio de los profetas primeros, cuando Jerusalén estaba habitada y tranquila, y habitadas las ciudades de en derredor suyo, el Negueb y la Sefela? Y fue palabra de Yahvé a Zacarías, diciendo: Así habla Yahvé de los ejércitos: Juzgad conforme a verdad, practicad la piedad y la misericordia hacia vuestro prójimo;" no oprimáis a la viuda, al huérfano, al extranjero y al pobre; no maquinéis el mal en vuestros corazones el uno contra el otro, n Pero no quisieron atender, y se hicieron hombres rebeldes y endurecieron sus oídos para oír." No quisieron oírle, llamaron luego ellos, y El no los oyó, dice Yahvé de los ejércitos, No conocían, y tras ellos quedó la tierra devastada, hasta no haber quien fuese ni viniese, y tornaron en desierto la tierra deleitosa. Se hicieron un corazón duro como el diamante, para no escuchar las enseñanzas y palabras que Yahvé de los ejércitos les mandaba por medio de los profetas primeros, y estalló la gran indignación de Yahvé de los ejércitos, y sucedió que, así corno El los llamaba y ellos y los dispersé entre todas las gentes que ellos Y fue palabra de Yahvé de los ejércitos, diciendo: Así habla Yahvé de los ejércitos: Yo siento por Sión un amor extremado y un gran celo. Así habla Yahvé de los ejércitos: Yo me he vuelto hacia Sión y habitaré en Jerusalén, y Jerusalén será llamada la ciudad fiel, y el monte de Yahvé de los ejércitos, el monte santo. Así dice Yahvé de los ejércitos: Aún se sentarán en las plazas de Jerusalén ancianos y ancianas, que por los muchos años llevarán en la mano su báculo. Las calles de ; la ciudad estarán llenas de muchachos y muchachas que jugarán en ellas." Así dice Yahvé de los ejércitos: Si esto es difícil a los ojos del resto de su pueblo en estos días, ¿lo será también a mis ojos? dice Yahvé de los ejércitos. Así habla Yahvé de los ejércitos: Yo salvaré a mi pueblo de la tierra del levante y de la tierra del poniente, y los traeré y habitarán en Jerusalén, y ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios en verdad y en justicia. Así habla Yahvé de los ejércitos: Esfuércense vuestras manos, vosotros los que en estos días oís las palabras de los profetas del tiempo en que fue cimentada la casa de Yahvé de los ejércitos para que el templo fuera reconstruido, porque antes de ese tiempo no había ni para pagar a los hombres ni para pagar por las bestias, ni paz alguna para el que entraba y salía a causa del opresor, pues yo había lanzado los hombres unos contra otros. Pero ahora yo no soy ya lo que era en los días antiguos para el resto de este pueblo, porque yo sembraré la paz. La vid dará su fruto, y dará la tierra su rendimiento, y los cielos su rocío, y pondré al resto de este pueblo en posesión de todo esto. Y así como fuisteis la maldición de las gentes, ¡oh casa de Judá y casa de Israel! así yo os salvaré y seré bendición. No temas y que se esfuercen vuestros brazos, porque así dice Yahvé de los ejércitos: Como pensé en haceros mal cuando vuestros padres me provocaron a ira, dice Yahvé de los ejércitos, y no me arrepentí, así, volviéndome, he pensado en hacer bien a Jerusalén y a la casa de Judá en estos días; no temáis." He aquí lo que vosotros habéis de hacer: hablar cada cual verdad a su prójimo, juzgar en vuestras puertas conforme a verdad y justicia, (sembrando) la paz;" no maquinar nadie en su corazón el mal de su prójimo ni jurar en falso, porque todas estas cosas me son abominables, dice Yahvé. Fue me dirigida la palabra de Yahvé de los ejércitos, diciendo: Así dice Yahvé de los ejércitos: El ayuno del cuarto mes, y el ayuno del quinto, y el ayuno del séptimo, y el ayuno del décimo se tornarán para la casa de Judá en gozo y regocijo y en festivas solemnidades. Amad, pues, la verdad y la paz. Así dice Yahvé de los ejércitos: Aún vendrán pueblos y moradores de muchas ciudades, y los moradores de la una irán a los moradores de la otra y les dirán: Vamos a implorar el favor de Yahvé y a buscar a Yahvé de los ejércitos. Yo también voy. Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a Jerusalén a buscar a Yahvé de los ejércitos y a implorar el favor de Yahvé. Así dice Yahvé de los ejércitos: En aquellos días, diez hombres de todas las lenguas de las gentes cogerán de la orla (del manto) a un judío, diciéndole: Nos vamos con vosotros, porque hemos oído que con vosotros está Dios. Oráculo. Palabra de Yahvé. En la tierra de Jadrac y de Damasco será su morada, porque de Yahvé son las ciudades de Aram y todas las tribus de Israel. Jamat será también comprendida en el territorio de ése, así como Tiro y Sidón, que son tan sabias. Tiro se ha construido un baluarte, y amontonó la plata como el polvo, y el oro como el lodo de las calles, Pero he aquí que el Señor se apoderará de ella y aplastará en el mar su fortaleza, y quedará consumida por el fuego. Al ver esto se aterrará Ascalón; Gaza estará en extremo dolor, lo mismo que Ecrón, porque sus esperanzas fallaron. No habrá ya rey en Gaza, y Ascalón no será habitada." En Azoto habitará el espúreo, y aniquilaré la soberbia de los filisteos y les quitaré de la boca su sangre y de entre los dientes sus abominaciones, y serán también un resto perteneciente a nuestro Dios y como una familia de Judá; y Ecrón tendrá la suerte del jebuseo." Yo pondré en mi casa guarnición de los que entran y salen, y ya no pasará opresor alguno contra ellos, porque ahora velaré yo con mis ojos. Alégrate sobremanera, hija de Sión, Grita exultante, hija de Jerusalén. He aquí que viene a ti tu Rey, justo y victorioso, humilde, montado en un asno, en un pollino hijo de asna. Extirpará los carros de Efraim y los caballos en Jerusalén, y será roto el arco de guerra, y promulgará a las gentes la paz, y será de mar a mar su señorío y desde el río hasta los confines de la tierra. ? en cuanto a ti, por la sangre de tu alianza, yo solté a tus cautivos de la fosa sin agua. Volved, cautivos, a la fortaleza, llenos de esperanza, y yo te restituiré la gloria al duplo. Porque he tensado para mí a Judá, y he puesto en el arco a Efraím; y blandiré tus hijos, ¡oh Sión! contra tus hijos, ¡oh Ya van! y te convertiré en espada de héroe." Y aparecerá sobre ellos Yahvé y lanzará sus dardos corno rayos, y el Señor, Yahvé, hará sonar la trompeta, y marchará entre los torbellinos del austro. Yahvé de los ejércitos los protegerá, y las piedras de la honda devorarán la carne, y beberán la sangre como se bebe el vino; quedarán llenas como vaso de libación y como los cuernos del altar." Y los salvará Yahvé aquel día como a rebaño de su pueblo, como piedras de diadema brillantes sobre su país. ¡Qué ricos son! ¡Qué hermosos son el trigo que nutre a los mancebos, y el vino que nutre a las doncellas! Pedid a Dios la lluvia en la primavera; es Yahvé quien forma los relámpagos, y el que dispensa la lluvia abundante y a cada uno la verdura de los campos." Porque los “terafim” dan vanos oráculos y los adivinos tienen mentirosas visiones, y no son sino sueños vacíos lo que dicen, y consuelos vanos los que prodigan. Por eso se fueron como rebaño de ovejas, apremiados porque no tenían pastor. Se encendió mi cólera contra los pastores y castigué a los machos cabríos, pues Yahvé de los ejércitos ha visitado su rebaño, la casa de Judá, y ha hecho de él su caballo de honor en la batalla, y a su orden saldrá la tropa y los portadores de estacas y arcos de guerra, y los jefes todos juntos se pondrán en campaña. Y serán como héroes que pisan el lodo de las calles en la batalla; combatirán, porque con ellos será Yahvé, y avergonzarán a los que van sobre caballos." Fortaleceré a la casa de Judá y salvaré a la casa de José;los estableceré porque tengo compasión de ellos, y serán como si no los hubiera rechazado, porque yo, Yahvé, soy su Dios y los escucharé." Los de Efraím serán como héroes, y su corazón estará alegre como por el vino; sus hijos lo verán y se gozarán, y su corazón se regocijará en Yahvé." Yo les silbaré y los reuniré, porque los he rescatado, y se multiplicarán sin cesar2. Yo los había dispersado entre los pueblos, pero desde lejos se acordarán de mí y vivirán con sus hijos y volverán. Yo los reconduciré de la tierra de Egipto, y los reuniré de Asur, y los traeré a la tierra de Galaad y del Líbano, y no les bastará. Tan estrechos estarán, que pasarán el mar, y en el mar herirán las olas, y se secarán las profundidades de los ríos, y será abatida la soberbia de Asur, y Egipto perderá su cetro. Yo los fortaleceré en Yahvé, y ellos marcharán en su nombre. ¡Abre, Líbano, tus puertas, que el fuego devora tus cedros Gime, ciprés, porque ha caído el cedro, porque han sido abatidos los poderosos. ¡Gemid, encinas de Basan, porque es destruido el bosque impenetrable! ¡Oyense lamentos de pastores por la ruina de sus riquezas! Oyense rugidos de leones por la ruina de la gloria del Jordán! Así dice Yahvé, mi Dios: Apacienta las ovejas para el matadero, las que matan los compradores impunemente, mientras sus vendedores dicen: ¡Bendito sea Yahvé, que me ha enriquecido ! sin que los pastores tengan piedad de ellas;" porque no tendré yo piedad de los moradores de la tierra, dice Yahvé, porque yo mismo entregaré a las gentes, cada uno en manos de su pastor y en las manos de su rey, y éstos devastarán la tierra, y yo no la libraré de sus manos. Hícerrie, pues, pastor del rebaño de la matanza para los compradores del rebaño, y tomé dos cayados, dando al uno por nombre “benevolencia” y al otro “unión” y me puse a apacentar el rebaño. En un mes hice desaparecer a tres pastores. Entonces tomé aversión del rebaño, el cual se hastió de mí, y dije: No os apacentaré ya más; la que muera, que muera; la que se pierda, que se pierda, y las que queden, que se coman unas a otras." Tomé luego mi cayado “benevolencia” y lo rompí, para deshacer el pacto que había concertado con todos los pueblos, y quedó deshecho en ese día, y los mercaderes de ovejas que me observaban conocieron que aquello era cosa de Yahvé. Yo les dije: Si queréis, dadme mi salario, y, si no, dejadlo; y me pesaron mi salario, treinta monedas de plata." Y Yahvé me dijo: Tira al tesoro el rumboso precio en que te han apreciado. Y tomando las treinta monedas de plata, las tiré en la casa de Yahvé al tesoro. Rompí luego el otro cayado, “unión,” para romper la hermandad entre Judá e Israel. Y Yahvé me dijo: Hazte también el pastor insensato, pues he aquí que voy a suscitar un pastor en la tierra que no se cuidará de que desaparezcan, y no buscará a las descarriadas, ni curará a las heridas, ni alimentará a las fuertes, pero se comerá las gordas y les arrancará las uñas. ¡Ay del pastor inútil, que abandona el rebaño! (Descargará) la espada sobre su brazo derecho, se secará del todo su brazo y quedará ciego totalmente su ojo derecho. Oráculo. Palabra de Yahvé sobre Israel. Palabra de Yahvé, que extiende los cielos, funda la tierra y que forma el aliento del hombre dentro de él. He aquí que voy a hacer de Jerusalén una copa de vértigo para todos los pueblos de en derredor. También para Judá habrá angustia y para Jerusalén. Aquel ¿lía pondré a Jerusalén como piedra pesada para todos los pueblos, y cuantos con ella carguen se harán cortaduras, y se reunirán contra ella todas las gentes de la tierra. Aquel día, dice Yahvé, heriré de terror a todos los caballos y de locura a sus jinetes, pero abriré mis ojos sobre la casa de Judá, y a todos los caballos de las gentes los heriré de ceguera. Entonces se dirán los jefes de Judá: La fuerza de los habitantes de Judá está en Yahvé de los ejércitos, su Dios. Aquel día haré de los jefes de Judá brasero encendido en medio de leña y antorcha ardiendo en medio de las haces, que consumirá a diestro y siniestro a todos los pueblos de en derredor, y Jerusalén será de nuevo habitada en su lugar, en Jerusalén, y salvará primero las tiendas de Judá, para que no se enorgullezcan contra Judá la casa de David y los habitantes de Jerusalén. En aquel día escudará Yahvé a los moradores de Jerusalén, y la casa de David será como Dios, como el ángel de Yahvé ante ellos. Aquel día me pondré yo a destruir a todas las gentes que vinieron contra Jerusalén. Y derramaré sobre la casa de David y sobre los moradores de Jerusalén un espíritu de gracia y de oración, y alzarán sus ojos a mí. Y aquel a quien traspasaron le llorarán como se llora al unigénito, y se lamentarán por él como se lamenta por el primogénito. Habrá aquel día gran llanto en Jerusalén, como el llanto de Hadad-Rimmón en el valle de Megiddo. Se lamentará la tierra, linaje por linaje; el linaje de la casa de David aparte, y sus mujeres aparte; el linaje de la casa de Natán aparte, y sus mujeres aparte;" el linaje de la casa de Levi aparte, y sus mujeres aparte; el linaje de Semeí aparte, y sus mujeres aparte," y todos los otros linajes, cada uno aparte, y sus mujeres aparte. Aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y de la inmundicia;" y aquel día, dice Yahvé, extirparé de la tierra los nombres de los ídolos, que no serán más recordados, y haré desaparecer a los profetas y el espíritu impuro. Y cuando alguno se ponga a profetizar, le dirán su padre y su madre, que le engendraron: No vivirás, porque has hablado mentira en nombre de Yahvé; y el padre y la madre, los que le engendraron, le traspasarán cuando se ponga a hablar a lo profeta." Aquel día se avergonzarán de sus visiones, de cuando se las daban de profeta, y no se vestirán más el manto peludo para mentir. Un tal dirá: Yo no soy profeta, soy labrador del campo, y un labrador me asoldó desde mi mocedad Y le dirán: Pues entonces, ¿qué heridas son esas que llevas entre tus manos? Y él responderá: Son las que recibí en la casa de mis amigos. Álzate, espada, contra mi pastor, contra el hombre de mi compañía, oráculo de Yahvé de los ejércitos. Hiere al pastor y que se disperse el rebaño, y yo volveré mi mano sobre los pequeños. Y sucederá que en toda la tierra — oráculo de Yahvé —serán exterminados los dos tercios, y perecerán, pero será preservado un tercio. Yo pondré al fuego este tercio, y lo fundiré como se funde la plata, y lo acrisolaré como se acrisola el oro. El invocará mi nombre y yo le escucharé. Yo diré: El es mi pueblo; y él dirá: Yahvé es mi Dios." He aquí que llega el día para Yahvé, y en medio de ti se repartirán tus despojos. Porque yo reuniré a todas las gentes en batalla contra Jerusalén, y será tomada la ciudad, y saqueadas las casas, y violadas las mujeres, y la mitad de la ciudad irá al cautiverio, pero el resto del pueblo no será exterminado. Luego se pondrá en campaña Yahvé, y combatirá a estas naciones como se combate el día de la batalla. Afirmaránse aquel día sus pies sobre el monte de los Olivos, que está frente a Jerusalén, al lado del levante, y el monte de los Olivos se partirá por medio, de levante a poniente, como un gran valle, y la mitad del monte se echará al norte, y la otra mitad al mediodía, y huiréis por el valle de mis montes, porque el valle de los montes llegará hasta donde os salvaré. Huiréis como huísteis cuando el terremoto de los tiempos de Ozías, rey de Judá, y vendrá entonces Yahvé, mi Dios, y con El todos sus santos. En aquel día no se extinguirá el brillo de las piedras preciosas. Será único ese día, conocido de Yahvé. No habrá día y noche; de tarde habrá luz." En ese día manarán de Jerusalén aguas vivas, la mitad hacia el mar oriental y la otra mitad hacia el occidental, lo mismo en verano que en invierno. Y reinará Yahvé sobre la tierra toda, y Yahvé será único, y único su nombre. La tierra toda se convertirá en llano desde Guebá hasta Rimmón del sur, y Jerusalén será enaltecida y habitada en su lugar, desde la puerta de Benjamín hasta el lugar de la antigua puerta, hasta la puerta del Ángulo, y desde la torre de Jananel hasta los lagares del rey. Y morarán en ella, y ya nunca más será anatema, y morarán en seguridad. He aquí la plaga con que herirá Yahvé a todos los pueblos que combatieron a Jerusalén: sus carnes se corromperán mientras estén en pie; se consumirán en sus cuencas los ojos, y su lengua se les deshará en la boca." Habrá aquel día gran perturbación entre ellos y tomará cada uno de la mano a su vecino y le dará a éste la suya. Judá luchará en Jerusalén y se reunirán allí las riquezas de todas las gentes, oro, plata, vestidos en grandísima abundancia. Parecida a ésta será la plaga que herirá a los caballos, mulos, camellos y asnos, y a todas las bestias que hubiere en aquellos campos. Todos cuantos quedaren de las gentes que vinieron contra Jerusalén subirán cada año a adorar al Rey, Yahvé de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los Tabernáculos. Y aquellos que de las gentes no vengan a Jerusalén a adorar al Rey, Yahvé de los ejércitos, no vendrá sobre ellos la lluvia. Si la gente de Egipto no sube y no viene, sobre ella se abatirá la plaga con que herirá Yahvé a las gentes que no suban a celebrar la fiesta de los Tabernáculos. Tal será la expiación de Egipto y la expiación de todas las gentes que no suban a celebrar la fiesta de los Tabernáculos. En aquellos días escribirán en sartenes y ollas: “Consagrado a Yahvé,” y las ollas de la casa de Yahvé serán corno vasos de aspersión delante del altar de los sacrificios. Toda olla en Judá y en Jerusalén será consagrada a Yahvé de los ejércitos, y cuantos sacrifiquen vendrán, las tornarán y cocerán en ellas, y no habrá aquel día más mercader en la casa de Yahvé de los ejércitos. Oráculo. Palabra de Yahvé a Israel por medio de Malaquías: Yo os he amado, dice Yahvé, 1 y vosotros decís: ¿En qué nos has amado? ¿Esaú no es hermano de Jacob? oráculo de Yahvé; sin embargo, he amado a Jacob" y he detestado a Esaú, y he hecho de sus montañas campo de devastación,y de su heredad, pastizales de desierto. Y si Edom dijere: Hemos sido aplastados, pero reconstruiremos las ruinas, así dice Yahvé de los ejércitos: Ellos reconstruirán, pero yo destruiré. Y los llamarán “tierra de impiedad” y “pueblo contra el que se irritó para siempre Yahvé.” Vuestros ojos lo verán y diréis: Grande es Yahvé más allá del territorio de Israel. El hijo honra a su padre y el siervo terne a su señor,Pues si yo soy padre, ¿dónde está mi honra Si yo soy Señor, ¿dónde está mi temor? dice Yahvé de los ejércitos a vosotros, sacerdotes, que despreciáis mi nombre. Decís: ¿En qué menospreciamos tu nombre? Ofrecéis en mi altar pan inmundo y decís: ¿En qué le hemos hecho inmundo?En decir: la mesa de Yahvé es despreciable. Y ofrecer en sacrificio lo ciego, ¿no es malo? y ofrecer lo cojo o lo enfermo, ¿no es malo? Anda, haz presente de ello a tu gobernador, a ver si se complace en él y le será grato,dice Yahvé de los ejércitos. Buscad, pues, el favor de Dios para que os sea propicio (por vuestra mano es hecho esto). ¿Os concederá benevolencia? dice Yahvé de los ejércitos. ¡Oh si alguno de vosotros cerrara las puertas y no encendierais en vano el fuego de mi altar! No tengo en vosotros complacencia alguna, dice Yahvé de los ejércitos; no me son gratas las ofrendas de vuestras manos." Porque desde el fondo del sol hasta el ocaso es grande mi nombre entre las gentes, y en todo lugar ha de ofrecerse a mi nombre un sacrificio humeante y una oblación pura, pues grande es mi nombre entre las gentes, dice Yahvé de los ejércitos. Pero vosotros lo profanáis, diciendo: La mesa dé Yahvé es inmunda, y despreciables sus alimentos. Y aun decís: ¡Oh qué fastidio! y lo despreciáis, dice Yahvé de los ejércitos, y ofrecéis lo robado, lo tomo, lo enfermo; lo presentáis como ofrenda. ¿Voy a complacerme yo aceptándolo de vuestras manos?" ¡Maldito el fraudulento, que, teniendo en el rebaño machos y habiendo hecho un voto, sacrifica a Dios lo estropeado! Porque yo soy Rey grande, dice Yahvé de los ejércitos, y mi nombre es temible entre las gentes. Para vosotros, pues, ¡oh sacerdotes! es este decreto: Si vosotros no escucháis y no decidís de corazón dar gloria a mi nombre, dice Yahvé de los ejércitos, yo mandaré sobre vosotros la maldición y haré maldición de vuestra bendición, porque no os decidís de corazón. Por eso os quebrantaré él brazo y os echaré al rostro la inmundicia, la basura de vuestras solemnidades, y seréis echados donde se echa ella, Sabréis que yo he dado este decreto para que sea real mi pacto con Leví, dice Yahvé de los ejércitos. Mi pacto con él fue “vida” y “paz,” y se las di; “temor,” y él me temió, y ante mi nombre se llenaba de temor," Tuvo en su boca doctrina de verdad y no hubo iniquidad en sus labios, anduvo conmigo en integridad y rectitud y apartó del mal a muchos, pues los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría y de su boca ha de salir la doctrina, porque es un enviado de Yahvé de los ejércitos. Pero vosotros os habéis apartado del camino, y habéis hecho tropezar a muchos en la Ley y habéis pervertido el pacto de Leví, dice Yahvé de los ejércitos. Por tanto, también yo os he hecho a vosotros despreciables y viles para todo el pueblo, a la medida en que vosotros no habéis seguido mis caminos ni habéis tenido en cuenta mi Ley. ¿No tenemos todos un Padre? ¿No nos ha criado a todos un Dios? ¿Por qué, pues, obrar pérfidamente unos con otros, quebrantar el pacto de nuestros padres? Pérfido es Judá, y en Israel y en Jerusalén se cometen abominaciones, pues Judá profana lo consagrado a Yahvé, lo que El ama, casándose con hijas de un dios extranjero. ¡Quiera Yahvé, a quien tal hace, privarle de testigo y defensor en las tiendas de Jacob y de que haga (por él) ofrenda de sacrificio a Yahvé de los ejércitos! Y aun hacéis esta segunda cosa: bañáis de lágrimas el altar de Yahvé — de lloros y gemidos — porque no atiende a vuestra ofrenda y no acepta de vuestras manos nada grato, y preguntáis: ¿Por qué? Porque Yahvé toma la defensa de las esposas de tu juventud, a la que has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la esposa de tu alianza matrimonial. ¿No los hizo para ser un solo (ser) que tiene su carne y su hálito? Y este único, ¿qué busca sino una posteridad de Dios? ¡Cuidad, pues, de vuestro hálito, y no seas infiel a la esposa de tu juventud! El que por aversión repudia, dice Yahvé, Dios de Israel, se cubre de injusticia por encima de sus vestiduras, dice Yahvé de los ejércitos! Cuidad, pues, vuestro hálito y no seáis desleales. Sois pesados a Yahvé con vuestras palabras, y decís: ¿En qué le somos pesados? En decir: El que hace el mal es grato a los ojos de Yahvé y en ellos se complace. Sino: ¿Dónde está el Dios justo? He aquí que voy a enviar a mi mensajero, que preparará el camino delante de mí, y luego enseguida vendrá a su templo el Señor a quien buscáis, y el Ángel de la alianza que deseáis. He aquí que llega, dice Yahvé de los ejércitos, y ¿quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién podrá mantenerse firme cuando aparezca? Porque será como fuego de fundidor y como lejía de batanero, y se pondrá a fundir y depurar la plata i y a purgar a los hijos de Leví, y los acriso Jará corno al oro y la plata, \ para que ofrezcan a Yahvé oblaciones en justicia, Entonces agradará a Yahvé la oblación de Judá y de Jerusalén, como en los días antiguos, los años pasados, Y vendré con vosotros a juicio y seré testigo pronto contra los hechiceros, contra los adúlteros y los perjuros y contra los que oprimen al jornalero,a la viuda y al huérfano, y agravan al extranjero sin temor de mí, dice Yahvé de los ejércitos. Porque yo, Yahvé, no me he mudado, y vosotros, hijos de Jacob, no habéis fenecido, Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis preceptos, no los habéis guardado. Volveos vosotros a mí y yo me volveré a vosotros, dice Yahvé de los ejércitos. Pero vosotros decís: ¿En qué hemos de volvernos? ¿Puede el hombre robar a Dios? Pues vosotros me estáis robando y decís: ¿En qué te robamos? En los diezmos y en las primicias. Malditos seréis de maldición, porque me estáis robando la nación toda entera, Traed íntegramente los diezmos al alfolí para que haya alimentos en mi casa, y probadme en esto, dice Yahvé de los ejércitos, a ver si no abro yo las esclusas del cielo y no derramo sobre vosotros la bendición sin medida. impediré que la langosta os aflija, devorando los frutos de la tierra; y las viñas de los campos no os serán estériles, dice Yahvé de los ejércitos." Todas las gentes os llamarán dichosos, porque seréis una tierra de delicias, dice Yahvé de los ejércitos. -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- -- omitido por paráfrasis -- (19) Pues he aquí que llega el día, ardiente como horno, y serán entonces los soberbios y obradores de maldad como paja, y el día que viene le prenderá fuego, dice Yahvé, de suerte que no les quedará ni raíz ni follaje. (20) Mas para vosotros, los que teméis mi nombre, se alzará un sol de justicia que traerá en sus alas la salud,y saldréis y brincaréis como terneros (que salen) del establo, (21) y pisotearéis a los malvados, que serán como polvo bajo la planta de vuestros pies, el día en que yo me pondré a hacer, dice Yahvé de los ejércitos. (22) Acordaos de la Ley de Moisés, mi siervo, a quien di yo en Horeb preceptos y mandatos para todo Israel, (23) He aquí que yo enviaré a Elias el profetantes que venga el día de Yahvé, grande y terrible. (24) El convertirá el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres, no sea que venga yo y entregue la tierra toda al anatema.